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Opinión

Humberto González Briceño

Una de las deformaciones del llamado proceso bolivariano en Venezuela ha sido el surgimiento de los colectivos armados. Desde comienzos del gobierno de Hugo Chávez, el Estado no sólo toleró su existencia, sino que el propio Chávez —en sus arengas— alentó su proliferación. Estas bandas armadas que surgieron con el pretexto de defender la revolución, operan como verdaderos grupos paramilitares urbanos con acceso a armas, equipos de comunicaciones y dinero para actuar.

Estos colectivos han reclutado cualquier variedad de criminales y hampones que hacen de la permisividad vergonzosamente cedida por la revolución bolivariana, su aliviadero para continuar impunemente con sus actividades criminales.

La relación entre las FANB y sus componentes con estos grupos paramilitares es una relación de hecho que se asemeja a la de un concubinato forzado por las circunstancias políticas. Las fuerzas armadas se han visto obligadas por el gobierno, no sólo a tolerar a estos grupos criminales, sino, en muchos casos, incluso a convivir y compartir conjuntamente actividades en misiones como Barrio Adentro.

El concubinato entre las fuerzas militares y policiales y los colectivos no ha estado libre de contradicciones. En varios casos estas contradicciones no han podido ser superadas y han terminado en enfrentamientos mortales, tal como ocurrió con la muerte de José Miguel Odreman a manos de una comisión del CICPC en octubre de 2014. Odreman era el líder del colectivo 5 de Marzo, y como muchos de esos jefes paramilitares, estaba conectado públicamente con reconocidas figuras del chavismo y hasta con generales de la GNB. Su muerte provocó la salida de Miguel Rodríguez Torres del Ministerio de Interior y Justicia ante la presión que los colectivos hicieron al presidente Nicolás Maduro.

También se han reportado incidentes en varias ciudades del país donde estos colectivos armados se han alejado de su presunta misión revolucionaria, para robar dinero de los CLAP y bolsas de comida. Estas acciones siguen provocando tensión entre paramilitares urbanos y las fuerzas del orden del propio Estado chavista.

Oficiales militares —activos y retirados— han confirmado que existen órdenes superiores para no enfrentar a los colectivos y respetar sus “zonas liberadas”. En algunos casos la comisión de delitos flagrantes tales como robo, tráfico de droga y extorsión han sido tan evidentes que oficiales subalternos se han visto obligados a actuar en desacato a la orden de cordializar con estos grupos criminales.

Esta relación extramarital y semilegal entre las FANB y los colectivos les ha entregado el control de amplios territorios del país a grupos criminales que antes coordinaban con el gobierno, pero que ahora parecen fuera de control y actúan por su propia cuenta. El costo ha sido muy alto, no solo para la sociedad en general sino también para oficiales y soldados de las fuerzas armadas, cuyos efectivos han sido asesinados en operaciones criminales que nadie investiga, ni quiere investigar.

En un detallado trabajo de investigación para El Estímulo, la periodista Sebastiana Barráez publicó la semana pasada una lista de los asesinatos de oficiales militares en el 2016 y lo que va de 2017. Más de 30 oficiales han sido ajusticiados en diferentes acciones criminales. Aunque la periodista no insinúa una posible relación entre estos incidentes y la actuación de grupos oficialistas armados, deja planteado el problema medular que enfrenta las FANB: ¿Por qué no se han investigado estos ajusticiamientos?

La falta de interés de los mandos superiores de las FANB para esclarecer los asesinatos de militares en Venezuela sugiere que no quieren iniciar una investigación cuyos resultados confirmen que podría tratarse de acciones coordinadas por grupos chavistas armados que operan al amparo de la semilegalidad otorgada por el gobierno. O simplemente, que estos asesinatos son el resultado de una política laxa con el crimen y la inseguridad de la cual las FANB se han hecho cómplices.

La situación en el seno de las FANB no es fácil. Los oficiales superiores tienen que ceder a la presión política del gobierno para convivir en la misma cama con grupos criminales, y a su vez transmitir esa política a sus subalternos, sin que al mismo tiempo se vea como una forma de ser permisivos con el crimen —aunque en efecto lo sean. Ese malabarismo de difícil ejecución ha fomentado enfrentamientos y resentimientos en el seno de unas FANB que —aunque se proclamen chavistas y socialistas— se sienten obligadas a defender el orden y la legalidad.

El concubinato forzado entre las FANB y los colectivos chavistas tendrá irremediablemente un final violento y explosivo cuando ambas fuerzas, obligadas por la coyuntura política, se enfrenten en defensa de intereses totalmente opuestos. La inminencia de un cambio político en Venezuela, cualquiera sea su forma, provocará un realineamiento de las lealtades de las FANB y dejará a los colectivos chavistas armados como el único grupo de defensa del régimen que fenece.

@humbertotweets

https://www.lapatilla.com/site/2017/03/29/humberto-gonzalez-briceno-el-c...

 3 min


Se apresta la ametralladora verbal y salen cual balas los insultos. “Mentiroso, deshonesto, malhechor, mercenario”. La andanada va contra Luis Almagro que, hierático, con cara de piedra, la miraba sentada a su lado. Hablo, por supuesto, de la canciller de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, quien ayer se lució en la OEA. “Almagro carece de independencia y actúa como agente burocrático, viola el derecho internacional, utiliza información falsa, carece de imparcialidad al utilizar el dinero de la institución para propaganda del país que paga su salario”, entre las perlas que disparó contra el secretario general.

Pocas veces se ha visto una actuación tan lamentable, penosa y vergonzosa como la de la señora Delcy ayer –lunes 27– en la sede de la OEA. Ella pidió esa reunión para tratar de evitar que hoy –martes 28– se diera la reunión del Consejo Permanente donde se discutirá el informe de Almagro sobre Venezuela. Atacó a la OEA con calificativos gruesos, de su boca no salieron argumentos sino insultos, y al final terminó con las tablas en la cabeza: la reunión va y ahora más cargada y despertando mucho más interés. Lamentablemente para el gobierno de Maduro, gracias al flaco servicio que ayer le hizo la señora Delcy, hoy se conocerá más a fondo y al más alto nivel la dramática y terrible realidad que se está viviendo en el país. Porque cuando ayer la señora pintó un mundo que no existe, asumía que le estaba hablando a seres extraños recién llegados de Ganímedes: “Somos un peligro para los oligarcas porque pasamos de tener 300.000 pensionados a tener 3 millones (…) Amenazamos al atroz capitalismo porque dedicamos el 74% de nuestros ingresos a la inversión”. ¡Qué tupé el de la señora! Justo cuando se ha revelado que el presupuesto del Ministerio de la Defensa rebasa los del Ministerio de la Salud y el de Educación juntos. En fin, hizo el ridículo.

Cuando terminó, la embajadora del Paraguay, Elisa Ruiz Díaz, la puso en su sitio con una breve intervención: “Señora canciller, usted hace referencia y le define a la OEA como una ‘oprobiosa organización disfuncional de naturaleza injerencista’. En ese sentido le consulto, ¿si acaso su Estado no es cómplice de esta ‘oprobiosa organización’ al ocupar una banca en este Consejo? Pero por sobre todas las cosas al pedir la convocatoria a esta sesión del Consejo que le cuesta a los Estados ‘injerencistas’ alrededor de 6.000 dólares cuando su país adeuda por cuotas la suma de 8.764.000 dólares americanos”. Y remató con una bomba cargada de ironía: “Le enviamos felicitaciones a Venezuela por el envidiable desarrollo económico que la prensa internacional reporta”.

Al final quedaron en el ambiente las amenazas de la señora Delcy: “Vamos a tomar acciones severas y definitorias”. (¿?) Quizá no más que un ladrido distante y afónico.

Y mientras la señora miente en el exterior, aquí sigue mintiendo el régimen. Diosdado Cabello juega con la idea de la guerra. En Efecto Cocuyo le citan: “La propuesta de Almagro supone una amenaza de invasión a nuestro país; quienes piden una intervención buscan una guerra; quienes bombardeen a este país quieren dar un golpe de Estado”. Entonces convoca a la militancia chavista a marchar. “Insta a todos los poderes públicos a ejecutar acciones en defensa de la nación y pide máxima unidad en defensa del país”.

Sus palabras nos recuerdan la reciente incursión de soldados venezolanos en territorio colombiano. La provocación pretendía crear un ambiente en Venezuela que obligara a la unión de todos frente a Colombia. Unidos, se entiende, en torno al gobierno que nos defendería. Pero, como decíamos ayer, el pueblo ni se inmutó.

¿Va ahora el pueblo a unirse porque en la OEA supuestamente decidirán un bombardeo sobre Venezuela? No, Cabello, olvídese, los venezolanos están muy ocupados haciendo colas. Con decirle que la canasta básica, según informa hoy El Nacional, aumentó 10%, y según El Informador de Barquisimeto, la malnutrición ya reduce en 15 años la vida del venezolano. ¡Cómo creerles más mentiras si la única verdad es que nos están acortando la vida!

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/ridiculo-washington_87677

 3 min


Ramón Peña

En pocas palabras

Puñales en las manos de niños y niñas de 8, 10 y 15 años en la madrugada de Sabana Grande, para matar o defenderse, dibujan un nuevo cuadro de espanto que se cuelga en la galería del inframundo caraqueño. Cada vez más los chicos son protagonistas de nuestra tragedia colectiva. Ya los hemos visto hurgando por alimentos en vertederos de basura. También en crónicas de muerte por desnutrición en clínicas de la provincia, o como pacientes de microcefalia en el Hospital J. M. De los Ríos, junto a sus madres desconsoladas al oír de la Ministra de la Salud que la neurofisiología no es prioritaria. También a neonatos acomodados en cajas de cartón en el hospital de Barcelona; o a pequeños desmayándose por carencia alimentaria en las escuelas, como se lo espetó una jovencita al aturdido Golem durante una cadena presidencial.

Antes, eran niños de la calle, ahora, los gestados durante el nuevo milenio, son también niños de la noche y del crimen, del hambre y de la barbarie. Son las víctimas de un discurso de mentiras, de la desmesura de ese titán embaucador que les prometía hogar y protección, educación y diversión y que, en su cháchara de cinismo, llegó a empeñar su nombre si no les daba a todos hogar seguro. Esas manos de niños, vacías de juguetes y de libros, que ahora empuñan puñales y pistolas, se nos antojan como un pase de cuenta.

Estamos llegando al horror, al corazón de las tinieblas de esta pesadilla de dieciocho años sin finitud en su proyección de sombras. Un estado de cosas que nos exige a todos reaccionar con algo más que con ojos atónitos…

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Nícmer Evans

Debemos insistir, es la única manera de salir de la crisis inducida que hoy vivimos. Pero insistir implica saber para qué, y eso debe partir de la posibilidad de ponernos de acuerdo quienes así lo creamos necesario.

Insistir en consolidar la organización y autonomía de las “Fuerzas Vivas” del país, por sectores sociales, y/o por articulación territorial, fuera de la polarización y de los partidos políticos tradicionales que pretenden absorber y cooptar todo, estableciendo una dinámica de causas propias conectadas con otras que sumen para los grandes temas del país.

Insistir en la movilización permanente y solidaria, que permita consolidar lazos y relaciones al fragor de las luchas, con el fin de generar la mayor cohesión posible de las organizaciones sociales.

Insistir en la defensa incondicional de la Constitución, del Estado de Derecho, de la justicia como valor que conduzca a la unidad dentro de la diversidad, en búsqueda de la superación de la impunidad que hoy ha logrado el mayor y peor deterioro moral que ha vivido nuestra historia republicana.

Insistir en ser inclemente ante la corrupción para así lograr cárcel para los corruptos que han desfalcado a la nación, y aquellos que han sometido al pueblo a los padecimientos más inhumanos, como la falta de medicamentos y alimentos.

Insistir en lograr un cambio real de nuestro modelo económico rentista, que nos ha conducido a una crisis estructural de dependencia absoluta de la fluctuación de los precios del barril de petróleo, y que no ha encontrado ni en el pasado ni el presente una verdadera voluntad política de readecuación de este sistema, para lograr que el venezolano pueda vivir dignamente de su trabajo.

Insistir en la democracia como único modelo político que permite la convivencia y la paz en el marco de las diferencias. El respeto a la pluralidad y la libertad e igualdad de condiciones para que todas las expresiones políticas, puedan lograr presentar su proyecto de país y que sea el ciudadano el que decida cuál alternativa es la mejor.

Insistir en el respeto a la dignidad de la gente, superando la dependencia y estimulando las capacidades de todos y cada uno de los venezolanos, para aportar en la salida a la crisis, con base en el trabajo y la producción.

Insistir en la crítica como el único método para la superación de los errores cometidos, y las propuestas como el camino de acción para mejorar las condiciones, en el marco de un proceso de inclusión de todos los sectores sociales para lograr tal fin.

Debemos insistir, en un referente político distinto, nuevo, con ética, que permita orientar los procesos de superación de la crisis con base en el debate sincero, transparente, en donde todo nos podamos ver reflejados parcial o totalmente, y lo empujemos hacia el poder de resolver las cosas, debemos insistir, no decaer, y de manera apasionada, lograr la meta más preciada: la democracias plena, igualdad de condiciones y libertad.

@NicmerEvans

nicmernicolasevans@gmail.com
Fuente: https://www.aporrea.org/ideologia/a243321.html

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Carlos E. Aguilera A.

El origen de estado fallido según connotados investigadores data de siglos pasados. Hobbes escribe el Leviatán a la sombra de un Estado fallido, en 1588, cuando el sur inglés era diezmado por la armada española. El concepto de “failed state” (Estado fallido) apareció en el mundo académico hace sólo una década, aunque el fenómeno al que hace referencia forma parte de la realidad política desde el nacimiento del sistema internacional de Estados, cuando en 1648 la paz de Westfalia puso fin a la Guerra de los Treinta Años. En ese momento se configuró el Estado moderno con dos características fundamentales: por un lado su soberanía interna, y por el otro, una identidad externa como actor internacional, a partir del reconocimiento otorgado por los otros Estados.

Generalmente las potencias más importantes del momento intervinieron en los Estados, cuya fragilidad los transformaba en amenazas a su seguridad y a sus intereses comerciales. La primera etapa histórica del desarrollo del concepto se ubica a partir de 1960, cuando lo que hoy conocemos por “Estado Fallido” comenzó a adoptar algunas de sus características actuales. Ese mismo año, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) calificó a la colonización como violación a los derechos humanos y contraria al espíritu de la Carta. El proceso de descolonización, principalmente en África, dio origen a numerosos Estados reconocidos por la comunidad internacional, sin que las bases políticas y económicas para desarrollarse exitosamente estuvieran inicialmente presentes. Esta situación dio origen al concepto de “quasi-Estados”

Michael Nicholson, refiere que los “Estados Fallidos” son aquellos que fracasan en dos sentidos, por cuanto no logran primeramente proveer los servicios esenciales que un Estado debe garantizar a sus ciudadanos para funcionar correctamente, principalmente seguridad y estabilidad, y luego por qué no operan en el sistema internacional como actores, aunque sean débiles. Observa así mismo, que los “Estados Fallidos” son puntos en los que fallan distintas formas y niveles, y destaca el hecho de que el solo conocimiento externo de dicho Estado, más el control del aparato estatal por parte de elites corruptas, impacta negativamente en el nivel doméstico, por cuanto por un lado permite a los que manejan el poder enriquecerse fácilmente, y por el otro, la débil estructura estatal permite el libre desarrollo de los negocios y contratos con empresas multinacionales.

Otros estudiosos investigadores entienden que el término “Estado fallido” no se aplica sólo a un gobierno central, por cuanto también se refiere a que las demás funciones del Estado han colapsado, generando en consecuencia un colapso total o parcial de las estructuras y/o instituciones de poder encargadas de mantener el orden y el imperio de la ley, un proceso usualmente acompañado por una escalada de violencia.

Señalamos que Venezuela es un país fallido por la cantidad de hechos incontrovertibles que en este artículo no tendrían cabida por razones de espacio. Una de ellas, la violación de los derechos humanos que obligó a la Comisión Interamericana (CIDH) a elaborar un informe titulado “Democracia y Derechos Humanos en Venezuela”, en el que recoge hechos ocurridos desde el año 2009 hasta el 2014, aun cuando posteriormente ha continuado produciendo informes y declaraciones. En tanto que la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tribunal hemisférico encargado de aplicar e interpretar la Convención Americana sobre Derechos Humanos, he emitido sentencias y resoluciones sobre dichas violaciones, que el régimen de Chávez, antes, y ahora Maduro han ignorado y no acatado.

A ello se suma que el régimen chavista-madurista ha cambiado completamente la institucionalidad y la organización del Estado para amoldarlo a su conveniencia. También dividió y atomizó las organizaciones sindicales, por lo que solo reconoce como legítimas aquellas que se identifican con el proceso socialista.marxista, y mal llamado bolivariano. Por otra parte, expropió empresas productivas agrícolas, pecuarias y alimentarias, estatizó, terrenos, edificios, centros comerciales, galpones, industrias y en fecha reciente panaderías; modificó instituciones claves de la sociedad venezolana como las Fuerzas Armadas y la industria petrolera; revirtió los procesos de descentralización política y administrativa del Estado; restó competencias a alcaldes y a gobernadores, y por si fuera poco, centró la acción del gobierno, incluyendo las actuaciones de los poderes legislativo y judicial, en el Presidente de la República.

Por todas las razones anteriormente expuestas, el país se encuentra aquejado por no pocos males: economía recesiva, caída de las recaudaciones tributarias como efecto de lo anterior, pérdida de competitividad del sector externo por el fortalecimiento del dólar, alto impacto del servicio de deuda en el presupuesto del Estado, deterioro de los términos de intercambio por la disminución de valor de las materias primas, inflexibilidad cambiaria, rigideces laborales, estructura impositiva represiva para el sector privado, expectativas negativas del sector empresarial, preocupaciones sobre la viabilidad del sistema previsional en el mediano plazo, y una sombra de ejecuciones en el ejercicio del poder por parte de Nicolás Maduro y altos funcionarios de su gabinete (¿)

Para alcanzar estos propósitos que tienen al país en la situación crítica jamás imaginada. el chavismo-madurismo ha venido utilizando el populismo como su herramienta con la cual pretenden seguir engañando a quienes aún creen en las bondades (¿) de la llamada revolución socialista del siglo XXI, por cierto fuera de contexto desde que su mentor Heiz Dieterich, se divorció políticamente del comandante eterno, poco antes de su fallecimiento, y devenido hoy en día en el más ácido crítico del régimen de Nicolás Maduro. Bien lo afirma Kirk Hawkins cundo refiriéndose al populismo afirma: “es un conjunto de creencias fundamentales, que percibe la historia como la lucha maniquea entre el bien y el mal, en la que en el lado buen está la voluntad del pueblo o el interés común, natural de los ciudadanos (….) mientras que en el lado malo se encuentra una élite conspirativa que ha subvertido esta voluntad”.

Los creadores de este término afirman, que un Estado fallido es un fracaso social, político, y económico, se caracteriza por tener un gobierno ineficaz, que tiene poco control sobre vastas regiones de su territorio; no provee ni puede proveer servicios básicos; presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad, así como una marcada degradación económica. En un más amplio sentido, el término se usa para describir un Estado que se ha hecho ineficaz, teniendo solo un control nominal sobre su territorio, para cuyo efecto cuenta con grupos armados organizados para mantener la autoridad del Estado, llámense Sebin u OLP.

No hay duda alguna entonces, de que estamos en presencia de un Estado fallido, empeñado en mantenerse en el poder a como dé lugar, violentando flagrantemente la propia Constitución Nacional y contrariando la voluntad del pueblo soberano, que en estricto apego a las normas democráticas aspira a rescatar sus derechos, libertad, justicia social, y las garantías contenidas en la Carta Magna.

Hoy martes la OEA tiene en sus manos las cartas con las cuales podrá marcar el rumbo y destino de nuestro país, si la mayoría de sus miembros aprueban, no la aplicación propiamente de la Carta Democrática, que aislaría Venezuela del concierto de las naciones, sino la imposición de la razón, que obligue a un régimen anárquico y dictatorial como el de Maduro, a encauzar su destino por el sendero democrático, tras 18 años de un perverso socialismo, mal llamado bolivariano.

Periodista, historiógrafo; autor de la columna “Toque de Diana”; ex corresponsal de la agencia de noticias internacional AFP; Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela y de la Academia Nacional de Ciencias y Artes Militares y Navales; Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122).

careduagui@gmail.com

http://www.noticierodigital.com/2017/03/carlos-e-aguilera-a-venezuela-un...

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Cuando escribía un artículo sobre la Carta Democrática Interamericana, a objeto de contrariar a quienes ladinamente han tratado de hacerla ver como un instrumento del ansia imperial de los yankees y un grave peligro para las riquezas naturales venezolanas, me enteré de la triste historia de Ruperta, la elefanta del zoológico de Caricuao, que muere de hambre ante la mirada indolente de las autoridades del parque y del Municipio Libertador.

Para detener la escritura sobre el tema regional que ocupa la atención de la diplomacia americana, consideré que la famélica Ruperta es la expresión zoológica de la Venezuela que languidece de hambre y se ve visitada por plagas y enfermedades erradicadas en un tiempo ya lejano de nuestra historia.

Si, Ruperta es un elefante hembra, perteneciente al orden de los Proboscidios y a la triste familia de los animales cautivos, que en sus inacabables horas de tedio debe preguntarse qué karma la puso tan lejos de los suyos y tan cerca de humanos tan poco humanos, al parecer, decididos a matarla de hambre.

Hombres marcados por la historia por las atrocidades que cometieron, sintieron especial afecto por los animales; Hitler amó entrañablemente a su perra pastor alemán Biondi y Calígula confirió la dignidad de senador a su caballo. También grandes guerreros mostraron amor por ellos: Alejandro Magno entrenó personalmente a Bucéfalo, Aníbal de Cartago mostró especial afecto por su caballo Estrategos, así como Bolívar por Palomo y Nevado. Pero esos hombres tuvieron como característica común la grandeza, su capacidad para liderar grandes masas tras un propósito de conquista o liberación, de conmocionar al mundo por el brillo de sus victorias y lo espectacular de sus derrotas.

Pero Ruperta, la modesta elefante del Zoológico de Caricuao, está probando en carne propia que la grandeza se mudó de Venezuela o que por error divino fue entregada totalmente en el siglo XIX, cuando ha debido ser dosificada para tres o cuatro siglos, cuando menos.

A Ruperta la están asesinando por hambre, de manera evidentemente premeditada. Quienes concurrieron al Zoo el domingo 26 con ánimo de alimentarla, fueron reprimidos por las autoridades auxiliadas por colectivos, por esos seres que parecen salidos del laboratorio de Frankenstein y construidos artificialmente con recortes de cadáveres frescos de los peores delincuentes de la comarca.

Lo ocurrido el 26 fortalece el twit de Esteban Gerbasi: «Me dicen que dejar morir a Ruperta la elefante del Zoológico de Caricuao es parte de un ritual de magia negra, necesitan los colmillos y patas» ¿Es esto posible? Lamentablemente la respuesta es positiva, pues aun ejercen el poder en Venezuela los mismos que profanaron los restos de Bolívar, los que mancillan tumbas de personajes históricos, los que destinaron un mil cuatrocientos millones de bolívares a la francachela carnavalesca, mientras los niños del Hospital J. M. de los Ríos mueren de mengua y claman por medicinas que les salvarían sus vidas, porque aún nos mandan esos magos de la destrucción que convirtieron el País más rico de Latinoamérica en el más miserable, la que fuera tierra de inmigrantes en desolada nación de emigrantes.

Es difícil salvar a Ruperta. Ya las autoridades del Zoo han declarado que es falsa su hambre, que su huesudo cuerpo es, como todas las cosas malas que pasan en este país, simples sensaciones, o inventos del imperio o calumnias de derecha apátrida. Pero a pesar de la dificultad de la tarea le ruego a venezolanos y extranjeros, a propios y extraños, elevar su voz por cualquier medio y un hastag por twitter: #SALVEMOSARUPERTA.

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

27 de marzo de 2017

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Asdrúbal Aguiar

Desde la adopción de la Carta Democrática Interamericana hasta el momento en que el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, presenta su informe actualizado sobre la ruptura del orden democrático y constitucional de Venezuela, el Sistema Interamericano no ha vivido un momento tan dilemático como el actual. Está sobre un parte aguas, en una hora en la que debe avanzar hacia el porvenir de manos – para no exagerar con los estándares de la democracia – de las reglas más elementales de la decencia o volver atrás, hasta las líneas en la que el cinismo y la mordacidad se hacen característicos de los gobiernos de sus Estados miembros.

Pienso, a propósito, en la época en la que, orillando la dignidad humana de los pueblos que oprimen las dictaduras militares sentadas y dominantes en su seno, afirma, desde Caracas, en 1954, que el ejercicio “efectivo” y cabal de la democracia reclama, entre otras medidas de relieve “los sistemas de protección de los derechos y las libertades del ser humano mediante la acción internacional o colectiva”.

Samuel Huntington, politólogo norteamericano fallecido, describe bien las olas democratizadoras que ha vivido el mundo: una con las revoluciones francesa y americana; otra como hija de las enseñanzas de la Segunda Gran Guerra; y la que ocurre, finalmente, con la globalización, que da cuenta de los procesos democratizadores de Europa oriental. Mas antes de hablarnos de su tercera ola, hacia mediados de los años ’70, al alimón con Crozier y Watanuki, Huntington da cuenta de la crisis de la democracia por la ingobernabilidad que provocan la incapacidad sobrevenida de los Estados y sus instituciones ante las demandas exponenciales de una ciudadanía en avance social autónomo, al punto de sugerir la reinvención de aquéllos y de ésta. Como es obvio, dentro de procesos de final abierto y sirvientes del Mito de Sísifo.

Pero cabe decir que para los parteros de la democracia civil contemporánea en las Américas, a diferencia de Huntington – para quien ésta se reduce a la vigencia de métodos electorales – una cosa es el origen de la democracia y otra sus condiciones obligantes de ejercicio real; para que no se presenten equívocos o confusiones entre quienes, con fuerza de carboneros, luchan por la forja de democracias verdaderas y socialmente sensibles.

Es verdad, incluso así, que en 1948, Rómulo Betancourt, asistente a la Conferencia de Bogotá, afirma que los “regímenes que no respeten los derechos humanos, que conculquen las libertades de sus ciudadanos y los tiranicen con respaldo de policías políticas totalitarias, deben ser sometidos a riguroso cordón sanitario y erradicados mediante acción pacífica colectiva de la comunidad jurídica interamericana”. Hoy, la tesis de la exclusión ha cedido, pero no los principios de la democracia y menos la tolerancia hacia sus enemigos.

Como consta en la Carta Democrática de 2001, los miembros de la OEA deben dar asistencia “para el fortalecimiento y preservación de la institucionalidad democrática”, “adoptar decisiones dirigidas a la preservación de la institucionalidad democrática y su fortalecimiento”, “promover la normalización de la institucionalidad democrática”. Empero, ante “una ruptura o una alteración que afecte gravemente el orden democrático”, no pueden admitir que el gobierno responsable siga ejerciendo, sin más y con desprecio por sus pares, los derechos que le confiere su membrecía dentro del club de las democracias. Así de sencillo.

De modo que se trata de una suspensión – no es una expulsión – y ha lugar cuando las gestiones para que cese la ruptura se hacen infructuosas y se mantiene hasta tanto la democracia alcance su restablecimiento.

La Carta, cabe recordarlo, no es causahabiente de un delirio de los gobiernos que la adoptan al apenas iniciarse el siglo XXI y sobre supuestos devaneos neoliberales, como lo arguyen sus enemigos socialistas de nuevo cuño. Ella se mira, como antecedente inmediato, en la experiencia peruana de Alberto Fujimori, precursor de las neo-dictaduras que luego practican Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, Daniel Ortega, y ahora Nicolás Maduro. Llegan al poder mediante los votos, para luego vaciar de contenido a la democracia. Y es ese, justamente, el mal contra el que intenta vacunarse el Sistema Interamericano, puesto a prueba con la cuestión de Venezuela, donde al paso hasta las elecciones se han acabado.

En 1959 nuestros gobiernos democráticos forjan un catecismo que la Carta Democrática asume como una suerte de relectura. Desde Santiago de Chile, reunida la OEA, precisan, justamente, que la democracia, para ser tal y no su caricatura, exige: “Imperio de la ley, separación de poderes públicos, y control jurisdiccional de la legalidad de los actos de gobierno; gobiernos surgidos de elecciones libres; proscripción de la perpetuación en el poder o de su ejercicio sin plazo; régimen de libertad individual y de justicia social fundado en el respeto a los derechos humanos; protección judicial efectiva de los derechos humanos; prohibición de la proscripción política sistemática; libertad de prensa, radio y televisión, y de información y expresión; desarrollo económico y condiciones justas y humanas de vida para el pueblo”.

Todas las exigencias de la democracia enumeradas y como lo confirma Luis Almagro con su memorable informe de actualización, han sido pisoteadas bajo un gobierno procaz – el de Maduro – que no es siquiera capaz de disimular. El general Marcos Pérez Jiménez, con vistas a la reunión de la X Conferencia Interamericana y para quedar bien, como anfitrión, al menos puso en libertad a los presos políticos.

Asdrúbal Aguiar / correoaustral@gmail / cesarmiguelrondon.com

https://dolartoday.com/horas-decisivas-para-venezuela-la-oea-entre-el-ci...

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