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Opinión

Fernando Mires

Tranquilos, no los voy a agredir. Por el contrario, los voy a tomar en serio. Solo quiero entender por qué hay personas que no quieren vacunarse en contra del covid 19 o, lo que es lo mismo, por qué no aceptan esgrimir la única arma que por el momento tenemos para defendernos del malvado bicho. Por cierto, yo sé que los antivacunas son muchos. Sé también que no solo tienen una, sino varias razones. Y esas razones merecen, como todas las razones, ser escuchadas.

También haré una diferencia, y es la siguiente: separaré en dos grupos a los que no quieren vacunarse, de los que hacen de su posición antivacunas un lema para iniciar protestas colectivas, a veces multitudinarias, en contra de diversos gobiernos. Porque, nos guste o no —y evidentemente no nos gusta— los antivacuna constituyen un movimiento social y político de dimensiones internacionales.

Comencemos por lo elemental: quien no quiere vacunarse no quiere vacunarse. Ese «no querer» expresa un deseo negativo, así como querer vacunarse expresa un deseo positivo.

Lo uno o lo otro, afirma una decisión personal, la que al serlo, es una decisión del yo. De mi yo. «Mi yo me pertenece y a nadie más debe importar», sería el punto de partida del antivacunas. Conocemos, naturalmente, la posición contraria: «Tu yo no te pertenece solo a ti, tú no vives en una isla abandonada, tú eres miembro de una familia, de una sociedad, de una nación, de un mundo al que pertenecemos todos. Luego, lo que te pasa a ti, nos atañe a todos».

¿Cuál de las dos posiciones tiene razón? De acuerdo a la primera, el cuerpo es propiedad personal, una realidad inapelable. De acuerdo a la segunda, el cuerpo es un elemento de un todo, de un cuerpo colectivo, y esa es otra realidad inapelable. Contraponiendo ambas realidades podría darse una discusión muy parecida a la que ha tenido lugar sobre el tema del aborto, a la que aquí no recurriremos para no lastimar sensibilidades.

Usaremos otro ejemplo: el de un auto. «Me compro un auto y el auto es mío porque lo he pagado con mi dinero, y punto». «Correcto», afirmará el argumento contrario, «es tuyo, pero tú no puedes hacer con tu auto lo que te da la gana. El auto es tuyo, pero a la vez pertenece a un sistema del tráfico sometido, como todo sistema, a reglamentos y leyes». «Afirmación falsa», podría responder con cierta razón el antivacunas, «el auto está sometido a un sistema, pero yo no conozco ningún sistema que reglamente la vacunación. Solo órdenes arbitrarias y muchas veces contradictorias entre sí». Evidentemente, en este tema el antivacunas parece tener, desde un punto de vista formal, la razón.

No existe una legislación universal y muy pocas nacionales sobre el tema de la vacuna. La vacuna, luego, no puede ser legalmente obligatoria.

Solo podría serlo si un gobierno decide suspender la Constitución en nombre de la Constitución, dando origen a un estado de excepción. Pero hasta ahora los gobiernos que han declarado a sus países en estado de excepción como consecuencia de la pandemia, son una minoría muy minoritaria.

Contrasta ese hecho con el de que la mayorías de los gobiernos europeos, así como los EE. UU., actúan ocasionalmente sobre las bases de un estado de excepción, sin haberlo declarado. Un estado de excepción tácito, pero no explícito, podríamos decir. El problema grave es que no existen los estados de excepción tácitos. O se declara de un modo explícito o no es.

Un estado de excepción explícito no permitiría las manifestaciones antivacunas. Si las permite es porque de hecho un gobierno reconoce que no hay estado de excepción. Los gobiernos democráticos actúan, en consecuencia, de acuerdo a una doctrina liberal basada en una gran confianza al individuo y, por lo mismo, frente al tema de las vacunas, optan por no ser autoritarios. El riesgo es que el rechazo al autoritarismo suele ser confundido como ausencia de autoridad y está última puede producir lo que esos mismos gobiernos quisieran evitar: inseguridad..

«Si el gobierno no me obliga a vacunarme, significa que ese gobierno no está seguro de los efectos positivos de la vacuna», debería ser el razonamiento de un antivacunas.

Luego, siguiendo el hilo de su propia argumentación, podría afirmar: «vacunarse es un riesgo». Y como todo riesgo produce miedo. Pues bien, parece que aquí hemos tocado el fondo de la cosa. Muchos de quienes no se vacunan tienen miedo a vacunarse.

Tener un miedo es un tener. Hay quienes no lo tienen y no están protegidos frente a ningún peligro. Otros tienen demasiado y deciden no correr riesgos. El miedo puede convertirse en pavor o en terror, eso lo sabemos todos cuando dejamos que el miedo se apodere de nosotros. Porque antes que nada, el miedo no es siempre (casi nunca lo es) miedo al objeto del miedo. El objeto del miedo actúa más bien como representante del deseo del miedo. Y el deseo de no vacunarse (sí: es un deseo) como todo deseo, es anterior al objeto del deseo (Lacan). Con buenos argumentos, un buen médico podría quizás quitar al paciente el miedo a la vacuna, pero el miedo no desaparece. Simplemente va a parar a otra parte. Sepa el diablo adónde.

El miedo es constitutivo al ser, diría un filósofo, y el principal miedo del ser es dejar de ser, lo que desde un punto de vista biológico se llama, morir. La vacuna, siguiendo el hilo, fue inventada para no enfermarse y luego para no morir.

Queramos o no, la vacuna aparece vinculada, aunque sea de modo negativo, a la noción de la muerte y la muerte produce, evidentemente, miedo: el más normal de todos los miedos habidos y por haber.

Pero aún más: vacunarse significaría recurrir a la ayuda de un agente externo para no morir, lo que obliga a reconocer que nuestro cuerpo es inerme, aceptar que por sí solo no está dotado para afrontar los peligros que lo acosan, que estamos desprotegidos frente a los virus y que, por lo mismo, necesitamos de protección ajena.

A modo de anécdota: el electricista que cada cierto tiempo viene a casa, hombre inteligente y afable, apareció sin mascarillas para cambiar algunos enchufes. «¿Usted está vacunado?» –le pregunté, retrocediendo un metro–. La respuesta fue: «No. Yo confío en mi propio sistema de inmunidad». La frase la traduje después hacia mí. Quería decir: «Necesito confiar en mi sistema de inmunidad porque si dejo de confiar en él pierdo confianza en mí, en mi propio ser, en mi propio cuerpo, en mi propio yo». Pensé entonces que en ese momento el electricista habló en nombre de miles de no vacunados. En su breve frase estaba diciendo: «No queremos reconocer que no somos inmunes, no queremos saber nada de nuestra debilidad, no queremos que nadie nos intervenga aunque sea para salvarnos de la muerte». Y bien, de ahí a negar el peligro del covid-19 hay un solo paso. El no vacunado, convertido en negacionista, niega el peligro para no sentir el miedo que siente. Detrás de su deseo de no vacunarse, hay una razón y una lógica. Sin concordar, lo podemos entender perfectamente.

No sé si el electricista pertenece al movimiento antivacunas o acepta con temple estoica la soledad de su negación. Pero puedo imaginar que muchos lo hacen por tres razones, las tres respetables. Primero: la soledad es dura. Segundo: para adquirir seguridad, que es lo que más nos falta, necesitamos siempre el reconocimiento del «otro». Tercero: el yo no es un yo sin un nosotros. Ese nosotros integra al yo y lo convierte en miembro de una comunidad frente a otra comunidad: la de la sociedad o la de la nación.

Con la integración del yo en el nosotros estoy «con los míos». Después aparecerá la ideología del movimiento. O como diría Lenin, la ideología no nace del movimiento sino que viene de «afuera».

Del partido en la versión leninista, de los intelectuales orgánicos en la versión gramsciana. Gracias a esa ideología introducida en su interior, el movimiento se constituye en una entidad política y pasa a ser un movimiento social, uno más entre tantos otros: el movimiento de los antivacunas.

Como ocurre en la mayoría de los movimientos, los antivacunas también generan su propio orgullo (al estilo del «orgullo gay», para poner un ejemplo). En Alemania se autodenominan los Querdenker, algo así como «pensadores transversales» en oposición a los «pensadores verticales» que seríamos nosotros, los vacunados. En su inferioridad numérica, ellos necesitan de algún modo mantener un sentimiento de superioridad. En eso (solo en eso) no se diferencian ni un ápice de los militantes de sectas, partidos y movimientos como el ecologista y el feminista.

Probablemente los antivacunas piensan en que los vacunados somos seres alienados que se dejan manipular por la prensa y por la clase política dominante. Sus dirigentes, entre los que se cuentan incluso algunos médicos, imaginan que luchan en contra de todo un «sistema», en contra de «los de arriba». Como en todo movimiento que nace, en el de los antivacunas hay un fondo anarquista y liberal al mismo tiempo. Anarquista, porque se erige en contra de un orden establecido y sus representantes. Liberal porque creen luchar por más libertades en contra de los que ellos llaman «dictadura de los virólogos».

Como es sabido, los antivacunas han encontrado fuertes aliados en los movimientos nacional-populistas europeos y trumpistas en los EE UU. La única diferencia, como reveló estadísticamente un programa televisivo alemán, es que estos últimos, en su mayoría, sí se vacunan.

No podemos, finalmente, dejar de mencionar el hecho de que los movimientos antivacunas tienden a desarrollarse con mayor intensidad en los países más democráticos. A primera vista, un absurdo, porque claman por libertades en contra de gobiernos liberales. A segunda vista, sin embargo, podemos entender que precisamente, lo que buscan en sus laberintos del miedo, es a un poder protector, una autoridad que asuma la responsabilidad sobre sus almas, protegiéndolos de los miedos que los acosan. ¿Un signo más de esa «crisis de autoridad» que detectara tempranamente Hannah Arendt en las sociedades pretotalitarias? Parece que así es: son, en fin, expresiones de seres que no encontrando sobre ellos el poder de la autoridad, terminan por exigir la autoridad del poder.

¿Cómo enfrentarlos? No es fácil. Solo podemos advertir, por el momento, cómo no hay que hacerlo. Usar la represión sería por cierto lo peor que se podría hacer. Significaría simplemente confirmarlos en lo que ellos quisieran ser, luchadores por la libertad y la democracia.

Por otro lado, imaginar que con mensajes esclarecidos será posible redimirlos es pecar de suma ingenuidad. Hay, no obstante, una tercera alternativa: convivir con ellos y correr con los riesgos de los peligros infecciosos que portan. Eso supone aceptar definitivamente que estamos lejos de pertenecer a una sociedad perfecta y que en una democracia también hay un sitio para los que no quieren o no pueden o no saben ser demócratas. Y solo cuando es posible, intentar enfrentar con argumentos a los argumentos de ellos, sabiendo que casi nunca los vamos a convencer. Al fin y al cabo, si ellos quieren rebelarse en contra de los demás, tendrán sus razones. Y esas razones no tienen nada que ver con la pandemia. Absolutamente nada. Ese es el problema.

Twitter: @FernandoMiresOl

Fernando Mires es (Prof. Dr.), fundador de la revista POLIS, Escritor, Político, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol.

 8 min


Américo Martín

En los progresos de una escuela pública, la Experimental Venezuela, observaba desde mi colegio –privado como tengo dicho– el éxito de las Repúblicas Escolares creadas por los gobiernos de Medina y Betancourt. La Experimental estaba ubicada a unas cuatro cuadras; cinco, a partir de mi casa. Se elegía presidente con el voto directo de los estudiantes. Los aspirantes debían ser de quinto y sexto grado. Vivían la democracia, aprendían el lenguaje institucional, practicaban la política como ejercicio ciudadano.

Mi hermano Luis Antonio estudió en esa escuela, yo hice una brevísima incursión en ella sin llegar a matricularme y mi primo Balboa recorrió todos los grados. En algunos aspectos la Experimental era superior a mi colegio, aparte de que era gratuita, mientras mis padres debían pagar Bs. 20 o 30 mensuales para costear mis estudios.

Supe desde temprano que allí estudiaron también Teodoro Petkoff y sus hermanos Luben y Milko. Notable era la amplia composición social de estas interesantes escuelas.

Con Balboa estudiaba Bastardo, un muchacho limpiabotas que se pichaba con mi primo y eventualmente conmigo dejando escuchar el ruido de sus útiles en el bulto de cuero, que era de uso generalizado por los estudiantes varones de aquellos años. El bulto se llevaba como los actuales morrales, aunque por ser de cuero era un batir de lápices, cuadernos, creyones y reglas.

Si mal no recuerdo, en esa escuela estudiaba Mariela Silva Estrada, hermana menor de Leonardo y de Alfredo Silva Estrada, quienes vivían en El Conde, muy cerca de nosotros. Mariela era encantadora, pelo rubio, buen cuerpo y un atractivo desparpajo. En lugar de usar el maletín, propio de las muchachas de la época, iba a clases portando un bulto de varón. El suyo también bailaba y no era menos ruidoso que el de sus compañeros. A mí me parecía un espectáculo verla correr, sueltos sus cabellos rubios de valkiria. Su hermano Leonardo tampoco pasaba desapercibido. Alto, opulento, de voz recia se graduará de abogado y militará por unos años en el Partido Comunista. Alfredo era más silencioso y tranquilo. Se decía que a esa temprana edad ya era poeta, pero tal vez esa opinión fuera una proyección del futuro al pasado.

Ya en mi segundo matrimonio, Mónica y yo inscribimos a nuestro hijo Iván en esa escuela. Estando en quinto grado no sé quién le metería en la cabeza postularse a la presidencia. Su rival, una muchacha de sexto, lo derrotó, pero Iván se tomó muy en serio su responsabilidad, y yo también. Mi gran amigo Freddy Peña le pintó unas pancartas con el lema: «Iván a la presidencia», no muy distintas a las que adornaron mi campaña a la Presidencia de la República en 1978. Iván nunca me comentó cómo había recibido la derrota. Mi estupendo hijo era poco expresivo de sus emociones. Fallamos otra vez, Freddy. Mejor no sigamos insistiendo.

Los grandes educadores eran Rafael Vegas, integrante destacado de la Generación del 28, y uno de los aventureros antigomecistas de la valiosa tripulación del Falke, Espíritu Santos Mendoza, Gustavo H. Machado, Luis Beltrán Prieto, Rafael Pizani, Humberto García Arocha.

Por cierto, García Arocha fue ministro de Educación de Betancourt. Era un apasionado amigo de la educación y contribuyó a su masificación, pero también metió en líos a Rómulo con su orientación a ratos inflexible. Fue el inspirador del Decreto 321, basado en la tesis del Estado docente, doctrina oficial de AD. Nombrado ministro de Educación —dado que Prieto se había integrado a la Junta Revolucionaria de Gobierno—, le tocó a García Arocha ser el ponente. El decreto fue dictado en mayo de 1946. Consagraba el régimen de calificaciones, promociones y exámenes en primaria, secundaria y normal.

Los educadores católicos emprenden una dura resistencia contra el 321, respondida enfáticamente por el magisterio de izquierda. El asunto va a la calle. Desde la azotea de mi casa de El Conde observo la manifestación de los conservadores en defensa de la libertad de enseñanza, que creen vulnerada por el nuevo instrumento normativo. Desfilan ruidosamente en camiones, carros, a pie. Escucho las emotivas consignas sin entender la esencia del reclamo. Me ocurre lo mismo con la contramanifestación de los amigos del decreto. Las partes en conflicto desfilaron por la hoy llamada avenida Leonardo Ruiz Pineda, al otro lado del Guaire, y a la vista de mi atalaya en El Conde.

¡3-2-1, trescientos veintiuno! ¡1-2-3, ciento veintitrés!

Es una fractura social de contenido ideológico. Primera vez que veía una. Betancourt rehúye la confrontación. Se siente colocado en un terreno frágil. Busca unir a la nación o, cuando menos, silenciar en lo posible las condenas religiosas y conservadoras. El 321 no ayuda a esa política. Renuncia García Arocha, se deja sin efecto el decreto, cantan victoria los conservadores y Betancourt evita un indeseado enfrentamiento. Por puro instinto condeno el repliegue del gobierno. Pero alguien me da una lección política que no olvidaré

—Así es la política —me dice—, no siempre en línea recta. A veces se avanza más por los flancos. Lo peor es pelear en el terreno puesto por el adversario; lo mejor, llevarlo al nuestro. Retroceder no siempre es retroceder.

—No es fácil la política —pienso.

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

 4 min


Carlos Raúl Hernández

1. Para ser feliz, según Aristóteles, no hay que ser demasiado feo, tener salud, y algo de dinero.
2. Dice García-Bacca que cualquiera sabe “lo que es” el vino, una bebida alcohólica, pero salvo los químicos nadie sabe “qué es el vino” (Acido 2.3-dihidroxbutanodioico HOOC-CHOH-CHOH-COOH).
3. Las pasiones, entre ellas el amor y la ira, transforman al sujeto. La ira desordenada convierte a David Banner el Hulk. Para Aristóteles, el más humano de los filósofos griegos, la ira es una virtud cuando es necesaria, en circunstancias, personas y momentos justificados.

4. El Romanticismo sacraliza el espléndido fracaso. Roldán asesinado en Roncesvalles. Pero el que lo mató, recibe el desprecio eterno.

5.. Los colectivistas han demostrado sobradamente su capacidad destructiva. Pero Lenin era además un genial estratega e inventó el modelo de partido basado en el “centralismo democrático” (“las decisiones se toman por mayoría y se ejecutan por unanimidad”) en el que el debate minimizaba la propensión al error.

6. Hay palabras mágicas, por bellas y sugerentes. Una es transformación, pues en su fonía parece percibirse un cuerpo acurrucado que se despereza y estira.

7. Existen equilibrios catastróficos porque niegan la función del equilibrio y estimulan la entropía, la descomposición.

8. El equilibrio social debe ser contradictorio, pluralista, más no antagónico. El pluralismo estimula el cambio; el antagonismo, la disolución.

9. Quien carece de instrumentos de poder, juega a profundizar una crisis y no busca soluciones pactadas, se dirige al caos.

10. La antipolítica consiste en hacer política mientras se habla mal de ella.

11. El sentido común se resume en uso de razón, manejar situaciones en busca de equilibrios que no dañen a otros, procedimiento que no tiene nada de común.

12. La política es el arte de lograr objetivos de poder con óptima relación costo-beneficio, sin pérdidas humanas. Ello requiere destrezas. La antipolítica es improvisación sin conocimiento y causa daños colectivos.
13. En medio de las crisis los dirigentes no pueden actuar irracional o impulsivamente contra o a favor de algo, sucumbir al histerismo colectivo.
14. Cuando Chávez llevó los restos de Cipriano Castro al Panteón Nacional, R.J. Velásquez me comentó: “Fíjate que no hay muertos políticos. Ni siquiera los que están enterrados”.
15. En la política los opuestos son adversarios. Cuando el adversario se convierte en enemigo, es guerra.
16. Un grupúsculo político que habla con la pretensión de lucir fuerte, es como el niño que se pinta bigotes y así parecer un hombre.
17. La triste política que nos trajo hasta aquí, tiene como religión la ruptura, el quiebre, y los monaguillos la asumen en sus microscópicos espacios.
18. La épica canta actos heroicos fracasados, porque para ella solo cuenta el heroísmo. No importa el éxito, sino la belleza del gesto.
19. “Dio todo por su sueño”, dicen los poetas románticos. Pero los hombres prácticos no tienen sueños sino objetivos, y nunca deben darlo todo, sino obtener resultados positivos.
20. En la misma tónica del espléndido fracaso, Antonio y Cleopatra tenían que morir así. Nadie se imagina a Antonio, pasado de peso, sin afeitar, metiéndole mano a Cleopatra mientras ella prepara bisteks de camello y trata de parar los gritos del niño.

21. La más grave de las tragedias políticas ocurre cuando las ilusiones exageradas ceden el paso al pesimismo exagerado.
22. Quienes cuestionan los gobiernos por su mala gestión, tienen éxito si convencen a la mayoría de que representa un mejor futuro. Si no lo logran, también se hundirán.

23. El secreto está en construir burbujas de acero, “habitaciones de pánico” en la mente. Contra ellas, nada puede.

24. La máxima concentración y desagrado conocidos ocurre cuando la maestra dice: ”niños, la tarea para mañana es…”.
25. “Cementerio de besos aún hay fuego en tus tumbas, escribe Neruda". Mi amigo maracucho, Confucio Morillo dice “donde hubo fuego a veces no queda ni el saludo”.

26. Populista es populista aunque use peluquín con la raya a la derecha o a la izquierda. Cossi fan tutti.
27. Francisco me veía desde su ventana salir todas las madrugadas a trotar. Un día me gritó: “Hermano, no creas que soy un flojo. Tengo encendido el televisor con el programa de ejercicios. Pero como no estoy en forma, cuando hay un movimiento muy fuerte, miro para otro lado”.
28. Quien ama es amante, no amanta. Quien diverge es divergente, no divergenta. Quien agoniza es agonizante, no agonizanta. Quien cree es creyente, no creyenta. Quien preside es presidente.
29. Calculan que 10% de los humanos tiene genes de Genghis Khan. Sin embargo, un monje taoísta que consultaba le había recomendado no tener relaciones sexuales para prolongar la vida.
30. El drama de Henrik Ibsen, Un enemigo del pueblo, demuestra que cualquier comunidad o persona, por tranquilas que parezcan, son capaces de convertirse en cazadoras de hombres.
31. Los “enemigos del pueblo”, sujetos de scraches, suelen ser quienes se resisten al fanatismo, a conservadores y snobs, a prejuicios y vaciedades radicales.
32. Cada vez que alguien “pone un granito de arena” mueren tres ositos plateados en el Ártico.

(Gran parte de estas notas fueron comentarios a artículos de @Mibelis. Eso les confiere su nombre)
@CarlosRaulHer

 3 min


Mira Milosevich-Juaristi

Las respuestas por escrito de EEUU y la OTAN a las exigencias rusas (recibir «garantías de seguridad» que consistan en renunciar a la ampliación de la OTAN y a la instalación en Europa de armamento ofensivo con alcance a territorio ruso, y en retirar la infraestructura militar desplegada por la OTAN en Europa del Este desde la firma del Acta Fundacional entre la Alianza y Rusia en 1997) son documentos confidenciales , no públicos, por lo que se desconoce su contenido concreto. Sin embargo, se sabe que la OTAN no renuncia a su ampliación hacia el este, y ha ofrecido a Rusia diálogo, desescalada militar, medidas de transparencia y trabajo conjunto para el restablecimiento de la confianza mutua. Todos intuíamos la respuesta, porque, para Occidente, renunciar a sus principios y valores es inadmisible. Además, Rusia es el agresor en el conflicto con Ucrania, en contra de las normas internacionales que suscribió en su día: el Acta Final de Helsinki (1975) y la Carta de la OSCE de París (1990), entre otros tratados, según los cuales todos los estados pueden determinar su propio destino. Pero el Kremlin ha insistido en que, si no se aceptan sus demandas, responderá con las «medidas técnico militares».

A pesar de la amenaza militar que supone el despliegue de 100.000 soldados rusos en la frontera con Ucrania y de los detallados análisis de la prensa y de expertos sobre la posibilidad de invasión rusa, todas las opciones están aún sobre la mesa. Ambas partes abogan por el diálogo , pero confían más en las medidas de disuasión, porque conocen la inflexibilidad del oponente. Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN han coordinado una respuesta conjunta, advirtiendo de que, en el caso de que Rusia invada de nuevo Ucrania, se pondrán en marcha automáticamente severas sanciones económicas, políticas y financieras, y algunos países miembros, a nivel bilateral, están enviando armamento defensivo a la república amenazada. Las medidas de disuasión de Moscú consisten en el acorralamiento (maniobras militares en Bielorrusia , despliegue del armamento y efectivos a lo largo de la frontera con Ucrania, y aumento de la presencia naval en Crimea) y otras posibles medidas técnico-militares.

Las exigencias de Moscú suponen una propuesta de cambio del orden de seguridad europeo a expensas de EEUU y la OTAN. Representan el choque de dos visiones del mundo y del orden internacional: Occidente, como una potencia normativa, apuesta por los principios de soberanía, de integridad territorial, del derecho de un país a elegir sus alianzas militares. Rusia reclama su estatus de gran potencia, el derecho de mantener las zonas de influencia, y solo reconoce parcialmente la soberanía de Ucrania y de otros Estados del espacio post soviético. No se ha privado de usar la fuerza militar para violar la integridad territorial de algunos de ellos con el fin de preservar los principios fundamentales de su política de seguridad nacional.

Las razones principales por las que ahora Rusia ha puesto sobre la mesa estas exigencias son la pérdida de influencia en Ucrania, el descontento porque los Acuerdos de Minsk II no se estén cumpliendo, la percepción de que el Occidente, y en particular EEUU, se han debilitado tras la retirada de Afganistán, así como de la ambición de revertir la derrota soviética en la Guerra Fría. El Kremlin sostiene que los soviéticos no perdieron ésta, sino que terminó con una serie de acuerdos militares entre la URSS y EEUU. Por eso no perdona a Occidente no haberle incluido en el diseño de la estructura de seguridad europea. Es imposible saber cuál es la opinión de Vladimir Putin sobre estos asuntos, pero hay que tener en cuenta que él es producto de un imperio comunista que mantuvo desde su mismo origen hasta su desaparición la idea marxista de que la guerra no se terminará con acuerdos formales, sino con el triunfo de la revolución y la instauración universal de una sociedad sin clases. Traduciéndolo a la situación actual, la verdadera guerra no terminará hasta el triunfo definitivo de Rusia sobre Occidente.

EEUU y la OTAN han afirmado que la pelota está en el tejado de Rusia, pero el problema es que para el Kremlin es difícil echarse atrás, ya que ha definido su posición como «imperativos absolutos», porque de lo contrario parecería que sólo amagaba con represalias, y una gran potencia como Rusia no puede permitirse ir de farol. Sin embargo, las medidas técnico militares no significan necesariamente una invasión de Ucrania. Lo más probable es que las consecuencias del rechazo occidental consistan, desde el lado ruso, en una combinación de alardes de sus ganancias diplomáticas y de un incremento de las medidas técnico-militares que Rusia ha usado hasta ahora en la guerra híbrida (campañas de desinformación, ciber ataques, chantaje económico y energético, uso esporádico de la fuerza militar convencional).

Las ganancias diplomáticas de Rusia no son pocas, y hay que reconocer que Moscú las ha conseguido amenazando con emplear la fuerza armada: por primera vez desde las conversaciones sobre la reunificación de Alemania (1989-1990), EEUU se ha sentado en la mesa con Rusia para hablar del orden de la seguridad europeo, aceptando negociar acuerdos sobre el despliegue de los misiles nucleares de medio alcance (lo que no ha hecho desde la salida del acuerdo en 2019 de EEUU por constantes violaciones de Rusia del Acuerdo INF firmado en 1987 entre URSS y EEUU), así como dialogar sobre reducir las maniobras militares, ejercicios navales y aéreos, incluida la limitación de emplazamientos de misiles nucleares cerca de las fronteras rusas.

Occidente ha aceptado hablar de los temas que Moscú propone, a lo que se había negado anteriormente. Sin embargo, los «imperativos absolutos» no van a ser reconocidos por parte de la OTAN y EEUU. Pero ya no solo se trata de la ampliación de la Alianza Atlántica, sino de cómo y cuándo puede ser un país miembro de la misma.

Como explicó Yevgeniy Primakov (primer ministro y titular de Asuntos exteriores ruso entre 1996 y 1999), la ampliación de la OTAN hacia Rusia es más una cuestión psicológica que una amenaza real. Ninguna expansión de la OTAN, incluso a expensas de Ucrania, amenaza el equilibrio militar y la sostenibilidad disuasoria. Al instalar misiles cerca de Kharkov, Estados Unidos no obtendrá una ventaja seria en el campo militar-estratégico sobre la Federación de Rusia. Ésta podría instalar misiles hipersónicos, condicionalmente Zircon, en sus submarinos, que recorrerán las aguas litorales de EEUU, lo que le garantizará el mismo tiempo de alcance a los objetivos estadounidenses más importantes. La disuasión permanecerá, pero a un nivel más alto y peligroso. La brigada norteamericana en Polonia o los batallones de la OTAN en los Estados bálticos tampoco se pueden reducir. En términos de seguridad militar, la expansión de la Alianza Atlántica no es una amenaza tan terrible para Rusia. Pero hay otro factor: todo país que se convierte en miembro de la OTAN experimenta reformas muy profundas política y económica. Mientras Ucrania esté fuera de la misma, sigue siendo posible que el país todavía decida en su totalidad o en parte de ella que el eslavo, el mundo ruso y otras cosas le importan, y que las relaciones con Rusia puedan normalizarse, incluso el acercamiento con él. Al menos mirando desde la posición de Moscú, esta oportunidad permanece.

Las medidas técnico-militares con las que amenaza Rusia no consistirán en la invasión de Ucrania, sino en despliegues tácticos de armamento ofensivo en Bielorrusia y/o Kalingrado, así como en el reforzamiento de la asociación estratégica con China e Irán. La Rusia de Putin dejaría de intentar integrarse en Occidente, lo que ha sido una constante en la política exterior del país desde el siglo XVIII, sólo interrumpida en el periodo soviético, desde que el Zar Pedro el Grande decidió que Rusía pertenecía a Europa. (El Mundo)

29 de enero 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/01/mira-milosevich-juaristi-disuas...

 6 min


​José E. Rodríguez Rojas

Si bien Petro, encabeza la intención de voto, esto puede cambiar debido al elevado porcentaje de indecisos. Está mejor posicionado que en el 2018, pero genera temores en la clase media. Los candidatos del centro político han conformado alianzas que conducirán a primarias, donde se elegirán sus candidatos. Un escenario probable es que Petro pase a la segunda vuelta enfrentado a un candidato del centro, el cual recibiría el apoyo de los indecisos logrando el triunfo.

Varias elecciones recientes en América Latina han visto el colapso o al menos la derrota del centro político moderado ¿Ocurrirá lo mismo en Colombia en las elecciones que se realizaran en mayo próximo? Hay razones para pensar que una victoria del centro no solo sería beneficiosa sino una realidad.

Esto no es el pronóstico convencional. Muchos analistas piensan que la contienda electoral del año venidero será una repetición, en reverso, de la elección previa donde Iván Duque derrotó a Gustavo Petro, un populista de izquierda. Así lo apuntan las encuestas como la de INVAMER publicada esta semana, donde Petro encabeza la intención de voto con 42% frente a 19% de Sergio Fajardo de centro Izquierda. Basados en estos resultados las encuestadoras piensan que Petro derrotaría con facilidad a cualquier oponente.

Duque ganó en el año 2018 por el miedo que despertaba la candidatura de Petro un ex guerrillero simpatizante de Hugo Chávez. Duque también se benefició de la campaña, de Uribe, contra el acuerdo de paz que se firmó con las FARC que finiquitó el conflicto armado. El centro político fue identificado con el acuerdo, también fue dañado por no llegar a un consenso para seleccionar un solo candidato. Ello permitió que Petro derrotara a Fajardo por 250.000 votos. Fajardo es un académico e innovador ex alcalde de Medellín.

Esta vez las cosas lucen diferentes Petro luce más fuerte que en el 2018. El gobierno de Duque ha tenido un desempeño mediocre, es impopular y fue estremecido por semanas de paros y protestas violentas este año. Mientras, Petro no tiene rivales a su izquierda y ha estado en campaña durante los últimos 4 años. Petro es un ex senador y fue alcalde de Bogotá donde llevo a cabo una gestión gris. “Él tiene ideas muy simplistas pero que funcionan bien políticamente” opina Malcolm Deas un historiador británico dedicado al estudio de la historia colombiana. Varios analistas políticos de la derecha le han dado su apoyo en forma oportunista porque piensan que ganará.

Pero es muy temprano todavía. De acuerdo a la encuestadora INVAMER 43% de los encuestados no han decidido por quién votarán. Petro todavía genera temores en los votantes de clase media. Otra diferencia es que esta vez el centro luce más organizado. Fajardo y otros candidatos de la centro izquierda han formado la “Coalición de la esperanza” y acordaron enfrentarse en unas elecciones primarias en marzo, La centro derecha ha hecho algo similar formando la “Coalición de la experiencia” en la cual se han unido 5 aspirantes a la candidatura, que incluyen a varios ex alcaldes que esperan enfrentarse en unas primarias similares. Miguel Silva un analista político estima que alrededor de 14 millones de colombianos participarán en las primarias y esperan que se dividirán por igual entre izquierda radical, centro izquierda y centro derecha.

La primera vuelta es probable que enfrente a Petro con un candidato bien sea de la centro izquierda o de la centro derecha. Esta vez el acuerdo de paz no tendrá mucha influencia. Los colombianos “odian a las FARC” pero ellos “quieren paz” opina Deas “desean una nueva agenda política” que podría involucrar seguridad contra las bandas criminales, una mejor educación pública y un retorno al crecimiento económico (algo que considerando el proteccionismo de Petro y su oposición a la minería y explotación de crudo, son imposibles de lograr)

De tal manera que el centro tiene una oportunidad, pero para aprovecharla requiere no solo de un programa claro sino romper con el impopular estatus quo y establecer una conexión emocional con los colombianos, como lo hizo Uribe quien movilizó el temor por las guerrilla y Petro el cual canalizó la inconformidad con el establishment que generó las protestas.

En un libro reciente Mauricio García Villegas un filósofo político colombiano, argumenta que la larga historia de conflictos armados de su país ha sido impulsada por una cultura política que exalta emociones tribales de nación, partido, clase y religión las cuales convierten a los adversarios en enemigos, en el marco de lo cual tendemos a descalificar fácilmente al que piensa diferente. En Colombia, concluye, “el contraste real no es entre los radicales de cada extremo …sino entre estos y los moderados”. Para imponerse el centro tendrá que apelar a emociones más pacificas de unidad solidaridad y esperanza para un futuro mejor.

Nota: Este escrito es una traducción libre del artículo: The Economist. 2021. Despite the polls, a centrist could win colombian’s election in may. Dec. 9.

Profesor UCV

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Eddie A. Ramírez S.

En España y en sus antiguos dominios adoptamos este día, llamado de los inocentes, para hacer bromas y burlas. Parece una aberración que se conmemore de esta manera el asesinato de niños judíos ordenado por Herodes, hace más de dos mil años. La hipótesis de que eso viene de las fiestas Saturnales de los romanos no es convincente. Hoy, también muchos inocentes, niños y adultos, mueren o sufren penurias por no tener acceso a la justicia. Esta situación amerita señalar a los culpables y aplicar correctivos.

Deplorable balance mundial: Finaliza el 2021 con un saldo en rojo. ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para el tema de los refugiados, reporta que hay más de 84 millones de seres humanos desplazados de su sitio de residencia habitual. La Organización Mundial de la Salud informó que 5.400.000 personas han fallecido víctimas de la Covid 19. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calculó que en el mundo hay 811 millones de personas que padecen hambre y que cada día mueren por desnutrición 8.500 niños menores de cinco años.

La economía mundial está en crisis. Hay escasez de muchos insumos y productos, con el consecuente aumento de los precios. En esta etapa de globalización, en la que el flujo comercial alcanza magnitudes nunca vistas, hay fuertes restricciones en el sector transporte. El temor, bien fundado, al calentamiento global está ocasionando problemas a corto plazo en algunos sectores de la economía. Cierto que a largo plazo se producirán los ajustes necesarios pero, como dijo Keynes, a largo plazo estaremos muertos. De inmediato hay que aplicar correctivos para disminuir la pobreza y la desigualdad.

El caso Venezuela: En nuestro país tenemos la tragedia de seis millones de compatriotas que han emigrado para obtener el sustento diario, no ser asesinados por los malandros protegidos por el régimen, disfrutar de una mejor calidad de vida o para eludir persecución política. El déficit o a veces inexistencia de los servicios básicos de luz, agua, gasolina, diesel y de gas dificultan el día a día de los venezolanos y residentes.

Sobre los presos: En las ergástulas del régimen hay miles de presos de todas las categorías en condiciones de hacinamiento, mala alimentación y poco acceso a la atención médica. El Observatorio Venezolano de Prisiones reportó que el 70 por ciento de los presos padece desnutrición severa, el 91,5 % no consume proteínas, el 90,1% nunca ha comido frutas, ni verduras y que el 40,1% come una vez al día. El Observatorio Venezolano de Violencia divulgará su Informe 2021 antes de que finalice este año. En el 2020 reportó que 11.891 ciudadanos fallecieron por causa violenta, de ellos 4.231 por resistencia a la autoridad. Esta última cifra evidencia abuso policial. En el futuro, debería ser obligatorio que policías y guardias nacionales lleven una cámara para filmar los operativos.

Con respecto a los presos políticos, según Gonzalo Himiob, director de la encomiable ONG Foro Penal Venezolano, hay 245 presos, de los cuales 14 son damas y 231 hombres; 136 son civiles y 132 militares; además, 9.420 ciudadanos están bajo medidas cautelares, sujetos por motivos políticos a procesos penales injustos. Cabe recordar que el Informe presentados por la señora Bachellet, Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, el de la Misión Internacional Independiente de determinación de hechos, y la decisión del Fiscal de la Corte Penal Internacional de abrir una investigación sobre crímenes de lesa humanidad, evidencian las violaciones a los derechos humanos. No podemos obviar los casos de los asesinatos de Rodolfo González, Oscar Pérez, Fernando Albán, Rafael Acosta Arévalo y de Isaías Baduel, entre otros. Hoy se encuentra en huelga de hambre el teniente coronel Igbert Marín Chaparro para reclamar justicia. Por cierto, este oficial fue el primero de su promoción.

Sobre la economía: La producción diaria promedio de petróleo(crudo) entre enero y noviembre 2021 fue de 529.545 barriles por día(b|d) según fuentes secundarias de la Opep y de 630.000 b|d según informó el régimen a esa organización. Llama la atención que Maduro afirmara que habían llegado al millón de barriles por día, un salto inexplicable ante la ausencia de taladros. Evidentemente, incluso si tuviesen operando taladros, es una manipulación de cifras. Recordemos que el petróleo es la principal fuente de divisas para importar lo necesario.

Sobre la actividad de nuevos supermercados de lujo y construcción de algunos edificios, se dice que es de dinero mal habido que se invierte en Venezuela por no poder colocarlo en el exterior. Existe un espejismo de reactivación económica, una burbuja de la cual se aprovechan unos cuantos, mientras la mayor parte de la población pasa hambre. El padre Alfredo Infante denunció que en la popular parroquia de La Vega niños desnutridos crecen con problemas cognitivos.

En lo político: Nuestros diputados de la Asamblea legítima electa en el 2015 tienen que otorgarle al presidente Guaidó las atribuciones contempladas en la Constitución. Caso contrario, Guaidó debe exigirlas y apelar al apoyo de la ciudadanía y de algunos políticos. Este es un paso importante para lograr la salida del usurpador y corregir tantas injusticias. Hay mucha gente padeciendo. Este día y los que vienen deben ser para corregir abusos y señalar culpables de las desgracias en Venezuela y en otros países.

Todo lo bueno para el 2022. Superaremos esta etapa de oprobio. No será fácil, pero lo lograremos ¡ Ni un paso atrás en la defensa de principios y valores!

Como (había) en botica: Excelente el mensaje en El Nacional de Vladimiro Mujica al presidente Guaido, así como las declaraciones al respecto de Andrés Velásquez y de Delsa Solórzano. El rector del CNE Enrique Márquez debe dedicarse a velar por la transparencia de la elección en Barinas, en lugar de opinar sobe lo que no le compete. Lamentamos el fallecimiento de Gustavo Estrada Goer y de Luis Ramón Rosas Malavé, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol. Libertad para Javier Tarazona ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Maxim Ross

Puede decirse, con soberana razón, que el tema de nuestro tiempo es el de la desigualdad y no porque sea más importante que el de la libertad, que también lo es, sino porque logra ocupar todos los espacios de opinión pública y en la agenda de los organismos internacionales, especialmente por el impacto que ha tenido la pandemia en su empeoramiento. Ello sucede, probablemente, por varias razones. Una de ellas es que es más sensible y más cercano a los problemas cotidianos de la gente que aún están pendientes de resolverse a nivel mundial. Carestías, hambrunas, marginalidad, inmigración, etc. etc., siguen ocupando la atención internacional. Otra razón, puede ser, porque evidentemente la desigualdad se defiende con números que son más expresivos y convincentes que los informes y artículos que se publican sobre la libertad y esta es más difícil de conmensurar. En esta dirección los trabajos y el libro principal de Thomas Piketty (El Capital) han contribuido eficazmente a ponerlo en la agenda internacional y a levantar la alarma[1], pero: ¿Tiene razón Piketty?

LOS NUMEROS DE PIKETTY

La tesis principal del autor es que la desigualdad, vista como fenómeno generalizado, está aumentando inexorablemente en el mundo. Los números que respaldan su afirmación provienen de dos fuentes. Por un lado, dice que la proporción de las rentas del capital (utilidades, dividendos, rentas, e intereses) está creciendo más rápido que el crecimiento económico, por lo que todos los beneficios del capital ocupan una parte creciente del ingreso mundial, con lo cual este toma la mayor parte del total y por otro lado, los ingresos del trabajo van en dirección contraria.

Como consecuencia de ello los ricos se hacen más ricos, una muy pequeña parte de la población captura la mayor parte de la riqueza, los más pobres participan cada vez menos en el reparto y, desde luego, aumenta la desigualdad dentro de cada país e inter países. Obviamente, el razonamiento y las conclusiones del autor provienen del uso de los números de distribución del ingreso nacional entre capital y trabajo, reeditando, de alguna manera la visión clásica de la economía política.[2]

¿UN TEMA NUEVO PARA EL MUNDO?

Si realizamos un breve repaso en la historia económica nos encontramos con que su tratamiento ha sido extenso, desde la perspectiva de la economía política que lo ubicó entre los vestigios del colonialismo y sus legados en términos de distribución de la riqueza mundial, hasta su focalización en los argumentos del “centro y la periferia” que dominaron el pensamiento económico por los años sesenta y cerrar, mucho después, con la discusión sobre “convergencia y divergencia”, que estuvo vigente más recientemente, hasta la pregunta de si el subdesarrollo (simil de una distribución inequitativa del ingreso mundial) era producto de una ley “natural e inexorable” que lo perpetuaba eternamente.

Posteriores logros de crecimiento económico y aumentos del bienestar que se dieron después de la segunda guerra convencieron al mundo de una alta tendencia a la convergencia. Países “pobres” salieron del subdesarrollo y se hicieron más ricos. El tema había pasado de moda hasta que llegó el COVID, pandemia que terminó de recolocarlo en la agenda pública con demostraciones fehacientes de su efecto fulminante en los países y sectores de población más pobres y vulnerables. Sin embargo, con todo y ello reitero la pregunta:

¿TIENE RAZON PIKETTY?

Revisando trabajos e investigaciones relacionadas con el tema confirman la opinión que me estoy formando sobre el tema de desigualdad en general y no solo con respecto a la tesis de Piketty al que creo equivocado por la misma razón que voy a exponer. Puede ser cierto, como indica y lo revelan otros estudios de rango similar[3], que exista una mayor concentración del capital en el mundo, evidencia de su distribución inequitativa y también que ese hecho produzca un resultado similar en la composición de los ingresos totales y per cápita, al concentran más recursos en menores manos y en los sectores y países más ricos.

Lo que interrogo desde esta perspectiva es que el fenómeno se observa desde una perspectiva restringida de la actividad económica, esto es dentro del lado de la oferta y de las remuneraciones a los factores productivos, pero no de la ampliación de las actividades productivas que ha producido el capitalismo y tampoco de sus efectos en el campo de la demanda y del consumo, siendo que en esa esfera de la economía también se encuentran rasgos de igualdad o desigualdad.

Mi hipótesis es que, tanto Piketty, como los estudios citados, dejan de lado el profundo y equitativo cambio que produjo el capitalismo, no solo en el terreno de la apertura de las actividades económicas, sino también en la generación del consumo de toda la humanidad y estos elementos, sin duda, tienen que ser ponderados debidamente cuando se trata de medir desigualdad generalizada.

En mi opinión el drástico impacto que el capitalismo produjo en esos componentes, en la multiplicación del consumo y los servicios, inclusive medido por el exponencial crecimiento de estos en lo que va del siglo XVIII hasta ahora, debería ser evaluado a la hora de hablar de desigualdad, lo que implica que la utilización del concepto solo desde de ese lado de la oferta lleva a una caracterización errada del tema. Creo que Piketty comente ese error y no le ha sido cuestionado, al igual del tratamiento que hacen el Banco Mundial y otros seguidores del tema.[4]

LA HIPOTESIS QUE PRESENTO.

Creo que existe un argumento que no he encontrado expuesto y que, obviamente, expongo de manera hipotética y tendría que ser validada por la serie de datos correspondientes[5], pero de lo que no me cabe duda es que el capitalismo haya producido más igualdad en el mundo que cualquier sistema económico previo[6] y aun, en algunos países que han tenido que apelar a él para mejorar el bienestar de su gente y, desde luego, disfrutar de una mayor igualdad.[7]

Aunque la base de mi tesis es principalmente, cualitativa, existen datos relevantes que ilustran lo que defiendo, como por ejemplo que el ingreso y el consumo por habitante se multiplicaron consistentemente a partir de finales del siglo XIX y en todo lo que va del XX al XXI y nada mejor iguala que ese gran salto. La población que estaba concentrada en la agricultura encontró una nueva forma de laboriosidad en la industria y, luego, en los servicios, con lo que el empleo modifico la vida rural a la urbana. La cantidad de personas que tuvieron acceso al trabajo cambió radicalmente y, si bien los salarios no crecieron al igual que las ganancias, tal como defiende nuestro autor, de ese status a la esclavitud hay una distancia considerable.

La competencia, rasgo distintivo del capitalismo, abrió las puertas a millones de nuevos empresarios, cercándolo el paso a la elevada concentración de la riqueza, del ingreso, del poder económico y político del antiguo mercantilismo, igualando las capacidades económicas a un límite nunca visto, a pesar de las tendencias a monopolizar algunas actividades. La competencia, de nuevo, demostró ser el arma más eficaz contra ellos. La globalización, expresión más reciente del auge del comercio y de las inversiones interplanetarias, igualó naciones y áreas productivas nunca preexistentes.

El tema de la desigualdad, planteado solo del lado de la concentración de los ingresos del capital y el trabajo, lo que hace solamente, es reeditar el argumento de Marx, ya fuera de sintonía con el estado actual de la economía teórica, porque ya sabemos que no todo se puede reducir a capital y trabajo como creyeron los clásicos. Mucho menos sancionar la desigualdad con ese solo argumento.

Y ello sin mencionar el poderoso cambio, cuantitativo y cualitativo, que se está produciendo en el mundo con la era cibernética y digital, el cual no solo redefine actividades productivas, sino que termina difuminando las diferencias entre capital y trabajo en el mundo de hoy.

Esta es mi última entrega en el 2021. ! Con los mejores deseos para mi lectores en el 2022!

[1] Recientemente en una entrevista para el El País dijo que estábamos en situación parecida a la que precedió a la Revolución Francesa.

[2] Quizás, por la misma razón, su libro principal se llama El Capital, emulando el mismo título del de Carlos Marx.

[3] World Bank. 2021. “The Changing Wealth of Nations 2021: Managing Assets for the Future.” Summary Booklet. World Bank, Washington, DC.

[4] “Según estimaciones del Credit Suisse Research Institute, la mitad inferior de la población mundial posee menos del 1 por ciento de la riqueza total. Como marcado contraste, el 10 por ciento más rico posee el 88 por ciento de la riqueza mundial, mientras que el 1 por ciento superior por sí solo representa el 50 por ciento de los activos globales”[4] Credit Suisse (2017): Global Wealth Databook

[5] Una oportunidad interesante de investigación para la Academia y los “Think Tanks” especializados en el mundo.

[6][6] Las diferencias de concentración del poder económico y político entre el “ancíen Rėgime” (el medioevo, el mercantilismo y el colonialismo) y el surgimiento de la burguesía capitalista es más que evidente.

[7] De todos ellos el caso más indiscutible es el de la China, aunque, ahora le siguen Vietnam, Laos y otros. También la India puede ser incluida como ejemplo de esta transición al capitalismo.

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