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Opinión

Ignacio Avalos Gutiérrez

En estos tiempos de encierro, me dio por revisar, no sé muy bien por qué, algunos textos de ciencia ficción, género por el que, si bien no siento afición, me genera mucho interés, no sé si me explico, pero trataré de hacerlo en el transcurso de las siguientes líneas.

De paso, dejé para la semana que viene mi comentario sobre el Proyecto de Ley de Universidades, que reposa en la Asamblea Nacional y que, salvo transformaciones de fondo, bastante improbables, por cierto, lo considero una grave equivocación, cuyas consecuencias vamos a lamentar los venezolanos, en particular los más jóvenes

Una travesura infantil

En un escrito publicado en El Nacional hace alrededor de quince años, refería que cuando éramos niños, mis hermanos, sobre todo Alfonso y Francisco, se daban a la tarea de mandar al cielo globos de manufactura doméstica. Eran, según recuerdo, bolsas de papel blanco, de casi dos metros de altura, que ascendían gracias al aire caliente generado por una estopa encendida, mojada con alcohol. La sencilla plataforma de lanzamiento era un viejo banquito que a duras penas guardaba el equilibrio, ubicada en la parte de atrás de la casa. En las vacaciones, durante varias noches seguidas ellos y algunos amigos, veían embelesados como cada globo subía lentamente, convertido en una luz que conforme se alejaba, se iba haciendo roja, hasta desvanecerse en la nada.

Pero, lo mejor era lo que sucedía en los días siguientes. Poco apoco se iban enterando de que algunos vecinos contaban haber visto un platillo volador, otros daban fe de la invasión de un OVNI comandado por marcianos y así como éstas, escuchaban otras historias protagonizadas por extraterrestres. Recuerdo que más de una vez algunos periódicos hablaron de sus globos reseñando el susto que causaban en alguna gente, llegando en cierta ocasión, a señalar el hallazgo de “materiales extraños”, que habían sido remitidos al IVIC para su correspondiente análisis, al paso que se recomendaba calma y serenidad ante esos misteriosos objetos nocturnos. Sobra señalar que mientras esto ocurría, mis hermanos disfrutaban su pequeña dosis de gloria.

Enterado de los comentarios que corrían, un profesor universitario que vivía cerca de nosotros los calificaba como una solemne pendejada. El miedo es pura ignorancia y Marte no era, según él, sino un planeta desolado que el cine y la literatura habían poblado de hombrecitos pequeños, de color verde y ojos saltones, provistos, además, de un par de antenitas empotradas en su cabeza deformada, pasajeros frecuentes de naves que viajaban hacia acá con la mala intención de invadirnos. Confieso que durante un buen tiempo me quedé con esa idea, pues parecía tener rango de sentido común.

Multimillonarios al espacio

Desde hace un buen rato, Marte está dejando de ser una fantasía. Así, el año pasado, en el marco de la denominada desde hace seis décadas, la “carrera por la conquista del espacio” Estados Unidos, China y, por primera vez, Emiratos Árabes Unidos (país dueño, por cierto, de varios de los mejores equipos de fútbol del mundo), enviaron tres naves a Marte. Con sus lógicas variantes tales iniciativas tenían el propósito de realizar estudios sobre el suelo marciano, la estructura geológica, el medio ambiente, la atmósfera y el agua, así como recolectar y almacenar rocas y polvos, además de, por supuesto, investigar acerca de las manifestaciones de vida al mencionado planeta

El asunto parece ir tan en serio que algunos especialistas sostienen la necesidad de revisar la legislación internacional correspondiente. Aluden a vacíos respecto a temas como la propiedad de los terrenos, la explotación de los recursos, la participación del sector privado, la basura espacial e igualmente acerca de quién debe fijar las reglas correspondientes. Lo que pareciera estar en juego es si prevalece el principio de que todo se hace “en interés de la humanidad y para la paz”, conforme lo establece el denominado Tratado del Espacio, suscrito en 1967

Por otro lado, hay quienes creen que la llegada del hombre al planeta rojo, incluyendo la creación de una colonia de humanos, si bien no se encuentra a la vuelta de la esquina, tampoco es tan lejana. Al menos es lo que empiezan a demostrar, apostando grandes sumas de dinero, el fundador de SpaceX, Elon Musk y el de Virgin Galactic, Richard Branson, quien hace apenas una semana realizó exitosamente un viaje al espacio, suerte de antesala de su programa de turismo cósmico, en el que también anda Jeff Bezos, otro multimillonario, fundador de Blue Origin y quien además afirma que los terrícolas pueden convertirse en una “especie multiplanetaria”. Así las cosas, ahora la conquista del espacio no sólo implica una disputa geopolítica, sino que también una lucha por la búsqueda de nuevos mercados.

¿Huir a Marte?

Ray Bradbury, considerado como uno de los mejores autores dentro de la literatura de ciencia ficción, describió en su libro Crónicas Marcianas (1950), las razones que llevaba, a los habitantes de la tierra a querer ir a Marte.

Allí relata que “... todas las gentes con sentido común querían irse de la Tierra. Antes que pasaran dos años iba a estallar una gran guerra atómica, y él no quería estar en la Tierra en ese entonces. Él y otros miles como él, todos los que tuvieran un poco de sentido común, se irían a Marte. Ya lo iban a ver. Escaparían de las guerras, la censura, el estatismo, el servicio militar, el control gubernamental de esto o aquello, del arte y de la ciencia. ¡Que se quedaran otros! Les ofrecía la mano derecha, el corazón, la cabeza, por la oportunidad de ir a Marte. ¿Qué había que hacer, qué había que firmar, a quién había que conocer para embarcar en un cohete?”

A partir del planteamiento anterior y dentro de una lógica similar a la de Bradbury, aunque con sus particularidades, distintos autores registraron en películas y libros que la llegada a otros planetas, su conquista y su colonización, terminaba reemplazando la organización y cultura de los lugares ocupados, replicando las causas por las que decidieron jugarse su suerte en otro sitio del espacio y poniendo de manifiesto que tal proeza tecnológica no incluía el cuido de sus implicaciones filosóficas y éticas.

Regresando a nuestro actualidad terrenal, sobran los estudios que de una u otra forma, diagnostican las amenazas que se ciernen sobre la humanidad, bien sea a través del cambio climático (respecto al cual los recientes pronunciamientos de la Agencia Internacional de Energía son terminantes), la guerra biológica, las armas nucleares, el crecimiento demográfico, factores todos que dejan la mesa servida la mesa para el debate sobre la posibilidad de mudarse a Marte, convertido, como leí en algún lado, en una suerte de “copia de seguridad” para los terrícolas.

¿Ficción o profecía?

Jeremy Rifkin, a quien he citado en muchas ocasiones, ha llegado a afirmar que somos una “especie en extinción”. La huida a otro lugar del espacio se nos asoma desde la ciencia ficción como solución a nuestra crisis civilizatoria, soslayando la necesidad y la posibilidad de transformar la esencia de los esquemas que han modelado la organización y los propósitos de la vida humana durante las últimas décadas.

Uno se pregunta, entonces si la ciencia ficción es más bien un pronóstico y si la realidad termina calcando la fantasía. De paso, cuál será ahora la respuesta del profesor que, cuando yo era niño, dijo lo que dijo sobre los enanitos verdes.

El Nacional, miércoles 21 de julio de 2021

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Aragua en Red

Como toda Venezuela, Aragua en Red está indignada y con ánimos renovados para seguir en la lucha democrática en nuestro país.

Ha sido, y sigue siendo práctica común del régimen de Nicolás Maduro, la amenaza, persecución, la violación sistemática de los derechos humanos, el encarcelamiento sin justo juicio previo y en las dos últimas semanas el régimen ha vuelto más difícil para el venezolano solucionar el mar de problemas que sufrimos, se empeña en hacerlo todo más sombrío y actuando en la oscuridad como ha sido su costumbre.

A pesar que la oposición democrática reconocida por el Grupo de Lima, la Unión Europea, USA, la Organización de Estados Americanos y otros organismos internacionales, con el apoyo del reino de Noruega ha dado pasos inequívocos pera iniciar un proceso de negociación serio que permita la recuperación del país y conduzca a unas elecciones libres y justas reconocidas por la comunidad internacional, el régimen continúa dando dos caras para sabotear el proceso, sencillamente porque no quiere paz, no quiere elecciones libres y quiere quedarse en el poder a como dé lugar.

Es menester tener siempre presente que la inmensa crisis que padecemos los venezolanos fue originada exclusivamente por los que han detentado el poder desde hace más de 20 años con la imposición de un modelo que ha sido rechazado por los venezolanos con sus políticas económicas erradas, la corrupción generalizada y el trillado argumento de que la culpa es del imperio y sus sanciones a personeros del gobierno.

En consecuencia, reiteramos, la mala gestión de la crisis sanitaria y su agravamiento por la pandemia del Covid 19, así como la constate violación de los derechos humanos, la privación ilegítima de la libertad de dirigentes políticos, el desborde de la delincuencia organizada en las zonas más emblemáticos de Caracas y otro sin fin de daños colaterales que hacen cada vez más difícil la vida del venezolano, son suficiente causales para que un gobierno medianamente responsable se marche. Lamentablemente este régimen está muy lejos de serlo y jamás reconocerá que la situación se le ha escapado de las manos.

Por estas razones desde esta asociación civil exhortamos a la oposición democrática a que continuemos los esfuerzos para alcanzar una negociación que conduzca a la solución de los problemas del país y para ello debemos actuar y trabajar con un solo objetivo, una sola estrategia y juntos en este duro camino hacia la libertad.

Es posible hacerlo, ¡claro que sí!

Maracay, 22 de julio 2021

 2 min


DW

Un 40 por ciento de productos cultivados para alimentar a la población global no acaban siendo consumidos, desperdicio que contribuye al 10 por ciento de los gases de efecto invernadero causantes del cambio climático

Un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) junto con la cadena de supermercados Tesco y publicado el martes (20.7.2021) advierte que la producción de comida utiliza grandes cantidades de terreno, agua y energía. Todo ello contribuye a los gases de efecto invernadero el equivalente a casi el doble de las emisiones anuales de todos los automóviles en EE. UU. y Europa.

En términos absolutos, el informe estima que cada año se desperdician 2.500 millones de toneladas de alimentos, de los que 1.200 millones se pierden ya en el campo y más de 900 millones en los establecimientos de venta o en los domicilios. "Este informe muestra que el problema es probablemente más grande de lo que nos imaginábamos", declaró a el jefe de la Iniciativa mundial sobre pérdida y desperdicio de alimentos de WWF, Pete Pearson.

La pandemia agudiza el problema

Según Pearson, la pandemia ha empeorado la tendencia al causar "interrupciones masivas en las cadenas de suministro, forzando cancelaciones de contratos, cierres de restaurantes y dejando grandes cantidades de alimentos perecederos desperdiciados o dejados en las granjas que luego fueron inservibles".

La lucha global contra los desperdicios alimenticios

Unos 4,4 millones de kilómetros cuadrados de terreno y 760 kilómetros cúbicos de agua se utilizan para producir los 1.200 millones de toneladas de comida que se desperdician en el campo, antes, durante y después de la cosecha, o se desvían a otros usos como la alimentación animal o los biocombustibles. Para ponerlo en perspectiva, estas cantidades equivalen a un terreno más amplio que el subcontinente indio y un volumen de agua de 304 millones de piscinas olímpicas.

El informe confirmó que los países de ingresos altos y medios de Europa, América del Norte y Asia industrializada contribuyen con el 58 por ciento de estas pérdidas en las cosechas mundiales, a pesar de tener una mayor mecanización y mejores sistemas en las granjas.

Pese a que en el medio agrícola es donde se concentran las cifras más altas de desperdicio de comida, las políticas de los gobiernos se concentran más en la última cadena de suministro, la venta y el consumo.

El informe concluye que, para lograr una reducción significativa, los gobiernos nacionales y los mercados deben tomar medidas para apoyar a los agricultores de todo el mundo y comprometerse a reducir a la mitad el desperdicio de alimentos en todas las etapas de la cadena de suministro.

Consumo de carne

Aunque el estudio se centra en la producción agrícola más que en la ganadera, en un momento en el que el debate sobre el consumo de carne está en la calle, Pearson dijo que diversos estudios globales han demostrado que hay una necesidad de reducirlo, tanto por el bien de la salud humana como para el medio ambiente.

Sin embargo, el responsable de WWF reconoció que, en algunos lugares, esto no es posible, y que cualquier reducción no debería de ser a expensas de la salud de las personas. "Proponer un único patrón de consumo o sistema de producción no lograría apreciar la complejidad de los sistemas de alimentación y la cultura, historia y ciencia detrás de ellos", declaró Pearson. "Donde se decida continuar consumiendo comida que viene de los animales, se tiene que asegurar que viene de sistemas de producción sostenibles", concluyó.

21 de julio 2021

DW

https://www.dw.com/es/desperdicio-global-el-40-por-ciento-de-alimentos-n...

 2 min


Humberto García Larralde

Se suele apelar a la fábula del alacrán con la rana porque señala una verdad aviesa: hay seres cuyas conductas desafían la razón porque está en “su naturaleza” actuar así. Quienes pensaban que, una vez manifestada su disposición a negociar con la oposición --bajo auspicios europeos--, el régimen se entregaría a ello como si se tratara de un juego de ajedrez, no tienen idea de con quién tratamos.

El fascismo no hace política; libra una guerra contra quienes no se le someten, porque esto los hace sus enemigos. Si negocia, es con la intención de ganar tiempo para reagrupar sus fuerzas o porque se ve forzado a ello para preservarlas, pero siempre con la intención última de aniquilar a los desadaptados. “Está en su naturaleza”. Aquello de labrar consensos mínimos en torno a ciertas ideas en aras de permitir acuerdos que favorecen al pueblo, no aparece en su manual. Éste se nutre de una realidad alterna, construida evocando mitos épicos que dividen a la sociedad –su campo de batalla—entre un “nosotros”, patriotas y “revolucionarios”, y un “ellos”, formado por la chusma de traidores contrarios a su dominación. Esta visión maniquea la alimenta incesantemente con nuevas fabricaciones. La mentira es un arma de guerra. El fascismo tiene que mantener siempre la ofensiva, tensando la confrontación con consignas sencillas que alebresten las pasiones de partidarios, prestos al combate, no su apego a la razón.

Las actuaciones recientes de Maduro y los suyos parecieran dirigidas a torpedear, deliberadamente, un posicionamiento favorable ante el proceso negociador, sobre todo a los ojos de sus garantes europeos. Al apresar arbitrariamente a Javier Tarazona y otros integrantes de la directiva de Fundaredes, luego a Freddy Guevara, y acosar a plena luz del día a Juan Guaidó, vuelven a mostrar las peores tretas del fascismo criollo. Y más bochornoso todavía es escuchar al fiscal usurpador o a los hermanos Rodríguez fabular acerca de la responsabilidad de estos y otros demócratas en la violencia desatada en Apure o en la Cota 905, ambas resultado de alianzas montadas por Maduro con la disidencia de las FARC y con el Koki, que se les fueron de las manos.

Sin el más mínimo sentido del ridículo, Maduro llegó incluso a denunciar que, desde España, Leopoldo López había armado al delincuente para atentar “contra el humilde pueblo venezolano”. Y Arreaza secunda la payasada culpando a Chile de recibir órdenes de los EE.UU. al cobijar en su embajada al dirigente opositor, Emilio Graterón, señalado, también, como supuesto promotor del tiroteo de la 905. No podía faltar la denuncia de que, por detrás, está la mano peluda del imperio y de la “derecha” colombiana, llegando al extremo de señalar a la policía del hermano país de suministrarle las armas al Koki. Reproducen, así, los funestos procedimientos de la Gestapo Nazi: detener a quienes se consideran enemigos para luego inventarles los cargos más funestos.

En perspectiva, sabemos que estas actuaciones en absoluto son anómalas en el proceder del régimen. Así lo recogen los informes de la Alta Comisionada de las NN.UU. para los Derechos Humanos, como de la misión especial designada por su Consejo de Derechos Humanos, y muchos reportes más. Roland Carreño tiene meses preso con base en similares fabulaciones, hace no mucho asesinaron a Fernando Albán y al capitán Acosta, estando ambos detenidos, siguen torturando a los militares dignos que no se doblegan e –imposible de olvidar—sus esbirros asesinaron a centenares de compatriotas que salieron a manifestar su derecho a la protesta entre 2014 y 2017. La confiscación arbitraria de las instalaciones de El Nacional por parte de Diosdado Cabello y tantos atropellos más, son parte de esta “naturaleza”.

Como hemos insistido, Venezuela ha sido un territorio conquistado para el saqueo por parte de Maduro, los militares corruptos y la dirigencia cubana. Pero se les está cayendo a pedazos. No hay forma de complacer las apetencias de las mafias sobre las que descansa su poder. El botín no alcanza. La alianza criminal empieza a mostrar peligrosas fisuras, como ha quedado manifiesto en Apure y en algunas zonas de Caracas, como la 905. De ahí la desesperación del régimen por que le levanten las sanciones.

Podía pensarse que el nombramiento de dos rectores demócratas en el CNE, la confesión de Tarek de crímenes cometidos por sus esbirros, la liberación de algunos presos políticos y el regreso de dirigentes exiliados, tenían como fin mejorar la posición negociadora del régimen y que, incluso, se cuidaría de violaciones como las antes mencionadas. Pero, no. Advertido de que tiene que crear condiciones electorales aceptadas internacionalmente para que sea considerado el levantamiento de algunas sanciones, Maduro reclama esto como condición previa a la negociación, junto a su reconocimiento como mandatario legítimo y el cese de acciones para desalojarlo del poder (¡!).

Destemplanzas como ésta y las disparatadas acusaciones referidas anteriormente, llevarían a dudar, en circunstancias normales, de que se está ante gente cuerda. Pero así es la “naturaleza” del fascismo.

Existen, desde luego, intentos por explicar esta conducta. Una, que Maduro le interesa sabotear la posibilidad de elecciones creíbles con la oposición, luego de conocer los resultados de las primarias del PSUV y sopesar que las fuerzas democráticas, si logran unificarse, le propinarían una paliza. En eso, estalló --¡al fin!— el formidable descontento social que sacude a Cuba. Sabiendo que el final de la tiranía antillana invariablemente pondría en peligro a la suya, el okupa de Miraflores se vio conminado a cerrar filas con sus jefes, reprimiendo “solidariamente” a la oposición venezolana. Está en la “naturaleza” de ambos regímenes.

Pero he aquí que, inesperadamente (¿o no?) aparecen apoyos internacionales, no de Rusia, China, Irán y Turquía, que siempre aprovecharán las oportunidades para meterle el dedo en el ojo a EE.UU., sino de sectores autoproclamados de izquierda o de avanzada en algunos países desarrollados. El PSOE gobernante en España se niega a calificar al régimen cubano de dictadura para no contrariar a sus socios de Podemos. Y Black Lives Matter (BLM) arroja por la borda la autoridad moral adquirida en su defensa del respeto por la vida de los afroamericanos en EE.UU., al repetir el cuento del “bloqueo” que le echa la culpa a este país del estallido social ahí. Con ello, exonera la falta de libertades y la ruina provocada por la tiranía cubana, su verdadera causa. En 2020, Cuba compró USD 157 millones en alimentos a este país “bloqueador”, apenas detrás de Brasil como proveedor, con USD 158 millones[1].

Difícil, entonces, que prospere una negociación orientada a abrirle espacios a una transición que permita recuperar las posibilidades de una vida digna, en libertad, para los venezolanos, con quienes conciben la política como una guerra. Ya la Unión Europea y Estados Unidos han hecho conocer de manera diáfana su oposición a las medidas represivas recientes, alertando que ponen en peligro la negociación de una salida pacífica a la tragedia venezolana. El fascismo responde atrincherándose en la mitología construida en torno a la revolución cubana –David contra Goliat--, a ver si logra, con algunos sectores izquierdosos de estos países, neutralizar tal apremio. Debe tenerse en cuenta que sin la presión de los países democráticos, será muy cuesta arriba forzar la aceptación de condiciones electorales apropiadas en Venezuela, el cese de la represión y el respeto por los derechos humanos.

La Unión Europea ha tolerado demasiado los desplantes de la tiranía cubana, bajo el chantaje de que debe cuidarse de no enajenar la voluntad de sus esbirros, porque ello impide llegar a acuerdos en favor de una población que tiene 62 años sufriendo las mayores privaciones. Es hora de que entienda que a la tiranía, esto les importa un bledo. Está en su “naturaleza”, como en la de la mafia de Maduro y sus militares corruptos, conservar el poder como sea. Un futuro de libertades y prosperidad en Venezuela y en Cuba, se verá favorecido con una postura realista, firme y consecuente de los países democráticos.

[1] https://www.elnacional.com/opinion/cuba-las-protestas-y-los-tontos-utiles/

https://www.elnacional.com/opinion/esta-en-su-naturaleza/

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Eddie A. Ramírez S.

¿Hay alguna relación entre las persecuciones recientes, la negociación entre el régimen y representantes de los demócratas, y las próximas elecciones? Según algunos, el objetivo de la dictadura es sabotear la negociación. Según otros es para desincentivar que los ciudadanos acudamos a votar. En ambos casos el argumento es que al régimen no le conviene negociar y que tampoco haya una votación masiva. Cabe preguntar ¿acaso las persecuciones, es decir los asesinatos, torturas y encarcelamientos son algo nuevo? ¿Podrían las recientes persecuciones impedir la negociación y desincentivar el voto?

¿A quiénes persiguen?: La política de este régimen es intentar perpetuarse en el poder aterrorizando a todos los sectores. Por eso atropellan a quienes defienden su propiedad, a articulistas que critican, a jueces que no se doblegan, a periodistas que informan la verdad, a políticos que luchan para restablecer la democracia, a defensores de derechos humanos que denuncian las injusticias, a tuiteros que divulgan abusos, a manifestantes que protestan por la escasez de productos y servicios, a militares considerados peligrosos y a quienes realizan labor social. Seleccionan a representantes de cada sector. Algunos muy conocidos, otros no tanto. Actúan como terroristas. Para perpetrar sus fechorías, los esbirros armados con fusiles cuentan con la colaboración de esbirros de toga y birrete, es decir de fiscales y jueces.

¿Les importa algo?: ¿Acaso les importó dejar morir a Franklin Brito, quien solo pedía que le dieran un pedazo de papel reconociendo su derecho sobre una pequeña parcela? ¿Acaso les importó asesinar a cientos de ciudadanos durante manifestaciones pacíficas, entre ellos a José Manuel Vilas, Evangelina Carrizo, Maritza Ron y a los jóvenes Génesis Carmona, Juan Pablo Pernalete y Rubén González? ¿Acaso les importó asesinar a ciudadanos presos como a Juan Carlos Sánchez, al capitán Acosta Arévalo y a Fernando Albán? ¿Acaso les importó torturar a la jueza Afiuni y a otros cientos de presos políticos? ¿Acaso les importó detener a miles de ciudadanos, civiles y militares, sin ninguna prueba, entre ellos a la tuitera Inés González, al comunicador social Roland Carreño, al defensor de derechos humanos Javier Tarazona, al dirigente político Freddy Guevara y al teniente coronel Igbert Marín, estos últimos cuatro actualmente secuestrados en las ergástulas del régimen? ¿Acaso les importan los cinco millones y medios de venezolanos que tuvieron que huir del país en búsqueda de seguridad y de mejores condiciones de vida? ¿Acaso les importa la hiperinflación y la escasez de gasolina, diésel y gas?

La negociación: A ciencia cierta nadie sabe si el régimen cederá en lo fundamental, como es permitir elecciones regionales acordes con normas internacionales de transparencia y la realización del referendo revocatorio presidencia sin trabas para la recolección de firmas, así como soltar a los presos políticos. Si no fuesen talibanes entenderían que está en su interés ceder, pero quizá se mantendrán en sus trece. Debemos apostar que sean ellos quienes se pongan en evidencia, una vez más, ante la comunidad internacional. Nada perdemos los demócratas con permanecer en la mesa el tiempo que sea necesario. Cierto que el régimen quiere ganar tiempo, pero nosotros no tenemos otra opción a mano.

Las elecciones regionales: Las elecciones tendrán lugar. A las mismas acudirá el sector rojo, los alacranes colaboracionistas y también los nuestros. ¿Cuántos de estos últimos? En estos momentos no se sabe. Hay argumentos válidos tanto para abstenernos, como para votar. El principal argumento para no votar es que eso sería reconocer al Consejo Nacional Electoral que no es independiente y a una Asamblea Nacional que lo designó y que no es legítima. Quienes quieren votar alegan que como los demócratas somos una mayoría aplastante, no importa el sesgo del CNE, siempre y cuando tengamos testigos en todas las Mesas. Lo sensato sería esperar a ver si la presión internacional logra condiciones electorales acordes con estándares internacionales. Si no se logran, la dirigencia tendrá que decidir si de todos modos convocará a votar. Un punto para considerar es que, nos guste o no, ya hay candidatos en la calle que son de oposición. También, evaluar si los ciudadanos se guiarán por lo que digan los políticos. Además, si no presentamos candidatos buenos apoyados por todos, el régimen no necesitará hacer trampas.

Las persecuciones son de vieja data y obedecen a que en una dictadura del siglo XXI solo se acepta una pequeña dosis de disidencia para intentar guardar las apariencias, siempre que no ponga en peligro su usurpación del poder. Solo tienen relación con las negociaciones y con las elecciones en la medida en que los demócratas comamos casquillo. Quizá sea oportuno parafrasear a Churchill: negociar y votar son las peores opciones, excepto todas las demás.

Como (había) en botica:

No estamos de acuerdo con la posible extradición de Rafael Ramírez Carreño, expresidente de Pdvsa. Hay suficientes motivos, pero en la Venezuela actual no tendría un juicio justo, como el que tiene derecho todo ciudadano. Tenemos que ser consistentes.

Solidaridad con los pueblos de Cuba y Nicaragua que exigen democracia.

Estudios sobre Petróleos de Venezuela y la industria petrolera nacionalizada 1974-2021, es otra importante contribución del distinguido jurista Allan Brewer-Carías. Está disponible en su Blog.

El coronel Rubén Darío Bustillos acaba de publicar Guerra entre narcos: el holocausto venezolano. Contiene importante información, está en Amazon.

Para quienes gustan de las novelas, el abogado José Luis Méndez publicó Techos rojos, también en Amazon.

Lamentamos los fallecimientos de Alba Carreño de González, Richard Rojas, Antonio Briceño Ruíz y Norbis Africano, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

20/07/21

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Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático

El Consejo Rector de la Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático de Venezuela, representa un esfuerzo de la ciudadanía para articular soluciones pacíficas y constitucionales a fin de enfrentar la terrible y apabullante realidad en la que nos encontramos atrapados los venezolanos. De allí que el 19 de abril de 2021, en ocasión de una de las fechas cívicas más importantes de nuestra Nación, la Declaración de nuestra Independencia, más de 200 organizaciones de la sociedad civil y personalidades de los diferentes ámbitos del país y de diversas localidades en Venezuela y el extranjero, suscribimos el “Pacto para el Restablecimiento Constitucional y Democrático”, instrumento que da sustento a la Conferencia Ciudadana como órganos con investidura para hacer cumplir el mandato vinculante expresado en la Consulta Popular realizada desde el 07 al 12 de diciembre de 2020, como también el emitido en la Consulta Popular del 16 de julio de 2017, activando UN PROCESO CIUDADANO DE RESTABLECIMIENTO DEL ORDEN CONSTITUCIONAL, de conformidad con los artículos 01, 05, 62, 333 y 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, con el objetivo de lograr la vigencia del Estado Democrático, Social de Derecho y de Justicia, pactado en la Magna Carta. Este Pacto define una ruta protagónica y participativa de los ciudadanos en defensa de la unidad nacional, de nuestras familias, de nuestros hogares, de nuestros mecanismos de sustento y generación de riqueza, de una mejor expectativa para todos en los años por venir, que debemos llevar a cabo con firmeza y dedicación.

Dentro del marco de la definición de esa ruta protagónica y participativa del pueblo venezolano, principal doliente de la gravísima crisis económica, política, social y humanitaria que nos consume, el Consejo Rector se dirige a la Nación para expresar lo siguiente:

1. Para amplios sectores de la nación ha fracasado el reciente proceso de negociación adelantado entre los factores políticos de la oposición y gubernamentales, negociación que fuera avalada por la declaración emitida el 25 de junio de 2021 por el Secretario de Estado de los EEUU, Antony J. Blinken, el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, y el Ministro de Relaciones Exteriores de Canadá, Marc Garneau;

2. A pesar del fracaso del incipiente proceso de negociación, el Consejo Rector respalda y concuerda con la declaración de estos importantes factores de la Comunidad Internacional, los EEUU, la UE y Canadá, en el sentido de que “La solución pacífica a esta profunda crisis política, social y económica debe provenir del mismo pueblo venezolano, a través de negociaciones de amplio alcance impulsadas por los venezolanos en las cuales participen todos los actores interesados. Un proceso de negociación integral, con plazos concretos, debería posibilitar el restablecimiento de las instituciones del país y permitir que todos los venezolanos puedan expresarse políticamente por medio de elecciones locales, parlamentarias y presidenciales creíbles, inclusivas y transparentes” (resaltado nuestro).

3. Un proceso de negociación integral como el mencionado desarrollado dentro del marco constitucional vigente que no involucre a todos los venezolanos, como efectivamente lo exige el comunicado de la Comunidad Internacional, está condenado al fracaso. De allí que, al faltar la premisa fundamental sobre la que debía estructurarse el proceso de negociación, el resultado era previsible. Es necesario, entonces, comprender que la tramitación de un proceso de negociación política como el planteado por la comunidad internacional que ha impuesto sanciones a los jerarcas del régimen, debe trabajar propuestas que involucren a todos y cada uno de los venezolanos en la solución de la grave crisis que nos aqueja.

4. El Consejo Rector de la Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático, en representación de los más de 6,4 millones de venezolanos que participamos en la Consulta Popular realizada del 7 al 12 de diciembre de 2020, somos actores interesados y dolientes de las resultas de este proceso y, en tal sentido, PROPONEMOS a la Comunidad Internacional, representada por los EEUU, la UE y Canadá, a los sectores representados por la oposición política encabezada por el Ing. Juan Guaidó Márquez, en su calidad de Presidente Interino reconocido por la comunidad internacional, y el régimen que encabeza Nicolás Maduro Moros, que el proceso de negociación política exigido por la comunidad internacional, se lleve a cabo sobre las siguientes bases:

Objeto de la negociación: la Convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente de carácter Originario;

Una negociación entre cuatro (4) partes: una delegación de la Comunidad Internacional firmante de la Declaración Conjunta del 25 de Junio (EEUU, la UE y Canadá); una delegación de los sectores de la oposición política que encabeza Juan Guaidó Márquez como Presidente Encargado reconocido por la comunidad internacional; una delegación del Consejo Rector de la Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático, como representación de los más de 6,4 millones participantes de la Consulta Popular de Diciembre de 2020; y una delegación del sector gubernamental que encabeza Nicolás Maduro;

Puntos a negociar: 1) la designación de una Autoridad Electoral Ad-Hoc con la participación y apoyo de los organismos técnicos de la Comunidad Internacional, únicamente para la elección de los ciudadanos Constituyentes que representarán a todos los venezolanos en la Asamblea Nacional Constituyente; y 2) Las Bases Comiciales que regirán la elección de los ciudadanos Constituyentes;

Garantías del proceso: las partes establecerán las garantías para que se cumplan los acuerdos y compromisos a los que se lleguen en el proceso de negociación.

5. Esta propuesta va en estricta consonancia con la Declaración emitida por el Grupo Internacional de Contacto, de fecha 13 de julio de 2021, cuando expresaron: “2. Los miembros del GIC reiteran que la única salida de la crisis es la negociación política y establecer urgentemente un diálogo inclusivo dirigido por los propios venezolanos que conduzca a elecciones creíbles, libres y transparentes de conformidad con las disposiciones constitucionales y legales de Venezuela”.

También, en lo que atañe a los aspectos sustantivos de nuestra propuesta, hacemos nuestro el reciente Mensaje de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana, CEV, cuando señala, “No puedo dejar por fuera la necesidad de recomponer la política y quienes la ejercen”,.. y “Considerar la necesidad de enfatizar el protagonismo de todos y cada uno de los ciudadanos en el respeto a la soberanía nacional y a la participación equitativa de todos en la construcción de la sociedad”, lo que supone dar sentido, alcance y acatamiento a las disposiciones constitucionales que establecen la participación ciudadana y el protagonismo del pueblo, dando respuesta a “...la urgente necesidad de “REFUNDAR LA NACION”, planteada por la Presidencia de la CEV y que todos los venezolanos anhelamos;

6. En esta nueva ruta de negociación expuesta, ninguno de los participantes propuestos podría negarse a que sea el pueblo venezolano el que decida sobre su destino, gobierno y la crisis que le aqueja. Sustraer de la soberanía popular la construcción de la salida a la crisis venezolana, pondría la lápida en el entierro de nuestra República. Una Asamblea Nacional Constituyente, electa sobre bases libres y transparentes, con un árbitro ciudadano y bajo observación internacional, tendría la representación genuina de todos y cada uno de los sectores a nivel nacional, incluyendo los expatriados por la crisis, dándole una salida incluyente, plural, política y pacífica a todos los involucrados, en el marco de un proceso de negociación;

7. El Consejo Rector de la Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático se dirigirá formal y directamente a los representantes de cada una de las partes señaladas, en este nuevo proceso de negociación propuesto al país y al mundo, a los fines de lograr dar inicio a esta nueva fase por la recuperación del país, pero esta vez con la inclusión protagónica del Pueblo venezolano.

La Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático

Venezuela, 17 de julio de 2021. Año 200 de la Batalla de Carabobo y año de inicio de la Refundación de la República.

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Fernando Mires

Ya existe suficiente información acerca del movimiento nacional, popular y democrático que irrumpió en Cuba el 11 de julio de 2021. Pertenece sin dudas a esa «especie» que en el vocabulario político latinoamericano conocemos como «estallido social».

Por razones que alguna vez habrá que hilar, los últimos tres años —sea en Chile, Ecuador, Perú (estallido electoral) o Colombia— han sigo signados por irrupciones multitudinarias que han conmovido los cimientos institucionales de cada nación.

El primero, el más emblemático, el de Chile, es denominado por algunos autores (Alejandro San Francisco, Andrés Velasco) como «revolución», término apropiado si se tiene en cuenta que el movimiento desatado por el alza de los precios de los pasajes del metro se transformó en una enorme demostración de masas en aras de una mayor igualdad social, para después culminar con el dictado de una Constitución cuya discusión ya ha comenzado entre constituyentes elegidos por votación.

Lo que nadie esperaba —y esa es la razón que convierte en apasionantes a las astucias de la historia— es que en la Cuba que Miguel Díaz Canel recibió como herencia de los hermanos Castro, también iba a tener lugar un estallido no solo social sino, además, político.

Tal como sucedió en Chile, el estallido social de Cuba irrumpió por acumulación de demandas sociales, sobre todo por la mala atención médica, por el desabastecimiento, por los apagones, por la falta de agua, por el alza de los precios; en fin, por todo ese infierno creado en Cuba en nombre de una revolución que nunca ha tenido lugar.

Las protestas comenzaron en la ciudad de San Antonio de los Baños al sureste de La Habana y luego se extendieron desde Santiago de Cuba, en el oriente, hasta Pinar del Río en occidente. En menos de dos horas, muchedumbres desfilaban a lo largo de todas las calles de la nación, demostrando una vez más que el pueblo de las calles no era el pueblo del régimen. Miles de humillados y ofendidos durante largos años de tiranía y oprobio. Cuba despertó. Nadie sabe por cuánto tiempo. Pero despertó.

Llama la atención la rapidez con que las consignas sociales y económicas (en el fondo simples petitorios) fueron cambiadas por consignas políticas: Libertad, Abajo la dictadura y, sobre todo, ese corear incesante de Patria y vida, magistral creación musical opuesta a la necrófila Patria o muerte del castrismo. Para que ese salto cualitativo de lo social a lo político se produzca se necesita en otros procesos de mucho tiempo, a veces de años. Pero los cubanos lo transitaron en horas. ¿Casualidad, magia, milagro? En ningún caso.

Para entender lo que pasa en Cuba necesitamos mirar un poco hacia atrás. Así podremos comprobar algo que no todos los periodistas —siempre comprometidos con el instante— no habían percibido, a saber: el movimiento social que tenía lugar en julio había efectivamente comenzado ya, en noviembre del 2020, pero bajo otra forma y con otros actores con el Movimiento San Isidro surgido bajo el calor de una demanda central: la libertad de expresión. Desde esa perspectiva podemos afirmar que el movimiento nació primero políticamente para después transformarse en un amplio movimiento social y luego retornar a su condición política hasta llegar a ser lo que ahora es: un estallido social y político a la vez.

Quiere decir: estamos frente a un estallido que integra a lo político y a lo social, pero no como dos compartimentos, sino conectados entre sí.

El de Cuba es un movimiento en donde confluyen dos vertientes: la política cuyos sujetos originarios fueron la mayoría de los artistas e intelectuales del país y la socioeconómica, cuyos sujetos son las masas volcadas en las calles. Noviembre del 2020 y julio del 2021 son dos capítulos distintos de una sola novela cuyo final se encuentra todavía muy lejos.

En el proceso de mutación del virus social en virus político, seríamos egoístas con Díaz Canel si no viéramos en él y en su torpeza infinita un agente no secreto que colaboró a impulsar políticamente al movimiento del 11 de julio.

Díaz Canel, en efecto, reaccionó como suelen hacer los dictadores. Primero, difamando a los manifestantes como delincuentes, enemigos de la revolución y, segundo, externalizando los problemas, culpando —¡cómo iba a faltar! — a los EE. UU. Fue el mismo Díaz Canel, no el pueblo, quien puso la legitimidad de la revolución en juego. Con ello se entrampó, pues si la revolución es identificada con el hambre y la miseria a los manifestantes no les quedaba más que levantarse en contra de esa revolución. Más todavía cuando Díaz Canel llamara a «los revolucionarios» a las calles a defender la revolución.

¿Revolucionarios? Todos los cubanos lo saben. Son personas que nunca han tenido nada que ver con una revolución. Se trata de un conglomerado corporativamente organizado, asalariados de la trinidad partido-Estado-ejército, seres sumisos que cada cierto tiempo, sobre todo en las festividades, son llamados a desfilar y corear como loros las consignas impartidas. En periodos de crisis —y estamos frente a uno de ellos— pueden jugar el papel de tropas de choque, bloquear las calles y amenazar a los manifestantes. Los «revolucionarios», en el más clásico estilo mussoliniano, son el brazo de represión civil de la nomenklatura militar y burocrática. Díaz Canel los conoce muy bien, pues él también es un «revolucionario».

Como todo «revolucionario» cubano, Díaz Canel nunca ha vivido una revolución. Pero peor: nunca ha desobedecido, siempre ha acatado lo que otros ordenan. Así lo ha hecho durante toda su carrera —la vamos a llamar con comillas «política»— desde que en edad menor fuera cooptado por las Juventudes Comunistas, donde llegó a ser dirigente juvenil en Santa Clara. En 1991 fue nombrado miembro del Comité Central. Luego, dirigente en Santa Clara y Holguín, hasta que al fin, a pedido de su mentor Raúl Castro fue nombrado ministro de Educación Superior. El 2015 asumió como vicepresidente de los Consejos de Estado para culminar su exitosa carrera burocrática en 2018, cuando le fue otorgado el título de presidente de Cuba.

Ingeniero electrónico de profesión, Díaz Canel piensa y habla como un robot. Un hombre oscuro, sencillo, inculto y sin imaginación, como hay tantos en este mundo.

Su trayectoria no se diferencia de la de un empleado de banco que asciende hasta que llega el día en que, sin darse cuenta, es nombrado director. Pero a diferencia de Díaz Canel, el director de banco no cree actuar en nombre de ninguna revolución ni tiene el poder para enviar al matadero a nadie. No obstante, la persona de Díaz Canel es solo una molécula visible dentro de un complejo sistema de dominación distópica. Su ideología, la única que tiene, es su supervivencia, tanto la personal como la de su casta. La «revolución» es el poder brutal del Estado ejercido sobre un pueblo inerme.

Tuvo razón Díaz Canel al decir, cuando le informaron que la gente había salido a las calles, que él estaba dispuesto a morir —eso quiere decir también a matar— por «la revolución». Su histeria se explica: sin el poder de una revolución imaginaria, ese empleadillo convertido en dictador sería solo lo que es: un nada. Recordando a Foucault, podríamos decir que Díaz Canel es una representación biológica de un poder que lo supera y lo trasciende. Ese poder que creó Fidel Castro alrededor suyo, hecho a la medida de su elefantismo corporal y de sus delirios de grandeza: un poder sostenido por balas, cámaras de tortura y selectiva represión. ¿Quién dijo que los demócratas cubanos la tendrán fácil?

Los acontecimientos de noviembre del 2020 y julio del 2021 son estaciones de un trayecto cuya extensión desconocemos. Solo sabemos que será peligroso, como por lo general han sido todos los procesos de democratización.

Sabemos que habrá confrontaciones, éxitos y retrocesos. Habrá rupturas, trizaduras y deserciones al interior del bloque de dominación. Ya hay signos: la casta estatal ya no es dirigente, solo dominante (distinción que debemos a Gramsci). Habrá también diálogos, compromisos, acuerdos y, en un momento determinado, elecciones. La eternidad existe solo para los dioses y Díaz Canel está muy lejos de ser uno de ellos.

Tal vez sea necesaria una advertencia. Puede que la democratización de Cuba sea resultado de procesos aún más complejos que los que llevaron al fin de las nomenklaturas comunistas de Europa del Este durante 1989-1990. Advertencia que se deduce de una observación. Por un lado, Cuba pertenecía a la familia dictatorial subordinada al imperio soviético, pero por otra, pertenece todavía a tradiciones dictatoriales de tipo latinoamericano. Desde su primera pertenencia, si la historia fuese razonable, la dominación castrista debería haber dejado de existir después del derrumbamiento del muro de Berlín. Estuvo a punto de ocurrir si no hubiera aparecido Hugo Chávez quien dio oxígeno (y petróleo) a la moribunda Cuba castrista, afirman algunos. No estamos muy seguros. Nadie puede opinar sobre lo no ocurrido. La supervivencia poscomunista también podemos verla desde una dimensión latinoamericana. Significa: Fidel y su hermano lograron construir un sistema de dominación «sui generis» que condensaba lo peor de las dictaduras comunistas de Europa y lo peor de las clásicas dictaduras militares latinoamericanas. Un híbrido. Fidel Castro fue la representación personal de esa dualidad histórica.

Por una parte, Fidel era el secretario general del partido-Estado, pero por otra, un caudillo populista y personalista como nunca hubo en los países comunistas europeos (el que más se acerca a Fidel Castro fue el yugoslavo Tito).

Los Castro, hijos de latifundistas al fin, gobernaron la Isla como si fuera su hacienda familiar, pero con una maquinaria burocrática y militar construida con materiales soviéticos.

Desde el punto de vista socioeconómico, el sistema es aún más complejo. A partir de la simbiosis gobierno-Estado-partido y, sobre todo, ejército, ha sido elaborada una relación de dominación vertical donde los «pequeños revolucionarios» controlan calles, comunas, escuelas, universidades, el abastecimiento, la medicina, el turismo, en fin, casi todo.

Con el tiempo han aparecido otros sectores sociales, adscritos informalmente al régimen. Entre ellos, una suerte de burguesía (compradora y vendedora) fluctuante entre Miami y La Habana, con instituciones paralelas funcionando discretamente al lado de las estatales. Más abajo, los trabajadores sindicalmente organizados, también subordinados al Estado. Y, más allá, una masa suburbana dedicada a la pura subsistencia y formada, según cuenta Leonardo Padura con macabra ironía, por los llamados «palestinos», otras veces «los orientales» (por venir en su mayoría de la provincia de Oriente).

Que el estallido social haya comenzado en centros alejados de las grandes ciudades, desde la Cuba miserable y profunda, no es entonces ninguna casualidad. Ese día 11 de julio tuvo lugar una unidad entre quienes se mueren de hambre («teníamos tanta hambre que nos comimos el miedo», escribió Yoani Sánchez) y sectores citadinos, principalmente juveniles, quienes luchan en primera línea por la libertad de expresión y de otras actividades ciudadanas.

Como hechos muy positivos hay que anotar la gran cantidad de artistas que han firmado documentos en contra de la represión desatada por Díaz Canel, entre ellos nombres de reconocimiento internacional como Leo Brouwer, Chucho Valdés, Adalberto Álvarez, Cimafunk, Haydée Milanés. La declaración de los obispos cubanos en defensa de los reprimidos también es muy importante. Cierto, ni artistas ni obispos tienen armas de fuego. Pero poseen otras armas. Y esas no las saben manejar los «revolucionarios». Por lo menos, con sus voces y con sus rezos, cantantes y curas llegan mucho más al pueblo que todos los «revolucionarios díazcanelistas» unidos.

Nadie sabe cómo terminará esta historia, pero lo que nadie puede negar es que esta historia ha comenzado. Es otra historia.

Fernando Mires es (Prof. Dr.), fundador de la revista POLIS, Escritor, Político, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol.

Twitter: @FernandoMiresOl

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