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Opinión

La visita de Bachelet a Venezuela representa oportunidades para ambas partes en conflicto y el saldo neto dependerá de cómo cada uno explote esas ventajas frente a su adversario. Es obvio que para el gobierno el análisis de costo-beneficio resulta positivo. Si no, jamás hubiera permitido la visita, incluso si antes la hubiera pedido por conveniencia.

El gobierno conoce perfectamente la opinión del equipo de la Alta Comisionada de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela. Sus críticas pasadas han sido claras y severas y difícilmente cambiaron con esa visita. La capacidad oficial de maquillar problemas y abusos de poder es muy limitada y es obvio que no podían controlar gran cosa la agenda de visitas y reuniones que Bachelet desarrolló en el país. No cabe duda entonces que su reporte de visita incluirá críticas equivalentes a las que ya hizo su equipo previamente, aunque lo haga con el cuidado suficiente para mantener una condición de intermediario válido para todas las partes en cualquier proceso de negociación futuro.

Pero entonces, ¿por qué Maduro insiste en celebrar su visita? Porque lo que Bachelet diga en negativo no tiene nada nuevo, es llover sobre mojado, mientras que el haber estado aquí, ser recibida en aeropuerto por el canciller de Maduro, visitar el palacio presidencial controlado por la revolución es un símbolo más valioso para Maduro que las críticas que ella podía hacer… de nuevo.

Para un presidente en precaria situación de relaciones internacionales, no reconocido y aislado por una parte fundamental del mundo moderno, esta visita es una forma explícita de recordar quién controla el territorio venezolano, quién es el presidente, independientemente de los adjetivos que se usen para calificarlo, con quién se reunió Bachelet oficialmente, reconociendo así su investidura, algo que para la revolución hoy es un bien muy escaso y por supuesto un valor agregado muy preciado. ONU no está reconociendo a Maduro por vez primera. Su posición ha estado completamente alejada de las posiciones más duras adoptadas por Estados Unidos, Unión Europea y el Grupo de Lima. Pero esta era la oportunidad de Maduro de mostrarlo y registrar las visitas y reuniones que a él le convenían y explotarlas públicamente, haciendo uso de su control comunicacional.

Claro que los costos para el gobierno también están ahí. Las reuniones con los opositores, las visitas a los presos políticos, la visión de los problemas migratorios, el desastre en el sistema de salud, la precariedad de las instituciones y la situación dramática del sistema carcelario es imposible de ocultar.

Si bien la Bachelet tuvo que entenderse con Maduro y esa foto le vale la visita al gobierno, eso no significa que la oposición no tiene también aristas muy importantes que explotar sobre este evento. Es obvio que la presencia de Bachelet pone de nuevo a Venezuela y su crisis en el foco internacional. La visita de la expresidenta chilena, de tendencia de izquierda y cercana en algún momento al mismísimo Chávez, a un país deteriorado económica, política y socialmente se hace pública y notoria y ella no lo ocultó. La oposición expone de nuevo, ahora in situ, sus denuncias fundamentadas y la simpatía se ubica de su lado. Pero lo más relevante para mí es lo que buscaba la Bachelet y que podría haber conseguido: revalidar a la ONU como una institución creíble y útil para todas las partes enfrentadas, en el momento en que sea necesaria para implementar acuerdos políticos que ocurran a futuro, algo que otras organizaciones con gran experiencia, perdieron en el camino frente a cualquiera de las partes. Si eso lo logra, y me parece que puede, habrá valido la pena su visita.

luisvleon@gmail.com

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Jesús (Chuo) Torrealba

Es posible comprender los entusiasmos y también los desencantos que puede haber generado en algunos la visita de Bachelet. Para hacer un balance útil convendría tomar en cuenta algunos elementos:

1) La dirección política del campo democrático no preparó a sus seguidores para dar a la Alta Comisionada de la ONU para los DDHH una bienvenida politicamente asertiva y para realizar un acompañamiento social solidario a su visita, que permitiera fortalecer la posición de la alta funcionaria ante el régimen y preparara el terreno para expandir y profundizar el impacto de su estadía en el país. *Muy por el contrario*. Hubo "dirigentes" políticos de partidos de oposición que llegaron al absurdo de "repudiar" públicamente la visita de Bachelet, mientras que un amplio sector de la clase media opositora, *sin liderazgo capaz de nutrir y orientar su perspectiva*, trataba a la visitante de "cómplice", "comunista", "boba que se deja engañar", "viene a recibir los dólares que Maduro le da", etc., etc.. Hubo "protestas de calle" (minúsculas, por cierto) en la que no era posible distinguir si se denunciaba a Maduro ante Bachelet o si se repudiaba a Bachelet por ser supuestamente "cómplice" de Maduro. *Si el informe del 5 de Julio de la Alta Comisionada dijera que su presencia en Venezuela tuvo que vencer la resistencia del gobierno e ignorar el hostigamiento de un sector de la oposición, lamentablemente no estaría faltando a la verdad*.

2) *La visita en su conjunto determinó avances que sólo es posible registrar y capitalizar desde una perspectiva política democrática, no desde el curioso "militarismo opositor" (curioso por ser un militarismo sin militares)*. Desde la perspectiva de la búsqueda de un cambio democrático, de una solución política a la crisis, casi cada línea de la Declaración de Bachelet es un aporte que vale oro: Al afirmar que las sanciones internacionales agravan la crisis pre-existente *señala a Chávez-Maduro como responsable de la catástrofe*; Al desnudar la emergencia humanitaria y la implosión institucional *evidencia la incapacidad del actual régimen para atenderla y pone de manifiesto la urgencia del cambio político*; Pero al colocar como causa, objetivo y propósito del cambio la necesidad de lograr el "Cese de la destrucción", el cese del sufrimiento de las mayorías, *Bachelet también rechaza implícitamente cualquier agenda que promueva (o alcahuetee...) la violencia, por cuando agravaría el sufrimiento social que el cambio deseado debe solventar*.

Por todo eso se comprende que algunos que hicieron muy poco para que la visita de Bachelet fuera exitosa, ahora se muestren "inconformes" con sus resultados, que injustamente tachan de magros...

3) *Ciertamente, lo que queda es Oslo. Pero el fracaso de Oslo pudiera estar cantado*. El régimen monitorea el deterioro nacional e internacional de su adversario; La oposición sigue asumiendo públicamente la negociación de manera vergonzante, promoviendo la incredulidad sobre sus resultados y renegando de la negociación como racionalidad; Varios voceros internacionales juntan en una misma frase "hay que esperar que pasa en Oslo... somos muy escépticos sobre cuales pudieran ser sus resultados"

4) *Mientras todo eso ocurre bajo los reflectores, la disolución fáctica del país avanza*. La crisis de la gasolina, del gas doméstico y de los demás servicios, que hoy tiene paralizada y agónica a la "Venezuela que no es Caracas", en menos de seis semanas se hará presente también en la mini-Venezuela caraqueña, destruyendo la vitrina que servía al régimen para fingir que la crisis es "vivible y superable" con ellos al frente, y volviendo trizas al mismo tiempo la absurda ilusión opositora de que manejar el sufrimiento de la gente como "daño colateral" colocaria el poder en sus manos...

5) *¿No se puede hacer ya nada? No lo creemos. En nuestra opinión se debe y se puede hacer mucho*, pero desde una perspectiva distinta a las utilizadas hasta ahora. Si la guerra civil o la intervención militar no son opciones frente a la crisis sino escenarios terribles de su agravamiento, las elecciones tampoco son por si solas una alternativa a la crisis: Sin un PACTO que garantice la competitividad de los comicios y la gobernabilidad posterior a ellos, unas elecciones no resolverían la crisis sino solo asegurarían la continuidad de la misma en otros ritmos, con otros tiempos: *Hay que tener el coraje político para decir que la situación del país es grave y va a empeorar; Hay que tener la estatura política para decir que la única carta que queda sobre la mesa es la NEGOCIACIÓN, y que cualquier solución política (elecciones, referendo, gobierno de transición) será hija de la negociación, o no será; Hay que aterrizar en la realidad de que un gobierno de transición muy probablemente sea en realidad un gobierno de coalición, y que eso (más que una "fatalidad" impuesta por las circunstancias) pudiera ser algo necesario para la evolución democrática del país.*

Ya no está planteado tratar de ganar el juego suma-cero. Ya ese juego terminó, y lo perdió el país...

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Katharina Pistor

Facebook acaba de dar a conocer su última apuesta por el dominio del mundo: Libra, una criptomoneda pensada para funcionar como dinero privado en cualquier lugar del planeta. Mientras preparaba la aventura, el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, ha estado en negociaciones con bancos centrales, reguladores y 27 compañías asociadas, cada una de las cuales aportará por lo menos 10 millones de dólares. Por miedo a generar temores en torno a la seguridad, Facebook ha evitado trabajar directamente con bancos comerciales.

Zuckerberg parece entender que la innovación tecnológica por sí sola no garantizará el éxito de Libra. También necesita un compromiso de los gobiernos de imponer en la web relaciones contractuales que respalden la moneda, y de autorizar el uso de sus propias monedas como garantía. Si Libra alguna vez sufre una corrida, los bancos centrales estarían obligados a ofrecer liquidez.

La cuestión es si los gobiernos entienden los riesgos que conllevaría para la estabilidad financiera un sistema de este tipo. La idea de un sistema de pago privado y expedito con 2.600 millones de usuarios activos puede sonar atractivo. Pero como todo banquero y regulador monetario sabe, los sistemas de pago requieren un nivel de respaldo de liquidez que ninguna entidad privada puede brindar.

A diferencia de los estados, las partes privadas deben operar dentro de sus posibilidades y no pueden imponer unilateralmente obligaciones financieras a los demás según sea necesario. Eso significa que no pueden autorrescatarse; deben ser rescatadas por los estados o alguien debe autorizar su quiebra. Es más, incluso en el caso de los estados, las paridades fijas ofrecen sólo una ilusión de seguridad. Muchos países han tenido que abandonar esas paridades, siempre insistiendo, al mismo tiempo, que “esta vez es diferente”.

Lo que diferencia a Facebook de otros emisores de “dinero privado” es su tamaño, su alcance global y su voluntad de “moverse rápido y romper cosas”. Es fácil imaginar un escenario en el que rescatar a Libra pudiera exigir más liquidez de la que podría ofrecer un estado. Recordemos el caso de Irlanda después de la crisis financiera de 2008. Cuando el gobierno anunció que asumiría los pasivos del sector bancario privado, el país se hundió en una crisis de deuda soberana. Al lado de un gigante como Facebook, muchos estados-naciones podrían terminar pareciéndose mucho a Irlanda.

Facebook avanza a toda velocidad como si Libra fuera apenas otra empresa privada. Pero, al igual que muchos otros intermediarios financieros antes, la compañía promete algo que no puede de ninguna manera cumplir por sí sola: la protección del valor de la moneda. Libra, nos dicen, estará vinculada a una canasta de monedas (dinero fiduciario emitido por gobiernos) y será convertible a pedido y a ningún costo. Pero esta garantía descansa en una ilusión, porque ni Facebook ni ninguna otra parte privada involucrada tendrá acceso a reservas ilimitadas de las monedas vinculadas.

Para entender lo que sucede cuando los reguladores se quedan de brazos cruzados mientras los innovadores financieros crean opciones de venta, consideremos la debacle con los fondos del mercado monetario en septiembre de 2008. A los inversores en FMM les prometieron que podrían tratar sus tenencias como una cuenta bancaria; vale decir, que podrían retirar tanto dinero como el que habían colocado cuando quisieran hacerlo. Pero cuando Lehman Brothers colapsó, todos los inversores en FMM intentaron retirar dinero al mismo tiempo, tras lo cual se tornó evidente que muchos fondos no podían cumplir. Para evitar una corrida generalizada sobre todos los FMM y los bancos que los respaldaban, la Reserva Federal de Estados Unidos intervino para ofrecer respaldo de liquidez. Una corrida sobre Libra exigiría respaldo en una escala mucho mayor, así como una estrecha coordinación entre todos los bancos centrales afectados.

Dados estos riesgos gigantescos, los gobiernos deben intervenir y frenar a Libra antes de que salga al mercado el año próximo. De lo contrario, como ha advertido Maxine Waters, presidenta del Comité de Servicios Financieros de la Cámara Baja de Estados Unidos, los gobiernos también pueden empezar a redactar sus propios testamentos vitales. En la jerga de las finanzas y de la banca, un “testamento vital” es un plan escrito que los bancos les presentan a los reguladores donde describen cómo harán frente a un episodio de insolvencia. En el caso de un gobierno, un testamento vital tendría que explicar cómo responderían las autoridades pertinentes si Libra abandonara su paridad cambiaria y desatara una corrida global.

Obviamente, esto plantea una cantidad de interrogantes relevantes. ¿Los gobiernos prometerían, como el ex presidente de la Fed Ben Bernanke en septiembre de 2008, seguido por el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en julio de 2012, hacer “lo que hay que hacer” para garantizar la supervivencia de la moneda? ¿Tendrían la capacidad de hacerlo, y sobre todo de coordinar sus acciones –y compartir pérdidas- con todos los otros países involucrados? ¿Los gobiernos podrían tomar control del sistema si resultara incapaz de sustentarse a sí mismo?

El silencio en respuesta al anuncio de Facebook esta semana es sinónimo de respaldar su nueva y peligrosa aventura. Los gobiernos no deben permitir que partes privadas y con ánimo de lucro pongan en riesgo a todo el sistema financiero global. Si los bancos son “demasiado grandes para quebrar”, entonces los estados definitivamente lo son. Si los gobiernos no nos protegen del último acto de soberbia de Facebook, todos pagaremos el precio.

20 de junio de 2019

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/facebook-libra-must-be-stop...

 4 min


Brandon Ambrosino

¿Cumplen las religiones una función evolutiva?

"Este es mi cuerpo".

Estas palabras, que según los evangelios fueron pronunciadas por Jesús durante la última cena, se pronuncian a diario en iglesias de todo el mundo antes de la ceremonia de la comunión.

Y cuando los cristianos las escuchan hoy en día remiten a un pasado que siempre está con nosotros, que nunca nos deja.

Pero ¿de cuánto pasado estamos hablando?

Tradiciones ancestrales

Ciertamente de los dos últimos milenios, los que, además de devotas celebraciones de la eucaristía, también han acumulado disputas doctrinales, cismas, episodios de violencia, excomulgaciones, pronunciamientos papales y varios debates metafísicos, todos alrededor del tema de la comunión.

Podemos sin embargo remontarnos todavía más atrás, al desarrollo de las tradiciones orales que fueron fijadas en textos luego incorporados en el Nuevo Testamento. O preguntarnos sobre la histórica comida en la que se basan los diferentes textos sobre la última cena.

También es posible ir todavía más allá, mucho antes del surgimiento del cristianismo: después de todo, Jesús era judío, y el acto de compartir el pan con sus discípulos nos remite a la historia del pueblo judío, incluyendo su escape de Egipto y la entrega de la Torá en el Sinaí.

Pero podemos remontarnos más lejos todavía: cualquier comida religiosa es, antes que nada, una comida. Es un acto -el de compartir la mesa- que era un ritual importante en el antiguo Medio Oriente.

Y los sentimientos positivos de esta práctica -recogida luego en rituales como el Séder y la comunión- se pueden rastrear hasta el surgimiento de los humanos modernos, hace unos 200.000 años.

Varias religiones celebran el acto de compartir los alimentos, el que puede reflejar algunos hábitos prehistóricos.

Dicho esto, el Homo sapiens no fue la primera especie que descubrió los beneficios de compartir los alimentos: los Neandertales lo hacían, así como varias especies de Homo que se remontan hasta hace dos millones de años.

"Piensa en unos cazadores-recolectores súper sociales que están comiendo", me dijo uno de mis profesores de teología cuando me preguntaba sobre la profunda historia evolutiva detrás de la eucaristía.

"Los cazadores se sienten orgullosos de haberlo hecho bien y comparten con su familia; los que prepararon la comida son reconocidos y apreciados; la barriga de todos se está llenando y se siente bien; y muchas interacciones sociales positivas están teniendo lugar. No es de extrañar que tanto contenido mitológico se haya construido alrededor de la comida", explicaba.

Pero el acto de compartir la comida antecede incluso a nuestros antepasados Homo, y en la actualidad también se puede observar en chimpancés y bonobos.

De hecho, una investigación reciente documentó a bonobos compartiendo su comida con otros no pertenecientes a su grupo social. Y Bárbara Fruth, una de las autoras del estudio, le dijo a la revista digital Sapiens que esta práctica "debe tener sus raíces en nuestro último ancestro común".

Según el reloj molecular, este último ancestro común de los humanos y los grandes simios vivió hace unos 19 millones de años.

Por eso, cuando escucho las palabras "este es mi cuerpo", mi mente inmediatamente empieza una carrera hacia el punto de partida de la evolución.

Religión profunda

Empiezo con una reflexión sobre la eucaristía porque vengo de una tradición cristiana, pero el punto de que las experiencias religiosas emergen de historias muy antiguas y muy específicas aplica a la mayoría de los fenómenos religiosos.

Es así porque, en las palabras del sociólogo Robert Bellah "nada se pierde nunca". Quiénes y cómo somos y donde estamos es el resultado del avance de la historia. Cualquier fenómeno es un fenómeno humano que se convirtió en lo que es. Y eso también pasa con la religión.

Pero empecemos definiendo religión. El primatólogo Frans de Waal, autor de "El bonobo y el ateo", dice que religión es "la reverencia compartida hacia lo sobrenatural, lo sagrado o lo espiritual, así como hacia los símbolos, rituales y adoración con los que se los vincula".

Y la importancia de la experiencia compartida no puede ser sobrestimada pues, en la historia que estamos contando, la evolución de la religión humana es inseparable de la cada vez mayor sociabilidad de los homínidos.

Como señala Bellah, la religión es una forma de ser. También la podemos ver como una forma de sentir, una forma de sentirnos juntos.

Si bien gran parte del estudio científico de la religión se basa en religiones doctrinales con una base teológica, el psicólogo evolutivo Robin Dunbar cree que este es un enfoque limitado porque "ignora completamente el hecho de que durante la mayor parte de la historia humana las religiones tenían una forma chamánica, muy diferente, que carecía de dioses y códigos morales".

Según Dumbar, mientras que las manifestaciones religiosas con base teológica solo tienen algunos miles de años y características de sociedades post-agrícolas, las formas chamánicas (religiones vividas que a menudo incluyen experiencias de trance y viajes por mundos espirituales) se remontan a más de 500.000 años y son propias de los cazadores-recolectores.

Por eso, si queremos comprender cómo evolucionaron las religiones, Dunbar recomienda analizarlas "desprovistas de sus acumulaciones culturales".

Es decir, necesitamos centrarnos menos en las preguntas sobre los grandes dioses y credos, y más en las preguntas sobre las capacidades de nuestros antepasados que les permitieron alcanzar una forma religiosa de estar juntos.

Después de todo, todas las sociedades parecen tener algún tipo de religión. "En esto no hay excepciones", me dijo De Waal por teléfono.

Y las explicaciones de esto se dividen en dos grandes perspectivas.

¿Adaptación o subproducto?

La primera se llama funcionalismo o adaptacionismo y se resume en la idea de que la religión tuvo efectos evolutivos positivos, destacándose en particular sus contribuciones a la vida en grupo.

En las palabras de De Waal: "Si todas las sociedades tienen una (religión), entonces esta debe tener un propósito social".

Otros, sin embargo, opinan que la religión es un subproducto del proceso evolutivo, una especie de órgano vestigial: tal vez en el ambiente en el que se desarrolló cumplía una función adaptativa que ahora ya no tiene. O tal vez las creencias religiosas son el resultado de mecanismos psicológicos que evolucionaron para resolver problemas ecológicos ajenos a la religión.

En cualquier caso, desde esta perspectiva, la religión no es un objetivo de la evolución, sino que surgió mientras la evolución apuntaba a otros objetivos.

Ahora, si bien aquellos en ambos lados del debate tienen sus razones, tratar de entender la religión en términos tan excluyentes no parece particularmente útil.

Después de todo, los humanos bien pueden haber tomado algo que era simplemente un subproducto de un proceso evolutivo para cumplir una función o resolver un problema específico.

Y aunque esto puede ser cierto para muchos comportamientos, incluyendo la música, la religión presenta un rompecabezas particular, pues a menudo demanda comportamientos extremadamente costosos, como el altruismo y, en ocasiones, incluso el autosacrificio.

Por esto, teóricos como Dunbar sostienen que también tenemos que ver más allá del individuo, hacia la supervivencia del grupo.

Esto es lo que se conoce como selección multinivel, la que "reconoce que los beneficios individuales a veces se pueden incrementar como resultado de las acciones grupales y no siempre son un producto directo de las acciones de los propios individuos", tal y como explica Dunbar.

Un ejemplo es la caza colectiva, que le permite al grupo cazar presas mayores que las que cualquiera de sus miembros podría cazar individualmente. Una presa grande significa más carne para mí, aunque tenga que compartirla.

Y estos procesos grupales, dice Dunbar, "requieren que el individuo sea sensible a las necesidades de los otros miembros del grupo".

No existe una historia de la religión de una criatura individual. Nuestra historia es sobre nosotros.

Por eso, para entender la religión primero tenemos que entender la historia de cómo nuestros antepasados evolucionaron para vivir en grupos.

Los sentimientos primero

Efectivamente, como explica Jonathan Turner, autor de "El surgimiento y la evolución de la religión", descendemos de una larga línea de homínidos con "débiles lazos sociales y sin estructuras grupales permanentes".

Por eso, para él la pregunta del millón de dólares es "¿cómo transformó la evolución darwiniana la neuroanatomía de los homínidos para hacerlos más sociables de forma que pudieran generar fuertes lazos sociales y formar grupos primarios?".

"Eso no es algo natural en los monos", me dijo por teléfono.

Y es que si bien los humanos modernos compartimos el 99% de nuestros genes con los actuales chimpancés, y nuestras similitudes son bastante bien conocidas, entre ambos existe una diferencia importante que tiene que ver con el tamaño de nuestros grupos.

Los chimpancés, en promedio, pueden mantener grupos de aproximadamente 45 individuos, sostiene Dunbar. En contraste, el grupo humano promedio es de aproximadamente 150, lo que se conoce como "el número Dunbar".

La razón, dice, es que los humanos tenemos la capacidad de sostener tres veces más contactos sociales que los chimpancés con el mismo esfuerzo. Y la religión emerge de esa mayor capacidad de socialización.

¿Cómo así? En la medida que nuestros ancestros pasaron de selvas cada vez menores a espacios más abiertos, como las sabanas del este y sur de África, las presiones darwinianas actuaron para hacerlos más sociables para poder protegerse menor y acceder a más alimentos. También hicieron que fuera más fácil encontrar pareja.

Y sin la habilidad de sostener nuevas estructuras -como pequeños grupos de cinco o seis, las denominadas familias nucleares, explica Turner- no habrían sido capaces de sobrevivir.

Turner sostiene además que la naturaleza produjo ese proceso de socialización no a través de lo que típicamente definimos como inteligencia, sino a través de las emociones, lo que estuvo acompañado por importantes cambios en la estructura de nuestro cerebro.

Y aunque la neocorteza figura de forma prominente en muchas teorías sobre la evolución de la religión, Turner afirma que los cambios más importantes se produjeron a nivel subcortical, hace unos 4,5 millones de años, dándoles a los homínidos la capacidad de experimentar un mayor rango de emociones.

Estas mayores emociones promovieron una mayor unión, un logro crucial para el desarrollo de la religión.

"Es en la historia de la evolución de estos mecanismos (subcorticales) que se puede descubrir los orígenes de la religión", sostiene Turner.

Pero ¿cómo lo consiguió la naturaleza?

Las emociones básicas

Probablemente todos han oído hablar de lo que se conoce como las cuatro emociones primarias: rabia, miedo, tristeza y felicidad. ¿Notan algo en esa lista? Pues sí, tres de esas emociones son negativas.

La promoción de la solidaridad, sin embargo, requiere emociones positivas. Así que la selección natural tuvo que encontrar formas de acallar las emociones negativas y fortalecer las positivas, afirma Turner.

Y aquí entra en juego su concepto de elaboraciones de primer y segundo orden, que son emociones producidas por la combinación de dos o más emociones primarias.

Así, por ejemplo, una combinación de felicidad y rabia genera venganza, mientras que los celos son la combinación de rabia y miedo. Y la veneración, que es un sentimiento eminentemente religioso, es una combinación de miedo y felicidad.

Las elaboraciones de segundo orden, por su parte, son todavía más complejas y se produjeron en la evolución del Homo erectus (hace 1,8 millones de año) al Homo sapiens (hace unos 200.000 años).

Culpa y vergüenza, por ejemplo, dos emociones cruciales para el desarrollo de la religión, son una combinación de tristeza, miedo y rabia.

Es difícil imaginar una religión sin la capacidad de experimentar esas elaboraciones emocionales, por la misma razón que también es difícil imaginarse grupos sociales cercanos en su ausencia: semejante paleta emocional nos amarra a los otros a un nivel visceral.

"Las solidaridades humanas solamente son posibles gracias a la excitación emocional causada por emociones positivas: amor, felicidad, satisfacción, lealtad, y la mitigación del poder de las emociones negativas, o al menos de algunas de ellas", explica Turner.

"Y una vez que las nuevas valencias de las emociones positivas son neurológicamente posibles, pueden unirse con rituales y otras conductas que despiertan emociones para mejorar la solidaridad y, finalmente, producir nociones de dioses poderosos y fuerzas sobrenaturales", agrega.

No quiero adelantarme demasiado, pero es importante entender lo importante que son los sentimientos en la evolución de la religión.

Darwin, por ejemplo, estaba convencido de que no había diferencias entre los sentimientos religiosos y los otros tipos de sentimientos. "Es un argumento a favor del materialismo", escribió en su diario, "que el agua fría causa de repente en la cabeza un estado de ánimo análogo a esos sentimientos que pueden considerarse como verdaderamente espirituales".

Y si eso es verdad, entonces significa que las causas de los sentimientos religiosos pueden ser trazadas y estudiadas como cualquier otro sentimiento.

Ritual

En la medida que la evolución fue transformando las estructuras cerebrales, mejorando sus capacidades emocionales e interpersonales, ciertas propensiones de comportamiento de los simios también comenzaron a evolucionar.

Algunas de las propensiones que Turner enumera como ya presentes en los monos incluyen: la capacidad de leer ojos y caras e imitar gestos faciales; diversas capacidades para la empatía; la capacidad de excitarse emocionalmente en entornos sociales; la capacidad de realizar rituales; cierto sentido de reciprocidad y justicia; y la capacidad de ver al yo como un objeto en un entorno.

Pero me quiero concentrar en dos comportamientos -ritual y empatía- sin los que la religión sería inconcebible.

Con base en sus detalladas observaciones del comportamiento de los chimpancés -como su bien documentada "danza de la catarata", en la que un grupo de estos primates parecen exhibir una innegable emoción ante una espectacular caída de agua- la primatóloga y antropóloga Jane Goodall concluyó que los chimpancés son tan espirituales como nosotros.

Esta admiración "no la pueden analizar, no hablan de ello, no pueden describir lo que sienten. Pero a uno le da la impresión de que tienen algo dentro de sí y que la única forma de expresarlo es a través de esta fantástica danza rítmica", expuso Goodall, quien también describió comportamientos similares durante aguaceros particularmente fuertes.

Y además de las exhibiciones destacadas por Goodall, otros también han documentado diferentes exhibiciones carnavalescas, sesiones de tambores y rituales de gritos.

Las raíces de los rituales están en lo que Bellah llama "juegos serios": actividades realizadas por sí mismas, que pueden no servir a una capacidad de supervivencia inmediata, pero con el potencial de ayudar a desarrollar otras capacidades.

Y el juego, en este sentido evolutivo, tiene muchas características únicas: debe realizarse en un "espacio relajado", cuando el animal está alimentado, sano y libre de estrés; tiene un principio y un final claro e implica cierto sentido de justicia o, al menos, ecuanimidad. Y, tal vez sobra decirlo, está personificado.

Ahora comparen eso con el ritual, que también está personificado. Los rituales empiezan y terminan. Requieren una intención y una atención compartida. Involucran normas. Tienen lugar en un tiempo con tiempo, diferente a tiempo de lo cotidiano.

Y lo más importante de todo, según Bellah, es que el juego es una práctica en sí mismo, y no "algo con un propósito exterior".

Por eso, para Bellah el ritual "es la forma primordial de juego serio en la historia de la evolución humana", lo que significa que el ritual es una mejora de las capacidades que hicieron posible el surgimiento del juego en los mamíferos. Hay una continuidad entre los dos.

Y aunque Turner reconoce que puede ser exagerado referirse a la danza de la catarata de los chimpancés como un "Ritual", con r mayúscula, cree que estos comportamientos "cuasi-rituales" sugieren que parte de lo que necesitamos para el comportamiento religioso está presente en el genoma de los chimpancés, y por lo tanto de los homínidos.

Empatía

El segundo rasgo que debemos considerar es la empatía. Y la empatía no está principalmente en la cabeza, sino en el cuerpo. O al menos así fue como empezó.

Empezó, escribe De Waal, "con la sincronización de los cuerpos, corriendo cuando otros corrían, riendo cuando otros reían, llorando cuando otros lloraban o bostezando cuando otros bostezaban".

Y, para él, la empatía es fundamental para lo que llamamos moralidad. "Sin empatía no hay moralidad humana. Hace que nos interesemos en los otros. Hace que nos importen emocionalmente", afirma.

Si la religión, según nuestra definición, es nuestra forma de estar juntos, entonces la moralidad, que nos da pistas sobre cómo podemos estar juntos de la mejor manera, es una parte inseparable de esto.

De Waal ha sido criticado por una visión demasiado ingenua y romántica del comportamiento animal por aquellos científicos que creen que en lugar de interpretar el comportamiento animal como altruista, y por lo tanto como el resultado de cierta forma de empatía, debemos reconocerlo por lo que es: egoísmo.

Los animales quieren sobrevivir. Punto. Y todas sus acciones deben ser interpretadas desde esta perspectiva.

Pero para De Waal esa es una forma equivocada de hablar acerca del altruismo.

"Hemos visto a animales que quieren compartir su comida incluso si no les conviene. Hemos hecho experimentos con ellos y la conclusión general es que la primera tendencia de muchos animales es ser altruistas y cooperativos. Las tendencias altruistas son muy naturales en muchos mamíferos", señala.

¿Pero no es eso también puro instinto de supervivencia? ¿No están, por decirlo de alguna manera, preparando las condiciones para el momento en que ellos necesiten ayuda?

Pues calificar a eso de egoísmo, porque en el fondo toda tendencia pro-social tiene beneficios, es hacer que las palabras pierdan sentido, argumenta De Waal.

Obviamente hay sensaciones placenteras vinculadas a la acción de compartir con los otros, así como hay sensaciones placenteras vinculadas a otros comportamientos necesarios, como comer o el sexo. Y, para él, lo mismo ocurre con el altruismo. Pero esto no significa que deje de existir.

Y una división tan tajante entre altruismo y egoísmo es por lo tanto ingenua, en el mejor de los casos, o engañosa, en el peor.

De Waal también está en desacuerdo con aquellos que sostienen que los animales no tienen ni reconocen normas.

Y en "El bonobo y el ateo" argumenta que los animales incluso parecen tener mecanismos para reparar el orden social, es decir, regresar las cosas al "como debe ser" que está en la base de toda normatividad.

"Unas 30 especies de primates se reconcilian después de pelear, y esa reconciliación no está limitada a los primates. Hay evidencia de este mecanismo en hienas, delfines, lobos, caras domésticas", escribe.

Y también encuentra evidencia de que los animales "activamente tratan de preservar la armonía en su grupo social… reconciliándose después de conflictos, protestando contra divisiones injustas y mediando en las peleas de otros".

"Se comportan normativamente en el sentido de corregir, o tratar de corregir, las desviaciones del estado ideal (…). Esto hace que el salto de comportamiento primate a normas morales humanas no sea tan grande como se acostumbra pensar", afirma De Waal.

Pero ¿qué tan atrás se remontan esas tendencias? Probablemente, al igual que esas capacidades para el juego (y por ende para el ritual), al momento del surgimiento del cuidado de los hijos.

"Durante 200 millones de años de evolución de los mamíferos, las hembras más cuidadosas con sus críos se reprodujeron mejor que aquellas que eran frías y distantes", explica De Waal.

El amanecer del surgimiento de la religión

Nuestros modernos servicios religiosos pueden parecer muy lejanos del juego y la empatía que emergieron en nuestro pasado remoto, y la religión institucionalizada es mucho más compleja y avanzada que la llamada danza de las cataratas, pero la evolución nos enseña que los fenómenos complejos también tienen principios sencillos.

Como nos recuerda Bellah, no venimos de ninguna parte: "Somos parte de una larga historia biológica y cosmológica".

Cuando nuestros antepasados se mudaron a ambientes más abiertos también se vieron forzados a formar estructuras sociales más duraderas. Y la selección natural fue capaz de lograr esta asombrosa hazaña mejorando su paleta emocional.

Al disponer de un conjunto más amplio de emociones, el cerebro de los homínidos pudo entonces mejorar algunas de sus capacidades, incluyendo algunas que se prestaron naturalmente a una forma religiosa de ser.

Luego, a medida que estas capacidades se desarrollaron todavía más con el crecimiento del cerebro del Homo y el desarrollo de la neocorteza cerebral, comportamientos como el juego y el ritual entraron en una nueva fase en el desarrollo del homínido, convirtiéndose en la materia prima a partir de la cual la evolución cultural comenzaría a institucionalizar la religión.

Y si bien esta historia no nos determina, esta historia bio-cosmológica influye en todo lo que hacemos y somos. Incluso las decisiones aparentemente más autónomas las hacemos dentro de esa historia.

Eso es lo que hemos mantenido en mente en este viaje en el tiempo hacia las semillas de la evolución que eventualmente, y de forma muy lenta, tuvieron como fruto la religión humana.

23 de junio de 2019

BBC

https://www.bbc.com/mundo/vert-fut-48624547

 16 min


Que existan voces del chavismo disidente en contravía de la narrativa madurista y de sus ejecutorías en materia de derechos humanos y sociales, no deja de ser alentador, pero que de paso se propongan agruparse y constituirse en lo que ellos asumen como Movimiento por la Democracia (MPD), es mas que significativo. Esto da señales irreversibles de dos hechos fundamentales, de los cuales ni hasta el más radical opositor puede desdeñar.

En primer término, sí existe aguas abajo, un vasto movimiento de activistas políticos y sociales que, atraídos por el encanto de superar los males originados en la última década cuarta republicana, acompañaron el llamado de aquel Chávez redentor, pero que hoy han marcado distancia de las fechorías y traiciones a las expectativas prometidas. Por otro lado, el espíritu democrático instalado en la conciencia del venezolano, cultivado en casi un siglo de luchas, libradas por los derechos políticos de la ciudadanía, está haciendo posible el rechazo del 90% a la gestión de Nicolás Maduro.

Quienes andan enarbolando las banderas de la democracia, y a su vez proponiéndose constituirse en un nuevo referente político, han establecido una especie de decálogo de propuestas para contribuir en el rescate de la civilidad y el ejercicio de la política, en condiciones distintas a la de hoy.

Veamos cuáles son sus propuestas:

  1. Nuestra principal responsabilidad será conquistar la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
  2. Rechazamos toda intervención militar extranjera, pero apoyamos las sanciones que de forma individual se dirijan contra todos los que sustentan la tiranía impuesta por Nicolás Maduro.
  3. Respaldamos el acompañamiento internacional de países y organizaciones multilaterales, en la búsqueda de una solución negociada bajo condiciones de transparencia e igualdad.
  4. Retomar la capacidad productiva del país, solo es posible recuperando la democracia, el respeto a los Derechos Humanos y el Estado de Derecho.
  5. La transición hacia la democracia requiere de un marco de garantías políticas, donde ningún actor sea excluido del proceso de reconciliación y reconstrucción del país.
  6. Somos solidarios y apoyamos en todas sus acciones a la Asamblea Nacional y a la Fiscal General de la República, Dra. Luisa Ortega Díaz, como únicos órganos constitucionales legítimos vigentes.
  7. Ratificamos el respaldo y reconocimiento como Presidente encargado de la República, al Diputado Juan Guaidó.
  8. Abogamos por la constitución de una Alianza Nacional Democrática, que represente a toda la Venezuela deseosa de un cambio de rumbo para el país, sin exclusiones sectarias y anti unitarias.
  9. Nos comprometemos ante Venezuela, a facilitar todos los enlaces necesarios, para generar la confia

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Amelia Valcárcel

A las democracias, que tienen cierta variedad en sus formas, se sabe que no les convienen los adjetivos. Las puede haber de una cámara o de dos, de voto obligatorio, de escasa participación, de elecciones a una o dos vueltas, de listas abiertas o cerradas, con voto juvenil o solo adulto, con urna o con caja, con cabina y sin ella. El procedimiento concreto y pequeño puede variar siempre que la intención primera se mantenga. Que elegiremos libremente, escrutaremos y respetaremos los resultados. Por eso la democracia abomina de los adjetivos. Es un sistema corriente que admite pocas precisiones. No es “orgánica”, “islámica” ni “popular”; porque cuanto más adjetivo, más peligro y menos contenido. Es un procedimiento fundado en un conjunto de valores compartidos: libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia y repudio de la violencia. La democracia es además feminista.

Las religiones son algo más variadas. Aunque no demasiado. Las que han convivido con formas políticas desarrolladas, Estados plenos, se reducen a los tres monoteísmos abrahámicos, el tronco hinduista, el budismo y las religiones agrarias personalmente vinculadas (quien manda es sacro y ejerce los ritos), cuyos importantes calendarios recuerdan y aseguran. Las religiones que han vivido y convivido con Estados han mimetizado parte de su estructura de administración. El funcionariado y el clero han estado cercanos, pero no les ha convenido ni les conviene confundirse. Credos y Estados más bien se han vigilado mutuamente. Las situaciones estatales por lo común han favorecido a las religiones hasta un cierto punto. Pero ninguna ha peleado con una autocracia sin convertirse ella misma en otra. Ni la ha desposeído. O al menos no había ocurrido hasta la llamada Revolución Islámica de Irán. Como escribió Montesquieu, es signo de lo tiránico de un régimen que sólo la religión tenga capacidad para oponérsele. El despotismo crea un desierto moral donde únicamente el fanático osa levantar la voz. Pero que el clero se convirtiera en la autoridad civil, eso ha resultado inédito.

Aún sabemos poco de revoluciones, pero anotamos que la soviética destruyó iglesias que ahora están no solamente restauradas, sino multiplicadas. Irán es un caso peculiar porque en la religión musulmana el clero carece de papel, excepto precisamente allí. Es más, ese clero ha tomado por modelo a otros, los occidentales, en lo que toca a la búsqueda de influencia. Obviamente su predominio no ha contribuido en absoluto a amansar el fanatismo religioso.

Por ahora, sólo el judaísmo y el cristianismo han tenido que medirse con las verdades liberales. Y ambas salieron mejoradas a causa de tal trato. La democracia ha llegado a una paz con las religiones: son privadas, no pueden pretender ser intocables y serán protegidas. Se les exigirá a cambio tolerancia mutua, que no rompan la paz civil y que respeten los valores comunes. Ese es el pacto. Las religiones que son capaces de soportar la nueva paz se vuelven interesantes, mejoran ellas y a su gente. La democracia les viene muy bien, las perfecciona. Pero necesitan tiempo de cohabitación. Sus modelos son tan disímiles que el amor a primera vista no es de esperar.

La pregunta es si todas las religiones pasarán a la relativa mansedumbre del cristianismo. Se necesitará tiempo y algo más. Porque este, el de religión y democracia, es un silogismo con término medio. Resumo: dependerá de las mujeres. Las mujeres y sus libertades son la variable no contemplada. Dos cosas sabía y bien Huntington: historia y demografía. En ninguna de las páginas de su Choque de civilizaciones admitió que la variable “feminismo” pudiera turbar sus análisis. Los bloques religiosos en su opinión son cerrados y estables. Nada les cambiará. Occidente es demográficamente limitado y lo que venimos llamando pomposamente historia se reduce a demografía. Los dados están ya echados. Seremos desbancados. Sin embargo, las libertades de las mujeres son un asunto que bulle planetariamente. Está cambiando a todas las sociedades. Puesto que esas libertades chocan con el orden previo, las mujeres son, aun las devotas, una fuerza antirreligiosa descomunal. En todas partes está cursando su rebeldía contra las verdades patriarcales que las religiones mantienen, representan y defienden. Los bloques de sentido religioso tienen un poderoso enemigo interno. Por eso son tan reactivos al feminismo. También estos dados acaban de echarse; habrá que esperar.

21 de junio de 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/06/21/ideas/1561111284_841442.html

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Jesús A. Viloria R.

Este artículo, del cual se incluyen a continuación algunos extractos textuales generales, pone en evidencia que la expansión de los centros poblados y de los niveles del Lago de Valencia ha venido ocurriendo a una tasa acelerada y que la misma ha sido a expensas de tierras de alto valor para el uso agrícola.

El aumento creciente del área urbana es un fenómeno mundial que se ha convertido en una espada de doble filo. Por un lado, promueve el desarrollo socioeconómico y mejora las oportunidades de empleo. Por otro lado, convierte ecosistemas naturales y áreas cultivadas en superficies impermeables con importantes efectos ambientales, como pérdida y fragmentación de bosques y tierras agrícolas, contaminación, destrucción de hábitats, pérdida de biodiversidad y alteración hidrológica. Además, la influencia de la expansión urbana en el entorno físico usualmente se extiende mucho más allá de los límites de la ciudad, y puede tener impactos ambientales de alcance mundial, como el cambio climático.

El patrón de expansión urbana no suele seguir un crecimiento continuo y ordenado a partir de un núcleo. Frecuentemente es mucho más complejo, como resultado de la interacción de diferentes fuerzas que compiten entre sí. En muchas zonas urbanas el crecimiento descontrolado y disperso obstaculiza su desarrollo regional sostenible. Esto ocurre en la depresión del Lago de Valencia, la cual se ha convertido en una de las áreas más densamente pobladas del país, con 14% de la población total de Venezuela concentrada en menos de 0,2 % del territorio nacional.

El impacto ambiental de la expansión urbana en esta región se ha acentuado por la ampliación del Lago de Valencia, como consecuencia de la importación de agua desde una cuenca adyacente, para satisfacer la demanda cada vez mayor de la población asentada en la depresión.

Para lograr una gestión eficaz del crecimiento de las ciudades en la depresión del Lago de Valencia, que permita mitigar sus impactos adversos, es necesario comprende r el proceso de expansión urbana en esta región y sus factores impulsores. Esta tarea se facilita hoy en día gracias a la disponibilidad de imágenes satelitales libremente accesibles en la Internet. Estas pueden proporcionar mediciones sucesivas y consistentes de las condiciones de la superficie terrestre, con diversos grados de resolución espacial. Esto ha convertido a la teledetección, conjuntamente con los sistemas de información geográfica, en herramientas valiosas para el monitoreo del cambio de cobertura de la tierra.

En el trabajo se presentan los resultados de una investigación realizada para dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Cuál ha sido la magnitud de la expansión urbana y del crecimiento del lago?, ¿Cuál era el potencial agrícola de las tierras consumidas por la expansión urbana y el crecimiento del lago? y ¿Cuál es la disponibilidad actual de tierras para desarrollo urbano y agrícola en la depresión del lago de Valencia? Las respuestas a estas preguntas serán útiles como base de conocimientos para planificar el desarrollo sostenible de esta región.

No es difícil prever que la futura reactivación de la economía venezolana atraerá nuevas inversiones hacia la región centro- norte del país y esto reavivará los conflictos por el uso de la tierra en la cuenca del Lago de Valencia. El presente es el momento de tomar las decisiones que conduzcan hacia el ordenamiento del uso del espacio en esta cuenca. En caso contrario, repetiremos errores del pasado que llevarán a la creación de una gran conurbación desde Las Tejerías hasta Tocuyito. No obstante, la distribución de las actividades humanas en el espacio no puede ser el producto de un plan centralizado, sin consenso social. Se pueden tomar medidas para proteger las áreas con alto potencial agrícola contra el impacto del crecimiento urbano. Sin embargo, si estas medidas carecen de apoyo público y político, su éxito será limitado. La toma de decisiones sobre el uso de la tierra es un proceso complejo en el que intervienen diversos actores con intereses diferentes que compiten entre sí, lo cual genera conflictos de uso de la tierra. La expansión urbana en la cuenca y el crecimiento del lago son manifestaciones de esos conflictos. El desarrollo regional sostenible la cuenca del lago de Valencia debe ser el resultado de un proceso de negociación entre estos actores. La información presentada en este trabajo intenta proveer una base de conocimientos que contribuya a orientar ese proceso de negociación hacia decisiones racionales. De allí la necesidad de divulgar esta información para que llegue a ser de amplio conocimiento público.

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