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Opinión

Antonia Laborde

Sofía Pisani, venezolana de 39 años, reside en Estados Unidos sin un pasaporte vigente. Como muchos de sus compatriotas, intentó renovar el documento de identidad el año pasado, solicitando una cita en el consulado a través de la web del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime). En noviembre, tras cinco meses de pruebas frustradas, logró enviar el formulario. Solo por hacer la petición tuvo que pegar 200 dólares, un cobro que empezó a implementarse en 2016. El salvoconducto de Pisani ya había caducado para entonces, por lo que solo pudo aspirar a una prórroga por dos años. Le dieron fecha para el 23 de febrero, pero un mes antes Nicolás Maduro anunció el cierre de la embajada de Venezuela en EE UU y todos sus servicios consulares. “No tengo pasaporte y mis 200 dólares cayeron en manos de Maduro”, lamenta la oriunda de Maracay. Ahora es el equipo de Juan Guaidó el que tiene un plan para solucionar el problema en Washington.

La reparación de este embrollo burocrático parece estar en marcha. Gustavo Tarre, el embajador nombrado ante la Organización de Estados Americanos (OEA) por Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por una cincuentena de países, explica que están trabajando para proveer a todos los venezolanos que están en EE UU de una identificación consular. “Eso les permitiría a los ciudadanos que tienen el pasaporte vencido poder tramitar una cuenta bancaria, o una licencia de conducir”, sostiene. Los representantes diplomáticos en Washington del presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela están limando los detalles de esta medida junto con el Departamento de Estado y el de Seguridad de EE UU. “Después de eso viene reabrir los consulados, luego la admisión del pasaporte… es un trabajo largo, que pasa también por una reorganización del registro civil, que era un desastre”, apunta Tarre, que esta semana fue reconocido por la OEA como representante permanente designado de la Asamblea Nacional.

El lunes, Carlos Vecchio presentó sus credenciales como embajador de Venezuela ante el presidente Donald Trump en la Casa Blanca. Es el representante diplomático reconocido por EE UU, el primer país que reconoció a Guaidó cuando el pasado 23 de enero se proclamó presidente encargado del país, invocando la Constitución, al considerar ilegítima la toma de posesión de Nicolás Maduro. El martes, la OEA reconocía a Tarre. Arranca una nueva fase para la diplomacia de Juan Guaidó.

El trabajo de Vecchio y Tarre es como el de cualquier embajador, con una importante particularidad: el Gobierno al que representan no es el único que reivindica el poder en Venezuela. No existen muchos precedentes de dos cuerpos diplomáticos enfrentados que reclaman la representación un mismo país. La diplomacia rival es un elemento clave en la lucha de poder en Caracas, en la consolidación de los apoyos internacionales. Pero, en medio de esa lucha de poder, hay cerca de 3,4 millones de venezolanos que viven en el extranjero, atrapados entre dos administraciones.

La falta de servicios consulares provoca dificultades prácticas a los venezolanos que viven en EE UU. Pisani, por ejemplo, ha tenido que rechazar ofertas laborales que implicaban viajes fuera del país. María Rodríguez, caraqueña de 40 años, se siente prisionera: “Estamos presos en Estados Unidos, no podemos salir. Si estás en un proceso de residencia, de permiso de trabajo o estudio, y tu documentación no está vigente, no puedes demostrar que eres venezolano”. Rodríguez tiene su pasaporte vencido desde noviembre del año pasado. Debía pagar el coste de solicitar una cita por tres, ya que sus dos hijos también necesitaban renovar el documento. “No lo hice porque había escuchado de gente que pagó, y nunca los llamaron. Además, me pedían mi número de tarjeta, mi dirección, mi teléfono…”, asegura. No solo para ese trámite. Tarre afirma que, para inscribirse en el registro electoral “cuando abrían espacio para hacerlo”, exigían una prueba de residencia legal. "Es decir, lo único que les faltaba era denunciarlos a la policía y eso no está en ninguna ley venezolana”, lamenta.

El problema consular de Venezuela en EE UU “no es reciente”, aclara Francisco Hernández, venezolano radicado en Washington. Hernández asegura que tuvo que pagar por su pasaporte una cifra elavada para un trámite de esta índole: un billete de ida y vuelta a Caracas. “Desde la entrada a la presidencia de Maduro es muy difícil, si no imposible, sacar un pasaporte. Una pesadilla”, explica.

Como parte del plan del equipo de Guaidó para revertir esta situación está el "recuperar" los edificios diplomáticos. En marzo tomaron el control de tres sedes diplomáticas y esperar hacer lo propio con las cuatro restantes. La embajada está ocupada por el que hasta este martes era el equipo diplomático acreditado en la OEA de Maduro. "Ellos tienen que salir. Nosotros no estamos interesados ni en atropellar, ni en buscar a la policía para que se vayan", aclara Tarre.

Obtener un visado en EE UU es cada vez más difícil para los venezolanos. Si en 2015 se emitieron más de 237.000 visados, en 2018 la cifra rondó los 28.600, según el Departamento de Estado. A su vez, las solicitudes de asilo se han disparado hasta colocar a Venezuela como el país que más peticiones de protección realizó el año pasado (más de 2.000 mensuales), casi triplicando a Guatemala, el segundo del listado. El lado bueno -si cabe- para los asilados políticos es que no están atados a los trámites consulares. Mariana Solórzano, de 28 años, es el rostro de la tranquilidad. “Tengo el pasaporte vencido y pedí cita, pero nunca me llegó una respuesta. Mi abogado me dijo que no me preocupara porque tengo asilo político”, explica.

Washington 12 de abril 2019

El País

https://elpais.com/internacional/2019/04/11/actualidad/1555010844_322968...

 4 min


Juan Carlos Zapata

La agenda abierta es que Estados Unidos mantiene la presión sobre el régimen de Nicolás Maduro. Que Donald Trump está enfocado en ello y, junto a él, Mike Pence, Mike Pompeo, John Bolton y Elliott Abrams. Trump ubicó esta semana desde Washington a Venezuela como una de sus tres prioridades en política exterior. El vicepresidente Pence intervino en la ONU, y fue directo en el Consejo de Seguridad solicitando que las Naciones Unidas deben reconocer a Juan Guaidó como Presidente de Venezuela. Pompeo viajará a Cúcuta, frontera de Colombia con Venezuela, como parte de una gira por Suramérica. Abrams aterrizó esta semana en España y Portugal. En Madrid, celebró reuniones con funcionarios del Ministerio de Exteriores y de la Presidencia. El mensaje directo de valorar la posición de España en Europa y en América Latina. De España, por boca del ministro Josep Borrell, salió la línea para Europa de que el mandato de Maduro expiraba el 10 de enero de 2019. Y Europa siguió la pauta. Abrams estima que España y Europa deben sumarse al incremento de presiones contra Maduro. Esto por un lado.

Por el otro es que Estados Unidos sigue considerando que España puede ser un buen lugar donde se refugien jerarcas del régimen de Maduro. Antes y después de la caída. Ya Estados Unidos lo ha hablado con España. Y se supone, y es lo que se afirma en círculos diplomáticos de Madrid, que Abrams aterrizó con ese punto en Madrid. Punto principal. Lo cual indica que hay negociaciones secretas entre Estados Unidos y jerarcas del régimen de Maduro. De manera prioritaria, militares. De varios componentes de la Fuerza Armada. Para seguir el patrón que se aplicó con el general del Ejército y expresidente del Instituto de los Seguros Sociales, Carlos Rotondaro, quien apareció en Bogotá denunciando la crueldad del régimen de Maduro.

Hoy hace un mes que Borrell respondió a la Cadena Ser el planteamiento de los Estados Unidos en estos términos: “El secretario de Estado, el señor Pompeo [Mike Pompeo], tenía la preocupación de saber si, en el caso de que algunas personas y sus familiares quisieran abandonar Venezuela, podrían ser acogidos en algunos de los países que han reconocido al presidente Guaidó. Lo estudiaremos”. Esto es oficial. Y de manera oficial, Borrell acaba de visitar Washington. ¿Se habló otra vez del tema? No hay confirmación. Pero se han incrementado las versiones sobre España como país refugio. El punto fue abordado en la rueda de prensa que ofreció Abrams este jueves en la embajada de los Estados Unidos en Madrid: “Creemos que cuando Maduro caiga y vuelva la democracia, algunos miembros del régimen, algunos militares, probablemente quieran irse al exilio”. Aquí es donde resalta España en calidad de destino. “Esa es una decisión que el gobierno de España tiene que tomar”. A los jerarcas hay que “ofrecerles un lugar para ir”, dijo. Siempre en estos casos, hay que ofrecer salidas.

Un diplomático dijo al diario ALnavío que si Abrams insiste con España, es porque los potenciales jerarcas que negocian en estos momentos, han exigido España, o en todo caso Portugal. Es donde se sentirían más cómodos. Por el idioma y el clima, entre otros factores. No se ven viviendo en Alemania. Tampoco se ven viviendo en Rusia o Turquía.

El Presidente Encargado de Venezuela, Juan Guaidó, respondió esta semana en una entrevista en el diario ABC, que la oferta sobre España como destino y refugio “está sobre la mesa”. Pero aclaró no disponer de información precisa sobre altos cargos del chavismo que estén buscando refugio. Guaidó no puede decir otra cosa. La discreción priva en estos casos. Y los diplomáticos conjeturan que estas son diligencias que se adelantan directamente con los Estados Unidos.

Aparte de Rotondaro, ningún jerarca militar se ha hecho eco de la oferta de amnistía en caso de que abandonen a Maduro. Todo parece indicar que se está a punto de ello. Y de allí que Abrams acelere las diligencias. El objetivo son jerarcas militares con mando y poder dentro de la Fuerza Armada. De concretarse tal operación, se le asestaría un golpe medular al régimen de Maduro.

Viernes 12 de abril de 2019

Al Navio

https://alnavio.com/noticia/18264/actualidad/eeuu-apura-contactos-para-q...

 3 min


Venezuela es víctima de una tragedia económica como la que escasos países han vivido en el mundo entero, pero dentro de poco, va a experimentar un completo deslave humanitario. Una cosa es habitar en un país que padece la peor hiperinflación en la historia latinoamericana contemporánea, pero otra muy diferente es que esa misma población ahora tenga que sufrir simultáneamente el descalabro de servicios públicos básicos como electricidad, agua y transporte.

Durante los últimos cinco años, Venezuela ha vivido la destrucción de la mitad de su economía. En lo que queda de este año, como resultado de un terco esfuerzo antidemocrático por parte de un régimen que busca aferrarse al poder a cualquier costo social —y bloquear así el cambio político que demanda pacíficamente más del 82% de la nación—, la economía puede perder casi una tercera parte adicional de su ya débil actividad restante.

El declive de la otrora orgullosa industria petrolera es pasmoso. Como resultado de la incompetencia gerencial, la corrupción, la falta de inversión, unas duras sanciones impuestas por Estados Unidos y el deterioro de la infraestructura eléctrica, una mermada producción de crudo que apenas rasguñaba más de 1,2 millones de barriles diarios para finales del 2018, se encuentra en estos momentos por debajo de los 800.000 barriles diarios. Hoy México y Colombia producen más petróleo que Venezuela, que hace dos décadas atrás, era uno de los principales competidores de Arabia Saudí. En diciembre pasado, según estudios de varias universidades nacionales, más del 60% de la población vivía en condiciones de pobreza extrema; pero en el próximo semestre estas mismas cifras pueden sobrepasar fácilmente el 75% de la población. Este colapso ha convertido a Venezuela en una nación en fuga, en el que se han marchado más de 3,5 millones de personas; pero en cuestión de semanas la presión migratoria sobre Colombia, Brasil y el Caribe entrará inevitablemente en una espiral aún más dolorosa.

Cualquier sistema político, indistintamente de su naturaleza, crujiría frente a un desastre socioeconómico de esta magnitud.

El régimen de Maduro ha logrado plantarse reprimiendo, bloqueando la realización de un referéndum revocatorio, declarando en desacato al poder legislativo, extendiendo falsas negociaciones, ilegalizando partidos políticos, violando la Constitución para convocar írritamente una Constituyente y también manipulando las instituciones para inhabilitar candidatos y simular eventos electorales, entre ellas, los comicios presidenciales. La última ola de protestas que se inició el 10 de enero de 2019, liderada por Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional, fecha en la que Maduro pretendía dar inicio a un segundo periodo constitucional sin contar con la necesaria legitimidad de origen, es sin duda el esfuerzo de mayor escala por precipitar una transición política en el país.

Tres meses más tarde —a pesar que a Juan Guaidó lo han llegado a reconocer como presidente encargado más de 60 países del planeta y cuenta con niveles de popularidad de más del 61%—, Maduro continúa en el palacio presidencial de Miraflores con apenas 14 puntos de aprobación. De modo que la única pregunta relevante para el caso venezolano es: ¿por qué no se termina de iniciar un proceso de transición democrática para restaurar la Constitución?

Venezuela en muchos sentidos apunta a la vanguardia de los nuevos tipos de autoritarismo globales que han probado ser extremadamente resistentes. Estos regímenes de nuevo cuño están construidos sobre dos pilares fundamentales: partido hegemónico y control militar. Esta combinación hace que estos sistemas sean mucho más inmunes a las crisis económicas y sociales. Son mucho más complejos de desmontar. El tema electoral es manipulado desde el plano partidista a través de un diseño hegemónico apoyado sobre el control institucional del Estado; y también del condicionamiento social del voto por medio del uso a gran escala del clientelismo político y la corrupción. No obstante, cuando la manipulación institucional de ese rostro electoral falla, estos sistemas también tienen una alta capacidad de represión tanto formal como para-estatal. En función de estas diferencias, las transiciones se vuelven más complejas que aquellas en sistemas estrictamente dictatoriales como las que vivieron los chilenos, argentinos o brasileños en el siglo pasado. Es mejor mirar a Egipto, Zimbabue, Argelia, Nicaragua, Rusia y Turquía, países con algunos de los cuales Caracas ha establecido potentes alianzas, entre las que también destacan sistemas totalitarios más antiguos como China, Irán y Cuba. Los críticos que le exigen rapidez a la oposición venezolana en el desmantelamiento de este entramado no pueden obviar esta realidad. Es un gran error caer en la trampa de la exigencia del tiempo (si no es rápido no funciona) y aceptar más bien que las rutas para lograr la transición pueden ser muy variadas; pero que dadas esas restricciones el proceso tiene ineludiblemente que incorporar a los principales factores internos de un sistema que es inherentemente inercial y resistente.

Aun así, ¿por qué no se ha iniciado la transición democrática? Las razones no tienen que ver con la falta de condiciones objetivas económicas ni sociales y mucho menos por la ausencia de suficientes presiones internacionales ni populares: la causa quizá estribe en que todavía no hay una alternativa transicional que sea lo suficientemente apetecible para aquellos factores internos que la puedan precipitar. Aún no existe en el caso venezolano una oferta pública que sea altamente atractiva para todos los actores relevantes que sostienen a la coalición dominante en el poder, incluyendo a los militares, que los induzca a aceptar los beneficios de un cambio político. Esa oferta pública, que debe ser el principal trabajo político de la Asamblea Nacional, tiene que cubrir una oferta institucional en lo militar (la amnistía es insuficiente), en lo transicional (no solo jurídico sino sobre todo en lo político para que sea lo suficientemente inclusivo y que impida que haya una cacería de brujas) y también electoral (que blinde la ruta comicial y le garantice espacios a los chavistas para que no sean barridos). Es indudable que su implementación no depende de la Asamblea Nacional, y mucho menos de Guaidó, pero para hacerla creíble —y para hacerla menos incierta—, es necesario dibujarla.

En esa implementación, los militares van a actuar corporativamente pues controlan el sector petrolero, minero y alimentario además de todo el comercio ilegal. Sus rentas pueden fácilmente representar más del 10% del PIB. Es ilusorio pensar que los militares simplemente se van a quebrar internamente a través de un golpe de estado para favorecer a la oposición o inmolarse por la revolución sin proteger primero colegiadamente sus intereses. También es ilusorio que los militares vayan a apoyar incondicionalmente a Maduro pues su supervivencia corporativa también podría estar en juego ante la magnitud del colapso económico y social. Hasta ahora los militares no han actuado como a la oposición le hubiese gustado pero tampoco han hecho todo lo que a Maduro le hubiese servido. Si actúan muy rápido le podrían dar demasiado poder a unos grupos en los que desconfían y, si actúan muy tarde, la anarquía que supone el creciente poder de grupos irregulares sobre el territorio así como el deterioro de la infraestructura, podría terminar de arroparlos.

La estrategia de Maduro es resistir en el poder. Hasta ahora ha mostrado disposición y capacidad para hacerlo. Actúa como un típico revolucionario latinoamericano. Sin embargo, en este momento Maduro aún si sobrevive no garantiza gobernabilidad, ni acceso a financiamiento para estabilizar la economía, ni capacidad para atender la crisis de servicios básicos y mucho menos la posibilidad de convencer a los Estados Unidos que remuevan las sanciones internacionales. Estas limitaciones son un problema muy serio tanto para los militares, que se mantienen leales pero muy inquietos ante un futuro que promete un desmembramiento del orden estatal y una disminución exponencial de sus rentas, como para los mismos chavistas, que aun siendo la principal minoría política del país, ven la transformación de su proyecto en una simple apuesta a ciegas por el poder. Es por ello que el proceso de cambio político, aún si se retrasa, es irreversible. El régimen difícilmente pueda volver a donde estaba hace meses atrás, mucho menos ahora con la profundización de la crisis eléctrica y los problemas de suministro de agua en todo el territorio nacional.

Por otro lado, Guaidó es un fenómeno político de masas, lo cual es sorprendente tanto por lo vertiginoso como por los pocos medios independientes existentes; la Asamblea Nacional está fortalecida y reconocida internacionalmente como la única institución legítima por lo que cualquier salida pasa por ella; y a pesar de la migración y de las penurias económicas, la gente se mantiene movilizada ante una demanda de cambio que es prácticamente infinita. Estas fortalezas no las tiene la oposición democrática ni en Egipto ni en Turquía ni en Rusia. Tampoco en Nicaragua.

Transcurridos tres meses desde los eventos posteriores al 10 de enero de 2019, cada vez resulta más claro que lo único que puede estabilizar y relanzar a Venezuela son unas elecciones justas y libres. No hay otra salida. Pero es prácticamente imposible llegar a ese objetivo sin una negociación que genere una transición política con plenas garantías democráticas para todos, incluyendo incluso a aquellos que controlan el poder. En Venezuela, ya no hay rutas exprés para producir esa transición porque no hay imposiciones unilaterales. De modo que la transición no es posible decretarla, sino que es necesario acordarla políticamente a través de mecanismos de negociación que muy probablemente sean secretos. Cualquier otra opción, que no sea concertar políticamente un cambio radical del modelo existente, es condenar al país a la profundización de un mayor caos económico y social, lo cual va a conllevar a repercusiones migratorias aún más grandes en el resto de América Latina. Las distintas fuerzas del país, por más que desconfíen el uno del otro, no tienen ninguna otra posibilidad sino comenzar a cooperar para producir un escenario de este tipo. Tan solo de esta manera, Venezuela puede llegar a superar la miseria y la oscuridad en la que se encuentra tristemente sumergida. La transición está cerca pero requiere de mucha astucia y olfato político para ser construida.

11 de abril 2019

El Pais

https://elpais.com/internacional/2019/04/10/america/1554907887_034522.html

 8 min


Con voz propia

Con el título de esta columna destacaba Quinto Día (16 enero 2009) las declaraciones que Teniente Coronel Hugo Chávez había suministrado una década antes en el canal Televen, cuando era candidato presidencial. Además destacaba: “no tengo compromiso con Fidel Castro”.

Ya lo había precisado en documento que encabezó con su firma desde la cárcel, junto a 30 compañeros de la acción golpista del 4 de febrero 1992: ¿Por qué insurgimos? era su título. Y se respondía que “Por una Democracia Mejor/Nunca por el Comunismo”.

En habla el Comandante, HCh le declara al historiador Agustín Blanco Muñoz que se aparta de la izquierda insurreccional. Reitera en suplemento cultural del actual oficialista diario Últimas Noticias (13-12-1998) que “no es ni de izquierda, ni marxista ni antimarxistas”.

Motivó al MBR-200 (Movimiento Bolivariano Revolucionario surgido en el Bicentenario del Libertador) para erradicar a los “usurpadores de la soberanía política”:

“De los traidores a la Patria, de los saqueadores de la Hacienda Pública, de los hambreadores del pueblo en provecho propio, de los traficantes de honras y conciencias y de los destructores de todos los valores éticos y morales que legaran el Padre de la Patria y los libertadores”, dicen en manifiesto” 4 de Febrero, producido desde la prisión por la asonada golpista de 1992. Cualquiera parecido…

Quienes arriesgaron su carrera militar y hasta su propia vida, no tardaron en comprobar que cuando arribó el líder HCh al Poder, “Se cayeron las caretas, se vieron las agendas ocultas”, según acusó el Capitán es Ismael Pérez Sira. “Su régimen comunista actúa junto a un grupo delincuentes que ahora dirigen el país, para enriquecerse y oprimir el pueblo”, denuncia el Capitán Carlos Guyón Celis.

Así lanzó al cesto de la basura sus pregones ideológicos y se cobijó con el castrismo cubano, con la Rusia y con China.

En la crisis humanitaria que conmueve al mundo democrático consecuencia de una hiperinflación sin precedentes, las tres naciones comunistas accionan directamente en la perduración del castrense régimen, de acuerdo a sus propios intereses.

Constituyó estupor el reciente arribo de aviones rusos con un centenar de efectivos militares y también cargamento militar.

La población no debe alarmarse- replicó el ministro de la Defensa, General Vladimir Padrino López- “Para nadie es un secreto que nuestro país tiene relaciones de cooperación técnico militar con Rusia”.

Tampoco es secreto que Venezuela es el mayor importador de armas rusas y equipos militares en América Latina y que el régimen de la sobreviviente nación de la URSS ante la actual situación de nuestro país, el viceministro de Finanzas de Rusia exija la inmediata cancelación de 100 millones de dólares por intereses vencidos de la deuda de préstamos otorgados.

La transformación de HCh se radicalizó cuando el alto mando militar del 2002 le impuso la renuncia que él aceptó y gracias a quien había sido su consecuente compañero de la subversión, Raúl Isaías Bael, le restituyó el Poder.

Detrás de la Rusia no se queda el Imperio Chino. Envió 120 militares como parte del “programa de cooperación”.

Vergonzosa para histórica dignidad de la FAN la declaración de socialista comunista que se manifiesta en instalaciones castrense. Por rechazar esa nefasta política unos 160 militares con predominio de los oficiales de alto grado, están encarcelados y hasta sometidos a bestiales torturas. Alarma la diáspora castrense y más, la solicitudes de baja de los efectivos. Sólo en el Ejército se producen unas treinta diariamente.

La incapacidad gerencial del reconvertido en comunista narco régimen suma el récord en mega apagones a la cual somete al bravo pueblo venezolano.

Al MARGEN. Humillante para quienes sienten vergüenza, es una política de chantaje en suministro de agua. En el reparto llevan equipos de televisión para que los “beneficiados”, elogien al usurpador.

jordanalberto18@yahoo.com

 3 min


Adriana Moran

No puede ser que a estas alturas veamos el estilo confrontacional del régimen como una novedad. La confrontación ha sido el estilo de la mal llamada revolución del siglo veintiuno desde el inicio. Con ella se subió a su primera tarima, construyó su narrativa, alimentó sus discursos incendiarios y ha mantenido cohesionados a sus seguidores más fanáticos pegados a ese cuento de guerra permanente que los hace sentirse fuertes más allá de toda racionalidad. Y no sólo eso, ha intentado por todos los medios, durante años, que le respondamos de la misma forma para que esa llama belicista que tiende a apagarse cuando hablamos desde la civilidad que expone sus falencias, permanezca ardiendo.

¿Por qué asombrarnos ahora, cuando de este lado se le da protagonismo a su enemigo preferido y se lo amenaza con invasiones y ejércitos, bloqueos y sanciones, revueltas y violencia, de que su respuesta sea el avivamiento de esa llama? ¿Dónde está la rareza de que responda con paredones de ajusticiamiento u otras formas de castigo medievales a quienes deciden entrar en el juego que a modo de trampa preparó para nosotros? Si en su momento de mayor debilidad y acogotamiento, cuando hasta sus más cercanos dan muestras de cansancio frente a tanto desatino, en lugar de buscar sus debilidades y exponerlas como llagas, renunciamos a ejercer nuestra verdadera fuerza y lo complacemos en su mayor fantasía, no podemos esperar que nuestra acción produzca otra reacción diferente que la que ha estado cultivando con perverso esmero.

Recoger los vidrios rotos de tanta amenaza y tanto grito y ubicarnos todos en el sensato punto de formar un grupo unificado en el propósito de ejercer nuestros derechos y reclamar desde nuestra razón indiscutible y acción ciudadana la salida democrática a la que tenemos derecho, no será fácil. Renunciar a la tentación de responder en sus mismos términos, diferenciarnos de ese deseo de destruir al otro después de cosificarlo, es una tarea ardua. Pero hay que hacerla. Aunque las puntas de esos vidrios estén muy afiladas. Aunque haya quienes sigan rompiendo alguno mientras intentamos recogerlos. Porque la urgencia sólo podrá resolverse colocando la realidad como prioridad y desarmado de amenazas inútiles a quien las necesita para sobrevivir en medio del caos. Ellos no son invencibles. Aunque lo repitan mil veces. Pero lo serán si nosotros insistimos en creerlo y nos damos por vencidos.

Abril 09, 2019

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2019/04/adriana-moran-la-logica-del-par...

 1 min


Nicolás Maduro aterrado, incrédulo, revolviéndose en su indignación comunistoide le costó aceptar la participación política contendiente del 06 de abril, que casi como el clarín ciudadano, demócrata con coraje, vergüenza y gentilicio democrático avisa que están dispuestos a reinstalar la democracia liberal en Venezuela. Ese marco de participación política contendiente frente a un régimen en contra, disminuido y responsable por la más grave desgracia económica, política, social y sobre todo humana, producida sobre una sociedad noble y buena no le quedó al régimen otra reacción que una huida sin sentido. Es tan torpe y cobarde, tan groseramente torpe, que lo único que se le ocurrió fue sacar del espacio de la política domestica frente a la enorme manifestación de rechazo, demandar públicamente un proceso de negociación.

Nicolás Maduro no entiende que sienten hoy 2019 los venezolanos y se atreve todo tembloroso a invocar de manera pública otro proceso de negociación. ¡Qué cobarde, qué absurdo, qué farsante!.... Nicolás Maduro invocando una Negociación. No ha terminado de comprender por ignaro que la única negociación que reclama la masa mayoritaria de venezolanos demócratas, es que abandone el poder. Que abandone el poder, porque desde hace tiempo lo está usurpando y lo usurpa por arbitrario al violar la Constitución, amparado además por un cuerpo armado cobarde, irresponsable y farsante que desde 2002 le dio la espalda a la ética militar, al espíritu militar, y a la responsabilidad del elemento militar frente a la sociedad de la cual deviene y a la cual regresa.

Nicolás Maduro y Padrino López por desconocer la política, por imponer la polemología a troche y moche desde el 20 de octubre de 2016, pero además porque le falta el coraje cívico de cualquier político para comprender que es depreciado y rechazado por la mayoría de los venezolanos, tiene que entender lo que significa la participación política contendiente del 6 de abril. Casi se le olvidó que son los ciudadanos quienes respaldan y sostienen a un gobierno, y la mayoría de los ciudadanos está exigiendo que se vayan. Y lo seguirá exigiendo hasta que ese evento ocurra más temprano que tarde. Es decir, con la transición política, la resistencia civil y la desobediencia ciudadana se arribará a la huelga general y tendrán que irse.

La huelga general de los demócratas en Venezuela, será la figura de rechazo para mostrar el mayor fracaso y desprecio por un grupo de asaltantes del poder político, que instrumentando de manera primitiva la supuesta eficiencia del militarismo hoy muestran a un país destrozado físicamente, territorialmente, organizacionalmente, peor… más grave aún un régimen lleno de corrupción, de incapacidad, y de perversiones capaz de haber creado una sociedad ahuecada, una calamidad político social que ha terminado en el más doloroso hecho político social, la diáspora. Diáspora que desde donde esté, anima, inyecta y fortalece el gran rechazo por Nicolás Maduro.

La huelga general, terminará de aterrar a Nicolás Maduro, pero no habrá negociación, no habrá diálogo, lo que habrá será la voluntad férrea, la decisión única, democrática y el ejercicio del poder político del ciudadano, reordenando la ecuación política de un país, que después de una democracia inconclusa ha tenido que padecer de un maldito militarismo obsecuente, comunistoide que ha permitido que Venezuela sufra y padezca la ignominia y la violencia de hombres y mujeres incapaces que ejerciendo el gobierno , solo lo han usufructuado para el asalto , para el negociado y para su beneficio personal.

El terror de Nicolás Maduro y su gobierno militarizado tiene que prepararse para el más crítico y definitivo espectáculo político que surgirá de la creciente transición política, de la mano del poder ciudadano. Entendido como la voluntad individual y colectiva para que la ecuación política democrática reinstale al sujeto, al ciudadano por encima de la colectividad y del Estado. A un ciudadano amante de la Constitución y de las leyes, consciente de que el siglo XXI le impone grandes responsabilidades, retos y metas donde quizás la primera, es vislumbrar en lo inmediato la República. República cierta, exigente, ordenada cercana al crecimiento y al desarrollo en todos los ámbitos pero fundamentalmente en el de la ciudadanía.

La ciudadanía ha comenzado a crecer, a inspirarse en el ejercicio de la política, ha sacrificarse en extremo en sus necesidades, a padecer limitaciones absurdas y a comprender que solo por este camino - el de la participación política contendiente- mediante la Transición Política, hará que el atemorizado Nicolás Maduro termine de verificar que no es presidente, que no es político, que no es nada en la política de Venezuela. Perdón…sí es una gran vergüenza, es un actor irresponsable, que por torpe e ignorante todavía no sabe, que la gran tendencia del mundo, es la democracia, y que Venezuela tiene el gen democrático por encima del grotesco militarismo perruno, que hoy de espalda a la República, intenta amedrentar a una ciudadanía valiente y dispuesta a reponer la democracia liberal.

Es original,

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 9 de abril de 2019

[1] Diccionario Esencial de la Lengua Española. Real Academia Española de la Lengua, p. 446.

 4 min


Américo Martín

Juan Guaidó y su principal soporte institucional, que es la Asamblea Nacional, se consolidan con los días. Tanto el presidente interino como el poder legislativo han sido arbitrariamente inhabilitados al tiempo que enaltecidos aquí y en el mundo. Mientras más agredidos, más pulido el acero de su cauce. Guaidó es mandatario provisional conforme al artículo 233 constitucional y la Asamblea Nacional es la única rama del Poder Público que puede jactarse de su constitucionalidad formal y su legitimidad real: goza de legalidad por emanar de una elección irreprochable, y de legitimidad por contar con la aceptación ampliamente mayoritaria del país, del Hemisferio americano y de, hasta ahora, más de 50 Estados-miembros de la ONU.

La volcánica tragedia y la desesperada resistencia de los venezolanos no permiten que semejantes convicciones sean relegadas. El régimen alterna perversidades contra Guaidó y la Asamblea Nacional. Sabe que arriesga todo si materializa su plan de exterminio, pero persiste. Deshoja la cebolla con el joven líder, le atribuye falsos delitos y complicidades,

Cualquier carrera presidencial suscita rivalidades. Es posible que los méritos de Guaidó, conjugados con circunstancias que él y la AN han aprovechado con maestría, alienten enfrentamientos. El drama del oficialismo es que no puede incentivarlos mucho sin descubrir el juego al poder sancionatorio internacional. Guaidó es una realidad, su articulación con la Asamblea es universalmente apoyada. No por casualidad es víctima principal del encolerizado oficialismo. La victoria democrática pasa por defenderlo a todo dar. ¿Cómo escapan, a valiosos opositores, esas obviedades? Enervar los actos del liderazgo reconocido solo conviene a la cúpula de Miraflores. El fracaso de Guaidó arrastraría a todo el país

Buscando en el carácter hispanoamericano la razón de la sinrazón que vela el juicio de gente inteligente, releí mis fichas de Américo Castro, Ortega y Gasset, Menéndez Pelayo y José Enrique Rodó. Encontré respuestas al ilógico regodeo en fórmulas que no aceptan el renacimiento de Venezuela si “malas compañías” (¿quién probó que lo fueran?) lo manchan con su presencia. Ganar la más grande de las causas no es más importante que dejar la reputación en alto, al punto de sacrificar primero aquella que ésta. En la misma vía va la pasión por restar y dividir con el objeto de reducir el movimiento al exclusivo club de quienes piensen como uno y confundan la justicia con la venganza. “Si se incluye a chavo-maduristas decepcionados, renacerá automáticamente la dictadura” Ese “eticismo” nada tiene en común con la Moral, siempre abierta a sanas rectificaciones, ni con la Historia, si solo recordamos que los grandes virajes político-sociales tendieron la mano a oleadas de disidentes de la corriente rival. No se autocondenaron a la derrota por la absurda intolerancia de rechazar a quienes, asumiendo el riesgo de romper con el Poder, decidieron sumarse a la causa democrática. Es, en otro sentido, la ilusión de trascendencia del sabio atorrante que no se “ensucia las manos” apoyando, llegado el caso, al mejor aviado para triunfar.

Cervantes resalta otro ángulo, más bien cómico: luchar para que nos vean luchar y no para vencer.

– ¡Dichoso el soldado que cuando combate sabe que su príncipe lo está mirando!

Pelear, pues, no es nada; que lo miren pelear, es todo. Incluso se enaltece a quien se abstiene cubierto de frases rotundas que protegen su dignidad. Juan de Austria probablemente no vio batiéndose al célebre manco. Si fue así, Cervantes no lo olvidó. Era hispano. El mejor.

¿Habrá quien crea que Guaicaipuro está más en nosotros que el milagro literario de don Quijote?

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