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Opinión

Daniel Gómez

“Rusia lo que está haciendo es defender sus propios intereses”. Por eso apoya al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, y al mismo tiempo mantiene un canal abierto con los aliados del presidente encargado, Juan Guaidó. Esto se lo dice a ALnavío Mira Milosevich, investigadora principal del Real Instituto Elcano, y autora del informe Rusia en América Latina: repercusiones para España, que se acaba de presentar.

Mira Milosevich es investigadora principal del Real Instituto Elcano y profesora asociada de Russia’s Foreign Policy del Instituto de Empresa. Este jueves, en la Casa de América de Madrid, presentó Rusia en América Latina: repercusiones para España, un informe que recopila y ordena toda la información fiable que existe sobre Rusia en la región.

De los datos y opiniones presentes en el informe, se extrae una revelación que para muchos resultará sorprendente. Rusia no es una potencia. No en los términos clásicos con los que se mide este concepto.

Lo que nadie puede dudar, sin embargo, es que Moscú es un factor influyente en la región. Sobre todo, en Venezuela, un país sumido en una crisis política y con dos bandos claramente enfrentados: el del presidente encargado, Juan Guaidó, reconocido por más de 50 países, incluidos EEUU y la mayor parte de Latinoamérica, y el del régimen de Nicolás Maduro, cuyos únicos aliados de peso con los que cuenta son China y Rusia.

De Rusia se dice que puede ser un actor clave a la hora para destrancar la situación en Venezuela. De hecho, ya hay aliados de Guaidó conversando con Moscú. Y, por el contrario, ya se sabe que el equipo de Maduro tiene línea directa con el Kremlin. ¿Qué pasará? Milosevich despeja algunas dudas en una conversación con ALnavío.

- ¿Por qué Rusia siempre es el malo de la película?

- No cae a todo el mundo mal, y a los que cae mal, creo que es por dos razones. Una es por el tópico de la Guerra Fría, y empezando por James Bond, los malos siempre han sido los rusos. La segunda razón es que, desde la llegada al poder de Vladimir Putin, y sobre todo a partir de 2007, este ha declarado que especialmente la OTAN, Occidente y los Estados Unidos son enemigos y los que directamente amenazan la seguridad nacional de Rusia. Tanto EEUU, como la OTAN, son líderes del mundo occidental, el mundo que tiene una poderosa diplomacia pública a la hora de definir amigos y enemigos. Una poderosa máquina, empezando por Hollywood. También creo que hay una serie de asuntos objetivos que han llevado a la ruptura de cooperación con Occidente. Estos son la guerra con Georgia en 2008 y lo ocurrido en Crimea y Ucrania en 2014.

- ¿La relación con Venezuela es otro motivo para desconfiar de Rusia?

- La relación con Venezuela es muy compleja. El límite del poder de Rusia se verá en Venezuela. Lo que pasa es que no se puede definir dónde está este límite porque no tenemos bola de cristal. En cualquier caso, el hecho de que Rusia haya pospuesto el pago de la deuda de 2017 a 2023 a cambio de controlar buena parte de Citgo [filial de PDVSA en EEUU] y a cambio de derechos de exploración de los lugares emblemáticos de los recursos de Venezuela es una clara señal de cómo un país puede aprovecharse de otros más débiles sólo porque el gobierno se quiere mantener en el poder a cualquier precio. La oposición venezolana está en contra de los continuos acuerdos con Rusia, que están vendiendo prácticamente la mitad del país. En este sentido, Rusia no es un actor en el que la misma Venezuela puede confiar. Sí, ayuda al régimen a mantenerse en el poder, pero los que están en contra del régimen no lo apoyan como un régimen constructivo. Es obvio que los Estados Unidos no lo percibe como tal. Como ha sido el caso de Siria.

- Usted dice que Siria no es Venezuela.

- En Siria, Rusia se ha salido con la suya. Los EEUU querían un cambio de gobierno y la salida de Bashar al-Asad, mientras que Rusia ha querido lo opuesto y lo ha conseguido. En Venezuela es mucho más complicado. Tanto para EEUU, como para Rusia. A ninguno de los dos le agrada la idea de una intervención militar. En este sentido, la percepción de Rusia como actor poco constructivo es porque tiene objetivos opuestos. Y lo que es muy llamativo en el caso de Venezuela es que los países vecinos apoyan a EEUU. Los primeros que han reconocido a Guaidó son los países de la zona. Y en el Grupo de Lima, Rusia no es miembro.

- ¿Puede colaborar Rusia con la transición que plantea Juan Guaidó en Venezuela?

- Rusia quiere apoyar a Maduro porque lo considera una parte del derecho internacional. No reconoce el derecho de ningún actor extranjero en derribar un régimen. Eso ha demostrado en Siria. Eso está demostrando en Venezuela. Por otra parte, Putin ha hecho negocios con Maduro y tienen acuerdos personales. Y, por último, Rusia quiere cobrar su deuda. Por eso mantiene relaciones con la oposición. Sea constructivo o no, dependiendo cómo se mire, es un actor importante y necesario para consultar. Dicho esto, Rusia no es un país que puede ser mediador entre la oposición y Maduro. Rusia, al final, lo que está haciendo es defender sus propios intereses.

- Usted lo dice en su informe. Rusia no es una potencia, pero lo cierto es que en América Latina todos la consideran como tal…

- Se habla de Rusia en estos términos porque es una potencia virtual y está presente en medios de comunicación en español. Tiene una presencia histórica durante la Guerra Fría y antes de la Guerra Fría. Está la migración rusa de las comunidades judías antes de la Revolución Rusa. Se habla de Rusia porque es activa. Y porque también sorprende que, debido a su debilidad económica, que la tiene, es un país que ha conseguido jugar muy bien la partida con cartas bastante malas. La UE es mucho más rica que Rusia, pero no es un actor estratégico, como sí lo es Rusia. Y en cierto modo Rusia también es un actor estratégico por su poder militar y nuclear.

- Pero qué es más importante en este momento, que Rusia sea una potencia militar y nuclear, o que Rusia se una potencia manejando la información.

- Rusia es una potencia nuclear y siempre lo será, pero creo que estamos en el siglo XXI y las armas nucleares no son instrumentos que un país usa diariamente. Es un buen método de disuasión y de prestigio, eso sí. En este sentido son más útiles las redes sociales y los medios de comunicación teniendo en cuenta que Rusia es una potencia virtual. Lo es porque tiene medios de comunicación, y también es virtual porque su presencia puede ser mayor en América Latina.

- El término virtual también se asocia a Rusia cuando hackea redes y crea campañas de desinformación…

- Son dos cosas diferentes. Hasta ahora, un ciberataque es muy difícil de atribuir, porque una de las cosas que garantiza un ciberataque es el anonimato. Nadie hace un ataque cibernético, sino que lo pasa por redes. Los ciberataques más conocidos vienen de China y Corea del Norte. No de Rusia. Aunque está la cuenta del Partido Demócrata en Estados Unidos hackeada por los rusos. En Latinoamérica, sin embargo, no hay constancia de algo así. De lo que sí hay es de la propaganda y campañas por redes sociales con participación de Rusia en México y en Colombia con usos de falsas cuentas de Twitter, el uso de bots y trolls... Cosas demostradas en los países latinoamericanos, pero también en Cataluña, en Europa. Lo que se refiere a las noticias falsas y la desinformación es un fenómeno muy presente, pero que, en ningún caso, ni siquiera en EEUU donde se ha investigado dos años el asunto, se ha demostrado que Rusia haya tenido una influencia decisiva en los resultados electorales.

Al Navío

Viernes 29 de marzo de 2019

https://alnavio.com/noticia/18036/actualidad/el-limite-del-poder-de-rusi...

 6 min


Pedro Vicente Castro Guillen

Este encabezado un tanto raro obedece a que la Contraloría General de la Republica usurpada por la kakistocracia roja se pronunció con una inhabilitación chimba al Presidente (E) Don Juan Gerardo Guaidó Márquez. El Señor Presidente lo puso en su sitio con una verdadera sentencia corta y precisa al Sr. Amoroso: ni Usted es contralor ni la asamblea comunal es legal. Sencillito, sin mucho hablar. Entonces aquí lo que se aclara que los organismos confiscados por la tiranía no son legales y mucho menos legítimos, es por ello que la Sra. Ortega sigue siendo Fiscal General de la República y hay un Tribunal Supremo que ejerce en el exilio.

Que esto no se lo puedan tragar los rojos, eso está muy claro, porque para ellos es muy duro de entender que el Presidente (E) es el resultado de una habilitación política Constitucional y democrática realizado por el único poder aún legitimo como lo es la Asamblea Nacional. Se realizó un acuerdo político que produce la investidura de Juan Guaidó como Presidente de la Asamblea Nacional y el resto ya lo conocemos todos los venezolanos.

Esto nos lleva a que no es verdad que hay dos presidentes: hay un presidente encargado y un usurpador del poder que, cada vez más dicho sea de paso, tienen menos poder real, porque ha perdido capacidad para manejar recursos reales y simbólicos muy significativos, como por ejemplo, la alianza de las relaciones exteriores que importan en este momento la dirige Juan Guaidó con sus principales aliados los EE.UU. el grupo de Lima y la Comunidad Europea. Ha perdido fuerza Maduro en el manejo a voluntad de la industria petrolera y de las finanzas internacionales del país. Pero además Maduro no controla la economía que esta desbocada en un proceso de hiperinflación infinito y el actual colapso de la infraestructura eléctrica lo deja con un país paralizado en el que prender el Metro o enviar agua se convierte en un dilema perverso para el régimen y un verdadero suplicio para los ciudadanos. El régimen sólo cuenta, es verdad, con la represión brutal de los colectivos y de las Fuerzas policiales, concedo que eso no es menor, pero eso también lo debilita porque le genera un rechazo extremadamente fuerte de la comunidad internacional, lo aísla, como lo acabamos de ver con el contundente informe de la Comisionada de Naciones Unidas Michell Bachelet. Las mandíbulas de las sanciones en cabeza de los principales capataces del régimen no van a aflojar a menos que se allanen y estén dispuestos a dejar el poder.

El Presidente (E) Don Juan Guaidó, ha planteado la operación libertad que pone cabeza de todos los ciudadanos la inmensa, perentoria e ineludible tarea de sacar del poder a Maduro y sus turiferarios. No es posible pensar que nos vamos a quedar en casa esperando o viendo por TV como los gringos sacan del poder a los rojos. Tenemos que salir a echarle corazón, organizarnos como se nos ha planteado y plantarle cara al régimen.

Eso es lo que toca. El Presidente (E) Guaidó ha dicho muy claro que no va invocar el 187-11 sin garantías de que se vaya a ejecutar una medida de semejante calibre, que lo hará sólo cuando sea posible, porque ha sido muy claro en plantear que no estamos solos, que el mundo democrático nos apoya. La posición de los EE.UU., el Grupo de Lima y la UE, sostienen el mismo libreto que el liderazgo interno: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

El régimen se acaba de volver a equivocar cuando rechaza la proposición de Federica Mogherini alta representante de Política Exterior y Seguridad de la Unión Europea para unas elecciones libres, porque en la actual situación la banda roja no puede sostener la negativa a una solución pacifica sin que eso tenga consecuencias nefastas para ellos. Vuelvo a un punto, todos los días se produce en la Comunidad Internacional eventos catastróficamente significativos para el usurpador; Antonio Guterres Secretario General de la ONU, quien se había mantenido en el hilo de la neutralidad casi absoluta en relación a Venezuela, se acaba de pronunciar contra el arresto de arbitrario de Roberto Marrero, una vuelta de tuerca más que un Organismo de tal calibre se manifieste sin ambages contra las arbitrariedades de la tiranía sin dejarle ningún tipo de juego en el escenario internacional, más allá de actos de efectismo como la traída de los militares rusos, que les valió una vapuleada por parte de la cúpula de los EE.UU.

Entonces, lo que los venezolanos, contrarios a la kakistocracia roja, estamos obligados a emprender es respaldar disciplinada y combativamente la posición del Presidente (E) Guaidó y prepararnos para luchar por nuestra liberación, por que es nuestra responsabilidad independientemente de que la ayuda externa va a estar presente en la operación libertad.

@pedrovcastrog

 3 min


Violencia extrema ideologizada chavista-madurista fue lo que mostró el Ejército Popular en su primera batalla en el puente de la Av. Fuerzas Armadas, como colectivo de la revolución castrocomunista, que apuesta anclar la guerra civil en Venezuela para intentar contender su derrumbe imparable, como régimen militarista palanqueado por un cuerpo de generales, mandados por Padrino López, quien se autodefinió el 5 de mayo de 2018 como marxista-comunista-leninista. Ese Ejército Popular demencial, borracho de maldad, de salvajismo, en un “pasaje de líneas” en su ataque a una zona urbanizada desplazó a la policía –inepta- para arremeter de manera criminal contra la ciudadanía venezolana y fue derrotado.

Ejército Popular que muestra el bestiario de la revolución bonita, exhibió prontamente su incapacidad para destrozar la estructura de concreto, que sirvió de área fortificada a un grupo de ciudadanos que reclamaban agua, luz eléctrica, servicio telefónico y seguridad policial, todos responsabilidad elemental de un gobierno que por ladrón, inepto y primitivo no ha podido… ni podrá hacerlo. En consecuencia, el Ejército Popular derrotado ya sabe, que no podrán matar a los demócratas, que los ciudadanos están dispuestos a defender sus derechos y hacer su reclamo, que no es otra cosa más que la salida del gobierno y del poder político de esta revolución perversa -desgracia histórica y vergüenza política- en la cual los hombres de uniforme, como sostén de esta tiranía, tendrán que rendirle cuenta a la historia y a la sociedad democrática venezolana.

La combinación de gobierno maula, más cuerpo armado corrompido, más un Ejército Popular escoria social ¡No podrán cercar la democracia ciudadana! que crece en su decisión política, para desplazar la desgracia más terrible que ha afectado a Venezuela en su historia política. Ya deben tomar nota cierta quienes disfrazados de pandilla enmascarada, armados como Ejército Popular y trasladados en moto, creen que la sociedad democrática puede ser arrinconada por tarifados que se imaginan podrán detener la decisión civilista de mujeres y hombres crecidos en la democracia como modelo de vida política.

El Ejército Popular como masa social perversa nacida de la arbitrariedad, impulsado por el terror y dispuestos actuar como masa de choque de un régimen agotado, agotado por inepto y atrabiliario, tiene que medir el coraje y la convicción ciudadana democrática que no tiene espacio, pero más claro aún, configuraran una respuesta. Respuesta política de acción… la Transición Política que culminará con la desobediencia ciudadana, con lo cual el régimen no tiene ni tendrá ninguna posibilidad de maniobra ni espacio, ya que a partir de allí la ley y los tribunales actuaran en apoyo al Orden Social de una democracia renovada como modo de vida decente.

El régimen madurista-militarista que hoy encubre al Ejército Popular forajido son herederos de la conspiración y militarismo obsecuente, cobarde e inmoral basado en mafias internas y externas anclados en el paramilitarismo. Conspiración para la violencia, la propaganda y la guerra psicológica, que ya las entiende el ciudadano democrático y está dispuesto a enfrentar los colectivos criminales, a sus protectores inmorales, y al cuerpo armado que lleno de corrupción, ineptitud y cobardía, ha dado la espalda a los demócratas y la democracia, pero presienten inequívocamente un cambio político.

Un cambio político cuyo inicio es enfrentar y derrotar las huestes de tarifados y perversos colectivos, embriagados de la locura primitiva de la violencia y la sin razón –a tal extremo- que desconocen la Constitución, el buen vivir, y la cultura política de este país republicano. Cambio político que desplazará este desgobierno inepto y farsante que ha llegado a tal nivel de cobardía, que emplea su Ejército Popular –masa social fétida y cobarde- para que en forma cubierta accione como criminales enmascarados. Enmascarados y con armas largas, que en su primera batalla pública y campal fueron medidos y derrotados por unos valientes demócratas, listos y prestos a responder a la barbarie que ya no tiene más espacio en esta tierra de la decencia y de la dignidad cívica, aunque el gobierno maula, su cuerpo armado corrompido y su Ejército Popular pretendan atemorizarlo.

El Ejército Popular derrotado en el puente de la Av. Fuerzas Armadas en su “pasaje de línea” como masa social, nacida de la arbitrariedad, del terror y del miedo, ya tiene su respuesta, la derrota. ¡Que no la olviden! Otra manifestación es el resquebrajamiento social que se observó esta mañana, cuando la masa de venezolano superó las bocas de fuego de la Guardia Nacional. A esa sigue un resquebrajamiento silente, con la cual se llegará a la fractura y luego a la Transición Política. Los barrios de venezolanos nobles de Caracas y de toda Venezuela -como expresión democrática- tienen lista su respuesta ante la cobardía del Ejército Popular, colectivos enmascarados, brutal expresión de la desgracia social impuesta por esta maldita revolución. No hay más espacio para la violencia, habrá respuesta civilista y heroica.

La Venezuela decente, democrática, ha decretado su consistencia social frente la violencia sistemática, la fuerza irracional, la corrupción, la ignorancia y las mafias armadas. Después de esta primera batalla, todos los que se opongan al futuro democrático conseguirán una respuesta cierta, valiente, decidida y voluntariosa con los demócratas del siglo XXI.

Es original,

Director CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 02 de marzo de 2019

 4 min


Recientemente, el Presidente Encargado de Venezuela Ingeniero Juan Guaidó y su grupo de trabajo, designaron autoridades para las directivas de Monómeros Colombo Venezolanos y Pequiven. Esto se considera muy importante, ya que los agricultores permanentemente se quejan de la falta de insumos, con énfasis en la escasez de fertilizantes y su efecto determinante sobre los rendimientos de los cultivos. Quizás este reclamo motivó al gobierno interino a tomar esa decisión, ante la actitud del régimen que se denota por las declaraciones de Nicolás Maduro en diciembre de 2017 cuando señaló: “papá Estado no les puede proveer de todo, tienen que buscar sus insumos. Hay que parir compadre”.

Por supuesto, siendo los fertilizantes el insumo más solicitado por los mismos agricultores, y teniendo Venezuela los recursos que le permitirían suministrarles la mayor parte de estos productos, ha sido muy oportuna la designación de nuevas autoridades para estas industrias petroquímicas.

No todos conocen lo que es Monómeros Colombo Venezolanos (MCV). Esta empresa se crea con el nombre de Monómeros de Colombia en 1967, como una sociedad de responsabilidad limitada en la cual participaba el Instituto Venezolano de Petroquímica (IVP). Se inicia con la producción de caprolactama que es una molécula derivada del tolueno, utilizada en la síntesis del nylon. En 1968 pasa a denominarse Monómeros Colombo Venezolanos, S.A. En 1985, para aprovechar las ventajas del Acuerdo de Cartagena se transformó en una empresa Multinacional Andina. En 1990, entre MCV y el Grupo Clipper que es una empresa naviera danesa, se crea la Compañía Naviera Compass Rose Shipping, Ltda, para prestar servicio de carga a Colombia y Venezuela desde algunos países de Europa, África Occidental y USA.

En el año 2002, MCV adquiere la operación de fertilizantes de la empresa Cargill en Colombia, para producir fertilizantes en una planta en Buenaventura, ubicada en el Pacífico colombiano, y proceder a su comercialización. Para el 2006, Pequiven adquiere el 100% de las acciones de MCV y para el día de hoy es una filial de Pequiven.

MCV produce actualmente una amplia diversidad de fórmulas de abonos NPK complejos, productos simples y mezclas físicas, además de una línea para fertirrigación a base de nitrato de potasio y fosfatos de amonio. Se estima que en el 2018 MCV logró suplir un 20% del mercado de fertilizantes en Colombia. Esto demuestra el gran apoyo que pudiera dar MCV al suministro de fertilizantes para la agricultura venezolana.

Por otro lado, Pequiven es la gran industria de fertilizantes del país, con sus plantas en Morón-Carabobo, El Tablazo-Zulia y Jose en Anzoátegui, las cuales, a pesar de tener una buena capacidad instalada, operan a muy bajo ritmo o no operan. En gran medida, esto es causa del desabastecimiento de fertilizantes para nuestra agricultura.

Recordemos que Pequiven puede producir todos los fertilizantes nitrogenados y fosfatados que necesitamos, ya que tiene la infraestructura y las materias primas. Para los nitrogenados se necesita, entre otros, nitrógeno del aire y metano del gas natural, que serían recursos que deberíamos disponer sin limitaciones. Para los fosfatados tenemos yacimientos de roca fosfórica repartidos por buena parte del territorio nacional, que contienen recursos indicados e inferidos de 2.652 millones de toneladas de roca fosfórica (o fosforita, o apatitas), suficientes para cubrir la demanda actual de P2O5 por más de 1.432 años. Para estos fosfatados se tiene la planta de Morón y el Complejo de Navay-Táchira. Este último está en construcción desde hace más de diez años por lo que debería evaluarse su culminación, ya que está proyectado para procesar 2,5 millones de toneladas de roca fosfórica al año para producir fundamentalmente superfosfatos, que sería un gran aporte para nuestros campos con suelos ácidos y pobres en fósforo, y para exportar los excedentes.

Entonces, estas nuevas autoridades de Pequiven y MCV, tendrán un gran reto para lograr un adecuado y oportuno suministro de fertilizantes a los productores agrícolas venezolanos, como parte de la recuperación de nuestra agricultura.

Marzo de 2019.

 3 min


De nuevo hay enfrentamientos en los medios de comunicación y en las redes entre factores de la oposición, unos apoyando la ruta que ha trazado el Presidente interino Juan Guaidó, y otros que proponen cambiarla exigiendo la aplicación inmediata del artículo 187, numeral 11, donde se autorice la intervención militar extranjera. En este último grupo hay múltiples explicaciones por las que llegan a la demanda de apoyo de fuerzas foráneas, pero en todas está subyacente el de que “hemos hecho de todo” para salir de este régimen autocrático, resumido en “#SolosNoPodemos” de muchos “tuiteros”. Esta es una convicción errónea, sin sustento, en mi particular criterio. Veamos:

Las elecciones parlamentarias de diciembre del 2.015 le dimos una pela al régimen. Fue una campaña unitaria, asumiendo la gran mayoría de los factores democráticos el mercadeo de los candidatos opositores, así no les gustaran. Hubo pocos lunares, pero fue la excepción. Es decir, realmente hubo UNIDAD electoral, por eso los resultados.

Muy pocos días después, el 5 de enero, se produjo un cisma en la coalición opositora, al escoger a la directiva de la Asamblea Nacional. El fondo de la crisis fue la interpretación errónea que hizo la dirigencia política de la derrota madurista: lo vieron como el fin del régimen y, como consecuencia, lo que venía era un nuevo presidente de las filas de la alternativa democrática, cargo al que muchos aspiraban. Un dirigente nacional de uno de los partidos más activos y de mayor militancia, nos confesó que estaban divididos y que todas las decisiones fueron “matizadas” por la “candidaturitis presidencial”. Esta división explica el que cometieran graves errores, como por ejemplo, que la AN no se pusiera de acuerdo para declarar nulo el proceso de selección de Magistrados exprés del TSJ, llamando de nuevo a concurso a los aspirantes, tal como lo permite la “Ley de Procedimientos Administrativos”. Sabemos la consecuencia de ello.

Esta división marcó la gestión de los partidos políticos contrarios al régimen durante los años 2016, 2017 y 2018, asistiendo a las elecciones de gobernadores claramente confrontados, así como a las elecciones subsiguientes, llamando unos a votar y otros a la abstención. Todo este tiempo, la confrontación ha estado aderezada por la pretensión de imponer rutas, insultos y descalificaciones entre quienes han tenido posiciones diferentes en el mundo opositor. Esto se profundizó y permeó a la base social en el 2018, lo que generó dos resultados: 1) atizó la frustración, llegando a la desesperación y la desesperanza de la población venezolana; y, 2) el desprestigio de los propios partidos políticos y sus dirigentes, realidad constatada en las encuestas de opinión. Lo ocurrido demuestra muy poca capacidad del liderazgo para construir consensos, característica esencial de los buenos dirigentes, y sí mucho de autoritarismo que tanto le criticamos a los jefes del régimen.

Comenzando el 2019 se recupera el ánimo de la población, al no ser visibles las diferencias, resurgiendo las marchas y concentraciones multitudinarias, pero al poco tiempo aparece de nuevo la división, siendo Guaidó el centro de las críticas, y sobre quien deslizan sospechas sobre las causas de su comportamiento. De nuevo, vamos camino a un nuevo letargo por la desesperación de los dirigentes, lo que es comprensible en el ciudadano de a pie, pero nunca en quienes quieren dirigir un país.

Lo descrito hasta aquí apunta en una dirección diferente a la etiqueta que hace el título: “#SolosNoPodemos”, sino a “#DivididosNoPodemos”. Claro que así, sin UNIDAD, no podremos derrotar a un régimen autoritario y sin escrúpulos. Por lo tanto, y aprendiendo de los errores del pasado, la etiqueta que deberíamos utilizar es: #UnidosDerrotamosAlUsurpador, siempre que se acompañe de unidad verdadera, lo cual no niega la aplicación en el momento adecuado del artículo 187-11, menos la alianza con los países amigos, que son la mayoría del globo terráqueo, ni consulta alguna al soberano.

edgarcapriles@gmail.com

@edgarcapriles

 3 min


Jesús Seguías

Análisis

Desde el 3 de febrero pasado, cuando escribí “Hoja de Ruta sin Retorno”, he permanecido prácticamente callado. Decidí esperar con paciencia y serenidad los resultados de la estrategia opositora venezolana (Cese a la Usurpación, Gobierno de Transición, y Elecciones Libres).

A pesar de sospechar que estábamos frente a una nueva aventura política, decidí ponerme en neutro y confiar, tal como me lo pidieron varios amigos. Decidí validar sin prejuicios qué tanto se estaban tomando las decisiones correctas, y además verificar hasta dónde estaban dispuestos a llegar los actores que manifestaron que a Nicolás Maduro le quedaban “horas” en el poder.

EL DESLINDE NECESARIO

Creo que llegó la hora del deslinde definitivo en las fuerzas opositoras. Esto ayudará a liberar las fuerzas reprimidas en las partes confrontadas. Hay dos tendencias claramente antagónicas:

La Tendencia A. Por un lado están quienes quieren presionar duro para provocar un cambio a través de las armas (con consecuencias terribles para el futuro inmediato y mediato de la nación). La insistente campaña de algunos dirigentes opositores empeñados en exigir a la Asamblea Nacional que autorice una intervención militar extranjera en Venezuela, y que Juan Guaidó se ponga al frente de esta solicitud, es demostración del nivel desencuentros irreversibles que existen en el campo opositor.

Pregunto a los proponentes de la intervención militar extranjera: ¿creen en verdad que lo que hace falta para que USA, Colombia, Brasil y el resto de la comunidad internacional intervengan militarmente en Venezuela es una petición administrativa de la AN, y basada por lo demás en un artículo que sólo habla de “autorizar Misiones Militares” que cooperen con las FANB de Venezuela (hoy en manos del gobierno de Nicolás Maduro) más no de ataques militares en territorio nacional?

Más aún ¿Qué país ha dicho que está listo para intervenir militarmente en Venezuela y que sólo necesita una autorización administrativa de la AN para proceder?

¿En qué cabeza cabe que los diputados venezolanos pueden dictar órdenes a los estadounidenses, colombianos y brasileños para que expongan sus vidas en tierra ajena mientras los venezolanos se encargan de darles ánimo sin exponer su propio pellejo?

Tal como dije el pasado 10 de marzo en un micro análisis de circulación muy restringida, la propuesta de activar el Art. 187-11 de la CRBV evidencia desvarío, ingenuidad, y desconocimiento supino de la política internacional. Es normal que eso le ocurra a un ciudadano común, sin experiencia política e imbuido en horrendos sufrimientos y bajo un comprensible desespero por poner fin a esta tragedia. Pero que esa propuesta la estén asumiendo dirigentes políticos es reprobable, es totalmente irresponsable. Y más reprobable es que decidan volcar toda su ira y frustración en contra de Juan Guaidó y los diputados de la AN por negarse a semejante estupidez.

Afortunadamente, Juan Guaidó y la Asamblea Nacional tomaron la decisión de ignorarlos y actuar con madurez y sabiduría. Saben, como bien claro lo dijo Guaidó, que no estamos para más aventuras irresponsables.

¿Acaso el fracaso de la Ayuda Humanitaria el 23 de febrero no fue la mejor demostración para saber hasta dónde está dispuesta a llegar la Comunidad Internacional? ¿Qué mayor prueba que esa?

La Tendencia B. Por otro lado están los que quieren presionar fuertemente (a través de las protestas y de las sanciones internacionales) pero para forzar al gobierno a encontrar una salida negociada a la crisis, que garantice la paz y una indispensable cohesión social y política para poder reconstruir al país al más breve plazo.

El problema es que estos son fácilmente manipulables por una minoría ruidosa, demostrando con esa actitud débiles convicciones y pobre coraje para llevar adelante una estrategia. Están paralizados en la acción política.

La dirigencia opositora que cree en la vía de los acuerdos negociados a veces habla pensando en complacer inútilmente a esa minoría, abandonando torpemente a la mayoría absoluta de venezolanos que quiere un cambio sin guerra. Sus discursos son ambiguos y timoratos. Quieren estar bien con todo el mundo y finalmente quedan mal con todo el mundo. Nadie está capitalizando el descontento de las mayorías silenciosas que quieren un cambio ya, sí… pero sin violencia. Estos permanecen en el limbo y sin liderazgo. Ellos son otro mundo inexplorado por los dirigentes políticos opositores.

A estos dirigentes opositores de la segunda tendencia ni siquiera les basta el inmenso apoyo que les ha dado toda la comunidad internacional (que claramente ha dicho estar a favor de la salida negociada) para ir de frente en la ejecución de esa estrategia. Eso en política es mortal. Resultado: desaciertos, desenfoque, confusión, parálisis, y finalmente más desesperanza.

Definitiva y lamentablemente, entre ambas tendencias ya no hay términos medios, son antagónicas. Los primeros hablan mucho pero no asumen las armas (charada criolla). Y los segundos tampoco actúan en consecuencia con lo que creen realmente.

Ya no hay tiempo que perder. Los primeros que procedan, tomen las armas y se vayan a la guerra (que Dios los bendiga y los proteja en su aventura). Los segundos que se conecten con la mayoría de los venezolanos, que salgan a sinergizar con los chavistas inconformes, y que sigan presionando con todos los poderes que tengan a mano para forzar a una negociación ganar-ganar. Eso sí, deben evitar emprender cualquiera acción que atente contra el objetivo central.

Llegó la hora de definir el foco, el objetivo, y luego construir una nueva narrativa política y ponerla a rodar sin más dilaciones, con una estructura de carácter neuronal que produzca resultados exponenciales.

Esa nueva narrativa política serán las dendritas que articularán a miles de neuronas sociales y políticas existentes en el país pero que están desconectadas y, por tanto, con limitada capacidad para impactar políticamente. Son los miles de grupos organizados de la sociedad civil y todas las fuerzas políticas que aun no terminan de amalgamarse y crear una sola partitura política (la narrativa) que los envíe a la calle a conquistar a esa mayoría y presentarse al país y a la comunidad internacional como una fuerza respetable.

TRES ASUNTOS CLAVE

Venezuela está entrampada en una confrontación inútil, bastarda y suicida. Estamos al borde de la auto disolución progresiva del país. Al borde de un desenlace fatal.

Ya comienzan a sobrar los diagnósticos sobre las crisis que conmueven al país. Las denuncias y la catarsis ya no son muy útiles. Ya no queda nada nuevo por decir. Ya casi todo está dicho y definido. Es hora de tomar decisiones, con mucha determinación, total enfoque y basados en convicciones profundas.

Venezuela está ahora frente a dos hojas de ruta (la del gobierno y la oposición) que sólo conducen al infierno. No tiene sentido estar buscando culpables. Es una tarea inútil y además sesgada por la farsa, las emociones destructivas y la hipocresía. Es tiempo perdido. Simplemente hay que actuar pensando en el país como un todo.

Creo que por fin estamos entendiendo tres asuntos clave en la confrontación que afecta a Venezuela: Una. Que nos estamos comiendo un elefante, y por tanto hay que comérselo en rodajas. Dos. Que todos estamos montados sobre una bomba nuclear, y por tanto hay que desmontarla con la precisión y minuciosidad de un anti explosivista para que no estallemos todos en mil pedazos. Y tres. Que la Hoja de Ruta opositora (que parecía irreversible antes del 23 de febrero pasado) ahora debe ser revisada sin dilación.

Creo que ya estamos aceptando que en Venezuela no hay espacio para el Cese de la Usurpación en los términos planteados en la Hoja de Ruta opositora (a decir verdad, en el fondo es una réplica de “La Salida” y del “Maduro vete ya”). Ni Maduro tiene pensado renunciar, ni hay poder de coacción armado para forzarlo a irse.

Las FANB están desarticuladas en su línea de mando, los oficiales y tropas están a merced del aparato de inteligencia y contrainteligencia del gobierno, es decir, del terror. Las fuerzas armadas revolucionarias (milicias, colectivos armados, guerrillas nacionales e internacionales, grupos de asalto bien entrenados y con armas de última generación), se han convertido en el mayor poder de coacción armado del gobierno de Maduro. Es su real sustento. Es su fuerza confiable. Tienen 16 años construyéndola con propósitos claros.

O lo que es lo mismo, ya el gobierno de Nicolás Maduro tiene su propia “Guardia Republicana” la cual ha opacado el poder de las FANB como institución. Éstas perdieron desde hace rato el monopolio de las armas, y con la anuencia de la misma oficialidad.

Tanto opositores como algunos países vienen sobreestimando en rol de la FANB en Venezuela. Tenemos tiempo advirtiéndolo. Ya no son la misma FAN del 2002. El escenario de conspiración castrense está descartado. Por eso algunos políticos venezolanos y varios presidentes se equivocaron el 23 de Febrero pasado cuando afirmaron que a Maduro le quedaban horas en el poder. El cálculo fue errado.

En las últimas semanas han ocurrido dos grandes acontecimientos en Venezuela: el fracaso de la Ayuda Humanitaria programada para el 23 de febrero y el gran apagón eléctrico continuado en todo el territorio nacional. Y hasta ahora no ha pasado nada parecido a lo que muchos creen que debe ocurrir en casos como estos. Ello amerita profundas reflexiones y crudos análisis. Algo está ocurriendo al margen de las estrategias opositoras. Los diagnósticos no son correctos, por tanto las estrategias tampoco lo serán.

Armar el “gran peo” no pasa por comprender que hay razones para ello (pues sobran en millones) sino por derrotar al miedo, al terror del estado, y eso ya es un asunto extremadamente complicado. Cuando las personas son forzadas a escoger entre tener electricidad o la vida, la opción es clara. Los cubanos aun están lidiando con ello tras 60 años de revolución. Y así ha sido en todos los países gobernados por “comunistas”.

Tampoco hay posibilidades a corto plazo (y quizás nunca) de una intervención militar internacional. La comunidad internacional que ha condenado a Maduro y brindado apoyo a Guaidó ha dicho a los venezolanos que están a su lado, que enviarán ayuda económica a los venezolanos en éxodo, y que van a presionar muy fuerte en el plano diplomático y económico pero han desechado la intervención militar de manera muy diáfana.

El único que ha dicho que “todas las opciones están sobre la mesa” es el gobierno de Trump. Sin embargo este discurso apunta más a propósitos disuasivos que a la real posibilidad de intervenir militarmente (pero cuidado, provocar a los Estados Unidos puede ser una apuesta costosa, pues Trump es Trump). Lo que cabe resaltar es que todas las presiones internacionales llevan como propósito impulsar una salida negociada con el gobierno de Maduro (elecciones o gobierno de transición).

De manera que por fin estamos entendiendo que la solución a la crisis que conmueve a la nación está en manos de los venezolanos y no de los extranjeros. Nosotros adelante y ellos atrás. Jamás al revés.

Tampoco hay espacio para Elecciones Libres pues para Maduro ir a unas elecciones libres o referéndum consultivo representa exactamente lo mismo que poner sobre la mesa la renuncia al cargo. Por tanto le sería mejor renunciar de una vez, y se evita la humillación de una descomunal derrota donde se cuenten los venezolanos que no lo quieren. Y como quiera que la renuncia quedó totalmente descartada en la estructura del poder del gobierno de Maduro, también queda descartada una nueva elección presidencial o algún referéndum consultivo.

LA NUEVA HOJA DE RUTA

Por fin estamos entendiendo que, tal como lo han expuesto claramente los Estados Unidos, Grupo de Lima y Comunidad Europea, la solución a la crisis venezolana pasa por un escenario de sinergias entre opositores y chavistas (éstos en todas sus variantes, tanto civil como militar). Ambos por igual no están satisfechos con el país que tenemos.

Pero esta sinergia chavismo-oposición (y aquí entramos a definir el foco y la nueva narrativa política país) nos obliga a desplegar propuestas confiables, ganar-ganar, para ambas partes. Y esto aún no ha ocurrido. Es la verdad. Y este es precisamente el eslabón perdido en toda esta trama fatal. Mientras ambos bloques políticos no diseñen una Hoja de Ruta País consensuada, dejando a un lado sus particulares hojas de ruta probadamente fracasadas (pues han estado basadas en una confrontación ajena a la sociedad del siglo XXI), no habrá manera de detener la tragedia.

En primer lugar, todo pasa por definir el foco, es decir, el objetivo central de la nueva narrativa política en el país. Y el objetivo no es otro que superar a la mayor brevedad las 5 grandes crisis que padecemos:

La crisis económica

La crisis de seguridad ciudadana

La crisis de servicios básicos (salud, electricidad, agua y comunicaciones)

La crisis institucional y política

La crisis emocional

El foco debe estar en las 5 crisis de manera simultánea, no en una. Así que cada vez que se diseñe una estrategia política, esta debe estar alineada con los objetivos trazados. No estar enfocado o hacer cualquiera cosa que atente contra el objetivo es sencillamente ejecutar el fracaso. Esto es un principio de la gerencia política y también de todas las gerencias en general.

Hasta ahora el foco ha estado en la crisis institucional y política. Esta es la que menos le interesa al país global. Por eso el alto rechazo que existe hacia la dirigencia política y a los partidos políticos. Los venezolanos se sienten traicionados por sus políticos, los cuales sólo piensan en sus asuntos particulares pero prestan poca atención al sufrimiento de las mayorías. La politización de la Ayuda Humanitaria es la demostración más palpable de lo que afirmamos.

Cuando la dirigencia opositora evalúe con mayor objetividad y menos pasiones al chavismo gobernante y no gobernante, nos estaremos aproximando más rápido a la solución de la crisis en Venezuela. Igual pasará cuando el gobierno sepa evaluar objetivamente sus propias fuerzas y las de sus adversarios; entonces podrá aproximarse a buscar una salida urgente a este conflicto.

Creo que falta poco para que ambos (gobierno y oposición) entiendan que están acorralados, que nadie podrá pulverizar al otro, y que Venezuela sigue en caída libre hacia el infierno, donde todos, absolutamente todos saldremos perdiendo.

Por fin estamos entendiendo que este conflicto ya no es entre venezolanos que tienen diferencias políticas sino entre venezolanos que decidimos pasar como los seres más idiotas (pendejos, decimos en Venezuela) del planeta.

El país se está cayendo a pedazos, y tenemos a un gobierno que ya casi no gobierna nada, que no tiene futuro y que sigue aferrado tercamente a la tragedia y al sufrimiento de todo un país, incluyendo el de sus propios militantes. También tenemos a una oposición que, aunque está bien empoderada internacionalmente y ahora tiene a un nuevo líder (que cada día demuestra mayor aplomo), a nivel nacional luce aún débil y a la deriva de las circunstancias, dividida en dos facciones ninguna de las cuales actúa en consecuencia con lo que proponen (se limitan a lacerarse mutuamente, perdiendo el tiempo y alimentando la desesperanza).

Los venezolanos estamos padeciendo de una incapacidad brutal para ponernos de acuerdo y evitar el suicidio colectivo. Estamos olvidando que este es el único país que tenemos, tanto chavistas como opositores. Afuera siempre seremos extranjeros, aun cuando nos brinden el mejor trato y las mejores oportunidades. Y lo estamos destruyendo. Obvio, el gobierno de Maduro tiene la más alta responsabilidad en esta tragedia. Él lo sabe.

Gracias a esa absurda incapacidad de ponernos de acuerdo, la comunidad internacional comienza a perderle el respeto a los venezolanos, tanto a los del gobierno como a los de la oposición.

Los chinos le están poniendo cara dura a Nicolás Maduro (sólo le están enviando ayuda humanitaria). Están fastidiados de una izquierda que no ha evolucionado, que no termina de entender dónde está parada, y que está poniendo en riesgo todo su futuro político de manera torpe e innecesaria. Igual ha pasado y está pasando con otros aliados de Maduro.

No es descartable que en cualquier momento los rusos (que son más hombres de negocios que revolucionarios de izquierda) “negocien” a Maduro con los Estados Unidos. Si lo hizo el comunista Nikita Kruschev cuando negoció con Kennedy, a espaldas de Fidel, la retirada de los misiles nucleares soviéticos de Cuba, con más razón lo puede hacer el pragmático Putín. Ya veremos.

Estados Unidos, Colombia y Chile quedaron con un sabor amargo cuando (¿por equivocadas informaciones?) sus presidentes se atrevieron a anunciar públicamente que faltaban “horas” para que Maduro saliera del poder en vísperas del 23 de Febrero pasado ¿Qué falló? ¿Con qué contaban y no se dio? ¿Quién le mintió a quién? ¿O todos pecaron por inocentes?

Esos cabos no pueden quedar sueltos en las salas estratégicas opositoras en este justo momento. Sería un error capital ignorarlo a la hora de diseñar y desplegar las nuevas estrategias, pues se corre el riesgo de prolongar las equivocaciones y de perder el impulso del apoyo de la comunidad internacional, la cual en cualquier momento puede fastidiarse también y dejar a los venezolanos a la deriva de nuestra inmadurez e incompetencia. Siempre, pero siempre, las rectificaciones a tiempo conducen más rápido a la victoria que la terquedad y la arrogancia.

EL GOBIERNO DE TRANSICIÓN

En este momento, tanto el gobierno como la oposición en Venezuela están activando todos sus poderes de coacción. Es lo normal. Así es la historia del poder. Nadie, en ninguna parte ni ningún escenario, puede sentarse a negociar desde una posición de debilidad. Si el gobierno tiene como mayor fortaleza el apoyo de Rusia y Cuba (medianamente de China) y también cuenta con su poder de coacción armado interno (muy poderoso), pues está obligado a activarlo en la defensa de sus intereses. De lo contrario, su capacidad de negociación será lo más parecido a una rendición casi que incondicional.

Asimismo, la oposición venezolana cuenta por su parte con un formidable apoyo internacional. Las presiones y sanciones diplomáticas y económicas están haciendo más estragos al gobierno de Maduro de lo que muchos imaginan. Este apoyo externo (especialmente el de los Estados Unidos) es sin duda la mayor fortaleza con que cuentan los opositores en el actual escenario de confrontación, pues internamente están muy debilitados, y haciendo serios esfuerzos por retomar la protesta de calle. Pero si la oposición cede un sólo milímetro de sus fortalezas, el gobierno de Maduro cumplirá, con toda seguridad, su promesa de quedarse infinitamente en el poder.

Tal como vengo diciendo, mientras más duro jueguen los actores, más nos aproximaremos a una negociación ganar-ganar. No queda otra alternativa. Ya no hay espacios para segundas y terceras vías. Sólo queda una: conformar un gobierno de transición de unidad nacional (chavistas y opositores, valga la precisión), basada en acuerdos ganar-ganar, y refrendado y vigilado con carácter vinculante por 4 potencias mundiales: Estados Unidos, Europa, Rusia y China.

El propósito fundamental de ese gobierno de transición será brindar al país la cohesión social y política necesaria para la reconstrucción inmediata de la economía, de los servicios públicos, de las instituciones públicas, y desmontar la crisis emocional que ha llenado de odio y amargura a los venezolanos. Por tanto, el propósito va más allá de garantizar una retirada ordenada al gobierno de Nicolás Maduro y de restablecer los derechos políticos de los opositores.

Hay que entender que el gobierno de Nicolás Maduro esta enfrentando una crisis extrema, jamás vista en América. Ni Cuba ha pasado por eso. En el palacio de gobierno en Venezuela saben que la crisis económica y de servicios básicos es letal. También saben del odio acumulado en la población en contra de los funcionarios del gobierno y hasta de sus familiares. Temen a la venganza implacable de millones de venezolanos afectados por su gobierno.

Por eso Diosdado Cabello dice que si entregan el poder (lo cual ha pasado por la mente de muchos en el gobierno) nadie se salvará de la ira opositora. Y eso es altamente probable si hay un cambio de gobierno donde el chavismo quede totalmente excluido.

La crisis emocional de los venezolanos quizás es la peor de las crisis que padece Venezuela. Por tanto, la decisión de resistir y no entregar el poder va más allá de la creencia de que puedan continuar y hacer exitosa a su revolución. Nadie en la oposición puede garantizar que no ocurrirá ninguna razia de venganzas y pases de facturas en caso que el chavismo renuncie al poder. No hace ni falta decirlo en este análisis. Todo el mundo lo sabe.

Ni Juan Guaidó tiene capacidad de controlar a las muchedumbres llenas de odio. Lo que ocurrió con los diplomáticos que designó Guaidó en Costa Rica es una buena demostración de la débil capacidad de control que tiene el liderazgo opositor sobre la población enardecida. Y es a eso lo que realmente temen Maduro, Cabello y muchos otros en el gobierno.

Por tanto, quienes quieren ver un cambio en Venezuela, deben saber que un proceso de negociación debe implicar un cambio político ordenado y progresivo de tres años de duración (un año no es suficiente), y avalado por los 4 países mencionados para que nadie se burle de los acuerdos. Asimismo debe construirse una agenda de gobierno consensuada de 5 puntos mínimo:

Economía

Seguridad Ciudadana

Restablecer la institucionalidad pública

Garantizar los derechos ciudadanos y políticos a todos los venezolanos sin distinción.

Fortalecer el poder ciudadano y comunitario

Velar por el cumplimiento cabal y estricto de la justicia transicional.

Para Nicolás Maduro y sus compañeros, ésta es la oportunidad de oro para rehacer su juego político. Sólo tienen que facilitar la conformación de un gobierno de transición donde ellos estén representados. En este escenario, ellos continuarán con todos sus derechos políticos y ciudadanos garantizados, sus bienes bajo resguardo, y con claras opciones de retornar al poder ya renovados políticamente y depurados de oportunistas y corruptos. Es una tarea política necesaria y urgente para el PSUV. Lo cierto es que si continúan aferrados al poder jamás lograrán recuperarse. Todo lo contrario, cada día irán perdiendo más y más apoyo y fortalezas. La comunidad internacional no aflojará las presiones hasta no ver disposición a un cambio real. Cada día serán más débiles, y su destrucción (o autodestrucción) será irreversible y penosa. La opción es clara.

Los demás detalles de una posible negociación escapan a este análisis por razones obvias. Una negociación de esta magnitud está obligada a manejarse a puertas cerradas, con micrófonos apagados, con actores confiables, con pensamiento ganar-ganar, y con garantes poderosos.

31 de marzo 2019

@JesusSeguias

www.GerenciaPolitica.com

https://www.gerenciapolitica.com/cambio-y-poder/2019/3/31/en-venezuela-s...

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Las radiografías permiten observar los huesos que sostienen a los vertebrados, no visibles normalmente. En el mismo orden, las fuerzas democráticas requieren de una radiografía de la dictadura fascio-comunista de Nicolás Maduro para entender qué elementos la sostienen. Básicamente son tres:

1) La destrucción del Estado de derecho. La eliminación del imperio de la ley anula todo contrapeso al uso de la fuerza para imponer la voluntad de quienes detentan el poder. Desaparecen, por tanto, los derechos individuales y el libre albedrío. La abolición de normas que sustentan la autonomía de distintos poderes permite concentrarlos y centralizarlos en manos de una sola persona, el caudillo que comanda la supremacía del Estado. El control de los militares y el ejercicio del terrorismo de Estado, avalado por un poder judicial abyecto y corrompido, es crucial para avasallar a quienes esgrimen derechos inalienables para protestar las injusticias. Se disipa toda noción de ciudadanía para transformar a las personas en masa informe dependiente de quienes controlan el Estado.

2) La supresión del intercambio mercantil autónomo entre individuos para proveerse de bienes y servicios. Las transacciones de mercado son intervenidas por favoritismos personales, grupales o político-partidistas. La lealtad sustituye a la eficiencia en el desempeño para ocupar cargos, reemplazando el talento. Desaparece la meritocracia, dando paso a prácticas de adulación y complicidades con los desafueros de los poderosos. El acceso a bienes y servicios toma la forma de un juego suma-cero en el cual los que resultan favorecidos implica que otros pierdan. De ahí la ventaja de afiliarse a estructuras de poder ganadoras. Promueve la conformación de mafias, amparadas en la desaparición del imperio de la ley comentada arriba, que se atrincheran para depredar la riqueza social, ejerciendo muchas veces la violencia para ello.

Estos dos elementos se traducen en un régimen de expoliación de la riqueza social por parte de poderosos intereses atrincherados en la estructura del Estado, amparados en su monopolio de los medios de violencia. El imperio de la ley es sustituido por un Estado patrimonial que disuelve todo impedimento al aprovechamiento de los dineros públicos. La complicidad militar en estas acciones contra el interés nacional conforma una oligarquía militar-civil que se afana en conservar el poder.

3) Una ideología legitimadora del régimen de expoliación y la violación de los derechos humanos que “absuelve” sus crímenes. La proyección de una representación simplista y maniquea de realidad por parte de un líder carismático, contraponiendo un pueblo puro y noble a una élite que contraría sus intereses, es instrumental en la construcción de apoyos a la demolición institucional. El populismo fascio-comunista estaría favoreciendo la democracia y el bien común[1], blindando su acción contra toda increpación externa. Construye una falsa realidad que reemplaza al mundo tal como es, una burbuja que sirve de refugio a su dictadura. Un orden sectario otorga a sus seguidores un sentido de pertenencia a una causa superior, trascendente, de cuyos secretos y misterios sólo es posible acceder a través de las verdades reveladas en sus postulados ideológicos. Por último, la ideología constituye un poderosísimo elemento de dominio del líder o de los líderes sobre sus huestes, pues consagra la certeza y visión privilegiada de sus decisiones.

Si la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial puso de manifiesto sus horrores, la noción comunista siguió siendo atractiva para muchos, pues ofrecía un fundamento pretendidamente “científico”, a partir de los escritos de Carlos Marx, para construir una utopía. Todavía hoy, desbancada esta ilusión por las inconsistencias de esa teoría y el terrible costo infligido a poblaciones bajo dominio comunista, subsiste en sectas minoritarias, impermeables a toda refutación o crítica externa, es decir, como artículo de fe.

La prédica inicial de Chávez fue de naturaleza fascista, con giros patrioteros, militaristas y racistas, pero bajo la égida de Fidel Castro entendió que era más provechoso cobijar sus aspiraciones de poder con una retórica comunista. De ahí el término “fascio-comunista” que titula estas líneas. Esta imbricación “justificó” el desmantelamiento de la institucionalidad democrática por “burguesa” y el acoso al sector privado. Asimismo, invitó a la gerontocracia cubana, garante inflexible del credo “revolucionario”, a controlar el país. Transformó al gobierno chavista en vicario de un despotismo cruel, entregándose voluntariamente al dominio de sumos sacerdotes antillanos que pasaron a comandar la depredación.

Tal prédica pudo contar con amplia simpatía mientras la bonanza petrolera tapaba sus consecuencias con generosos programas de reparto. Pero el desastre se desnudó bajo el gobierno de Maduro, produciéndose el rechazo mayoritario del pueblo. Hoy en la burbuja comunista se refugian delincuentes que han colonizado el Estado, absolviendo sus atropellos contra los venezolanos y amparando la injerencia de esbirros cubanos en su represión. Constituye un obstáculo formidable a la salida de las mafias que han secuestrado al país, pues ofrece excusas para negar el fracaso e inviabilidad de su gestión, a la vez que pone en manos extrañas, cubanas, la conducción de su estrategia política.

De acuerdo con lo examinado, la oligarquía expoliadora no va a acceder a negociar su salida. La presencia desafiante de una misión militar rusa cumple con transmitir su disposición a pelear antes que ceder. Los intereses creados en torno a la depredación del país son demasiado poderosos y el blindaje ideológico conque se ha revestido la aísla de tener que entenderse con la realidad, por más adversa que se le haya puesto. La perversidad de estas gríngolas ideológicas es tal, que quienes pululan en el pozo séptico en que se ha convertido la “revolución” todavía repitan estar “defendiendo al pueblo” contra una “ultraderecha” diabólica, aliada con el imperialismo (¡!). Iris Varela arma presos, Freddy Bernal alborota a sus colectivos malandros y el ministro Reverol manda a sus brigadas de exterminio –FAES—a asesinar en los barrios populares, para preservar semejante depravación. La alienación ideológica es tal que un hombre otrora considerado inteligente como Jorge Rodríguez es capaz de declarar con su cara bien lavada, sin sentido alguno del ridículo, las estupideces más insólitas para explicar los apagones provocadas por la desidia oficial. La obnubilación de los “revolucionarios” hace de ellos los seres más crueles y inhumanos, capaces de invocar con el mayor cinismo un futuro luminoso para la humanidad.

La dictadura de Maduro es inviable. Después de tanta destrucción y aislada internacionalmente como está, sorprende que siga aferrándose al poder en vez de aceptar el puente de plata ofrecido a algunos de sus personeros para que se vayan. Decepcionante y vergonzosa ha sido también la escasa respuesta de los militares ante la oferta hecha por el presidente (E) Juán Guaidó. Refleja el grado de descomposición y de complicidad en que ha caído la Fuerza Armada y es la medida de las tareas de recuperación que habrán de instrumentarse en democracia. En la medida en que se encoja su botín, se exacerbarán los conflictos entre las mafias por los despojos. Los triunfadores argumentarán haber derrotado una conspiración imperialista, pero no soltarán presa. Cada día adicional que estos desalmados estén en el poder es una tragedia para los venezolanos. Ahora más que nunca debe mantenerse la presión, sin excluir la opción eventual de una intervención militar. Y para ello, no debe seguirse alimentando la ilusión entre aliados internacionales de que una salida negociada es factible.

[1] Como expresara el historiador Francois Furet con relación a Hitler, éste “supo, por instinto, el más grande secreto de la política: que la peor de las tiranías necesita el consentimiento de los tiranizados y, de ser posible, su entusiasmo”.

Economista, profesor de la UCV

humgarl@gmail.com

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