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Opinión

Mientras esperamos el desenlace de la entrada de la ayuda humanitaria en Las Tienditas, algunos se recrean desenterrando “hachas de guerra”. Me refiero a las amenazas de “guerra” que, según algunos, revolotean sobre Venezuela y con las que tendría que lidiar Juan Guaidó. Estas son: un nuevo escenario de guerra fría, entre EEUU y Rusia, con sus respectivos aliados, que tendría a Venezuela como uno de sus epicentros; y una supuesta guerra civil, como la española, por ejemplo. Me referiré en esta oportunidad a la supuesta “guerra fría”, cuyo escenario veo más inmediato.

No me cabe duda sobre lo que algunos analistas, demasiados como para nombrarlos a todos, han señalado. Primero, es obvio que la Rusia del ex-KGB, Putin, anhela fervientemente restaurar el viejo poderío y preponderancia en el mundo de la antigua Unión Soviética. Segundo, tampoco me cabe ninguna duda acerca del intolerable involucramiento de la Rusia de Putin en Venezuela, en la búsqueda de petróleo, oro y otros minerales y tercero, su probable interés, de paso, establecer una cabeza de puente en América Latina, considerado el patio trasero de los EEUU; y eso pudiera estar influyendo en la toma de acciones más decisivas en Venezuela, por parte de los EEUU; aunque las ya tomadas son bastante decisivas.

Pero, en primer término, no creo que la Rusia actual sea lo mismo que la Unión Soviética de antaño. La información militar que yo manejo, me lleva a pensar que no hay detrás de Rusia la “potencia militar” que algunos quieren ver; es decir, que la Rusia de Putin no es ni mucho menos la potencia militar que era la Unión Soviética, por más que así lo aspire Putin y algunos analistas políticos lo piensen y quieran ver en lo que está ocurriendo en el mundo y en Venezuela. No creo que Rusia tenga la capacidad de instalar bases militares en América Latina, como lo intentó a principios de los años sesenta del siglo pasado en Cuba. Sobre el poderío ruso, ya lo señaló hace algunos años el presidente Obama de los EEUU cuando afirmó, palabras más, palabras menos, que Rusia era solo un poder local, con capacidad de amenaza militar únicamente para algunos vecinos y que esa era su gran debilidad, no superable, por los momentos o en un tiempo cercano. Por más que Putin, Rusia y la dictadura pudieran tener la aspiración de “instalar” alguna base en Venezuela, creo que el interés ruso en nosotros es más económico, que otra cosa, aunque no dejen de hacer ver alguna arista “geopolítica”, como para perturbar a los EEUU.

Con respecto al involucramiento de Rusia en Venezuela, es notorio que entre préstamos e inversiones, según algunos, la cifra ronda los 17 mil millones de dólares, que en estos momentos es un monto considerable para Rusia, como para perderlo. Sea por esta “deuda”, sea por el temor del régimen a las represalias por parte de los EEUU, y aunque el monto de lo adeudado o invertido no fuera de una magnitud importante, la dictadura así nos lo quiere hacer ver, a nosotros y a los EEUU, para sentirse “apoyada” y “protegida” por quien no estaría dispuesto a perder ese dinero.

Además, no deja de ser un atractivo importante para los planes rusos, aun cuando no pueda ir muy lejos, ejercer influencia sobre el país que posee las reservas de petróleo más importantes del planeta, ingentes cantidades de otras riquezas en minerales, que está sumido y debilitado por una profunda crisis económica y humanitaria y situado tan cerca de los EEUU.

La dictadura venezolana ha dado pasos firmes en dirección a Rusia y esos pasos van más allá de los rumores sobre traslados de oro y otros minerales; o los paseos a Rusia en búsqueda de financiamiento; o los paseos “inocentes” de aviones de guerra rusos; o supuestas movilizaciones de barcos de ese país hacia el Caribe, y sobre eso si hay que llamar la atención del mundo.

Venezuela ha cedido importantes yacimientos petrolíferos a Rusia, le ha cedido un 49% de las acciones de CITGO, empresa ubicada en los EEUU; la empresa rusa Rosneft ha incrementado su producción petrolera en Venezuela, a pesar de las sanciones de los EEUU, para aliviar al régimen venezolano; y recientemente PDVSA ha abiertos cuentas en el Gazprombank AO, banco ruso, donde aspira que las empresas petroleras que extraen petróleo de Venezuela, depositen el monto de la factura petrolera, en un intento por evadir las sanciones impuestas por el Departamento de Tesoro de los EEUU. De ocurrir o continuar esto –lo de la apertura de las cuentas ya ocurrió– Rusia estaría siendo cómplice de la expoliación de recursos al pueblo venezolano y eso debe ser tomado en cuenta de manera apropiada por la comunidad internacional.

Por lo tanto, creo que el gobierno interino de Venezuela, que preside Juan Guaidó –y esta es mi propuesta– debe situarse en un escenario pre bélico, de “guerra fría”, denunciar estas maniobras rusas con la dictadura venezolana y advertir también a algunos gobiernos –China, Italia, Turquía, Irán– pero sobre todo a Rusia, lo que ya la Asamblea Nacional (AN) advirtió en 2018: que todo tratado que se firme entre gobiernos o contrato entre empresas, que afecten los intereses del país, no es válido y no será reconocido ni honrado, si no es aprobado por la AN.

De esta manera, esos países, que además no han reconocido la magnitud del problema que vive Venezuela, ni al gobierno de Juan Guaidó, verían que están en riesgo la recuperación de préstamos ilegales y cuantiosas inversiones.

Este sería un paso importante para el gobierno interino, que haría que algunos gobiernos pusieran sus barbas o bardas en remojo. Y sería, si no un paso de “guerra fría”, al menos un paso muy fríamente calculado que debería dar el presidente Juan Guaidó.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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I.

Estos tiempos no han sido nada buenos para la democracia venezolana. Desde hace rato el Gobierno ha eliminado todas las resistencias institucionales diseñadas para contrapesar el ejercicio del poder y, para muestra el botón de la Asamblea Nacional Constituyente. Ha erosionado, igualmente, el sistema de arbitraje institucional, factor esencial de la convivencia colectiva. Pareciera que lo anterior, y otras tantas medidas del mismo talante, se ha generado, en buena medida, porque el oxígeno de la política ha sido la confrontación con el “otro”, entendido éste como enemigo, bajo la inspiración de un delirio ideológico que ha servido para justificar todo.

Cierto, entonces, que una tarea urgente e inmediata, aparte, claro, de acomodar el desmadre económico y reparar el tejido social, es la de re institucionalizar, sin rendirle tributo a la nostalgia - éramos felices y no lo sabíamos -, la vida venezolana. En buena medida se trata de recuperar al Estado y de establecer la política como instrumento para definir, mediante diálogos y negociaciones, rumbos comunes, contando con los indispensables mecanismos que permitan zanjar conflictos y discrepancias de manera civilizada.

II.

Hay, así pues, que acometer esta tarea, un propósito lógico a corto plazo para un nuevo gobierno que debe recoger los trastos rotos que le deja la gestión de Maduro.

Pero se trata, además, de comenzar a pensar en nuevos diseños institucionales de cara a las claves que rigen en la época actual, marcada, en primer término, por la emergencia de la sociedad del conocimiento, de la que derivan gruesas implicaciones en la acción de gobierno y en su armadura institucional.

Se trata, en este sentido, de incluir en el libreto las transformaciones tecno científicas y el impacto radical que causan en todos los espacios de la vida social, incluso en donde cuesta más imaginarlo como en la cocina (hay robots que preparan comida japonesa y gana espacio la gastronomía molecular), en el deporte (asoma el dopaje genético), en los procesos electorales (según quedó ampliamente demostrado con el uso de big data en el triunfo de Trump y Bolsonaro, por sólo citar dos ejemplos) y no digamos, porque es demasiado obvio, en la actividad productiva bajo el sello de la Cuarta Revolución Industrial, fundamentada en las llamadas “tecnologías disruptivas”. Se trata, además, de la rapidez con la que ocurren tales cambios y de la incertidumbre que generan (la sociedad del conocimiento es también la sociedad del desconocimiento), con la consecuente dificultad para evaluarlos, regularlos e, incluso, valorarlos desde el punto de vista ético.

Y en segundo término hay que tomar en cuenta, así mismo, la fuerza que vienen cobrando los procesos de globalización – hoy en día se habla de la Globalización 4.0 - que rebosan claramente los dominios y las capacidades de los Estados Nacionales, como lo deja ver claramente, aunque no exclusivamente el problema del cambio climático, poniendo de relieve que la cooperación y la multilateralidad son esenciales en la gestión de los gobiernos. Ocurre esto porque en la actualidad, el sistema internacional es más complejo que nunca, con innumerables actores locales, regionales y globales operando en un contexto de conectividad instantánea y de una creciente interdependencia, como nunca en la historia. Si no recuerdo mal es Moisés Naím, en su libro “El Fin del Poder”, quien señala que los cambios mundiales, tecnológicos, institucionales y legales dispersaron el poder.

III.

No se puede articular la política al margen de estos hechos. Ha escrito el filósofo español Daniel Innerarity, quien lleva años ocupándose de estos asuntos, que una teoría adecuada para entender cómo gobernar las sociedades actuales requiere modificar sustancialmente conceptos que están vinculados al universo de la sociedad industrial y al espacio articulado por los estados nacionales autosuficientes. En suma, añade, la política ya no tiene que enfrentarse a los problemas del siglo XIX o XX sino a los del XXI, que exigen capacidad de gestionar la complejidad social, las interdependencias y externalidades negativas, todo ello, me gustaría añadir, en el escenario, de la sociedad del conocimiento (y del desconocimiento).

Lo indicado implica, desde luego, otras formas y otras funciones en el Estado y también otras maneras de gobernar y de hacer política, sobre la base de otra organización institucional, todo asociado a la reorganización de la democracia a partir de una visión distinta los temas públicos y el establecimiento de nuevos valores de vigencia universal.

IV.

Son las anteriores cuestiones cercanas, aunque nos parezcan lejanas como si no tuvieran que ver con nosotros. Ponen de manifiesto temas que, en medio de la coyuntura que nos agobia, es necesario que se vayan pensando de cara a estos tiempos políticos que se le avecinan a Venezuela.

No olvidemos el Siglo XXI empezó hace rato

HARINA DE OTRO COSTAL

El Instituto de Investigaciones Científicas (IVIC) cumple sesenta años de vida institucional. Se trata de una organización emblema en su ámbito, que demostró que aquí se podía hacer ciencia de muy buen nivel. Mirando su historia uno podría señalar fallas, cierto, que organización no las tiene, pero deja ver tras de sí una obra muy buena, extremadamente significativa, de mayor trascendencia de la que se le suele reconocer por estos días.

Tristemente, el IVIC no vive hoy en día buenos momentos. Es apenas otra muestra más de un cuadro general que no habla bien de la manera como el país está encarando su desarrollo tecno científico, en el escenario de la sociedad del conocimiento, cosa que preocupa porque, como diría el escritor brasileño Jorge Amado, deja la sensación de que Venezuela ha venido entrando al Siglo XXI reculando.

El Nacional, viernes 15 de febrero de 2109

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Para el sector agrícola venezolano es una buena noticia que Pequiven haya anunciado la reactivación de la planta de producción de urea de Morón, para producir 50 toneladas de urea por hora. Suponiendo que dicha planta va a trabajar en promedio 16 horas por día, la producción diaria promedio sería de 800 toneladas de urea, que pudieran servir para abonar 3.200 hectáreas/día a razón de 250 kg de urea/ha, equivalente a una dosis de 115 kg de N/ha, suficiente para cubrir los requerimientos de la mayoría de los cultivos.

Si se baja la dosis de urea a 200 kg/ha, equivalente a 92 kg de N/ha, que sigue siendo una dosis aceptable aunque insuficiente para muchos sistemas suelo-planta, con esas 800 toneladas de urea que se producen diariamente se pudieran fertilizar 4.000 hectáreas/día. En este caso, para abonar 2.000.000 de hectáreas se necesita la producción de urea durante 500 días. Para abonar 1.500.000 hectáreas con esa dosis de 200 kg/ha, se necesitaría la producción de urea durante 375 días, es decir, un poco más de un año y las siembras deben comenzar en la segunda quincena de abril, o sea, 60 días a partir de este momento.

Si lo analizamos desde otro punto de vista, podemos apreciar que con la producción de urea desde ahora (digamos 15 de febrero) hasta finales de mayo, cuando han transcurrido 105 días, se habría producido fertilizante para cubrir 420.000 hectáreas, que es quizás un tercio de lo que ya se debería haber sembrado por esa fecha. Todo esto, aplicando una dosis de N un poco baja en muchos casos, y suponiendo que la planta trabaje a un buen ritmo y toda esa urea se destine al campo venezolano.

Lo que se quiere mostrar es que esas informaciones de 50 toneladas/hora impresionan a las personas que no conocen el proceso agrícola. Esa información ha debido venir acompañada con una explicación, como por ejemplo “sabemos que esa es una cantidad de urea insuficiente en relación a nuestras necesidades, pero estamos trabajando para repotenciar y aumentar la producción de abonos nitrogenados en las otras plantas que tiene Pequiven”. Con una explicación como esa, por supuesto que la urea sigue siendo insuficiente, pero es una manifestación de sinceridad y de que al menos tienen idea de cuáles son las necesidades reales de los agricultores.

Es importante señalar, según la noticia difundida, que la señora María Eugenia Noroño indicó que “la mayor parte de esta producción de urea está dirigida al mercado nacional”. La otra parte, seguramente, es para regalarla a Cuba, Nicaragua y algunos de los pequeños países caribeños.

Otro detalle a considerar, es que para distribuir esa urea a las unidades de producción se debe ensacar. Éste es otro proceso que consume tiempo y requiere de ciertos materiales y equipos. Por ejemplo, se necesitan sacos con capacidad para 50 kg, por lo que desde ahora hasta finales de mayo se necesitarían más de 1.600.000 sacos. La pregunta es ¿dónde están esos sacos?

Recordemos que hace un poco más de un año, se reportó que las plantas de olefinas y poliolefinas de Pequiven, no estaban trabajando porque no había suministro de propano y etano, que son las materias primas para producir propileno y etileno. La polimerización de estas olefinas permite producir poliolefinas, que son las fibras de polipropileno y polietileno, utilizadas, entre otras cosas, para fabricar los sacos que sirven de envase a los fertilizantes. Esta situación paralizó a las empresas fabricantes de sacos para los fertilizantes. Si este problema con las plantas de olefinas y poliolefinas no se ha solucionado, estamos ante otro obstáculo para que la urea llegue oportunamente y en buenas condiciones a las fincas de las diferentes regiones agrícolas del país.

Sería de interés nacional que, en unos 40 días, digamos alrededor del 25 de marzo, Pequiven informe sobre la marcha de la producción de urea y su distribución a las fincas venezolanas. Esperemos que con buenas noticias y para el éxito de nuestra agricultura, podamos gritar como lo hizo Arquímedes, ¡¡Eureka!!, lo hemos logrado. Aunque eso sea una anormalidad para el régimen socialista del siglo XXI.

Es bueno destacar que con esta información oficial, se está considerando solamente la producción de urea y el suministro de parte del nitrógeno requerido en nuestros campos agrícolas, cuando para un buen programa de fertilización se debe aplicar además fertilizantes a base de fósforo, potasio, calcio, magnesio, azufre, hierro, manganeso, cobre, zinc, boro y molibdeno. Los fosfatados también deberían ser producidos por Pequiven, y el resto de nutrientes con excepción del calcio, se deben importar para procesarlos en las plantas nacionales y producir fertilizantes complejos de los que se llaman popularmente fórmulas NPK. Es un trabajo enorme que va mucho más allá de esta información.

Esperemos….

Sin fertilizantes es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

En Amazon está a la venta el libro del autor: “Fertilidad de suelos y su manejo en la agricultura venezolana”. Tiene información muy útil para mejorar la práctica de fertilización de los cultivos, con miras a una mayor productividad y a un mejor trato a los suelos y al ambiente en general, https:/www.amazon.com/dp/1973818078/

Febrero de 2019

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El comentario de la semana

El tema de la ayuda humanitaria he estado en estos días sobre el tapete informativo y en las conversaciones de todos los venezolanos. No obstante que repetidamente diversas fuentes han tratado de dejar claro el significado y fin práctico de la misma, en el inconsciente colectivo, a ella se le ha atribuido un significado casí mítico ligado al deseo de libertad y seguridad que compartimos la mayoría.

A pesar de que la ayuda humanitaria no resuelve todo, es indispensable que el esfuerzo de muchos logre introducirla para alivio de los que sufren terribles enfermedades y que los desposeídos de toda oportunidad para saciar el hambre puedan, mediante operativos especialmente dirigidos a ellos, lograr un respiro momentáneo en su agónico vivir.

Para la mayoría de los que compartimos este increíble país, la solución a nuestras necesidades no podrá ser alcanzada mientras el régimen usurpador se mantenga en el poder físico. Por ello, la muletilla “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” refleja fielmente el camino que tenemos que apoyar políticamente.

Alcanzada la etapa “gobierno de transición” es indispensable entender que el mismo estará imposibilitado económicamente para enfrentar el reto de volver a llenar los anaqueles de supermercados, abastos, bodegas y farmacias, debiendo concentrar sus esfuerzos en empezar a recuperar la atención pública en salud y el programa social indispensable para atender a los venezolanos en pobreza crítica.

La responsabilidad de revertir la escasez tiene que recaer, como corresponde, sobre el sector privado que contando con el respaldo y la seguridad jurídica que le brindará el que tengamos un gobierno legítimo, podrá invertir en actividades de importación, producción, transporte, almacenamiento y expendio de todo aquello que hoy notamos en falta crítica.

La concertación entre gobierno y sector productivo privado bajo la vigilancia de la sociedad civil que ha aprendido que no puede ceder su papel fiscal, será la garantía de que tendremos un sistema comercial libre y equitativo en lo económico pero consciente de su responsabilidad social que en definitiva es lo que nos importa a todos.

Al final, para que el negocio sea bueno para todos, partiendo de que no ser así podrá llamarse de cualquier otra manera menos negocio, es indispensable la disminución al mínimo de las desigualdades y que esto solo se logra con el acceso verdadero de nuestra población a oportunidades de salud, educación trabajo y esparcimiento de calidad, en un ambiente amigable que hay que preservar para que lo siga siendo para el disfrute de las generaciones por venir.

Este futuro es posible, nadie no los va a regalar y mucho menos lo conseguiremos por la gracia de un líder providencial, por lo que no queda otra que trabajar arduamente para hacerlo realidad. Entre nosotros hay diferencias y la conciliación de las mismas sin que nadie tenga que renegar de lo que piensa, es el camino que en libertad ha permitido el desarrollo de la humanidad.

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Pedro García Otero

En algún momento, el régimen de Nicolás Maduro iba a tener que intentar retomar la iniciativa política. La historia de estos 20 años lo ha demostrado. Y además, ha resistido el primer y más fuerte envión de la coalición internacional que lo adversa sin sufrir fracturas militares

Hasta ahora, y a diferencia de 2017, el régimen ha evitado ofrecer una foto que sirva como símbolo mundial sobre la represión en Venezuela, y aunque ha reprimido, y muy duro (40 muertos) lo ha favorecido, desde el punto de vista de las relaciones públicas mundiales, el hecho de que estos no hayan caído en Altamira, sino en el barrio José Félix Ribas. E incluso luego de la reacción represiva inicial, el régimen, incluso, ha tratado de bajarle dos a su imagen. Ha permitido las manifestaciones opositoras, y cuando ha detenido civiles por ellas, los ha liberado rápidamente.

“A quien le queda un solo instante de vida, no tiene nada que disimular”
Edgar Allan Poe, Manuscrito hallado en una botella

Esa tendencia al disimulo se rompió en el día 24 de la crisis. En la medida en que arrecia la campaña opositora para la entrada de la ayuda humanitaria, la represión, aunque selectiva, empieza a mostrar otros dientes: en Valencia se detiene al presidente de una ONG, con lo que se le manda un mensaje a todas las ONG; en Táchira se cierra la frontera y se detiene a dos maestras, con lo que se le manda un mensaje a los gremios que ayer se reunieron con Guaidó.

En Caracas, en tanto, la Dgcim toma el Ministerio Público, mandan a los empleados a su casa y prenden y analizan todas las PC: no puede uno concebir un mensaje mayor de sumisión de lo civil a lo militar, ni un temor mayor en un cuerpo colegiado (el de la Fiscalía) que, por el contrario, tendría que sentir mucha seguridad de que su información sensible no va a ser violada.

Se dirá que en comparación con 2017, esto es casi una anécdota, una vez que se retira el número de víctimas de la ecuación. Pero el régimen comienza a mandar mensajes, porque, por supuesto, tiene absolutamente limitados los demás campos.

Las decisiones cuidadosamente medidas del Tribunal Supremo, los retruécanos dramáticos de un Tarek Saab aparentando una legitimidad, incluso ética, de la que carece, son inefectivos en tanto y en cuanto Guaidó sigue en la calle, y cada vez con más poder y reconocimiento.

Dispuesto a todo

En todo caso, si el Gobierno apuesta al camino de la represión, tiene un largo camino por recorrer aún. Pero en ese terreno encuentra reacción, encuentra respuesta a sus dudas existenciales. En ese y en el de llevar a los límites su intromisión en la vida privada de los ciudadanos.

Las mismas técnicas fraudulentas que llevan a cabo los que clonan claves de bancos la ha llevado adelante el régimen, y no solo a la página voluntariosxvenezuela.com, sino a Twitter, Facebook, Gmail…

Es la respuesta a cómo se le han venido dando las cosas desde que esta crisis comenzó. Porque desde el 5 de enero, el régimen ha venido perdiendo terreno. Primero en lo simbólico y ahora en lo fáctico. La fecha límite del 23 de febrero comienza a preocupar enormemente al régimen. Le reduce las opciones y la violencia siempre es un terreno en el que se ha sentido cómodo.

A la oposición, en cambio, le preocupa el 24 de febrero. Cómo administrar las inmensas expectativas que se han colocado en la fecha. Cómo presentar tres posibles resultados (la ayuda entra, no entra o se la roban), ante una parte de su público que no se imaginaba que la ayuda humanitaria entraría con un concierto, sino con algo como la Operación Overlord.

La crisis entra en territorios desconocidos, en paridades de fuerzas, en “terreno de muerte”, como diría Sun Tzu. El terreno donde hay que “pelear enérgicamente”. Y no se está hablando necesariamente en sentido literal, pero también; ¿qué está dispuesto a hacer Maduro para frenar la ayuda humanitaria? ¿Qué están dispuestos a hacer la coalición y la oposición venezolana para introducirla al país y hacerle entender a los pocos que aún creen en el madurismo que el balance de fuerzas cambió?

En el fondo, entre esas dos resoluciones se dirimirá todo en los próximos días. Si la coalición está más resuelta, prevalecerá; si Maduro y los que están alrededor son los más dispuestos a inmolarse, vendrán tiempos muy oscuros. Mucho más que los actuales. Esto es una alarma de tsunami ante la que la comunidad internacional reaccionó. Y ese tsunami son 7-8 millones de personas saliendo de Venezuela en los próximos meses.

Pelea de lodo

Mientras esto sucede, la comunidad internacional, que ha guardado evidencias durante más de diez años, empieza a sacarlas, a mostrar barajas. A la embajadora venezolana en Inglaterra, Rocío Maneiro, le “encuentran” 4 millones de dólares en Andorra; a la exembajadora en Alemania, le “encuentran” en una casa que ocupó (aunque no es diplomática desde 2017, se advirtió) 686 plantas de marihuana.

Estamos hablando de una hermana de Alfredo Maneiro, referente histórico del chavismo, y una hija de Alí Rodríguez, Laura Medina. El mismo día, un tribunal obliga a pagar a Rafael Ramírez 1.400 millones de dólares, como si eso fuera cosa que se pudiera cancelar con una tarjeta de crédito.

Este es el tipo de noticias que van a comenzar a proliferar, porque el madurismo-chavismo ha dejado demasiadas evidencias del gigantesco latrocinio que ha cometido, de cómo ha violado todas las reglas, aunque arme un “Grupo de Derecho Internacional” con países violadores del derecho doméstico (e internacional) y en ese grupo de las dictaduras del mundo, ha pasado de aspirante a miembro destacado. Cada día, al régimen le tocará atender cuatro o cinco incendios.

Mientras tanto, Estados Unidos asoma, además, que sí, que es cierto, que sus unidades militares andan merodeando por la región. Y agrega sanciones. Y CNN dice que el Gobierno de EEUU, en efecto, quiere sentarse con Maduro… para negociar su salida. Lo llama “expresidente” en una declaración oficial.

Todo parece un acomodo de posiciones para dar un ultimátum muy pronto.

Y el régimen, en tanto, se atrinchera, ahora sí, de verdad.

Y el 23 empieza a parecer, de verdad, una fecha límite.

Aunque después venga el 24.

Análisis Noticiero Digital

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Joseph S. Nye

Las posturas políticas disfuncionales relativas a Brexit en el Reino Unido y la reacción contra el presidente Donald Trump durante las elecciones de mitad de período en Estados Unidos están generando dudas sobre la marea populista que se ha venido expandiendo a lo largo de las democracias del mundo durante los últimos años. De hecho, ya era hora que dichas dudas salgan a la luz.

Populismo es un término ambiguo que se aplica a muchos tipos distintos de partidos y movimientos políticos, pero su común denominador es el resentimiento dirigido contra las élites poderosas. En las elecciones presidenciales de 2016, los dos principales partidos políticos de Estados Unidos experimentaron reacciones populistas a la globalización y los acuerdos comerciales. Algunos observadores incluso atribuyeron la elección de Trump a una reacción populista contra el orden internacional liberal de las últimas siete décadas. Sin embargo, ese análisis es demasiado simple. El resultado fue determinado de sobremanera por muchos factores, y la política exterior no fue el principal.

El populismo no es nada nuevo y, es tan estadounidense como el pastel de manzana. Algunas reacciones populistas – por ejemplo, la presidencia de Andrew Jackson en la década de 1830 o la Era Progresiva a principios del siglo XX – llevaron a reformas que fortalecieron la democracia. Otras, como el partido ‘Know-Nothing’, un partido anti-inmigrante y anti-católico en la década de 1850, o el senador Joe McCarthy y el gobernador George Wallace en las décadas de 1950 y 1960, han hecho que se enfatice la xenofobia y la exclusión. La reciente ola de populismo estadounidense incluye ambas vertientes.

Las raíces de las reacciones populistas son económicas y culturales, y son objeto de importantes investigaciones en el ámbito de las ciencias sociales. Pippa Norris, académica de Harvard, y Ronald Inglehart, de la Universidad de Michigan, hallaron que fueron importantes factores culturales que se originaron mucho tiempo antes a las elecciones de 2016. Los votantes que perdieron sus empleos por la presencia de competidores extranjeros tendieron a apoyar a Trump; pero, también lo hicieron otros grupos, como los hombres blancos mayores que perdieron su estatus en las guerras culturales que se remontan a la década de 1970 e involucraron cambios en los valores relacionados con la raza, el género y las preferencias sexuales. Alan Abramowitz de la Universidad de Emory ha demostrado que el resentimiento racial fue el único y más fuerte vaticinador a favor de Trump entre los votantes republicanos durante las elecciones primarias.

Sin embargo, las explicaciones económicas y culturales no son mutuamente excluyentes. Trump conectó explícitamente estos temas al argumentar que los inmigrantes ilegales quitaban empleos a los ciudadanos estadounidenses. El simbolismo de construir un muro a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos fue un eslogan útil para unificar a su base electoral en torno a estos temas. Es por eso que a Trump le resulta difícil renunciar a esta idea.

Incluso si no hubiera existido la globalización económica o un orden internacional liberal, e incluso si no hubiera habido una gran recesión después del año 2008, los cambios demográficos y culturales nacionales dentro de Estados Unidos habrían generado cierto grado de populismo. Estados Unidos atravesó por esto en las décadas de 1920 y 1930. Quince millones de inmigrantes llegaron a Estados Unidos en los primeros 20 años del siglo, lo que dejó a muchos estadounidenses con un incómodo temor acerca de que ellos podrían llegar a verse rebasados. A principios de la década de 1920, el Ku Klux Klan tuvo un resurgimiento y presionó por la aprobación de Ley de Orígenes Nacionales de 1924 con el propósito de “evitar que la raza nórdica sea sumergida en el pantano” y para “preservar al Estados Unidos más antiguo y homogéneo que veneraban”.

De manera similar, la elección de Donald Trump en el año 2016 fue el reflejo, en lugar de ser la causa, de profundos cismas raciales, ideológicos y culturales, mismos que se habían desarrollado en reacción a los movimientos a favor de los derechos civiles y de liberación de las mujeres en las décadas de 1960 y 1970. Es probable que el populismo continúe estando presente en Estados Unidos, a medida que se pierdan empleos a causa de la robótica, así como debido al comercio; asimismo, el cambio cultural continúa generando divisiones.

La lección para las elites formuladoras de políticas que apoyan la globalización y la economía abierta es que ellas tendrán que prestar más atención a los problemas de desigualdad económica, así como también tendrán que prestar asistencia a aquellos afectados por los cambios, tanto a nivel nacional como en el extranjero, para que se ajusten a dichos cambios perturbadores. Las actitudes hacia la inmigración mejoran a medida que la economía mejora, pero sigue siendo un problema cultural y emocional. A mediados de 2010, cuando los efectos de la Gran Recesión estaban en su punto máximo, una encuesta de Pew reveló que el 39% de los adultos estadounidenses creían que los inmigrantes estaban fortaleciendo el país y el 50% los consideraba una carga. Ya en el año 2015, el 51% indicó que los inmigrantes fortalecen el país, mientras que el 41% dijo que eran una carga. La inmigración es una fuente de la ventaja comparativa para Estados Unidos, pero los líderes políticos deberán demostrar que pueden manejar las fronteras nacionales, tanto físicas como culturales, si quieren defenderse de los ataques de los nativistas, especialmente durante períodos y lugares donde se presentan situaciones de estrés económico.

Incluso así, uno no debe tratar de pronosticar las tendencias de opinión pública estadounidense a largo plazo a partir de la acalorada retórica de las elecciones de 2016 o, de lo que se muestra tras el uso brillante de las redes sociales por parte de Trump con el propósito de manipular la agenda de noticias e introducir temas controversiales de tinte cultural. Si bien Trump ganó el Colegio Electoral, le faltaron tres millones de votos para declararse ganador de la votación popular. Según una encuesta de septiembre de 2016, el 65% de los estadounidenses pensaba que la globalización es buena para Estados Unidos, a pesar de sus preocupaciones relativas al empleo. A pesar de que las encuestas siempre son susceptibles de verse afectadas por un sesgo cognitivo, en inglés “framing”, cuando se altera la redacción y el orden de las preguntas, la etiqueta “aislacionismo” no es una descripción precisa de las actitudes estadounidenses actuales.

Desde el año 1974, el Chicago Council on Global Affairs ha preguntado anualmente a los estadounidenses si Estados Unidos debería participar activamente o mantenerse al margen de los asuntos mundiales. Durante ese período, aproximadamente un tercio del público ha sido sistemáticamente aislacionista, lo que se remonta a una tradición del siglo XIX. Esa cifra alcanzó el 41% en 2014, pero, contrariamente a lo que dice el mito popular, el año 2016 no fue un punto alto en cuanto al aislacionismo posterior a 1945. En el momento de la elección, el 64% de los encuestados dijo que estaba a favor de la participación activa estadounidense en los asuntos mundiales, y esa cifra se elevó al 70% en la encuesta de 2018: el nivel más alto registrado desde 2002 (mismo que fue alcanzado tras los ataques terroristas del 11 de septiembre).

El firme apoyo a la inmigración y la globalización en Estados Unidos no condice con la visión que considera que el “populismo” es un problema. El término sigue siendo vago y explica muy poco, especialmente ahora, cuando el apoyo a las fuerzas políticas que intentan describirlo parece estar menguando.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

4 de febrero 2019

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/populist-wave-in-retreat-by...

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Mientras Jorge Arreaza[1], actuando como canciller de un gobierno que usufructúa las funciones del Poder Ejecutivo, negó en la ONU que en Venezuela hubiera una crisis humanitaria y responsabilizó al bloqueo de Estados Unidos por la escasez de alimentos y medicinas en Venezuela. Las calles nuevamente se llenaron de ciudadanos el Día de la Juventud, como mecanismo de presión popular a los fines de exigir el desbloqueo de la entrada al país de la ayuda humanitaria, que se anunció se realizará el día 23 de febrero 2019[2].

En este sentido, es necesario destacar que el 15 de enero 2019 la Asamblea Nacional aprobó el acuerdo mediante el cual, como lo dice su título, autorizó la ayuda humanitaria para atender la crisis social que sufre el pueblo venezolano.

En ese acuerdo se identifica a Nicolás Maduro como el único responsable de la peor crisis humanitaria de la historia de Venezuela, pues ha permitido que el hambre, la hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, entre otras penurias, hayan destruido la calidad de vida de la sociedad en general.

La crisis humanitaria en Venezuela fue reconocida por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a través de una Resolución con siete votos en contra y 17 abstenciones. Con ella también se invitó al gobierno de Nicolás Maduro a reconocer la existencia de la ayuda humanitaria para paliar la escasez de alimentos, medicinas y suministros médicos en el país.

Así como lo hizo el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, también el Parlamento Europeo, a través de varias resoluciones, ha reconocido de manera sistemática la existencia de una crisis humanitaria en Venezuela.

El 8 de febrero de 2018 en la Resolución sobre la situación en Venezuela (2018/2559(RSP), el Parlamento Europeo reconoció que Venezuela vive una crisis política, social, económica y humanitaria sin precedentes, “caracterizada por la inseguridad, la violencia, las violaciones de los derechos humanos, el deterioro del Estado de Derecho, falta de medicamentos y de servicios sociales, pérdida de ingresos y unos crecientes índices de pobreza, que está provocando un número creciente de muertes, refugiados y migrantes”.

En esa resolución, el Parlamento Europeo además de expresar su solidaridad y apoyo a las personas que en Venezuela sufren las consecuencias de una grave crisis humanitaria, también invitó a las autoridades venezolanas a permitir con carácter de urgencia la entrada sin trabas de la ayuda humanitaria y, además, facilitar los permisos correspondientes a las organizaciones internacionales dispuestas a prestar asistencia a la población y también, hizo un llamado para que a corto plazo se asumiera el combate contra la desnutrición principalmente de los niños.

Por su parte, el 5 de julio de 2018, el Parlamento Europeo aprobó la Resolución sobre la crisis migratoria y la situación humanitaria en Venezuela y sus fronteras terrestres con Colombia y Brasil (2018/2770 RSP), en cuyo contenido lamentó expresamente que las autoridades venezolanas se nieguen de manera “obstinada” a reconocer el problema y se rehúsen a recibir abiertamente la ayuda humanitaria internacional.

En esa resolución el Parlamento europeo calificó como “desoladora situación humanitaria” la realidad que experimenta Venezuela, que además, destacó, se ha expresado en numerosas muertes, una afluencia sin precedentes de refugiados y migrantes a los países vecinos y a países más alejados.

En esa resolución, el Parlamento europeo alertó que la crisis ha obligado a los venezolanos a huir de su país, por carecer de las más elementales condiciones materiales para la vida, como el acceso a alimentos, servicios sanitarios y medicamentos.

Nuevamente el Parlamento europeo, a través de una resolución, reiteró la invitación a las autoridades venezolanas a reconocer la existencia de la crisis humanitaria y a buscar soluciones políticas y económicas que frenen su avance, procurando garantizar la seguridad de todos los civiles y la estabilidad del país, así como de la región.

Pero además, en esa resolución se hizo un nuevo llamado para que las autoridades venezolanas permitieran, con carácter de urgencia, el acceso sin restricciones de la ayuda humanitaria al país, así como también se solicitó se concediera el acceso sin restricciones a las organizaciones internacionales dispuestas a prestar asistencia a sectores afectados de la sociedad.

Esa crisis humanitaria sobre la cual se han pronunciado el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y el Parlamento Europeo, ha sido responsable y oportunamente denunciada por la Asamblea Nacional desde el año 2016. Desde entonces, la Asamblea Nacional a través de dos acuerdos declaró, en primer lugar, la crisis humanitaria en el área de la seguridad alimentaria, denunciado que tal situación es consecuencia directa de la inexistencia de un Estado que no cumple con el mandato constitucional de asegurar alimentación suficiente, en cantidad y variedad a su propia población.

Y en segundo lugar, declaró la crisis humanitaria en materia de salud, como consecuencia de la escasez de medicamentos, insumos médicos y deterioro de la infraestructura sanitaria en todo el país.

Posteriormente, en el año 2018, la Asamblea Nacional declaró, mediante otro acuerdo, la crisis humanitaria en el área de la educación, denunciando que tal situación es consecuencia de la inexistencia del denominado Estado Docente, lo cual produce un evidente quiebre de la educación como un derecho humano en Venezuela.

En esos acuerdos, la Asamblea Nacional formuló recomendaciones y/o exhortaciones concretas al Gobierno nacional en cada una de las áreas mencionadas, pero las mismas no lograron tener eco y, menos aun, respuesta efectiva por parte del Gobierno nacional.

El agravamiento de la crisis humanitaria llevó a la Asamblea Nacional a aprobar un nuevo acuerdo en enero 2018, declarando la emergencia humanitaria en las fronteras de la República Bolivariana de Venezuela, y solicitando a través del mismo y de manera formal, la creación de un corredor humanitario a los fines de prestar la asistencia debida a través de los protocolos establecidos para tal fin, todo ello como consecuencia del desplazamiento forzoso de miles de ciudadanos venezolanos que viene a ser una forma muy evidente de advertir la existencia de una crisis humanitaria que solo el régimen de Maduro insiste en desconocer.

Todo lo anteriormente señalado permite reconocer que la Asamblea Nacional desde el 2016 ha ejercido de manera efectiva el control sobre la gestión del Gobierno y, como consecuencia de ello, ha denunciado de manera responsable y oportuna las distintas dimensiones en las que se evidencian la crisis humanitaria en Venezuela.

Por lo pronto, el 23 de febrero se anuncia como la fecha para la entrada de esa ayuda humanitaria y la Asamblea Nacional tiene mucho que ver en ese proceso. Sobre ese evento, crecen las expectativas en lo interno y externo de Venezuela. Sin duda será un hecho inédito que nadie pensó jamás podría ocurrir en un país que siempre fue reconocido por sus ingresos petroleros.

@carome31

[1] El Comercio. Venezuela niega ante la ONU que exista crisis humanitaria en su país. 12 de febrero 2019. Online en: https://elcomercio.pe/mundo/venezuela/venezuela-niega-onu-exista-crisis-...

[2] El Pais. En vivo. Las últimas noticas sobre la crisis de Venezuela. 13 de febrero 2019. Online en: https://elpais.com/internacional/2019/02/12/actualidad/1550004758_244666...

14 de febrero de 2019

Politika UCAB

https://politikaucab.net/2019/02/14/asamblea-nacional-y-crisis-humanitar...

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