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Opinión

I.

La economía es el centro de las preocupaciones del país. En tiempos de hiperinflación resulta casi imposible hablar de otra cosa. Nuestra economía no levanta cabeza, sólo lo hace en el discurso del Presidente Maduro, quien, sin que medie el más mínimo sonrojo, a partir de su programa de estabilización, redacta (de nuevo) la partida de defunción del modelo rentista, decreta (también una vez más) la Venezuela Productiva y asoma el proyecto de inundar el mercado chino de productos venezolanos.

II.

Pero el país sufre de otras gravedades, a las que miramos menos. Lo digo porque termino de leer el Informe El poder de decidir. Derechos reproductivos y transición demográfica 2018 (accesible en la web), elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, presentado hace pocos días a escala mundial, en el que se muestra una muy mala foto del caso venezolano en cuanto cuanto al número de embarazos no deseados, el acceso a los métodos anticonceptivos, la cifra de embarazos que terminan en abortos realizados en malas condicione y, por mencionar algo más, la falta de información sobre diversos aspectos relacionados con la salud sexual y reproductiva.

En sus páginas se indica, además de otros muchos datos y comparaciones entre todos los países, que Venezuela registra el primer lugar de embarazo adolescente a nivel suramericano (100 por cada 1000), que entre 20 y 25 % de los nacimientos son de una madre adolescente (en no pocas veces de una jovencita de apenas 12 años), y que de los 600 mil embarazos registrados anualmente, 120 mil son de adolescentes, provenientes en su inmensa mayoría de los sectores más desprotegidos y pobres de la sociedad. En fin, como dijo alguien, Venezuela está preñada de madres casi niñas, reflejo de una muy grave situación dibujada y diagnosticada en diversos estudios, sostenidos en datos que a lo largo del tiempo sólo cambian para empeorar, dejando el testimonio estadístico de una dolorosa tragedia personal y familiar.

III.

Estas madres adolescentes son, así pues, parte de un paisaje social hecho de relaciones familiares frágiles, niños desatendidos , educaciones truncadas, destinos laborales dudosos, todo ello según un largo y angustioso rosario de consecuencias requeté sabidas, que limitan las posibilidades y multiplican los obstáculos a lo largo de su vida. Arman la fisonomía de una sociedad que, aunque tiene un gobierno que anda de revolución desde hace dos décadas, ha dejado sin tocar aspectos que tocan su médula. De una sociedad en la que las chamas dan a luz cuando todavía no les toca y en la que la maternidad termina siendo una cuestión azarosa y desgraciada que les pone la vida cuesta arriba y chiquitica cuando apenas comienza.

El panorama descrito tiene otro lado que también se descuida: el del “chamito embarazado”, por nombrarlo de alguna manera. Según parece, no son muchos los estudios que reporten con referencia a los varones adolescentes que son padres ni que expliquen cómo encaran esa situación, pocos igualmente los programas de prevención pensados para ellos y las organizaciones que los orienten. No obstante, nada hace pensar que sea una cuestión muy distinta al de las madres precoces, y no cabe duda, por tanto, de que, con sus particularidades, aterriza en efectos equivalentes, todos apuntando a empañarles el futuro.

IV.

A todas éstas el Gobierno que actúa, según dice, en modo revolución, soslaya la situación y la deja pasar por debajo de la mesa, tal vez porque considera que no tiene cabida en la épica desde la que mira y atiende la realidad nacional. En fin, apenas repara en ella, a pesar de que es particularmente grave, compleja y, sobre todo, dolorosa, consecuencia de una sociedad estructuralmente desacomodada e injusta.

El Nacional, miércoles 24 de octubre 2018

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Con voz propia

Censura, presión, intimidación, coerción, chantaje son deplorables prácticas en un país donde el régimen -emulando respetable opinión- “tiene un latifundio mediático de 731 medios de comunicación”. La justifican quienes, compasivamente tildados caras de hierro, en la IV República combatían esos vicios.

Desde la entrada en vigencia los medios de información aquí se adoptó la libre expresión. En su primer Parlamento, y ante “el olvido y desprecio de los derechos del pueblo”, la consagró entre “derechos del hombre en sociedad”.

En la “Proclamación de los Derechos del Pueblo, el 1º de julio de 1811 el Supremo Congreso estableció para los del pueblo: “El derecho de manifestar sus pensamientos y opiniones por voz de la imprenta debe ser libre, haciéndose responsable a la ley si en ellos se trata de perturbar la tranquilidad pública o el dogma, la propiedad y honor del ciudadano” (Art. 4º).

Así en la Constitución Federal para los Estados Unidos de Venezuela, la primera del mundo hispano, dispuso la libertad de expresión. Entonces la naciente República sólo contaba cuatro periódicos de circulación semanal:

Será libre el derecho de manifestar los pensamientos por medio de la imprenta (Art 18l).

Tal derecho es realzado en 1819 en la auténtica Constitución Bolivariana, la propuesta por el Libertador en el Congreso de Angostura, que lo consagró como “el primero y más inestimable bien del hombre en sociedad. La misma ley no puede prohibirlo…” (Art 4).

Es un derecho humano mantenido en las siguientes leyes fundamentales, “sin restricción alguna”, “sin necesidad de previa censura, entre otros postulados.

La más amplia cobertura está el Derecho contenido en 13 artículos (28, 48, 57, 58, 60, 61, 101,108, 110, 117, 143, 325 y 337) en la actual Carta Magna. Nos correspondió el honor de presidir la Comisión que los propuso en la Asamblea Constituyente. Se aprobó con la derrota del régimen que rechazaba la información veraz.

De allí que resulte la ley fundamental más violada en esta materia, tal ha quedado demostrado en serios estudios. Clausura de medios, compra directa o con testaferro de los considerados adversarios, enjuiciamiento y asaltos a los que resisten, en general negación del suministro de papel e insumos de los impresos, que se han visto obligados a restringir sus páginas, varios cerrados y mantenerse en internet.

Delictual es la política contra los comunicadores sociales: juicios, detenciones, exilios, secuestros, agresiones. Y asesinatos, algunos en ejercicio de la profesión; pasan de 60 esos crímenes.

En su política dictatorial ha impuesto la hegemonía informativa y pese al control de los medios, recurren a las antojadizas cadenas de radio y televisión que sólo se producen en Venezuela; y a las “cuñas” gratuitas. Si no fuera suficiente el abuso, para mayor manipulación se registra el desequilibrio informativo que practican por temor o complicidad ciertos medios audiovisuales (radio y tv). Se produce cuando por cada información que evalúan negativa al régimen, publican una oficial. Es lo mismo que conceden a los espacios de opinión: por cada entrevista de un tenido de adversario o independiente, incluyen uno del régimen.

A la tropelía del régimen se agrega la práctica hitleriana: mentira repetida varias veces es convertida en verdad. Con desfachatez, quien fue ministro de información elogio como maestro al nacionalsocialista Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler.

Las consideraciones las hacemos como reflexión que estimamos necesaria, a propósito del 24 de octubre, antiguo Día del Periodista, hoy transferido a los gráficos. Es una fecha para invocar la defensa de la libertad de expresión, ante la evidencia de sufrir dictadura mediática.

Al MARGEN. No olvidar, es una frase vigente. La aplicamos a personajes de la comunicación, que en la IV República denunciaban la corrupción que hoy defienden y justifican en este narco régimen.

jordanalberto18@yahoo.com

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Juan Gonzalo Aguilar

El comentario de la semana

La observación directa de la realidad y la búsqueda de la verdad, estarán siempre mediatizada por la percepción del sujeto que observa y por el explorador que busca la exactitud de las cosas, ambos, sin embargo, deben incluir o no olvidar, que sólo vemos lo que ya sabemos o creemos saber que existe, que la verdad encontrada es aquella que nos ofrece nuestro propio entendimiento, así que, no está demás el volver a mirar, leer y buscar desde ángulos o perspectivas diferentes y que, aun a pesar de lo anterior, los contexto históricos, ambientales, físicos y hasta emotivos, cobran créditos en las conclusiones a la que podamos llegar.

En consecuencia, no pretendamos que nuestra verdad sea la verdad del otro, que lo que miramos, sea lo mismo que miren los demás, que la interpretación de lo leído, sea interpretado de la misma manera por otros lectores, y, mucho menos, asumir tener la razón en nuestra argumentación; abrir espacios para el disenso es una recomendación final, pues éste, el disenso, abrirá las puertas del entendimiento de quienes persiguen objetivos comunes en la vida.

Si estas reflexiones sirven de algo, desde Aragua en Red las ofrecemos para ratificar la necesidad imperante y postergada desde hace dos décadas, de lo hemos llamado “La Unidad Superior.”

La misma pasa por los matices de las reflexiones anteriores y desde nuestro punto de vista, la Unidad Superior no es otra cosa que la distribución grupal y geográfica de quienes están empeñados en rescatar la libertad y democracia de nuestro país, de quienes nos negamos a doblegarnos a un gobierno que pretende imponernos un cambio en la vida republicana, a un gobierno que no respeta el estado de derecho, a un gobierno que sistemáticamente viola los derechos humanos más elementales como el derecho a la vida, el derecho a la educación y el derecho a la salud.

Distribución representada por militantes de los partidos políticos, los independientes que no forman parte de ninguna organización, pero también de aquellos que se agrupan a través de las asociaciones de vecinos, los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales, los distintos gremios, los disidentes del régimen y en fin de todos aquellos que comparten la intranquilidad de ver al país inmerso en la más profunda crisis existencial y que buscan desesperadamente espacios para incorporarse a la lucha por la democracia y libertad.

Queda entonces a cada uno de los actores dar un paso al frente y decir como aquel jinete llanero “Rondón no ha peleado” y salvar la República tal y cual fue la actuación decisiva un 25 de julio de 1819 en la batalla del Pantano de Vargas del Coronel Juan José Rondón Delgadillo. O si lo prefieren, asumamos el reto y recordemos aquel presidente venezolano que no solo dijo “Quiera Dios que quienes han creado este conflicto absurdo no tengan motivos para arrepentirse” o quizás, mejor recordado por sus palabras de “Manos a la obra”

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Marino J. González R.

Este fin de semana se elige el nuevo gobierno de Brasil. De acuerdo con lo establecido, el presidente a elegir el domingo estará en funciones por cuatro años y podrá optar por la reelección por un solo período. De manera que los electores brasileños elegirán al gobierno que podría dirigir al país en los próximos ocho años.

Para examinar la relevancia de Brasil en el contexto internacional, bastan pocos indicadores. Es el quinto país en población del mundo, solo superado por China, India, Estados Unidos e Indonesia. Poco más de doscientos millones de habitantes se encuentran distribuidos en la inmensidad del territorio brasileño. También Brasil es el quinto país por extensión, con poco más de 8,5 millones de kilómetros cuadrados.

En lo que respecta al tamaño de la economía, Brasil es la octava del mundo, cerca de Francia, India y el Reino Unido. La influencia internacional de Brasil, aunque ligada a la magnitud de sus proporciones, se extiende a las dimensiones culturales, deportivas, musicales. No es posible entender América Latina sin tomar en cuenta a Brasil. Sin dejar de considerar sus notables influencias en los ámbitos diplomáticos y financieros.

Las previsiones de Brasil para los próximos años no lucen compatibles con las inmensas posibilidades. Además de la inestabilidad política de los últimos años, la economía brasileña muestra signos de disminución de la capacidad de crecimiento, así como en la exportación, si se le compara con la experimentada en la década pasada y principios de la actual. También se aprecia un aumento en la proporción de población en pobreza, así como en las emisiones de dióxido de carbono. Estimaciones del Banco Mundial señalan que el ingreso per cápita se ha reducido en un tercio entre 2012 y 2017.

En la actual coyuntura de Brasil hay razones para esperar que la elección presidencial hubiera sido una excelente oportunidad para plantear alternativas para el futuro. Considerando especialmente la enorme repercusión que tienen de entrada los cambios que se produzcan en un país con las características de Brasil. Se supone que esas ideas deberían estar en los programas de los principales candidatos por la presidencia. Pero eso termina siendo mera ilusión.

Los programas de los candidatos que disputan la elección final, no son compatibles con las urgencias que confronta el país. En un caso, Haddad, se ofrece más bien una vuelta al pasado gobierno de Lula. Solo con el título se deja evidente: “Brasil feliz de nuevo”. La explicación de cómo puede volver a ser feliz de nuevo un país que tiene tal magnitud de problemas estructurales brilla por su ausencia. El programa de Bolsonaro no ofrece tampoco mayores pistas. Más allá de la libertad, respeto a la propiedad privada, apoyo a la familia, lucha contra la corrupción, no hay ideas específicas

No extraña entonces que en ninguno de los programas se mencionen temas como “sociedad del conocimiento”, “inteligencia artificial”, así como las complejas transformaciones que está experimentando el mundo al finalizar la segunda década del siglo XXI.

No queda duda entonces que cualquiera sea el resultado de la elección del domingo, Brasil estará sometido a las pugnas por el predominio de políticas públicas, sin una visión integral de la sociedad brasileña y de sus principales problemas. Es muy probable que la sorpresa sea el signo característico de las políticas de Brasil en los próximos años. Pensar antes sigue siendo una rareza para los gobiernos de América Latina.

marinojgonzalez@gmail.com

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Daniel Eskibel

49 millones de brasileños votaron en primera vuelta al candidato presidencial Jair Bolsonaro. Y esto ocurrió a pesar de varios factores contundentes que parecían alineados en su contra:

Un presupuesto de campaña electoral bastante limitado y modesto.

Carencia de estructura partidaria y territorial de respaldo.

Un candidato con antecedentes políticos grises y poco relevantes.

Declaraciones explosivas que parecían dinamitar su propia campaña.

Muy dura campaña negativa en su contra.

El triunfo de Bolsonaro convierte su liderazgo político en un fenómeno digno de ser estudiado de manera objetiva. En las siguientes tesis intento por lo menos acercarme a la comprensión de este fenómeno.

UNO: El relato de la ley y el orden derrotó al relato del golpe

Las elecciones presidenciales 2018 en Brasil estuvieron marcadas por dos grandes relatos que se disputaron la mente de los potenciales votantes. Ellos fueron el “relato del golpe” y el “relato de la ley y el orden”.

Las campañas electorales, y la política toda en definitiva, están atravesadas por relatos. Se trata de narraciones que cuentan una cuádruple historia: la del candidato, la de su partido, la del gobierno saliente y la de la sociedad misma en la cual la campaña se desarrolla.

Cada narración está contada desde un ángulo propio e intransferible que se identifica con determinados actores políticos, sociales, económicos, religiosos o culturales. Pero al mismo tiempo cada narración aspira a ir más allá, salirse de esos límites y persuadir a otros segmentos sociales.

La vocación última de cada relato es que la mayoría de los votantes lo adopte, lo haga suyo, lo incorpore a su mente y lo use para ordenar y comprender la realidad.

Pero… ¿por qué las personas habrían de hacer suyo uno de estos relatos?

Pues simplemente porque es una necesidad psicológica fundamental del ser humano.

La realidad en sí misma es inasible, inaprensible, fugaz, fragmentaria. La realidad como tal es un caótico flujo de estímulos contradictorios que van y vienen, que surgen para luego desaparecer. La realidad, además, es demasiado inabarcable como para ser comprendida por un ser humano aislado.

Es entonces que llegan los relatos y ayudan a comprenderla, a darle un sentido.

Relatos que son producciones colectivas, por cierto.

En el caso de Brasil los relatos predominantes fueron los dos señalados anteriormente. Dos narraciones antagónicas y excluyentes.

El “relato del golpe” comenzaba contando que los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) habían sacado de la pobreza a millones de personas que habían sido siempre las más postergadas en la historia del país. Y que justamente por eso los sectores más poderosos estaban ejecutando un golpe de estado destinado a revertir tales avances. Golpe de estado impulsado por sectores económicos, políticos, mediáticos y judiciales y que tenía como grandes hitos la destitución de la Presidenta Dilma Rousseff y el encarcelamiento de Lula, máximo líder del PT y del país.

El “relato de la ley y el orden”, por su parte, comenzaba contando que en los últimos años la vida de los brasileños estaba siendo destruida por tres flagelos mortales: la corrupción política, la crisis económica y la delincuencia. Y que justamente por eso era imprescindible poner un freno radical ante tales flagelos. Un freno que implicara ley y orden, mano dura, autoridad fuerte y un liderazgo como el de Bolsonaro que no le temiera a nada ni a nadie.

¿Cómo explicar que el segundo relato haya sido más persuasivo que el primero para los votantes brasileños? Básicamente por dos razones:

Su eje principal eran los temas que la gente percibía como sus principales problemas: corrupción, crisis económica e inseguridad. Mientras tanto el otro relato ponía el eje en cuestiones político-partidarias e ideológicas más alejadas de la conversación social.

Era un relato más simple, más fácil de comprender y de transmitir a otros. En una campaña electoral esto es sinónimo de jaque mate.

DOS: Bolsonaro conectó mejor con el miedo y el enojo de los votantes

Las emociones mandan en la toma de decisiones, aún en las que son en apariencia más frías y racionales. Inclusive en la decisión de voto. Y los relatos que se disputan la mente de los electores en cada campaña son, desde el principio, disparadores de emociones.

Acá nos encontramos con el segundo factor del triunfo de Bolsonaro: no solo protagonizó el relato más persuasivo sino que además conectó mejor con las emociones de los votantes.

Esas emociones eran principalmente dos: enojo y miedo.

Los brasileños estaban muy enojados con la corrupción que desde hacía ya años venían viendo en la política. Enojados, fundamentalmente, con el gobierno del PT.

Al principio, hace ya unos cuantos años, parecía que los casos de corrupción que salpicaban una y otra vez al gobierno no terminaban de pasarle factura al partido de gobierno. Y menos a Lula, el líder político más popular del país durante mucho tiempo. Pero el goteo de la corrupción rompió el blindaje y se derramó por todas partes. Así el enojo fue creciendo, incontenible.

Mientras amplios segmentos sociales percibieron que “las cosas iban bien” (por ejemplo que millones de personas salían de la pobreza y se incorporaban al mercado de trabajo y de consumo), buena parte del electorado brasileño seguía votando al PT. Pero cuando la crisis económica y la crisis de la seguridad pública comenzaron a golpear directamente su vida cotidiana, entonces el enojo estalló definitivamente. Enojo contra los gobiernos del PT en quienes estos sectores vieron la responsabilidad de los tres grandes males: corrupción, crisis económica y delincuencia.

Al mismo tiempo fue creciendo el miedo entre amplias capas de la sociedad. Miedo a la delincuencia y miedo a los efectos de la crisis económica. No miedos genéricos o abstractos sino miedos concretos, específicos. Temor a las consecuencias personales directas que podían causarles esos problemas.

Enojo y miedo, pues.

Y Bolsonaro supo escuchar esas emociones y darles un gran espacio en su comunicación política. Los brasileños se vieron en el espejo de Bolsonaro, vieron sus propias emociones reflejadas en su mensaje.

Ya sabes: son las emociones las que mueven el voto.

TRES: El PT se estrelló contra su propia política de alianzas

Una ley no escrita de la política dice que muchas elecciones se ganan o se pierden en la mesa de negociaciones. Por eso la política de alianzas de cada formación política es un asunto crucial.

Una manera simplista, y equivocada, de ver las alianzas es considerar que se trata de sumas matemáticas de apoyos. Pero la realidad es más compleja. Algunas sumas en realidad suman, pero otras restan. Y todo depende de las metas políticas, de la adecuada valoración de la realidad y del conocimiento del público objetivo.

En el caso de Brasil las políticas de alianzas de los candidatos beneficiaron a Bolsonaro y perjudicaron al PT. A saber:

Durante varios años el PT intentó sumar aliados que tarde o temprano resultaron grandes dolores de cabeza. Tenemos que recordar, por ejemplo, a su aliado Michel Temer. Acompañó a Dilma Rousseff como su candidato vice presidencial y luego jugó un rol decisivo en la destitución de la Presidenta y en los acontecimientos que precipitaron la caída del PT en la opinión pública.

Simultáneamente el PT fue dejando por el camino a algunas de sus propias figuras así como a potenciales aliados. Y desembarcó en las elecciones de 2018 aislado y en medio de una notoria división y fragmentación de las fuerzas políticas que van desde el centro hasta la izquierda.

Por su parte Bolsonaro prefirió restar para sumar, ubicándose en una posición radical que paradójicamente fue más verosímil levantando sus banderas en soledad que si hubiera “sumado” aliados. Una estrategia similar a la seguida por Mauricio Macri en las presidenciales de Argentina del año 2015, cuando evitó aliarse con Sergio Massa para levantarse en solitario como la gran alternativa frente al kirchnerismo.

Leyendo lo ocurrido en domingo con el diario del lunes, podemos concluir que la actitud de Bolsonaro parándose en solitario como la antítesis del PT fue el movimiento estratégico más rentable electoralmente. Con el mismo diario del lunes podemos señalar que era el PT quien necesitaba buenos aliados y no los encontró o no los buscó o no los supo ver al quedar encerrado dentro de sus propias limitaciones estratégicas.

CUATRO: El liderazgo político ni se transfiere ni se construye en un mes

Pasan los años y sigue sucediendo lo mismo una y otra vez, y la mayor parte de los líderes políticos sigue creyendo que “esta vez no va a ocurrir”. Me refiero a esos líderes que designan a su sucesor, nombran a quien los va a representar en la campaña electoral en la que no pueden participar.

El elegido de Lula para sustituirlo como candidato presidencial fue Fernando Haddad. Pero la gente no vota a un candidato solamente porque es el elegido por el líder. Más allá de los votantes duros que son incondicionales, la gente vota personas. Personas. Y aún los simpatizantes de un partido pueden optar por quedarse en su casa y no ir a votar si “su candidato” no les agrada, no les atrae, no les convence o no les mueve.

Los desbordes narcisistas están siempre en agenda en materia política. Y los grandes líderes suelen creer honestamente que son tan grandes que basta su señal indicando a un candidato para que millones miren y voten a ese candidato. Pero por extraordinario que sea el líder, al final del día su honesta creencia no es mucho más que desborde narcisista.

Con el agravante de que también ocurre otra cosa: casi siempre se equivocan.

Y el error, otra vez, puede atribuirse al narcisismo.

Porque cuando un liderazgo político se extiende a lo largo de los años, el narcisismo del líder va desplazando sutilmente (y a veces no tan sutilmente) a quienes podrían ser sus sucesores. Muchas veces los desplazados son los mejores, los más destacados, los que podrían tener un futuro político más luminoso. Por eso mismo son desplazados. Porque la parte oscura e inconsciente del líder teme que ese posible sucesor se convierta en realidad en un competidor.

Entonces: Lula “nombra” a Haddad como su candidato, lo elige. Pero los ciudadanos perciben que, más allá de los discursos y la parafernalia electoral, Haddad no es Lula. Y no lo votan como votarían a Lula. Contando además con que muy probablemente el elegido no sea el mejor sino simplemente el preferido dentro de las limitaciones del momento presente. Que resulta claro que son limitaciones producidas por otras decisiones anteriores.

Pero hay algo más grave y más erróneo: la decisión de Lula es tan tardía que apenas le deja un mes a Haddad para hacer campaña y construir liderazgo. ¡Un mes! Está claro que el liderazgo político no se transfiere hacia otra persona por voluntad propia. Y mucho menos en tan poco tiempo como un mes.

¿Por qué una decisión tan importante es tan tardía?

Supuestamente la estrategia del PT era agotar hasta el último resquicio de posibilidad de que Lula fuera autorizado como candidato a pesar de estar preso. Lo cual contradice violentamente el relato del golpe que narraba el propio PT desde hacía ya tiempo.

Si el PT creía realmente en su propia narrativa del golpe, ¿cómo podía imaginar que la candidatura de Lula sería habilitada en tal contexto?

Imposible.

La única explicación a tamaña desproporción parece anidar, otra vez, en el narcisismo del líder. Solo en ese terreno era posible argumentar que había un golpe de estado “blando” en marcha, que ese golpe incluía la presencia de Lula en la cárcel pero que al mismo tiempo los golpistas lo habilitarían como candidato presidencial.

El narcisismo es una fuerza potente en todos los líderes políticos. Una fuerza sin la cual jamás llegarían a ser lo que son. Pero al mismo tiempo una fuerza que propicia su derrota final.

CINCO: El ataque político contra Bolsonaro lo benefició más que a nadie

Las declaraciones violentamente explosivas de Bolsonaro dieron la vuelta al mundo. Expresiones a favor de las dictaduras, de la tortura, de la discriminación contra mujeres, negros, gays e indígenas. Afirmaciones intolerantes, implacables, ofensivas.

Esta debilidad del candidato estaba expuesta a simple vista: bastaba con recuperar algunas de sus palabras. Estaban allí: en los periódicos, en las radios, en la televisión, en las redes sociales, en los mitines. Una debilidad frente mismo a los ojos y los oídos de todos los brasileños.

Esto motivó que varios sectores sociales y políticos emprendieran un ataque político contra Bolsonaro cuando comenzó a hacerse evidente que tendría mucho mayor fuerza electoral que la prevista. Y lo atacaron con fuerza, golpeando una y otra vez sobre esa debilidad tan expuesta y tan evidente. Parecía lógico, pero no lo era.

¿Acaso era necesario atacarlo a Bolsonaro para intentar frenarlo?

Pues sí. Era imprescindible, en especial para el PT.

Es que el ataque político es parte legítima del arsenal de toda campaña. Pero debe hacerse bien.

Una visión tradicional acerca del ataque político dice que hay que atacar la debilidad del adversario. Sin embargo esta clase de ataque casi siempre fracasa. Porque esa debilidad está, justamente, frente a los ojos de todos. Y sus votantes conocen esa debilidad pero lo votan a pesar de ella. Entonces atacar la debilidad es llover sobre mojado: carece de efecto, solo es más de lo mismo.

Y así fue.

El ataque contra las declaraciones repudiables de Bolsonaro cayó en saco roto.

Quienes simpatizaban con él no lo hacían por desconocer esas declaraciones sino a pesar de las mismas. Una parte de ellos las compartían (conviene recordar que solo el 13 % de los brasileños está satisfecho con la democracia según el Latinobarómetro 2017). Otra parte de sus simpatizantes las minimizaban, dándoles otro encuadre, ubicándolas en otro contexto o reformulando su sentido e intenciones. Y aún otra parte de ellos las rechazaban pero sin que ello invalidara la fortaleza que veían en Bolsonaro y las coincidencias con él en otros planos.

Distinto habría sido el escenario con un ataque contra su fortaleza, contra el punto de anclaje entre él y sus simpatizantes. Eso sí habría sido un misil en la línea de flotación. El ataque contra su debilidad, en cambio, solo sirvió para encrespar aún más a sus adversarios, a quienes ya estaban en contra de él. Encresparlos era legítimo, por cierto. Pero no movía la aguja del sismógrafo electoral y menos lograba evitar el triunfo de Bolsonaro.

SEIS: La imagen del herido le ganó a la imagen del preso

Cada campaña electoral tiene un par de imágenes visuales que por su propia potencia le dan un marco referencial a la campaña y a cada acontecimiento de la misma.

En la campaña presidencial 2018 de Brasil esas dos imágenes fueron:

Lula en la cárcel

Bolsonaro acuchillado

La imagen de Lula en la cárcel podía tener una cualidad positiva solamente para sus más acérrimos partidarios. Positiva porque mostraba, según el relato del PT, al más grande líder político de Brasil detenido injustamente en un proceso anti democrático de golpe de estado soft, light, blando o encubierto. Mostrarlo preso, en imágenes y palabras, era confirmar el relato.

El problema es que esa imagen solo confirmaba el relato de quienes ya creían en ese relato. Alimentaba a los convencidos, pero con ellos no bastaba para ganar la elección.

¿Qué veían los demás en esa imagen?

Pues la confirmación de lo lejos que había llegado la corrupción política.

Veían un hombre que había sido poderoso y ya no lo era.

Veían un político preso por acusaciones de corrupción.

Veían a un ex Presidente que primero los había ilusionado y luego los había decepcionado.

Llegaban al fondo mismo de su desconfianza en la democracia. Y cuando se llega a ese fondo emerge la tentación autoritaria, como ya sabes.

En cambio la imagen de Bolsonaro acuchillado tenía otra cualidad más positiva.

La persona herida, la víctima, genera una inmediata reacción de solidaridad y simpatía. No importa si es una persona desagradable o antipática. No importa si es alguien que piensa radicalmente distinto. No importa si es alguien lejano o desconocido. Nada de eso importa ante el herido.

¿Qué vieron millones de personas en Bolsonaro acuchillado?

Vieron al herido, al atacado, al golpeado.

Vieron a una persona de carne y hueso, un ser humano real, una persona vulnerable.

Vieron a una víctima de la delincuencia.

Frente a esa imagen era más probable que muchas personas bajaran sus defensas psicológicas, sintieran algo de pena y de compasión, y hasta se sintieran más próximos a Bolsonaro.

En la batalla de las imágenes que también es la campaña electoral, la imagen del herido derrotó por amplio margen a la imagen del preso.

Todas las campañas electorales dejan enseñanzas

Tanto Lula como Bolsonaro generan posicionamientos políticos apasionados y disparan emociones intensas. El desafío es tratar de indagar a través de los posicionamientos y de las emociones para comprender las enseñanzas que nos deja la campaña presidencial 2018 en Brasil. Porque todas las campañas electorales dejan enseñanzas.

A partir de las tesis de este artículo sobre el triunfo de Bolsonaro, me permito extraer algunas conclusiones y hacerte algunas sugerencias básicas para tu próxima campaña electoral:

Comunica sistemáticamente un relato que explique con simplicidad la narrativa del candidato, de su partido, de su sociedad y del gobierno saliente.

Detecta las emociones del electorado, entra en contacto con ellas e incorpóralas a tu comunicación política.

Construye una política de alianzas que sea congruente con tus objetivos políticos y con tu mercado electoral.

Vigila y mantén a raya tu narcisismo para que no precipite tu caída cuando más poderoso te sientas.

Si vas a atacar a tu adversario, ataca su fortaleza y no su debilidad.

Dedica un tiempo a decidir cúal será la imagen visual más representativa de tu campaña.

Las seis tesis de este artículo no explican por sí solas el resultado electoral. Pero pueden ser una ayuda orientadora.

Y las seis sugerencias anteriores tampoco te aseguran ninguna victoria. Pero también pueden ayudar.

49 millones de brasileños votaron a Jair Bolsonaro.

Y volvieron a demostrar, como antes y de modo diferente lo habían hecho los 30 millones de mexicanos que votaron a Andrés Manuel López Obrador, lo fascinante que es la psicología del voto.

https://maquiaveloyfreud.com/triunfo-bolsonaro/

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Julio Castillo Sagarzazu

Lo que hace complejo, complejísimo, conseguir el Santo Grial de una transición en Venezuela, es el carácter del liderazgo de la revolución bolivariana. En efecto, en nuestro país, no se trata de buscar a los hombres justos, como los buscaba Diógenes con su linterna, sino el de resolver, con esa transición, los problemas que el chavismo ha creado a nivel mundial con su presencia en el poder. En efecto, la transición venezolana se parecerá a muchas otras transiciones en que, como su nombre lo indica, será un tránsito de lo viejo hacia lo nuevo y deberá tener y tendrá, en su composición concreta, elementos de ambos extremos. Pero, en lo que tendrá que diferenciarse es en encontrar la parte de lo viejo que no reproduzca esos problemas geopolíticos que el gobierno ha provocado.

El chavismo, ha participado en la creación de un entarimado complejo, tenebroso, peligroso y resistente de convivencia en el poder de corrupción, subversión, terrorismo, alianza con el crimen internacional, con el lavado de dinero, con el tráfico de drogas. Cada uno de esos elementos ha desarrollado una dinámica propia, que tendrá diferencias entre ellas, pero que tienen en común, la defensa del régimen que es el ecosistema les permite vivir en simbiosis.

La comunidad internacional, no va a desarrollar ninguna iniciativa seria, hasta que no esté seguro que lo “nuevo” que haya en Venezuela no va a reproducir, lo que tanto peligro ha traído a la región.

Dicho esto, rescatamos el concepto de que la transición, obligatoriamente deberá contar con la fractura del régimen y con la presencia de factores que le han soportado durante tantos años. Ya sé que para algunos es difícil comulgar con esta rueda de molino, pero así será, como han sido todas las transiciones en el mundo, incluyendo las más radicales, como la revolución rusa y la francesa que tuvieron en sus primeras etapas elementos del “Ancien régime”, hasta que se desarrollara lo nuevo que querían construir. La Revolución Rusa tuvo al príncipe Lvov en transición después que derrocaron a los zares y la francesa tuvo su propio “Rey de los franceses” y no de Francia, en Luis XVI, mientras, Robespierre y su sed de sangre, afilaban la cuchilla de la guillotina, proceso que duro casi 4 años.

De manera que todas estas necedades sobre si los chavistas originarios o los sobrevenidos sirven para salir de Maduro, o no sirven, no tienen ninguna pertenencia en este momento. Algunos, no solo sirven, sino que son indispensables para que ello ocurra.

Algunos de nuestros aguerridos cazadores de chavistas originarios no han cogido línea. La mayoría de ellos tan “pitiyankis” y no recuerdan las declaraciones del senador Marcos Rubio que afirmo abiertamente hace unas semanas, “Para resolver la crisis de Venezuela nos estamos reuniendo con gente a la que querríamos ver presos”. Me imagino que el Sr. Rubio hablaba de chavistas, de gente cercana a Maduro, gente que quizás se sienta en su gabinete o en su alto mando. Este señor no iba a estar llamando al jefe de las UBCH del barrio La Bombilla de Petare que sigue honestamente pasando hambre y necesidades y que seguro está molesto con Maduro. Debe estar hablando con los dueños de las cajas de los machetes, no con ningún payaso de segunda, debe estar conversando con aquellos que pueden entregarle al dueño del circo. Repetimos las dos condiciones que deben estar estas “raras avis” que están buscando: 1. Gente con poder y capacidad de fracturar y 2. Gente que garantice razonablemente que no se reproducirán los peligros que ya citamos.

¿Y cuál sería el contenido de estas conversaciones, si los hubiéramos vistos y escuchado por un agujerito que habríamos percibido? ¿Acaso Rubio les recordaba lo bonito que es respetar la Constitución y lo civilizado que es la democracia? Quizás a algunos le hablaba de ello, pero lo más seguro es que a algunos de estos capitostes les daba argumentos un poco menos loables, quizás, le recordaba lo mismo que muchas esposas, hijos y nietos, dicen a estos personajes ¿“Y cuándo es que vamos a poder gastar estos cobritos que hemos ahorrado durante todos estos años...?

¿Cinismo? No, alguno lo llaman eufemísticamente, Realpolitik. ¿Qué creen nuestros amigos recontra anti chavistas originarios, que fue lo que llevo a la captura de Pablo Escobar, pues ni más ni menos que la entente de las autoridades (DEA incluida) con su competidor el Cartel de Cali y cómo capturan al Chapo Guzmán, jefe del cartel de Sinaloa, si no es por el dedo del cartel de Jalisco?

Ninguna transición verá la luz, lo reiteramos, sin que se produzca una considerable fractura del régimen. De allí lo importante que es recordarles a muchos opositores aquella sabia frase de Gonzalo Fernández de Córdoba, el conquistador de Nápoles, llamado el Gran Capitán “Al enemigo que huye, puente de plata…”. ¿Cómo podemos esperar que tal fractura se produzca, si nuestros Robespierres tuneados en tropicales están en las puertas de las casas del PSUV recibiendo a todos los disidentes con un par de ñascas en las manos para lincharlos por su chavismo originario?

Hasta no mas ayer, María Corina Machado revelaba que ha recibido (ni siquiera dijo que los fue a buscar ella) a algunos oficialistas que le pidieron su opinión sobre el tipo de transición que ella prefiguraba, y una jauría con mal de rabia ha comenzado a lapidarla con las mismas piedras con las que recibimos a los disidentes del PSUV. Así no llegaremos ni a la transición ni a la esquina.

Hay que seguir trabajando este proceso, con tesón, con paciencia, acompañando a la gente que sufre, formando nuevas generaciones de chamos en una nueva ética de la gestión pública y fortaleciendo las organizaciones políticas y sociales. No solo porque hay que hacerlo para construir el futuro, sino porque mientras más fuertes sean los buenos para el momento de la mentada transición, más débiles serán los malos en la etapa siguiente.

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Edgar Benarroch

"Cuando un amigo se va queda un espacio vacío, queda un tizón encendido que no lo apaga todas las agua del río. Cuando un amigo se va una estrella se ha perdido que alumbra en su cuna a un niño dormido". Así lo escribió el estupendo canta autor y mejor poeta Alberto Cortés.

Es difícil describir la pena que causa el distanciamiento de un amigo tan cabal y solidario como lo era "el gordo" Ramón Rengifo. Fue un llanero prestado al Estado Aragua, donde se desenvolvió con gran sentido de entrega y autenticidad en las lides políticas y sociales que tanto le apasionaban. Se entregó al servicio de las mejores causas con inquietud permanente por el presente y futuro de nuestra región y del país. Su afabilidad, cordialidad y suavidad de trato reflejado en su comportamiento nos ataron tanto hasta transformar la amistad en hermandad.

El gordo era de un trato muy especial lleno de fino humor y optimismo contagioso. Era de un trato cautivador, quien lo conocía a corto tiempo terminaba apreciándolo. Siempre fue luz en la obscuridad.

Seguro estoy que descansará en paz, se ganó su tranquilidad con su constancia, solidaridad e inmensa vocación de servicio.

Nos quedan tantos recuerdos que Ramón permanecerá siempre en nuestra alma. Para quienes tuvimos la fortuna de disfrutar de su amistad siempre estará con nosotros, en las buenas y en las malas, con su sonrisa y liviano trato.

Sentimos inmensamente su prematura partida. Le rogamos e imploramos a Dios, nuestro Señor que lo reciba en su seno en la seguridad que tendrá un alma limpia y buena a su lado y también que el Espíritu Santo reconforte a su esposa Pastora Milexa y a sus hijos Rafael Antonio y María Verónica.

Con seguridad descansará en paz.

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