Todos los que hemos seguido los pasos de Trump en el terreno internacional sabemos que a él importan muy poco las formas de gobierno y mucho menos la democracia.
Hablar de transición en política significa hablar de muchas transiciones pues ninguna es igual a otra. La mayoría de los estudios sobre las transiciones -ya hay algunos “clásicos” como los de Linz, O’Donells, Poulantzas– se refieren a la transición que va desde una dictadura a una democracia.
La intervención de Trump en Venezuela ya es conocida en los medios de comunicación como «la extracción». Será difícil cambiar el nombre a ese hecho tan reciente, hecho que también cierra un capítulo en la larga historia de la dominación chavista.
...la expansión democrática, o revolución democrática en las palabras de Claude Lefort, está perdiendo terreno frente al avance externo e interno de las naciones antidemocráticas.
Putin no está interesado en la ocupación de Ucrania si esta ocupación no le garantiza su hegemonía política sobre ese país y su hegemonía militar sobre Europa.
Estamos hablando de ese fenómeno que algunos llaman expansión de la ultraderecha, otros, nuevo fascismo, y algunos (entre los que me cuento), nacional-populismo. En fin, estamos frente a un giro histórico de dimensiones globales al que podríamos entender incluso con el nombre de revolución.
Ucrania pertenece a Europa y todo ataque a Ucrania es un ataque a Europa. Si Trump entendió o no ese mensaje, es harina de otro costal. Aunque después de la intervención europea, Trump parece haber entendido más de algo.
El mundo no sólo es contradictorio. Además, es multicontradictorio. Es también un mundo brutal y como tal debemos pensarlo, al menos cuando escribimos sobre ese terreno tan sucio como es el de la política internacional.