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Opinión

Simón García

Después de la reciente reunión entre fuerzas de oposición, ha aumentado la expectativa de que nuevos encuentros permitan desbloquear las posibilidades de un entendimiento mínimo e incorporar al sector liderado por María Corina Machado. Existen diferencias insalvables como la que pone como prerrequisito para cualquier negociación con el gobierno que Maduro esté fuera de él y quienes consideran que el objetivo a corto plazo es lograr un cambio en las políticas económicas, medidas de institucionalización y renovación del CNE. Pero en muchos otros aspectos, el país reclama que la oposición se ponga de acuerdo entre sí.

Una manera de favorecer mayor aproximación entre las fuerzas de cambio y detener su fragmentación puede ser recolocar sus actividades en tres agendas: la del país, la de la crisis social y la de las próximas coyunturas electorales. Son interdependientes, pero tratarlas separadamente y sin que una prele a las otras.

De estas tres agendas, las dos primeras son urgentes. Pueden y deben traducirse en acciones concertadas de la oposición. No admiten demoras. En ellas se concentran importantes coincidencias. Abarcan temas propicios para que la oposición comience a rescatar su pérdida de credibilidad.

Existe una tercera agenda que puede o no ser asumida preventivamente y en el plano del debate necesario para reformular una estrategia eficaz. Se refiere a batallas electorales que el régimen va a imponer y frente a las cuales hay que encontrar la respuesta que mejor contribuya al empoderamiento del cambio. El fortalecimiento de los partidos y de la sociedad civil es indispensable para aumentar la capacidad de presión interna hacia desenlaces democráticos, pacíficos y decididos por venezolanos.

Las tres agendas no tienen hoy el mismo grado de consenso, pero mientras mayores sean los acuerdos en una de las dos urgentes, más fácil resultará superar las diferencias o disminuir la posibilidad de que la agenda menos consensuada, la electoral, obstruya la acción compartida en las otras dos.

Nadie es dueño de certidumbres ni adivino de los giros inesperados que puede dar la historia, pero no debemos reducir la política a una apuesta sobre salidas que no están en nuestras manos. Y menos alentar falsas expectativas que ha sido uno de los errores que han contribuido a que el régimen se atornille.

Ahora, definiendo un recomienzo a partir de las fuerzas y espacios que aún se conservan, la oposición tiene que afincarse en una realidad: el gobierno tiene crecientes averías para gobernar, lo desborda su pérdida de control sobre las situaciones destructivas que crea y sigue recibiendo, incluso en su seno, el rechazo a la bancarrota de todo y de todos. El país quiere una política alternativa y un horizonte de reunificación de los venezolanos que sólo la oposición democrática puede darle, si se acordara sobre el cómo y el para qué de sus estrategias.

Las tres agendas permiten fortalecer la acción conjunta y lograr que el contenido político y social prive sobre las formas de la unidad. Exigen un esfuerzo común de militantes y ciudadanos, miras elevadas; rendición de cuentas y que cada partido retome su misión cívica. Ellas pueden abrir una competencia de aportes y de aciertos entre el mayor número posible de actores democráticos, diversos y coherentes. Y eso es algo.

@garciasim

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La crisis del sector salud, representada por la huelga que con valentía mantienen las enfermeras desde hace casi un mes, y el paro indefinido a nivel nacional que iniciaron los trabajadores del sector eléctrico ayer, demuestran que la dictadura está arrinconada por el rechazo de las mayorías que no aguantan más los salarios de hambre, la escasez de alimentos y medicinas, el colapso de servicios públicos esenciales, la inseguridad, la violencia y la corrupción.

El encuentro de líderes políticos opositores realizada el pasado 19 de julio es una buena señal. Al margen de críticas sobre el método utilizado, nosotros creemos que estas reuniones deben realizarse de manera pública. Lo valioso es que, en medio de las amenazas del régimen, prevalezca la voluntad de encontrarse y discutir para llegar a acuerdos que le ofrezcan al país una alternativa viable frente al desastre que representa Maduro.

El anuncio de que la inflación llegará a un millón por ciento en diciembre aumenta de manera exponencial la angustia de los venezolanos, la mayoría de los cuales ya no puede alimentar a su familia.

Los dirigentes opositores deben seguir trabajando por mantener la presión internacional y la institucional, pero sobre todo tienen que continuar apoyando las miles de manifestaciones que se están realizando – cinco mil en tres meses – en las cuales el protagonismo es de la gente que protesta con perseverancia por sus derechos. Es oportuno enviar toda mi solidaridad al médico y diputado José Manuel Olivares ante la cobarde persecución de la dictadura contra su familia a raíz de las denuncias por la emergencia sanitaria y su apoyo a la huelga de los trabajadores y trabajadoras de la salud.

Como siempre hemos dicho, es imprescindible mantener una conducción política unitaria que se fundamente en lo que nos une, que no puede ser otra cosa que derrotar a la dictadura del hambre y la corrupción de Maduro. No se puede jugar a posiciones egoístas. Debemos seguir trabajando cada quien en lo suyo pero juntos por Venezuela.

Nos une la exigencia de declarar la crisis humanitaria que permita a los venezolanos acceder de manera urgente a alimentos, medicinas y tratamientos. Estamos de acuerdo en el deseo de que sean liberados todos los presos políticos, y que termine la persecución ilegal de dirigentes políticos, sociales, gremiales, estudiantiles, periodistas y medios. Todos queremos que se respete la Constitución, la Asamblea Nacional y que se realicen elecciones verdaderamente libres y con un nuevo CNE.

Por ello hay que seguir fortaleciendo el esfuerzo unitario, sin entrar en descalificaciones que solamente favorecen al régimen. Tenemos que impulsar una agenda de lucha común, de frente en todos los frentes, conformando con la mayor amplitud una plataforma promotora de las mas variadas iniciativas para una acción política que organice, movilice y refuerce la protesta popular.

Por ejemplo, una propuesta como la de Andrés Velásquez, de realizar una huelga general, debe ser tema prioritario para la discusión y la consulta con la sociedad. Sería una oportunidad para realizar una gran manifestación unitaria de todo el país por el cambio urgente que necesitamos.

Twitter: @TablanteOficial

Facebook: Carlos Tablante

Web: www.carlostablante.com

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Ciudadanos Diputados, pido la palabra para expresar lo siguiente:

Por fin se ve un gesto de rectificación en ese cuerpo nacional legislativo, después de habérseles ocurrido perder su tiempo en decisiones inoficiosas como la de nombrar un TSJ paralelo o declarar de hecho al poder ejecutivo como inexistente. Están regresando por el camino donde han debido comenzar: Legislar desde las regiones de forma itinerante, en contraposición al centralismo asfixiante impuesto a los venezolanos desde la llegada de Hugo Chávez al poder.

Bienvenidos al Zulia, bienvenidos al Estado casi desaparecido, con su Planicie de Maracaibo en total abandono, después que un buen día, el comandante eterno con Lula, prometiera que esa zona sería convertida en la región Agroalimentaria que alimentaría no solo al Zulia sino al mismo Brasil.

Bienvenidos al Zulia, paraíso fronterizo de los grupos paramilitares de derecha y de izquierda, que aún mantienen bajo extorsión, azotada a la Goajira y toda la región perijanera.

Bienvenidos a nuestra tierra del sol amada, donde vivir en tinieblas es ahora nuestra condición habitual, dada la falta de energía eléctrica.

Bienvenidos a esta tierra bendita, que por no dejar tuvo el arrojo, de designar a unos de sus parlamentarios, como Gobernador del Estado, por voluntad de más 700 mil zulianos, pero con la mala suerte que prefirió devolverle el poder sin nuestro consentimiento a la espuria ANC.

Bienvenidos, diputadas y diputados a nuestra Maracaibo. Han podido ir a Legislar a una de las canchas de los Barrios del Oeste de Maracaibo, allí donde el hambre como el sol, reverberan arrechamente de doce a una de la tarde.

También han podido escoger la sede de cualquiera de las Federaciones de Transporte Urbano de la Ciudad, para allí escuchar la opinión de nuestros choferes sin carros.

Quizás hubiese sido acogido con buena fortuna por nuestros abuelos, haber sesionado allí mismo, en plena Plaza Bolívar, y no por Bolívar, sino porque en una de sus esquinas, está el Banco Bicentenario, y habrá colas inmensas, a ver si por la presencia de ustedes, Maduro les deja cobrar sus 2 millones de bolívares.

Hasta no hubiese estado mal, haber escogido nuestra Alma Mater, nuestra LUZ hoy apagada sin estudiantes ni profesores, porque el hambre y la desesperanza los ha aventado más allá de nuestras fronteras.

De todas formas, bienvenidos a esa portentosa Universidad Rafael Urdaneta. Hay que felicitarlos porque han retomado el camino deseado, la razón de ser y estar allí con sus estandartes de parlamentarios. Pronúnciense por el tema eléctrico, pero desde ya deberían hacer que vuelva de nuevo a funcionar, aquello que, en mis tiempos de Parlamentario, del extinto Congreso de la República, llamábamos BLOQUE PARLAMENTARIO DEL ZULIA.

Vamos señores diputados, de la hoy maltrecha Asamblea Nacional, todavía les queda la mitad del periodo legislativo, hagan que cada uno de nuestros diputados den la cara un ratico por este estado y desde este estado por el país. Eso nosotros los zulianos se lo recompensaremos sino saben que podemos demandarles.

Bienvenidos diputados, legislen y actúen en defensa de Zulia y del país, que todavía tienen tiempo de hacer más ruido que un carro viejo como decía el también recordado y diputado Andrés Eloy Blanco.

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Luis Manuel Aguana

A pesar de saber que existe una infinito río de documentos históricos, opiniones de expertos políticos y militares alrededor de la figura de Simón Bolívar, hoy me gustaría modestamente dedicar unas líneas, no a esa figura mítica manoseada por todo el mundo del héroe latinoamericano, Libertador de 5 naciones, sino al ciudadano, al político, cuya perspectiva más allá de lo militar, es lo que creo que podemos analizar el común de las personas.

Cuando a los venezolanos nos presentan por primera vez en nuestra vida escolar la figura de Bolívar, no nos muestran la faceta ciudadana del Libertador. Nos muestran la faceta del militar, la del héroe de la Independencia. Todos los venezolanos hemos crecido con ese estereotipo en la mente.

Las pinturas y cuadros más representativos de la época en su mayoría nos muestran a un Bolívar vistiendo uniforme militar, y no es extraño que esto sea así porque, la mayor parte de su cortísima existencia –recuerden que murió a los 47 años- transcurrió organizando ejércitos y batallas para la liberación de Venezuela y 4 naciones más. Será por eso que la faceta que siempre he pensado como la más importante de la vida de este ser humano ha quedado escondida, al punto que me atrevería a decir que Bolívar fue militar por las circunstancias que le toco vivir, siendo a mi juicio la faceta más importante la del político y ciudadano. Y siendo esta la fundamental, la del militar se vio potenciada como consecuencia.

Tal vez en mi impertinencia de analizar la quintaesencia ciudadana del Libertador, trato de darle sentido al esfuerzo que tuvo de liberar repúblicas. Si la idea era construir naciones, eso no podría llevarse a cabo sin gente que entendiera el verdadero sentido de la libertad. Esto lo resumió el Maestro Simón Rodríguez al sostener la tesis de que es una contradicción desear Repúblicas sin republicanos. De acuerdo con el Maestro del Libertador, la única manera que hay es formándolos en las escuelas, para que las Repúblicas que estaban naciendo y obteniendo su libertad de la espada de sus soldados, se pudieran sostener. De acuerdo al Maestro la materia más importante de esa formación debía ser “la sociabilidad”. Esto en palabras modernas se llamaría enseñar ciudadanía.

De acuerdo a Arturo Uslar Pietri, el Maestro Simón Rodríguez afirmaba: “el que nada sabe, cualquiera lo engaña, el que nada tiene, cualquiera lo compra”. Uslar Pietri indicaba que en esta tesis, “se trataba de enseñar para que nadie pudiera engañar a otro y de darle una base productiva para que nadie pudiera comprarlo, para que fuera un ciudadano” (ver Simón Rodríguez, Parte 3, en https://youtu.be/2ExSCFfHMe4).

Este es realmente el cemento que garantiza la estabilidad de las naciones y eso lo sabía el Libertador, al punto que envió a su Maestro al territorio que hoy lleva el nombre de Bolivia para organizar esa escuela de ciudadanos. Lamentablemente el experimento fracasó y se libertaron militarmente naciones pero sin ciudadanos que las hicieran prósperas y estables. Esa enfermedad nos alcanza todavía en pleno siglo XXI. No podemos perpetuar ese error so pena de no haber terminado de romper las cadenas de las que nos liberó Simón Bolívar.

Eso explica la caída de la democracia venezolana y la pérdida de nuestra libertad a manos de un pueblo esclavizado por una dictadura como el cubano. ¡Da dolor decirlo! “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia”. Eso lo dijo el ciudadano Simón Bolívar al despojarse de todo su poder ante el Congreso de Angostura del 15 de febrero de 1819.

El ciudadano Bolívar dijo en ese discurso “Un gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo, la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios. Necesitamos de la igualdad, para refundir, digámoslo así, en un todo, la especie de los hombres, las opiniones políticas y las costumbres públicas…”. ¿Cómo es posible que un gobierno que se dice “bolivariano” atropelle ese legado histórico del Libertador? ¿Cómo es posible que cualquier gobernante venezolano sea capaz siquiera de atender cualquier política que vaya en contra de nuestro legado mas preciado?

El Simón Bolívar que deberíamos cultivar de ahora en adelante al recuperar nuestra libertad es el Bolívar ciudadano, no el militar. De haber respetado los militares la memoria histórica del Bolívar militar, nunca nos encontraríamos en esta deplorable situación con un régimen que atropella su memoria y va en contra de sus principios fundamentales.

Deberemos enfatizar en las escuelas el Bolívar ciudadano y político de la Sociedad Patriótica de Caracas del 3 de junio de 1811: “¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos, o que los conserve, si estamos resueltos a ser libres? Esas dudas son el triste efecto de las antiguas cadenas. ¡Que los grandes proyectos deben prepararse con calma! Trescientos años de calma, ¿no bastan? ¿Se requieren otros trescientos todavía?”. Todavía sufrimos “el triste efecto de las antiguas cadenas” donde los partidos hacen con los venezolanos lo que les viene en gana, porque no existen todavía ciudadanos capaces de comprender de donde proviene la soberanía.

Y volviendo a Angostura: “Un pueblo pervertido, si alcanza su libertad muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad.”. En este discurso Bolívar primero se consideró ciudadano primero antes que Libertador: “Yo someto la historia de mi mando a vuestra imparcial decisión; nada añadiré para excusarla; ya he dicho cuanto puede hacer mi apología. Si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime título de buen ciudadano, preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de Pacificador que me dio Cundinamarca, y a los que el mundo entero puede dar.”.

La única manera de asegurar que esta tragedia que vive Venezuela no vuelva a ocurrir después de salir de la tiranía, es aprender del ciudadano Bolívar. Nos quedamos en el Bolívar militar de las plazas, montado a caballo con la espada desenvainada en contra de los enemigos de Venezuela. Nos toca comenzar a entender que los verdaderos enemigos de ahora son la falta de educación y la lamentable falta de ciudadanos. Eso es lo que verdaderamente nos ha llevado a esta tragedia. Enterremos al Bolívar militar y rescatemos al ciudadano Bolívar. Es el mejor homenaje que podemos hacerle los venezolanos en este nuevo año de su nacimiento, y en desagravio por haber olvidado sus palabras que fueron escritas para nosotros, y que no hemos sido capaces de honrar como Nación…

Caracas, 24 de Julio de 2018

Blog: http://ticsddhh.blogspot.com/

Email: luismanuel.aguana@gmail.com

Twitter:@laguana

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​José E. Rodríguez Rojas

El chavismo como gobierno ha implicado la destrucción de las capacidades del país retrotrayéndonos, en términos productivos, a los niveles de mediados de la década de 1950.

El chavismo como gobierno ha conllevado a una sistemática destrucción de las capacidades productivas del país, tanto las públicas como las privadas. En primer lugar logró destruir la primera empresa pública del país: PDVSA. La compañía petrolera estatal figuraba como la principal multinacional de importancia en América Latina con inversiones en refinerías en Estados Unidos y Europa y una cadena de distribución de gasolina en los Estados Unidos. Producía 3,4 millones de barriles por día debido a las limitaciones que imponían las cuotas de la OPEP, pero su capacidad de producción era de 4 millones de b/d. Todo esto se vino abajo progresivamente después de que el prócer de Sabaneta despidiera en cadena de radio y TV a la gerencia profesional que dirigía la empresa. La producción comenzó a declinar y no ha parado hasta los momentos actuales cuando se ubica en un poco más de 1 millón de b/d. Según la opinión de diversos expertos petroleros la empresa es irrecuperable pues esta carcomida por la burocracia y la corrupción.

El chavismo también se ha caracterizado, a diferencia de otros gobiernos de izquierda como el de Evo Morales, Lula y Correa, por un sistemático hostigamiento a la iniciativa privada, que se ha traducido en la expropiación y confiscación de empresas productivas que cuando llegan a manos del Estado entran en un proceso de mengua, como ha ocurrido con Agroisleña, CANTV, Electricidad de Caracas, Lácteos Los Andes e innumerables empresas agroindustriales, agrícolas y ganaderas. El hostigamiento también ha implicado una política de control de precios que en un entorno inflacionario ha reducido la rentabilidad de las empresas, obligando a muchas a bajar la santa maría. También una política de control de cambio que ha agudizado las restricciones a la importación de insumos, indispensables para muchas de las empresas como las de derivados de trigo, aceites, avícolas, papel, embases, refacción de vehículos y pare usted de contar, que han dificultado la operatividad de las empresas.

En el caso de las empresas transnacionales el control de cambio ha impedido la repatriación a sus casas matrices de las ganancias que generan y dificulta la operatividad de las filiales en la medida que limitan la transferencia de recursos y tecnologías a éstas, dificultando la actualización tecnológica que normalmente ocurre en las empresas. También el chavismo ha impulsado una política económica que ha ido progresivamente incentivando la inflación y reduciendo el poder de compra de los venezolanos, disminuyendo a su vez el mercado natural de las compañías y afectando negativamente la dimensión de sus negocios. Una combinación de todos estos factores ha llevado a muchas empresas transnacionales a abandonar el país.

El caso más reciente fue el de la compañía Kellog’s, ubicada en el área de San Jacinto en Maracay, lo que implicó la pérdida de 400 puestos de trabajo. La salida de la Kellog’s es el caso más reciente, pero con anterioridad la lista de transnacionales que han abandonado el país es larga e incluye a líneas aéreas, laboratorios, empresas petroleras y agroalimentarias.

El colapso de las empresas publicas como PDVSA, el estado de mengua de las empresas expropiadas y confiscadas, la fuga de empresas transnacionales y el cierre de las privadas nacionales ha lesionado la generación de empleo y el tejido productivo del país de manera sensible. El deterioro del tejido productivo del país se refleja en la caída de la producción que viene desde hace varios años contrayéndose. Esta caída se puede medir a través del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) que se define como el valor monetario de la masa total de bienes y servicios que se produce en un país. En los cuatro años previos al 2017 el PIB descendió 35% según José Manuel Puente, economista y profesor del IESA. Es la crisis más aguda que se haya vivido en América Latina en los últimos 40 años, según el mencionado profesor. Afirmó también que el PIB de Venezuela en el año 2017 es similar al que tenía Venezuela en el año 1955, por lo que el país retrocedió 60 años en términos productivos. Estas afirmaciones las hizo el economista en el foro Perspectivas 2018 llevado a cabo por el IESA en el mes de marzo y han sido difundidas por la prensa nacional.

La destrucción que ha ocasionado el chavismo en el tejido productivo del país nos ha hecho retroceder a los niveles de producción de la época de Pérez Jiménez; todo el esfuerzo que hizo el gobierno de Pérez Jiménez y lo que hicieron posteriormente los gobiernos de la democracia se ha ido a pique. Cuanto de esto se podrá recuperar es una tema de discusión, primero tenemos que salir de los herederos del prócer de sabaneta que continúan la meticulosa labor de destrucción de su mentor.

Profesor de la UCV

josenri2@gmail.com

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Analítica.com

Durante gran parte del siglo XX, y desgraciadamente aún en el XXI, seguimos con el anacrónico debate ideológico-político de colocarnos ante el dilema de si es mejor ser de izquierda que de derecha, y lo peor es que los que proclaman esa dicotomía posiblemente no saben de qué están hablando.

Sin saberlo se sigue utilizando un concepto diferenciador surgido del seno de la Asamblea Nacional francesa en 1789, que de manera fortuita pretendía diferenciar las diversas posiciones de los legisladores según su ubicación en el recinto parlamentario.

El tema era si se admitía o no el veto real a las decisiones de la Asamblea, los que estaban de acuerdo con él, se ubicaron a la derecha de la presidencia y los que se oponían a la izquierda. Resulta que en la derecha estaban los aristócratas y en la izquierda la burguesía.

Lo curioso es que aparentemente no había lugar en el que se pudieran ubicar los del centro, es decir, los que no querían identificarse con ninguno de los extremos.

Ya sabemos que a partir de la revolución soviética, la izquierda era el partido comunista y la derecha todos los demás, por supuesto identificándolos con el fascismo. Pero eso, obviamente, no dejaba espacio para corrientes ideológicas como la socialdemocracia, el socialcristianismo, el liberalismo, que no se identificaban con los extremos: el comunismo y el fascismo o mejor dicho con cualquier fórmula de totalitarismo.

En nuestro país seguimos dejándonos llevar por esa absurda polarización que establece, a priori, que izquierda es sinónimo de bueno y derecha de malo. Y lo peor es que quienes hoy se califican de izquierda, que son la mayoría de los dirigentes del régimen, tienen mucho en común con la praxis del fascismo y del estalinismo, lo que poco tiene que ver con la idea de la bondad y más bien podrían perfectamente calzar en lo que peyorativamente se denominaba como la derecha.

Hoy Venezuela necesita centrarse, es decir buscar soluciones concretas a los problemas, no basados en ideologías del siglo XIX ó XX, sino en la realidad, que no es otra que hacer que el país vuelva a funcionar, que existan instituciones que velen por el bienestar de todos, que los servicios públicos sean eso y funcionen, que las libertades individuales sean respetadas y que la justicia no esté al servicio del gobierno, sino de los ciudadanos.

Es evidente que necesitamos cambios importantes, entre otros dejar de ser un país rentista para convertirnos en un país productor de riqueza. También es indispensable luchar por una mayor inclusión social y promover la educación como la principal palanca del cambio, ya que sin ella nada será sustentable en el tiempo.

Estos 19 años deben servirnos de ejemplo para entender lo que no se debe, nunca más, volver a hacer, que es producir un desastre económico y social escudándose en una presunta política de izquierda, que no es otra cosa que la máscara de un totalitarismo depredador.

Julio 25, 2018

Editorial de Analítica

http://www.analitica.com/opinion/por-que-el-centro-es-la-solucion/

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Helmut K. Anheier:

En muchos países occidentales, las divisiones sociales y políticas se han ensanchado al punto de parecer insalvables. Pero lo mismo podía pensarse en los sesenta, una época al menos tan conflictuada como la nuestra; y sin embargo, al final las divisiones de aquel momento se superaron. La diferencia estuvo en el discurso.

En los sesenta, todavía pesaba en Europa el recuerdo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. En Alemania, desafíos externos, como la Guerra Fría, y presiones internas, entre ellas la primera recesión de la posguerra y el aumento del desempleo, sometieron el todavía frágil orden democrático a los embates del radicalismo de izquierda (comunista) y de derecha (nacionalista). En 1968 estallaron protestas estudiantiles en ciudades de toda Europa y en Estados Unidos, en rechazo no sólo de la Guerra de Vietnam, sino también (y cada vez más) del “establishment” como tal.

Casi igual que ahora, en los sesenta la comunicación entre personas con puntos de vista opuestos era difícil. Pero en el debate público de aquella época había un grado de civilidad que hoy brilla por su ausencia. Se entendía (o al menos algunos entendían) que negarse a dialogar sólo reforzaría la mentalidad de “nosotros contra ellos”, que da impulso al radicalismo.

Piénsese por ejemplo en la discusión pública que mantuvieron Ralf Dahrendorf, miembro del Partido Democrático Libre (FDP), y Rudi Dutschke, líder estudiantil de izquierda radical, a las puertas de un congreso del FDP en Friburgo. Dutschke intentó “desenmascarar” a Dahrendorf (un intelectual del establishment liberal) como un explotador antidemocrático; Dahrendorf replicó que la retórica revolucionaria de Dutschke era ingenua, insustancial y en definitiva peligrosa. Pero a pesar de la vehemencia del desacuerdo entre ambos, se dieron mutuamente la oportunidad de exponer sus argumentos en torno de la revolución, la libertad y la democracia.

Esta postura también se vio en relación con los radicales de derecha, por ejemplo el Partido Democrático Nacional de Alemania (NPD), formado en 1964 por varios grupos de derecha. En 1967, en momentos en que el NPD hacía avances en el electorado, se celebró un asombroso debate público, prácticamente olvidado, ante 2000 personas que se reunieron en la Universidad de Hamburgo para oír a un panel discutir sobre “radicalismo en democracia”.

El panel incluyó al líder del NPD, Adolf von Thadden; al editor del semanario liberal Die Zeit, Gerd Bucerius; al autor conservador Rudolf Krämer-Bodoni; a Friedrich Karl Kaul, abogado y político de Alemania del Este; y, nuevamente, a Dahrendorf. El moderador fue Fritz Bauer, un ex exiliado que había sido fiscal en los juicios de Auschwitz en Frankfurt, celebrados entre 1963 y 1965.

El debate comenzó con Thadden, que expuso sus ideas políticas, evaluó sin remordimientos la actuación de Alemania en la Segunda Guerra Mundial y explicó el ascenso del NPD. A continuación, Dahrendorf (un profesor de sociología) hizo un análisis de la variada base de seguidores del NPD, que incluía a antiguos nazis, desencantados en busca de identidad y antimodernistas oportunistas.

Luego Dahrendorf declaró que aunque comprendía a qué se oponía Thadden, no tenía tan claro qué defendía el líder del NPD. ¿Apoyaba siquiera la democracia? Después Bucerius lanzó un desafío más directo a Thadden, al preguntarle si hubiera apoyado el intento de golpe contra Adolf Hitler en 1944. Bauer añadió que la hermana de Thadden había formado parte de la resistencia. Pero Thadden eludió dar una respuesta directa, y dio a entender que no hubiera luchado junto con su hermana.

Sin embargo, Dahrendorf se mostró convencido de que la suerte del NPD debían decidirla los votantes, no los tribunales (que habían ilegalizado al Partido Comunista); idea que Kaul reiteró en una encendida declaración (que sin duda había sido acordada de antemano por la dirigencia de Alemania del Este) sobre el hecho de excluir del debate a los comunistas de Alemania occidental. Otros panelistas se mostraron de acuerdo. Dahrendorf concluyó que una democracia liberal no puede excluir a radicales de una orientación y tolerar a los de otra.

Es difícil imaginar a políticos de los partidos principales e intelectuales públicos de la actualidad debatir abiertamente, con tanta profundidad y respeto mutuo, con los radicales y arribistas de ahora, sean populistas, nacionalistas económicos, euroescépticos o alguna otra cosa. Es evidente que la extrema izquierda y la extrema derecha no dialogan así. Cada bando prefiere predicar para los suyos dentro de burbujas mediáticas donde hay poca demanda de una discusión auténtica de ideas contrarias.

Hoy parece que muchos líderes del establishment (las “élites”, abanderadas del orden democrático liberal) creen que dialogar con figuras radicales es demasiado peligroso, porque una mayor exposición podría conferirles más legitimidad. Pero esta postura también es muy arriesgada, sobre todo porque se ha convertido en una obstinada negativa a ver los cambios sociales que han impulsado a las ideologías extremistas (una actitud que a muchos les parece arrogante). Basta recordar cuando la candidata presidencial demócrata en la elección estadounidense, Hillary Clinton, soltó que la mitad de los partidarios de su rival Donald Trump eran un “montón de deplorables”.

Los extremistas no desaparecerán porque uno quiera. Esperar a que los movimientos radicales se agoten solos (como algunos han sugerido) es imprudente y peligroso, por la cantidad de daño que pueden hacer antes de caer. Para cumplir su responsabilidad de preservar el bien público, las “élites” culturales y políticas deben renegar del elitismo y hallar formatos y fórmulas que permitan un diálogo más constructivo entre grupos distintos, incluidos (por difícil que sea) los movimientos radicales y populistas.

En el debate de Hamburgo, Dahrendorf afirmó con razón que el éxito de los extremistas era una medida de los fracasos de las élites democráticas. Como el NPD en los sesenta, la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) debe su éxito en la elección federal de septiembre pasado a la negativa de las élites políticas, económicas y académicas del país a dialogar en forma constructiva con la opinión pública, y mucho menos con aquellos a los que la opinión pública juzgó dispuestos a escuchar sus inquietudes.

Los defensores de la democracia liberal deben debatir con los populistas no para hacerlos cambiar de idea, sino para que la opinión pública comprenda no sólo contra qué está cada parte, sino también a favor de qué. Es verdad que esto tal vez implique dar a los populistas más visibilidad, con riesgo de que se normalicen ideas extremistas. Pero las amenazas de la polarización agresiva de la esfera pública (que los extremistas han sabido explotar muy bien) son mucho mayores.

POLIS: Política y Cultura

Julio 23, 2018

https://polisfmires.blogspot.com/2018/07/helmut-k-anheier-como-debatir-c...(POLIS)

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