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Opinión

José Rosario Delgado

Curioso que este presidente y su gobierno, tan entusiastas como son con la degeneración y degradación del género, no hayan creado simultáneamente el criptomonedo el Petro y la criptomoneda la Petra. El Petro, paradójicamente, se fundamenta en un barril de petróleo, mientras que la Petra se sustenta sobre una rama de esperanza floreando a las orillas de un barranco de ilusiones con vértigo de ofertas y promesas incumplidas que no se cumplen ni se cumplirán nunca dada la naturaleza de este régimen bribón, truhán.

Mientras al Petro la dictadura le augura un futuro de “potencia” monetaria mundial, a la Petra se le ven las costuras de las costillas y el hambre se le refleja en las ojeras y en las orejas sin que los salvadores de la patria del carné hagan algo para superar la crisis más que humanitaria; una crisis de inmoralidad, amoralidad, atrocidad incluso, donde verdugos y condenados tararean las mismas canciones y corean sus falaces consignas.

El Petro navega en las plácidas aguas de la felicidad, mientras la Petra naufraga y se ahoga en los putrefactos pantanos de la ignominia, esperanza inútil, flor de desconsuelo que no se muere, pero que mata de miseria y necesidades a quienes aún se recrean con grávidos pajarillos que revolotean en la televisión y se les posan en el ramaje de la imaginación para asirse en la sinrazón.

Servirá el Petro para todas las operaciones económicas y financieras de todos los bandidos que medran en el presupuesto y la Petra no encuentra comida y si encuentra no tiene con qué comprarla; si la compra no tiene con qué cocinarla y al calentarla no consigue con que acompañarla. Dice el bocazas que el Petro es dinero contante y sonante y la Petra pasa horas, días, semanas y meses sin éxito buscando plata en efectivo.

Ya el Petro se cotiza en la bolsa de valores y la bolsa de Petra no ve los valores de su pensión luego de cotizar, durante años, el Seguro Social. El Petro viaja en las redes sociales abriéndole paso a la inversión y la Petra no puede abrirse paso entre la muchedumbre que ansiosa pide, por el amor de Dios, le suministren, le vendan, la bolsa del Clap para darles de comer a sus hijos que son el futuro de la patria de chávez y maduro.

Según el gobierno y sus acólitos el Petro goza de buena salud, luce fuerte y robusto porque es petrodólar puro, pero la Petra no tiene salud, se enflaquece y se desvanece del timbo al tambo buscando asistencia médica y medicamentos para ella y los suyos que se mueren de mengua en las calles recogiendo la pasilla y la borona que les tira la revolución y al que le caiga la chupa.

Ahora que el petróleo es de todos los vagabundos que manejan Pdvsa (ministerio impúdico dixit) y ésta es de todos los acreedores de aquí y de por allá, el Petro se puso a valer para los corruptos mientras la Petra trata de vender las gallinas flacas que le quedan intentando mandar a sus hijos fuera de Venezuela en busca de calidad de vida y mejor destino. El Petro da buenos dividendos a los cripto-asesores del régimen mientras la Petra se aferra al Cristo-Jesús redentor de los pobres. Amén…

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Señor Rodríguez Zapatero:

En Venezuela ya es difícil que algo cause extrañeza. Nuestra realidad ha alcanzado unos niveles de surrealismo, que cualquier cosa puede suceder. Leo –sin asombro alguno– que el Consejo Nacional Electoral le propone a usted como coordinador de una misión de observación para las elecciones presidenciales del próximo mes de abril. Si acepta, la tendrá usted fácil, porque salvo que el candidato se haga fraude a sí mismo, no habrá mucho más que observar.

Me gustaría proponerle otra misión de observación: véngase un día, de incógnito, como quien no quiere la cosa y observe lo que está sucediendo en los hospitales de Venezuela con la gran cantidad de niños que pierden la vida al nacer. También están los que mueren de desnutrición o por comer una variedad de yuca –lo más barato que hay– que llaman amarga y que envenena; niños que empiezan a ser abandonados por algunos padres porque tienen que escoger, como en “La decisión de Sofía” (no la reina, sino la película de Pakula protagonizada por Meryl Streep), a qué hijo salvar. Es una dolorosa tragedia. Sería bueno que observara lo que está sucediendo con los medicamentos, porque mucha gente está perdiendo la vida por no tener medicinas esenciales para sus tratamientos. Debería observar el estado de los hospitales que, como el Clínico Universitario, han dejado de hacer cirugías porque no tienen cómo.

Tendría que observar el paso fronterizo entre Venezuela y Colombia, para que vea la cantidad de venezolanos que abandonan el país. No tiene que volar tanto para ello, en Madrid mismo puede usted notarlo, camine por las calles y pregunte. Pregúnteles a tantos venezolanos cómo y por qué llegaron hasta allá. Se habla de que cerca del 10% de la población ha emigrado, como luego del año 39 por allá. Observe, señor Rodríguez Zapatero, las aulas de las universidades nacionales, el sueldo de nuestros profesores no sobrepasa los tres o cuatro dólares mensuales. Profesores que pierden peso y muchos que se van, alumnos que no pueden llegar a las aulas porque no hay manera de transportarse o de comer. Venga y observe en las calles lo que sucede en torno a las bolsas de basura, los anaqueles de los supermercados. Observe la morgue y la cantidad de muertos por violencia que ingresan cada día.

Hay demasiado dolor, señor Zapatero, solo que nuestros guernicas no explotan, son silenciosos e invisibles para el que no los quiera ver.

Si usted hiciera una observación profunda de Venezuela, una observación que le permita toparse con esta catastrófica situación que se nos viene encima y cuya gravedad exponencial se percibe a diario en la angustia de la gente que no sabe qué hacer, quizá comprendería por qué la oposición luego de dos décadas (¡medio Franco, para que se entienda mejor!) no puede suscribir acuerdos con quien no está dispuesto a respetar ninguna norma, ningún principio ni palabra empeñada. ¿Me dirá usted qué sentido puede tener firmar un acuerdo, si mientras las partes discuten garantías de transparencia electoral –lo que prueba que no existen–, una de ellas convoca unilateralmente a elecciones? Anhelamos con urgencia unas elecciones, sin duda, pero de verdad, que estén planteadas para que se exprese la voluntad popular y no –justamente– para lo contrario, para desconocerla. Señor Rodríguez Zapatero, que este régimen lo promueva como observador electoral imparcial debería decirle a usted mucho acerca de cómo se le percibe, pero también acerca de cómo se le percibirá luego del 22 de abril. El mundo entero, la Comunidad Europea, Canadá, Estados Unidos, nuestros hermanos latinoamericanos –a excepción de su buen amigo Evo Morales-–han denunciado estas elecciones. ¿Cree usted que todos se han confabulado en la maldad cuando unánimemente condenan lo que aquí sucede? Solo le invito –respetuosamente– a que medite en ello. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros con sus acciones y con aquello que cohonesta o no, está construyendo su propia memoria histórica.

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Nos cuesta, a los venezolanos, pensar más allá del momento, más allá de los problemas que nos arropan cada día. Es que la vida se nos ha vuelto tragedia, y no es desmesura decirlo. Por su parte, el Gobierno Nacional, salvo en la retórica, de la cual se sigue valiendo, aunque la épica ya se le secó, apenas tiene en su radar la forma de mantener el poder por cualquier medio.

Afortunadamente, y aunque sean pocas, hay instituciones que se encargan de recordarnos temas que, si bien no son considerados como parte de la crisis que sufrimos, comprometen, sin duda, el destino nacional. Son temas que parecieran contar sólo para el largo plazo, pero que hay que prestarles atención desde ya. Temas que asoman cuestiones que deben figurar, sin duda, al lado de los asuntos más relevantes que componen la agenda pública del país.

Digo lo anterior a propósito de un reciente libro, publicado en versión digital y de acceso libre, por la Academia Nacional de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman), con el buen pretexto de haber cumplido sus primeros cien años de vida. Me refiero a “Planteamientos de una nueva visión de Ciencia, Tecnología y Educación Superior”, texto que se debe al empeño puesto por Gioconda Cunto de San Blas, su Presidenta y a la inteligencia de quienes lo concibieron y se dieron a la tarea de armarlo, los académicos Ismardo Bonalde, Claudio Bifano y Antonio Machado Allison.

Se trata de una obra tejida a partir de 14 ensayos abrochados por un mismo asunto y la misma pretensión, esto es, la de mostrar que nuestro futuro, buena parte de él, se juega en la manera como se entienda y atienda lo que es y lo que implica la llamada sociedad del conocimiento. Se trata de ensayos escritos por profesionales provenientes de distintas áreas, que acometen aspectos diferentes desde sus particulares puntos de vista y que dan, incluso, origen a diagnósticos disímiles y a estrategias diversas, todo lo cual contribuye, creo, a darle aún más preeminencia.

A pesar del aire de inmediatez que se respira en nuestra sociedad, ¿o precisamente por eso?, es éste un libro muy oportuno. Es un urgente recordatorio, invalorable en este momento en el que nos toca soltarnos las ataduras del siglo XX y establecernos en el tiempo del mundo, con todos los desafíos que se desprenden en el plano social, económico, político, ambiental, cultural, ético y hasta religioso.

El Nacional, 20 de febrero de 2018

Enlace al libreo en referencia

http://acfiman.org/site/wp-content/uploads/2018/02/Libro-Centenario-Acad...

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Moisés Naím

Cada día, 1.500 millones de niños y jóvenes en todo el mundo acuden a edificios que se llaman escuelas o colegios. Y allí pasan largas horas en salones donde algunos adultos tratan de enseñarles a leer, a escribir, matemáticas, ciencias y más. Esto cuesta el 5% de todo lo que produce la economía mundial en un año.

Una gran parte de este dinero se pierde. Y un costo aún mayor es el tiempo que desperdician esos 1.500 millones de estudiantes que aprenden poco o nada que les vaya a ser útil para moverse eficazmente en el mundo de hoy. Los esfuerzos que hace la humanidad para educar a sus niños y jóvenes son titánicos y sus resultados son patéticos.

En Kenia, Tanzania y Uganda, el 75% de los alumnos de tercer grado no sabe leer una frase tan sencilla como: “El perro se llama Fido”. En la India rural, el 50% de los alumnos de quinto grado no puede restar números de dos dígitos, como 46-17, por ejemplo. Brasil ha logrado mejorar las habilidades de los estudiantes de 15 años, pero al actual ritmo de avance les llevará 75 años alcanzar la puntuación promedio en matemáticas de los alumnos de los países ricos; en lectura, les llevará más de 260 años.

Estos y muchos otros datos igual de desalentadores están en el Informe sobre el Desarrollo Mundial del Banco Mundial. El mensaje central del informe es que escolarización no es lo mismo que aprendizaje. En otras palabras, ir al colegio o a la escuela secundaria, y hasta obtener un diploma, no quiere decir que ese estudiante haya aprendido mucho.

La buena noticia es que los progresos en escolarización han sido enormes. Entre 1950 y 2010, el número de años de escolaridad completados por un adulto promedio en los países de menores ingresos se triplicó. En 2008, esos países estaban incorporando a sus niños a la educación primaria a la misma velocidad que lo hacían las naciones de mayores ingresos. Claramente, el problema ya no es la falta de escolaridad. No se trata de que niños y adolescentes no puedan ir a la escuela, el problema es que, una vez llegados allí, no aprenden. Más que una crisis de educación, lo que hay es una crisis de aprendizaje.

El Banco Mundial enfatiza otros dos mensajes: uno es que la escolarización sin aprendizaje no es solo una oportunidad perdida, sino también una gran injusticia. Los más pobres son quienes más sufren las consecuencias de la baja eficacia del sistema educativo. En Uruguay, por ejemplo, los niños de sexto grado con menores niveles de ingresos fracasan en matemáticas cinco veces más que quienes provienen de hogares más ricos.

Lo mismo sucede con las naciones. El estudiante promedio más pobre tiene un peor desempeño en matemáticas y lenguaje que el 95% de los estudiantes en los países ricos. Todo esto se convierte en una diabólica maquinaria que perpetúa y aumenta la desigualdad, la cual, a su vez, es un fértil caldo de cultivo para conflictos de toda índole.

Las razones para esta bancarrota educacional son múltiples, complejas y aún no plenamente entendidas. Van desde el hecho de que muchos de los maestros y profesores son tan ignorantes como sus estudiantes y que sus niveles de absentismo laboral son muy altos, hasta que los alumnos sufren de malnutrición o que no tienen libros y cuadernos. En muchos países, como México o Egipto, por ejemplo, los sindicatos de trabajadores educativos son formidables obstáculos al cambio y, con frecuencia, la corrupción en el sector es alta. Partes importantes de los sustanciales presupuestos para la educación no benefician a los estudiantes sino a los burócratas que controlan el sistema.

¿Qué hacer? Lo primero es medir. Por razones políticas, muchos países se resisten a evaluar de manera transparente a sus estudiantes y profesores. Y si no se sabe qué estrategias educativas funcionan y cuáles no, es imposible ir mejorando la puntería. Lo segundo es comenzar a darle más peso a la calidad de la educación. Si bien es políticamente atractivo anunciar que un alto porcentaje de los jóvenes de un país van al colegio, eso de nada sirve si la gran mayoría de ellos aprende poco. Tercero: empezar más temprano. Cuanto más mejore la educación a edades tempranas, más capaces de aprender serán los estudiantes de primaria y secundaria. Cuarto: usar la tecnología de manera selectiva y no como una solución mágica. No lo es.

Quizás el mensaje más importante es que los países de menores ingresos no están condenados a que sus jóvenes no aprendan. Corea del Sur era en 1950 un país devastado por la guerra y con altos índices de analfabetismo. Pero en solo 25 años logró crear un sistema educativo que produce algunos de los mejores estudiantes del mundo. Entre 1955 y 1975 Vietnam también sufrió un terrible conflicto. Hoy sus estudiantes de 15 años tienen el mismo rendimiento académico que los de Alemania. Sí se puede.

@moisesnaim

El País

18 Feb 2018

https://elpais.com/elpais/2018/02/17/opinion/1518885620_434917.html

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El título de este artículo lo tomo del libro “Usurpación Constituyente (1999,2017), de Allan R. Brewer-Carías, de lectura obligatoria para quienes deseen conocer parte de los orígenes de nuestros males. El destacado jurista sostiene que “El mal manejo del petróleo, después de hacer depender absolutamente todo el país del mismo, será en definitiva, por la hambruna, lo que ocasionará el desenlace. Y eso será lo que producirá más temprano que tarde el colapso del régimen”.

El conocido profesor afirma que “tenemos un gobierno asambleario y tumultuario, que actúa sin Constitución, conducido por un reducido grupo de asaltantes del poder, sin control alguno, configurándose como el reino de la arbitrariedad”.

¿Cómo llegamos a esta situación? Pensamos que quizá el sistema bipartidista se terminó de desprestigiar a finales de los ochenta, bajo la presidencia de Lusinchi. Según Brewer, el detonante de esta situación ocurrió en 1993, cuando Acción Democrática defenestró a Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera descuartizó a Copei. La Asamblea Constituyente de 1999 “sirvió de vehículo para permitir el asalto al poder por parte de la logia militar que había dado el fracasado golpe de Estado de 1992, cuyos miembros se apoderaron de todas las instancias del poder para implantar un modelo de Estado totalitario y cleptocrático”. La Asamblea Constituyente del 2017 “terminó de destruir los últimos vestigios que podían aún existir del nunca estructurado Estado democrático ….quizá con el objeto de estructurar otro Estado siguiendo el modelo arcaico soviético y cubano”.

Para Brewer-Carías, el régimen está en estado de “apoptosis”, es decir que se está autodestruyendo, tal y como hace un organismo multicelular para desprenderse de células dañadas. Al respecto señala seis factores: 1-. El aislamiento internacional del régimen. 2-El fracaso de querer implantar una doctrina bolivariana. 3- La destrucción masiva de la institucionalidad democrática. 4- Las violaciones a los derechos humanos. 5- El fracaso económico y social de la gestión de gobierno y 6- El fracaso en el desarrollo de la industria petrolera.

En este artículo nos referiremos al último punto. Nadie debe dudar de la destrucción de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y sus filiales. En los primeros años del totalitarismo esta empresa siguió funcionando por la inercia natural de una actividad que fue bien manejada desde sus inicios. Poco a poco fueron surgiendo los resultados del despido masivo de casi 23.000 trabajadores, los cuales tenían un promedio de quince años de experiencia. Por el deseo de poner a la empresa al servicio del partido de gobierno, fueron despedidos el 67% de la nómina ejecutiva, 67% de la mayor, 29% de la menor y 27% de la nómina diaria, perdiéndose una inversión de 21 millones de horas-hombre de adiestramiento, con un costo de unos dos mil doscientos millones de dólares. A esto hay que sumar que los nuevos directores y gerentes fueron designados por su afinidad política al gobierno, quienes descuidaron el mantenimiento, no realizaron las inversiones para sostener y aumentar la producción, y eliminaron el centro de adiestramiento. Por si fuera poco, la corrupción se adueñó de la empresa.

Las cifras que suministra Venezuela a la OPEP y las que esta estima evidencian la caída de la producción. Las reseñas de la prensa ponen de relieve los accidentes en las refinerías y las paradas no programadas de las mismas. Así mismo, es relevante las renuncias masivas de trabajadores por falta de seguridad en el trabajo y deplorables condiciones socioeconómicas.

Ya los mismos rojos denuncian el deterioro de la empresa y la corrupción. El expresidente Rafael Ramírez semanalmente señala que las directivas que le sucedieron manejaron muy mal la empresa. Por su parte la espernible ministra Iris Varela lo acusa de “volver mierda” a la empresa. El expresidente Del Pino reconoció que “descuidamos el mantenimiento para favorecer los programas sociales”. El embustero Maduro dice que “desde el inicio de este año la producción aumentó en 250.000 barriles por día, cifra que dista de lo que informó el ministerio de Energía y Petróleo a la OPEP y lo que esta estima. Para completar el panorama, el usurpador Tarek Saab ha imputado por corrupción a unos 70 gerentes, inclusive a dos expresidentes de Pdvsa. A Rafael Ramírez, con el cual no tengo relación familiar como declaró la posesa Iris, lo tienen en caldo de ñame.

Coincidimos con Brewer-Carías en que el fin del régimen está cerca y en la vital importancia del petróleo en la economía venezolana. Quizá no será posible recuperar a Pdvsa y, en el mejor de los casos, quedará reducida a su mínima expresión. Sin embargo, la industria de los hidrocarburos tendrá que volver a florecer. La tecnología y la inversión se podrán conseguir sin mayores dificultades, pero el recurso humano será limitante. Desde luego el Estado tendrá que disminuir su participación debido a que los rojos lo tienen en la carraplana.

Como (había) en botica:

Más grave que el deterioro de la industria petrolera es la situación de nuestras universidades por la falta de recursos económicos y porque se están quedando sin profesores. También preocupa la cantidad de médicos que están emigrando. Padrino López tolera el maltrato a sus compañeros de armas, entre ellos a los generales Vivas y Baduel.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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La crisis prolongada y severa de las instituciones, expresión de la tragedia venezolana de los últimos tiempos, toma cuerpo en un sistema de justicia penal, en franca regresión al más descarnado proceso inquisitivo, sin garantías, marginado y sometido al poder de quien recibe instrucciones y las sigue al pie de la letra.

Se encuentra en juego el bien más preciado después de la vida, en un orden democrático: la libertad. Sencillamente, en este pobre ex país, podemos ir a prisión, sin conocer lo que se nos imputa, con actas policiales sin firmas, sin órdenes del juez y sin haber sido sorprendidos en un hecho con características de un delito grave de manifiesta comisión o flagrancia que imponga la privación de libertad como medida excepcional e imprescindible para garantizar la sujeción a un proceso.

Nadie puede ser molestado por sus opiniones, hay libertad de expresión consagrada en la Constitución y solo son delitos los hechos expresamente previstos en la ley. Pero nada de esto vale ante la orden superior que debe ser “obedecida ciegamente o a toda costa”.

El aparato de la “injusticia penal” es de extrema eficacia para un régimen intolerable ante la crítica. Los únicos que pueden expresar su pensamiento, arengar al pueblo y anatematizar a sus enemigos reales o virtuales son los representantes de la línea oficial que no admite disidencia.

Los tipos penales de expresión que sobreviven amenazando la protesta pacífica y legítima erigida en traición a la patria, las declaraciones políticas convertidas en rebelión o las ofensas a los funcionarios –delitos de desacato–, pero no así las ofensas de los funcionarios a los ciudadanos, que se encontrarían justificadas, son parte de la normativa real que efectivamente se aplica al amparo de la revolución.

Por su parte, el proceso penal, instrumento para la aplicación de las disposiciones que consagran delitos y penas, tiene sus caminos verdes por los cuales discurre según instrucciones superiores; se desestiman las denuncias contra los altos funcionarios comprometidos con el gobierno; se inician procesos con declaraciones de “patriotas cooperantes” contra los disidentes; las audiencias se presentan con la incidencia de una “llamada” que orienta y decide; la prisión preventiva es la pena cuando la investigación carece de todo fundamento fáctico y jurídico; y el diferimiento de las audiencias llena el vacío de un verdadero proceso que demanda un juez imparcial y la igualdad entre las partes.

Urge el rescate de la justicia penal; es necesario que las víctimas de homicidios, secuestros y atropellos a sus derechos encuentren respuesta a su clamor por la verdad en un juicio público y una sentencia oportuna; resulta imprescindible que la sociedad vea que, en definitiva, un auténtico árbitro dicte una sentencia acatada por todos y absuelva al acusado o lo condene a una pena que efectivamente se cumpla; y, por supuesto los órganos de administración de la justicia penal –fiscalía, tribunales y prisiones– deben abandonar la encomienda que nunca debieron asumir de ser los protagonistas y ejecutores de una persecución política encubierta bajo la apariencia de legalidad.

Sin duda, es un compromiso impostergable la lucha por una verdadera justicia penal.

19 de febrero de 2018

aas@arteagasanchez.com

@ArteagaSanchez

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Carlota Salazar Calderón

ABC de la política

Recibí un alarido angustioso de mí gran amigo José Gregorio Delgado, con este comunicado: “La sociedad venezolana vive, hoy, un estado de desastre próximo al colapso. Todas las dimensiones que constituyen su estructura global, experimentan profundos procesos sistémicos de desintegración.

Este desastre es el efecto inevitable del proyecto deliberado de implantación de un modelo totalitario, dictatorial, de destrucción nacional, encabezado por Nicolás Maduro y sus círculos de poder. Este proyecto y este modelo, como ha sido señalado por la Iglesia Católica, las academias, la universidades nacionales, instituciones de la sociedad civil y esclarecidas individualidades, ha causado (causa y causará si no se detiene) profundos daños antropológicos, en muchos casos irreversibles, que afectan la esencia de la parte del género humano que habita, desde hace siglos, el territorio venezolano y amenaza con la disolución de nuestra colectividad.

Existe solo una posibilidad pacífica para detener este proyecto inhumano: la reunificación nacional con el propósito de detener y desplazar del poder a la cúpula que lo impulsa y dirige. La actividad de reunificación de la nación debería comenzar por el ejercicio de una voluntad política que se plantee, de inmediato, un diálogo interno entre los factores políticos que adversan el proceso de destrucción y que debe permitir la formulación de una estrategia de acción conjunta de los factores democráticos.

Este diálogo debe abarcar a todos los ámbitos sociales y no debe ser postergado. Debe comenzar ya”. La gente dice: si no se unen no llegan a ninguna parte. Cada uno con sus razones, todas válidas: abstencionistas, institucionales, intervencionistas…pero lo importante es la UNIDAD.

La sociedad venezolana debe dar un paso adelante en este sentido, basta ver cómo a los pacientes de diálisis protestan les lanzan bombas lacrimógenas, los disuelven y no hacemos nada; saber que familiares mueren por falta de medicinas y no hacemos nada; ver, ya no son fotos, ver a la gente comer de la basura y no hacemos nada. La mayoría no está de acuerdo con esas sentencias de muerte progresivas, pero se conforman con un carnet, mentiras, espejismos, frases hechas, confrontación…pero ¿cómo no conformarse? Si no hay una propuesta alternativa ¿Por qué y para qué luchar? necesitamos un motivo para votar, protestar, para arriesgarnos… pero todos. Darle sentido y contenido a la lucha. Nadie va a arriesgar su vida por nadie, menos por Borges, Capriles, López…olvídenlo, dan su vida por su familia, por su futuro, por un mundo mejor.

Por estas razones, desde este pequeño espacio hago un llamado a los partidos políticos, gremios, movimientos sociales, grupos de opinión, personalidades, dirigentes sociales…todos erramos es hora de enmendar.

Construir un proyecto político de cambio real y sincero, que lo llevemos a todas las comunidades, sin egoísmos, sin exclusión, que genere esperanza en los venezolanos y cambiemos juntos esta tragedia.

A los inmediatistas, línea pensante, como la llama Luis Vicente León, les digo: no es mañana, ni pasado, hay que trabajar, no se puede hacer desde la comodidad de unas estructuras vacías, ni desde las redes.

Esto necesita de un gran esfuerzo y desprendimiento de todos.

Carlotasc@gmail.com

@carlotasalazar

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