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Opinión

Oscar Tenreiro

Ayer 2 de Febrero hablé en la Universidad Politécnica de Alicante, tal como lo había hecho en la Politécnica de Valencia insistiendo en la indisoluble relación entre nuestra disciplina y el contexto, el cual definí en el caso venezolano como hostil. Al final se me acercaron dos estudiantes, ella de San Cristóbal, él de Caracas, y tal vez porque me parecieron mis nietos o por lo que acababa de decir sobre recuperar nuestro futuro, los abracé y pensé por un momento, emocionado, en tantos de los míos que, como a ellos, se les ha arrebatado su país. Horas después, de nuevo en casa de mi hija, me entero de los últimos acontecimientos (la prisión de Aristeguieta, cuyo sobrino es de mi familia, su hermano Adolfo, fallecido, mi amigo) y llego a algún artículo que hablando de eso insiste en la tarea absurda y negativa –inquinas personales o mezquindad– en hablar horrores de la MUD, hoy afectada por un descrédito que es el mayor triunfo que ha logrado la Dictadura, alimentado, no por los comprensibles errores de la MUD, sino por la estupidez de los iracundos y sabihondos.

Y negándome a situarme en 2018 como en 1958, voy a lo mío: la urgencia de centrarse en la participación en las elecciones chimbas convocadas por el Régimen, el peor error que han cometido. Ordeno mis razones:

  1. Comencemos con la situación catastrófica que estamos viviendo. ¿Es posible pensar que alguien que no sea enchufado o ideologizado –grupos de la población que no suman demasiado en números– va a votar a favor de un gobierno que ha sido el responsable del caos? No lo creo, la gente no es tonta: tenemos puesta la mesa para derrotar al gobierno.
  2. Estamos todos claros, y el gobierno lo sabe, que las elecciones son ilegales. El que gane de la oposición–esto es muy importante– no puede aspirar a quedar como Presidente. Primero las artimañas dictatoriales y el miedo de la camarilla no se lo permitiría y segundo porque él deberá saber que no es Presidente constitucional y que su papel será de líder conductor hacia el enfrentamiento civil que tendrá que ser definitivo, elecciones ganadas en mano, con la camarilla gobernante, incluida su falsa constituyente, para alejarlos del Poder. Ya veremos lo que ocurrirá. Los militares democráticos tendrán –la catástrofe la conocen ellos– una oportunidad clara para decir su palabra. Tendrán ante ellos los resultados electorales –actas en nuestro poder– presencia de calle y presión internacional, y resultará obvio, y las cosas obvias terminan imponiéndose, que la Asamblea Nacional verdaderamente legal intervenga para establecer los procesos jurídicos –nuevo CNE. nuevo Tribunal Supremo– que conduzcan hacia unas elecciones constitucionales con participación garantizada y democrática, sin privilegios, del chavismo. Y la oposición deberá elegir en primarias sin inhabilitados su candidato, quien podrá ser, o no, el líder que compitió en estas elecciones chimbas.
  3. ¿Porqué creo que lo que acabo de decir será posible? En primer término porque la catástrofe hará con seguridad que se caliente la calle (tanto durante la campaña electoral como con un triunfo) y se haga sentir, si no en marchas –que siempre terminan en fallidos traslados dentro de la ciudad– sí en concentraciones presididas por nuestro líder, primero como candidato, luego triunfante, líder coyuntural (razón por la que debemos aceptar a quien elija el cogollo) y además porque no es tan fácil, en clima post electoral y en definitiva bajo la cercana y tensa mirada internacional, reprimir con éxito una o varias grandes concentraciones (las marchas, cerrándoles simplemente el paso, son mucho más vulnerables y se disuelven por sí mismas). Un líder, sea quien sea, hablará por nosotros y contribuirá a unirnos hablando claro, duramente como lo necesitamos todos, porque dura es la tragedia que nos afecta.
  4. Todo lo anterior sólo será posible en la medida en que en lugar de refugiarnos vía Internet en redes sociales que como se ha dicho ya bastante por todo el mundo, respecto a las cuestiones político-electorales se revelan muy manipulables (en Francia estudian penalizar las noticias falsas en tiempos de elecciones), lo que debemos es hacer campaña directa, promover reuniones, acercarnos a los votantes CLAP y los del desvalido mundo rural, para lograr una presencia masiva tanto en el voto como en el control del voto, hasta ahora dejado sólo a los partidos.

La lucha es pues por ir a votar para convertir estas elecciones chimbas en un paso esencial para el desmontaje de la camarilla, lo cual también interesa al chavismo democrático

Termino diciendo algunas cosas sobre quien soy, por ejemplo que no estoy afiliado a ningún partido, soy un profesional, un profesor si se quiere; luego, que culpo de muy poco a quienes han hecho política contra el Régimen, es más, los admiro y apoyo; que no creo en militares sino en personas, y mucho menos en golpes militares; pienso, eso sí, que ellos están obligados a respetar la Constitución vigente y no obedecerle a ninguna camarilla; aclaro que no sueño, ni en broma, con marines o cascos azules; no pertenezco a ninguna mafia; no vivo en Miami ni me interesa comprar un apartamento en ninguna parte del mundo y aún menos allí, porque, entre otras cosas, estoy arruinado como el país y dependo de mis hijos; y la última, no soy, ni me interesa ser, una persona pública; soy uno más del montón que no quiere dictaduras en el Poder y reivindico la historia de mi país para decirlo.

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La definición de exilio es: “pena que consiste en expulsar o hacer salir a una persona de un país o de un territorio”. Nunca tan bien dicho, el exilio es una pena, en la plenitud de los sentidos de la palabra, un torcimiento del destino contra la voluntad del que se va, dejando un vacío en el alma que perdurará por siempre. Nadie quiere alejarse de su casa, de sus afectos, de sus sabores, en definitiva, de todo aquello que le es familiar, que marca su manera de pertenecer a esa patria mayor que es la humanidad. Si además, el exilio se produce en lugares con condiciones climáticas adversas –que para un venezolano es todo aquello que esté más arriba del Cabo de San Román y más al sur del nacimiento del río Ararí– la vida se nos vuelve gris porque el frío duele. Alejar a un venezolano de su tierra, fue siempre uno de los castigos predilectos de nuestros dictadores. Lo que llamaban “pena de extrañamiento”. Otra palabra, esta última, también significativa, porque es “la acción o resultado de extrañar y extrañarse”, es decir añorar lo que eras y sorprendente de lo nuevo a lo que habrás de adaptarte.

Los artistas venezolanos, cada vez más, vamos a donde están nuestros paisanos a llevarles el pedazo del país que cada uno de nosotros ha sabido transformar en arte según los dones que hemos recibido. Eso que antes hacían solo los consagrados de nuestra tierra frente a las multitudes que los seguían por el mundo, lo hacemos artistas más modestos, en teatros más grandes o pequeños, para llegar a ese creciente número de venezolanos que por las razones conocidas ha tenido que mudarse de destino. Lugares cercanos y cálidos como Panamá, remotos y fríos como Stavanger en Noruega; desde la lluviosa Escocia, hasta la lejana Australia; en Estados Unidos –naturalmente– en esa sucursal caraqueña que es Miami y en la remota Utah; por el resto del continente americano podríamos repasar el Himno a las Américas, que en todos los países hay venezolanos. Quién se podría haber imaginado que viviríamos en el desierto, en Dubái, en Japón o en Moscú; que transitar las calles de Madrid y encontrar paisanos en sus aceras, en las tiendas o en los taxis sería algo común. Hay una verdadera diáspora: esparcidos andamos por el mundo como si la misteriosa lotería de la maldad nos hubiese separado a propósito, para sumar a nuestra división adentro, nuestra separación fuera.

La nostalgia del exiliado la percibimos los artistas con mayor claridad: como nuestros paisanos nos conocen por la calle y nos paran, llevamos una azarosa estadística de ausencias y dolores, de dificultades, apuros y llantos. También de éxitos fundados en el talento, en el ingenio, en el saber y en el esfuerzo. De todo hay en inmenso exilio venezolano: desde el que reproduce mañas y ancestrales vicios, hasta el que se afana de una manera que jamás imaginó en casa, con una fuerza interior que nunca creyó tener. Estos, para alegría de nuestro gentilicio, constituyen la inmensa mayoría. El venezolano del exilio es honesto, trabajador, estudioso, prudente, ahorrativo y –sobre todo– portador de esa sabia humildad que quien se aleja de su patria conoce bien, tragando grueso a veces, dejando pasar inhóspitos comentarios otras tantas y haciendo de fontanero con su título de ingeniero “cum laude”, debidamente apostillado, guardado en el armario de su casa.

El mundo se ha ido llenado de venezolanos de éxito. No solo porque muchos han triunfado en honestos negocios construidos con sacrificio, con suerte o con ambas, sino también por el éxito cotidiano, con el que más frecuentemente –para mi agrado– trabo contacto: el de sacar adelante una familia, el de ayudar de mil maneras desde la distancia, haciendo algo por los que se quedaron y la pasan mal. Me refiero al éxito de la bondad que hallo en los corazones de la gente de mi tierra y me conmueven cuando abrazo a un muchacho helado que hace “delivery” en una bicicleta bajo la nieve de Madrid y me pide una foto que me enaltece por posar al lado de su coraje.

Vuelvo a casa cargado con las alegrías y los dolores de mi gente, con su generosidad y su bondad infinita, sus sueños de vuelta y su esperanza inexpropiable. Una chica del sistema toca el violín y sale corriendo a otro trabajo luego de acompañar al joven cantante que nos abre la presentación, venezolano también. Un humorista que se fue a Tenerife me dice que sería un honor presentarme y se luce, otro en Espinho hace magia en el escenario y también para vivir. Un paisano que comenzó de camarero tiene su propio restaurante en Bizkaia, siendo dueño sigue de mesonero porque él aprendió a servir. Empanadas en Madeira, arepas en Madrid, cachapas en Bilbao, nuestra cocina toma el mundo y aunque los de allá los llamen “palitos rellenos de queso”, nuestros tequeños son inconfundibles. Da gusto ver a los gringos que salen de ver Piaf hacer comentarios en inglés sobre lo maravillosa que es Mariaca en inglés; en Viena un médico que da conferencias por el mundo para salvar corazones; en Deusto el padre Mikel de Viana da cursos a los que quisiera asistir en Caracas; Ramírez triunfa en Hollywood, en todas partes la gente del petróleo hace proezas y estudiantes nuestros brillando en las universidades del mundo. La lista es larga y el espacio breve. Mientras unos insisten en hundirnos, el alma venezolana, dentro y fuera insiste en salir a flote, en mostrar que somos de una madera insumergible, madera fina.

Sé que esto también pasará y que esa diáspora volverá para ayudar a la reconstrucción.

En este duro momento, por esas inexplicables circunstancias del azar vino a la memoria el poema que Borges escribe “para a una versión del I King”:

“El porvenir es tan irrevocable

como el rígido ayer. No hay una cosa

que no sea una letra silenciosa

de la eterna escritura indescifrable

cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja

de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida

es la senda futura y recorrida.

Nada nos dice adiós. Nada nos deja.

No te rindas. La ergástula es oscura,

la firme trama es de incesante hierro,

pero en algún recodo de tu encierro

puede haber un descuido, una hendidura.

El camino es fatal como la flecha

pero en las grietas está Dios, que acecha”.

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Antonio José de Sucre fue uno de los héroes de la independencia latinoamericana más laureado y admirado en su tiempo. Venezolano y Cumanés a carta cabal, gran amigo de Bolívar, no en balde, el libertador ante su caída en Berruecos lo lloró y lo llamó el Abel de nuestra América. Amante de las letras, se afanaba por escribir todo lo que soñaba y convertía en realidad.

En su libro “De mi propia mano” veremos cómo en su corta, pero intensa vida, Sucre va desde cadete en 1808 hasta General en Jefe, Comandante General y Gran Mariscal en 1824, incluyendo ministro de Marina y Guerra en 1820. Fue Gobernador de la antigua Guayana y Comandante General del Bajo Orinoco en 1817 hasta presidente fundador de la República de Bolivia en 1826.

En el Poder Legislativo fue Diputado en 1819, Senador por el departamento de Orinoco en 1822, y presidente del Congreso Grancolombiano en 1830. En la diplomacia, Sucre de veinticinco años fue Comisionado para concertar el Armisticio y el Tratado de Regularización de la Guerra en 1820; plenipotenciario extraordinario ante Quito en 1821; lleva facultades totales diplomáticas y de fuerza de Colombia al Perú en 1823, y se le expide credencial amplia para tratar con los gobiernos de Chile y Buenos Aires.

En la rama judicial fundó e instaló la Corte Suprema de Justicia en Cuenca 1822 y la Corte Superior de Justicia Boliviana de 1826. Por último, para redondear su eximia personalidad, en la esfera máxima de la cultura se ocupa de las universidades de Bolivia en 1825, y aunque no fue periodista auspicia y funda órganos de prensa.

En esta Venezuela del siglo XXI debemos reivindicar no solo el patriotismo de nuestros libertadores. Hoy más que nunca habrá que insistir en el llamado a construir el futuro de la patria buena, forjada con los valores de ciudadanía y libertad traídos a estas tierras por venezolanos como Antonio José de Sucre.

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Luis Manuel Esculpi

Las formas ya no importan. Los obsesiona la conservación del poder. Convocan elecciones sin intenciones de realizar un proceso pulcro. Ayer el CNE -como siempre- cumpliendo instrucciones, debe haber fijado fecha. Sí en anteriores no tuvieron que recurrir a la trampa más descarada, ahora sin el menor recato la emplean, es la única manera de asegurarse no perder. Ya no sólo inhabilitan candidatos competitivos, también organizaciones políticas. Pretenden vender la idea de una normalidad y una paz inexistente.

La crisis económica y social les estalla por todas partes, aliviarla y superarla implicaría un cambio sustancial en la política, que no están en disposición de emprender. Ella no se puede ni siquiera mitigar con las aisladas decisiones que adoptan. El invento de los bonos periódicos pretenden ser paliativos pero ni siquiera cumplen ese cometido. El aferrarse a viejas y fracasadas fórmulas les impide cambiar el rumbo y virar en una dirección distinta, están incapacitados para hacerlo, mientras tanto la economía continúa deteriorándose con sus inevitables consecuencias en la vida de los venezolanos.

La situación es verdaderamente dramática tal como se manifestó en el Foro de la Fundación Espacio Abierto realizado el pasado sábado titulado: Hambre, desnutrición y salud, que con la participación del diputado Omar Barboza Presidente de la Asamblea Nacional, la Doctora Susana Rafalli nutricionista y asesora del programa humanitario de Cáritas y el internista y ex ministro de Sanidad el Doctor José Félix Oletta.

La Dra. Raffali expresó que el trabajo de asistencia está centrado en “menores de cinco años y que en nuestro país alcanza la cifra alarmante del 15% de esa población” lo que nos sitúa al borde de declarar la emergencia de acuerdo a lo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS); estamos colocados “en la triste posición de tener el peor desempeño alimentario de la región: de dos millones de latinoamericanos que ingresaron a la categoría de sub alimentados en los últimos tres años, un millón ochocientos mil son venezolanos”. Solo estos dos datos suministrados por la especialista, en su interesante y dramática exposición debieran constituir motivo suficiente para conmover a los jerarcas del gobierno, y disponerse a abrir el canal humanitario que ha sido solicitado por distintas organizaciones nacionales e internacionales.

El Doctor Oletta denunció que se ocultan la información sobre 72 enfermedades de notificación obligatoria. Afirmó: “dependemos en un 90% de medicina importadas, la disponibilidad de hipertensivos, antibióticos y sicotrópicos alcanza apenas un 2%. Hay un millón y medio de niños sin vacunar o con vacunas incompletas”.
El Diputado Omar Barboza manifestó la intención del órgano que preside de promover una Alianza Nacional para la Solidaridad Humanitaria con la finalidad de estimular y apoyar a las instituciones que hacen esfuerzos para aliviar la crisis y buscan soluciones de fondo a la gravísima problemática planteada.

En esta oportunidad he considerado conveniente destacar algunos aspectos puntuales de las ponencias en un Foro de la Fundación Espacio Abierto, con la finalidad de destacar la inmensa distancia existente entre el discurso y las preocupaciones del gobierno con la realidad. Lo alarmante de las cifras que revelan un gran retroceso en materia de nutrición y salud, con los índices que alguna vez poseímos en ambos renglones

El encuentro del sábado fue una pequeña muestra de la existencia en el país de profesionales especializados, de una gran sensibilidad social, con dedicación y sentido solidario a estudiar y proponer soluciones en el corto, mediano y largo plazo en todas las áreas del conocimiento, dispuestos a dar su contribución para salir de la crisis.

Lamentablemente el gobierno actual -tal como describimos inicialmente- anda por otros senderos y no está disponible para oír las voces autorizadas y hacerle frente a la terrible situación que confrontamos. De allí se desprende la necesidad de trabajar para alcanzar el cambio político.

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Felix Arellano

La gravedad de la situación venezolana, que se incrementa progresivamente, con profundas consecuencias sociales, económicas y políticas, incluso para los países de la región, sigue representando un reto para la institucionalidad internacional, para sus normativas, particularmente en lo relativo a derechos humanos y defensa de la democracia; para el sistema multilateral y para las tendencias que promueven la democratización y humanización de la dinámica global. Lo novedoso de la situación nos está permitiendo observar debilidades y limitaciones, pero también ideas e iniciativas que pueden contribuir a perfeccionar el ordenamiento vigente.

Uno de los primeros retos tiene que ver con la institucionalidad hemisférica, en particular la Organización de Estados Americanos (OEA) y las Cartas Democráticas vigentes tanto en la OEA, como en el Mercosur. En el caso de la OEA, si bien contamos con la valentía del Secretario General el Sr. Luis Almagro, que pese a los obstáculos, decidió utilizar las prerrogativas que le ofrece la Carta en su Artículo 20 y activar su aplicación; luego, nos encontramos con los rigores de la realidad. Por una parte, un sistema de votación que confiere un peso determinante a los gobiernos de las islas del Caribe anglosajón que, actuando en grupo, se constituye en la práctica en un veto.

La actuación en bloque del Caribe en la OEA tiene historia y el gobierno bolivariano la ha sabido capitalizar con una política asistencialista efectiva, que tiene como programa estrella a Petrocaribe. Frente a la poderosa chequera petrolera bolivariana, no siempre transparentes, no resulta fácil para la oposición democrática venezolana lograr apoyos; empero, debemos reconocer que con el tiempo la unidad caribeña se ha debilitado.

Otra limitación que se ha apreciado en la aplicación de las Cartas Democráticas en el hemisferio, es la nula participación de los afectados por la violación de los derechos humanos, quienes deberían tener espacios definidos y protegidos para la denuncia y su defensa. En el caso venezolano, el Secretario Almagro ha promovido la formación de paneles que recibieron a los denunciantes, empero, son un mecanismo sin efectividad jurídica, que debería ser incorporado en los cambios futuros a promover.

En el caso del Mercosur, los gobiernos no han logrado la disposición para profundizar en la diversidad de sanciones previstas en el segundo Protocolo de Ushuaia, seguramente por las contradicciones que sobre el tema venezolano caracterizan al gobierno uruguayo. Ahora bien, ante la agudización de la situación venezolana, seguramente los países del Grupo de Lima se puedan ver obligados a recurrir a mecanismos de sanción como los previstos en la Carta Democrática del Mercosur.

Otro de los retos que plantea el caso venezolano lo representa la Corte Penal Internacional (CPI). La presentación de varias demandas, fundamentalmente por delitos de lesa humanidad, contra el gobierno bolivariano, que no se procesan está desvelando las debilidades y contradicciones de la Corte, incluso, algunos manejos oscuros.

En este contexto, uno de los problemas son las complicaciones burocráticas, el poder del Fiscal de la Corte y de la Sala de Cuestiones Preliminares para iniciar cualquier investigación. Se sabe que fueron varias las demandas que desestimó el exfiscal Luis Moreno Ocampo, sobre quien circula información de manejos oscuros de recursos y, actualmente, la Fiscal Sra. Fatou Bensouda, parece que ha engavetado otras.

Adicionalmente, crecen los rumores sobre presuntas contribuciones financieras especiales, de gobiernos denunciados, al presupuesto de la Corte. También se aprecia la nula capacidad de acción de los afectados ante la institución, para presentar sus denuncias y defensa.

Otro reto latente tiene que ver con la aspiración del gobierno bolivariano de lograr una mayor internacionalización geopolítica del problema, buscando un apoyo más contundente de China y Rusia, incluso la utilización de sus vetos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero también encontramos hechos estimulantes como la creación del Grupo de Lima y la extraordinaria labor de coordinación de la comunidad internacional ante la crisis venezolana, como se puede apreciar, entre otros, por las sanciones adoptadas por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. En este momento, luego que el gobierno bolivariano está “pateando” la mesa de negociación en República Dominicana, todo parece indicar que las sanciones se incrementaran.

La decidida y coherente actuación de la comunidad internacional en la defensa de los derechos humanos y la institucionalidad democrática en Venezuela, representa una oportunidad para avanzar, con iniciativas organizadas desde la sociedad civil, en una mayor democratización y humanización de las relaciones internacionales.

felixarellano50@gmail.com

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Distinguidos políticos se han interesado en el estudio del petróleo como recurso natural no renovable y como instrumento de desarrollo. La mayoría expresaron sus ideas en artículos. El libro “Venezuela, política y petróleo” (1956), de Rómulo Betancourt, sigue siendo referencia del pensamiento de muchos de nuestros políticos. También “El pentágono petrolero” (1967), de Pérez Alfonzo. En esos tiempos se consideraba que la industria petrolera “era asimilable a un servicio público”, la política de concesiones se percibía como una entrega de soberanía, se estimaba que las reservas de petróleo eran escasas, por lo que había que restringir la producción, se tenía la certeza de que las empresas extranjera escamoteaban los impuestos, ya de por sí muy bajos y que, además, cuando podían intervenían en la política interna.

Hoy la situación es diferente. Ya la actividad petrolera no es asunto de “musiues”, las reservas de crudo no son tan grandes como afirma el régimen, pero sí son cuantiosas. El negocio está estatizado y las compañías extranjeras que participan como socias minoritarias de Pdvsa no pueden eludir pagar altos impuestos y no intervienen en nuestros asuntos. Cabe preguntar cuál es el pensamiento de nuestros políticos ante estos cambios.

Por razones que no son del caso comentar, el venezolano siempre percibió a la industria petrolera como algo foráneo. Incluso después de la estatización, sus trabajadores eran considerados por muchos compatriotas como copiados a imagen y semejanza de los “musiues”, ajenos al acontecer nacional, bien pagados y en general unos pretenciosos que se consideraban diferentes al resto de los ciudadanos. Cuando los petroleros decidieron ir a un paro en abril del 2002 por las violaciones a la meritocracia, muchos apoyaron no por simpatía, sino por percibir que podía ser un importante factor para salir de Chávez, tal y como sucedió, aunque por poco tiempo.

Cuando individualmente los trabajadores petroleros se sumaron al paro cívico de diciembre del 2002 en defensa de la democracia, todos aplaudieron. Sin embargo, cuando no se obtuvieron los resultados deseados, políticos y no políticos criticaron “por abandonar espacios y por inoportunos” y se empezó a mencionarlo como “paro petrolero”.

Realmente lo importante es que los políticos pongan sobre el tapete lo que es necesario hacer para poder recuperar esta industria que está en el suelo, cuando cambie este régimen que languidece.

Para aumentar la producción y refinación se requieren cuantiosas inversiones ¿De dónde saldrían esos recursos? ¿Sacrificando lo que es imprescindible realizar en educación, salud infraestructura y apoyo a los más necesitados? Al no contar con esos recursos ¿estarían dispuestos a que Pdvsa se reduzca a su mínima expresión y a otorgarle mayoría accionaria a los socios privados de las empresas mixtas? ¿Siguen pensando en el concepto obsoleto de soberanía y que lo privado es malo? ¿Todavía privilegian restringir producción y perder mercado para que haya mayores precios?

Desde luego también se requiere de recursos humanos calificados. ¿Están dispuestos a despedir, respetando sus derechos, a los miles de activistas políticos que ingresaron a Pdvsa? ¿Reconocerán los derechos laborales de los despedidos en el 2003? ¿Consideran deslindar de Pdvsa las actividades no relacionadas con el negocio?

La tecnología es otro insumo imprescindible para elevar la exploración, la producción y la refinación. ¿Tienen la disposición de deslastrarse de socios que no aportan y reanudar o establecer nuevas relaciones con quienes cuentan con recursos financieros, humanos y tecnología? Reconstruir el centro de investigación Intevep y el centro de adiestramiento Cied quizá sea imposible. ¿Qué opinan de realizar estas actividades a través de un apoyo sostenido a nuestras universidades?

¿Todavía piensan que producir petróleo es coser y cantar?

A continuación algunas cifras tomadas del Oil Market Report de la Opep. En el año 2000 la producción petrolera venezolana, excluyendo condensados y líquidos del gas natural, fue de 2.897.000 barriles por día. Esta cifra bajó a 2.586.000 b/d en el 2002 y a 2. 305.000 b/d en el 2003 como consecuencia de los paros reseñados. En el 2004 ascendió a 2.582.000 b/d, lo cual evidencia que no hubo sabotaje en las instalaciones, como predica el embustero Rafael Ramírez. Además, este reportó durante varios años que Pdvsa producía entre 335.000 y 441.000 b/d más que la cifra real.

Durante la gestión 2004-2014, del hoy acusado de corrupto por sus compañeros, la producción descendió de 2.582.000 b/d a 2.373.000 b/d, es decir una pérdida de 209.000 barriles por día. Lo cual prueba que su gestión fue pésima. Hoy la producción se ubica en 1.745.000 b/d, o sea 1.152.000 b/d menos que en el 2000, demostración evidente de que los rojos no invirtieron en Pdvsa, la manejaron con ineptitud y corrupción y que los casi 23.000 trabajadores despedidos ilegalmente en el 2003 eran necesarios. Nuestros dirigentes tienen la palabra y obligación de manifestar su posición.

Como (había) en botica:

Saludamos el reciente libro “Venezuela Energética”, de Leopoldo López y Gustavo Baquero. Nuestra solidaridad con el valiente Enrique Aristiguieta Gramcko. También con la distinguida comunicadora social Alba Cecilia Mujica, despedida arbitrariamente de Globovisión.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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María Corina Machado

Amanecerá una Venezuela desplegando toda la energía creadora que hemos acumulado. Nunca antes tanto talento, experiencia y ganas se habrán combinado para reconstruir una Nación. Será un proceso arduo, delicado, complejo y apasionante. Nunca, en tan corto tiempo, se definirá un destino tan largo. Tendremos la inmensa responsabilidad de, juntos, por fin, hacer las cosas bien.

Una vez que se ha cerrado el vergonzoso capítulo del fracasado diálogo, los venezolanos y el mundo avanzamos por la única ruta que permitirá la dimisión de la dictadura y el inicio de la Transición; que es la del incremento continuo de la presión social e internacional hasta el punto que Maduro tenga que aceptar su salida.

Esa energía que hemos invertido en combatir la tiranía, en resistir durante dos décadas tantos atropellos, la aplicaremos ahora para la restitución de la República, con pilares éticos muy sólidos.

Nuestra primera prioridad será atender la urgencia del hambre, y ello implica abastecer al país rápidamente. Para lograrlo, reestableceremos de manera inmediata los inventarios mínimos de comida y medicina; daremos incentivos para la producción nacional, abriremos una extensión impositiva por seis meses a las empresas que importan productos, habilitaremos una taquilla única de registro de nuevas empresas y eliminaremos las guías de despachos.

Paralelamente, la economía debe ser estabilizada y fortalecida a corto plazo. Para ello, unificaremos y liberaremos el tipo de cambio, controlaremos la hiperinflación y, durante el período de recuperación, compensaremos directamente a las familias que más lo necesiten.

Además de reducir la inflación, lo más importante es lograr que tu sueldo valga. La destrucción del poder adquisitivo que todos hemos sufrido es uno de los daños más terribles que se le ha hecho a la familia venezolana. Por eso, una de nuestras prioridades será lograr que cada venezolano pueda vivir dignamente de su salario, o con los beneficios que le produzca su negocio y emprendimiento.

Las finanzas públicas tendremos que ordenarlas y limpiarlas. El inicio de la renegociación de la deuda en default es indispensable para recobrar la confianza en Venezuela y recuperar nuestros lazos con las diferentes organizaciones financieras y comerciales del mundo. Al mismo tiempo, será indispensable recibir una importante asistencia financiera bilateral y multilateral, para poder elevar las importaciones de productos básicos y bienes de capital indispensables para arrancar la economía.

En materia petrolera, racionalizaremos las actividades de PDVSA y pondremos orden en la que fue una gran empresa y hoy está quebrada. Estableceremos condiciones y garantías para hacer la inversión en petróleo, gas y petroquímica en Venezuela la más atractiva y competitiva en el hemisferio, eliminando restricciones a la participación privada nacional y extranjera.

Ello nos permitirá aumentar la producción petrolera, y mejorar de inmediato las condiciones operativas y socioeconómicas de los trabajadores; generando un alto impacto positivo en las comunidades petroleras del país.

Iniciaremos también un proceso de reconceptualización y despartidización de la Fuerza Armada Nacional para construir una institución profesional, meritocrática y altamente tecnificada; así como la reordenación del Concepto Estratégico de la Nación.

Procederemos a constituir los órganos del Poder Público de acuerdo a lo establecido en la Constitución Nacional y, fundamentados en un “Pacto por la Justicia”, nos comprometeremos a erradicar la impunidad de Venezuela.

Combatiremos frontalmente a los grupos criminales y expulsaremos de nuestro territorio a los grupos irregulares extranjeros, para garantizar la seguridad ciudadana y el imperio de la ley. La vida y la seguridad de cada ciudadano será prioridad desde el primer día.

Liberaremos a todos nuestros presos políticos e iniciaremos una épica histórica de reconocimiento a nuestros héroes caídos en esta larga lucha. Haremos de Venezuela una tierra de reconciliación y reencuentro donde prevalezca la diversidad, el pluralismo, la creatividad y la innovación, alrededor de una visión, un proyecto nacional y valores compartidos.

Esa es la Venezuela que construiremos muy pronto, una en la que todos convivamos en paz, Libertad y prosperidad. La que comienza el día después.

2001

5 de febrero de 2018

http://www.2001.com.ve/en-la-agenda/180523/maria-corina-machado---un-pai...

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