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Opinión

Michael Spence

HONG KONG – Hay una serie de preguntas recurrentes que nos hacen a los economistas, que son importantes para las decisiones de empresas, individuos e instituciones en áreas como la inversión, la educación, el empleo y sus expectativas en cuanto a políticas futuras. En la mayoría de los casos, no tienen una respuesta definitiva. Pero con la suficiente información, uno puede discernir tendencias respecto de las economías, los mercados y la tecnología, y formular predicciones razonables.

En los países desarrollados, es probable que 2017 sea recordado como un período de marcado contraste, en el que muchas economías experimentaron una aceleración del crecimiento acompañada por fragmentación política, polarización y tensión, tanto en el plano interno cuanto en el internacional. Es improbable que el desempeño económico futuro sea inmune a las fuerzas políticas y sociales centrífugas, pero hasta ahora, los mercados y las economías consiguieron restar importancia al desorden político, y el riesgo de retrocesos sustanciales en lo inmediato parece relativamente pequeño.

La única excepción es el Reino Unido, que enfrenta ahora un complicado y divisivo proceso de salida de la Unión Europea. En otro lugar de Europa, a la seriamente debilitada canciller de Alemania, Angela Merkel, le está costando armar un gobierno de coalición. Nada de esto es bueno para el RU o el resto de Europa, que necesita desesperadamente que Francia y Alemania trabajen juntas para reformar la UE.

La posibilidad de que un endurecimiento de la política monetaria provoque alteraciones ha concitado mucha atención. Pero dada la mejora del desempeño económico en los países desarrollados, no parece probable que la reversión gradual de una política monetaria ultraflexible afecte seriamente los valores de los activos. Tal vez esté cerca una muy esperada convergencia ascendente de los fundamentos económicos que valide las valuaciones del mercado.

En Asia, el presidente chino Xi Jinping está en una posición más fuerte que nunca, lo que hace previsible una gestión eficaz de los desequilibrios y un crecimiento más basado en el consumo y la innovación. La India, por su parte, parece capaz de sostener el ímpetu del crecimiento y las reformas. Conforme estas economías crezcan, otras las seguirán en toda la región y fuera de ella.

En cuanto a la tecnología, especialmente la digital, todo indica que China y Estados Unidos dominarán por muchos años, ya que ambos siguen financiando la investigación básica y obtienen grandes beneficios de la comercialización de innovaciones. Ambos países también albergan las principales plataformas para la interacción económica y social, que resultan beneficiadas por efectos de red, anulación de disparidades informativas y, quizá lo más importante, aplicaciones y herramientas de inteligencia artificial que usan y generan conjuntos inmensos de datos valiosos.

Estas plataformas no son sólo lucrativas por sí mismas; también producen una variedad de oportunidades relacionadas para la creación de nuevos modelos de negocios, en ellas y en torno de ellas, por ejemplo, en publicidad, logística y finanzas. Por eso, las economías que carecen de tales plataformas, como la UE, están en desventaja. Incluso América Latina tiene un importante jugador innovador propio en comercio electrónico (Mercado Libre) y un sistema de pago digital (Mercado Pago).

En sistemas de pago móvil, China está en la delantera. Gran parte de la población del país pasó directo del efectivo al pago móvil (saltándose cheques y tarjetas de crédito), y los sistemas son sólidos.

Hace unas semanas, en ocasión del Día del Soltero (una celebración anual orientada al consumo juvenil, que se ha convertido en el mayor acontecimiento de compras del mundo), la principal plataforma de pago electrónico de China, Alipay, llegó a procesar 256 000 pagos por segundo, usando una sólida arquitectura de computación en la nube. Esta plataforma también ofrece un campo enorme para la extensión de servicios financieros (desde evaluaciones crediticias hasta gestión de activos y provisión de seguros), y está muy avanzada su expansión a otros países asiáticos mediante acuerdos de asociación.

En los próximos años, también será necesario que las economías desarrolladas y en desarrollo se esfuercen por lograr modelos de crecimiento más inclusivos. En esto anticipo que los gobiernos nacionales podrán dejar que sean las empresas, los gobiernos subnacionales, los sindicatos y las organizaciones educativas y sin fines de lucro los que tomen la iniciativa para impulsar el progreso, especialmente en lugares afectados por la fragmentación y el rechazo al establishment político.

Fragmentación que probablemente se intensificará. Todo indica que la automatización sostendrá, e incluso acelerará, cambios en la demanda de mano de obra, en áreas que van de la producción fabril y la logística a la medicina y el derecho, mientras que la adaptación de la oferta será mucho más lenta. En consecuencia, incluso si los trabajadores reciben más apoyo para atravesar las transiciones estructurales (mediante ingresos complementarios y posibilidades de capacitación para desempeñar otras tareas), es probable que crezcan los desequilibrios del mercado laboral, lo que agudizará la desigualdad y contribuirá a una mayor polarización política y social.

Sin embargo, hay motivos para un cauto optimismo. Para empezar, subsiste un amplio consenso en todas las economías desarrolladas y emergentes respecto de la conveniencia de mantener una economía global relativamente abierta.

La excepción notable es EE. UU., aunque todavía no está claro si el gobierno del presidente Donald Trump realmente pretende retirarse de la cooperación internacional o simplemente se está posicionando para renegociar condiciones más favorables a su país. Lo que sí parece claro, al menos por ahora, es que no puede esperarse que EE. UU. actúe como principal patrocinador y arquitecto del cambiante sistema global de reglas para la gestión equitativa de la interdependencia.

La situación es similar en relación con la mitigación del cambio climático. EE. UU. es ahora el único país que no está comprometido con el acuerdo de París (que se sostuvo, pese a la retirada del gobierno de Trump). Incluso dentro de EE. UU., numerosas ciudades, estados y empresas, así como una variedad de organizaciones civiles, han dado señales de compromiso creíble con el cumplimiento de las obligaciones del país de cara al clima (con o sin el gobierno federal).

Sin embargo, el mundo todavía tiene mucho camino que recorrer, ya que su dependencia del carbón sigue siendo alta. El Financial Times informa que la India alcanzará su máxima demanda de carbón en unos diez años, con un crecimiento modesto entre ahora y entonces. Existe la posibilidad de que una reducción más veloz del costo de las energías no contaminantes mejore esta realidad, pero el mundo todavía está a años de distancia de un crecimiento negativo de las emisiones de dióxido de carbono.

Todo esto hace pensar que la economía global se enfrentará a serios desafíos en los meses y años venideros. Y acecha la amenaza de un alto endeudamiento que intranquiliza a los mercados y aumenta la vulnerabilidad del sistema a perturbaciones desestabilizantes. Pero el escenario de base en el corto plazo parece ser de continuidad. El poder y la influencia económicos seguirán desplazándose hacia Oriente, sin cambios súbitos en los patrones de empleo, ingresos y polarización política y social, ante todo en los países desarrollados, y sin convulsiones obvias en el horizonte.

Traducción: Esteban Flamini

Nov 28, 2017

https://www.project-syndicate.org/commentary/economic-forecast-2018-cont...

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Kirk Semple y Clifford Krauss/ NYT/ La Patilla Digital

Un general que no tiene experiencia en el sector energético ahora es el director de Petróleos de Venezuela (PDVSA). Tras una ola de arrestos, despidos y emigración desesperada, se fueron los mejores talentos de la industria. Las instalaciones petroleras se desmoronan y la producción se va a pique, publica The New York Times.

Mientras el resto de los productores de petróleo del mundo se recuperan gracias a que los precios se han fortalecido, la situación de Venezuela empeora debido a su deficiente administración, la corrupción generalizada y la desgastante crisis económica que atraviesa el país.

Los problemas cada vez más graves que enfrenta la petrolera estatal, el pilar económico de Venezuela, amenazan con desestabilizar al país que enfrenta una terrible recesión, una inflación altísima y un contexto delictivo irrefrenable, además de una grave escasez de alimentos y medicamentos.

Cuando los precios de la energía comenzaron a desplomarse hace varios años, Venezuela y otros países dependientes del petróleo comenzaron a verse afectados. Ahora que los precios van al alza, otras naciones del sector petrolero se van recuperando. El gobierno de Arabia Saudita va eliminando sus déficits y sus utilidades van en aumento. Incluso países ineficientes como Libia e Irak se han dedicado a extraer y exportar como locos.

Pero eso no sucede en Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de todo el mundo. Petróleos de Venezuela se encuentra al borde del colapso y todos sus problemas son, a la vez, tanto los síntomas como las causas de la espiral económica descendente en la que se encuentra la nación.

Los motivos son evidentes en el amplio complejo de refinación petrolera ubicado en esta costa caribeña. Era la joya de la industria venezolana, pues no solo impulsaba la boyante economía del país, sino que también producía en abundancia diversos tipos de gasolina y diésel de exportación.

Hoy en día, el complejo está muy deteriorado. Según los críticos, la falta de inversión, combinada con problemas de flujo de efectivo y una escasez crónica de refacciones, han afectado las operaciones.

Al cierre del año, opera solo al 20 por ciento de su capacidad, con 76 de sus 84 plantas paralizadas, indicó Iván Freites, líder sindical y un franco crítico del gobierno. El complejo no cuenta con el software necesario para diagnosticar sus problemas de producción y, en todo caso, tampoco tiene el dinero para arreglarlos. “Va muriendo poco a poco”, comentó.

Con instalaciones en mal estado por todo el país, Venezuela no ha podido aprovechar el alza en los precios extrayendo más crudo y reforzando las operaciones en las refinerías. La producción cae entre 20.000 y 50.000 barriles al día cada mes, y ahora se encuentra en el nivel más bajo que ha tenido en casi tres décadas.

Puesto que vende menos petróleo, PDVSA ha incurrido en mora en el pago de sus deudas. Rápidamente se está convirtiendo en un pasivo que podría obligar al país a cometer incumplimientos.

“La producción se ha reducido a un ritmo sostenido; hemos caído en una espiral en la que cada vez hay menos efectivo, menos inversión y menos producción”, explicó Francisco Monaldi, un venezolano experto en materia petrolera que trabaja en la Universidad Rice de Houston. “No creo que ninguna otra petrolera nacional haya experimentado jamás una reducción de esta magnitud en su flujo de efectivo”.

Los problemas de producción se han visto exacerbados por los tiempos turbulentos que viven sus líderes. En los meses pasados, el gobierno del presidente Nicolás Maduro arrestó a un gran número de empleados que ocupaban cargos administrativos por cargos de corrupción. Maduro afirma que se han tomado estas medidas con el propósito de depurar la empresa. Sin embargo, sus críticos consideran que el embate es una purga política con la que Maduro intenta consolidar su poder antes de las elecciones presidenciales del año próximo.

Además, el mes pasado el presidente nombró al mayor general Manuel Quevedo como presidente de PDVSA y ministro del Poder Popular de Petróleo y Minería, a pesar de que no se sabe que tenga experiencia en el sector energético. Los críticos de Maduro consideraron esta medida como un esfuerzo por dar transparencia y protegerse contra un golpe de Estado.

Luis Giusti, quien dirigió a PDVSA antes de que el presidente Hugo Chávez ascendiera al poder en 1999, opinó que la purga de Maduro es “más bien una campaña política para ver si puede darse un respiro, porque todo parece ir muy mal”. Giusti explica: “Administran la empresa desde hace 18 años y de repente salen con que van a rescatarla. ¿De quién la van a rescatar exactamente?”.

Durante varias generaciones, PDVSA cumplió cabalmente las promesas de las reservas petroleras de Venezuela, pues financió la revolución nacional inspirada en ideas socialistas y convirtió al país en uno de los más ricos de América Latina. Sin embargo, la producción se fue a pique en años recientes, a tal punto que ya no puede cubrir la demanda interna de diésel y gasolina, por lo que el país se ha visto obligado a importar cada vez más de ambos productos, incluso de Estados Unidos.

Las exportaciones de crudo del país también han bajado drásticamente. Los embarques a Estados Unidos, el mayor mercado extranjero de PDVSA, cayeron un tercio el año pasado. Maduro ha amenazado con suspender por completo las exportaciones de crudo a Estados Unidos y venderle más a China e India. No obstante, las exportaciones de crudo a China también han bajado (casi un 15 por ciento el año pasado) puesto que la calidad del crudo ha bajado y China ha comenzado a comprarle más a Estados Unidos.

PDVSA también se hunde bajo la presión de su enorme deuda. De hecho, se encuentra en incumplimiento de sus bonos no garantizados por 26.500 millones de dólares desde principios de noviembre, y adeuda unos 60.000 millones de dólares más a las empresas de servicios que perforan y mantienen sus campos.

El gobierno de Maduro ha insistido en que su intención es pagar las deudas, y los inversionistas han sido muy tolerantes con las demoras. Pero la salud financiera de PDVSA es tan precaria que Cuba, el aliado más cercano de Venezuela, hace poco tomó posesión de una participación del 49 por ciento de la empresa en una refinería cubana en pago de algunas deudas pendientes.

Los problemas de la empresa son especialmente evidentes en las dos enormes refinerías que bordean esta pequeña ciudad y forman parte del Centro de Refinación Paraguaná, uno de los mayores complejos del mundo.

En 2015, este centro, cuya capacidad es de casi un millón de barriles al día, procesaba unos 587.000 barriles diarios, según el sitio web de PDVSA. El crudo se convertía en varios productos como gasolina, combustible de aviación, asfaltos y lubricantes.

Sin embargo, las refinerías, al igual que la mayoría de las instalaciones de la petrolera en todo el país, se encuentran en pésimo estado. La situación ha obligado a realizar recortes sustanciales en las operaciones por lo que se ha despedido a varios empleados y eso ha incrementado el número de accidentes y lesiones, según los propios trabajadores y sus líderes sindicales. Hace poco, las refinerías comenzaron a sufrir una serie de percances.

A finales de octubre, Amuay sufrió un derrame de 200.000 galones de gasolina y otros productos de un tanque de desechos hacia la bahía adyacente. El derrame dañó la fauna silvestre y obligó a los pescadores locales a suspender la pesca durante semanas.

Después, en la misma refinería se descompuso una bomba saturada, por lo que solo siguieron operando dos de las cinco unidades destiladoras, que son una parte clave del proceso de refinamiento, según dijeron los trabajadores y sus líderes sindicales.

Unos días después, otra refinería, Cardón, sufrió un incendio, por lo que solo siguió operando una de las cinco unidades de destilación. Los trabajadores informaron que el personal de emergencias no pudo hacer más que observar cómo se consumía el incendio porque ya no tenían espuma para sofocarlo.

Con ese turbulento panorama, la producción casi se detuvo pues se ubicó a solo un 13 por ciento de su capacidad a principios de diciembre, antes de recuperarse ligeramente, según Freites. Tres de las unidades destiladoras de Amuay y dos de Cardón estaban en operación esta semana, según informó el líder sindical el miércoles, pero añadió que el martes se inició otro incendio en Cardón, que dejó varios lesionados.

Ver cómo se desintegran las refinerías desanima a muchos trabajadores. Según Emilio, un trabajador de la refinería Cardón que pidió omitir su apellido por temor a represalias por parte de las autoridades, los empleados ya no tienen ningún interés. Afirmó que se limitan a marcar su entrada y salida.

Los aumentos en sus salarios han estado muy por debajo de la inflación, por lo que su poder de compra ha disminuido drásticamente, y sus prestaciones también se han reducido muchísimo. Algunos empleados cuentan que se han visto obligados a vender sus guantes y cascos para llevar alimentos a sus casas. Ya no sienten ningún orgullo por estar vinculados con PDVSA.

Antes, perder un empleo en PDVSA era devastador, dijo José, un trabajador de la refinería Amuay que también pidió que se omitiera su apellido por temor a las represalias de sus jefes. Ahora, según comentó, a muchos les pesa ir a trabajar y están buscando empleo en otras partes.

En años recientes, la empresa redujo drásticamente el número de contratistas en las refinerías, según Freites, quien es el secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros y Gasíferos del estado Falcón. Pero, según él, la producción es tan lenta que incluso los empleados asalariados tienen muy poco trabajo, por lo que muchos se pasan el día jugando a las cartas y dominó.

El desplome de PDVSA afecta tremendamente a esta población que en el pasado vivió un auge económico. Las calles no tienen iluminación durante la noche, pues los delincuentes se robaron los cables que conducían la electricidad al alumbrado público y las tiendas del centro de la ciudad, que antes contaban con un comercio activo, ahora permanecen cerradas.

Los residentes han emigrado al extranjero en busca de trabajo y una mejor vida. En semanas recientes, cientos de empleados petroleros han firmado contratos de tres años para trabajar por un sueldo de diez dólares la hora en la reconstrucción de la isla caribeña de San Martín, que quedó muy afectada tras el paso de los huracanes.

José dice que cada día que va al trabajo, se pregunta cuál de sus colegas será el último en marcharse; comparó la experiencia con un reality show. En su opinión, PDVSA ahora es una cáscara vacía.

Kirk Semple reportó desde Punto Fijo, y Clifford Krauss, desde Houston. Meridith Kohut colaboró con este reportaje desde Punto Fijo.

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Jesús Elorza G.

¿Qué está pasando?, ¿Qué coño esta pasando en el país? le gritaba Nicolás a sus camaradas mas cercanos, durante la cena de navidad que celebraban a todo lujo en las instalaciones del Palacio de Miraflores. El G-2, me informa desde la sala situacional que habitantes de varias zonas de Caracas y de otras partes del país están protestando en las calles.

Mira Padrino, no me voy a calar esa vaina. Candelita que se prenda candelita que me apagas inmediatamente, le ordenó al Ministro de la Defensa. Y a Tareck le exigió un informe sobre la situación.

A la mañana siguiente, fueron movilizados todos los comisarios políticos del Psuv, para que procedieran en lo inmediato a la realización de asambleas con los Consejos Comunales.

En la totalidad de las reuniones el desarrollo fue el mismo. Los participantes, reclamaban que habían sido engañados con las ofertas para pasar una Navidad Feliz y Revolucionaria.

- Explíquese camarada, ¿Cuál engaño? Preguntaban los comisarios.

En primer lugar, le señalaron que hacía más de tres semanas que habían cancelado el monto de las cajas de comida suministrada por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción y pasó el 24 y todavía no la han entregado.

-¿¿¿??? ….no puede ser, decían los comisarios.

Y eso no es todo, también nos vacilaron con “El Pernil Navideño” a precio justo prometido por los camaradas El Aissami y Bernal para ser entregado a partir del 15 de noviembre y a estas alturas “no hemos visto a Linda” como decía el pana Daniel Santos. Entonces camarada comisario, usted sabe como es la vaina….no nos vamos a seguir calando este vacile. Cuando buscan nuestros votos, ofrecen toa vaina y después nos dejan colgados de la brocha.

A estas alturas del debate en las asambleas, los participantes comenzaron a gritar consignas y mostrar pancartas que recogían el sentir de los afectados. En ellas se podían escuchar y/o leer lo siguiente:

Chávez Vive…y el pernil no se consigue.

Uh ah el pernil no se da.

Pueblo temblad / el pernil no aparecerá.

Al escuchar y ver todo aquello, los comisarios intentaron llamar al orden y pretendieron señalar que el incumplimiento en la entrega de los alimentos era producto de la guerra económica de Donald Trump contra la revolución. Y que el deber de todo revolucionario era defender al gobierno bolivariano y someterse a sus órdenes.

-Esto enardeció a los presentes, quienes al unísono vocearon la siguiente consigna:

Y no, y no nos da la gana, una dictadura / sin pernil / igualita a la cubana.

Tratando de contrarrestar el malestar de los integrantes de los Consejos Comunales, los comisarios llamaron al vicepresidente y al coordinador nacional de los CLAP para que conversaran con los exaltados asambleistas:

-Ratifico mi solidaridad con la revolución bolivariana y le digo a todos, con el corazón en la mano, que Con hambre / y sin pernil / con Maduro hasta el fin. Gritaba Tareck con lágrimas en los ojos.

Bernal, apeló a la Biblia para explicar su posición: Intenté multiplicar los perniles como hizo Jesucristo con los panes /…pero no pude.

Pero, los presentes no mordieron ese anzuelo, seguían enardecidos vociferando sus consignas y apelando a la figura de su Líder Único El Difunto Eterno:

Chávez / con Maduro / el pernil no esta seguro.

El Pueblo Unido / busca y no consigue / el pernil prometido.

Pernil o Muerte.

Viendo que el país estaba entrando en una etapa de rebelión, Nicolás convocó a una multitudinaria concentración para explicar las causas que originaron la problemática alimentaria en estas navidades:

Los milicianos y los colectivos llevados al acto con la finalidad de aplaudir a su camarada presidente, comenzaron a gritar Maduro seguro / al pernil dale duro.

Rodeado por la primera combatiente y los enchufados ministros, Nicolás se asoma al balcón del pueblo para decir: Camaradas, fuimos agredidos por el gobierno de Portugal que saboteó la llegada de los perniles a nuestro país. Con las mafias internacionales del imperialismo impidieron los desplazamientos de los barcos que transportarían esa carne y cerraron las cuentas bancarias con las que íbamos a comprar fiao esos perniles.

Camaradas, en este momento de agresión imperialista hago mío el pensamiento de ese importante ideólogo de la revolución Carlos Marx, quien señaló que “El pernil es el opio del pueblo”.

Este saboteo imperialista, lo vamos a derrotar. Regresen tranquilos a sus casas que mañana vamos a depositar en los bancos otro Bono Navideño para que puedan comprar sus uvas importadas, para comérselas el 31 de diciembre acompañando las doce campanadas.

La trasmisión en cadena nacional fue cortada cuando el pueblo comenzó a señalar con su dedo índice a las personas que estaban en el balcón, y gritar: Allí están / esos son / los que se roban el chuletón…..

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Gustavo Tarre Briceño

Esta afirmación se repite todos los días en Venezuela. Proviene de sesudos académicos que han estudiado todas las crisis económicas del mundo; de encuestadores parlanchines que dictan cátedra sobre cualquier tema; de analistas políticos que se amarran a determinismos y dogmas, muchas veces con la mayor buena fe y también de aquellos que, de una manera u otra, piensan que la estabilidad del gobierno de Nicolás Maduro puede traerles algún provecho personal. Han creado una matriz de opinión que se transforma en profecía autocumplida y que nos hace creer que Maduro no saldrá nunca del poder. A menos que, como algunos líderes opositores piensan, se hagan elecciones libres en Venezuela y el gobierno reconozca los resultados adversos. Sobre esta opción dejo abierto al criterio del lector su aceptación o rechazo.

En Venezuela se ha propagado una visión dogmática: Maduro se quedará para siempre, como lo hicieron Castro, Mugabe (que por fin cayó, pero después de 37 años) y la dinastía norcoreana.

Yo sencillamente recuerdo que en las ciencias sociales no hay relaciones de causalidad necesaria y que lo que ha ocurrido de una manera en muchos países, no tiene por qué reproducirse, inexorablemente, en cualquier lugar del mundo y en cualquier período de tiempo.

Yo simplemente sostengo que la catástrofe venezolana no se asemeja, ni por sus causas, ni por su intensidad ni por su manejo, a ninguna crisis económica ocurrida en ningún país del mundo. Nuestro desastre es único y Venezuela no es ni Cuba, ni Zimbabue, ni Corea del Norte ni Kirguistán. La magnitud del daño producido por Chávez y por Maduro no tiene antecedentes en ninguna parte y la imposibilidad de rectificación no tiene parangón en la historia. También constato, sin llegar al determinismo marxista, que la economía ha tenido un papel importantísimo en más de un proceso histórico

Estoy absolutamente convencido de que el gobierno de Maduro no va a durar mucho, así “gane” elecciones, incremente la represión, divida a la oposición o termine de entregar lo que queda de soberanía a cubanos, chinos y rusos.

Muchos amigos que me han oído esta afirmación me dicen, con razón, que tengo tiempo diciendo lo mismo y que el gobierno no cae a pesar de que la situación del país es cada vez peor. Precisamente por eso, por el deterioro diario de la vida de cada venezolano, es que sostengo ahora con mayor fuerza que nunca, mi afirmación: a Maduro le queda poco tiempo en Miraflores. No puedo poner fecha, pero de que se cae, se cae.

El único sostén sólido del régimen es el instinto de supervivencia de la cúpula del narcoestado. Es realmente una tragedia para quienes la integran el saber que no tienen un destino distinto a la cárcel después de haber acumulado inmensas riquezas y haber lambuceado hasta la saciedad las mieles del poder.

Pero ocurre que los grandes y verdaderos enchufados son una minoría. La inmensa mayoría de los venezolanos, chavistas y no chavistas, sufre de manera directa los efectos de la crisis. Para salvarse de ella hay que disponer de ingentes cantidades de dólares, vivir en mansiones amuralladas, trasladarse en camionetas blindadas y con decenas de escoltas, tener la posibilidad de mandar a buscar a cualquier parte del mundo alimentos y medicamentos, dinero para mantener a los hijos y familiares viviendo como reyes fuera del país y, como si fuera poco, hacer gala de un inmenso desdén por el sufrimiento ajeno, por la muerte de tantos compatriotas, por la desnutrición de los niños, por el exilio forzado de millones de venezolanos, por el dolor de los familiares de las víctimas del hampa y de la represión.

La mayoría de las fuerzas que hoy respaldan a Nicolás Maduro no están en esa situación. Ven, oyen, sufren y padecen en mayor o menor grado. Saben que la Constitución se viola descaradamente, que se está conduciendo al país a un barranco sin fondo, que Venezuela es hoy una colonia cubana dirigida por un atajo de ladrones incompetentes y cínicos. Ese conocimiento les conducirá a rebelarse, no para participar en un golpe de Estado, sino para hacer cumplir la Constitución y para buscar el rumbo del progreso, del crecimiento económico y de la justicia social.

Esto vale para la inmensa mayoría de los oficiales de la Fuerza Armada, cansados de ver a algunos de sus integrantes robar a manos llenas, asesinar y torturar manifestantes y violar los derechos más elementales de los ciudadanos. Eso no se corresponde con las tradiciones aprendidas en “la casa de los sueños azules” ni se corresponde con la herencia del Ejército Libertador. El honor militar es algo muy distinto a los discursos del Alto Mando.

En la misma situación se encuentran la mayoría de los agentes policiales, de los funcionarios, de los diplomáticos, de los profesores y maestros, de los líderes sindicales. No son ni ciegos ni sordos y por ello la rebelión está allí, latente, en espera.

A los que creen que Venezuela se cubanizó para siempre, a los que piensan que nos parecemos a Zimbabue, a los que no se dieron cuenta de que el Reich de mil años se derrumbó, a los que no quieren recordar que el comunismo se esfumó, les digo: no me pregunten cómo va a caer Maduro, traten más bien de explicarme cómo se va a sostener.

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Nicmer Evans

El año 2018 será definitorio para la consolidación o no del neototalitarismo. El totalitarismo que nos ubica en la aplicación de tecnologías de control social sin disimulo para apoderarse de las almas bajo su yugo fue un tipo de régimen que hoy es superado por instrumentos de cooptación y manipulación mucho más avanzados, que pretenden llegar a la genuflexión del alma ya no por vía cultural o solo por el autoritarismo estatal, sino por el estómago, el bolsillo y la necesidad imperiosa de la sobrevivencia, utilizando tecnologías sofisticadas en función de aparentar “más y mejor democracia”. Esto es lo que hemos definido como neototalitarismo.

Será definitorio el año que viene porque el hito político más importante para Venezuela es la elección presidencial que debería desarrollarse bajo los preceptos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 en 2018; sin embargo, sabemos que esta elección está sometida al yugo de la asamblea nacional constituyente, herramienta del neototalitarismo para evadir y simular la democracia y el “orden constitucional”.

En ese sentido, desde Visor 360 Consultores y para ser publicado en www.puntodecorte.com, hemos elaborado una sinopsis de escenarios que han sido desarrollados con más detalles y en extenso para nuestros clientes.

Tres son los escenarios para 2018:

1.- La continuidad del gobierno de Maduro por tres vías: a. Una vía electoral fraudulenta, que modifique arbitrariamente los resultados si estos terminan siendo estrechos como consecuencia de la desmovilización de la oposición electoral, producto de los desaciertos de la conducción política de la MUD (escenario más probable); b. Por vía electoral con estrecho margen de victoria del gobierno producto de una abstención inducida e hiperfragmentación de candidatos opositores; c. Por vía de facto, suspendiendo o postergando las elecciones por causa de conmoción nacional inducida y apoyo de la FANB.

2.- La salida negociada del gobierno con apoyo internacional: producto del “diálogo” las negociaciones avanzan y se logra: a. Unas elecciones medianamente confiables, en condiciones aceptables que permiten que la oposición llegue a una candidatura “unitaria” a pesar de la presencia de otros candidatos en la contienda y que haya un respeto de los resultados, lo que produce una transición que incluye algún grado de impunidad de sectores maduristas y chavistas responsables de la crisis; b. Un gobierno de transición que posterga las elecciones con acompañamiento internacional para desarrollar verdaderas condiciones electorales, económicas y democráticas (escenario menos probable por ahora).

3.- La salida violenta del gobierno por dos vías: a. Producto de una conmoción social, la FANB se ve obligada a intervenir y exigir la salida del gobierno de Maduro junto a factores de poder de su propio entorno, b. Intervención extranjera no directa incide en un sector de la FANB para forzar la salida de Maduro y toda su gente.

De estos se desprenden varias combinaciones de escenarios.

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Hay dos éxodos. El de afuera y el de adentro. El de los que se han ido a otras patrias llevando la suya a cuestas y el de los que se han sumergido en la propia, con la familia y los amigos más cercanos, pero también exiliados de la ciudad, de la ciudadanía.

Irse a otro país, por las razones que sean, cuesta mucho, aunque el futuro allí sea promisor. Pero, irse porque hay que huir para encontrar comida, seguridad, trabajo, protección o esperanza, es espantoso. Hace unos cuantos años, desde el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, jóvenes venezolanos se desparramaron por el mundo para formarse, y entre la academia, la parranda y la aventura, varias camadas de compatriotas vivieron la cotidianidad del mundo desarrollado. Era una manera promisora de irse para los jóvenes vertiginosos de ese momento.

Con la catástrofe roja, irse ha sido la alternativa a un camino negado dentro de su territorio. Hay millones de venezolanos afuera; y contra una creencia difundida, salir del país por razones políticas o económicas es una tragedia, porque no es la selección de un destino sino el intento de evadir uno: el del chavismo, ahora en su fase más degenerada como madurismo.

La salida forzada es amarga, aun con la disposición de patrimonio para vivir con comodidad. Existen venezolanos pudientes, que tienen todo, pero al no tener patria a la mano, sienten que no tienen nada. En el caso de la inmensa mayoría, sin recursos suficientes, vivir afuera es drama y nostalgia irreparable: Venezuela es el país perdido, es la querencia a la que no se renuncia, es el lugar de todos los recuerdos, es lo que después de años no se sabe si tendrá el sabor del regreso o del adiós para siempre.

La venezolanidad de la diáspora es un tejido social no sólo de venezolanos, sino de ciudadanos de muchos otros países que por alguna razón han tenido algún vínculo con Venezuela, que también padecen el dolor común y forman parte de esa red dispuesta al apoyo, sea el más modesto hacia familiares y amigos directos, o el más organizado que inexorablemente se transformará –ojalá que pronto- en operación internacional humanitaria.

La diáspora también es promesa. Sus integrantes constituyen la embajada de la República que volverá a ser. Cuando sea el tiempo de la libertad, vuelvan o no a vivir en Venezuela, apoyarán la reconstrucción desde las redes que han contribuido a forjar. Mientras el régimen rojo ha propiciado el encogimiento del territorio de la patria, la diáspora venezolana ha hecho que Venezuela sea un inmenso espacio afectivo en todos los continentes.

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Julio César Pineda

El 7 de mayo en París, el nuevo presidente Emmanuel Macron, en el majestuoso y viejo Museo de Louvre, pronunció su primer discurso; luego de un recorrido acompañado por las notas de la “Oda a la Alegría” de la 9na. Sinfonía de Beethoven.

El Jefe de Estado más joven de la Francia republicana; economista, filósofo y politólogo, con sólo 39 años y una fulgurante carrera política llegó a la cúspide del poder en Francia con el 66% de los sufragios frente al 34% de su oponente en la segunda vuelta, Marine Le Pen. Como titulaba “Le Monde” en esa oportunidad, el triunfo de Macron debía reconciliar a un país dividido, pero debía solidificarlo con las elecciones legislativas un mes después, fundamentales para su futuro gobierno y para su primer ministro, porque es la primera vez desde 1958 en la V República francesa, cuando el Presidente no responde ni representa a las dos grandes fuerzas políticas: el Partido Socialista y el Movimiento Republicano.

Muchos extranjeros hicieron suya la victoria, especialmente los ciudadanos de la Unión Europea, porque representó no solo la unión de los europeos y la fortaleza del euro, sino un proyecto para dinamizar y fortalecer el más extraordinario esfuerzo de integración regional, que desde 1957 nació como Comunidad Económica Europea (CEE).

Con la candidata Le Pen, Francia seguramente hubiera seguido el camino del Reino Unido y su “Brexit”. Impulsaba al nacionalismo impregnado de chauvinismo, la ruptura con la integración europea, el retorno al franco, el alineamiento con los movimientos anacrónicos y reaccionarios del mundo en la denominada política de la post-verdad. Afirmó que “Europa y el mundo esperaban que nosotros defendiéramos el espíritu de las luces, lleváramos una nueva esperanza, un nuevo humanismo”. Este mensaje era esperado en todas las capitales de todo el planeta. Sus primeras palabras fueron también a la unidad de los franceses en estos tiempos de polarización y confrontación. Al terminar, no podía faltar el himno de “La Marsellesa”. Llegaba al Palacio Elíseo, sin tropa ni partido y con solo dos años de experiencia ministerial. Antes de él, ningún político francés había logrado esta hazaña. Las felicitaciones llegaron de todas partes, especialmente de Alemania, Canadá, Reino Unido, España y por supuesto, Estados Unidos.

Inmediatamente, tanto la candidata derrotada de la extrema derecha (Marine Le Pen) como el candidato en las primarias que no figuró en la segunda vuelta y de la extrema izquierda (Jean Luc Melénchon), se declararon en oposición total, al presidente y a su futuro gobierno. El porcentaje tan alto obtenido por Macron, le permitiría la ratificación de su gobierno por el Parlamento francés sin llegar a la difícil experiencia de la cohabitación, en un sistema como el francés mixto; donde tiene dimensión presidencialista, pero también parlamentaria, por eso la necesidad de una mayoría en el Parlamento.

Su movimiento político “La República en Marcha”, se comprometió taxativamente a aplicar todos los puntos de su programa político y que desde la presidencia cumplirá lo prometido durante la campaña electoral.

Con él, se cierra el ciclo de ideologías y de los partidos en Francia, tomará elementos del liberalismo político y económico, pero también el socialismo democrático, defenderá la iniciativa privada, pero también trabajará con la estructura del Estado.

Al margen de los grandes partidos políticos tradicionales y como líder necesario y oportuno para la UE en momentos de crisis y cuestionamiento, podemos afirmar que se ha convertido en la figura más importante del año 2017 y jugará un papel fundamental en la diplomacia de los años por venir, su primera intervención ante la ONU, el pasado 20 de septiembre lo convirtió en la contra figura de Donald Trump, que también marca una nueva era en la política norteamericana y mundial. Con sus 39 años frente a los 71 de Trump, fijó distancia en lo relacionado al multilateralismo y al compromiso ecológico que por el calentamiento global, amenaza a la humanidad, pero también frente al tema de Irán y al pacto nuclear firmado por Barack Obama y la comunidad internacional, prometió cooperar con los países en desarrollo y en el caso de Siria, impulsar una solución negociada. En Nueva York, confirmó ante la ONU, lo que antes ya había hecho en París ante los electores franceses. Ahora lo que espera es continuar con sus éxitos en política dentro y fuera de Francia y se prepara para las elecciones europeas del 2019, que serán un referéndum a su gestión y cambios de su partido “La República en Marcha”.

El escritor francés Emmanuel Carrère, en una entrevista reciente al Presidente de Francia titulada “Mi Semana con Emmanuel Macron”, se interroga “¿Es Macron un milagro político o un espejismo que empieza ya a desvanecerse?” y recoge una de sus frases “Si no transformo radicalmente a Francia, será peor que no haber hecho nada”, y concluye que Macron encarna el progreso, la audacia, la apertura, lo nuevo, al mismo tiempo de derecha y de izquierda y sin dificultades para poder triunfar en Francia, en Europa y en el mundo.

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