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Opinión

Marianella Salazar

El régimen ha sido eficiente en aplicar sus estrategias para poner en evidencia las miserias de una dirigencia opositora que, al hacerle el juego a un gobierno de naturaleza criminal como el de Maduro, ha llevado a la sociedad civil venezolana al desaliento y la frustración. El gobierno avanza en su estrategia para que se manifieste lo peor de una clase política que en casi veinte años de un proceso envilecedor terminó por traicionar la ética y los principios a cambio de unos supuestos espacios que son un absurdo en sí mismos, despojados de toda competencia, que solo sirven –como se sabe– para financiar nóminas de partidos políticos.

Estamos frente una nueva fase de estrategia gubernamental para terminar de aplastar a una oposición que luce derrotada, destruir lo que queda de la Asamblea Nacional, continuar el linchamiento iniciado contra su directiva e imponer en el país un plan perverso de sometimiento, represión y empobrecimiento que es rechazado abrumadoramente por la población.

Los que se acuerdan con el gobierno están descubiertos y han provocado una gran molestia y desconfianza en la sociedad civil, que al menos ya tiene claro el panorama político y sabe a qué atenerse con esa clase de dirigentes que no están dispuestos a respetar la palabra empeñada y que justifican el engaño y la mentira como instrumento político.

El caso de Manuel Rosales, que aspira a ser electo gobernador del Zulia, es un deplorable ejemplo de cómo el quehacer político se ha vaciado de todo sentido y contenido altruista. Estamos presenciando el ejercicio de la política en el que “todo vale”, incluida la traición, con tal de recuperar el poder perdido. Con su participación, Rosales convalida la anulación de la elección del gobernador Juan Pablo Guanipa.

Otro caso incalificable es el de Yon Goicoechea, importante figura de Voluntad Popular que por fin ha logrado su libertad e inmediatamente fue postulado como candidato a alcalde de El Hatillo por el partido Avanzada Progresista, que lidera un infiltrado como Henri Falcón. El otro caso es el del dirigente de Voluntad Popular Delson Guarate, que también logró salir de la cárcel y es apoyado por el partido de Manuel Rosales, Un Nuevo Tiempo, para volver a la Alcaldía del Municipio Mario Briceño Iragorry en el estado Aragua.

Ambos traicionaron su partido, Voluntad Popular, que decidió no participar en las elecciones municipales. ¿Qué les pasó?, ¿acaso fueron doblegados por el régimen a través de los partidos esquiroles AP y UNT? Por qué asumieron el riesgo de comprometer su patrimonio político cuando se esperaba de ellos compromiso y una madurez política adquirida como prisioneros de la dictadura, necesitada como nunca de una oposición fantoche para consumar una nueva farsa electoral cuyos resultados están cantados de antemano.

Es más que lamentable el comportamiento de unos jóvenes en los que se había depositado la confianza para ser parte de la necesaria renovación de dirigentes a quienes se les exige prácticas políticas honestas y distanciamiento de los métodos de los actores tradicionales, que se mueven exclusivamente sobre la base de su interés individual. Es tiempo de asumir la cuestión de fondo.

En una crisis económica terminal, como la que sufre el país, en manos de quién está el recambio político en un momento en el cual toda una dirigencia, o casi toda, está colapsando y no representa sino a unos partidos cuyas estructuras verticales son antiparticipativas. Es esa dirigencia representada por los Rosales, los Allup, los Falcón, similares y advenedizos la verdadera artífice de la antipolítica.

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Luis Martinez A

El gobierno acelera los tiempos para tratar de aprovechar el bajón que cunde a la oposición venezolana. Extrema los tiempos y convoca apresuradamente elecciones de alcaldes con el objeto de obtener triunfos que de otra manera le sería imposible lograr y no es de extrañar que convoque, igualmente, elecciones presidenciales para el primer trimestre del próximo año, reconfortado con lo que sería un nuevo triunfo en alcaldías del país, en momentos que la oposición se debate entre dos posturas que la hacen incoherente y sirve la mesa para que el gobierno se salga con la suya.

La oposición democrática desde que Chávez tomo el poder, siempre se ha debatido entre la abstención o la participación electoral. Y todos sabemos que una de ellas anula la otra. Muchas de las derrotas electorales han sido producto de la abstención de importantes sectores opositores. El gobierno con su maquinaria tramposa esta presta para cometer fraude cuando las condiciones se lo permiten, pero también magnifica estos para suministrar nutrientes a la desesperanza, desosiego, incertidumbre y depresión de potenciales votantes opositores con el propósito de estimular y aumentar la abstención, mejor aliada para su propósito de triunfar sin mucho fraude y mostrar estadísticas de imbatibilidad que en un estado democrático no obtendría.

Los factores democráticos conocen perfectamente lugares y maneras donde se puede cometer fraude electoral, esto sin considerar el claro ventajismo y abuso de poder del estado como maquinaria aliada al gobierno. Sabe con puntos y señales la manera en que se fragua el fraude. Pero cuando la maquinaria opositora está bien preparada, mejor estimulada, coherente y unida en pro del triunfo, no hay fraude posible; así se demostró en el referendo consultivo del 2007 y en las elecciones a la Asamblea Nacional del 2015. No es que el gobierno no quiso cometer fraude en esos procesos, es que la oposición se lo impidió o minimizo al extremo que no influyo en los resultados electorales.

La oposición democrática desde el triunfo rotundo del 2015 hasta el proceso de elección de gobernadores este año, perdió cerca de 3 millones de votos que en su mayoría se abstuvo de participar y propicio la derrota electoral en ese proceso. Que el gobierno cometió fraude, cierto y si lo dejan más rápido. Que el gobierno fue ventajista y abusó del poder del estado para su beneficio, cierto pues ellos no son demócratas y eso lo sabemos. Que la oposición tiene muchas contradicciones y no se ponen de acuerdo, también es cierto, pero eso sucede porque en contraparte al gobierno, la oposición es democrática y se nutre del debate y de las diferencias. Todo es cierto, pero cuando los venezolanos acuden masivamente a votar, sin miramientos ni excusas, la oposición triunfa sin atenuantes.

El próximo mes de diciembre se realizaran las elecciones de alcaldes. Algunos partidos, quizás los que son un poco más grandecitos, se abstienen de participar porque consideran que no están dadas las condiciones de pulcritud para acudir a ese proceso electoral. Le respeto su decisión, pero no la comparto. ¿En cuál proceso electoral han estado dadas las condiciones de pulcritud? En ninguno, pero se ha demostrado que cuando la oposición acude con fuerza y coherencia nada la detiene. Quizás es muy tarde para lograr ese entusiasmo en este proceso municipal, salvo algunas excepciones, pero desde ya hay que trabajar para estimular la participación electoral y disminuir el abstencionismo de cara a las elecciones presidenciales que por los vientos que soplan, el gobierno las puede adelantar. En guerra avisada no muere soldado. Venezuela necesita de una oposición fuerte y coherente que desde ¡ya! comience a trabajar y a organizarse para derrotar al gobierno en la elección presidencial, madre de todas las batallas.

Docente universitario

(ljm1802otamil.com y luisjosemart)

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Un apreciado amigo me ha hecho llegar el texto de un brillante y profundo discurso de Benedicto XVI ante el Parlamento Federal Alemán, del 22 de septiembre de 2011, en el cual el Pontífice emérito formula importantes reflexiones sobre la justicia, el derecho y los políticos.

Esas consideraciones, bien podemos decir, adquieren plena vigencia en la Venezuela convulsionada de hoy.

La alocución del Papa tiene que ver con los fundamentos del Estado liberal de derecho y sus fuentes, que se remiten a la naturaleza y a la razón, con el peso de una tradición que ha marcado toda nuestra historia, con sus raíces en la época precristiana y su desarrollo hasta el reconocimiento de los derechos inviolables e inalienables del hombre, con la convicción de la existencia de un Dios creador.

Pero, en este contexto, Benedicto XVI, en breves líneas, nos plantea, con meridiana claridad y contundencia, diversos compromisos de la sociedad y sus líderes con el derecho, la justicia y los abusos del poder.

Interpelado el rey Salomón –nos dice– sobre una petición que podía formular el día de su entronización, no hizo referencia a riquezas, larga vida o exterminio de sus enemigos. Simplemente, suplicó: “Concede a tu siervo un corazón dócil para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal”. De allí, su conclusión terminante sobre el deber fundamental de un político de “servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia”, ya que, de otra manera, se desvirtúa ese valor trascendental y la voluntad de aplicar el derecho; y si desaparece la justicia –recordando a san Agustín– el Estado se convierte en una banda criminal, tal como ocurrió en Alemania, cuando el poder se separó y pisoteó el derecho, justificándose así la resistencia contra el régimen totalitario opresor.

Sin duda, estas referencias del Papa emérito son de suma importancia para el momento que vive Venezuela.

La justicia es una materia pendiente arrastrada en toda nuestra historia, reservándose el poder la posibilidad de manipularla, lo que hizo en el pasado con reservas y lo hace descaradamente en estos tiempos.

La “justicia” en Venezuela es una consigna electoral, una muletilla para los discursos políticos y una promesa incumplida por los que acceden al poder y se instalan en él, quedando en una mera apariencia por el paso de los gobiernos autoritarios que han marcado nuestra historia.

Es necesario luchar por el imperio del derecho y de la justicia, así como denunciar las desviaciones de la mayoría de las últimas leyes o decretos puestos en vigencia, aprobados con la frialdad confesada de instaurar un pretendido régimen socialista. De la misma manera –como lo observa Ratzinger– una vez que se constata que normas vigentes son, a todas luces, injustas, producto de expresiones totalitarias, se impone actuar como lo hicieron los combatientes de la resistencia contra el régimen nazi u otros de signo igual “prestando así un servicio al derecho y a toda la humanidad”.

En definitiva, como único camino a la paz y tarea prioritaria en este momento, es necesario afianzar y luchar por el imperio de la ley, de la justicia y por la efectiva vigencia de los derechos ciudadanos, todo lo cual responde a la afirmación incuestionable del deber de defender la “dignidad inviolable del hombre”.

aas@arteagasanchez.com

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Jesús Elorza G.

Aunque los Comités Locales de Abastecimiento y Producción fueron lanzados, en principio, como canales que darían fuerza al poder comunal, lo cierto es que en la práctica las comunidades no han manejado ni los recursos económicos, ni se han encargado de la selección de los productos, ni han tenido un papel en la frecuencia de distribución, señala el más reciente informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela de la ONG Provea.

"La militarización en el terreno de los CLAP generó una estructura con instancias llamadas 'Centro de Mando' y 'Estado Mayor de los CLAP', lo cual da cuenta de una jerarquía y una línea de mando que pone en duda que este sistema de distribución sea una gestión verdaderamente autónoma de las comunidades", apunta el documento.

Los CLAP fueron un mecanismo que se creó al margen de lo establecido en la Constitución y no obedecieron a una ley dictada por la Asamblea Nacional, como lo indican los artículos 137 y 156 de la Carta Magna. El decreto que rige su instalación no indica cómo se constituyen ni quiénes lo integran y les da competencias públicas inconstitucionales, como las del mantenimiento del orden público, sin establecer para ello regulación ni límites; no forman parte de la administración pública y están integrados por "grupos paraestatales de claro corte partidista".

Otro de los graves cuestionamientos es que se promovió con ellos "un monopolio de lo alimentario manejado por un grupo de ciudadanos con más poder que otros, solo por razones de ideología política". Paradójicamente, además, "al ir progresivamente subiendo el costo de las bolsas de alimentos e incluir en ellos productos importados en dólares, el manejo de los CLAP violaba la Ley de Precios Justos y dio paso a una corrupción generalizada”.

El tejido que somete el acceso a los alimentos a un control político y militar del país no es gratuito, sino que obedece a un síntoma de un proceso que los expertos han bautizado como violencia alimentaria. Cuya expresión fundamental es “el sometimiento de una sociedad a partir del hambre de las personas, de la coerción de su libertad de elección en materia alimentaria y de la manipulación de toda la cadena socio productiva de los alimentos con un fin ideológico o político. Las denuncias de discriminación por razones políticas, de las que han sido objeto los CLAP, vulneran la Observación General N° 12 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación, que señala que no se debe negar el acceso a los alimentos a determinados individuos o grupos, "y que establece como falta del Estado no controlar las actividades de individuos o grupos para evitar que violen el derecho a la alimentación de otras personas”.

Esta violencia alimentaria tiene que ver con lo que significa hacer la cola para comprar alimentos, que tengas que identificarte con un capta huellas, que tengas que sustituir la alimentación tradicional por productos extraños a tu cultura, la absoluta sensación de impotencia que sufres por no poder contrarrestar lo que está ocurriendo. Además, se caracteriza por la escasez, por la inflación y la pulverización del poder adquisitivo, por la pérdida de calidad de la alimentación hasta en su contenido simbólico, por el hambre que empujó a muchas personas a los basureros y por el daño ya evidente sobre el estado nutricional de niños y adultos, sobre la educación y sobre la violencia que el hambre y la escasez detonaron.

Todo esto es producto de una política hambreadora que el régimen ha ido desarrollando paulatinamente desde al año 2001 con la promulgación de la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario y continuó “a paso de vencedores” con el Plan Especial de Seguridad y Soberanía Alimentaria e inauguración del primer Mercal (2003), Misión Mercal y Casas de Alimentación ( 2004), Misión Alimentación (2007), Ley Orgánica de Seguridad y Soberanía Agroalimentaria (2008), Creación de Pdval (2008), Expropiación de Agroisleña (2010), Expropiación Hacienda Bolívar (2011), Gran Misión Abastecimiento Seguro y Soberano (2016) y los CLAP (2016).

Se puede afirmar, sin temor alguno, que el régimen ha hecho de la distribución de alimentos un mecanismo perverso de dominación política e ideológica. Ofrecieron fraudulentamente vender alimentos a precios justos y terminaron distribuyendo comida dolarizada y ajena a la cultura venezolana; los CLAP fueron promocionados como una medida temporal debido a la emergencia alimentaria, cuando en realidad solo buscaban dar forma de organización e instalar las bases de defensa de la revolución, la compra de votos para los procesos electorales y un multimillonario proceso de corrupción.

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Los diputados forman parte del poder más representativo de una Democracia. Deben legislar en nombre del pueblo y controlar a las otras ramas del poder público. Los artículos 200 y 201 de la Constitución vigente establecen que los parlamentarios solo se deben a su conciencia y por lo tanto no tienen responsabilidad por sus votos y opiniones, ya que se les otorga inmunidad para que puedan cumplir cabalmente con la representación popular de la que están investidos.

Ningún otro poder puede limitar o restringir la actuación de un diputado, con la excepción de los delitos graves y flagrantes, en cuyo caso la plenaria de la Asamblea Nacional puede levantar por mayoría calificada la inmunidad o fuero parlamentario para proceder al enjuiciamiento.

Una de las características del Estado delincuente es tratar de mantenerse en el poder como sea y persiguiendo brutalmente a quien se le opone.

Es así como destituyeron al diputado Richard Mardo y al diputado barinés Wilmer Azuaje, quien por cierto está preso en la penitenciaria general de San Juan de los Morros, y más recientemente a Gilber Caro que, sin derecho a defensa alguna, es mantenido incomunicado en un calabozo y sometido indebidamente a un juicio militar.

Toda esta represión brutal se ejecuta dentro de la política del régimen de Maduro de desconocer al parlamento, y por lo tanto a la mayoría del pueblo, y mantenerlo sometido a la hostilidad de una especie de terrorismo de Estado cuyo objetivo es impedir su funcionamiento, desconociéndolo a través de un supuesto desacato declarado así por el espurio TSJ de manera absolutamente inconstitucional.

Desde su instalación, las agresiones del régimen contra el parlamento han sido continuas.

Entre ellas debemos recordar: El asalto armado al palacio legislativo por parte de paramilitares que contó con la complicidad de los miembros de la GNB encargados de la seguridad de la AN. Las heridas a varios parlamentarios, el irrespeto y agresión física del coronel Lugo de la GNB al presidente del parlamento Julio Borges. El hostigamiento a los diputados imponiéndoles restricciones para viajar dentro del país por vía terrestre y aérea y también hacia el exterior, con la retención arbitraria e ilegal de sus pasaportes. La utilización del poder judicial para bloquear las investigaciones sobre corrupción como el caso de la demanda del General Carlos Osorio, ex ministro de Alimentación, contra los diputados Ismael García y Carlos Berrizbeitia.

Otro atentado contra la AN es la suspensión de los sueldos y dietas a los diputados, que no cobran su salario desde hace más de un año, lo cual limita severamente una labor que exige dedicación exclusiva, aún más grave en el caso de los parlamentarios del interior del país.

En su afán por perseguir a la disidencia, cualquiera que esta sea, el régimen no tiene límites. El caso del diputado del PSUV, German Ferrer, esposo de la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, batió récords: En un solo día la asamblea constituyente fraudulenta le quitó la inmunidad parlamentaria, lo destituyó y hasta ordenó su captura por Interpol.

En las últimas horas, en un procedimiento propio de la dictadura de Maduro, se comenzó a ejecutar parte de sus amenazas para terminar de liquidar al parlamento nacional, con el decisión ilegal de la falsa asamblea constituyente de allanar la inmunidad parlamentaria del diputado Freddy Guevara, primer vicepresidente de la AN – actualmente en la embajada de Chile, país cuyo gobierno lo considera huésped para protegerlo de la persecución del régimen – a quien pretenden silenciar por sus denuncias contra la corrupción y su actividad en el campo internacional por el restablecimiento de la democracia en Venezuela.

Se trata de un nuevo ataque al partido Voluntad Popular al que pretenden ilegalizar. La lista de otros parlamentarios a los que también amenazan con llevar a la cárcel la encabeza el presidente de la AN, Julio Borges.

El objetivo principal de esta nueva ola de represión es neutralizar las protestas por el descontento creciente de una población que no tiene alimentos ni medicinas y es víctima de la hiperinflación y la inseguridad desbordada.

Ahora más que nunca es momento de organización, resistencia y unidad. Los dirigentes políticos de todos los partidos, junto a la sociedad civil, debemos hacer un esfuerzo para enfrentar tanta injusticia y, con la fuerza de todos, lograr el cambio político urgente que reclama la nación.

www.carlostablante.com

@TablanteOficial

carlostablanteoficial@gmail.com

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Dice la Biblia que Esaú, hijo mayor de Isaac, regresó de una cacería muerto de hambre y le solicitó a su hermano Jacob que le diera comida de un plato de lentejas que tenía preparado. Este lo chantajeó al exigirle a cambio su derecho a la primogenitura. Quienes nunca han conocido el hambre quizá critiquen a Esaú por vender su derecho, pero ¿es censurable que alguien que no tiene comida agache la cabeza? Se presentan cuatro situaciones.

1- Los ciudadanos que aceptan las bolsas oficiales de comida CLAP a cambio del voto lo hacen por necesidad. Son los Esaú que deben ceder al chantaje de los Jacob que detentan el poder, para poder satisfacer una necesidad primaria como es la alimentación. Por ello, nadie debe criticarlos, aunque hay algunos vividores a quienes les gusta recibir dádivas sin realizar el esfuerzo de trabajar.

2- Se podría entender que los cuatro gobernadores que se humillaron ante la espuria Constituyente aleguen que aceptaron someterse al yugo de las “horcas caudinas” para poder dar de comer a sus seguidores. Sin embargo, debieron considerar que el costo de las lentejas era mayor que el beneficio de la primogenitura. Nada podrán arreglar en sus estados y, lo que es peor, le dieron el visto bueno a un parapeto que fue desconocido y condenado por todos los países democráticos. Si hubiesen asumido otra posición podrían tener la cabeza erguida, la dictadura de Maduro tendría aún más rechazo mundial, quizá cinco estados estarían en ebullición y la oposición no estaría dividida.

3-Otro caso es el de Manuel Rosales ¿Cómo puede ser tan falta de ética para postularse a un cargo que ganó legítimamente Juan Pablo Guanipa? Nunca lo habíamos descalificado, a pesar de que muchos sospechan del guante de seda con el que es tratado por la dictadura, incluyendo la repentina suspensión de su inhabilitación. Sin duda Maduro movió bien sus peones. Guanipa es el gobernador del Zulia y Rosales sería un usurpador. Las lentejas le saldrán caras.

4- Mucha discusión se ha desatado con respecto a quienes aceptaron ser candidatos a alcalde. Es lógico que se desee no perder municipios en donde somos mayoría abrumadora y en donde laboran compatriotas que quedarían sin empleo. No los criticamos y esperamos se preparen bien para enfrentar las trampas. Quizá podamos ganar algunas, pero estemos claros que el régimen se valdrá de sus triquiñuelas para que no ganemos las que ya están en su poder.

¿Lentejas por primogenituras? No todos tienen la entereza de un Franklin Brito, quien prefirió morir de hambre en defensa de su derecho a un pedazo de tierra de relativamente poco valor.

Como (había) en botica:

El régimen cometió un gran fraude el 15-O, pero nuestros dirigentes fallaron; unos por descuidar las Mesas electorales y otros por no votar y enviar señales abstencionistas. Ojalá acepten su responsabilidad y se constituya una verdadera unidad.

Nuevamente Canadá evidenció su rechazo a la dictadura sancionando a otros personeros del régimen, por violaciones a los derechos humanos y corrupción entre ellos a Maduro, Rafael Ramírez y Eulogio Del Pino.

Felicitamos al doctor Oscar García Mendoza, quien hoy se incorpora como nuevo Miembro de Consejo Consultivo del Interamerican Institute for Democracy.

Freddy Guevara, el joven diputado que ha enfrentado cívicamente y con coraje a la dictadura tuvo que asilarse. Los magistrados sumisos del TSJ volvieron a incurrir en otro atropello al retirarle la inmunidad.

Celebramos la libertad relativa de Yon Goicoechea y Delson Guarate y les deseamos éxito en sus candidaturas, si es que las permiten

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Breve introducción: el presente material intenta resumir el resultado de las discusiones realizadas por el Comité Político Nacional del partido los días 16, 22 y 29 de octubre de 2017. En el curso de su elaboración han ido encadenándose una serie de hechos políticos que, en lo fundamental, son consecuencia de los resultados de las elecciones regionales efectuadas el pasado 15 de octubre, los cuales hemos tenido que ir incorporando a la discusión y al propio material. Por lo tanto, en este documento se encontrarán nuestras principales consideraciones de balance sobre las elecciones referidas, así como también sobre la actual crisis de la MUD y de la oposición y sobre la convocatoria a las elecciones de alcaldes del próximo 1º de diciembre.

I: El contexto general

1. El balance debe ser inscrito en el contexto de la crisis general que vive el país, en el marco de la complejidad que la constituye y de la dificultad que entraña su desciframiento y el enfrentamiento a un régimen, cuya naturaleza peculiar aún no termina de ser comprendida de manera acertada y concluyente por el conjunto de la oposición, más allá de las etiquetas o calificativos endilgados con ligereza, simplismo y superficialidad por la mayoría de sus integrantes.

2. Este contexto está dado por la presencia de una profunda crisis general de la sociedad venezolana derivada del fracaso del modelo de dominación política impuesto por la boliburguesía en el poder. Esta crisis se traduce en empobrecimiento acelerado y generalizado de la inmensa mayoría nacional, en resquebrajamiento de todos los signos de la convivencia social, en una recurrente crisis política e institucional devenida incertidumbre e inestabilidad, entre otras cosas. Tal situación ha sido internalizada como una conciencia que se expresa en descontento generalizado y demanda de cambio. Como hemos establecido en nuestros análisis precedentes, estamos frente al agotamiento y pérdida de legitimidad de un modelo que solo se sostiene en la represión, en la manipulación arbitraria y descarada de sus instituciones y en el diseño de un esquema electoral fraudulento, confeccionado para que la minoría dominante se imponga por encima de la voluntad de la mayoría que, por su lado, busca cauce a su demanda de cambio.

3. Otro elemento que es necesario agregar, para complementar el cuadro en el que se llevaron a cabo las elecciones regionales, es la presencia de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), impuesta a trote y moche por la boliburguesía, como consecuencia de una maniobra que logró derrotar el extraordinario movimiento de protestas que durante cuatro meses puso en jaque al gobierno de Nicolás Maduro. Tal maniobra, si bien no relegitima al régimen, de cara al país y a la comunidad internacional, impone de facto el cogobierno de un poder al que se le asignan facultades supraconstitucionales y plenipotenciarias, de tal manera que, conjuntamente con el ejecutivo nacional y las principales instituciones del régimen, la vida del país en todos sus órdenes se desarrolla bajo la égida de un poder arbitrario y sin límites que profundiza la deriva dictatorial escogida por la entente cívico-militar que oprime a la nación.

4. El otro factor que queremos incorporar, para situar las elecciones regionales en contexto, es precisamente los efectos producidos por la elección de la ANC. La derrota del movimiento de protestas y la implantación de la ANC tuvieron inevitablemente un efecto desmoralizador y desmovilizador sobre el conjunto de las fuerzas populares y democráticas del país y sobre la propia MUD, introduciendo la incertidumbre, la confusión y el pesimismo. En el seno de la MUD se profundizaron las diferencias hasta el punto de producirse una ruptura que vino a fortalecer el campo del abstencionismo y a intentar sin éxito constituir un nuevo polo de referencia alternativo, mientras ésta pasaba abruptamente, sin explicación y sin balance, de una política o una práctica sustentada en el aliento de la rebelión democrática, cuya magnitud, discurso y conducción favorecieron el ciframiento de altas expectativas, a otra de signo electoral. Tal giro, en tales circunstancias y en el contexto de la convicción extendida acerca del carácter fraudulento de la elección de la ANC, fortaleció la desconfianza y el escepticismo de muchos acerca de la eficacia del voto y de la vía electoral para derrotar al gobierno y viabilizar los cambios reclamados con urgencia.

5. En medio de tales circunstancias nuevamente el chavismo en el poder, contra todo pronóstico, logra coronar una maniobra que le garantiza preservar la mayoría de las gobernaciones del país (porque no debemos olvidar que las fuerzas del régimen, antes de esta elección, tenían en sus manos 20 de las 23 gobernaciones existentes). Tal resultado inevitablemente tenía que producir sorpresa, perplejidad e incertidumbre. Todas las encuestas y mediciones de opinión, cuantitativas y cualitativas, anunciaban un triunfo de la oposición que nadie se atrevía a poner en duda, de tal forma que no era previsible, en apariencia, y solo en apariencia, un resultado como el producido. La discusión no era si la oposición ganaría o no las elecciones; sino cuántas gobernaciones ganaría y cuánta sería la diferencia en el voto nacional consolidado.

¿Qué ocurrió entonces para que el chavismo se alzara con una victoria, tanto en el número de gobernaciones alcanzadas como en el total de los votos nacionales? ¿Cómo podemos explicar que frente al peor gobierno que hayamos padecido en mucho tiempo, deslegitimado nacional e internacionalmente, con un rechazo del 80% de los venezolanos, se produzca un resultado como este? La respuesta no es sencilla ni tiene una única explicación. A nuestro juicio, se trata de la sumatoria de una serie compleja de elementos que concurren en la configuración del resultado.

II. El gobierno y el régimen

1. El sistema electoral venezolano, en las actuales circunstancias y visto de conjunto, es un sistema fraudulento, cada vez más diseñado y ajustado para que la minoría gobernante se imponga a la inmensa mayoría nacional que navega en el descontento, rechaza el actual orden de cosas y demanda con urgencia un cambio en la conducción y orientación de los destinos de la nación. Este esquema fraudulento, en cierto sentido, se ha ido institucionalizando. El conjunto de las instituciones del régimen, bajo la rectoría del gobierno, el CNE y el TSJ, a lo cual se le agrega ahora la ANC, lo van imponiendo y legitimando, mientras los partidos, la oposición y la sociedad democrática en general lo van aceptando por la vía de los hechos.

2. Dicho sistema es, de hecho, contingente, discrecional y arbitrario; ventajista y autoritario; ilegal e inconstitucional, basado en normas sobrevenidas que los factores del régimen conocen de antemano porque son ellos quienes las diseñan, pero desconocidas totalmente por quienes contienden contra el gobierno en los comicios, lo cual no le da certidumbre ni garantías a los actores políticos que participan del proceso.

3. Este diseño, cada vez más afinado, y adaptado en cada caso a la naturaleza de la elección de que se trate, se combina con la actuación ventajista, avasallante y coercitiva del régimen, incluidos el Plan República, los cuerpos de policía y los grupos paramilitares del oficialismo.

4. La convocatoria adelantada de estas elecciones, unida a la ausencia de un cronograma preciso que pautara los distintos pasos del proceso a seguir, la imposición atropellada de los lapsos para la inscripción de las candidaturas, la negativa a permitir la modificación y sustitución de las mismas, las inhabilitaciones políticas como recurso para sacar del juego a ciertos liderazgos con potencialidad electoral, la reubicación y nucleación “quirúrgica” de un grupo importante de centros electorales, los “madrugonazos” producidos en distintas partes del país para tomar el control de las mesas electorales, entre muchas otras medidas, forman parte de una suerte de reingeniería electoral diseñada con alevosía y premeditación, con la misma minuciosidad y cálculo con los que fue confeccionada la elección de la ANC, con el propósito de diseñar un esquema electoral ventajista y fraudulento.

5. A lo anterior debe sumársele la acción de los grupos paramilitares del oficialismo, particularmente en los espacios en los que fueron reubicados los votantes de los centros electorales cerrados por el CNE, así como la expulsión de un número significativos de testigos de la oposición de importantes centros electorales, sobre todo para el momento del cierre de las mesas y de los centros de votación.

6. El afinamiento y extensión de los alcances de sus mecanismos de control social, particularmente del Carnet de la Patria y la distribución de las bolsas CLAP, debe ser incorporado al inventario. Esto viene a unirse a sus mecanismos ya “tradicionales”, conformados por el sistema de misiones y grandes misiones y el reparto de comida, enseres y dinero en la víspera de cada proceso electoral. De hecho, en este caso estamos frente a uno de los aspectos más perversos de la política del régimen, cual es convertir la pobreza, la miseria y el hambre en mecanismos de sumisión y chantaje, de dominación y dependencia, orientados a estimular la subordinación, la resignación y la pasividad. La retorcida lógica del régimen parece clara: en la medida en que se incrementan la pobreza y el hambre, es posible reforzar la dependencia de la gente respecto de las dádivas y subsidios del gobierno, orientando el esfuerzo hacia la implantación de un esquema de control social. Esto es tanto más factible si el pueblo no encuentra una alternativa viable que encauce sus demandas y que le garantice la satisfacción de sus necesidades más apremiantes, mientras los voceros del régimen aviesamente repiten un discurso que atribuye las causas de la crisis a la oligarquía, el imperialismo y la oposición.

7. El chavismo se reagrupó nuevamente, se moralizó y movilizó de forma eficaz, sobre todo a partir de la elección de la ANC en adelante. En efecto, la elección e implantación de la ANC, el cese de las protestas de calle que durante cuatro meses acorralaron al gobierno y lo obligaron a emplearse a fondo con la represión y el discurso orquestado por el régimen frente a las sanciones económicas decretadas por el gobierno de los Estados Unidos, le permitieron al gobierno de Maduro retomar la ofensiva, reagrupar sus fuerzas y acerar una maquinaria electoral que, con el respaldo de todos los recursos del Estado y sin límites legales o morales para actuar, ha demostrado su eficacia en diversas ocasiones en las que ha sido demandada. En tales condiciones, en algunos casos el incremento de la participación, al contrario de lo previsto, operó a favor del gobierno y no de la oposición.

8. El chavismo descontento, que no es poco, se quedó sin alternativas al no cristalizar las iniciativas tendentes a brindarle una opción política y electoral. Las diversas expresiones de la disidencia chavista y sus múltiples articulaciones terminaron por no concretar proyecto alguno que sirviera de base al reagrupamiento de este sector. La destitución inconstitucional e ilegal de la Fiscal General de la República, LOD, el desmantelamiento temprano de la incipiente fracción parlamentaria del chavismo disidente en la AN, el fracaso en los esfuerzos por agruparse como corriente o como tendencia y la no presentación de opciones electorales que fueran expresión de las mismas, dejaron al chavismo descontento, a sectores de sus bases populares y demás expresiones organizativas del mismo, sin un referente o una alternativa en condiciones de convocarlo y representarlo. Obviamente, tampoco la MUD, una vez más, supo delinear una política y un discurso para atraer a dicho sector a su campo.

III. La oposición y la MUD

1. Probablemente el mayor error de la oposición en estos comicios fue sobrestimar sus fuerzas, subestimar al chavismo y emborracharse de triunfalismo. Como consecuencia de esto termina aceptando el ventajismo y las maniobras del CNE y del gobierno sin mayores resistencias o con apenas una resistencia formal. Su temor a estimular la abstención, una vez más, lo lleva a guardar silencio, a convalidar maniobras. Frente a la discrecionalidad del proceso, el ventajismo y la trampa el antídoto era: avalancha de votos y una férrea defensa del mismo. Pero, por diversas razones en cada caso, no se produjo la avalancha de votos esperada, o al menos no en las proporciones necesarias para contrarrestar el ventajismo y las maniobras del gobierno, por una parte; y por la otra, la defensa del voto volvió a evidenciar su fragilidad e insuficiencia.

2. El sectarismo, la exclusión y la pugna por la hegemonía y el liderazgo en el seno de la oposición se incrementaron y pasaron facturas, impidiendo la incorporación, cohesión y movilización de todas las fuerzas potenciales. Este sectarismo se vio reforzado por el triunfalismo y el exceso de confianza. No se hizo todo el esfuerzo necesario por unificar todas las fuerzas, por incorporar al chavismo disidente y descontento, por atraerlos y brindarles espacios de participación, por persuadir e incorporar a los radicales y abstencionistas, por abrir espacios para los partidos pequeños y las organizaciones emergentes. La MUD se sentía sobrada, se creía autosuficiente, los demás no eran necesarios. Al final, los hegemones en cada caso no pudieron solos, hizo falta quienes fuimos excluidos.

3. Las elecciones primarias no ayudaron a unificar efectivamente las fuerzas de la oposición y, por el contrario, abrieron algunas heridas que no pudieron ser subsanadas en el curso de la campaña. Esto afectó la imagen de algunas candidaturas, erosionó aún más la frágil unidad alcanzada y se complementó con el sectarismo ya reseñado.

4. Una parte de la oposición convocó a la abstención generando confusión, escepticismo, y arrastrando con su prédica a un sector de la población que, efectivamente, se hizo eco de este llamado.

5. No se trataba de un proceso electoral más, de tipo convencional. Se requerían medidas extraordinarias, una actitud más avisada, más combativa, más previsiva. Tampoco se trataba solo de una lucha por la preservación y ampliación de espacios institucionales, sino, sobre todo, de la continuidad de las luchas desarrolladas en los meses precedentes orientadas a seguir desenmascarando al régimen, debilitándolo y restándole legitimidad en función de ir preparando su derrota. De hecho, no se supo empalmar un proceso con el otro y, en consecuencia, a los presos políticos y demás víctimas de la represión, por ejemplo, no se les brindó el espacio debido en la campaña (no se definió con precisión y claridad su rol en la misma). No se asumió el discurso de la rebelión del voto como una línea uniforme y consecuente.

6. Los candidatos tenían que ser básicamente líderes del proceso de enfrentamiento al régimen, luchadores comprometidos con la causa que animó las protestas durante cuatro meses consecutivos. Líderes que encarnaran el sufrimiento de quienes padecen los rigores del hambre y el empobrecimiento generalizado, del dolor de las víctimas de la represión y de sus familiares, de la demanda de cambio que es un clamor nacional. Líderes en condiciones que unir todas las fuerzas más allá de sus partidos, de convocarlas, integrarlas y movilizarlas, tanto a los fines de lo ya señalado como de cara a las necesidades y demandas de sus regiones y su gente. Este difícil equilibrio había que intentar alcanzarlo y fueron pocos los casos en los que esto se logró.

7. El comportamiento y el discurso de la MUD frente al diálogo o la negociación política, su falta de unidad y coherencia, de claridad y transparencia en este asunto, contribuyó a incrementar la desconfianza en ella y a desestimular el voto opositor.

8. En el caso de Miranda, al margen de las maniobras del gobierno, era claro el descontento de la masa opositora con las gestiones de gobierno de Capriles y Ocariz: maestros, policías, empleados públicos, trabajadores del sector salud, entre otros, expresaban su malestar e insatisfacción por la gestión de gobierno de ambos mandatarios. Aunque desconocemos otros casos, como Lara y Amazonas, por ejemplo, es de suponer que allí se repitió una situación similar. Claro que en esto no pretendemos desconocer el cerco presupuestario y demás maniobras del gobierno destinadas a mutilar su capacidad de gestión pero, en cualquier caso, lo reseñamos como un factor más que contribuyó a la derrota.

9. Cabalgar sobre la ola de la crisis y del descontento no es suficiente para ganar elecciones ni es automático que el hambre y la pobreza den rédito electoral. Por el contrario, es posible convertirlos en mecanismos para reforzar la dominación, tal como fue señalado anteriormente. Es necesario, entonces, dotar de contenido el discurso y la campaña, de ideas y programa, de compromiso, consecuencia y coherencia entre la palabra y la acción.

10. El éxodo de compatriotas hacia el exterior, incrementado luego de derrotada la rebelión popular del cuatrimestre abril-julio, y de implantada fraudulentamente la ANC, también contribuyó a la merma de la votación opositora y a los resultados ya conocidos.

IV. La política definida por nuestro partido:

1. La política definida por el partido para este proceso electoral fue correcta: no solo la orientación de participar respaldando las candidaturas unitarias, sino también los criterios definidos por el CDN acerca del carácter de la campaña, el discurso que se requería, el perfil trazado para la selección de los candidatos, la consigna definida y la relación establecida entre las elecciones, la etapa de luchas precedentes y su continuidad hacia adelante.

2. El balance acerca del desarrollo de esta política y del comportamiento del partido en cada región, es un asunto que aún no está hecho y que espera, en primer lugar, el balance de las propias regiones. Preliminarmente, sin embargo, y como en otras ocasiones, destacan los esfuerzos realizados por los regionales del Zulia, Miranda y Sucre.

V. El cuadro político y las perspectivas:

1. Los resultados electorales, si bien arrojan un triunfo para el chavismo, que de esta manera refuerza su control sobre las principales instituciones del país, avanza en su propósito de sostenerse y perpetuarse en el poder, profundiza en su deriva dictatorial y en su ofensiva tendente a doblegar la resistencia de los sectores democráticos y su demanda de cambio; no deben ser vistos, sin embargo, como un proceso de relegitimación y de reencuentro con el apoyo popular que alguna vez tuvo. Dicho triunfo es el producto, como ha quedado señalado, principalmente de la implantación de un esquema electoral fraudulento que, combinado con las falencias y errores de la oposición, concurren a la configuración de los resultados ya conocidos. Los mismos no reflejan fielmente la realidad del país, no son la expresión fidedigna del ejercicio libérrimo del derecho al voto ni manifestación inequívoca de la voluntad popular y de la correlación de fuerzas existente en el país.

2. El triunfo del chavismo no puede verse como una salida a la crisis o como una vía o un camino hacia su superación. Logra sí prolongar su permanencia en el poder, lo que, al fin y al cabo, es su objetivo más importante en el corto plazo. Sea cual sea la suerte de la oposición en lo inmediato, así como los resultados de los procesos electorales en ciernes, es claro que la crisis del país seguirá su curso, se seguirá profundizando en todos sus aspectos (políticos, económicos, sociales, morales, institucionales). Se seguirán horadando las bases del régimen, el empobrecimiento y el hambre de nuestro pueblo empeorarán y esto seguirá alimentando el descontento y la demanda de cambios. El cuadro puede cambiar porque estamos frente una situación volátil, potencialmente explosiva en lo económico y social, inestable políticamente.

3. Se confirma una vez más que la MUD no es la dirección política que demanda la crisis del país y el pueblo descontento. Es una alianza frágil, inconsistente, sin aliento estratégico, sin un pacto profundo y de largo alcance resultante de la preocupación por el país y sustentada en una visión compartida del mismo. No obstante, la unidad sigue siendo un imperativo de las circunstancias y un clamor popular que debe ser atendido. Sin ella no es factible siquiera pensar en la posibilidad de derrotar al régimen. Es necesario, en consecuencia, redefinirla, replanteárnosla, relanzarla sobre nuevas bases, sobre una política y una estrategia que se actualicen y sobre unas reglas de juego claras que regulen su vida interna. Como parte de esto, debe ampliarse sus fronteras para que la alianza que se forje sea correspondiente a la idea de unidad nacional que en teoría se postula como alternativa de gobierno. Asimismo, debe democratizarse internamente evitando que siga siendo secuestrada por la entente de tres o cuatros partidos en nombre de su fuerza orgánica y electoral.

4. En tal sentido, la política del partido sobre este asunto conserva vigencia y debe ser ratificada: Diferenciarnos sin deslindar respecto del espectro que agrupa la MUD y trabajar consistente y sostenidamente por desarrollar una tendencia o una articulación de sectores asociadas al progresismo y a la izquierda. La construcción de un referente de izquierda que busque ocupar un espacio propio dentro del conjunto de las fuerzas que se oponen al régimen y que necesariamente debemos entendernos y articularnos con estas a fin de poder luchar con éxito contra aquél.

5. La maniobra de obligar a los gobernadores electos a juramentarse ante la ANC es inconstitucional e ilegal y no debió ser aceptada. Hacerlo es convalidar el propósito del gobierno que busca su reconocimiento nacional e internacional y es abrir las compuertas a nuevas y cada vez más graves imposiciones, es retroceder gravemente respecto del punto en que se encuentra el conflicto contra su carácter doblemente fraudulento y es, claramente, marchar a contravía de la posición de la comunidad internacional. Estaba anunciado que los gobernadores de la oposición serían obligados a esto y estaba definida una posición al respecto, consistente en la no aceptación de tal medida. Esto requería firmeza, consecuencia, movilización del pueblo, presión nacional e internacional, no rendición. Frente a esto, era preferible forzar las cosas hasta llevarlas al plano de una crisis política que, junto a la lucha que contra el fraude adelanta Andrés Velásquez y la Causa R en Bolívar, podrían dar paso a una nueva fase de la crisis política nacional y a su enfrentamiento. Frente a un régimen que cada vez más profundiza su deriva dictatorial, que no tiene escrúpulos ni límites en sus arbitrariedades y tropelías a fin de aferrarse al poder contra la voluntad expresa de la inmensa mayoría nacional, no cabe si no una política firme, consecuente, incluso subversiva, de pelea.

6. Este episodio, por cierto, cuestiona una vez más las inconsecuencias de la MUD en la lucha contra el fraude en la elección de la ANC. Consideramos que no haber asumido con firmeza la denuncia e investigación de dicho fraude, y llevarla hasta sus últimas consecuencias, viene a tener un efecto negativo ahora en la denuncia del fraude cometido en esta oportunidad en las regionales.

7. También este asunto ha profundizado las divergencias en el seno de la oposición y erosionado aún más la frágil unidad de la MUD, ya debilitada de antemano. En efecto, los resultados de las regionales y la juramentación de los gobernadores adecos ante la ANC, han hecho que estallen los problemas represados, han exacerbado las diferencias existentes y han conducido a una crisis grave de la unidad de la MUD, bastante mal manejada por cierto, al ser ventilada públicamente y con métodos casi primitivos. Esto incrementa el escepticismo de la gente y alimenta su desconfianza en la MUD, en sus partidos y sus liderazgos principales.

8. El chavismo, mientras tanto, ha salido fortalecido, incluso en el plano internacional, y vendrá por el remate. Aprovechará la coyuntura para anticipar las elecciones municipales, probablemente para el próximo diciembre, e incluso, eventualmente, las presidenciales. Esto obliga a discutir desde ya la política de la oposición frente a las nuevas elecciones que de seguro serán convocadas.

9. Uno de los mayores peligros que corremos frente a los resultados electorales y todas sus consecuencias posteriores, es que se imponga la sensación de invencibilidad del régimen, la sensación de que es inútil todo esfuerzo; que se imponga la impotencia, la desesperanza y el pesimismo. La gente empieza a considerar que la vía electoral no es un camino viable, que no brinda posibilidades de éxito. En esto, sin dudas, no deja de tener razón, aún cuando de allí no tiene porqué desprenderse como conclusión que debe ser abandonada la táctica de participación electoral. Debe tenerse en cuenta que venimos de cuatros derrotas importantes en el lapso de un año: la derrota del movimiento por el revocatorio, la derrota del movimiento de protesta iniciado en abril, la derrota en la lucha contra la ANC y la registrada ahora en las elecciones regionales. Esto inevitablemente mina las fuerzas, erosiona la resistencia, refuerza el escepticismo y la sensación de que todo esfuerzo por derrotar al gobierno, cualquiera que él sea, es inútil, independientemente de que todos estos efectos sean transitorios y puedan ser revertidos hacia adelante.

10. La oposición, en buena medida, cifra sus mayores esperanzas en lo internacional, mientras en el plano nacional es cada vez más errática. El gobierno, por su lado, también le importa y mucho lo internacional y busca lavarse la cara y bajar la presión con estos resultados. No obstante, la maniobra de obligar a los gobernadores electos de la oposición a tener que juramentarse ante una ANC que no tiene reconocimiento nacional e internacional, y la destitución ilegal y arbitraria de Juan Pablo Guanipa de la gobernación del Zulia, no contribuyen mucho a este propósito. El frente internacional debe cuidarse, es una de las mayores y más importantes fortalezas de la oposición venezolana, a la que nuestro partido debería darle mayor importancia, prestar mayor atención, atenderlo y trabajarlo.

11. El triunfo de la AD en cuatro de las cinco gobernaciones ganadas por la oposición, abre mayor espacio a las tendencias conciliadoras, a la política que busca un pacto de cohabitación entre gobierno y oposición; lo que no debe ser confundido con la política de diálogo y negociación orientada a procurar una salida política y pacífica a la grave crisis general del país.

Comité Político Nacional de Vanguardia Popular (VP)

Caracas, 29 de octubre de 2017

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