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Opinión

Radar de los Barrios

“Ya que nadie lo asume lo asumo yo. Soy el culpable de todo, me equivoqué, puse la torta por ingenuo, es decir, por pendejo. Perdón a todos”. Este es el valiente mensaje que colocó en la red social Twitter el actor y director teatral Héctor Manrique, a través de su cuenta @manriquehector, el pasado miércoles 18 de octubre de 2017.

Superar la depresión, evitar la división, enfrentar la conmoción

Queremos empezar estas líneas precisamente por ahí: Primero que nada, un reconocimiento y una humilde solicitud de disculpa. En nuestra columna del pasado domingo 15 de octubre (“15-O: ¡SIGAMOS SIENDO LA DIFERENCIA!”) incurrimos en el mismo error que la inmensa mayoría de los venezolanos, tanto opositores como oficialistas: Dimos por descontado la derrota del madurismo en las elecciones regionales y asumimos que lo único que estaba por determinarse era el tamaño de la victoria opositora.

Como ya se sabe, los resultados anunciados por el Consejo Nacional Electoral pesuvista fueron muy diferentes a los esperados, y han detonado efectos muy graves y extendidos: Depresión en la ciudadanía, profundización de la tendencia a la división en la oposición y el acostumbrado bullying oficialista, que cuando gana (aunque la supuesta victoria sea claramente fraudulenta) intenta convertir su “éxito” en una operación de búsqueda, captura y destrucción del adversario.

En consecuencia, a buscar instrumentos y razones para superar la depresión, evitar la división y enfrentar la conmoción, van dirigidas estas líneas:

El desastre del 15-O empezó con la indigestión del 6D

En el plano individual, para superar la depresión hay que determinar primero su causa (¿impacto emocional, desequilibrio químico, ambos?). Lo mismo ocurre en el ámbito colectivo: Para superar la depresión masiva, el luto generado por el 15-O, hay que comprender su origen. Por eso lo primero que hay que decir es que la tragedia del 15 de Octubre no empezó ese mismo día, con cualquiera de los abusos del gobierno o de las torpezas de la oposición. No. El desastre del 15 de Octubre de 2017, como acertadamente lo calificó el poeta Leonardo Padrón, empezó mucho antes. Concretamente, empezó el 6 de diciembre de 2015…

Efectivamente, el 6D el campo democrático venezolano obtuvo la victoria más grande e importante de toda la historia político-electoral venezolana. Y la obtuvo en el marco de la estrategia democrática, electoral, constitucional y pacífica que se había trazado. La lógica indicaría que -tras un éxito tan contundente en esa ruta- la misma debía ser mantenida, y la MUD ha debido aprestarse a obtener éxitos similares y aún mayores en las citas planteadas: Las elecciones regionales 2016, las municipales 2017 y las elecciones presidenciales 2018. Una aproximación progresiva y segura al poder, en un cronograma electoral constitucionalmente establecido y cuya alteración, en aquel escenario, hubiese tenido un costo para entonces impagable por el régimen.

Pero no fue eso lo que ocurrió. Indigestada por la victoria obtenida, se impuso en la oposición la idea de la “vía rápida”, que terminó siendo la más lenta de todas las vías. Buscándola, la MUD presenta al país el 8 de marzo de 2016 una “hoja de ruta” con cuatro alternativas: “Exigir la renuncia de Maduro, promover la aprobación de una enmienda constitucional para acortar su mandato y activar la convocatoria del Referendo Revocatorio”, sin descartar igualmente “la convocatoria de un proceso constituyente originario, si los tres caminos anteriores eran bloqueados”. Allí, con esa declaración, los opositores venezolanos abandonamos la autopista constitucional regular para el cambio, ese camino en el que habíamos obtenido la victoria abrumadora del 6D, y nos metimos en los azarosos e intrincados vericuetos del “fast track”. Al final se comprobó el viejo refrán: “La distancia más larga entre dos puntos es el atajo”.

¿Cuándo la oposición se quedó sin política?

De las cuatro vías sugeridas en la declaración del 8 de marzo del 2016 fue el referendo revocatorio la que terminó “agarrando calle”, calle que tras superar numerosos obstáculos- se estrelló contra la decisión del régimen de bloquear el RR. En efecto, el 20 de octubre de 2016 el CNE “suspende” la recolección de las firmas del 20% del padrón electoral, único requisito legalmente previsto para la convocatoria del Revocatorio. Aunque ese escenario era muy previsible, el impulsor original del RR (el partido Primero Justicia, que además monopolizó su coordinación y ejecución), no tenía preparadas respuestas lógicas ni caminos alternativos, y se quedó literalmente “sin política”.

Y con ellos, el resto de la oposición. El 26 de octubre de 2016, ante una multitud congregada en la autopista Francisco Fajardo de Caracas, dirigentes fundamentales de la Unidad en vez de plantear al país un nuevo rumbo de lucha le ofrecieron tres ocurrencias demagógicas: El “juicio al presidente” (que no existe en la Constitución), su destitución por “abandono del cargo” (¿alguien recuerda esa excentricidad tropical, y en que paró?) y la “marcha a Miraflores”, dejavú del 11 de abril de 2002, vana pretensión de sustituir con una marcha, es decir, con una actividad, la ausencia de estrategia.

Las tres ocurrencias se disiparon en noviembre, mes en el que también colapsó la iniciativa de diálogo que se inició el 30 de octubre y finalizó el 6 de diciembre. Después de esa fecha la oposición se fue de vacaciones navideñas, pero la crisis se agudizó: El 17 de diciembre el país estalla por el irresponsable anuncio gubernamental de retirar de circulación los billetes de 100 bolívares. Cinco muertos y más de 300 negocios saqueados fue el saldo de esa revuelta popular espontanea. Ese pueblo indignado no tuvo dirección y peleó solo. La oposición terminó ese año sin atender los insistentes llamados del entonces Secretario Ejecutivo de la MUD sobre la necesidad de entregar al país un balance autocrítico de un 2016 al que entramos con el inmenso capital político de la victoria del 6D-2015, y salimos sin nada.

Primer semestre 2017: la Salida Parte 2

En 2017 en vez de presentar al país el balance solicitado por el Secretario Ejecutivo… los partidos de la MUD optaron por eliminar la Secretaría Ejecutiva. El 17 de febrero de 2017 la MUD anuncia al país su más reciente “reestructuración”: Primero Justicia y Voluntad Popular promueven un nuevo organigrama en que la estructura de la Secretaría Ejecutiva de la alianza se diluye en tres “equipos de apoyo”, y la vocería deja de ser única y pasa a ser azarosa.

Lo que resta de febrero y todo el mes de marzo es consumido por el proceso de “validación” de partidos en el CNE, proceso que fractura la MUD prácticamente en la misma semana siguiente a su “reestructuración”, pues unos partidos deciden “validarse” y otros no. A finales de marzo el TSJ emite las sentencias 155 y 156 con las que ilegalmente despoja al parlamento de sus atribuciones constitucionales. La oposición, la Fiscal General de la República y la opinión pública internacional califican acertadamente ambas sentencias como “grave ruptura del orden constitucional”. La MUD (¡Esa MUD, sin vocería única, sin dirección colectiva, sin hoja de ruta consensuada!) llama entonces a la calle para enfrentar lo que con justicia fue denominado “un golpe de estado perpetrado no con tanques sino con togas”…

Desde los primeros días de abril se desarrolló entonces un proceso de luchas de calle duramente reprimidas por el régimen. La dirección de la MUD pasó a ser ejercida “de facto” por pocos dirigentes de sólo dos organizaciones, Primero Justicia y Voluntad Popular. El resto de los partidos se quejó frecuente y amargamente de que sólo se enteraban por las redes sociales de las actividades y convocatorias. La vocería paso a ser ejercida por un grupo de jóvenes diputados de esas dos organizaciones, grupo al que sólo esporádicamente pudieron incorporarse figuras como Delsa Solórzano y José Ignacio Guédez. Hubo convocatorias casi diarias para marchar de Altamira hacia el centro de Caracas, marchas que salvaje y rutinariamente fueron bloqueadas por la Guardia Nacional a la altura de Bello Monte, con un elevado saldo de muertos, heridos y presos.

Tras tres meses de convocatorias que no llegaban a su destino y casi un centenar de víctimas fatales a manos de la represión, la MUD convoca a un evento el día 3 de julio en el Teatro Chacao: “Rebeldía ascendente”, “levantamiento nacional”, “hora cero”, fueron las expresiones que resumieron el documento allí leído, en medio de gritos de dirigentes y público pidiendo lanzar la “huelga general”.

Desgraciadamente, un llamado tan grave no estuvo acompañado de la organización y coherencia necesarias: El lunes 10 de julio el país ve asombrado el debate entre dirigentes de la oposición sobre si el “trancazo” de vías de ese día debía ser de dos o diez horas de duración. Un gobernador y ex candidato presidencial afirma entonces que “la gente debe protestar donde quiera y cuanto quiera, porque la protesta no tiene dueño”, dando un espaldarazo a la anarquía que terminó siendo, junto a la represión desbocada, causa eficiente de la extinción de ese proceso de lucha.

Después de esto se convocó a la única jornada de protesta que tuvo realmente dimensión masiva, cuando se invitó a la gente a “votar” en el llamado plebiscito del 16 de julio. La participación contundente de la ciudadanía mostró su deseo de buscar un cambio usando el voto como instrumento fundamental de lucha. Dos semanas después, el domingo 30 de julio, el régimen monta una farsa electoral y el CNE afirma que unos fantasmales ocho millones de votos habían convalidado el fraude constituyente. Ese fue el fin de la “Salida Parte 2”… y el principio del calvario de todo el país democrático, que sufre ahora las consecuencias de los errores del inmediatismo.

2do semestre 2017: derrota, abstención y fraude

Los que a principios de 2016 creyeron que su curiosa versión del “tiempo de Dios” por fin había llegado, para el 30 de julio de 2017 habían consumido ya 19 meses sin haber avanzado un milímetro en su declarado objetivo de “salir del régimen”. Por el contrario, se retrocedió mucho, pues se despilfarró en “repentismos” el capital político generado por la victoria del 6D, y más de 130 jóvenes asesinados por la represión fueron el muy costoso saldo de la saña represiva del régimen y de los desatinos estratégicos de una dirección opositora secuestrada por el inmediatismo.

Como consecuencia de todo ello la desesperanza se instaló en Venezuela: El mayoritario país descontento se sintió ignorado por una dirigencia opositora que sólo hablaba de sacar a Maduro, pero que no se refería al drama del hambre y la inflación; el país que protesta, minoritario pero abnegado y comprometido, también se sintió traicionado por una dirigencia que le dijo que la sola fuerza de “la calle” bastaba para frenar la Constituyente y, eventualmente, incluso para “salir del régimen”… y a renglón seguido lo llamó a votar en unas elecciones regionales, sin asumir antes el fracaso del remake de “La Salida” y sin explicar de qué manera ese proceso electoral podría ser la continuidad de la lucha por la democracia y la libertad. En esas terribles condiciones se acudió al desastre del 15-O.

Hoy ya está bastante más claro que fue lo que ocurrió ese día: ¿Fraude? ¡Por supuesto! Para quien tenga dudas, allí está la valiente cruzada de Andrés Velásquez, demostrando ACTAS EN MANO que las cifras colocadas en la página web del CNE no se corresponden con los resultados de las actas emitidas por las máquinas de votación. ¿Abstención? ¡Claro que la hubo! Pero la abstención no es causa sino consecuencia, resultado de la decepción del electorado opositor ante los desatinos de una dirección política con más ambición y prisa que responsabilidad y criterio.

La realidad de las cosas es que fraude siempre habrá en toda elección que se realice en dictadura; También es una verdad conocida que en Venezuela abstención inercial siempre ha habido en elecciones que no comprometan la presidencia de la república. Para vencer fraude y abstención era necesario contar con una marejada de votos. Ese tsunami electoral era posible el 15 de octubre por el deterioro del gobierno. Pero no se materializó porque no basta con que el gobierno sea malo. También es indispensable que quien pide el voto lo merezca. Tras año y medio de errores, muchos venezolanos chavistas e independientes que votaron por la Unidad en diciembre del 2015 no encontraron razones para volver a hacerlo en octubre del 2017. Y muchos venezolanos militantemente opositores se vieron impedidos de ejercer su derecho al voto por el fraude sistémico que en esta ocasión, además de las amenazas a los empleados públicos y la agresión de los paramilitares oficialistas, agregó la reubicación compulsiva de los centros de votación y una boleta electoral generadora de confusión y votos nulos. Pero todavía falta lo más grave, lo peor…

Insólitamente, maduro logró convertir el hambre en votos

Si. Todo lo anterior explica por qué los ciudadanos opositores no llegaron a las máquinas de votación, pero aún falta explicar como un gobernante tan desprestigiado como Nicolás Maduro logró que el casi 100% de su “lecho de roca” electoral en efecto sufragara. La respuesta es breve y terrible: ¡El “Carnet de la Patria”!

En efecto, Maduro logró montar una operación políticamente funesta y éticamente reprobable, pero electoralmente eficaz: Logró transformar el hambre de los venezolanos en un mecanismo de movilización partidaria y subordinación política. El “Carnet de la Patria” y su muy publicitado “Código QR”, vendido como un mecanismo para “garantizar” el acceso de los más pobres a los programas de asistencia social del Estado, obviamente también funciona como lo contrario, es decir, como un mecanismo útil para excluir de tales “beneficios” a quien la burocracia oficial execre. Y eso el pueblo lo entiende a la perfección. Al convocar a una “jornada masiva de renovación del Carnet de la Patria” el mismo 15 de octubre, y al designar como lugares para tal “renovación” a los mismos “puntos rojos” del operativo electoral pesuvista, la operación de extorsión ni siquiera fue disimulada.

Fue la combinación de todos estos factores lo que logró desestimular y “rebanar” fraudulentamente la votación opositora, y al mismo tiempo asegurar la forzada participación electoral de la antigua clientela electoral del régimen, cuyos integrantes ahora son ya abiertamente rehenes socioeconómicos del régimen. La enumeración completa de las causas de la derrota de los demócratas ocurrida el 15 de octubre debe incluir entonces: los errores de conducción de la dirigencia opositora que operaron como generadores masivos de abstención, el fraude estructural del régimen y la conversión del hambre del pueblo en fortaleza electoral del madurismo mediante el “Carnet de la Patria”.

¿Esos elementos le dieron la victoria a Maduro el 15 de agosto? Si. ¿Determina eso la estabilización del madurismo y su eternización en el poder? No. Al menos, no necesariamente…

¿Qué hacer ahora? más allá de la participación o la no participación.

Hoy, a principios de noviembre de 2017, el régimen repite el guión que le ha sido útil: así como el fracaso de “La Salida parte 2” le puso en bandeja de plata el triunfo en las elecciones regionales que –no por casualidad- antes no se atrevió a convocar, ahora el deslave electoral del 15 de octubre y la muy lamentable actuación post-desastre del liderazgo opositor permiten al oficialismo convocar aceleradamente las elecciones municipales para el próximo diciembre de 2017. El cálculo del gobierno es evidente: la oposición será derrotada por la desmoralización de sus propios electores, y de esa manera el régimen llegará a 2018 -año de elecciones presidenciales- con 18 gobernaciones y centenares de alcaldías, esto es, con suficientes plataformas de apoyos locales y regionales para apuntalar su ambición continuista.

Frente a esto, el liderazgo opositor luce entrampado en el falso dilema de “participar o no participar” en las elecciones municipales. Los políticos que están a favor de NO participar no dicen que habría que hacer al día siguiente de abstenerse; muchos de los que SI están a favor de participar tampoco explican cómo votar en las municipales puede formar parte de algún proceso de reposicionamiento político y de reconstrucción de esperanzas. Todo esto ocurre porque no participar no es una estrategia, es apenas un espasmo, una reacción, una pulsión; pero el “participacionismo” tampoco es una estrategia (aunque pudiera serlo), es por ahora sólo una inercia, una costumbre que se extingue, una nostalgia.

La verdad es que, participando o absteniéndose de hacerlo, no responder la pregunta de “¿Que hacer al día siguiente?” es ir derecho a la profundización del fracaso y a una desmoralización y desmovilización aun mayor, lo que allanará –entonces si- el camino para la estabilización del régimen (hoy acosado internamente por la economía y externamente por las sanciones internacionales). Pero responder esa pregunta supone para la oposición tener estrategia, tener estrategia implica tener un centro de dirección capaz de elaborarla y supone también poseer una vocería coherente capaz de ofrecérsela al país, construyendo empatía entre esa estrategia y una población precarizada y justamente molesta… con el gobierno y con la oposición. Sin estrategia, sin centro de dirección que la elabore y sin capacidad para comunicarla, cualquier decisión que se adopte (participar o no hacerlo) terminará en colapso, bien sea por defectos de diseño o por vicios en su ejecución.

El verdadero dilema: inmediatismo vs. seriedad.

El dilema, efectivamente, no es entre “participación” o “no participación”, sino entre inmediatismo y seriedad. Y ese dilema es un reto para todos, dirigentes y ciudadanos, pues existen políticos que venden inmediatismo porque hay ciudadanos que lo compran. Inmadurez política (de la ciudadanía) y demagogia (del “liderazgo”) constituyen un círculo vicioso que es indispensable fracturar para poder retomar la actitud, aptitud y conducta que nos permitió hace dos años derrotar a este mismo régimen, con este mismo CNE, con este mismo TSJ y con este mismo petro-estado abusador y ventajista.

Quizá la única virtud de las decepciones es que ponen en evidencia las mentiras y, en consecuencia, permiten focalizar las energías en el cambio de las realidades y no en la promoción de supersticiones: Hoy ya se sabe, por ejemplo, que la sola fuerza de “la calle” no es suficiente para lograr la salida del régimen; ya se sabe también que no habrá “salida militar”, porque el proceso de degeneración republicana es tan profundo que hoy esa importante institución ha sido convertida en uno de los puntales funcionales de la mal llamada “revolución”, y se ha alejado de los supuestos básicos contenidos en el 328 constitucional; ya se sabe que la solución no provendrá de un “estallido social”, porque el régimen aprendió a convertir el hambre en fortaleza electoral mediante herramientas organizativas y tecnológicas de control social como el “carnet de la patria”, y porque más bien espera con ansiedad una eventualidad como esa para poner en práctica sus planes de control total “tipo Erdogan”; ya se sabe incluso que el fin del desastre no llegará en portaviones extranjeros, porque la crisis venezolana es una situación de quinta o sexta importancia en el plano internacional (muy por debajo de la crisis libia o del drama de Corea del Norte, por ejemplo…), porque TODOS los documentos, acuerdos y resoluciones de cancillerías, gobiernos y organismos internacionales en respaldo a la lucha de los demócratas venezolanos terminan, indefectiblemente, “exigiendo a los actores de la confrontación venezolana que inicien un proceso de negociación política serio y con resultados que abra espacio a una salida pacífica al conflicto”, y porque es indelegable la responsabilidad de los venezolanos en la resolución de la crisis de Venezuela.

Entonces… ¿cuál es la vía?

Queda entonces una vía. Una que no tiene la aureola romántica de la “épica” como en “La Salida”, ni la comodidad de que otro haga el trabajo como en los golpes militares, ni el atractivo lúdico que siempre tiene lo azaroso como en el carrusel incierto de los “estallidos sociales”... Pero que si tiene la seguridad de lo sistemático, la claridad de lo planificado, la fortaleza de lo hecho a pulso, de abajo hacia arriba y de adentro hacia fuera: Esa vía es la construcción de la fuerza social y política que haga posible el cambio, una fuerza que tenga la amplitud y la habilidad necesarias para construir y fortalecer las alianzas de diversa naturaleza (políticas, sociales, económicas, militares) indispensables para que el cambio sea sostenible, una FUERZA SERENA DE CAMBIO SEGURO, que inspire confianza tanto en la Venezuela profunda como en la Comunidad Internacional, pues en ambos espacios quieren que en nuestro país se produzcan cambios pero no caos.

Una fuerza que logre lo que ya alcanzamos en 2015: Que sea capaz de construir empatía con el ciudadano de a pie, sobre todo con los pobres y los empobrecidos, para que el mensaje de cambio democrático trascienda las redes sociales y las “zonas de confort” tradicionales de la oposición venezolana, y sea victoriosa también en los mayoritarios sectores populares del país, donde el barrio y la empobrecida clase media luchan rudamente día a día para sobrevivir al hambre y la inflación. Una fuerza social y política, en fin, cuyo objetivo por supuesto sea sacar del poder al actual régimen ineficaz y corrupto, pero no para sustituirlo por otro elenco de cazadores de renta sino para conducir una transición a la democracia que a su vez abra paso a un proceso de reconstrucción nacional que -además de sacar al país de la actual crisis- permita y promueva el relanzamiento de Venezuela como proyecto nacional, al basarlo no en los altibajos del precio internacional del petróleo sino en el talento y en la productividad del venezolano.

La construcción de una fuerza social y política de esa naturaleza y con ese propósito no es tarea de un solo individuo, grupo o partido… pero tampoco es un trabajo que pueda ser cumplido “entre todos” si en ese “todos” el precio de la amplitud es la incoherencia.

Deslinde no es igual a división

Para tener éxito en esta tarea es indispensable el deslinde con el inmediatismo y sus falsas promesas, con la demagogia y sus decepciones subsiguientes, con el caudillismo y sus agendas ocultas individuales y grupales. Quienes coincidan con esta forma de entender y vivir la lucha venezolana por la democracia y la libertad deben tener la inteligencia y la valentía de acercarse, deben integrar un centro de dirección reconocible, deben poner en la calle una política de oposición clara al régimen y de defensa acérrima de los derechos económicos y sociales de los pobres y de la clase media empobrecida, deben ser consecuentes con esos sectores cuando esa defensa de los derechos económicos y sociales genere por parte del gobierno también la violación de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos.

Este necesario deslinde no quiere decir que sea imposible el reencuentro futuro con los sectores de la oposición que en la actualidad tengan otros planteamientos tácticos, o incluso con los que han optado por el radicalismo testimonial en vez de intentar caminos de eficiencia política. Si estamos conscientes que la transición a la democracia y la reconstrucción del país son tareas que implican necesariamente el concurso de todos los venezolanos, incluso de muchos que hayan coincido con el actual régimen, es claro que no se puede ser reacio al reencuentro con opositores que tengan hoy una visión diferente de lo que debe ser el rol de la oposición.

Pero ese reencuentro debe ser no en torno a una ambición, a unas siglas o a un ego inflamado. El reencuentro tiene que ser en torno a una política. Y para que esa sea una política justa, clara en su objetivo democratizador, en su planteamiento económico y en su compromiso social, tiene que ser diseñada y colocada al servicio del país desde un espacio coherente, no desde una “colcha de retazos”. Y si esa política es recibida y apoyada por el país, tendremos entonces el eje en torno al cual podrán articularse en el futuro todas las fuerzas que apuesten a la reconstrucción de Venezuela.

El jueves 2 de noviembre, en la primera plana del diario El Nacional, un titular se hizo eco del siguiente anuncio: “Crean alianza sin AD, Un Nuevo Tiempo y AP”. La nota refiere que “Primero Justicia, La Causa R y Voluntad Popular anunciaron en Maracaibo que denunciarán juntos las irregularidades cometidas contra Juan Pablo Guanipa y Andrés Velásquez y que propiciaran la unidad para las presidenciales de 2018”. Habría que esperar ciertamente mayores claridades sobre este anuncio, pero es prudente advertir desde ya que ésta no es necesariamente una mala noticia: “Deslinde” no es -no tiene por qué ser- igual a división.

Unidos hemos ganado, separados siempre perdemos

Una noción de elemental sentido común está clara para todos los venezolanos: Si todos los partidos, juntos, no pudieron derrotar al madurismo el 15 de octubre, difícilmente tendrán alguna oportunidad de lograrlo si lo intentan divididos. Cuando hemos enfrentado al régimen unidos hemos ganado, como el 2 de diciembre del 2007 o el 6 de diciembre del 2015, o hemos avanzado de manera importante. Cuando hemos enfrentado al régimen por separado hemos perdido.

Efectivamente, la conquista y construcción de un futuro democrático para Venezuela sólo será posible en UNIDAD, pero esa Unidad hay que refundarla, REINVENTARLA, y para que esa reinvención no sea un cambio gatopardiano tal reagrupamiento debe darse en torno a lo que desde 2016 evidentemente no ha tenido la oposición venezolana: Una estrategia clara que defina cómo llegar al poder y de qué manera ejercerlo. Hasta ahora la respuesta a esta cuestión fundamental se ha confundido con los proyectos, agendas y legítimas aspiraciones de candidatos, grupos y partidos. Cada quien tiene una estrategia para llegar al poder, “su” estrategia, aquella en que su candidato es el “protagonista”. Esa manera de abordar el tema nos ha llevado a la división, a la pugna interna y a entronizar una concepción competitiva del liderazgo, en vez de una dinámica colaborativa.

Es hora entonces de cambiar la manera de cambiar las cosas: hay que tener obviamente una estrategia de poder, pero la misma no será resultado de la imposición de la agenda de un grupo o “candidato” sobre los otros candidatos y grupos por la vía de la “viveza”, de jugar “posición adelantada”, de imponer políticas de hechos cumplidos o utilizando los medios o las redes sociales para satanizar a unos y “canonizar” a otros. Esas vías, que son las que lamentablemente han sido utilizadas hasta ahora, no han conducido al triunfo de unos opositores sobre otros, sino al deterioro de todos. Es momento de intentar otro camino.

Una vía posible podría ser la que sugiere el titular que alude a la iniciativa de los partidos Primero Justicia, Voluntad Popular y Causa R: que aquellos factores que dentro de la oposición democrática logren identificar entre sí mayores afinidades en lo táctico y aun en lo programático se aproximen, unifiquen recursos y vocerías y pongan sus propuestas en la calle; Igualmente, si -por ejemplo- Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Avanzada Progresista, entre otras organizaciones, lograran identificar similitudes en su manera de apreciar el proceso político y en su forma de operar en él, sería muy útil que integraran sus esfuerzos e igualmente plantearan sus propuestas e iniciativas a la ciudadanía; De la misma forma sería positivo que Alianza Bravo Pueblo, Vente Venezuela y otras formaciones con planteamientos similares en su caracterización del régimen pudieran trascender sus coincidencias retóricas y pasaran a emprender iniciativas políticas concretas, a las que el pueblo pueda sumarse. Un ejercicio de esta naturaleza permitiría que sea la ciudadanía democrática la que con su respaldo activo determine cuál de esas orientaciones será la que constituya la línea de conducta mayoritariamente asumida por los demócratas venezolanos.

Esta relativa “autonomía de acción” de las organizaciones políticas no es contradictoria con la existencia de una plataforma unitaria común, que podría seguir llamándose MUD o adoptar la denominación que se considere conveniente. De hecho, esa plataforma unitaria como “paraguas común” debe existir al menos para tres propósitos: 1) Para definir, mediante el ya aprobado método de las elecciones primarias, la selección del candidato presidencial de toda la oposición; 2) Para determinar, mediante el método del debate y el consenso, la construcción de aquellas posiciones frente al régimen y al país que por su importancia excedan a las organizaciones individualmente consideradas y aun a las alianzas parciales, y que deban ser adoptadas por toda la oposición; y 3) Para ejercer ante la comunidad internacional, gobiernos extranjeros y organismos internacionales, la representación del conjunto opositor venezolano.

Hasta el grupo de lima exige la unidad de la oposición…

Sabemos que lo que planteamos enfrenta un importante rango de dificultades. Pero también sabemos que la alternativa es inaceptable: La victoria del madurismo, su estabilización como régimen de dominación y el surgimiento y mineralización de una nueva nomenklatura, una nueva oligarquía roja más feroz que la que hemos sufrido en estos 18 años, divorciada ya de los últimos vestigios de la vieja izquierda e integrada por el “hombre nuevo” del post-chavismo, una mezcla de gánster con “hombre de negocios turbios”, muy turbios, con el dinero suficiente para pagar la asesoría cubana de como permanecer en el poder y asesores internacionales en mercadeo político para vender al país y al mundo lo invendible.

También sabemos que así como la Unidad es indispensable, también lo es superar el inmediatismo: todas las soluciones “instantáneas” que éste nos ha ofrecido no sólo han sido falsas, sino contraproducentes: Los sucesos de abril y diciembre de 2002 permitieron al régimen copar la Fuerza Armada y desprofesionalizar a PDVSA, la abstención del 2005 permitió al proyecto autoritario adueñarse por completo de toda la maquinaria del Estado, y todo el proceso de recuperación del campo democrático que vivimos entre el triunfo en el referendo constitucional del 2007 y la inmensa victoria en las elecciones parlamentarias del 2015 fue echado por la borda cuando desde enero de 2016 algunos pretendieron ponerle al gobierno una “fecha de vencimiento” distinta a la que ordinariamente establece la Constitución, sin lograr otra cosa que despilfarrar a la fecha 22 meses sin avanzar ni un milímetro en su declarado propósito de salir del régimen, más bien retrocediendo, porque es evidente que hoy estamos mucho más atrás de donde nos colocó la desperdiciada victoria del 6 de diciembre de 2015.

La actual crisis de la oposición no es “sin precedentes”, como dicen algunos. De hecho, es muy similar en diversos aspectos a la vivida en los años 2004-2005. Pero lo que no tiene precedentes es que una crisis política tan profunda coincida, como ahora, con una debacle económica y social. En 2004 y 2005 la clase media estaba pendiente de lo que pasaba con el “Cupo Cadivi”, y los sectores populares tenían aun esperanzas en la capacidad munificente de las “misiones” y otros programas clientelares. Hoy el edificio de las promesas redentoristas se cayó. Ya el régimen no promete el cielo, sino que amenaza con el infierno. La sociedad aplastada por el hambre y la inflación ve perpleja como la dirección opositora, en vez de señalar y construir los caminos para derrotar al gobierno y salir de la crisis, se dedica a evadir responsabilidades, repartir culpas y destruirse mutuamente.

Pero no es sólo el venezolano de a píe el que exige a la oposición venezolana salir de su actual locura autodestructiva. La comunidad internacional también ha sido clara que el apoyo internacional a la causa de los demócratas venezolanos ni es eterno ni es independiente de las muestras de madurez y racionalidad que la propia oposición venezolana ofrezca. De hecho, en la Declaración de Toronto emitida por el Grupo de Lima el pasado 26 de octubre, los Cancilleres y representantes de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú “Exhortan a las diferentes fuerzas de oposición a mantener su unidad, ofreciendo un frente común programático, como condición indispensable para lograr la solución de la crisis venezolana”.

¿Qué hacer para que el viacrucis nuevamente termine en un domingo de resurección?

Desde el 6 de diciembre de 2015 hasta el 15 de octubre de 2017 la oposición venezolana ha experimentado un accidentado y acelerado tránsito de vida, pasión y muerte: El 6D tuvimos vida, expresada en una victoria construida a pulso, contra pronóstico, frente a un adversario que en el marco de aquella contienda puso presos a dirigentes fundamentales (Ledezma), secuestró judicialmente partidos enteros (COPEI y el MIN), cambió las reglas del juego sobre la marcha (imponer que la mitad de los candidatos fueran mujeres DESPUÉS que la Unidad había escogido en primarias y consensos a sus candidatos) y colocó al lado de la tarjeta de la MUD un tarjeta-clon oficialista para generar confusión y estafar al elector.

Todo eso hicieron, y mucho más, pero frente a cada maniobra oficialista hubo una Unidad que había previsto la agresión, había preparado opciones alternativas, las ejecutó con éxito y… terminamos ganando, a pesar del fraude estructural oficialista, porque esa dirección política de la Unidad supo inspirar confianza en el electorado opositor para generar el tsunami electoral que arropó y neutralizó el fraude, y porque además supo defender con uñas y dientes cada voto del ciudadano, una dirección opositora a la que los testigos no se le “extraviaron”.

Después vino la baja pasión del inmediatismo demagógico, ofreciendo “salir del régimen” en semanas o meses, abandonando la estrategia de aproximación progresiva y segura al poder y apostando por diversas modalidades de la “vía rápida”, desde el Referendo Revocatorio en 2016 hasta “La Salida parte 2” en 2017. Tras esta “baja pasión” vino la muerte, tanto la física, literal, de más de 130 jóvenes asesinados por la represión, como la muerte de una irresponsable apuesta política, el fallecimiento de los espejismos y las ilusiones inmediatistas, pues tras la derrota del remake de “La Salida” se produjo el desastre de las elecciones del 15-O, ambos fracasos imputables al mismo sector dirigente que desde 2016 logró diluir a la MUD y prácticamente secuestrar la dirección del movimiento opositor.

Para que ocurra la resurrección de la esperanza democrática es preciso que la oposición política se dote de las herramientas que le permitieron alcanzar la victoria hace apenas 24 meses. Dirección colectiva, hoja de ruta consensuada, vocería coherente y un discurso y una praxis política que atienda y priorice la situación de la mayoría popular y de la clase media empobrecida. Con todo lo importante que hoy son las redes sociales, debe recordarse que las mismas son una tecnología y una racionalidad para interactuar con la sociedad, NO PARA SUSTITUIRLA. Hay que “hacer política” no desde el Periscope, con el Instagram y para el Twitter, sino desde la gente, con la gente y para la gente.

Sólo así, consideramos, la oposición política venezolana dejará el tortuoso atajo de las derrotas y volverá al ancho camino de las victorias. Ponemos estas ideas y propuestas a disposición de dirigentes y partidos, pero sobre todo las ofrecemos para su consideración y debate en las organizaciones sociales y comunitarias, pues estamos convencidos de que sólo la firme exigencia de la los ciudadanos y sus organizaciones de base hará posible que la dirigencia política se coloque a la altura de la crisis y de las exigencias del país.

¡Palante!

Radar de los Barrios / Fuerza, Venezuela!

Domingo, 5 de noviembre de 2017

http://radardelosbarrios-fuerzavenezuela.blogspot.com/?m=1

 27 min


Jesús María Casal H

El juramento implica un compromiso asumido con la mayor solemnidad y rigor respecto del cumplimiento de una misión, la toma de posesión en un cargo, la veracidad de una declaración u otras manifestaciones similares. En lo concerniente a la toma de posesión en destinos electivos, se presta por lo general ante cuerpos colegiados representativos, pues es una forma de escenificar ante la representación del pueblo la aceptación del mandato recibido y de reafirmar el deber de ejercerlo cabalmente. El juramento se conecta además con la libertad de religión y de conciencia, porque en aquél convergen los símbolos o fórmulas de la fe que se profesa o de los principios más elevados en que se cree. De allí que jurisprudencialmente se haya admitido que en determinadas circunstancias el obligado a prestarlo pueda exigir su sustitución por la modalidad de la promesa. Hay también otro tipo de juramento, de raigambre monárquica, al que luego me referiré.

¿Falta absoluta?
Es un despropósito y una grave violación del orden constitucional y democrático y de los derechos humanos que se haya declarado la falta absoluta del Gobernador electo y proclamado del estado Zulia por no haberse juramentado ante la supuesta Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Las razones que pueden aducirse son varias. La Constitución del estado Zulia prevé que la juramentación ha de producirse ante el Consejo Legislativo del estado o, si no es posible que esta sea llevada a cabo, ante el juzgado superior en lo contencioso administrativo de ese estado. Esta era la misma regulación exigida por la Ley sobre Elección y Remoción de los Gobernadores de estado. Es lógico que así sea, ya que de esta manera el Gobernador proclamado expresa ante el pueblo que lo eligió, representado en el Consejo Legislativo, su compromiso de desempeñar rectamente la función encomendada. ¿Qué puede explicar que dicha juramentación deba estar precedida de una efectuada ante la pretendida ANC? Únicamente el objetivo de quebrar moralmente a la oposición y de propiciar la división. La denominada ANC es un órgano espurio, antidemocrático. No puede condicionarse el juramento ante una instancia democrática al que se preste ante un órgano nacido de la usurpación del poder constituyente del pueblo.

Pero aun en el supuesto de que aquél fuera legítimo, evidentemente no sería el espacio institucional adecuado para tal juramentación y nunca esta podría ser un requisito indispensable, cuya omisión genere falta absoluta. Recuérdese que los integrantes de la llamada ANC no fueron electos como representantes de los estados ni en circuitos estadales, sino en circunscripciones municipales y sectoriales. Mientras que el Consejo Legislativo es manifestación directa y específica de los electores del estado respectivo. En todo caso, la falta de juramentación no es por sí sola causal de falta absoluta, menos aun cuando existe la firme determinación del Gobernador proclamado de tomar posesión del cargo. La propia Sala Constitucional se empeñó en demostrar en enero de 2013 que la falta de juramentación del Presidente electo ante la Asamblea Nacional no era causal de falta absoluta, y puso énfasis en la necesidad de respetar la voluntad de los electores, la cual por lo visto poco importa si no es favorable al gobierno nacional o sus candidatos.

Líderes regionales
Otro asunto de fondo es que la elección de Gobernadores no fue una consulta popular sobre el reconocimiento o desconocimiento de la denominada ANC, sino la elección de líderes regionales, que al jurar solo ante el Consejo Legislativo no hacen otra cosa que cumplir la ley. Pero al gobierno le interesaba adulterar el sentido que constitucional y democráticamente debían tener esos comicios para convertirlos en una ocasión para la humillación y la degradación moral, mediante el requerimiento de subordinación a la pretendida ANC y a su convocante. Esto evoca la otra acepción histórica del juramento, aquella según la cual prestarlo es: “Reconocer solemnemente, y con juramento de fidelidad y obediencia, la soberanía de un príncipe”.

La ruta que sigue el gobierno nacional es funesta, por apuntar a consolidar un orden político basado en la supresión de la libertad de conciencia, de las garantías democráticas y, en suma, de la libertad política y civil. Un orden que cierra centros electorales y traslada electores a capricho, sin fundamento jurídico alguno, del mismo modo con el que luego dice estar dispuesto a moderar esa arbitrariedad; que inhabilita o des-inhabilita a sus anchas; que amenaza con encarcelar a quienes desconfían del CNE. Tiempo luctuoso para la República, frente al cual la firmeza democrática y la coherencia son la piedra angular de todo lo demás que quiera hacerse.

jesusmariacasal@gmail.com

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Gustavo Roosen

El gobierno, por ejemplo, evita hablar de la economía, de la inflación, de los precios. Cuando otros lo hacen los descalifica. Es parte de la de la guerra económica, declara. Cuando son los propios los que se atreven, es traición. Que lo digan, si no, el acusado Isaías Rodríguez y el acusador Pedro Carreño. La oposición, por su parte, evita hablar de sus problemas internos, de los desacuerdos, de los brotes personalistas y su efecto corrosivo, de los errores estratégicos o tácticos. Las derrotas no suelen tener culpables. Se espera que el silencio borre la memoria. Que el tiempo tienda su manto de olvido.

Los temas, sin embargo, siguen ahí. El panorama económico no puede ser más grave. No hay analista serio que no lo vea. El fantasma de la deuda sigue allí, más amenazador, más grande, con efectos que volverán cada vez más dramática la situación para los ciudadanos, para las empresas, para el propio sostenimiento del aparato de gobierno. Sin embargo, parece haberse impuesto la estrategia de no ver, o de no mostrar. Aquí no pasa nada. Esta guerra la estamos ganando. ¿Por cuánto tiempo más se podrá mantener este espejismo y esta intención de ocultamiento?

Acallados en las cúpulas, los temas de los que los interesados quisieran que no se hablara siguen, sin embargo, en la preocupación de la gente. Bullen en las redes sociales, muchas veces en el tono menos positivo, más superficial, en ocasiones incluso irresponsable. No es posible silenciar el tema económico cuando está en la vida y el padecimiento de los ciudadanos. Tampoco es posible tapar o disfrazar el tema de las fisuras en la oposición cuando la gente ha puesto tanta esperanza en ella y cuando crece el riesgo de llenar el vacío con propuestas sin claridad ni organización. El ocultamiento, el velo, la reserva a unos pocos, la falta de información no solo no ayudan a la participación sino que alimentan el rumor y la desconfianza. Los argumentos esgrimidos desde la política para limitar el espacio de la información chocan más temprano que tarde con la necesidad ciudadana de claridad. Contribuyen más al desaliento que al entusiasmo.

La gente quiere saber. Quiere sentirse parte, no simplemente número. Habría querido, por ejemplo, celebrar el Premio Sájarov otorgado a la oposición democrática venezolana por el Parlamento Europeo. El premio, sin embargo, ha tenido menos repercusión de lo que habría gozado el reconocimiento a una figura del deporte. Parece haber interesado a pocos. Ha sido como una alegría efímera, llegada en mal momento, en medio de un duelo. Como si el desaliento por los resultados de la última contienda electoral no hubiesen permitido la celebración. Como si un premio que se otorga a personas que han contribuido de manera excepcional a la defensa de los derechos humanos y las libertades no tuviera suficiente valor motivacional para congregar el entusiasmo. Como si se hubiese olvidado lo que significa de capital político el apoyo recibido por parte del Parlamento Europeo y, de cara al futuro, su capacidad para desarrollar iniciativas políticas y legislativas concretas.

Si algo deprime el entusiasmo ciudadano es, sin duda, el ocultamiento de la información, más todavía cuando el enturbiado clima político y social exige claridad. Y más cuando los intereses del poder urden trampas y elaboran discursos para alimentar el abatimiento. Ese es el momento del liderazgo. Contra la corriente de tapar los problemas se impone el liderazgo que comunica, que interroga, que debate, que se afirma en el reconocimiento de los hechos y en el valor de las decisiones compartidas.

Una equivocada visión del poder alienta el monopolio de la información. Sobre ese principio se sigue la consigna de que hay temas que mejor no tocarlos, no ponerlos a la vista, no exponerlos a la discusión, limitarlos al círculo de poder o de influencia, protegerlos con el velo del silencio. De lo que no se habla no existe. Esa parece ser la consigna. Las realidades, sin embargo, terminan haciéndose visibles, a veces tarde, a veces trágicamente.

nesoor10@gmail.com

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El 1 de noviembre de 2017, el Presidente Nicolás Maduro exhortó públicamente a los candidatos de oficialistas para las elecciones municipales del 10 de diciembre 2017 a retomar el proyecto de las ciudades comunales, comunas y consejos comunales, en tal sentido advirtió:

“Ese es el eje nuestro, construir ciudades socialistas, comunales, para reordenar el caos capitalista que heredamos desde hace aproximadamente cuatro siglos atrás”.[1]

Ninguna novedad representa ese anuncio, más bien el tono y la forma de su anuncio contrasta cualitativamente con los bombos y platillos con los cuales en las elecciones municipales del año 2013 anunciaron el Plan Comuna o Nada, estrategia de movilización electoral para las elecciones municipales de diciembre del año 2013.

Y como el régimen es excesivamente imaginativo en crear instancias políticas, en el 2013 reactivó a los fines del Plan Comuna o Nada una denominada Comisión Presidencial para las Comunas, que entonces estuvo presidida por Héctor Rodríguez, actual gobernador del estado Miranda y cuyos resultados no resultan fáciles de medir.

Aquél proceso electoral de 2013 registró como resultados un total de votos para el PSUV de 5.265.930, que representó el 48,76% de la participación electoral. Mientras, la oposición capitalizó 4.410.238 de votos que representaron el 40,84% de participación electoral[2]; resultado que le permitió a la Unidad asumir la gestión de gobierno en la Alcaldía Metropolitana de Caracas más cinco de sus seis municipios; además de Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, Maturín, San Cristóbal y Mérida. También la Unidad ganó en otros bastiones del chavismo para el momento, como eran El Vigía, Valle de la Pascua, Barinas y Valera. En la actualidad, varios de esos alcaldes electos en el 2013 están exiliados o en situación de presos políticos.

El periodista Eugenio Martínez afirmó que el triunfo de la Mesa de Unidad Democrática “en las ciudades más simbólicas del país (por su población o por su identificación con la revolución) provoca que la oposición genere en sus electores una percepción de triunfo que el chavismo –a pesar de su evidente ventaja numérica– no logra contrarrestar”.

A esas elecciones del 2013 llegamos más por suerte que por presión social y política. En tal sentido es oportuno destacar que para ese momento la última elección de alcaldes había sido en el año 2004 y la de concejales en el año 2005. En consecuencia, los períodos electorales fueron extendidos discrecionalmente por el Consejo Nacional Electoral a espaldas de la voluntad popular, y así pasaron varios años hasta que decidió el órgano rector realizarlas, pero nuevamente uniendo ambas elecciones locales: la de alcaldes y concejales.

Es importante no olvidar un detalle que es grave, y es que en la elección de concejales del 2005 los venezolanos tuvimos la oportunidad de participar eligiendo a los integrantes de las Juntas Parroquiales, instancias que originalmente se diseñaron para la descentralización de la gestión municipal y luego se reformaron para orientarlas hacia la desconcentración de esa misma gestión local. Esa oferta electoral se perdió y fue arrebatada para las elecciones del 2013, gracias a la Asamblea Nacional producto del abstencionismo.

Resulta importante destacar que las elecciones municipales del año 2013 sirvieron de antídoto para evitar que el Poder Público Municipal, sus instituciones y competencias, pasaran al olvido en la memoria del colectivo venezolano. Se reivindicó al Poder Público Municipal con aquellas elecciones.

En consecuencia, desde el 2000 hasta la fecha, el régimen ha hecho con las elecciones municipales lo que ha querido y la sociedad en general se lo ha permitido con pasividad asombrosa.

Nuevamente, la conducta del CNE se repite, separaron la elección de alcaldes y la de concejales violentando el orden legal existente, extendiendo el período de gestión de los concejales hasta nuevo aviso y a espaldas de la voluntad popular. Fecha cierta no hay, sólo la ambigüedad de que la misma será en el 2018.

La nota que marca la diferencia en este proceso electoral municipal es que aparece un nuevo actor, la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente, que ordena realizar la elección y dividirla en dos procesos, haciendo que un CNE subordinado a ella active todos los mecanismos operativos para llevar adelante un accidentado y muy dudoso proceso electoral municipal; tan dudoso como el que se realizó el pasado 15 de octubre 2017.

El Municipio, que constitucionalmente se reconoce como la forma de organización del territorio nacional, pareciera ser una “migaja” del contexto institucional del Estado Federal Descentralizado, motivado a que el régimen se ha encargado de imponer el desánimo y la frustración en los electores, luego del 15 de octubre del 2017, cuando el CNE decidió burlar toda formalidad y rigurosidad legal para la convocatoria y desarrollo del proceso electoral.

Las elecciones regionales lograron romper la mínima confianza que existía entre electores con los dirigentes políticos y los partidos políticos, el desafío ahora es cómo en este contexto tan autoritario de gobierno, donde no hay espacios que garanticen las libertades democráticas, se puede restituir esa confianza rota, que es pieza fundamental para poder restituir la democracia.

Los principales partidos políticos han decidido no participar en el proceso electoral municipal previsto para diciembre 2017, pero esa decisión, como ha sido característico en el pasado, se ha tomado sin el debate y sin la orientación, menos aún sin la discusión debida con los ciudadanos.

Nuestros dirigentes parecieran olvidar que no estamos hablando de una elección nacional, no se trata de cualquier proceso electoral, se trata de 335 elecciones, con distintos rostros y realidades, pero que se conectan entre sí, porque sus resultados tienen incidencia directa, inmediata y efectiva en la calidad de vida de los ciudadanos. Además, es en esa instancia donde cada uno de nosotros logra entender mejor lo que significa la democracia, la institucionalidad y la ciudadanía.

Mientras la rebeldía se decreta, sin ni siquiera volver a citar el 333 y 350 de la Constitución, el Gobierno retoma su visión estratégica de reactivar su metodología original de impulsar la transformación desde el nivel local y comunitario con los Consejos Comunales, Comunas y, entonces, Ciudades Comunales, que son parte de un modelo institucional dibujado en el Plan de la Patria 2013-2019 que pretenden ampliarlo hasta el 2030 como lo ha pedido el presidente Maduro el pasado 30 de octubre de 2017.[3]

Frente a esos anuncios del Gobierno de impulsar el modelo comunal, los vecinos, aquellos líderes comunitarios que sin aspiraciones electorales siempre han lidiado con la defensa de la democracia en los términos de libertad de participación y de asociación, y exigencia de calidad en la prestación de los servicios públicos, quedan en la más absoluta indefensión, sin voceros efectivos y, en consecuencia, en un estado de orfandad muy grave para la salud anímica de nuestras comunidades, que claramente termina de romper cualquier posibilidad de cohesión en nuestra sociedad.

Las razones para no participar en las elecciones municipales son muy válidas, pero no son nuevas, ya eran conocidas, los partidos tienen sus razones, se les respeta, pero es oportuno reclamarles la ausencia de consulta, aun sabiendo que tienen estructuras municipales y concejales en ejercicio, a través de los cuales los electores lograrían una efectiva comunicación abierta y directa. Pero no saben utilizar efectivamente esos canales.

La orfandad ciudadana lleva a que al mismo elector ya no le importe ir o no al proceso electoral, pues no encuentra razones que lo motiven a ello y, menos aún, un plan B que le motive a no hacerlo. En consecuencia, el único mensaje es bajar la santamaría, echar al cesto de la basura las buenas gestiones logradas por cada alcaldía, hasta que el sistema electoral sea cambiado para ir a unas elecciones presidenciales en el año 2018, en una fecha que hoy es incierta.

¿Mientras tanto qué?, se preguntan algunos. En medio de esto, pareciera que la única posibilidad inmediata de trabajar el tema de la confianza con el electorado pasa por la necesaria definición de un Pacto Nacional de Unidad para la restitución del orden constitucional y democrático de Venezuela.

Vivimos momentos confusos, cuando nadie tiene toda la razón en sus manos, menos aún la verdad absoluta. Pero lo que sí es seguro es que cuando ha habido unidad y espíritu unitario hemos resultado victoriosos. Unidad y más unidad, no tenemos opción.

PolitiKa UCAB

Noviembre 5, 2017

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Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular y Causa Radical decidieron no presentar candidatos en las elecciones municipales convocadas por el Consejo Nacional Electoral a realizarse en diciembre de este año. Parece ser que dicha decisión, ya anunciada unilateralmente por Voluntad Popular, fue tomada en una reunión entre los más destacados dirigentes de dichas toldas políticas. Soy de los que creen que es necesario ponerle fin a la polémica surgida entre aquellos sectores políticos que se abstendrán y los que participarán en dichas elecciones. Cada uno ha expuesto sus razones. Julio Borges, en el programa de Vladimir Villegas, planteó, con detalle, los motivos que tienen quienes propugnan la abstención y los objetivos que buscan: eliminar los atropellos a los votantes y hacer cumplir cabalmente las normas electorales vigentes. Los sectores decididos a votar han mantenido públicamente que es un grave error ceder sin luchar espacios políticos al régimen dictatorial, “razón por la cual presentaremos candidatos únicamente en aquellos sitios que debemos preservar para respaldar a nuestros alcaldes electos y en aquellos que los vecinos han decidido competir para recuperarlos”. Varios de los alcaldes en ejercicio han decidido lanzarse a la contienda electoral, contrariando la decisión de su partido político, con el respaldo de los vecinos en su respectivo municipio.

Pareciera ser, aunque no hay anuncio oficial, que la Mesa de la Unidad Democrática ha sido disuelta como consecuencia del resultado de las elecciones de gobernadores y a las divergentes posiciones mantenidas por sus integrantes sobre la participación en las próximas elecciones municipales. Dividir a la MUD era, sin lugar a dudas, el objetivo más importante de la estrategia política de Nicolás Maduro y su corrupta camarilla. Dolorosamente, lo han logrado plenamente. Esta lamentable realidad política debe ser superada a la brevedad posible. Es imposible derrotar al madurismo en la elección presidencial sin recuperar y fortalecer la unidad opositora. Ese esfuerzo no se consolidará si no se da por concluida la inconveniente polémica surgida entre abstencionistas y votantes y se superan totalmente las confrontaciones estériles entre los partidarios de cada una de las posiciones y los posibles resquemores que se han presentado entre nuestros principales dirigentes políticos y sociales. En lugar de perder el tiempo en esas pequeñeces, se debería utilizar la madurez y la experiencia acumulada en tantos años de lucha de nuestro liderazgo para fortalecer un gran acuerdo político que le permita a la oposición democrática superar exitosamente el reto de la elección presidencial. Todos los indicios me permiten concluir que esa elección será convocada, obviando nuevamente los lapsos legales, durante los primeros meses del próximo año.

La posibilidad de esta arbitraria decisión del régimen obliga a iniciar, a la brevedad posible, las negociaciones necesarias entre los distintos actores políticos para escoger nuestro próximo candidato presidencial. Esa escogencia es de una inmensa trascendencia. Los posibles aspirantes deben entender que la selección de uno de ellos disiparía, definitivamente, la mayor debilidad que tiene la oposición democrática: la ausencia de una sola dirección política que permita unificar el sentimiento opositor en las grandes mayorías nacionales. La opinión pública, y creo que también los principales líderes de los partidos políticos, tienen claro que la escogencia del candidato presidencial debe hacerse a través de elecciones primarias. Promover y organizar, inmediatamente después de las elecciones municipales, una consulta popular para escoger nuestro candidato presidencial de igual importancia que el evento electoral realizado por la Mesa de la Unidad Democrática, el pasado 16 de julio, tendría un impacto de opinión de tal importancia que revitalizaría la unidad de la oposición y su capacidad de lucha. Al resolverse el siempre difícil problema de la escogencia del candidato presidencial, la oposición democrática estaría en capacidad de responder unitariamente a la maniobra impuesta por Nicolás Maduro de adelantar las elecciones presidenciales o a cualquier otra acción de la dictadura madurista.

Nuestro candidato presidencial tendría que asumir de inmediato dos retos fundamentales: romper la desesperanza que ha venido surgiendo en los venezolanos como consecuencia de la dolorosa realidad que enfrenta diariamente en medio de tantas penurias, inspirando un nuevo espíritu de lucha en la oposición democrática que reactive la movilización popular ante la certeza de que el gran cambio político que significaría la derrota de la dictadura madurista se reflejaría, casi de inmediato, en una profunda e inmediata recuperación económica al facilitar obtener un importante apoyo financiero de los organismos multilaterales para poder superar la actual tragedia nacional; y estimular un movimiento internacional que amplíe y fortalezca aún más los respaldos que hemos recibido de Estados Unidos, de Canadá, de la Unión Europea y de América Latina con el objeto de presionar política, diplomática y económicamente a Nicolás Maduro y a su gobierno para lograr que las elecciones presidenciales se desarrollen en condiciones realmente equitativas que permitan superar los inmensos desequilibrios políticos y electorales que impiden a los venezolanos expresar libremente su voluntad democrática y espíritu libertario. Unidad y fe en el triunfo. Adelante.

fochoaantich@gmail.com

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Jesús Elorza G.

Contentísimo, regresó el miliciano a su casa, después de la concentración convocada por el partido para escuchar y aplaudir como focas el anuncio del camarada Nicolás, sobre las nuevas y revolucionarias medidas económicas para enfrentar y derrotar al imperio del dólar.

Al verlo tan sonriente, su mujer le preguntó ¿Qué te pasa, pegaste el Kino?

- Ojala, respondió el. Vengo feliz porque nuevamente tenemos un aumento en el salario mínimo.

Gran cosota, le dijo despectivamente su mujer. Cada vez que nos dan un aumento pírrico, enseguida se lo come la inflación.

-No seas tan negativa. Fíjate que ahora el aumento queda de la siguiente manera: Desde el 01 de noviembre el salario mínimo tiene un aumento de 40%, pasando de Bs. 97.531 a Bs. 177.507,44. El cálculo del ticket de alimentación pasa a tener un valor fijo de 31 UT por día laboral, queda en Bs. 339.000. El total del salario mínimo nuevo es de: BF. 456.507,44.

Además, el camarada presidente anuncio que se implementará un nuevo Sistema de Pago Internacional basado en una canasta de moneda para liberarnos del yugo de la moneda gringa. Ahora, vamos a manejar nuestra economía en rublos, yuanes, yenes, euros, rupias de la India y libras esterlinas…..que te parece cholito.

-A mí eso de “canasta” me huele a baloncesto. Tú presidente, que no es el mío, le dijo medio arrecha la mujer, de economía sabe lo que yo sé de física quántica…un coño. Déjame explicarte, lo que yo he aprendido de forma autodidacta, en mis relaciones con el mercado libre….

¿Qué te pasa?, te metiste a neoliberal y ahora crees en el libre mercado.

-No sé si soy neoliberal, pero el día a día en las operaciones de compra-venta de alimentos en el mercado, me ha enseñado mucho más sobre la economía, que los vacíos discursitos de tu camarada Nicolás. Oferta y demanda es el principal regulador de una economía de mercado. Todo mecanismo de control gubernamental solo produce un mercado paralelo en el cual la corrupción y la escasez son los factores fundamentales.

Que vaina, la mujer se me pasó pal otro bando.

Que bando, ni que bando….lo que pasa es que tu solo vives para las marchas y concentraciones del partido y vives todo el día repitiendo las consignas de Uh, ah…maduro no se va…..o sobre la guerra económica. Te voy a dar un ejemplo sobre la relación entre la canasta anunciada y el salario mínimo:

Con ese “esplendoroso” aumento del salario a BF 456.507,44 mensual, solo alcanzaremos, en el mercado internacional de divisas, a comprar 10 dólares. Pero, como a ti no degusta hablar de esa moneda gringa-imperialista, te la voy a poner más fácil: el salario revolucionario nos permitiría la compra en la canasta, de las siguientes cantidades: 383 Rublos, 61 Yuanes, 1080 Yenes, 6 Euros o 7 Libras Esterlinas.

-Bueno mi amor, que más queréis…ahora la revolución nos puso a la par del primer mundo.

Sí Luis, dijo la mujer en una mezcla de arrechera y sonrisas. Solamente para que tengas una idea, te voy a dar una relación del salario mínimo mensual en las monedas que conforman la cesta monetaria: Rusia 36.800 rublos, China 6.100 yuanes, Japón 1.722 yenes, Reino Unido 1.396 euros……. No sigas con ese cuento revolucionario populista, que ahora somos del primer mundo……las cifras demuestran lo contrario. Este régimen dictatorial arruinó al país y acabo con to...

-Pero, nos liberamos del dólar gringo, argumento como último recurso el miliciano.

Que vaina con tu ignorancia. El poder de paridad de compra de todas las monedas se mide en dólares desde que el acuerdo de Bretton Wood convirtió a la moneda estadounidense en la divisa de referencia”, explica la mujer. En la localidad de Bretton Wood (EEUU) los jefes de 44 países suscribieron una serie de acuerdos en 1944, uno de esos estableció el uso del dólar como moneda internacional. La medida se tomó porque EEUU era el país más poderoso después de la Segunda Guerra Mundial y comenzó a prestar dinero a los estados en quiebra e incursionar en nuevos mercados.

Y para que me sigas acusando de contrarrevolucionaria, debo decirte que el salario mínimo de tu camarada Nicolás, solo sirve para comprar 8 dólares. En otras palabras, es equivalente al pago de ¡¡¡Media hora de trabajo en Estados Unidos!!! En cambio, esos míseros ocho dólares, aquí representan ¡¡¡Un mes de salario!!!

Mira sinvergüenza, para que salgas de tu sumisión ideológica y de tu ignorancia permanente a la que te ha conducido tu “revolucionario” partido, de ahora en adelante tú harás el mercado….no joda. Te quiero ver, comprando con tú salario mínimo revolucionario, la Canasta Básica Familiar que cuesta ¡¡¡ Cuatro Millones de Bolívares!!! Óyeme bien, piazo e’ loco "¡¡¡Se necesitan aproximadamente diez salarios mínimos "revolucionarios para poder comprarla!!!”.

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La interrogante que todo el mundo se hace. Cuya repuesta en vez de aclarar confunde al elector. ¿Por qué siendo mayoría la oposición no ganó la regional y ahora no va a elecciones? Porque la repuesta está en la misma estructura opositora… Las actitudes individualistas y el juego de intereses partidistas que entre ellos se desenvuelve, les impide formar un bloque homogéneo e implementar una estrategia política de largo aliento. Entrampados en las minucias de una rivalidad digna de mejor causa. Es el interés partidista el que prevalece. Por encima de las razones esenciales de la lucha contra el chavismo. Y sobre todo a espaldas de las penurias y calamidades socioeconómicas actuales de la población. Su foco central lo localizan en el ataque certero a los mismos grupos que integran la amplia banda opositora. Allí ponen el énfasis, la prioridad y el esfuerzo principal. Gastados en una lucha interna dentro de la MUD que intenta capitalizar cada quien por su lado a la población independiente. Hecho que dificulta trazar una estrategia coherente de acción que derrote la compleja estrategia del gobierno.

Fragmentada en conceptos y métodos
Devastadoramente erráticos e inhábiles para interpretar la masa independiente opositora, aparecen hoy des-vinculados de su pensamiento y sentir político. Partidos políticos que pudieran arrastrar la gigantesca masa de opositores que adversan al gobierno si éstos vieran en el liderazgo un comportamiento programático, una alianza cohesionada y la planificación estratégica de una actividad con conocimiento de la realidad y fe en la victoria. En contraste, lo que la gente observa es una coalición opositora fragmentada por la variedad de opiniones y visiones, unos métodos de lucha contrapuestos (pacíficos, electorales, calle y violencia) y unas actitudes diferenciadas en los conceptos y en las ejecutorias. Una imagen de la MUD, caracterizada por la discordia y la desunión. La ambición y el criterio partidista predominando sobre el colectivo.

El acuerdo es antichavista
Los tres y más millones de personas que no votaron en las regionales, en su gran mayoría son de clase A, B y C alta. Básicamente clase media. Gente formada, con experiencia y la mayoría de ellas con cierto criterio político. ¡No votaron por rebeldía! Un voto silencioso de protesta. Con ello protestaron contra el gobierno y también contra la MUD. Enjuician terriblemente al CNE, segmento donde éste ente tiene su peor imagen. Es un grupo exigente. Demanda claridad de acción, programa, candidatos idóneos y liderazgo. La oposición no supo leer su pensamiento y deseos. Intentaron pasar por encima de ellos y los castigaron. Este grupo también tiene poca credibilidad por el liderazgo opositor. Lo de ellos es contra Chávez… todo contra el gobierno. Su problema es la forma de gobernar, su ideología y su conducta arbitraria. En especial en cuanto a los presos políticos, la tortura y los comportamientos ilegales. Rechazan la hegemonía en los poderes públicos y la parcialidad del CNE.

Quisieron utilizar a Almagro…
Considero un gran error no ir a las elecciones municipales. Los argumentos para ir a las regionales son los mismos de ahora. La oposición sigue atrapada en sus mismas redes. Buscaron el respaldo internacional para tumbar al gobierno y hoy las condiciones se las están imponiendo desde el exterior. Perdieron autonomía. ¿O es que nunca la han tenido? Pareciera… En fin, ¿conocerán que la actitud de la clase media de no votar será la misma? Quisieron utilizar a Almagro y hoy Almagro los utiliza a ellos… Una opinión de él es una orden para la MUD. Compraron el sentido del secretario de la OEA. ¿O es que hay acuerdos inconfesables para tumbar a Maduro? Nada tiene de raro. Quizás este es el periodo de mayor peligro y puede pasar cualquier cosa.

El país necesita una oposición fuerte y activa. Contraponiendo sus propuestas y soluciones a las del gobierno. Para eso se requiere un programa de gobierno y un líder acatado y guiando a la mayoritaria población opositora. El asunto es ¿quién le pone cascabeles al gato? ¿Quién reúne las condiciones para liderizar? Sí, la MUD está integrada por 15 organizaciones, la mayoría de las cuales son entelequias sin base clientelar. Unidos por la lucha contra el proyecto Chávez. Pero no han sabido estructurar una alianza opositora con ramificaciones en todos los grupos sociales. Para ganar las elecciones presidenciales del próximo año se requiere una maquinaria electoral unitaria con presencia en todos los poblados y ciudades de la república.

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