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Opinión

Jesús Elorza G.

Muy alegre y sonriente, llegó Nicolás a la reunión del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa (CONASEDE) convocado para evaluar los resultados de los Ejercicios Cívico-Militares para la defensa integral de la Patria Venezolana. En sus palabras de apertura, no dejó de señalar al imperialismo yanqui como el principal enemigo de la revolución. Imitando al difunto eterno, elevó el tono de voz, para decir esos gringos de “mierda” van a salir en bolsas plásticas, como en Viet Nam, si se les ocurre invadirnos. Son y serán por siempre unos “Tigres de papel”. Hoy me siento súper seguro de conducir al ejército venezolano hacia la batalla final anti-imperialista. Durante los dos días que duraron los ejercicios soberanos cívico-militares, he estado rodeado de pajaritos preñaos, de diversos colores y tamaños, que al hablar conmigo se han identificado como Hugo, Fidel, Ho Chi Min, Mao, Nguyen Giap y Sun Tzu y me han asegurado que “No tengo pa’ pierde” en la confrontación asimétrica contra el imperio. Mi pueblo unido, jamás será vencido.

Hoy mis queridos generales, los he convocado para que hagamos una evaluación objetiva no tanto del apresto de nuestras gloriosas e invencibles Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, sino de la participación de nuestros milicianos en el simulacro de guerra revolucionaria.

En especial, me gustaría oír el informe, de nuestro Comandante Mayor General Jefe del componente Milicias Revolucionarias sobre la participación de los millones de civiles incorporados a estas actividades de defensa de la Patria.

-Comandante, soy todo oídos…..dale duro al invasor.

Mi Comandante en Jefe, permiso para hablar.

-Lo tiene, eche pa’lante….no se me achicopale.

Consultadas todas las Redis (Regiones de Defensa Integral) puedo afirmarle que los ejercicios de soberanía fueron un total éxito. No logramos la movilización de millones de civiles sino de algunos poquitos.

- ¿Y eso porque? interrumpió algo molesto Nicolás.

Bueno, hubo algunos fallos en la logística de entregar a la población las bolsas Clap, los viáticos y los kits para las movilizaciones. Además, muchas de las unidades de transporte se vieron afectadas por fallas de baterías y cauchos de repuestos.

- Tranquilo Comandante, eso es culpa de la guerra económica del imperio. Usted tranquilo….siga con su informe.

Mi Comandante en Jefe, debo informarle que superados los escollos iniciales, pudimos iniciar el trabajo de dotación de uniformes y armamento a las distintas brigadas y batallones que íbamos a conformar durante los ejercicios.

Al no tener una previsión de las tallas correspondientes, los uniformes no se ajustaron a los usuarios.

-¿Cómo así? preguntó con acento colombiano Nicolás.

Mi Comandante en Jefe, algunas tallas eran muy pequeñas (sss) y otras muy grandes (XXLL)…..pero, apelé enseguida a la creatividad revolucionaria y ordené incorporar a unos cuantos enanos y los uniformes le quedaron del carajo. Con las tallas grandes, les dije a los usuarios que debían usarlas así como parte del camuflaje.

Superados esos imprevistos, comenzó la práctica de los ejercicios militares. En la Brigada de Francotiradores, superamos todos los estándar de disparos al incorporar a milicianos con Mal de Parkinson….a la orden de abrir fuego, descargaban de manera continua las respectivas cacerinas….no dejaban de apretar los gatillos aun sin proyectiles en las recamaras……en términos de aciertos al blanco, estuvieron por debajo del 0.1% pero estamos seguros que van a mejorar.

La mayor dificultad, la encontramos en las pruebas de lanzamiento de granadas. Muchos de los milicianos, padecían de Alzheimer y después de quitarles las espoletas a las granadas ¡¡¡Se les olvidaba que tenían que lanzarlas!!!.....las bajas fueron numerosas.

La unidad de armamento tecnológico de última generación, logró reclutar en la cárcel de Tocorón a un grupo de Pranes para especializarlos en el manejo de LA-DRONES encargados de quitarles todas las pertenencias a los invasores sin que se den cuenta.

Inspirados por el pajarito Gaddafi, seguimos su ejemplo de construir una armada capaz de amedrentar y destruir los acorazados imperialistas. En tal sentido, procedimos a organizar a los pescadores de la costa venezolana para que con sus peñeros constituyan la primera línea de defensa marítima contra el invasor.

En términos de infantería, le pedimos al camarada Freddy Bernal que la entrega de las Bolsas Clap se haga en función de los planes estratégicos de defensa. Es decir, que cuando necesitemos enfrentar al enemigo en un punto específico de nuestra geografía, se haga allí la entrega de las bolsas de comida…..eso nos garantizaría un contingente de combatientes “Carne de cañón” para oponérselos al gringo invasor.

Eso es todo. Mi Comandante en Jefe.

- Gracias, no esperaba menos de su capacidad como Jefe del componente Milicias Bolivarianas……ahora, puedo dormir tranquilo.

Antes de retirarse, se escuchó en la radio 99.1 FM y 92.1 FM la canción “Mambrú se fue a la guerra / que dolor, que dolor / ¡¡¡QUE PENA!!!

Apaguen esa vaina. Esos oligarcas se están burlando de nosotros. No me la calo. Ernessstttooo Villegas, te ordeno que las cierres de inmediato. Esos carajos son pagados por el imperio.

A todos los presentes en la reunión, casi les da un infarto, cuando vieron pasar una manifestación frente a Miraflores gritando YANQUIS WELCOME….los generales se fueron sin despedirse de Mambrú (perdón Nicolás)…..que pena.

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Enrique Ochoa Antich

Abundan en las redes e incluso en el debate político nacional numerosos argumentos contra el diálogo (esa ahora mala palabra) que si acaso llegan a falacias. Quisiera permitirme aquí considerar ocho de ellos y mostrar cómo no sólo pueden ser rebatidos en el plano de la racionalidad discursiva sino que son negados por la experiencia histórica. Veamos:

1. La profecía auto-cumplida:

De todas las falacias, ésta es la más fácil de rebatir: “No se llegará a nada”, pontifican los anti-dialoguistas. Claro, de tanto boicotearlo, fracturando la unidad de los negociadores o imponiendo precondiciones maximalistas de imposible cumplimiento, logran su cometido, y entonces al final tienen razón: no se llega a nada. Pero es sólo una profecía auto-cumplida: así es cómodo tener razón. Difícil saberlo si no se intenta, y si no se intenta con seriedad, rigor, y tiempo, no con la prisa y la superficialidad con las que hasta ahora hemos asumido procesos que, por su propia naturaleza, requieren preparación adecuada, paciencia y tiempo. Podría evocar el escepticismo colectivo que tuvieron sus camaradas del Congreso Sudafricano frente al Mandela que asumió con audacia el diálogo y la negociación con la minoría blanca que lo mantenía cautivo, o el de las izquierdas en Chile cuando el PS resolvió hacer lo propio con el sangriento Pinochet, o en la vecina Colombia cuando Santos acometió sin temor el proceso de paz con las FARC incluso luego de perder la consulta popular en la materia. El éxito del diálogo depende de que se emprenda con resolución y convicción plena. A los profesionales del escepticismo hay que ponerlos a un lado. No creer en el diálogo y la negociación es perder la fe en la virtud de la palabra, ésa que es la base misma del origen de la democracia, y en la propia condición humana.

2. La naturaleza del interlocutor o “con comunistas no se dialoga”:

El argumento que descalifica al diálogo a partir de la descalificación del interlocutor es tal vez la prueba más fehaciente de que quien lo esgrime sencillamente no quiere diálogo. Los antiguos hablaban de matar al mensajero para no oír las malas noticias (conseja rebatida por Shakespeare y explicada por Freud) y ya se sabe que es una de las versiones de la falacia ad hominem. Aquí se mata la credibilidad del interlocutor para matar el diálogo. Al decir que con el chavismo madurista, esa caterva de infames comunistas que sólo quieren la desgracia de la nación, no se puede dialogar, se olvida que es muy posible que del otro lado haya quienes tengan hacia nosotros argumento semejante, y con descalificaciones tan subidas de tono: lacayos del imperio y etc. Lógicamente, por esta vía no se llega al diálogo.

Precisamente porque los que están del otro lado de la acera representan algo enteramente contrario a lo que aquí se piensa, cree y quiere, es por lo que se le da un carácter especialísimo a lo que en democracia debería ser cotidiano. De hecho, en cierta forma los Parlamentos del mundo tienen ese fin: en vez de caernos a tiros para disputar el poder y decidir las políticas públicas, nos encerramos a usar la palabra, a parlamentar, a dialogar. Sólo cuando el diálogo natural se ha quebrantado, cuando los interlocutores llegan precisamente a la conclusión de que con el otro no vale la pena dialogar y que la única opción que se tiene es la imposición de los valores propios, es que se requiere más que nunca de diálogo.

Los ejemplos sobran, y el contraste vale la pena. ¿Pensarían los demócratas chilenos que la feroz dictadura de Pinochet, y que el propio dictador, con miles de ejecutados y desaparecidos a sus espaldas, era una contraparte digna y confiable para el diálogo? ¿Serán los chavistas para la oposición peores que lo que eran los blancos para los negros en Sudáfrica quienes hasta su condición humana les negaban luego de décadas de ignominia y crímenes de todo tipo? Y los socialistas aceptaron compartir el mismo recinto parlamentario con un dictador devenido en senador vitalicio que había ordenado la muerte de los suyos y Mandela, estando aún encarcelado por los blancos, aceptó a De Klerk como su primer futuro vicepresidente.

Quienes defienden y usan esta falacia, suelen poner como ejemplo, elevando su calidad, los insultos y agresiones de los cuales es víctima la oposición por parte del régimen. Y, ¿qué duda cabe?, los insultos y las agresiones existen y son muchos e inaceptables. ¿Pero no será por eso que precisamente se debe dialogar de modo de superar con la palabra civilizada otro tipo de relación violenta? Suelo poner como ejemplo el de los vietnamitas con los estadounidenses: ¿serán los insultos de Maduro o Cabello, las detenciones arbitrarias, las acciones anti-democráticas contra el derecho al voto, etc., incluso los asesinatos, más graves que las bombas napalm que el gobierno de Nixon arrojaba en proporciones inimaginables sobre Vietnam? Y los negociadores vietnamitas en París seguían acudiendo pacientemente a la mesa de negociaciones mientras las bombas caían sobre sus compatriotas. En algún momento durante los diálogos y negociaciones en Chile, algún extremista de izquierda asesinó mediante un explosivo al gobernador de Santiago, y; aunque no faltaron las voces indignadas que lo pidieron, ni gobierno ni oposición suspendieron los contactos.

Hay una variante de este argumento: los chavistas son comunistas y por su propia naturaleza no aceptan dialogar ni mucho menos entregar el poder por elecciones. Eso me recuerda aquél razonamiento de la ultraizquierda o de la izquierda comunista que en mi juventud combatía desde la propuesta socialista democrática del MAS, según la cual -Marx dixit- ninguna clase dominante entrega sus privilegios pacíficamente por lo que la revolución debía ser violenta, dictadura del proletariado y todo lo demás. Los extremos se tocan, en efecto.

Pero esta falacia se fundamenta en una inamovible falta de fe en la capacidad transformadora de la palabra, de la que nos habla Mandela cuando en sus memorias nos cuenta la transformación experimentada por sus propios carceleros al entrar en relación con su testimonio de no-violencia. Gandhi nos recuerda en su autobiografía que “la otra mejilla” que pregonaba Jesús no era un acto de cobardía o auto-castigo sino que con ese testimonio más bien valiente se perseguía la transformación interior del agresor. Si perdemos la fe en la palabra, perdemos la fe en la propia condición humana. El diálogo es un proceso en el que cada uno de los interlocutores se transforma. Perder esa esperanza es perder la esperanza en la vida misma. Al final de todo proceso de negociaciones, en el que cada una de las partes conquista algo de sus aspiraciones pero cede en otras, ni unos ni otros serán los mismos.

3. El tiempo o resultados ya:

Si algo ha hecho fracasar las tentativas de diálogo entre el gobierno chavista-madurista y la oposición democrática en Venezuela, y hacerle cometer a la oposición el error (a mi juicio) de levantarse siempre de la mesa de negociaciones a las pocas semanas de instalarse, ha sido la exigencia de resultados inmediatos. Se sientan los negociadores (a veces muy pusilánimes) y comienza la deplorable presión de algunas minorías extremistas que exigen resultados ya. Incluso la no muy recomendable práctica de informar qué se discutió luego de cada sesión, es expresión de esa insana visión.

El diálogo, en particular cuando la fractura entre los interlocutores es muy grande, requiere de tiempo, es casi obvio decirlo. Los ejemplos sobran. Mandela cuenta en sus memorias que necesitó cinco años (¡cinco años!) de diálogo, en los que iba de su calabozo primero y luego de su casa de reclusión al despacho presidencial y del despacho presidencial de vuelta, para obtener el primer resultado. Y se trata de la negociación más breve entre las que en el mundo han sido. Creo que en Chile se requirieron diez años de diálogo para arribar finalmente a resultados. ¿Cuántos años duró el diálogo en Colombia? Veamos algunos números: El Salvador 10, Guatemala 11, Irlanda 21, Angola 14, Sudán 7, y la lista continúa por el mismo tenor.

Sé que se me dirá que el país no aguanta más. Recuerdo cuando en 2002 (que fue el año de los atajos) se me decía que el país no aguantaba hasta 2004 (revocatorio) y aquí estamos en 2017. Pero de aquella afirmación sólo puede desprenderse una conclusión obvia: si hubiésemos empezado hace cinco o diez años, tal vez hoy tendríamos resultados. Así que mejor empecemos cuanto antes que mientras más tarde empecemos, más tarde se verán los resultados. Claro, no está demás subrayar que en Venezuela es necesario y se puede lograr que los resultados se vayan ofreciendo en la medida en que el diálogo va teniendo lugar.

4. Los resultados convertidos en precondiciones:

Uso a este respecto el concepto que le escuché al padre Arturo Sosa: dice él que un error en la forma de asumir el diálogo es el de comenzar convirtiendo lo que se supone deben ser sus resultados en sus precondiciones.

Ya hemos escuchado decir: acudiremos al diálogo si se liberan los presos políticos, si se reconoce a la AN, si se convoca a elecciones (algunos llegan a agregar: generales), y si se aprueba la ayuda humanitaria. ¿Y entonces? ¿Para qué es el diálogo?

Debemos partir de una premisa que les es cara a los extremistas: vamos a dialogar con un régimen autoritario (una neo-dictadura del siglo XXI), no con otro partido liberal-democrático. Entonces, se supone que nos sentamos para lograr que esas conquistas se den, no si esas conquistas se dan.

Suele decirse que el gobierno incumplió los acuerdos y que hasta que no los cumpla, no podemos sentarnos a la mesa de diálogo. Todos los acuerdos comenzaban por la desincorporación en cámara de los diputados de Amazonas, pues así el TSJ levantaba la inconstitucional, abusiva e ilegal declaratoria de desacato contra la AN; luego la AN podía elegir por acuerdo un nuevo CNE; después se convocaba elecciones en Amazonas; y etc. Reconozcamos que la oposición no quiso hacerlo (no voy a detallar aquí las razones incluso individuales de ese incumplimiento). Tanto fue así, que la primera decisión que adopta la nueva legislatura es esa desincorporación, sólo que con una directiva electa en "desacato", lo que dio argumentos al adversario para no reconocerla. Así que no es verdad que sólo el gobierno haya incumplido los acuerdos.

Pero aunque fuera cierto que sólo el gobierno los hubiese incumplido: precisamente por eso nos debemos sentar en la mesa de diálogo, para combatir ese incumplimiento, para denunciarlo ante el Vaticano, los expresidentes y el mundo. Y para discutir y negociar la forma de superarlo. Es fácil denunciarlo sin actuar para que se supere.

5. Todo debe saberse:

Otra exigencia absurda es la de pretender que todo debe saberse, cada conversación, cada propuesta, cada avance y cada retroceso. Se ha llegado al extremo de exigir que a cada sesión siga una rueda de prensa en que se rinda cuenta de lo acordado. Lo que parte de otra falacia, la falacia del tiempo, que hemos expuesto más arriba: como se imagina que el resultado esperado debe ocurrir ya, pues se exige que se informe rápidamente su logro. Incluso se cuestiona como si fuera un delito la idea misma de la privacidad necesaria, propia a toda negociación.

Todo proceso de diálogo, negociación y acuerdo ha sido casi por definición privado, reservado, pues parte de la premisa según la cual los negociadores deben tener absoluta autonomía y cierta discrecionalidad al menos para explorar aquellos puntos que puedan ser cedidos a cambio de otros que serán obtenidos a efectos de lo cual no pueden estar sometidos a la presión constante de quienes no conocen la complejidad y los vericuetos del conjunto generalmente complejo que se está negociando. Claro, es obvio que al final los negociadores presentarán sus resultados primero a las organizaciones a las que representan y luego al pueblo que incluso puede tener la última potestad de aprobar o no mediante referendo su contenido final.

6. En suelo patrio:

Así llegamos a otra falacia que es complemento de la anterior, aquélla según la cual se pretende que las negociaciones deben hacerse en suelo patrio pues de lo contrario estaríamos en presencia de una ofensa a la dignidad nacional. Se sugiere así que al hacerse fuera de nuestro territorio, se estaría en presencia de un contubernio sospechoso y que sólo si las negociaciones se hacen aquí, entre nosotros, puede asegurarse su transparencia. Así se lo escuché decir a varios voceros principales de la MUD. Por supuesto, todo eso no es más que una ridiculez, y, cuando mucho, un ejercicio demagógico e irresponsable.

Sobran los ejemplos que prueban la utilidad de que las negociaciones se hagan fuera del entorno propio del conflicto. Las razones son tan obvias que no necesitan ser mencionadas. Es claro que en el propio lugar de los acontecimientos se multiplican las posibilidades de interferencias, presiones indebidas, y, last but not least, la colocación de los negociadores frente a hechos diarios, frente a urgencias que pueden hacerlos mirar el árbol y no el bosque, perdiendo el sentido trascendente y de largo alcance que generalmente tienen estos acuerdos. De Vietnam cuyas negociaciones fueron en París hasta Colombia cuyas negociaciones fueron en La Habana, así ha sido.

7. La rendición:

Otra falacia, conectada con la que en el punto 4 hemos definido como la de pretender convertir los resultados en precondiciones, es aquella según la cual el único objetivo de un proceso de diálogo y negociación es la rendición incondicional del adversario. Lógicamente, confundir diálogo y negociación (a través de los cuales cada parte cede algo y a la vez deja saber aquello en que no está dispuesto a ceder) con una rendición del adversario, es no saber de qué se habla.

En nuestro caso, diálogo y negociación persiguen, sí, abrir el camino a un proceso de transición democrática que al final permita un desplazamiento del gobierno de aquellos que hoy lo detentan. Pero este último objetivo dependerá de la fuerza real que cada quien tenga. Como se ha dicho tanto, creer que por ser mayoría electoral se tiene más poder que aquel factor que es minoría, muestra un errado análisis de la correlación de fuerzas.

Un proceso de diálogo y negociación es eso, un proceso. Por tanto, el único objetivo no puede ser el derrocamiento del gobierno. Comenzando porque quien lo detenta ha dejado saber una y otra vez que ésa es una línea roja: se ha pedido siempre que se reconozca que Maduro será presidente hasta diciembre de 2018. ¿No negociamos entonces? ¿No hay nada más que obtener para las fuerzas democráticas?

Más allá del cambio de gobierno hay otros objetivos valiosísimos para la oposición democrática, que entre otras cosas permiten mejores condiciones para la lucha por ese cambio de gobierno. El año pasado, 2016, estaban sobre la mesa otros logros, que hoy harían mucho más fácil la lucha por el cambio de gobierno: elecciones en Amazonas, reconocimiento de la AN, elecciones regionales, recomposición del TSJ y del CNE, libertad de los presos políticos, ayuda humanitaria. Obsesionarse sólo con el cambio de gobierno como objetivo único, como si de él dependiera todo lo demás (error esencialista), hizo que la oposición democrática no consiguiera otros objetivos que en su momento eran perfectamente conseguibles.

8. El diálogo y la calle: la coartada perfecta:

La última falacia que queremos mencionar es una que adquiere verdaderos ribetes metafísicos: el diálogo es una trampa del gobierno para ganar tiempo y para apagar la calle, se dice. ¿Cómo es eso? Los problemas del país, la capacidad de denuncia de la oposición, las luchas de calle, las demandas sociales de gremios y sindicatos, las protestas de las comunidades, la realización y/o exigencia de elecciones, etc., etc., etc., ¿desaparecen porque la oposición se siente a negociar alternativas de acuerdo con el gobierno? ¿De dónde se saca ese vínculo determinante (y metafísico) entre el diálogo y la supuesta paralización de las luchas democráticas? Si ésta ocurre no es por causa del diálogo sino de quien tiene el deber de mantener activa la movilización popular.

Esa supuesta contradicción entre calle y diálogo ha llegado al extremo de que las últimas protestas violentas animadas por algunos sectores extremistas de la MUD fueron en términos fácticos no sólo sin sino contra el diálogo. Muchos hemos insistido en que la lucha pacífica de calle debe acompañar como factor de presión cualquier proceso de diálogo y negociación.

Pero esta falacia tiene un modo muy curioso de auto-cumplirse. Por 19 años, la oposición ha actuado mediante este procedimiento ya histórico:

a. Primero niega cualquier escenario de diálogo y negociación (con base en las falacias enunciadas aquí.

b. Luego, se lanza a confrontaciones -unas veces violentas, otras no- con el gobierno con un objetivo central: su derrocamiento. Es el todo o nada que ya conocemos. Así fue en abril de 2002, luego con el paro de 2002/2003, años después con las guarimbas de 2014 y La (mal llamada) Salida, e incluso cuando el año pasado se convirtió al revocatorio en un dogma que no se aceptó negociar bajo ningún respecto.

c. Por supuesto, la protesta o la movilización de calle ya han entrado en declive debido a la derrota misma.

d. Derrotada en cada uno de estos eventos, entonces la oposición se ve constreñida a acudir al diálogo.

Así concluye: ¡Fue el diálogo el que apagó la calle!

Una coartada, pues.

Esta Venezuela fracturada sólo tiene una manera de salir de la crisis que la agobia: la reunificación de todo el país, la reconciliación, y la reconstrucción de un consenso político y social nuevo que se exprese en un gobierno de unidad nacional. Y eso sólo tiene una vía posible: diálogo, negociación, acuerdo. Depende, claro, de que quienes detentan el poder comprendan por fin que no les es, que no tiene por qué serles una tragedia su salida del poder, internalicen la idea misma de alternancia democrática como parte de su proyecto político, y dejen de colocar obstáculos a la interlocución civilizada entre gobierno y oposición. Pero depende también de que la oposición (aquélla representada en la MUD y aquélla muy vasta que no) supere la falsa racionalidad de las falacias que aquí hemos analizado, y que constituya al diálogo, a la negociación y a los acuerdos posibles como componentes esenciales a su pensamiento y su proyecto.

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I.

Fue publicado hace poco y acabo de leer sus casi quinientas páginas, rigurosas y amenas. Su autor es Yuval Noah Hariri, un profesor israelí, quien se da a la tarea de narrar una breve historia del mañana. Se trata del libro Homo Deus, en el que describe y explica los últimos desarrollos en el campo de la genética y de la inteligencia artificial. En lo que me resta de esta cuartilla y media, intento exponer (advierto que no es ésta una reseña) los aspectos que me resultaron más relevantes, extraídos principalmente de la tercera y última parte del texto, convencido como estoy de que sirven para darnos mucho en qué pensar.

II.

El futuro traerá un ser humano muy mejorado, por allí es por donde comienza el autor. El mundo va a cambiar radicalmente gracias a los algoritmos, el big data y la inteligencia artificial. A partir de ahora, sostiene Hariri, la clave del progreso estará en las capacidades disponibles para procesar información. El dataísmo es, afirma, la nueva religión. Se trata de la fe en que “el universo consiste en un flujo de datos y que el valor de cualquier fenómeno o entidad está determinado por su contribución al procesamiento de datos”. En fin, si se disponen de suficientes datos biométricos y del poder informático necesario, un algoritmo puede tomar mejor que cualquier persona las decisiones de su vida.

Así las cosas, continúa Hariri, si el ser humano es un algoritmo y está determinado por procesos bioquímicos, el libre albedrío es casi una quimera y al sistema democrático hay que ponerlo en remojo como opción para la organización política de la sociedad. Las personas ya no se verán como seres autónomos que guían su vida en consonancia con sus deseos, y en cambio “ acostumbrarán a verse como una colección de mecanismos bioquímicos que está constantemente supervisada y guiada por una red de algoritmos electrónicos”. La religión tampoco tendría ningún papel que cumplir, es otra de las moralejas del autor.

La nueva “agenda humana” estriba en buscar la inmortalidad, a través de la ingeniería genética, la medicina regenerativa y la nanotecnología; en buscar la felicidad por vía de la bioquímica, que consiste en “desarrollar productos y tratamientos que proporcionen a los humanos un sinfín de sensaciones placenteras, de modo que nunca nos falten”; y alcanzar la divinidad por vía de “ingeniería biológica, ingeniería cyborg e ingeniería de seres no orgánicos”. En fin, ya lo dijo hace mucho tiempo el biólogo Julian Huxley (hermano de Aldous, el del Mundo Feliz): “La especie humana puede, si lo desea, trascenderse a sí misma …”.

III.

Discutible, desde luego, el pronóstico dibujado por Harari. Pero por encima de las serias discrepancias que se han expuesto con respecto a las interpretaciones vertidas en su libro, lo cierto es que construye inteligentemente menú de temas que resulta imposible no calibrar de cara a un futuro que ya está empezando a ser.

Visto lo anterior, se hace evidente la necesidad de un gran debate acerca de los hechos asociados a estos tiempos de revolución tecnológica, tan complejos, tan llenos de dilemas morales, de paradojas y de incertidumbres, no en balde se trata de procesos sociales. Nada sobresale con más claridad, entonces, que la urgente necesidad de ir creando nuevos marcos de análisis para descifrar las claves de esta época a partir del trabajo sinérgico entre las ciencias sociales y humanas y las ciencias naturales. Y, a partir de ello, la necesidad de ir trazando los mapas que se precisan para desenvolverse con respecto a ellos, so pena de que el futuro nos agarre guindados de la brocha.

¿Será necesario decir que estas cosas también le conciernen a Venezuela, aunque no las tenga en la pantalla a través de la que mira su historia del mañana?

HARINA DE OTRO COSTAL

La ANC está resultando ser lo que se supone que sería, no obstante el papel regalo con el que se le presentó a los venezolanos, antes del 30 de julio. Salvo algunas fintas con relación al problema económico, reducidas a decir, por enésima vez, que el país debe librarse del rentismo petrolero y relanzar los casi veinte erráticos motores económicos ideados para diversificar el sector productivo, de resto nuestros diputados constituyentistas se ha empecinado en “ajustar” cada vez más nuestro comportamiento ciudadano. Ponernos topes aquí y allá. Rodearnos de normas para prohibir y controlar cada vez más cosas. En fin, de poner multitud de rayas amarillas ideadas para apretar la libertad de cada quien.

Digo lo dicho a propósito de la Ley del Odio. En efecto, ¿puede alguien, en su sano juicio, dudar de que en la práctica puede convertirse en un instrumento para censurar, sancionar y reprimir a quienes discrepen del gobierno? ¿Dudar de que en la práctica puede convertirse en un instrumento que termina protegiendo a los funcionarios del gobierno, filtrando las posibles acusaciones en su contra? ¿Dudar que en la práctica puede servir para reforzar el autoritarismo, convirtiendo la discrepancia política, esencia de la democracia, en un acto que será siempre susceptible de convertirse en un acto de odio?

A todas éstas, y dado que no soy abogado, pregunto : ¿Cómo se determina y mide el odio a fin de calcular la pena correspondiente para quien lo demuestra ?

El Nacional, miércoles, 29 de agosto de 2017

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Francisco Monaldi

HOUSTON, Texas – Luego de la elección e instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, solo ha habido anuncios de sanciones individuales contra el presidente Maduro y algunos miembros de dicha asamblea, pero la Casa Blanca ha reafirmado que mantiene sobre la mesa las diversas opciones de sanciones económicas, incluyendo las dirigidas a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Para captar la magnitud del efecto que pueden tener las sanciones en las finanzas de PDVSA, es importante entender que buena parte del flujo de caja de la empresa viene de los barriles que venden en el mercado estadounidense. La petrolera, a su vez, genera 95 por ciento de las divisas que ingresan al país.

El menú de sanciones económicas que el presidente Trump podría aplicar, sin aprobación legislativa, ordenándolas de menor a mayor según su efecto económico, incluye:

1) Limitar el nuevo financiamiento a PDVSA por parte de firmas estadounidenses. Esta medida haría más difícil a PDVSA reestructurar su deuda, obligándola a recurrir a instituciones financieras de otros países que estén dispuestas a trabajar en esas circunstancias; incrementaría los costos de las operaciones financieras, y aumentaría los riesgos de que la deuda externa venezolana quedara en suspensión de pagos.

2) Prohibir las exportaciones de petróleo de Estados Unidos a Venezuela. Esto afectaría a alrededor de 110 mil barriles diarios de exportaciones de productos refinados y crudo liviano. PDVSA tendría entonces que incrementar sus importaciones desde Europa o África a un mayor costo. El aumento del costo de los diluyentes importados haría más difícil la rexportación de más de 200 mil barriles diarios de crudo extrapesado diluido, lo cual reduciría los márgenes de ganancia y posiblemente también los volúmenes exportados.

3) Prohibir las importaciones de petróleo venezolano a Estados Unidos. Ante la imposibilidad de exportar unos 750 mil barriles diarios, principalmente de crudo pesado, PDVSA tendría que buscar mercados en Asia, con mayor costo de transporte y un importante descuento. Los márgenes de ganancia y los volúmenes exportados caerían sustancialmente.

4) Finalmente, el gobierno de Trump podría designar a PDVSA como sujeto de las sanciones, con lo que le prohibiría el uso del sistema financiero de Estados Unidos, de hacer contratos con empresas estadounidenses y obstaculizaría todas sus transacciones en dólares. Esta medida sería la más dura y equivaldría a la suma de todas las anteriores.

PDVSA produce alrededor de 2,1 millones de barriles diarios, de los cuales aproximadamente 500 mil se venden con pérdidas en el mercado interno; unos 600 mil están comprometidos para pagar deudas con China, Rusia y otros acreedores, y unos 100 mil se siguen entregando subsidiados a Cuba y otros países de la región. Si a ese monto le restamos los casi 200 mil en importaciones, el flujo de caja neto de PDVSA proviene de unos 700 mil barriles diarios.

Aunque PDVSA puede buscar otros mercados, las sanciones más severas producirían una caída importante de los ingresos externos y de PDVSA, así como una importante reducción de las importaciones y del consumo, lo que obligaría al impago de la deuda y profundizaría la que ya es una de las depresiones económicas más graves de la historia de América Latina, con la consecuente crisis humanitaria. El efecto general sobre la economía venezolana sería devastador. Una aplicación sostenida de sanciones económicas también haría aún más difícil la recuperación de la industria petrolera venezolana. Aunque es factible que de seguir en el poder el gobierno de Maduro ocurra algo similar en cámara lenta: las sanciones acelerarían la debacle.

Geopolíticamente, probablemente incrementarían la ya creciente participación de la empresa petrolera estatal rusa Rosneft en el sector petrolero venezolano. No solo como socios, sino como suplidores de diluyente y compradores de las exportaciones de crudo. Esta tendencia sería aún más acentuada en caso de que PDVSA entre en suspensión de pagos.

Rusia podría ayudar a limitar significativamente el impacto de las sanciones; al menos por un tiempo, dado que los costos de hacerlo de manera prolongada serían elevados. Putin se ha alineado con el presidente Maduro en una clara apuesta geopolítica. Mientras, ante la cuestionada legitimidad del gobierno venezolano, las empresas internacionales han estado dudando si firmar contratos petroleros sin la aprobación de la Asamblea Nacional —de mayoría opositora—. Rosneft ha seguido haciéndolo e incluso parece decidida a aprovechar las oportunidades que dejen otros para incrementar su exposición en Venezuela en condiciones muy favorables.

A diferencia de Rusia, el gobierno de China —el otro actor geopolítico de gran peso— ha sido mucho más cauteloso al evitar involucrarse abiertamente en el conflicto político interno o aumentar su exposición. De cualquier forma, si las sanciones se imponen, Venezuela se volvería más dependiente de China donde tendrá que colocar una mayor porción de su producción.

¿Podrá el gobierno venezolano evadir su responsabilidad sobre la imposición de sanciones trasladando la responsabilidad de la crisis económica al gobierno estadounidense como argumenta Moisés Naím? ¿Podrían las sanciones dividir a los moderados de los radicales del gobierno, o más bien los unirán frente a un enemigo común? Todo dependerá del tipo, orden, oportunidad y coordinación de las sanciones que entren en efecto.

Si Estados Unidos actúa multilateralmente con el apoyo de Europa y Latinoamérica; aplica las sanciones selectiva y gradualmente para afectar más al gobierno y menos a los venezolanos, y establece condiciones claras para la ejecución y levantamiento de las mismas atándolas al restablecimiento del Estado de derecho y la democracia, las sanciones podrían motivar a actores moderados dentro de la coalición gobernante a impulsar una resolución de la crisis política, aunque no hay garantías de ello.

Pero si se aplican de manera arbitraria, unilateral y extensa, podrían devastar a la población, obstaculizar la transición democrática y aumentar la influencia geopolítica de Rusia y China en América Latina.

Por el bien de la población venezolana, la mejor opción es una solución negociada que evite las sanciones. Pero si se aplicaran, deberían ser solo el último recurso para impulsar las negociaciones y estar acompañadas de ayuda para aliviar la crisis humanitaria ya existente.

***

Este texto fue publicado originalmente el 23 de agosto en el portal web del New York Times en Español.

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Ricardo Hausmann y Ugo Panizza

CAMBRIDGE – El viernes 25 de agosto, el gobierno de Estados Unidos impuso sanciones financieras a Venezuela, que limitan la posibilidad de que el gobierno de Nicolás Maduro y su petrolera nacional, PDVSA, emitan nueva deuda en los mercados de capital estadounidenses. Las sanciones se impusieron en respuesta a la elección inconstitucional y fraudulenta, organizada por el gobierno, de una Asamblea Constituyente, y al cierre de facto de la Asamblea Nacional, que había sido elegida de manera constitucional con amplia mayoría opositora.

Si los mercados financieros funcionasen bien, hace mucho tiempo que el acceso a los mercados financieros por parte del régimen de Maduro se habría cerrado. El hecho de que esto no haya ocurrido, no solo ha golpeado los sentimientos morales de muchos, sino que también ha revelado la existencia de un defecto fundamental en la arquitectura institucional de los mercados de deuda soberana. Pocas cosas buenas saldrán de la catástrofe económica de Venezuela, sin embargo, una consecuencia positiva podría ser una reforma que ponga a dichos mercados en un pie financiero —y moral— más sólido.

Toda deuda entraña el compromiso por parte del prestatario de repagar lo que ha recibido, con interés. En el caso de deuda pública, el principio de pacta sunt servanda implica que los gobiernos futuros tienen la obligación de respetar los compromisos adquiridos por sus antecesores. No obstante, como en 1927 lo sostuvo Alexander Sack, este no debería ser siempre el caso para los gobiernos posteriores:

“Cuando un régimen despótico contrae una deuda, no en pos de las necesidades o de los intereses del Estado, sino para fortalecerse a sí mismo, reprimir una insurrección popular, etc., esta deuda es odiosa para la ciudadanía de todo el Estado”.

De acuerdo a esta doctrina, las deudas contraídas por regímenes “odiosos” no deberían ser exigibles, puesto que el acreedor debería haber sabido que ellas no fueron contraídas con el consentimiento de la ciudadanía, y tampoco para su beneficio. Según lo expresa Sack:

“Estas deudas no obligan a la nación; son deudas de un régimen, deudas personales contraídas por el gobernante, y, en consecuencia, desaparecen al desaparecer el régimen”.

La idea de la odiosidad de la deuda fue revivida en un importante artículo de 2006 escrito por Seema Jayachandran y Michael Kremer, como también en un informe de 2010 emitido por el Center for Global Development (CGD), que proponen que las sanciones económicas incluyan un mecanismo dirigido a evitar la acumulación de deudas odiosas. Dicho mecanismo consistiría en una declaración de que la deuda emitida por un gobierno en particular debe ser considerada odiosa. En efecto, esto es lo que acaba de hacer el gobierno de Trump.

Una declaración como esta reduce el flujo de fondos a regímenes odiosos debido al riesgo de que gobiernos posteriores desconozcan las deudas de sus antecesores sin incurrir en costos judiciales ni de reputación (ya que los tribunales de justicia de los países participantes no exigirán el cumplimiento de contratos de deuda).

El informe del CGD propone que un régimen debe ser considerado odioso si viola los derechos humanos de la ciudadanía, emplea fuerza militar, comete fraude electoral, y gestiona mal o malversa fondos públicos.

Es indudable que el régimen venezolano ha perpetrado todos estos actos, lo que lo convierte en el ejemplo modelo de la odiosidad. Pero no los perpetró todos al mismo tiempo: el saqueo de la riqueza de Venezuela, la descarada violación de los derechos humanos, y la inconstitucionalidad de sus decisiones no comenzaron con la elección de la nueva Asamblea Constituyente del 30 de julio de este año. Ha sido un proceso lento, que comenzó hace muchos años.

Por ejemplo, es difícil argüir que la destrucción de la industria petrolera de Venezuela, que ha perdido casi la mitad de su participación en el mercado mundial desde que el presidente Hugo Chávez asumiera el poder hace casi 20 años, se llevó a cabo para favorecer los intereses del pueblo venezolano. Y ello sucedió en medio del mayor y más largo auge del precio del petróleo de la historia, cuando el país poseía las reservas más grandes del mundo y PDVSA se estaba endeudando a gran escala.

Es aún más difícil sostener que la deuda de la PDVSA denominada en dólares era legítima cuando fue vendida en moneda local por debajo de los precios de mercado, a personas con conexiones políticas, quienes solían pedir prestados los bolívares necesarios de la noche a la mañana a bancos del sector público, solo para vender inmediatamente los bonos a Wall Street. Como lo documentó Alejandro Grisanti de Barclay’s en 2008, los beneficiarios se hicieron con una ganancia instantánea en dólares igual al 20-30% del valor nominal de la deuda.

Ninguna de estas consideraciones impidieron que el régimen venezolano se endeudara, incluso a la absurda tasa del 50%, como sucedió en junio con la compra los “bonos del hambre” por parte de Goldman Sachs. Tampoco lograron evitar que instituciones como JP Morgan incluyeran bonos venezolanos en su índice de bonos de mercados emergentes y adquirieran más de mil millones de dólares en estos bonos en los fondos mutuales y cotizados en bolsa que ofrecen al público como instrumentos de inversión.

Debido a esto proponemos que se adopte un sistema de calificación de odiosidad, parecido a las calificaciones crediticias. Si bien estas últimas se enfocan en la capacidad y disposición de un prestatario a repagar, la clasificación de odiosidad proporcionaría una estimación de la probabilidad de que un tribunal decida que la deuda desaparece junto con el régimen. La escala sería continua, yendo desde, por decir, O (dictaduras represivas odiosas) hasta B (democracias bien dirigidas y en pleno funcionamiento). Existirían niveles intermedios: dictaduras que promueven el desarrollo económico y así benefician a la población (por ejemplo, Corea del Sur en los años 1970) y democracias defectuosas que se caracterizan por un manejo económico malo y corrupto (por ejemplo, Argentina bajo Cristina Kirchner).

Las clasificaciones de odiosidad podrían integrarse al derecho internacional indicativo, a ser empleado por los tribunales al hacer cumplir contratos de deuda, y podrían usarse para determinar qué bonos se incluyen en el cálculo de los índices de mercados emergentes. El mismo país podría tener bonos que, al ser emitidos en distintos momentos, tendrían distintas calificaciones de odiosidad y de probabilidades de que se hagan cumplir. Puesto que una calificación de mayor odiosidad limita el apetito de los inversores por esos bonos, los descensos de calificación limitarían la acumulación de deuda irresponsable y los desastres económicos provocados por regímenes como el de Venezuela —y posiblemente acelerarían su desaparición—.

Todavía quedan muchas interrogantes. ¿Quién debería emitir la calificación? ¿Qué metodología debería usarse? ¿Cómo se puede proteger al calificador de presiones políticas? Todas estas preguntas se pueden contestar. El mejor modo de hacerlo es iniciando la discusión.

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Ricardo Hausmann, ex Ministro de Planificación de Venezuela y ex Economista Jefe del Banco Inter-Americano de Desarrollo, es Director del Center for International Development at Harvard University y profesor de economía del Harvard Kennedy School. Ugo Panizza ocupa la cátedra Pictet y es profesor de economía del Graduate Institute, Ginebra.

Copyright: Project Syndicate, 2017.
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Enrique Rondón Nieto / EDC

El 8 de agosto fue sacado de su celda en Ramo Verde, esposado y con el rostro cubierto. El fiscal Tarek William Saab admitió que fue “cambiado de centro de reclusión” pero no dijo a dónde lo llevaron. Se suponen que lo relacionan con los sucesos del Cuartel Paramacay.

La “treintena” es una modalidad que contaría con la aceptación de la ministra para Asuntos Penitenciarios. Consiste en que todo interno recién ingresado, sea por detención primaria o por traslado, no podrá ser visto o visitado dentro de los primeros treinta días. No hay recurso de habeas corpus que valga.

El procedimiento ha trascendido cuando ha sido aplicado a detenidos mediáticos como el violinista Wuilly Arteaga , el magistrado Ángel Zerpa y mucho antes al escolta de Henry Ramos Allup, Coromoto Rodríguez , pero se está convirtiendo en una rutina más dentro de la macabra administración de justicia que estamos viviendo en Venezuela.

En esos treinta días el detenido es aislado del mundo externo e intentan desmoralizarlo afirmando que la familia lo abandonó, que ni comida le llevan. Lo interrogan y hasta unos “toques técnicos” la aplican los primeros días para que no queden las marcas cuando permitan la visita.

La variante en el caso del general Raúl Isaías Baduel es que no han dicho a qué lugar fue trasladado el martes 8 en la madrugada, cuando fue sacado de su celda en Ramo Verde, por funcionarios de Contra Inteligencia Militar, con la cara tapada y esposado.

Su abogado, Omar Mora Tosta , calificó el procedimiento de “secuestro”.

Este martes 29, cuando el general Baduel cumplió 21 días desparecido, su hijo Adolfo Baduel , en su cuenta tweeter, afirmó que el Fiscal designado por la Asamblea Constituyente, Tarek William Saab “MIENTE sobre reunión” con los familiares, “pero confirma que el régimen lo tiene SECUESTRADO”.

Ese mismo día, la Fiscal General Luisa Ortega Díaz , aseguró que ha denunciado ante organismos internacionales la “desaparición forzada” del general retirado Raúl Isaías Baduel. Además, utilizó en Twitter la etiqueta #FeDeVidaDeBaduel para exigir que el Gobierno de Nicolás Maduro muestre pruebas sobre el estado de salud del ex ministro de Defensa.

Germán Ferrer , diputado a la Asamblea Nacional y esposo de Ortega Díaz, aseguró que la desaparición de Baduel de su celda es una flagrante violación de los derechos humanos y responsabilizó a Maduro.

¿Qué buscan del general Baduel?

Raúl Isaías Baduel es un militar institucionalista. Fue el hombre clave en el regreso de Hugo Chávez al poder en el 2002 pero eso no lo convirtió en un seguidor incondicional de Chávez y más de una vez manifestó públicamente sus desacuerdos. Por “respondón” comenzaron a buscarle la caída hasta que fue acusado y condenado por malversación de fondos durante su gestión como ministro de Defensa. En mayo de 2010 dijo que no se sentía “un preso político sino un reo del presidente Hugo Chávez” y pronosticó “que otros que contraríen al mandatario correrán igual suerte”.

Es un admirador de Nelson Mandela, a quien considera un “adalid de la paz y la esperanza, quien en su tránsito vital reconcilió su nación y dio un valioso aporte para transformar al mundo”.

En junio de 2017, con motivo de los 97 años de Mandela, escribió una carta en la que afirma que las lecciones del líder surafricano “son una referencia válida para nuestro país”.

Se supone que al general Baduel lo “secuestraron” para interrogarlo sobre la llamada “Operación David”, que uno de sus episodios fue lo ocurrido en el Cuartel Paramacay el pasado 6 de agosto.

El jueves 7 de septiembre se cumplen los 30 días de la desaparición forzada del general Raúl Isaías Baduel. Seguramente entonces -o unos días antes- sabremos de primera mano lo que ocurrió. Quizás será un nuevo expediente en la colección de la abogada Tamara Sujú , quien está denunciando los casos de delitos de lesa humanidad en instancias internacionales.

http://informe21.com/actualidad/el-general-baduel-estaria-en-treintena

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Sadio Garavini Di Turno

En Venezuela estamos sufriendo un gobierno depredador y forajido, que quisiera implantar un régimen totalitario, similar al cubano, pero no tiene la capacidad ni la eficiencia para concretarlo y que puede calificarse como un totalitarismo fallido: una dictadura chapada a la antigua, pero con fachada neocomunista. La historia del último medio siglo nos enseña que las dictaduras se enfrentan exitosamente a través de diversos “caminos”, en la mayoría de los casos, complementarios. Los “caminos” pueden ser catalogados en dos renglones: Presiones nacionales y presiones internacionales. Las nacionales, por ejemplo, incluirían protestas pacíficas y no violentas. Protestas que pueden también ser alrededor y en combinación de movilizaciones electorales. Incluyen también guerrillas como la Contra en Nicaragua y el ANC en Suráfrica, y obviamente los diversos tipos de golpes de Estado militares. Entre las presiones internacionales, hay que mencionar las diplomáticas, que conducen al aislamiento y reducen la imagen y el prestigio del gobierno forajido, las sanciones financieras y comerciales, el apoyo financiero y logístico a las guerrillas internas, como en el caso de la Contra en Nicaragua, el apoyo discreto a un golpe de Estado y la intervención militar directa, como pasó en la caída de la “narcodictadura” de Manuel Noriega en Panamá. Salvo en los casos de golpe militar e intervención militar externa, el proceso de presiones termina cuando hay un resquebrajamiento del régimen y asume el control del gobierno el sector que acepta una salida negociada y pacífica. Al respecto la historia enseña que son necesarias garantías políticas y personales para una buena parte de los dirigentes del régimen. Recordemos los casos de Pinochet y Humberto Ortega, quienes se mantuvieron en la comandancia del Ejército de Chile y Nicaragua por varios años.

En el caso venezolano actual, por largos cuatro meses se mantuvo un proceso de protestas básicamente pacíficas, que fueron reprimidas violentamente, “manu militari”, con el resultado de alrededor de 120 muertos y miles de detenidos y torturados. Uno de los errores de una parte de la dirigencia de la oposición fue haber creado la imagen de que “faltaba poco” (hora cero, etc.) para que el régimen se tambaleara. No fue el debate–dilema sobre las elecciones regionales que enfrió la “calle”. Después de cuatro meses de protestas casi diarias ya había cansancio y fatiga. Particularmente en los sectores populares, que necesitan trabajar, cobrar y comprar diariamente. El debate sobre las elecciones regionales ya es pasado, la decisión fue tomada. Sabemos que el régimen puede abortar los comicios, hacer todas las trampas y además quitarles las atribuciones a los posibles gobernadores democráticos. Pero lo relevante es aprovechar la campaña electoral para movilizar y organizar de nuevo en todo el país la protesta. Son centenares los candidatos y miles sus parientes y seguidores que van a recorrer los barrios subrayando el desastre socioeconómico producido por un gobierno incapaz, corrupto y con las “ideas muertas” de un modelo fracasado. Por eso, hay que participar en la movilización electoral. Además, los gobiernos democráticos amigos así lo solicitan. La comunidad internacional ha claramente acentuado sus presiones diplomáticas y sus sanciones tanto individuales como institucionales. China tiene intereses básicamente económicos y comerciales en Venezuela, teme por su deuda y estaría dispuesta a negociar con quien pueda un día responder al teléfono en Miraflores. Rusia no es la URSS, ni financiera ni militarmente. Es un gigante disminuido, con pies de barro. Aprovechará de la debilidad del régimen para adquirir, a precios favorables, activos petroleros y materias primas, pero no tiene ni la capacidad ni la voluntad de subsidiar totalmente a un gobierno fallido. El fracaso socioeconómico madurista le está afectando a Cuba, con la disminución del subsidio petrolero. Pero los cubanos son también suficientemente pragmáticos para entender que no les conviene hundirse con un barco seriamente averiado y estarían dispuestos también a negociar con quien les pueda conceder una reducción gradual y concertada del apoyo petrolero. La oposición democrática debe transformar la unidad electoral en una unidad de estrategia y sobre todo de comando. La fundamental interlocución internacional debe ser definida y coordinada por el más alto liderazgo político de la MUD.

Venezuela vive una nueva etapa en un traumático, pero inexorable, proceso de cambio.

@sadiocaracas

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