Pasar al contenido principal

Opinión

En las últimas horas, los principales líderes de la Unidad democrática han evaluado la intención de Maduro de meter a Venezuela en la calle ciega de la guerra y la anarquía. El acuerdo alcanzado es Unidad y más Unidad, descentralizar y ampliar la protesta en todos los rincones del país, promover un amplio movimiento de unidad nacional, con la Asamblea, los gremios, la academia, los trabajadores, los estudiantes y la Fiscal General de la República al frente, en defensa de la Constitución. También debemos enviar un mensaje a la Fuerza Armada Nacional – no para que tome el poder – sino para que actúe como lo que debe ser: garante del Estado de Derecho.

La falsa constituyente que quiere imponer Maduro es inviable en lo jurídico y en lo político. El cambio urgente que reclama el país es indetenible. Los venezolanos no queremos una nueva Constitución. Lo que exigimos es la realización inmediata de elecciones libres con un renovado CNE, la apertura del canal humanitario, la liberación de los presos políticos y manifestantes detenidos, el cese de la persecución política y de la mordaza contra la libertad de expresión, así como el retorno de los exiliados, la anulación de las ilegales inhabilitaciones y el respeto a la Asamblea Nacional, es decir, el restablecimiento del orden constitucional.

Es urgente evitar un mayor derramamiento de sangre. La ambición desmedida con la que Maduro pretende usurpar la soberanía popular – que no es transferible y menos a un presidente devaluado y deslegitimado – ya ha costado casi 70 muertos, más de 3.000 detenidos y 355 civiles llevados irregularmente ante tribunales militares, todo ello violando masivamente los derechos humanos de los venezolanos.

Las gravísimas consecuencias del saqueo que ha sufrido el país, colocan como prioridad la lucha contra la dictadura del hambre, la tiranía de la carencia de medicinas y tratamientos y de la terrible inseguridad personal, en resumen, del colapso que hoy sacude a la nación.

Ahora con más fuerza, sumando a los chavistas que están del lado de la Constitución, la protesta debe continuar hasta lograr una salida pacífica que nos aleje de la violencia y que permita construir entre todos la mejor Venezuela.

06 de junio de 2017

www.carlostablante.com

@TablanteOficial

carlostablanteoficial@gmail.com

 1 min


Francisco Russo Betancourt

Nuestro comentario de la semana está referido a la constitución, ayer jueves y formalmente, del Frente por la Defensa de la Constitución y la Democracia en el Estado Aragua, en un acto celebrado en la Cámara de Comercio, abarrotada con la presencia de distintos sectores, grupos, gremios y sindicatos de la sociedad aragüeña y representantes de los partidos políticos que hacen vida en la Mesa de la Unidad Democrática. Le corresponde coordinarlo, a Luis Carlos Solórzano, un activista de la sociedad civil.

El Frente no es una instancia de partidos, pero tampoco es una instancia anti-partidos, es la confluencia de todos en esta hora difícil de la República, que por encima de legítimos intereses individuales y partidistas, se concitan para defender la constitucionalidad y el ejercicio de la libertad y la democracia, es decir, el pacto social entre los venezolanos, el Estado y el gobierno.

La iniciativa que parte de la Asamblea Nacional, surge del reconocimiento en que la defensa de la Constitución y la Democracia tiene que ser ejercida por todos los venezolanos, porque de lo contrario corremos el riesgo de la perpetuidad del actual gobierno y la incorporación de objetivos políticos que son contrario s al republicanismo venezolano. Pero más allá de eso, de aceptarse una Constituyente en los términos formulados por el señor Maduro, no habrá elecciones ni representación alternativa para la gobernabilidad de la Nación; las Gobernaciones y Alcaldías serán meras figuras decorativas, el derecho al voto y elegir y ser elegidos libremente, será un saludo a la bandera, porque seremos gobernados desde el Estado Comunal, que es un híbrido en el cual, en principio, convive el Estado, monopolizador de la violencia legítima y las Comunas, entendida ésta como una forma de autodestrucción progresiva de los fundamentos del Estado. De modo, que si bien el gobierno propone en su desespero, una Constituyente con fraude a la Constitución y ante un escenario que le es ciertamente adverso, porque la mayoría del pueblo la rechaza, -que no se detiene ante las inmensas protestas populares y la muerte de más de setenta jóvenes que en la calle han salido a defender su futuro, que el país sufre una gravísima crisis económica y social-, en el fondo lo que subyace es el propósito de control de la gente y la instauración de un gobierno donde el ciudadano pierde todos sus derechos, pero igualmente, busca el resguardo de los intereses personales de las figuras más emblemáticas del gobierno, acusados y acosados de una brutal corrupción y el saqueo del patrimonio de la República.

Lo que está en juego es la República, su gobernabilidad, es salvar el país y el rescate de la democracia, por ello no hay tiempo para los cálculos políticos, los intereses individuales ni la comodidad personal. Esta iniciativa, repetimos, que parte del liderazgo de la Asamblea Nacional tiene que ser bienvenida, pues, de lo que se trata es nada más y nada menos que la defensa del Pacto Social contenido en nuestra Constitución, que es el pacto de vida de todos los venezolanos; por ello, el Frente tiene que estar abierto a toda la sociedad civil porque el compromiso es de todos.

Los voceros más calificados del gobierno han manifestado sin rubor alguno, con grosero descaro, que la Constituyente convocada es para aniquilar a la derecha, tambien han dicho que es para acabar con la Asamblea Nacional y para siquitrillar al adversario político, a quien ven como enemigos. Estamos ante una locura colectiva de quienes ejercen el gobierno y ese no puede ser el propósito constitucional de una Constituyente. La convocatoria de una ANC y la redacción del pacto que suscribe la sociedad para convivir política y socialmente, que es la Carta Magna, tiene que celebrarse en un clima de paz y tolerancia, del reconocimiento de los derechos a los demás y no bajo amenazas a los ciudadanos y en un estado de convulsión social.

De modo, que el objetivo del Frente para la Defensa de la Constitución y la Democracia, está fundado en la unidad de todos los venezolanos, con los colores de nuestro tricolor, para defender el republicanismo y nuestro modo de vida democrática. El pueblo debe ejercer sus derechos y el llamado es a rechazar este nuevo garrotazo que nos quiere asestar Maduro y sus siete paniaguados.

La convocatoria, entonces, es para todos y el compromiso es de todos.

Maracay, junio 9 de 2017

 3 min


El Presidente Trump ha ido cumpliendo sus promesas. A nadie puede sorprenderle, entonces, que la semana pasada haya anunciado que Estados Unidos se retira del Acuerdo de París, firmado por 195 naciones, alegando que es “desventajoso e injusto” para su país. Así, pone en peligro las metas acordadas para la reducción de gases y traba la transición hacia un perfil energético basado en energías renovables, dejando en claro que el desarrollo económico norteamericano seguirá basándose en los combustibles fósiles. En resumen: América First y el Planeta que se joda.

Tratándose, como se trata, de un asunto que depende esencialmente de lo cooperación global, cabe preguntarse, entonces, que efecto podría tener su “patriotismo económico” sobre la posición de otros países. ¿Habrá un efecto negativo en cadena? Y en particular, ¿qué hará China, primera en el ranking mundial de la contaminación, en plan, hoy en día, de jugar a ser la primera potencia universal?

Apenas enterado, el Presidente Maduro criticó a su colega norteamericano. Decisión lamentable, afirmó. Es irresponsable salirse de un pacto global, añadió. Y sin que mediara algún paréntesis aclaratorio, no tuvo el menor empacho en estampar poco después, su firma en el contrato que autoriza a una empresa surafricana a participar en la explotación del Arco Minero. Nuevamente hizo caso omiso, así pues, de las críticas que desde distintos círculos, tanto políticos como académicos, y a partir de posiciones políticas disímiles, incluyendo de manera muy importante a las provenientes de ciertos sectores chavistas, se le han hecho a esta iniciativa por razones ecológicas, económicas, étnicas y legales. Y pasando por alto, también, el hecho de que hace un tiempo se haya introducido ante el TSJ un recurso solicitando la nulidad del Decreto que fundamenta semejante desatino contra el ambiente.

Dicho sea de paso, y para no quedarse atrás en materia de ligerezas, antier, durante la celebración del Día del Ambiente, el Ministro de Ecosocialismo y Aguas declaró a propósito de la Asamblea Nacional Constituyente, que se plantearán para la nueva Carta Magna “elementos claves” como “la necesidad de estar preparados para enfrentar esta realidad del cambio climático”.

En suma, todo lo anterior muestra que en materia de discursos y propuestas, para el gobierno la realidad es, apenas, un detalle menor, respecto al cual no es preciso guardar ninguna relación de concordancia. Vale, pues, hablar de la diversificación productiva y apelar al rentismo minero como tabla de salvación, ahora que el petróleo nos falla. Hablar de soberanía y achicarse ante las exigencias de las empresas multinacionales. Hablar del respeto a las comunidades indígenas e invadir sus territorios mediante una salvaje actividad de extracción. Hablar de transparencia y guardar bajo candado los contratos suscritos con las empresas. Hablar de que Venezuela está en la intención de salvar al planeta del capitalismo depredador y quedar raspado en cualquier examen a la que se la someta desde la perspectiva del cambio climático. O, por último, pontificar sobre el socialismo ecológico “basado en una relación diferente entre seres humanos y naturaleza, garantizando el bienestar de las generaciones presentes y futuras”, y a la vez apostar al Arco Minero, de la misma manera como seguramente lo haría Donald Trump si fuera venezolano.

En fin, dicen los que saben que estos son los tiempos de la posverdad.

El Nacional, 7 de junio de 2017

 2 min


Después de la II Guerra Mundial el británico Liddell Hart, conocido por sus artículos sobre estrategia militar, entrevistó a los principales generales alemanes prisioneros que fueron juzgados por un tribunal internacional establecido en Nuremberg. Hart publicó en 1948 esas entrevistas en su libro “Los generales alemanes hablan”, el cual logró cierto impacto en su época, aunque hoy día algunos lo cuestionan.

Sobre la sumisión de los generales a Hitler, Hart sostiene que es justo que sean criticados por mantenerse ajenos a los excesos de los nazis y por su falta de valor para protestar, con algunas excepciones. Sin embargo, añade que "el valor moral para protestar no es una característica común en ningún ejército". También, que era difícil que los generales decidieran derrocar a Hitler, porque temían que sus tropas no los apoyaran, dado el efecto hipnótico que ejercía el Fuhrer y, como estaban en guerra, que fuesen considerados traidores a la patria. Además, la SS mantenía una estrecha vigilancia sobre los generales de la Wehrmacht.

A pesar de lo citado, hubo varias conspiraciones y atentados contra la vida del genocida, en los cuales mariscales, almirantes, generales y coroneles estuvieron comprometidos o no delataron a los complotados. Por lo general, los oficiales del ejército tuvieron un trato humano con los prisioneros y con la población civil, en contraste con los miembros de la Gestapo y de la SS. Algunos estudiosos del tema especulan que se exageraron estas diferencias de comportamiento para poder reconstruir el ejército alemán de la postguerra, considerando el peligro soviético. El hecho es que varios generales de la Wehrmacht fueron sentenciados a muerte por crímenes de guerra.

¿Qué dirá la historia de nuestros generales? En estos dos meses no ha habido una guerra en contra de un enemigo externo, sino una represión desproporcionada por parte de fuerzas oficialistas armadas en contra de civiles desarmados. El saldo, según el Foro Penal, es de 49 personas asesinadas, para un total de 69 muertes por diferentes causas, unos tres mil heridos e igual número de detenidos. Los represores son guardias nacionales y policías, que se han convertido en la SS de Maduro; también paramilitares rojos que imitan a los camisas pardas nazis, desde luego guardando las debidas distancias ya que en nuestro caso, afortunadamente, no se ha llegado ni remotamente a los excesos de la época de Hitler.

Los generales de nuestra Wehrmacht, es decir del ejército venezolano, solo excepcionalmente han participado en la represión. Se han limitado a dejar hacer. Es decir, están pecando por omisión y ello los hace cómplices necesarios para que se produzcan las violaciones a los derechos humanos. Al igual que en la Alemania nazi, algunos han conspirado o protestado y han sufrido las consecuencias, como el general Vivas, pero la gran mayoría ha otorgado tácitamente permiso para asesinar.

Ante la historia no podrán alegar que enfrentaban a un enemigo externo, que Maduro contaba con apoyo popular, que la Asamblea Nacional respaldaba al régimen, que la Fiscal General no había advertido de la violación a la Constitución, ni que los gobiernos democráticos del mundo no condenaron las violaciones a los derechos humanos. No podrán negar que el CNE rechazó realizar un referendo revocatorio presidencial y elecciones regionales que hubiesen evitado la crisis, ni esgrimir que estaban ciegos cuando el régimen designó ilegalmente a los magistrados del TSJ.

¿Acaso podrán defenderse sosteniendo que la "revolución" estaba enrumbando a Venezuela por la vía del progreso y que abundaba la comida, las medicinas y los repuestos, que los jóvenes no emigraban porque había seguridad y oportunidades de trabajo? ¿Acaso alguien les creerá si alegan que aquí no hay una gran corrupción y que el narcotráfico ha penetrado en las esferas gubernamentales?

Solo solicitamos a nuestros generales que por el bien del país, de la institución armada y por su propio interés, presionen para que cese la represión, se aborte la Constituyente y el régimen acepte dialogar para establecer un gobierno de transición que conduzca al país a elecciones generales. Nuestros generales deben hablar antes y no después como los germanos. Si no lo hacen algún historiador los entrevistará cuando cese la barbarie y no tendrán excusas. Tengan presente al profeta Isaías "¿Qué harán el día en que se arreglen las cuentas? ¿ A dónde huirán y quién los ayudará?

Como (había) en botica: La represión ordenada por Maduro no debe dar pie para olvidarnos de que nuestra resistencia es no violenta. Rechazamos actos vandálicos y exigimos castigo para los asesinos y agresores. Cedice presentó un excelente trabajo sobre la recuperación de nuestra industria petrolera, por el cual felicitamos al ingeniero Diego González. Tal y como afirman Pedro Piñate y Fedeagro, por culpa del gobierno los productores perdieron otro ciclo de siembra ¡No a la prostituyente! ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Benigno Alarcón

Carta del Director

Tras la polémica y amplia difusión que tuvo mi pasado artículo “¿Violencia o resultados?”, ha resultado difícil decidir cómo contribuir a una mejor comprensión de este proceso, de lo que debe hacerse, y lo que no debe hacerse, desde este espacio. Siguiendo las recomendaciones de algunos amigos y lectores, trataré de continuar abonando de la manera más sencilla posible, y sin preciosismos académicos, a la comprensión sobre dónde estamos hoy y qué debemos hacer para tener mayores posibilidades de alcanzar el objetivo que reclama la gran mayoría del país: Una transición democrática que se materialice en un cambio político efectivo y sostenible, con los menores costos y traumas posibles.

Y como en mi caso particular no estoy en la competencia de popularidad, que en muchos cosas pareciera condicionar lo que algunos dicen o dejan de decir, sino en una por la verdad aunque a algunos no les guste, sin pretender ser su dueño, intentaré hoy poner los puntos al menos sobre algunas íes en relación a lo que se debe y a lo que no debe hacerse con la protesta. Y digo sobre algunas íes porque el tema no puede simplificarse y agotarse en un artículo.

En primer lugar, ¿por cuánto tiempo debe sostenerse la protesta para tener resultados? Eso nadie lo sabe con precisión, lo que sí sabemos es que sin protesta no habrá cambios de ningún tipo, por lo que es necesario manejarla de manera inteligente para hacerla sostenible durante el tiempo que sea necesario. Los cambios institucionales implican cooperación de las instituciones, y tal cooperación de parte de instituciones como el CNE o el TSJ, que hoy no gozan de ninguna autonomía y están totalmente cooptadas por el gobierno, no es posible, al menos que las circunstancias modifiquen sus cálculos costo/beneficio. Para ello la protesta tiene en valor fundamental.

En segundo lugar, ¿es sostenible la protesta? Lo que hace sostenible una acción colectiva son las expectativas de quienes participan. Las expectativas de las personas actuando de manera colectiva suelen ser de corto plazo, por lo cual mantenerlas en el largo plazo es siempre difícil e implica un manejo adecuado de la comunicación del liderazgo convocante con quienes participan en la protesta, y el tener los objetivos que se persiguen con la protesta definidos con claridad y de manera realista para evitar, justamente, desinflar las expectativas de la gente y, con ello, su disposición a protestar.

En tal sentido, hoy es evidente que tenemos dos tipos de protesta: las rutinarias de todos los días, las cuales se caracterizan por niveles muy altos de violencia y represión y con cada vez menor participación, y las masivas que solo se logran cuando se convoca de manera unitaria e inteligente, buscando los espacios, días y horas en donde puede haber mayor participación. En estas protestas la participación es mucho mayor, en primer lugar porque en su diseño se busca facilitar las condiciones para que la mayoría asista, pero también porque se genera la expectativa de que mucha gente irá y la sensación de que los riesgos serán menores y el impacto mayor.

La protesta rutinaria y confrontacional tiende a ser cada día menor, aunque algunos se empeñen en no verlo, porque la violencia, independientemente del lado que venga, eleva las barreras físicas, morales y psicológicas a la participación, pero además le hace un daño enorme a la protesta en general porque ayuda al gobierno a justificar la represión, lo que afecta la participación al generar expectativas negativas en la gente sobre los riesgos y la utilidad de la protesta para generara un cambio político. Solo la protesta masiva, con altos niveles de participación, que estudiosos del tema como Erica Chenoweth calculan entre tres y cinco por ciento de la población nacional, son los que logran tener impacto político.

Entonces, ¿cuáles deben ser los objetivos de la protesta? El objetivo general o propósito de la protesta en un proceso de democratización como el que se trata de impulsar en Venezuela es el de impedir que un gobierno pueda imponer su voluntad a un pueblo por la fuerza, y para ello es vital que la protesta, lejos de facilitar y dar elementos al gobierno para justificar la represión, haciéndola más riesgosa y costosa para los protestantes y afectando sus niveles de participación, haga difícil y costosa la represión ejercida por el gobierno. Por ejemplo, aquellas protestas cuyo recorrido o destino final no son realistas y plantean desafíos geográficos que son garantía de confrontación, reducen su participación y hacen predecible, en consecuencia, más bajas entre los que protestan, lo que lejos de leerse como un triunfo, se entiende como costos, pérdidas y derrotas que ya hoy se han convertido parte de una rutina que, lejos de alimentar las expectativas positivas, las destruye.

Las protestas no son campañas bélicas destinadas a conquistar territorios, sino campañas civiles destinadas a visibilizar la voluntad de la gente y presionar por decisiones favorables. En tal sentido, entre los objetivos específicos de la protesta está el lograr cambios en los pilares que sostienen al régimen, recordando siempre que el régimen y las pseudo-instituciones que lo sostienen no son estructuras monolíticas, sino sistemas formados por seres humanos, muchos de ellos críticos o con dudas sobre la manera en que se están manejando las cosas y su sustentabilidad y, por lo tanto, no siempre incondicionales en su apoyo. Es entonces necesario que la protesta se oriente, principalmente, hacia el objetivo de modificar el comportamiento de estos pilares del régimen, tal como sucedió en el caso de la Fiscalía General de la República. Esto no se logrará escalando las agresiones de manera tal que les estemos diciendo que su única salvación es sostener al régimen.

¿Debe entonces toda protesta ser masiva? No necesariamente. La protesta con mayor impacto es la que logra altos niveles de participación, pero ello no es posible lograrlo todos los días y existen otras acciones que permiten lograr otros objetivos e incluso alimentan las expectativas y fortalecen la convocatoria a las protestas masivas. En tal sentido, mientras las protestas que escalan en violencia reducen los niveles de participación en futuras, las protestas no-violentas ejecutadas por pequeños grupos, pero adecuadamente comunicadas, pueden tener un valor simbólico muy importante y fortalecen las expectativas de la gente para participar en otras cuya convocatoria busque altos nivelad de participación. Es así como los teatros de calle, en los que se usaba el humor para educar a la gente sobre las acciones y pretensiones ilegitimas de sus gobernantes, fueron muy importantes en los procesos de democratización de Europa del Este; las actuaciones operísticas de jóvenes cantando a la libertad, como las que vimos en recientes días en el Centro Comercial Sambil, que motivan y alimentan el espíritu de lucha, forman parte de un repertorio que puede ser tan amplio como la imaginación.

Y ¿qué hacemos con los “escuderos”? Existen, de acuerdo a lo que hemos podido identificar, cuatro tipos de escuderos: los infiltrados, los mercenarios, los ingenuos y los defensores. Los infiltrados son en algunos casos agentes de inteligencia de cuerpos policiales y militares, y en otros mercenarios, colocados por el gobierno en la vanguardia de las protestas para que sean ellos quienes marquen la dinámica de las protestas opositoras, generando los primeros actos de violencia, muchas veces antes de que la misma policía o la Guardia actúen, para justificar la represión. Estos infiltrados normalmente desaparecen inmediatamente después de que le represión comienza. Si Usted toma la iniciativa de colocarse con suficiente antelación y discretamente a poca distancia de los piquetes de la policía y la guardia, verá a algunos de estos infiltrados con sus escudos y en ropa de protesta, compartiendo con la policía y la Guardia. Los infiltrados, obviamente, deben ser identificados y execrados de las protestas de la oposición, sin agresiones que puedan revertirse en contra de quienes protestan legítimamente.

Los mercenarios son aquellos que actúan en las protestas buscando un beneficio económico propio, algunos de ellos levantando dinero en medio de las protestas, otros siendo financiados por personas bien intencionadas que pretenden ayudar, y otros por agentes de inteligencia del Estado que los usan, consciente o inconscientemente, para escalar la violencia de la misma forma en que lo hacen con los infiltrados. El problema con el mercenario es que es un individuo poco confiable en el sentido de que sus motivaciones poco o nada tienen que ver con los valores que defendemos, y de la misma forma que hoy actúa a favor de un lado a cambio de un pago, mañana podría estar actuando desde el lado contrario por las mismas razones. Con los mercenarios aplica la conversión a una lucha por principios, lo que no siempre es posible, o su execración de la protesta, en la misma forma que se recomienda con los infiltrados. Pero en este caso, toca también cortar las fuentes de financiamiento de estos grupos, lo que implica no cooperar con la contribución pequeña. Y si Usted conoce a alguien que haga contribuciones mayores, por favor hágale saber el efecto contraproducente que su contribución está teniendo a la causa.

Con la denominación de ingenuos me refiero a una categoría, la más importante quizás no porque son la mayoría sino por ser los más activos en la calle y en las redes, que tienen los mismos valores que la mayoría de nosotros, pero poca o ninguna comprensión sobre cómo funciona la protesta y lo que debe o no hacerse. Estos jóvenes, y algunos no tan jóvenes, están convencidos de que pueden ganar esta guerra por métodos convencionales, o sea enfrentando la fuerza pública con la fuerza de sus escudos, chinas, molotov o puputov, y pueden ganar. Los ingenuos actúan con buena intención, pero sin conciencia del enrome daño que terminan haciéndole al movimiento democrático, al contribuir con sus propias acciones al mismo objetivo de escalar la violencia y reducir la participación en las protestas, que es lo mismo que busca el gobierno a través de sus infiltrados. Si la protesta quiere ser vista desde al ángulo confrontacional, como una guerra, que es como muchos insisten en verla, entonces lo primero que debe entenderse es que no se trata de una guerra convencional en la que gana quien sea capaz de ejercer más poder letal sobre el otro, sino de una guerra asimétrica, lo que implica el uso de estrategias y armas distintas a las del adversario. La resistencia civil no violenta tiene como principio, justamente, el de elevar los costos de la represión hasta neutralizar el uso de la violencia de parte del Estado. Este grupo, tan numeroso como valioso y valiente, debe ser convencido del valor de cambiar sus tácticas de lucha por los principios de la resistencia civil no violenta.

Finalmente, tenemos a lo que he llamado los defensores que, aunque comparten los valores de la mayoría de quienes estamos en esta lucha y son más realistas que los ingenuos en sus expectativas sobre la confrontación, al asumirlo no con el objetivo de derrotar al adversario sino de defenderse, es necesario comprender, aunque reconozco que es más fácil decirlo que hacerlo, que el ejercicio de la violencia en el caso de la legítima defensa, lejos de lograr los resultados que buscamos, logrará el efecto opuesto. Como decíamos en nuestro último artículo, si confrontar exige valor, mucho más valor exige el resistir sin confrontar, y es justamente este tipo de respuesta asimétrica la que hace la represión injustificable y eleva al máximo los costos para el gobierno y para órganos represores como la policía y las fuerzas armadas. Es justamente la conducta de resistencia no violenta la que le generará al régimen y a las fuerzas armadas los mayores problemas para reprimir.

Hacer sostenible la protesta implicará, entre otras cosas, erradicar de manera urgente la violencia, para ello es necesario cambiar el comportamiento de la vanguardia de las marchas, que debe ser ocupada por un liderazgo político y social, sin capuchas ni morrales con piedras, chinas, molotov o puputov que evidencian intenciones y disposición a la violencia, y que sea capaz de asumir con una actitud ejemplar y de modelaje el giro de la protesta hacia dinámicas que han probado su eficacia en entornos aún más represivos y violentos que el nuestro. Hacer sostenible la protesta implica cambiar la forma y el mensaje de nuestros escudos, como se hizo en Hong Kong con las sombrillas, o quizás prescindir de ellos como hicieron María José, esa valiente mujer que se paró frente a la banqueta de la Guardia Nacional, o Hans Wuerich, ese joven estudiante de la UCV que enfrentó desnudo los disparos de sus opresores. Hacer sostenible la protesta implica que no destruyamos nuestros propios espacios y agredamos a nuestros propios vecinos, lo cual lejos de afectar al gobierno nos afecta a nosotros y resulta tan irracional como sería destruir nuestro propio país en una guerra para “ganarle” al adversario. Hacer sostenible la protesta implica no convertirla en campo de oportunidades para los mercenarios sin escrúpulos, así como dejar de aplaudir y convertir en héroes a infiltrados o a ignorantes bien intencionados.

Evidentemente, comprender la complejidad de la resistencia civil no violenta leyendo unas pocas cuartillas no es fácil, pero existen unos cuantos sitios serios en Internet que contienen cursos para todo público y material muy amplio que contribuye a una comprensión más realista y menos dogmática y prejuiciada sobre este tema.

Director

Centro de Estudios Políticos

Universidad Católica Andrés Bello

https://politikaucab.net/2017/06/02/poniendo-los-puntos-sobre-las-ies-de-la-protesta/

 10 min


Jesús Elorza G.

En la segunda mitad de la década de los años 60, se presentó al Estadio Nacional ¨Brígido Iriarte un joven cumanés cargado de ilusiones y esperanzas. Su objetivo era transformarse en un atleta destacado que le permitiera representar a su país en competencias internacionales.

Así comenzó Nelson Augusto Rodríguez Freites su transitar por el mundo deportivo. Para ese entonces, su contextura física era de extremada delgadez y cada vez que participaba en su distancia preferida los 400 metros planos, sus compañeros del equipo ¨UNION¨ al verlo correr expresaban que parecía a un ¨fosforito¨ ya que solo destacaba en la pista, su cuerpo delgado y su cabeza. Ese apodo vino a ser su segundo nombre (¿o quizás el primero?) para el resto de su vida. Posteriormente, la manera como discutía para defender sus ideas o rebelarse contra las injusticias, consolidó por siempre el nombre de ¨FOSFORITO¨.

El atletismo fue el alma de su vida, a él, se entregó por completo. Su experiencia como atleta los llevo a inscribirse en el Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos (ENED) de donde egresó en 1970 con el título de Entrenador de Atletismo que siempre exhibió con profundo orgullo.

Durante sus estudios propició la fundación del Centro de Estudiantes de la ENED siendo él su primer presidente.

Los acontecimientos mundiales conocidos como: El Mayo Francés, la protesta del Black Power en los Juegos Olímpicos de México y el boicot de los países africanos contra el APARTHEID en Sudáfrica, motivaron en él la necesidad de prepararse cada vez más para así tener una visión integral del acontecer deportivo nacional e internacional.

Por estas razones no vaciló ni un instante en acompañar a Carlos Sánchez en el movimiento de re-estructuración del Colegio de Entrenadores, para desde allí, impulsar las luchas reivindicativas por condiciones laborales más justas y la inserción de los técnicos en la estructura deportiva venezolana.

De todos es conocido que el episodio más significativo que marcó para siempre el papel de los entrenadores en el deporte, fue la huelga de mayo en 1975, hito histórico en las luchas gremiales del mundo entero y en ella Nelson fue uno de los coordinadores principales de esa gesta.

En los años sucesivos, participó plenamente en el proceso de democratización de las federaciones deportivas, luchando en el frente jurídico para lograr el derecho pleno de los entrenadores a ser dirigentes deportivos. Lucha que alcanzó su máximo nivel cuando en 1980, es electo como miembro del Comité Ejecutivo del Comité Olímpico Venezolano y de la Federación Venezolana de Atletismo. En ambos organismos, defendió su visión estratégica de “Un deporte mejor en una sociedad mejor”.

Ese andar permanente por los distintos caminos del deporte, lo llevo a ser miembro del Consejo Nacional del Deporte, de la Comisión Permanente para la Reforma de Estado (COPRE). También representó a Venezuela en la Cumbre de los Países No Alineados y Altos Dirigentes del Área Deportiva celebrada en la Habana, donde defendió magistralmente los valores de Democracia y Libertad como fundamentos del desarrollo deportivo de un país.

Formó parte de la Comisión Presidencial para el estudio de factibilidad del Instituto Universitario del Deporte y ocupó el cargo de Asesor Permanente de la Comisión de Juventud y Deporte de la Cámara de Diputados del Congreso de la República para la promulgación de la Ley del Deporte de 1995.

Además, se desempeñó como docente en el área de Organización y Legislación Deportiva en la ENED y en los estudios de post grado de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL Maracay) y la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (UNELLEZ).

Asumió la representación laboral en el directorio del IND y la presidencia de la Caja de Ahorros del IND (CAPINDE).

Asistido por los abogados Getulio Romero y Fabián Chacón, introdujo en la Corte Suprema de Justicia un recurso en el que solicitaba que el Bono Compensatorio formara parte del salario de los trabajadores, la Corte, en una histórica decisión falló a su favor.

Así mismo, fue el primer dirigente en introducir un Recurso de Amparo ante los tribunales de la república para proteger los derechos de los atletas.

Como Presidente del Colegio de Entrenadores Deportivos de Venezuela (CEDV) llevó sobre sus hombros lo concerniente al proceso de descentralización y reestructuración del IND. Junto al ingeniero de PDVSA, presidente del IND para ese entonces, Luis Cedeño Bond, logró establecer las Normas y Procedimientos que regularían todo lo concerniente a la descentralización institucional.

En su búsqueda de nuevos horizontes, impulsó el Programa Nacional de Mejoramiento Profesional, cuyo objetivo fundamental fue elevar el nivel académico de los entrenadores para que prosiguieran sus estudios a nivel universitario. Marcó el camino a seguir con su ejemplar conducta de dedicación y esfuerzo permanente al obtener el título de abogado de la república. Decenas de sus compañeros le secundaron y hoy son profesionales universitarios en diferentes áreas.

A nivel internacional, se hizo presente en un sin número de congresos deportivos o científicos. Además fue designado Vice-presidente de la Confederación Suramericana de Atletismo y representó a nuestro país en diferentes ediciones de los juegos olímpicos, panamericanos, centroamericanos, suramericanos, bolivarianos y campeonatos mundiales de atletismo.

A siete años de su partida, su ejemplo como atleta, entrenador, dirigente, docente, abogado, amigo, esposo y padre de familia está por siempre grabado en los corazones y pensamientos de los que como él luchan por “Un deporte mejor en una sociedad mejor”.

 4 min


Alberto Hernández

Huérfana de carnes, la sombra de un sujeto deambula por el mapa. La acosan fantasmas y duendes burlones que han sido enmascarados por robustas legiones de zombies, enhorquetados en bestias de metal y gasolina de muy peligroso octanaje.

Ese alguien –el sujeto en cuestión, si es que se le puede cuestionar algo- piensa en el presente, pero también resume el pasado y proyecta un futuro que ve quebrantado en los ojos de sus interlocutores. Y reflexiona, intuye que vive en un país sobre un cuero seco que se levanta por todos lados y no logra desvanecer la angustia.

El estómago del hombre reniega de su vacío. Habla y comenta sus entrañas, tan dolidas de ese algo que entra por la boca y calma el hambre. El país, desnutrido, es un esqueleto que a pesar de sus pulidos huesos sigue siendo manjar para la jauría.

El poder sobre el hambre. El poder sobre la sangre de los huesudos que colman las calles y se desvanecen en sus casas mientras las lágrimas humedecen las urnas que, de noche rellenan los recuerdos, esperan por el sepulcro o la incineración de sus contenidos.

La muerte es un alivio para muchos. La muerte es la salvación para los enfermos. La muerte es el viaje prematuro, el ansiado de los achacosos que ya no pueden con sus piernas mientras sus costillas semejan la jaula detrás de las cuales mueren sus órganos ¿vitales?

Para los lectores esto parecerá una grosería. La realidad es peor que las pesadillas. La realidad es una llaga purulenta. Una punzada en el píloro, una mordida en el duodeno. Una masticada en la anatomía del hambre.

El país muestra su esqueleto. Un país enfermo. Asediado por la necesidad urgente de llevarse el pan a la boca, por alejarse del odio concebido como nomenclatura del poder, sale a la calle, enfrenta a quienes protegen a ese poder enclaustrado en sus miedos. Porque el poder tiene miedo. El poder se vale del pesimismo del contrario para minimizarlo. Matarlo de hambre, de sed, de miedo, de acosos, de encierros.

El hambre viaja en el caos. Esa concepción de la “revolución” ha resultado en patios como el cubano, como el coreano del Norte, como en la poquedad venezolana, hasta ahora. Y mientras el hambre rasguña la conciencia, el poder representado por la estupidez y la brutalidad, se harta, viaja, viste bien y hasta baila sobre los llamados símbolos patrios, que no son más que otra engañifa.

El excesivo número de héroes salvadores nos ha hundido en la épica de la idiotez. Los de la Independencia, los venidos luego en las tantas malacrianzas y desabridas batallitas de reyezuelos y tiranos. Los héroes de cartón de la guerra federal, quienes acabaron con el país de la época. Los refundadores de ensueños. Los beneméritos. Los liberales y conservadores. Los del ideal nacional. Los héroes del monte y de la ciudad. Los héroes de estatuas de bronce y de barro. Los héroes escondidos. Los héroes de la muerte. Los héroes del hambre.

Los héroes de la tierra arrasada.

Venezuela muestra su lado negro, su lado oscuro. Su costal de muerte en la desnutrición de sus hijos. Desnutrición que se traduce en el cuerpo raquítico, no sólo de los niños sino de jóvenes y adultos mayores. Y la paradoja: los dementes de la calle, que saben pedir, muestran un cuerpo robusto, “papeado”, como los de otros ámbitos donde la demencia criminal se hace de las riquezas de una nación que hoy muere de inanición y de ganas de ser libre de la estupidez ideológica.

Hoy, la palabra patria duele en la boca. Pero más duele por la pérdida de su significado. La palabra patria está tan devaluada como la moneda. Y por eso duele, porque ya no está en nuestros pensamientos y nuestros bolsillos, en ese respectivamente que nos toca.

Queda entonces la muerte como figurín en la cara picada de soldados y oficiales, quienes son capaces de decir que no creen en los derechos humanos. Quienes abultan más el vientre para afirmar que quien los rechaza se viste y calza con los colores de la GNB para matar a sus compañeros.

¿Qué pasó aquí? ¿Qué animal mitológico mordió a estos sujetos desnutridos de cerebro para convertir a un país en un erial, en un desierto, en una maldición? ¿Qué pasó para que muchos sean tan negativos y dejar pasar la historia a su lado como un quelonio dialéctico? ¿Eso se entiende? La figura literaria bien vale un trago de cicuta.

Hambre de todo. El hambre como ideología. Si Mao Zedong acabó con más 100 millones de vidas, así como Stalin y Hitler hicieron lo propio en menos proporciones, pero igualmente escandalosas, ¿qué queda decir de una gente que busca que el país sea conducidos por criminales motorizados, apoyados por uniformados que juraron defender a sus compatriotas? ¿En qué cabeza cabe que maten de hambre a un país? ¿En qué pecho cabe que extranjeros sean quienes elaboren las políticas, todas, tanto las represivas como las alimenticias?

El país desnutrido. El país fundido, pero capaz todavía que quitarse de encima a los batracios que la han sumido en la tristeza y enfermedades de todo tipo.

Ya habrá tiempo para el ácido fólico, para las vitaminas, para recoger los cuerpos vencidos y enterrarlos, así como ya estamos en el tiempo para derrotar a quienes nos matan a diario.

 4 min