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Opinión

Al paso que gobierna el Presidente Maduro, el chavismo se disuelve en la nostalgia. Quién sabe si es nostalgia por Hugo Chávez o nostalgia por el barril petrolero volando cerquita del cielo. Quién sabe si por la revolución socialista o por la revolución temporal del consumo que produjo la abundancia ingresos, provenientes del “estiércol del diablo”, repartida con fines no ajenos a la manipulación política. Pienso que Hugo Chávez tuvo la oportunidad de morirse y no ver la tragedia que se está viviendo en el país. Y no ver, tampoco, la mezquindad con la que es tratado en los sondeos de opinión pública.

Mientras tanto, el Presidente Maduro, culpable de la situación nacional en segundo grado, hace lo que puede, o sea, bastante poco. Su gobierno se encuentra encerrado en una calle ciega. Se refugia en la épica. Gesticula grandezas. Pervierte el lenguaje para que las palabras signifiquen su contrario y habla del diálogo con el puño cerrado. Apela a la retórica y a la mentira buscando engañar a la realidad, como si ésta fuera pendeja y usted y yo también. Todo en vano. En fin, cómo pasar por alto que con su gestión se le desapareció el futuro a los venezolanos.

Anda sin brújula, cierto, pero se da cuenta de que las encuestas son implacables con su gestión. Acude, entonces, a cualquier cosa que dé idea de rumbo y de manos a la obra frente a la crisis. Por eso hace pocas semanas se disfrazó de mago y sacó un conejo de la chistera, vale decir, de su manual de sobrevivencia política. Nos anunció la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Trata de convencernos de que el desmadre se debe, a la postre, a la Constitución vigente desde el año 1999. Hay que cambiarla, trata de argumentar, con el Ministro Jagua haciéndole la segunda. La cambiamos y lo demás será soplar y hacer botellas, sugiere.

Entendemos, entonces, que superaremos así la falta de comida y medicinas, la anomia y la violencia que nos agobian, la inflación, los pésimos servicios públicos, la precariedad de nuestro aparato productivo, la corrupción, el deterioro de nuestras universidades y centros de investigación, la fragilidad institucional y hasta las calamidades asociadas al modelo rentista. Un diagnóstico simple y claro que cuesta mucho entender por qué nos llega tan tarde.

Así las cosas, y dando por buena la palabra presidencial y el asunto es cambiar la Carta Magna, por qué no vamos un poco más allá y dibujamos una Constitución ambiciosa que no sólo nos saque de nuestras presentes dificultades, sino que nos permita convertirnos en un mejor país en todos los sentidos. Por qué, se me ocurre, no nos copiamos, entonces, la Constitución de Finlandia, una nación ejemplar de acuerdo a lo que señalan los numerosos datos que sirven para constatarlo, que en lo único que falla es en la mediocridad de su selección de fútbol. O tal vez sea mejor idea la de fusilarnos la de Noruega, un país petrolero que, según dicen, ha sabido no ser rentista.

A menos, claro, que la idea del cambio que tiene el Presidente sea, como creen muchos (que vaina con la suspicacia nacional), darle rango constitucional al autoritarismo y asumir los CLAPS como pieza angular de nuestro modelo de desarrollo.

Escrito lo anterior no sé porque me parece que, elecciones, diálogo y negociaciones mediante, los venezolanos, todos, merecemos el cambio de Gobierno.

HARINA DE OTRO COSTAL

También en el deporte se cuecen habas. También en este caso, las autoridades gubernamentales, vía el IND, controlan la integración de las asambleas electorales a fin de que votantes cuidadosamente seleccionados por su pedigrí oficialista, sean los que nombren a los directivos de las distintas federaciones deportivas (no sé si esto le suene conocido, estimado lector). Señalo esto porque durante la presente semana tendrán lugar los comicios en varias de ellas y la sospecha de que se den a través de procesos torcidos desde el punto de vista jurídico y ético, tiene un sólido fundamento, como lo demuestran las relativamente recientes elecciones en la Federación Venezolana de Fútbol.

Lo que ocurre en el deporte nos deja claro que sólo habrá consultas en donde el Gobierno tenga el triunfo como único escenario posible. De nuevo: no si esto le resulte conocido, estimado lector.

El Nacional, miércoles 24 de mayo de 2017

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Rasgos fundamentales del fascismo clásico

Rasgos distintivos del proyecto político Bolivariano

1. El fascismo fue un movimiento político centrado fundamentalmente en algunos países europeos de las primeras décadas del siglo XX que se propuso subordinar al individuo al Estado en nombre de un “Bien Común” superior identificado con la patria o la etnia.

Se propone un peso creciente del Estado en nombre de los intereses superiores del colectivo, subordinado a los designios del Presidente.

2. Este “Bien Común” pretendía construirse con base en una mitificación de la historia. Ésta se percibe como epopeya que expresa las energías vitales del pueblo o nación que se dice defender, cuya épica inspira los valores fundamentales del nuevo orden a levantar.

Este “interés colectivo” pretende construirse con base en una mitificación de la historia venezolana, exaltando los aspectos épicos de la Guerra de la Independencia y de la Guerra Federal, como símbolos de la “grandeza” a que debe aspirar el pueblo.

3. La evocación de este pasado heroico inspiró un programa político destinado a “refundar” a la nación para restablecer las glorias de antaño. En el caso de la Italia de Mussolini, se trataba de reinstaurar la Romanitá, los esplendores asociados al Imperio Romano. Para el Nacionalsocialismo Alemán, debía hacerse realidad la superioridad germana que se desprendía de los mitos y leyendas teutonas.

Las figuras castrenses de Bolívar y Ezequiel Zamora se invocan para argumentar la necesidad de “refundar la patria” detrás de un “hombre fuerte”, militar. Los aportes a la construcción de una institucionalidad democrática y a las conquistas ciudadanas son borrados en un esfuerzo por re-escribir la historia a imagen de la epopeya que quiere proyectar la Revolución Bolivariana de sí misma.

4. Esta prédica se expresaba en un nacionalismo exacerbado y xenófobo, que anteponía una visión excluyente de patria por encima de cualquier otra consideración, incitando al nexo emocional en vez de la razón.

Esta prédica se expresa en un nacionalismo exacerbado y patriotero. Se es intolerante a toda crítica, la cual es descalificada por provenir de “traidores”, “enemigos de la patria”.

5. En defensa de la patria o del volk (pueblo) el nazi-fascismo se enfrentó a la internacionalización de las actividades económicas y financieras que trajo la expansión del capitalismo (la plutocracia internacional) y a la amenaza del “internacionalismo proletario” invocado por los bolcheviques.

En “defensa” del pueblo la “revolución” se enfrenta a la globalización actual por ser la expresión más acabada del capitalismo, refugiándose en nacionalismos atávicos, identificados con valores primitivos de la historia venezolana.

6. El nazi-fascismo se inspiraba en posturas que negaban la racionalidad y la liberalidad de la cultura urbana moderna, a pesar de que procuraba instrumentar para sus propósitos los avances tecnológicos de la modernidad. Blut und Boden -sangre y tierra- resumían sus ideales.

Se inspira en posturas que niegan los valores propios de la modernidad, a favor de una vida austera, sencilla y sin aspiraciones de superación –“ser rico es malo”- propios de una idealización de una vida rural primitiva, “no contaminada”.

7. Buscó legitimarse a través de la movilización popular, invocando ser los auténticos representantes de los intereses del pueblo. Ello llevó al triunfo electoral de Mussolini, luego de su designación como Primer Ministro, y de Hitler en Alemania.

Busca legitimarse a través de la movilización popular. Concibe cada desafío electoral como una batalla épica y amasa a favor de sus triunfos – ilegítimamente- los recursos del Estado.

8. Su prédica ante las masas buscaba una hegemonía exclusiva basada en la construcción de una falsa realidad a través del dominio de los medios de comunicación y de un aparato propagandístico que martillaba la única “verdad” aceptada, la del Partido. Como afirmara el ministro de Propaganda Nacionalsocialista, Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Para ello procuraron re-escribir la historia para hacerla coincidir con sus designios de poder.

El dominio de su prédica ante las masas lleva a construir una falsa realidad a través del control de una mayoría de medios de comunicación, el acorralamiento de los que aun son independientes, el amedrentamiento de periodistas y la manipulación de la información, en aras de imponer su “hegemonía comunicacional” para que prevalezca una sola “verdad”. Se re- escribe la historia reciente para denunciar la perfidia de la “oligarquía” y de los “burgueses” contra la “revolución”.

9. El éxito político del nazi-fascismo requirió de un líder carismático –Führer / Duce- capaz de galvanizar a sus seguidores con su discurso, a quien se le rendía un culto alegando sus dotes de visionario.

Su éxito político se basa en el cultivo del carisma de Hugo Chávez, capaz de galvanizar a sus seguidores con su discurso y a quien se le rende un culto servil, alegando sus dotes de visionario. Después de muerto, este culto adquiere carácter de seudo-religión.

10. Las pretensiones de este liderazgo por amasar cada vez más poder demandaba la existencia amenazante de un “enemigo”, tanto externo como interno, que ponía en peligro los avances de la revolución fascista. Ello “justificaba” la eliminación de toda traba a la concentración de poder y exigía lealtad absoluta a sus seguidores, pues se trataba de librar una batalla victoriosa contra ese “enemigo”.

Las pretensiones por amasar cada vez más poder en manos del Presidente demanda la existencia amenazante de un “enemigo”, tanto externo como interno, que pone en peligro los avances de la “revolución”. Ello ha justificado la concentración del poder en manos del Presidente y la subordinación de los demás poderes a sus designios para enfrentar esta “amenaza”.

11. El nazi-fascismo se propuso la destrucción del Estado de Derecho “burgués” argumentando que su “blandenguería liberal” obstaculizaba la conquista de los fines trascendentales con que se “realizaría” el pueblo. Al “enemigo” no se le podían reconocer los mismos derechos que el “ciudadano de bien” y se le discriminaba política, social y jurídicamente. El régimen Nacionalsocialista buscó acabar con la institucionalidad existente mientras edificaba una institucionalidad paralela, dependiente del partido.

Se propone superar la legalidad del Estado de Derecho “burgués” argumentando que obstaculiza la conquista de los fines trascendentales bajo el liderazgo de Chávez. Para ello se destruyen las instituciones del Estado de Derecho y se edifica una institucionalidad paralela, partidizada, sujeto a la manipulación del caudillo. Se discrimina política, social y jurídicamente a los “enemigos” (lista Tascón, etc,).

12. Lo anterior implicaba la politización de la justicia, siempre en nombre de la “voluntad del pueblo”, y la “judicialización” –penalización- de toda acción política opositora.

Lo anterior ha llevado a politizar la justicia y a “judicializar” –penalizar- la acción política opositora. Se criminaliza la protesta a través de un poder judicial comprometido en gran medida con el proyecto “revolucionario” y en el que los jueces que se apartan de los intereses oficialistas son destituidos o encarcelados (caso Afiuni).

13. Lejos de ser conservadores, los regímenes fascistas debían constantemente radicalizar el proceso, proponiendo nuevos objetivos en aras de mantener la tensión de sus seguidores y evitar que cayera el entusiasmo con relación al destino histórico prometido.

Chávez radicalizaba constantemente el proceso. De ahí la sucesión de consignas movilizadoras referentes al “desarrollo endógeno”, al “Socialismo del Siglo XXI”, la propuesta de “reforma” constitucional, la nueva “geometría” del poder, las “tres R’s” y el estado comunal.

14. Esta especie de “revolución permanente” se basaba en la polarización maniquea de la lucha política –los buenos, patriotas, nosotros, contra los malos, vendepatrias, -ellos- y buscaba galvanizar a las masas para cerrar filas detrás del líder. “Dentro del estado, todo, fuera del Estado, nada”, -B. Mussolini.

Esta especie de “revolución permanente” se basa en la polarización maniquea de la lucha política –los buenos, patriotas, nosotros, contra los malos, “lacayos del imperialismo”, -ellos- y busca galvanizar a las masas para cerrar filas detrás del líder.“O se está conmigo, o se está contra mí”, -H. Chávez.

15. En este orden, el avance de la “causa” implicaba la reducción del “enemigo” a través de campañas de odio que negaba su condición humana y “justificaban” las peores vejaciones en su contra.

En este orden, el avance de la “causa” implica la reducción del “enemigo” a través de campañas de odio que niegan el respeto por la disidencia, que es degradada con insultos para “justificar” la vejación de sus derechos.

16. Consustancial a lo anterior era el ejercicio extendido de la violencia callejera por parte de organizaciones partidistas uniformadas de naturaleza para-militar. Los movimientos de “camisas” –camisas pardas de la S.A. Nacionalsocialista; camisas negras de los squadristi italianos; camisas azules de la falange española; camisas naranjas en Bulgaria; verdes en Rumanía; etc.- que apaleaban a los “enemigos” y sembraban terror en la gente, fueron elementos distintivos de la acción fascista.

Consustancial a lo anterior ha sido, en momentos cruciales, el ejercicio de la violencia callejera por parte de organizaciones partidarias frecuentemente uniformadas con camisa roja, de naturaleza para-militar. Estos forman una organización paramilitar del partido de gobierno, denominada Unidades de Combate Chávez (UBCh).

17. El nazi-fascismo se caracterizó, por ende, por la regimentación de la sociedad conforme a los designios del liderazgo vertical del Führer o del Duce, y no aceptaban disidencia alguna. Tanto la retórica como la estructura organizativa del partido se inspiraba en la cultura castrense.

Se busca regimentar a la sociedad conforme a los designios del liderazgo vertical de Chávez, quien no acepta disidencia alguna. La cultura castrense permea la organización del partido y los desfiles militares son asimilados como actos del chavismo.

18. La lucha política, siguiendo a Carl Schmidt, se construye en torno a la necesidad de abatir a un enemigo y asume la forma de batallas como si fuera una confrontación bélica.

La política se concibe como una batalla para aplastar a los “enemigos”. No se reconoce a la oposición como interlocutora válida del poder y no se dialoga ni se negocia con ella.

19. Se buscó reemplazar las organizaciones sociales autónomas sindicatos, ligas campesinas, asociaciones profesionales, culturales- por “frentes nacionales” que agrupaban a estos sectores sociales bajo la égida del partido. Estas organizaciones sociales fascistas eran “cooptadas” conformando un Estado Corporativo en el que los intereses sectoriales debían confluir con el interés superior de la nación, personificada en el Estado, en vez de representar a sus asociados frente al Estado.

Ello ha llevado a arrinconar las organizaciones sociales autónomas –sindicatos, asociaciones campesinas, profesionales, culturales- buscando desplazarlos con un Poder Popular no electo, cuya promoción, organización, registro, regulación y financiamiento depende del Poder Nacional. Esta “cooptación” de las organizaciones sociales dentro del Estado, propia del Estado Corporativo fascista, las convierte en representantes de los designios del Estado –es decir, del oficialismo- ante sus asociados.

20. La “huida hacia delante” proponiéndose continuamente nuevas conquistas, llevaría irremediablemente a una confrontación final con el “enemigo” que se oponía al triunfo de la causa. De ahí la vocación bélica del nazi- fascismo, su preparación para la guerra y la promoción de la militarización del país. De ahí también la trágica conflagración que arrasó a Europa.

La “huida hacia delante” ante problemas de difícil solución, conlleva la confrontación con el “enemigo”, con gravísimas consecuencias para la nación, para la convivencia y la paz interna de los venezolanos. De ahí su vocación bélica, su compra masiva de armamento para la guerra, la militarización del país y la conversión de los cuerpos castrenses en “Bolivarianos”, incluyendo la creación de una “Milicia Bolivariana” no contemplada en la Constitución.

21. La evocación de batallas épicas para conquistar las pasadas glorias que resumían el destino de la nación y/o del pueblo, llevaban a un “culto a la muerte” que tenía dos vertientes: en primer lugar, la muerte se invocaba como instrumento de “limpieza” que barrería con la podredumbre de la vieja sociedad y con los seres indeseados y detestables que debían eliminarse para dar paso al Nuevo Orden; en segundo lugar, la muerte representaba el máximo sacrificio exigible a un ser humano en defensa de los supremos intereses colectivos, la expresión más pura del “Hombre Nuevo” que debía emerger de la lucha.

La evocación de batallas épicas para revivir pasadas glorias que insuflen sentido a las luchas del pueblo por conquistar su destino histórico, llevó a un “culto a la muerte”.De ahí la invocación del “Che” Guevara como un martirio que expresa la emergencia de la lucha revolucionaria de un “Hombre Nuevo”, y la consigna fascista (absurdamente excluyente en sus términos) de “Patria, Socialismo o Muerte”. Durante la represión salvaje a las protestas estudiantiles de febrero/marzo 2014, quedó manifiesto el desprecio por la vida de éstos, con numerosas muertes.

22. Paradójicamente, lo anterior llevaba a asumir una postura de “superioridad moral”, en tanto exaltaba la disposición a incurrir en las privaciones necesarias para el triunfo del orden colectivo, por encima de los intereses egoístas particulares.

Con base en ello, se presume una “superioridad moral” que, en la práctica, lleva una aborrecible “doble moral” en la que lo hecho en función de la “revolución” será siempre absuelto, por obedecer a los intereses supremos – trascendentes- de la “revolución”, pero se castiga si lo hace la disidencia.

23. La construcción del “Hombre Nuevo” se concebía en términos de un ejercicio de “reingeniería social” o de “limpieza social”, que debía imponerse contra toda resistencia. Obviamente, llevaba a las peores prácticas represivas y de exterminio contra aquellos considerados inferiores, y contra los abiertamente críticos.

La construcción de un “Hombre Nuevo” se concibe en términos de un ejercicio de “reingeniería social” en el que debe imponerse la “revolución” sobre una “contrarrevolución” auspiciada por la “oligarquía”. En el Nuevo Orden propuesto –el Socialismo del Siglo XXI-, no caben los venezolanos abiertamente críticos. Con ellos no hay diálogo posible: deben ser barridos.

24. El nazi-fascismo se identificó con una economía “de comando”, con fuerte presencia estatal en el caso Italiano, en la que la libre iniciativa y la producción de los territorios conquistados por la Alemania nazi se subordinaron a los esfuerzos de guerra. Lo económico estaba claramente sometido a lo político.

Se promueve un capitalismo de Estado, arrinconando a la iniciativa privada y desconociendo derechos básicos de la propiedad privada. Se rinde tributo a la prédica “socialista” proponiendo una economía comunal inviable. El sostén de estos arreglos depende exclusivamente de la existencia de altos ingresos petroleros.

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Uno de los hallazgos más provechosos para el fascismo criollo fue entender la ventaja de disfrazarse de izquierda. Llevado de la mano de Fidel, Chávez pronto mezcló su prédica populista, patriotera y maniquea con clichés comunistoides. Como se trataba de una revolución socialista que debía vencer la resistencia de las clases dominantes, se justificaba desmantelar el Estado de Derecho por “burgués”-“superestructura capitalista”-, facilitando así la concentración del poder en sus manos. El socialismo era excusa, además, para arrinconar los mecanismos impersonales del mercado en la asignación de recursos y para transar productos, y reemplazarlos por la usurpación directa de la riqueza, en nombre del “pueblo”. Se entronizó así una nueva oligarquía que, valida de su posicionamiento en la estructura de poder, privatizó de manera cada vez más excluyente el usufructo de los bienes públicos. La no rendición de cuentas, la falta de transparencia en su gestión y la multiplicación de oportunidades de lucro a través de la extorsión (facilitada por la regulación punitiva al sector privado), los diferenciales de precio, los controles aplicados a discreción, los monopolios para importar y vender, las contratación de obras y suministros del estado, y numerosas irregularidades más, conformaron lo que Max Weber denominó un estado patrimonial, en el cual el patrimonio público se confunde con el de quienes ocupan posiciones de mando. Las prácticas mafiosas a que dio lugar se ampararían en la construcción del socialismo: el fin justifica los medios. Chávez pudo avanzar exitosamente en este escamoteo, tanto por su innegable carisma como por el boom de precios petroleros más prolongado que ha conocido nuestra historia, que le permitió repartir dinero a través de numerosas misiones para afianzar su base de apoyo.

Asumir la mitología comunista también permitía al neofascismo bolivariano arrogarse una supuesta supremacía moral pues, por antonomasia, se luchaba por la superación definitiva de toda explotación, trascendente fin de la humanidad avalado por la Historia. Épicas emblemáticas de la izquierda invitan ahora a Maduro a retratarse como si fuese un Allende enfrentando el golpe de Pinochet o su gobierno fuese el de la Republica Española bajo el asedio de Franco cuando, en realidad, la identificación es mucho más pertinente con los granaderos que, en 1968, masacraron estudiantes en Tlatelolco, México.

Por otro lado, la historiografía estalinista que emergió de la II Guerra Mundial propiciaba descalificar a todo crítico de “fascista”, al ubicar en polos opuestos al comunismo y el fascismo. De tal proyección ha abusado el cual el régimen ad-nauseaum. Por último, la narrativa comunistoide sirvió para lavarle la cara al gorilismo militar de siempre, pues ahora sus asesinatos, atropellos a los derechos humanos y desmanes contra el orden constitucional, encontrarían apología en la lucha contra una “ultra-derecha contrarrevolucionaria”.

Con este manto redentor, el régimen piensa que puede desatar impunemente a la Guardia Nacional y a los colectivos fascistas a reprimir salvajemente manifestaciones pacíficas, asesinar jóvenes, asaltar zonas residenciales, destruir propiedades y torturar a los muchachos detenidos. Quiere hacernos creer que, a cuenta de “izquierda”, se justifica discriminar a sus opositores, militarizar el país, criminalizar la protesta, encarcelar a académicos como Santiago Guevara, Sergio Contreras y Jorge Machado, y sepultar la salida electoral a la crisis, ¡en nombre de la paz y en contra de “terroristas”!

Pero no hay disfraz que esconda tanta impostura. Es posible que a nivel internacional elementos de una izquierda trasnochada todavía fantaseen que una oligarquía de “ultraderecha”, fascista -y seguramente blanca-, esté intentando acabar con la “revolución” para restablecer sus privilegios de antaño, pero en Venezuela nadie, salvo los fanáticos alimentados por el discurso de odio de Maduro, se deja engañar. La engañifa llega al colmo de lo ridículo cuando un personaje tan consustanciado con prácticas fascistas como Pedro Carreño, acusa a la Fiscal General de ayudar al “fascismo” porque objeta la propuesta de constituyente corporativa -inspirada en Mussolini- propuesta por Maduro. Mientras más descubiertos en su verdadera naturaleza, más apelan a esta proyección sicológica: Maduro llegó incluso a señalar que el acarreo de empleados públicos convocados para ayer, martes 23, era una marcha ¡“por la paz y contra el fascismo”! Con tal anuncio uno esperaría que él, Cabello, El Aissami, Padrino, Reverol, Benavides, Istúriz, los hermanitos Rodríguez y Ameliach -por lo menos- se hubiesen suicidado en el evento.

La proyección sicológica ya no le sirve al régimen para arrojar sobre la oposición su condición fascista. El disfraz de izquierda hace tiempo que se royó, desnudando sus pustulentas carnes. Sólo Maduro, como el emperador del cuento, sigue viéndose cubierto de nobles ropajes.

Según el historiador inglés, Tony Judt[1], Stalin banalizó el uso del término “fascista” para estigmatizar a todo aquel que se opusieran a sus designios en Europa oriental luego de la II Guerra Mundial. De ahí la paradoja de descalificar de fascistas a los que se enfrentan a las pretensiones totalitarias de quienes se cobijan con un manto izquierdoso. Este uso como simple descalificativo, sin pretensión explicativa seria para la diatriba política, ha hecho que muchos analistas desistan del término para analizar el mundo actual. Hoy “populismo” o “autocracias competitivas” son términos preferidos para referirse a fenómenos que, en su versión extrema, violenta, podrían denominarse perfectamente de “fascistas”.

Ahora bien, como el fascismo realmente existió y tuvo funestas consecuencias sobre poblaciones enteras de Europa, conocer sus características tiene sentido -no obstante la trivialización del término- para evaluar su utilidad en explicar experiencias como la del régimen chavo-madurista.

En sentido estricto, fascismo se refiere exclusivamente al movimiento creado y conducido por Benito Mussolini en Italia entre 1922 y 1944. Umberto Eco[2] niega que pueda considerarse “padre” de movimientos parecidos, por su naturaleza ecléctica, oportunista y por su falta de doctrina. Sin embargo, en reconocimiento de las similitudes entre movimientos políticos europeos durante la primera mitad del siglo XX, acuña el término Ur Fascismo (proto-fascismo) para describir sus características comunes. Stanley Payne[3] lleva el análisis más allá y habla de un fascismo genérico que englobaría tanto al fascismo Mussoliniano, el nazismo, la Ustacha croata, la Cruz de Hierro rumana, la Falange española y a otros movimientos ultranacionalistas y militaristas parecidos. Es el enfoque que utilicé en mi libro, El fascismo del siglo XXI[4], para describir el fenómeno político de Chávez. Anexo remito un cuadro resumen elaborado hace algunos años, que ya he distribuido antes en mis listas de correo, que compara las características de ese fascismo genérico con las del régimen chavista. Hoy, con la represión salvaje de su sucesor, Nicolás Maduro, habría que insistir todavía más en esta caracterización.

Finalmente, hay toda una discusión sobre si lo que enfrentamos en Venezuela es fascismo o comunismo. Para aquellos con la paciencia y el estómago para adentrarse en esta polémica, envío de nuevo otro artículo mío, también corto (dos páginas y media), que puede ayudar a ubicar aspectos de la misma.

[1] Con Timothy Snyder, Pensar el Siglo XX, Prisa Ediciones, Taurus, 2013.

[2] “Ur Fascism”, revista New York Review of Books, junio, 1995.

[3] A History of Fascism 1914-45, Routledge, London and New York, 1997.

[4] Random House-Mondadori, Caracas, 2008.

Economista, profesor de la UCV

humgarl@gmail.com

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Entender la mentalidad de los militares que en el pasado intervinieron para apoyar o para intentar derribar a un presidente no es una tarea difícil. Tratar de entender la mentalidad de quienes apoyan a este régimen totalitario es cuesta arriba.

Militares insurgieron en contra de Gómez, de Medina, de la Junta Revolucionaria presidida por Betancourt, apoyaron a Pérez Jiménez y después lo derrocaron, se alzaron en contra de la Junta cívico-militar presidida por Larrazabal, se rebelaron en contra de Betancourt e intentaron derrocar a Carlos Andrés.

Existe una vieja conseja que afirma que los militares toman el poder o al menos lo intentan por simple ambición personal. Esta es una percepción muy simplista que no tiene sustentación. Nadie arriesga su carrera e incluso su vida por simple ambición, cuando tiene asegurado un retiro tranquilo una vez cumplido los años de servicio. La razón de su proceder es que estaban convencidos, fuese o no cierto, de que el gobernante de turno lo estaba haciendo mal. En general, los militares pensaban, erróneamente, que eran los salvadores de la patria “una reserva moral¨ llamada a enderezar entuertos causados por los políticos.

En este artículo no se pretende analizar, ni juzgar esas intervenciones. Quizá algunas fueron justificadas, pero otras no tuvieron razón de ser. Lo que intentamos destacar es que en el pasado los militares nunca atropellaron al pueblo. Por ejemplo, cuando la Seguridad Nacional y la policía reprimieron violentamente las protestas en contra del dictador Pérez Jiménez, los militares lo obligaron a tomar las de Villadiego. Cuando el general Castro León intentó en dos oportunidades insurgir y percibió que el pueblo lo rechazaba, optó por rendirse para evitar pérdida de vidas. En tiempos de la guerrilla castro-comunista sí ocurrieron algunos episodios de torturas y desaparecidos en los Teatros de Operaciones. El 2002, los militares le pidieron la renuncia a Chávez por la masacre que propició, la cual aceptó. Ese mismo año un grupo de oficiales se declaró en rebeldía, sin armas, en la plaza de Altamira, acción que algunos criticaron pero que fue una muestra de espíritu cívico.

Es decir que, con todo y sus errores, esos militares del pasado nunca agredieron al pueblo. Los generales Padrino, Reverol, Benavides, González López, Zavarce y otros son responsables de los asesinatos y daño causado por sus subalternos a civiles que protestan desarmados y que a lo sumo lanzan piedras y queman una que otra tanqueta o autobús. Cabe preguntarles qué espíritu perverso los anima a este comportamiento.

¿Será que los guardias nacionales de hoy, o por lo menos muchos de ellos, perciben que el gobierno ha mejorado la calidad de vida de los venezolanos? ¿Será que sus familias consiguen medicinas, alimentos y repuestos? ¿Será que han comprobado que cuando un familiar acude a un hospital es atendido con los recursos imprescindibles para mejorar su salud? ¿Será que con el ingreso familiar pueden satisfacer sus necesidades mínimas?

En cuanto a los oficiales, es de suponer que aunque tienen prebendas que no disfrutan sus tropas, también sus familiares son afectados por la escasez de productos y alto costo de la vida. Además, no les puede pasar desapercibido el apoyo del régimen a los delincuentes, la quiebra de las empresas del Estado, la corrupción y, más grave aún, que los grupos paramilitares armados y financiados por el régimen terminarán siendo sus enemigos.

¿Acaso los militares no entienden que los venezolanos no queremos volver a un pasado que tuvo muchos aciertos, pero que cometió errores, y que nunca aceptaremos a este régimen que viola los derechos humanos, que destruyó el aparato productivo nacional, entregó nuestro derecho sobre el Esequibo y que pretende perpetuarse en el poder apoyado con las armas que ustedes recibieron para defender la Constitución y nuestras fronteras?

Tú, teniente comandante de pelotón, tú, capitán comandante de compañía, tú, teniente coronel comandante de batallón, tú coronel, tu general no corrupto, tú soldado y guardia, ¿hasta cuándo vas a disparar, lanzar bombas lacrimógenas al cuerpo, repartir peinillazos y golpear al pueblo, para que un grupo de generales y políticos narcotraficantes, corruptos, ineptos y manchados de sangre inocente sigan disfrutando las mieles del poder? Recuerda que algún día, la historia, tus hijos y los hijos de tus hijos te reclamarán por tus acciones y omisiones. Mírate al espejo y analiza tu conducta. Sigue el ejemplo del teniente Paulo Machado Briceño y sus dos compañeros que se negaron a reprimir para no ser cómplices de la barbarie.

Como (había en botica):

El video donde un general explica las acciones de guerra sobre Caracas con participación de 50 francotiradores fue divulgado por el régimen para asustar, pero es una prueba más de que Maduro quiere enlodar al ejército. Aplaudimos la sanción de la Oficina del Tesoro de Estados Unidos a los magistrados de la Sala Constitucional. Repudiamos los actos de saqueo. Excelente la exhortación de la Conferencia Episcopal y el mensaje del rabino Pynchas Brener.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

23/05/17

Noticiero Digital y Runrunes

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Querido doctor:

Quiero que sepas que los venezolanos estamos orgullosos de ti, que estamos clarísimos: sabemos que nuestros médicos son los mejores del mundo y los más humanos. En ningún otro lugar se ejerce la medicina como en nuestro país, en el que hasta en una piñata puedes tener una consulta ambulatoria con uno de los papás del amiguito de tu hijo. En Venezuela uno no va a una consulta impersonal, como hace la gente de otros países; aquí tu médico es tu amigo y conoces a su esposa y vas a la graduación de su hija; si lo encuentras en el mercado, pregunta por tu salud y averigua si te estás tomando la pastillita. Él no revisa tu historia porque se la sabe de memoria: la ha hecho parte de la suya y ves en ella los colores de todas las plumas fuente de sus años y los tuyos, porque la relación de un paciente con un médico en Venezuela es “hasta que la muerte los separe”. Tu médico envejece contigo; podrá pasar de los noventa, como el Dr. Otto Lima Gómez, pero tu confianza en él no merma, porque lo hallas cada vez más sabio, más bueno y hasta más elegante; pero especialmente porque él sabe lo que tú tienes no a partir de los exámenes de sangre, sino del examen que hizo de tu alma en la mirada triste con la que entraste a su consulta y porque su mano en tu hombro es la mejor medicina. Estamos tan orgullosos de ustedes, queridos amigos médicos, tan conmovidos con su quehacer, que no hallamos las palabras exactas de gratitud en esta dolida hora en la que ustedes sacan las balas de los cuerpos de los hijos de esta tierra, caídos en una guerra a la que van con “un canto infinito de paz”.

Ser médico en la Venezuela de estos tiempos es un acto de heroísmo y de amor, de ingenio y de creatividad para salvar vidas en medio de esta tragedia artificial llamada gobierno, que lleva dieciocho años destruyendo lo mejor de nosotros, lo más bueno, lo más noble, lo más sagrado. Seguro que hay algo —los alumnos lo sabrán— en nuestras escuelas de Medicina que hace que quien salga de allí sea dueño de un alma especial, no solo plena de sabiduría, sino lo más importante: de sensibilidad y virtud. Es como si en una cápsula de Petri se hubiesen mezclado la ciencia de Razetti, la santidad de José Gregorio y el sentido de la justicia de Vargas. Ahí están los muchachos de la Cruz Verde, los estudiantes de Medicina, salvando, ayudando, sembrando vida donde otros se la roban. Son nuestros superhéroes, nuestros salvadores, nuestra certeza de que no toda esperanza ha sido arrebatada por la maldad, de que esta tierra es esencialmente de gente buena y solidaria, inteligente y pacífica, por más que el mal, la crueldad y el terror se hayan apoderado temporalmente de las riendas de nuestro destino envileciéndonos a todos; es “el vil egoísmo que otra vez triunfó”: Boves redivivo siembra de muerte los campos de Venezuela. En medio de esta debacle están ustedes, los médicos, más que ejerciendo la medicina, haciendo milagros. Junto a ustedes, las enfermeras y enfermeros, porque si el médico salva vidas, la enfermera salva al médico.

Querido amigo: gracias por dar la cara por la salud y recibir heridas de aquel de quien te vengarás salvando la vida de su hijo o la suya propia. Gracias por tu humanidad toda, por la santidad de tu vida cotidiana, por las causas que apoyas en los lugares más remotos, por actualizarte cada día en un país al que ya no llegan las revistas de medicina. Gracias por hallar un sustituto al remedio que no se consigue, o por dármelo tú mismo, aunque en ello se te vaya la vida cruzando el mar. Gracias por las consultas que no causaron honorarios cuando me suponías pelando. Gracias, pichón de médico, que saliste a una calle insegura a entregar tu vida salvando a tu hermano; ojalá que el que te arrolló siempre encuentre médicos y medicinas; ojalá que viva para siempre. Gracias, doctor, muchas gracias, que Diosito me le pague, como dicen nuestras abuelitas cuando salen de tu consulta. ¡Ah! y no te preocupes: Carujo, esta vez, también pasará, porque “es el hombre de bien el que siempre ha vivido y vivirá feliz sobre la tierra y seguro sobre su conciencia”.

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Moisés Naím

Nicolás Maduro no debe seguir siendo presidente de Venezuela.

Es difícil decidir cuál es su peor defecto. ¿Qué es más grave, la cruel indiferencia que muestra ante el sufrimiento de millones de venezolanos o sus brutales conductas dictatoriales? ¿Qué es más indignante, su inmensa ignorancia o verlo bailando en televisión mientras en las calles sus esbirros asesinan a jóvenes indefensos? La lista de fallas es larga y los venezolanos la conocen; 90% de ellos repudian a Maduro. Y no son solo los venezolanos. El resto del mundo también ha descubierto —¡por fin!— su carácter despótico, corrupto e inepto.

Y sin embargo… Maduro no importa. Sacarlo no basta. Él es simplemente el tonto útil, el títere de quienes realmente mandan en Venezuela: los cubanos, los narcotraficantes y los viudos del chavismo. Y, por supuesto, los militares. Tristemente, las fuerzas armadas han sido subyugadas y están al servicio de los verdaderos dueños del país. Así, vemos a diario cómo los uniformados están dispuestos a masacrar a su pueblo con tal de mantener en el poder a la oligarquía criminal que domina Venezuela.

El componente más importante de esta oligarquía es el régimen cubano. Hace tres años escribí: “La ayuda venezolana es indispensable para evitar que la economía cubana colapse. Tener un Gobierno en Caracas que mantenga dicha ayuda es un objetivo vital del Estado cubano. Y Cuba lleva décadas acumulando experiencia, conocimientos y contactos que le permiten operar internacionalmente con gran eficacia y, cuando es necesario, de manera casi invisible”. Es obvio: la prioridad para La Habana es seguir controlando y saqueando Venezuela. Y sabe cómo hacerlo. Los cubanos han perfeccionado las técnicas del Estado policial: la represión constante pero selectiva, la compra de conciencias a través de la extorsión y el soborno, el espionaje y la delación. Pero, sobre todo, el régimen cubano sabe cómo cuidarse de un golpe militar. Esa es la principal amenaza para toda dictadura y, por eso, controlar a las fuerzas armadas es un requisito indispensable para cualquier dictador que se respete. Los cubanos han exportado a Venezuela sus técnicas de control y sus efectos son evidentes: los militares que no simpatizan con el régimen de Chávez y Maduro han sido neutralizados, mientras que quienes lo apoyan se han enriquecido. No es casualidad que en Venezuela haya hoy más generales que en la OTAN o en EE UU. O que muchos altos oficiales estén exiliados, encarcelados o muertos. Por eso la esperanza de que militares patriotas, democráticos y honrados defiendan a la nación y no a quienes la expolian ha sido hasta ahora tan solo eso, una esperanza.

Pero, además, Cuba se topó en Venezuela con un regalo inédito en los anales de la geopolítica: el presidente de una potencia petrolera, Hugo Chávez, invita a una dictadura en bancarrota a que controle funciones vitales en asuntos de inteligencia, elecciones, economía, política y, por supuesto, vigilancia militar y ciudadana. Hay pocas decisiones importantes del Gobierno de Venezuela que no sean aprobadas, moldeadas u ordenadas furtivamente por el régimen cubano.

O influidas por los narcotraficantes. Ellos constituyen el otro gran poder que hace que Maduro no importe mucho. Venezuela es hoy una de las principales rutas de la droga a EE UU y Europa. Esto significa que hay miles de millones de dólares en juego y que en el país opera una vasta red de personas y organizaciones que controlan ese comercio ilícito y la enorme cantidad de dinero que genera. Según las autoridades estadounidenses, una de esas personas es el vicepresidente Tareck El Aissami, así como un buen número de militares y de familiares y socios de la oligarquía chavista.

Esa oligarquía, formada por los herederos políticos de Chávez, es el tercer gran componente del poder real en Venezuela. Naturalmente, Nicolás Maduro; su esposa, Cilia Flores, y muchos de sus parientes y socios forman parte de esa oligarquía. En esa élite hay diferentes “familias”, “carteles” y grupos que rivalizan por el poder político, por influir en las decisiones del Gobierno y en nombramientos de importancia, así como por el control de mercados ilícitos, del tráfico de personas al contrabando de armas o al lavado de dinero. El contrabando y la comercialización de comida, medicinas y productos de todo tipo así como la especulación con las divisas, con los bonos de la deuda y el negocio de finanzas y seguros son algunas de las muchas otras actividades corruptas con las que se lucra la oligarquía chavista. Y también los cubanos, los militares y sus cómplices civiles. Los tres grupos se entremezclan en negocios, corrupción y ejercicio del poder.

Sacar a Maduro es necesario. Pero no es suficiente. Es indispensable neutralizar a los tres nefastos carteles criminales que realmente mandan en Venezuela. No será fácil. Pero es posible.

@moisesnaim

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Quisiera aprovechar el anuncio del Presidente de la República sobre las bases comiciales para la elección de la Asamblea Nacional Constituyente para analizar las implicaciones tanto del diseño como del funcionamiento del sistema electoral utilizado para la elección de este órgano, que por su carácter originario, en la práctica, no solo va a tener la responsabilidad de escribir un nuevo texto constitucional, sino también de regular e incluso suspender el funcionamiento del resto de los poderes públicos. Me gustaría resumir mis comentarios sobre dichas bases comiciales en tres bloques diferentes. Cada una de las implicaciones de estos distintos bloques tiene consecuencias normativas, jurídicas (pero sobre todo políticas) muy diferentes; implicaciones que los expertos constitucionalistas y los partidos políticos, así como la sociedad civil, tendrán que sopesar para tomar la decisión sobre si participan o no en este proceso. No me corresponde y tampoco quisiera adelantar una recomendación, pero la misma me parece evidente. Me corresponde aquí tan solo apuntar de manera muy general algunas consideraciones que pueden ser relevantes ahora que contamos con mayores detalles sobre las reglas y el sistema electoral que plantea el Ejecutivo Nacional para convocar directamente la elección de un poder constituyente.

El primer elemento es que las bases comiciales excluyen tanto la realización de un referéndum consultivo para activar la convocatoria, así como la necesidad de realizar un referéndum para aprobar una futura Carta Magna. En ningún momento las bases comiciales incluyen la consulta a la población como cuerpo soberano, en el que reside la voluntad popular, para secundar la iniciación del proceso constituyente en los términos que propone el Ejecutivo Nacional y tampoco lo hace obligatorio para validar el nuevo texto constitucional. Este factor contrasta con el proceso constituyente anterior, en el año 1999, que no solo conllevó al chavismo a legitimar popularmente con el 72% de aprobación el actual entramado constitucional, sino que también contradice abiertamente las consideraciones establecidas en la Constitución vigente para su modificación. En el fondo, estas bases comiciales le permitan al presidente tener el poder para iniciar el proceso constituyente y también lo faculta para fijar los términos de la convocatoria sin ningún tipo de consultas democráticas (algo que está expresamente prohibido por el texto constitucional actual diseñado por el mismo chavismo). Según las bases comiciales, en principio, la nueva Carta Magna no tendría que ser sujeta a la aprobación popular, sino que la misma Asamblea Constituyente definirá ese requisito a su propia discreción una vez que haya terminado sus funciones. En otras palabras, las bases comiciales aprobadas por el presidente Maduro abren la posibilidad de que el proceso constituyente no cuente con ningún tipo de controles democráticos más allá de la simple elección de sus representantes.

El segundo bloque de comentarios está referido al sistema electoral para escoger los 540 miembros de la Asamblea Nacional Constituyente. Un número de 312 miembros serán electos a través de un sistema mayoritario en cada uno de los municipios existentes del país. Estos asambleístas serán escogidos por mayoría simple en cada una de los territorios municipales. Es así como todos los municipios, indistintamente de su tamaño poblacional, terminan siendo igualados con un representante por cada entidad. Este sistema electoral es un esquema que sobrerrepresenta a las unidades territoriales independientemente de su tamaño poblacional. En Venezuela, los municipios menos poblados suelen ser rurales y los más poblados tienden a ser urbanos. También es cierto que los municipios menos poblados tienden a ser los más pobres. En el fondo, este sistema electoral implica que aun perdiendo la votación nacional, un partido político con presencia mayoritaria en los municipios más pequeños puede llegar a obtener una representación significativamente más alta que su apoyo electoral a nivel nacional. Este tipo de esquemas permiten direccionar el gasto clientelar de manera muy eficiente pues ayuda a garantizar un rédito político muy alto en función de la baja población del municipio y también del bajo nivel de ingreso que hace que este tipo de estrategia sea particularmente efectiva. En el caso del Distrito Capital (Chacao, El Hatillo, Sucre y Baruta) y los otros 23 estados del país, el sistema electoral es modificado para garantizar un sistema proporcional de 2 puestos por cada entidad. En principio, la adopción de este sistema proporcional con un tamaño de dos puestos por estado federal implica que los dos candidatos más votados, aún siendo de partidos diferentes, tendrán una probabilidad muy alta de ser seleccionados. Tanto el chavismo como la oposición (en caso que ambos coordinen sus candidatos adecuadamente) se repartirán con una probabilidad muy alta equitativamente estos puestos de representación, al menos que la oposición logre en algunos estados más que duplicar la votación del chavismo o viceversa. En cuanto al municipio Libertador, el número de representantes aumenta a 7 puestos, los cuales también serán seleccionados a través de un sistema de representación proporcional.

En términos generales, el sistema electoral descrito en las bases comiciales implica que para poder ganar la mayoría de la Asamblea Nacional Constituyente, tanto el gobierno como la oposición, van a tener que ser muy competitivos en los municipios menos poblados del país. Los incentivos creados por el sistema electoral son muy claros: dada la sobrerrepresentación que tienen estos municipios serán estas pequeñas entidades las que hagan la diferencia. Esto amerita una buen simulación para estimar el efecto de este sesgo. Por otro lado, el haber fijado en 2 puestos por estado el tamaño de los distritos con un sistema proporcional, le asegura al gobierno que aun sin ganar la elección mayoritaria en las distintas entidades federales tendrá garantizado por lo menos la mitad de los curules. Tan sólo si la oposición dobla su votación puede mitigar este otro sesgo, algo que quizás logre en estados como Táchira o Zulia, pues en estos casos se llevaría ambos puestos a pesar de la proporcionalidad.

El resto de la Asamblea Nacional (prácticamente un tercio) será seleccionado a través de un sistema corporativista sectorial. El sistema electoral es por lista, pero queda por definir si el sistema es uno en el que se seleccionan los más votados individualmente o por planchas presentadas por grupos diferentes. Lo más sorprendente de este sistema es que adopta un esquema de representación sectorial (la circunscripción territorial tan solo se mantiene para la elección de los indígenas) e introduce un registro electoral para cada uno de los sectores (que no es un registro que está en manos del Consejo Nacional Electoral). La definición de los electores para cada uno de los sectores probablemente dependa de otros registros distintos al padrón existente: un registro que está en control de otras instancias gubernamentales y sociales (como por ejemplo el seguro social, inces, cámaras, gremios, etc). Por lo tanto, estos registros no han sido auditados por la autoridad electoral y se asumen como perfectamente representativos del sector seleccionado. Sorprende igualmente la arbitrariedad en la escogencia de los sectores (estudiantes, empresarios, pescadores y campesinos, discapacitados, comunas, trabajadores y pensionados) pues se excluyen otros que tanto por su tamaño como por su pertinencia social son igualmente importantes (academia, trabajadores informales, microempresarios, amas de casas y comunidad LGBT). La implementación de este sistema va a ser un dolor de cabeza para el Consejo Nacional Electoral, pues su adopción es cuestionable tanto por la integridad de la base electoral como por su representatividad. Este sistema es tan absurdo que en un país que se hace llamar socialista los empresarios van a tener más votos que un LGBT o una ama de casa. Todo esto sin mencionar el carácter corporativista y por lo tanto antidemocrático de semejante esquema de representación política.

El tercer bloque de comentarios se refiere a la inclusión en la base comicial del estatuto de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999 como las reglas que deben en principio regir provisionalmente el funcionamiento de la nueva constituyente. Este estatuto establece claramente que todos los poderes públicos que están en funcionamiento quedan sujetos a esta instancia por lo que pueden ser suspendidos mientras culmina el proceso de redacción y la entrada en vigencia del nuevo texto constitucional, tal como ocurrió con el Congreso de la República que fue electo en 1998 y que luego fue sustituido por la nueva Asamblea Nacional electa en el año 2000. Aunque las bases comiciales no establecen la fecha de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, tanto el Presidente como la Presidenta del Consejo Nacional Electoral han dicho que se realizará a finales de julio. Ambas autoridades también han hecho saber su intención de aceptar la convocatoria de las elecciones para gobernadores a finales de este mismo año. Esta decisión seguramente planteará un dilema para la oposición sobre si participa o no en este proceso (ya algunos líderes partidistas han anunciado su decisión de no avalarlo), pues sería percibido como contradictorio renunciar a participar en la Asamblea Nacional Constituyente y aceptar simultáneamente competir en las elecciones regionales de diciembre. Esto implica una gran disyuntiva política para la oposición y la decisión marcará sin duda un antes y un después.

El principal desafío del gobierno es demostrar internacionalmente pero también dentro de las mismas filas del chavismo, sobre todo entre los grupos insatisfechos, que una constituyente sin controles democráticos ex-ante y ex-post es verdaderamente legítimo; pero sobre todo que es perfectamente chavista y protectora del “legado del comandante”. La oposición enfrenta otro tipo de desafío, más ahora que el gobierno propone un cronograma electoral tanto para la constituyente como para las regionales. Este desafío es el que debe poder comunicar con eficacia y coherencia tanto en el exterior como en sus bases de apoyo ciudadano —independientemente de su decisión sobre su participación—, el quiebre del funcionamiento de la democracia y el Estado de derecho en el país.

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