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Opinión

Si los que ocupan actualmente el poder exhibiesen la cordura de un ser “normal”, hace rato que se hubieran marchado ante un repudio tan persistente y abrumador como el manifestado por la población venezolana en su contra. En fin de cuentas, lo que se les exige no tiene vuelta atrás: elecciones, libertad para los presos políticos, respeto al ordenamiento legal de la Constitución y canales para la ayuda humanitaria. Pero, como se ha evidenciado tan trágicamente desde el 19 de abril, su respuesta ha sido la represión más brutal y desproporcionada de manifestaciones desarmadas y pacíficas, con más de cuarenta muertos, la casi totalidad de ellos jóvenes que apenas iniciaban sus vidas de adulto.

Tanto salvajismo y crueldad es propio de una secta perversa, que es en lo que ha devenido el chavo-madurismo. Es la forma que asume el fascismo en su fase de implosión. Vaciado ya de contenido popular, ahíto de entusiasmo, incapaz de insuflarle ilusiones a nadie, languidece como un cascarón de clichés y diatribas al vacío. Trata de revivir su época dorada, cuando Chávez insultaba a todo el mundo, prometía el oro y el moro, y la masa ensimismada le aplaudía. Hoy, ese cascarón cobija, dentro de una burbuja construida a base de falsedades repetidas hasta el cansancio, a demagogos populistas insensibles que asesinan para mantenerse en el poder. Los recluye de un país real que airadamente increpa sus fantasías y les exime de tener que enfrentar la dimensión de sus ultrajes.

El constructo ideológico del neofascismo chavo-madurista se apoderó hace años de la mitología comunista. Con ello pretendió arrogarse una supuesta “supremacía moral” que, según el imaginario de izquierda, acompaña a quienes se proyectan como “luchadores contra la opresión” y “campeones del pueblo”. Y Chávez respondió en buena medida a las expectativas a que ello dio lugar mientras la bonanza petrolera le proveyó de abundantes recursos para repartirlos entre la población, a la par que destruía la capacidad productiva interna y desmantelaba las instituciones del Estado de Derecho. Ahora, cuando los terribles padecimientos de quienes se profesaban ser el objeto de sus luchas desnudan la impostura de tales pretensiones, causa estupor la insistencia con que la dirigencia chavo-madurista se aferra al mismo discurso. Pero no tienen de otra. El dispositivo expoliador que lograron armar a espaldas de la constitución y las leyes no tiene cómo justificarse en un debate democrático abierto. Por tanto, se refugian en sus disparates “redentores” para escamotear la realidad con su propaganda. Pero en un retruque paradójico de las prácticas Goebbelianas que tanto se esmeraron en dominar, ahora que todo está perdido nadie se deja embaucar por sus falsedades. Solo ellos se aferran a éstas. Y no es que realmente crean sus imposturas: es que constituyen el único refugio que les queda para evadir el implacable juicio que de ellos han hecho los venezolanos. Evocando grandes épicas anti-imperialistas, masajean su propio ego y el de una cúpula militar gorila que los resguarda de la ira popular, para así poder continuar depredando al país sin remordimientos, a pesar de sus terribles consecuencias.

Pero se les hace cada vez más cuesta arriba sostener su teatro. Ante las masivas manifestaciones exigiendo la restitución del hilo constitucional, el cese a la represión y el cambio de gobierno, el chavo-madurismo se ve obligado a malversar dineros públicos para que centenares de autobuses acarreen suficiente gente desde distintos rincones del país, con el fin de montar una ficción de “pueblo” en sus actos. Y ese “pueblo-a-juro”, traído a la fuerza como nos lo hizo patente la directora del Seguro Social, lo anteponen al mayoritario repudio de la población que, por contraste, no es pueblo sino un hatajo de terroristas y desadaptados. Para remachar esta aberración, se exhiben bailando para pretender que todo está normal, obviando cruelmente que la “normalidad” que defienden se construye sobre el asesinato de venezolanos que claman por sus derechos. En su torpeza más reciente -no aprendieron nada de las sentencias 155 y 156 del tsj espurio, buscan legitimar una Asamblea Constituyente corporativa, al mejor estilo fascista, con esa ficción de “pueblo”. Los delegados a ésta sólo serán designados de organismos bajo su control, desconociendo así la soberanía popular consagrada en el artículo 5 de la Constitución y la voluntad que ésta depositó en la Asamblea Nacional. Si lo del tsj enardeció a la población, hoy existe la convicción de que Venezuela no tiene vuelta atrás hasta sacar a estos usurpadores sanguinarios.

Se nos ha encaramado una oligarquía sumamente cruel e insensible, dispuesta a mantenerse en el poder a toda costa. Su razón de existir -la expoliación de la riqueza social del país- los lleva a enfrentar irremediablemente a los venezolanos y a condenarlos a niveles crecientes de miseria y desamparo. Se trata de una dictadura de nuevo cuño, refractaria a toda pretensión de actuar en apremio a situaciones de emergencia como excusa para sus desmanes y atropellos. Se despojan de todo talante de racionalidad política para alardear que el país es de ellos, de la secta, y que de ahí no los saca nadie. Le declaran la guerra al país. Y están claros de que sus perspectivas de éxito penden de la cohesión que pueda brindarles la ideología fascio-comunista y de la complicidad de estamentos corruptos de la cúpula militar. De lo contrario, perderán la manguangua que tanto han disfrutado.

De ahí que, en la medida en que se ven acorralados, huyen hacia adelante. Cuando ya nadie duda del carácter fascista del régimen, se desgañitan acusando a las fuerzas democráticas de “fascistas”. La cabeza del gorilismo, el Gral. Padrino López, invoca a Zamora para proyectar a la fuerza castrense pro-chavista de “anti-oligárquica”, cuando ésta constituye el pilar principal de la nueva oligarquía expoliadora. Someten a civiles demócratas a tribunales militares, montándoles un expediente falso para acusarlos de “traición a la patria”, cuando la vil entrega que han hecho de Venezuela a la dictadura castrista de Cuba está a la vista de todos. El reposero que hoy ocupa la primera magistratura se la pasa alardeando de ser un “presidente obrero”, la canciller pendenciera anuncia que Venezuela saldrá de la OEA “en defensa del pueblo” y personeros tan conspicuos del fascismo criollo, como Diosdado y El Aissami, aparecen denunciando a una “ultraderecha terrorista” que busca derrocar a la “revolución” (¡¡!!). Desesperados, buscan proyectar en la oposición las lacras que los distinguen, en la vana ilusión de que los referentes de “izquierda” le darán el amparo de la Historia (con mayúscula) que absolvería sus crímenes.

En octubre de 1968, bajo la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, las fuerzas represivas del Estado Mexicano (granaderos) abrieron fuego a mansalva contra estudiantes agolpados en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco en demanda pacífica de mayores libertades, la democratización del país y la reforma de las universidades. Masacraron a unos 267 jóvenes y dejaron 1.200 heridos. Tan bárbara y salvaje acción quedó grabada en la memoria latinoamericana como una de las acciones más oprobiosas y criminales de represión que haya visto la región. Particularmente, quedó como condena desde la izquierda a la “dictadura perfecta” del PRI. Recogida en una canción del cantautor chileno, Ángel Parra (México 68, https://www.youtube.com/watch?v=yRT7QCzNcLc), dice en uno de sus versos:

¿Cómo harán los granaderos, cuando llegan a sus casas?

¿Amarán a sus mujeres, con manos ensangrentadas?

Pero esas manchas no salen, ni con jabón, ni con agua.

Te pregunto, granadero: ¿con qué has pensado lavarlas?”

Pues, la secta enferma que hoy mata a jóvenes venezolanos -ya van más de 40 durante el último mes, otros 40 y tantos en 2014- pretende lavar las suyas ¡invocando cínicamente el historial de luchas, tan caras a la izquierda, por la cual dieron su vida los estudiantes mexicanos! En esta hora tan menguada para su malhadado proyecto, busca resistir la ofensiva popular escamoteando sus crímenes tras una mampara moral “revolucionaria”. No le demos el gusto a la oligarquía milico-civil de evadir el juicio de la historia con tales imposturas y llamémosla, junto al despotismo de la gerontocracia cubana de la que ha sido tan servil, por el nombre con que la humanidad ha maldecido para siempre crímenes de esta naturaleza: ¡¡fascistas!!

Economista, profesor de la UCV.

humgarl@gmail.com

 6 min


Día tras día recorro en Twitter las imágenes de Venezuela. Siento una indignación infinita acompañada de un sentimiento no menos abismal de impotencia. El criminal régimen de Maduro (con sus narcomilitares y sus socios cubanos) somete a la población a una guerra de desgaste, terror y plomo: los mata lentamente de hambre, desnutrición, insalubridad, desabasto, inflación, miseria; los priva de sus libertades; los reprime sin tregua, los acosa, encarcela y asesina. Y, por si fuera poc baila en sus tumbas. Frente a esa agresión directa, cínica y deliberada, la inmensa mayoría de los venezolanos se ha levantado, pero no con granadas en la mano, sino en una marcha incesante y pacífica cuyo arrojo –estoy seguro– no tiene precedente en la historia latinoamericana. Saben que no hay opción. Deben hacerlo día tras día: les va la vida, la presente y la de las futuras generaciones.

En muchos episodios trágicos de la historia (genocidios, matanzas, guerras), solo unas voces levantaron su protesta. Los gobiernos que pudieron intervenir se alzaron de hombros. No les faltaba información, les faltaba voluntad. Al terminar los conflictos, el mundo comenzó a tomar conciencia de la dimensión y la naturaleza de los crímenes. Pero siempre tarde. Ningún pueblo salva a otro. Ningún hombre salva a un pueblo. Ningún hombre salva a un hombre. Los pueblos y los hombres solo se salvan a sí mismos.

Si estuviera en sus manos, el régimen venezolano establecería campos de concentración y exterminio. Su desprecio frente a los que no están con ellos (que ahora son legión) es el mismo que el de los nazis o los estalinistas: los “otros” no son realmente humanos, son “escuálidos”, palabra atroz que denota ya una voluntad de hambrearlos hasta la muerte.

Por fortuna, la OEA (encabezada por el valeroso Luis Almagro) levanta la voz. Por fortuna hay gobiernos como el peruano, el argentino o el brasileño que han llamado a las cosas por su nombre: Venezuela es una sangrienta dictadura frente a la cual el bravo pueblo (nunca más digno de la letra de su Himno Nacional) ha decidido rebelarse sin armas. Solo con las armas de la razón y el derecho. Y con un solo fin: restablecer la democracia, celebrar elecciones, liberar a los presos, reconciliar a la familia venezolana.

Es una decepción que los gobiernos restantes de América (no me refiero a los satélites de Cuba y de la propia Venezuela) no se pronuncien de manera mucho más enfática. Es una vergüenza que un sector influyente de la izquierda latinoamericana y europea cierre hipócritamente los ojos ante esta tragedia e incluso apoye a Maduro: por lo visto, una dictadura de izquierda merece ser vitalicia. Y es una paradoja cruel que el primer papa latinoamericano, papa Francisco, repita (con su distraída tibieza o su tácita complicidad) la historia de Pío XII y otros pontífices que fueron indulgentes con oprobiosos regímenes dictatoriales.

Impotencia y rabia, es lo que sentimos los amigos de la democracia venezolana. Pero también admiración por el bravo pueblo (sus mujeres, sus ancianos, sus jóvenes heroicos) que se juega la vida en las calles. Aunque escribí un libro sobre el delirio del poder chavista, aunque me acerqué a Venezuela como una segunda patria (acaso la más sufrida de la patria grande latinoamericana) no tengo recetas que dar a mis amigos venezolanos, a los que conozco, admiro y quiero, y a los que no conozco pero también quiero y admiro.

Mi única reflexión es esta: piensen en la luz al final del camino. Fijen la mirada en aquel futuro en el que Leopoldo López esté libre, cuando la democracia se restablezca. Entonces –les aseguro– su ejemplo heroico concitará la adhesión de muchos pueblos (que ahora viven, como el mexicano, sumidos en sus propios y abismales problemas). Millones de personas que se precipitarán a apoyarlos y alentarlos en la tarea de reconstrucción. Y, lo más importante, cuando llegue el día, ustedes habrán conquistado la libertad responsable que les permitirá cuidar y explotar los recursos providenciales de su país en un marco de civilidad y paz, completamente inmune a los demagogos y dictadores.

Muchos pueblos masacrados en la historia no tuvieron mañana. Ustedes sí.

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/mensaje-bravo-pueblo_182355

 3 min


I.

El país se encuentra en crisis. No lo niega ni el propio gobierno, aunque lo atribuya siempre a causas que no caen dentro de su responsabilidad. El país es un desmadre, y perdónese esta palabra usada por los mexicanos, tan poco elegante en cuanto a su sonido, pero tan cabalmente apropiada para señalar una situación en la que algo se sale de su cauce habitual. Venezuela es un ejemplo, según lo reflejan las estadísticas, no las del Gobierno, desde luego. Pero lo refleja, sobre todo, la vida personal de cada venezolano, convertida en una tragedia descrita por la violencia, la escasez de alimentos y medicinas, la inseguridad, la incertidumbre, la angustia y no sigamos porque la lista es larga y desoladora.

Ante lo anterior, asombrosamente (¿asombrosamente?), el Presidente Maduro ha reaccionado convocando a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Lo ha hecho a la brava, no solo esquivando las normas vigentes, auxiliado por interpretaciones rebuscadas, sino, peor aún, contrariando el más elemental sentido común democrático.

Nos propone, así pues, una iniciativa que a la postre deberá terminar en una Constitución Nacional, redactada conforme a un mapa previamente elaborado por el Presidente y sus asesores, basado, pareciera, en un manuel de sobrevivencia política, y que, según se ha dicho con argumentación irrebatible, desmejora visiblemente el país trazado en la Carta Magna del año 1999. Para no redundar en lo que ya se ha opinado al respecto, diré, apenas, que tendríamos un texto elaborado desde el sectarismo oficialista, a partir de electores cautivos (nuevos sujetos políticos sociales y políticos, en la jerga oficial) que menoscaba la democracia y reitera con fuerza la vigencia del modelo del Socialismo del Siglo XXI, de cuyos pobres resultados ya se tiene una muy amplísima prueba.

II.

Imposible, a todas éstas, quitarse de la cabeza la idea de que la ANC le sirve al Gobierno de mampara para tratar de esconder el trance en el que se encuentra el país. Y, sobre todo, ocultar el objetivo central que lo mueve, esto es, seguir siendo gobierno a como dé lugar, dicho esto último de manera literal.

Así las cosas, la ANC no sólo no resuelve los problemas que agobian a nuestra sociedad, sino que los empeora. Pone la linterna en la presunta deficiencia de la Constitución vigente para encarar tales problemas, sugiriendo, piensa uno, que la misma ha impedido que la inflación baje, se desarrolle la agricultura, se castigue la corrupción, mejore la educación o se reduzca nuestra tasa anual de homicidios, entre las primeritas del planeta. Pone la linterna allí, digo, en vez de colocarla en la gestión de un gobierno que se ha equivocado en su diagnóstico y en sus soluciones, llevado siempre de la mano de un galimatías ideológico que ha inspirado planes y políticas voluntaristas, además de dogmáticos, que suelen correr en paralelo con la terca realidad.

E, igualmente, saca del foco a las elecciones, ese invento de la democracia que a partir de la aritmética, sirve para dirimir diferencias, marcar preferencias y determinar futuros posibles para una sociedad. Teniendo siempre por delante las encuestas, el gobierno lleva largo rato rehuyéndolas, contando siempre con la colaboración del CNE, el TSJ y hasta de la propia Contraloría. Ahora, y para guardar una cierta apariencia republicana, ha convocado a la realización de la ANR, a sabiendas de que es la única consulta en la que puede triunfar, porque está construida para que ello ocurra así.

III.

No puede ser que alguien considere seriamente que la ANC pueda ser el remedio. En las actuales circunstancias y dada la naturaleza de nuestras dificultades, es una calle ciega, sobre todo si el país no termina de tener un horizonte electoral claro. En abril y lo que va del mes de mayo han muerto cuarenta venezolanos como consecuencia de la represión a las protestas populares. ¿No es suficiente mensaje para quienes tienen en sus manos la posibilidad de que en el país se solventen los problemas y zanjen las diferencias de manera democrática y en paz?.

El Nacional, viernes 12 de mayo de 2017

 3 min


15 de mayo de 2017

Dra. Luisa Ortega Díaz:

Como profesional que ejerce el derecho penal –guardián de la libertad de las personas– y, por ello, en contacto permanente con el Ministerio Público, hoy bajo su dirección y responsabilidad, he reclamado no pocas veces por actuaciones suyas o de sus fiscales, que he considerado no apegadas a la ley, reconociendo, a la vez, el esfuerzo y la dedicación de los honestos funcionarios de ese despacho que laboran en condiciones de absoluta limitación y sin posibilidad de dar respuesta a los requerimientos de su oficio.

Usted, por mandato de la ley, tiene a su cargo garantizar el respeto a los derechos y garantías constitucionales.

En desacuerdo con acciones de la Fiscalía en estos años, sin embargo, no puedo menos que expresarle ahora, como ciudadano y como abogado, integrante por tanto del sistema de justicia, que comparto sus más recientes declaraciones, tajantes e inequívocas, sobre la ruptura del hilo constitucional por parte de los magistrados de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, su exigencia de respeto al derecho de protesta y su justo reclamo por la sujeción irrestricta al debido proceso que, ni siquiera en estados de excepción, puede ser restringido.

Esta es y solo esta, puede ser la posición del Ministerio Público, de acuerdo con el mandato de nuestra Constitución, ahora objeto de la más burda y alevosa amenaza de la fraudulenta convocatoria de una “constituyente popular” que se ha propuesto arrebatarle al pueblo el poder originario para expresar su voluntad a los fines de modificar sustancialmente el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico, lo cual, como está planteado, cercena nuestro derecho a la democracia en su verdadero sentido y alcance.

Como usted claramente lo ha percibido y se infiere de sus declaraciones, es necesario reaccionar ante tan graves intentos de desestabilización de nuestro sistema de libertades y afectación de las instituciones, incluido el Ministerio Público, marginado del ejercicio de la acción penal en su función investigadora por parte de cuerpos de seguridad militar que detienen sin orden judicial, sin flagrancia, bajo amenazas, con declaraciones de informantes anónimos, todo ello en franca violación del derecho a la libertad y al debido proceso.

Sus advertencias, ciudadana fiscal, han sido oportunas y usted, al formularlas, ha cumplido con su deber. Le corresponde actuar en consecuencia y hacer valer sus atribuciones como garante de la legalidad en un Estado de espaldas al derecho.

No basta con esos señalamientos. Tiene usted en sus manos la posibilidad de enderezar el camino y los entuertos de la justicia, intentar acciones contra los transgresores y responsables por hechos graves de violación de la Constitución y de los derechos humanos, por supuesto, con absoluto apego a las garantías legales.

Sin pretensiones retóricas, ni simples fórmulas de ocasión, por la imperiosa necesidad ciudadana de rescatar la institucionalidad y la paz pública, constituye una verdadera urgencia, para lograr que aparezcan vestigios de justicia que cierren el camino a los atajos de la violencia y de la venganza, la actuación oportuna y apegada a las normas del ejercicio del elevado cargo de servicio público que usted ejerce, en beneficio de toda la colectividad.

En estos momentos, sin más, la sociedad le solicita, ciudadana fiscal, que de nuevo le exija al Ejecutivo garantizar el derecho a la protesta; que investigue la actuación de los cuerpos policiales y de los grupos armados paramilitares; que lleve a juicio a los acusados por las lesiones o muertes alevosas que han ocurrido en la manifestaciones y marchas que han debido ser protegidas por el Estado y que reclame con la mayor firmeza, una vez más, por el atropello que implica el sometimiento de civiles a la “justicia militar”.

aas@arteagasanchez.com

 2 min


Alberto Hernández

Crónicas del Olvido

1.-

Por años, tantos que he llegado a una edad casi sagrada, he tratado de no perder el equilibrio, toda vez que le temo a las alturas. El vértigo de estos días consume por completo la salud de los que están afuera y de los que me habitan, esos que muertos continúan respirando el tiempo y la desmemoria.

Confieso que he llegado a un lugar donde mi inutilidad es más que famosa. Inepto para ejecutar ciertas empresas, prefiero acaecer a la orilla de los hechos, como un simple curioso, sin dejar de pensar y morigerar algunas acciones.

Se me reclama que debo incendiar el cielo, que no debo descifrar el mensaje de quien me lanza palabras en otro idioma. Reconozco que no tengo madera de héroe, prefiero el silencio, la muerte lenta a configurar el rostro de una estatua.

Como mi corazón es una bomba que se declara casi inservible, prefiero los afectos, en procura de que el infarto no sea masivo. La vida es tan cambiante que la muerte no tiene necesidad de hacer preguntas. Prefiero el equilibrio, cuestión harto difícil pese a los reclamos y demás fantasmas de utilería. No se trata de contemplar el paisaje y luego plasmarlo ante los ojos de quienes abundan en inteligencia, acciones y desplantes. Por eso los retratos en el pasillo de mi pequeño espacio de sueños.

A veces aparece la soberbia. Trato de apartarla de un manotón. Mosca de la incertidumbre, intenta desviarme de lo que busco como país, el que llevo a todas partes sin necesidad de anunciarlo.

2.-

Un día, que fueron muchos, abandoné la casa y me dejé tullir por lo que tenía ante los ojos. Asomo esta biografía porque no sé hacer otra cosa que decir desde lo que he sido y soy: un personaje de poca taquilla, un personaje que se llena con lo que hacen los otros. Maquillado con la estirpe de los fantasmas que he logrado disipar, no me angustia el silencio, todo lo contrario, comparto con él lo que no me da, pero sí lo que me aporta como despropósito a la mirada de los demás. Ese día —que fueron muchos— perdí la brújula, la inocencia, la locura fue un sendero seguro, hasta dar con mis huesos en la Puerta de Alcalá, en una pequeña celda de Carabanchel, donde estuvieron los asesinados, los martirizados del fascismo español, los comidos de los gusanos de los camisas grises, herencia de la Italia de Mussolini, los que cantaban “Cara al sol” y se orinaban en la cara de Goya. Ese país lo llevo bajo las costillas, resonando como un tambor. Pero antes, mientras la democracia se aturdía en aquella década que comenzaba, fueron ratos de miseria en los ojos y en la boca. El crimen casi me alcanza en la herida redonda de un policía. El odio formaba parte de aquella dilatada adolescencia: nadie podía escapar de ese país que aún se siente en el protagonismo del poder. ¿Cuántos sueños quedaron en la costa africana mientras me veía en los ojos de un niño marroquí, siendo yo casi niño, y la muerte se anunciaba en la sífilis de una hermosa prostituta caída en la arena del Mediterráneo?

Entonces tenía un país invisible.

3.-

Ahora, cuando ya se han agotado tantas cosas, aparece un país angustioso, derivado de muchísimas desviaciones de otros días dejados atrás. Se habla de una herencia, de los desaguisados cometidos por un poder donde las ganancias iban a un solo lado. Como hoy, como siempre.

Cosa cierta. Un país que se debate entre el ruido y la búsqueda de la utopía que Thomas Moro no supo ubicar. Porque las utopías, por eso son utopías, son irrealizables. A quién no le gustaría regresar al paraíso de Adán y Eva, pero con papel higiénico y música compacta. A quién no le gustaría retornar a aquella infancia donde éramos el centro del universo.

El hombre es la medida de su hombría, de la justicia que aprendió en la casa. El hombre es la medida de su inteligencia, la que encontró en cada asombro. Allí radica el equilibrio. La tolerancia —qué esfuerzo para lograrla, toda vez que es un sacrificio— podría ser el equilibrio. Tolerar es aguantar, soportar. Debería cambiar el maquillaje.

Quien no lo logre tendrá que batirse con los fantasmas del pasado y con los monstruos que la historia re-crea para su beneplácito.

Y todo porque la poesía tocó a la puerta y se le dio entrada. Las monsergas, el enredo de los discursos traen más confusión. Esta Babel nos es propia desde que somos nación. Pero se impone, desde el espíritu, no desde la calle, un lugar para reflexionar, pensar lo que somos y lo que no somos. Pensar en lo que nos han convertido. Porque aún no hemos logrado disipar la soberbia y la prepotencia. Si no hemos asimilado los dictados del tiempo, mucho menos podremos aprender del equilibrio. Allá abajo, donde los espectadores esperan la caída, hay alguien que corre por una malla de circo.

No es fácil el país que soñamos. Pero casi imposible el que tratamos de arrancarnos con cuchillos, el que se abate en el barro de nuestro odio, de los amores que reclaman la hora y se pierde en su propio ahogo.

Así, ni el equilibrio ni los sueños. Sólo pesadillas.

 4 min


“El concepto de constituyente en nuestra Constitución va mucho más allá de una Asamblea Constituyente, se trata del poder del pueblo para crear, recrear, fundar y refundar patria, para ejercer soberanía de manera permanente con la Constitución como instrumento fundamental de trabajo, como guía de navegación para esta generación y las que se están formando”.

Estas son palabras del entonces Vicepresidente Nicolás Maduro[1] cuando, en el año 2012, anunció la estrategia oficialista denominada Proceso Constituyente para el Segundo Plan Socialista[2], a través del cual el gobierno diseñó una metodología para divulgar el Programa de la Patria, presentado por Hugo Chávez en junio de 2012, buscando construir un Plan de Desarrollo que mediáticamente respondiera a un proceso de consulta popular.

Por cierto, es oportuno recordar, que ese Proceso Constituyente pretendió servir de referencia y marco para la campaña de los candidatos a gobernadores y alcaldes del oficialismo. Precisamente a Nicolás Maduro, actuando como Vicepresidente de la República, le correspondió el lanzamiento oficial de esa estrategia política.

Los profesores de Derecho Público de distintas Universidades del país, mediante un documento público, denunciaron que ese Proceso Constituyente era una estrategia para equiparar la consulta del Plan de Gobierno con un proceso creador y constituyente, similar al que se realizó en el año 1999.

Además, advirtieron que, con esa táctica de consulta, el gobierno buscó modificar la Constitución de 1999, mediante la aprobación de un Segundo Plan Socialista de la Nación, que se presentó como un documento político y jurídico equivalente a la Constitución o del mismo rango constitucional, buscando sustituir en la práctica al texto constitucional vigente[3].

Los profesores universitarios concluyeron, en aquel documento, que con el Proceso Constituyente para la aprobación del Segundo Plan Socialista el gobierno simplemente avanzó en la promoción y en el intento por consolidar el Estado Comunal Socialista Centralizado.

El resultado de aquella estrategia se concretó con la publicación del Plan de la Patria 2013-2019 en Gaceta Oficial Extraordinaria del 4 de diciembre del 2013, a través del cual el gobierno, aliado con la Asamblea Nacional de ese momento, vendió la idea, falsa, de que había aprobado un nueva ley, cuyo contenido debería asumirse como obligatorio[4].

Es importante acotar, que el Presidente tiene la atribución de presentar un Plan de Desarrollo y que la Asamblea Nacional, tiene la potestad de aprobarlo, pero ello no significa en ningún momento que el Plan de la Patria haya sido aprobado como Ley vigente de la República.

La ruptura del orden constitucional, denunciada y declarada por la Asamblea Nacional, sin duda alguna, pone en evidencia el fracaso y el engaño de aquél objetivo, que según los medios públicos, buscaba aquél Proceso Constituyente de 2012, que vendió la idea de trabajar para la extensión y profundización de la Constitución.

En 2012 la Asamblea Nacional fue reconocida como Poder Público legítimo para concluir un supuesto proceso constituyente; años después, luego del resultado electoral del 2015, la imposibilidad política de manipular la autonomía del Poder Legislativo da origen a la tesis del desacato.

Nuevamente la palabra Constituyente aparece en la hoja de ruta del gobierno, nada nuevo, es una reedición de acciones del pasado, pero que en esta oportunidad pretende manipular otro mecanismo constitucional.

Por cierto, en el pasado, hay dos hechos que demuestran la manipulación política del término Constituyente, a saber: la realización en el año 2014 del Congreso Constituyente de Movimientos Sociales, Ambientales y Ecologistas por la Paz y la Vida, cuyo objetivo no era otro que conformar un Gran Movimiento Unitario, desde la construcción de un programa común en el marco del Plan de la Patria[5].

Otro antecedente ocurrió en el año 2005, cuando impulsaron una estrategia denominada Constituyente Municipal[6], que hoy podría valorarse como uno de los antecedentes del denominado Poder Popular[7].

Este nuevo intento por manipular el tema de la legitimidad popular es confuso, porque convierte a la Asamblea Constituyente en una excusa política para imponer un supuesto diálogo nacional, bajo los términos y condiciones unilaterales del gobierno nacional, buscando además, como consecuencia adicional, la posibilidad de retomar la reforma constitucional que fue rechazada en el referendo del año 2007.

En este sentido, llama la atención que Aristóbulo Istúriz califique la Constituyente como una generosidad del Presidente y como una alternativa por los hechos violentos para evitar muertos y confrontación.[8] Por su parte, Elías Jaua reconoce que ante la imposibilidad de no tener con quién conversar, han tenido que activar ese nuevo mecanismo[9].

Es así como el diálogo nacional aparece como uno de las razones en las cuales se busca justificar la convocatoria a la Asamblea Constituyente en el número 1 del Decreto presidencial del 1 de mayo de 2017, en el cual se plante que la Constituyente es una gran convocatoria de diálogo nacional para contener la escalada de violencia política, el reconocimiento político mutuo y la reorganización del Estado, pero claramente agrega que esa reorganización supone asumir el modelo de Estado Comunal rechazado en el Referendo que negó la reforma de la Constitución en el año 2007.

El engaño y el fraude de esa convocatoria, unen las voces de la Conferencia Episcopal Venezolana, de la Mesa de Unidad y de la Asamblea Nacional, quienes a través de distintos documentos, han coincidido en rechazar de manera contundente esa maniobra del gobierno, que nuevamente pretende estafar la voluntad del pueblo soberano.

La sociedad civil organizada, tiene en esos documentos publicados y divulgados por el sector religioso, político e institucional, el más adecuado y completo desarrollo jurídico y político de las razones de fondo y de forma que llevan a calificar de engaño y fraude la convocatoria que ha hecho el Ejecutivo Nacional a una Asamblea Constituyente.

La presión de calle debe tener entre sus componentes una sistemática campaña de debates y discusiones políticos orientados a divulgar, apoyar y respaldar el contenido político y jurídico que los actores señalados previamente han expresado para rechazar la supuesta Constituyente; no olvidemos que en el año 2007, la estrategia de salir a la calle y vencer la reforma constitucional con debates, asambleas y calle, resultó exitosa.

¿De qué constituyente estamos hablando? ¿Cómo ir a una Constituyente en un país donde el convocante desconoce al Poder Legislativo? ¿Cómo creer en un gobierno que ignora las necesidades elementales de los ciudadanos: agua, comida y medicinas?

La palabra final está en manos de los ciudadanos organizados.

[1]El Universal. Gobierno inicia proceso constituyente para elaborar un plan socialista. 10 de noviembre 2012. Online en: http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/121110/gobierno-inicia-pr...

[2]Noticias24.com Dirigentes oficialistas iniciaron el proceso constituyente para el segundo Plan Socialista 2013-2019. 10 de noviembre 2012. Online en: http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/135137/dirigentes-oficialist...

[3] 14 de diciembre 2012. Online en: http://www.soberania.org/Articulos/articulo_8006.htm

12 de mayo de 2017

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Hay dos hechos incontrovertibles: 1-La sociedad venezolana no se ha doblegado, ni se doblegará y 2- Este régimen fracasó como administrador de nuestros valiosos recursos humanos y como transformador en riqueza de nuestros grandes recursos renovables y no renovables. A quienes creyeron en un proyecto político utópico, supuestamente autóctono y diferente a los descalabros políticos y económicos de Cuba y otros, solo les queda reconocer que estaban equivocados y volver al redil de la democracia.

Quienes desde un inicio adversamos esta llamada “revolución”, también debemos tomar consciencia de dos circunstancias: 1- Que el régimen está muy debilitado, pero todavía tiene poder de maniobra y 2- Que sin el concurso de muchos de quienes hasta ahora lo han apoyado y no tienen las manos manchadas de sangre o de dinero mal habido, no será posible la reconstrucción del país.

Si ambos grupos se ponen de acuerdo para diseñar una transición, tendremos un desenlace feliz a corto plazo. Si, por el contrario, cada uno permanece en su trinchera entonces la solución tardará mucho más y con elevado costo en vidas, exilio de talento y mayor deterioro del aparato productivo.

El régimen se está hundiendo, pero si no lo sustituimos a la brevedad posible nos terminará de hundir a todos. Por razones de supervivencia es necesario llegar a entendimientos. Desde luego que ello no es posible con Maduro, El Aissami, Jaua, Diosdado, Jorge Rodríguez, Padrino López o con un Reverol, pero sí con algunos que han estado en el gobierno.

¿Acaso el asesinato de tantos venezolanos, la mayoría de ellos jóvenes, no amerita llegar a entendimientos para enfrentar conjuntamente a Maduro y a su atajo de corruptos y violadores de derechos humanos? ¿Acaso el hambre y la escasez de medicinas pueden pasar desapercibidas? Las protestas en las calles deben seguir, pero entendamos que si no hay una confluencia de voluntades, la represión desatada por Benavides Torres y Reverol continuará.

Aceptemos que nunca es tarde. Inicialmente una mayoría de venezolanos votaron por los rojos, pero gradualmente esa mayoría se fue erosionando hasta ser una muy pequeña minoría. También recordemos que hasta hace poco nuestra dirigencia, salvo las excepciones de Antonio Ledezma, Oswaldo Álvarez Paz y otros, estuvieron equivocados al pensar que se podía cohabitar con los rojos y solo recientemente reconocieron que había presos políticos y que estábamos frente a una dictadura. Algunos tildaban a Borges, Capriles y a Ramos Allup de colaboracionistas, pero hoy deben reconocer su valioso aporte a la lucha por la democracia.

Igualmente, muchos que fueron destacados partidarios del oficialismo ya no lo son y debemos aceptarlos con respeto. Por ello, estamos convencidos de que nunca es tarde para acuerdos entre gente de buena voluntad no incursos en delitos.

Como (había) en botica:

Apoyamos que la MUD no asista a Miraflores a conversar sobre una fraudulenta Constituyente cuya intención es afianzar el totalitarismo. Abuchear a un alto funcionario es un acto que merecen y un desahogo lógico. Hacerlo con un familiar puede ser entendible, pero no es justo y puede restar. Los saqueos son inaceptables, aunque algunos son consecuencia del hambre.

El régimen los ha propiciado al alabar el “caracazo” de 1989 como “gesto revolucionario”. También muchos son tolerados para causar temor. El pithecanthropus de Diosdado declaró que le “entraría un fresquito si saquean a la Polar”. Es inaceptable que tribunales militares enjuicien a civiles que no están armados, ni dentro de instalaciones de la Fuerza Armada. Esos jueces serán juzgados. La inhabilitación al gobernador Guarulla es otro atropello del Contralor Manuel Galindo a solicitud de Maduro ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

9/05/17 Noticiero Digital y Runrunes

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