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Opinión

José Rosario Delgado

Este gobierno tramposo no halla qué hacer para mantenerse y mantener sometido a este pueblo venezolano pasando hambre, necesidades, enfermedades, apagones, incomunicación, sequía; sin recreación ni entretenimiento y hasta soportando el atropello, la tortura y la muerte de su juventud estudiantil y trabajadora que, como ha sido históricamente, dan la cara por sus padres y abuelos para sacar a Venezuela de esta tiranía que devino en dictadura dura y pura.

Patraña tras patraña, el gobierno forajido ha estirado su permanencia con esta brutal y despiadada represión que a diario vemos y que ven los ojos del mundo, pues en su perpetua trampa el régimen no cuida ni las formas y hace rato siente un supino desprecio por la gente y por Venezuela, sin importarle el estado de postración en que se encuentran la nación y sus instituciones en su afán de mancillar nuestra historia, nuestro presente y, más grave aún, nuestro futuro por largos años que requerirán de otra independencia para poder emprender un destino cierto.

Sus trucos avalados por el tsj y endosados por el cne pintan un espejismo que sólo los aduladores de oficio y sin oficio propagan entre la ignorancia y la desesperación de los más necesitados de siempre y los de ahora, intentando disfrazar la realidad que ellos tratan de evadir de su mirada aun cuando en sus propias casas se la recuerdan a diario porque la vergüenza es tánta que se hace insoportable para algunos, especialmente los más jóvenes, que desprecian la ruin actitud de sus mayores.

Esa nueva artimaña de una asamblea nacional prostituyente lo que hace es revelar la estafa que fue su ahora agonizante constitución bolivariana, violada y ultrajada aún recién nacida por su padre y ahora por sus hermanastros que ven en ella la manera de llegarle a la gente que le creyó o le cree, aunque la madrina ya dijo que la bicha es el legado de chávez y es inmejorable.

Este gobierno devenido en tiranía, en dictadura pura y dura, es un verdadero fiasco, un engaño para todos dentro y fuera de nuestras fronteras, incluso para quienes aprovecharon dineros e insumos provenientes del peculado y a quienes desde hace rato el fantasma de los delitos persigue noche y día, impidiéndoles pegar uno o los dos ojos para poder dormir. Pero ya está cantado; como en todas las tragedias, la lucha constante permite la victoriosa salida, incluso de este laberinto de tretas en que se convirtió el régimen canalla que dinamitó los sueños, la fe y la esperanza de un pueblo caracterizado por su espíritu democrático…

 2 min


Nací, crecí, estudié, tuve hijos, gané premios, me hice un nombre (hasta ahora no fortuna) en Venezuela. Toda mi familia es descendiente de inmigrantes como casi todos, en nuestro caso (mi familia) esos ancestros venidos del otro lado del mar no hacen mayor cosa en eso de la forma de pensar, de hecho sé de esos ancestros por una necedad genealógica pues tengo como creencia que uno de los grandes dramas nacionales está en que si nadie sabe muy bien de donde viene, mucho menos sabrá jamás hacia donde se dirige, la única persona de mi entorno a quien parece interesarle el tema es a mi hija, creo que más por la natural admiración filial que sienten los hijos que por otra cosa.

En base a este afán de investigar sobre mis ancestros también obliga conocer algo de nuestra historia nacional, sobre todo hay desvíos naturales al buscar por añadidura alguna razón lógica para que mi país parezca una escala infernal y no el Edén tropical que sugieren nuestros paisajes. Todos sabemos que la barbarie es parte de nuestra cotidianidad, ya a nadie espantan los muertos, las balas, los malandros ni esa relación enfermiza entre poder y hampa, esa cosa tan espantosa que es eso de que los altos funcionarios gubernamentales , quienes por definición deberían ser el ejemplo de para las masas, son sujetos perseguidos por leyes internacionales, sospechosos de cuanta porquería altamente rentable (económicamente hablando) es posible pero que por encima de todo sus súbitas y descomunales fortunas parecen hablar de la certeza de esas acusaciones más que de la falsedad, que esos mismos funcionarios endilgan a los boletines de las agencias antidrogas o las cortes penales internacionales.

Al revisar por encima nuestra historia me he tropezado con el eterno fantasma de la tristeza en todos los relatos, creo que hay muy pocas historias felices en nuestro ADN, pareciera que si el país no le parece una mierda a todos, nadie se siente cómodo, al parecer jamás hemos tenido épocas felices pues cuando no es que los tipos son asesinos, torturadores , perseguidores y censores de algún grupo político, son ladrones, asesinos o cualquier otro adjetivo que dicho sea de paso es acomodaticio a cualquier gobierno democrático o dictatorial, en tiempos de guerra o de paz, nunca nadie está conforme y todos son monstruos independientemente del lado político en el que milite el poder, lo más curioso es que pareciera existir una relación inversamente proporcional entre calma económica y persecución política, es decir, que mientras el país está más boyante la persecución política pareciera más firme o peligrosa según se mire, por supuesto toda regla tiene su excepción como podemos afirmar a la vista de la situación actual.

Si lo vemos en retrospectiva, económicamente hablando todo tiempo pasado fue mejor, antes de esta porquería socialista los sueldos tampoco eran (nos parecían, ahora sé que fue una falsa suposición) la gran cosa, todo el mundo se quejaba y la izquierda como buen ala política cuyo fin pareciera el de ser de fabricar mártires sin tomar muy en cuenta que esos “caídos” en su mayoría tampoco es que anduviesen echando flores, hacía apología de lo mal que íbamos, de que tan ladrones eran los del gobierno, la “feroz” persecución política hasta lograr que la opinión publica tuviese a bien odiar la visión de partidos, hasta hacer de “adeco” un insulto de palabras mayores con el que los muy doctos profesores universitarios, funcionarios públicos, amas de casa, columnistas de diarios, obreros y cualquier otro ciudadano influido por la corriente de pensamiento “progresista” de la época calificaban a todo aquel que difiriera de sus ideas políticas o lo que en su escaso entendimiento asociaban por el intenso bombardeo al que estaban sometidos por parte de todos los frentes que odiaban por una cuestión acomodaticia al gobierno de turno, y que los cándidos compatriotas asumían como una verdad absoluta.

.Ahora bien, en estos tiempos es normal que todos nos quejemos, es casi imposible no estar de acuerdo en afirmar que no existe ninguna forma de decir que estamos mejor que nunca a menos claro que ganes en dólares o euros y los cambies a bolívares el mercado paralelo, acá es el único país del mundo donde con doscientos dólares mensuales puedes considerarte más que afortunado pues la mayoría gana si acaso poco más de 20 dólares al mes , lo que resulta está por debajo de la definición de pobreza extrema según la ONU, ellos aseguran que quienes viven con menos de dos dólares al día están en pobreza crítica, ¿Qué quedará para quienes ganan menos de un dólar al día?, eso sin hablar de toda la escasez que existe, hasta la bondad parece haberse ido al exilio.

Lo que no es normal bajo ninguna óptica es esta mala costumbre de hacernos creer menos que los demás, este eterno quejarse por todo, vale molestarse y tomar las decisiones para evitar seguir viviendo de la queja, lo que no se vale es quedarse en el llanto por lo mal que vivimos sin que a nadie se le ocurra hacer cosas para vivir mejor. Cuando toda esta pesadilla pase creo que uno de los puntales de cualquier gobierno ha de ser el de buscar la manera de mejorar la autoestima nacional, de elevar los estándares para extirpar de una vez por siempre este mal sino de quejarse por todo, de nunca ver el lado amable de nada y de pensar que nunca estamos lo suficientemente bien como país, la verdad es que (me parece) es una de los peores males que tenemos como nación, además de puerta fácil para que esperpentos izquierdosos hagan entradas triunfales solo para que en su infinita capacidad de destrucción maten todo lo bueno, para dejar solo la hez en la psiquis nacional, todo por ellos mantenerse eternamente en el poder bajo cualquier excusa, haciendo lo que una vez denunciaron pero con más saña pues son víctimas de su propio veneno, ese mismo que es peor cuando quienes lo producen son sus principales beneficiarios.

Mayo 2017

@jbdiwancomeback

 4 min


José Vicente Carrasquero

La ciencia política abunda en argumentos que justifican el derrocamiento de dictaduras, gobiernos oprobiosos, violadores de derechos humanos, asaltantes de tesoros públicos y todas esas aberraciones que políticos deshonestos pueden cometer mientras ejercen el poder.

El caso venezolano resulta, sin embargo, peculiar. Primero porque quienes se hicieron del poder después de una absurda trampa electoral en 2013, no solo cometen todas las atrocidades antes enumeradas sino que además, han colaborado a que el país se convierta en un territorio franco para la práctica de cantidad de crímenes que van desde el robo, pasando por el secuestro y el asesinato hasta el ominoso tráfico de drogas ilícitas.

Es así como alrededor del poder ejecutivo en Venezuela se ha conformado un cartel que entre otras actividades trata de gobernar un país. El día que escribo este artículo nos llega la noticia de la incautación de un cargamento de cocaína de un barco que zarpó de nuestras costas. En las islas Canarias se determinó que transportaba 2,5 toneladas del polvo blanco. La tripulación, conformada por siete venezolanos, fue detenida por la policía.

Es público, notorio y comunicacional que nuestro territorio se ha convertido, en el mejor de los casos, en un paso seguro para grandes transportes de droga que cuentan presuntamente con la anuencia remunerada de las autoridades militares venezolanas como facilitadoras de esta actividad. No en balde, el hoy ministro de relaciones interiores venezolano aparece señalado por la justicia norteamericana como facilitador de estas actividades ilícitas.

La respuesta de Maduro ante esta acción de los Estados Unidos y que solo afecta al ciudadano ministro es nombrarlo en uno de los cargos más importantes del ejecutivo nacional. Muchos especularon que era para protegerlo del largo brazo de la justicia gringa. La razón era otra muy distinta. Nicolás sabe que este funcionario venderá muy caro su pellejo y hará lo que tenga que hacer para que su defensor y protector se mantenga en Miraflores.

Una situación similar encontramos con el hoy director del SEBIN. En su caso, el gobierno de los Estados Unidos lo señaló por violación de los derechos humanos. Un crimen muy grave que lo hace sujeto de ser presentado ante la justicia en cualquier momento de su vida. El favor que le concede Maduro lo compensa con el apresamiento de gente inocente mediante la vulgar siembra de indicios, el desconocimiento de las órdenes de liberación de presos políticos dictadas por los tribunales, la tortura de venezolanos que tienen la desgracia de caer en las garras de sus esbirros. Le toca ser una fiera salvaje con tal de que Maduro se mantenga en el poder la mayor cantidad de tiempo posible al costo de vidas que sea necesario.

Otro individuo destacado por la administración americana como transgresor de derechos humanos ocupa la comandancia de uno de los más funestos cuerpos represores que ha visto nuestra historia. La inefable Guardia Nacional Bolivariana. Un grupo de desalmados que arremete contra población desarmada y que en su cobardía se alía con grupos paramilitares irregulares para apoyarse mutuamente en sus fechorías. Su comandante sabe, por supuesto, que de caer en desgracia se convertiría en un candidato a pagar las largas condenas que corresponden a violadores de derechos humanos.

Una cuarta pieza de este grupo es el vicepresidente de la república que fue señalado por el departamento del tesoro de los Estados Unidos como sindicado en el delito de narcotráfico. Coincidencialmente, el mismo delito con el que lo relaciona el tristemente célebre capo de la droga venezolano Walid Makled. Además, es relacionado con grupos terroristas del oriente medio.

Completa el Cartel el jefe de la banda. Sus sobrinos esperan sentencia por narcotráfico. No se dignó a lavarse la cara aunque fuese ordenando una investigación en nuestro país de los cargos que se le imputan a sus familiares. Para colmo de males, Maduro es señalado como presuntamente implicado en el delito de recibir dinero de Odebretch para financiar la campaña electoral del comediante eterno.

Sin entrar a nombrar otros miembros de la banda criminal, queda claro que el país está conducido por un cartel criminal que no está dispuesto a facilitar que la justicia los atrape. Para ello se les hace indispensable poner todo el poder de fuego del estado venezolano a su disposición. Para las mentes criminales no importa cuantas vidas haya que sacrificar. No se repara sobre las pérdidas materiales ni el impacto que las mismas puedan tener sobre la economía del país.

No es de la incumbencia de un cartel criminal el sufrimiento de la gente, que los niños mueran de hambre o por enfermedades para las cuales no tenemos medicinas, que los venezolanos sufran el flagelo del hambre mientras los militares y familiares de grandes cacaos se siguen beneficiando de las pingües comisiones que deja la compra de comida en el exterior.

La lucha no es contra un gobierno con fines políticos. Es contra un cartel con fines criminales. Y eso hace la lucha por la conquista del poder mucho más difícil. Es lo que hace que una evidente minoría viole la constitución que ellos mismos escribieron para convocar fraudulentamente una constituyente sin consultar al pueblo en el cual reside el poder para evaluar ese tipo de acciones. Para ello se han buscado a lo peorcito de sus filas. Abogados botados del postgrado de ciencia política de una prestigiosa universidad por plagio, sociólogos que no dieron la talla para culminar los mismos estudios de cuarto nivel.

Es absolutamente legítimo derrocar a un cartel criminal como el que usurpa el poder en Venezuela. Es un deber del pueblo venezolano rescatar esos espacios para la política honesta, la que se preocupa de resolver los problemas de los venezolanos, la que no está para enriquecer a familiares y amigos. La que viene a sacar el país adelante con esfuerzo y dedicación reconociendo en todo momento el poder del pueblo y el deber de rendirle cuenta en todo momento.

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Lester L. López O.

Apreciación de la situación política 106

Luego de más de 40 días de protestas y manifestaciones continuadas con un saldo de 39 inocentes fallecidos, cientos de heridos y miles de detenidos por la jurisdicción militar, que no es competente para esto, el mayor logro para la oposición democrática es desnudar el carácter delincuencial de los personeros que dirigen al régimen. Otros calificativos como autoritario, dictatorial, antidemocrático, etc., pasan a ser complementarios.

Existen suficientes elementos de juicio para aseverarlo, aunque debe aclararse que las pruebas aportadas, todas provenientes de instituciones internacionales o de otros países porque en el nuestro no hay ninguna investigación seria, tendrían carácter circunstancial por darle un nombre jurídico.

Nadie, en este país, puede creer que los sobrinos de la primera combatiente cometieran sus delitos de narcotráfico, con pasaportes diplomáticos, con aviones del Estado y la pareja presidencial estuviera inocente completamente de estos procederes. Ya son varios los funcionarios de CITGO en manos de la justicia norteamericana que han reconocido los delitos de los que se les acusan. Los depósitos de un ministerio en el banco de Andorra, aún siguen sin explicación alguna y últimamente las comisiones entregadas por la empresa brasilera ODEBRECHT a funcionarios venezolanos para lograr contratos en el país de obras que no han sido concluidas o ni siquiera iniciadas, las presuntas inversiones del vicepresidente actual por intermedio de un testaferro en el imperio mismo, son noticias que aparecen en las páginas de diarios de otros países frecuentemente y que el régimen no puede impedir que por los medios informáticos nos enteremos en nuestro país.

Todas estas informaciones llegan en medio de las protestas y manifestaciones de los últimos días que hubiesen provocado que cualquier dictadura, al menos, habría intentado establecer un canal de negociación para buscar una salida medianamente democrática como, por ejemplo, establecer un cronograma electoral en el corto plazo para elecciones regionales pendientes y bajar así la intensidad de las manifestaciones. Pero con un gobierno delincuencial no es posible, el temor a las consecuencias jurídicas de muchos altos personeros del régimen es mucho mayor que los costos políticos que deberían afrontar. Marcar la diferencia entre costos jurídicos y costos políticos para el gobierno es una tarea que la oposición democrática debe sopesar para establecer una estrategia que le permita al régimen entrar a una negociación para un gobierno de transición donde los costos jurídicos no tengan que ser pagados en el corto o mediano plazo por los funcionarios del gobierno.

De allí que, la fraudulenta convocatoria a una asamblea constituyente que no resuelve ninguno de los graves problemas del país, para el gobierno significa un costo político que ya ha comenzado a pagar internacionalmente, pero que jurídicamente le da, en su lógica de supervivencia, tiempo para evadir elecciones y mecanismos democráticos y mantenerse en el poder el tiempo necesario para, y hasta posiblemente, perpetuarse en el poder, que es lo único que le pudiera garantizar evadir la justicia nacional e internacional.

Mantener la presión en la calle ve a ser indispensable para mantener la presión política y sus costos negativos para el gobierno, pero la solución final tendrá que ver más con garantías jurídicas para los integrantes del régimen que con su futuro político.

@lesterllopezo

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Ese tipo que ves ahí, serio, con traje y corbata, sentado detrás de su escritorio, abriendo un maletín lleno de dólares y mostrándoselo a la mujer que tiene enfrente; ese tipo que sacó de esa manera 11 millones de dólares, billete sobre billete, sin poner nunca una firma, sin recibir jamás una facturita, ese tipo…es el mismo que un tiempo después, montado en una tarima, vestido de rojo, alzaba su puño y gritaba aguerridamente: “¡Vamos a combatir la vieja ética capitalista podrida de la corrupción administrativa, del tráfico de influencias!” ¿En cuál de los dos se puede creer? ¿En el pillo que paga, en efectivo y a escondidas, millones de dólares a unos asesores de marketing político brasileños….o en líder que se declara en una cruzada en contra de la corrupción: “Es la batalla contra el capitalismo y sus antivalores, es la batalla contra los bandidos, los politiqueros de la derecha que destruyeron a este país durante años” ¿Cuál de los dos Nicolás Maduro es más real?

En sus pocos años de gobierno, Maduro ha ido perdiendo rápidamente sus disfraces. Esta semana, desde una cárcel de Brasil, donde enfrenta condenas por corrupción y soborno, Mónica Moura ha confesado que Maduro es un capo a lo grande. Que Antonini Wilson es Bambi al lado de nuestro Presidente. Que, cuando estaba al frente de las relaciones exteriores, el entonces Canciller Maduro podía disponer, tranquilamente, de millones de dólares para pagar los servicios de ella y de su marido, Joao Santana, exitosos asesores en campañas electorales. Así, de poquito en poquito, en fajas de 300, 500 u 800 mil dólares, les fue pagando humildemente su colaboración y su apoyo. 11 millones de dólares. Estamos hablando del mismo tipo que hace chiste ante la noticia de un venezolano muerto por comer yuca amarga.

El Presidente obrero es una ficción publicitaria. El verdadero Maduro tiene las manos manchadas con los dólares que le pertenecían a todos los venezolanos. Cuando habla de la supuesta guerra económica no recuerda sus reuniones con Mónica Moura. Y esto solo es una pestaña del iceberg. El oficialismo tiene una inmensa caja negra donde quizás, algún día, podamos encontrar algo del millón de millones de dólares de la bonanza petrolera. Hacen falta muchas Mónicas Mouras, dispuestas u obligadas a confesar, para poder armar bien el análisis de la crisis económica venezolana. No solo se trata de un modelo fracasado. Se trata de un modelo genéticamente corrupto. Detrás de los quirófanos cerrados del Hospital Vargas, hay un maletín o una bolsa, una caja llena de dólares que algún alto funcionario rojo rojito se llevó.

Eso, también, es lo que busca tapar ahora la Constituyente. El oficialismo no es solo una forma de suprimir la voluntad del pueblo, de eliminar la democracia. La Constituyente de Maduro es además un atentado en contra de la transparencia, un nuevo acto de corrupción. Tanto hablar en contra del neoliberalismo y, finalmente, el chavismo terminó privatizándolo todo. Han privatizado incluso los poderes públicos. Han privatizado a la Fuerza Armada Nacional. Han convertido a los soldados en su ejército particular. Han puesto todo al servicio de esa nueva clase que llamamos “los enchufados”. Y ahora, encima, quieren privatizar las elecciones. Que solo voten los suyos. Los que dependen de ellos. Los que ellos financian. Pretende que la Asamblea de accionistas del PSUV sea el congreso de representantes del país. La revolución convertida en una Compañía Anónima.

Están dispuestos a todo porque no quieren que todo se sepa. La Constituyente es una forma de imponer el silencio, la opacidad. No quieren un nuevo país que se asome a mirar y revisar lo que ha pasado en estos 18 años. Prefieren las balas, los muertos. Apuestan al desgaste, al cansancio de la gente. Calculan endilgarle luego los muertos a la oposición. Culpar a los otros de todo. A la hora de resistir, el poder tiene más recursos, mas medios, más dinero. Pero ya no tiene algo fundamental: heroísmo. Ya solo son la representación del orden viejo, que actúa sin piedad, militarmente, en contra de su propio pueblo.

“La gente me grita: ¡Maduro, dale duro! Y yo voy con todo, voy a darle duro a la corrupción donde esté”. No tiene que ir muy lejos. Basta con que se mire al espejo. Con hablar con su entorno. Con dar pasos y no poder salir de Miraflores. El oficialismo ya no controla la versión de la historia. La realidad se le fue de las manos. Ya no son capaces de convocar alguna ilusión. Ahora, la rebeldía, la pasión, la creatividad, el ansia por un cambio….están en la oposición. El gobierno solo es pasado y violencia. Está atrincherado, defendiendo la corrupción. La épica avanza entre bombas lacrimógenas. La esperanza está en la calle.

 3 min


Benigno Alarcón

El 17 de diciembre de 2010 un buhonero que vendía frutas en las calles de Túnez, de nombre Mohamed Bouazizi, fue despojado de su mercancía, en la que tenía invertido todo su capital y de la que dependía para llevar el alimento a su familia. Mohamed Bouazizi, tras varios intentos desesperados primero por negociar, y luego de ruego a la policía, se inmoló, prendiéndose fuego frente a la comisaría. La noticia corrió de inmediato por las redes sociales y, durante su agonía, miles de tunecinos, que se identificaban con la desesperación y el hambre que llevó a Mohamed a atentar contra su propia vida al privársele de su único medio de subsistencia, comenzaron a salir a las calles para protestar contra el régimen por las condiciones del país. Mohamed Bouazizi falleció el 4 de enero de 2011. Diez días después, el presidente Ben Ali renunció dando paso a una transición democrática después de 23 años liderando un régimen autoritario.

Las protestas y la caída del régimen tunecino un mes después generaron un efecto dominó en el resto de los países árabes que produjo, como resultado, un estallido sin precedentes de protestas que exijan reformas en Egipto, Yemen, Bahréin, Libia y Siria. Durante este proceso cayeron líderes autoritarios que ostentaban el poder desde hacía mucho tiempo, como Hosni Mubarak en Egipto, derrocado por sus propias fuerzas armadas el 11 de febrero tras semanas de una cruenta represión. Gadafi, en Libia, quien ordenó al uso de su propia fuerza aérea para reprimir a los manifestantes, lo que hizo que la OTAN decidiera liderar una coalición que expulsó a Gadafi de Trípoli, la capital, para ser luego encontrado huyendo y ejecutado, dando fin a la guerra. En Yemen, el país más pobre del mundo árabe, las protestas contra Ali Abdullah Saleh duraron más de un año, hasta que en febrero de 2012 fue expulsado del poder. En Siria, por el contrario, se produjo otra guerra civil que ha cobrado la vida de más de 250.000 personas y ha desplazado a 11 millones de sus casas.

Pero mientras la llamada Primavera Árabe produjo un solo caso que podríamos calificar como exitoso, aunque aun no consolidado, de democratización, existen otro muchos casos de transiciones exitosas como los de Portugal (1974), Brasil (1985), Chile (1989); Ghana (2000), Indonesia (2004), México (2000), Filipinas (1986), Polonia (1989), Sudáfrica (1994) y España (1977), entre otros.

En las entrevistas realizadas por Bitar y Lowenthal para su obra Transiciones Democráticas (2016), todos los líderes de estos procesos coinciden en que los regímenes autoritarios no toleran ningún cambio en el poder hasta que comienzan a aflorar las diferencias dentro del mismo bloque de poder cuando un sector importante percibe que la pérdida sustancial de apoyo público puede llevarles a consecuencias nefastas o incontrolables, que superan los beneficios de tratar de mantener el poder por la fuerza.

Es aquí en donde la protesta juega su rol principal. Es la protesta, ante la falta de canales institucionales democráticos para expresar la magnitud del rechazo político y dirimir el conflicto, el mecanismo alternativo para evidenciar el rechazo político y convertirlo en presión sobre el aparato gubernamental. Pero para evidenciar la magnitud del rechazo y aumentar las posibilidades de éxito de manera significativa, es necesario sostener una protesta masiva con niveles de participación que alcancen entre tres y cinco por ciento de la población nacional, según el estudio sobre cien años de protesta realizado por Chenoweth y Stephan (2011).

Para lograr estos niveles de masificación es condición sine que non controlar los niveles de violencia. La sustentabilidad y masificación de la protesta es inversamente proporcional a sus niveles de violencia, y esto es algo que el actual régimen conoce muy bien.

La estrategia del régimen para contener la protesta ha sido la de incitar a la violencia mediante el uso de los colectivos armados y la infiltración de personas en las protestas de la oposición a los fines de generar violencia y caos para así justificar la represión de las marchas. De esta forma, en la medida que la violencia se incrementa, aumentará la represión como consecuencia de ello, y la protesta irá menguando al aumentar las barreras físicas, psicológicas y morales a la participación, hasta que solo se atrevan a protestar los grupos más radicalizados y violentos, los cuales, en sentido opuesto a lo que muchos creen, son los más fáciles de reprimir a un menor costo político y de imagen para el gobierno, así como para militares y policías, ya que la violencia será la justificación para la represión.

En tal sentido, el éxito de las actuales protestas dependerá, en buena medida, de la capacidad y habilidad que se tenga para reducir de manera inmediata la escalada de violencia que hemos visto durante los últimos días. Y aunque es cierto que tal violencia viene provocada desde el lado oficialista mediante el uso de colectivos armados, infiltrados y niveles de represión injustificables, los convocantes a la protesta tienen la responsabilidad de liderarla y hacer un uso inteligente de la buena disposición de la gente a darlo todo por el país, haciendo uso de la movilización, como el arma más poderosa que hasta ahora tienen los demócratas, de manera racional, eficiente y con una orientación estratégica claramente definida. Si no se reorienta de manera inmediata la protesta, se corre el riesgo de un nuevo fracaso.

Es por ello que decimos que es necesario escoger entre violencia y resultados. Reorientar la protesta para aumentar sus niveles de incidencia política implica atender de manera prioritaria a dos factores clave: sustentabilidad y masificación, y ambos dependen básicamente de reducir las barreras y costos de participación, lo que a su vez depende de mantener bajos niveles de violencia en el desarrollo de las protestas. Para ello existen algunas previsiones básicas que los lideres de este movimiento democrático deben implementar de manera inmediata:

Primero, repensar la frecuencia de la protesta. No es cierto que la eficiencia de la protesta va vinculada a su frecuencia. La idea de que la frecuencia genera el desgaste del gobierno y de los cuerpos represivos, si bien puede ser cierto, opera en ambos sentidos, y también genera un enrome desgaste físico y emocional del lado de la oposición, lo cual dificulta la sustentabilidad de altos niveles de participación y el control de la violencia. Lo más importante para un movimiento democrático no es que la gente proteste todos los días de manera anárquica, sino que la gente responda de manera inequívoca y masiva cada vez que se le convoca, lo cual no es posible si se le convoca todos los días.

Segundo, es necesario considerar la seguridad de la gente. En tal sentido, el volumen de la concentración es la mayor garantía de seguridad para los protestantes. Por tal motivo deben evitarse las concentraciones pequeñas en múltiples puntos con la idea errada de que la desconcentración dificulta la represión. A mayor cantidad de puntos de protesta o concentración mayor es la posibilidad de que la protesta se anarquice, como sucedió con “El Trancazo”. Al contrario de lo que algunos alegan, grupos pequeños de personas reunidas en un punto para protestar o incorporarse a una marcha son presa fácil de grupos armados que pueden disolver la concentración con mucha facilidad y bajo riesgo para ellos mismos. En sentido opuesto, si la idea es iniciar marchas desde diferentes puntos de una ciudad, las marchas deben iniciarse en muy pocos puntos de concentración, de fácil acceso y que atraigan a mucha gente que se mantenga unida y motive, por su volumen, a que otras personas se incorporen a su paso para terminar concentrándose en un solo punto.

Tercero, es fundamental execrar a los grupos violentos de las manifestaciones democráticas, comenzando por los infiltrados, por lo general fácilmente reconocibles. Asimismo, es necesaria una reordenación de la vanguardia de las marchas, que debe ser ocupada por el liderazgo político asumiendo una actitud ejemplar y de modelaje para el resto de los participantes. Si bien es cierto que las personas que ocupan la vanguardia de las marchas son admiradas por muchos por su valor y coraje, lo cual nadie puede poner en duda, su falta de entrenamiento en procesos de resistencia no-violenta les hace cometer errores fundamentales. Es la vanguardia de la marcha, justamente, la que termina marcando la pauta del comportamiento del resto de la gente, y de ellos depende, principalmente, la actuación del resto de los participantes. Si confrontar exige valor, mucho más valor exige el resistir sin confrontar, y es justamente este tipo de respuesta asimétrica la que hace la represión injustificable y eleva al máximo los costos para el gobierno y para órganos represores como la policía y las fuerzas armadas. Es justamente la conducta de resistencia no violenta la que le generará al régimen y a las fuerzas armadas los mayores problemas para reprimir y la que hará que los que están en la primera fila, de ambos lados, puedan comenzar a mirarse a los ojos y a negociar, muchas veces sin palabras.

Cuarto, el fin de la protestas no puede ser el de ganarle a las fuerzas armadas en su propio terreno, o sea el de la confrontación. La población civil y los sectores democráticos no son ni cuentan con grupos armados, por lo cual el ejercicio de la violencia como respuesta a la represión, coloca a los manifestantes en una batalla asimétrica que solo aplauden los ingenuos y , que lejos de acercarnos al objetivo democrático, nos empuja hacia procesos de radicalización y confrontación muy peligrosos al obligar al sector militar a atrincherarse del mismo lado del régimen, lo cual es el mejor escenario para su sustentación. Las respuestas violentas físicas o simbólicas de parte de los protestantes, solo contribuyen a convertir a fuerzas armadas y pueblo en enemigos sobre el terreno de una batalla convencional cuyos resultados, como en el caso de Serbia, son fácilmente previsibles y es lo que busca estimular el ala más radical del régimen. De lo que trata la protesta no es de inmolarse de manera absurda en las calles del país tratando de cruzar fronteras simbólicas, como si fuera la conquista imaginaria de un territorio enemigo. No se trata de alimentar la fantasía épica fabricada desde el mismo gobierno del Este invadiendo el Oeste, sino de que el Oeste y el Este se encuentren y de demostrar de qué lado está la voluntad de la mayoría, de poner en la calle, frente al régimen, a toda una nación exigiendo sus derechos más sagrados, y entre ellos el de decidir su propio futuro, de manera inequívoca, y ganarse a quienes pueden tomar las decisiones finales que abran la puerta del cambio político que toda la Nación Venezolana exige. No se trata de ganarle a las fuerzas armadas, sino de ganárselas a nuestra Causa.

Benigno Alarcón Deza
Director
Centro de Estudios Políticos
Universidad Católica Andrés Bello

 8 min


Carlos Raúl Hernández

La Constituyente comunal y militar está prediseñada como un proceso interno del PSUV y la reacción de la opinión pública en contra es terminante, incluida la fiscal Luisa Ortega. Concebida para barajar la crisis, es más bien agua para chocolate, la multiplicará, porque además de ser políticamente gravosa, revela desprecio por los dramas de la mayoría. Nadie explica hasta ahora cuáles serían los urgentes cambios a la Constitución de 1999 que la justifican. ¿Se venció la bicha y es necesario hacerle modificaciones? ¿Cuáles son los graves baches que argumentan su cambio, que si existieran se subsanarían con reformas o enmiendas, como contempla su texto. Pero eso pretende celar el objetivo real: ponerle la mano a un hacha, la Constituyente misma, para decapitar los poderes defensivos de la sociedad y devastar de nuevo el sistema político. Ya lo habían hecho.

Inflación, devaluación, recesión –plantas exóticas hoy en el mundo– se ceban en nuestro pobre país y lanzan a la gente por un tobogán de pobreza y resentimiento. Mientras todo se desestructura, los gobernantes maquinan jugarretas para perpetuarse en el poder y se hacen los locos frente a sus compromisos: que venían a redimir al pueblo de humillaciones y sufrimientos causados por la democracia. Convencieron a la mayoría, con una pequeña ayuda de sus amigos, de que aquí la vida era un infierno, y los aplaudieron, los amaron, les dieron todo lo que pedían, y el resultado es la mayor tragedia social conocida en Venezuela en 90 años. Dieron la espalda, no les importa el rechazo de 80% y confiesan sin ningún rubor que no hacen elecciones porque las pierden. Así son las revoluciones.

La esencia del guaguancó
La esencia de las revoluciones es la ilegalidad y el escamoteo de los hechos, editar las fotografías de la historia, por lo que Lucio Colletti las llamó “imperio de la mentira”. Lenin convierte la falacia abierta en poder. Propone una revolución obrera en un país sin obreros (2% de la población) y un partido obrero aunque de su comité central apenas uno lo es, un sindicalista llamado Tomsky. En octubre de 1917 la revolución la decretan “las comunas” reunidas en el soviet de Petrogrado (soviet es precisamente consejo o comuna) aunque de sus 670 delegados, tres cuartas partes (503) eran fraudulentos y sin respaldo popular, como lo declara María Spiridonova, comisaria del pueblo del gobierno comunista. La oposición se retira en un escándalo y su líder Martov, denunció que el soviet era la mascarada de un golpe militar, “un gobierno de obreros, campesinos y soldados donde no había ni un solo obrero, campesino ni soldado”.

Una de las diferencias de fondo es que los partidos obreros europeos eran de masas, mientras los bolcheviques eran una secta eslavófila. Eso dotó a los primeros de un elemental sentido de la realidad que los ayudó a eludir la ruta del despotismo y torcer hacia la socialdemocracia. En cambio los líderes bolcheviques eran principalmente estudiantes fracasados, un puñado de vagos incapaces de trabajar, mantenidos por sus familiares o amigos, a excepción de Trotsky que siempre se ganó la vida como escritor y periodista. Disociados del entorno social, se asumieron como vanguardia, una cofradía golpista autoritaria divorciada de los intereses y los sentimientos de la mayoría. Nadie podía eludir la atmósfera cultural creada por el terrorismo ruso de Nechayev y Tkachov, que para aquellos años tenía el promedio criminal de tres muertos diarios en más de diez años.

No solo de pan…
La oposición venezolana decidió salir a la calle y la respuesta hasta ahora (2017) ha sido inclemente, furiosa. Dos inhabilitaciones arbitrarias a gobernadores, Constituyente comunal y militar que elimina elecciones presidenciales y de gobernadores y alcaldes. Lo malo para sus postulantes es que la Constituyente nace en medio de la hostilidad de la enorme mayoría ciudadana, a diferencia del fervor de 1999 del que se preciaba Chávez y para él le confería hasta poderes mágicos. A los delegados más que elegirlos, el gobierno les adjudicará los cargos a través de operaciones opacas e ilegales. En vez de ser el REP la base votante, lo será algún nuevo registro de “organizaciones sociales” en el que podrán inscribirse las que el gobierno considere conveniente. En términos simples designarán una asamblea de sus militantes y partidarios para arrasar las instituciones de facto sin pedir autorización a nadie.

Chávez podía realizar todo tipo de operaciones porque ganaba los procesos electorales, generalmente en buena ley. Así velaba su autoritarismo y el mundo lo vio con simpatía. En este caso no hay nada de eso sino la consolidación autocrática con un proceso electoral estilo cubano. Decíamos que se profundizará la crisis porque mientras andan en lo único que parece preocuparles, diseñar tirabuzones para perjudicar a la sociedad que un día los bendijo, les interesa muy poco la desintegración social, la gravedad de las condiciones de vida de la inmensa mayoría. Hace unos años un alcalde revolucionario que inició la decadencia de Caracas, declaró que si se ocupaba del alumbrado y de tener “las calles bonitas”, terminarían colgados de los postes. Esa es la filosofía: no distraerse en que la gente coma y viva. La revolución tiene tareas más urgentes.

@CarlosRaulHer

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