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Opinión

Jesús Elorza G.

Emocionadísimo, subió el camarada Nicolás a la tarima para saludar a los asistentes a la manifestación realizada frente a Miraflores para conmemorar el 7º Aniversario de la Milicia Nacional Bolivariana. El General miliciano Aristóbulo Isturiz fue el encargado de presentar el acto y solicitar el permiso correspondiente para dar inicio al programa establecido.

-Proceda general, fue la orden de Nicolás.

Mi presi, se encuentran presentes 500.000 milicianos dispuestos a defender la Revolución Socialista del Siglo XXI.

-La euforia no lo dejaba ver con claridad el panorama de los acontecimientos: Realmente el número de los presentes no superaba a las 2.000 personas. Sin embargo, él seguía viendo a medio millón.

Cilia, el negrito Aristóbulo le ha echado un camión, vamos a condecorarlo con la Orden “Difunto Eterno” en su primera clase.

Se lo merece mi amor, fue la respuesta de la Primera Combatiente.

Camaradas milicianos, expresó al inicio de su discurso, la patria socialista en este momento se encuentra amenazada por el imperialismo y los traidores de la oposición quienes pretenden darnos un Golpe de Estado para adueñarse del poder. Con este acto, le estamos enviando un mensaje al mundo entero: “Somos una revolución armada” los golpistas y los responsables de la guerra económica no pasaran. A cada uno de ustedes, camaradas milicianos, le entregamos un fusil AK-47 para la defensa del país y aspiro que en las próximas horas logremos alcanzar la meta de Un Millón de Armas para el pueblo.

Mientras, Nicolás continuaba con su arenga guerrerista, los comentarios no se hicieron esperar a nivel de los mili-ancianos (¡¡¡el promedio de edad de la supuesta fuerza militar superaba los 70 años!!!):

* Dos miembros del escuadrón geriátrico preguntaban insistentemente por los cachitos y los jugos que les habían prometido…..Al sargento encargado de esa unidad, no le quedo más remedio que decirles que las panaderías expropiadas solo estaban produciendo canillas para los CLAP…. Así que olvídense de esos cachitos.

* Uno de los presentes, que a cada rato manipulaba sus armamento, le preocupaba que sus camaradas se alejaban de él y lo dejaban solo…. ¿Qué les pasa? ¿Estoy hediondo?

No vale, fue la inmediata respuesta., recuerda que tú sufres del Mal de Parkinson y tienes el dedo en el gatillo de tu arma….hay que estar loco para estar a tu lado.

* Un grupo de mili-ancianos que se encontraba descansando sobre la grama, comentaban que el acto más que una Parada Militar por el contrario se asemejaba a una “Sentada milianciana”….más del 90% de los efectivos estaban en posición de descanso.

* Lo más sorprendente era un grupo que deambulaba por la avenida sin sentido de ubicación, preguntándole a todo el que se les atravesaba ¿A qué hora llega ¡¡¡Henrique Capriles Radonsky!!!?.......como vieron que las respuestas que les daban eran muy agresivas solo les quedo comentar…Coño, que vaina con este Alzheimer, como que nos equivocamos de concentración.

* Otro milianciano, no dejaba de quejarse. Mi mujer y mis hijos se arrecharon conmigo y se fueron para La Mamá de las Marchas….y voy a seguir su ejemplo, esto aquí es pura coba, ni agua nos dan:

* Otro, no dejaba tranquilo a su compañero de al lado cada vez que el jefe de escuadra daba una orden… ¿Qué dijo? ¿Qué dijo?.....disculpa pana es que estoy sordo.

* Sargento, sargento, ¿dónde podemos mear? preguntaban a cada rato los que sufrían de incontinencia.

* El escuadrón de los “Gallineros Verticales” mostraban orgullosos sus “Huevos Revolucionarios” que iban a lanzarles a la oposición.

* Arrinconados bajo una matica y tomándose un roncito, dos miliancianos con caras de pocos amigos comentaban entre si el gran negocio que se les presentaba con esto de armar al pueblo: Ya entré en contacto con uno de los pranes del barrio para alquilarle en 50 Lucas mi fusil y venderle por 10.000 BF cada proyectil 7.65 ó 9 mm.

Mientras tanto, Nicolás seguía, repetitivo, en su cháchara contra el imperio…..y en ese momento ocurrió algo imprevisto:

- El grupo que custodiaba los alrededores de la avenida donde estaba la concentración, vieron llegar un autobús, de donde se bajaron un grupo de turistas con su cámaras en la mano……y los milicianos guardianes gritaron a todo pulmón….¡¡¡Camaradas, ahí vienen los gringos, sálvese quien pueda!!!....el despelote y la desbandada fueron descomunales. En cuestión de segundos no quedo nadie en el sitio….dejaron el pelero. Nicolás y sus ministros corrieron a refugiarse en la embajada cubana.

Al día siguiente, después del cómico espectáculo, a Nicolás se le ocurrió inventar lo del Plan Zamora…..pero los miliancianos, no atendieron el Toque de Diana, por encontrarse agotados y adoloridos por el corri-corri, del día anterior; provocado por la “Invasión de los gringos”.

 3 min


Marcos Requena

En la lucha de los venezolanos por restituir la democracia en el país hay varios aspectos que me parecen vitales. Señalaré tres.

En primer lugar, con la salida masiva a la calle es imprescindible no alimentar expectativas que conduzcan a la frustración: cada día de esperanza frustrada incrementa la desesperanza aprendida. Por ello, consignas como “hoy es el día” resultan por completo contraproducentes. Es necesario concebir la manifestación ciudadana como una estrategia sostenida, a ser mantenida día a día, con perseverancia, hasta que se logre un confiable inicio de la transición a la democracia. Esta concepción no inmediatista de la lucha es lo que encierra la palabra “resistencia”.

Por otra parte, por varias razones, es esencial mantener la lucha dentro de una propuesta de resistencia activamente civil y pacífica. Aunque el punto de inflexión política llegue a darse gracias a la futura intervención de factores de fuerza armada, la lucha por la democracia debe continuar dándose con orientación civil. Esto implica que a su cabeza deben continuar estando civiles con un discurso firme, valiente, pero de paz. La posiblemente necesaria incorporación de una fuerza armada en el cuerpo de lucha debe adquirir la función de un brazo, no de una cabeza; ésta, reitero, debe ser civil y con claro talante democrático. Una razón para que esto sea así es el interés en asegurar que la transición sea a una vuelta a la democracia y no a otro gobierno dictatorial.

Finalmente, pero lo más importante, debemos hacer -para el logro de la futura reconciliación de los venezolanos- un explícito esfuerzo porque la paz sea algo más que una característica objetiva de la lucha, esto es, que no tenga lugar solo en el hecho de que los demócratas no empleamos armas. La paz ha ser también un estado interior: los venezolanos debemos sembrar desde ya el perdón en nuestros corazones, en cuyo terreno se ha cultivado por años el resentimiento. Esto es imprescindible y por completo posible: para luchar por Venezuela no necesitamos la ira ni el resentimiento. Podemos presentar una firme lucha por la democracia a la vez que perdonamos a aquellos contra quien luchamos. Para sentir este perdón a quienes tanto daño nos han hecho podemos recurrir a una o más de las siguientes fuentes: a) religiosa: todos los textos sagrados proponen el perdón y el amor incondicionales como parte de un contacto con un Ser Superior; b) espiritual: sólo podemos cuidar de nuestro ser interior y vivir en armonía y plenitud si conscientemente nos conectamos con el otro –todo otro- desde la empatía y la aceptación; c) psicológica: nadie es culpable de ser como es: los modos de ser personal son resultado de un tejido de múltiples factores que constituyen su estructura psíquica, por lo que toda mirada psicológica es una mirada de comprensión. Esta propuesta puede sonarle a alguien como de “come flor”, pero no lo es: la futura y difícil reconciliación de los venezolanos debe cultivarse desde ya.

En síntesis, la lucha por la democracia en Venezuela debe ser de resistencia, civilmente activa y doblemente pacífica: hoy, mañana y pasado, no será de un día; civiles de marcada vocación democrática deben estar siempre a la cabeza; la paz debe estar en las manos, pero también en los corazones.

20 de abril de 2017

@marcosrequena1

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 2 min


Vivo pensando para buscar alguna explicación racional del fenómeno chavista y de más reciente data, madurista. Históricamente hablando, el discurso político de lo que ahora damos en llamar chavismo/madurismo tiene bastantes antecedentes, en el siglo XIX hubo un coronel español que asoló todo el país, mató a mansalva, quemó todo a su paso y en algunas ciudades venezolanas acabó con toda la población blanca por el puro gusto de la maldad, lo curioso es que manejaba un ejército irregular lleno de negros, zambos y mestizos cuyo resentimiento les hacía ser más malvados que esos otros que llamamos libertadores.

José Tomás Boves, al grito de mueran los blancos y los que sepan leer y escribir, acababa con todo, la cosa curiosa es que el hombre era rubio de ojos azules, el mismo prototipo de los que tenían la costumbre de matar sin remordimiento alguno. La cosa más sorprendente del asunto es que una vez muerto el español, la mayoría de aquellos hombres que colgaban a la gente de todas las ceibas que encontraban a su paso, sin hablar de las mil barbaridades que cometieron al masacrar humanos sin que importase mucho la edad, el sexo o la condición de gravidez de sus víctimas, ese mismo ejercito barbárico terminó en el ejército libertador de la mano del general Páez, el otro Taita del llano.

Fue quizás la primera expresión política donde se ejerce la manipulación social a partir del resentimiento colectivo para lograr un objetivo como lo es ganar una guerra, además decía que no peleaba para el Rey, que de él luego se ocuparía, lo que nos hace entrever que si no lo hubiesen matado en la batalla quizás hubiese destrozado tempranamente la republica solo por el gusto de mantenerse en el poder de manera omnímoda. Del lado patriota no hay mucho que defender tampoco, la recluta no era muy selectiva que digamos , los soldados no tenían paga y se les daba en pago todas las ventajas de ser vencedor , desde el petateo (violaciones masivas para luego matar a las mujeres) hasta el robo o el asesinato por cualquier razón, cuentan algunas historias que hubo varios intentos de secesión que fueron acallados a sangre por mantener el poder como hizo con el general José Manuel Piar quien se presentó confiado a una corte marcial y nunca salió con vida por una condena gracias a sus intenciones de levantar una república del lado de Guayana con el añadido de ser un hombre que se hizo pasar por pardo cuando en realidad era rubio de ojos azules (otro) cuyo ejército estaba constituido por negros y pardos que se hacían la idea de que ese general seria su salvación a lo que Bolívar lo manda fusilar luego de un juicio sumario y sin defensa.

Así hay muchos otros ejemplos que pueden ser citados como antecedente de este desastre, antes de pasar a explicar (para los que no viven en Venezuela) las similitudes actuales quiero detenerme en un último “procer” del siglo XIX que dicho sea de paso fue un icono fallido de este gobierno. El general Zamora se copió las peroratas románticas que ya para su tiempo estaban agónicas sin embargo cuando una población era tan ignorante como la de los campos pues se hizo fácil eco de sus discursos levantándose en armas contra el gobierno de turno, ya en Venezuela era costumbre la guerra, no en balde hay historiadores muy serios que afirman que la guerra de independencia duró cien año pues luego de vencido el enemigo externo quedaron demasiados rencores sueltos como para evitar que los nacionales se mataran entre si. Este general hizo del resentimiento parte de su credo revolucionario pues no solo atacaba a los latifundistas, también le dio orden a sus tropas de matar a todo aquel sospechoso de ser godo y otra vez los blancos y los que supieran leer y escribir fueron objetivo de los vándalos revolucionarios.

Hacer levantamientos “populares” invocando el resentimiento es el asunto más fácil del mundo, además si como gobierno haces que tu gestión se ocupe precisamente de eliminar paulatinamente los beneficios de estudiar, hacer carrera y ser productivo para convertir a la gran masa pobre en dependientes del estado, como si eso no fuese suficiente culpar siempre a terceros de la miseria nacional acusando a los “ricos” de sabotear todo el proceso revolucionario. La pobreza idiota se transforma así en presa simple de los politicuchos de medio pelo que con un discurso medio aprendido de cualquier manera se alza en las barriadas disfrazando su brutalidad con el verbo vernáculo de las calles, haciendo el trabajo de los jerarcas que se enriquecen mientras el resto del “pueblo” muere de mengua por diversas razones. Lo más grave es que cuando hay protestas, ellos reprimen, matan, golpean, encarcelan y cualquier otra tropelía , entonces es culpa de la derecha, ellos no pretenden ser así pero es que los obligan a defender la revolución ya que los “ricos” odian que el “pueblo” disfrute progreso, yo me pregunto ¿Cuál progreso?, la respuesta viene en forma de axioma de pobres “no importa que yo esté pasando hambre, los “ricos” también tienen lo suyo por no compartir con nosotros los pobres”.

Nadie entiende aún que no hay que compartir nada, que las cosas se ganan con trabajo, mantener dedicación, estudio y esfuerzo, que el estado solo tiene la obligación de administrar los impuestos (que tampoco sabemos cómo se invierten), mantener las reglas del juego para asegurar justicia y ejecutar políticas que aseguren el bienestar ciudadano, esto que vivimos no cumple el requisito mínimo para hablar de futuro.

No me extrañaría nada que en algún momento cualquiera de los multiministros también multisolicitados a nivel internacional por tráfico de cualquier cosa ilegal diga en cadena nacional “mueran los blancos y los que tengan estudios universitarios” pues el resentimiento es un bien por explotar y acá en Venezuela el hambre trae idiotez, insumo básico para que las izquierdas pervivan.

Abril 2017

@jbdiwancomeback

 4 min


Son cuatro las solicitudes de la oposición democrática que han animado las protestas de las últimas semanas: Fijación de un cronograma electoral, devolución de las atribuciones de la Asamblea Nacional (AN), libertad de los presos políticos y apertura de un canal humanitario para socorrer a la población venezolana; no obstante todos los que hemos venido marchando –y los que no lo hacen, pero que sabemos que igualmente se oponen al régimen– en lo más profundo de nuestra alma y corazón lo que queremos es que este oprobioso Gobierno se acabe, desaloje cuanto antes.

Aunque a algunos no les parezca, los objetivos de la oposición apuntan en la dirección de ese deseo que tenemos el 75% o más de los venezolanos, según dicen las encuestas. Veamos el porqué, al comentar dos de las solicitudes u objetivos de la oposición.

La fijación de un cronograma electoral no se reduce al tema de las elecciones regionales, como algunos voceros del Gobierno y de la propia oposición han estado planteando. Fijar un cronograma electoral en efecto se refiere a restablecer las elecciones regionales de Gobernadores y Consejos Legislativos, ilegal e inconstitucionalmente suspendidas en el 2016. También se refiere a fijar la fecha en la que se van a realizar las elecciones locales, de alcaldías y concejos municipales, correspondientes a este año y la fecha de las elecciones presidenciales correspondientes a 2018. Pero un proceso electoral va mucho más allá del acto de votación mismo.

Hablemos claro, la fijación de un cronograma electoral se refiere principalmente a rescatar o y restituir el valor y el derecho al voto y la soberanía y voluntad del pueblo en Venezuela, base de la democracia, que ha sido secuestrado por el régimen a través del CNE desde el momento que entorpeció, bloqueó y negó el derecho constitucional del Referéndum Revocatorio a Nicolás Maduro. Los procesos electorales son actos de profundo significado, movilización y participación política, que van mucho más allá de lo que algunos están dispuestos a aceptar, debido a la mentalidad “electorera”, que no es exclusiva de los políticos y de los partidos, sino también de muchos ciudadanos, miembros de la llamada sociedad civil; dicho de una manera más directa para el momento político en que vivimos, hoy, abril de 2017, no tengo la menor duda de que es preciso mantener la presión que ahora el pueblo está ejerciendo en la calle y en el terreno internacional, pero es en un proceso electoral en donde se da la oportunidad de organizar y de que participe políticamente todo el pueblo, sin ninguna excepción y se garantice el ejercicio de la soberanía popular y rescate del orden constitucional.

En las manifestaciones actuales una buena parte de la población no está participando. Unos por temor a la represión por parte del gobierno o por temor a los grupos paramilitares que actúan en la zona donde viven y controlan con el miedo y la violencia a la población, otros porque son empleados públicos o tienen dependencia económica del Gobierno y temen perder sus empleos y fuentes de ingreso. Pero en un proceso electoral que concluye en un acto comicial, el pueblo sabe por experiencia propia, porque así lo ha experimentado, que puede votar contra el Gobierno, a favor de la oposición, sin que nadie sepa por quien votó. De allí también la importancia de defender el derecho al voto y de luchar porque este proceso de movilización y protesta cívica concluya en un proceso electoral, que es la manera de erradicar definitivamente y de forma sustentable, pacífica, democrática y constitucional la tiranía a la que estamos sometidos. Cualquier atajo llevará a situaciones de mayor incertidumbre e inestabilidad.

En resumen además, todas las tiranías que han caído con movilización de la gente, terminan en procesos electorales, y las que no, terminan en dictaduras peores, que es lo que a toda costa debemos evitar. Por eso concluir en un proceso electoral es la forma de coronar con éxito todo el inmenso esfuerzo de movilización cívica que estamos realizando.

Por último, hay que recordar que lo que se solicita no es solo la fecha del acto comicial, se refiere un cronograma electoral, es decir, se refiere también a la fecha y condiciones en que se realizarán todos los actos correspondientes al proceso de elección: fecha y lapso para postular candidatos, lapso de campaña electoral, fecha en que se cerrará el correspondiente registro electoral, fechas para las auditorias técnicas, selección de miembros de mesa, invitación a observadores nacionales e internacionales, etc.

Devolución de las atribuciones de la Asamblea Nacional, otro de los objetivo de las movilizaciones cívicas actuales, es también luchar por la raíz y la esencia de la democracia misma. Es, en primer término, devolver al pueblo, a todo el pueblo, opositor y oficialista, la eficacia y valor del voto que depositamos el 6 de diciembre de 2015 y que también ha sido desconocido por el régimen a través del TSJ, con la pantomima del “desacato”, con el cual le han venido quitando atribuciones a la AN, en un golpe de estado continuado, que con las últimas sentencias del TSJ en el mes de marzo, terminaron conculcando y asumiendo atribuciones y funciones que solo corresponden a la AN, y otorgando algunas de ellas al Presidente de la Republica, violando de manera reiterada la Constitución y rompiendo el orden constitucional como fuese denunciado por la propia Fiscal General de la Republica, Luisa Ortega Díaz.

Es también restituir el vulnerado estado de derecho y la división de poderes en Venezuela, que en este momento están todos sometidos a los designios y directrices del Poder Ejecutivo. Restituir los poderes de la AN pasa por acabar con la pantomima del “desacato” y restituir al pueblo del Estado Amazonas su derecho a tener representación en la AN, que actualmente esta negado por el TSJ y rescatar la mayoría calificada de los 2/3 de la AN.

Rescatar la autonomía de la AN es lo que permitirá la remoción y designación de magistrados del TSJ y culminar la selección de nuevos rectores del CNE, así como designación y nombramiento del Fiscal General, Contralor y Defensor del Pueblo. Esto no es poca cosa para la renovación del gobierno y sus instituciones. Esto es clave para la transición y el desmantelamiento del actual aparato de gobierno en el poder, de la actual tiranía y si a esto le sumamos el triunfo de la oposición en al menos 20 gobernaciones y 300 alcaldías del país, le estaremos dando un certero golpe al régimen totalitario que oprime al país desde hace 18 años.

Debemos estar conscientes que tan solo estos dos objetivos, sin mencionar la libertad de los presos políticos y la apertura de un canal humanitario, significan que el régimen actual llega a su fin. Que los que ahora ejercen de forma totalitaria el poder y el control del Estado lo pierdan, lo dejen de tener; otra vez hablemos claro, esa no será una decisión fácil de tomar, pues para ellos significa perderlo todo, además de que para muchos podría significar cárcel y exilio y tenemos que estar preparados para ofrecer una salida que nos permita alcanzar el objetivo que nos proponemos a un costo razonable y en el menor plazo posible.

Vienen situaciones y eventos complejos, que día a día irán dando curso a los acontecimientos y que los debemos enfrentar con mente amplia, para evitar errores cometidos en el pasado y delinear el mejor futuro para el país.

@Ismael_Perez

 5 min


La sociedad venezolana ha despertado en las calles luego de un largo letargo dispuesta a recobrar sus derechos económicos, políticos y civiles. Hay quienes todavía analizan la dinámica política del país simplemente como una polarización entre chavistas y antichavistas; pero lo cierto es que la masiva demostración del 19 de Abril hizo ver que el conflicto venezolano es mucho más amplio: representa una sociedad que decidió rebelarse frente a un Estado autoritario que ha optado reiteradas veces por frenar cualquier posibilidad de cambio a través de un uso cada vez más intensivo de la represión. Los eventos de San Félix, hace unas pocas semanas atrás, también ilustraron esa misma dinámica del descontento, con otro repertorio de protesta, que reflejó igualmente la profundidad del malestar que aqueja a la población y su disposición a manifestar activamente.

Pero el hecho de que la sociedad haya logrado irrumpir de forma definitiva en el escenario político venezolano, con un brío que probablemente vaya desbordando tanto al gobierno como a la misma dirigencia opositora, no quiere decir que la sociedad tenga su victoria asegurada. Tampoco quiere decir que el cambio sea inmediato o inevitable y mucho menos que el proceso sea pacífico, predecible y lineal. Es indudable que la manifestación del 19 de Abril simboliza una ciudadanía que durante más de cuarenta años ha acumulado una cultura política centrada en el voto (aquí manda el pueblo) que el gobierno ha conculcado de una forma tan aberrante que ha causado una gran indignación, incluso dentro de las mismas bases chavistas. Los venezolanos claramente están diciendo que no están dispuestos a entregar involuntariamente (al menos sin ningún costo) sus derechos constitucionales para mantener en el poder a un gobierno que luce cada vez más extractivo, represivo y desconectado de sus necesidades más elementales. La concentración del 19 de Abril mostró a una sociedad que percibe su lucha como un dilema existencial.

Es por ello que para comprender las implicaciones de este evento tan significativo no basta con las comparaciones –que si la marcha fue más grande que la del 1 de Septiembre del año pasado, que si la gente ahora está más resteada que antes– sino que se hace necesario analizar la naturaleza cualitativa que convierte a esta nueva reaparición de la sociedad venezolana (con toda su heterogeneidad social y valorativa, con sus cambios demográficos y toda su carga histórica) en un fenómeno singular. Lo primero es que este evento sorprende sobre todo por su escala nacional. Fue una movilización muy diferente a lo que el gobierno pretendía etiquetar al tratar de enmarcarla en su tradicional retórica revolucionaria: es evidente que esto no fue un asunto estrictamente urbano ni caraqueño ni mucho menos del este contra el oeste de la ciudad capital. Aquí las regiones, incluso las provincias más golpeadas por la crisis económica como los andes y el oriente venezolano, mostraron su fibra ciudadana y también su indignación frente al atropello y el olvido. El gobierno insiste en el ritornelo de la polarización entre chavistas y antichavistas, como si el asunto fuera una competencia de masas, “mi marcha frente a la tuya”, y por eso terminaron taponeándose en la Avenida Bolívar, cuando lo cierto era que la protesta social adquirió a lo largo de todo el territorio una escala que los debe haber tomado por sorpresa. De ahí que limitar el acceso a Caracas se haya hecho irrelevante frente a la penetración territorial de la protesta. El mensaje ciudadano es simple para quienes ejercen el poder: se llama clamor nacional. El 19 de Abril mostró a una sociedad tercamente empeñada, frente a la imposibilidad de utilizar su derecho al voto, a elevar su voz de protesta para defender su libertad.

Sería muy tentador tratar de darle un contenido sólo político y electoral a la movilización y ponerle un rótulo exclusivamente opositor, que lo tiene, cómo negarlo, pero que tampoco lo define exclusivamente. La movilización mostró una ambición ciudadana orientada fundamentalmente a refundar el estado de derecho y la democracia. Este punto es crucial pues algunos actores pueden estar tentados a darle una lectura instrumental a la irrupción de la sociedad y pretender usar la movilización como una pieza más dentro de sus juegos de poder y sus cálculos electorales. En la medida en que la calle tenga más autonomía tendrá mayor legitimidad y será mucho más poderosa. Y eso pareciera estar ocurriendo, aunque todavía de una forma muy incipiente. No es casual que la movilización ciudadana apareció justo después de que uno de los poderes del Estado, a través de la Fiscalía General de la República, haya declarado la ruptura del orden constitucional y luego también de varias semanas de una represión creciente que aumentó el número de presos políticos y que terminó por activar una mayor solidaridad entre la población. Uno quisiera ver estos fenómenos sociales como algo que puede ser controlado, dirigido y ajustado –como parte de una estrategia– pero lo cierto es que estos procesos son intrínsecamente efervescentes y no siempre moldeables.

El país quiere un desenlace. Villa Rosa. El 1 de septiembre. El Referéndum. El billetazo. San Felix. Y ahora el 19 de abril. Y no llega. El asunto es que queremos que ese desenlace, que involucra una sociedad movilizada en la calle, se ajuste a una expectativa preestablecida que tenemos en la cabeza, un evento único, definitivo, que tampoco es realista. Más bien el efecto pareciera ser acumulativo. Y pareciera también que esos eventos en los que la sociedad se ha pronunciado, cada uno con sus respectivas particularidades, va marcando una grieta que si bien no produce una ruptura va minando. Y debilita tanto, que la estructura de poder del gobierno no encuentra otra respuesta que promover la violencia: una represión cruda y brutal. Pero esa respuesta gubernamental tampoco es sostenible. Me recuerda aquel brevísimo y maravilloso cuento del gran Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Pero claro: ¡ya despertó!

 4 min


Román J. Duque Corredor:

Con asombro, pero más con vergüenza y pena, como abogado y ex magistrado, veo atónito que en un Estado democrático de Derecho y de Justicia, habiéndose denunciado por la máxima representante del Ministerio Pública ruptura de orden constitucional, que justifica constitucionalmente por parte de la ciudadanía el ejercicio de su derechos de reunión, asociación y manifestación, como formas de expresar libremente su pensamiento en contra de tal quebrantamiento del ordenamiento constitucional; que ustedes, como parte del Sistema de Justicia, y, principalmente, como jueces y fiscales de la República, cuya obligación es la de asegurar la integridad de la Constitución y garantizar el respecto de a los derechos humanos; de la manera más indebida e injusta, y hasta pasiva y complaciente; priven de libertad a ciudadanos, mayormente jóvenes, o permitan que se atente contra su integridad física, psíquica y moral, por parte de los cuerpos policiales y de la Guardia Nacional Bolivariana, y que permitan que estos órganos los sometan a torturas o tratos crueles, inhumanos o degradantes o que sean tratados sin el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano. Pero es que además de jueces y fiscales, ustedes como abogados, todos ustedes tienen el deber ético que les impone la Ley que rige el ejercicio de nuestra profesión de defender el derecho, la libertad y la justicia. Y ante esas violaciones a derechos inalienables de respeto a la integridad de toda persona y a los derechos políticos señalados, que el Estado esta obligado a respetar, del cual ustedes son partes, no solo no actúan de oficio para investigar esos atentados, sino lo que es más grave, se hacen cómplices de su violación por los funcionarios policiales y militares.

Por cuanto, como abogado con 52 años de graduado , profesor universitario por 35 años y sobre todo como ex juez y ex magistrado por más diecisiete (17) años, creo mi deber, como parte que soy del Sistema de la República recordarles como jueces civiles, militares y fiscales que:

Ustedes tienen el deber de reafirmar su condición de verdaderos jueces y de fiscales del Ministerio Público.

Ustedes tienen la función de ser guardianes celosos de la supremacía constitucional y del respeto de los derechos humanos.

Ustedes tienen la responsabilidad de devolverle la jerarquía al Poder Judicial y al Ministerio Público para situarlos en la autonomía e independencia con el resto de los poderes.

Ustedes tienen la responsabilidad de que el Poder Judicial y el Ministerio Público sean u poder y no un residuo del poder.

Ustedes deben recordar que ningún pueblo goza de libertad mientras ustedes no le aseguren la Justicia,

Ustedes deben recordar que sin justicia en la Justicia no hay justicia en la sociedad,

Ustedes deben Recordar que un poder judicial o un ministerio púbico incapaz de pensar y de repensarse a sí mismo, es un poder inerte y servil.

Ustedes, los jueces y fiscales militares, deben recordar que son antes abogados que militares y que la jurisdicción penal militar son parte integrante del Poder Judicial y no del Ministerio del Poder Popular para la Defensa.

Ustedes jueces y fiscales militares, deben recordar que la competencia de la jurisdicción penal militar se limita a delitos de naturaleza militar, y que por lo tanto ustedes son incompetentes para investigar o enjuiciar a los ciudadanos por la comisión de delitos comunes, violaciones de derechos humanos y crimen de lesa humanidad, puesto que ello compete a la jurisdicción penal ordinaria.

Ustedes como abogados, y principalmente como jueces y fiscales, que los diputados a la Asamblea Nacional gozan de inmunidad en el ejercicio de sus funciones desde su proclamación hasta la conclusión de su mandato, y de que en los casos de delito flagrante solo pueden estar bajo custodia, en sus residencia, bajo la custodia del Tribunal Supremo de Justicia y de solo pueden ser juzgados por la jurisdicción ordinaria-

Ustedes deben saber, como abogados, que como funcionarios que son, incurren en responsabilidad penal si violan las garantías que conforman la inmunidad parlamentaria.

Ustedes saben que solo por orden judicial pueden las personas ser arrestadas o detenidas, o que si son detenidas en flagrancia si a las 48 horas no son llevadas ante ustedes deben ser puestas en libertad.

Ustedes saben que la garantía constitucional del juzgamiento en libertad en la regla y no la de su privación o del sometimiento a regímenes de vigilancia, en los casos excepcionales.

Ustedes saben que la Constitución prohíbe a la autoridad civil o militar, aún en estados de excepción, practicar, permitir o tolerar la desaparición forzada de personas.

Ustedes saben que las declaraciones ante las autoridades policiales carecen de valor probatorio si son obtenidas bajo tortura o prisión y que son delito su divulgación pública.

Asimismo, todo juez, civil o militar, conforme el artículo 334, constitucional, está obligado individualmente a asegurar la integridad de la Constitución y de acuerdo con el Código de Ética del Juez Venezolano y la Jueza Venezolana, en sus artículos 4º y 24, tiene el deber de garantizar la independencia del poder judicial y que se les impone el deber de sujetarse solo a la Constitución y a la ley y de actuar imparcialmente. Por el poder judicial, integrado por todos los jueces de la República y no solo por el TSJ, tienen la mayor responsabilidad para la preservación del Estado de Derecho, en razón de la competencia que se le asigna de garantizar la integridad de la Constitución, según el artículo 334 constitucional. Y si son jueces, los artículos 6 º y 7º, del Código de Ética del Juez y Jueza Venezolana, los obligan, como integrantes del sistema de justicia, a defender los valores republicanos y del Estado de Derecho y a garantizar el goce y ejercicio de los derechos humanos, en concordancia con su artículo 12. Asimismo, de acuerdo con el artículo 256 constitucional, las únicas limitaciones que afectan a jueces y magistrados y fiscales en el ejercicio de sus derechos fundamentales son desempeñar otros cargos públicos y pertenecer a partidos o sindicatos o llevar a cabo activismo político; sin subordinación de criterio al Tribunal Supremo de Justicia, en particular ante la conducta inconstitucional y antidemocrática, porque en materia de opinión los magistrados no son sus superiores y las únicas restricciones impuestas en el ejercicio de los derechos de las personas son las taxativamente previstas por la Constitución. Debo señalarles, también, que la integridad de la Constitución consiste en asegurar su supremacía, el respeto por la soberanía popular, la garantía de la independencia de los poderes públicos garantizar el efectivo ejercicio de los derechos constitucionales. Para que cumpla con esa función se dota al poder judicial y al Ministerio Público de autonomía e independencia, en los artículos 254 y 256 y 284 a 286, respectivamente, de la Constitución. Cuando esa integridad se rompe y el Poder Judicial y el Ministerio Púbico no asume su función de ser árbitro de la conflictividad entre los poderes públicos y de éstos con los ciudadanos, se convierte en agente o factor de la conflictividad. Por otra parte, la obediencia ciega y subordinada al máximo Tribunal en materia de protección de la supremacía constitucional y de los derechos humanos es contraria a la autonomía de los jueces y a su libertad de criterio. Ahora bien, es un hecho notorio, ostensible y patente, la ruptura del orden constitucional en Venezuela, por parte del Poder Ejecutivo y la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, reconocida por la Fiscal General de la República, al desconocer la representación popular ejercida por la Asamblea Nacional y la eliminación de sus funciones legislativas y de control parlamentario, por parte de dicha Sala, cuya muestra patente son sus sentencias 155 y 156, al igual que sus sentencias 157 y 158, que corroboran la usurpación de funciones por la referida Sala y por el Poder Ejecutivo. Al igual que la violación, advertida por la Fiscal General de la República de los derechos ciudadanos de reunión y de manifestación, así como los actos de represión para impedirla, y la utilización de armas largas y sustancias tóxicas por la fuerza policial y militar para controlarla, e incluso con el apoyo de colectivos paramilitares, que son patentes violaciones a derechos fundamentales. Al igual que la detención arbitraria y brutal de ciudadanos, anciano y mujeres, y del lanzamiento de dichos gases en instalaciones de salud y en los domicilios y hogares. Aparte de esto, hay evidencias por hechos notorios comunicacionales de la brutalidad de la represión empleada sobre todo por la Guardia Nacional Bolivariana, y, de muertes y heridos graves por esa represión desmedida y desproporcionada. A estos hechos se suma la ingente cantidad de manifestantes detenidos sin que se les haya podido considerar en flagrancia, que son llevados a los tribunales, incluso militares; que, por regla general, sin que se den las circunstancias que lo justifiquen, son privados de libertad en prisiones militares o en cárceles nacionales congestionadas, o sometidos a regímenes de presentación.

En Venezuela , como lo atestiguan los organizaciones defensoras de derechos humanos e incuso organismos internacionales, como la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la International Bar Association, entre otros, que se ha manifestado con mayor gravedad en estos últimos cuatro años, se ha atentado por los órganos gubernamentales en contra del derecho a la vida, a la libertad, a la libertad de expresión y de manifestación y al debido proceso, al perseguir a quienes hagan oposición política al gobierno, a lo cual, sin duda han contribuido jueces y fiscales que mantienen prisioneros arbitrariamente a ciudadanos por razones políticas. O que sancionan a bogados por ejercer la actividad de defensa como, por ejemplo, en el caso del abogado Amalio Graterol. Al igual que os casos de detenidos arbitrariamente, de desaparecidos o incomunicados o de torturas, no han merecido atención por parte del poder judicial. Tampoco las detenciones arbitrarias y las incomunicaciones hechas por el SEBIN. Los procesos del banquillo, con que algunos jueces, con el diferimiento de audiencias, actos de aprensión ilegales y la duración indefinida de medidas cautelares de detención, han contribuido a la perdida de la libertad de ciudadanos procesados por motivos políticos, y que son parte del terrorismo de Estado dentro de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, que encuadraría en el crimen de persecución de lesa humanidad. Es lamentable la contaminación política que acusa actualmente la judicatura en Venezuela por el trato discriminatorio en materia de derechos humanos; el franco quebrantamiento del Estado de Derecho por los tribunales en materia penal; la estructura jerárquica de subordinación y de terror que los rige del modelo dictatorial; la tendencia de algunos jueces por imponer sus concepciones ideológicas; y la militarización del enjuiciamiento de los delitos políticos. Esta realidad conducen al deterioro del Estado de Derecho desde la perspectiva judicial y que acusan la necesidad de restituirles a los jueces su independencia.

Jueces civiles, militares y fiscales:

El acceso a una justicia imparcial e impediente y a una tutela judicial efectiva es un derecho fundamental reconocido constitucionalmente y en el derecho internacional, así como el deber de los jueces de ceñir su actuación conforme a estos derechos. De acuerdo con el derecho internacional de los derechos humanos, los jueces son los encargados de garantizar la vida, la libertad, los derechos y los bienes de los ciudadanos, por lo cual su independencia y autonomía le es obligatorio. Esta tarea es verdad que es de todos, principalmente de los abogados, como componentes del sistema de justicia y de defensa, pero también de los propios jueces, que deben reclamar sus derechos a su independencia y autonomía, conforme los artículos 254, de la Constitución y los Principios Básicos de la ONU sobre la independencia de la judicatura de 1985. Los jueces no han perdido su capacidad de pensar y de repensar en la responsabilidad del Poder Judicial en reclamar su independencia y autonomía. En efecto, los jueces, según el Código de Ética del Juez Venezolano y la Jueza Venezolana, para garantizar la independencia del poder judicial se les impone el deber de sujetarse solo a la Constitución a la ley, y actuar imparcialmente, en sus artículos 4º, y 24, respectivamente. El artículo 4º, del Código Procesal Penal dice que los jueces solo deben obediencia a la ley y el derecho y que en caso de interferencia en el ejercicio de sus funciones deben informar al TSJ. Expresamente la Constitución prohíbe a los jueces asociarse entre sí para llevar a cabo activismo político partidista, gremial, sindical o de índole semejante, de acuerdo con el artículo 255, de la Constitución, pero, según el Canon 8 sobre Libertad de expresión y asociación de Los Principios Básicos de la ONU sobre la independencia de la judicatura de 1985, tienen derecho de asociarse para defender la independencia judicial. Tal asociación para este fin en lugar de poner en duda su independencia e imparcialidad, por el contrario, la protegerían, por lo que no violarían al asociase con este fin lo dispuesto en el artículo 26 del Código de Ética del Juez Venezolano y de la Jueza Venezolana.

Por lo expuesto, como abogado, como integrante del Sistema de Justicia, sus colegios y el Bloque Constitucional, reclamo a los jueces y fiscales, civiles y militares, para que, en esta hora aciaga para el Estado democrático de Derecho, ejerzan su autonomía y juntos trabajemos por el rescate del Orden Constitucional y del Sistema de Justicia Venezolano:

1.- Para que la judicatura: esté compuesta por jueces de ley: elegidos legítimamente. Jueces para la ley: los que con el derecho hacen justicia. Jueces de la ley: y no de parcialidad alguna. Jueces como un poder. Jueces de la República: y no de un partido político. Y jueces de los jueces: que piensen y repiensen en su responsabilidad ante la crisis del sistema de justicia.

2.- Jueces de la República, como garantes de la integridad constitucional y de los valores superiores del ordenamiento jurídico de la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo,

Y, sobre todo, recordemos, que ante actos o decisiones de los poderes públicos, entre ellos del Tribunal Supremo de Justicia, por los que se deje de observar la Constitución o fuere derogada, conforme el artículo 333, de la Constitución, no existe desacato, por cuanto todo ciudadano investido o no de autoridad, tiene el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia. Y que cualquier acto que viole o menoscabe los derechos constitucionales, es nulo absolutamente, y que los funcionarios que lo ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, sin que les sirvan de excusa órdenes superiores. Finalmente, jueces y fiscales de la República, dada su responsabilidad ante actos inconstitucionales, antidemocráticos y violatorios de derechos ciudadanos, conforme las normas señaladas, recuerden las palabras de Henry David Thoreau, “la desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad. Los obedientes deben ser esclavos”.

Atentamente,

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Francisco Russo Betancourt

Carlos Moreno, el joven caraqueño de 17 años asesinado en la urbanización San Bernardino de Caracas, apenas con 17 años de edad, no alcanzó a vivir en democracia; nació con el inicio del gobierno chavista, el que pretendió imponer el llamado socialismo del siglo 21, una ideología trasnochada que arruinó la economía del país, hizo más pobres a los venezolanos y ha destrozado la Institucionalidad de la República.

La muerte del joven estudiante se produce por un disparo al cráneo. Ha sido característica en todas las protestas cívicas, que las muertes de los manifestantes, desde el aciago día de los pistoleros de Puente Llaguno, han sido por daños a la cabeza, lo que confirma que son disparos de francotiradores apostados en azoteas de edificios o desde motocicletas.

La dictadura está aún decidida a pagar cara su despido del gobierno. Un ochenta por ciento de los venezolanos rechazan la presencia de Maduro en el Palacio de Miraflores y las malas políticas de su gobierno. Se aferran a una conducta que es contraria a los principios básicos de la convivencia política y a la obligación establecida en la Constitución de formular planes de desarrollo que sirva de base y provea los lineamientos estratégicos de las políticas públicas para el crecimiento y tranquilidad de sus conciudadanos.

La democracia y sus valores, la que se reclama y reivindica en las protestas pacíficas, son letra muerta para quien gobierna y para sus acólitos, civiles y militares, quienes con mucho dinero y aviones privados, no tienen probabilidad de disfrutarlos en el exterior ni en interior del país; bien sabemos las razones, algunos por sus actos de corrupción y otros por su vinculación al narcotráfico y a delitos de lesa humanidad.

El pasado 19 de abril, fecha de celebración de nuestro grito de independencia, fue escogido para iniciar el reclamo definitivo de rechazo pacífico a las políticas del gobierno. La represión ha sido brutal. La GNB, los milicianos,- cuerpo armado ilegal e inconstitucionalmente, con reminiscencia de los tontons macutes en la vieja dictadura haitiana-, y los mal llamados colectivos o paramilitares, donde probablemente se incorporan expertos tiradores cubanos, han sido los llamados para reprimir a quienes reclaman libertad, comida y comicios transparentes. La comunidad internacional ya conoce de esta barbarie.

Se escogió la calle para expresar el descontento y pedirle al presidente elecciones libres y un gobierno nuevo con separación de poderes, sin presos políticos y empleos para superar la pobreza y vivir mejor.

La calle se escogió, porque fracasó el diálogo tramposo del gobierno y sus fiadores y es entonces, el lugar para reclamar derechos civiles y reivindicar la democracia.

La calle hoy es el territorio que queda al pueblo para expresar su descontento contra un gobierno que baila al son de las corruptelas, los negocios y el tráfico de drogas en algunos sectores, mientras las grandes mayorías populares pasan graves necesidades y viven con sueldos de miseria y sin esperanzas de mejor vida para sus hijos, todo a riesgo de la brutal represión policíaco-militar que ha visto el mundo.

El gobierno se ha visto debilitado y por ello acude al librito de las dictaduras, que es la represión, la que ya cobra seis muertes de jóvenes y un Guardia Nacional, todos venezolanos que aspiraban vivir en paz y con respeto por sus derechos políticos, económicos y constitucionales.

Con todo, el país va a vivir tiempos de cambios, que esperamos sea el más espectacular desafío de la nueva época democrática. Desde 1958 vivimos una experiencia democrática que hoy, a pesar de los 18 años perdidos, la gente reivindica ese modo de vivir en libertad, porque la democracia es ciertamente un sistema de vida, que con todos sus errores, se consolidó en el alma venezolana, que a pesar de sus fallas, permitió una sana confrontación electoral cada 5 años, con alternación en el gobierno y generó una sociedad dinámica que resolvió problemas primarios con estabilidad política.

El chavismo engañó al pueblo pretendiendo acelerar la historia, terminó entregando nuestra soberanía a una ideología que recoge los peores males sociales y económicos. Hoy la insatisfacción ha crecido y nos regresó a tiempos ominosos para la República. El decadente gobierno de Maduro-Cabello, con apoyo de un personaje que en el gobierno nacional tiene más títulos que el Rey Carlos V, ha carecido de perspectivas positivas por sus corruptelas, su incapacidad y los desafueros autoritarios, con lamentables descréditos en las altas esferas castrenses; su agravamiento ha hecho estallar la calle, que es hoy el territorio para alcanzar la paz nacional.

Corolario: La calle sigue, pero debe evitarse mayor derramamiento de sangre inocente; el inicio de los cambios impone la salida del presidente, él es parte de la crisis, y la instalación de un proceso de transición es necesario para lograr la gobernabilidad hasta la conclusión del periodo constitucional, con un líder que sin pretensiones de elegirse respete el pluralismo y concite la concordia, el consenso entre los factores políticos y dirija la convocatoria a elecciones libres y transparentes para consolidar la nueva democracia. La justicia independiente se encargará, a su tiempo, de sancionar a los desfalcadores del erario público, a los traficantes y a los incursos en violaciones a la Constitución, por imperio de lo contemplado en los artículos 25 y 139 de la Carta Magna.

frusbet@gmail.com

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