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Opinión

Frauke Petri, líder de Alternativa por Alemania (DfU) -el partido ultraderechista según los periodistas, populista según los sociólogos, fascista según quienes nombramos a las cosas por su nombre- se encuentra de visita en Rusia.

En Rusia, Petri –con quien ningún político quiere fotografiarse en Alemania- ha recibido honores reservados solo a los más altos dignatarios. Hasta el momento se ha entrevistado con diversos personeros de estado, entre ellos el Presidente de la Duma (Parlamento) y estrecho colaborador de Putin, Vyacheslav Volodin, y Vladimir Zhirinovsky, rabioso antisemita y presidente del partido “Democrático Liberal” ruso.

La visita de Petri a Moscú no es sorpresa. No ha hecho más que seguir los pasos de Marine Le Pen, asidua visitante del Kremlin (y de la Torre Trump) columnista del periódico oficialista Russia Today, declarada defensora de la política internacional rusa y admiradora efusiva del hipernacionalismo anti-europeo proclamado por el presidente Trump durante su campaña electoral.

Ni Petri ni Le Pen son la excepción. Prácticamente todos los partidos racistas de Europa son fervientes partidarios de Vladimir Putin de quien reciben –informan los periódicos- apoyo monetario para las campañas electorales que libran en sus respectivos países. Marine Le Pen a la vanguardia.

La hábil Le Pen ha sabido retribuir los honores de Putin. En reciente entrevista al periódico ruso Izvestia, prometió que si llega a la presidencia bregará por el levantamiento de las sanciones a Rusia. Y luego pronunció palabras que deben haber sido bombones para Putin: “Crimea pertenece a Rusia”. Que esas mismas palabras violen el espíritu y la letra de las resoluciones de Minsk firmadas por el propio gobierno ruso, la tiene sin cuidado.

Definitivamente: el FN y la AfD son los partidos de Putin en Francia y Alemania del mismo modo como en un pasado no muy lejano los comunistas europeos llegaron a ser los partidos políticos de la URSS en sus respectivos países.

Vladimir Putin sigue así, bajo otras formas, una de las líneas centrales del estalinismo. Ha sabido construir sus caballos de Troya al interior de las naciones europeas. La diferencia –puede que no sea gravitante- es que mientras los caballos del estalinismo eran comunistas, los del putinismo son fascistas (o para ser más precisos: neo-fascistas).

Entre el internacionalismo de los comunistas y el de los neo-fascistas es imposible hacer analogías (todas las analogías son falsas) pero sí –y eso es diferente- es posible hacer paralelos. Y bien, los paralelos entre Stalin y Putin son más que evidentes.

Putin, igual que ayer Stalin, practica una política colonial con las repúblicas vecinas, establece relaciones de clientela con las dictaduras del mundo islámico (Turquía, Siria e Irán), extiende amenazas hacia Ucrania, y si los europeos se dejan estar, pronto lo hará hacia los países bálticos y Polonia. Con diversos gobiernos del mundo ha configurado alianzas políticas. En Europa ya las mantiene con Hungría. Incluso Latinoamérica no es ajena a sus visiones. De hecho cuenta allí con dos aliados incondicionales: las dictaduras de Castro en Cuba y la de Maduro en Venezuela.

El imperialismo de Putin –es la diferencia con el imperio chino de nuestros días- no es en primera línea económico. Lo que une a Putin con las naciones que controla, o donde ejerce influencia, es una relación ideológica: el desprecio por la democracia occidental. Esa ideología tampoco se diferencia de la del imperio estalinista.

Putin hoy como Stalin ayer, es un declarado enemigo de la “sociedad abierta” y por lo mismo de los valores políticos que representa la Europa moderna. En cierto modo, como destacara una vez Rudi Dutschke, Stalin era el representante de un “asiatismo despótico” practicado en nombre del marxismo. Algo parecido ocurre con Putin.

Los ideales que hoy acaricia el ex marxista Putin son los de la Madre Rusia, los de la ultraconservadora confesión ortodoxa, los del familiarismo patriarcal, los de la homofobia, los de la eurofobia y los de la xenofobia. Putin es así fiel al anti-occidentalismo zarista y comunista. Su utopía, en lugar del comunismo, es la del por él llamado, "mundo post-occidental". Su modelo político reside en la fusión de un solo líder con el estado y con la nación. Son esos –quizás está de más decirlo- los mismos ideales de los neo-fascistas europeos. Esa es la razón por la cual los mal llamados nacionalistas son - aunque parezca paradoja- muy internacionalistas entre sí. En todo caso mucho más que los defensores de la Europa moderna. Han fundado en la práctica una quinta internacional: esa es la internacional de los fachos.

Stalin por cierto, agitó la lucha de clases, las del proletariado en contra de “la burguesía”. En eso tampoco se diferencian demasiado putinistas y estalinistas. En efecto, en todos los movimientos neo-fascistas (o putinistas) encontramos dos constantes. La primera: lucha de clases hacia abajo: odio hacia los extranjeros pobres. La segunda: lucha de clases hacia arriba: odio a las “elites” políticas (“la progresía” en lugar de “la burguesía)

Los neo-fascistas se han convertido en todos los lugares donde existen, en el partido de los resentidos y miedosos sociales. Los extranjeros pobres son para ellos el objeto elegido de un odio que en el fondo es hacia ellos mismos. Los partidos neo-fascistas son sus portavoces. La Rusia de Putin es, como ayer la URSS, la patria de la revolución, pero esta vez, no del proletariado, sino del populacho enardecido, en fin, de la revolución anti-política de las masas inorgánicas articuladas bajo gobiernos autocráticos y partidos racistas.

Frauke Petri, líder de los neo-fascistas alemanes, se encuentra en Moscú. La noticia apareció con letras muy pequeñas en los periódicos, como si la dama hubiera ido de vacaciones a Las Baleares. En lugar de enfrentar a una mujer que en nombre del nacionalismo más extremo viaja a recibir instrucciones (y con toda seguridad, dinero) de un estado enemigo de la democracia occidental, los medios y los políticos intentan minimizar el hecho. Grave error.

Quizás cuando los políticos europeos entiendan que a la democracia no solo hay que vivirla sino, además, defenderla, será demasiado tarde. Ayer EE UU tuvo que proteger a Europa. Pero de los EE UU de Trump lo más que pueden esperar los europeos son negocios. Y tal vez, para el estrafalario presidente, Europa ya no es un buen negocio.

Polis. 23 de febrero de 2017

https://polisfmires.blogspot.com/2017/02/fernando-mires-la-internacional...(POLIS)

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Yo, como ciudadano venezolano, no tengo cómo agradecerle a Su Santidad el papa Francisco la paternal solicitud que ha demostrado hacia Venezuela y hacia los venezolanos.

El papa Francisco nos ha distinguido con sus oraciones y con su preocupación. Pertenece al género de lo absurdo atribuirle al Papa alguna responsabilidad en el fracaso de lo que se ha llamado proceso de diálogo y en la triste situación en la que nos encontramos.

El simulacro de diálogo ha fracasado porque tenemos el gobierno que tenemos y tenemos la oposición que tenemos. Ni el gobierno ni quienes dirigen a la oposición creen en el diálogo. Si el gobierno creyera en el diálogo, ya habría tomado medidas para facilitarlo y para producir resultados concretos. Si la oposición creyera en el diálogo, se habría hecho representar por los jefes de los partidos y no por figuras subalternas.

Lo que hemos presenciado hasta ahora es un juego de poder en el que cada una de las partes trabaja por la aniquilación definitiva de la otra parte. Desde hace 20 años, el diálogo ha desaparecido de la política venezolana.

El gobierno quiere la destrucción de la MUD y trabaja activamente por su desaparición. La MUD quiere la aniquilación del gobierno y trabaja activamente por su desaparición. Ninguna de las dos partes parece entender que la solución de la crisis venezolana reclama un esfuerzo conjunto, de todos.

El gobierno solo no puede resolver la crisis. La oposición sola no puede resolver la crisis. Se requiere un gobierno de salvación nacional que cuente con el respaldo de todos, los partidarios del gobierno y los partidarios de la oposición, para poder enfrentar la gravísima crisis que estamos sufriendo los venezolanos.

El Papa se ha limitado a ofrecer sus oraciones y sus buenos oficios para ayudar a las partes a ponerse de acuerdo, pero son las partes las que tienen la responsabilidad.

En Polonia, cuando pudo salirse de la dictadura comunista que llevaba más de 40 años en el poder, la Iglesia católica jugó un papel estelar.

En Chile, cuando se pudo salir de una dictadura militar que llevaba 17 años en el poder, el cardenal Silva Henríquez, arzobispo de Santiago, jugó un papel fundamental.

En Suráfrica, cuando Mandela salió de la cárcel después de 27 años de prisión arbitraria, el arzobispo anglicano Desmond Tutu jugó un papel fundamental.

Lo mismo podría decirse de otras transiciones importantes en las cuales ha prevalecido la inteligencia y el patriotismo.

Yo le doy gracias a Dios por el Papa que tenemos y por la Conferencia Episcopal que tenemos en Venezuela y que tanto hacen por ayudarnos a superar las limitaciones de nuestro gobierno y las limitaciones de nuestra oposición.

@EFernandezVE

http://www.analitica.com/opinion/el-papa-y-venezuela-2/

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Marino J González

La III Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), correspondiente al año 2016, muestra un panorama de profundo deterioro de las condiciones de vida de los venezolanos. Por tercer año consecutivo, un equipo de investigadores de la UCV, UCAB y USB, ha coordinado la realización de una encuesta por hogares que contiene información sobre distintos aspectos de la vida de los venezolanos, tales como, el ingreso de las familias, alimentación, seguridad ciudadana, salud, educación, empleo, vivienda y servicios. Cada año que se ha realizado la encuesta (desde 2014), los resultados indican que la crisis social aumenta ante el fracaso rotundo de las políticas del actual gobierno. Debe destacarse que los últimos datos presentados corresponden al último trimestre del año 2016. De manera que se puede inferir que la actual realidad es mucho más complicada.

De acuerdo con la Encovi 2016, el 52% de los hogares del país no tiene el ingreso necesario para comprar la cesta de alimentos. Es por ello que se consideran en pobreza extrema. Más aún, un 30% adicional, aunque tiene los ingresos para comprar los alimentos, no tiene los ingresos para otros rubros de gastos básicos del hogar. En consecuencia, el 82% de los hogares del país se encuentra en situación de pobreza. No hay mucho más que agregar después de conocer este dato. El gobierno que se jactó durante buena parte de estos 18 años en tener a la pobreza como el eje de su acción, ha ocasionado la mayor reducción en las condiciones de vida en la historia del país en los últimos cien años. Por otra parte, las cifras indican que es la debacle más abrupta en las condiciones sociales en América Latina en los últimos cincuenta años.

Otros resultados expresan la variedad de manifestaciones en este contexto. Por ejemplo, el aumento de la proporción de hogares en pobreza estructural (de 16% en 2014 a 31% en 2016), es una evidencia de que ya no se trata de una condición transitoria. Es más bien un proceso que demuestra la sistemática disminución de la capacidad institucional para garantizar el bienestar de la población. Si a ello sumamos que las proteínas son accesibles para menos de la mitad de la población, que casi 10 millones de personas realizan solo dos comidas, o que el 94% de la población considera que la violencia ha aumentado en el año anterior, no queda la menor duda de la afectación en todas las esferas de la vida ciudadana.

Este deterioro era previsible. Es posible que las dimensiones no fueran completamente estimadas. Pero es muy evidente que el grado de incompetencia que el actual gobierno ha tenido en el manejo de los asuntos públicos, no podía conducir a otros resultados. La población venezolana está sufriendo sistemáticamente las consecuencias de tener un gobierno con la peor combinación de políticas en el siglo XXI en el mundo. El avance de la crisis social lo demuestra. Y también deja muy claro que el actual gobierno no tiene ni la visión ni las capacidades para enfrentar esta terrible situación.

http://www.talcualdigital.com/Nota/137746/avanza-la-crisis-social

 2 min


Humberto González

Cualquier escenario para el desenlace de la crisis política venezolana que no incluya a las FANB es inexacto y conduciría a estrategias equivocadas. La mayoría del pueblo en la calle expresa diariamente su rechazo y frustración con el gobierno. Algunos elementos de las fuerzas militares han expresado, en forma aislada, idéntico descontento. Pero ese rechazo no parece ser suficiente para remover por mecanismos institucionales a un gobierno que arrastra a todo el país a la debacle.

No es posible encontrar una solución a la crisis política que vive Venezuela por la vía del diálogo con el gobierno, o por la vía de las elecciones, porque el secuestro de los poderes públicos hace totalmente inefectivo el ejercicio del Estado de Derecho. Las garantías políticas, sociales y económicas consagradas en la Constitución están suspendidas de facto en la práctica.

Pero el nodo central de poder que le permite a la camarilla gobernante imponerse sobre el resto de la sociedad es el apoyo que hasta ahora ha recibido de las FANB. El respaldo militar a un régimen que promueve la ruina y el caos en el país, es la única razón por la cual los métodos institucionales y democráticos se estrellan con el infame muro de la represión.

Pero como lo analizamos la semana pasada, hay un descontento creciente en las FANB, y su apoyo al gobierno comienza a diluirse en la lucha de facciones que representan los más variados intereses y feudos chavistas en pugna. Hasta ahora, esta confrontación entre facciones es lo que le ha permitido a la minoría más grande que apoya al régimen asegurar una posición de influencia.

Las facciones chavistas que se pelean por el control de las FANB no solo se miran con recelo entre ellas, sino que además tampoco confían en el liderazgo opositor. Esto levanta todo tipo de dudas y reservas sobre lo que sería su posición y comportamiento en el caso de una eventual transición política a un modelo distinto del actual.

La realidad es que, dado el deterioro de la institucionalidad en Venezuela, cualquier proceso de cambio político debe pasar por los densos e intrincados filtros de los grupos que coexisten hoy en las FANB. En otras palabras, sin la aquiescencia de una mayoría en las FANB, ese cambio político es virtualmente imposible. Su participación será necesaria, no solo en el proceso de transición, sino en una etapa posterior para recuperar estabilidad política y gobernabilidad. Más allá de lo que digan las leyes y lo que establezca la Constitución, esa es una verdad nauseabunda pero inocultable.

Además de las tareas propias para recuperar el terreno perdido en el episodio del diálogo, el liderazgo opositor debe enviar señales claras a las diferentes facciones militares sobre lo que implicaría un cambio de modelo político y económico. En particular –y este es un tema de especial interés para las FANB– cómo haría un nuevo gobierno encabezado por la oposición para recuperar el orden y superar el caos y la anarquía.

Hay un tabú en torno a la comunicación entre la oposición y las FANB. El mismo gobierno, consciente de sus debilidades, se ha esmerado en impedir todo tipo de contacto institucional para mantener aislado al estamento militar. Cualquier intento de acercamiento es inmediatamente calificado de intento de golpe de Estado.

Más que un llamado a la insubordinación, la oposición debe hacer un llamado claro y contundente a las FANB para que renueven su compromiso institucional y defiendan la Constitución Nacional de cualquier intento de ultraje, como una vía expedita para superar el caos y la anarquía.

Con sus vicios, sus errores, su alto grado de partidización y sus aciertos –que los tienen– las FANB son un factor que no se puede ignorar en la ecuación del poder en Venezuela.

@humbertotweet

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/las-fanb-ecuacion-del-pod...

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Orlando Viera-Blanco

El uso cuidadoso de las palabras es muy importante. Michel de Montaigne dejó claro que nadie está libre de decir estupideces, y lo malo es decirlas con énfasis. En estos días algunos auto consagrados gurús de lo políticamente correcto, han calificado de “imbecilidad” la asistencia de Lilian Tintori a la Casa Blanca, estrechando manos con Donald Trump. Los zeus del olimpo político criollo, han sentenciado con su tridente (twitter), que “la sentencia del TSJ contra de Leopoldo López fue consecuencia de esa foto. Nada más incierto. Ni la más hiriente intelectualidad chavista habría apelado semejante idiotez.

En el pensamiento más profundo no puede faltar el necio perfecto (Les Fleurs du mal, Charles Baudelaire). Hay muchos ejemplos de discurso baladí, cliché, soso, intrascendente…“Ojo: yo por las buenas soy muy bueno, pero por las malas, peor…” Un decir desabrido, tautológico, falaz, que pretendiendo intimidar termina confesando vaguedad e insustancialidad. No por casualidad algunos afirman que los imbéciles “no cambian de opinión”. Incapacidad de discernir propia de las “personas tontas, que carecen de criterio e inteligencia” (DRAE). Quien le dice a otro imbécil, ofende sin elegancia, sin creatividad y con una rudeza que lo desnuda cómo tal. El insulto no sólo denota al ofendido, sino busca molestarlo. Además de enojar al mosqueado, busca rebajarlo patológicamente de incapaz. En resumidas, es una expresión muy fuerte que en el terreno político se revierte. Tachar a otro de imbécil es tan fulminante como boomerang; tan deshonroso como impertinente, por el grado de respeto que el colectivo exige a los hombres de poder (legítimos) o que demandan de éste a ciudadanos que se conducen como tales (dixit Savater). ¿Alguien duda que Lilian defiende una causa justa y ciudadana? ¿Alguien en su sano juicio puede llamarla imbécil por ir adonde le pidan en pro de la libertad de su marido, de su país y la felicidad de sus hijos, de sus compatriotas?

Repasando archivos encuentro que el Diario británico ‘The Guardian’ elaboró una lista gradual con las citas más tontas de los presidentes de EE.UU., revelando que la calidad lingüística de los discursos de los máximos mandatarios, ha caído en picada con el paso de los siglos. Utilizando como prueba de legibilidad la nomenclatura Flesch-Kincaid, misma que mide la capacidad de comprensión de un documento, el estudio arroja que el primer presidente, George Washington y sus compañeros fundadores, registraron niveles de lectura que rondaban la puntuación 20, es decir, utilizaban un vocabulario que refleja 20 años o más de estudios. Los presidentes contemporáneos de EE.UU. apenas alcanzan 10 puntos. George H.W.Bush obtiene 8.6 pts. Es conocido por frases como: “no creo que los ateos deban ser considerados ciudadanos, ni patriotas…Esta es una nación regida bajo Dios” o “es el momento que la raza humana entre en el Sistema Solar”(…)Barack Obama obtiene una puntuación de 9.4. Dijo que “EE.UU. estará a salvo siempre y cuando todos los ciudadanos tengan un leño en la mano” o “no me opongo a todas las guerras, me opongo a una guerra estúpida” (…) Gerald Ford -7 puntos- es recordado por su elocuente, “si Lincoln estuviera vivo, se retorcería en su tumba”; o Ronald Reagan (8pts.), por su comentario de Jimmy Carter: “Una recesión es cuando tu vecino pierde su empleo. Una depresión es cuando tú pierdes el tuyo. Y recuperación es cuando Jimmy Carter pierde el suyo”. Declaraciones contradictorias, arrogantes, que habiendo sido señaladas como imbecilidades por “ilustres líderes de opinión”, éstos terminaron siendo maldicientes y aquellos presidentes. Y hoy Trump es Presidente…

En Venezuela tenemos nuestros propios peregrinos de la lengua: “Si yo me muero y a mí me matan”; “El futuro es mañana”; “En el país de lo ciegos el muerto es ley” Otros: “Cristo redentor se hizo carne, se hizo nervio, se hizo verdad en Chávez(…) Hoy tenemos millones y millonas de Bolívar”. Afirmaciones que demuestran torpeza en el discurso. Sin duda. Pero aquél que siendo ilustrado les insulta, lejos de demostrar sobriedad y compostura académica, exhibe un incontenible ego y soberbia. El ridículo o la impronta del gazapo será mayor en el humor o en el cotillón de boca a boca. Pero no en la voz de un profesor.

Cuando desde un flanco político se insulta a otro en tono muy ofensivo, quien tiene las de perder es el agresor. Y cuando la ofensa es hacia un aliado, la imbecilidad se invierte. El asunto no fue estar con Trump. El tema es que quien critica ese encuentro, no aguantaría dos pedidas para atender una invitación de Donald o de quien venga, a la Casa Blanca…El TSJ no condenó a López por el estrechón de manos de Tintori y el aprendiz. López fue condenado el primer día que espetó en plaza abierta (y repleta) la palabra libertad. Y hasta el más humilde sabe qué día saldrá Leoplodo de su celda.

¿Qué puntaje le daría Ud. a quienes ofendieron encendidamente a Lilian Tintori? En todo caso una miserable actitud que responde muy bien a la pregunta, por qué la oposición sigue dividida. Quizás la anarquía, la tiranía de los imbéciles y la mezquindad, duermen más de nuestro lado que del lado contrario.

@ovierablanco

http://www.noticierodigital.com/2017/02/orlando-viera-blanco-la-tirania-...

 4 min


Cada vez más se hace difícil entender a la mayoría de los partidos, sobre todo a algunos de los de oposición al régimen, en este ya largo proceso “político” que venimos sufriendo en Venezuela.

Los amigos del proceso no han tardado en revelarse ante la decidida intención de acabar con ellos y consolidar al “único” que tanto quería su comandante, mientras que en la oposición y particularmente entre los “más grandes”, pareciera que la tan alabada diversidad democrática es en realidad un estorbo para el regreso a un sistema en el que entre muy pocos, preferiblemente dos, se turnan el ejercicio del poder ejecutivo, acompañándolo de un legislativo muy de bloques homogéneos que faciliten los acuerdos de coexistencia.

Esa visión de democracia nos trajo a estas realidades y hoy, cuando hemos debido aprender de nuestros errores, volvemos a transitar caminos ya trillados que siempre nos conducirán al mismo destino: clientelismo, ineficiencia, corrupción y profundización de las desigualdades.

Necesitamos reinventarnos como país, es indispensable aceptar la necesidad de poderes públicos independientes en manos de gente capaz y honesta, que rindan constantemente cuentas de su gestión y que puedan ser cambiados por decisión de quienes los eligieron, tan pronto transcurridos tiempos prudenciales en los que se compruebe su inoperancia o falta de idoneidad.

Para ello no basta cambiar de gobierno; es indispensable cambiar la política y convertirla en asunto de todos. Los que aspiren a ejercerla no pueden hacerlo como profesión, ya que es mucho más que eso, es una decisión de servicio público que tiene que ser recompensado como cualquier otro trabajo, económicamente bien y reconocida pública y justamente cuando así lo merezca.

Un paso indispensable hacia ello demanda la derogatoria de las actuales leyes electorales y su reemplazo por instrumentos legales que democraticen el ejercicio de la política, garantizando la participación de todos los que se organicen para ello, el financiamiento público de la actividad de los partidos y con restricciones claras al proveniente de fuentes privadas, teniendo en cuenta que parte importante del mismo es el acceso igualitario a los espacios en los medios de comunicación social del Estado y sin omitir como ocurre ahora, que la representación proporcional en los cuerpos de elección directa y la indispensable presencia de las minorías en ellos, son la verdadera prueba de la existencia de la democracia, ya que de los mismos se deriva el nombramiento de los otros poderes que reclamamos independientes.

En la Asamblea Nacional reposa un proyecto de reforma a las leyes electorales, tenemos mayoría y lo aprobado hoy podemos hacerlo valer a futuro. Lo legislado no podrá ser desconocido como voluntad delegada en los diputados electos en diciembre 2015 y en estas leyes, así como en otros proyectos de importancia nacional, deberíamos estar empeñados en lugar de intentar “legalizarnos”, dudo que sinceramente, ante un ente al que hemos declarado nombrado ilegalmente y sobre todo, al que la inmensa mayoría de los venezolanos consideramos probadamente indigno de confianza.

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Si quisiéramos concretar en una sola palabra la característica principal de la política venezolana de los últimos lustros, creo que el término más adecuado sería ficción. Según el Diccionario de la Lengua Española, este término indica la acción y efecto de fingir, o bien la invención o cosa fingida, aplicándose también a una clase de obras literarias o cinematográficas, generalmente narrativas, que tratan de sucesos y personajes imaginarios.

Pues si bien en Venezuela hay pavorosas e incuestionables realidades como el hambre, la inseguridad, la carencia de medicinas y servicios públicos, la destrucción de las infraestructuras escolar y vial, etc., la forma en que son tratadas por la clase política se asemeja más a los cortometrajes de Tom y Jerry que a los cuentos de terror de Edgar Allan Poe, con los cuales tienen obvia semejanza.

Rechazo agruparme con los que afirman que todos los males de la República llegaron en el morral de Chávez, pues creo que la mamadera de gallo empezó tras la caída de Pérez Jiménez y la celebración del Pacto de Punto Fijo, que si bien se inició como un requerimiento vital para salvaguardar la democracia recién inaugurada, pronto derivó en un acuerdo subalterno dirigido a preservar un status quo donde los grandes beneficiarios eran A.D. y Copei, quienes lustro tras lustro jugaron un ping-pong político donde la pelota era Venezuela.

En esos tiempos empezaron las ficciones de la era moderna. A la democracia, que es una forma de vivir, se le empezó a adjetivar como formal, en descarada admisión de que eran las formas y no la sustancia las que prevalecían en la conducción política del País; también se le llamó democracia representativa, mediante la cual los partidos cogobernantes ejercían la soberanía y usufructuaban sus beneficios, dejando al pueblo ayuno de poder y convirtiendo a la institución presidencial en una suerte de monarquía medioeval, con reinas omnipotentes, pero ajenas al apellido del monarca.

La democracia que hoy, en medio de la hambruna, nos invitan a añorar, fue el preámbulo necesario de este desastre. Si en 1959 hubiésemos inaugurado una democracia sustancial, que no apañara casos de corrupción como el de la chatarra militar, ni asesinatos políticos como los de Jorge Rodríguez y Alberto Lovera, así como tampoco las burlas a la soberanía popular como el intento de desconocimiento del triunfo de Aristóbulo para la Alcaldía de Caracas o el cuarto lugar a que bajaron descaradamente a Andrés Velásquez en 1993, el 4 de febrero un pueblo enfurecido hubiese linchado al faccioso y enterrado al nacer al chavismo que hoy nos acogota. Pero no fue así; mientras Morales Bello en el Congreso pedía la cabeza de los golpistas, un pueblo agradecido aplaudía en la calle a los militares rendidos y luego, en los carnavales subsiguientes, disfrazaba a sus hijos de «chavitos».

Durante la campaña electoral de 1998, los reyes quedaron desnudos. Enloquecidos ante la inminente pérdida del poder disfrutado durante 40 años, perdieron impúdicamente todo vestigio de dignidad, al dejar a Irene Sáez y a Luis Alfaro Ucero colgados de la brocha.

En agosto del año que viene se cumplen 520 años de la llegada de Colón. Desde entonces hasta la fecha, el trueque de espejitos por pepitas de oro no ha cesado, si bien ha mutado: hoy nos ofrecen patria los mismos que la hipotecaron a rusos y chinos y la pusieron bajo el mando cubano; nos ofrecen democracia quienes no la practican en sus partidos y consideran las elecciones primarias un invento del diablo. Hemos vivido probando la dulzura de las promesas y la amargura de las decepciones.

Es terrible tener que admitir que el último régimen que mostró el queso de la tostada fue la dictadura de Pérez Jiménez. Aún Caracas juega béisbol y fútbol en los estadios que él construyo, estudia en la UCV y la atienden en el Hospital Universitario; viaja a Valencia por la ARC, sube al Ávila por su teleférico y baja a la playa por su autopista.

La riqueza diluvial que ha caído sobre Venezuela desde que reventó el Zumaque I en 1914, no se ve por ninguna parte; lo que si tenemos para mostrar en exceso son las promesas incumplidas, las esperanzas defraudadas y los sueños rotos.

Hoy, en un País donde los niños mueren de hambre en sus casas o de mengua en los hospitales, cuando el fantasma del cretinismo nos muestra su guadaña, se tornan vigentes las palabras de El Libertador ante los temores de entonces: «vacilar es perdernos».

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

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