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Opinión

Según viejas creencias, la piedra filosofal podía no solo convertir el plomo en oro, sino que también tenía propiedades místicas y mágicas. Incluso hay varias recetas para supuestamente producirla. Como aquí nos gusta la papa pelada y, como dice la canción gitana que canta mi amigo el venerable Antonio, preferimos la cuesta abajo en lugar de la de arriba, cada quien tiene su receta de cómo producir la piedra y así solucionar nuestros problemas.

En el 2002 la piedra filosofal era la huelga. Lamentablemente la misma solo logró unos acuerdos que el régimen incumplió, entre ellos el referendo revocatorio que lo demoró hasta que el precio del petróleo permitió el lanzamiento de las llamadas misiones, las cuales inicialmente convencieron a un pueblo que fácilmente se deja engañar con ofertas de dádivas. Como la huelga no tuvo el éxito deseado, sus promotores fueron descalificados.

En 2005 la piedra filosofal fue la abstención en las parlamentarias. Fue un mensaje rotundo, pero a los pocos días la dirigencia opositora reconocía a la Asamblea. Como fracasó, muchos sembraron la tesis de que ¨por haber entregado la Asamblea¨, el régimen tuvo rueda libre para hacer sus fechorías, pasando por alto de que en esas elecciones los partidos estaban disminuidos y no hubiesen sacado más de una docena de diputados.

En el 2014 la piedra filosofal era ¨la salida¨, la cual consistía en protestas en la calle e inclusive la pernocta. Los opuestos a esta solución no solo la criticaron, sino que incluso la sabotearon y hasta dieron la razón a los cobardes que agredieron a los estudiantes. Un dirigente llegó a justificar la prisión de Leopoldo. Para reprimir esas manifestaciones pacíficas el régimen violó masivamente los derechos humanos, lo cual despertó la atención internacional con la consecuente censura a los rojos.

En el 2015 la piedra filosofal era lograr una mayoría de la Asamblea Nacional, ante la cual el régimen debería abandonar sus abusos y podríamos tener un nuevo CNE y un TSJ decentes. Para sorpresa de todos, obtuvimos las dos terceras partes de las curules con la tarjeta única de la MUD. Como era de esperar, el régimen no respetó a nuestros diputados. Ahora, algunos reclaman que por haber ido sin la tarjeta de los partidos estos quedaron ¨fuera de la ley¨.

En el 2016 la piedra filosofal fue el referendo revocatorio presidencial. Haciendo honor a su totalitarismo el régimen no lo permitió. Ahora algunos opinadores alegan que fue un error y que lo procedente era apostar a las elecciones de gobernadores y alcaldes. Sin embargo, esa decisión del régimen fue la puntilla para que los más indecisos aceptaran calificar de dictadura al régimen e internacionalmente tuvo un elevado costo político para los rojos.

También en el 2016 algunos promovieron el diálogo como piedra filosofal. Pocos se oponen a un diálogo bien llevado, pero la oposición acudió sin una estrategia y con negociadores no aptos para este menester. El régimen se salió con la suya.

En el 2017 está por verse si la MUD cumple su promesa de reestructurarse y depurarse. Mientras tanto, algunos pontifican que las elecciones regionales son la perfecta piedra filosofal ante la cual el régimen deberá ceder. También algunos quieren revivir el diálogo y critican a los opositores que rechazaron a los mediadores. Un grupo valioso de ciudadanos promueve una Constituyente para la cual tienen aportes importantes. El punto débil es que piensan que se puede convocar sin la participación del CNE y, por otra parte, si se logra encaminarla, Maduro puede adelantarse y convocarla bajo premisas que favorezcan a los rojos.

Esta breve reseña permite visualizar que salir de un régimen totalitario no es sencillo. Desde luego que tenemos que seguir presionando para que haya elecciones regionales. También se puede iniciar un nuevo diálogo que tenga como base el respeto a la Constitución, incorporación de otros mediadores y cambio de nuestros negociadores. Sin embargo, no debemos esperar resultados positivos. El Pacto de la Moncloa en España tuvo éxito porque quienes estaban en el gobierno no querían perpetuarse. Si Franco hubiese estado vivo no se habría dado. Es decir, en el gobierno de Adolfo Suárez había voluntad de un cambio. En el caso de Pinochet frecuentemente olvidamos que el general se vio obligado a entregar porque el alto mando militar le retiró el apoyo.

Lamentablemente, para que Maduro ceda se requiere una de las tres siguientes condiciones: que su propia gente decida presionarlo, que la misma se la exijan los militares o que haya una protesta civil generalizada con una huelga en todos los sectores y presencia masiva en las calles. Desde luego que paralelamente hay que insistir en las regionales, pero como parte de una movilización general. Como dice ese gran luchador que es Pompeyo Márquez ¨Ninguna lucha se pierde cuando es por valores como la libertad, la independencia y la democracia. Cada vez que cometemos un error avanzamos¨.

Como (había) en botica: La ministra de Salud Antonieta Caporale le echa la culpa al capitalismo por inducir algunas enfermedades ¿Y los casos de paludismo, tuberculosis, difteria y desnutrición? La Fiscal Ortega tiene lista la investigación por las violaciones a los derechos humanos en el período 1958-1998, lo cual nos parece correcto, aunque ya asoma que fueron 10.000 casos lo cual no es creíble. ¿Por qué no investiga también los del período rojo, entre ellos el asesinato de José Manuel Vilas? ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Andrés Oppenheimer

Muchos de nosotros hemos alabado al Papa Francisco por su humildad y su tolerancia por las víctimas de la discriminación que el Vaticano había ignorado durante mucho tiempo, pero es hora de decirle alto y claro: ¡salga de Venezuela!

El esfuerzo de mediación del Vaticano en Venezuela ha sido un desastre. Ha legitimado al gobernante autoritario de ese país, Nicolás Maduro, lanzándole un salvavidas cuando millones de manifestantes exigían su renuncia en las calles en octubre de 2016. Y le ha permitido a Maduro ganar tiempo, fortalecerse y reprimir aún más a la oposición.

Varias entrevistas con líderes políticos venezolanos y el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, me convencieron de que la mediación del Vaticano –junto con la falta de una declaración oficial de la coalición opositora dándola por terminada– se han convertido en los mayores obstáculos para restablecer la democracia en Venezuela.

La mediación del Vaticano junto a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) –una institución que no ha hecho más que defender a demagogos populistas– ha mirado hacia el otro lado mientras Maduro se ha rehusado a liberar a Leopoldo López y otros prominentes presos políticos, y ha aumentado el número total de presos políticos de 83 el año pasado a 108 hoy, según cifras del Foro Penal Venezolano.

Además, el régimen de Maduro ha invalidado el derecho constitucional del pueblo venezolano a convocar un referendo revocatorio y ha recortado inconstitucionalmente los poderes más importantes de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora.

Entre otras cosas, el régimen le ha quitado al Congreso el poder de hacerle un juicio político al presidente, y de nombrar a los miembros del Consejo Nacional Electoral. Casi el 80 por ciento de los venezolanos se oponen a Maduro, según una reciente encuesta de Datanálisis.

Como resultado de todo esto, Venezuela se encuentra en una parálisis catastrófica. Hay un caos político y económico –se prevé que la inflación superará el 1,000 por ciento este año, un récord mundial–, escasez de alimentos, y la mayor tasa de homicidios de Sudamérica.

Lo lógico sería que Estados Unidos y los países latinoamericanos hagan implementar la Carta Democrática de la OEA, que permite sanciones diplomáticas colectivas contra países que violan el estado de derecho.

Pero en una entrevista esta semana, el Secretario General de la OEA, Almagro, me dijo que tiene las manos atadas mientras siga la mediación del Vaticano y UNASUR.

“Mientras el Vaticano esté ahí, definitivamente nosotros no tomaremos ninguna acción de impulsar la Carta Democrática”, me dijo Almagro. “Si nos dicen que ese diálogo terminó y hay una comunicación formal de la oposición y del Vaticano al respecto, entonces recomenzaremos los trabajos que deban ser realizados para sumar esfuerzos a la hora de tomar medidas”.

Agregó que la parálisis en Venezuela es resultado “de la presencia del Vaticano y de una actitud de espera por parte de la oposición venezolana”.

Mi opinión: Para que Venezuela salga de su espiral descendente deben ocurrir tres cosas.

Primero, la oposición y el Vaticano deben anunciar oficialmente que la actual mediación ha terminado. Deberían definir a Venezuela como una dictadura porque Maduro ha violado el estado de derecho, especialmente desde que le quitó poderes básicos a la Asamblea Nacional después de que la oposición ganara las elecciones legislativas del 2015.

En segundo lugar, la Asamblea Nacional debe solicitar oficialmente a la OEA que active su Carta Democrática. Para lograr imponer sanciones diplomáticas al régimen de Maduro, la OEA necesitará los votos de la mayoría de los países de la región.

Tercero, el Presidente Trump debe dejar de insultar a México, y por extensión a toda América Latina. De lo contrario, Maduro se presentará como la víctima de una supuesta agresión estadounidense, y muchos países no querrán votar contra el régimen venezolano por temor a ser vistos como aliados de un presidente estadounidense que maltrata a la región.

A menos que se tomen estos pasos, Venezuela continuará en su espiral descendente. Es hora de poner fin a este drama. Y el Papa Francisco debería dar el primer paso dejando de ser un obstáculo para la presión colectiva para la restauración de la democracia en Venezuela. @oppenheimera

Andres Oppenheimer

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/andres-oppenheime...

 3 min


No es la Misión de la NASA sino una manoseada tesis que suelen usar algunos dirigentes, la de “agarrar aunque sea fallo”. Ocupar los espacios, si hay más de uno. Meter el pie para que no cierren la puerta. En fin de cuentas, “del lobo, un pelo”. Esta versión desmejorada de la ambición política es moneda falsa, de circulación corriente en la esfera de las migajas, tan carente de ideas como ahíta de oportunismo.

La tesis de obtener espacios políticos tiene varias connotaciones. Una muy relevante es la de que los ciudadanos a través de sus representantes lograrían espacios institucionales, como ocurrió hace poco en Venezuela, al obtenerse algunas gobernaciones y muchos diputados a la Asamblea Nacional. El problema se presenta cuando esos espacios no son, en rigor, de los ciudadanos sino que los presuntos representantes usan a los ciudadanos para lograr sus cargos, pero, en realidad, no los representan. La crisis de representación existe en muchos países y en Venezuela también: los partidos y sus dirigentes no encarnan a la sociedad sino que la usan para que ésta les ayude a conseguir sus empleos y una vez obtenidos, dejan de lado a aquéllos a quienes pidieron su voto o su apoyo.

Esta desventura tiene lugar porque los propios partidos y sus dirigentes padecen, a su vez, una crisis de representación interna: no consultan a las bases, no hacen elecciones libres y limpias, se escudan –como Fidel con el embargo- en las condiciones “externas” para desarrollar una peculiar forma de autoritarismo. Hay quienes tienen más tiempo en las direcciones de los partidos que muchos de los dirigentes que estuvieron al mando de la República democrática o han estado“enchufados” en la administración pública más que el mismo Chávez.

La crisis de representación es lo que ha generado el cortocircuito de opinión pública con la dirección opositora. Al no haber una circulación de representación entre el ciudadano, sus diputados y dirigentes políticos, lo que queda son chispazos de coincidencia entre la opinión pública y los debates parlamentarios; pero cuando el azar no contribuye, lo que restan son desencantos, por lentitudes, desatinos y elocuencia inane.

La única manera de resolver tanta disonancia es definir el objetivo principal: ¿salir del régimen lo más pronto posible?, ¿o marear la perdiz con un hipotético, impreciso y lejano reemplazo de Maduro en 2019? Si no se precisa con antelación el objetivo, los reglamentos y el cambio de caras no sirven para nada.

Cuando los representantes no representan el cambio toma la forma de aventura incierta.

https://www.lapatilla.com/site/2017/02/08/carlos-blanco-conquista-del-es...

 2 min


El 1 de enero de 1976 la industria petrolera venezolana amaneció nacionalizada. PDVSA nacía con severos obstáculos. El primero era que, aunque dueños del petróleo, no teníamos acceso a los mercados internacionales. El segundo obstáculo era que el 75% de nuestras reservas correspondían a crudos pesados, con mucho azufre, que los mercados no deseaban. Sólo los podíamos vender mediante acuerdos de comercialización con las transnacionales que habíamos nacionalizado y a precio de gallina flaca. A los compradores sólo les interesaban para mezclarlos con crudos de otras procedencias.

Emprendimos un ambicioso programa de cambio en los patrones de nuestras refinerías a fin de transformar nuestros crudos pesados y ácidos en productos de alto valor. Aún así, no teníamos acceso a los mercados.

Surgió entonces una oportunidad. A raíz de una de las crisis en el Medio Oriente, algunas refinerías en EEUU y Europa se quedaron sin suministro de crudo. PDVSA pudo comprar algunas a precio de ocasión. Tal fue el caso de CITGO que ya era dueña de varias refinerías en territorio norteamericano. En 1986 adquirimos el 50% de sus acciones; después, en 1990, compramos el restante 50%.

El paso siguiente fue titánico. Teníamos que realizar cuantiosas inversiones para dotar a esas refinerías de procesos de conversión profunda (craqueo catalítico) a fin de adecuarlas a las características de los crudos pesados y ácidos de Venezuela.

Pero el Gobierno de la época no aportó los fondos requeridos, ni estuvo dispuesto a otorgar avales para lograr los créditos que se requerían. Se optó por contratar financiamientos que serían pagados con el flujo de caja de la propia CITGO. Eso limitó por algunos años la repatriación de dividendos a PDVSA. El financiamiento se terminó de pagar en 1997 y quedamos libres de esa condición.

CITGO es el principal brazo comercializador de nuestro petróleo. La empresa llegó a ser propietaria de ocho grandes refinerías en EEUU con capacidad para refinar más de 1,5 millones de barriles diarios, además de 66 terminales. Tenía participación en oleoductos que atravesaba a EEUU de sur a norte y disponía de más de 15.270 estaciones de servicio (más que restaurantes McDonald’s) que aunque no eran propias, eran franquicias abanderadas con la marca CITGO y vendían gasolina y productos venezolanos.

Para 1998 las refinerías de CITGO eran las siguientes: Lake Charles (320.000 b/d), Paulsboro (84.000 b/d), Lemont (160.000 b/d), Sweeny (213.000 b/d), Savannah (28.000 b/d), Lyondell (265.000 b/d), Corpus Christi (150.000 b/d) y Chalmette, esta en asociación con Exxon Mobil y donde se terminaba de procesar el crudo inicialmente mejorado en Jose proveniente de la asociación estratégica que teníamos con esa empresa en la Faja del Orinoco. Llegamos a controlar el 10% del mercado de gasolina más grande del mundo: el de los EEUU.

Se logró una integración vertical admirable capaz de agregar valor en cada eslabón de la cadena, gracias a la cual el petróleo proveniente de nuestros yacimientos era despachado a los automovilistas norteamericanos, después de haber sido extraído en nuestros pozos, procesado en nuestras refinerías, transportado en nuestros oleoductos, embarcado en nuestros súper tanqueros, manejado en nuestros terminales y vendido en nuestras estaciones de servicio CITGO.

Llegó la revolución

Con la revolución el gobierno decidió desprenderse de varias de esas refinerías y vendió la participación que teníamos en varios oleoductos, que por cierto se usarán ahora para unirlos con el oleoducto Keystone cuya construcción autorizó el presidente Trump y llevará hasta el Golfo de México 800.000 barriles diarios de petróleo de Canadá desplazando al de Venezuela.

Por ahora nos quedan 4 refinerías. Unas las vendimos y otras, como el caso de Chalmette -que teníamos en asociación con Exxon Mobil- la perdimos al echar de Venezuela a esa empresa y perder el arbitraje internacional en el Ciadi.

De las que quedan, la de Sweeny, la tenemos en asociación con Conoco Phillips. Nuestra participación está en riesgo porque esa empresa también ha demandado a PDVSA en el mayor de todos los arbitrajes internacionales ante el Ciadi, cuya decisión se espera este año. De las 8 refinerías iniciales sólo nos quedarían 3.

Para colmo, de las 15.270 gasolineras hoy quedan menos de 6.000 en manos de CITGO y la capacidad de refinación se redujo a 749.000 b/d.

CITGO ha sido desmembrada, endeudada y totalmente hipotecada: el 50,1% para garantizar el pago de los bonos de PDVSA cuyo vencimiento se renegoció hasta el año 2020 y el restante 49,9% para garantizar un préstamo de la empresa rusa Rosneft.

Peor aún, corre el riesgo de ser embargada para atender las resultas de los arbitrajes internacionales que de manera sistemática PDVSA ha venido perdiendo ante el CIADI, así como en otros juicios que se nos han abierto por expropiaciones.

En 1998 exportábamos 1,5 millones de barriles diarios de crudo y productos a USA -fundamentalmente a nuestra propia filial CITGO- con lo cual éramos el principal suplidor extranjero del mayor mercado petrolero del mundo: los EEUU (que por cierto se encuentra a apenas 5 días en tanquero de Venezuela). Allí disponíamos de una inmensa red de refinación diseñada como un traje a la media para las características de nuestros crudos.

En revolución eso cambió. Hoy sólo exportamos a EEUU la mitad, unos 750.000 b/d, porque el gobierno decidió cambiar ese mercado por el de China (que está a 45 días en tanquero en lugar de 5) y donde no existe ni una sola refinería capaz de procesar nuestro petróleo.

Del petróleo que enviamos a China no queda nada, porque se destina íntegramente a pagar deudas contraídas con ese país.

Es como si un huracán lo hubiera barrido todo. La única explicación de tanta locura la encontramos en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013. Olvidándose de las prioridades económicas, el Plan promueve una nueva estrategia geopolítica cargada de dogmatismo que procura, textualmente, “la diversificación de las relaciones políticas, económicas y culturales, con la idea de construir un mundo multipolar que quebrante la hegemonía del imperio norteamericano” buscando acercamientos “con otras naciones alineadas en similares trincheras antiimperialistas o con polos de poder extra regionales que contribuyan a quebrantar dicha hegemonía” (pág 6).

El único impacto en el “imperio” fue que al estimular las inversiones en “fracking” su producción doméstica creció en 5 millones de b/d y hoy dependen menos de nosotros. La única quebrantada resultó ser Venezuela.

petoha@gmail.com
@josetorohardy

https://www.lapatilla.com/site/2017/02/09/jose-toro-hardy-citgo/

 5 min


Moises Naim

En mi columna del 6 de marzo del año pasado escribí: “Si en 2000 la Corte Suprema fue la institución que en la práctica determinó quién sería el presidente de Estados Unidos, este año el gran elector podría ser el director del FBI, James Comey”.

Me equivoqué. El gran elector de estas últimas elecciones no fue el jefe del FBI. Fue Vladímir Putin.

Como se sabe, el FBI estaba investigando si Hillary Clinton había cometido un delito al usar su sistema privado de correo electrónico para enviar mensajes confidenciales. El jefe del FBI también dijo “…Sigo muy de cerca esta investigación y quiero asegurar que cuenta con todos los recursos que necesita, tanto de personal como tecnológicos…”

Hoy sabemos que mientras Comey y sus colegas estaban dedicando “todos los recursos” a los correos de Hillary Clinton, Vladímir Putin estaba llevando a cabo una masiva campaña destinada a impedir su victoria en las elecciones. El director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos acaba de hacer público un informe preparado por la CIA, el FBI y la Agencia Nacional de Seguridad. Su título es Evaluando las actividades e intenciones de Rusia en las recientes elecciones de Estados Unidos. Está en Internet y sugiero que lo lea.

Estas son algunas de sus alarmantes conclusiones:

“En 2016 Vladímir Putin ordenó una campaña dirigida a influir en la elección presidencial de EE UU. Sus objetivos eran socavar la confianza del público en el proceso democrático, denigrar a Hillary Clinton y dañar su elegibilidad y potencial presidencia. También concluimos que Putin y el Gobierno ruso desarrollaron una clara preferencia por Donald Trump. Tenemos una alta confianza en estas evaluaciones”.

“La campaña de influencia de Moscú siguió una estrategia que combina operaciones secretas de inteligencia —como actividades cibernéticas— con abiertos esfuerzos por parte de agencias gubernamentales rusas, medios financiados por el Estado, terceras partes e intermediarios, así como activistas de medios sociales pagados o trolls”.

“Evaluamos con gran confianza que el GRU (inteligencia militar rusa) transmitió a WikiLeaks el material que obtuvo del DNC (Comité Nacional del Partido Demócrata) y de altos funcionarios demócratas”.

“Rusia también recaudó información de algunos objetivos afiliados a los republicanos, pero no llevó a cabo una campaña de divulgación comparable”.

En 2012, León Panetta, entonces secretario de Defensa de Estados Unidos, alertó de que su país corría el riesgo de ser víctima de un “Pearl Harbor Cibernético”. Así como Japón causó estragos cuando en 1941 atacó por sorpresa la base naval de Estados Unidos en Pearl Harbor, los actuales agresores pueden hacer algo parecido utilizando Internet. Según Panetta, en su versión contemporánea, un ataque cibernético por parte de un agresor extranjero podría inutilizar la red eléctrica del país, bloquear el sistema de transporte, hacer colapsar el sistema financiero, paralizar el Gobierno y así causar daños aún mayores a los que hubo en Pearl Harbor. Aunque este tipo de ataque cibernético masivo y simultáneo que preocupaba a Panetta aún no ha ocurrido, Estados Unidos ha venido siendo blanco creciente de ataques cibernéticos parciales con graves consecuencias. Organismos gubernamentales como todo tipo de empresas privadas han sido víctimas de estos ataques.

Pero este más reciente ataque de Rusia es diferente. Su propósito no fue dañar máquinas, armamentos y edificios sino las instituciones democráticas del país. El informe publicado por las agencias de inteligencia muestra claramente que Estados Unidos fue víctima de un Ciber-Pearl Harbor pero político. El ataque fue un intento de sesgar los resultados de las elecciones estadounidenses a favor de los intereses de una potencia rival: Rusia

El informe además nota que Putin seguramente seguirá utilizando esta estrategia en otras partes:

“Evaluamos que Moscú aplicará las lecciones aprendidas de la campaña dirigida por Putin contra las elecciones presidenciales de Estados Unidos en todo el mundo, incluso contra aliados estadounidenses y sus procesos electorales”.

En 2017, Alemania, Francia y Holanda tendrán elecciones cuyos resultados pueden alterar drásticamente la Unión Europea. Putin nunca ha ocultado su desdén por el proyecto de integración europea o por su alianza militar, la OTAN. Donald Trump tampoco. Y en todas las elecciones europeas se ha hecho común la participación de candidatos que abogan por la salida de su país de la Unión Europea y que son críticos con la OTAN. Eliminar las severas sanciones económicas que Europa y EE UU han impuesto a Rusia en represalia a su invasión de Crimea es una prioridad para Putin. Hasta ahora no ha podido. Veremos si gracias al ataque cibernético y a la elección de candidatos partidarios de eliminar las sanciones lo logra. Estos candidatos seguramente tendrán furtivos apoyos que nos recordarán las tácticas expuestas por el informe de las agencias de inteligencia estadounidenses.

La paradoja en todo esto es que, a pesar de que Estados Unidos es el indiscutible líder mundial en las tecnologías de la información necesarias para librar ciberguerras, se encuentra en clara desventaja para enfrentarse en este terreno a regímenes autoritarios y democracias no liberales. Sus rivales autoritarios no tienen las limitaciones legales, institucionales y políticas, el control y los equilibrios, de una democracia.

Pero las democracias saben aprender de la experiencia. En 1941 todos entendieron qué pasó en Pearl Harbor. Eso llevó a Estados Unidos a reaccionar y terminó derrotando a Japón. Queda por ver cómo reaccionarán EE UU y Europa al menos visible, pero más peligroso, Ciber-Pearl Harbor político del cual son víctimas.

@moisesnaim

El País

Enero 29, 2017

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/29/america/1485645294_854875.htmll

 4 min


Bernardo Kliksberg

Cómo medir si los países avanzan o retroceden? Hay cada vez más escepticismo sobre las mediciones tradicionales basadas en el mero Producto Bruto. Puede estar creciendo y al mismo tiempo aumentar la desigualdad, el malestar social, debilitarse la cohesión social, y otros aspectos negativos por el modo en que se produce ese crecimiento. Un pequeño país, Bután, aportó una nueva visión: cómo medir el Producto Bruto en términos de felicidad. Lo expuso ante las Naciones Unidas, que resolvió producirlo desde el 2012, y publicó recientemente el Informe 2016 sobre felicidad.

Dice el creador del concepto en Bután, Dasho Karma Ura, que la felicidad requiere aproximaciones no convencionales. Señala que “la gente se siente feliz cuando ve algo ético, cuando siente que ha hecho algo correcto, y valiente, cuando se puede recargar continuamente asimismo como un actor significativo”.

La nueva Constitución de Bután, que transformó el reinado en una democracia, aprobada en el 2008, obliga a que las políticas se basen en maximizar los pilares del Producto Bruto Nacional en felicidad: buen gobierno, desarrollo socioeconómico sostenible, preservación y promoción de la cultura, y conservación del medio ambiente. Sus logros impresionan en la calidad de la vida de su gente, y su alto grado de felicidad, que sigue creciendo. Lo adjudican a toda la filosofía de vida individual y colectiva, que subyace tras la búsqueda de una felicidad real. En ella son revalorizadas dimensiones como una convivencia basada en valores éticos, los bienes culturales y espirituales, y la armonía con la naturaleza.

En 2011, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución invitando a llevar adelante mediciones basadas en esta experiencia, que puedan captar mejor “la búsqueda de la felicidad en el desarrollo”.

El Informe Mundial de Felicidad 2016, utiliza como dimensiones básicas: el Producto Nacional per cápita, el grado de solidaridad social, la esperanza de vida saludable, la libertad para hacer elecciones de vida, la generosidad, y la ausencia de corrupción. Ha agregado una nueva que se ha mostrado muy importante, el nivel de desigualdad en la distribución de la felicidad. La felicidad aumenta cuando las personas tienen la percepción de que está mejor distribuida.

El informe ha captado los datos de 157 países en el periodo 2013 al 2015, recurriendo a datos cuantitativos y encuestas subjetivas.

Los cinco países que encabezan el ranking mundial son: Dinamarca, Suiza, Islandia, Noruega y Finlandia. Como se observa, cuatro de ellos integran lo que se denomina el “modelo nórdico”. El restante país nórdico, Suecia, está en el décimo puesto. El modelo nórdico es reconocido por sus logros notables en desarrollo humano, educación, salud, medio ambiente y otros planos. Es líder también en felicidad. Verifica claramente la idea de que a mejor igualdad, mayor felicidad personal por el acceso más igualitario colectivo a la felicidad.

En su anuario 2016 sobre las estadísticas mundiales, The Economist señala que el país más igualitario del orbe en distribución de ingresos es Suecia, con un coeficiente Gini de 0.25, seguido a poca distancia por Noruega con 0.26, y Finlandia con 0.27. La baja desigualdad, junto con los factores antes mencionados, pagan en felicidad. El país latinoamericano líder en el índice mundial de felicidad es Costa Rica (número 14), que es muy pobre en materias primas estratégicas y recursos materiales, pero rico en valores solidarios y ambientales, y búsqueda de la equidad.

Hora de sacar conclusiones.

Asesor de diversos organismos internacionales

kliksberg@aol.com

http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/producto-bruto-felicidad_638646

 2 min


Willy McKey

Dulbi Tabarquino tiene 16 años. Todavía no ha tenido oportunidad de votar. No parece una agente infiltrada por alguna estrategia opositora, sino una adolescente que estudia en Guarenas y que podría graduarse de bachiller este año. Forma parte de los invitados a esta emisión del programa dominical que ocupa los fines de semana del presidente. Está nerviosa. Se nota porque comienza diciendo “Buenos días” cuando ya ha pasado el tiempo en su silla como para tener que decir “Buenas tardes”. El presidente hace una pequeña broma. Se esfuerza por mostrarse jovial, cercano. Dentro de la retórica de las últimas dos décadas, es lo que debe intentar parecer un presidente. Sin embargo, Dulbi Tabarquino no puede parecer sino ella misma: una adolescente que estudia en el Liceo Benito Canónico.

Debió prevenir que algo se le pondría en contra cuando la jovencita dijo que su asignatura preferida era Matemáticas. Alguien que sabe sacar cuentas también sabe despejar incógnitas y consigue la manera de resolver problemas. Una vez más no lo vio venir: a su orden de “Pásenle un micrófono a Dulbi”, Nicolás Maduro empezó una batalla de la cual no podría salvarlo ningún escapulario retórico.

—Presidente, el [liceo] Bénito Canónico necesita mucha ayuda de usted y del gobierno bolivariano y revolucionario de Venezuela, ya que tenemos problemas con la infraestructura, nos han robado muchas veces, ahorita no tenemos portón…

El presidente intenta interrumpirla. Alza la voz. Su micrófono está apagado y la única voz que se oye en directo es la de la joven Tabarquino. Es necesario interrumpir la denuncia, pero no se oye lo que dice el presidente, al menos hasta que el micrófono recoge el audio de ambiente y se escucha la pregunta interruptora: “¿Dónde queda ese liceo?”.

Y toda pregunta que no se hace por una duda legítima siempre puede volverse en contra cuando la respuesta es poderosa:

—Aquí abajito… aquí abajito.

La respuesta pone en evidencia la candidez de Dulbi. Será imposible adjudicar esto a una maniobra de imperio o la politización de una tragedia. Era una niña aprovechando la oportunidad de hablar con el hombre que hoy representa a ese Estado que no los escucha ni los acompaña. Su respuesta “Aquí abajito” puso en evidencia que quienes han desplegado todo el aparataje comunicacional que hizo posible emitir una transmisión en vivo desde Guarenas no conocen los problemas de la comunidad, no saben dónde están parados.

Y a veces en la política ése es el único requisito: saber dónde estás parado.

Los aplausos de los presentes intentan distraer la denuncia, convertirse en un salvavidas y disolverla en el ruido. No lo logran. Menos cuando el hambre hace su aparición en la voz de Dulbi:

—También necesitamos nuestro comedor, porque tenemos cuatrocientos cincuenta estudiantes que no tenemos ni desayuno ni almuerzo en el liceo.

La dinámica que ha llevado esta conversación se transforma en un balde de culpa que está a punto de volcarse encima de él. De nuevo se nota en el presidente la urgencia por interrumpir. Y una vez más prefiere el riesgoso recurso de la pregunta hueca:

—¿Pero por qué no lo tienen?

De pronto, a través del canal del Estado, acabamos de ver que el Presidente de la República le devuelve una pregunta a una adolescente, como si la denuncia le pasara por encima. Sin embargo, esa falla grave en el sistema público educativo que testimonia el fracaso del modelo a apenas unas calles de ahí está a punto de mutar (nuevamente) en respuesta poderosa:

—Porque nos suspendieron el sistema hace como dos años. Nos suspendieron el sistema del comedor.

La tercera pregunta hueca (es decir: que espera una reacción específica y no proviene de una duda legítima) ya resulta en una estrategia retórica que pretende sacudirse la culpa, hasta el extremo de hacerle creer a la víctima que es culpable de su desdicha:

—¿Y ustedes qué han hecho?

—Hemos hecho las solicitudes, pero no hemos tenido respuesta.

—No se pueden quedar en la solicitud. Ustedes se tienen que movilizar. Ir a la calle. Que se sienta su palabra, ¿me entiendes? Y conquistar su derecho…

Movilizarse. Ir a la calle. Conquistar su derecho. Eso dijo.

El Presidente de la República acaba de decirle a una niña que seguir los canales regulares es inútil. Acaba de decirle que su gran error fue no poner en evidencia, mediante alguna manifestación en la calle, las fallas del gobierno que él preside. Acaba de reconocer el fracaso de la burocracia revolucionaria un domingo por la tarde.

Luego intenta reparar su extravío hablando de autogestión, de conucos, de espejismos. No sabe reaccionar cuando una nueva respuesta confirma que Dulbi y sus compañeros ya hicieron su tarea. Que son ellos quienes han fallado. Que aquí ya todos han hecho lo que les tocaba, menos ellos, menos los suyos. Sin embargo, hubo una pregunta hueca más:

—¿Qué le hace falta a la infraestructura, además de pintura?

—La azotea se está cayendo. Una parte del techo tiene un hueco y se está cayendo.

—Eso es una tarea para el viceministro Carlos Vieira. Váyase en este mismo momento con los estudiantes y con la directora de la unidad educativa y me traen un informe ahorita mismo, ya, antes de terminar el programa.

Ante lo inútil del mandato, por lo menos que parezca que alguien manda. Nicolás Maduro intenta arrancar un nuevo simulacro: que parezca que algo pasa, para que no pase nada. Asigna una tarea. Escoge al indicado. Pretende. Intenta. Parece. Y ahí fue cuando Dulbi Tabarquino hirió de muerte al espejismo de la eficacia revolucionaria.

—Ya entregamos el informe donde decimos lo que necesitamos en el liceo. También necesitamos luces, necesitamos pupitres porque a veces somos muchos los estudiantes y no tenemos suficientes pupitres. Necesitamos el comedor, de verdad, porque eso nos ayuda. Ya muchos estudiantes se nos han desmayado en el liceo. ¡La seguridad! Que es muy importante que no sólo ayuda al Benito Canónico sino a las personas de Rosa Mística, a la comunidad y a los diferentes liceos que están cercanos también…

Ella sabe dónde está parada. Y no iba a desaprovecharlo.

Dulbi Tabarquino no trataba de ridiculizar al Gobierno. En sus palabras es evidente que cree que podrían hacer algo. Ha hecho todo esto para darles una oportunidad. Otra oportunidad. Sin embargo, con apenas esta última intervención y antes de que le retiraran el micrófono, ha logrado resumir cada uno de los fracasos del modelo que le quedan cerca de su vida.

Y entonces la confesión final del fracaso:

—Yo lo que lamento de esto es que haya tenido que venir para acá para yo saber esa verdad.

¿Cuál es la verdad que desconocía Nicolás Maduro, el principal vocero de la revolución, de todas cuantas le hizo saber Dulbi? ¿No sabía que hay niños desmayándose de hambre en los planteles? Pues ahora será imposible esconderlo y ya llegó hasta su plató televisivo. ¿No sabía que desde hace dos años un liceo en Guarenas no tenía comedor? Debe haber algunos otros, de modo que lo que sigue a enterarse es sencillo: se busca al responsable y se le exige que ponga el cargo a la orden. ¿No sabía que la matrícula escolar es un número por encima del inventario de pupitres? Pues que preste más atención: Dulbi le dijo que eso pasa sólo a veces. Es probable que esos días en que los pupitres sí alcanzan es porque sus compañeros están en colas por comida. ¿No sabía que el país entero está oscuro apenas el sol se va? ¿Desde cuándo no sale de su círculo privadísimo de informes y reportes aparentemente llenos de vacíos?

Hay que tener cuidado con estas preguntas, porque también podríamos estar ante un calco retórico. Hugo Chávez Frías, su antecesor, logró durante mucho tiempo evadir la culpa y lanzarla río abajo, donde viceministros y directores se encargan de esconder los fracasos de las políticas.

Sin embargo, en ese último lamento presidencial hay una falacia evidente: no tenía que llegar hasta esa niña de Guarenas para “saber esa verdad”. Tenía que haber gobernado para evitar que una catástrofe se convirtiera en la única verdad alrededor de Dulbi Tabarquino, una niña de 16 años que nunca ha votado en ninguna de las elecciones que forman parte de su biografía, pero que empieza a tener razones para movilizarse, ir a la calle, conquistar sus derechos. En fin: seguir el consejo que le dio el presidente un domingo en la tarde, cuando reconoció el fracaso de todo, de tanto.

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