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Opinión

Joseph S. Nye, Jr.

Muchos analistas sostienen que el ascenso de China y la elección del presidente estadounidense Donald Trump pusieron fin al orden internacional liberal. Pero si Joe Biden derrota a Trump en la elección de noviembre, ¿debería tratar de revivirlo? Probablemente no, pero sí reemplazarlo.

Los críticos señalan, con razón, que el orden liderado por Estados Unidos después de 1945 no fue ni global ni fue siempre muy liberal. Dejaba fuera a más de la mitad del mundo (el bloque soviético y China) e incluía a muchos estados autoritarios. Lo de la hegemonía estadounidense siempre fue exagerado. Pero lo cierto es que el país más poderoso debe llevar la delantera en la creación de bienes públicos globales; de lo contrario nadie los proveerá (y los estadounidenses saldrán perjudicados).

La pandemia actual es un buen ejemplo. Un objetivo realista para una presidencia de Biden debería ser establecer instituciones internacionales basadas en reglas, con membresías diferentes para temas diferentes.

¿Aceptarán China y Rusia participar? En los años noventa y dos mil, estos países no podían contrarrestar el poder estadounidense, y Estados Unidos pasó por alto el principio de soberanía, en pos de la defensa de los valores liberales.

Bombardeó Serbia e invadió Irak sin aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y en 2005 apoyó una resolución de la Asamblea General de la ONU que instituyó la «responsabilidad de proteger» a ciudadanos de otros países contra la violencia de sus propios gobiernos; luego en 2011 usó esta doctrina para justificar el bombardeo de Libia a fin de dar protección a la población de Bengasi.

Los críticos describen estos hechos como un ejemplo de orgullo estadounidense post‑Guerra Fría. Por ejemplo, cuando la intervención de la OTAN en Libia dio lugar a un cambio de régimen, Rusia y China se sintieron engañadas. Los defensores de la doctrina, en cambio, la presentan como la evolución natural del derecho humanitario internacional. En cualquier caso, el incremento del poder de China y de Rusia puso límites más estrictos al intervencionismo liberal.

¿Qué queda entonces? Rusia y China recalcan el principio de soberanía de la Carta de las Naciones Unidas, según el cual los estados solamente pueden ir a la guerra en defensa propia o con aprobación del Consejo de Seguridad. La captura por la fuerza de territorios de países vecinos ha sido infrecuente desde 1945, y allí donde sucedió, dio lugar a costosas sanciones (por ejemplo, cuando Rusia anexó Crimea en 2014). Además, el Consejo de Seguridad ha autorizado muchas veces el despliegue de fuerzas de mantenimiento de paz en países convulsionados, y la cooperación política limitó la proliferación de armas de destrucción masiva y misiles balísticos. Esta dimensión de un orden basado en reglas sigue siendo crucial.

Pero en el plano de las relaciones económicas se necesita una revisión de las reglas. Ya mucho antes de la pandemia, el sistema híbrido de capitalismo de Estado chino era sostén de un modelo mercantilista injusto que distorsionó el funcionamiento de la Organización Mundial del Comercio. El resultado será un desacople de las cadenas globales de suministro, sobre todo allí donde esté en juego la seguridad nacional.

Aunque China protesta contra la negativa estadounidense a que empresas como Huawei construyan redes de telecomunicaciones 5G en Occidente, la postura de Estados Unidos es compatible con el principio de soberanía. No olvidemos que China apela a razones de seguridad para impedir a Google, Facebook y Twitter operar en su territorio. La negociación de nuevas reglas comerciales puede ayudar a evitar un agravamiento del desacople. En tanto, la crisis actual no ha debilitado la cooperación en el crucial ámbito financiero.

Pero la interdependencia ecológica alza ante el principio de soberanía un obstáculo insuperable, dado el carácter transnacional de las amenazas. Por más que retroceda la globalización económica, la globalización ambiental continuará, porque obedece a las leyes de la biología y de la física, no a la lógica de la geopolítica contemporánea. Estas cuestiones afectan a todos, pero ningún país puede manejarlas por separado. En temas como la Covid‑19 y el cambio climático, el poder admite una dimensión de suma positiva.

En este contexto, no basta pensar en ejercer el poder sobre otros. También hay que pensar en ejercer poder con otros. El acuerdo de París sobre el clima y la Organización Mundial de la Salud suponen beneficios para Estados Unidos y para los otros países. Desde el encuentro de Richard Nixon con Mao Zedong en 1972, las diferencias ideológicas no han impedido la cooperación entre China y Estados Unidos. La pregunta difícil para Biden es si ambos países podrán cooperar en la provisión de bienes públicos globales al tiempo que compiten en las áreas tradicionales de la rivalidad entre grandes potencias.

Hay una nueva cuestión importante (el ciberespacio), que aunque es en parte transnacional también está sujeta al control de los gobiernos soberanos. Internet ya está parcialmente fragmentada. Aunque un acotado círculo de democracias puede elaborar normas de libertad de expresión y privacidad en Internet, los estados autoritarios no las respetarán.

Como señala la Comisión Mundial sobre la Estabilidad del Ciberespacio, existen ciertas normas que protegen la estructura básica de Internet, cuyo cumplimiento también interesa a los estados autoritarios, en la medida en que quieran conectividad. Pero allí donde esos actores usen proxies como herramientas para la guerra informativa o para interferir en elecciones (violando así la soberanía de otros países), dichas normas no serán suficientes, y habrá que complementarlas con reglas como las que negociaron Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría (pese a la hostilidad ideológica) para limitar el riesgo de escalada de incidentes en altamar. Estados Unidos y otros países con ideas similares tendrán que anunciar qué normas tienen intención de defender, y se necesitarán medidas de disuasión.

La insistencia en la defensa de los valores liberales en el ciberespacio no implica un desarme unilateral de Estados Unidos, sino más bien distinguir entre el poder blando permitido de la persuasión no encubierta y el poder duro de la guerra informativa encubierta; en el segundo caso corresponde que Estados Unidos tome represalias. Esto implica aceptar programas y actividades de difusión de Rusia o China que se realicen en forma no encubierta, pero oponerse a conductas encubiertas coordinadas, como la manipulación de las redes sociales. Además, Estados Unidos debe seguir criticando el desempeño de estos países en materia de derechos humanos.

Las encuestas muestran que la población estadounidense quiere evitar intervenciones militares, pero no abandonar las alianzas y la cooperación multilateral. Y todavía da importancia a las cuestiones de valores.

Si Biden gana la elección, la pregunta que deberá responder no es si es necesario restaurar el orden internacional liberal, sino si Estados Unidos puede trabajar con un núcleo interno de aliados para promover la democracia y los derechos humanos, y al mismo tiempo cooperar con un conjunto más amplio de estados en lo referido a la gestión de las instituciones internacionales basadas en reglas que se necesitan para enfrentar amenazas transnacionales como el cambio climático, las pandemias, los ciberataques, el terrorismo y la inestabilidad económica.

6 de julio 2020

Traducción: Esteban Flamini

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/biden-must-replace-liberal-...

 5 min


El 01 de julio la reforma constitucional propuesta por Putin obtuvo amplia mayoría: nada menos que un 70%. Ese día el pueblo aprobó un paquete de 170 modificaciones de las cuales solo tres eran importantes. La primera, un anzuelo: reformas sociales frente a las cuales nadie podía estar en contra. El segundo, un signo simbólico: la prohibición legal del matrimonio gay. El tercero y más decisivo: teóricamente Putin podrá mantenerse en el poder -y probablemente se mantendrá – por un plazo de ¡26 años! Triunfo que la opinión pública mundial ha interpretado como consolidación autocrática del jerarca. Interpretación correcta, pero incompleta.

Es obvio que el objetivo de Putin es concentrar todo el poder en sus manos. No obstante, ese poder será consolidado no solo como un proyecto de dominación personal, sino - este es el punto crucial – como parte de un plan imperial con ramificaciones mundiales. Desde esa perspectiva la reforma constitucional dista de ser un fin en sí. Antes que nada debe ser considerada como un medio destinado a reforzar el frente interno en aras de una expansión externa la que por el momento parece ser imparable.

Decir que él es un nuevo Zar, decir que su objetivo es refundar a la URSS y, sobre todo, decir que intentará restituir el poder mundial de Rusia, son verdades indiscutibles. Pero son verdades a medias. Hay otra verdad superior. Y esa verdad nos dice: el proyecto imperial de Putin, si bien hunde raíces en los pasados zaristas y soviéticos, no es un proyecto puramente restaurador. Putin, para decirlo en breve, no es el nuevo Iván el Terrible ni el nuevo Pedro el Grande. Pero tampoco es el nuevo Lenin ni el nuevo Stalin.

El imperio Putin del siglo XXl - a diferencia del zarista que fue un imperio monárquico y del soviético que, ideologías aparte, fue un clásico imperio colonial del siglo XX - es un imperio de nuevo tipo, adaptado a condiciones determinadas por la globalización de la economía, en pleno periodo de la revolución digital. Por eso, antes de enfocarnos en el imperio Putin, será necesario acentuar algunas diferencias entre los tres imperios rusos.

Tesis: El primero, el zarista, fue un imperio pre-moderno. El segundo, el soviético, un imperio moderno. El tercero, el de Putin, es un imperio post-moderno.

El primero fue un clásico imperio medieval, basado en la expansión militar y territorial. El segundo nació de la revolución industrial europea de acuerdo a los dictados de un despotismo de tipo asiático organizado en torno a una casta de poder fundada por Lenin y después perfeccionada por Stalin: el Partido Comunista, partido y estado a la vez.

Como los grandes imperios coloniales de la época, el francés y el inglés entre otros, el soviético estableció un área colonial, primero en sus inmediaciones asiáticas y, después de la segunda guerra mundial, en diversos países europeos (el “mundo comunista”). Pero al mismo tiempo amplió diversas zonas de influencia en el sur asiático (en China, luego en Corea del Norte, Vietnam, Laos y Camboya) en el Oriente Medio (Egipto, Libia, Siria, Irak) e, incluso, en América Latina (Cuba). El soviético llegó a ser así - es su diferencia fundamental con el zarista - un imperio de dimensiones mundiales. Pero a diferencia de los imperios europeos de la era industrial, el soviético agregó al sistema de dominación militar una meta-ideología construida sobre la base de dogmas y divinidades faraónicas: el marxismo-leninismo.

El fin del imperio soviético ha sido datado en 1989-1990, con el derrumbe del comunismo, primero en países europeos, después en la propia URSS. Pero desde una perspectiva histórica podemos afirmar que dicho derrumbe no fue un momento milagroso sino que parte de un proceso marcado por continuos cismas.

Todo comenzó desde el cisma yugoeslavo de 1948, con el mariscal Josep Broz Tito a la cabeza. Luego, durante los cincuenta, con intentos de deserción que fueron sangrientamente aplastados en Europa (Hungría, Polonia, Alemania del Este). A esos hechos siguió el gran cisma asiático conducido por Mao Tse Tung, a comienzo de los sesenta. El abortado cisma checoeslovaco de 1968 fue el motivo que impulsó el cisma del partido comunista italiano, marca importante pues cerró para siempre las posibilidades de expansión soviética hacia la Europa democrática. La ascensión de Michael Gorbachov (1990) fue la cristalización de un largo desmontaje comenzado con la “desestalinización” de Nikita Jruschev.

La obra “deconstructiva” de Gorbachov sería completada por Boris Jeltzin quien reclutó como ayudante a un joven agente secreto llamado Vladimir Putin quien no tardaría en convertirse en su brazo derecho. Después del retiro del alcoholizado Jeltzin, Putin asumiría el poder sin contrapeso alguno.

Ahora bien, nadie puede saber si el proyecto de construir un imperio era desde un comienzo parte de la utopía de Putin o si ese plan fue construido a partir de circunstancias aparecidas en su camino. Lo que sí sabemos es que el plan Putin no solo está en marcha sino, además, sus pilares han sido levantados hasta el punto que ya podemos detectar algunas de las características fundamentales del nuevo imperio.

Como todo proceso nuevo, el imperio Putin conserva rasgos de formaciones imperiales pretéritas. Del mismo modo que el imperio zarista, Putin no renuncia ni renunciará a las anexiones territoriales, sobre todo en los entornos de Rusia. Chechenios, georgianos, habitantes de repúblicas asiáticas liberadas durante Jetlzin (Ubekistan, por ejemplo), han sido perseguidos y asesinados sin clemencia. En Bielorusia gracias a la mano sangrante de Lucazenzko, Rusia no necesita intervenir. Todos estos son para Putin reservados naturales de Rusia. Para los gobiernos de Occidente también. No olvidemos que Barak Obama calificó al de Putin como a un imperio regional, es decir, una potencia asiática periférica ante la cual el mundo democrático no tenía nada que temer. La ocupación de Crimea por tropas rusas lo obligaría a desdecirse. Y cuando se dio cuenta que Putin, usando la táctica de “la lucha en contra del terrorismo”, se había apoderado de Siria, fue demasiado tarde para reaccionar. Rusia ya era un imperio supra- regional.

Por el momento Putin no es una amenaza militar para Occidente. Probablemente el mismo autócrata no imagina escenarios bélicos en ese terreno. Pues el avance de Putin hacia Occidente no es militar, sino político. Esa es la diferencia que separa a Putin de Lenin y de Stalin. Mientras la relación de URSS hacia Occidente estaba basada en una carrera armamentista y en la penetración ideológica, Putin avanza usando estrategias flexibles, aplicando un método que podríamos llamar, “asociación de afinidades políticas”. Eso significa que Putin no impone a sus socios medidas coercitivas, mucho menos ideologías.

Para ser socio de Putin en su proyecto de lograr la máxima hegemonía política sobre Occidente, basta que los gobernantes de determinados países compartan tres puntos de su ideario político:

1: Primado del poder ejecutivo por sobre el parlamentario, es decir, de la autocracia por sobre la democracia.

2: Negación de normas y valores propagados por el liberalismo político (léase político, no económico)

3: Aversión hacia la cultura política occidental representada hoy día por la Europa moderna, fundamentalmente por la UE.

Cada gobierno, movimiento o partido que adscriba a esos tres principios fundamentales, pasa a ser socio objetivo del proyecto imperial ruso. Así, con habilidad y paciencia, Putin ha construido un sistema de relaciones basadas en la asociación voluntaria de gobiernos nacionalistas, políticamente compatibles entre sí. La mayoría de ellos, partidarios del estado confesional, sea esa confesión católica (Orban, Kaczynsk), islámica (Erdogan) u ortodoxa (el mismo Putin). Mediante esa estrategia asociativa, el espectro que cubre su área de influencia ha llegado a ser más extenso que el del imperio zarista y que el del imperio soviético.

Los gobiernos con los que enlaza Putin son tan autocráticos como el de Rusia. Por de pronto, en todos ellos el parlamento ha sido desplazado por un ejecutivo fuerte y autoritario representado en caudillos como Orban en Hungría , Kaczynsky en Polonia, Erdogan en Turquía, Vucic en Serbia y, en latitudes latinoamericanas, Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua. Además, del mismo modo como la URSS se valió de los partidos comunistas para promover la desestabilización interna en diversos países occidentales, Putin apoya a partidos y movimientos europeos-anti europeos, todos enemigos de la UE y del liderazgo continental de Angela Merkel, considerada por Putin como su enemiga principal.

La Liga de Salvini en Italia, Alternativa para Alemania, Vox y Podemos en España, el Partido Popular en Austria, el lepenismo en Francia, y muchos más, son partidos que, aún no siguiendo directamente las instrucciones de Putin, son afines con su política internacional. El Brexit encabezado por Johnson, no hay que olvidarlo, fue apoyado y celebrado por Putin. No sin razón ha sido dicho que Putin es el padre de todas las autocracias anti-liberales del mundo moderno.

El panorama que asoma, sobre todo en Europa Occidental, es sombrío. Nadie sabe si después del retiro de Merkel y de la época post-Macron en Francia, el liderazgo que hoy ejerce el eje francés-alemán podrá mantenerse. Contra esa posibilidad conspira la fractura del Pacto Atlántico y la política agresiva mantenida en contra de la UE y de la NATO por el candidato de Putin en los EE UU: Sí: Donald Trump.

Los EE UU de Trump han dejado de ser la nación líder en la lucha en contra de peligros anti-democráticos mundiales como fueron el nazismo y el comunismo. Trump mismo, siguiendo el dictado de su economismo nacionalista, privilegia relaciones bi-laterales con gobiernos autocráticos y dictatoriales, sean de derecha como Bolsonaro o de izquierda como López Obrador. Desde su punto de vista, esencialmente pragmático, no vale la pena llevar a cabo grandes negocios con gobiernos débiles sometidos a largas deliberaciones parlamentarias. De ahí su fascinación por gobiernos autoritarios e incluso dictatoriales, como anotara Bolton en su demoledor libro.

Si Trump mismo no se convierte en autócrata como su admirado Putin, es porque las estructuras democráticas de su nación (todavía) lo impiden. No obstante, si en noviembre del 2020 Trump logra su reelección, la objetiva alianza Putin-Trump será consolidada a nivel mundial. Si eso llega a suceder, la profecía distópica de George Orwell será cumplida: Un mundo subordinado a tres imperios: El económico de China, el económico militar de los EE UU y el geopolítico de Putin. El autócrata ruso está muy bien posicionado frente a esa eventualidad. Incluso podría aparecer ante la faz pública como mediador entre China y Rusia. Y nada menos que en nombre de la paz mundial.

La pandemia del 2020 y sus graves repercusiones económicas, será utilizada por los nacional-populistas (todos aliados de Rusia) para poner en jaque a los gobiernos democráticos. Muy pocos se han dado cuenta del peligro que se avecina. Entre esos pocos está Angela Merkel, decidida a convertir a la UE, del organismo burocrático y financiero que hoy es, en baluarte continental de la democracia representativa. De acuerdo a Merkel, el enemigo anti-democrático pro-Putin debe ser combatido no fuera, sino al interior de cada país democrático.

En su discurso de julio ante el Bundestag, de cara a las responsabilidades que Alemania deberá asumir hacia Europa, dijo Merkel: Los nacional-populistas “están esperando aprovechar los miedos y las tensiones sociales que producirá esta crisis, por lo que ayudar al impulso económico de todas las regiones de Europa es ahora un instrumento para luchar en contra del populismo”.

Lo que Merkel no dijo, pero sí dejó adivinar, es que las elecciones presidenciales en los EE UU serán decisivas para detener el avance del nacional populismo en Europa (y en América Latina también).

Una reelección de Trump será celebrada por Putin como un triunfo propio. De eso no cabe duda.

10 de julio 2020

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2020/07/fernando-mires-imperio-putin.ht...

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​José E. Rodríguez Rojas

El descredito del socialismo venezolano ha sido utilizado como arma política en contra del gobierno del presidente Alberto Fernández de Argentina, quien es acusado de intentar seguir el mismo derrotero del socialismo venezolano, con sus desastrosas consecuencias. Fernández y otros dirigentes de la izquierda latinoamericana están tratando de vincularse con el entorno de Joe Biden, quien figura cono el probable ganador de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. El régimen venezolano ha sido excluido de tales gestiones, al igual que su socio cubano, reflejo de su aislamiento internacional.

Las encuestas revelan que, en las próximas elecciones presidenciales de los Estados Unidos, Joe Biden aventaja a su contendor Trump. Ante esta circunstancia la izquierda latinoamericana se está organizando a fin de tender puentes a través de los que rodean a Biden. Con este propósito representantes de la izquierda democrática de la región están participando en la creación de la Internacional Progresista promovida por entes europeos y el Instituto Sanders, dirigido por la esposa de Bernie Sanders, contendor de Biden en las elecciones internas del Partido Demócrata.

Estas gestiones han estado impulsadas, entre otros, por un nuevo liderazgo donde destaca el presidente argentino Alberto Fernández, quien se ha visto obligado a desmarcarse del socialismo venezolano, ante las críticas de la oposición macrista en su país que lo acusa de tomar un derrotero similar al del socialismo venezolano.

A diferencia del socialismo cubano el socialismo a la venezolana se ha convertido en una marca desacreditada la cual es utilizada para descalificar a los gobiernos de izquierda y las estatizaciones que estos se han visto obligados a llevar a cabo. La revolución cubana en sus inicios gozó de un prestigio internacional, sin embargo, el ángel que tenía la abandonó hace tiempo y su desprestigio se ha agudizado por el descredito de su socio venezolano; el cual ha creado una de las crisis humanitarias de mayor dimensión en América Latina, obligando a millones de compatriotas a huir del país y refugiarse en las naciones vecinas, amenazando con colapsar los servicios públicos.

La gigantesca masa de refugiados huye del colapso económico generado por el régimen de Maduro, que se traduce en una inflación desbordada que ha llevado a la pobreza a la mayoría de la población. Uno de los elementos que contribuyó a dicho colapso en Venezuela fue la estatización de empresas, que al caer en manos del Estado derivaban en poco tiempo en una situación catastrófica.

La estatización del conglomerado agroexportador Vicentin en Argentina hizo cundir el pánico entre la población y los trabajadores que temían una reedición de la pesadilla venezolana. Los temores fueron acicateados por la oposición macrista que acusaba al gobierno de imitar el ejemplo de los bolivarianos venezolanos y de intentar instaurar un socialismo a la venezolana en Argentina. Fernández no negó que el socialismo venezolano fuera un desastre, pero señaló que su intención era hacer algo diferente y que lo mostraría en el parlamento cuando se discutiera el tema. Negó que la ex presidente Cristina de Kirchner esté detrás de la decisión pero una diputada ultrakirchnerista fue la que redactó la ley. El ministro de agricultura de Macri señaló que pretenden hacer algo parecido a lo de Chávez, y que todas las estatizaciones de la Kirchner terminaron mal.

El desprestigio del socialismo venezolano y el cubano se ha reflejado en las recientes reuniones de la izquierda global, donde no aparecen los representantes del socialismo autoritario por ninguna parte, quizás como parte de la estrategia de los organizadores de no invitar a unos socios que en lugar de sumar, restarían voluntades y dañarían la imagen de la reunión.

A inicios de este año la izquierda planetaria ha creado la Internacional Progresista, iniciativa que aparece secundada por más de 40 políticos e intelectuales de todos los continentes, iniciativa aupada por el movimiento europeísta DiEM25 y el mencionado Instituto Sanders.

La Internacional Progresista cuenta con un consejo de más de 40 asesores entre los cuales figuran una representante del Gobierno de Alberto Fernández, la ministra argentina de mujeres; el ex mandatario ecuatoriano Rafael Correa perseguido por la justicia de su país; el brasileño Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (PTB) de Brasil en 2018, el ex ministro brasileño de exteriores de Lula Da Silva, Celso Amorín, ambos representantes de la corrupta dirigencia del PTB, buena parte de la cual ha sido juzgada y encarcelada por corrupción. El ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, representante de Evo Morales, quien en su ambición de poder sumergió a su país en una crisis política. Si bien hay una amplia representación de la izquierda corrupta, en el consejo no figura ningún representante de los regímenes autoritarios de latinoamérica como los de Venezuela o Cuba.

Profesor UCV

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Jesús Elorza G.

En asuntos del deporte, quizás quede poca cosa que no conozca, pero en asuntos militares mi desconocimiento es grande, aunque tengo amigos de uniforme a quienes pregunto y no responden.

Entonces, no me queda otra que acudir a las redes sociales a ver si obtengo respuesta a las siguientes preguntas:

¿Por qué Carlos Andrés Pérez no escuchó las advertencias que le hacían sobre los COMACATES (comandantes, mayores capitanes y tenientes)?

¿Por qué el Director de la Academia Militar no escuchó, no averiguó ni sancionó al capitán Chávez Frías acusado por el representante de un cadete de estar preparando una logia militar con el fin de insurgir contra la democracia?

¿Por qué tampoco lo hizo cuando fue nombrado Comandante General del Ejército?

¿Por qué el Jefe de la Casa Militar conociendo del movimiento insurgente tampoco hizo nada?

¿Igual pregunta para el Ministro de la Defensa?

¿Por qué el Ministro de la Defensa nombró en cargos claves a la mayoría de los comandantes involucrados en la insurgencia?

¿Por qué el Comandante General del Ejército no escuchó a su Director de Inteligencia quien le advirtió sobre las sobre un levantamiento militar en pleno desarrollo el 4F?

¿Por qué el Director de Inteligencia Militar tenía prohibido la entrada al Fuerte Tiuna?

¿Por qué ese director no puso al descubierto ante la opinión pública dicho movimiento y si lo hizo, por qué no cumplió con lo que era su responsabilidad, develar y detener a dichos comandantes?

¿Por qué ese mismo Director, ahora confiesa que fue él quien logró la reincorporación de Hugo Chávez Frías al curso de Estado Mayor?

Las respuestas que dan a la mayoría de estas preguntas coinciden en que "Yo le pase la novedad al Presidente” y con eso se conformaron.
Y yo me pregunto finalmente ¿Complot? ¿Negligencia? ¿Complicidad?

Lo cierto es que aún faltan muchas preguntas por hacer y muchos actores por descubrir dentro de esta trama a la que no se le ve fin y tiene a los venezolanos en un verdadero calvario.

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Mariza Bafile

Se llamaban Original Yanomami y Marcos Yanomami. Tenían 24 y 20 años. Fueron asesinados el 12 de junio en la frontera entre Brasil y Venezuela. Sin embargo, la noticia de sus muertes tardó muchos días para salir de la selva y llegar a nuestro mundo. Al igual que otros indígenas, Original y Marcos sacrificaron sus vidas para defender la tierra. Sus pueblos están tan apartados que los llaman indios no contactados. Lo único que piden es vivir tranquilos en el territorio que habitan desde hace muchas generaciones. Sin embargo, están perennemente acechados por garimpeiros, mineros, agricultores, narcotraficantes, peligros que enfrentan en total soledad.

Lejos de ayudarlos, el presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro les declaró la guerra desde el primer día. De poco sirven las intervenciones y denuncias de las Ong’s que luchan por sus derechos tanto en Brasil como en otros países. Las voces de esos Guardianes de la Selva raras veces logran superar el muro de indiferencia que rodea sus vidas.

En un video de Survival International, el chamán Davi Kopenawa Yanomami, portavoz del pueblo indígena yanomami dice: “Todo el mundo habla de la Amazonia, entonces nosotros queremos que ustedes nos escuchen, que nos presten atención a mí y a mi pueblo”. Kopenawa Yanomami desempeña un papel fundamental en la campaña: #StopBrazilsGenocide.

En estos días, a los peligros de siempre se añade otro, tan mortal que podría llevar al exterminio de poblaciones enteras: la Covid-19. El primer muerto indígena por coronavirus fue Alxanei Xirixana, un joven de 15 años quien vivía en el poblado de Rehebe, a lo largo del río Uraricoera, meta de muchos buscadores de oro. Lo más probable es que el virus haya llegado con uno de ellos.

En los días siguientes las cifras de muertos y contagiados se ha incrementado muchísimo, así como el nivel de alarma de las organizaciones que monitorean la situación de esas comunidades. Una de las últimas víctimas del coronavirus fue Paulinho Paiakan, respetado jefe de la tribu Caiapó Bep’kororoti. Su firmeza y valor, lo habían transformado en uno de los líderes indígenas más amado. Muchas las batallas que ha llevado adelante durante toda su vida hasta llegar a la última, contra un virus invisible que logró vencerlo.

La vida de los indígenas en Brasil está en riesgo. Hoy más que nunca. Lo reflejan las palabras de otro líder muy carismático, Raoni Metuktire, quien, en un video lee una carta en la cual pide ayuda al mundo para proteger a su gente de la pandemia. A través de la Asociación francesa Planete Amazone, Metuktire pedía reunir 10 mil euros que servirían para comprar material para la pesca, combustible y algunos productos necesarios para la sobrevivencia de los pueblos más apartados.

También la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) lanzó un Plan de “Emergencia indígena” para implementar medidas de prevención y conseguir fondos que les permitan realizar acciones directas de cooperación para la lucha contra la Covid-19 entre los pueblos originarios.

Según datos de varias Ong’s, de la Universidad Federal de Minas Gerais y de la Fundación Oswaldo Cruz, más del 40 por cierto de los indígenas podría contagiarse con el coronavirus.

Estamos presenciando un probable genocidio que favorecería a ciertos sectores y representaría una pérdida inmensa para la humanidad y para nuestro planeta.

En una petición dirigida al gobierno brasileño, el reconocido fotógrafo Sebastiao Salgado y su esposa Lélia Wanick escribieron. “Pedimos al presidente de la República, señor Jair Bolsonaro y a los dirigentes del Congreso y de la Magistratura que adopten medidas urgentes para proteger a las poblaciones indígenas del país de este virus devastador”.

La petición contó con el apoyo de miles y miles de personas. Para toda respuesta el ente gubernamental de Brasil, Fundação Nacional do Índio (Funai), primer responsable de la concesión de tierras a los invasores de Amazonia, propuso subastar las fotos que la pareja donó a la institución.

El abuso gubernamental es tal que ni las tradiciones ni la cultura indígena les merece respeto. En los hospitales en los cuales llevan a la fuerza a los posibles contagiados no hay nadie en condición de traducir a sus idiomas lo que dicen los médicos y todo el personal. Si alguien muere se lo llevan para enterrarlo, violentando una de las creencias más arraigadas e importantes de los yanomami: el ritual que se les debe a los muertos. Un yanomami no puede ser enterrado. Su cuerpo se incinera y solo después de un tiempo y tras realizar una serie de ritos en comunidad, se despide al muerto, se supera el dolor y la vida de todos sigue adelante.

Pareciera que la Covid-19 llegó como anillo al dedo a quienes desean destruir la Amazonia para sus intereses privados. Ellos, quienes cuentan con la indiferencia, cuando no con la connivencia, del poder, se aprovechan del encierro al cual el virus está obligando a los defensores de la tierra para actuar sin obstáculo alguno.

Son muchas las organizaciones que se están activando para evitar este genocidio, sin embargo, el peligro es tan grave que debemos decir todos #StopBrazilsGenocide y #foraGarimpoforaCovid, movimiento que lidera Dario Kopenawa, hijo de Davi Kopenawa, a través de la Hutukara Asociación Yanomami.

Quizás haya llegado el momento de dejar de lado nuestros problemas más inmediatos para prestar atención a las voces que llegan de la selva. Escuchar a quien, como la joven Hamangaí, “hija de dos pueblos los terena y los pataxó hã-hã-hãe”, con gran emoción dice: “Necesitamos nuestra selva, porque es de ella que viene nuestra fuerza. Sin nuestro bosque no somos nada”.

Tampoco nosotros seremos nada si lograran destruir Amazonas y sus pueblos originarios.

@MBAFILE

6 de julio 2020

ViceVersa

https://www.viceversa-mag.com/genocidio-indigena/?goal=0_fd015c953e-258b814df3-443605597&mc_cid=258b814df3&mc_eid=5c25f6a6b5

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Antonio Di Giampaolo

LA OMS EN EL OJO DEL HURACÁN (102)

El director general de la Organización Mundial de la Salud Tedros Adhanom Ghebreyesus anunció la conformación de un comité independiente de evaluación de la respuesta mundial a la Covid-19. La conformación del grupo de trabajo responde al mandato de la Asamblea Mundial de la Salud de mayo pasado que encomendó una investigación sobre el desempeño del organismo ante las críticas surgidas en torno al manejo de la pandemia. La emergencia sanitaria ha alcanzado a más de doce millones en el mundo y cerca de seiscientas mil personas han perdido la vida, según los reportes oficiales de los estados asociados a la OMS.

El equipo de investigación será copresidido por la ex primera ministra de Nueva Zelanda Helen Elizabeth Clark quien desempeñó la jefatura del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la ex presidenta de Liberia Ellen Johnson Sirleaf, Premio Nobel de la Paz 2011. El resto de los integrantes quedará conformado en los próximos días. Un informe preliminar deberá ser presentado en septiembre al Consejo Ejecutivo de la OMS y finalmente en la Asamblea Mundial del próximo año serán consignadas las conclusiones de la evaluación.

La OMS es una institución dependiente del sistema de Naciones Unidas y ha sido objeto de críticas por parte de algunos países que han señalado que su desempeño, en medio de la crisis generada por la pandemia, ha sido lenta y particularmente parcializado. Hasta la fecha el organismo ha emitido 171 informes sobre la emergencia sanitaria. Estados Unidos materializó la amenaza de suspender la asignación de fondos al ente bajo el argumento de no haber actuado oportunamente ante el brote epidémico detectado en China. La OMS recientemente inició una investigación sin situ para determinar el origen del nuevo coronavirus y evaluar el comportamiento del gigante asiático ante el surgimiento de la enfermedad.

En las líneas de trabajo seguramente no quedaran por fuera aspectos como la estandarización de códigos y categorías en el manejo de la data que cada país presenta al organismo sobre las estadísticas para evitar el uso sesgado y discrecional de la misma. Otro de los aspectos es el análisis de los mecanismos para recomendar y apoyar tratamientos y terapias como en el caso de la hidroxicloroquina, o los criterios contrapuestos sobre la trasmisión del virus a través del aire. También un tema controvertido será el haber desestimado en diciembre la alerta de Taiwán sobre una enfermedad atípica. Si bien el país no es un estado miembro, y China presiona a nivel mundial para que la isla no sea reconocida en los escenarios mundiales, la información que reportó no debió ser menospreciada. La investigación ha puesto a la OMS en el ojo del huracán.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CronicasDeCuarentena (102)

"EL VIRUS VENEZOLANO" (101)

El jefe de la misión de la Organización Panamericana de la Salud en Venezuela admitió que gobierno y oposición se reúnen para abordar el tema de la pandemia. El pasado mes tuvo lugar la firma de un acuerdo suscrito por Carlos Alvarado, Ministro de Salud del gobierno y Julio Castro, representante del Comité de Expertos de la Asamblea Nacional refrendado por la OPS abrió el camino a una ruta de trabajo coordinado para afrontar la delicada situación que supone la emergencia sanitaria global en Venezuela.

Enrique Pérez, representante del organismo multilateral de la salud en el país confirmó que entre los aspectos conversados destacan la determinación de avanzar en la descentralización de las pruebas de PCR, la dotación de equipos de bioseguridad para el personal de los servicios sanitarios en todo el país a través de la distribución de 20 toneladas de insumos y materiales que arribaron a Venezuela y la evaluación de los tratamientos médicos a los pacientes de Covid-19, en virtud que la OMS suspendió los ensayos con hidroxicloroquina y no hay ningún estudio que avale el uso de la homeopatía con carácter terapéutico.

El registro de casos de Covid-19 reportados oficialmente supera los ocho mil contagios, una cifra que ha venido creciendo de manera sostenida y el número de fallecidos se acerca al centenar de personas. Un número de incidencias de transmisión comunitaria ha aumentado de manera importante en diversos puntos de la geografía nacional y aunque se insiste en el origen importado de enfermos atribuido al retorno de la diáspora venezolana, el centro del debate no puede ser la criminalización de los contagiados.

El empleo de la pandemia como arma de la diatriba política es algo que ha sido criticado por la OMS en la confrontación entre Estados Unidos y China. Incluso cuando Donald Trump tildó a la Covid-19 como el “virus chino” desde Miraflores se condenó el uso del término. Sin embargo, recientemente Nicolás Maduro Moros habló del “virus colombiano” haciendo alusión al incremento de casos detectados en los pasos fronterizos. El gobernador del Zulia, quien convalece de la enfermedad, se refirió a una eventual mutación del nuevo coronavirus, en la zona marabina a propósito de uno de los focos de contagio de la capital zuliana, que lo ha hecho particularmente agresivo. El uso político de la pandemia es reprochable venga de donde venga, pues en eso la enfermedad no distingue entre derechas e izquierdas.

¡Amanecerá y veremos!

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CÉLULAS MADRES Y COVID-19 (100)

La prestigiosa revista científica británica “The Lancet” difundió los resultados de un estudio experimental limitado pero esperanzador sobre la utilización de células madres en el tratamiento de pacientes de Covid-19 desarrollado por científicos de la Universidad Miguel Hernández de Alicante y la Universidad Autónoma de Madrid y centros asistenciales de Navarra, Salamanca, y Murcia, entre otros. La terapia celular aprovecha las potencialidades regenerativas, antiinflamatorias e inmunoreguladores del compuesto sanguíneo y por lo pronto el novedoso tratamiento no generó reacciones adversas y supuso una mejoría clínica y radiológica de los pacientes críticos.

Los resultados preliminares con la administración de células madres mesenquimales, a partir de la médula ósea de donantes contagiados con el nuevo coronavirus, revelan que la mortalidad en enfermos graves, recluidos en unidades de cuidados intensivos, se redujo a un 15%. Los investigadores extenderán el ensayo clínico que inicialmente abarcó a una docena de pacientes con la finalidad de obtener un estudio concluyente.

Hay varias investigaciones de terapia celular, aunque no son muy extendidas por el carácter costoso de las mismas. En el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad del Norte de Texas, en Estados Unidos se desarrolla un estudio para evaluar la seguridad y la eficacia de las células madres en el tratamiento de enfermos de Covid-19. En Panamá el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud adelanta un ensayo con material embrionario a partir de tejido de la placenta de donantes parturientas. En Brasil el Núcleo de Tecnología Celular de la Pontificia Universidad Católica de Paraná lidera un trabajo experimental a partir de células madres extraídas del cordón umbilical y finalmente inyectadas por vía endovenosa a un pequeño grupo de pacientes y esperan que las evaluaciones preliminares se conozcan a finales de mes.

Hay una serie de incógnitas que hay que dilucidar y una de ellas se refiere a la respuesta de la terapia ante las eventuales mutaciones del nuevo coronavirus. También como en otros experimentos están los límites que la práctica de la medicina impone en materia de bioética. Los estudios e investigaciones con células madres, en desarrollo en diversas latitudes, lucen prometedores en virtud del efecto terapéutico que los tratamientos celulares han tenido en otras enfermedades.

¡Amanecerá y veremos!

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TENTANDO AL CORONAVIRUS (99)

Un Jair Bolsonaro afable, portando mascarilla y practicando distanciamiento social ante la prensa confirmó que dio positivo al coronavirus. Mucha sabiduría hay en el dicho popular que reza “La lengua es el castigo del cuerpo”. La controvertida conducta del mandatario carioca había sido objeto de críticas desde el inicio de la pandemia cuando desestimaba la enfermedad y culpaba a los medios de crear histeria colectiva en la sociedad. Brasil es, hoy en día, el segundo país del mundo con el mayor número de contagiados y de personas fallecida a lo largo de la emergencia sanitaria global. Desde su residencia, durante el breve contacto con los medios, agradeció a quienes han orado por él.

Entretanto otro mandatario, Andrés Manuel López Obrador, que inicialmente había subestimado la enfermedad brindando declaraciones erráticas y tratando de minimizar las consecuencias de la pandemia se ha sometido a la prueba de la Covid-19 en la antesala de su viaje a Estados Unidos para una visita oficial en la Casa Blanca. El presidente azteca sostendrá un encuentro con Donald Trump quien también en diversas intervenciones polémicas subestimó al nuevo coronavirus y su país registra los más altos índices a nivel mundial de personas contagiadas y fallecidas.

El primero de los mandatarios en sufrir en carne propia los embates de la Covid-19 fue el jefe del gobierno británico Boris Johnson quien en marzo fue sometido a aislamiento y estuvo recluido en terapia intensiva. Afortunadamente logró superar la enfermedad de la que fueron víctimas no menos de 44 mil personas en su país. El Reino Unido lidera las fatídicas estadísticas de la pandemia, por delante de Italia, Francia y España en Europa. En abril, el nuevo primer ministro ruso, Mikhail Mishustin también dio positivo a la enfermedad. Otro tanto le ocurrió en África Occidental al primer ministro de Guinea Bissau junto a tres miembros de su gabinete.

A mediados del mes pasado el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, confirmó que estaba contagiado de coronavirus y fue recluido en el Hospital Militar de Tegucigalpa. Hoy trascendió que el Presidente Colombiano Ivan Duque debió hacerse la prueba de Covid-19 para descartar también un posible contagio. Las horas de angustia y tensión ante la eventualidad de padecer la enfermedad, así se trate de una humilde persona o de un encumbrado dignatario, tienen un efecto en el ánimo de todo ser humano.

¡Amanecerá y veremos!

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Cecilia Barría

Con más de 130.000 víctimas fatales y 3 millones contagiados por covid-19, Estados Unidos sigue siendo uno de los epicentros de la pandemia a nivel mundial.

Y aunque la actividad económica está intentando acelerar el motor lentamente, el aumento de casos en estados como Florida, Texas, Arizona y California, impone nuevos desafíos.

Varios pronósticos apuntan a que la recuperación económica comenzaría en el tercer trimestre de este año, aunque todo depende de cómo evolucione la situación de salud y las medidas de control que adopten las autoridades,

¿Pero de qué recuperación estamos hablando?, se pregunta James Galbraith, profesor de la Escuela de Asuntos Públicos Lyndon B. Johnson de la Universidad de Texas, Austin, en diálogo con BBC Mundo.

Es posible que los indicadores mejoren en el corto plazo, explica, pero como el país ha enfrentado profundas transformaciones en el último medio siglo, un regreso a la "normalidad" previa a la pandemia tomará mucho tiempo.

"La economía de EE.UU. es un castillo de naipes que se derrumbó con la pandemia", dice el académico.

"No veremos una recuperación económica rápida porque los problemas de la economía estadounidense son estructurales", argumenta Galbraith, autor de libros como "Desigualdad, lo que todos necesitan saber" y "Bienvenidos al cáliz envenenado: la destrucción de Grecia y el futuro de Europa".

Estos son los 3 cambios profundos en la economía estadounidense en el último medio siglo que hacen más difícil la recuperación económica, según el investigador estadounidense.

1. Cambio en la producción y demanda global de productos

En la década de los 60 la economía estadounidense producía bienes con distintos niveles de desarrollo tecnológico y estaba más orientada al consumo interno.

Más de medio siglo después el panorama es completamente distinto, dice el investigador.

Hoy Estados Unidos produce bienes y servicios de tecnología avanzada en sectores como la industria aeroespacial, tecnologías de información, armamento, servicios petroleros o finanzas, para abastecer una demanda global.

"El problema es que no van a crecer las compras de aviones si la gente en el futuro va a viajar menos", apunta.

Algo parecido ocurrirá con el sector petrolero, los proyectos inmobiliarios o la compra de autos, por ejemplo, debido a un cambio en la mentalidad y la conducta de los consumidores que -frente a las nuevas circunstancias- gastarán menos dinero.

"Ese no es un problema que se pueda resolver con medidas de estímulo fiscal", dice Galbraith.

2. Menos puestos de trabajo

Hace medio siglo, los estadounidenses gastaban su dinero en comprar autos, televisores y electrodomésticos, mientras que en los últimos años una gran parte del consumo se ha destinado a restaurantes, hoteles y gimnasios.

El problema es que decenas de millones de estadounidenses trabajan en ese tipo de servicios.

"Los consumidores pueden vivir sin ellos", dice Galbraith. "La incertidumbre sobre el futuro de los empleos provocará que la gente ahorre enormemente. No van a ir a conciertos, eventos deportivos, a cenar fuera de casa o viajar", agrega.

3. Endeudamiento

El gasto de las familias en los 60 estaba impulsado por un alza en los salarios y en el valor de la vivienda. Sin embargo ahora, argumenta Galbraith, los sueldos no crecen a esa velocidad y el aumento del gasto en la última década está muy relacionado con un aumento en las deudas personales y corporativas.

A futuro, "las deudas personales como la hipoteca, la renta, los servicios básicos o la educación, seguirán escalando", dice el académico.

En ese contexto el escenario que presenta esta crisis es mucho más desafiante que otras crisis anteriores, como la de 2008.

"La gente dice que si nos recuperamos de esa crisis, nos recuperaremos de esta. Pero eso es engañoso porque las circunstancias son muy distintas", asegura Galbraith.

"Esto no es un shock económico como un terremoto", donde al cabo de un tiempo los esfuerzos de reconstrucción permiten volver a los niveles normales de crecimiento.

Un terremoto, explica, es un riesgo conocido que ocurre cada cierto tiempo.

"La gente sabe que vendrá la reconstrucción y la vida seguirá. Ahora no sabes qué pasará el próximo año o los que vienen", dice, agregando que la incertidumbre es el factor clave que marca la diferencia respecto a otro tipo de crisis.

Por eso la inyección de estímulos económicos no sería suficiente para que las personas recuperen la confianza y vuelvan a consumir y las empresas vuelvan a invertir.

Uno de los grandes desafíos es crear puestos de trabajo. Por eso, dice Galbraith, "el modelo económico que generaba empleo en base a los servicios tiene que ser reestructurado".

"Hay mucha gente luchando por sobrevivir y cuando se acaben las medidas de estímulo, vendrá el descontento social, la rabia".

9 de julio 2020

BBC News Mundo

https://www.bbc.com/mundo/noticias-53339559

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