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Opinión

Mientras el usurpador y sus esbirros continúan atropellando nuestros derechos, algunos venezolanos de oposición agreden a otros opositores mediante tuiters, artículos o declaraciones. La insensatez del fuego amigo está causando mucho daño al sembrar desconfianza. Cabe recordar el enfrentamiento entre tropas austríacas que se enfrentaron entre sí, permitiendo el triunfo de los otomanos en la batalla de Karansebes, durante la guerra de 1787. Al parecer, el enfrentamiento fratricida se originó por causas etílicas y se agravó por la confusión entre soldados que hablaban diferentes idiomas. Sea o no cierto, se non e vera, e ben trovato, es decir que si no es cierto es apropiado para describir lo que sucede en esta otrora tierra de gracia.

Aquí quizá el enfrentamiento entre quienes luchan por salir de la narcodictadura no sea por ingesta de licor de uno de los grupos, aunque puede que sí haya algunos borrachos de poder. No debería ser un problema de idiomas, ya que todos hablan castellano, aunque puede que algunos no evolucionados solo entiendan castellano antiguo.

La Asamblea Nacional aprobó el 10 de marzo el Pliego Nacional de Conflicto que debe unificar la lucha por el restablecimiento de la democracia y el rescate de nuestros derechos. Quien no lo acepte es porque está de acuerdo con la narcodictadura. Dicho pliego establece claramente la exigencia de elección presidencial libre, justa y verificable. Como condiciones no negociables: nuevo Consejo Nacional Electoral designado por la Asamblea Nacional, rehabilitación de las organizaciones políticas, habilitación y el retorno de los derechos políticos de todos los ciudadanos, garantía del derecho del voto de quienes tuvieron que emigrar, observación internacional con credibilidad en todas las etapas del proceso electoral, rescate de los poderes públicos y oposición a falsos diálogos.

El único punto de divergencia pareciera ser la exigencia de algunos de no ir a elecciones con el usurpador en Miraflores, lo cual sería ideal. Sin embargo, si se dan las otras condiciones no debería ser un punto de honor. Vociferar que primero debe irse el usurpador, a pesar de estar conscientes de que no se dispone de la fortaleza para defenestrarlo, así como criticar al presidente(e) Guaidó por no cumplir ese mandato es solo un buen deseo de algunos, ignorancia de otros e irresponsabilidad de quienes conocen las fortalezas y debilidades del régimen y de la oposición.

Alegar que con Maduro en Miraflores no puede haber elecciones libres puede ser cierto y también que con sus paramilitares rojos intentará amedrentar a los votantes, pero la posición de nuestros diputados es clara: si no hay elecciones libres, justas y verificables no participaremos en ningún proceso electoral. Para que el usurpador las acepte debe continuar la protesta en las calles, la oposición tiene que estar unida y las sanciones internacionales deben intensificarse, haciendo caso omiso a lo que predican algunos. Salir del régimen, así como del coronavirus, amerita sacrificios.

Si la presión sobre Maduro lo obliga a realizar elecciones limpias es indudable el triunfo de la la oposición, siempre y cuando acuda unida alrededor de un solo candidato presidencial y con candidatos también únicos para las parlamentarias. Ante esta situación, hay cierta probabilidad de que el usurpador proceda a arrebatar como Jalisco, por lo que tendremos que dar otra pelea, pero con fortalezas que impedirán una nueva usurpación.

Es positivo que algunos dirigentes políticos sigan insistiendo en que primero debe cesar la usurpación, pero sin descalificar a quienes piensan que, a pesar de todo, no es imprescindible si se logran las condiciones electorales. Desde luego no votaremos si lo que hay es un acuerdo entre la farsa de la nanomesa de diálogo roja y el régimen. Aspiramos prive la sensatez en aquellos dirigentes y opositores de buena fe. No podemos seguir sometidos a fuego amigo. Hasta ahora solo han sido escaramuzas, no permitamos se convierta en batalla como la de Karansebes y triunfen los rojos.

Como (había) en botica:

Los rojos no solo destruyeron Pdvsa, sino también el Fondo de Jubilación de los trabajadores, sumiendo en la miseria a quienes dedicaron su vida a la empresa. Sin embargo, algunos jubilados, quizá por desesperación, todavía creen en cantos de sirenas que los llaman a “recuperar” a la que fue nuestra principal industria.

El Informe actualizado de la Comisionada DDHH de la ONU reitera las violaciones a los derechos humanos, aunque omite la prohibición a su equipo en Venezuela de visitar los sitios de tortura de la DGCIM.

Valientes familiares del capitán de navío Luis de la Sotta, del coronel Jhonny Mejías y del teniente coronel Ruperto Molina denuncian nuevos atropellos.

Tamara Sujú sigue realizando excelente labor divulgativa en el exterior sobre las violaciones a los DDHH, señalando los responsables.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Moisés Naím

Los terremotos generan destrucción y también nueva información sobre las capas más profundas del planeta. Las pandemias también generan destrucción e información, y no solo biológica, epidemiológica o médica. También revelan quiénes somos como personas y como sociedad. ¿Hay entre nosotros más altruistas o más egoístas? ¿Nos conviene tener un país abierto al mundo o fronteras más cerradas? ¿Le creemos a los políticos o a los expertos? ¿Qué debe guiar más nuestra conducta, las emociones o los datos?

Quienes defienden la integración entre países chocan con los partidarios del nacionalismo y el proteccionismo. “Rechazamos el globalismo y abrazamos la doctrina del patriotismo”, dijo el presidente Trump en la ONU en 2018. También dejó clara su antipatía por el multilateralismo, es decir, las iniciativas basadas en acuerdos entre un gran número de países. El multilateralismo condujo a la creación de organismos como las Naciones Unidas y el Banco Mundial, por ejemplo. También anima los acuerdos en los cuales los países participantes se comprometen a hacer esfuerzos conjuntos para lidiar con problemas que ningún país puede enfrentar solo, independientemente de cuán grande, rico o poderoso sea. El cambio climático, la inmigración o el terrorismo son ejemplos de esto. Al presidente Trump estos acuerdos multilaterales no le gustan. “Estados Unidos siempre escogerá la independencia y la cooperación en vez del control y la dominación de la gobernanza global”, dijo el presidente. Como sabemos, Trump no es el único crítico de la globalización. Un sinnúmero de líderes políticos, así como intelectuales de fama mundial, rechazan la globalización.

Es en este contexto que hace su revolucionaria aparición el coronavirus. Si la globalización se basa en el movimiento internacional de productos, ideas, gente o tecnología, pues este virus es un poderoso ejemplo de la globalización de flujos biológicos. También confirma lo miope que es pensar en la globalización solo como un fenómeno comercial, financiero o mediático.

Resulta que algunos flujos biológicos, por ejemplo, viajan más rápido, a mayor distancia, tienen efectos más inmediatos y de mayor impacto que los demás flujos que caracterizan a la globalización. Pero la reacción al coronavirus también revela lo tentador que es el aislacionismo. Un creciente número de Gobiernos está tratando de sellar las fronteras y aislar las ciudades y regiones más afectadas, bloqueando el libre tránsito de personas y las comunicaciones aéreas.

Estamos viviendo en tiempo real el choque entre el globalismo y el aislacionismo. Pero al mismo tiempo que están cerrando sus fronteras, estos Gobiernos están descubriendo cuánto necesitan el apoyo de otros países, y de entes multilaterales como la Organización Mundial de la Salud.

El coronavirus también está sirviendo para traer de nuevo a la palestra y darle un rol protagónico a expertos y científicos. Una de las sorpresas de este temprano siglo XXI fue la pérdida de credibilidad de los expertos y el auge de charlatanes y demagogos. Esta tendencia tuvo un momento icónico cuando en 2016 Michael Gove, entonces ministro de Justicia del Reino Unido, reaccionó a un estudio en el cual renombrados expertos criticaban al Brexit, proyecto que él promovía. El ministro afirmó sin desparpajo: “La gente de este país ya ha tenido suficiente con los expertos”. Otro que rutinariamente desprecia a los expertos es Donald Trump. Ha dicho que el cambio climático es una farsa montada por China, que él sabe más de guerra que sus generales, o que él entiende mejor esto del virusque los científicos.

Pues no. Resulta que en “esto del virus” los científicos deben ser —y afortunadamente están siendo— los principales protagonistas. Muchos de ellos, además, son funcionarios públicos, otra categoría de profesionales que suele ser desdeñada por los líderes populistas que han logrado ganar poder avivando las frustraciones y ansiedades del “pueblo” que ellos dicen representar. Los populistas conviven mal con los expertos y con los datos que contradicen sus intereses. Detestan a los organismos públicos que albergan expertos y producen datos incuestionables. Pero la crisis del coronavirus ha demostrado que estas burocracias públicas, cuyos presupuestos y capacidades suelen ser erosionados

La pandemia no solo hace que los expertos y sus organismos jueguen un crecido rol, sino que también hace que adquiera renovada urgencia el viejo debate entre altruismo e individualismo. El altruista está dispuesto a beneficiar a otros —incluyendo a desconocidos— aun a costa de sus propios intereses. En cambio, el individualista tiende a actuar independientemente de los efectos que sus decisiones tengan sobre el bienestar de los demás. En las próximas semanas y meses vamos a descubrir quiénes —tanto personas como países— están más dispuestos a actuar teniendo a los demás en mente y quiénes solo piensan en sí mismos. Esto se va a hacer más fácil de descubrir, ya que el coronavirus ha hecho patente que todos somos vecinos. Aun de países que están en nuestras antípodas.

15 de marzo

La Patilla

https://www.lapatilla.com/2020/03/15/moises-naim-todos-somos-vecinos/

 3 min


En momentos de “reflujo político” o “incertidumbre” como el que vivimos en la oposición, es útil reflexionar sobre algunos temas, políticos, pero que tocan elementos éticos y organizativos más amplios; sobre todo después del episodio de la designación del Comité de Postulaciones del CNE, que comente en mi artículo anterior, y ante la perspectiva de la continuación del proceso de designación de rectores del organismo, si es que llegare a efectuarse por la Asamblea Nacional, como todos deseamos. La situación allí planteada nos deja ver una falta de actualización y modernización de nuestro estamento político partidista, que puede llegar a ser preocupante.

Da la impresión de que algunos, o muchos, entienden que hacer política, en Venezuela, se reduce a la participación en procesos electorales. Pero otros creemos, al igual que los antiguos griegos, que la política está en el origen de la sociedad humana, en la propia naturaleza del hombre, que como ser naturalmente sociable, no puede pretender a la felicidad hallándose aislado.

La política es la actividad del ciudadano, y para los griegos, desde antes de Cristo, el ejercicio del poder era algo reservado a los más rectos y de conducta más irreprochable. Mucha tinta se ha vertido sobre el tema, pero hacer política sigue siendo plantearse el tema del poder y como conquistarlo... incluso, mediante la vía electoral. Y para emprender esa vía son necesarios, sin duda alguna, líderes y partidos, tema del que me ocuparé hoy.

Hace algún tiempo ya, en los artículos que entrego semanalmente, me pronuncié por la necesidad de construir para Venezuela organizaciones políticas modernas, populares, policlasistas y que se planteen claramente la toma del poder sobre la base de un programa explícito, y un compromiso personal y colectivo con ese programa. Un programa mínimo de postulados éticos y que deben estar presentes en cualquier organización política en las que estemos dispuestos a participar; por ejemplo, la transparencia en el actuar y en las funciones de gestión pública; la correcta separación entre los legítimos fines privados del político, los fines del partido y los fines del Estado; la conciencia, en el político, de que su función pública, es una función educativa.

Establecidos estos puntos —éticos— fundamentales, es válido que nos plateemos otros problemas: ¿Cómo hacemos para que nuestro mensaje le llegue a las grandes mayorías del país? ¿Cómo hacemos para que el pueblo entienda que nuestro mensaje es el suyo y que el desarrollo capitalista que queremos para el país, es lo mejor para él, y no solo para nosotros? Ese es nuestro verdadero reto. En los programas definidos y dados a conocer por la oposición y sus candidatos, al menos sus aspiraciones globales están claras, definidas. El problema ahora es como hacemos que llegue a todos los venezolanos, y como lo convertimos en postulados compartidos con compromiso y en ideales de lucha común. Y para eso son imprescindibles los partidos.

Pero no pensemos que las únicas formas de organizarse políticamente son las que hemos conocido hasta ahora, basadas en los grandes partidos policlasistas y de masas, organizados bajo el centralismo democrático, y bajo la concepción de “correas de transmisión”, expresiones organizativas de una conciencia y una ideología elaboradas por “intelectuales” alienados –como diría un leninista– o “cuadros de vanguardia”, y que nos pueden conducir a un nuevo fracaso. No aceptemos fácilmente el chantaje de la “coordinación”; seamos consecuentes con otros principios en los que también creemos, como por ejemplo, el de la libre competencia. Que surjan todas las iniciativas posibles, que –tomando en cuenta los principios enumerados– se organicen de la forma en que puedan y quieran, que utilicen las formas modernas, cibernéticas, redes sociales, de comunicación, que se lancen a la lucha política y a la captación de adeptos y voluntades, y que triunfe el que mejor sea capaz de expresar los interés e ideales de los grupos sociales a los que aspire representar.

Esta es una invitación a organizarse; desde ahora, sin esperar más, con la clara conciencia y el objetivo político a largo plazo de llegar al poder, pero con la precaución de no sucumbir al inmediatismo y creer que la única forma posible de organizarse políticamente es la que ya hemos conocido.

Esto implica una organización diferente a la de partidos de masas, policlasistas, como ahora los conocemos, y con los que contamos; aunque tampoco significa que nos planteemos una organización parecida a los "partidos de cuadros", siguiendo la jerga leninista; o un partido de corte militar, como los que intentaron formar en el país hace algunos años y que no cuajaron o se han convertido en maquinarias de represión e intimidación.

Un ejemplo, que ya he esbozado anteriormente, de lo que podría ser una moderna organización política, más acorde con "los signos de los tiempos", es la adoptada por los partidos modernos en muchos países: un núcleo central de políticos profesionales, y una amplia periferia, que se activa y desactiva de acuerdo con circunstancias específicas. Así funcionan ahora algunas empresas y si este esquema funciona para el mundo de los negocios, ¿Por qué no habría de hacerlo para el de la política?

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 4 min


Nelson Totesaut Rangel

El año pasado hacía referencia a lo importante que es la marca Italia para aquel país. De hecho, agregaba que la imaginación se queda chica para clasificar tantas cosas que llevan el Made in Italy; lo que le genera un valor agregado a cada producto. Lo contrastaba entonces con el antónimo por excelencia, al menos en el imaginario colectivo sobre la excelsitud: el Made in China.

Pero, algunas veces existen puntos de encuentro entre dos culturas, dos países. Entre estos dos ocurre con la pasta que, mutatis mutandi, es tan propio de un país, como del otro. De hecho, muchos sostienen que la misma es invención China, que luego fue introducida por el veneciano Marco Polo en la península italiana. Otros, lo desmienten. Y agregan que los romanos ya comían el “Laganon”, de donde derivaría el nombre Lasagna. En fin, un punto medio que no le quita valor a ningún país y, al contrario, los une en un aspecto cultural.

Lamentablemente, hay un factor más actual que está mezclando el Made in Italy con el Made in China: el COVID-19. En ambos casos, resulta injusto responsabilizar a un país de la enfermedad (caso China) y a otro de su propagación (caso Italia). Pues buscar culpables no solventa la situación, sino que más bien crea otra: la xenofobia, que es la enfermedad más difícil de erradicar.

Coronavirus
Las últimas semanas me he enfocado exclusivamente sobre el coronavirus. Lo hago porque es noticia diaria y, según la OMS, ya oficialmente Pandemia. También porque lo considero un peligro que pone a prueba a la humanidad en su conjunto: a sus sistemas de respuesta clínicos; a sus avances investigativos; a la estructura y capacidad que tiene un país y, sobre todo, a la actuación de una sociedad cohesionada para enfrentar un conflicto viral. Y digo “sociedad” y no “Estado” porque hemos visto que la respuesta efectiva no es solo estatal. Ha de ser el colectivo consciente que tome medidas personales para evitar trasmitir un virus que, si bien curable en la mayoría de los casos, es de facilísima propagación.

Y es que mientras China en lo interno lo asumió de manera fugaz, en occidente pasamos en menos de un mes de “poco más que una gripe” a pandemia. El COVID-19 ha demostrado ser una amenaza superior a lo que se pensaba. De hecho, la subestimación de la situación es lo que ha llevado al desastre. Ya se lo dijo el senador Matteo Renzi al mundo: “no comentan los mismos errores que nosotros”. Porque el coronavirus ya migró de Asia y se hizo una amenaza realmente global.

De hecho, de China ya prácticamente salió. O al menos se encuentra cerca de solventarse la situación. Ya decretaron que el pico fue superado y los incrementos en las zonas más sensibles resultan ínfimos. Y todo esto gracias a una serie de medidas adoptadas que parecen ser efectivas solo en una sociedad piramidal; en donde uno manda, y los demás obedecen.

Venezuela
Los grandes focos ahora están en Corea del Sur, Irán y la Unión Europea, en general. América Latina es la segunda región menos contagiada, después de África. Puede deberse al clima, como muchos expertos creen. Aunque también en la ineficacia en detectar el virus por parte de los sistemas de salud, excluyendo cualquier otra enfermedad de la cual el corona se busque disfrazar.

El caso es que en Venezuela, por fin, se empezaron a tomar medidas a nivel gubernamental. Son las correctas, ya que siguen el ejemplo de los países que sufren agudamente la enfermedad: cancelar vuelos, cerrar fronteras, limitar o prohibir manifestaciones de masas, etcétera. Son, al final, medidas convenientes para una situación no solo de salud, sino también política. Ya que resultan así una excusa perfecta para apaciguar exaltaciones populares bajo la excusa de un virus que dejó de ser banal. Sin mencionar que es otro argumento conveniente para criticar las sanciones de Estados Unidos.

Maduro hace una semana acusaba a EEUU de la creación del virus para dañar a la economía China. Es mejor que cambie el discurso, porque si usamos su misma lógica, el no es que resulte particularmente perjudicado de esta situación.

@NelsonTRangel
www.netrangel.com

nelsontrangel@gmail.com

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Un funcionario local declaró en estos días que el coronavirus es una farsa que el kapitalismoa rueda para “vender medicinas”, como en su momento las gripes porcina y aviar. Pese a la vox populi, COVID19 es una estremecedora amenaza global, y por ello la OMC la declaró pandemia, que no es poca cosa. Un análisis antikapitalista, sostiene que es una maniobra contra China. También que el Sida era un virus de probeta liberado por los grandes laboratorios para hacer superventas.

Hace unos años, el ojo avizor alertó que los gringos inventaron un dispositivo para inocular cáncer a los gobernantes poscomunistas latinoamericanos y el único que murió de los afectados, fue el que se trató en Cuba, por su fe en la medicina socialista. El caos en Venezuela durante el 27 y 28 de febrero 1989 fue organizado por unos demiurgos al servicio de Fidel Castro. En noviembre pasado, con mínimo centimetraje, supimos de una convención en Dallas de los Tierraplanistas, que sostienen lo que se supone.

Como la esencia de una secta es descubrir conspiraciones y enfrentarse a otra parecida, se odian a muerte con la Asociación de la Tierra Plana, que cuenta con 200.000 seguidores en Facebook, según aquellos un “parapeto de las corporaciones para desacreditarlos”. Durante los 80 la izquierda denunció que el FMI provocó la Crisis de la Deuda para apoderarse del Tercer Mundo, y la derecha, que Clinton utilizaba el FMI y el Banco Mundial para gobernar el mundo.

La CIA, Bush y el Mossad derrumbaron las Torres Gemelas para asaltar el petróleo iraquí y ningún avión cayó en el Pentágono, sino un misil lanzado por los propios americanos. En Teoría de la conspiración (Donner: 1997) Mel Gibson relata a Julia Roberts el proyecto HARP, instrumento capaz de provocar un terremoto en China para asesinar al Presidente. El talento criollo descubrió que los decodificadores son un sistema de espionaje del imperio.

Un 747 en cómodas cuotas
Carlos Andrés Pérez era uno de los hombres más ricos del mundo, dotado de una tarjeta con crédito suficiente para comprar un 747, aunque a su muerte la familia tuvo que hacer colecta para pagar los médicos. EEUU no llegó a la luna en 1969, y lo que vimos lo filmó Kubrick en estudio, como lo presenta la cinta Capricornio Uno (Hyams: 1978) y nada menos que James Bond en Los diamantes son eternos (Hamilton: 1971), atraviesa caminando el set donde se rodaba la farsa. La compañía Monsanto diseñó la semilla Terminator para arruinar los agricultores.

Cuando la conjuntivitis por desnutrición se expandió en Cuba, Castro acusó a EEUU de bombardear con el virus. Los sicópatas que dirigieron el Terror en la Revolución Francesa y murieron guillotinados, se acusaban mutuamente de complot. Un burdo folleto aparecido en Rusia en 1903, Protocolos de los sabios de Sión, narra que la trama judía mundial se urdió en presencia del Demonio, y cuando apareció la peste negra en Europa (siglo XIV), que diezmó por lo menos la mitad de la población, acusaron a los judíos de “envenenar las aguas”.

Muchos piensan que instituciones y dirigentes de todo el mundo son tinglados que manejan las corporaciones y gobiernos norteamericanos a través de minorías arcanas y malignas. En Roma culpaban a los cristianos de demoníacas bacanales, promiscuidad sexual en las que violaban y sacrificaban niños para después devorar su carne y sangre. Cuando fueron poder con Constantino, acusaron a las sectas disidentes de hacer eso mismo, y luego a los herejes, judíos y brujas, y de pactos con el Diablo, volar en escobas, montar cangrejos gigantes y celebrar grandes orgías en el Sabbath.

Nunca a todos siempre
Ni Elvis ni Bin Laden están muertos, aunque si Paul McCartney, sustituido por un doble. El centro de la tierra es hueco y vive allí una civilización que la NASA esconde. A Lady “D” la asesinó la Corona Británica. En Roswell, Nuevo México, aterrizaron los extraterrestres que construyeron todas las pirámides existentes. Shakespeare era un seudónimo de Bacon. Imposible resumir los disparates y extravagancias de la teoría de la conspiración, pero hay que distinguir simples memeses, de los crímenes contra la humanidad.

Stalin asesinó millones de personas por conjurar componendas con las potencias imperialistas, pero fue “necesario” para la Unión Soviética. Hitler se inspiró en los Protocolos y exterminó seis millones de judíos. Ahmadinejad hizo un evento en 2008 para que “importantes expertos” desmintieran el Holocausto, mientras ahorcaba todos los días homosexuales y “adúlteras”. Cierto que hay conspiraciones de grupos poderosos para obtener beneficios turbios y enturbiar la realidad, pero su eficacia es episódica y mermada.

Se puede engañar todo el tiempo a alguien y por momentos a todos, pero no a todos todo el tiempo. Esto gracias a la pluralidad de los medios de comunicación libres que viven para cazar complots y romper los monopolios de poder. Y es solo en las sociedades cerradas donde la conspiración puede ser el único modo de acción, mientras los caudillos totalitarios con puño de hierro único, paradójicamente acusaron a las democracias de regirse por cábalas. Los revolucionarios fanatizan, idiotizan, envenenan a sus seguidores y las luchas de poder son solo complot que terminan en muerte.


@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/64205/la-conjura-de-los-necios

 4 min


Maxim Ross

No soy un experto en ciencia política, pero he vivido suficientes experiencias como para opinar sobre un tema de capital importancia en la conducción política, como este de la comunicación, dentro de la cual encaja el dilema entre el mensaje pesimista y el optimista de quien conduce. Se que simplifico el asunto, pero creo que es lo suficientemente relevante como para llamar a una reflexión sobre el tema.

Obviamente, el asunto no es nuevo y siempre ha estado en el debate político, psicológico y filosófico[1] y, por supuesto, no existe una conclusión definitiva acerca de cuál de los dos puede ser más efectivo en la conducta humana y, sobre todo, en la conducción política. En este sentido, lo que puedo aportar, sin entrar en el debate conceptual o teórico sobre el tema, son algunos ejemplos que provienen de otras experiencias y de la nuestra.

Pongo en las esquinas dos mensajes clásicamente de ese orden. El optimista que desarrolló Obama en su campaña, el del “Yes, You can” con el cual transmitió al máximo la factibilidad de que un cambio era posible en los Estados Unidos y el de Churchill “Sangre, sudor y lágrimas”, el cual. Si bien no encaja en el pesimismo puro, ilustra un camino diferente que llama al sacrificio y al enfrentamiento con la realidad. Como se sabe, ambos lograron su objetivo de movilización y compromiso.

En Venezuela estamos llenos de ejemplos, pero prácticamente todos inclinados del lado del “optimismo”, probablemente por esa raíz épica que tienen casi todos los mensajes políticos en nuestro país. Nos podemos ir bien atrás con aquel del “gobiernito” que iba a caer en la época de Betancourt y, más luego, con el mismo de épocas recientes de “Se va caer, se va caer”, o de la promesa de una solución inmediata o pronta, que luego no se cumplió.

Después de los optimistas mensajes de las últimas campañas políticas de la oposición, que es la que me interesa lo piense, me quedan en la memoria aquellos momentos cuando estábamos “ganando” el revocatorio del 2014 y otras elecciones anteriores y posteriores, todas llenas de optimismo, para terminar en la frustración en la que se cayó e inmovilizó a una gran masa de gente. Como dice el filósofo: “si el optimismo parte de falsas realidades termina en una falsa promesa que culmina en frustración”, en cuyo caso me inclino por un mensaje realista, aunque parezca pesimista, que coloque a la gente en la exacta dimensión de donde está y que le espera. Quizás sea este momento de dramática crisis de examinar el lenguaje político.

[1] Ver Alicia Delibes, sobre “Roger Scruton y los usos del pesimismo” en FAES. Enero-M arzo,2011. Madrid

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Pedro Benitez

Desde que se detectó en la ciudad china de Wuhan estaba claro que la epidemia de coronavirus tendría consecuencias económicas y políticas aunque no se podía prever la magnitud. Nunca es posible predecir con exactitud el curso de los acontecimientos humanos, pero sí se pueden identificar actitudes que suelen repetirse en la historia. Por ello se pueden predecir con seguridad dos cosas: el mundo no se va a acabar y la política no se va a parar.

La política no descansa, ni siquiera en medio de una pandemia. Se supone que ante una enfermedad potencialmente mortal las prioridades de los aún vivos deberían cambiar. Sin salud las disputas por poder o ideologías no valen nada. Se supone, pero no es así.

De China a Estados Unidos pasando por Europa esta crisis no ha detenido las diatribas políticas. Se sospecha, con bastante fundamento, que el gobierno del gigante asiático (donde se detectó en un principio la enfermedad del coronavirus) ocultó información de lo que ocurría y no ha aportado las cifras reales de afectados y fallecidos. Li Wenliang, uno de los primeros médicos en advertir del brote en diciembre, fue silenciado por la policía de ese país, lo que desató una ola de críticas en las redes sociales e indignación en la propia China.

No obstante, los gobernantes chinos van a presentar la actual disminución en el número de nuevos contagios y la posible superación de la epidemia como un triunfo de su sistema político.

Al otro lado del mundo el exprimer ministro de Italia, Matteo Renzi, advierte que ante el coronavirus su país perdió tiempo y eso “fue un error”.

En España un sector de la izquierda afín a Podemos se ha hecho eco de una nota de El País donde se afirma que la extensión de la epidemia ha desbordado el sistema de salud pública de la Comunidad de Madrid, consecuencia a su vez de las políticas de “recortes, externalizaciones y expansión de la sanidad privada” que los sucesivos gobiernos del Partido Popular (PP) han aplicado en esa comunidad autónoma. Eso pese a que las cifras indican otra cosa.

Ayer en su programa de radio el periodista Federico Jiménez Losantos acusaba al gobierno de la Generalitat de Cataluña de ocultar información sobre el número de contagiados. Y no ha faltado quien señale a la vocera del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, y al líder de Vox, Santiago Abascal, por intentar sacar rédito político de esta crisis.

Más al norte, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron parece que van saliendo airosos en las primeras de cambio.

Pero al otro lado del Atlántico los críticos de Donald Trump no se han ahorrado cuestionamientos a su draconiana medida de cerrar los vuelos comerciales de pasajeros entre Europa y Estados Unidos, empezando por el precandidato y exvicepresidente demócrata Joe Biden, quien en precampaña y desde su cuenta de Twitter no le ha dado tregua.

Por su parte, desde la Unión Europea se ha criticado el tono unilateral y nacionalista con que el presidente norteamericano ha expuesto el tema.

En México el presidente Andrés Manuel López Obrador ha minimizado la situación afirmando que: “Hay quien dice que por lo del coronavirus no hay que abrazarse. Pero hay que abrazarse, no pasa nada”. Más armas para su oposición.

Su actitud no es muy distinta a la que hasta hace muy poco tuvieron sus colegas Jair Bolsonaro, quien llegó a decir que la epidemia “es una fantasía creada por los medios”, y el propio Trump, que hace unos días acusó a los demócratas de fomentar la alarma.

Como vemos la lucha por el poder no se puede detener nunca, ni aun en las peores circunstancias. Esto no para nada nuevo en la historia.

La Peste Negra que entre 1346 y 1348 mató a la tercera parte de la población europea de la época (25 millones) sólo detuvo brevemente la Guerra de los Cien Años entre ingleses y franceses. Ésta continuó hasta 1453.

La viruela que diezmó a las poblaciones de los imperios mexica e inca a principios del siglo XVI no contuvo la Conquista española de América. Por el contrario, la facilitó.

Y la pandemia de gripe de 1918, mal llamada gripe española, no paró la Primera Guerra Mundial, aunque según las cifras más conservadoras mató a 40 millones de personas, más del doble de las bajas civiles y militares que dejó el conflicto.

Aunque no es posible predecir el curso de los acontecimientos humanos, sin embargo sí se pueden identificar tendencias que suelen repetirse en la historia. Una crisis de las características de la que estamos siendo testigos tiene siempre consecuencias económicas y estas a su vez políticas.

Desde el inicio de la pandemia de coronavirus en la ciudad de Wuhan estaba claro que tendría un impacto económico global. Lo que no se podía pronosticar era la magnitud.

Según la canciller Angela Markel entre el 60 y el 70% de los 83 millones de alemanes podrían contraer el virus en las próximas semanas. El contralmirante Brian Monahan, médico asistente del Congreso de los Estados Unidos, estima que entre 70 millones y 150 millones de personas contraerán el coronavirus en ese país.

Aunque no es posible predecir el curso de los acontecimientos humanos, sin embargo sí se pueden identificar tendencias que suelen repetirse en la historia. Una crisis de las características de la que estamos siendo testigos tiene siempre consecuencias económicas y estas a su vez políticas.

Expertos advierten que la cuarentena que mantiene a Italia aislada del resto del mundo ocurrirá en el resto de Europa en menos de tres semanas.

Afortunadamente la humanidad ha progresado y se puede pronosticar con seguridad que esta crisis global será superada. Contrario a lo que afirma Martín Caparrós en su columna de esta semana en The New York Times la globalización no nos ha hecho a todos vulnerables. Los humanos lo hemos sido desde hace milenios. Lo que sí es cierto es que una pandemia como la Peste Negra que tardó tres años en difundirse ahora lo puede hacer en cuestión de semanas porque la humanidad está más interconectada que nunca. Pero esa misma aldea global que vaticinó Marshall McLuhan hace cinco décadas tiene hoy más recursos para enfrentar este tipo de crisis gracias al desarrollo de la ciencia y a la difusión masiva del conocimiento que ha permitido la tan criticada globalización.

Por tanto, es poco probable que el mundo se acabe en esta ocasión. Sin embargo, la consecuencia inmediata ya la estamos viendo: un frenazo a la economía mundial.

A su vez, esto puede tener una consecuencia política que ya se atisba en el horizonte: la elección presidencial en los Estados Unidos en noviembre de este año. Con todas las bolsas de valores con caídas récord, Donald Trump puede tener justo en su cuarto año de administración una recesión económica. Es lo que menos quiere porque con eso perdería su principal argumento para reelegirse. De modo que una reelección que apenas en enero se veía asegurada ahora ya no lo es tanto. Pero esa es una historia a la que todavía le faltan muchos capítulos.

Lo que sí es más seguro es que la consiguiente drástica caída de los precios mundiales del petróleo va a sacudir en los próximos meses los cimientos de los gobiernos con economías mucho más vulnerables: Rusia, Argentina, Irán y Venezuela.

Pero a más largo plazo también se va a dar un debate entre cuáles son los mejores modelos políticos para enfrentar este tipo de crisis: ¿La autoritaria China o el democrático Occidente? ¿Hace falta más o menos Estado?

Como vemos la política es parte de la naturaleza humana y siempre nos acompañará. En la salud y en la enfermedad.

13 de marzo 2020

AlNavio

https://alnavio.com/noticia/20581/actualidad/el-coronavirus-pasa-de-pand...

 6 min