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Opinión

Esta semana ha estado llena de noticias vinculadas a las negociaciones políticas entre gobierno y oposición, pero desde una perspectiva distinta. No me refiero a reportes de avance sobre las negociaciones facilitadas por Noruega, las cuales, por cierto, están hibernando luego de las sanciones secundarias de EEUU contra el gobierno de Venezuela.

Me refiero a otro tipo de negociaciones. Las directas, secretas, consentidas o no por todos los actores, que tienen como objetivo resolver la crisis negociando acuerdos, que podrían ir más allá del objetivo electoral de las negociaciones formales e incluyen casi cualquier escenario.

Estados Unidos ha dicho que ha tenido negociaciones con actores clave de la élite chavista y gubernamental y ha informado que no lo está haciendo con consentimiento oficial de Maduro sino buscando precisamente el desmarque y fractura interna de esas fuerzas, para sacarlo del poder. Maduro, por su parte, ha dicho que representantes de su gobierno y partido se han reunido con EEUU y otros países, con su pleno conocimiento y consentimiento, en la búsqueda de soluciones a la crisis. Los actores mencionados por ambas partes se han mostrado, luego de que salieran sus nombres a la luz, públicamente cerca de Maduro y otros personeros hiper sancionados, para enviar un mensaje (cierto o no) de unidad y respaldo.

Mi primera reacción a todo este embrollo fue preguntarme: ¿cuál será la sorpresa frente al hecho, obvio y evidente, de que todas las partes están negociando, en todos los planos, con todos los adversarios externos e internos, en todos los tipos de negociación posible, mientras que en paralelo se radicalizan contra sus adversarios para tratar de presionarlos y enviar también mensajes de fuerza y amenaza, que intenten evitar cualquier resquebrajamiento interno de su fuerza?

Más allá de las consignas principistas de los voceros radicales de ambos lados, que hoy quedan colgados de la brocha con las declaraciones negociadoras de sus propios aliados (a quienes paradójicamente no se atreven a criticar en sus tuits), resulta claro que todo es negociable. En efecto, la política es la ciencia de la negociación. Y no se negocia con los panas, sino con los adversarios, que por cierto, no los escoges tu, sino las circunstancias y no suelen ser confiables, decentes, prudentes y sanos, sino usualmente impresentables en función de tus propios valores y principios. Aún así, es con ellos que tienes que negociar e intercambiar cosas para resolver el conflicto. En un secuestro, no negocias con el cura de la iglesia, sino con el secuestrador, te guste o no. Y a mí me parece perfecto e importantísimo que ocurran esas negociaciones, aunque no necesariamente terminen en una solución deseada a corto plazo. A fin de cuentas, estoy convencido que el final de esta historia será negociado y mientras más se exploren todos los caminos de la negociación, más probabilidades de solución habrá.

Pero las negociaciones que pueden ser exitosas no son las que se anuncian, ni denuncian, ni revelan para “exponer” al negociante. Eso más bien indica que esos intentos fracasaron. Las negociaciones realmente importantes son las que ocurren detrás de las cámaras, comentarios y artículos de prensa y redes. Hay una realidad concreta. El gobierno no quiere negociar. Quiere comprar tiempo. La oposición y sus aliados tampoco quieren negociar. Quieren a Maduro fuera del poder. Pero ni uno, ni otro tienen altas probabilidades de lograr sus objetivos por una sola vía. Entonces, queriendo o no, se ven obligados a negociar. El tema es que no es posible proyectar el tiempo en el que esto puede cuajar en alguna solución relevante, si es que eso es realmente posible.

luisvleon@gmail.com

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Las noticias inundan las redes sociales, las ediciones digitales de los periódicos y las emisoras de radio. Crece exponencial la incertidumbre y la confusión reina. Ha sido una semana rica en especulaciones, informaciones no confirmadas y protagonismos. Entre las más destacadas resultan: Diosdado, se reúne con voceros del gobierno de EEUU; el Comando Sur listo para el bloqueo naval; pospuesta la ronda de reuniones en Barbados; el dólar se dispara al alza y la hiperinflación asciende incontrolada; empresas rusas y chinas suspenden compra de petróleo Venezolano; gana el peronismo en Argentina; EEUU, dice que se reúne con el gobierno a nivel muy alto; el salario mínimo mensual baja a 2,76 dólares, entre otras. En fin, apreciados lectores, aquí lo que hay es una verdadera explosión informativa, prosecución de una situación arto conocida. Vivimos en una profunda crisis política, económica y social. Y todo esto, es desarrollo de un proceso político que todavía no define su desenlace; manteniendo vigente cualquiera de las alternativas puestas en mesa.

Guerra de Cuarta Generación

Hay que tener presente que protagonizamos una guerra de cuarta generación. La primera, se inició con el uso de las primeras armas de fuego. La segunda, aprovechó los avances de la revolución industrial. La tercera, aparece con la Segunda Guerra Mundial. La cuarta, se basa en una guerra psicológica o bombardeo a la mente, dirigida a controlar, por expertos, la voluntad de las personas. Para eso se usan la guerra de guerrillas, la asimétrica, el terrorismo, la guerra civil, la propaganda –información-contrainformación– el uso de mentiras o fake news, (las bombas son las mentiras), la cibernética. No hay enfrentamiento entre ejércitos. Es una guerra económica, política y de violencia callejera. Entre los ejemplos de guerras de Cuarta Generación: la guerra civil China, conflicto armado de Colombia, Vietnam, Angola, Afganistán, Congo y Yugoslavia. El concepto de guerra de Cuarta Generación, es parte de la doctrina militar estadounidense.

Analistas y orientadores de opinión

Y para entender lo que esta pasando y por donde van los tiros, es necesario ponerse el lente de la objetividad. Y eso, va a depender del papel que usted juega en la guerra. Los primeros, son receptores pasivos y difusores de noticias favorables al bando en el que milita y aquellas negativas al adversario. Son fanáticos, fichas de partidos o repetidores consuetudinarios. Abundan entre la muchedumbre y copan extensos espacios en las redes, medios y en el boca a boca. No distinguen una noticia falsa de una verdadera. Mercado cautivo de campañas informativas y publicitarias. La carreta de los deseos va delante de la racionalidad. Por otro lado, los segundos, son aquellas personas que analizan –quitandose el cristal de los deseos- cada noticia, propuesta o juicio, para descubrir su fuente o intención. Altamente informados. Racionales. Poseen criterio. Estas personas tienen un alto nivel político y cumplen una función muy importante en los partidos políticos… Observan, oyen mucho y estudian. Advierten la importancia o necedad de una noticia. Son élite de grupos y orientadores de la opinión.

Diálogo y negociación a todos los niveles

Como se podrá observar, vivimos momentos dramáticos. La crisis se ha profundizado. Pereciera, a simple vista, que estamos en tiempos de desenlace o de pre conclusión. Esto es un enredo muy grande y los políticos se están moviendo en todas direcciones; semejando mina de bachacos, después de ser molestados. Corriendo en todas direcciones… hacia adelante y hacia atrás. Desorientados. Todas las organizaciones y personajes en un escenario de reuniones, diálogos y negociaciones. Nadie quiere quedar fuera. Buscan ser copartícipe de lo que pudiera dar con el traste a esta inaguantable situación. La credibilidad de los políticos se deteriora y pierden popularidad. La gente disminuyó la confianza en ellos. El desespero es tal que demandan una solución ya, sea la que sea. Estados Unidos, por su parte, acelera sus medidas y aumenta las sanciones. La sensación que dan es que trabajan en una linea central: sacar a Maduro de la presidencia. La amenaza del bloqueo naval pudiera ser la próxima acción. El Comando Sur, dice estar preparado, solo esperando la orden. Continúa girando el torniquete y la incertidumbre crece en la psiquis del venezolano. ¡Amanecerá y veremos!

fcordero@eluniversal.com

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

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Carlos Raúl Hernández

En la formación de la voluntad del electorado influyen diversos factores políticos, emocionales, comunicacionales, económicos y culturales, en una síntesis que al final, se vota por candidatos o partidos cuya imagen logre asociarse a una vida mejor, y ese suele ser el hilo rojo de las campañas electorales exitosas, el Dr. Jekyll. Una oferta de futuro y por otro lado se complementa al identificar al competidor con un infierno real o potencial. Entra en juego el Mr. Hyde llamado “campaña negra”.

Los dos pensadores británicos del siglo XIX que terminaron de diseñar la democracia representativa tal como la conocemos, Jeremías Bentham y John Stuart Mill, plantean que los seres humanos buscan con sus actos, placer, beneficio personal y familiar, y a esto se llamó utilitarismo. Bentham escribe que “la libertad… tiene valor solo en cuanto constituye medio para conseguir la felicidad”. El aparataje de una campaña electoral bien concebida debe inducir en la mente de los electores a Mr. Hyde y el Dr. Jekyll.

Marx, cuyo esquema político es primitivo comparado con contemporáneos mucho menos celebrados, quedó estupefacto en 1848 cuando presenció la primera votación directa, universal y secreta conocida, que eligió a Luis Napoleón en Francia. Para él todo régimen burgués era una dictadura, y su brújula enloqueció cuando la clase obrera, “la mayoría social explotada”, votó en masa por éste, mientras los comunistas quedaron reducidos a una demacrada minoría. A Marx le pareció casi un acontecimiento mágico.

Para su despecho una mayoría social “proletaria, explotada, miserable”, que solo podía perder las cadenas, se ponía al servicio de sus enemigos y no era capaz de hacerse mayoría política a través del proceso electoral que convierte sufragios en curules, es decir, en poder. Contentarse porque los estudios de opinión arrojen que 80 ó 90% desea salir del actual gobierno, debería ser estímulo suficiente para concurrir a una elección porque son muy altas las posibilidades de ganarla, si se tiene la capacidad suficiente.

Mayorías social y política

Y si no es por el voto y las curules que tornan mayoría social en mayoría política, aquella es una ficción que sirve de poco. Las mayorías políticas hay que construirlas, no están dadas por simpatías estadísticas, sino son un proceso productivo que requiere recursos económicos y humanos, partidos, una campaña electoral sólida, habilidad política, estudios técnicos de opinión, una maquinaria de testigos en las mesas que recabe las actas. Y la moralización de los electores para que concurran en situaciones adversas y ganen.

En veinte años la sociedad ha fracasado varias veces en estos principios básicos, pero también fue exitosa cuando lo hizo bien, como en 2015. La experiencia real acumulada es que ninguna (enfatizo: ninguna) de las denuncias de fraude ha podido respaldarse con el elemento esencial, los recibos, que son las actas. Y la misma experiencia señala que cuando se tienen la victoria se logra no importa el ventajismo de gobierno. Eso lo vimos el año pasado en Zulia, Táchira, Mérida, Anzoátegui y Nueva Esparta.

En mayo de 2018 tuvimos la demostración más palmaria e insólita, digna de estudio por tratarse de un hecho incomparable, de como la incompetencia estratégica puede impedir que una amplia mayoría social se convierta en mayoría política, sugiere Adriana Morán. Este caso es tan increíble que merecerá estudios por ser modelo de suicidio de un liderazgo y se han dado argumentos tan pueriles como que a los decisores no les gustaba el candidato.

En otras palabras, que era preferible el triunfo de Maduro. Demostramos incapacidad para dar una exitosa batalla electoral, como si ha ocurrido en otros países de la región, pese a la proclama de ser mayoría. Y tampoco hemos sido suficientemente hábiles para negociar con el gobierno y hasta eso han tenido que asumirlo los norteamericanos, tal como se supo recientemente.

Rendirse mata

Las primarias argentinas del domingo ilustran lo que hemos dicho. Macri triunfa sobre el peronismo en 2015 porque representó una esperanza de cambio para mejorar la vida de la gente. Pero desde hace por lo menos dos años se observa que su deriva podía conducirlo a la derrota, porque no enfrentó los desarreglos estructurales que envilecen la sociedad, empezando por la inflación, lo que se suma a su inexperiencia política.

Las mayorías no son estables sino efímeras y la capacidad de los líderes se prueba precisamente al mantenerlas. El haber rechazado el financiamiento del FMI que le hubiera permitido suavizar los efectos del ajuste para emprender la reforma estructural de la economía, siempre lució como una excentricidad que salió muy cara, particularmente para alguien que se enfrenta a un monstruo con el arraigo popular del peronismo.

La eventual pérdida de la mayoría política en las elecciones de octubre debería ser una lección. Mantener el poder o cualquier parcela de felicidad, como diría, Bentham, obliga a tejer acuerdos, arreglar disputas, conciliar diferencias, pero no para medrar sino para realizar eficientemente los objetivos de la acción, la conquista de mayor bien. Pero la libertad es una oportunidad, no una garantía. Y todo se puede perder.

@CarlosRaulHer

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Manuel Felipe Sierra

Los contactos oficiosos entre los gobiernos -aun sin que existan relaciones diplomáticas entre ellos- son comunes y necesarios para los países incluso por meras razones informativas.

Donald Trump aseguró esta semana que existen contactos con el gobierno venezolano, lo cual fue confirmado posteriormente por el propio presidente Nicolás Maduro, quien advirtió que no se trata de negociaciones sobre una agenda específica sino de aproximaciones rutinarias; incluso la representación opositora en los diálogos celebrados en Oslo y en Barbados (que se consideran transitoriamente interrumpidos) viajó a Washington para ofrecer su versión sobre el rumbo de un proceso que según ellos avanza en el tema fundamental de la convocatoria a elecciones.

También altos voceros del oficialismo apuestan a darle continuidad a una gestión que es avalada y estimulada por la Unión Europea, el Grupo Internacional de Contacto, Rusia, China, Cuba y por otras instancias internacionales que apuestan a una salida pacífica a la crisis venezolana.

Se conoce que desde hace meses se mantienen reuniones de los miembros del "Grupo de Boston" (integrado por parlamentarios de los dos países) que son monitoreadas por importantes personajes vinculados a la Casa Blanca y que facilitaron el año pasado la liberación del prisionero norteamericano, Joshua Holt, quien fuera recibido en el despacho presidencial por el propio Trump.

Todo ello pese al endurecimiento de las sanciones aplicadas contra funcionarios que tienden a agravarse y las restricciones económicas-financieras cuyos efectos como se sabe castigan a la población cada vez en mayor medida y que incluso impedirían jugar en su país a los peloteros venezolanos contratados por los equipos del Norte.

Una restricción que, recordando la experiencia cubana en la materia, tiene un impacto significativo en el interés y la atención nacional de las temporadas de béisbol y que seguramente serían ampliadas también en otras áreas no necesariamente vinculadas con la política ni con el gobierno.

No obstante ello, las tensiones tienden a intensificarse de acuerdo a recientes declaraciones de los funcionarios John Bolton y Eliott Abrams, quienes actúan en la práctica como actores políticos nacionales, asumiendo de esta manera el papel y la responsabilidad que corresponde a los partidos y la dirigencia opositora.

El último llegó incluso a sostener cuáles serían los términos de una posible transición e imponer de antemano un veto moral sobre algunos ministros del actual gobierno, amén de que se avanza en la configuración en la práctica de un gobierno paralelo en el manejo del tema petrolero, como en los casos de Citgo, Pdvsa y al parecer también en relación a las empresas de la CVG.

Todo ello al margen de lo que puedan decidir las partes en conflicto en los diálogos y negociaciones en marcha que buscan rescatar la necesaria soberanía e independencia de los actores envueltos en la conflictividad y que están obligados a respetar y preservar los intereses de los venezolanos.

Contadora

Una situación que obliga sin duda a la dirigencia opositora a definir con claridad los límites de la ayuda o la mediación internacional, que si bien es necesaria e indispensable en situaciones parecidas, debería limitarse a facilitar un clima para la convivencia y la búsqueda de salidas consensuadas y no como un factor que estimula y gana protagonismo, en este caso frente a los factores que rechazan el modelo chavista-madurista.

En este sentido, es pertinente invocar la experiencia del Grupo Contadora en la guerra centroamericana, tal como lo recordaba recientemente la presidenta de Copei, Mercedes Malavé.

En aquellas circunstancias gobiernos democráticos prestaron su apoyo para buscar salida al conflicto, sin que asumieran el apoyo a las organizaciones que le eran cercanas y con las cuales comulgaban ideológicamente para facilitar de esta manera que la mediación tuviera los resultados que se esperaban, generando confianza y respeto en los grupos que abrazaban la violencia guerrillera.

¿Habría tenido éxito aquella gestión mediadora, si por ejemplo, el gobierno de Luis Herrera Campins a través del excanciller Arístides Calvani hubiera colocado su apoyo a los partidos demócrata-cristianos que le eran afines frente a los grupos guerrilleros sin tomar en cuenta la necesidad y la urgencia de crear las bases para la paz como objetivo prioritario?

En buena medida, en esta materia, más que la mediación, que como tal supone concesiones y flexibilidad pareciera que se procura coincidir y favorecer (más allá de identidades y simpatías políticas) a uno de los polos de la confrontación; lo cual como es obvio conduce a profundizarla y agravarla.

La estrategia norteamericana ahora asume el rumbo aplicado en el caso cubano, cuyo punto de partida ha sido la desaparición de un régimen sin tomar en cuenta las condiciones y particularidades del proceso que le dio nacimiento, con las consecuencias que ya se conocen y que en ningún caso podrían considerase acertadas y menos aún exitosas.

A estas alturas -después de los cambios ocurridos en el mundo y particularmente en América Latina- resulta incomprensible insistir en un esquema que no solo impide las salidas necesarias sino que paradójicamente es un factor que fortalece los regímenes sobre los cuales se plantea la necesidad de las transiciones y los cambios.

En este caso es una responsabilidad que atañe al mediador, pero también a los sectores que pugnan por soluciones desconociendo las realidades y las condiciones propias de las experiencias políticas. El estilo de la "oposición cubano-mayamera" no es el mejor ejemplo para propiciar el cambio ya inaplazable de la situación venezolana hacia un clima de convivencia y de gobernabilidad democrática.

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Edgar Benarroch

Conozco personas con quienes tengo amistad, unas de vieja data y otras a través de la lectura de sus libros, escritos y opiniones y de otras tengo las mejores referencias. Ellas son gente de un buen nivel cultural y académico, por cierto muchos obtuvieron su especialidad en prestigiosas universidades del exterior gracias a becas otorgadas por La Fundación Gran Mariscal de Ayacucho que contribuyó notablemente al desarrollo del país hoy lamentablemente desaparecida.

Hablo de gente que aún se mantienen afectas a este llamado "proceso" y algunos lo defienden con frenesí. Ellos me tienen confundido, no los entiendo. No concibo que personas de buena formación, equipados cívica y moralmente de una manera adecuada, después de lo vivido y ocurrido en estos últimos veinte años se mantengan al lado de este régimen.

He hecho esfuerzos mentales para despejar mi confusión y falta de entendimiento y no lo he logrado. En lo político no encuentro razones, la conducción del país ha sido sin exageración alguna catastrófica y hoy nuestra Patria está administrada por instituciones carente de legitimidad en su origen y ejecutorias, a excepción de la Asamblea Nacional el resto de los Poderes Públicos con ilegítimos y como tal sus actos son nulos.

En lo económico son gente que no se entrega por dos platos de lentejas y sé que para ellos no es lo fundamental de sus vidas.

En lo ideológico tampoco identifico razones. Algunos de ellos se definen socialistas y como son inteligentes deben saber que este régimen es una mezcla de pragmatismo y efectismo rayano en el totalitarismo, que como sabemos es ausente de ideología de ética y de moral. Los ideólogos del socialismo en el mundo han marcado diferencia con este régimen venezolano afirmando preocupación por el desprestigio que le propina a la corriente ideológica y a la causa.

En lo moral son gente que sospecho tengan una escala de valores bien definida y adecuada. Por desarrollo nacional creo están percatados de la involución, retroceso y destrucción de la que el país ha sido objeto.

Por venganza no los creo capaz, ella es de monopolio exclusivo de los hermanos Rodríguez que públicamente lo han afirmado. Por todavía mantener resquemores hacia los cuarenta años de democracia, parece que el remedio ha sido peor en sumo grado que la enfermedad.

En cuanto a esperanza tampoco hay motivos para pensar que la situación va a mejorar, han pasado veinte años y todo ha sido para peor y además el régimen no asoma el menor indicio de rectificación, al contrario, insiste en un modelo fracasado en todas partes del mundo donde se ha pretendido implantar.

Así que a mis apreciados amigos y conocidos no los logro entender, menos a aquellos que con firmeza han entregado buena parte de vida a la defensa de los Derechos Humanos que este régimen a diario desconoce y violenta y a la defensa de la democracia, la libertad y la justicia.

Hay suficiente razones y motivos para concluir que la dinámica que tenemos no es la que queremos, muchos afirman que no estamos en democracia y que el régimen se transformó en dictadura con algunos resquicios de libertad, yo diría que en totalitarismo.

La administración de justicia, que es la reina de los Poderes Públicos es totalmente manejada por los jerarcas del régimen ejecutivo al extremo que ex magistrados han afirmado que no se sentencia sin previa consulta con Miraflores y que semanalmente se reúnen en las oficinas del gobierno el Tribunal Superior de Justicia, el Fiscal General, y el Contralor de la Republica y deciden a quien le cortan la cabeza y a quien no.

La pluralidad y el respeto a la disidencia no solamente está conculcada si no que persiguen, acosan, encarcelan, torturan y hasta asesinan al oponente.

Estamos pues en presencia de un régimen cuyo desenvolvimiento es contrario a las más elementales normas de convivencia civilizada que atenta a diario contra nuestra condición humana.

Estimados amigos no los entiendo. No sé si mi condición de opositor me ha colocado en el otro extremo, pero sinceramente no los entiendo. Aspiro y deseo que en análisis de conciencia en solitario y reflexión se coloquen del lado correcto de la historia. Son suficientemente inteligente para apartar las piedras subalternas del camino y seguir andando con el pecho erguido de emoción y la cara en alto de optimismo en la búsqueda de un país mejor. El Señor se alegró enormemente cuando la oveja descarriada volvió al rebaño.

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Nouriel Roubini

Hay tres posibles shocks de oferta negativos capaces de provocar una recesión global en 2020. Todos ellos son reflejo de factores políticos que afectan las relaciones internacionales; dos involucran a China, y Estados Unidos está en el centro de cada uno de ellos. Además, ninguno admite tratamiento con las herramientas tradicionales de la política macroeconómica anticíclica.

El primer shock potencial deriva de la guerra comercial y de monedas entre Estados Unidos y China, que a principios de este mes se agravó cuando el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump amenazó con imponer más aranceles a las exportaciones chinas y designó formalmente a China como manipulador cambiario. El segundo tiene que ver con la guerra fría que se está gestando lentamente entre Estados Unidos y China en torno de la tecnología.

En una rivalidad con todas las señas de una “trampa de Tucídides”, China y Estados Unidos compiten por el dominio de las industrias del futuro: la inteligencia artificial (IA), la robótica, el 5G, etcétera. Estados Unidos incluyó a la gigante china de las telecomunicaciones Huawei en una “lista de entidades” reservada a empresas extranjeras a las que considera una amenaza a su seguridad nacional. Y aunque después le otorgó exenciones transitorias que le permiten seguir usando componentes estadounidenses, esta semana la administración Trump anunció la inclusión en la lista de otras 46 empresas afiliadas a Huawei.

El tercer riesgo importante tiene que ver con el petróleo. Si bien sus precios han disminuido en las últimas semanas, y una recesión activada por una guerra comercial, monetaria y tecnológica deprimiría la demanda de energía y presionaría a la baja sobre los precios, la confrontación de Estados Unidos con Irán puede tener el efecto contrario. Si ese conflicto llegara al nivel militar, puede producirse un súbito encarecimiento mundial del petróleo que provoque una recesión, como sucedió durante enfrentamientos previos en Medio Oriente en 1973, 1979 y 1990.

Los tres shocks potenciales tendrían efecto estanflacionario, al provocar un encarecimiento de las importaciones de bienes de consumo, insumos intermedios, componentes tecnológicos y energía y al mismo tiempo reducir la producción al trastocar las cadenas globales de suministro. Encima, el conflicto sinoestadounidense ya está provocando un proceso más amplio de desglobalización, porque los países y las empresas ya no pueden confiar en la estabilidad a largo plazo de esas cadenas de valor integradas. La creciente balcanización del comercio de bienes, servicios, capital, mano de obra, información, datos y tecnología aumentará los costos de producción globales en todas las industrias.

Además, la guerra comercial y de divisas y la competencia tecnológica se amplificarán mutuamente. Tomemos el caso de Huawei, que en la actualidad es un líder mundial en equipamiento 5G. Pronto esta tecnología será la forma de conectividad estándar de la mayor parte de las infraestructuras civiles y militares críticas, por no hablar de los bienes de consumo básicos conectados a través de la emergente Internet de las Cosas. Cualquier cosa que tenga un chip 5G (desde una tostadora hasta una cafetera) puede convertirse en un dispositivo de escucha. Es decir que si Huawei es una amenaza a la seguridad nacional, lo mismo habrá que decir de miles de bienes de consumo de fabricación china.

Es fácil imaginar de qué manera la situación actual puede llevar a una implosión total del sistema internacional abierto de comercio. De modo que cabe preguntarse si las autoridades monetarias y fiscales están preparadas para un shock de oferta negativo sostenido, o incluso permanente.

Después de los shocks estanflacionarios de los setenta, las autoridades monetarias respondieron con un endurecimiento de la política monetaria. Pero hoy, los grandes bancos centrales (por ejemplo la Reserva Federal de los Estados Unidos) siguen políticas monetarias expansivas, porque la inflación y sus expectativas siguen siendo bajas. De modo que cualquier presión inflacionaria derivada de un shock del petróleo la percibirán como un efecto nivel de precios y no como un aumento persistente de la inflación.

Con el tiempo, los shocks de oferta negativos tienden a convertirse también en shocks de demanda negativos que reducen transitoriamente el crecimiento y la inflación, al deprimir el consumo y el gasto en capital. De hecho, en las condiciones actuales, el gasto en capital de las corporaciones dentro y fuera de los Estados Unidos está muy deprimido, por incertidumbres relacionadas con la probabilidad, gravedad y persistencia de los tres shocks potenciales.

De hecho, como las empresas en Estados Unidos, Europa, China y otras partes de Asia redujeron el gasto en capital, el sector tecnológico, manufacturero e industrial de todo el mundo ya está en recesión. El único motivo por el cual todavía no se trasladó a una desaceleración global es que el consumo privado se mantuvo firme. Si cualquiera de estos tres shocks de oferta negativos provocara un mayor encarecimiento de los bienes importados, eso repercutiría sobre el crecimiento del ingreso disponible real (deflactado) de los hogares, lo mismo que la confianza de los consumidores, y probablemente empujaría la economía global hacia una recesión.

En vista de la posibilidad de que se produzca un shock negativo de la demanda agregada en el corto plazo, las bajas de tasas de los bancos centrales son correctas. Pero también las autoridades fiscales deberían prepararse para dar una respuesta similar en el corto plazo. Una marcada caída del crecimiento y de la demanda agregada exigirá una política fiscal expansiva anticíclica para evitar que la recesión se agrave demasiado.

Pero en el mediano plazo, la respuesta óptima a los shocks negativos de la oferta no es una política expansiva, sino ajustarse a ellos sin continuar la expansión. Al fin y al cabo, los shocks de oferta negativos de una guerra comercial y tecnológica serán más o menos permanentes, lo mismo que la reducción del crecimiento potencial. Lo mismo se aplica al Brexit: abandonar la Unión Europea asestará al Reino Unido un shock de oferta negativo permanente, y por consiguiente, una caída permanente del crecimiento potencial.

Esos shocks no se pueden revertir con medidas monetarias o fiscales. Se los puede manejar en el corto plazo, pero todo intento de oponerles una política expansiva en forma permanente llevará a la larga a que la inflación y sus expectativas aumenten muy por encima de las metas de los bancos centrales. En los setenta, los bancos centrales respondieron con políticas expansivas a dos grandes shocks petroleros. El resultado fue un aumento persistente de la inflación y de sus expectativas, déficits fiscales insostenibles y acumulación de deuda pública.

Finalmente, hay una diferencia importante entre la crisis financiera global de 2008 y los shocks de oferta negativos que pueden afectar a la economía global hoy. Como la primera fue más que nada un gran shock negativo de la demanda agregada, que deprimió el crecimiento y la inflación, era correcto responder con un estímulo monetario y fiscal. Pero esta vez, el mundo se enfrentará a shocks negativos sostenidos de la oferta, que exigirán una clase de respuesta muy distinta en el mediano plazo. Tratar de deshacer el daño con un estímulo monetario y fiscal interminable no será una opción sensata.

Traducción: Esteban Flamini

22 de agosto de 2019

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/global-recession-us-china-t...

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Los fines de la negociación y sus implicaciones

Retornar al ordenamiento constitucional a través de la negociación con representantes del Madurismo será siempre preferible a que ello ocurra por medio de una intervención extranjera. Pero el margen con que debe manejarse tal negociación estará necesariamente constreñido por el fin buscado: la creación de condiciones para que los venezolanos superen de forma eficaz y perentoria la terrible situación en que la oligarquía militar - civil los ha sumido, y para conquistar una democracia plena, con contenido.

Las negociaciones no deben restringirse a plantear la salida del usurpador. Sea por medio de elecciones confiables (con las garantías del caso) o por otros mecanismos, el resultado debe apuntar al cambio del modelo funesto instrumentado por Chávez y Maduro en contra de la población.

Significa, en primer lugar, el respeto pleno de la batería de derechos civiles, políticos y económicos consagrados en la Constitución. Como condiciones sine qua non, pueden citarse: restablecer las potestades de la Asamblea Nacional; disolver la asamblea constituyente; renovar al CNE; liberar los presos políticos; cesar la criminalización de la protesta; respetar los derechos humanos; convocar elecciones presidenciales confiables.

En el plano económico es un sinsentido que todo el esfuerzo por sacar a Maduro termine en una gestión que no dé respuesta palpable a las expectativas de perentoria mejora en el bienestar de la población. Un nuevo gobierno que fracase en responder satisfactoriamente a ellas tendría muy corta vida.

En términos generales, existe consenso entre los economistas en torno a la necesidad de instrumentar políticas creíbles y consistentes que abaten la inflación, permitan estabilizar el tipo de cambio en un mercado libre, eliminen los controles e incentiven las inversiones productivas para generar empleo, abastecimiento y equilibrio en las cuentas externas. Ello está recogido en el Plan País y, con mayor elaboración, en las discusiones entre economistas que le sirvieron de sustento.

El desafío económico

El nivel tan absoluto de destrucción y de pauperización de los venezolanos producido por Maduro y su equipo genera esperanzas de mejora inmediata entre los venezolanos, lo que plantean un serio desafío a un eventual gobierno democrático futuro. Entre los elementos de mayor impacto están:

1) El salario mínimo se encuentra actualmente en menos de tres dólares al mes. Tengamos en cuenta, además, el aplanamiento de la escala salarial en torno a este nivel, con lo que la mayoría de los asalariados ganan menos de cinco veces esta cantidad[1].

2) La estabilización del precio de la divisa, en un mercado sin restricciones, presupone una apreciable corrección de la paridad, actualmente sobrevaluada. Esto significa que se despreciará el bolívar, lo que reducirá aún más los salarios arriba mencionados en dólares.

3) La recuperación de los servicios públicos, factor central al bienestar de los venezolanos, obligará a un proceso eventual de sinceración de sus precios para garantizar su prestación eficiente.

Condiciones para el ajuste expansivo del Plan País

El programa de estabilización económica planteado en el Plan País augura un crecimiento rápido de la producción, el empleo y de los salarios reales. Ello se fundamenta, entre otras cosas, en la altísima capacidad ociosa del aparato productivo doméstico que actualmente opera, en promedio, a menos del 30 de su capacidad. Un cambio político que restablezca las garantías legales a la propiedad y de orden procesal, elimine la inflación, levante los controles y asegure el acceso sin restricciones a la divisa, debe provocar una respuesta inmediata, fuertemente expansiva, de empresarios locales e inversionistas foráneos. No obstante, ello dependerá de las siguientes condiciones, que están interrelacionadas:

1) Un significativo financiamiento internacional, con una reestructuración a fondo de la deuda pública.

2) La apertura de la industria petrolera a la inversión privada.

3) Un incremento significativo y a muy corto plazo en la productividad laboral.

4) Un gobierno que dé confianza, dotado de un equipo económico altamente calificado.

Las magnitudes requeridas de financiamiento externo sólo las podrá proveer la banca multilateral, con el FMI a la cabeza, a la cual habrá de sumarse préstamos bilaterales, la reapertura del crédito internacional y la inversión privada. Pero tal financiamiento estará sujeto a un programa creíble, coherente y factible de recuperación de la economía, que proyecte una imagen de solvencia en el tiempo ante la banca y los inversionistas foráneos, y que permita el reembolso del financiamiento en los plazos acordados.

La existencia de un gobierno serio, dotado de un buen programa y de personal directivo altamente calificado, debe transmitir la confianza necesaria para que las transformaciones requeridas se instrumenten de manera eficiente y oportuna. Esto posibilitará negociar una restructuración a fondo de la deuda pública externa, con apoyo del FMI, para que Venezuela pueda atender los compromisos internacionales que de ahí se deriven, pagar sus importaciones y aspirar a dinero fresco.

No habrá milagro petrolero que venga al rescate

La recuperación de la industria petrolera habrá de aumentar los ingresos por exportación de crudo. Pero ya no habrá milagro petrolero. En el mejor de los casos, la producción anual podrá incrementarse en el equivalente a 250.000 a 300.000 barriles diarios. De manera que el país podrá alcanzar un nivel respetable de producción (en torno a los 2,5 millones b/d) en unos seis años. En términos per cápita, la producción estará apenas por la mitad de la existente en los años ’70. Además, la atracción del capital requerido para esta expansión requiere reducir la carga impositiva a la industria, de manera que esta mayor producción, si bien generará empleo y encadenamientos con proveedores locales (los que sobrevivieron junto a los nuevos), no aumentará en proporción los ingresos del estado. Es decir, esta vez la renta petrolera no vendrá al rescate.

Más allá, las expectativas son poco favorables a un aumento abrupto en los precios internacionales del crudo, tanto por el incremento de la oferta (fracking en EE.UU., no limitado por cuotas o restricciones políticas), como por la ralentización y eventual reducción de la demanda por el desplazamiento progresivo de los combustibles fósiles ante consideraciones climáticas, junto a la disminución en los costos de fuentes alternativas de energía. Los esfuerzos por reducir el uso de los combustibles fósiles acortan la vida de Venezuela como país petrolero. Algunos calculan una ventana de apenas tres décadas, antes de que caiga aceleradamente la demanda por nuestro crudo.

La importancia decisiva de mejorar perentoriamente la productividad

La terrible pauperización de la población venezolana a manos de Maduro y los suyos obliga a concertar de inmediato la transferencia de recursos a los sectores más humildes a fondo perdido. Pero la viabilidad de que órganos multilaterales accedan a financiar tales transferencias se sustenta -más allá de consideraciones humanitarias-, en la condición de que sean progresivamente reducidas y/o en su eventual reembolso. El financiamiento externo es renuente al gasto corriente improductivo. Más allá, debe considerarse la sinceración de los precios / tasas de los servicios públicos y el efecto de la depreciación (pass-through) sobre los precios domésticos. De manera que la mejora tan ansiada en los ingresos de la población habrá de descansar, por fuerza, en el incremento en la productividad laboral.

Aumentar drásticamente la productividad cuanto antes es factible, sin mayores inversiones, si se logra aprovechar la holgada capacidad ociosa de la planta productiva del país. Pero numerosos factores entraban tal aprovechamiento. Citamos los siguientes:

a) La ausencia (por emigración) de mano de obra calificada y de talento profesional;

b) El colapso de los servicios públicos y de la infraestructura física;

c) Un marco institucional –leyes, reglamentos— asfixiante y punitivo;

d) La ausencia de servicios especializados de apoyo;

e) La destrucción del tejido industrial (clusters): proveedores, industrias complementarias, de servicios.

f) Una banca “enana”, que ha visto reducir sus activos en dólares en casi un 90% desde 2013;

g) El colapso de la capacidad de respuesta administrativa del Estado en muchas áreas;

h) La necesidad de pagar remuneraciones competitivas para atraer talentos y personal calificado, en una economía en la que el salario promedio está por debajo de los $10 mensuales. La inversión extranjera contemplaría sueldos competitivos para sus operaciones, pero sueldos atractivos que retengan el personal calificado requerido para hacer funcional al estado, recuperar y mantener los servicios públicos, es políticamente problemático cuando la remuneración general es tan miserable.

Es imprescindible articular un programa especial dirigido a resolver estas insuficiencias. La inversión extranjera podrá llenar algunos vacíos en el corto plazo, pero será mayor contando con un programa que identifique las oportunidades y la secuencia de acciones deseada para su superación.

Finalmente, la reestructuración eficaz de la deuda pública externa habrá de liberar recursos requeridos para importar los equipos e insumos que exigirá la reactivación económica, así como los bienes de consumo y servicios para complementar la demanda final. Ello es crucial, dado el enorme peso que tiene su servicio bajo las condiciones actuales. Si bien en el tiempo se prevé que las inversiones se traduzcan en un aumento sostenido en las exportaciones (petroleras como no petroleras), sin reestructurar la deuda la economía verá comprometida su crecimiento en el corto plazo.

Implicaciones para el actual proceso negociación

La criminal destrucción de las condiciones de vida de los venezolanos urdida por la oligarquía militar – civil no ofrece mayores márgenes para negociar un gobierno de transición con factores del chavismo. Estamos frente a un estado fallido que pone en entredicho la propia viabilidad de Venezuela como país si no se acometen de inmediato profundos cambios. Tal precariedad restringe las posibilidades de una transición exitosa, que abra las puertas a una recuperación sostenible, a las siguientes opciones:

1. Gobierno nuevo, comprometido con el rescate de la institucionalidad democrática liberal, resultado de desplazar por completo al madurismo del poder, bien sea por la implosión de sus bases de sustento (renuencia militar a seguir apoyándolo) o por una intervención extranjera, que consiga piso en factores domésticos para reconstruir la democracia. Es un escenario tipo “borrón y cuenta nueva”.

2. Gobierno de coalición con los factores más sanos del chavismo, resultado de una negociación que acuerde las condiciones sine qua non mencionadas al comienzo de este escrito y convoque de inmediato elecciones presidenciales confiables.

El primer escenario es el más favorable para el futuro de Venezuela, pero también el más complejo en términos del manejo satisfactorio de las expectativas de mejora del venezolano, pues necesariamente implica una ruptura completa con la cultura rentista. Si bien durante los primeros dos años (quizás más) tendrá que existir una combinación de servicios subsidiados con transferencias directas a los hogares más necesitados --hasta que la recuperación de la economía pueda asegurar condiciones de vida aceptables a la población--, tales medidas deben entenderse como transitorias. La ventaja de este escenario es que, al tener un programa coherente (Plan País) que de confianza y un equipo de gobierno altamente calificado, será factible concertar un generoso apoyo financiero con el FMI y el BM.

El segundo escenario posiblemente implicará continuar dependiendo de algunos programas de reparto, combinado con subsidios a servicios y controles de precio. Al no enfrentar la cultura populista / rentista, habrá de generar problemas crecientes en el tiempo por su ineficacia en proveer condiciones para sacar a la población de la miseria. Disuadirá, por tanto, la prestación de recursos más allá de la ayuda humanitaria. Quizás la lucha contra la corrupción –de permitirla el componente chavista del gobierno—provea recursos que permitan mejoras apreciables en algunos puntos (servicios públicos, importaciones)

En fin, las condiciones mínimas que justifiquen llegar a acuerdos con factores del chavismo a través de la negociación son muy exigentes. Constituyen una camisa de fuerza irrenunciable. No tiene sentido acordar una coalición que no las cumpla. Y esto va para aquellos ilusionados con un gobierno de “Unidad Nacional”, a cuenta que observan grietas en la estructura mafiosa de dominación. Seguir “muddling through” (seguir haciendo cosas sin estar organizados ni saber bien cómo hacerlo)[2] con un gobierno de transición mixto es inhumano, dadas las condiciones actuales de pobreza extrema y, además, inviable.

Para facilitar un acuerdo satisfactorio se requiere, como todos sabemos, hacer concesiones. Se ha ofrecido, levantar las sanciones a quienes renieguen de la dictadura y ayuden a restablecer el ordenamiento constitucional, la posibilidad de un régimen transicional para juzgarlos --como ocurrió en las negociaciones de paz en Colombia--, así como eventuales períodos de gracia (para que puedan esfumarse). Es de suponer, además, que la inviabilidad futura evidente del madurismo, contribuya a que algunos de quienes lo apoyen, abandonen el barco antes de que se hunda. La incógnita está en saber si esos chavistas “sanos” existen y si tienen suficiente peso en el poder como para asegurar la salida pacífica de la mafia Maduro – cúpula militar.

[1] el sueldo de un profesor titular a dedicación exclusiva de una universidad pública es menos de siete veces el salario mínimo, equivalente, al momento de escribir estas reflexiones, a solo diecinueve dólares al mes.

[2] interpretación del editor

Economista, profesor de la UCV.

himgarl@gmail.com

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