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Opinión

Moises Naim

Irán quiere que en Venezuela haya diálogo. “El caos no puede ser la solución a las discrepancias políticas en Venezuela”, dijo Abbas Mousavi, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República islámica. El Gobierno chino también ha expresado su esperanza de que “las partes en conflicto puedan resolver sus diferencias políticas a través del dialogo”. Al igual que Serguéi Lavrov, el ministro de Exteriores ruso, la ONU, e infinidad de otros países, organismos y personalidades.

Así es; todo el mundo quiere un diálogo político en Venezuela. “Todo el mundo” menos los venezolanos, que ya tienen dos décadas de experiencia “dialogando”. Primero participaron en diálogos con Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro.

¿El resultado? Todos los “diálogos” terminaron fortaleciendo al Gobierno y debilitando a la oposición.

Entre octubre de 2002 y mayo de 2003, por ejemplo, César Gaviria, el entonces secretario general de la Organización de Estados Americanos, (OEA) se dedicó casi a tiempo completo a propiciar en Caracas un diálogo entre el Gobierno de Hugo Chávez y las representantes de la oposición. El expresidente de EE UU Jimmy Carter también participó activamente. ¿El resultado? Mientras la oposición negociaba con el Gobierno y todos los medios de comunicación se concentraron en informar sobre “el diálogo”, el régimen cubano consolidó su influencia en Venezuela.

En 2014, el Gobierno de Maduro confrontó fuertes protestas callejeras protagonizadas, principalmente, por estudiantes. El Gobierno respondió con sus dos armas favoritas: represión y… diálogo. Esta vez el diálogo de marras tuvo lugar en el palacio presidencial, fue televisado y algunos líderes de la oposición pudieron ser oídos por el país. Maduro también invitó al cardenal Pietro Parolin como “testigo de buena fe” del diálogo. El cardenal había sido el enviado del Vaticano en Caracas durante cuatro años y el papa Francisco lo acababa de nombrar secretario de Estado, el cargo número dos en la Curia. ¿El resultado? Las protestas callejeras se acallaron, miles de estudiantes fueron arrestados, muchos de ellos, torturados y otros, asesinados. Leopoldo López, el líder político más popular de la oposición, fue encarcelado y condenado a 14 años de prisión. Maduro consolidó su poder.

Dos años después volvió a pasar lo mismo. Sintiéndose débil, Maduro convoca a un diálogo, esta vez en la Republica Dominicana. Fue un caos. Numerosas delegaciones, confusión, divisiones y muchas promesas. El mejor indicador del calibre de esa reunión es que contó con la activa mediación de José Luis Rodríguez Zapatero. No es de extrañar, entonces, que entre quienes se oponen al régimen de Maduro, el diálogo tenga mala fama. Hasta ahora, los diálogos solo han servido para fortalecer al Gobierno, dividir a la oposición y desactivar las protestas populares.

Lo ideal, por lo tanto, sería que no hiciesen falta ni diálogo, ni negociación. Sería fantástico que Maduro y sus secuaces pronto colapsen bajo el peso de su impopularidad, sus rencillas internas, la profundización de la crisis humanitaria, el descontento de grupos militares, la presión internacional, y la consolidación del Gobierno de Juan Guaidó. ¡Ojalá! Pero, como sabemos, a veces, lo ideal no es ni práctico ni realista. Es posible que la situación actual se prolongue y que la única forma de salir de Maduro, avanzar hacia elecciones no amañadas, y dar comienzo a nuevas políticas que atenúen las letales crisis que aniquilan a los venezolanos sea a través de acuerdos negociados entre la oposición y el régimen.

Compresiblemente, esta idea es repugnante para muchos. Pero, lamentablemente, también puede ser inevitable. Un prolongado statu quo significa la muerte de decenas de miles de personas, más millones de refugiados venezolanos en otros países y la profundización de la crisis humanitaria.

La buena noticia es que las sociedades, y sus políticos, aprenden. La sociedad venezolana ya ha aprendido que, hasta ahora, los diálogos han sido una trampa y que no se pueden aceptar ingenuamente. La comunidad internacional democrática tampoco cree en Maduro y exige de su parte hechos concretos que contribuyan a reducir la justificada desconfianza que le tienen.

También es cierto que en los diálogos anteriores, la oposición estaba más débil y desorganizada, no contaba con el apoyo de 54 países y el régimen de Maduro no era tan vulnerable como lo es ahora. El aprendizaje social y la debilidad del régimen permiten que la oposición rehúse cualquier negociación si antes el régimen no da muestras de que tiene la intención de hacer concesiones importantes. Podría, por ejemplo, unilateralmente, y antes de comenzar cualquier diálogo o negociación, anunciar que adelanta la fecha de las elecciones presidenciales, o liberar a los presos políticos o permitir la entrada masiva de ayuda humanitaria.

De nuevo, esto tiene que ocurrir antes de que la oposición se siente a negociar con el régimen.

Suponer que Maduro y los suyos pueden participar en un diálogo sin mentir y sin intentar manipularlo puede ser ingenuo. Pero, quizás, más ingenuo aún es suponer que, en Venezuela, es posible evitar el diálogo político indefinidamente.

19 de mayo de 2019

@moisesnaim

El País

https://elpais.com/elpais/2019/05/18/opinion/1558202401_571471.html

 4 min


Con voz propia

Los vocablos diálogo, discusión, conversación, debate, disputa, recobran vigencia en el intento de acercamiento promovido por la monarquía noruega entre el régimen que este 20 de mayo arriba al primer año de usurpación y sector de oposición representado en el Parlamento cuyo jefe reconocen unos sesenta países democráticos como Presidente interino de la República.

A la Capital Verde europea como califican a Oslo la del citado país, fueron convocados representantes de ambos bandos. El oficialismo envió al ministro Jorge Rodríguez y al gobernador de Miranda, Héctor Rodríguez; y la oposición, al vicepresidente de la Asamblea Nacional, Stalin González; al ex alcalde de Baruta Gerardo Blyde y a Fernando Martínez Mottolaa quien fuera ministro de transporte en Gobierno de Carlos Andrés Pérez.

La nación de las maravillas del mundo, se caracteriza además por haber facilitado procesos de diálogo en las últimas décadas, como los que llevó a la firma de los acuerdos de Oslo entre israelíes y palestinos o conversaciones entre el Gobierno colombiano y las FARC.

En la actual Venezuela la peculiaridad del liderazgo es discrepante en criterios entrambos.

En la oposición “andan como locos”, acusa el primer vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello: “pareciera que alguien” coló información. Por su lado el usurpador Maduro afirmó en su consabida cadena de radio y tv disposición para establecer diálogo con la oposición y agradeció a Noruega por mediar en el conflicto. Confirmó en un encuentro con militares en Aragua que se iniciaron con "buen pie" las conversaciones para avanzar hacia "acuerdos de paz".

Por su parte, el segundo vicepresidente del Parlamento explicó que en los encuentros se utilizó una metodología "pendular" que implicó que los representantes de Noruega se reunieron por separado con los comisionados del régimen y los de la oposición.

Juan Guaidó aseguró que no se prestará a una "negociación falsa". Ratificó que siguen firme los tres objetivos trazados en enero: cese de la usurpación de Maduro, gobierno de transición y elecciones libres.

Reuniones en Oslo coincidieron con visita a Caracas del Grupo de Contacto Internacional, que sostuvo encuentros por separado con Maduro y Guaidó.

Tales encuentros generaron posiciones críticas en Venezuela y el exterior. Algunos analistas estiman que podrían convertirse en obstáculos para un eventual proceso de diálogo. El embajador de Perú ante la ONU, Gustavo Meza-Cuadra, aseveró que hay que “tener cautela a la hora de negociar”.

"Es difícil no ser escéptico porque Maduro usó tres esfuerzos anteriores para ganar tiempo. ¿Cómo una negociación puede ser de buena fe cuando hay opositores que siguen detenidos y otros que son perseguidos? manifestó el senador republicano de EEUU Marco Rubio.

De acuerdo a informaciones publicadas en diferentes medios de comunicación, ese diálogo empezó a fraguarse en un lugar secreto.

La tv pública noruega NRK había adelantado que los contactos entre las dos partes se iniciaron en Cuba y se han mantenido varias reuniones en un lugar secreto en Oslo.

Canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, expresó a su homóloga de Canadá, Chrystia Freeland, la voluntad de contribuir al diálogo.

ONU dio su total respaldo a las conversaciones en Noruega y confió en que puedan conducir a una solución de la crisis en el país. La presidenta de la Asamblea General, María Fernanda Espinosa, dio la bienvenida a los contactos.

EEUU tampoco descarta negociar.

Las esperanzas son las últimas en perderse y ahora las ciframos en Noruega. No olvidar que puede surgir un Vicente Emparan, que hace dos siglos y 6 años ante la presión popular para que se fuera, replicó: “Si no quieren que gobierne, yo tampoco quiero mando”.

Al MARGEN. Quienes hoy se burlan y utilizan la justicia para cometer sus injusticias con los inocentes, mañana llorarán y gritarán pidiendo justicia porque ser culpables, caricatura en Diario de Guayana.

jordanalberto18@yahoo.com

 3 min


Fernando Luis Egaña

Los políticos gringos, sea cual sea su orientación ideológica, tienen la seguridad de que pueden determinar lo que pase o no pase en cualquier país del mundo. Pero la influencia que ellos creen es todopoderosa es ciertamente una exageración y, en algunos casos, una ilusión. ¿Quién recuerda, por ejemplo, la fallida “primavera árabe”?… Y es que las dinámicas internas de muchos países son sumamente complejas y rebasan los diagramas burocráticos de la Casa Blanca, el Congreso de EEUU, el Pentágono o el Departamento de Estado. Y ni hablar del “complejo mediático”, en lineas generales, cada vez más superficial y distorsionante. Eso se ha visto una y otra vez, así como también se ha visto que una intervención de Washington también puede producir efectos muy concretos. Existe de todo.

Hay gente que considera que los gringos tienen una especie de varita mágica para cambiar realidades nacionales a su antojo. No creo en varitas mágicas. Sí confío, en cambio, en estrategias sólidas que tengan por fundamento un conocimiento profundo de la situación, comenzando por las aspiraciones populares de una nación. El poder de los gringos puede complementar la voluntad de cambio en un país. No es un poder omnímodo, sino ajustado a la trayectoria histórica de las naciones. Y Venezuela no es una excepción. Cuando Chávez iniciaba su primer período, y ya abundaban las tropelías, el embajador de Estados Unidos, lo justificaba declarando que ésto era una “democracia con sabor tropical”…

Las expectativas de que las sanciones del Potomac son un mecanismo definitivo para la eclosión de la hegemonía roja, no son expectativas que se estén cumpliendo. Trump, Pompeo y Bolton, plantean el tema como si se tratara de un pulso con Putin y el Kremlin, quienes estarían sosteniendo al repudiado Maduro. Pero no es así, quienes sostienen a Maduro – y de hecho lo pusieron allí – no son los rusos sino los cubanos. Pero que los referidos funcionarios estadounidenses, y otros más, lo reconozcan con claridad, no es fácil, porque sería reconocer una debilidad. ¿O es que acaso Cuba es una potencia económica o militar?

Claro que no lo es. Es un país que vive en la miseria, pero tiene una élite político-gubernativa, con mucha más experiencia de continuismo por las malas y las peores, que Trump, Pompeo o Bolton juntos. Al fin y al cabo están lidiando con los gringos desde los tiempos de Eisenhower, hace ya más de sesenta años. Y si en Washington no queda nadie de esa época, en La Habana siguen mandando los mismos de siempre, empezando por Raúl Castro y Ramiro Valdez. Subestimar su capacidad de maniobra y su perfidia es un craso error, que acá en Venezuela hemos cometido una y otra vez.

El poder federal en Estados Unidos no es un despotismo, a pesar de que Trump da la impresión de hacer lo que quiera. No es así. Allá impera un Estado de Derecho, y hay un contrapeso real de poderes, que depende, desde luego, de las mayorías en el Congreso y de la fuerza de la Casa Blanca. Nosotros en esta Venezuela de mengua, no debemos examinar la conducta de los gobiernos de otros países, con base al proceder de la hegemonía roja. Acá impera una satrapía despótica y depredadora. En otras partes de la región, o del hemisferio, no. Por más “imperial” que parezca, en términos relativos, Trump tiene menos poder en su patio, que Raúl Castro en el suyo, incluyendo a Venezuela.

Este dato es importante de tenerlo en cuenta para tratar de afrontar la tragedia venezolana. De hecho, este dato es parte estructural de esa tragedia. El poder de los gringos no está en discusión, con las limitaciones señaladas. Pero las mañas de los castristas, tampoco.

flegana@gmail.com

 3 min


La frase del título parece ser el objetivo, como veremos, no solo del régimen. Ciertamente el régimen desarrolla su estrategia de siempre, para lograr ese objetivo, en dos partes; la primera es un fuerte proceso de represión y de criminalización de la protesta en contra de la población: “siembra” de pruebas incriminatorias, detenciones ilegales, manifestantes presos y llevados a juicios interminables con fuertes condenas, obligación de presentarse periódicamente ante jueces y tribunales y ahora –dadas las circunstancias particulares– allanamiento de inmunidad a los parlamentarios y apresamiento de algunos de ellos.

Todo esto tiene por finalidad atemorizar, intimidar a los opositores, para producir paralización, inmovilidad, desanimo, dispersión, alejamiento de la calle y dispersión de la protesta. Y lo logran. Lo vemos en el descenso de las movilizaciones populares, aunque no en las protestas, que se reproducen semanalmente por cientos y por los más variados motivos; pero estas son protestas que –en la mayoría de los casos– no son conducidas políticamente, no tienen una finalidad política, son limitadas, locales, no se reflejan en los medios de comunicación –que no existen o el régimen controla– sino escasamente por algunas redes sociales, de alcance limitado, y por eso son “toleradas”, aunque “controladas” por la dictadura.

La intimidación surte efecto, pues la sana razón lleva a pensar que nadie se debe exponer innecesariamente y arriesgar la vida frente a una dictadura que ha demostrado no tener escrúpulo en usar la fuerza hasta los extremos. Eso hace que disminuya la afluencia de opositores en las manifestaciones y negarlo es absurdo. Pero, además, ya un sector de la oposición luce desmoralizado porque en pocas horas, días, no se cumplieron los objetivos de destronar un gobierno que tiene 20 años desarrollándose en el país.

En este momento, el régimen, sabiéndose sin apoyo popular y sin capacidad de movilizar respaldo multitudinario para sus actividades, desarrolla variantes de su estrategia para reponerse de la sorpresa que le causó la aparición de un liderazgo opositor como el de Juan Guaidó, inesperado para el régimen. La alternativa que están manejando es aislarlo, para acabarlo. Algunos no se explican cómo es que han apresado a figuras del entorno Guaidó, pero no tocan a Guaidó y al efecto se han dado diversas explicaciones: temor a una respuesta popular incontrolada, temor a una fuerte respuesta y represalia internacional, etc. Creo que la explicación es más simple. El régimen se limita a acabar con el entorno del líder, porque sabe que en la propia oposición nos encargamos de descabezar a nuestros dirigentes, no hace falta que ellos “tomen medidas”; cuando nos hallamos encargado nosotros de acabar con nuestros dirigentes, la tarea de apresarlos, obligarlos a asilarse en una embajada o irse al exterior es más fácil y el costo político del régimen será menor.

Por eso se desarrolla la segunda variante de la estrategia del régimen: la mentira, el rumor y la insidia en contra de la oposición y sus líderes. Nadie le cree nada a los voceros de la dictadura, excepto cuando dicen cualquier cosa de la oposición o de sus líderes, entonces se les cree todo y se disemina en redes sociales con verdadero ahínco. Por ejemplo, desde la segunda guerra mundial, ninguna crisis, conflicto o guerra se ha resuelto sin que al final se tenga una negociación, aun entre los rivales más enconados; pero en Venezuela basta con que asome el rumor –usualmente difundido desde el régimen– que se está “negociando” o “dialogando” con algunos líderes opositores, para que se satanice a la oposición y sus líderes. Claro que el régimen lo que busca es negociar, para ganar tiempo, para perpetuarse, solo que quiere hacerlo con ventaja, con una oposición doblegada, debilitada y dividida; y lo ha logrado varias veces. Por eso estimula la crítica y la división de la oposición, mediante información falsa, exageraciones o medias verdades. Estimula y pone la crítica a la dirigencia opositora en bandeja de plata. Desde luego es criticable el desempeño de la dirigencia opositora en determinadas acciones; por ejemplo, lo ocurrido el 23F con la fallida entrada de la ayuda humanitaria; la falta de respuesta militar, disidente, el 30A; la falta de respuesta masiva y de mayor convocatoria en manifestaciones y eventos; o que no se hayan diseñado y planificado otras acciones, etc. Pero la auto crítica no nos puede llevar a la destrucción y desconocimiento de los esfuerzos y logros obtenidos.

Con respecto a la auto critica la oposición mantiene varias posturas. Dejemos de lado a los que no critican nada o no ven ningún “error” en la dirigencia opositora o en los partidos políticos, o a los que no exteriorizan su crítica, ni hacen comentarios, pero simplemente asisten o dejan de asistir a las diferentes convocatorias, desmoralizados. Vamos a concentrarnos en los que hacen críticas; entre ellos hay algunos que hacen análisis de determinadas acciones e intenta entender, explicar, introducir correcciones o sugerencias; esos son los menos. Pero ya hay un sector de la oposición que solo tiene críticas acerbas a las ejecutorias de otra parte de la oposición. Aquí nos encontramos dos posturas, aquellos que lo hacen, como dijimos más arriba, para “descabezar” a la actual dirigencia opositora, posiblemente para tratar de imponer sus propios líderes o lideresas. En estos aún suponemos una cierta intención “positiva”, pero cuestionable, en su lucha contra la dictadura.

Pero hay otro grupo “opositor”, así entre comillas, que por momentos parecen agentes del régimen; le hacen el juego, despiadadamente, adoptan acríticamente las falsedades que divulga la dictadura sobre la dirigencia opositora, se hacen eco de rumores e información, sin confirmar o simplemente falsa; dejan caer “dudas”, o las crean, sobre determinados líderes opositores y sus actuaciones. Se escudan en un “derecho” –un tanto abstracto, que de todas formas nadie les niega– a “formular críticas” y rechazan que se les insinúe que sean constructivos o tomen alguna iniciativa, aunque nadie les está pidiendo, ni siquiera, que formulen “propuestas” como condición para realizar críticas. El único objetivo de este grupo, lo volvemos a repetir, parece ser “descabezar”, hoy, a Juan Guaidó, como ayer descabezaron a Henrique Capriles, o a Julio Borges, o Ramos Allup, o a cualquiera de los dirigentes de los partidos políticos durante los últimos años, que sería interminable enumerar.

Porque más allá de los nombres de los líderes descabezados y denigrados, lo lamentable es que el régimen sabe que siempre ha contado con la ayuda de estos “opositores”, no porque sean un sector numéricamente significativo, que no lo son, sino porque se dicen opositores y algunos los reconocen como tales, y al alinearse con la estrategia de la dictadura crean confusión, desanimo y división. Así, el régimen, ayudado, está logrando una vez más sus objetivos: por una parte, intimidar a la población para disminuir la protesta ciudadana y, por otra parte, las señales evidentes de división y desmoralización que se trasluce en la crítica innoble e inmerecida a los esfuerzos que hace la dirigencia opositora de la AN.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 5 min


Redacción de Alnavio

No será de nuevo en Noruega. Tampoco en ningún país de la Unión Europea. Según ha podido saber ALnavío, el lugar para el próximo encuentro entre delegados de la oposición y de Nicolás Maduro ya estaría determinado. Será en el Caribe. Ambas partes lo plantearon desde Oslo.

Tras los encuentros en Oslo (Noruega), los delegados de la negociación regresan a Caracas para consultas con Nicolás Maduro y la oposición, liderada por Juan Guaidó. Tienen que decidir si se formaliza la negociación. Según ha podido saber ALnavío se estaría definiendo el método, pero lo que ya estaría determinado es el lugar o lugares para las próximas reuniones.

No será en Noruega. Tampoco en ningún país de la Unión Europa. Será en el Caribe. Se baraja Martinica como una de las opciones. Ambas delegaciones lo plantearon. Pero habría una segunda opción, e incluso hasta una tercera. ALnavío está investigando los otros posibles lugares. Estará entre esas dos o tres. Lo decidirán Maduro y Guaidó a través de los delegados.

Martinica es una isla con estatus de departamento de ultramar francés ubicada al norte de Santa Lucía, en aguas del mar Caribe. Martinica podría hacer historia si las negociaciones fructifican y llegan a algún tipo de acuerdo.

¿Cómo se viajaría de Caracas a Martinica? En el caso de optar por líneas regulares, no hay vuelos directos entre Venezuela y esta isla del Caribe. Habría que optar por escalas. Martinica está conectada por avión con prácticamente todas las islas del Caribe, incluida Cuba.

Un experto consultado por ALnavío dice que le hubiera gustado que la próxima reunión fuese en La Habana para que los cubanos adquirieran “más compromiso” de arribar a acuerdos, vista la experiencia en los acuerdos de paz en Colombia. Puntualiza que Cuba ejerció de alguna manera como parte aliada de las FARC y en el caso del conflicto venezolano es aliada del chavismo.

Los representantes de Nicolás Maduro en esta negociación son Héctor Rodríguez, gobernador del estado Miranda, y Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación. Por la oposición, Gerardo Blyde, exdiputado, y Fernando Martínez Mottola, exministro de Carlos Andrés Pérez. Por la oposición será incorporado, también, el segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, Stalin González.

En Noruega se realizaron dos encuentros entre las delegaciones, uno el martes y otro el miércoles. En ambos estuvo presente un grupo de intermediarios, un equipo noruego. Una parte de este ya intervino en la negociación de los acuerdos de paz en Colombia, según confirmó al diario ALnavío Leiv Marsteintredet, profesor noruego de Política Comparada de la Universidad de Bergen.

Maduro y Guaidó admitieron los encuentros de sus representados en Noruega. Maduro reconoció que su ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, se encontraba “en una misión muy importante en el exterior”. El embajador de Maduro ante Naciones Unidas en Ginebra, Jorge Valero, confirmó el encuentro: “Sí, hay conversaciones entre nuestro gobierno y la parte democrática de la oposición”.

Por su parte, Guaidó admitió haber enviado una delegación a Noruega para las conversaciones. En Twitter Guaidó dijo que habían “atendido” una invitación del Gobierno de Noruega. Reiteró que “cualquier iniciativa de mediación debe pasar por el cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres”.

“No hay ningún tipo de negociación. Es un esfuerzo de Noruega por una mediación, que tiene meses. Esta fue la segunda invitación a Oslo. Todo lo demás son especulaciones”, indicó Guaidó a la prensa venezolana.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega confirmó en un comunicado en inglés y español las conversaciones entre oposición y delegados de Maduro. Este es el comunicado:

“Noruega informa que ha tenido contactos preliminares con representantes de los principales actores políticos de Venezuela, en una fase exploratoria, con el objetivo de apoyar la búsqueda de una solución a la situación del país. Noruega elogia a las partes por sus esfuerzos. Reiteramos nuestra disposición de seguir apoyando la búsqueda de una solución pacífica para el país”.

Cabe recordar que Noruega hasta ahora no ha reconocido a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela.

Para el profesor Marsteintredet, el papel negociador de Noruega en los acuerdos de paz de Colombia le valió el respeto de todas las partes, incluidos los gobiernos de Cuba y Venezuela, que también participaron en la resolución del conflicto. “Y Noruega está aprovechando esos contactos para seguir trabajando”, esta vez por la resolución de la crisis venezolana, dice Marsteintredet.

Ahora las miradas están puestas en el Caribe. Y en ese lugar en el que se podría poner fin a la crisis venezolana.

Viernes 17 de mayo de 2019

Alnavio

https://alnavio.com/noticia/18709/actualidad/en-noruega-se-planteo-a-mar...

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Analítica.com

Lo que está hoy en el aire sobre la fórmula para resolver la situación venezolana son diversas exploraciones que conducen, eventualment,e a una negociación para resolver la crisis de gobernabilidad de nuestro país.

Por un lado, a nivel internacional, no se ocultan las aproximaciones sobre el tema, tal vez una de las más relevantes sean los diálogos entramados entre EEUU y Rusia. También son significativas en ese respecto las conversaciones entre Canadá y Cuba; y no se puede obviar la importante iniciativa del Grupo de Contacto de la Unión Europea, que después de haber llegado a acuerdos con el Grupo de Lima y aparentemente con China, viene a Venezuela para “ conversar” con las partes en conflicto, es decir, el régimen y la oposición.

Paralelo a esta movilización internacional sin precedentes, por su celeridad, hay rumores que confirman agencias de noticias tan importantes como Reuters, que habría habido algún tipo de aproximación en Noruega entre personeros del régimen y de la oposición, hecho este que ha sido negado por los principales exponentes del sector opositor.

En realidad, sea cierta o no esa aproximación, no sería una negociación sino, tal vez, una medida inteligente para fijar posiciones con respecto a los esfuerzos de mediación que estaría adelantando el Grupo de Contacto de la UE y todas las otras iniciativas internacionales destinadas a buscar fórmulas que permitan encontrar una salida al conflicto.

Lo más parecido a lo que está sucediendo ahora en Venezuela fue la actuación del Grupo de Contadora en la crisis nicaragüense, con la diferencia que aquello fue mucho más lento y no involucraron, directamente, a las principales potencias mundiales.

La negociación no es una fatalidad, es el mecanismo más eficiente para resolver situaciones que lucen irresolubles y muchas crisis internacionales que acarreaban consigo infinidad de muertes, se resolvieron cuando las partes en conflicto entendieron que el mal menor era buscar una salida negociada.

Lo que si resulta evidente es que a falta de una solución interna, bajo la modalidad que sea, quien va a diseñar y tal vez, imponer una fórmula, será la comunidad internacional ampliada, y esa probablemente no satisfaga plenamente a ninguna de las dos partes en conflicto.

MAYO 17, 2019

https://www.analitica.com/el-editorial/la-negociacion-no-es-una-fatalidad/

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Hablar bien de los que fallecen es costumbre obligada. No cabe hablar mal del difunto, sacarle sus trapitos sucios. Hay que buscar su lado bueno, o inventárselo, y concluir, aún sin ganas ni convicción, con la exageración de que “deja un gran vacío”.

Entonces, como hace uno ahora para decir que con el fallecimiento del Chema es verdad que uno queda triste, que lo extrañará, que hará falta, que fue un gran tipo. Que fue culto, talentoso, amable, empeñoso, con una sobresaliente habilidad para disolver conflictos y tejer acuerdos, cualidades que dejo ver tanto en el ámbito académico, como en el político, en los que fue figura muy destacada.

José María Cadenas, me refiero a él, murió la semana pasada. Tenía, creo, un poco más de ochenta años, pero a uno le parece que murió prematuramente, como ocurre con la desaparición de gente como él. Se nos fue una figura que nos deja el recuerdo de su dignidad y de su inteligencia sin aspavientos. Hará mucha falta en este país desencuadernado, cada vez más ácido y menos grato, tutelado por la disputa y en el que muchos de los que lo habitan parecieran estar aprendiendo a ser crueles.

HARINA DE OTRO COSTAL

En las recientes elecciones parlamentarias celebradas en Finlandia, casi triunfa el partido Perussuomalaiset (el Partido de los Verdaderos Finlandeses, dicho en español), expresión política de la ultraderecha, de la xenofobia y del racismo, que basa su popularidad en el rechazo a los inmigrantes, los cuales, dicho sea de paso, son casi inexistentes (apenas un 1,1 por ciento de sus cinco millones y medio de habitantes). Se trata de un movimiento que alimenta el nacionalismo, el fantasma que hoy recorre Europa, demostrando que ninguna sociedad, ni siquiera la finlandesa, es invulnerable a la estupidez, al punto de ignorar que en esta época la cooperación y la multilateralidad emergen como condiciones imprescindibles para la gobernabilidad de los países y del planeta.

El Nacional, miércoles 15 de mayo de 2019

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