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Opinión

Nos cuesta, a los venezolanos, pensar más allá del momento, más allá de los problemas que nos arropan cada día. Es que la vida se nos ha vuelto tragedia, y no es desmesura decirlo. Por su parte, el Gobierno Nacional, salvo en la retórica, de la cual se sigue valiendo, aunque la épica ya se le secó, apenas tiene en su radar la forma de mantener el poder por cualquier medio.

Afortunadamente, y aunque sean pocas, hay instituciones que se encargan de recordarnos temas que, si bien no son considerados como parte de la crisis que sufrimos, comprometen, sin duda, el destino nacional. Son temas que parecieran contar sólo para el largo plazo, pero que hay que prestarles atención desde ya. Temas que asoman cuestiones que deben figurar, sin duda, al lado de los asuntos más relevantes que componen la agenda pública del país.

Digo lo anterior a propósito de un reciente libro, publicado en versión digital y de acceso libre, por la Academia Nacional de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman), con el buen pretexto de haber cumplido sus primeros cien años de vida. Me refiero a “Planteamientos de una nueva visión de Ciencia, Tecnología y Educación Superior”, texto que se debe al empeño puesto por Gioconda Cunto de San Blas, su Presidenta y a la inteligencia de quienes lo concibieron y se dieron a la tarea de armarlo, los académicos Ismardo Bonalde, Claudio Bifano y Antonio Machado Allison.

Se trata de una obra tejida a partir de 14 ensayos abrochados por un mismo asunto y la misma pretensión, esto es, la de mostrar que nuestro futuro, buena parte de él, se juega en la manera como se entienda y atienda lo que es y lo que implica la llamada sociedad del conocimiento. Se trata de ensayos escritos por profesionales provenientes de distintas áreas, que acometen aspectos diferentes desde sus particulares puntos de vista y que dan, incluso, origen a diagnósticos disímiles y a estrategias diversas, todo lo cual contribuye, creo, a darle aún más preeminencia.

A pesar del aire de inmediatez que se respira en nuestra sociedad, ¿o precisamente por eso?, es éste un libro muy oportuno. Es un urgente recordatorio, invalorable en este momento en el que nos toca soltarnos las ataduras del siglo XX y establecernos en el tiempo del mundo, con todos los desafíos que se desprenden en el plano social, económico, político, ambiental, cultural, ético y hasta religioso.

El Nacional, 20 de febrero de 2018

Enlace al libreo en referencia

http://acfiman.org/site/wp-content/uploads/2018/02/Libro-Centenario-Acad...

 2 min


Moisés Naím

Cada día, 1.500 millones de niños y jóvenes en todo el mundo acuden a edificios que se llaman escuelas o colegios. Y allí pasan largas horas en salones donde algunos adultos tratan de enseñarles a leer, a escribir, matemáticas, ciencias y más. Esto cuesta el 5% de todo lo que produce la economía mundial en un año.

Una gran parte de este dinero se pierde. Y un costo aún mayor es el tiempo que desperdician esos 1.500 millones de estudiantes que aprenden poco o nada que les vaya a ser útil para moverse eficazmente en el mundo de hoy. Los esfuerzos que hace la humanidad para educar a sus niños y jóvenes son titánicos y sus resultados son patéticos.

En Kenia, Tanzania y Uganda, el 75% de los alumnos de tercer grado no sabe leer una frase tan sencilla como: “El perro se llama Fido”. En la India rural, el 50% de los alumnos de quinto grado no puede restar números de dos dígitos, como 46-17, por ejemplo. Brasil ha logrado mejorar las habilidades de los estudiantes de 15 años, pero al actual ritmo de avance les llevará 75 años alcanzar la puntuación promedio en matemáticas de los alumnos de los países ricos; en lectura, les llevará más de 260 años.

Estos y muchos otros datos igual de desalentadores están en el Informe sobre el Desarrollo Mundial del Banco Mundial. El mensaje central del informe es que escolarización no es lo mismo que aprendizaje. En otras palabras, ir al colegio o a la escuela secundaria, y hasta obtener un diploma, no quiere decir que ese estudiante haya aprendido mucho.

La buena noticia es que los progresos en escolarización han sido enormes. Entre 1950 y 2010, el número de años de escolaridad completados por un adulto promedio en los países de menores ingresos se triplicó. En 2008, esos países estaban incorporando a sus niños a la educación primaria a la misma velocidad que lo hacían las naciones de mayores ingresos. Claramente, el problema ya no es la falta de escolaridad. No se trata de que niños y adolescentes no puedan ir a la escuela, el problema es que, una vez llegados allí, no aprenden. Más que una crisis de educación, lo que hay es una crisis de aprendizaje.

El Banco Mundial enfatiza otros dos mensajes: uno es que la escolarización sin aprendizaje no es solo una oportunidad perdida, sino también una gran injusticia. Los más pobres son quienes más sufren las consecuencias de la baja eficacia del sistema educativo. En Uruguay, por ejemplo, los niños de sexto grado con menores niveles de ingresos fracasan en matemáticas cinco veces más que quienes provienen de hogares más ricos.

Lo mismo sucede con las naciones. El estudiante promedio más pobre tiene un peor desempeño en matemáticas y lenguaje que el 95% de los estudiantes en los países ricos. Todo esto se convierte en una diabólica maquinaria que perpetúa y aumenta la desigualdad, la cual, a su vez, es un fértil caldo de cultivo para conflictos de toda índole.

Las razones para esta bancarrota educacional son múltiples, complejas y aún no plenamente entendidas. Van desde el hecho de que muchos de los maestros y profesores son tan ignorantes como sus estudiantes y que sus niveles de absentismo laboral son muy altos, hasta que los alumnos sufren de malnutrición o que no tienen libros y cuadernos. En muchos países, como México o Egipto, por ejemplo, los sindicatos de trabajadores educativos son formidables obstáculos al cambio y, con frecuencia, la corrupción en el sector es alta. Partes importantes de los sustanciales presupuestos para la educación no benefician a los estudiantes sino a los burócratas que controlan el sistema.

¿Qué hacer? Lo primero es medir. Por razones políticas, muchos países se resisten a evaluar de manera transparente a sus estudiantes y profesores. Y si no se sabe qué estrategias educativas funcionan y cuáles no, es imposible ir mejorando la puntería. Lo segundo es comenzar a darle más peso a la calidad de la educación. Si bien es políticamente atractivo anunciar que un alto porcentaje de los jóvenes de un país van al colegio, eso de nada sirve si la gran mayoría de ellos aprende poco. Tercero: empezar más temprano. Cuanto más mejore la educación a edades tempranas, más capaces de aprender serán los estudiantes de primaria y secundaria. Cuarto: usar la tecnología de manera selectiva y no como una solución mágica. No lo es.

Quizás el mensaje más importante es que los países de menores ingresos no están condenados a que sus jóvenes no aprendan. Corea del Sur era en 1950 un país devastado por la guerra y con altos índices de analfabetismo. Pero en solo 25 años logró crear un sistema educativo que produce algunos de los mejores estudiantes del mundo. Entre 1955 y 1975 Vietnam también sufrió un terrible conflicto. Hoy sus estudiantes de 15 años tienen el mismo rendimiento académico que los de Alemania. Sí se puede.

@moisesnaim

El País

18 Feb 2018

https://elpais.com/elpais/2018/02/17/opinion/1518885620_434917.html

 4 min


El título de este artículo lo tomo del libro “Usurpación Constituyente (1999,2017), de Allan R. Brewer-Carías, de lectura obligatoria para quienes deseen conocer parte de los orígenes de nuestros males. El destacado jurista sostiene que “El mal manejo del petróleo, después de hacer depender absolutamente todo el país del mismo, será en definitiva, por la hambruna, lo que ocasionará el desenlace. Y eso será lo que producirá más temprano que tarde el colapso del régimen”.

El conocido profesor afirma que “tenemos un gobierno asambleario y tumultuario, que actúa sin Constitución, conducido por un reducido grupo de asaltantes del poder, sin control alguno, configurándose como el reino de la arbitrariedad”.

¿Cómo llegamos a esta situación? Pensamos que quizá el sistema bipartidista se terminó de desprestigiar a finales de los ochenta, bajo la presidencia de Lusinchi. Según Brewer, el detonante de esta situación ocurrió en 1993, cuando Acción Democrática defenestró a Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera descuartizó a Copei. La Asamblea Constituyente de 1999 “sirvió de vehículo para permitir el asalto al poder por parte de la logia militar que había dado el fracasado golpe de Estado de 1992, cuyos miembros se apoderaron de todas las instancias del poder para implantar un modelo de Estado totalitario y cleptocrático”. La Asamblea Constituyente del 2017 “terminó de destruir los últimos vestigios que podían aún existir del nunca estructurado Estado democrático ….quizá con el objeto de estructurar otro Estado siguiendo el modelo arcaico soviético y cubano”.

Para Brewer-Carías, el régimen está en estado de “apoptosis”, es decir que se está autodestruyendo, tal y como hace un organismo multicelular para desprenderse de células dañadas. Al respecto señala seis factores: 1-. El aislamiento internacional del régimen. 2-El fracaso de querer implantar una doctrina bolivariana. 3- La destrucción masiva de la institucionalidad democrática. 4- Las violaciones a los derechos humanos. 5- El fracaso económico y social de la gestión de gobierno y 6- El fracaso en el desarrollo de la industria petrolera.

En este artículo nos referiremos al último punto. Nadie debe dudar de la destrucción de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y sus filiales. En los primeros años del totalitarismo esta empresa siguió funcionando por la inercia natural de una actividad que fue bien manejada desde sus inicios. Poco a poco fueron surgiendo los resultados del despido masivo de casi 23.000 trabajadores, los cuales tenían un promedio de quince años de experiencia. Por el deseo de poner a la empresa al servicio del partido de gobierno, fueron despedidos el 67% de la nómina ejecutiva, 67% de la mayor, 29% de la menor y 27% de la nómina diaria, perdiéndose una inversión de 21 millones de horas-hombre de adiestramiento, con un costo de unos dos mil doscientos millones de dólares. A esto hay que sumar que los nuevos directores y gerentes fueron designados por su afinidad política al gobierno, quienes descuidaron el mantenimiento, no realizaron las inversiones para sostener y aumentar la producción, y eliminaron el centro de adiestramiento. Por si fuera poco, la corrupción se adueñó de la empresa.

Las cifras que suministra Venezuela a la OPEP y las que esta estima evidencian la caída de la producción. Las reseñas de la prensa ponen de relieve los accidentes en las refinerías y las paradas no programadas de las mismas. Así mismo, es relevante las renuncias masivas de trabajadores por falta de seguridad en el trabajo y deplorables condiciones socioeconómicas.

Ya los mismos rojos denuncian el deterioro de la empresa y la corrupción. El expresidente Rafael Ramírez semanalmente señala que las directivas que le sucedieron manejaron muy mal la empresa. Por su parte la espernible ministra Iris Varela lo acusa de “volver mierda” a la empresa. El expresidente Del Pino reconoció que “descuidamos el mantenimiento para favorecer los programas sociales”. El embustero Maduro dice que “desde el inicio de este año la producción aumentó en 250.000 barriles por día, cifra que dista de lo que informó el ministerio de Energía y Petróleo a la OPEP y lo que esta estima. Para completar el panorama, el usurpador Tarek Saab ha imputado por corrupción a unos 70 gerentes, inclusive a dos expresidentes de Pdvsa. A Rafael Ramírez, con el cual no tengo relación familiar como declaró la posesa Iris, lo tienen en caldo de ñame.

Coincidimos con Brewer-Carías en que el fin del régimen está cerca y en la vital importancia del petróleo en la economía venezolana. Quizá no será posible recuperar a Pdvsa y, en el mejor de los casos, quedará reducida a su mínima expresión. Sin embargo, la industria de los hidrocarburos tendrá que volver a florecer. La tecnología y la inversión se podrán conseguir sin mayores dificultades, pero el recurso humano será limitante. Desde luego el Estado tendrá que disminuir su participación debido a que los rojos lo tienen en la carraplana.

Como (había) en botica:

Más grave que el deterioro de la industria petrolera es la situación de nuestras universidades por la falta de recursos económicos y porque se están quedando sin profesores. También preocupa la cantidad de médicos que están emigrando. Padrino López tolera el maltrato a sus compañeros de armas, entre ellos a los generales Vivas y Baduel.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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La crisis prolongada y severa de las instituciones, expresión de la tragedia venezolana de los últimos tiempos, toma cuerpo en un sistema de justicia penal, en franca regresión al más descarnado proceso inquisitivo, sin garantías, marginado y sometido al poder de quien recibe instrucciones y las sigue al pie de la letra.

Se encuentra en juego el bien más preciado después de la vida, en un orden democrático: la libertad. Sencillamente, en este pobre ex país, podemos ir a prisión, sin conocer lo que se nos imputa, con actas policiales sin firmas, sin órdenes del juez y sin haber sido sorprendidos en un hecho con características de un delito grave de manifiesta comisión o flagrancia que imponga la privación de libertad como medida excepcional e imprescindible para garantizar la sujeción a un proceso.

Nadie puede ser molestado por sus opiniones, hay libertad de expresión consagrada en la Constitución y solo son delitos los hechos expresamente previstos en la ley. Pero nada de esto vale ante la orden superior que debe ser “obedecida ciegamente o a toda costa”.

El aparato de la “injusticia penal” es de extrema eficacia para un régimen intolerable ante la crítica. Los únicos que pueden expresar su pensamiento, arengar al pueblo y anatematizar a sus enemigos reales o virtuales son los representantes de la línea oficial que no admite disidencia.

Los tipos penales de expresión que sobreviven amenazando la protesta pacífica y legítima erigida en traición a la patria, las declaraciones políticas convertidas en rebelión o las ofensas a los funcionarios –delitos de desacato–, pero no así las ofensas de los funcionarios a los ciudadanos, que se encontrarían justificadas, son parte de la normativa real que efectivamente se aplica al amparo de la revolución.

Por su parte, el proceso penal, instrumento para la aplicación de las disposiciones que consagran delitos y penas, tiene sus caminos verdes por los cuales discurre según instrucciones superiores; se desestiman las denuncias contra los altos funcionarios comprometidos con el gobierno; se inician procesos con declaraciones de “patriotas cooperantes” contra los disidentes; las audiencias se presentan con la incidencia de una “llamada” que orienta y decide; la prisión preventiva es la pena cuando la investigación carece de todo fundamento fáctico y jurídico; y el diferimiento de las audiencias llena el vacío de un verdadero proceso que demanda un juez imparcial y la igualdad entre las partes.

Urge el rescate de la justicia penal; es necesario que las víctimas de homicidios, secuestros y atropellos a sus derechos encuentren respuesta a su clamor por la verdad en un juicio público y una sentencia oportuna; resulta imprescindible que la sociedad vea que, en definitiva, un auténtico árbitro dicte una sentencia acatada por todos y absuelva al acusado o lo condene a una pena que efectivamente se cumpla; y, por supuesto los órganos de administración de la justicia penal –fiscalía, tribunales y prisiones– deben abandonar la encomienda que nunca debieron asumir de ser los protagonistas y ejecutores de una persecución política encubierta bajo la apariencia de legalidad.

Sin duda, es un compromiso impostergable la lucha por una verdadera justicia penal.

19 de febrero de 2018

aas@arteagasanchez.com

@ArteagaSanchez

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Carlota Salazar Calderón

ABC de la política

Recibí un alarido angustioso de mí gran amigo José Gregorio Delgado, con este comunicado: “La sociedad venezolana vive, hoy, un estado de desastre próximo al colapso. Todas las dimensiones que constituyen su estructura global, experimentan profundos procesos sistémicos de desintegración.

Este desastre es el efecto inevitable del proyecto deliberado de implantación de un modelo totalitario, dictatorial, de destrucción nacional, encabezado por Nicolás Maduro y sus círculos de poder. Este proyecto y este modelo, como ha sido señalado por la Iglesia Católica, las academias, la universidades nacionales, instituciones de la sociedad civil y esclarecidas individualidades, ha causado (causa y causará si no se detiene) profundos daños antropológicos, en muchos casos irreversibles, que afectan la esencia de la parte del género humano que habita, desde hace siglos, el territorio venezolano y amenaza con la disolución de nuestra colectividad.

Existe solo una posibilidad pacífica para detener este proyecto inhumano: la reunificación nacional con el propósito de detener y desplazar del poder a la cúpula que lo impulsa y dirige. La actividad de reunificación de la nación debería comenzar por el ejercicio de una voluntad política que se plantee, de inmediato, un diálogo interno entre los factores políticos que adversan el proceso de destrucción y que debe permitir la formulación de una estrategia de acción conjunta de los factores democráticos.

Este diálogo debe abarcar a todos los ámbitos sociales y no debe ser postergado. Debe comenzar ya”. La gente dice: si no se unen no llegan a ninguna parte. Cada uno con sus razones, todas válidas: abstencionistas, institucionales, intervencionistas…pero lo importante es la UNIDAD.

La sociedad venezolana debe dar un paso adelante en este sentido, basta ver cómo a los pacientes de diálisis protestan les lanzan bombas lacrimógenas, los disuelven y no hacemos nada; saber que familiares mueren por falta de medicinas y no hacemos nada; ver, ya no son fotos, ver a la gente comer de la basura y no hacemos nada. La mayoría no está de acuerdo con esas sentencias de muerte progresivas, pero se conforman con un carnet, mentiras, espejismos, frases hechas, confrontación…pero ¿cómo no conformarse? Si no hay una propuesta alternativa ¿Por qué y para qué luchar? necesitamos un motivo para votar, protestar, para arriesgarnos… pero todos. Darle sentido y contenido a la lucha. Nadie va a arriesgar su vida por nadie, menos por Borges, Capriles, López…olvídenlo, dan su vida por su familia, por su futuro, por un mundo mejor.

Por estas razones, desde este pequeño espacio hago un llamado a los partidos políticos, gremios, movimientos sociales, grupos de opinión, personalidades, dirigentes sociales…todos erramos es hora de enmendar.

Construir un proyecto político de cambio real y sincero, que lo llevemos a todas las comunidades, sin egoísmos, sin exclusión, que genere esperanza en los venezolanos y cambiemos juntos esta tragedia.

A los inmediatistas, línea pensante, como la llama Luis Vicente León, les digo: no es mañana, ni pasado, hay que trabajar, no se puede hacer desde la comodidad de unas estructuras vacías, ni desde las redes.

Esto necesita de un gran esfuerzo y desprendimiento de todos.

Carlotasc@gmail.com

@carlotasalazar

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Alí Rafael Primera Rosell, de negra cabellera, ojos pardos, sensible y tenaz, de signo Escorpión y nacido un 31 de noviembre de 1942. Un día nos contó que su primer contacto con la música lo tuvo en el vientre de su madre, y que su primer recuerdo de infancia le quedo del campo, con una mata de semeruco que acaba de dar sus frutos.

Hoy quisiéramos hablar de nuestro Ali, el cantor, el poeta y su clavel rojo, pero dejemos que sea él mismo quien nos exprese, no solo su canto, sino sus reflexiones, ahora tomadas de sus propios escritos, compilados y condesado en su libro “No solo de vida vive el hombre”.

Allí el otro Ali, el fajador por sus ideales políticos, nos narra cómo en una oportunidad estando preso junto a un grupo de estudiante de la UCV, pudo constatar algo que lo marcaría para toda su vida: “la música cuando se pone a cabalgar en ella versos, donde el protagonista es el hombre hecho combate, cuando el amor que se nombra ya no es tan solo el individual, sino el amor solidario por todos los seres humanos, cuando el verso además de divertir proporciona elementos reflexivos, la canción se convierte en un arma popular”.

Alí Primera, solía decir que era revolucionario y cristiano, por eso hizo de esa fe militante su credo: “Creo en el canto, porque mi pueblo ha sobrevivido cantando, siempre. Creo en el canto, para que no nos llenen de silencios la esperanza. Creo en el canto, porque siempre ha navegado en las venas de esta tierra. Creo en el canto, por la necesidad de multiplicar y hacer inmenso el grito de los humildes. Creo en el canto todo luminoso y solidario”.

Nos cuenta Ali, que su primera canción la escribió estando preso en la temible Digepol, policía política del gobierno, y la tituló Humanidad: "humanidad, humanidad, hay motivos de alegrías, pero de tristezas hay muchos más. Pobre del niñito de la calle que sonriendo su carita pide una lochita para comer pan”.

¡No solo de vida vive el hombre! fue uno de sus acostumbrados remitidos. En él, nuestro cantor se expresa tal como fue en toda su existencia: “Siempre he enfrentado la vida con profundo agradecimiento de estarla viviendo. Contento de ejercer con plenitud y honestidad la hermosa tarea de poner en función del hombre y su combate, la canción que aprendí entre cantos de pájaros, los golpes de escardilla sobre la tierra seca, y la roja y silvestre cosecha de los semerucos, en mi amada Península de Paraguaná”.

Así era Ali, el del alma nacional, venezolano como el que más, y Paraguanero.

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La perplejidad parece inhibir respuestas claras ante el evento electoral convocado para abril. A pesar de estar groseramente adulterado con trampas y ventajismos descarados, no deja de sembrar desconcierto en fuerzas que han apostado por una salida electoral. Pero no podemos seguir con esta indefinición. Cabe, al respecto, una perspectiva estratégica sobre las implicaciones o consecuencias de participar o no. Donde no puede haber confusión es en el objetivo, sacar cuanto antes a las mafias que han secuestrado al país, con el menor costo posible en vidas humanas. Ello lleva a inquirir, cómo un régimen tan dañino para el país, tan inepto y tan cruel con sus ciudadanos, se mantiene TODAVÍA. ¿Cómo se sostiene, si tiene el rechazo del 80% o más de los venezolanos?

Conócete a ti mismo y conoce a tu enemigo y en cien batallas nunca serás derrotado"

-Sun Tzu, circa 500 ac.

Dos son los pilares que apoyan a Maduro: una secta fanática minoritaria, envenenada contra el resto de la población, y una jerarquía militar en control aparente de la fuerza armada. La secta quedó de su política de huir hacia adelante en la medida en que se le complicaban las cosas y disminuía su apoyo político. Es una colectividad que ha suplantado la vida con simbolismos que dibujan una realidad maniquea, en la cual ellos son los buenos y todos los demás, malos. Y asumen ello con una postura de superioridad moral para blindarse contra todo cuestionamiento. Si bien es cierto que contingentes minoritarios fanatizados han demostrado ser capaces de imponer sus designios sobre las mayorías – valgan las experiencias, bolchevique, nazi, del islamismo radical—lo han hecho encerrándose sobre sí mismos y cercenando sus posibilidades de permanecer en el poder que no fuesen por la aplicación del terror y la violencia. Es éste su Talón de Aquiles, pues destroza los mecanismos institucionales que permitirían perpetuarse por medios consensuados, convirtiéndose en rehén de las fuerzas armadas.

A la cúpula castrense se le ha entregado buena parte de la economía nacional1 y se ha puesto a militares “donde haiga”, concediéndoles el monopolio de la importación de alimentos y medicamentos con dólares preferenciales y el “custodio” de fronteras a través de las cuales se transan los negocios más lucrativas imaginables. Como guardianes del cumplimiento de leyes punitivas, se les facilita la extorsión y confiscación de comerciantes y productores. La cúpula militar ha sido comprada y hoy es cómplice – principalísima—del sistema de expoliación implantado. Pero se le baña con una retórica ideológica que la retrata de heredera de Bolívar, defensora del “pueblo”, de manera de poder reprimir sin cargo de culpa, pues el objeto de sus descargas --aun siendo por mucho la mayoría de la población-- no es “pueblo”.

Al apoyarse en tales mecanismos, las mafias que secuestraron al país han roto con el juego democrático y con todo entendimiento con fuerzas opositoras que no sea sobre la base de su entrega y sumisión total. Como todo fascismo, Maduro y sus cómplices apuestan a la conflagración final: o se imponen definitivamente o son derrotados, arriesgando perder sus fortunas mal habidas y largos años de presidio.

Estamos enfrentados a un juego suma-cero que será dirimido cuando la acumulación de fuerzas permita “quebrar” al adversario: no hay término medio ni convivencia posible. En el campo político, la correlación está a nuestro favor –potencialmente. En el campo militar sale favorecida, hasta ahora, la oligarquía chavo-madurista. Este es el contexto desde el cual preguntarse si se debe acudir o no a estas elecciones.

¿Contribuye a incrementar nuestras fuerzas y/o a reducir las del fascismo? Veamos.

Partiendo de que Maduro convocó estas elecciones con las condiciones que asegurasen su victoria, ¿podemos participar de manera de incrementar nuestra fuerza política, movilizando a la gente y denunciando las marramuncias cometidas para visibilizar aún más las costuras del régimen? ¿Se cuenta con la credibilidad y la confianza para acometer esta tarea? ¿Disponemos de un proyecto país claramente formulado que sea asumido como propio por la gente? ¿Existe un líder (o varios) en condiciones de galvanizar una fuerza electoral tan contundente que obligue al régimen a darle el palo a la lámpara para ganar? ¿Se tiene la capacidad organizativa para movilizar al país y poner claramente al descubierto la trampa para sacarle provecho políticamente? De no tenerse respuestas favorables, incluyendo la capacidad de materializarlas en tan poco tiempo, no puede esperarse que el rechazo abrumador a Maduro se convierta en visible mayoría política-electoral. El fascismo habrá ganado puntos realizando unos comicios con la anuencia de fuerzas opositoras desasistidas de un plan “B”.

La huida hacia adelante del Madurismo, creando la asamblea constituyente fraudulenta y luego haciendo que ésta convocase a elecciones trampeadas representó errores graves. Con ello se echó encima la opinión pública nacional e internacional, y le aplicaron severas sanciones. Pero las fuerzas democráticas del país no supieron cobrárselos. Sentadas, creían estar ganando un juego de ajedrez, cuando el fascismo “jugaba” artes marciales mixtas. Como no tenía cómo hacer valer la propiedad excluyente y exclusiva sobre un botín (Venezuela) que reclama suyo --al quedar en minoría--, tiró la parada de la constituyente. En torno a ella se juega el futuro del país. Ya controla elecciones, juramenta a electos, aprueba presupuestos y créditos adicionales, y hasta dicta leyes “constituyentes” que pretende ser cumplidas (¡¡!!). Encima, anuncia la alteración de la estructura del Estado a favor de la dictadura, redactando una nueva constitución. Su existencia asegura la confiscación de la soberanía popular, no sólo para expresar su voluntad en los comicios, sino para estar representada en la Asamblea Nacional. Ésta tiene sus días contados de lograr el fascismo consolidar y “legitimar” semejante esperpento.

La tarea inmediata es la de rescatar la confianza de la población capaz de capitalizar el enorme rechazo a Maduro. Ésta no se logra con ilusiones de un triunfo político o moral en el fraude electoral en ciernes que no estamos en capacidad de cosechar. Pero éste debe ser aprovechado para movilizar a la gente en la denuncia de la constituyente, de la pavorosa situación actual y de las trampa-elecciones. La posibilidad de que ello contribuya a resquebrajar el sostén de la dictadura descansa en cuatro factores:

1) Que sepamos recoger las angustias y arrecheras de la gente por la terrible situación que está padeciendo y transformarlas en una poderosa fuerza impugnadora del orden actual;

2) Que hagamos conocer, de forma sencilla, entendible y consensuada, los lineamientos básicos del proyecto alternativo de país que ofrecemos y que ya existe;

3) Que nos apoyemos en lo anterior para fortalecer la campaña en defensa del orden constitucional y

de elecciones como deben ser, con todas las garantías pertinentes.

4) Que proyectemos de manera clara, abierta y directa una política hacia los militares, alertándolos sobre las consecuencias para la institución y para sus personas de continuar apoyando la dictadura.

Es menester acumular la fuerza decisiva para el empujón final. A la oligarquía militar-civil se le ha puesto el piso chiquitico. Les han confiscado propiedades, no pueden viajar, el apoyo de Rusia es demasiado distante y el resto de los países de importancia para la región los repudia. Hay descontento en la fuerza armada y se agudiza la pelea interna por las migajas. No le sigamos haciendo el juego.

Economista, profesor de la UCV.

humgarl@gmail.com

1 Ver https://www.analitica.com/opinion/la-gran-componenda-criminal-el-reparto-de-venezuela-entre- cupulas-militares-y-revolucionarias/

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