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Opinión

Roberto Casanova

Al menos cuatro principios estratégicos deben estar claros ya entre los demócratas que perseveramos en nuestra oposición al régimen que destruye al país. Primero, los venezolanos estamos inmersos en un histórico conflicto de poderes de escala internacional. Segundo, la minoría gobernante no abandonará el poder democráticamente sino en medio de una crisis política. Tercero, los demócratas debemos aprovechar cada coyuntura electoral para propiciar una crisis política. Cuarto, no podemos saber cuál crisis expulsará finalmente a la minoría gobernante del poder, aunque sí sabemos que sin presión, nacional e internacional, ello no ocurrirá. Debemos, en síntesis, pensar estratégicamente y actuar en cada coyuntura, como la planteada por la elección presidencial convocada por la dictadura.

1- Es inútil tener un candidato opositor “por si acaso”.

Varios dirigentes políticos defienden la idea de participar en la elección presidencial convocada por la dictadura. Claudio Fermín, por ejemplo, sostiene que debemos aumentar la presión para que el régimen mejore las condiciones electorales y organizarnos para garantizar la participación masiva de la mayoría que somos. “Vamos a ir a votar, no para convalidar la trampa, sino para derrotar la trampa”, afirma ( https://www.lapatilla.com/site/2018/02/10/claudio-fermin-presento-sus-ideas-de-gobierno-por-presidenciales/ ). Ello supone, desde luego, contar con un candidato pues ¿qué pasaría si no lo tuviésemos? Que la dictadura cedería en algunas de las condiciones que exigimos y, sin embargo, no sería de ningún provecho para los sectores opositores por no haber inscrito a un candidato.

El punto, sin embargo, es que si la oposición inscribe un candidato con potencial para vencer la dictadura simplemente hará lo necesario para que eso no ocurra. Si la abstención es alta, como es de esperar, esa tarea le resultará más sencilla. El escenario más probable, sin embargo, es que la oposición se divida entra quienes participarán y quienes no lo harán. El o los candidatos opositores que participen serán entonces fácilmente derrotados. Maduro ganará en cualquier caso y la oposición, escindida y desprestigiada, enviará una señal equívoca a la comunidad de gobiernos democráticos que la apoyan.

Es de suponer que Claudio, como político experimentado, entiende claramente esto. Frente a estas críticas, sin embargo, ha argumentado que no podemos cruzarnos de brazos y se pregunta: si no participamos ¿qué haremos el día después? Y este es un buen punto.

2- Luchar por las condiciones electorales es luchar contra la dictadura.

Trino Márquez plantea que los demócratas debemos centrarnos en la lucha por condiciones electorales y que si no logramos tener éxito en dicha lucha no debemos participar en el próximo evento electoral ( https://www.lapatilla.com/site/2018/02/14/elecciones-con-esas-condiciones-no-por-trino-marquez/ ). Difiere entonces de posiciones como las de Claudio, aunque no asume una posición abstencionista sin retorno pues, en su opinión, si las condiciones mejoran sustantivamente la participación tendría sentido. Al fin y al cabo la mayoría del país rechaza al régimen y debe aprovecharse cualquier oportunidad para que la opinión de esa mayoría se exprese.

Comparto con Trino que “a estas alturas, ya no es suficiente contar con un candidato de unidad, un programa de gobierno y una estructura organizativa bien engranada para ganarle a un gobierno, ciertamente impopular y nefasto, pero que ha transformado las elecciones en una forma eficaz de prostituir la democracia y el voto”. Participar implica perder. Y no solo una elección sino también la poca credibilidad del liderazgo opositor, al tiempo que desalinearnos de la estrategia adoptada por un creciente número de gobiernos democráticos. No participar, en cambio, puede convertirse en un hito en nuestra lucha por la integridad electoral. Maduro podrá ganar esta en esta farsa pero deberá pagar el mayor costo posible, abriéndose entonces escenarios que, eventualmente, lo desalojarían del poder.

La coyuntura electoral debe convertirse pues en una crisis política.

3- Un día de protesta pacífica y descentralizada.

Muchos hablan de la abstención activa aunque en este momento no sabemos, con claridad, en qué consistirá tal cosa. Esta es una tarea pendiente para el liderazgo.

Es claro que no participar no significa permanecer en nuestras casas. Pero tampoco significa salir a las calles, en marchas masivas, para ser otra vez víctimas de la represión de un régimen sin alma. De las duras y gloriosas jornadas de protestas del año pasado aprendimos cuáles son las tácticas de protesta más eficientes y de menor riesgo ante fuerzas criminales. Podemos sacar el coraje necesario, durante ese día, para enviar un mensaje categórico a la dictadura y al mundo.

Pero debemos estar claros: la reelección del dictador, aunque empañada, ocurrirá. Si no definimos entonces los siguientes pasos de nuestra lucha el efecto que ese hecho generará puede ser una nueva y profunda frustración. Justamente lo que espera el régimen.

4- Una elección alternativa al margen del CNE

Los demócratas debemos reencontrarnos. La complejidad de estos tiempos, la desconfianza entre nosotros, los errores sin responsables, la tarea de socavamiento de la dictadura nos han debilitado. Debemos hallar la manera de diseñar y ejecutar una maniobra estratégica que nos sirva para renovar la dirección política y para motivarnos.

En otro artículo he desarrollado la idea, impulsada por varios grupos ciudadanos, de realizar una elección al margen del actual CNE. ( https://www.lapatilla.com/site/2018/02/02/roberto-casanova-un-presidente-rebelde/). Esa elección constituiría un acto de rebeldía democrática del cual surgiría un “Presidente rebelde” o, para ser precisos, un líder opositor con amplio apoyo político.

La formidable experiencia de la consulta ciudadana del 16 de julio del 2017 nos demostró que somos capaces de organizarnos masivamente, dentro y fuera del país, en poco tiempo, para decidir sobre asuntos colectivos. Aunque sabemos que ello no fue suficiente pues las expectativas y agendas de ciudadanos y líderes no estuvieron realmente alineadas. El líder que elijamos democráticamente y el equipo que le acompañará tendrán entonces, entre otras cosas, la responsabilidad vital de unificar nuestros esfuerzos.

Podemos organizar una elección modélica: con voto manual, con observación internacional, con auditorías transparentes. Incluso con una doble vuelta instantánea (en la cual el votante ordena a varios candidatos, dos o tres, de acuerdo con sus preferencias, de más preferido a menos preferido). Ciudadanos inspirados y organizados, nacional e internacionalmente, podemos dar, de nuevo, una muestra memorable de vocación democrática.

Carmen Beatriz Fernández comparte el planteamiento y define esta elección alternativa como una “maqueta” para escoger al líder de la oposición. ( https://www.lapatilla.com/site/2018/02/09/la-maqueta-de-la-democracia-venezolana-una-replica-a-roberto-casanova-por-carmenbeat/ ). Argumenta, en tal sentido, con cierta razón, que la idea de un “Presidente rebelde” puede ser contraproducente. De su artículo se deriva, sin embargo, que esa elección alternativa podría ocurrir antes de la elección del 22 de abril y que participar o no en ésta última sería un asunto secundario. Pienso que concebida así la propuesta pierde fuerza porque se trata, insisto, de un acto de rebeldía democrática derivado de nuestro rechazo a la elección dictatorial. Es una opción para el día después.

5- La elección alternativa puede ser también una oportunidad para reinventar a la oposición.

La idea de crear un “frente” para enfrentar nuestros diversos desafíos aparece de nuevo en el debate público. La lucha en contra de la dictadura, la articulación de la protesta social, la atención a la emergencia humanitaria, la preparación de la estrategia nacional de reconstrucción y desarrollo exigen un esquema organizativo diferente al que hemos tenido hasta ahora. Hace poco más de un año ofrecí algunas ideas con respecto a la necesaria reinvención de la oposición. ( http://historico.prodavinci.com/blogs/oposicion-reinventada-por-roberto-casanova/ ), ideas que me permito resumir con algunos cambios.

La Mesa de la Unidad Democrática es, por diseño, una instancia político-electoral que ha operado según una lógica definitoria: dar forma y ejecutar acuerdos político-electorales. Sus decisiones en otros ámbitos están, inevitablemente, mediadas por cálculos partidistas. Y esto no es bueno ni malo: cada sistema tiene su razón de ser, su lógica. Pero es indiscutible que la MUD —como instancia político-electoral, insisto— no ha estado a la altura de nuestros otros desafíos.

El problema surge cuando se pretende que un sistema sirva a un propósito distinto al que lo define. Luego, nuestros otros desafíos requieren otros esquemas y otros participantes. La MUD debe dar paso al MUD. La Mesa debe convertirse en parte de un Movimiento de Unidad Democrática. No siempre evolucionar consiste en destruir para crear. En ocasiones evolucionar supone incluir para trascender. Nuestro reto no es acabar con la Mesa sino diseñar otras instancias, otros sistemas funcionales que atiendan a procesos que la Mesa, dada su naturaleza, no puede liderar.

La acción opositora debería contar pues con tres instancias, cada una con un ámbito de acción propio, aunque articuladas: 1) Procesos político-electorales, 2) Movilización social y Emergencia Humanitaria y, 3) Estrategia Nacional de Reconstrucción y Desarrollo. Estas tres instancias conformarían el Movimiento de Unidad Democrática (MUD).

Demás está decir que este esquema prefigurará a un futuro gobierno de Unidad Nacional. Uno que deberá surgir si la coyuntura electoral evoluciona hacia una crisis política definitiva.

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George Soros

Vivimos un momento aciago de la historia mundial. Las sociedades abiertas están en crisis, y están en ascenso diversas formas de dictadura y estado mafioso, de las que la Rusia de Vladimir Putin es un ejemplo. En Estados Unidos, al presidente Donald Trump le gustaría instituir una versión propia de un estado de tipo mafioso, pero no puede, porque la Constitución, otras instituciones y una activa sociedad civil no lo permitirán.

No sólo está en duda la supervivencia de la sociedad abierta; también está en juego la supervivencia de la civilización toda. El ascenso de líderes como Kim Jong-un en Corea del Norte y Trump en Estados Unidos tiene mucho que ver con esto. Ambos parecen dispuestos a correr el riesgo de una guerra nuclear para conservar el poder. Pero la causa principal es mucho más profunda. La capacidad de la humanidad para dominar las fuerzas de la naturaleza, con fines constructivos o destructivos, no para de crecer, mientras nuestra capacidad de dominarnos a nosotros mismos tiene fluctuaciones, y ahora está en retroceso.

El auge de las grandes plataformas de Internet estadounidenses y su conducta monopólica contribuyen poderosamente a la impotencia del gobierno estadounidense. Estas empresas han tenido muchas veces una actuación innovadora y liberadora. Pero el creciente poder de Facebook y Google las convirtió en obstáculos a la innovación y causantes de una variedad de problemas de los que apenas comenzamos a darnos cuenta.

Las empresas generan ganancias explotando su entorno. Las mineras y petroleras explotan el entorno físico; las proveedoras de redes sociales explotan el entorno social. Esto es particularmente perverso, porque estas empresas influyen sobre la forma en que las personas piensan y actúan, sin que estas ni siquiera se den cuenta. Esto interfiere con el funcionamiento de la democracia y la integridad de las elecciones.

Como las plataformas de Internet son redes, tienen rendimiento marginal creciente, lo que explica su asombroso crecimiento. El efecto red es algo realmente inédito y transformador, pero también es insostenible. A Facebook le llevó ocho años y medio alcanzar mil millones de usuarios, y la mitad de ese tiempo sumar otros mil millones. A este ritmo, en menos de tres años Facebook se quedará sin gente a la que convertir.

Facebook y Google controlan en la práctica más de la mitad de todos los ingresos por publicidad digital. Para mantener la posición dominante, necesitan ampliar sus redes y aumentar la cuota que reciben de la atención de los usuarios. En la actualidad, lo hacen dando a los usuarios una plataforma conveniente. Cuanto más tiempo pasan estos en la plataforma, más valiosos se vuelven para las empresas.

Además, los proveedores de contenido no pueden evitar el uso de las plataformas y deben aceptar sin más sus condiciones, con lo que contribuyen a las ganancias de las empresas de redes sociales. De hecho, la excepcional rentabilidad de estas empresas deriva en gran parte del hecho de que no asumen responsabilidad (ni pagan) por el contenido presente en sus plataformas.

Las empresas afirman que lo único que hacen es distribuir información. Pero su carácter de distribuidores cuasimonopólicos las convierte en servicios públicos, que deberían estar sujetos a una regulación más estricta, con el objetivo de proteger la competencia, la innovación y el acceso justo y abierto.

Los verdaderos clientes de las empresas de redes sociales son quienes pagan por poner anuncios en ellas. Pero está apareciendo de a poco un nuevo modelo de negocios, que se basa no sólo en la publicidad, sino también en la venta directa de productos y servicios a los usuarios. Las empresas explotan los datos que controlan, ofrecen servicios combinados y usan la discriminación de precios para quedarse con una cuota mayor de los beneficios, que de lo contrario deberían compartir con los consumidores. Esto aumenta todavía más la rentabilidad de la empresa; pero los servicios combinados y la discriminación de precios reducen la eficiencia de la economía de mercado.

Las empresas de redes sociales engañan a los usuarios, ya que manipulan su atención, la redirigen hacia sus objetivos comerciales propios, y diseñan deliberadamente los servicios que ofrecen para que sean adictivos. Esto puede ser muy nocivo, en particular para los adolescentes.

Hay parecidos entre las plataformas de Internet y las empresas de juegos de azar. Los casinos han desarrollado técnicas para enganchar a los clientes hasta el punto en que se jueguen todo el dinero que tienen, e incluso el que no tienen.

Algo similar (y potencialmente irreversible) está sucediendo con la atención humana en esta era digital. No es sólo una cuestión de distracción o adicción; las empresas de redes sociales están de hecho induciendo a las personas a entregar su autonomía. Y este poder para moldear la atención de las personas está cada vez más concentrado en unas pocas empresas.

Esto implica consecuencias políticas de largo alcance. Las personas que no tienen libertad de pensamiento son fáciles de manipular. Este peligro no es sólo una acechanza futura; ya tuvo un papel importante en la elección presidencial de 2016 en Estados Unidos.

Hay incluso una posibilidad más alarmante en el horizonte: una alianza entre estados autoritarios y grandes monopolios informáticos provistos de abundantes datos, que una los incipientes sistemas de vigilancia corporativa con los ya desarrollados sistemas de vigilancia estatal. Esto bien puede dar lugar a una red de control totalitario que ni siquiera George Orwell hubiera podido imaginar.

Los países en los que es más probable que esas alianzas perversas surjan primero son Rusia y China. Las empresas tecnológicas chinas, en particular, están a la misma altura de las plataformas estadounidenses, y tienen pleno apoyo y protección del régimen del presidente Xi Jinping. El gobierno chino cuenta con poder suficiente para proteger a sus empresas líderes nacionales, al menos dentro de sus fronteras.

Los monopolios informáticos estadounidenses ya tienen motivos para hacer concesiones a cambio de entrar a estos mercados, inmensos y en veloz crecimiento. Y los gobiernos dictatoriales de esos países tal vez quieran colaborar con esos monopolios, para mejorar los métodos de control de sus poblaciones y ampliar su poder e influencia en Estados Unidos y el resto del mundo.

También es cada vez más notoria la relación entre el dominio de las plataformas monopólicas y el aumento de la desigualdad. Esto tiene que ver en parte con la concentración de las carteras de acciones en manos de unos pocos individuos, pero es más importante aún la posición peculiar que ocupan los gigantes informáticos. Estos han obtenido un poder monopólico al tiempo que compiten entre sí; sólo ellos son suficientemente grandes para adueñarse de las startups que pudieran llegar a hacerles competencia, y sólo ellos tienen recursos para invadir sus respectivos territorios.

Los dueños de las megaplataformas se consideran amos del universo, pero en realidad, son esclavos de la necesidad de mantener la posición dominante. Están librando una batalla existencial para dominar las nuevas áreas de crecimiento abiertas por la inteligencia artificial, por ejemplo los autos sin conductor.

El impacto de estas innovaciones en el desempleo depende de las políticas que adopten los gobiernos. La Unión Europea y en particular los países nórdicos son mucho más previsores que Estados Unidos en materia de políticas sociales. No protegen los puestos de trabajo, sino a los trabajadores. Están dispuestos a pagar el costo de la recapacitación o el retiro de aquellos que pierdan su empleo. Por eso los trabajadores de los países nórdicos se sienten más seguros y son más favorables a las innovaciones tecnológicas que los estadounidenses.

Los monopolios de Internet no tienen ni la voluntad ni el interés de proteger a la sociedad de las consecuencias de sus acciones. Eso los convierte en una amenaza pública; y es responsabilidad de las autoridades regulatorias proteger a la sociedad de ellos. En Estados Unidos, dichas autoridades no son suficientemente fuertes para oponerse a la influencia política de los monopolios. La UE está en mejor posición, porque no tiene megaplataformas propias.

La UE usa una definición de poder monopólico distinta a la de Estados Unidos. Mientras que las autoridades estadounidenses apuntan sobre todo a los monopolios creados mediante operaciones de adquisición, la legislación europea prohíbe el abuso del poder monopólico sin importar cómo se haya conseguido. La protección de los datos y de la privacidad es mucho más fuerte en Europa que en Estados Unidos.

Además, la legislación estadounidense adoptó una extraña doctrina por la que el perjuicio a los clientes se mide por el incremento del precio que pagan por los servicios que reciben. Pero eso es prácticamente imposible de determinar, porque la mayoría de las megaplataformas de Internet proveen la mayor parte de sus servicios en forma gratuita. Además, la doctrina no tiene en cuenta los valiosos datos de los usuarios que las plataformas van recolectando.

El enfoque europeo tiene su principal adalid en la comisaria europea para la competencia, Margrethe Vestager. A la UE le llevó siete años formular una acusación contra Google, pero su éxito aceleró en gran medida el proceso de institución de normas adecuadas. Además, gracias a los esfuerzos de Vestager, en Estados Unidos se está dando un cambio de actitud inspirado por la visión europea.

Tarde o temprano se terminará el dominio global de las empresas estadounidenses de Internet. La regulación y los impuestos, los medios que propugna Vestager, serán su ruina.

Traducción: Esteban Flamini

14 de febrero de 2018

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/social-media-security-threa...

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“La historia se repite dos veces. La primera como tragedia, la segunda como farsa”: Carlos Marx, “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”

Dos (02) inmigrantes italianos, fueron acusados en 1927 de robo a mano armado y el homicidio de dos personas en Massachusetts. Juzgados y sentenciados, terminaron ejecutados en la silla eléctrica. Las protestas recorrieron el mundo porque había datos muy claros que señalaban que no habían participado en los delitos imputados.

Ocurrió que el gobierno republicano gobernante en aquella época, preocupado por la creciente protesta de los obreros organizados, utilizó al Sistema Judicial y a la Fiscalía para culpar a dos extranjeros anarquistas, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, con el propósito de quebrar el movimiento laboral.

Muchos años después el gobernador de Massachusetts, Michael Dukakis, declaró en 1977 que Sacco y Vanzetti fueron injustamente enjuiciados y encarcelados y que "cualquier desgracia debería ser para siempre borrada de sus nombres". Esa desgracia, de la que fueron exonerados 50 años después, fue generada por el Estado en un juicio amañado.

La tragedia de Sacco y Vanzetti se repite hoy “como una farsa” con múltiples juicios a opositores al régimen gobernante. El más notorio en el ámbito nacional es el caso de Leopoldo López. Escandaloso resulta por el sin número de montajes que se han caído.

La Juez que ordenó la detención del dirigente opositor y lo envió a Ramo Verde, Ranelis Tovar, solicitó asilo en Canadá, donde argumentó que había tomado la decisión para evitar ser detenida: “No quería que me pasara lo que le sucedió a la Juez Afiuni”, según relató en la OEA. El fiscal del caso, Franklin Nieves, huyó a los Estados Unidos luego de declarar que el juicio fue una “farsa” y que fue presionado por altos funcionarios del gobierno venezolano. Esto sería suficiente en un país con un sistema judicial independiente para cerrar el juicio e iniciar una investigación contra las autoridades.

La principal testigo de la Fiscalía en cuya declaración se fundamentó la condena a López, la Lingüista Rosa Amelia Asuaje, denunció que sus palabras fueron tergiversadas a fin de inculpar al líder de Voluntad Popular. Dijo: "la juez Barreiro manipuló mi declaración para inculpar a López" y agregó en una entrevista: "La sentencia parafrasea algo que yo no dije". Peor aún, la Fiscal General de la República en el exilio, Luisa Ortega Díaz, reconoció públicamente que fue presionada para sentenciar a López, señalando a Diosdado Cabello y al propio Presidente de la República.

Los dos primeros fallecidos en la protesta por la que se acusa a López, el dirigente oficialista Juan Montoya y el estudiante Bassil Da Costa, fueron asesinados por agentes policiales, lo que fue demostrado por el trabajo de los periodistas de El Universal, cuyas imágenes muestran a los funcionarios disparando. Pero a pesar de ello, López fue culpado y sentenciado por las muertes ocurridas en esas protestas de ese período.

Estos fraudes procesales ocurrieron a lo largo y ancho del país. En Aragua, por ejemplo, Raúl Emilio Baduel y “El gato” Alexander Tirado estaban sentados en la acera protestando pacíficamente frente al Parque de Ferias de la ciudad de Maracay. Participaban de una cadena humana a la vista de todos, sin trancar vía alguna, y a pesar de que hay suficientes testigos e imágenes que aseguran lo anterior, los detuvieron, enjuiciaron y sentenciaron a 8 años de cárcel como peligrosos delincuentes, luego de pasar por torturas y vejaciones de todo tipo.

Los procesos de Tony Real, Rolman Rojas y los estudiantes del Pedagógico son otros más en la cadena de arbitrariedades del régimen para acallar la protesta.

Son numerosos los disidentes presos y llevados a juicios amañados por el régimen. Aunque no llevan a la muerte física, como en el caso de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, pretende con las mismas mañas, matar política y moralmente a los líderes emergentes opositores y quebrar la protesta popular.

Esta nota quiere ser un homenaje, una dedicatoria a quienes luchando contra la autocracia con visos de totalitarismo, han sido castigados en juicios arreglados descaradamente, por los responsables de la tragedia que vive el país. No debemos olvidar, ni olvidarlos.

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Maxim Ross

La coordinación política de la oposición democrática está a punto de decidir si se participa o no en estas elecciones presidenciales, aun cuando ya existen suficientes argumentos que inclinan la balanza en favor de no hacerlo, principalmente aquellos que provienen de las manifestaciones de la alianza internacional que viene respaldando a Venezuela. Sin embargo, existen varias opiniones que aun generan dudas en la sociedad civil venezolana que vale la pena considerar y, quizás, la mas importante de ellas es la que pregunta por el “después” de no hacerlo, queriendo indicar que, si esta pregunta no tiene respuesta se objeta no participar en ellas. En estas notas deseo poner el énfasis en ese “después”, aunque primero unas breves consideraciones sobre el “antes”.

Antes de las presidenciales.

Primero: quienes argumentan que el “no” no tiene un después, tampoco, que se conozca, presentan un después claramente delineado, más allá de continuar participando en las restantes elecciones. Quienes opinan que la vía, la única vía, es la electoral dejan el resto de las acciones civiles solo en ese plano: “Seguir votando es la consigna” en condiciones de una evidente ausencia de garantías electorales y políticas.

Lo segundo es el tema del dilema entre votar o no, entre participar o no en ellas, lo cual lleva a un doble problema. Por una parte, de nuevo se coloca a la sociedad civil con la sola opción del voto como expresión política y allí existe un grave enfoque que la mantiene paralizada, porque lleva automática y simplistamente a que única otra opción que queda es la “calle” o la “guarimba” un dilema del que hay que salir.

Por otra parte, está el tema del “falso dilema”, cuando este solo es cierto para las organizaciones políticas y no para la sociedad civil, puesto que aquellas se han quedado solo con la opción del voto para hacerse un lugar en el terreno político. Lo que caracteriza un partido político: doctrina, programa, organización, defensa de la ciudadanía, del país, de la propiedad, en fin, de la Nación y la Republica han desaparecido. Aun con honrosas excepciones esa es la regla general.

Lo tercero es que la sociedad civil no tiene, ni puede tener ese dilema si se acoge a sus intereses legítimos[1], cuales son de principio sus derechos civiles y políticos, esencia de los derechos humanos de la sociedad contemporánea y, muy particularmente preservados en la Constitución de 1999, aún vigente. No hay dilema sobre participar o no en unas elecciones donde esas garantías han sido vulneradas sistemática y expresamente por quien ejerce el poder. El dilema es de los partidos, pero solo si se quedan en el puro y estricto plano del voto y del interés partidista, que no es otro que quedar con “algún número” que los deje posicionados en el campo electoral.

Si la sociedad civil no tiene ese dilema su tarea, antes de las elecciones, es elevar su voz en contra de ese estado de cosas, no si decide participar o no. El desarrollo de una campaña y una o varias consignas en esa dirección es la postura correcta e inobjetable, tal como la han iniciado la Conferencia Episcopal, la Asociación de Rectores y varios gremios empresariales. Desde luego un apoyo masivo es necesario para convencer a la opinión pública, al venezolano común y a la comunidad internacional de lo inconveniente de realizarlas.

Antes y después: Una coalición civil por la democracia.

La sociedad civil tiene que salir en su propia defensa. Su integridad y su vigencia misma están en juego. Varias voces han clamado por este llamado. El sacerdocio, los ciudadanos, los estudiantes, los gremios profesionales y algunas organizaciones políticas y civiles se han pronunciado de manera aislada, pero no termina de cuajar una voz colectiva, lo suficientemente fuerte y masiva para contener el riesgo y evitarle un daño irreparable a la Republica, a Venezuela y a la misma sociedad civil. Solo sus organizaciones institucionales y representativas tienen la capacidad para desarrollar una respuesta de envergadura, que sea acogida y apoyada por los partidos políticos. El mundo militar tiene que reaccionar frente a una propuesta de una sociedad que quiere vivir en democracia y ha de defenderla. Se ha dicho: “La Unión hace la Fuerza”

Si hay un Después.

Y este es, precisamente, el primer tema para el “después” porque obliga a desarrollar una ruta de defensa de esos legítimos intereses y derechos. Al participar, convalidando, esas violaciones, no hay razones para adversarlas luego. Esa “Coalición Civil” que se propone debería mantenerse y superar su “status” defensivo. Ese sería el primer paso para el “después”: constituirse formalmente para mantenerse en el tiempo, como una organización para defender, ahora y siempre, esos derechos.

La Reforma Política.

Se puede comenzar con un riguroso diagnóstico de la ruptura de ese orden y proponer los cambios políticos necesarios para restaurar plenos derechos civiles y democráticos en Venezuela. No solo aquellos referidos al periodo “revolucionario”, sino también los que estructural e institucionalmente entraban la representatividad y la participación de la gente en los intereses generales. Entre ellos la vigencia de un excesivo “presidencialismo”, la manera de elegir al presidente de la Republica, la dotación a la Asamblea Nacional de poderes realmente efectivos, el formato de la representación de la sociedad en los poderes públicos, la reglamentación de las facultades constituyentes. El “rejuvenecimiento”, la democratización y la representatividad de los partidos políticos. Un formato debe ser ideado para garantizar la concordia y la participación política de todos los partidos, independientemente de sus doctrinas e ideologías. La Reforma Política es la primera y principal tarea.

Con “hambre y pobreza” no hay democracia.

La segunda gran tarea de la sociedad civil para el “después” va en dirección de reforzar el peso social que debe tener una autentica democracia, porque, mientras Venezuela arrastre una tasa de pobreza y, ahora de sus secuelas coyunturales de hambre, escasez y precariedad en todo sentido, la democracia corre el riesgo de caer en “manos de cualquiera”. Por consiguiente, un plan sostenible y duradero para atenuar estos dos problemas y superarlos coherentemente debe ser desarrollado por las instituciones de la sociedad civil organizada, en especial aquellas que tienen el poder económico y productivo para ponerlo en práctica. Una tarea que no se puede dejar solo bajo la responsabilidad del Estado venezolano.

El país productivo.

Asombra muchas veces escuchar como los empresarios y los trabajadores están a la espera de una Comisión Tripartita para acometer la tarea de la estabilidad, del crecimiento y el desarrollo productivo, como si los verdaderos responsables de esos actos no son ellos mismos. Un acuerdo del capital y el trabajo para el País Productivo es imprescindible. El Petróleo debe jugar una tarea integradora en concordancia con las vocaciones económicas regionales y con la participación de la sociedad civil. Los ingresos petroleros deber ser convertidos en Fondos de Ahorro e Inversión Productivos.

La sociedad civil y el Estado venezolano.

Una relación que tiene que cambiar y revertirse en favor de los intereses legítimos de la sociedad civil. El Estado al servicio de la sociedad civil y no lo contrario exige una profunda reforma de ese Estado, hiperactivo, preponderante, dueño de todo, expropiador, clientelar, omnipotente y omnipresente en favor de la gente y sus intereses individuales y colectivos.

¿Una utopía?

Hemos nombrado algunas de las tareas que debería asumir esta sociedad y estamos consciente de su complejidad y de los grandes y difíciles obstáculos que tiene por delante, pero si bien parecieran utópicas esas tareas, lo que está en juego, como indicamos antes, es su vida misma y su integridad como tal, por lo que acometerlas se hace indispensable si es que Venezuela ha de mantenerse integrada como una sola Nación o perece en manos de la desintegración. Ya hay rasgos y síntomas lo suficientemente claros como intentar el ensayo.

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Muchos compatriotas creen -con sobrada razón- que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha sido un rotundo fracaso, pues no logró su objetivo fundamental: desalojar al chavismo del poder y que, ni siquiera, supo cobrar su clamoroso triunfo obtenido en las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015.

Yo, contrariamente a lo que opina la gran mayoría de mis conciudadanos, creo que pocas organizaciones políticas han logrado tantas metas; que la MUD se inscribe entre las organizaciones más exitosas de Latinoamérica, capaz de mostrar un palmarés sin igual.

Esta visión tan heterodoxa del desempeño de ese pool de partidos políticos, deriva de mi convicción de que los verdaderos objetivos de la MUD eran totalmente contrarios a los que pregonaba. A riesgo de parecer tremendista, me atrevo a decir que la MUD nunca quiso lo que dijo querer. Recordemos, aun cuando parcialmente:

En el año 2012, acepta el adelanto de elecciones presidenciales, que desde 1958, se habían efectuado en el mes de diciembre; esto hizo posible que un Chávez moribundo fuera candidato y pudiera, como luego efectivamente sucedió, traspasar el poder cual herencia privada. Si en aquella ocasión no se hubiera admitido el injustificado adelantamiento, el chavismo no hubiera tenido oportunidad alguna de hacerse con el triunfo, pero pasó lo que ya es historia y Henrique Capriles salió –presuroso- a reconocer la dudosa victoria de quien muriera pocos meses después.

Al año siguiente concurre de nuevo a elecciones presidenciales, con el mismo candidato, pero esta vez contra el muy gris Nicolás Maduro, designado sucesor político por Chávez. En el ambiente flotaba el temor de que los votos electrónicos que iba a producir el inauditado Registro Electoral Permanente (REP) y el avasallante y creciente ventajismo que se venía observando desde votaciones anteriores, podían determinar el resultado final, ese que la inefable Tibisay Lucena llama irreversible; pero a pesar de esas fundadas sospechas, poco se hizo para acopiar y resguardar las actas electorales que hubieran generado una tibia esperanza de que el resultado real fuera reconocido oficialmente. Capriles, en vez de llamar a la calle al pueblo para exigir respeto al artículo 5 constitucional y con las masas desbordadas en todo el país, demandar una exhaustiva revisión de todas y cada una de las urnas y el cotejo con sus respectivas actas, optó por hacer una solicitud formal de auditoría ante el Consejo Nacional Electoral que, como era de esperarse, negó de plano.

El 6 de diciembre de 2015, la MUD concurre a elecciones legislativas y obtiene las tres quintas partes de los votos y una mayoría calificada. Pero este triunfo que fue calificado de «popular», a pesar de que el 80% de los candidatos fue señalado a dedo, para lo único que sirvió fue para que los partidos llenaran de sumisos activistas la Asamblea Nacional, los cuales cumplen sin chistar las órdenes que les giran Ramos Allup, Julio Borges, Manuel Rosales y Leopoldo López, quienes son los verdaderos depositarios de la soberanía popular.

Luego aceptó el desconocimiento de los tres diputados indígenas y, con él, la pérdida de la mayoría calificada, no sin antes presenciar pasivamente el nombramiento de unos rectores del CNE y de unos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia designados entre gallos y medianoche por la saliente A.N., presidida por Diosdado Cabello.

Mas hay otros eventos que llaman a reflexión y alborotan las suspicacias: la mega marcha del 1° de septiembre, que se estima movilizó a más de 1 millón de personas y fue disuelta apresuradamente antes de las dos de la tarde por un Jesús Torrealba que parecía más interesado en congraciarse con el régimen que en lograr el objetivo propuesto. Luego, vino el referendo consultivo del 16 de julio que, a pesar de las dificultades logísticas, recibió un inmenso apoyo popular, pero que la MUD no quiso hacer valer y echó, como otros varios logros de la ciudadanía, al ominoso sacó del olvido.

¿Cómo se explican todas estas extrañas conductas? Simplemente, a pesar del título de opositora que ha manejado como una franquicia, la MUD jamás ha sido oposición y mucho menos ahora, cuando desvergonzadamente se dispone a concurrir a una elección presidencial convocada por la írrita Asamblea Nacional Constituyente.

Pero lo más grave de todo fue su política de marchas sin destino, bailantas sin sentido y cacerolazos inútiles; con ella nos hicieron sentir pusilánimes, temerosos y, por tanto, merecedores de una larga esclavitud al estilo cubano.

Si acaso la injerencia humanitaria (que preferimos llamarla urgencia humanitaria) no impide que se materialice el proyecto electoral del régimen, para la MUD la cantada derrota del 22 de abril será su última victoria. Amén.

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

14 de febrero de 2018

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Jesús Elorza G.

Dos amigos españoles, conversaban animadamente, en la barra de “La Taberna del Chato” en Madrid. Uno de los temas, era la crítica situación que en la actualidad se vivía en Venezuela.

Degustando unas tapas de tortilla y gambas al ajillo, Pepe le señaló a su amigo Santiago que no entendía bien el papel jugado por Rodríguez Zapatero en ese problema.

-Arza hombre, respondió Santiago, ese tipejo, que fue escogido como mediador, siempre estuvo cuadrado al lado del “Gobierno” de Maduro. Nunca arrimó una pa’l mingo de la oposición.

Me cuesta creer, lo que estás diciendo, siempre lo veía en televisión hablando de las maravillas del proceso del dialogo que se estaba celebrando en República Dominicana.

-Deja que termine este pulpo a la gallega que esta exquisito para explicarte los detalles: siempre cargó el peso de la responsabilidad por el fracaso del proceso de diálogo a los dirigentes opositores, exonerando al chavismo. Por otro lado, coloca al régimen como un niño de pecho, mientras se mostraba exigente con una oposición perseguida, encarcelada, exiliada, asesinada.

Espérate un momento, ripostó Pepe, mientras saboreaba un vino Rioja blanco, él hizo un llamado a los sectores de la oposición para que firmaran el acuerdo, que según su criterio era lo mejor del mundo para resolver la crisis.

-Siiii Pepe, ponte a creer. Ese mamotreto no era un Acuerdo de Paz, sino una rendición ante la dictadura. Ese panfleto avalado por Zapatero les quita derechos a los venezolanos y lejos de solucionar la crisis, la profundiza, no plantea elecciones libres ni transparentes, son convocadas por una ilegitima Asamblea Nacional Constituyente y dirigidas por el brazo electoral de la dictadura que es el Consejo Nacional Electoral (CNE).

Me cago en la ostia, que le pasa a ese señor Zapatero, que no distingue entre democracia y dictadura.

-Déjame decirte que si sabe cuál es la diferencia entre una y otro. Lo que pasa es que se hace el pendejo para proteger sus intereses o negocios que desde hace mucho ha tenido con el régimen chavista.

Explícate, no me dejes en el aire.

-Ya va. Déjame terminar este queso manchego que está del carajo.

-Listo, ahora un vinito para aclarar el gañote: Ese tipejo de Zapatero, vendió su alma y su conciencia a la dictadura por la “módica suma” de ¡¡¡38 millones 610 mil euros!!!

¿Queeeé? exclamó Pepe, en medio de un ahogo por culpa de un pedazo de chorizo a la sidra que se le atragantó al escuchar a su amigo.

-Para tu conocimiento, déjame darte los detalles: En el año 2005 el bichito de Zapatero, siendo Presidente de España, suscribió un acuerdo con el Gobierno de Venezuela -entonces presidido por Hugo Chávez-, para la venta de cuatro barcos para la Armada de ese país. En ese entonces, el ministro de Defensa, y máximo responsable de la venta de material militara otros países, era José Bono, quien ocupó esa cartera en tiempos de Zapatero entre los años 2004 y 2006.

El acuerdo firmado entre los dos gobiernos incluía la construcción de cuatro Buques de Vigilancia Litoral con un costo total de 508,68 millones de euros; y de cuatro Patrulleros Oceánicos con un precio de 698,71 millones de euros.

El costo total de la negociación fue de 1.207,39 millones de euros. Precio final del acuerdo, pero que en los papeles varía sensiblemente: El gobiernote Venezuela abonó 1.246 millones de euros en la operación, es decir, 38.610.000 de más.

Este sobre costo se debe a que en las fases finales de la operación de venta, se dio cabida a una gran empresa dedicada a la consultoría internacional, que habría de embolsarse el 3,5% del total del dinero del contrato.

Se trataba de la compañía Rebazve Holding S.L., que está inscrita en el Registro Mercantil de Vizcaya, y que está dirigida por dos venezolanos, Juan Rafael Carvallo López y Pedro Enrique Malavé Benavides.

Juan Rafael Carvallo López es uno de los grandes empresarios “bolivarianos” de la época de Hugo Chávez, mientras que Pedro Enrique Malavé, el otro administrador de Rebazve Holding S.L., también es responsable de otra empresa española: Fashion Canary Islands.

Hasta el sol de hoy, ni Zapatero ni su ministro de la defensa han ofrecido ninguna explicación.

-Que mantequilla, dijo Pepe. Claro, empleando testaferros y empresas fantasmas se embolsillan millones de euros y siguen con su cara muy lavada frente a la opinión pública. Ahora entiendo, el apego de ese tipejo con el régimen chavista. Parafraseando un viejo refrán popular, pudiera decir “Zapatero, a tus zapatos o mejor dicho a tus negocios”

Mesonero, traiga otra ración de queso y la cuenta por favor.

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Gustavo Gorriti

¿Latinoamérica se está volviendo trumpista? Si sigues y concuerdas con el argumento del reciente artículo de Brian Winters, The truth about Trump and Latin America (La verdad sobre Trump y América Latina) publicado en la revista que dirige, el Americas Quarterly, eso es lo que está pasando.

Es un artículo que deja una sensación grata a quienes analizan América Latina desde la perspectiva de una hoja de cálculo y otra opuesta a los demás. Está escrito con la cínica levedad que supuestamente señala a quienes conocen al mundo tal como es, con algunos de los trucos retóricos del caso (“hace un mes, me senté para escribir una columna incendiaria. Hombre, qué bien se sentía. [...] Pero había un pequeño problema… [El argumento] no era realmente verdadero… así que no la publiqué”).

¿Qué “no era realmente verdadero”? Que la potencial deportación de 200.000 salvadoreños iba a provocar “un grave daño a las relaciones diplomáticas en la región”, por ejemplo, y que “las imágenes de latinos sollozantes arrancados a la fuerza de sus familias” iba a disminuir todavía más la desbarrancada popularidad estadounidense en el hemisferio.

¿Y qué es entonces verdadero? Según Winters, que las relaciones diplomáticas de Washington con la región están bien, que, de hecho, la “región se está moviendo hacia una visión trumpista del mundo [worldview]”.

¿Ejemplos? La elección del billonario Sebastián Piñera en la presidencia de Chile. Y no solo porque entre ricos se entienden, sino, argumenta Winters, Piñera también aboga por reprimir la inmigración de Haití y Venezuela. Cierto que no es posible un muro porque Chile tiene 3.200 millas de frontera (y tampoco hay mexicanos para pagarlo, digo, aunque la cordillera andina y el desierto de Atacama algo ayudan a la Weltanschauung trumpiana).

Hay otro ejemplo, al lado. Mauricio Macri, otro millonario, menos mal, que, “según es fama, jugó golf con Trump en los ochenta”, lleva firmemente a Argentina hacia la derecha. En el Perú, Pedro Pablo Kuczynski, “que hizo su fortuna en Wall Street, considera Nueva York su segundo hogar y habla, me dicen, frecuentemente por teléfono con Trump” (bueno, así se explica…).

En la ola actual de elecciones, Winters encuentra otras buenas noticias. En Costa Rica, un predicador evangélico disputará la presidencia en segunda vuelta, para asegurar que los ticos no permitan el matrimonio homosexual. Costa Rica será pequeña, pero ¿y Brasil? Jair Bolsonaro sería el aliado soñado por Trump. Bolsonaro, refiere admirativamente Winters, “dijo a una audiencia de banqueros la semana pasada que él enfrentaría la violencia en la mayor favela de Río de Janeiro volanteando desde helicópteros un ultimátum a los criminales a salir dentro de las siguientes seis horas; y luego mandaría a la policía a que entre a matar a los criminales que se hayan quedado. Lo ovacionaron de pie”. A Rodrigo Duterte lo hubieran sacado en hombros.

¿Y López Obrador? Que se sepa, no es multimillonario ni ha jugado golf con Trump. Winters no pierde las esperanzas. “No puedo sino pensar que al final se llevarán bien. Ambos son nacionalistas [...], es por lo menos posible que su compartido disgusto con respecto al TLC los pueda conducir a un acuerdo mutuamente aceptable”.

Su actitud ante Venezuela, escribe Winters, hace que Trump “sea admirado incluso por algunos de sus críticos”. Su “claridad y disposición a actuar ha sido ampliamente apreciada, aunque no esté claro si será útil o no”. Creo que si hay alguien que le prende velitas al retrato de Trump, es Maduro, a quien ha regalado el pretexto de la defensa nacional cuando terminaban de caérsele los últimos harapos de disfraz ideológico para revelar al tirano cleptócrata que destruye su país mientras prospera el crimen organizado.

Alguien debería contarle a Winters que si Calígula estuviera aposentado en el salón oval de la Casa Blanca, buena parte de los grupos de poder latinoamericanos nombrarían a por lo menos un caballo en sus Gabinetes ministeriales y a otro en sus directorios. Ahora maltratan el golf y ordenan comida chatarra.

Latinoamérica es mucho más compleja que las clases dirigentes que no tiene. Pese al escepticismo que refleja el latinobarómetro, las democracias superficiales y frágiles que sucedieron a las dictaduras de la última parte del siglo pasado hicieron progresar a sus naciones, disminuyeron la pobreza y crearon o aumentaron una clase media que transita ahora por la promesa y los peligros propios de la adolescencia.

Claro que América Latina padece tremendos problemas. La criminalidad organizada es quizá el mayor de estos. Como las epidemias de causa desconocida de antaño, surgen demagogos como Bolsonaro (o Trump) que no proponen aceite de culebra sino sangre, la falaz solución que fracasa cada día en esta, la región más homicida de la tierra.

A Trump no le faltarán interlocutores con coeficiente intelectual atenuado entre los grupos de poder latinoamericano. Lo hemos vivido ya, con exceso, en la historia de la región. Pero más allá de la superficialidad política, me es difícil pensar en una gestión tan dañina para las relaciones de EE UU con Latinoamérica, y para la democracia en la región, como lo es ya el Gobierno de Donald Trump.

El País

17 Feb 2018

https://elpais.com/internacional/2018/02/17/america/1518824374_941675.html

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