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Opinión

Leopoldo López Gil

“Qué triste futuro nos espera...”, escribió recientemente un profesor de nuestra ilustre Universidad de los Andes cuando refería lo siguiente: “Luego de dos semanas de reinicio de actividades, varios cursos de diversas facultades aún no han iniciado clases, sencillamente porque no ha llegado ni un solo estudiante. Esta semana se efectuó la inscripción y cursos que hasta hace un semestre tenían 30 o 40 alumnos, solo cuentan con 3 o 5 inscritos. Qué tragedia para nuestra nación”.

El profesor, mientras llama la atención por la fatalidad de perder a toda una generación de discípulos, señala con angustia la pasividad o indiferencia de toda una nación que contempla inmutable el sucumbir de las universidades del país. “El silencio nos abruma”, dice.

¿Dónde están esos estudiantes de la Generación del 28 que se enfrentaron a la barbarie del “Bagre” y pagaron con sangre, sudor y lágrimas en la construcción de carreteras, el exilio o las cárceles para recuperar la dignidad y la libertad de su país?

¿Han desaparecido los valientes del 58 que desafiaron al “rey de la Orchila” y su pretensión de perpetuarse en Miraflores mediante un espurio plebiscito?

¿Qué habrá pasado con esa juventud rebelde, inconforme que se manifestaba en las calles de Caracas, Mérida, Cumaná, Maracaibo o Valencia, por sus cupos, falta de laboratorios, mejoras curriculares o simplemente por mayores presupuestos para sus universidades?

¿Habrá asesinado el régimen junto con tantos jóvenes su apetito de libertad e ilusión de futuro?

Venezuela cambió tanto que antes de la llegada del socialismo del siglo XXI la inversión en programas como Fundayacucho durante dos décadas fortaleció el nivel académico de todo el país, ese que dicen que no teníamos, pero que fue envidia de nuestro continente por sus instituciones de educación superior y sus plantillas de docentes e investigadores.

Una generación perdida, como perdido está su porvenir, sus miras y ambiciones centradas en salir del país devastado y desarrollar sus destrezas en el extranjero. Hoy los jóvenes venezolanos son triunfadores en otras tierras porque en Venezuela los gerifaltes rojos rojitos les robaron su futuro aquí, en su patria.

Es probable que muchos pensaran que el gasto social obligaba otro rumbo, mayor a la educación superior, algunos siempre recriminaron la administración universitaria. Es posible que ese presupuesto precisara ajustes sin asfixiar al sistema para rectificarlo. Solo un imbécil pensaría que el país con su sistema educativo enclenque pueda crecer y progresar en la era del conocimiento.

Bonos y CLAP producirán la nueva generación, una seguramente llamada “la generación de las (y los) bolsas”.

 2 min


Lester L. López O.

Apreciación de la situación política Nro. 132

El título del presente alude a una expresión que decía un superior cuando era cadete de la Escuela de Aviación Militar hace muchísimo tiempo atrás. En efecto, la expresión literal era: “ Recordar los nuevos, que es mejor morir que perder la vida” básicamente se refería a que para permanecer en la escuela era mejor cumplir con los reglamentos de la misma y graduarse sin mayores problemas disciplinarios o, en el peor de los casos, si era dado de baja que fuera por cualquier razón sobrevenida como ser aplazado en alguna materia o por una enfermedad que impidiera continuar en el instituto o ser descartado de vuelo, en ese caso “morir” se asociaba a tener una muerte natural.

Por el contrario “perder la vida” estaba asociado esencialmente a sufrir penalidades o castigos por violación del reglamento interno de la escuela que conducía, inexorablemente, si no se corregía la actitud a tiempo, a la expulsión de la misma o graduarse con muy bajas calificaciones, lo que tendría consecuencias a lo largo de la carrera como profesional. Pero las diferentes situaciones que se debían vivir en la escuela bajo una presión constante, como parte del entrenamiento militar para “forjar” el carácter, muchas veces conducía a decidir entre morir o perder la vida, es decir entre cumplir la norma a raja tablas o saltarse alguna, de acuerdo con las circunstancias. Así que las decisiones oscilaban entre bueno o mejor o entre malo o peor o bueno o malo, pero el asunto es que se debía tomar decisiones constantemente.

Luego de la negativa del gobierno a aceptar unos términos comunes para conducir unas elecciones en un marco aceptable para la inmensa mayoría de los venezolanos, decidió salirse de las negociaciones y seguir el guion inconstitucional de la fraudulenta ANC adelantando las elecciones para el 22 de abril en clara violación a las leyes y reglamentos que regulan la materia electoral. Esto deja a la oposición democrática, incluyendo a la sociedad en general, en la condición de asistir o no a la convocatoria en las condiciones inaceptables que las están planteando.

No participar por las condiciones ya de todos conocidas y advertidas por la comunidad internacional, implica dejar que el gobierno vaya solo con algún candidato “opositor” que ya debe tener previsto para darle un mínimo de legitimidad a tamaño despropósito, para luego juramentarse ante la ANC y prorrogar por 6 años más su mandato. Impedir que esto ocurra sin la ayuda de la FAN – cosa que luce lejana- o de algún agente internacional -poco probable también- es cuesta arriba para la oposición que hasta ahora no ha dado señales de tener un plan para contrarrestar con eficiencia y eficacia política el resultado eleccionario ya cantado, ni de qué acciones deberán emprenderse para lograr el cambio de gobierno en el corto, mediano o largo plazo. Luce como que el régimen se perpetúe en el poder y la oposición, a la larga, desaparecerá por muerte natural. Es la opción de morir por respetar las reglas.

Participar, aun en las condiciones electorales conocidas pero que no son muchas más que las existentes en otras elecciones anteriores donde se han ganado alcaldías, gobernaciones y la mayoría calificada en la AN no debería subestimarse. Un mal gobierno con una crisis que empeorará en los próximos días, 80% de rechazo en la población que está esperando soluciones en el corto y mediano plazo y más del 60% del electorado que está dispuesto a participar en las elecciones, aún con las condiciones actuales, son realidades que la dirigencia opositora no debe desdeñar por la presión que se ejerce en las diferentes redes sociales en las que porcentualmente participa un grupo minoritario de electores.

Con organización electoral y un candidato de consenso dispuesto a dar la batalla electoralmente, podría unificarse nuevamente a la oposición para dar demostraciones de calle contundentes en rechazo al régimen con sus pretensiones de perpetuarse en el poder y hasta se podrían ganar las elecciones. En todo caso, de perderse, se podría seguir argumentando el fraude electoral ante la comunidad internacional y el posterior desconocimiento al gobierno, pero más importante aún se motivaría nuevamente a la sociedad para continuar la protesta en la calle, sería la opción de perder la vida por obviar las reglas, al menos en el intento.

¿Morir o perder la vida? Esas son las opciones

@lesterllopezo

 3 min


Jesús Elorza G.

Mientras esperaban la hora de las votaciones, para escoger el Comité Ejecutivo del Comité Olímpico Venezolano 2018-2022, los dirigentes deportivos conversaban animadamente sobre el balance de la gestión del eterno presidente Eduardo Álvarez.

Ese tipo, no le da paso a nadie, dijo mal humorado uno de los presentes. Lleva 14 años en el poder y aspira cuatro más y su desempeño no ha sido el mejor que digamos. Más que un balance, lo que refleja su actuación es un “Olímpico Prontuario”

Tienes toda la razón, señaló otro de los dirigentes, siempre me llamó poderosamente la atención que todos los integrantes del ejecutivo nacional llevaran puesta todo el día y a todas horas chaquetas deportivas con los símbolos olímpicos. Me pregunto, ¿Será, que todos ellos son deportistas? O por el contrario estarán usando de manera ilegal los anillos y las banderas olímpicas. Si esto último es verdad, entonces también me hago la siguiente pregunta ¿Quién o quienes autorizaron esta arbitrariedad?

También, pude notar, que el Programa de Solidaridad está siendo aplicado de forma contraria a los postulados del movimiento olímpico. Se aplica con criterios excluyentes y claramente ideologizados.

- ¿Cómo es eso? preguntó alguien

Bueno, en primer lugar, debo destacar que todo lo concerniente al intercambio de entrenadores deportivos se concentró en la traída de 10.000 cubanos cuya función fue la de impulsar a nivel del programa Barrio Adentro Deportivo los fundamentos ideológicos del Socialismo del Siglo XXI, y nada que ver con los fundamentos técnicos deportivos. Además, este hecho constituye una violación a los derechos laborales de los docentes deportivos venezolanos…. Los importados son pagados en dólares al régimen cubano y a los criollos se les paga en bolívares devaluados. También, esa política representa una agresión contra las universidades nacionales que tienen programas de formación de docentes deportivos.

En segundo lugar, queda en evidencia lo señalado en su momento por la revista colombiana “Cambio” que en su edición del 20 de octubre 2006 denunció que representantes olímpicos de Cuba y Venezuela durante los Juegos Centroamericanos de Cartagena, estaban haciendo proselitismo político en busca de afectos a la causa chavista en las barriadas colombianas, escudándose en el programa de solidaridad.

En tercer lugar, no sé si te diste cuenta que el sistema de seguridad de las instalaciones del Comité Olímpico Venezolano está en manos de “Los Guardias Rojos Tupamaros” grupo paramilitar que actúa al margen de la ley.

Creo que el presidente Eduardo es un fiel seguidor de la doctrina fascista de Juan Antonio Samaranch, quien durante su mandato olímpico en España era miembro activo de la Falange identificada como los Camisas Azules, milicia fascista organizada como un instrumento de acción violenta contra sus oponentes políticos o sociales. Allí encuadra perfectamente la protección que hacen los Tupamaros de la sede olímpica. Rodeado de colectivos paramilitares para atemorizar a todos aquellos que tengan una posición contraria a lo que él decida.

- Otro intervino para señalar que en términos de pronósticos de resultados, han sido el hazme reír de América y el mundo. No han pegado ninguna de sus afirmaciones. Y lo que es más grave, es la perdida de la hegemonía que tenía el país en los Juegos Deportivos Bolivarianos. Con la gestión de este señor, ahora estamos detrás de Colombia por más de ¡¡¡100 medallas de Oro!!!

- No pasemos por alto, dijo un atleta presente en la reunión, que por razones ocultas o de segundas intenciones, se han dedicado a la tarea de solicitar todas las sedes posibles de eventos deportivos internacionales: Bolivarianos, Centroamericanos y Panamericanos.

No me sorprendería, que en cualquier momento soliciten la sede de los Juegos Olímpicos y cuidado si en esta locura solicitan la sede de los juegos de ¡¡¡Invierno!!! para la ciudad de Maracaibo que posee un pista de patinaje sobre hielo.Tampoco olvidemos, la implementación de los Juegos del ALBA ni la propuesta de los juegos de la OPEP.

Disculpa que te interrumpa, expresó otro de los atletas, a raíz del escándalo de la FIFA, creo que esa política de pedir sedes de lo que sea, es para meterse unos billetes, tal como está demostrado en el escándalo de la Copa América 2007.

Luego, estos jerarcas “y que olímpicos” para asegurar su permanencia en el cargo, introdujeron un articulado en la Ley del Deporte en los cuales queda claramente establecido que la base piramidal de la organización deportiva estará en manos de los Consejos Comunales, estructuras estas que dependen directa y exclusivamente del Presidente de la República. Es decir, mi querido amigo, que copiaron al pie de la letra la legislación de los regímenes de Corea del Norte, China y Cuba. Solidificando, como lo hizo anteriormente Samaranch, el espíritu fascista en el área deportiva del país.- Un abogado, intervino para señalar que en materia legislativa, la cosa va más allá. Álvarez y su combo promovieron una modificación de los estatutos del COV, para hacer permisible que un funcionario de gobierno fuese a su vez presidente o miembro del comité ejecutivo del olimpismo.

Otros temas, que salieron a relucir sobre el balance de la actuación del eterno presidente del Comité Olímpico fueron: el maletinazo para la compra de conciencias que ocurrió en los Juegos Olímpicos de Sidney- Australia, la falta de transparencia en el manejo de los aportes económicos de los programas Solidaridad Olímpica y “The Olimpic Paretner”, los intereses producidos por las colocaciones en el Biscayne Bank y el Inter Credit Bank de Florida, Estados Unidos y el intervencionismo en el sector deportivo federado para no permitirle el registro a aquellas federaciones que estén en su contra.

La interesante conversación entre algunos de los dirigentes deportivos, fue interrumpida por el presidente de la Comisión Electoral al anunciar los resultados del proceso electoral. Imitando a Tibisay Lucena, anunció que los resultados eran irreversibles.

De un universo con derecho a voto de 47 federaciones, solo hicieron acto de presencia 36. Y nuevamente el camarada Eduardo es reelecto para presidir el COV con 35 votos para el periodo 2018-2022.

Demás está decirles que agotaremos todos los esfuerzos para detectar al traidor a la patria, que no permitió una elección unánime de nuestro eterno líder olímpico.

Los dirigentes que observaban el proceso, casi al unísono expresaron, que una vez más el servilismo complaciente de los federativos hizo, de la asamblea olímpica, una Sociedad de Cómplices.

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En la oposición hay una pública, y en ocasiones, ruda discusión sobre la forma de participar en las próximas elecciones presidenciales. Unos, desde una trinchera, plantean ir a troche y moche a elecciones, mientras que otros, en otra fosa, plantean lo contrario: abstenerse. Esto es un craso error, porque las dos opciones pueden ser un gran barranco para todo el país, o por el contrario, podría y debería ser transformado en parte del camino para salir del estalinismo gobernante. Veamos algunos posibles escenarios.

En el primer caso, que es seguir tal como estamos hoy, con unos actores políticos que votan en las condiciones electorales actuales, mientras que otros no lo hacen y continúan cuestionando a los que “cohabitan con el régimen”, estaríamos ante el peor escenario, porque esa dicotomía le da el triunfo al régimen, mientras que ambos bandos salen con tremenda derrota, aunque ambos culpándose como en el pasado reciente. Es menester señalar que la razón por la cual hoy el pueblo opositor anda confundido, frustrado y desmovilizado se debe a esa división y descalificación mutua.

En un segundo escenario en el que todas las fuerzas acuerden participar en el sufragio, incluyendo a los que hoy lo niegan, un supuesto que parece negado, existiría la posibilidad de ganarle al gobierno actual por el alto rechazo que tiene en la población, el 80 % según dicen las encuestas. Pero también existe la posibilidad de que el régimen haga trampa, por no querer entregar el poder y por ser claramente antidemocrático. Para este escamoteo contaría con la participación activa de la oficina electoral del régimen. Qué duda cabe.

En una tercera eventualidad, en la que toda la oposición decida no acudir al evento comicial presidencial, incluyendo a los que hoy llaman a votar de todas / todas, el ente electoral también tendría aquiescencia perruna y participaría camuflando la baja participación electoral del pueblo venezolano, y veríamos muchos centros nucleados en un solo espacio geográfico aglomerando a la gente. Podemos imaginar fácilmente a la red de medios públicos y a Telesur en los centros electorales concentrados, pero ni de broma pasarían por los desolados, la mayoría. Ya en las elecciones fraudulentas de la asamblea nacional constituyente nos dieron claras muestras de lo que son capaces, donde la participación fue muy baja, pero el “escenario del crimen” fue modificado.

Hay una cuarta opción, votando o absteniéndose, pero en la que el evento electoral adquiere una importancia estratégica para desnudar al régimen, repito con participación o no, para lo cual hay que desarrollar una febril actividad antes, durante y después del día de elecciones. Previamente exigiendo condiciones electorales constantemente, demostrar el uso de bienes públicos, el desequilibrio durante la campaña, la parcialización del ente electoral y anunciando la ilegitimidad del mandón escogido. Durante la votación demostrar la cuantía de la asistencia al evento electoral, sacar a la luz los abusos de los uniformados, los colectivos y de los funcionarios electorales, y si se participa tener las pruebas del triunfo en la mano, es decir las actas de votación. Inmediatamente después del evento electoral, demostrar el fraude, denunciando de manera conjunta y masiva el desconocimiento de la voluntad del pueblo. No como ocurrió con Andrés Velázquez que estaba como ánima sola reclamando la gobernación que fue robada.

Este último escenario, votando o no, requiere la construcción de una Unidad Superior, es decir, el consenso entre los actores políticos, incluyendo al chavismo disidente, y a la sociedad civil organizada, con grandeza y sin mezquindades, de lo que no estoy seguro. Requiere la movilización y la protesta pacífica del pueblo alrededor de los hechos político/electorales, pero sobre todo sobre lo social, vinculándose con el sufrimiento del pueblo; un “Pacto de Gobernabilidad” que sea el sendero por el cual transitará el nuevo gobierno democrático y que implica el relanzamiento del país, las oportunidades para el progreso de todos y el encuentro entre los venezolanos; un líder único y unitario, que motive y genere esperanzas en este pueblo tan golpeado; y los requisitos de toda campaña, se vote o no: estrategia, discurso y acciones unitarias.

Es posible derrotar al socialismo estalinista gobernante

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Maxim Ross

La situación de la principal industria venezolana y de su empresa gestora no puede ser más crítica. Es muy posible que no exista un precedente similar en nuestra historia petrolera, incluyendo la excepción de la crisis política del 2003, pues efectivamente hubo momentos en que la empresa dejo declinar la producción sensiblemente, pero nunca se produjeron una serie de acontecimientos parecidos a la situación actual. El hecho de que se presenten, simultáneamente, fallas financieras, operativas, gerenciales y directivas debe llamarnos la atención, porque podría decirse que PDVSA “sufre una crisis sistémica”, aunque prefiero no calificarla de esa manera.

Su situación no es producto de una mezcla de circunstancias atribuibles al mercado petrolero, o a la inercia natural de manejo de ese negocio, sino el resultado de un conjunto de ideas y de políticas expresamente diseñadas[1], que la han llevado a donde se encuentra ahora. Por ello creo erróneo enfocarla desde esta perspectiva porque, como he defendido en un artículo anterior[2], no responde a ese modelo de análisis y, por consecuencia, tampoco las soluciones que se vienen proponiendo.

Sugiero que el tema sea analizado desde dos terrenos diferentes. Por una parte y desde luego, porque es consecuencia de las decisiones adoptadas por la llamada “revolución bolivariana” y, por la otra, por el tipo de ideas y de doctrinas que han privado para manejar nuestra industria petrolera, las cuales, a mi juicio, tienen mucho más importancia que la que le atribuimos. ¡Son esas ideas las que la han llevado hasta allí!

El “enfoque bolivariano”

Si se comienza por decir que “el mérito” no es importante en el manejo de una empresa o de una institución, comience Ud. a preguntarse a que destino puede conducirla. Si a ello le agrega que tiene que estar al servicio del “desarrollo nacional” le pone un apellido de tan alta generalidad que cualquier cosa puede caber dentro de él. Si además, dice, expresamente, que tiene que estar al “servicio del pueblo” cierra el circuito de lo que puede y pudo venir. Si, luego, le atribuye facultades geopolíticas, soluciones “planetarias” y la pone al servicio de la necesidad de mantener un gobierno en el poder, se podrá entender, sin siquiera poner un numero por delante, porque llego hasta allí.

Si luego se dice que es “roja rojita”, se despiden ¡20.000 personas! por un conflicto político que destruye toda la gerencia y el conocimiento acumulado durante años y ahora resulta que sus principales directivos e ideólogos están siendo perseguidos y señalados por actos de corrupción, es fácil entender cómo se encuentra. Si se le añade el apellido que está en la ruta del Socialismo del Siglo XXI, que es una empresa “antiimperialista” y que es una herramienta de cambio del orden internacional no nos puede extrañar la gravedad de su enfermedad.

El “enfoque bolivariano” en números.

Para que no se crea que aquellas “ideas” quedaron en la retórica los números respaldan que se convirtieron en una realidad. Por ejemplo, un expreso, pero no declarado abiertamente, abandono de nuestro principal mercado, el más rentable, casi seguro, cercano, accesible, menos competido y mejor pagador lleva a la situación de caja que enfrenta la empresa. Si se le suma la supuestamente filantrópica política de “petróleo barato y financiado a largo plazo” para el Caribe y otros países, se explica la magnitud del déficit, pero también ¡unos cuantos votos donde se necesiten![3]

Si luego se abandona, también expresamente, la política de conseguir mercados, mediante inversiones fuera de Venezuela, tales que el crudo venezolano se consolide en mercados de alto valor, perdimos regiones consumidoras de gran beneficio. Conquistar el mercado europeo, americano, japonés u otro por esta vía parecía obra del “sentido común”.

Sumemos lo que no se invirtió en mantener la capacidad productiva, fuese en exploración explotación, comercialización o refinación y poner sumas impensables al “servicio del pueblo” al convertir PDVSA en un “Estado paralelo”, haciendo casas, “sembrando el petróleo”, etc., etc. La inmensa cifra de más de US$ 100.000 millones dedicados a “Gastos de Desarrollo Social” da una idea de cómo se transgredieron las normas básicas de su crecimiento. Allí está la explicación de porqué perdimos ¡1.000.000 de barriles diarios en producción! y estemos comprando derivados en el exterior.[4]

Para cerrar la confirmación de estas “ideas” en números véanse los datos financieros y de deuda: De unos US$ 3,5 mil millones de deuda financiera en 1999, esta fue llevada a cerca de US$ 45 mil millones en el 2007, razón por la cual su servicio grava severamente sus resultados financieros y estén afectando tan sensiblemente su situación y la de Venezuela. Atrasos reiterados con sus principales proveedores, cerrar con la política de expropiaciones sucesivas y culminar en demandas internacionales en su contra va diciendo lo que le fue sucediendo.

Ideas que están detrás.

Sin embargo, soy de la opinión de que la situación de PDVSA tiene otros orígenes más profundos y derivados de las ideas y del campo de doctrina que ha dominado el negocio petrolero en Venezuela. Cuando nos colocamos en ellos se originan paradigmas y dilemas irreconciliables que guiaron la industria y que han llevado a posiciones “pendulares”. Saltos de una a otra conducta. El ejemplo de la crítica a la apertura petrolera de mediados de los 90 al “cierre” posterior es muy claro en ese sentido. Examinemos de qué se trata.

¿Cerrar los grifos?

Quizás nos extrañe traer estos conceptos a nuestro tiempo pero, aunque simbólicos se han mantenido hasta hoy. Desde que Perez Alfonzo la puso en boga no hemos dejado de clamar por “controlar la producción” para defender los precios internacionales del crudo. De allí al paradigma OPEP un solo paso, pero tenemos unos 50 años debatiendo si nos vamos o nos quedamos allí. Si bien ha privado la tesis de permanecer dentro de la organización, muchos de los mercados perdidos se deben a la consigna: “Mas producción y vender más” es “regalar nuestro precioso recurso” En ese debate se ha mantenido la industria con el resultado que tenemos hoy.

¡La defensa de los precios!

No se puede negar que, en este mundo de los grandes poderes jugar a ser uno tiene sentido y más si se está coaligado. El dilema de “salirse o no de la OPEP” no es la única opción para defender los precios. Se gana poder de decisión creciendo y ganando posiciones de mercado. Mejor ejemplo que el de Estados Unidos, Rusia y Saudí Arabia no hay. ¡Todos ganan terreno y mercados. Nosotros no! Al unir esta tesis con aquella de no “venderle al imperialismo” completamos el circuito de nuestra “potencia petrolera” Venezuela, pionera de la OPEP, no tiene hoy “ni voz, ni voto” en sus grandes decisiones.

Desde que se creó la OPEP hasta ahora esta ha sido la casi única, por no decir “única” política consistente que hemos sostenido, lo cual podría considerarse un logro si no fuera porque deja a la industria (y al país) totalmente dependientes de los altibajos del mercado internacional y su gran componente geopolítico. Volatilidad en los precios o caídas seculares explican bastante la situación de la empresa. De un barril en US$ 140 a uno en US$ 35 da cuenta del resultado. Detrás de ella: ¡la consistencia de esa política!

Se ha dicho que es una “herejía” refutar la política de defensa de los precios por otra de desarrollo de inversiones y conquista de mercados, pero seguramente estaría PDVSA en otra posición de haber realizado este giro a tiempo. Imagínese la posición de mercado que se habría obtenido. Quizás una opción más equilibrada y menos extrema de estos dos idearios sería un buen corolario para nuestro tiempo.

De la Apertura a Fundapatria.

Si Perez Alfonzo reviviera sentiría la gran satisfacción de “ver su sueño coronado” en esa esclarecida fundación, porque la necesidad nos llevó al otro extremo. La “traición” había sido consumada: regalado el crudo, convenida la “regalía” y la entrega al extranjero de la “preciosa Faja”. Había que revertir plenamente ese modelo y de allí a la PDVSA propietaria, la del 60% en todo el negocio y la salida de las grandes firmas[5]. Nosotros, de nuevo “dueños de nuestro crudo” y de nuestra “renta”.

La raíz del problema: ¿renta petrolera?

Desde hace mucho tiempo venimos repitiendo la aseveración y la leyenda de la “renta y del rentismo” y no nos hemos puesto a pensar cuanta validez tiene esta visión y como puede haber influido en la situación de PDVSA. Hemos dado por sentado que petróleo y renta son “una y la misma cosa” y quedamos entrampados y marcados por esa tesis, tanto que tiene defensores de alto calibre técnico, científico y político.

¿Qué tal si, por un momento nos detenemos a pensar cuanta validez tiene esa tesis? Porque, si no fuera así y el excedente petrolero fuera algo más que renta o, casi todo no renta, la perspectiva sobre el tema cambiaría radicalmente[6]. Si, como cualquier otra actividad económica produce beneficios, salarios y renta, entonces ese edificio pierde su principal fundación. Todo el andamiaje ideológico y político que se ha montado sobre el “reclamo y el reparto de la renta” en Venezuela podría cuestionarse rigurosamente

PDVSA ha sido víctima de él y está en el medio de ese conflicto porque es ella, y solo ella, quien provee los recursos a “reclamar y repartir” y sobre ella recaen todas las presiones para tomar una parte de la “tajada”. Esa “gallina de los huevos de oro” tiene que proveerlo todo porque la “renta” nos pertenece. Hay que “capturarla” en los mercados internacionales, apropiarla y conducirla al mejor destino nacional. Es lo que se ha hecho en todos estos años y allí están los resultados

De allí a la necesidad de defender eso ¡que es nuestro!, que proviene de nuestro suelo soberano y ¿Quién más que el Estado pueda hacerlo?, digno representante de los intereses nacionales. Toda la estructura institucional y constitucional venezolana está montada sobre esta tesis. La extrapolación venezolana fue y ha sido llevada hasta el límite, donde nacionalismo, soberanía, dependencia y todas esas consignas están edificadas en esa tesis. Luego: ¿Quién mejor para defenderla?

“El Estado soy yo”

Todo el circuito de razonamiento que propongo no tiene otra intención que convencer a mis lectores de que el “tema PDVSA” va más allá de los números operativos, financieros y comerciales que, si bien son ciertos, son consecuencia de una visión petrolera que ha marcado la vida y conducta de la industria. Cuando digo lo del título y le atribuyo esta conocida frase, lo que quiero decir es que, detrás de ella, se esconde esa pervertida manera en que se manejó el petróleo en Venezuela. Pervertida por dejar en manos de un solo ente, el monopolio estatal, el destino de toda la sociedad venezolana, sin que esta tenga la más mínima posibilidad de intervenir en su dirección. Si “a ver vamos” este modelo de gestión no parece ser muy exitoso.

PDVSA ha sido y sigue siendo la misma “caja negra” que caracterizó la industria desde sus inicios hasta hoy. De “enclave externo” paso a “enclave interno” y, por más intentos que se han hecho para “democratizarla” siempre queda en manos de quien gane las elecciones presidenciales, porque allí es donde está la perversión.

El hecho de que el Presidente de la Republica que elegimos, cada 4 años, cada 6 o ahora indefinidamente, sea el dueño y señor de la empresa, como único accionista decisivo de una Asamblea que nadie nombro, ni escogió, indica el grado de la aberración a la que se ha llegado. Mientras Venezuela siga pensando el tema petrolero de esta manera, apegada a consignas simplistas y anacrónicas, siempre resueltas en los extremos del “péndulo” a PDVSA le sucederá mañana (si llega) lo mismo que hoy.

No se trata de “sanear” las cuentas, de pagar la deuda, actualizar los equipos, producir más o seguir en el Comité de Monitoreo de la OPEP. Tampoco de colocar un hombre honesto al frente de ella. NO. Es cuestión de evaluar sincera y honestamente las ideas que hemos practicado a lo largo de estos años y revisar el formato de decisiones inmaduras que llevaron a PDVSA hasta allí.

[1] Ciertamente se podría decir que “erróneas políticas conducen a una crisis”, pero ese no es el caso como se verá.

[2] Ver “No estamos en una crisis”

[3] No olvidemos que esa política ya tenía precedentes en el Acuerdo de San Jose, pero con la prudencia necesaria para no comprometer la vida de la empresa.

[4] Puede entenderse que estos loables propósitos sean producto de los objetivos sociales (llamados de responsabilidad social empresarial) que están practicando las firmas privadas y estatales en el mundo de hoy, pero muy seguramente lo están haciendo resguardando, y no poniendo en peligro. la solvencia y la existencia misma de la empresa. PDVSA es un único caso se estas experiencias.

[5] Después, algo después, la realidad condujo a “flexibilizar” la formula y, si mantener ese %, pero entregando la Gerencia, el control de las operaciones y el sistema de servicios conexos.

[6] Al momento de escribir estas notas desarrollo un ensayo sobre el tema que pronto saldrá a publicación.

 10 min


Oscar Tenreiro

Ayer 2 de Febrero hablé en la Universidad Politécnica de Alicante, tal como lo había hecho en la Politécnica de Valencia insistiendo en la indisoluble relación entre nuestra disciplina y el contexto, el cual definí en el caso venezolano como hostil. Al final se me acercaron dos estudiantes, ella de San Cristóbal, él de Caracas, y tal vez porque me parecieron mis nietos o por lo que acababa de decir sobre recuperar nuestro futuro, los abracé y pensé por un momento, emocionado, en tantos de los míos que, como a ellos, se les ha arrebatado su país. Horas después, de nuevo en casa de mi hija, me entero de los últimos acontecimientos (la prisión de Aristeguieta, cuyo sobrino es de mi familia, su hermano Adolfo, fallecido, mi amigo) y llego a algún artículo que hablando de eso insiste en la tarea absurda y negativa –inquinas personales o mezquindad– en hablar horrores de la MUD, hoy afectada por un descrédito que es el mayor triunfo que ha logrado la Dictadura, alimentado, no por los comprensibles errores de la MUD, sino por la estupidez de los iracundos y sabihondos.

Y negándome a situarme en 2018 como en 1958, voy a lo mío: la urgencia de centrarse en la participación en las elecciones chimbas convocadas por el Régimen, el peor error que han cometido. Ordeno mis razones:

  1. Comencemos con la situación catastrófica que estamos viviendo. ¿Es posible pensar que alguien que no sea enchufado o ideologizado –grupos de la población que no suman demasiado en números– va a votar a favor de un gobierno que ha sido el responsable del caos? No lo creo, la gente no es tonta: tenemos puesta la mesa para derrotar al gobierno.
  2. Estamos todos claros, y el gobierno lo sabe, que las elecciones son ilegales. El que gane de la oposición–esto es muy importante– no puede aspirar a quedar como Presidente. Primero las artimañas dictatoriales y el miedo de la camarilla no se lo permitiría y segundo porque él deberá saber que no es Presidente constitucional y que su papel será de líder conductor hacia el enfrentamiento civil que tendrá que ser definitivo, elecciones ganadas en mano, con la camarilla gobernante, incluida su falsa constituyente, para alejarlos del Poder. Ya veremos lo que ocurrirá. Los militares democráticos tendrán –la catástrofe la conocen ellos– una oportunidad clara para decir su palabra. Tendrán ante ellos los resultados electorales –actas en nuestro poder– presencia de calle y presión internacional, y resultará obvio, y las cosas obvias terminan imponiéndose, que la Asamblea Nacional verdaderamente legal intervenga para establecer los procesos jurídicos –nuevo CNE. nuevo Tribunal Supremo– que conduzcan hacia unas elecciones constitucionales con participación garantizada y democrática, sin privilegios, del chavismo. Y la oposición deberá elegir en primarias sin inhabilitados su candidato, quien podrá ser, o no, el líder que compitió en estas elecciones chimbas.
  3. ¿Porqué creo que lo que acabo de decir será posible? En primer término porque la catástrofe hará con seguridad que se caliente la calle (tanto durante la campaña electoral como con un triunfo) y se haga sentir, si no en marchas –que siempre terminan en fallidos traslados dentro de la ciudad– sí en concentraciones presididas por nuestro líder, primero como candidato, luego triunfante, líder coyuntural (razón por la que debemos aceptar a quien elija el cogollo) y además porque no es tan fácil, en clima post electoral y en definitiva bajo la cercana y tensa mirada internacional, reprimir con éxito una o varias grandes concentraciones (las marchas, cerrándoles simplemente el paso, son mucho más vulnerables y se disuelven por sí mismas). Un líder, sea quien sea, hablará por nosotros y contribuirá a unirnos hablando claro, duramente como lo necesitamos todos, porque dura es la tragedia que nos afecta.
  4. Todo lo anterior sólo será posible en la medida en que en lugar de refugiarnos vía Internet en redes sociales que como se ha dicho ya bastante por todo el mundo, respecto a las cuestiones político-electorales se revelan muy manipulables (en Francia estudian penalizar las noticias falsas en tiempos de elecciones), lo que debemos es hacer campaña directa, promover reuniones, acercarnos a los votantes CLAP y los del desvalido mundo rural, para lograr una presencia masiva tanto en el voto como en el control del voto, hasta ahora dejado sólo a los partidos.

La lucha es pues por ir a votar para convertir estas elecciones chimbas en un paso esencial para el desmontaje de la camarilla, lo cual también interesa al chavismo democrático

Termino diciendo algunas cosas sobre quien soy, por ejemplo que no estoy afiliado a ningún partido, soy un profesional, un profesor si se quiere; luego, que culpo de muy poco a quienes han hecho política contra el Régimen, es más, los admiro y apoyo; que no creo en militares sino en personas, y mucho menos en golpes militares; pienso, eso sí, que ellos están obligados a respetar la Constitución vigente y no obedecerle a ninguna camarilla; aclaro que no sueño, ni en broma, con marines o cascos azules; no pertenezco a ninguna mafia; no vivo en Miami ni me interesa comprar un apartamento en ninguna parte del mundo y aún menos allí, porque, entre otras cosas, estoy arruinado como el país y dependo de mis hijos; y la última, no soy, ni me interesa ser, una persona pública; soy uno más del montón que no quiere dictaduras en el Poder y reivindico la historia de mi país para decirlo.

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La definición de exilio es: “pena que consiste en expulsar o hacer salir a una persona de un país o de un territorio”. Nunca tan bien dicho, el exilio es una pena, en la plenitud de los sentidos de la palabra, un torcimiento del destino contra la voluntad del que se va, dejando un vacío en el alma que perdurará por siempre. Nadie quiere alejarse de su casa, de sus afectos, de sus sabores, en definitiva, de todo aquello que le es familiar, que marca su manera de pertenecer a esa patria mayor que es la humanidad. Si además, el exilio se produce en lugares con condiciones climáticas adversas –que para un venezolano es todo aquello que esté más arriba del Cabo de San Román y más al sur del nacimiento del río Ararí– la vida se nos vuelve gris porque el frío duele. Alejar a un venezolano de su tierra, fue siempre uno de los castigos predilectos de nuestros dictadores. Lo que llamaban “pena de extrañamiento”. Otra palabra, esta última, también significativa, porque es “la acción o resultado de extrañar y extrañarse”, es decir añorar lo que eras y sorprendente de lo nuevo a lo que habrás de adaptarte.

Los artistas venezolanos, cada vez más, vamos a donde están nuestros paisanos a llevarles el pedazo del país que cada uno de nosotros ha sabido transformar en arte según los dones que hemos recibido. Eso que antes hacían solo los consagrados de nuestra tierra frente a las multitudes que los seguían por el mundo, lo hacemos artistas más modestos, en teatros más grandes o pequeños, para llegar a ese creciente número de venezolanos que por las razones conocidas ha tenido que mudarse de destino. Lugares cercanos y cálidos como Panamá, remotos y fríos como Stavanger en Noruega; desde la lluviosa Escocia, hasta la lejana Australia; en Estados Unidos –naturalmente– en esa sucursal caraqueña que es Miami y en la remota Utah; por el resto del continente americano podríamos repasar el Himno a las Américas, que en todos los países hay venezolanos. Quién se podría haber imaginado que viviríamos en el desierto, en Dubái, en Japón o en Moscú; que transitar las calles de Madrid y encontrar paisanos en sus aceras, en las tiendas o en los taxis sería algo común. Hay una verdadera diáspora: esparcidos andamos por el mundo como si la misteriosa lotería de la maldad nos hubiese separado a propósito, para sumar a nuestra división adentro, nuestra separación fuera.

La nostalgia del exiliado la percibimos los artistas con mayor claridad: como nuestros paisanos nos conocen por la calle y nos paran, llevamos una azarosa estadística de ausencias y dolores, de dificultades, apuros y llantos. También de éxitos fundados en el talento, en el ingenio, en el saber y en el esfuerzo. De todo hay en inmenso exilio venezolano: desde el que reproduce mañas y ancestrales vicios, hasta el que se afana de una manera que jamás imaginó en casa, con una fuerza interior que nunca creyó tener. Estos, para alegría de nuestro gentilicio, constituyen la inmensa mayoría. El venezolano del exilio es honesto, trabajador, estudioso, prudente, ahorrativo y –sobre todo– portador de esa sabia humildad que quien se aleja de su patria conoce bien, tragando grueso a veces, dejando pasar inhóspitos comentarios otras tantas y haciendo de fontanero con su título de ingeniero “cum laude”, debidamente apostillado, guardado en el armario de su casa.

El mundo se ha ido llenado de venezolanos de éxito. No solo porque muchos han triunfado en honestos negocios construidos con sacrificio, con suerte o con ambas, sino también por el éxito cotidiano, con el que más frecuentemente –para mi agrado– trabo contacto: el de sacar adelante una familia, el de ayudar de mil maneras desde la distancia, haciendo algo por los que se quedaron y la pasan mal. Me refiero al éxito de la bondad que hallo en los corazones de la gente de mi tierra y me conmueven cuando abrazo a un muchacho helado que hace “delivery” en una bicicleta bajo la nieve de Madrid y me pide una foto que me enaltece por posar al lado de su coraje.

Vuelvo a casa cargado con las alegrías y los dolores de mi gente, con su generosidad y su bondad infinita, sus sueños de vuelta y su esperanza inexpropiable. Una chica del sistema toca el violín y sale corriendo a otro trabajo luego de acompañar al joven cantante que nos abre la presentación, venezolano también. Un humorista que se fue a Tenerife me dice que sería un honor presentarme y se luce, otro en Espinho hace magia en el escenario y también para vivir. Un paisano que comenzó de camarero tiene su propio restaurante en Bizkaia, siendo dueño sigue de mesonero porque él aprendió a servir. Empanadas en Madeira, arepas en Madrid, cachapas en Bilbao, nuestra cocina toma el mundo y aunque los de allá los llamen “palitos rellenos de queso”, nuestros tequeños son inconfundibles. Da gusto ver a los gringos que salen de ver Piaf hacer comentarios en inglés sobre lo maravillosa que es Mariaca en inglés; en Viena un médico que da conferencias por el mundo para salvar corazones; en Deusto el padre Mikel de Viana da cursos a los que quisiera asistir en Caracas; Ramírez triunfa en Hollywood, en todas partes la gente del petróleo hace proezas y estudiantes nuestros brillando en las universidades del mundo. La lista es larga y el espacio breve. Mientras unos insisten en hundirnos, el alma venezolana, dentro y fuera insiste en salir a flote, en mostrar que somos de una madera insumergible, madera fina.

Sé que esto también pasará y que esa diáspora volverá para ayudar a la reconstrucción.

En este duro momento, por esas inexplicables circunstancias del azar vino a la memoria el poema que Borges escribe “para a una versión del I King”:

“El porvenir es tan irrevocable

como el rígido ayer. No hay una cosa

que no sea una letra silenciosa

de la eterna escritura indescifrable

cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja

de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida

es la senda futura y recorrida.

Nada nos dice adiós. Nada nos deja.

No te rindas. La ergástula es oscura,

la firme trama es de incesante hierro,

pero en algún recodo de tu encierro

puede haber un descuido, una hendidura.

El camino es fatal como la flecha

pero en las grietas está Dios, que acecha”.

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