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Opinión

Antonio José de Sucre fue uno de los héroes de la independencia latinoamericana más laureado y admirado en su tiempo. Venezolano y Cumanés a carta cabal, gran amigo de Bolívar, no en balde, el libertador ante su caída en Berruecos lo lloró y lo llamó el Abel de nuestra América. Amante de las letras, se afanaba por escribir todo lo que soñaba y convertía en realidad.

En su libro “De mi propia mano” veremos cómo en su corta, pero intensa vida, Sucre va desde cadete en 1808 hasta General en Jefe, Comandante General y Gran Mariscal en 1824, incluyendo ministro de Marina y Guerra en 1820. Fue Gobernador de la antigua Guayana y Comandante General del Bajo Orinoco en 1817 hasta presidente fundador de la República de Bolivia en 1826.

En el Poder Legislativo fue Diputado en 1819, Senador por el departamento de Orinoco en 1822, y presidente del Congreso Grancolombiano en 1830. En la diplomacia, Sucre de veinticinco años fue Comisionado para concertar el Armisticio y el Tratado de Regularización de la Guerra en 1820; plenipotenciario extraordinario ante Quito en 1821; lleva facultades totales diplomáticas y de fuerza de Colombia al Perú en 1823, y se le expide credencial amplia para tratar con los gobiernos de Chile y Buenos Aires.

En la rama judicial fundó e instaló la Corte Suprema de Justicia en Cuenca 1822 y la Corte Superior de Justicia Boliviana de 1826. Por último, para redondear su eximia personalidad, en la esfera máxima de la cultura se ocupa de las universidades de Bolivia en 1825, y aunque no fue periodista auspicia y funda órganos de prensa.

En esta Venezuela del siglo XXI debemos reivindicar no solo el patriotismo de nuestros libertadores. Hoy más que nunca habrá que insistir en el llamado a construir el futuro de la patria buena, forjada con los valores de ciudadanía y libertad traídos a estas tierras por venezolanos como Antonio José de Sucre.

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Luis Manuel Esculpi

Las formas ya no importan. Los obsesiona la conservación del poder. Convocan elecciones sin intenciones de realizar un proceso pulcro. Ayer el CNE -como siempre- cumpliendo instrucciones, debe haber fijado fecha. Sí en anteriores no tuvieron que recurrir a la trampa más descarada, ahora sin el menor recato la emplean, es la única manera de asegurarse no perder. Ya no sólo inhabilitan candidatos competitivos, también organizaciones políticas. Pretenden vender la idea de una normalidad y una paz inexistente.

La crisis económica y social les estalla por todas partes, aliviarla y superarla implicaría un cambio sustancial en la política, que no están en disposición de emprender. Ella no se puede ni siquiera mitigar con las aisladas decisiones que adoptan. El invento de los bonos periódicos pretenden ser paliativos pero ni siquiera cumplen ese cometido. El aferrarse a viejas y fracasadas fórmulas les impide cambiar el rumbo y virar en una dirección distinta, están incapacitados para hacerlo, mientras tanto la economía continúa deteriorándose con sus inevitables consecuencias en la vida de los venezolanos.

La situación es verdaderamente dramática tal como se manifestó en el Foro de la Fundación Espacio Abierto realizado el pasado sábado titulado: Hambre, desnutrición y salud, que con la participación del diputado Omar Barboza Presidente de la Asamblea Nacional, la Doctora Susana Rafalli nutricionista y asesora del programa humanitario de Cáritas y el internista y ex ministro de Sanidad el Doctor José Félix Oletta.

La Dra. Raffali expresó que el trabajo de asistencia está centrado en “menores de cinco años y que en nuestro país alcanza la cifra alarmante del 15% de esa población” lo que nos sitúa al borde de declarar la emergencia de acuerdo a lo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS); estamos colocados “en la triste posición de tener el peor desempeño alimentario de la región: de dos millones de latinoamericanos que ingresaron a la categoría de sub alimentados en los últimos tres años, un millón ochocientos mil son venezolanos”. Solo estos dos datos suministrados por la especialista, en su interesante y dramática exposición debieran constituir motivo suficiente para conmover a los jerarcas del gobierno, y disponerse a abrir el canal humanitario que ha sido solicitado por distintas organizaciones nacionales e internacionales.

El Doctor Oletta denunció que se ocultan la información sobre 72 enfermedades de notificación obligatoria. Afirmó: “dependemos en un 90% de medicina importadas, la disponibilidad de hipertensivos, antibióticos y sicotrópicos alcanza apenas un 2%. Hay un millón y medio de niños sin vacunar o con vacunas incompletas”.
El Diputado Omar Barboza manifestó la intención del órgano que preside de promover una Alianza Nacional para la Solidaridad Humanitaria con la finalidad de estimular y apoyar a las instituciones que hacen esfuerzos para aliviar la crisis y buscan soluciones de fondo a la gravísima problemática planteada.

En esta oportunidad he considerado conveniente destacar algunos aspectos puntuales de las ponencias en un Foro de la Fundación Espacio Abierto, con la finalidad de destacar la inmensa distancia existente entre el discurso y las preocupaciones del gobierno con la realidad. Lo alarmante de las cifras que revelan un gran retroceso en materia de nutrición y salud, con los índices que alguna vez poseímos en ambos renglones

El encuentro del sábado fue una pequeña muestra de la existencia en el país de profesionales especializados, de una gran sensibilidad social, con dedicación y sentido solidario a estudiar y proponer soluciones en el corto, mediano y largo plazo en todas las áreas del conocimiento, dispuestos a dar su contribución para salir de la crisis.

Lamentablemente el gobierno actual -tal como describimos inicialmente- anda por otros senderos y no está disponible para oír las voces autorizadas y hacerle frente a la terrible situación que confrontamos. De allí se desprende la necesidad de trabajar para alcanzar el cambio político.

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Felix Arellano

La gravedad de la situación venezolana, que se incrementa progresivamente, con profundas consecuencias sociales, económicas y políticas, incluso para los países de la región, sigue representando un reto para la institucionalidad internacional, para sus normativas, particularmente en lo relativo a derechos humanos y defensa de la democracia; para el sistema multilateral y para las tendencias que promueven la democratización y humanización de la dinámica global. Lo novedoso de la situación nos está permitiendo observar debilidades y limitaciones, pero también ideas e iniciativas que pueden contribuir a perfeccionar el ordenamiento vigente.

Uno de los primeros retos tiene que ver con la institucionalidad hemisférica, en particular la Organización de Estados Americanos (OEA) y las Cartas Democráticas vigentes tanto en la OEA, como en el Mercosur. En el caso de la OEA, si bien contamos con la valentía del Secretario General el Sr. Luis Almagro, que pese a los obstáculos, decidió utilizar las prerrogativas que le ofrece la Carta en su Artículo 20 y activar su aplicación; luego, nos encontramos con los rigores de la realidad. Por una parte, un sistema de votación que confiere un peso determinante a los gobiernos de las islas del Caribe anglosajón que, actuando en grupo, se constituye en la práctica en un veto.

La actuación en bloque del Caribe en la OEA tiene historia y el gobierno bolivariano la ha sabido capitalizar con una política asistencialista efectiva, que tiene como programa estrella a Petrocaribe. Frente a la poderosa chequera petrolera bolivariana, no siempre transparentes, no resulta fácil para la oposición democrática venezolana lograr apoyos; empero, debemos reconocer que con el tiempo la unidad caribeña se ha debilitado.

Otra limitación que se ha apreciado en la aplicación de las Cartas Democráticas en el hemisferio, es la nula participación de los afectados por la violación de los derechos humanos, quienes deberían tener espacios definidos y protegidos para la denuncia y su defensa. En el caso venezolano, el Secretario Almagro ha promovido la formación de paneles que recibieron a los denunciantes, empero, son un mecanismo sin efectividad jurídica, que debería ser incorporado en los cambios futuros a promover.

En el caso del Mercosur, los gobiernos no han logrado la disposición para profundizar en la diversidad de sanciones previstas en el segundo Protocolo de Ushuaia, seguramente por las contradicciones que sobre el tema venezolano caracterizan al gobierno uruguayo. Ahora bien, ante la agudización de la situación venezolana, seguramente los países del Grupo de Lima se puedan ver obligados a recurrir a mecanismos de sanción como los previstos en la Carta Democrática del Mercosur.

Otro de los retos que plantea el caso venezolano lo representa la Corte Penal Internacional (CPI). La presentación de varias demandas, fundamentalmente por delitos de lesa humanidad, contra el gobierno bolivariano, que no se procesan está desvelando las debilidades y contradicciones de la Corte, incluso, algunos manejos oscuros.

En este contexto, uno de los problemas son las complicaciones burocráticas, el poder del Fiscal de la Corte y de la Sala de Cuestiones Preliminares para iniciar cualquier investigación. Se sabe que fueron varias las demandas que desestimó el exfiscal Luis Moreno Ocampo, sobre quien circula información de manejos oscuros de recursos y, actualmente, la Fiscal Sra. Fatou Bensouda, parece que ha engavetado otras.

Adicionalmente, crecen los rumores sobre presuntas contribuciones financieras especiales, de gobiernos denunciados, al presupuesto de la Corte. También se aprecia la nula capacidad de acción de los afectados ante la institución, para presentar sus denuncias y defensa.

Otro reto latente tiene que ver con la aspiración del gobierno bolivariano de lograr una mayor internacionalización geopolítica del problema, buscando un apoyo más contundente de China y Rusia, incluso la utilización de sus vetos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero también encontramos hechos estimulantes como la creación del Grupo de Lima y la extraordinaria labor de coordinación de la comunidad internacional ante la crisis venezolana, como se puede apreciar, entre otros, por las sanciones adoptadas por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. En este momento, luego que el gobierno bolivariano está “pateando” la mesa de negociación en República Dominicana, todo parece indicar que las sanciones se incrementaran.

La decidida y coherente actuación de la comunidad internacional en la defensa de los derechos humanos y la institucionalidad democrática en Venezuela, representa una oportunidad para avanzar, con iniciativas organizadas desde la sociedad civil, en una mayor democratización y humanización de las relaciones internacionales.

felixarellano50@gmail.com

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Distinguidos políticos se han interesado en el estudio del petróleo como recurso natural no renovable y como instrumento de desarrollo. La mayoría expresaron sus ideas en artículos. El libro “Venezuela, política y petróleo” (1956), de Rómulo Betancourt, sigue siendo referencia del pensamiento de muchos de nuestros políticos. También “El pentágono petrolero” (1967), de Pérez Alfonzo. En esos tiempos se consideraba que la industria petrolera “era asimilable a un servicio público”, la política de concesiones se percibía como una entrega de soberanía, se estimaba que las reservas de petróleo eran escasas, por lo que había que restringir la producción, se tenía la certeza de que las empresas extranjera escamoteaban los impuestos, ya de por sí muy bajos y que, además, cuando podían intervenían en la política interna.

Hoy la situación es diferente. Ya la actividad petrolera no es asunto de “musiues”, las reservas de crudo no son tan grandes como afirma el régimen, pero sí son cuantiosas. El negocio está estatizado y las compañías extranjeras que participan como socias minoritarias de Pdvsa no pueden eludir pagar altos impuestos y no intervienen en nuestros asuntos. Cabe preguntar cuál es el pensamiento de nuestros políticos ante estos cambios.

Por razones que no son del caso comentar, el venezolano siempre percibió a la industria petrolera como algo foráneo. Incluso después de la estatización, sus trabajadores eran considerados por muchos compatriotas como copiados a imagen y semejanza de los “musiues”, ajenos al acontecer nacional, bien pagados y en general unos pretenciosos que se consideraban diferentes al resto de los ciudadanos. Cuando los petroleros decidieron ir a un paro en abril del 2002 por las violaciones a la meritocracia, muchos apoyaron no por simpatía, sino por percibir que podía ser un importante factor para salir de Chávez, tal y como sucedió, aunque por poco tiempo.

Cuando individualmente los trabajadores petroleros se sumaron al paro cívico de diciembre del 2002 en defensa de la democracia, todos aplaudieron. Sin embargo, cuando no se obtuvieron los resultados deseados, políticos y no políticos criticaron “por abandonar espacios y por inoportunos” y se empezó a mencionarlo como “paro petrolero”.

Realmente lo importante es que los políticos pongan sobre el tapete lo que es necesario hacer para poder recuperar esta industria que está en el suelo, cuando cambie este régimen que languidece.

Para aumentar la producción y refinación se requieren cuantiosas inversiones ¿De dónde saldrían esos recursos? ¿Sacrificando lo que es imprescindible realizar en educación, salud infraestructura y apoyo a los más necesitados? Al no contar con esos recursos ¿estarían dispuestos a que Pdvsa se reduzca a su mínima expresión y a otorgarle mayoría accionaria a los socios privados de las empresas mixtas? ¿Siguen pensando en el concepto obsoleto de soberanía y que lo privado es malo? ¿Todavía privilegian restringir producción y perder mercado para que haya mayores precios?

Desde luego también se requiere de recursos humanos calificados. ¿Están dispuestos a despedir, respetando sus derechos, a los miles de activistas políticos que ingresaron a Pdvsa? ¿Reconocerán los derechos laborales de los despedidos en el 2003? ¿Consideran deslindar de Pdvsa las actividades no relacionadas con el negocio?

La tecnología es otro insumo imprescindible para elevar la exploración, la producción y la refinación. ¿Tienen la disposición de deslastrarse de socios que no aportan y reanudar o establecer nuevas relaciones con quienes cuentan con recursos financieros, humanos y tecnología? Reconstruir el centro de investigación Intevep y el centro de adiestramiento Cied quizá sea imposible. ¿Qué opinan de realizar estas actividades a través de un apoyo sostenido a nuestras universidades?

¿Todavía piensan que producir petróleo es coser y cantar?

A continuación algunas cifras tomadas del Oil Market Report de la Opep. En el año 2000 la producción petrolera venezolana, excluyendo condensados y líquidos del gas natural, fue de 2.897.000 barriles por día. Esta cifra bajó a 2.586.000 b/d en el 2002 y a 2. 305.000 b/d en el 2003 como consecuencia de los paros reseñados. En el 2004 ascendió a 2.582.000 b/d, lo cual evidencia que no hubo sabotaje en las instalaciones, como predica el embustero Rafael Ramírez. Además, este reportó durante varios años que Pdvsa producía entre 335.000 y 441.000 b/d más que la cifra real.

Durante la gestión 2004-2014, del hoy acusado de corrupto por sus compañeros, la producción descendió de 2.582.000 b/d a 2.373.000 b/d, es decir una pérdida de 209.000 barriles por día. Lo cual prueba que su gestión fue pésima. Hoy la producción se ubica en 1.745.000 b/d, o sea 1.152.000 b/d menos que en el 2000, demostración evidente de que los rojos no invirtieron en Pdvsa, la manejaron con ineptitud y corrupción y que los casi 23.000 trabajadores despedidos ilegalmente en el 2003 eran necesarios. Nuestros dirigentes tienen la palabra y obligación de manifestar su posición.

Como (había) en botica:

Saludamos el reciente libro “Venezuela Energética”, de Leopoldo López y Gustavo Baquero. Nuestra solidaridad con el valiente Enrique Aristiguieta Gramcko. También con la distinguida comunicadora social Alba Cecilia Mujica, despedida arbitrariamente de Globovisión.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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María Corina Machado

Amanecerá una Venezuela desplegando toda la energía creadora que hemos acumulado. Nunca antes tanto talento, experiencia y ganas se habrán combinado para reconstruir una Nación. Será un proceso arduo, delicado, complejo y apasionante. Nunca, en tan corto tiempo, se definirá un destino tan largo. Tendremos la inmensa responsabilidad de, juntos, por fin, hacer las cosas bien.

Una vez que se ha cerrado el vergonzoso capítulo del fracasado diálogo, los venezolanos y el mundo avanzamos por la única ruta que permitirá la dimisión de la dictadura y el inicio de la Transición; que es la del incremento continuo de la presión social e internacional hasta el punto que Maduro tenga que aceptar su salida.

Esa energía que hemos invertido en combatir la tiranía, en resistir durante dos décadas tantos atropellos, la aplicaremos ahora para la restitución de la República, con pilares éticos muy sólidos.

Nuestra primera prioridad será atender la urgencia del hambre, y ello implica abastecer al país rápidamente. Para lograrlo, reestableceremos de manera inmediata los inventarios mínimos de comida y medicina; daremos incentivos para la producción nacional, abriremos una extensión impositiva por seis meses a las empresas que importan productos, habilitaremos una taquilla única de registro de nuevas empresas y eliminaremos las guías de despachos.

Paralelamente, la economía debe ser estabilizada y fortalecida a corto plazo. Para ello, unificaremos y liberaremos el tipo de cambio, controlaremos la hiperinflación y, durante el período de recuperación, compensaremos directamente a las familias que más lo necesiten.

Además de reducir la inflación, lo más importante es lograr que tu sueldo valga. La destrucción del poder adquisitivo que todos hemos sufrido es uno de los daños más terribles que se le ha hecho a la familia venezolana. Por eso, una de nuestras prioridades será lograr que cada venezolano pueda vivir dignamente de su salario, o con los beneficios que le produzca su negocio y emprendimiento.

Las finanzas públicas tendremos que ordenarlas y limpiarlas. El inicio de la renegociación de la deuda en default es indispensable para recobrar la confianza en Venezuela y recuperar nuestros lazos con las diferentes organizaciones financieras y comerciales del mundo. Al mismo tiempo, será indispensable recibir una importante asistencia financiera bilateral y multilateral, para poder elevar las importaciones de productos básicos y bienes de capital indispensables para arrancar la economía.

En materia petrolera, racionalizaremos las actividades de PDVSA y pondremos orden en la que fue una gran empresa y hoy está quebrada. Estableceremos condiciones y garantías para hacer la inversión en petróleo, gas y petroquímica en Venezuela la más atractiva y competitiva en el hemisferio, eliminando restricciones a la participación privada nacional y extranjera.

Ello nos permitirá aumentar la producción petrolera, y mejorar de inmediato las condiciones operativas y socioeconómicas de los trabajadores; generando un alto impacto positivo en las comunidades petroleras del país.

Iniciaremos también un proceso de reconceptualización y despartidización de la Fuerza Armada Nacional para construir una institución profesional, meritocrática y altamente tecnificada; así como la reordenación del Concepto Estratégico de la Nación.

Procederemos a constituir los órganos del Poder Público de acuerdo a lo establecido en la Constitución Nacional y, fundamentados en un “Pacto por la Justicia”, nos comprometeremos a erradicar la impunidad de Venezuela.

Combatiremos frontalmente a los grupos criminales y expulsaremos de nuestro territorio a los grupos irregulares extranjeros, para garantizar la seguridad ciudadana y el imperio de la ley. La vida y la seguridad de cada ciudadano será prioridad desde el primer día.

Liberaremos a todos nuestros presos políticos e iniciaremos una épica histórica de reconocimiento a nuestros héroes caídos en esta larga lucha. Haremos de Venezuela una tierra de reconciliación y reencuentro donde prevalezca la diversidad, el pluralismo, la creatividad y la innovación, alrededor de una visión, un proyecto nacional y valores compartidos.

Esa es la Venezuela que construiremos muy pronto, una en la que todos convivamos en paz, Libertad y prosperidad. La que comienza el día después.

2001

5 de febrero de 2018

http://www.2001.com.ve/en-la-agenda/180523/maria-corina-machado---un-pai...

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Luis Ugalde

La anticonstitucional Asamblea Constituyente nos quiere imponer unas elecciones dictatoriales para prolongar seis años más el actual infierno nacional. Evidentemente todo venezolano que -por ineptitud y corrupción gubernamental- está sufriendo y sobreviviendo en este inmenso desastre, no quiere esta elección tramposa con un lapso indebido de solo un par de meses y con partidos, tarjetas, candidatos y votantes inhabilitados y árbitros vendidos.

NO. Todos los países democráticos del mundo se oponen a esa elección tramposa y presionan para que el gobierno respete nuestra constitución democrática. En Venezuela civiles y militares tenemos la obligación de defender la Constitución y “el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia” (Art. 333 Const.). Por tanto todos y de todas las maneras posibles debemos decir no a las elecciones dictatoriales impuestas ilegítimamente para prolongar por seis años (y más) este infierno actual, que va a empeorarse en los próximos meses.

SÍ a las elecciones presidenciales constitucionales y democráticas establecidas en la constitución para 2018. Movilización en todos los frentes para exigir que sean realmente libres, transparentes y justas, con árbitros y tiempos equitativos. Pero no basta decir sí, hay que obligar al gobierno con todas las presiones posibles a que abra la puerta a estas elecciones que nos debe. No somos abstencionistas, ni somos bobos para confundir la fraudulenta votación anticonstitucional con la debida votación democrático-constitucional para salvar al país de la miseria.

Unidad. La población está desesperada y no confía en el Gobierno ni en las elecciones dictatoriales a las que se quiere obligar. Tampoco ve que los líderes de la oposición estén a la altura para dirigir la salida con propuestas de salvación de este infierno. No es posible salir sin una unidad rotunda y vigorosa que diga no al drama caótico actual; unidad que presente un equipo de trabajo, con un líder con garra y un coordinador interno con autoridad y eficiencia. Equipo que presente media docena de puntos claves para el cambio y para un gobierno de salvación nacional. Esa unidad tendrá un valor extraordinario para movilizar el país y recibir el apoyo efectivo de las democracias del mundo.

Esa unidad fundamental e indispensable ha de ser de los partidos y de toda la sociedad que defiende la democracia, los derechos humanos y los valores morales indispensables para rescatar la República con una economía sana, productiva y sin pobreza.

Todavía no hace falta candidato si el gobierno no cede e impone la tramposa elección dictatorial con chantaje y coacción; en su momento los demócratas unidos y unánimemente dirán que no van a esa elección, ni reconocerán su resultado fraudulento. Por el contrario, si dentro de dos o tres semanas se ve que el gobierno se abrió a condiciones electorales, democráticas e imparciales, los demócratas unidos deben ir a ganarlas; en ese momento por consenso elegirán el candidato.

En el mismo sentido deben manifestarse el mundo empresarial, el académico, las organizaciones gremiales y otras asociaciones de la sociedad civil, las iglesias y comunidades religiosas plurales.

Así el 2018 será el año del triunfo de la democracia y del inicio de la reconstrucción con reconciliación.

La dictadura de Pérez Jiménez a mediados de diciembre de 1957 impuso su plebiscito y lo ganó con procedimientos dictatoriales. Con ello creció la desesperanza de muchos demócratas perseguidos que vislumbraban una década más de dictadura militar. Simple ilusión del dictador y de los demócratas derrotistas contra los que luchaban esperanzados: antes de un mes huía el dictador y brotaba la primavera democrática unitaria. Así ocurrió también en otros países de América Latina y del mundo. Así será en 2018, si todos los demócratas activamos las conciencias y nos unimos en lo fundamental para salir de este infierno de muerte. Sin esa gran unidad de salvación nacional, Venezuela irá al abismo.

Caracas, 1 de febrero de 2018.

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Esta crisis es quizás la peor de nuestra historia. No sólo por la magnitud del deterioro, que ya es bastante, sino porque está ocurriendo sin necesidad. Es una crisis inducida, por la ideología, por la ignorancia o por las dos, el resultado es igual. Ver la situación en la que se encuentra el país da rabia, frustración, asombro, miedo, pero sobre todo, mucha tristeza.

Venezuela sin medicinas, que se refleja en la cara desesperada de una mamá buscando un antibiótico urgente para su hijo o de un hijo buscando albúmina humana para salvar la vida de su mamá. Con la infraestructura en el piso, que somete a la población a horas o días sin servicios básicos. Con la inflación más alta del mundo, que destruye la capacidad de compra de la gente. Sin billetes ni monedas para pagar. Con escasez galopante, haciendo colas inmensas para comprar una canilla de pan. Mendigando una caja de comida del gobierno que puede o no puede llegar y de la que dependen familias completas que no pueden protestar a riesgo de perder lo que les dan, a veces todos los meses, a veces trimestral, a veces 12 kilos, a veces 10 y no preguntes o te vas.

Y entonces entiendes a los que se fueron y a los que se van. Primero lo hicieron muchos de los que más tenían. Llevaron sus familias y sus patrimonios lejos para protegerlos de lo que temían que pasaría y pasó. La pulverización del valor de sus inversiones en Venezuela, que hoy hay que poner casi en cero en el balance de las empresas, igual que en el de Sofía, Pedro y Ramón.

Después se fueron muchos de los más educados y formados. El país se les volvió hostil y cavernícola. Su desarrollo profesional estaba comprometido. Mientras la tecnología, la ciencia, la medicina, la educación avanzaba en el mundo a pasos agigantados, en un mundo globalizado, su país retrocedía hacia una primitivización inimaginable en el siglo XXI. En un focus group nos decían: “Venezuela es Macondo. Y Macondo es bello y sabroso, pero ahí no se puede vivir”. Se fueron entonces los doctores más preparados… y los más jóvenes. Los ingenieros más audaces… y los más jóvenes. Se fueron los economistas más internacionales… y los más jóvenes, los administradores, los periodistas, los músicos (incluyendo los cuatristas), siempre los más dispuestos a asumir riesgos… y los más jóvenes.

Y entonces comenzó lo que tenía que comenzar. Se están yendo los demás. Los que no tienen patrimonio que perder, pero sí familias que mantener, en el medio de una hiperinflación espantosa que no saben cómo enfrentar ni entender. Es María sin compañía. Es Richard para Panamá. Es Linda para Madrid, Juan para Bogotá, Francisquito para Quito y Johnny para donde lo deje el autobús rumbo a Lima.

Y las despedidas de cada día ponen esa tristeza en el alma y en el corazón de la población que se queda y la que se va y deja el país más prometedor de América Latina, convertido en fábricas moribundas, constructoras en terapia intensiva, medios de comunicación con bombonas de oxígeno, colegios sin maestros, universidades sin PhD’s, ni internet, hospitales sin especialistas, teatros sin artistas… pueblos, calles y casas muertas.

Y ¿saben qué? Que nadie puede parar este desangre con discursitos, amenazas, prohibiciones, ni mensajitos de autoayuda. Sólo logrando que la población entienda el reto: participar en todos los tableros para defender el regreso a la racionalidad económica y a la democracia real. Unirnos alrededor de un ideal y de un sueño y articularnos para lograrlo. Sólo así podremos poner el torniquete, operar, coser la herida y volver a empezar. ¿Que cuál es la palabra mágica? La de siempre: Unión, y todo aquello y aquellos que la estimulen serán la llave del éxito… y viceversa.

luisvleon@gmail.com

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