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Opinión

Jesús Elorza G.

Por fin, por fin encontré la solución para acabar con los oligarcas golpistas, gritaba emocionado el Alcalde de Libertador. Se me prendió el bombillo, cuando estaba viendo las noticias sobre el fallecimiento del legendario campeón del mundo, de los pesos pesados, Muhammad Alí.

- ¿Y eso que tiene que ver con nuestro problema?, preguntó Aristóbulo.

Bueno Negro, te acuerdas de la pelea contra George Foreman, en aquel octubre del 74, en Kinshasa.

- ¿Y? ….sigo sin entender.

Toda la población de esa región africana apoyaba a Clay, perdón a Muhammad Ali y le gritaban a su paso por las calles “Ali bomaye” que significa ¡Alí, mátalo! Al ver el recuento de ese apoteósico apoyo, se me vino a la mente, que con una consigna similar pudiésemos contar o conquistar el decaído apoyo de nuestros milicianos.

- Suena como el Decreto de Guerra a Muerte, la idea no es mala, sentencio el vicepresidente.

Pienso, que desde el Balcón del Pueblo, se haga el anuncio de la solución final contra los golpistas-oligarcas-imperialistas de la derecha venezolana y los millones de milicianos que concurran al acto, griten a una sola voz “Nico bomaye” para referirse a nuestro camarada presidente.

Luego, con todos los medios de comunicación sometidos o controlados por nosotros, extendemos esa consigna a todo el país. Por donde pase el camarada, solo debe oírse “Nico bomaye”

-Me parece del carajo, y se me ocurre que si le agregamos un golpe de tambor nos acercaríamos más al origen africano de la consigna, dijo súper emocionado Aristóbulo.

Copiado 100%, señaló Jorge Rodríguez. Es más, déjame decirte, que Nico es la imagen y semejanza de Alí: Tiene la misma estatura, el mismo alcance de brazos y en política “Pica como una abeja y flota como una mariposa”.

La única diferencia, es el bigote y que no es negro como tu Aristóbulo.

- Detalles de fácil solución. Lo afeitamos y lo ponemos a coger el sol que jode en Varadero Cuba para que nadie se entere.

Bueno, vamos a presentarle este proyecto al camarada presidente.

Al grito de Nico bomaye, Nico bomaye, Nico bomaye…..llegaron ambos personajes a Miraflores. Al principio, la guardia pretoriana que custodia el palacio dio la voz de alarma porque creían que era una manifestación, pero al identificar a los personajes todo volvió a la calma.

Camarada, venimos a presentarle un proyecto para la solución final a la guerra contrarrevolucionaria que el imperialismo tiene contra nosotros. Y con lujo de detalles fueron desgranando su tesis política de exterminio de la oposición. Bomaye vendría a ser una justificación para acabar de una vez por todas con los enemigos de la revolución. Cuando, los millones de milicianos lo reciban con la consigna “Nico bomaye” (Nico mátalo) le estarán dando una orden que inmediatamente será refrendada por el TSJ y procederemos a aniquilar a todos nuestros oponentes…..¿qué le parece camarada?

-Interesante, dijo sin mucho ánimo Nicolás. Solo tengo una pequeña observación: Que piensan ustedes dos que harán la oposición y los colectivos cuando yo les diga desde el Balcón del Pueblo “Que floto como una mariposa”…….

Ay papa, se le mojó la canoa a Nico, o se perdió esa cosecha, serán solo algunos de los calificativos que me van a lanzar y tú Jorge comprenderás que no me la voy a calar….macho que se respeta no vuela como una mariposa…..De águila no caza moscas, me van a reducir a “Mariposa no coge ni mosquitos”………que bolas tienen. Zapateen pa otro lado……sigamos con la guerra económica.

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No puedo afirmar que sea un entendido, ni nada que se le parezca. Menos todavía un apasionado, al modo como lo soy del fútbol o del béisbol. Tengo, apenas, la cultura básica requerida para entender sus claves y una modesta afición que fue declinando, hoy en día casi inexistente, siempre llena de remordimientos que me decían que es un deporte que no debiera serlo, porque, larvada o abruptamente, acababa, casi por norma, en tragedia: rostros desfigurados, cerebros descoordinados, lenguas de trapo. Un deporte que se me asomaba como metáfora del canibalismo, un acto de barbarie socialmente aceptado.

II.

No obstante lo anterior (no sé si Usted ha oído que el ser humano es contradictorio) he querido recordarlo en estas líneas, tras su muerte la semana pasada. Decidí desempolvar un escrito mío de hace tiempo y recordarlo como el mejor boxeador de su época, quien sabe si de todas las épocas, el que hizo del pugilismo, no obstante su naturaleza, un espectáculo apto para todo público, incluso para señoras y tipos remilgosos y con sentimiento de culpa como yo. En los años setenta nadie, fuese o no dado al pugilismo, pudo dejar de encender la televisión para ver cómo una mole de más de cien kilos flotaba como mariposa y parecía pegar como si acariciara. Ni, tampoco, dejar de verlo fungir de psicólogo hecho en casa, gritando sus profecías intimidantes, vaticinando el round en el que caería el rival. Menos aún, dejar de escuchar sus opiniones políticas, sus ideas respecto a la sociedad blanca que, al paso que lo excluía, pues quien lo mandó a tener la piel oscura, el pelo ensortijado y la nariz chata, pretendía mandarlo al frente de guerra para defender el honor norteamericano, mientras el rehusaba preguntando qué diablos era lo que le habían hecho a él los vietnamitas. En fin, nadie pudo ignorar, compartiéndolos o no, los argumentos que lo convirtieron en musulmán y, a su estilo, en un predicador muy visible de los derechos civiles.

III.

Creo haberle visto todas sus peleas, desde cuando llevaba a cuestas el nombre de Cassius Clay, heredado de sus antepasados esclavos. Más que verlas, las vivía como si yo mismo estuviese montado sobre el ring, asustado frente a las manazas Sonny Liston, adolorido como si a mí también me hubiesen fracturado la mandíbula cuando la pelea con Norton o tirado a la lona en la de Frazier o en la del británico Brian London. Llegué, pues, a sentir pavor por los boxeadores que, como esos tres, tenían buen gancho de izquierda. Me dolió, no sabe usted cuánto, esa mandarria de Foreman golpeando sus costillas y riñones, durante el combate de Zaire, que terminó con su victoria, sufrida y angustiosa, en el octavo round. Volvió a ser campeón mundial.

``El Príncipe del Cielo'', solía llamarlo Norman Mailer, quien fue capaz de escribir un libro de más de trescientas páginas únicamente sobre su refriega con Foreman. ¿O más bien fue Alí, me pregunto, el que fue capaz de dar una exhibición que sólo pudo caber en tantas páginas?

IV.

Lamenté verle disminuido por el mal de Parkinson. Verlo durante sus tres últimas décadas de vida con el rostro abotagado por las medicinas, la mirada que no miraba nada, sus movimientos torpes, las manos condenadas a temblar y, sobre todo, su balbuceo frente a los periodistas, él que fue conocido como el Bocazas de Louisville.

Murió Muhammad Alí, el gran boxeador, uno de los mejores de todos los tiempos. Pero también, el reflejo incómodo del país en el que le toco vivir, bastante distinto al que ahora cuenta con un afroamericano en la Casa Blanca. Su nombre quedará guardado en la historia. Pero no sólo por lo que hizo el ring.

El Nacional, jueves 8 de junio de 2016

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Una de las preguntas más acuciantes que se hacen los norteamericanos en estos días es: de llegar a la presidencia del país, ¿sería Trump un peligro real para el sistema democrático de Estados Unidos?

No es fácil contestar esa pregunta con certeza porque podría suceder que, una vez elegido, Trump asuma la enorme carga que ha recibido con una responsabilidad y una seriedad que lo lleve a olvidar sus desplantes, insultos, juicios apresurados y declaraciones comprometedoras.

Sin embargo, de acuerdo a lo que he podido leer y oír aquí en los últimos días, parece que hay razones más que valederas para preocuparse por el destino de esta nación, que es el centro del mundo, y por las posibles consecuencias en sus relaciones internacionales.

Esta preocupación que señalo aquí no es propia solamente de los demócratas y de los enemigos del magnate del "real estate". Por ejemplo, el prestigioso Washington Post ha publicado varias veces la opinión de su consejo editorial sobre la candidatura de Trump. En todas las ocasiones ha sido una opinión totalmente contraria a la conveniencia de la candidatura y del posible triunfo de Trump. Por ejemplo, el 22 de abril de 2016 publica una editorial cuyo título es muy sugerente: "Softening on Trump? Remember this", y a continuación recuerda 20 ocasiones en las que Trump mintió, insultó, emitió amenazas, hizo promesas incumplibles o muy peligrosas, se burló de varias figuras prominentes, etc.

Hay algunas muy conocidas como las amenazas de no permitir la entrada de musulmanes a Estados Unidos y de deportar a los 11 millones de inmigrantes ilegales, la ofensa a una reportera de Fox News diciendo que ella le hizo preguntas difíciles porque estaba menstruando. Son bien conocidas también sus declaraciones diciendo que los mexicanos que entran al país son violadores o narcotraficantes, afirmando que sería aceptable que los soldados americanos torturaran a los posibles terroristas y que mataran a la familia de ellos. Su posición contra la OTAN también ha sido motivo de preocupación entre los asesores políticos internacionales.

El 2 de junio de este año, el mismo consejo editorial del Washington Post publicó una nota con el título siguiente: "El apoyo de Mr. Ryan a Trump. Un día triste para el partido republicano y para América". Paul Ryan es uno de los más importantes republicanos, Speaker (Presidente) de la cámara de diputados. El Washington Post sostiene allí que Ryan he dado un paso lamentable con ese apoyo a Trump, traicionando los principios republicanos que siempre ha defendido.

El otro diario de gran prestigio en Estados Unidos, el New York Times, también ha criticado con dureza las declaraciones irresponsables de Trump.

Hace muy pocos días sucedió un episodio que tiene muy alarmados a la mayoría de los juristas de prestigio de Estados Unidos. Un juez de California, de apellido Curiel, está llevando adelante dos juicios contra la Trump University, incoados por personas que se sintieron engañadas por esa universidad.

Trump ha dicho que ese juez, que debe ser mexicano, es un odiador, que lo odia a él por lo que ha dicho de los mexicanos, que es muy duro contra su universidad. Y añadió: ¿qué pasaría si en noviembre llego a ser presidente y abro una causa civil contra ese juez? Resulta que el juez no es mexicano, es nacido en Indiana, pero lo más importante es que Trump ha emitido una amenaza que va contra un principio sagrado de la constitución de Estados Unidos: la separación de los poderes y el debido respeto entre ellos. Algunos juristas han dicho que Trump es una amenaza a esa constitución.

Pareciera entonces que, según muchas opiniones prestigiosas, Trump puede ser un peligro real para la democracia americana si llega a ser presidente. Sin embargo, la mayoría de los dirigentes republicanos importantes ya han dado su respaldo a Trump y, de hecho, Trump es el candidato oficial y el que dirige en estos momentos los destinos de ese partido.

Algunos dirigentes republicanos, como la familia Bush y Mitt Romney, se han negado hasta ahora a darle su apoyo, pero todos los otros lo han hecho, algunos con muchas dudas y reticencias, pero al final han cedido ante el hecho cumplido de su candidatura.

No nos queda otra alternativa que esperar a noviembre para poder dar una respuesta definitiva a nuestra pregunta inicial.

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¿Estamos viendo un nuevo amanecer del fascismo? Mucha gente empieza a pensar que sí. Se ha comparado a Donald Trump con un fascista. También a Vladimir Putin y a una variedad de demagogos y charlatanes de derecha. La reciente ola de bravata autoritaria ha llegado hasta las Filipinas, cuyo presidente electo, Rodrigo “el castigador” Duterte, ha prometido arrojar a los criminales sospechosos a la Bahía de Manila.

El problema con términos como “fascismo” o “nazi” es que tanta gente ignorante los ha utilizado con tanta frecuencia, en tantas situaciones, que hace mucho tiempo que han perdido todo significado real. Son pocos los que saben de primera mano qué significó realmente el fascismo. Se ha convertido en una frase genérica para referirse a aquellas personas o ideas que no nos gustan.

La retórica imprecisa no sólo ha tornado chabacano el debate político, sino también la memoria histórica. Cuando un político republicano compara los impuestos a la propiedad en Estados Unidos con el Holocausto, como lo hizo un candidato al Senado en 2014, los asesinatos masivos de judíos se trivializan al punto de perder todo sentido. Lo mismo es más o menos válido cuando se compara a Trump con Hitler o Mussolini.

Como resultado de ello, nos distraemos con demasiada facilidad de los peligros reales de la demagogia moderna. Después de todo, a Trump -o a Geert Wilders en Holanda o a Putin o a Duterte- no le resulta difícil refutar las acusaciones de fascista o nazi. Pueden ser repulsivos, pero no están organizando guardias de asalto uniformados, construyendo campos de concentración o exigiendo el estado corporativo. Putin es el que más cerca está, pero ni siquiera él es Hitler.

Por supuesto, la falta de memoria o la ignorancia sobre el pasado se da en ambas direcciones. Cuando un joven escritor holandés, empático con la nueva ola populista, expresó antipatía por la “elite cultural” de su país, por promover la “música atonal” y otras formas arrogantes de fealdad, en lugar de la belleza saludable que abraza el hombre común, me pregunto si estaba al tanto del ataque de los nazis al “arte degenerado”. La música atonal, que difícilmente sea la música de vanguardia hoy, era precisamente el tipo de cosa que los subalternos de Hitler detestaban -y en definitiva prohibieron.

Se perciben otros ecos de nuestra historia más oscura en la grandilocuencia política contemporánea, que hace apenas unas décadas habría marginado a cualquier político que hiciera uso de ella. Avivar el odio a las minorías, arremeter contra la prensa, agitar a las masas en contra de los intelectuales, los financistas o cualquiera que hable más de un idioma, no era parte de la política tradicional, porque suficientes personas todavía entendían los peligros de ese tipo de discurso.

Es evidente que a los demagogos de hoy no les importa mucho lo que definen burlonamente como “corrección política”. Es menos claro si tienen suficiente conciencia histórica como para saber que están reavivando a un monstruo que las generaciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial creían muerto pero que ahora sabemos que sólo estaba dormido, hasta que la ignorancia del pasado le permita volver a despertarse.

Esto no quiere decir que todo lo que dicen los populistas no sea verdad. Hitler también tenía razón al creer que el desempleo masivo era un problema en Alemania. Muchas de las pesadillas de los agitadores merecen, sin duda, una crítica: la opacidad de la Unión Europea, la duplicidad y la codicia de los banqueros de Wall Street, la reticencia a enfrentar los problemas causados por la inmigración masiva, la falta de preocupación por aquellos afectados por la globalización económica.

Todos estos son problemas que los partidos políticos convencionales no han querido o no han podido resolver. Pero cuando los populistas de hoy empiezan a culpar de estas dificultades a “las elites”, quienes quieran que sean, y a las minorías étnicas o religiosas impopulares, suenan próximos, inquietantemente, a los enemigos de la democracia liberal de los años 1930.

La verdadera marca del demagogo intolerante es la mención de la “traición”. Las elites cosmopolitas “nos” han apuñalado por la espalda; estamos enfrentando un abismo; los extranjeros están socavando nuestra cultura; nuestra nación puede volver a ser grande si eliminamos a los traidores, acallamos sus voces en los medios y unimos a la “mayoría silenciosa” para revivir el organismo nacional saludable. Los políticos y sus seguidores que se expresan de esta manera pueden no ser fascistas; pero ciertamente hablan como ellos.

Los fascistas y nazis de los años 1930 no surgieron de la nada. Sus ideas no eran originales. Durante muchos años, intelectuales, activistas, periodistas y clérigos habían articulado ideas llenas de odio que sentaron las bases para Mussolini, Hitler y sus imitadores en otros países. Algunos eran reaccionarios católicos que detestaban el secularismo y los derechos individuales. Otros estaban obsesionados con la supuesta dominación global de los judíos. Y otros eran románticos en busca de un espíritu racial o nacional esencial.

La mayoría de los demagogos modernos tal vez tengan una conciencia vaga de estos precedentes, si es que los conocen. En países de Europa central como Hungría, o de hecho en Francia, pueden en verdad entender los vínculos muy bien, y algunos de los políticos de extrema derecha de hoy no le temen a ser abiertamente antisemitas. En la mayoría de los países occidentales, en cambio, estos agitadores utilizan su admiración declarada por Israel como una suerte de excusa y dirigen su racismo a los musulmanes.

Las palabras y las ideas tienen consecuencias. No se debería comparar a los líderes populistas de hoy con los dictadores asesinos del pasado bastante reciente. Pero, al explotar los mismos sentimientos populares, contribuyen a un clima venenoso, que podría volver a introducir la violencia política en la corriente dominante una vez más.

Ian Buruma is Professor of Democracy, Human Rights, and Journalism at Bard College. He is the author of numerous books, including Murder in Amsterdam: The Death of Theo Van Gogh and the Limits of Tolerance and Year Zero: A History of 1945.

Project Syndicate ________________________________________

POLIS, 8 de junio 2016

http://polisfmires.blogspot.com/2016/06/ian-buruma-primavera-del-fascismo.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FxSpmE+%28POLIS%29

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Tanto los dirigentes políticos como el resto de los electores debemos entender que la relación entre ambos ha cambiado, lo cual obliga a ser más prudentes y a escuchar antes de emitir opiniones. En los tiempos actuales es evidente que los dirigentes políticos en todas las latitudes ya no tienen el poder de antaño. No es asunto de que sean menos capaces que antes sino que, como dice Moisés Naim en su libro ¨La pérdida de Poder¨, hoy este se ha diluido y ni las grandes corporaciones disfrutan de muchos grados de libertad.

Las redes sociales han permitido que el ciudadano común que no tiene acceso a entrevistas o a escribir en los medios tradicionales de comunicación y que antes se limitaba a votar y asistir a concentraciones, hoy pueda expresar su opinión sin ninguna traba, llegarle a mucha gente y tener cierto grado de influencia. Esta democratización de la influencia es positiva y obliga a una mayor interacción entre las partes. Hasta hace poco, la relación entre los dirigentes políticos y los electores era casi como en el ejército en donde ¨superior manda y subalterno obedece¨. Ya no más.

Los dirigentes deben entender que no tienen el monopolio de opinar sobre política, más cuando no es un secreto que muchos no tienen la formación de sus antecesores. A veces, por falta de argumentos para defender sus puntos de vista apelan a descalificaciones y tildan de antipolíticos a quienes piensan diferente y no militan en un partido. Como bien dice José Antonio Gil Yépes, ¨los líderes tradicionales asumen que pueden y deben tomar decisiones por los liderados. El líder moderno no conoce de antemano las soluciones, es un servidor expectante de una solución integradora que surgirá del diálogo que facilite y no del monólogo que imponga¨.

Por ello los dirigentes deben asumir una posición prudente y no disparar desde la cintura. Tenemos la impresión de que el twitter debería ser más para periodistas, artistas y ciudadanos comunes y menos para los dirigentes que a las primeras de cambio expresan opiniones inmaduras. Hoy no es políticamente correcto decir ¨hago esto aunque algunos se pongan bravos¨, sino tratar de convencer de que es la mejor decisión dadas las circunstancias. Tampoco pueden estar amenazando con declaraciones como ¨ yo pienso así y si quieren que me expulsen de la Unidad¨.

Por otra parte, quienes no somos militantes y utilizamos las redes sociales no podemos caer en descalificaciones gratuitas a nuestros dirigentes. Debemos tener un poco de paciencia hasta que se aclaren determinadas posiciones. Un caso típico es el referente al diálogo. Se puede estar o no de acuerdo con el mismo, pero no satanizar a los dirigentes que han aceptado una primera aproximación y dejado clara las condiciones para iniciar conversaciones, aclarando que hay puntos que no son negociables. Un caso aún más censurable es caer en insultos personales en lugar de argumentar las críticas.

Dirigentes políticos y electores deberíamos leer e internalizar el reciente artículo del distinguido galeno Rafael Muci-Mendoza titulado ¨Elogio del callar¨, ya que si queremos salir de estos pranes que gobiernan y han destrozado al país, es necesario un acercamiento entre los dirigentes políticos y la sociedad civil. Los dirigentes deben aprender a respetar a esos ciudadanos que, como dice Manuel Barreto, son los imprescindibles que ¨se niegan a tirar la toalla, que no pierden las esperanzas, que se oponen y se opondrán rotundamente a que les confisquen el porvenir y que tienen muy definidos sus valores y principios¨. Y, a su vez, estos luchadores deben respetar a una dirigencia con la cual algunas veces no estamos de acuerdo, pero que se juega la vida y prestigio todos los días.

Como (había) en botica:

La crisis por la escasez y costo de alimentos, medicinas y repuestos es la queja principal de los ciudadanos. Esta situación no la puede resolver Maduro y su entorno, por lo que el diálogo debe enfatizar el cambio de las autoridades. Un articulista que escribe en El Universal sostiene que hay que ¨educar a grupos de la clase media que promovieron la hora loca entre 1999 y el 2006¨. Extrañamente no percibe que quienes lucharon en ese período, con los elementos de que disponían, lo hicieron por defender la democracia y prevenir el desastre económico que se visualizaba. Haber permanecido pasivos esperando ¨condiciones apropiadas¨ hubiese sido cobardía y complicidad. Hoy somos clara mayoría por el descontento con la escasez, costo de la vida e inseguridad y no por una mejor estrategia desde el 2006 para captar votos. Merecido homenaje de la UCV al distinguido venezolano Héctor Silva Michelena. El general Padrino debe informar por qué hay una foto de soldados quitándose el uniforme para ponerse una camisa roja para asistir a concentración oficialista. Los paramilitares rojos siguen agrediendo a periodistas y opositores. Bravo por Garbiñe Muguruza, por la Vino Tinto y por el ¨ Renuncia Maduro¨ del cartel exhibido en Chicago ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) en su artículo 6 dice que el gobierno de la república, en todas las entidades políticas que lo componen, son de mandatos revocables. También dice nuestra Constitución, en su artículo 70, que los referendos y revocatorias de mandatos son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía. Dos artículos más adelante, en el 72, la Constitución reitera que todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Es por tanto incuestionable que los ciudadanos tienen el derecho constitucional de promover referendos revocatorios de funcionarios públicos electos. De cumplirse con los requisitos que la misma constitución establece, es obligación imperativa para los distintos órganos del poder público, especialmente el CNE, el que faciliten y le den curso a toda solicitud de referendo revocatorio con imparcialidad, trasparencia, celeridad, para usar las mismas características señaladas por el CNE, en sus normas para la promoción y solicitud de referendos revocatorios. El Observatorio Electoral Venezolano (OEV) considera que las autoridades electorales han actuado de manera ambigua, no informando con claridad respecto a la situación en que se encuentra el proceso iniciado hace unas semanas, dejando la sensación de que no actúa como árbitro imparcial en relación a la posibilidad de llevar a cabo este evento electoral.

Por otra parte, dice también nuestra Constitución, ahora en su artículo 160, que los gobernadores de cada Estado serán elegidos por un período de cuatro años. La última elección para elegir gobernadores se realizó el 16 de diciembre de 2012. Es decir, en diciembre se cumplen cuatro años de aquella fecha y, por mandato constitucional, deben realizarse a finales de este mismo año las elecciones para elegir a los gobernadores y a los integrantes de los consejos legislativos estadales. Elegir a los gobernadores es también un derecho constitucional irrenunciable de los ciudadanos, que debe cumplirse oportunamente y debe ser garantizado por el Estado. El OEV considera que tampoco en este caso el CNE ha enviado un mensaje claro a los electores con relación a un evento electoral previsto para este año. Ha dejado que la confusión tome terreno respecto a si se harán o no, en la fecha prevista.

El artículo 293 de la Constitución instruye al CNE a que garantice la igualdad, confiabilidad, imparcialidad, transparencia y eficiencia de los procesos electorales. Para materializar esas garantías es indispensable que los partidos políticos, organizaciones de la sociedad y electores dispongan prontamente de información básica sobre ambos procesos. Es responsabilidad del ente rector cumplir con ese mandato constitucional y dar muestras de imparcialidad y transparencia. Sobre el referendo es imperativo finalizar la constitución del grupo promotor permitiendo prontamente la verificación de identidad de los solicitantes, para fijar de una vez los puntos de recolección de manifestaciones de voluntad que, de superar el 20% del registro electoral, obligaría a la realización del referendo revocatorio. Debería el CNE hacer oficial y público el cronograma correspondiente, con sus distintas fases. Con igual urgencia el OEV, y toda la sociedad venezolana, reclama información trasparente y completa sobre las elecciones de gobernadores e integrantes de los consejos legislativos estadales: fecha, cronograma, circunscripciones, etc.

El OEV plantea la necesidad de que se tomen prontamente estas decisiones y que ellas se hagan públicas. Son aspectos básicos de cualquier evento electoral y las tardanzas en anunciar las informaciones correspondientes, no ayudan a la normalidad y, por el contrario, genera ruidos innecesarios que opacan la eventual celebración de dos eventos electorales. El CNE debe extremar la claridad en sus actuaciones como árbitro, con imparcialidad, pulcritud, celeridad, eficiencia y transparencia, ya que con ello mucho podrían contribuir a superar la crisis reinante en el país, en paz y en el marco de la constitución.

Caracas, junio 2016

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Quiero comenzar recordando el escalofriante saldo de la violencia política en Latinoamérica: Colombia, luego de medio siglo y más de 200.000 muertos, está negociando la paz. Guatemala hizo lo mismo después de un genocidio que eliminó a más de 100.000 indígenas. En El Salvador, luego de 11 años de guerra y 80.000 muertos, los adversarios optaron por la paz. En Sudáfrica, lograron superar el abominable apartheid con acuerdos políticos y el extraordinario papel de Mandela, reconocido por todos. En Ruanda, 800.000 personas fueron asesinadas a machetazos pero al final víctimas y victimarios tuvieron que reconciliarse. Estados Unidos y Cuba, después de vivir casi sesenta años en un conflicto que puso al mundo al borde de una guerra atómica, decidieron hacer las paces. Vietnam derrotó al gigante EEUU en una sangrienta guerra de dos décadas, mientras las partes enfrentadas negociaban en París.

Siempre hemos creído en el valor del diálogo. La Unidad democrática venezolana quiere el diálogo, pero el verdadero. Venezuela vive un momento demasiado grave para cederle más tiempo a este régimen incompetente y corrupto. A diario mueren venezolanos por falta de medicinas, por desnutrición o en manos del hampa.

Con el sabotaje que hizo el oficialismo a las reuniones preparatorias y separadas de República Dominicana – que no eran más que la continuación de un proceso de mediación iniciado en Caracas por los ex presidentes Zapatero, Torrijos y Fernández – quedó claro que el régimen lo que desea es ganar tiempo. Nada más.

La comunidad internacional ha expresado de diferentes maneras y por distintas vías, su profunda preocupación por la situación límite que vive Venezuela. Desde el Grupo de los 7 países más desarrollados, pasando por la Unión Europea y John Kerry, con el apoyo a la mediación de Zapatero, hasta el propio Papa, han pedido a Maduro que reconsidere su intransigente posición y dialogue. Todos esos esfuerzos son importantes y merecen el agradecimiento de los venezolanos. Para la oposición democrática expresada en la MUD, un verdadero diálogo debe tener agenda y objetivos claros y sobre todo, compromiso de ambas partes. La oposición ha colocado unos requisitos previos mínimos sobre la mesa para iniciar el diálogo: Que se escuche la voz de la mayoría de los venezolanos y se realice el Revocatorio; que se libere a todos los presos políticos y termine la persecución ilegal de dirigentes políticos, sociales y gremiales, estudiantes, periodistas y medios; que se atienda con urgencia a las víctimas de la crisis humanitaria por falta de de alimentos y medicinas y que se respete la Constitución y la Asamblea Nacional.

La respuesta del régimen hasta ahora ha sido negar todo: Representantes del poder ejecutivo y del electoral aseguran que el Revocatorio no va, es decir, privan a la mayoría de los venezolanos del derecho constitucional de revocar el mandato de un presidente que no sirve. No sólo no liberan a los presos políticos sino que aumentan la lista. No dan respuesta al desabastecimiento de comida y medicinas pero tampoco permiten la ayuda internacional que han ofrecido varios países y la propia comunidad venezolana en el exterior. Todos los días violan la Constitución Nacional e irrespetan al poder popular expresado en la Asamblea Nacional. Resulta obvio entonces que el que no quiere dialogar es el régimen.

Maduro quiere llevar a Venezuela al abismo de la violencia, donde él y la élite cívico militar que lo acompaña, tienen ventaja. O por lo menos es lo que creen. Sin embargo, olvidan que el pueblo está bravo y que ya perdió el miedo, como lo demostró en diciembre votando mayoritariamente por el cambio y más recientemente estampando su firma para solicitar el Revocatorio. Olvidan que la tropa que envían a las calles a reprimir a sus compatriotas, es pueblo. Se olvidan que los que queremos cambio somos mayoría.

A pesar de todos los obstáculos que colocan Maduro y su entorno, los demócratas debemos insistir en el diálogo. Al mismo tiempo, tenemos que ser proactivos. Elevar nuestra voz de protesta anta las injusticias y los atropellos a los derechos humanos en la calle, en las infames colas, en las instituciones públicas, en las comunidades. Con serena templanza democrática pero con persistencia y determinación. Todos los días y en todas partes. Hacer sentir el malestar que sentimos ante la incompetencia del régimen, por la impunidad que protege a delincuentes y criminales, frente a los abusos de poder, por la corrupción de la casta que desgobierna. Como lo han venido haciendo miles de venezolanos en todo el país, con perseverancia, con reciedumbre y sobre todo, sin miedo. El cambio es indetenible.

www.carlostablante.com

@TablanteOficial

carlostablanteoficial@gmail.com

30 de mayo de 2016

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