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Opinión

Carlos Raúl Hernández

“Ser de izquierdas es como ser de derechas. Es una de las infinitas formas que tiene el hombre de ser imbécil”. Ortega y Gasset

El antes y el después de la segunda guerra mundial pusieron en ascuas las democracias. Aparecen terribles amenazas para la humanidad: el totalitarismo moderno, Jano cuyas dos caras son el nacionalsocialismo y el comunismo, uno hasta la muerte de Hitler y el otro con el auge de Stalin y Mao. Por fortuna la socialdemocracia, la democracia cristiana, los liberales y otras fuerzas, tuvieron coraje y habilidad para frenar las reediciones europeas y aunque en los ochenta parecía que el mundo marchaba al comunismo, caen los ladrillos el Muro de Berlín. Colapsan las diversas formas de estatismo en los 80/90, izquierda y derecha descubren la economía abierta, y mantienen la hegemonía reformista que atempera el debate izquierda-derecha en la alta política. Thatcher y Blair, Reagan y Clinton, Felipe González y Aznar, Aylwin y Lagos, Mitterrand, José Mujica, Fernando Cardoso y Lula, Carlos Andrés Pérez, y Sánchez de Losada, confluyeron en impulsar la globalización, la formación de capital privado y la producción de riqueza.

Hacen su rantrée neofascistas-neonazis, marginales, pandilleros, cuya huella solo quedó en turbulencias callejeras y películas sobre los skinheads, aporreadores de negros, chinos y latinoamericanos, como la impresionante Historia americana X, en la que Tony Kaye dirige al matón Edward Norton. En la segunda década de este milenio aparecen filofascistas electorales que desplazan a la socialdemocracia y hoy cambian de piel, en una “transición” (me agarro la oreja izquierda ante esta palabra) cuya estampa más resaltante es Giorgia Meloni, ahora desmarcada del autoritarismo. De su capacidad y habilidad para deslastrarse del cementerio ideológico dependerá un cambio que estacione claramente la derecha en la democracia representativa y se acaben las fundadas desconfianzas, tan validas como las que se tuvieron con Podemos. Meloni es el primer triunfo electoral, rápidamente se amolda al marco político y los Demócratas de Suecia se convierten en gobierno sin estridencias.

Vox de Santiago Abascal fue el primero en derribar el muro entre la nueva derecha y la tradicional al pactar en varios gobiernos regionales con el PP. El veloz avance en apenas dos décadas viene con el equivalente de su némesis, su enemiga gemela, la ultra izquierda, que toma el control de organizaciones socialistas moderadas que abandonaron sus programas de los 80/90-pienso en EE. UU, Chile, España- para desarrollar la política de desgarramientos identitarios, como el Partido Demócrata de los EE. UU, varios europeos. Eso ocurre bajo el manto de la Agenda 20-30 que cercena el proceso gradual de reivindicación de las minorías y crea un antagonismo ético político virulento contra las mayorías, que es precisamente lo que da el triunfo a Meloni a nombre de estas últimas y parece anunciar una era “de derecha”. Hasta la reciente aparición de Vox, España era uno de los pocos países europeos donde los conservadores duros no tenían representación parlamentaria. Pero el gobierno actual del PSOE y los aventureros de Pablo Iglesias, convirtieron la política en pelea de perros, como los republicanos españoles en los 30s.

El auge y la caída de Trump son hitos. La derecha europea son unos 30 partidos en crecimiento, feroces contra inmigración: Vox de Abascal en España y en Italia La liga de Mateo Salvini; SIDE de Victor Orban en Hungría (quien construyó un muro de 175 km en la frontera serbia y otro en la croata), Jussi Halla-Aho del Partido de los Finlandeses Independientes; Alexander Gauland y Alice Weidel de Alternativa por Alemania. Los Nacionalistas Demócratas suecos de Jimmie Akesson, arribaron al parlamento en 2010 y en diez años tomaron el poder en alianza con la derecha moderada y despacharon a los socialistas a mediados de 2022 y Marine Le Pen llegó a 42% de la votación en 2021. Hoy la guerra Rusia-Ucrania hace confluir grupos de izquierda, derecha y centro con o contra Putin, que obliga a la UE mantener los ojos entrecerrados. Los ultraconservadores polacos, son antirusos pronorteamericanos, por los que la Unión Europea mira para otro lado con las violaciones de derechos humanos y el incumplimiento de las normas democráticas, y azota con plumas de ganso a Orbán, aunque pro ruso, miembro de la UE.

Steve Bannon, asesor de Trump, viajó constantemente a reunirse con dirigentes europeos con los que comparte el nacionalismo económico, el proteccionismo, la antiglobalización y el rechazo al euro y a la U.E por “despilfarrar malamente” recursos en salvar a los países del sur de Europa en la crisis de 2008 y enajena la soberanía de los países. En eso coinciden con el inefable Iglesias, quien además planteaba durante su vicepresidencia muy izquierdistas expropiaciones y derrocamiento de “la casta”. Pero en 2015 la extrema izquierda de Siriza ganó en Grecia y se alió con los ultraconservadores Griegos Independientes, porque ambos querían una economía cerrada, proteccionista y nacionalista, exactamente todo lo que fracasó y llevó Grecia –y al mundo- a la pobreza. Al contrario, Merkel en 2018 rechazó pactar con la derecha de la AFD mientras el Frente Nacional de Le Pen en 2021 consiguió gran parte de sus votos en los cantones tradicionalmente socialistas. Trump buscó apoyo en los partidarios de Bernie Sanders y su política económica fue enfrentar la globalización, procurar el regreso de los capitales norteamericanos en una terrible carrera contra China que hoy continúa Biden.

Tienden al populismo (“el pueblo víctima de la élite”) e imitan el comportamiento la de gente común. Coinciden en la defensa de la familia, contra el aborto y las parejas homosexuales. Abascal adversa la ley de violencia de género que enciende hoy su país. Alternativa por Alemania llegó al parlamento en 2017 con un plan contra el euro y la Eurozona, y cuestiona la apertura a la inmigración de Angela Merkel, pero la catástrofe del Brexit obra maestra de Boris Johnson, matiza la tendencia a salirse de la UE. Un dirigente de Alternativa por Alemania AFV aclaró la nueva línea entrista, poner diques a la UE desde dentro. Si los gobiernos no tocan los tratados internacionales, los derechos humanos y la justicia, pueden vulnerar debilitar el identitarismo en sus países, la Comisión Europea no puede hacer nada, y si se juntan tres en el Europarlamento y 33%, de los votos, se constituye una “minoría de bloqueo” de las decisiones de Bruselas. Marine Le Pen cuyas referencias son Putin y Trump anunció en 2021 que de ganar saldría de la OTAN para contribuir a enderezar el desorden mundial, obtuvo 42% de los votos y junto al partido de la Libertad en Austria y Holanda, marca distancia de sus extremismos del pasado, una metamorfosis usual en los radicales que aguzan el entendimiento y dejan de ser carnívoros.

@CarlosRaulHer

 5 min


Beatriz De Majo

El malestar de la población china se manifiesta ya de manera violenta en varias ciudades. La semana en que el Titán de Asia alcanzó los peores números de contagios desde 2020 es un momento crucial para la disidencia aflore. .

La estrategia de manejo de la crisis sanitaria ha obedecido a un concienzudo abordaje oficial de una situación de hecho: el aparato sanitario con que China cuenta no es capaz de responder al tamaño del reto que configura la batalla contra el Corona virus. Muchos datos los desconocemos por el hermetismo de las autoridades, pero desde Pekín sí informan oficialmente que el diseño original ha sido cambiado 9 veces para acercarlo a las realidades científicas y sociales que van apareciendo dentro de la dinámica de la pandemia. 15 manuales técnicos detallados para prevención y control se han distribuido a escala nacional y se exige su cumplimiento estricto por parte de grupos claves de la población, por emplazamiento geográfico y por parte de organizaciones específicas.

En honor a la verdad, es preciso remarcar que los test de ácido nucleico que constituyen la primera línea de defensa del mal consiguen que, hoy por hoy, se peinen ciudades de 10 millones de ciudadanos en 24 horas!. Y es así como han logrado montar otra “Gran Muralla” dentro de la cual 90% de los 1400 millones de habitantes están íntegramente vacunados a la fecha. Mas sorprendente que todo lo anterior es que, para cortar rápido la cadena de transmisión, tienen diseñados tres tipos de macro- hospitales que se erigen y se ponen en funcionamiento en 48 horas.

Aun así, la estricta política de restricciones sociales para tratar de contener los brotes de Coronavirus ha servido de poco y, más bien, provocan el efecto de exasperar a la ciudadanía. Les ha tocado más de una vez, y ese es el caso en esta fecha, ordenar esta construcción acelerada de centros de cuarentena y hospitales de campaña.

El tema sanitario se está dando de la mano con otros desajustes como los bajos salarios. Un coctel perverso que incide sobre el empleo tiene en ascuas al gobierno: el menor crecimiento del PIB que es ya una incontestable realidad, crea menos puestos de trabajo que en épocas expansivas. La lentitud de la demanda externa e interna por igual provocan desempleo, las pequeñas y medianas empresas se encuentran en más apuros que las grandes por la contracción de sus ventas y, por último, el número elevado de graduados universitarios que está haciendo pico y que no logra emplearse mantiene a millones de jóvenes sin ingresos.

La única manera de salir del vicioso circulo es sostener la demanda para movilizar el empleo, pero este es un objetivo clave de difícil consecución por muchas razones, sobre todo porque la inclinación al gasto de sus ciudadanos no responde a los mismos parámetros de conducta compulsiva que conocemos en Occidente. En épocas de precariedad el ciudadano por diseño ahorra y guarda su dinero para las épocas de vacas flacas.

Por ello la tensión está en las calles mientras proliferan los contagios y Pekín no da con una solución. Ambos problemas, empleo y contagios le ponen la cuesta empinada a Xi.

 2 min


Luis Ugalde, S.J

El deslenguado y cínico jurista Pedro Núñez de Cáceres escribe en sus controversiales MEMORIAS caraqueñas que las constituciones son “un libro con que se alucinan los majaderos y del que se burlan los gobernantes” (p.697). Este dominicano de nacimiento y caraqueño por naturalización fue testigo de las intrigas políticas y de las constituciones de su tiempo: la de 1857 promulgada por José Tadeo Monagas que duró un solo año pero le sirvió al dictador para llevar su período presidencial a 6 años, legitimar su reelección y su dictatorial centralización; y la Constitución de 1858 elaborada por la Convención Nacional de Valencia y promulgada por el general Julián Castro, Jefe Provisional de Venezuela. Esta última era buena pero de poco sirvió pues días después fue degollada por los machetes y pisoteada por los caballos de la Guerra Federal.

Un librito para engañar a los tontos”

Los cínicos a veces dicen verdades y destapan realidades que los demás sufren y callan. José Tadeo Monagas nombró a Núñez de Cáceres ministro de la Corte Suprema, quitando para ello el requisito constitucional de ser nativo para ese alto cargo. Eran, dice, “dictaduras más o menos bárbaras, aunque reglamentadas por el cuadernito que apellidan Constitución” (p. 250). “Las constituciones han perdido su prestigio y nadie les hace ya caso desde que ven hacerlas con la facilidad de un reglamento de cofradía, y que ningún gobernante las observa, si no le da la gana. Todos saben que no son otra cosa que un librito para engañar a los tontos” (p. 392) Este cinismo de los que detentan el poder no logra ocultar la triste realidad. “Por otra parte el pueblo conoce que hay un malestar universal y que este mal no lo remedian las constituciones” (p.393).

Y completa el triste cuadro confesando sin tapujos: “En el día no hay más verdadero poder que el EJECUTIVO: los demás escritos en la Constitución bajo el dictado que les dan de poderes nacionales son más que de mera fórmula y adorno” (p.701).

Ahora, 160 años después, nos preguntamos ¿será distinto con la dictadura actual? ¿El régimen que promulgó la Constitución Bolivariana la respeta, y se desvive por cumplirla o es difícil encontrar artículos que no sean violados por el propio Ejecutivo?

¿Violación de la Constitución o asesinato de hombres y mujeres?

Quienes tienen la Constitución como “un papelito” para engañar bobos o una “mera fórmula de adorno”, no sienten que apresar adversarios y torturarlos, quitarles el partido, robar el presupuesto público, saquear la empresa petrolera, arruinar el salario y los sistemas de salud y de educación … sean delito. Con cinismo siguen voceando que “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político” (Art. 2 de la Constitución) ¡Qué barbaridad!

Si todos esos delitos fueran apenas violar “un papelito”, no tendrían importancia, pero se trata de violación de la vida de millones de venezolanos. Solo si partimos del dolor y la indignación que produce el ver a millones en exilio obligado, y a otros tantos, sin trabajo o con ingresos de hambre, sin escuela y sin atención de salud… Solo desde ahí podemos hablar de ética y valores sin cinismo. La sociedad civil entera y los políticos – sean del gobierno o de la oposición – hemos de renacer desde el corazón de millones de venezolanos despojados y maltratados. Esa es la violación que nos duele y combatimos.

¿Puede haber República en Venezuela?

El autor que hemos traído para que en su retrato del siglo XIX veamos nuestra realidad actual, concluye que “En Venezuela no hay ni puede haber República porque no hay republicanos” (p.695). Estamos de acuerdo en que no hay República, pero nos rebelamos contra la criminal y cómplice resignación de que no puede haberla. No podemos aceptar esa rendición que termina justificando el desastre, pues si no es posible que haya República, es absurdo tratar de conseguirla. Ciertamente faltan republicanos en Venezuela, pero es igualmente cierto que hay millones de republicanos latentes, dispuestos a activar su conciencia y creatividad pública en cuanto haya una conducción política responsable que interpela y pone en acción lo mejor de nuestra condición ciudadana. Lo demostramos hace medio siglo cuando Venezuela era la admiración y envidia de la América hispana en medio de un mar de sangrientas dictaduras. Había problemas heredados y cultivados, pero los avances democráticos sociales fueron increíbles…

Seamos del campo chavista o de la democracia opositora tenemos que apostar a hacer realidad la República con lo que la Constitución proclama como derechos humanos fundamentales y convertirlo en espíritu y conducta para que millones y millones de venezolanos nos pongamos en marcha a paso de republicanos. Para esto es imprescindible abandonar el cinismo con que se manipula la Constitución y se utiliza como pantalla verbal para ocultar una realidad impresentable. Esta transformación necesaria, hoy es tan difícil, que no es posible lograrla con medio país enfrentado al otro medio. Tiene que haber un pacto nacional tan serio y consecuente que el próximo gobierno democrático cuente con todas fuerzas nacionales sumadas y con un inmenso apoyo internacional.

Solo así podremos convertir la trágica muerte que hoy reina en Venezuela en vida y, oportunidades para la responsabilidad republicana con esfuerzo personal para construir la República. Millones de venezolanos tenemos que nacer de nuevo y hacer una sociedad de productores de convivencia social, de economía floreciente y de República de bien común.

 4 min


Diego Lombardi

La Venezuela de hoy se parece más a Siria, Libia o Líbano que a Colombia, Perú o Chile. Los países suelen compararse con sus vecinos. ¿Qué pasa cuando advierten que se parecen a países distantes? ¿Se ha convertido Venezuela en un factor extraño en el vecindario?

Los Vidal Olmos fueron una familia argentina de abolengo, vinculada a la aristocracia del país y su historia patriótica durante 150 años. Pero cayeron en desgracia y, al final, solo quedaron sus cenizas. El relato completo se encuentra en Sobre héroes y tumbas, la celebrada novela de Ernesto Sábato, que mezcla la historia de Argentina con oscuros pasajes de una familia llena de traumas. Como esta, muchas familias adineradas en distintas épocas y lugares pasaron de ser ejemplos de representación social a apellidos solitarios, sin riqueza ni amigos.

¿Qué ocurre con las viviendas de esas familias? La infraestructura se deteriora, los muebles se venden y queda una estructura derruida con cierto aire trágico. En la adaptación cinematográfica de la novela Grandes esperanzas, de Charles Dickens, dirigida por Fernando Cuarón y estrenada en 1998, la casa de Nora Dinsmoor (la señorita Havisham de la novela) aparece un buen ejemplo visual: un hermoso edificio cubierto por la vegetación, no completamente abandonado, pero sin su vitalidad de antaño. Una especie de limbo se respira en el ambiente de aquellas paredes.

Venezuela es hoy ese aristócrata caído en desgracia, el vecino que ha quedado en la bancarrota, en el limbo. Ante la debacle de los Vidal Olmos o Havisham, no es difícil imaginar cómo empezó a ser percibido el deterioro de sus viviendas por los vecinos, cómo se fueron convirtiendo en sujetos extraños a la comunidad y cómo, de esa manera, sus realidades se fueron distanciando. En ese contexto, las reacciones de los vecinos pueden ser diversas: desde la solidaridad con quien alguna vez fue un amigo hasta la preocupación cuando la desgracia de ese vecino empieza a afectar el bienestar propio.

Venezuela se ha convertido en ese vecino cuyas circunstancias lo han alejado de su comunidad. Más allá de la cercanía geográfica y una historia de conquista e independencia compartida, hoy el país caribeño comparte más similitudes con Irak, Armenia o Líbano que con Colombia, Perú o Chile.

Reconocer el vecindario

Comparar a Venezuela con países ubicados en alejadas regiones geográficas y con historias aparentemente dispares luce contrario al sentido común. Sin embargo, reconocer las características predominantes del vecindario puede ayudar a identificar la distancia entre un país y sus vecinos. Para ello se consideran tres aspectos clave de todo país: grado de desarrollo humano, grado y calidad de su democracia, y fortaleza o debilidad del Estado. Para medir estos aspectos se utilizan, respectivamente, el índice de desarrollo humano (IDH), el índice de democracia V-Dem (DEM) y el índice de fragilidad estatal (FSI en inglés).

Con datos de 2017 se agruparon los países mediante técnicas de aprendizaje automático (machine learning), que permiten hacer clasificaciones con múltiples variables. Se encontraron cinco grupos de países según las combinaciones de las variables mencionadas.

Clasificación de países según desarrollo humano, democracia y fragilidad estatal

Grupo 1

IDH medio: 0,75

FSI medio: 67,69

Dem medio: 0,51

Albania, Barbados, Bolivia, Bosnia y Herzegovina, Botsuana, Bulgaria, Colombia, Ecuador, El Salvador, Filipinas, Georgia, Ghana, Guyana, India, Indonesia, Irak, Jamaica, México, Mongolia, Montenegro, Namibia, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Rumanía, San Tomé y Príncipe, Suráfrica, Surinam, Timor Oriental, Trinidad y Tobago, Turquía, Ucrania

Grupo 2

IDH bajo: 0,51

FSI alto: 96,60

Dem bajo: 0,20

Afganistán, Angola, Bangladés, Bután, Burundi, Camboya, Camerún, Chad, Eritrea, Etiopía, Guinea, Nepal, República Centroafricana, Ruanda, Sudán, Togo, Turkmenistán, Yemen, Yibuti, Zimbabue

Grupo 3

IDH alto: 0,89

FSI bajo: 33,04

Dem alto: 0,76

Alemania, Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, Chile, Chipre, Costa Rica, Croacia, Dinamarca, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Japón, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Mauricio, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia, Suiza, Uruguay

Grupo 4

IDH medio: 0,76

FSI medio: 71,33

Dem bajo: 0,19

Arabia Saudí, Argelia, Armenia, Azerbaiyán, Bahréin, Bielorrusia, Catar, China, Cuba, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Fiyi, Gabón, Guinea Ecuatorial, Jordania, Kazajistán, Kuwait, Líbano, Libia, Malasia, Maldivas, Marruecos, Omán, Seychelles, Singapur, Sri Lanka, Tayikistán, Tailandia, Túnez, Uzbekistán, Venezuela

Grupo 5

IDH bajo: 0,51

FSI alto: 86,06

Dem medio: 0,46

Benín, Burkina Faso, Comoras, Guatemala, Haití, Honduras, Islas Salomón, Kenia, Lesoto, Liberia, Madagascar, Malaui, Mali, Mauritania, Mozambique, Nicaragua, Níger, Nigeria, Pakistán, Papúa Nueva Guinea, Senegal, Sierra Leona, Uganda, Zambia

Nota: IDH (índice de desarrollo humano), FSI (índice de fragilidad estatal), Dem (índice de democracia V-Dem).

Los países de Suramérica se encuentran en los grupos 1 (seis países) y 3 (cuatro países). En el grupo 4 se encuentra sola Venezuela. Si se utilizan las categorías geográficas, el país extraño a la comunidad de Suramérica sería Venezuela. Venezuela es hoy un vecino atípico. Su vecindario natural pareciera estar ubicado en el norte de África, quizás Medio Oriente o incluso, en menor medida, Asia.

Este análisis tiene implicaciones importantes. Siguiendo la metáfora de la vecindad, los problemas del vecino caído en desgracia se parecen más a los de vecinos de otras zonas, cuyas preocupaciones se refieren a violencia o acceso a comida, no a la limpieza de las aceras o la próxima fiesta de Halloween.

Estado, democracia y desarrollo humano

Cuando se intenta caracterizar un vecindario se utilizan variables sociodemográficas, como ingreso familiar, número de personas que habitan en la vivienda, presencia y uso de ciertos artefactos, entre otras. Con los países ocurre algo similar, para caracterizar una región se consideran variables tales como ingreso nacional, desigualdad, alfabetismo y muchas otras. El resultado es una comparación: entre países de una región o entre vecinos de una zona.

Este enfoque supone que la proximidad geográfica es el elemento de agrupación y que, por lo tanto, las unidades analizadas (países o vecinos) tienen características similares, como plantean Diamond (1997), con respecto a la divergencia en el desarrollo debido a la ubicación geográfica y el acceso a la tecnología, y Pomeranz (2000), en cuanto a la influencia de la geografía en el desarrollo por el acceso a los mercados. Ahora bien, esta manera de analizar la realidad particular de un vecino es incompleta.

Venezuela pertenece al grupo de países que se caracteriza por un grado medio de desarrollo humano, un grado medio de fragilidad estatal con tendencia al deterioro y un alto grado de autoritarismo

Desde el punto de vista de desarrollo humano, democracia y fragilidad estatal Canadá se parece más a Islandia que a Estados Unidos o México; incluso tiene mayores similitudes con Costa Rica que con México. De igual manera, la Venezuela actual se ve mejor retratada con Egipto o Marruecos que con Colombia o Perú.

¿Qué tienen en común los países pertenecientes a un grupo determinado? En el caso de Venezuela, el grupo de países al que pertenece se caracteriza por un grado medio de desarrollo humano, un grado medio de fragilidad estatal con tendencia al deterioro y un alto grado de autoritarismo. Esta no es la realidad presente hoy en Suramérica, particularmente con respecto al autoritarismo y la fragilidad estatal. Esto hace de Venezuela un caso único en el contexto suramericano; de hecho, en toda Latinoamérica solo puede ser comparada con Cuba.

Mudarse o sobrevivir

La casa de los Vidal Olmos terminó consumida en llamas, mientras que la de la señorita Havisham continuó semiabandonada. En la vida real es posible que, al final, el vecino caído en desgracia se mude. Pero los países no pueden mudarse, siguen en el vecindario aun si su situación cambia.

Venezuela es hoy un país en riesgo. Quizá la magnitud de su problema se magnifica al compararlo con sus vecinos en Suramérica, que enfrentan realidades complejas, pero menos dramáticas. Sin embargo, la situación de Venezuela puede empeorar. En este momento sus indicadores de desarrollo humano van en franco descenso, lo que pudiera agravar la fragilidad del Estado, y ambos factores pueden realimentarse y deteriorar aún más la situación.

Ante esa realidad urge encontrar fórmulas para frenar el deterioro de la situación en Venezuela, y revertir la tendencia. Se requieren principios guías, y el Consenso Bellagio pudiera ser un punto de partida. Para encontrar las herramientas de solución adecuadas es necesario hacer el diagnóstico correcto, y hasta ahora el foco ha estado equivocado: se ha centrado en “recuperar la democracia”, cuando la atención debería estar en revertir el deterioro del Estado y su consecuente fragilidad. Democracia y un Estado funcional no son excluyentes, pero en situaciones de emergencia el segundo debería preceder al primero.

Referencias

Diamond, J. (1997): Guns, germs and steel: the fates of human societies. Nueva York: Norton.

FFP (2019): «Fragile States Index. Measuring fragilities: risk and vulnerability in 178 countries». The Fund for Peace: https://fragilestatesindex.org/

Pomeranz, K. (2000): The great divergence: China, Europe and the making of the modern world economy. Princeton: Princeton University Press.

UNDP (2020): «Human Development Report 2019». United Nations Development Programme: http://hdr.undp.org/en/content/human-development-index-hdi

V-Dem Institute (2020): «Democracy report 2020». University of Gothenburg, Department of Political Science: https://www.v-dem.net/en/

Diego Lombardi, fundador y director general de Data Explorer (www.dataexplorer.pro) y profesor de Relaciones internacionales y Ciudadanía y democracia en el Instituto Tecnológico de Monterrey / diego.lombardi@tec.mx

12 de abril 2020

debatesIESA

http://www.debatesiesa.com/venezuela-el-vecino-en-desgracia/

 7 min


Arnoldo José Gabaldón

El 29 de noviembre se conmemoraron tres cuartos de siglo de la aprobación de la Resolución N.º 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la cual se acordó en 1948 la partición de Palestina en dos estados. Uno judío, el estado de Israel y otro árabe. Venezuela voto afirmativamente la Resolución a través de su Embajador ante la ONU Sr. Pedro Zuloaga, por instrucciones especiales del Canciller Andrés Eloy Blanco.

Comenzó así la dura jornada de un pueblo antiguo, el hebreo, por edificar un estado moderno.

Las elites venezolanas de la época, habían logrado felizmente consensos sobre algunos temas fundamentales. Uno absolutamente prioritario, era alcanzar progreso social y económico, dentro de un estado de derecho. Otro fue, el de solidarizarse con los pueblos que estaban sometidos al dominio colonial para que alcanzasen su independencia. Ambos sentimientos estaban hermanados. De allí la manifestación alborozada de los más destacados dirigentes e intelectuales venezolanos cuando se estableció en 1946 el Comité Venezolano pro Independencia de la Palestina Hebrea. Y concomitantemente, la votación favorable de Venezuela de la resolución N.º 181 antes mencionada, que precedió a partir de mayo de 1948, la declaración de la independencia de Israel y el inició del gobierno del brillante estadista David Ben Gurion.

Celebrar este acontecimiento cada año para la comunidad hebrea, tiene un propósito cultural y pedagógico. De allí que el Instituto de Cultura Venezolano-Israelí le confiera tanta importancia en su programación y que para mí sea muy honroso escribir estas palabras conmemorativas.

Ahora bien, es conveniente además la ocasión para reflexionar sobre los cursos que tomaron nuestras naciones a partir del tiempo comentado. Cada uno enfrentando sus propias vicisitudes. Las de Israel, formidables: las propias de fundar un país en un erial; el estar rodeado de enemigos mortales y el lidiar con una población heterogénea procedentes de múltiples regiones del mundo. Las vicisitudes de Venezuela, no menos adversas: población mayoritariamente ignorante, pues no había tenido la oportunidad en toda su historia de recibir buena educación; las enfermedades humanas propias del trópico profundo; y el caudillismo militarista y las autocracias heredadas de nuestra guerra de independencia.

A pesar de las diferencias sociológicas ostensibles, las dos trayectorias seguidas por nuestros pueblos tenían algunas semejanzas: empeño en el desarrollo material; consolidación de nuestra independencia política; lucha permanente por establecer una cultura democrática y la aspiración de ser una sociedad avanzada.

Mientras transcurrió la segunda mitad del siglo XX, los dos países bregaron afanosamente con sus propias estrategias, por aproximarse a tales objetivos nacionales. Israel tuvo muy serios obstáculos, en especial lo que represento la amenaza permanente de ser invadidos y aniquilados por sus vecinos. Venezuela, por su parte también tuvo que superar serios retos. Después de 1958, la posibilidad de caer nuevamente en manos de una satrapía militar, o, por el contrario, ser vandalizada por pseudo revolucionarios, que ofrecían el mar de la felicidad; además, el desafío existencial de diversificar la economía, cuando estábamos convencidos de que el modelo petrolero rentista que había sustentado nuestro crecimiento estaba agotado. Mas así, llegamos a finales del siglo y nuestros caminos seguían animados por algunos valores compartidos, orientándose en direcciones muchas veces coincidentes.

El nuevo siglo lo abordamos creyendo, aunque a prudente distancia, que todavía seguiríamos cursos semejantes. Pero por desgracia no fue así. Por eso he titulado estas lineas: “Dos caminos divergentes durante el siglo XXI”

¿Por qué escoger ese tema? Por creer que es conveniente que las actuales y próximas generaciones entiendan los recovecos que nos deparó la historia y saquen lecciones válidas para sus vidas.

Deseo formular algunas reflexiones que van dirigidas tanto a los venezolanos como a los hebreos, que solidariamente han demostrado compartir con nosotros la misma patria, en especial durante las penurias sufridas por ambas comunidades en las pasadas dos décadas.

Para el año 2000, Israel era un país que había salido a flote como potencia en una variedad de dimensiones. En el campo científico y tecnológico, base de su alto crecimiento industrial y agrícola; en su vitalidad económica general; en el desarrollo de su sector agroalimentario, a pesar de sus desfavorables condiciones fisiográficas; en la administración de su recurso más escaso: el agua; en los altos niveles de vida alcanzados por su población en forma bastante equitativa y en la fortaleza de sus instituciones democráticas. Permítanme que me explaye en cada una de estas dimensiones.

La educación a todos los niveles del pueblo israelí, ha sido la clave de su admirable desarrollo humano. Especial atención ha recibido la educación universitaria, estableciéndose instituciones de alto rango internacional. El financiamiento de la investigación científica y tecnológica ha constituido un área prioritaria, hasta el punto de anotarse un monto anual de recursos financieros destinados a esta actividad que ha rondado permanentemente entre el 4 y 5% de su Producto Interno Bruto (PIB), de los mayores registrados a escala mundial. Cientos de empresas transnacionales importantes han establecido centros de investigación y desarrollo en este país. Y los jóvenes formados por el sistema educativo han mostrado tener el carácter y asertividad para acometer agresivamente la creación de cientos de empresas startups, una por cada 1.800 habitantes, siendo la mayor tasa per cápita del mundo, captando la atención de fondos de inversión internacionales.

“Esto ha convertido a Israel en un gran atractivo para el capital extranjero que busca expandirse en el ramo tecnológico, teniendo origen extranjero casi 86% de capital invertido en sectores tecnológicos. Israel se considera como un gran centro de negocios atractivo para la inversión del capital extranjero, no solamente por el apoyo gubernamental, si no también debido a sus tratados internacionales que lo convierten en un puente con otras potencias”. (Jaramillo Vargas et al, 2019)

La economía de Israel ha estado creciendo durante los últimos 21 años a una tasa promedio de alrededor del 4,0 %, lo que constituye un performance notable.

Su sector agrícola, asentado sobre superficies completamente áridas, pero beneficiado por una persistente actividad investigativa; el suministro eficiente de riego y el trabajo de esforzados agricultores, ha permitido al país convertirse en exportador de una serie de rubros alimenticios de demanda creciente en los mercados internacionales. Israel constituye un modelo sobre la más esmerada administración del recurso agua, a través del cual no solo se utilizan al máximo sus limitadas potencialidades, sino que se aprovechan también, por reúso, los excedentes hídricos de todos los demás sectores sociales y productivos.

Los beneficios de su acelerado crecimiento económico, en virtud de sus avanzadas políticas sociales, han sido distribuidos lo más equitativamente posible entre su población, razón por la cual sus índices de pobreza son aceptables.

Por último, deseo referirme a la resiliencia de su sistema democrático. Han establecido un sistema alternativo que funciona. Uno que respeta primeramente los derechos humanos de la población, especialmente la libertad. Podrá tenerse mayor o menor simpatía por los partidos políticos que han gobernado el país, pero han demostrado que pueden alternarse en el poder y ello ha ocurrido sin mayor trauma, ni perder la gobernabilidad, lo que significa un logro muy importante.

Mientras Israel proseguía este curso exitoso de progreso, ¿qué le ocurrió a Venezuela durante el presente siglo? Esos caminos no tenían por qué ser divergentes. Lo que voy a decir es en su mayor parte conocido. Son crudas y tristes realidades. Pero que deben mencionarse reiterativamente para hacer mella en el alma nacional, más que para dolerse de ellas, sí, con vista a corregir rumbos y a sacar provecho en beneficio de una exitosa hazaña de reconstrucción nacional, que habrá que emprender cuando se den las condiciones favorables.

El descalabro que ha tenido el país en estas últimas décadas, pasara a ilustrar la bibliografía sobre el desarrollo de las naciones, como uno de los casos más rotundos de fracaso, sin que hubiese de por medio un conflicto bélico explícito.

Venezuela se encuentra en uno de sus peores tiempos en los últimos 100 años. Esa no es una exageración retorica. Si tal circunstancia fuese el resultado de una situación puntual o coyuntural, podríamos tener la certeza de que ella sería superable tarde o temprano. Pero si lo que estamos padeciendo es el resultado de una tendencia regresiva de carácter general y con ello quiero decir que tiene dimensiones culturales, antropológicas, políticas y económicas, entre otras; superarla exigirá esfuerzos colectivos muy complejos y del más largo aliento.

¿A qué denomino una tendencia histórica de atraso nacional? A un proceso que discurre por tiempo prolongado y dentro del cual un conjunto de parámetros representativos del bienestar espiritual, intelectual y material de una nación, se ven desmejorar progresivamente, conformando así una tendencia.

Me refiero, por ejemplo, cuando se estanca o disminuye por largo tiempo su producción de bienes y servicios.

Se aprecia con congoja como aumenta la pobreza, siendo esta la manifestación más ostensible del atraso de una nación.

Se ha desorganizado y degradado el Estado a los fines del cumplimiento de sus objetivos esenciales, al punto de que algunos lo califican de estado fallido o forajido.

Vemos mermar la producción de artículos científicos y el registro de nuevas patentes.

Surgen masivamente asentamientos humanos en terrenos invadidos y las ciudades se degradan.

Se ve destartalar la infraestructura física, sin que surjan fuerzas sociales capaces de revertir tal situación.

En cuanto a la aplicación de la justicia hemos tenido un tremendo retroceso: no hay estado de derecho.

La seguridad ciudadana se hace cada vez más riesgosa; los servicios públicos se deterioran; los índices de salud y educación se retrotraen a valores alcanzados anteriormente, como es el caso de la mortalidad y morbilidad por algunas enfermedades; la desnutrición infantil inhabilita para siempre a un porcentaje alarmante de población. La disminución de la calidad de la educación a todos los niveles se hace visible, especialmente después de la pandemia; y el deterioro ambiental, es rampante, como se ha constatado con el proyecto Arco Minero del Orinoco.

Pero este proceso no sucedió de la noche a la mañana y ha persistido prolongadamente, como hemos expuesto. Por eso constituye una tendencia al atraso muy preocupante.

Uno de los síntomas más graves de ese fenómeno, es cuando se aprecia que el alma colectiva desfallece, víctima de la desesperanza y la resignación, como acusamos en la actualidad.

No hay que confundir el estancamiento económico, por el cual han pasado muchas naciones en algún momento de su historia, especialmente los que están atados a la volatilidad de un solo producto de exportación, con los síntomas de un descalabro social. Sabemos que los denominados estancamientos o recesiones económicas, obedecen a ciclos que son superables a través de políticas públicas acertadas. Sin embargo, más se asemeja nuestra crisis, con las secuelas de una guerra de grandes proporciones que hubiese azotado al país y que dejó diversas manifestaciones negativas, espirituales y materiales.

Estas son las tristes realidades que a la sociedad venezolana le toca comprender y confrontar en el presente. Y en tal contexto nos cabe plantearnos ¿si existen bases para sustentar algunas esperanzas positivas de revertir ese proceso?

Diría que sí, pero ello debemos abordarlo con prudencia razonable, para no crear falsas expectativas. Veamos.

Recuperar el tamaño de la economía que tuvimos anteriormente demandará como mínimo 2 o 3 décadas continuas de buen gobierno.

Igualmente se necesitará reconstruir institucional y humanamente el Estado, hoy incapacitado para prestar los servicios públicos más elementales.

Un país con tan exuberantes recursos naturales de todo tipo: agua, energía, aceptables extensiones de buenas tierras para la agricultura y clima tropical, entre otros, ¿cómo puede esperar otro destino que no sea mejorar? Lo que nos hará falta dentro de un proceso de reconstrucción nacional, es aprovechar dichos recursos con políticas públicas más inteligentes, creativas y bien instrumentadas.

Un aspecto muy importante, es que todo el talento nacional no se ha fugado a través de la diáspora, que fue provocada. Este es el mayor daño que se nos ha causado. Mas quedan en el país todavía numerosas legiones de inteligentes emprendedores y diligentes trabajadores, existiendo razonables posibilidades de que algunos de los que se fueron regresen a la patria, si son atraídos con estímulos apropiados.

No se ha perdido todavía la propensión social a vivir en democracia y ese es un antídoto invalorable para luchar contra el despotismo imperante.

Aun contamos con un sector privado productivo, que, aunque muy averiado y mal acostumbrado con respecto a las ayudas que debe esperar del gobierno, puede reaccionar favorablemente ante una mejor conducción económica.

Tenemos iglesias más o menos unidas, que pueden coadyuvar al desarrollo espiritual y material de la población.

Existe una buena disposición ciudadana a la participación social, indispensable para mejorar el ejercicio democrático.

Poseemos una infraestructura física que podemos recuperar, e igual hacer con las instalaciones de la industria petrolera y del sector eléctrico, que han sido tan mal operadas y mantenidas en los últimos tiempos.

La industria petrolera nacional, puede volver a ser un coadyuvante importante al desarrollo, si la abrimos al capital privado nacional y foráneo. La transición energética en marcha puede todavía ofrecernos una ventana temporal de oportunidades.

Lo que nos hace falta ahora es recuperar un espíritu nacional positivo. Sacar provecho de las experiencias adversas que hemos sufrido. Y actuar con coraje frente a la autocracia.

De esta crisis tenemos que extraer muchas lecciones útiles. Autocriticar las debilidades de nuestras propias conductas individuales y colectivas, para corregirlas. Y añorar un liderazgo más luminoso que ponga por delante los intereses de Venezuela, ante los propios.

Vendrá, Dios mediante, y de manera irremediable, un cambio político en el futuro. Soy un obsesionado con la elaboración de los planes de reconstrucción que deberemos acometer. Sera el momento de volver a mirar cursos coincidentes en el desarrollo de ambas naciones: Venezuela e Israel. Aunque muy rezagados nosotros, por la tragedia que nos ha sucedido, esa será una oportunidad propicia para volver a mirarnos uno frente al otro, de manera de emular los enfoques para progresar que el pueblo israelita pueda ofrecernos.

(*) Adaptación de las palabras pronunciadas en la Unión Israelita de Caracas, el 29-11-2022 para conmemorar los 75 años de la aprobación de la Resolución 181 de la Asamblea de la Naciones Unidas, mediante la cual se acordó en 1948 la partición de Palestina en dos estados. Uno judío, el estado de Israel y otro árabe.

REFERENCIA

Jaramillo Vargas, J.D., Ortiz Espinosa, C.N., Mora López, A., Negrete Osuna, J.C. (2019). El desarrollo económico de Israel. https://www.gestiopolis.com

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Nelson Hernández

El hidrógeno es un gas incoloro, inflamable, inodoro e insoluble en agua. A pesar de ser el componente más abundante en el universo, es muy escaso en la atmósfera terrestre, ya que, al ser tan ligero, escapa a la gravedad de nuestro planeta. La mayor parte del hidrógeno terrestre se encuentra en forma de hidrocarburos y de agua.

El hidrogeno (H2) se vislumbra a futuro como el vector energético de mayor utilización por su versatilidad, y es clave para alcanzar una exitosa Descarbonización del sistema energético global para mitigar el cambio climático.

La gráfica muestra el círculo cromático del H2, y el color asignado va a depender de su método de obtención. La tendencia mundial, es obtenerlo a partir de la electrolisis del agua, utilizando electricidad proveniente de fuentes energéticas no emisoras de CO2. En tal sentido, entrarían el H2: verde, amarillo, purpura, rosado y rojo. De estos, el hidrogeno verde (H2V) es el de mayor auge.

A nivel de Venezuela, las riberas del rio Orinoco son ideales para la producción de H2V: Agua dulce abundante, alta potencialidad eólica y solar, terrenos planos y vía fluvial para salir a los mercados internacionales.

Venezuela debe aprovechar estas características intrínsecas para convertirse en un centro mundial de H2V. ....

noviembre 29, 2022

https://gerenciayenergia.blogspot.com

https://gerenciayenergia.blogspot.com/2021/01/hidrogeno-el-estado-del-ar...

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Humberto García Larralde

Nos hemos echado el cuento tantas veces que, a estas alturas, nos creemos curados de espantos. No obstante, como es una deformación que, prácticamente, corre por nuestras venas, no está de más una nueva repasada. Y es que el rentismo está intrínsecamente implicado en la ascendencia y consolidación de la dictadura chavo-madurista. Ahora que la negociación entre el régimen y la plataforma unitaria acuerda la liberación de fondos para atender la emergencia humanitaria, es aún más pertinente.

Comencemos precisando qué se entiende por “renta”. Se refiere al beneficio extraordinario que capta el propietario de un recurso al explotarlo en condiciones en las que no priva la competencia. Se trata, por ende, de una ganancia monopólica, superior al ingreso que obtendría en mercados competidos. La acepción que nos interesa aquí deriva del usufructo exclusivo de un recurso finito de mayor productividad o rendimiento, como sucede con las tierras particularmente fértiles, afín al concepto de renta diferencial desarrollado por el economista inglés del siglo XIX, David Ricardo. Es distinta a las denominadas seudo-rentas de innovación que impulsan la competencia (monopólica) de hoy. Éstas son ganancias extraordinarias que resultan del éxito comercial de una innovación, pero que son abatidas constantemente por mejoras que, a la vez, introducen los competidores. En todo caso, como no se cansaba de enfatizar el académico Asdrúbal Baptista, la renta consiste en “un ingreso no producido”.

El Estado venezolano, propietario por disposición constitucional de un recurso del subsuelo, el petróleo, cuya extracción ha tenido, históricamente, bajos costos relativos y que, desde los años ’70, ha disfrutado de políticas de control de la oferta coordinadas a través de la OPEP, ha captado enormes rentas por su venta en el mercado internacional. Su impacto económico deriva de la forma en que se distribuye, suponiendo, claro está, que el petróleo logra extraerse. Está sujeto, por tanto, a determinaciones políticas más que económicas. Su usufructo no está acotado por imperativos de racionalidad económica, como son las llamadas “leyes de mercado”, sino por la normativa plasmada en el marco institucional que rige a la nación, su constitución y sus leyes. Felizmente, la vocación democrática de quienes dirigieron al Estado luego de la caída de Pérez Jiménez acató, mal que bien, estas limitaciones.

En ello competían AD y COPEI. Disponer de estos portentosos recursos no era pequeña cosa, sobre todo con el boom petrolero de los ‘70. A pesar de estar en el interés político de cada uno denunciar al otro si, estando en el poder, se desviaba de la norma, la tentación llevó a componendas que poco a poco fueron introduciendo, lamentablemente, márgenes crecientes de discrecionalidad en el manejo de la renta. Ello se reflejó, además, en una panoplia de incentivos y castigos diversos que alimentaron la caza de rentas, dispensadas por decisiones tomadas por alguno que otro funcionario con poder. Fue la razón de muchos negocios, desplazando a la vocación productiva, propiamente dicha. A la vez, buena parte de la población se acostumbró a exigir una variedad de derechos sin que mediara el cumplimiento de sus deberes --como ciudadanos corresponsables-- para que éstos pudieran cumplirse debidamente.

Crecientemente, la cultura rentista sentó las bases de una perspectiva política interesada en “relativizar” las acotaciones del Estado de Derecho. Si los abundantes recursos –la renta-- estaban disponibles y las necesidades (o los dividendos políticos de distribuirlos) eran tantos, ¿por qué no saltarse de una u otra forma las restricciones para dedicarlos a la solución de los ingentes problemas del país? Y, en una sociedad amamantada en el culto al héroe –el Libertador-, este voluntarismo redentor y patriotero no tardó en fructificar en la opción populista revolucionaria que, una vez en el poder, destruyó al país.

Es menester entender que, si quien maneja la renta maneja a la nación –resuelve problemas a discreción y cosecha, en consecuencia, triunfos políticos--, ello se traduce en un sentido de apropiación del país. Venezuela le pertenece. Y ello se percibe de manera prístina en los personeros de la llamada “revolución bolivariana”: ellos no son una opción política más que compite por la conducción de las riendas del Estado, son los auténticos venezolanos, los patriotas, dueños del país. Esta apropiación ha sido abonada, tanto con el alegato de ser genuinos herederos de Bolívar, como por las posturas izquierdosas de algunos dirigentes “revolucionarios” que pregonaban romper con la “racionalidad del mercado” a fin de instaurar el socialismo. La prosecución de la justicia social dictaba que, desde el poder, se distribuyese directamente los proventos de la exportación petrolera. Para ello, había que desmantelar el Estado de Derecho burgués. El bienestar material de la gente no debía quedar restringida por legalismos o supuestas leyes de mercado, sino proseguirse directamente por voluntad “revolucionaria”.

Sabemos que tales ideas, que bien pudieran haberse creído inicialmente con sinceridad por algunos chavistas, degeneraron rápidamente ante las realidades de un poder sin transparencia, ni rendición de cuentas, y sin los contrapoderes –incluyendo los medios de comunicación libres—que contuvieran sus abusos. La impostura resultante del discurso cumplía, ahora, otra finalidad. Ya no era el ideario legitimador de un proyecto político ante las masas, en pugna con otras opciones de poder, sino un credo para invocar lealtades y reclamar la obsecuencia de sus partidarios. El chavismo y su degradación madurista se cerró sobre sí mismo, convirtiéndose en una secta de fanáticos, para quienes los clichés que se repetían a sí mismos se transformaban en “verdades reveladas”. Se prescindió, así, de toda necesidad de entender la realidad tal cual es, para “justificar” sus ejecutorias.

La estupidez a que puede conducir esta postura es ilustrada por el reciente informe de la comisión especial de la asamblea nacional madurista para investigar crímenes contra los migrantes venezolanos en el extranjero[1]. Sin rubor alguno, afirma como culpable a una “campaña de la neurociencia”, que convierte a la migración “en arma injerencista y desestabilizadora contra la Nación venezolana (cuyas) herramientas fundamentales fueron las emociones inducidas. A saber: el miedo, ansiedad y angustia usados como debilitadores mentales estimulantes de decisiones instintivas, son decisiones que derivan solamente por estímulo al cerebro reptiliano o reptil, el cerebro primitivo humano”. Los millones de venezolanos que migraron no lo hicieron por la gravísima crisis económica y social, o por la persecución política. Fueron “mentalmente expulsados de la patria” (¡¡!!)

Con tales argumentos autocomplacientes el chavo-madurismo aborda también los demás ámbitos de su existencia. Las fortunas amasadas por jerarcas políticos, enchufados y militares traidores no se deben a corruptelas. Obedecen al merecimiento que depara ser conductores de un proceso de redención de la patria, definido en términos de sus propios criterios. Las potestades y sinecuras que disfrutan son prueba de que la “revolución” triunfó; disponen ahora de los recursos que permiten una vida holgada. Allá quienes se autoexcluyeron o, peor aún, se dedicaron a sabotear el proceso como opositores. Todo el castigo de la “justicia revolucionaria” debe caer sobre ellos: presidio, tortura, confiscación de bienes, discriminación en el acceso a los bienes públicos y hasta la muerte por represión, si no puede evitarse.

Acaba de acordarse la cooperación entre el gobierno de facto y los representantes de la plataforma unitaria (oposición) para liberar unos USD 3.000 millones congelados en el extranjero, con el fin de atender la emergencia humanitaria de los venezolanos, fundamentalmente en salud y servicio eléctrico. Se informa que habrá de administrarse bajo supervisión de la ONU. Como incentivo a la negociación, el gobierno de EE.UU. dispensa a la Chevron para que pueda reanudar sus operaciones en Venezuela y exporte petróleo, siempre que sus proventos no ingresen a las arcas del Estado o de la PdVSA corrupta. Bien que así sea. Son los resguardos obligados de negociar con mentes dañadas, pendientes de lograr la incorporación, después de todo, a Alec Saab a su delegación, en la figura de su esposa, Camila Fabri, como triunfo. Son esas las prioridades de la secta en el poder, por si acaso no lo sabíamos.

[1]https://cronica.uno/comision-de-la-an-culpa-a-la-neurociencia-por-la-mig...

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

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