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Opinión

Benjamín Tripier

Las dos ofertas estratégicas de energía que Latinoamérica puede ofrecerle a los aliados son Vaca Muerta en Argentina con gas y Venezuela con petróleo pesado. En ambos casos hay que hacer inversiones muy importantes que tomarían no menos de 3 años para comenzar a entregar algo. En Argentina tienen, además, el tema mapuche; y en Venezuela, las sanciones al gobierno.

Y los horizontes de evaluación son: uno, mientras dura la guerra; y dos, para después de la guerra. Si esto se da así, la geografía del suministro habrá cambiado radicalmente para cuando, dentro de diez años (por decir una fecha), la guerra haya terminado y se hayan consolidado los nuevos polos económicos.

La otra oferta estratégica de la región es la de los alimentos, para la cual tanto Brasil como Paraguay y Uruguay están preparados, mientras que Argentina, principal opción en otros tiempos, no solo no está preparada, sino que los tributos internos funcionan como un lastre que inhibe las posibilidades.

Es más probable (y posible) que los productos argentinos salgan de contrabando hacia Paraguay y Uruguay, para ser exportados al mundo, que la posibilidad de que Argentina los exporte directamente. Eso además de la falta de gobernabilidad y la anarquía interna en el gobierno kirchnerista.

A Venezuela la percibirán como una opción energética, pero solo si se logra consolidar y asegurar la fuente de suministro, cosa que es difícil que ocurra en las condiciones actuales. Por lo que las opciones de participar se ven bastante reducidas; porque el aporte que pudiera hacer una Venezuela sancionada, es marginal, y en la relación de bdp por problemas políticos internos, la relación, definitivamente, es negativa para el gobierno de Biden: en Estados Unidos son más los que presionan para profundizar sanciones, que los que presionan para flexibilizarlas o levantarlas.

La situación muy incómoda en la que se ha puesto Venezuela a sí misma, no cambiará de un momento para otro; y hasta es posible que, aun habiendo un cambio de gobierno (poco probable), la desconfianza continúe, porque, así como el chavismo no vino del espacio, tampoco se irá al espacio ni desaparecerá con un cambio de gobierno.

Debemos comprender que, a futuro, la inercia nos está llevando a una distribución política de tres cuartos distribuidos entre PSUV, VP y Primero Justicia; y el resto, entre partidos que, habiendo sido mayores y hegemónicos en otros tiempos, hoy son menores y sin fuerza, ni propuestas. Claro, siempre y cuando no aparezca un outsider que nos cambie la vida, y que en diez años seamos un poco más que la inercia positiva de una realidad calamitosa. La esperanza está puesta en el outsider.

La presión de los aliados sobre Venezuela puede ser un factor que repita las experiencias de invasión de la época Trump, más que nada porque es posible que, ya avanzada la guerra y siendo Rusia y Putin (o quien lo suceda) el enemigo indiscutible, Trump recupere la presidencia y sigamos postergados.

Esta oportunidad de volver a ser proveedores confiables de las fuerzas aliadas en contra de un jerarca que se cree que puede conquistar al mundo, pues parece que la perderemos.

Tenemos dos Guaidó, el percibido por el gobierno de Venezuela, por grupos opositores y por el resto del mundo, como el líder de la oposición venezolana; y el percibido por algunos de sus “compañeros” dirigentes y parte de las bases opositoras, como alguien que debe ser reemplazado. Al gobierno no le interesa que se reemplace a Guaidó porque toda su estrategia está alrededor de él y de lo que representa de cara a Estados Unidos; y seguramente no apoyará a quienes quieran reemplazarlo porque le costaría encontrar a alguien con tantos atributos “anti”.

Lo anterior tiene que ver con una especie de ebullición silenciosa que hay en las filas opositoras, y que no han logrado despertar entusiasmo en las bases, así ahora las visiten buscando votos para las primarias. Una vez más se trata de algo entre las cúpulas, donde el pueblo y sus necesidades parecen ser lo de menos.

No se ha escuchado a ningún líder opositor hablar de problemas concretos, proponer alguna línea conceptual, o alguna solución. Creen que con decir “cambio de gobierno” ya está todo dicho. Y no es así, aún hay dudas importantes sobre el desempeño que tendrían gobernando, y si no sería más de lo mismo, pero con signo diferente.

Aún hace falta que alguien proponga ideas que no pasen solo por rescatar Pdvsa o Sidor, que no signifique paternalismo o rentismo, en definitiva, hace falta alguien que genere una esperanza y ese alguien aun no apareció…y si apareció, pues lo disimula muy bien.

La reunión del G7, como últimamente ocurre con casi todas las reuniones que involucran a la geopolítica, tendrá el foco puesto en la guerra Rusia-Ucrania. Ese es el tema que dominará al mundo en los próximos años, y todo lo que se haga o deje de hacer tendrá algo que ver la guerra. La cual, lejos de mantenerse focalizada o de terminar, todo indica que se ampliará, profundizará y nos arrastrará a una nueva geopolítica que hará que las proyecciones que había hasta febrero pasado, queden obsoletas; y que países que parecían “ganadores” se vuelvan “perdedores” y también al revés.

Nuestra región latinoamericana no quedará ajena al conflicto, porque será vista como el repositorio de reservas de alimentos y energía, para cuando el mundo consumidor que es el que está en guerra, nos necesite. No ahora, no pronto, pero nos necesitará.

Y ya no importa mucho lo que nosotros en Latinoamérica pensemos, sino que todo será desplegado desde el punto de vista de Estados Unidos y de la UE. Porque ellos saben, mejor que nosotros, qué es lo que podemos y qué no podemos; no es necesario que el presidente de Argentina, en representación de la Celac diga u ofrezca, porque ellos están claros con qué pueden contar, y apretando qué clavijas pueden lograrlo. Lo que sí es seguro es que no se prestarán al juego político interno de cada país, no debemos menospreciar su capacidad de análisis.

Por el momento, lo más seguro es que vayamos a una guerra más amplia y que nuestra región sea alineada con las necesidades de los aliados. Y esa alineación será voluntaria, o forzada, pero no permitirán un juego ambiguo de ningún gobierno de la región. En tiempos de guerra, la soberanía queda sujeta al peso de las armas y al poder de los ejércitos. Hay que comenzar a “poner las barbas -o bardas- en remojo”.

El caso de Petro como vecino es un hecho ya consumado –solo falta que tome posesión– y solo tenemos que anticipar escenarios para minimizar el factor sorpresa. En ese sentido, lo primero es considerar que lo más probable es que el comercio se reactive, y que si el gobierno de Venezuela sigue actuando con pragmatismo, evitará politizar el tema, ni a favor ni en contra de la revolución; replegarse y dejar que el mercado actúe. No olvidar que mientras estuvo “cerrado” se creó una red informal, en negro, que no desaparecerá con la apertura; por lo que el pragmatismo deberá extenderse a no interferir con el nuevo rumbo.

En lo político ideológico, no hay manera de que Petro pueda desligarse de su pasado y del impacto que significa en los capitales que mantienen en buena forma económica a Colombia. Ese miedo que genera no podrá ser disipado con palabras (aunque las palabras mal utilizadas pudieran desencadenar consecuencias), si no con acciones concretas, con lo que haga, y con lo que no haga: debe cuidar muy bien sus decisiones. En los siguientes meses veremos cómo se desarrolla la relación entre Petro y el capital.

Recomendación

Al gobierno

  • Que evite politizar la nueva relación con Colombia, porque no le aportará nada bueno; todo lo contrario. No hay que obligar a Petro a opinar sobre Maduro; hay que dejar que el comercio fluya y que el Estado cumpla su rol fiscal y de control de calidad.

A la dirigencia de la oposición

  • Que revisen las relaciones internas, y eviten el “show” de las peleas acusatorias; porque una vez que terminen las primarias deberán estar todos del mismo lado. Y si no cuidan las agresiones, habrá heridas que no sanarán.

A los dirigentes empresarios

  • Que reactiven las relaciones de negocios con Colombia, pues pudiera ser el buffer zone por donde tengamos acceso a productos originales; y además los puertos colombianos pudieran ser las entradas de productos, y que aquí nos lleguen por tierra. Hay que trabajar sobre eso y contribuir para que todo salga bien. Y hacerle propuestas al gobierno para facilitar el cruce de frontera de transportes colombianos

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Instagram: @benjamintripier

Twitter: @btripier

 6 min


Ismael Pérez Vigil

La semana pasada, al comentar el triunfo de Gustavo Petro en Colombia, analicé los argumentos de quienes explican el resurgimiento del populismo en América Latina como una consecuencia de la “muerte de las ideologías” −que puede ser cierta o no− y, sobre todo, agregué yo, por la “muerte de los partidos políticos tradicionales”, algo a lo que todos hemos venido contribuyendo en los últimos 40 años; veamos ahora un poco más a fondo que es lo que denomino la muerte de los partidos políticos y las críticas que se hacen a los partidos políticos tradicionales, que es el punto que quiero destacar.

Los partidos tradicionales

Por partidos tradicionales voy a entender esos partidos que se desarrollaron desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX, identificados con las grandes ideas, doctrinas políticas e ideologías clásicas (socialistas, comunistas, fascistas, liberales, etc.) y que hoy −sin duda alguna y casi en todas partes− están en grave crisis, abandonados por un pueblo, que ya no los sigue, y huérfanos de liderazgo.

Este es un tema delicado. Siempre he defendido a los partidos de la aguda e inmisericorde campaña antipolítica, descerrajada contra ellos desde mediados de los años 70 del pasado siglo; pero cuando defiendo a los partidos y señalo que son el elemento esencial para el desarrollo de la democracia, no necesariamente me refiero a los partidos que hoy en día tenemos.

Sin saber a ciencia cierta qué es lo que están haciendo internamente por renovarse y aun dándoles el beneficio de la duda, no puedo dejar de reconocer las críticas que se les hacen, y debo lamentar que la mayoría de ellos no han dado muestras de haber llevado a fondo sus procesos internos de renovación para superarlas, algo que nos vienen ofreciendo desde principios de la década de los 90 del siglo pasado, cuando ya era evidente su declive y la pérdida de su influencia sobre el país.

La crítica a los partidos

Es lamentable que muchos de los partidos se han ido convirtiendo en un cascaron vacío de ideología; son hoy expresiones decadentes de lo que fueron en su pasado glorioso, hoy de escaso arrastre social, con muy poca participación popular en sus filas y que se activan tan solo en momentos de procesos electorales, en los que desarrollan costosas campañas publicitarias, para las que necesitan cuantiosos recursos económicos, ahora escasos en Venezuela para esta actividad, desde que fueron despojados por la Constitución de 1999, cuando se los privó de los recursos del Estado y se les hizo más dependientes del financiamiento privado.

Al acudir a esas fuentes privadas de financiamiento, los que triunfan en comicios regionales y locales, suelen quedar tan comprometidos financieramente con los grupos que los financiaron, que tienen poca o ninguna independencia para llevar adelante sus programas e ideales propios; queda comprometida su independencia y se convierten fácilmente en rehenes e instrumentos de quienes los financiaron.

Muchos de sus líderes, antes asiduos a micrófonos de radio y cámaras de televisión, se han convertido ahora en “líderes de redes sociales”, que pululan alrededor de las mismas, a la caza de seguidores y “likes” y en casi todos ellos, al parecer, su inspiración programática son las encuestas de opinión y sus dueños o asesores, a los que siguen como si tratara de verdaderos oráculos.

Ante ese vacío u orfandad política que se ha creado, el pueblo ha iniciado una búsqueda que no siempre lo ha llevado a las mejores opciones. No es nada extraño que en toda América Latina, los sectores populares, masivamente, hayan dejado de seguir las opciones políticas tradicionales y los que no se marginan de la política y los procesos electorales, se inclinan por esas “figuras mesiánicas”, salidas de la nada, que cabalgan la ola de la antipolítica y el “neo populismo” y que van triunfando país tras país, en donde las instituciones se van derrumbando a su paso, como castillos de barajitas, y las que no lo hacen espontáneamente, son demolidas en cuanto llegan al poder esos nuevos demiurgos de la destrucción política.

Nuevos caudillos y populismo

El pueblo ha descartado, por toda América Latina −probablemente con la única excepción de Argentina, donde el peronismo sigue rampante e inmutable después de 80 años− a los partidos tradicionales y se han inclinado por llevar al poder a los “nuevos” caudillos que se le ofrecen; en algunos casos son líderes que rompieron con sus orígenes y se lanzaron a buscar el apoyo electoral en opciones fuera de sus partidos tradicionales, como el caso de Rafael Caldera en Venezuela en 1993; en otros casos, hartos de la falta de respuestas, viendo pasar a su lado la riqueza sin que nada o muy poco les toque, van buscando opciones de izquierda o populistas de derecha, entre quienes no han ejercido el poder con anterioridad, sin preocuparles las tendencias políticas, ni los viejos parámetros de izquierda o derecha, les basta con que tenga para ellos un mensaje y representen una ruptura con el orden tradicional y sus partidos más representativos, que no resolvieron sus problemas. En el fondo, piensan, tiene poco que perder el que nada tiene.

La búsqueda no ha sido fácil ni lineal, hay desvíos, avances y retrocesos, pero de esa manera llegaron al poder, para hablar de los más recientes, los Jair Bolsonaro, Gabriel Boric, Nayib Bukele, Pedro Castillo, Xiomara Castro, Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, Lopez Obrador, Luis Arce, Lula da Silva, Nicolás Maduro, Pepe Mujica, Daniel Ortega, Dilma Rousseff, hasta Álvaro Uribe pertenece a esa estirpe y ahora la última novedad, Gustavo Petro en Colombia.

Explicaciones al populismo

En ninguno de los casos donde han triunfado las opciones “extremas”, producto de la “búsqueda”, muchas veces “pendular”, esos gobiernos han funcionado; al principio, algunos indicadores de pobreza mejoran, temporalmente, al igual que algunos indicadores de crecimiento económico, mejoría social, mejoría en materia educativa, en algunos casos de salud y en menor medida de distribución de la riqueza, usualmente mediante dádivas, pero los problemas no se han resuelto, por el contrario, al final han empeorado y el país se sume en un período de inestabilidad y caos que empeora aún más la situación.

En los sectores democráticos, que no son capaces de generar una respuesta estable, comienzan las auto recriminaciones y justificaciones, toda esa monserga de: “nadie aprende en cabeza ajena”, “es falta de educación”, “es ignorancia” y demás lamentaciones que no conducen a nada, en vez de evaluar y reconocer porque no son capaces de dar una respuesta creíble para el pueblo; solo se polariza más la situación y hace que se aleje o postergue la salida al problema.

Vienen entonces las soluciones y explicaciones mágicas, como esa de los nuevos “libertarios/as”: “el problema es que no se lucha por la libertad”, “no se combate el autoritarismo”, conceptos totalmente abstractos, para élites intelectuales, pero que poco le deben decir a la gente sumida en su miseria cotidiana, por más que sea cierto que los líderes que el pueblo selecciona en su “búsqueda” lo primero que hacen es acabar con el sistema de libertades públicas y devienen en gobiernos autoritarios, cuando no en dictaduras abiertas.

Conclusión

La salida es, sin duda, la tan postergada renovación profunda del liderazgo y de los partidos, que nos están debiendo desde principios de los años 90 del pasado siglo; renovación interna que los lleve a identificarse con los problemas cotidianos de la gente y ofrecerles alternativas, dentro de una economía abierta, de mercado, para resolver los problemas de miseria e inequidad, para acabar con la exclusión. ¿No hay capacidad de construir una opción que demuestre a la gente que se conocen sus problemas y se tiene una alternativa para solucionarlos? ¿Es que no hay propuestas para eso desde la perspectiva de la democracia y la economía de mercado? ¿O es que lo que no hay es liderazgo capaz para articular esa propuesta y plantearla sin demagogia? Acuciantes preguntas que están en la base de la solución.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 6 min


Alejandro J. Sucre

Según la Organización Mundial Nuclear, entre China y Rusia dominan más del 40 % de las reservas de más de19 metales claves para el desarrollo económicos el mundo. La realidad de la distribución de los minerales en el mundo tiene un impacto gigante en los acontecimientos geopolíticos actuales. Por ejemplo, el aluminio, está concentrado en China y Rusia en 70 %. Carbón, Galium, Germanio, en casi 90 %. Grafito, plomo, magnesio en porcentajes superiores at 70 %, fosfatos, petróleo, níquel, gas en más del 25 %.

Con la invasión de Rusia a Ucrania y la amenaza de hacer lo mismo desde China a Taiwán, se destapa una conflictividad geopolítica, innecesaria, pero que es un juego de poder que va a impactar el crecimiento económico y la transición energética. Sabiendo que Rusia y China son los principales depositarios en sus territorios de ciertos minerales claves, y que además son suplidores tanto de energía como de bienes manufacturados y que sus clientes son los países del occidente, uno se pregunta cómo esa posición de ventajas comparativas en minerales y en mano de obra los hace impulsa a transformarse de suplidores y participantes en el comercio mundial a escalar como poder político dominante y tomar control del mundo y hasta agredir o amenazar a sus clientes.

Para entender las consecuencias geopolíticas de la actitud de dominio de Rusia y China sobre sus países occidentales clientes, usando sus ventajas minerales y de mano de obra barata como base de dominio, y el resto del mundo tomemos el ejemplo del Litio como mineral. Para los países de occidente sustituir los carros de combustión por carros eléctricos, la producción de litio debe subir 10 veces de aquí al 2040. Para eso se necesitan 60 depósitos gigantes de litio que no existen en el mundo. Los depósitos de litio en el mundo son pequeños. Pero no los hay en el mundo. Hay que buscar el litio en miles de pequeños depósitos como los hay en el Congo, en Siberia, en Suramérica, etc... China probablemente se va a salir del escenario mundial y no va a suplir materias primas al mundo sino productos terminados. Entonces la clave es cuál es el camino para desarrollar los pequeños depósitos. Ahora hay que trabajar modelos geológicos mucho más complejos y detallados para la minería. Ahora los países democráticos van a concentrase en desarrollar sus minerías entre ellos lo cual implica mayores precios de commodities ya que las depósitos minerales con los que cuentan son mas pequeños y complejos. Se abre una gran oportunidad para las pequeñas y medianas empresas de minería. Debemos recordar que Venezuela es una de las mayores potencias minerales del mundo y esperemos se alinee con los países de occidente.

La Administración Maduro ha dado pasos muy positivos para mejorar las perspectivas de desarrollar el potencial minero y energético de Venezuela en los próximos años. Ofertar acciones de empresas del Estado en la Bolsa de Caracas y negociar la reducción de sanciones para el petróleo venezolano son pasos firmes y claros de que Venezuela está abierta a ser parte de los suplidores que necesita el occidente para continuar su desarrollo económico.
La oposición debe también trabajar en reducir las sanciones económicas y no hacerlas dependientes de las negociaciones en México. Así sus luchas serán en un país que prospera económicamente y no en el pauperismo.

Según el Atlas de Recursos Naturales (https://www.worldatlas.com/articles/countries-with-the-most-natural-reso...), Venezuela es el octavo país en el mundo con mayores recursos naturales comercializables y el octavo en términos per cápita. Venezuela tiene un inventario de USD 14,3 trillones en recursos naturales comercializables productor y exportador líder de numerosos minerales, incluidos petróleo, mineral de hierro, oro, carbón y bauxita, sin considerar su capacidad gasífera, agrícola, turística, manufacturera, logística, financiera y tecnológica.

Venezuela necesita líderes políticos nacionales e internacionales que permitan a Venezuela atraer de los mercados nacionales e internacionales $3 trillones en inversiones en los próximos 10 años para desarrollar su potencial económico y expandir su PIB anual a USD 1 Trillón por año, basado en recursos naturales, agrarios y demás sectores de la economía. El beneficio para EEUU y Europa, seria importante si la oposición deja de oponerse a la reducción de sanciones petroleras para Venezuela y permite el aumento de producción de petróleo, gas y minerales. Ayudaría a bajar el costo de los combustibles en esos países y habría más capacidad de aguante del occidente para enfrentar la guerra de Rusia contra Ucrania y la que viene de China. Francia y Centro América y los países del Caribe le piden a EEUU que permita a Venezuela exportar petróleo. Es fundamental .

Twitter: alejandrojsucre

 3 min


Carlos Raúl Hernández

La democracia contemporánea surge de la asociación de dos principios contradictorios: la democracia clásica, basada en la voluntad autoritaria de la mayoría, y la libertad de los modernos de Benjamín Constant, que preserva a las personas individuales, las minorías y sus derechos, frente al poder de los muchos. Esa fusión es la democracia representativa, liberal, o constitucional, conquista del siglo XIX, que rechazaron marxistas, anarquistas, comunistas y parte de los socialistas en los últimos dos siglos, y los difusores de ideas de segunda mano, que ven en la fuerza el mecanismo expedito de gobierno. El autoritarismo “participativo” es la ficción de una dictadura del proletariado, consejista, “a nombre del pueblo”, pero ejercida por los jefes revolucionarios, y finalmente por el jefe, como bolcheviques, nacionalsocialistas, fascistas. Estas ideológicas utópicas, finalísticas, seudo “plebeyas”, fueron las más terribles porque se proponen cambiar la naturaleza humana y sociedad para crear hombres nuevos por la vía del poder total. Otros ejercen la autocracia pura y simple del déspota normal o ilustrado, sin adornos ideológicos.

Es exactamente lo mismo proclamarse comunista que nacionalsocialista. Es abrazar ideológicamente la violencia, la persecución, el poder total y la muerte como sistema de vida. Ambos coinciden en acabar de raíz con la sociedad abierta, y la primera tarea es destruir sus valores, hacer que la ciudadanía los repudie y se proponga hacer una nueva sociedad, con el castigo a los “culpables”. Desde la reacción antidemocrática “de derecha”, F. Nietzsche escribe que el cristianismo corrompió las bases de la civilización al reivindicar a los pobres, débiles, enfermos, impidiendo así que la ley natural los exterminara para que reinara el super hombre, el revolucionario. Habló de “la transvaloración de los valores”, demoler los fundamentos morales del orden, invertir los contenidos del bien y el mal, lo legal y lo ilegal, lo moral e inmoral, justo e injusto, generoso y egoísta. El nacional-socialismo aplica a su gusto los planteamientos. Nietzsche no era antisemita y para él los débiles eran una categoría mucho más amplia que los judíos, y por ello se distancia de su maestro Wagner.

Hitler convenció a los alemanes de que la sociedad estaba podrida y con el pueblo haría la transvaloración de los valores. La misma idea pero desde la izquierda revolucionaria, es lo que llama Antonio Gramsci la revolución intelectual y moral, pre requisito para el triunfo del socialismo. Consiste en que, la revolución se impondrá cuando una masa crítica de la ciudadanía desprecie la “vieja sociedad”, sus principios políticos, sociales y morales, y se convenza de la necesidad de una nueva. Ambos autores entienden que la estabilidad del orden político no depende de variables económicas (riqueza o miseria, progreso o estancamiento) o sociales (bienestar, distribución de la riqueza, satisfacción de necesidades) sino de qué los revolucionarios logren poner en cuestión esos valores y romper el “consenso” que sostiene la sociedad. El pensamiento último de Gramsci conduce prácticamente a la socialdemocracia, pero esta tesis ayuda a entender acontecimientos actuales de otra manera inextricables.

Por ejemplo, que el factor determinante de los procesos de cambio no es la economía sino la política, que el partido de la revolución logre convencer a la gente de que vive en el infierno. La desestabilización de la democracia venezolana se produjo durante su primavera, entre 1989-93, cuando corregía errores y florecía en lo político, económico y social. Todavía hay gente ilustrada y de buena intención que cree recordar a la Venezuela democrática como un país aberrante y corrupto y piensa que su fin de alguna manera se explica por los vicios, sin captar que la desestabilización no fue contra éstos, sino contra el programa rectificaciones que rechazó parte de las élites. Crecimiento económico más alto del mundo, un gabinete éticamente impecable y altamente calificado, reformas democratizadoras esenciales, elección de gobernadores y alcaldes, reforma del régimen municipal, apertura económica, reconversión industrial ocupación masiva de la mano de obra.

Pero un grupo de bachilleres semi ilustrados dirigido por notables doctores, empresarios, políticos realengos y gerentes de medios, convencieron a los factores de poder de que el país era un burdel y decapitaron la democracia. La carencia de liderazgo medianamente apto hizo que parte del sistema político de partidos se incorporara a la prédica antisistema, pretendiera hacerse “amiga” de la desestabilización y la promovieron ampliamente desde los mismos partidos del sistema. Creyeron que serían premiados por los desestabilizadores y asistirían al reparto de caramelos. Lograron la “revolución intelectual y moral”, “trasvalorar los valores”, crear un espejismo ideológico sobre parte de las clases medias y las élites, pero no sobre la mayoría que se mantuvo por un tiempo fiel al sistema, pese a su suicidio. Ha ocurrido en muchos países que se juegan lo que han conquistado, aunque el “progresismo” parce estar aterrizando en la realidad.

@CarlosRaulHer

 3 min


Moises Naim

Colombia acaba de elegir a su próximo presidente, Gustavo Petro, quien a pesar de su larga trayectoria política se presenta como un outsider que va a desalojar del poder a las élites que siempre han gobernado a su país. Eso mismo han prometido Andrés Manuel López Obrador en México, Gabriel Boric en Chile, Pedro Castillo en Perú, Alberto Fernández en la Argentina y varios otros presidentes latinoamericanos. El 2 de octubre habrá elecciones en Brasil y es casi seguro que compitan el actual presidente Jair Bolsonaro y el expresidente Lula da Silva.

Además de enfrentar agresivamente a sus opositores, todos estos líderes prometen radicales cambios institucionales y reformas económicas. Todos ellos también se han comprometido a disminuir fuertemente la pobreza y la desigualdad. ¿Tendrán éxito? No. Desde hace varias décadas, ninguno de la larga lista de predecesores que intentó hacer permanentes e indispensables cambios en su país lo lograron. La excepción a esta tendencia fueron Hugo Chávez y, su sucesor, Nicolas Maduro, quienes sí transformaron drásticamente a Venezuela. La destruyeron.

El nuevo presidente colombiano es el más reciente miembro de este club de líderes políticos que llegan al poder con promesas populistas que no podrán cumplir o las impondrán como sea, sin importarles los costos y otros efectos nefastos. Además, deberán gobernar sociedades con niveles de polarización política y social que con frecuencia hacen imposible lograr acuerdos y compromisos entre grupos políticos o segmentos de la sociedad que rivalizan y no se toleran. Al igual que en muchas otras partes del mundo, en América Latina la toma de importantes decisiones gubernamentales se ve bloqueada por la polarización que se nutre de las identidades grupales: religión, raza, género, región, edad, intereses económicos, ideologías y más. Esta polarización, que siempre ha existido, ahora se ha potenciado por la posverdad: el auge de la desinformación, las noticias falsas y la manipulación y la diseminación de mensajes que crean desconfianza.

Estas son las tres “P” que definen las realidades políticas en estos tiempos: el populismo (divide y vencerás, promete y ganarás), la polarización (el uso y abuso de la discordia) y la posverdad (¿a quién creer?). Gobernar con éxito en este contexto se hace aún más difícil al tomar en cuenta la situación económica de América Latina. La salud de las economías de la región depende críticamente de los precios internacionales de las materias primas que constituyen sus principales rubros de exportación. Cuando la demanda y los precios de estos productos en el mercado mundial suben, los gobiernos latinoamericanos obtienen recursos que alimentan el gasto público y así alivian las fricciones políticas y sociales. Si los precios internacionales caen, la conflictividad política y social arrecia. Es un patrón recurrente.

Todo parece indicar que la economía global va a pasar por una fuerte contracción y que América Latina no podrá evitar el impacto de los shocks externos. La inflación, un fenómeno hasta ahora desconocido por la gran mayoría de los jóvenes de la región, volverá a aparecer después de décadas en las cuales el aumento de precios no era parte de la vida cotidiana. La inflación será una perniciosa fuente de hambre, empobrecimiento, desigualdad, estancamiento económico y conflicto social.

Los efectos políticos de la inflación se combinan ahora con una terrible condición preexistente: la desilusión con la democracia. Millones de latinoamericanos fuertemente afectados por la pandemia, el desempleo, la pésima calidad de los servicios públicos, la inseguridad alimentaria, la corrupción y la criminalidad han perdido la esperanza de que las elecciones y la democracia les darán las oportunidades que los políticos les han largamente prometido.

Este es el contexto en el cual deberá gobernar a Colombia el presidente Gustavo Petro. Tiene tres alternativas. La primera es darle viabilidad política a su ambiciosa agenda de cambios a través de transacciones oportunistas con algunos líderes, partidos de oposición y grupos sociales que lo adversan lo cual, inevitablemente, requerirá que el presidente haga concesiones. Aumentar ese margen de apoyo será indispensable y requerirá tomar muchas decisiones poco virtuosas. La segunda alternativa es que Petro proponga al país un vasto e incluyente acuerdo nacional. Una amplia alianza que permita la toma de importantes decisiones y que sea sincera y creíble, le puede dar el sustento que necesita. De nuevo, esto implica hacer concesiones que pueden ser duras de tragar para el presidente y quienes lo apoyaron en su conquista de la presidencia. La tercera opción que le queda es la de comportarse como lo han hecho en otras partes del mundo los presidentes de las tres “P”: ir furtivamente debilitando las instituciones, normas, pesos y contrapesos que definen la democracia. Ojalá que la democracia colombiana sobreviva las tres “P”.

@moisesnaim

La Nación

27 de junio 2022

https://www.lanacion.com.ar/opinion/america-latina-quo-vadis-nid27062022/

 3 min


Antonio R. Rubio Plo

Tres meses de guerra en Ucrania y cunde la sensación de que las informaciones se evaporan, son difusas y van cayendo de los titulares destacados de los medios de comunicación. A esto se une otra percepción: la de que el conflicto se estanca. No hay batallas decisivas sino ataques puntuales y, de vez en cuando, declaraciones “incendiarias” de responsables políticos, que poco a poco, dejan de inquietar. La magia de las fechas se ha diluido, ya sea la Pascua ortodoxa o el aniversario de la “Gran Guerra Patriótica”. No hay que esperar ni cambios, ni decisiones importantes, en función de una fecha. En uno de los bandos apunta una moral de victoria, en el otro la mecánica determinación de seguir adelante con una “operación especial” que, en el peor de los casos, se saldará con más porciones de territorio conquistado, fatalmente inamovibles cuando las armas callen.

Estamos en plena “niebla de la guerra”, una expresión que se atribuye a Karl von Clausewitz en su tratado De la guerra, aunque, en realidad, la popularizó entre los estudiosos el coronel británico Lonsdale August Hale en 1896, en una conferencia en que comentaba la obra del estratega prusiano. Lo que escribió Clausewitz lo encontramos en el capítulo 3 del libro I de su tratado:

“La guerra es el reino de la incertidumbre. Las tres cuartas partes de los factores en que se basan las acciones bélicas están envueltas en una niebla de mayor o menor incertidumbre. Se exige un juicio sensato y perspicaz, una inteligencia entrenada en desvelar la verdad”.

Hay quien puede creer que el uso de las nuevas tecnologías, sobre todo para la localización del enemigo, contribuye a disipar la niebla de la guerra. Sin embargo, es sabido que el tener más datos y saber más cosas “no reduce nuestra incertidumbre, sino que la aumenta”, en opinión de Clausewitz. Si, además, se están recibiendo informaciones fragmentadas, eso perjudica cualquier capacidad de decisión. Nuestro estratega dice además que la inteligencia, por sí sola, es insuficiente. En muchos ámbitos se considera hoy la inteligencia como el gran motor de cualquier estrategia, pero se suele ocultar otra realidad: muchas personas inteligentes son irresolutas. Una cosa es diagnosticar los síntomas y otra muy diferente curar una enfermedad.

Por lo demás, no hay tecnología en el mundo que pueda sondear a fondo la mente humana, cuyas acciones futuras son muy complejas de predecir. En el caso de Ucrania son muchos los analistas que intentan introducirse en la cabeza de Vladimir Putin, como si la suerte de la guerra dependiera de un solo hombre, de sus convicciones, de sus palabras pasadas y presentes. Pero ni las palabras, ni mucho menos los silencios, aclaran nada. Tampoco las calificaciones de si un determinado comportamiento es racional o irracional; ni, por supuesto, las comparaciones históricas, siempre con la Segunda Guerra Mundial o con Hitler y Stalin, pues resultan tan eruditas como forzadas. Cabe concluir que la guerra, al igual que otras acciones humanas, es el reino de las emociones. Lo dice también Clausewitz en el citado libro I: “Si la guerra es un acto de fuerza, las emociones no pueden faltar”. Son las emociones, que nacen habitualmente de percepciones subjetivas, las que contribuyen a la incertidumbre de la niebla de la guerra. Se puede expresar con una referencia literaria rusa, de Iván Turguéniev: “El alma humana son tinieblas”.

La niebla de la guerra tampoco es inocente. Debe mucho al secreto que cultivan los bandos enfrentados. El secreto no se fundamenta sólo en la falta de información sino en todo lo contrario: en la proliferación de informaciones, sobre las que hay decidir, y en poco tiempo, si son reales, falsas o erróneas. Hoy se podría afirmar incluso que la guerra es el reino de la posverdad. La niebla de la incertidumbre trae inevitablemente sorpresas. Clausewitz así lo corrobora: “Como todas las informaciones e hipótesis están sujetas a la duda y como el azar actúa en todo, el mando descubre continuamente que las cosas no son como esperaba”. De la niebla de la guerra sabía bastante el secretario de Defensa Robert McNamara, que en 2003 protagonizó un documental dirigido por Errol Morris. Afirmó que en Vietnam fue esa niebla lo que llevó a los militares estadounidenses a cometer graves errores tácticos y a ser conscientes de ello, incluso hasta el extremo de saber que estaba muriendo gente inocente.

Los historiadores no suelen hablar de la niebla de la guerra. Manejan tal cantidad de informaciones que alimentan la ilusión de saber ensamblar los hechos. En cambio, algunos escritores, profundos conocedores de la psicología humana, han sabido transmitir la atmósfera de la niebla de la guerra. Por ejemplo, en Guerra y paz de Tolstoi, el príncipe Andrei Bolkonski, en la batalla de Austerlitz, se ve sorprendido por una oleada de soldados fugitivos rusos que huyen de los franceses. Él creía estar ante un momento decisivo de una gran victoria de las armas rusas, pero esa oleada lo envuelve y lo hace retroceder. Luego cae herido y pierde la sensación de lo que está pasando. Sólo distingue un cielo alto y con nubes grises, al tiempo que es invadido por sensaciones de paz, calma y serenidad. Entonces aparece Napoleón Bonaparte y ordena que evacuen al príncipe para ser asistido de sus heridas.

Por lo menos, Tolstoi escribe sobre un enemigo que reconoce el valor de los otros, pero en el caso de Fabrice del Dongo, protagonista de La cartuja de Parma de Stendhal, la realidad es más prosaica en la batalla de Waterloo. A Fabrice lo envuelven también nubes de caballería francesa en retirada, los mismos jinetes que un día antes habían vencido a los prusianos en Ligny. Ahora huyen “como carneros”, dice Fabrice –que no está seguro de haber presenciado ninguna batalla, pues sus sensaciones se reducen a humo blanco, que no le deja ver casi nada, y a descargas ensordecedoras–. Sólo por unos instantes alcanza a ver al mariscal Ney, ennoblecido por Napoleón con el título de príncipe del Moscova, encarnación de la gloria militar francesa, pero fusilado pocos meses después de la derrota de Waterloo. El humo ha hecho dudar a Fabrice sobre si ha estado realmente en una histórica batalla y esa duda le lleva a esta conclusión: “La guerra no era, pues, ese noble y máximo vuelo de almas amante de la gloria, que se había figurado, leyendo las proclamas de Napoleón”.

¿Sirve la niebla de la guerra en Ucrania para confirmar la célebre cita de Clausewitz de que la guerra es la continuación de la política por otros medios? Si la guerra, y más aún una guerra prolongada, no funciona para conseguir unos fines políticos, la niebla se expande y no deja ver el horizonte. La prolongación de las destrucciones y las muertes de civiles no contribuyen al logro de los fines políticos en un mundo siempre sediente de imágenes. En medio de la niebla, los alardes de determinación de cualquier líder político que conduzca una guerra pueden no ser interpretados como una virtud heroica, sino como una exhibición vacilante de riesgos e incertidumbres.

1 de julio 2022

elcano

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Luis Ugalde

La derrota nos vuelve derrotados y sin esperanza. Por mucha propaganda que se haga desde el poder, Venezuela en las dos décadas del siglo XXI ha sufrido una terrible derrota y un retroceso brutal. Por eso la primera reacción a toda propuesta de esperanza es No Podemos. Pero hay un segundo momento del náufrago, que hundida la lancha, recuerda que sabe nadar y activa todas sus fuerzas para llegar a la orilla.

No seamos cínicos, esto no se ha arreglado. Pero millones de venezolanos dentro y fuera del país estamos haciendo lo necesario primero para sobrevivir y luego para salir adelante. Son historias de éxitos que sorprenden a los propios protagonistas en países donde obligados a arrancar de cero lo hicieron descubriendo cualidades suyas que no sospechaban. En los ambientes que me son más familiares como la UCAB, el barrio La Pradera (La Vega) o el Centro de Salud Santa Inés, me asombro al verlos activos y exitosos donde lo lógico sería la parálisis y cierre con el letrero NO PODEMOS. Ustedes por qué me dicen que sí pueden, les pregunto. Porque vemos que sí hacemos -me responden-, incluso nos sorprendemos a nosotros mismos al ver que caminamos sin muletas. Centros de salud donde médicos enfermeras, gestores y comunidades organizadas descubren su éxito. Están contentos al ver que resuelven ¿Y ustedes cómo saben que pueden? Porque vemos nuestras obras. Así son miles de venezolanos hacedores hoy.

¿Y el cambio político? Tienen razón los que dicen que el desastre es tan grande y global que es indispensable el cambio político para que en Venezuela sople con fuerza el viento de la esperanza y reverdezca el actual desierto desolador. Hasta los chavistas se están convenciendo de que no deben resignarse al fracaso político y al triste callejón sin salida del camino cubano. Contra el “No Podemos” la respuesta es “Levántate y camina” de millones de venezolanos avanzando con cosechas de éxitos en lo que hacemos con novedad, sacando cada uno lo mejor de sí.

Asombra ver cómo el poder enceguece y quienes ayer prometían liberar al país de la pobreza, la corrupción y la injusticia ahora se aferran al poder tiránico, corrupto y sembrador de miseria. Antes de encerrarse con candado en el modelo cubano sin esperanza, les queda el camino humilde de reconocer el enorme fracaso y abrir las puertas al cambio político y al reencuentro venezolano entre distintos, en una sociedad más pobre pero que se transforma aprendiendo a hacer más y mejor con menos, a pesar de un Estado en ruinas. ¿Por qué Maduro se ata a las ruinas? ¿Por qué no abrirse a un acuerdo para el cambio?

La fuerza espiritual y el milagro de la reconstrucción. Hay en Venezuela miles de núcleos que con alegría viven experiencias de reconstrucción en esta catastrófica postguerra. Esa potencia triunfadora, que a fines de 1941, está a las puertas de Moscú y declara la guerra a EE.UU. con la certeza de dominar al mundo, pero pronto avanza hacia la derrota total de esa absurda pretensión nazi. Al año siguiente cambió el signo de la guerra y a Hitler no le quedó sino el pobre espacio subterráneo del bunker de Berlín para suicidarse. Pronto descubrirán que no quedaron en la miseria y derrota para siempre, sino que de entre las ruinas renacía una humanidad liberada y una Alemania nueva con ayuda de los vencedores y una Europa reconciliada. Konrad Adenauer, uno de los principales artífices del resurgimiento de la nueva Alemania, ya antes de la I Guerra Mundial era destacado alcalde de Colonia como miembro del partido católico ZENTRUM, creado en 1871, para enfrentar la política anticatólica de Bismarck. Con el triunfo nazi en 1933, Adenauer fue apresado y luego tuvo que esconderse en la abadía de María Laach al amparo del abad, amigo suyo de juventud. Adenauer, perseguido, sin recursos para mantener a su familia, y con el negro panorama del nazismo que avanzaba sin límites, escribió en su diario íntimo que si el no fuera católico convencido, se suicidaría, pues sentía que ya nada podía hacer en este mundo. No se imaginaba que la etapa más creativa de su vida estaba por llegar, tras 12 años de barbarie nazi.

El mal estaba hecho y la inmensa destrucción casi borró a Alemania del mapa. Pero a partir de 1948, el viejo Adenauer (der alte) surgió de su abismo personal y nacional como canciller (jefe de gobierno) de la nueva Alemania, reelegido tres veces. De las cenizas y con apoyo inteligente del vencedor Estados Unidos de América, nació la nueva Alemania, reconciliada con su eterna rival Francia y juntas encabezando el resurgir de la nueva Europa con nunca más guerra entre sí. Lo que en 1945 parecía un sueño iluso, veinte años después era una realidad floreciente. Quedaba pendiente la libertad y la justicia en la otra media Europa atrapada por la Unión Soviética. Veinticinco años después el espíritu libertario con manos sin armas derrumbó el Muro de Berlín.

La Venezuela libre renacerá como aquella vieja Europa destruida. La condición indispensable es que la sociedad civil y cada venezolano no sigamos atados al cadáver putrefacto del viejo Estado, nacido y sostenido por la gratuita renta petrolera. Ese no volverá. Ahora la riqueza está en potenciar el talento de millones de venezolanos que con lo que hacemos damos la prueba de lo que podemos. Desde ahí la Sociedad rehará a su Estado menos poderoso y renacerá una nueva política que responda a la tragedia que vivimos.

1 de julio 2022

POLITIKA UCAB

https://politikaucab.net/2022/07/01/podemos-porque-hacemos/

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