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Opinión

Carlos Raúl Hernández

Tendencias posmodernas antiintelectualistas que se colaron en la cúpula del poder, tuvieron influencia en algún momento de la revolución. La línea de degradar las universidades correspondió al diseño deliberado de ideólogos retorcidos con la tesis de que el conocimiento creaba barreras sociales y había que imponer tábula rasa. Por fortuna el gobierno abandona esas locuras, pero los centros de educación superior fueron ahorcados financieramente y los salarios ridículos hacen que ni las bibliotecas, ni los profesores y mucho menos los estudiantes pueden adquirir libros, y no están en condiciones siquiera de apelar a las fotocopias.

En la abundancia del mundo desarrollado, la educación superior está también afectada por virus izquierdizantes igualmente destructivos, como denuncia la profesora Camille Paglia a través del blog Un tío blanco hetero. Dice que “nadie puede sobrevivir en el sistema académico norteamericano” si no rinde postración reverencial a pensadores revolucionarios “sobrevaluados” como Michel Foucault, Gilles Deleuze, Jacques Derrida, Jean Baudrillard, Julia Kristeva. Ellos dividen la sociedad entre oprimidos y opresores, con la jerga de interseccionalidad, white privilege, masculinidad tóxica, apropiación cultural, micromachismo, heteropatriarcado y otras babiecadas. Ya no basta con la tradicional lucha de clases marxista, sino que los llamados post estructuralistas, diferencialistas o posmodernos estimulan conflictos entre los sexos, las etnias, las culturas, que rompen la cohesión social y crean enfrentamientos.

La gravedad está en tu mente. Hay un precedente de esta denuncia, tan memorable que hizo historia por haber quitado la careta del sistema universitario. En 1996. Alan Sokal profesor de física de la Universidad de New York, otrora militante sandinista, envía un artículo para la respetadísima revista teórica Social text, con el nombre de La transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad quántica. Según la teoría de género, el sexo no es biológico sino un aprendizaje, un constructo social, una convención que no corresponde a la realidad. Se es masculino o femenino solo porque la sociedad lo concibe y lo enseña así, no por factores biológicos. Igual se puede enseñar a los varones a ser hembras o viceversa y todo cambiaría. Sokal en su sátira, homologa la fuerza de gravedad con la identidad de sexo y “demuestra” que también es un constructo social que existe porque la gente lo cree. Muy sencillo: si se enseña desde la infancia a ignorarla, los hombres podrán volar

Sokal programa para que el mismo día de la publicación del mamotreto, aparezca en otra revista, Lingua franca, una declaración también suya en la que afirma que escribió ese adefesio, ese “pastiche de jerga posmoderna, reseñas aduladoras, citas grandilocuentes fuera de contexto y estúpidas” (Wikipedia), simplemente para demostrar la degeneración académica que acepta lo que sea si viene en lenguaje “de género” a la moda. En síntesis, el artículo aprobado por los sabios que arbitraban la publicación, afirma que si no fuera por el prejuicio social de la fuerza de gravedad, uno podría tranquilamente surcar los cielos pues aquella existe solo en nuestras mentes. Por esas fechas casualmente, se estreno Matrix que de alguna manera contiene un mensaje parecido

Astronomía machista. Recientemente en 2017 un equipo de tres profesores también norteamericanos, enviaron y publicaron burlas similares en algunas de las más importantes revistas científicas que se ocupan de activismo y problemas “de género” e “identidad”. Jamie Lindsay Ph. D, Peter Borghossian M.Sc, Helen Pulckrose M.Sc. enviaron para arbitraje y publicación veinte trabajos de los cuales catorce fueron aceptados. Uno de ellos fue el falso paper científico titulado Amontonamiento progresivo. Una aproximación feminista interseccional a la pedagogía. En él proponen que para desagraviar a los estudiantes de color por los privilegios de que disfrutan los blancos, se practique en las aulas el siguiente ejercicio: los muchachos blancos oirían la clase sentados en el suelo y atados con ligeras cadenas para simbolizar los sufrimientos de los negros durante la esclavitud.

Semejante monstruosidad no solo fue aprobada por los árbitros de la publicación, sino además consideraron mayor severidad con los estudiantes blancos para deconstruir sus privilegios. Otro de los “ensayos científicos” consistió en que tomaron un capítulo de Mi lucha de Adolf Hitler y en todo el texto sustituyeron donde decía judío por blanco y eso bastó para que lo aprobara el comité de evaluación de la revista Affilia sin saber lo que era. En una explicación de su travesura, los autores cuentan cómo montaron las trampas: “…a veces pensábamos en una idea loca y la ejecutábamos…Qué pasa si escribimos un artículo para afirmar que cuando un hombre se masturba pensando en una mujer, es una acción machista signada por la cultura de la violación, porque no tiene consentimiento para ello. De allí salió el trabajo Masturbación… (también decidimos) escribir un ensayo sobre astronomía feminista y queer… porque la astronomía dominante es intrínsecamente sexista…La inteligencia artificial es machista y un peligro para las mujeres porque la fabrican hombres”.

@CarlosRaulHer

 3 min


Fernando Mires

Sea en Foucault o en Habermas, en Derrida o en Lyotard, o en otros que han aplicado su entendimiento a descifrar la lógica del discurso, podríamos llegar a un denominador común: la realidad política es discursiva, lo que quiere decir -siguiendo a Juan el evangelista- primero está la palabra (el verbo, el logos). Todo lo demás viene después. La realidad política es discursiva quiere decir también que la con-formamos a través de las tres dimensiones de la palabra: el pensamiento, el habla, la escritura. De la conjunción de esas tres dimensiones surge lo que llamamos el discurso público del que somos partícipes, ya sea cavilando, discutiendo, o escribiendo,

El discurso del discurso

En la formación de un discurso pueden intervenir todos los propietarios de la palabra, y esa posibilidad de intervención es la base de aquel orden político surgido en la polis griega, al que llamamos democracia. La expresión gramatical practicada en común, surge y recrea a una realidad cruzada por líneas continuas y discontinuas. A esas líneas las llamamos opiniones. De tal modo que para que surja una opinión pública hegemónica, tiene que haber libertad de opinión. Si la libertad de opinión es coartada, no hay discurso, y al no haber discurso, no hay democracia. El discurso es la razón de ser de la democracia. A la vez, la democracia es la razón de ser de ese espacio no territorial que denominamos occidente político. Donde no hay política no hay democracia y luego, no hay discurso público. La democracia para que sea, debe ser discursiva. Donde no hay libertad de opinión ni de palabra no hay libertad de ser. Esa es la diferencia entre el occidente político y el resto del mundo.

En Rusia o en China para usar dos ejemplos actuales, no hay comunicación colectiva, luego la realidad que ahí se vive, no es discursiva. Naturalmente, la discursividad que precede a toda discusión no garantiza la exactitud del decidir. A veces la maraña discursiva que se forma en cada nación democrática impide una oportuna toma de decisiones. Solo las dictaduras deciden rápido.

Cuenta Joe Biden que el por él considerado muy inteligente Jinping, le dijo en una conversación que la democracia, al retardar el proceso de toma de decisiones, no se adapta al nivel decisionista que exige un mundo tan complejo como el de hoy. Ergo: Jinping, sin haberla vivido, ha relegado a la democracia a una fase superada en la historia de la humanidad. Putin, a su vez, no tan refinado como Jinping, ha sabido crear un poder no-comunicativo, uno que no se sirve del discurso público y que a través de la dominación absoluta sobre los medios de comunicación y el parlamento crea las opiniones públicas que le parecen más convenientes, razón por la que en un texto hemos llegado a opinar que, acicateado por las espuelas de la guerra, Putin está cruzando la línea divisoria que separa a un régimen autocrático de un sistema totalitario.

El mismo Zelenski en su emotiva alocución de Davos lamentaba que Occidente no tenga una posición unánime frente a la invasión rusa en Ucrania. Efectivamente, es así. La unanimidad, donde impera la formación discursiva de la realidad política, nunca, o muy rara vez, será posible.

Occidente no solo está involucrado en una guerra contra la Rusia de Putin, además lo está en el discurso de la guerra. La guerra –y con ella, la ayuda militar y económica a Ucrania- es en este caso el objeto del discurso. El sujeto del discurso, vale decir, la formación de una opinión pre-dominante, no está todavía constituido. Hay diferencias y esas diferencias son las líneas del discurso de la guerra. ¿Cuál será la línea que definitivamente se impondrá? No lo sabemos. Trataremos al menos en este texto, de reconocerlas. Digamos de modo preliminar que distinguimos tres principales. En tanto ninguna es todavía hegemónica, son solo líneas pre-discursivas de un discurso en formación. Aquí las denominaremos de modo provisorio, la línea putinista, la línea negociadora, la línea épica.

La línea putinista

La democracias integran en su interior a líneas antidemocráticas. Tales líneas sirven incluso para fortalecer el discurso democrático, opinan algunos liberales. De ahí que la mayoría de las democracias occidentales invitan a las formaciones políticas anti- democráticas a formar parte del discurso público, siendo excluidas solamente si sobrepasan las leyes, incurriendo en actos violentos. Naturalmente, puede suceder que en condiciones de crisis políticas o económicas las anti-democracias lleguen a hacerse del poder, como ya sucedió en Italia con Salvini y la Liga Norte, en Hungría con el Fidesz de Orban, en Polonia con las posiciones clericales e integristas que lidera Kaczynski, y en Francia, siempre en jaque por el lepenismo. La democracia vive en peligro permanente y a veces sucumbe. Visto así, la contradicción que estableciera Joe Biden entre democracias y autocracias se manifiesta no solo entre países sino también al interior de cada país democrático. Y bien, precisamente porque es así, el putinismo, vale decir, las corrientes políticas que apoyan a Putin, pueden trazar sus líneas al interior de las democracias occidentales. Ahora bien, paradojalmente el putinismo tiende a cristalizar en dos extremos supuestamente opuestos: en la extrema izquierda y en la extrema derecha.

Hay efectivamente un putinismo de extrema izquierda y un putinismo de extrema derecha. Ambos suelen coincidir en los debates parlamentarios. La razón de esta aparente anomalía reside en que Putin ha logrado integrar en su discurso político personal ambas tendencias. Desde una perspectiva occidental Putin puede ser considerado un extremista de izquierda y de derecha a la vez. Este es precisamente uno de los puntos que ha llevado a algunos autores a afirmar que Putin es fascista, pues el fascismo, en su forma originaria, la de Mussolini y Hitler, integra discursos de izquierda y de derecha. No por casuallidad el partido de Hitler se llamó nacional- “socialismo”. El putinismo de izquierda toma del discurso de Putin el antiamericanismo, derivado del anti-occidentalismo.

Putin, según esta línea, debe ser apoyado pues constituye un obstáculo para las pretensiones de los EE UU. Interesante es constatar que esa versión de “izquierda” es más popular en América Latina que en Europa. Explicable por el hecho de que en América Latina las llamadas izquierdas no vivieron en toda su intensidad las consecuencias del derrumbe del comunismo como en Europa. Así fue posible que elementos de la ideología estalinista, en los países europeos cuestionados por las propias izquierdas democráticas, permanecieron en América Latina congelados. El mismo concepto, “imperialismo norteamericano”, al que recurren de modo monótono, fue una invención “teórica” de Stalin, quien rompió en ese punto con Lenin.

Como es sabido, la teoría del imperialismo de Lenin tiene como base las teorías del británico Hobson y del austriaco Hilferding, sobre todo de este último, quien entendió al imperialismo como una fase en el desarrollo del capitalismo y no como atributo de una determinada nación. Stalin mantuvo fidelidad a esa teoría y solo se atrevió a postular a EE UU como nación imperialista a partir de 1948, cuando Truman, a instancias de Churchill, decidió frenar el avance de la URSS en Europa.

Desde ese entonces las izquierdas latinoamericanas repiten el disco rayado de Stalin sin darse cuenta de donde proviene. Post-stalinistas de la catadura de los Castro, Chávez, después Maduro, Morales y Ortega, han elaborado su retórica en contra del “imperialismo norteamericano”, algo que cuidan de hacer las izquierdas extremas de Europa, como son las que representan Podemos en España y los socialistas de Melenchon en Francia. Tanto Maduro, Morales y Ortega ven en Putin un enemigo del “imperio” y en consecuencias debe ser apoyado si invade a Ucrania. Solo el presidente Boric de Chile –hay que reconocerlo- al condenar la invasión rusa a Ucrania, ha sabido salir, ante sus consternados seguidores, de la trampa post-estalinista latinoamericana.

En Europa en cambio, las emergentes ultraderechas han declarado, por razones muy distintas su adhesión a Putin. Salvini y Le Pen son definitivamente putinistas. Lo mismo AfD en Alemania. Orban, es un quiste putinista en la UE y en la OTAN. VOX, ha ocultado en parte su adhesión al putinismo buscando una posición “imparcial” frente al agresor y al agredido. Y si Erdogan no va más lejos a favor de Putin, no es porque no comparta sus “valores”, sino porque ve en Putin un rival hegemónico potencial en la región caucásica.

En todos los aspectos, las ideologías de la ultraderecha son coincidentes con la “visión de mundo” de Putin: nacionalismo extremo, personalismo, adhesión religiosa, patria orden y familia, patriarcalismo sexual, anti UE y, sobre todo, una visión compartida de Occidente como expresión de la decadencia moral, de la pornografía, de la drogadicción, del libertinaje. En fin, las ultraderechas europeas ven en Putin a uno de los suyos. Y lo es. Es por eso que me he atrevido a escribir en otros textos que Putin es el representante máximo de una rebelión internacional de las autocracias en contra de las democracias.

Naturalmente, esta, ni ninguna, puede ser considerada como la explicación única de la invasión. El monocausalismo no existe en la realidad, ni en la cuántica ni en la política. Pero negar los hechos de que todas las naciones que apoyan a Putin son antidemocráticas y que todas las naciones que apoyan a Ucrania -con la excepción de la democracia formal de Turquía- son democráticas, es dar las espaldas a la realidad. Ese enfrentamiento, percibido con justeza por Biden, tiene, para usar la expresión de Freud, un carácter sobredeterminante en todos los conflictos que se presentan en esta tierra.

La línea negociadora

La línea putinista forma parte del discurso de la guerra. Pero al poseer un potencial muy bajo de comunicación externa, las posibilidades de que llegue a convertirse en línea hegemónica son precarias, por no decir imposibles. Más que discursiva, se trata de una línea autodiscursiva, hecha para el consumo de quienes las representan. El verdadero debate tiene lugar al interior del espacio democrático antiputinista. O en palabras más generales, entre quienes sostienen que para terminar la guerra cuanto antes, hay que ofrecer mediante concesiones una salida “digna” a Putin, y otra línea que sostiene que primero hay que derrotar militarmente a Putin.

Uno de los primeros en plantear ese dilema occidental fue el filósofo alemán Jürgen Habermas al elogiar al por la prensa vilependiado canciller Olaf Scholz, quien ha tratado de conciliar lo aparentemente no conciliable, a saber, apoyar a Ucrania pero sin llegar a una intervención que invite a Putin a escalar hacia una confrontación con los países miembros de la OTAN.

Como Habermas no es un político sino un filósofo social, limitó su exposición a presentar el dilema sin definirse por uno de sus términos. ¿Cómo no perder sin ganar una guerra? Es su tácita pregunta. Imponiendo una alternativa diplomática, que dejando descontentos a ambas partes, no pase por la vía de la humillación a ninguna de ellas, podría ser una respuesta provisoria. Esa al menos parece ser la posición del presidente de Francia Emmanuel Macron quien, utilizando el verbo humillar, sugiere abrir una rampa a Putin para que, logrando algunos de sus objetivos (no ha dicho cuáles) pueda presentarse ante los suyos sin humillarse. Dicha posición ha sido criticada con firmeza por la historiadora Anne Applebaum.

De acuerdo a Applebaum, crear una salida a Putin supone otorgarle el crédito de cumplir con los acuerdos que subscribe, algo que ha demostrado no hacer desde el momento en que invadió a Ucrania, violando incluso los tratados por el mismo firmados. Putin, aduce, no está interesado en lograr ningún compromiso. Textual: “Putin ha dejado claro que destruir Ucrania es, para él, un objetivo esencial, incluso existencial. ¿Dónde está la evidencia de que lo ha abandonado?”. En ese punto tiene razón Applebaum. Solo se negocia a partir de la voluntad de negociar, y no por una, sino por ambas partes.

Que a Putin no interesa negociar antes de haber logrado su objetivo, el apoderamiento de Ucrania, es evidente según Applebaum. Pero el problema mayor lo ve en una verdad irrefutable: toda negociación con Putin implica conceder territorialidad.

La pretensión de convertir la territorialidad de Ucrania en objeto negociable aún cuando estamos lejos de alcanzar el fin de la guerra, no es un infundio de Applebaum. A diferencias de Macron que habló de negociar territorialidad solo entre líneas, el ex ministro del exterior estadounidense, Henry Kissinger, todavía una de las voces más influyentes en política internacional, lo dijo sin ambages. Según Kissinger, Estados Unidos y Occidente no deben buscar una derrota vergonzosa para Putin, advirtiendo que así podría empeorar la estabilidad de Europa a largo plazo. La idea de Kissinger es la de llegar a un status quo, pero sobre la base de que Ucrania deba ceder territorio a Rusia. No dijo cuales son esos territorios.

Como era de esperarse, Kissinger fue muy criticado por quienes apoyan a las fuerzas patrióticas de Ucrania. Y con razón. No es posible hablar de ceder territorios en medio de una guerra que tiene justamente como objetivo defender territorios. Tampoco es posible hablar de ceder territorios cuando ni siquiera ha habido un atisbo de negociación entre las partes en conflicto. Tal como fueron dichas, las palabras de Kissinger en Davos fueron un llamado a la capitulación de Ucrania.

Zelensky, al escucharlas, no pudo ocultar su desilusión, incluso, indignación. Describió las sugerencias de Kissinger como similares a los intentos de apaciguar a los nazis en el periodo previo a la Segunda Guerra Mundial. “Tengo la sensación de que en lugar de año 2022, el señor Kissinger tiene 1938 en su calendario”, dijo con doliente ironía. No obstante más allá de las analogías con el periodo nazi, puede ser que Kissinger haya pensado de acuerdo a su propio modelo geoestratégico al que continúa siendo fiel. Puede ser también que sus sugerencias apaciguadoras no tengan solo como referencia a Ucrania sino a voces beligerantes que están actuando en los Estados Unidos, me refiero explícitamente a algunas declaraciones hechas por Joe Biden y por su ministro de defensa Lloyd Austin. A esos dos puntos me referiré a continuación.

La línea épica

Dijo Joe Biden en marzo: “Putin no puede permanecer en el poder”. Dijo el ministro de defensa Lloyd Austin en abril, que esperaba “ver a Rusia debilitada hasta el punto de que no pueda hacer el tipo de cosas que ha hecho al invadir a Ucrania”. Haciéndose eco de ambas declaraciones, escribió Max Boot, redactor del Washington Post, en mayo: “Rusia debe sufrir una derrota tan devastadora que pasarán muchas décadas antes de que otro líder ruso piense en atacar a un país vecino”.

De acuerdo a la primera declaración, la del presidente, el objetivo es desbancar a Putin. De acuerdo a la segunda, la del ministro, el objetivo es inhabilitar militarmente a Putin. Los dos planes tienen en común avanzar más allá de la defensa del territorio de Ucrania, es decir, más allá de los límites fijados por el mismo gobierno de Zelenski. Probablemente contra ese exceso de épica reaccionó Henry Kissinger. En el mismo sentido, Kissinger se pronunció en contra de quienes desde el gobierno norteamericano han iniciado una confrontación verbal con el gobierno chino sobre el tema de los derechos humanos y sobre una probable ocupación china de Taiwán. Es evidente, para Kissinger, y con toda razón, EE UU no está en condiciones de enfrentar a dos superpotencias al mismo tiempo.

Por cierto, Kissinger exageró la nota al poner sobre la mesa la distribución de territorios que no le pertenecen a nadie sino a Ucrania. Explicable en ese sentido la ira contenida del presidente Zelenski. Sin embargo, todos los que manejan algunas nociones de política internacional conocen el pensamiento de Kissinger. En su libro World Order expone mejor que en otros la esencia de su esquema geoestratégico. Para el ex ministro existen, en efecto, tres poderes geopolíticos: China, Rusia y los EE UU. La garantía de la paz mundial la fundamenta en una noción para el, clave: equilibrio. Ese equilibrio pasa por una definición clara de la territorialidad y de las esferas de influencias de cada potencia.

Kissinger no es ingenuo y sabe muy bien que las aspiraciones de las tres grandes potencias no pueden permanecer congeladas y, por lo mismo, hay desplazamientos que deben ser diplomáticamente discutidos, pero teniendo en vista siempre dos objetivos: la paz y el equilibrio mundial. Probablemente, desde su óptica global, a Kissinger, Ucrania le parece muy poca cosa para desatar una guerra que podría llevar al holocausto nuclear. Si quisiéramos reproducir sus palabras en jerga popular, podríamos traducirlas así: “vamos muchachos, entreguemos a Putin "ese par de kilómetros más que él quiere en Donbass" (dixit), no provoquemos a Rusia y busquemos todos juntos una solución para seguir viviendo en paz”. En otras palabras, se trataría de imponer el mismo juego que hizo Kissinger bajo el gobierno de Nixon al decidir hablar directamente con Mao ofreciendo retirar a EE UU de Vietnam si China y no la URSS lo integrara dentro de su zona de influencia.

El problema, este fue a mi juicio el error de Kissinger en Davos, es que -aparte de que Putin desea mucho más que un par de kilómetros- Ucrania no es Vietnam. Ucrania es un país europeo e institucionalmente democrático. Ucrania pertenece a la comunidad política occidental. Y Occidente, a diferencia de los EE UU en Vietnam, no ha perdido todavía la guerra. Las opiniones de Kissinger, en ese punto tiene razón Zelenski, están fuera de tiempo y de lugar. Pero tan fuera de tiempo y lugar como las bravuconadas de Biden y Austin.

Lo que tienen en común las tres declaraciones, la del presidente, la del ministro y la del exministro, es referirse a Ucrania como a un objeto inerte. Para los dos primeros la guerra en Ucrania sería un medio para liquidar militarmente a Rusia. Para Kissinger seria necesario convertir a Ucrania en una pieza de cambio en aras del equilibrio y de la paz mundial. Las palabras de Biden y Austin subordinan la negociación a la guerra. Las de Kissinger la guerra a la negociación.

Cada guerra genera su propia épica. La invasión a Ucrania no es una excepción. Todos los demócratas del mundo deseamos que ese excremento del demonio llamado Putin sea derrotado sin apelaciones en Ucrania. Sería hipocresía no decirlo. Pero entre el deseo y su realización está el muro de la realidad. Al final, no podemos sino concluir que la guerra de Rusia a Ucrania deberá terminar alguna vez con una negociación. Probablemente con un acuerdo transitorio que no dejará feliz a ninguna de las partes. El discurso de la guerra, como todo discurso, es y será siempre inconcluso. Con eso hay que contar. Justamente por eso no vale la pena ocultar que la alianza atlántica mantiene en su interior dos tendencias discursivas pre- hegemónicas: una más negociadora que épica, representada en el eje Alemania-Francia. Otra más épica que negociadora, representada en el eje Inglaterra-EE UU. De la comunicación y del debate entre ambas tendencias depende el discurso de la guerra. Y está bien que así sea. Ambas tendencias se necesitan entre sí. Siempre el pensamiento dual será más poderoso que el pensamiento único.

Lo que desde el punto de vista ético y político no es posible aceptar es que la línea negociadora pase por encima de las posiciones del gobierno de Ucrania. Pero tampoco la alternativa puede ser asumir un delirio épico irresponsable que, usando el nombre de Ucrania, lleve la guerra a un punto de no retorno. El punto arquimédico situado entre la guerra y la paz, no ha podido ser encontrado. Y no lo será porque ese punto no yace fuera de la guerra, sino en su interior.

El curso de la guerra determinará su discurso, no al revés. Eso quiere decir: la única alternativa que en estos momentos tiene Occidente es intentar hacer mejor lo que está haciendo: Apoyar a Ucrania con todos los medios a disposición. Y al interior de cada país, continuar debatiendo, haciendo uso de ese don que diferencia al occidente democrático de las autocracias: la participación en el discurso colectivo por medio de la palabra. Sea la pensada, la hablada o la escrita.

REFERENCIAS:

Anne Applebaum - ¿QUÉ SIGNIFICA DERROTAR A RUSIA? (polisfmires.blogspot.com)

JÜRGEN HABERMAS - ¿HASTA DÓNDE APOYAMOS A UCRANIA? (polisfmires.blogspot.com)

Henry Kissinger - WORLD ORDER, 2014

Max Boot - No te preocupes por los sentimientos de Putin. Rusia debe pagar por su invasión (polisfmires.blogspot.com)

FERNANDO MIRES - SOBRE LA GUERRA DE RUSIA A UCRANIA (textos) (polisfmires.blogspot.com)

28 de mayo 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/05/fernando-mires-el-discurso-de-l...

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Jesús Elorza G.

El deporte colombiano sigue fortaleciendo su estructura organizativa y cada vez cuenta con más herramientas para su desarrollo. Una de ellas es la aprobación, por parte del Congreso de la Ley 2210 del 23 de mayo de 2022, que reconoce y reglamenta la actividad del entrenador deportivo. Además, define al Entrenador como el responsable de orientar con idoneidad procesos pedagógicos de enseñanza, educación y perfeccionamiento de la capacidad motriz específica de individuos que practican un determinado tipo de deporte, disciplina o modalidad deportiva.

Uno de los propósitos fundamentales de esta ley de la república, es la profesionalización de la labor de aquellos que forman el presente y futuro del deporte nacional, para que los atletas del país, desde la base hasta el alto rendimiento, cuenten con idoneidad y procesos pedagógicos de aprendizaje, como también educación y perfeccionamiento de su capacidad. La ley, puntualiza en su articulado los siguientes principios para el ejercicio profesional del Entrenador:

1. Responsabilidad social. lo cual exige comprensión mutua, solidaridad, espíritu de amistad y juego limpio; por tanto, las actividades inherentes al ejercicio del entrenador deportivo imponen un profundo respeto por la dignidad humana.

2. Idoneidad profesional. La formación, la experiencia, los resultados, la innovación, la práctica y la capacitación permanente, del entrenador deportivo identifican su desarrollo profesional.

3. Integralidad y honorabilidad. En la labor del entrenador deportivo se deben preservar la ética, los principios morales, el decoro y la disciplina que rigen la actividad deportiva, a la vez, asegurar el cumplimiento de las reglas de juego o competición y las normas deportivas generales.

4. Interdisciplinariedad. La actividad del entrenador deportivo es una práctica que debe ser desarrollada, observando los fundamentos científicos y pedagógicos en los campos del saber, biológico, morfológico, fisiológico, sicológico, social, didáctico de la teoría y metodología del entrenamiento deportivo.

5. Unicidad e individualidad. Comprende el entorno y las necesidades individuales para brindar una formación deportiva humanizada para asegurar un proceso de preparación deportiva que tiene en cuenta las características socioculturales, históricas y los valores de la persona, la familia y la comunidad de procedencia.

La ley establece que, para ejercer como entrenador, se requiere estar inscrito en el registro de entrenadores deportivos, lo cual se acreditará con la presentación de la tarjeta o documento que para ello se expida por parte del Colegio Colombiano de Entrenamiento Deportivo, ente que los regirá. El requisito fundamental para obtener la tarjeta de entrenador es haber adquirido el título académico de profesional, tecnológico y/o técnico universitario en deporte, educación física o afines, otorgado por instituciones de educación superior oficialmente reconocidas.

La persona que, a la fecha de entrada en vigor de la ley, se encuentre ejerciendo actividades de entrenamiento deportivo sin haber adquirido o convalidado un título académico que lo acredite, obtendrá un registro provisional de entrenador por cinco años, renovable por ese mismo lapso. Para obtener el registro de entrenador deportivo, el aspirante deberá obtener la certificación de idoneidad como entrenador deportivo, la cual será expedida por el Colegio Colombiano de Educadores Físicos y Profesiones Afines -COLEF-, de conformidad con los siguientes lineamientos: Ser mayor de 18 años, Acreditar experiencia laboral como entrenador deportivo, no menor a 12 meses y Aprobar la evaluación de idoneidad en una de las categorías de los ámbitos de desempeño del entrenador.

Es innegable que este logro jurídico por parte de los entrenadores colombianos viene a fortalecer la dignidad del trabajo de los docentes deportivos de ese país y a su vez señala el camino o la ruta para que los entrenadores del mundo logren alcanzar iguales a mejores fortalezas jurídicas en sus relaciones laborales y el respeto social a su profesión.

Por el contrario, en nuestra realidad, el entrenador venezolano, sufre los rigores de un régimen autocrático y totalitario que, a partir de 1999 hasta el presente año 2022, ha impuesto arbitrariamente una sistemática y progresiva política de desconocimiento de los Derechos Laborales de los Entrenadores conseguidos a partir de sus justas luchas gremiales desde el año 1975.

Esa política anti-trabajador se manifiesta de manera inequívoca en los siguientes hechos:

-Congelación de los contratos colectivos. A la fecha, son 23 años sin tener la posibilidad de presentar, discutir y aprobar con el IND un nuevo marco de relación laboral.

-Violación expresa de la Constitución y La Ley Orgánica del Trabajo al firmar un convenio con Cuba para la ilegal tarida de 10.000 “entrenadores” estableciendo una discriminación salarial, al remunerar a los extranjeros con pagos en divisas (1.500 $ mensuales) y en bolívares devaluados a los entrenadores criollos. Pisoteando así, el principio universal que establece “A igual trabajo igual salario”.

-Los seguros HCM que, por su inexistencia o sus pírricas coberturas, prácticamente mantienen "condenados a muerte" a los trabajadores que necesiten ser atendidos por problemas de salud.

-Negativa permanente para aplicar la homologación de salarios, pensiones y jubilaciones.

-Los manuales clasificadores de cargos no son aplicados y los pasivos laborales duermen el sueño del burócrata, en la larga espera de su cancelación.

-Apropiación indebida de los descuentos mensuales del 11% a los entrenadores como aporte a la Caja de Ahorros del IND así como el 11% del aporte patronal. Esos aportes son retenidos ilegalmente, desde hace dos años, por las autoridades del IND y hasta el momento se desconoce el destino de los mismos.

-Bonificación de los salarios, pensiones y jubilaciones de hambre, aprobados unilateralmente por el régimen.

Veintitres años de intolerancia patronal, de autoritarismo gubernamental, de condiciones leoninas de trabajo, de salarios de hambre, de ausencia de programas de protección social hacen necesaria la unidad en la lucha de los trabajadores del deporte por el logro de sus derechos laborales. Alcanzar un Deporte Mejor en una Sociedad Mejor es una tarea impostergable.

La fortaleza del rol de Entrenador Deportivo, se logra en la lucha diaria por la defensa y mejora de sus derechos sociales-políticos y económicos. El logro de los docentes deportivos colombianos es un mensaje universal de aliento y esperanza para todos los Entrenadores Deportivos del mundo.

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Analítica.com

Editorial

Pareciera que nadie escarmienta en piel ajena y Colombia no es la excepción. De nada le ha servido a los colombianos ver el desastre ocurrido en Venezuela, cuando cansados de la democracia porque esta no lograba resolver todos los problemas, una importante mayoría decidió darle una patada a la mesa y elegir a un militar, demagogo y populista que terminó con la democracia y entronizando en el poder un poder político que acabó con la prosperidad de uno de los países más ricos del continente y convertirlo en uno de los más pobres, evidencia que está a la vista de todos los colombianos en los millones de venezolanos que ahora viven en la hermana nación.

En Chile ocurrió algo parecido, el pueblo cansado de la democracia le dio una patada a la mesa y decidió elegir como presidente a un joven líder y están redactando, cómo ocurrió ya en Venezuela, una nueva Constitución que por lo que se vislumbra será galimática y el país va derecho a una grave crisis económica.

Ahora los colombianos se aprestan a elegir a Petro como el “salvador”, sin percatarse que estarían eligiendo a un personaje autoritario, que no tiene un verdadero mensaje ideologizador, sino unas ansias incontenible de poder y, por ello, demagógicamente ofrece lo que sabe que no puede realizar y se apoya en una plataforma política integrada por diversas aspiraciones pero que, ciertamente, no presentan una unidad de acción política para gobernar a una nación tan grande y diversa como lo es Colombia.

Si Petro llegase a ganar la presidencia en la segunda vuelta, paradójicamente sería como una infección de viruela en el cuerpo humano, que se cura pero deja marcas en el rostro.

Además, le viene encima una crisis económica global acompañada por una aceleración de la inflación y un deterioro en la condición alimentaria de la mayoría de los países. ¿Estarán Petro y su heteróclito equipo en condiciones de gerenciar positivamente esa situación? o por el contrario hará lo que hacen todos los narcisistas populistas tomar medidas disparatadas, que en vez de sortear la crisis la agravara.

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Beatriz De Majo

Hacer un listado de los temas que deberá acometer el nuevo presidente de Colombia a partir del próximo mes agosto no es una tarea compleja: los problemas son muy visibles. Lo que sí es un importante interrogante es la prioridad que se dará a la solución de cada uno de ellos y, sobre todo, el esquema de gobierno que será el marco para su puesta en marcha.

La desigualdad, la pobreza, el desempleo, la desaceleración económica, entran dentro de la categoría de temas que deberán recibir atención inmediata del nuevo gobernante. Ni el campo, ni la industria manufacturera, ni los sectores mineros extractivos pueden ser desatendidos en el momento en que el mundo entero enfrenta severos problemas de distorsión de las cadenas de suministro de insumos, de materias primas y de bienes terminados. Es preciso ser minuciosos en la atención a las presiones inflacionarias globales que afectarán a estos sectores productivos básicos y a la población.

Su alivio o resolución debe ir de la mano con la consecución de un alto grado de gobernabilidad y de control territorial que es una tarea concomitante y no menos urgente. En el caso de Colombia ello no es posible sin el destierro del narcotráfico, el control de la violencia terrorista relacionada con la insurgencia armada y la provocada por bandas criminales y clanes de la droga. La ansiada paz de los colombianos no se circunscribe a la consecución de las metas incluidas en el Acuerdo suscrito con las FARC en la Habana y con la cual no comulga la mitad de la ciudadanía. La desactivación de otros grupos violentos es imprescindible para cualquier plan de desarrollo que se emprenda.

La incorporación de inmensas masas poblacionales al desarrollo del país requerirá, al mismo tiempo, de programas de ayuda en lo social, además de un vasto plan de educación y formación técnica para otorgar herramientas de progreso a las clases más desposeídas e iletradas.

Si entramos en el detalle de cada uno de las acciones a desarrollar para producir resultados en todos los terrenos citados, hablamos casi de la refundación de un país que es necesario acometer contando con el soporte de las clases trabajadoras y del empresariado al igual que los jóvenes del país. Por fortuna, Colombia se encuentra bien equipada para hacerle frente a estas necesidades inmediatas.

Las turbulencias en el espectro global son solo las económicas que derivan de las distorsiones ligadas al COVID o de los estragos provocados por la guerra en el campo del desabastecimiento y del encarecimiento de los bienes que se transan en el planeta. Todo el reacomodo planetario que abarca cada área de actividad exige de cada nación una buena dosis de sacrificio, de adaptabilidad y de resiliencia para salvaguardar a sus poblaciones y para ofrecerles nuevas oportunidades de crecimiento.

Pero al mismo tiempo implica fraguarse alianzas útiles a los objetivos de desarrollo internos. Envuelve igualmente impedir el acceso de factores de distorsión que dificulten o que pongan trabas a la consecución de las metas. Las relaciones externas de Colombia con los Estados Unidos y con Venezuela – en direcciones completamente contrarias- van a ser, entonces, determinantes del futuro. Excluirlas o apuntalarlas, según sea el caso, pasa a ser un importante paso de avance en la dirección concreta.

No he hablado deliberadamente de aspectos de la geopolítica como los ambientales, el militar, los relacionados con el desarrollo de destrezas tecnológicas ni de otros tantos que intervienen en el recorrido adecuado de un país, por solo limitarme a los que intuyo que son determinantes de logros tempranos

Cualquier que sea el gobernante colombiano tendrá el plato repleto de dificultades que resolver y de proyectos de desarrollo a emprender. Lo más vital será escoger el modelo de gobierno que es el apropiado para poner en marcha las iniciativas y conseguir concitar a la población y a las fuerzas vivas a sumarse a ellas, a la vez que despertar en el medio internacional interés por el acompañamiento de los procesos y por la explotación de las potencialidades. Solo dentro de un esquema de libertades, de respeto por los derechos de los individuos y de democracia es posible adentrarse en el complejo sendero de hacer viable una economía, de hacer que el bienestar percole a los individuos y de crearle oportunidades a los gobernados.

El destierro absoluto de la autocracia, del totalitarismo y de otras formas perversas de limitar el libre accionar de los ciudadanos configuran el escenario correcto para ponerle el pecho a las dificultades que encontrará el inquilino de la Casa de Nariño.

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Benjamín Tripier

Para poder procesar los estímulos del entorno de una empresa, del lado de adentro deben contar con una Sala Situacional Empresarial que se apoye en las referencias estables que proveen el Norte Estratégico, que incluye Visión, Misión, Lineamientos Estratégicos y Factores Críticos de Éxito y Modelo de Negocios.

La sala debe contar además con un conocimiento de la empresa tener un mapa de actores y una caracterización del entorno de las áreas de influencia. A partir de allí, deberá procesar en bases frecuentes –dependerá de cada caso- la información/estímulos provistos por el entorno para revisar y analizar el impacto que tiene sobre los elementos estables; cómo afecta la estrategia y el modelo de negocios, qué actores están involucrados, y en qué afecta a las áreas de influencia.

Debe hacerse un análisis de la situación que produce el estímulo, identificar y aislar sus componentes y categorizarlos según el grado de control o influencia que la gerencia pueda tener sobre ellos; perfilar los actores involucrados; revisar las áreas internas impactadas y evaluar la magnitud del impacto.

Es bueno hacer un mapa de las relaciones entre los elementos internos y externos, para evaluar los posibles efectos cruzados. Es razonable poner el énfasis en los elementos internos, pues sobre ellos se tiene poder de decisión.

El resultado de la SSE consiste en un informe con recomendaciones de acción inmediata, así como otras de mediano plazo en los campos de comunicaciones corporativas, reuniones, cambios internos y en general información útil para tomar decisiones.

En la Venezuela de hoy es importante que el gerente sea parte activa del proceso de cambio, de manera que esté atento a las incidencias del entorno, sin descuidar sus responsabilidades operativas.

Hoy en día el entorno es cada vez más parte del negocio y el negocio cada vez más es parte del entorno.

Noticias destacadas

…La oposición venezolana quiere que Noruega retenga el papel de facilitador. El gobierno de Maduro ha insistido recientemente en la presencia de Rusia en cualquier negociación.

…Fuentes de la fuerza pública colombiana y la inteligencia militar confirmaron que murió Gentil Duarte, jefe de las disidencias de las FARC y uno de los criminales más buscados del país. Fue abatido en un ataque cometido por el Ejército de Liberación Nacional en Venezuela.

…El empresario venezolano-estadounidense Jorge Luis Nóbrega Rodríguez hizo mantenimiento a los aviones Sukhoi-30 de Venezuela y recibió pagos de Pdvsa. Un juez de Florida lo sentenció a 48 meses de prisión y 3 años de libertad supervisada.

…El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, asistirá a la Cumbre de las Américas, que se celebrará en junio en Los Ángeles, donde está previsto que tenga un encuentro bilateral con Biden.

…Rusia condiciona el corredor marítimo para el grano de Ucrania al levantamiento de algunas sanciones.

…Turquía supedita la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN a acciones contra el grupo armado kurdo PKK. Suecia busca que Turquía no bloquee su ingreso a la OTAN: le aseguró a Erdogan que no apoya a organizaciones terroristas.

…Banco Central Europeo: «Un fallo en tether representa una amenaza para todos los criptoactivos”. Advierte de que el colapso de tether provocaría un crash del bitcoin y del resto de criptomonedas.

Lo que no fue noticia (y debería serlo)

…Que el castigo al venezolano de los Sukhoi que violó las sanciones al recibir un pago de Pdvsa es una alerta sobre la importancia que para los americanos tiene ese tema. Atentos con la apertura al mercado de valores y a la necesidad de analizar cada caso desde la perspectiva OFAC.

…O que en el prospecto de las emisiones de Cantv y el BDV, debería haber un apartado dirigido a las sanciones y la OFAC, indicando si impactan o no la negociación, y cómo mitigarlo.

…Ni que la demanda del gobierno de Venezuela de incluir a Rusia y a Alex Saab en las negociaciones se constituyen en un obstáculo más para que el dialogo prospere. Y rechazar a Noruega (“diles que se vayan”) tampoco suma. ¿Será que es el momento de que El Vaticano entre en escena?

…O que, como les decía, es difícil que tengamos elecciones presidenciales alguna vez. Maduro y Cabello lo anticiparon hace un par de meses, y la oposición se sigue negando a asimilarlo, y continúa por un camino de fantasía, que hace todo menos oponerse. Para cualquier país, y el nuestro no es una excepción, es importante tener una oposición fuerte y participativa

…Tampoco que sería interesante conocer cuál es el modelo económico de país que el alto gobierno tiene en mente. Cómo se articulan el mercado de valores con la economía popular, la propiedad privada y la propiedad comunal. Es una mezcla que crea confusión y diluye en sentido de dirección que podría compensar la desconfianza que existe

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Twitter: @btripier

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Ismael Pérez Vigil

El gobierno y la oposición democrática han acordado, finalmente, reanudar las negociaciones suspendidas hace tiempo para ver cómo se logra una salida a la profunda crisis política y humanitaria que agobia al país. Pongamos en contexto la situación para analizar las opciones de negociación.

El poder del gobierno

No hace falta describir lo que todos sabemos bien. El gobierno −autoritario, por decir lo menos− controla el poder y los recursos, cada vez más escasos, pero suficientes para continuar su despilfarro y los “negocios”, internos y con sus socios externos. No es la popularidad, de la cual hoy carece, sino el monopolio absoluto de la fuerza −a través de la fuerza armada, que lo apoya incondicionalmente− y toda la capacidad represiva del Estado, lo que le permiten ejercer ese control sobre territorio y recursos, de manera total y absoluta. No hay ningún resquicio… aparentemente.

Situación de la oposición

La oposición, aunque dividida, fragmentada, que permanece en profundas y amargas disputas internas, uno de sus sectores, el mayoritario, tras largo y hermético silencio, se ha puesto de acuerdo para conformar una estructura de coordinación y una fórmula, aun no muy bien definida, para seleccionar mediante unas primarias su candidato para el próximo proceso electoral en el 2024, o antes.

No hace falta recordar que se trata de una oposición inerme, pues no cuenta con ninguna fuerza física y su capacidad de movilización popular ha mermado considerablemente. Sin embargo, hay que recordar que en condiciones similares en el pasado ha logrado algunos triunfos sobre el régimen autoritario y −muy importante− reconocimiento y apoyo externo para la imposición de sanciones al régimen, por parte de la comunidad internacional; sanciones cuestionadas por ineficientes y que algunos sectores solicitan que se eliminen pues estarían afectando a la población inocente del país; pero, es lo único que ha servido para contener algo los desmanes del gobierno y obligarlo a llegar a una negociación.

Los ciudadanos

Un gran porcentaje de los ciudadanos del país −más del 80% − sumidos en la pobreza, se han mantenido al margen de los últimos procesos electorales y muestran poco o ningún entusiasmo por la actividad política. Se supone que es porque están ocupados y concentrados en sobrevivir, aunque nadie que se sepa ha investigado eso; más bien creo que esto es en parte el resultado de varias décadas de prédica antipolítica y anti partidos, acentuada por la intimidación del régimen y una intensa campaña en contra del valor del voto y la eficiencia de los procesos electorales para resolver los problemas del país.

En el contexto descrito, nada halagüeño, es que se produce el anuncio de que el régimen y la oposición democrática exploran las posibilidades de continuar la negociación suspendida; ahora, a pesar del anuncio de la disposición a negociar, el régimen horada las bases de la misma, solicitando se admita como representante a Álex Saab, preso por delito en los EEUU −recordemos que la vez pasada la negociación se suspendió por esa absurda demanda del gobierno, que además fue quien se levantó de la mesa− y cuestionando también a los mediadores, el Reino de Noruega; de manera que, de llegar a concretarse el acuerdo para negociar, la pregunta obvia es: ¿Qué se va a negociar? ¿Cuál es el objetivo de la negociación?

Objetivos de la negociación

Para un sector opositor, radical, el objetivo escueto y único no puede ser otro que encontrar una fórmula para que el actual gobierno deje el poder, se retire sin más, como condición previa para cualquier otra cosa y para reorganizar la vida democrática del país.

Otro sector, más moderado, piensa que lo anterior no es realista y opinan que se debe buscar de común acuerdo una transición electoral, pacífica, a la democracia, detener las violaciones de los derechos humanos, los atentados contra las libertades públicas y, mientras tanto, buscar alternativas para aliviar el sufrimiento popular.

A un sector, más conforme, resignado o menos osado, le basta con que se logre alguna flexibilización económica y política del gobierno, que atraiga algo de inversión, que mejore la situación económica, para así aliviar la profunda crisis humanitaria que agobia al país.

Pero, definir el o los objetivos de la negociación, aunque no es fácil, es lo menos problemático porque la verdadera dificultad reside en: ¿Qué es lo que va a ceder en la negociación cada una de las partes? Dicho más claramente: ¿Cómo el régimen gobernante, con todo el poder que tiene, lo va a abandonar sin más, para entregárselo a una oposición que no tiene fuerza para obligarlo a ello o poco que ofrecer a cambio, como no sea levantar unas sanciones que no dependen de su decisión?

Opciones de salida

En cualquier caso, la solución de la crisis humanitaria y económica que ha arruinado al país pasa por una salida del actual régimen; sea que en un acto incomprensible y poco probable abandone el poder, voluntariamente; sea porque se desarrolle un proceso electoral libre, bajo supervisión internacional, que, según todas las encuestas perdería el gobierno; o bien sea porque algún acontecimiento político, hoy impensable, como una revuelta o insurrección popular, incline la balanza y el apoyo de la fuerza armada en su contra y lo obligue a dejar el poder. Estas son las opciones que algunos vislumbran como salida, pues lo que es también cierto, que se ha demostrado en el tiempo y ahora con la guerra de Putin contra Ucrania, es que la comunidad internacional −la misma que apoya a la oposición democrática− no pasará de establecer sanciones y cualquier opción militar que implique una fuerza externa o invasión, para resolver los problemas políticos y humanitarios de cualquier país, está descartada.

Los mitos en el país

Lo más difícil de esta situación es que flota en el ambiente, desde hace muchos años, una especie de pensamiento “mágico”, ingenuo −y hasta oportunista−, por parte de algunos grupos radicales, sus asesores e influyentes en la opinión pública, que −al considerar la situación del país y las posibles salidas− han desarrollado algunos mitos.

Uno de ellos es que al gobierno autoritario le interesa que eliminen las sanciones económicas −“que afectan al pueblo”, según dice el gobierno y repiten a coro algunos opositores−, como si el bienestar del pueblo fuera realmente una preocupación del gobierno; en realidad al régimen las sanciones que lo afectan y preocupan son las sanciones personales contra sus funcionarios, mismas que todos los opositores afirman que se deben mantener.

Otro mito de algunos sectores opositores, a sabiendas que no hay disponible una fuerza física, ni interna ni externa, para forzar al régimen a retirarse −posiblemente solo para lograr unas condiciones electorales, como ya ha ocurrido en el pasado−, piensa y plantea con aparente seriedad y convicción, que el régimen debe ceder el poder, dándose golpes de pecho, admitiendo los errores cometidos, las violaciones de DDHH de las que se les acusa, devolviendo los recursos del país de los que se ha apropiado y mansamente se dejarán esposar y conducir a la cárcel, a purgar sus delitos; o en el mejor de los casos, en un arrebato de fiereza y ante un descuido, escaparán a un exilio forzado, pero sin la posibilidad de desplazarse libremente por el mundo, por el temor a ser atrapados en cualquier aeropuerto y juzgados en algún país desarrollado o por algún tribunal internacional.

Conclusiones

Pero algo ocurre en el país. Porque resulta incomprensible que un régimen con el poder omnímodo que muestra el actual, sin embargo, da pasos −aunque inciertos− en dirección a una negociación; posiblemente las razones que lo animan son buscar reconocimiento internacional e insistir en que se le eliminen sanciones, aunque sabemos que son las personales las que quiere eliminar, cosa que es más difícil. Lo cierto es que aun con su supuesta “debilidad” la oposición ha logrado, en varias oportunidades, llevar al régimen a la mesa de negociación.

Paradójicamente, lo cierto, si vemos el escenario actual, es que la oposición democrática tiene todo por ganar y poco que ceder, que ya no haya cedido o le haya sido arrebatado: Democracia, instituciones políticas, partidos, libertad de asociación y de expresión, libertad de sus líderes, y un largo etcétera.

Sin duda es el gobierno el que tiene todo por perder: El poder y con él, el usufructo de la riqueza del país. Lo que no parecen haber percibido los habitantes y líderes opositores es que resulta obvio que el régimen, si no recibe nada a cambio, se puede y va a mantener en el poder, como la ha hecho hasta ahora, pues tiene fuerza, recursos y también cuenta con cierto apoyo internacional. Esos factores no los podemos perder de vista.

Por lo tanto, quien tiene tanto que perder, ¿Qué pedirá a cambio de dejar el poder, frente a una oposición que no tiene fuerza, real, para desalojarlo del mismo y muy poco que ofrecer? Obviamente pedirá inmunidad. Inmunidad para poder disfrutar, en el país o en el exterior, de los bienes mal habidos. Esto, que no debería sorprender a nadie, sorprende a muchos y es un tema que no podemos seguir ignorando, sobe el que debemos abrir una amplia y profunda discusión.

Los habitantes del país, sobre todo la oposición, debe tomar conciencia de que no hay manera de salir de esta crisis, sin tragar algunos sapos crudos a través de una negociación, ¿Lo tendrán claro sus líderes, especialmente los más radicales?; estos últimos, afortunadamente −aunque ruidosos y muy activos en redes sociales− son minoritarios.

Sin fuerza física, con capacidad de movilización mermada, los habitantes y fuerzas políticas democráticas, que ya han tenido triunfos electorales importantes −única vía posible en este momento para enfrentar regímenes como el que gobierna el país− lo que deben es recuperar la fuerza interna, además de la externa con la que cuentan, que permita hacer respetar esos triunfos. Ese es el reto.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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