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Opinión

Fernando Mires

Lo hemos repetido muchas veces. La guerra de Putin a Ucrania no es solo contra Ucrania pero comienza y pasa por Ucrania. La guerra de Putin es contra Occidente, lo ha dicho el mismo. Pero no en contra del Occidente geográfico sino en contra del Occidente Político. Así nos lo explicó el mandatario ruso en su mítico discurso del estadio Luzhniki de Moscú:

“Occidente está intentando dividir a nuestra sociedad, está especulando con nuestras bajas (en la guerra) y las consecuencias socioeconómicas de las sanciones, y está provocando una confrontación civil en Rusia y utilizando a esa quinta columna para conseguir ese objetivo. Y hay un solo objetivo, del que ya he hablado, la destrucción de Rusia”.

¿Qué es Occidente para Putin? La respuesta, después de revisar diversos textos, solo puede ser una: Occidente es todo lo que impide la reconstrucción del imperio ruso, núcleo de una visión pan- eslavista a la que su mentor ideológico del momento, Aleksandr Dugin, llama Eurasia. Occidente sería, mirada desde esa visión culturalista, la anti-Eurasia. ¿Y qué es Eurasia? Si nos atenemos a las palabras del corrupto ex-vicepresidente de Rusia, Dimitry Mevdevev, el objetivo de Putin es “construir una Eurasia abierta, desde Lisboa hasta Vladivostok”. Gracias a esa estupidez ya sabemos algo por lo menos: Eurasia, para Putin y su corte, es el objetivo de un proyecto de expansión geográfica y política: una anti-Europa. Nada menos. El problema es que para que ese proyecto tenga un final, deberá haber muchas ciudades mártires, como hoy lo es Bucha en Ucrania.

Así como Che Guevara en su delirio antimperialista llamó a “crear dos, tres Vietnams”, Putin, en su delirio imperialista deberá llamar a «crear cien, doscientas, trescientas Buchas». Ya lo está haciendo. Hay otras ciudades como Bucha en Ucrania.

Para Dugin, Occidente, más que un conjunto de países –todos democráticos pero con distinto formato político – es un régimen universal que se define por una supuesta ideología también universal. Dugin la llama “ideología de la democracia liberal”. En ese punto hay una plena coincidencia entre Dugin y el putinista presidente húngaro Viktor Orban quien ha iniciado una campaña política en contra de lo que él llama, democracia liberal.

Tanto en la versión de Dugin, de Orban y, por cierto, de Putin, el liberalismo es una ideología decadente que lleva al deterioro moral del ser humano, el que librado a su libre arbitrio, entregado al llamado de sus deseos, sobre todo los sexuales, medrará en un mundo sin tradiciones y sin autoridades. Y, por supuesto, sin Dios. En contra de ese mundo en permanente decadencia, Putin, convertido de la noche a la mañana de marxista- leninista en un beato besacruces, opone el ideal de una nación autoritaria, con un estado fuerte, sin rencillas partidarias, donde el parlamento deberá limitarse a dar forma a leyes que provienen de un ejecutivo cuyo poder ha de hacerse sentir con dureza sobre todos los que osen disentir del orden establecido.

Las ideas occidentales, como dijo Putin en su discurso del estadio, son destructivas para el orden ruso que él busca imponer y, por lo mismo, se encuentra obligado a defenderse, aventando a la corrupción occidental (ideas democráticas) dentro de Rusia y luego luchando en contra de los demonios que vienen de afuera, desde ese Occidente apoderado de su amada Ucrania rusificada. Ucrania debe ser liberada, purificada de ideas occidentales. En las palabras de Putin: “desnazificada”

De acuerdo a su descontrolada fantasía, Putin y otros integristas conciben la invasión a Ucrania como una guerra defensiva y liberadora en contra de lo que ellos llaman Occidente. Esa es la ideología que fue inculcada a Putin, entre otros, por el ideólogo Alekandr Dugin. Un autor intelectual –sí, lo es- de los asesinatos que en estos momentos están siendo cometidos en Ucrania.

“Occidente es antes que nada una ideología”, escribió Dugin en un reciente artículo orientado a justificar las crueldades cometidas en Ucrania (24.03.2022). Y luego despacha, así no más, solo porque se le ocurre, una definición: “las ideologías son imágenes (¿?) totalitarias de la realidad impuestas por sistema tecnológicos y psicología de masas”. Absurda definición construida solo para continuar caricaturizado a lo que él necesita que sea Occidente: “La única ideología oficial que existe en Occidente es el liberalismo (¡!) y la globalización no es sino la imposición del liberalismo a toda la humanidad”. Vale decir, en su imaginación afiebrada, Dugin ha convertido a Occidente en un orden totalitario e imperial del cual la Santa Rusia deberá liberarse.

En el marco de las post-verdades putinistas, la invasión a Ucrania debe ser entendida como un medio para alcanzar la liberación nacional de Rusia frente al Occidente opresor aunque eso signifique poner a la realidad patas arriba y cabeza abajo.

El mismo Dugin ha confesado, y se nota, que todas sus concepciones ideológicas las ha tomado prestadas de pensadores europeos. En esos pensadores no hay nada que sea ruso. Tanto en su formación como en su estilo, Dugin es un escritor radicalmente occidental. El mismo ha declarado ser seguidor del tradicionalismo conservador de Julius Evola y de René Guenón. En su “Geopolítica” recurre a la teoría del espacio vital de Karl Hausofer. Posición occidentalista en la que, por lo demás, no se encuentra solo.

El anti-occidentalismo occidental es una de las particularidades de Occidente, el único orden político que genera e integra a sus propias contradicciones. Pues la occidentalidad no son solo los derechos humanos, el parlamentarismo, los debates, la pluralidad cultural, su arte o su literatura. También la negación a Occidente es occidental, venga ella de Marx, de Spengler, de Heidegger, de Dugin. El anti-occidentalismo pertenece, queramos o no, al patrimonio cultural de Occidente.

Occidente –es un punto que aterra a Dugin– supone el reconocimiento de la ambivalencia como forma de vida. A Occidente pertenecen los Médecis y Maquiavelo, Arendt y Mahler, el Louvre y Auschwitz, Churchill y Hitler. El fascismo, el anarquismo, el comunismo, y probablemente, hasta el putinismo, y muchas otras negaciones de Occidente, son producciones netamente occidentales. Occidente no es una sola ideología, como cree Dugin. Son muchísimas. Occidente es lo que ha llegado a ser Occidente. Occidente no es un “es”, es un “estar siendo en el tiempo». Occidente es su propia historia. Eso es lo que no puede aceptar Dugin.

Dugin es un intelectual muy deshonesto. Y lo es hasta el punto que necesita inventarse un Occidente personal para así obtener un meta-enemigo que sirva como justificación a la sangrienta expansión que en este momento comete Putin sobre tierra ucraniana. Y al final, como si estuviéramos frente a las aguas de Narciso, resulta que todo lo que para Dugin es Occidente no es más que la fiel copia de lo que ha llegado a ser la propia Rusia de Putin. Un enorme espacio totalitario, con una sola ideología, con un solo líder, con una sola religión.

La agresión a Occidente comenzada desde Ucrania ha liberado a Rusia de las ataduras que lo ligaban con Occidente, nos dice Dugin. Siguiendo esa tesis, escribe: “En realidad, Putin intentó por todos los medios que Rusia siguiera la ideología, la tecnología, los códigos, los algoritmos, las leyes y los principios occidentales (liberales); pero el aumento de las tensiones simplemente lo destruyó todo. Rusia se está alejando de Occidente como Idea y Occidente ha comenzado a desconectar a Rusia de todas sus redes de control global”.

Lamentablemente, lo último es cierto. Con su des-occidentalización forzada, Rusia está dejando de ser lo que ha sido: un enorme país con dos almas. El alma bárbara y el alma civilizada coexistían en su historia de un modo dramático a veces, de un modo armónico, otras. Pero después de Bucha, la atrayente ambivalencia cultural de Rusia parece haber llegado a su fin. La contradicción entre civilización y lbarbarie, para decirlo con el brillante columnista de ABC, Guy Sorman, ha sido resuelta. Entre la barbarie y la civilización, Putin ha elegido la barbarie. Dugin también.

Me veo entonces en la necesidad de corregir un error. Cuando leía y estudiaba la Geopolítica de Dugin. me pareció ver a un autor epocalista pero erudito, con resabios nazis aunque culto y por momentos, fascinante. Sin embargo, al leer sus artículos escritos bajo las sombras de la guerra desatada por Putin, me encuentro frente a un ser arruinado, un energúmeno ilustrado que ha perdido toda compostura. En sus escritos ya no hay ningún hilo conductor, solo un catársico desenfreno. Y en donde antes me había parecido encontrar una cierta fundamentación filosófica, hoy solo veo charlatanería. En fin, un cerebro lleno de conocimientos, pero sin orden ni estructuras.

Claro está que Dugin ha declarado la guerra a Occidente (una guerra contra sí mismo, debo reiterar). Pero lo menos que uno podía esperar es que frente a ese Occidente, Dugin nos diera a conocer su alternativa, un mundo mejor o peor, una utopía o al menos una distopía. Mas de súbito, Dugin nos dice que no tiene nada que ofrecernos a cambio de las masacres de Putin. Lo suyo es una negación sin afirmación. Solo se contenta con decir que hay que construir una teoría anti-occidental. Y si no me creen, habrá que citarlo:

“Ahora que hemos entrado en una confrontación directa y dura con Occidente es necesario que creemos una ideología alternativa basada en nuestras propias ideas. Ya sabemos lo que rechazamos, pero no ha quedado claro qué es lo que afirmamos”.

Si no hubiera corrido tanta sangre, daría risa. Según Dugin, Putin invade a Ucrania sin saber todavía que es lo que opondrá en contra de la occidentalización. La filosofía destructiva de Dugin es el testimonio de un filósofo que se olvidó de pensar.

Al leer a Dugin no puedo sino concluir en que de verdad Kant tenía razón cuando nos habló del mal radical o de la radicalidad del mal. Siguiendo a Kant, Hannah Arendt describió la banalidad del mal. Para la filósofa, el mal banal era el mal banalizado, ya sea por un argumento, por una ideología, por una supuesta obligación profesional (“Yo solo cumplía órdenes” decían los asesinos nazis en el juicio de Nürenberg) El mal de Dugin, y por ende, de Putin, es en cambio el mal radical, un mal que no se ajusta a ningún derecho, pensamiento o deber. Es el mal por el mal. Es el mal de Thanatos, pero sin Eros. Es un mal que nace del amor a la muerte. Un mal hecho realidad en Bucha.

Dugin, como Putin, es un endemoniado. Pero a diferencias de los personajes de Dostoyevsky en cuya novela Los Demonios nos topamos con provincianos nihilistas, Putin es un endemoniado con todo el poder de un imperio a su disposición. Por ahora, seguirá matando, y Dugin, su criado intelectual, será reducido al penoso papel de legitimador de la muerte colectiva. Probablemente Dugin ya lo presiente. En el futuro de Rusia, o sea, en su futuro personal, ya ve, como lo vieron Goebbels y Hitler antes de matarse, el fin del mundo (su mundo) . El Apocalipsis es su programa. El mismo Dugin, para que no haya ninguna duda, lo anuncia

“Nuestro gran problema ahora es que hemos roto con Occidente y el liberalismo de una forma irreversible: o construimos un mundo diferente y un orden mundial alternativo dentro de los límites de nuestra civilización o … ya sabemos qué sucederá, aunque esto último hace parte de acontecimientos apocalípticos que aún están por venir”.

Hay que detener a esa maldad. Hay que salvar a Europa de Dugin, de Mevdevev, de Lavrov y otros criminales que rodean al asesino Putin. No podemos permitir que este mundo sea convertido en una inmensa Bucha. Para que eso no suceda hay que arrancar a Ucrania de la garras sangrientas de esa pandilla de monstruos. Ojalá los gobiernos de Europa entiendan de una vez lo que todavía, aún después de Bucha, no se atreven a entender. Hay que derrotar a Putin aquí, allí, y ahora.

Por lo menos el canciller alemán Olaf Scholz -aunque tardíamente – parece haberlo entendido. Cuando estaba a punto de terminar este artículo lo oí decir desde la pantalla del televisor: “Putin no debe ganar esta guerra”. Solo espero que Dios, o quien mejor lo represente, lo haya escuchado.

Twitter: @FernandoMiresOl

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS, Político

 9 min


Mariana Martín

Ya hace más de un mes que mi padre partió y sus palabras no han parado de resonar –nunca, pero sobre todo estas últimas semanas– en mi cabeza. Tuve la fortuna de haberme dado cuenta de su grandeza y su nobleza de espíritu desde muy pequeña. Sus lecciones diarias durante casi 32 años me dieron la oportunidad de verlo como el grande que fue y aprender todo lo que pudiera de él en el tiempo limitado que sabía que teníamos. Su obsesión con la formación continua, con la reflexión y el pensamiento, con la apertura y el perdón, son de sus lecciones más grandes. Agradezco que lo pude aprovechar en vida y no esperar hasta su muerte para reflexionar sobre estos temas.

Me han conmovido muchísimo las palabras de tantos venezolanos sobre mi padre y la influencia que ha tenido en sus vidas. En muchos de los textos encontré agradecimientos por lecciones y aprendizajes, el más repetido: su capacidad de rectificar. En sus últimos años, repetía mucho “Si la juventud supiera y la vejez pudiera”. Y transmitir a los jóvenes, especialmente a los jóvenes políticos venezolanos, las lecciones que acumuló a lo largo de sus 84 años y sus casi tan largos 70 años de carrera política, se volvió su mayor deseo.

Buscando honrarlo y acompañar su legado y sus deseos, después de reflexionar sobre las lecciones que me dejó y nos dejó a todos, aquí van las cinco lecciones más importantes que dejó Américo Martín a los jóvenes, a los no tan jóvenes, y muy especialmente, a los jóvenes políticos venezolanos:

  1. Lo cortés no te quita lo valiente. No creo jamás haber escuchado a mi padre decirme esas palabras exactas, pero el espíritu de la frase lo transmitió siempre. A lo largo de su vida y con especial énfasis en su carrera política, jamás lo escuché hablar mal de nadie, de verdad, de nadie. Esto me lo han confirmado personas que lo conocieron mucho antes que yo. Mi padre demostró valentía hasta el final de sus días, fortaleza e ímpetu en su lucha por dejarnos un país mejor, que no solo fuera una economía estable y ciudades en las que se pueda salir de noche, sino mejor, con personas buenas, no tramposos. En ese espíritu, buscó siempre tratar de entender a las personas y no juzgarlas desde sus propias frustraciones. Más allá de lo obvio, esta actitud le brindó más años de vida en paz y posibilidades de entender a los más odiados de lado y lado en nuestro país tan polarizado.
  2. Para negociar, hasta con el diablo. Desde las primeras rondas de negociación, en 2002, cuando por primera vez viví episodios de persecución contra él, le hablaba con frustración sobre los responsables de su persecución. ¿Por qué se tenía que sentar a hablar con la gente que nos había llevado hasta aquí?, ¿Por qué él? … su respuesta inequívocamente era, porque las cosas se solucionan hablando y teniendo esas conversaciones difíciles con el que piensa diferente, con el que nos enfrenta y hasta con el que nos quiere hacer daño. Siempre repitió que sentarse a dialogar con los que están de acuerdo con uno mismo, no tiene sentido, que precisamente con el contrario es con quien siempre hay que sentarse, porque para negociar, hasta con el diablo.
  3. La carga del rencor es más pesada que lo que te hayan hecho. Incapaz de sostener un rencor mucho tiempo, ni siquiera hacia sus torturadores. Aunque siempre nos dijo que la tortura es lo peor que se le puede hacer a un ser humano, y décadas después lo seguía recordando con dolor, perdonó a sus torturadores, y siguió perdonando a quienes buscaban dañarlo. Tal vez fue exceso de practicidad o, probablemente, fue claridad y perspectiva sobre cómo seguir adelante.
  4. No podemos odiarnos, si no nos permiten existir. En la misma línea del manejo de los odios y los rencores, siempre supo ver más allá de las disputas puntuales y tener en claro el objetivo del logro y fortalecimiento de la democracia. Esto lo aprendió joven y rápido, cuando comenzó su militancia política en las filas de la muy clandestina juventud de Acción Democrática en 1953. Pudiera ser que desde ese momento surgiera lo que líderes políticos actuales denominan su «obsesión con la unidad» más allá de los desacuerdos, con un propósito claro para lograr un objetivo claro que nos permita existir con nuestras diferencias.
  5. Estudiar y luchar. En ese orden, primero estudiar y luego luchar, fue su consigna – la de los estudiantes miristas, mientras estuvo en la universidad, antes y después de ser candidato presidencial, y hasta el final de su vida. Aunque parezca obvio, mi padre nunca se cansaba de repetir lo que, aunque lógico, se nos suele olvidar con facilidad. No se puede ser líder estudiantil si no se es estudiante, el mejor estudiante, primero. No se puede ser líder ni guiar un país sin estudiar, y los estudios no se acaban nunca. Comenzó a estudiar formalmente en 1944 y dejó de estudiar en 2022.
  6. La Ñapa. Te puedes equivocar, que sea por exceso y no por defecto, y siempre debes rectificar. Esta es la lección más repetida por quienes lo recordaron en su último día y es la que sigo aprendiendo. Durante toda mi vida mi padre nunca dudó en decirme que el mayor error de su vida fue haber ido a la guerrilla, no por el hecho de la decisión política, sino por el error reconocido que eso representó. Su decisión fue tomar las armas por una convicción política –el error– y pensar que realmente esa era la vía para lograr un mejor país para todos –el exceso–. Tuvo que haber sido un proceso duro y doloroso reconocerse equivocado, rectificar y hacerlo públicamente sobre sus ideas políticas y sobre las maneras de ejercerlas, sobre algo tan íntimo como una creencia política. Se ganó enemigos dentro de los que consideraba amigos y círculo cercano, pero fue fiel a sus valores –la rectificación–. Una cosa de la que no se arrepintió en ese momento y nunca, fue haber sido tan público con el reconocimiento de sus errores, porque siempre sus decisiones respondieron a sus valores.

Además de la rectificación de sus errores, lo que más escuché después de su partida es que deja un gran vacío. Aunque estoy segura de que es un vacío que en lo íntimo de mi familia y en mí, nunca se va a poder llenar, espero que estas lecciones sirvan para una nueva generación de jóvenes políticos venezolanos que sepan estar a la altura de lo que el país necesita a través de sus valores, honestidad, claridad, perspectiva y capacidad de reconocer sus errores y seguir adelante. Espero que sirvan para que esta nueva generación sepa llenar el vacío que deja mi padre y tantos otros grandes que ya no están con nosotros.

Twitter: @MarianaMartinH

Mariana Martín es politólogo

 5 min


Alejandro J. Sucre

El senador por Florida al Congreso de EEUU ha criticado severamente a la Administración Biden por haber realizado conversaciones públicas y notorias con la Administración Maduro. Incluso el mencionado Senador junto a su colega del parlamento Bob Menéndez se han opuesto a un posible levantamiento de las sanciones que EEUU tiene sobre la industria petrolera venezolana y otros sectores. Los senadores exponen un argumento falaz como lo es que EEUU al negociar con la Administración Maduro estaría sacrificando la libertad de los venezolanos para obtener petróleo y bajar los precios de la gasolina en EEUU. Y además argumenta que estaría negociando con dictadores. Ambos argumentos no tienen ningún sentido.

La realidad es lo opuesto, no levantar las sanciones a la industria petrolera venezolana por parte del gobierno de EEUU sería seguir asfixiando la libertad de los ciudadanos venezolanos, y a esto hay que agregarle, luego de la guerra rusa contra Ucrania, la libertad de elegir al ciudadano estadounidense y europeo. En este momento donde gran parte de mundo occidental se ve amenazado por el suministro ruso de energía, tener mayores alternativas para la compra de petróleo es positivo y en todo caso le quita poder a Rusia. Crearía sana competencia entre los países petroleros menos democráticos. Adicionalmente, los senadores Menéndez y Rubio debieran entender y explicar a sus electores que la libertad de los venezolanos no debe ser sacrificada para lograr votos de algunos senadores. Tampoco la libertad en Venezuela puede ser defendida sólo por los dirigentes políticos de EEUU, sino por los mismos políticos venezolanos.

Las sanciones de EEUU terminan apoyando a “algunos” políticos de oposición en Venezuela y perjudican al sistema democrático en su conjunto. Los políticos del G4 que los líderes de EEUU apoyan en Venezuela no se presentan en las elecciones Presidenciales, de Gobernadores, de Alcaldes ni de Diputados y tampoco se someten a elecciones internas en sus partidos, ni presentan cuentas de los fondos que administran. Hay algunos dirigentes de la oposición emergente muy dignos que sí participan en esas contiendas electorales y no solo lo hacen en condiciones electorales desventajosas sin además recursos debido a que acuden a electores empobrecidos gracias a las sanciones de EEUU. Más elecciones ganaría la oposición si todos los dirigentes de oposición participaran unidos y sin esperar acciones externas que les ayuden como los Marines y las sanciones. Lo que hoy sanciona EEUU es a toda una nación, y a todos los políticos de la oposición que no estén dentro del presupuesto asignado por el Departamento de Estado al G4. Con sanciones EEUU podría crear una casta de políticos de oposición subsidiados que ni siquiera están presentes en el terreno electoral de Venezuela y engordan en oficinas haciendo lobby.
Las instituciones políticas estadounidense sí deben proteger que la legendaria corrupción de los políticos venezolanos no llegue a contaminar el sistema financiero de EEUU. También deben velar las instituciones estadounidenses porque los políticos venezolanos que atentan contra la libertad de los venezolanos, que cometen crímenes de lesa humanidad y que permiten el tráfico de drogas sean sancionados, pero siempre individualmente incluyendo a sus familiares beneficiados y testaferros. Ahí es donde los senadores Marco Rubio y Menéndez deben enfocarse y esto no ocurre. En EEUU hay muchísimos venezolanos gozando de propiedades suntuosas en EEUU que han logrado vía estafas al fisco venezolano. EEUU puede y debe exigir a Pdvsa y otras empresas del estado venezolano crear un Comité de Cumplimiento de las Normas de Buen Gobierno Corporativo y vigilar las transacciones de estos organismos como lo hace con cualquier transferencia bancaria privada.
En Venezuela levantar las sanciones sí aumentaría los sueldos del venezolano de a pie ya que miles de empresas privadas decidirían invertir y contratar personal. Es cierto que Pdvsa quebró por el mal manejo y la corrupción de los funcionarios públicos del gobierno de turno. Sin embargo, esta insolvencia de flujo de caja es corregible sin las sanciones. Todavía puede haber una reestructuración de deuda y una mayor participación del sector privado en el sector petrolero pero las sanciones lo impiden. Esto generaría poder adquisitivo en el venezolano y le da más capacidad de financiar el partido político de su preferencia. El mismo gobierno oficialista debe competir más por el voto, generando correctivos en su gestión.
La salida democrática y pacífica es ir elecciones, convencer a la población venezolana de que acuda a votar masivamente, presentar mas unidad si es necesario, estar presentes en las mesas de votación, presentar programas de gobierno, presentar candidatos electos desde las bases de sus partidos políticos, etc. Si el gobierno de EEUU sigue con las sanciones, sería quien decide quienes deben ser los líderes venezolanos y no el pueblo. Los senadores Rubio y Menéndez deben presentar otros beneficios a sus electores cubanos para obtener votos y no usar al pueblo venezolano como carnada imponiendo sanciones que se suman a gobierno y oposición con grandes disfuncionalidades.
Twitter @Alejandrojsucre

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Hace tantos años que no quisiera recordar cuantos, mi amigo Jean y yo salíamos en la madrugada de una fiesta en nuestras gigantescas motos y tomamos la autopista rumbo a Chacao, jinetes cuidadosos sobre bestias de tanto peligro en tales condiciones. En el trayecto nos pasaron atolondrados y retadores dos muchachos en una moto pequeña (“ochenticas” las llamaban por su cilindrada) que seguramente era su medio de trabajo. A unos 200 metros de donde nos dejaron atrás y casi nos tumban, se estrellaron contra una camioneta. Nos acercamos y uno estaba inconsciente en el pavimento mientras el otro, recostado del carro que chocó, repetía pausadamente una extemporánea autocrítica: “y ahora_que vamo’_hacé’_pana ´”. Al cabo de locuras, irresponsabilidades, irrespetar las normas de tráfico, arrogancia-estupidez, exceso de velocidad, la misma pregunta se hacen hoy en los hospitales políticos: “y ahora que vamos a hacer”.

Las encuestas evidencian que el interés esencial de la sociedad, razonablemente, es participar de la “activación” económica. El gobierno parece dar baja al socialismo e iniciar una experiencia con la inversión privada, cerrando la etapa de locura galáctica, y varios parecen no haberse dado cuenta. El anacronismo socialista vuelve a morir ahora en la experiencia local, el gobierno se entiende con los empresarios, devuelve bienes confiscados, estimula la economía de servicios, pero antes que celebrarlo, hay quienes lo rechazan. El país más moderno de Latinoamérica en 1992, una economía creciendo a la par de China, que superaba el desempleo y con las mayores reservas petroleras del planeta, hoy debería ser Suecia o Dinamarca. Pero los efectos destructores del socialismo de Giordani y Ramírez, lo llevaron al cuarto mundo en quince años. Los partidos y otras fuerzas sociales deberían estimular ese cambio programático, aunque todavía difuso.

Dicen que la economía emergente es una “burbuja”, que “en vez de devolver las empresas, nunca debieron expropiarse”, se amargan porque EEUU comprará petróleo y pudieran levantarse las “sanciones”. Más que “antinacionales” esas reacciones son simplemente tontas y vienen de quienes no saben lo que hacen ni lo que dicen, igual que hablar nuevamente de “neoliberalismo” por decisiones económicas que equivalen en la vida al baño cotidiano, cepillarse los dientes, cambiarse la ropa, no hablar con la boca llena. El “neoliberalismo” es simplemente arroparse hasta donde alcance la cobija, estimular la inversión privada para producir más bienes, más empleo y más cobija; no regalar la gasolina a las mafias, ni la electricidad, ni el agua, ni despilfarrar los recursos fiscales en seudoempresas corruptas, para invertirlos en educación y salud.

“¡Neoliberales!” fue el descalificativo de los radicales sesoseco del universo para no explicar, y pasar a la ofensiva, el derrumbe del socialismo en sus diversas versiones, la URSS, Latinoamérica por la deuda externa y cuando EEUU de Carter pasó a ser una potencia decadente junto con Europa. Que el gobierno dejara la pesadilla estatista, anti empresarial, colectivista, va en la dirección correcta, pero no aprenden ni de la experiencia mundial ni de la propia. No se debería jugar a lo que Marcuse llamó “el gran rechazo”, pero tampoco derretirse ante el gobierno. El papel de una oposición es reclamar que estas políticas avancen, se corrijan las insuficiencias (que el techo del crecimiento económico es la electricidad, pej.), que acuerden con EEUU y Europa. En Suecia las decisiones económicas se toman en la comisión tripartita entre empresarios, trabajadores y gobierno. Ese sería un escenario de diálogo.
Establecer acuerdos con el FMI y el Banco Mundial para financiar programas compensatorios a la población que mejoren la vida. Renovación institucional, descentralización y transferencia de competencias para levantar la provincia. Desgraciadamente la gafocracia cuyos ilustres precursores aparecen en los 90 contra Carlos Andrés Pérez, siguen “asesorando” disparates jurásicos mueren por el pasado y el atraso. Es irresponsable hoy pronunciarse contra los cambios, tanto como callar sus insuficiencias. Engels en el Anti-During acusaba a los ultras de “botar el niño con el agua sucia”. El gobierno arrebata el centro político a la oposición y está a punto de quitarle también la bandera de la modernización, y no lo ha logrado ya porque también actúa de manera vergonzante y, aterido por su pasado, no se atreve a convocar a una nueva etapa.

La oposición con cabeza no puede ir contra los intereses de la nación, en sentido de la revolución francesa, de la ciudadanía. La gafocracia identifica, igual que sus maestros: hacer oposición para destruir al adversario, aunque con eso boten el agua sucia y al niño. Por eso fracasaron. Quién o quiénes serán él o los candidatos de los grupos opositores, si se escogerán en una partida de dados, de “truco”, primarias o terciarias, hoy tiene sin cuidado a la mayoría. Como es un serio problema para ellos, deberían dirimirlo en privado, discretamente, sin creer que eso interesa a quienes necesitan electricidad, agua, alimentos. Los venezolanos normales deben ganarse la vida y el cambio económico es su verdadero problema. Pero el gobierno debe ayudar.

@CarlosRaulHer

 3 min


Luis Manuel Aguana

En mi casa desarrollamos un respeto especial por la fecha 19 de abril, no solo porque fuera la fecha patria que en realidad es, sino porque era el cumpleaños de mi padre. Como profesor de Ciencias Sociales, mi padre estaba muy consustanciado con el significado civil de esa fecha particular para su vida y así se los hacía ver a sus estudiantes cadetes de la Escuela Militar de Venezuela y Efofac (antigua Escuela de Formación de Oficiales de las Fuerzas Armadas de Cooperación).

Ese significado histórico del 19 de abril apuntaba hacia el desconocimiento civil de una autoridad que los venezolanos de ese entonces consideraron irrita y usurpadora. Lamentablemente, de esos oficiales que fueron alumnos de mi padre, no queda ninguno activo (todos están retirados o fallecidos), y los que existen ahora no tienen la convicción por la formación impartida en su propia Escuela, de que los militares deben estar siempre sometidos al poder y la autoridad civil. El tiempo ha disuelto esa convicción, dejando a los venezolanos a merced de una soldadesca al estilo de la milicia del siglo XIX, sin formación acerca del rol que deben jugar frente a los ciudadanos. De no ser así, no existiera un régimen cuartelario que oprime las libertades y suprime la democracia en Venezuela.

El 19 de abril de 1810 marcó el inicio formal e histórico de la Independencia de Venezuela. No había estudiante de primaria en este país que no conociera la historia de aquel Jueves Santo cuando se reunió el Cabildo de Caracas que desconoció la autoridad del nuevo mandatario español Don Vicente de Emparan, constituyéndose en Junta Suprema de Caracas, hasta la instalación del Primer Congreso Constituyente el 2 de marzo de 1811.

Estos antecedentes nos dan la suficiente justificación para: a) considerar que esta es una fecha profundamente civil y que conmemora la primera vez que la sociedad civil venezolana se impuso sobre un gobernante usurpador; y b) establecer por parte de los ciudadanos un gobierno de transición hasta la convocatoria de un Congreso Constituyente que definiría el destino de la República. Luego la historia hizo el resto.

El significado Constituyente de esta fecha es inequívoco, y aunque forme parte de nuestro calendario histórico, pocas personas lo ven más allá del cuento de aquel gobernante español que dijo una vez “yo tampoco quiero mando” un 19 de abril, a instancias de un cura de apellido Madariaga y a partir de allí Venezuela se declaró independiente, siendo el acontecimiento algo mucho más profundo que eso.

De la misma manera nos ocurre con el planteamiento y la propuesta Constituyente. El carácter simplista con el que generalmente abordamos los temas, hacen que tomemos decisiones de rechazo de buenas a primeras sin esperar a conocer el fondo del asunto. Y mucha de esa responsabilidad tal vez tiene su razón de ser en que no es sencillo comparar planteamientos complejos como este frente a la simplicidad con que se puede entender una elección presidencial o parlamentaria.

En diversas intervenciones y entrevistas a través de las redes sociales he planteado que para poder realizar el proceso Constituyente en esta hora histórica que vive Venezuela, donde se agotaron las opciones –incluyendo la electoral- para que los venezolanos podamos salir de esta crisis, se requiere de urgencia entrar en un proceso de negociación política que incluya a todos los involucrados en la tragedia venezolana: la Comunidad Internacional, la oposición oficial, el régimen, pero sobre todo, una representación calificada de la sociedad civil, esto es, aquellos que somos en última instancia los dolientes principales de esta tragedia. Para eso es un requisito fundamental tener a la Comunidad Internacional, comenzando por los EEUU, trabajando a favor de esta iniciativa, porque son los únicos capaces de sentar al régimen a negociar esta solución. De otra manera, a mi juicio es ilusorio plantear esta solución a los venezolanos.

Algunos han reaccionado de una manera virulenta a propuesta de incluir al régimen en esa negociación, y yo podría darles la razón. Pero si somos realistas tenemos que sentarnos a negociar con los secuestradores para que suelten a los rehenes, que somos todos los venezolanos. Por otro lado, un proceso constituyente, conceptualmente solo tiene sentido si están incluidos todos los venezolanos, sin distingo de parcialidad política. Y eso incluye a quienes aún creen en los que detentan el poder, que son igualmente venezolanos. No puede existir algo como una Constituyente únicamente “de la oposición”, así como tampoco puede existir una Constituyente solamente “del gobierno”.

Aquellos que crean que el país será estable haciendo una constituyente “de la oposición” están montados en una fantasía. Chávez hizo una constituyente solamente “del gobierno” en 1999, dejando explícitamente a la oposición fuera del proceso con unas Bases Comiciales parcializadas. A partir de allí el país nunca fue estable y los sucesos del 11A-2002 fueron la prueba fehaciente de ello. Y aún no existe paz social, sino la paz de los cuarteles y los cementerios, como ocurrió durante la tiranía de Juan Vicente Gómez. Esto sin contar con la otra “del gobierno” realizada por Maduro en julio de 2017, con peores consecuencias.

Y volviendo al requisito, como lo es el apoyo fundamental a esta iniciativa de la Comunidad Internacional –los EEUU-, ha sido algo muy difícil de lograr. Entre otras razones porque aquellos que deberían impulsar ese apoyo están en contra de una constituyente, ya que ellos serían los primeros en ser puestos a juicio y rechazados en el proceso. La oposición oficial nunca dio el visto bueno a la convocatoria del Constituyente, aun cuando tuvo la oportunidad de oro para hacerlo y resolver así la crisis del país. La primera acción de la Asamblea Nacional, electa en diciembre de 2015, no ha debido ser bajar los cuadros de Chávez de las paredes del Parlamento, sino convocar con los 2/3 de sus integrantes a un proceso Constituyente y establecer las reglas para hacerlo (Artículo 348 Constitucional). El régimen inmediatamente les quitó esa posibilidad al removerles la mayoría calificada.

La Comunidad Internacional nunca ha estado debida y eficientemente informada de esta iniciativa. ANCO ha hecho esfuerzos importantes de comunicar a los países acerca de esta posibilidad como una alternativa seria, constitucional, pacífica y electoral. Sin embargo, la oposición ha avanzado mucho en convencer a esa Comunidad Internacional que haciendo unas elecciones con el régimen en el poder se resolverá el problema venezolano y lamentablemente están equivocados. Remover al Poder Ejecutivo con unas elecciones–en el hipotético caso de que eso llegara a suceder- no sustituirá el resto de la institucionalidad corrupta del régimen y profundizará la crisis haciendo ingobernable al país.

Hemos insistido en que no es posible una elección justa, transparente y verificable estando el régimen en control del Poder Electoral, por la designación de Rectores provenientes de un Poder Legislativo ilegítimo. Es por ello que hemos propuesto la discusión de una elección Constituyente negociada con el auxilio de la Comunidad Internacional, como árbitro directo del proceso electoral, en una suerte de Intervención Humanitaria Electoral, con un Tribunal Electoral “ad-hoc” para Venezuela. Esta es una solución donde cabemos todos y podemos negociar como se realizaría entre los cuatro participantes.

Creemos que el 19 de abril de 2022 pueda ser una fecha que ponga de nuevo sobre el tapete de la opinión pública nacional e internacional esta iniciativa al país, en especial si se da el impulso desde el Estado Zulia, un Estado que ha alzado históricamente las banderas de la autonomía y la descentralización política y administrativa, principios fundamentales sobre los que se sustenta la propuesta de cambio constitucional de ANCO, en su proyecto de El Gran Cambio.

Si el país se contagia de esta propuesta, es posible que también pueda atraer a la Comunidad Internacional a que esta es la salida política más ajustada a la realidad de los venezolanos, para vivir en paz y en democracia. Que sea del empuje del Zulia desde donde partan las esperanzas de cambio para este país destruido, no solo es un aval extraordinario para rescatar lo que para Venezuela significó el 19 de abril de 1810, sino un buen augurio para la Refundación de una República que inició su viaje hacia la libertad destituyendo a un usurpador en el Cabildo de Caracas. Abriguemos la esperanza que el Teatro Baralt de Maracaibo se convierta en ese Cabildo en este año 2022, dando inicio al proceso de transformación de Venezuela.

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Ismael Pérez Vigil

Ciertamente, cómo negar que no se están aplicando los controles de cambio y precios; la profusión de “bodegones” llenos de productos importados; que los anaqueles de los supermercados y bodegas estén más abastecidos; que la hiperinflación esté cediendo; que −según dicen− la economía haya crecido un 4% en 2021 y que se espere un crecimiento de 8% en 2022; que el precio del dólar esté más estable; que haya más dólares circulando en la economía; que el precio del petróleo se ha elevado y con ello los ingresos del Estado; que haya perspectivas de aumento de producción petrolera, que ocurra la devolución de bienes expropiados −El Sambil de La Candelaria, como ejemplo más llamativo− a sus legítimos dueños, etc.

Cómo negar, repito, que todos esos favorables indicadores de mejoras estén influyendo positivamente en la percepción y eventualmente en la condición y calidad de vida de los venezolanos y hasta que esté influyendo en que algunos de los que se habían ido del país estén regresando o consideren hacerlo.

Pero todo esto hay que matizarlo, para evitar que nos pretendan mostrar un país más allá de la realidad, una fantasía económica, o tener una especie de “ilusión de armonía”, de la que hablaba el título del famoso libro del IESA de 1988; veamos unos pocos detalles, solo para ilustrar el punto.

Hechos en contexto…

– Los controles de cambio y precios no se han eliminado, se ha pospuesto o aplazado su aplicación, pero pudieran regresar en cualquier momento, como ya ha ocurrido en el pasado.

– No solo los “bodegones”, en todo el país podemos o podremos ver productos importados, pues se han eliminado restricciones e impuestos a las importaciones, incluyendo el IVA, cosa que en sí no es negativa, pero que está mermando recursos al Estado, que “sacrifica” ingresos fiscales −que de todas maneras no tendría por la caída de las importaciones que veníamos sufriendo−; pero, lo grave es que se está dejando sin protección arancelaria a la producción nacional, que tiene que competir en desventaja con productos importados, terminados, y no tiene condiciones adecuadas de financiamiento para importar sus insumos.

– Por otra parte, si bien la escasez ya no es el tormento de años anteriores, pues los anaqueles de supermercados, mercados populares, abastos y bodegas populares están mejor surtidos, pero de productos a precios a los que no tienen acceso muchos venezolanos, cuyos ingresos no han crecido como lo ha hecho esa producción que abastece los anaqueles.

– Ya no tenemos hiperinflación, pero la inflación en 2021 fue por encima del 600%, la más alta del mundo y aunque este año mejore, seguramente terminaremos nuevamente con el dudoso registro de volver a tener la inflación más alta del mundo.

– Por mucho que la economía haya crecido en 2021 y crezca en 2022, se necesitarán varios años para que ese crecimiento nivele al PIB que teníamos a finales del siglo pasado, cuando comenzó este oprobioso régimen; ni siquiera podrá nivelar al PIB del 2013, cuando se inició el régimen madurista.

– Que haya más dólares circulando es un signo positivo; porque entre otras cosas expresa la solidaridad de los venezolanos en el exterior que no olvidan a familiares y amigos; pero, no podemos ocultar los intentos del régimen de “bancarizar” esos recursos sin ofrecer garantías y de intentar apropiarse de una parte de ellos, limitando las operaciones interbancarias en dólares y con un desafortunado y confuso impuesto, difícil de aplicar, como se está demostrando, ruinoso para la economía y las empresas.

– Que se devuelvan a sus legítimos dueños del sector privado algunos activos de los que el gobierno se apropió ilegalmente con la farsa de las “expropiaciones”, no significa ni mucho menos que se restablecen las garantías a la propiedad privada, sino simplemente que el régimen se deshace de activos que arruinó, no supo manejar, ni poner a producir.

– Que estemos en las puertas de una crisis energética mundial y haya un aumento en los precios del petróleo, no significa que el régimen está en capacidad de aprovecharla e incrementar la producción petrolera de una industria que destruyó, como tantas otras.

Los anteriores son solo ejemplos para poner las cosas en contexto; no pretendo hacer una descripción completa ni detallada de la inadecuada o claramente falsa interpretación de las cifras, sería un insulto a la inteligencia de los lectores, que se dan cuenta perfectamente de lo que ocurre; y de todas maneras, seguramente, no lo voy a hacer mejor que connotados especialistas en la materia, que han opinado al respecto y demostrado la falsedad de la imagen que pretende crear el gobierno. Me interesa más evaluar cuales son las estrategias políticas de los distintos sectores del país, con relación a estos hechos −que innegablemente ocurren− y como, con base en ellos, definen sus estrategias políticas

La estrategia del gobierno

El gobierno, con su mirada puesta en las elecciones presidenciales del 2024, prepara el terreno para mantenerse en el poder, que es lo único que le interesa. De manera que, todo lo bueno que pueda ocurrir, lo atribuye a su “política económica” −hasta risiblemente reclama un premio Nobel− y todo lo malo se lo achaca a las sanciones internacionales y a las medidas económicas en contra suya por parte de los EEUU. Aunque el gobierno va disparado hacia el 2024, si ve que las condiciones empeoran, si el camino se le empieza a torcer y deja de ser favorable, ya tenemos la experiencia, es capaz nuevamente de mover la fecha de la elección, aplazarla o adelantarla a placer, según le sea más conveniente.

La estrategia de otros sectores…

En el sector no oficial −pues ya no se puede decir que todo es oposición−, las estrategias son tan variadas como la imaginación puede permitir. Comencemos por el sector que, según algunas encuestas, es uno de los más favorecido por la opinión pública, o el menos rechazado: los empresarios. (Desde luego excluyo de ese grupo a los llamados “bolichicos” o “enchufados”, que no son empresarios sino oportunistas, creciendo a la sombra y respondiendo a los intereses del régimen, aunque representen ciertas oportunidades de negocios para algunos de los “Amos del Valle”)

… de los empresarios

Los verdaderos empresarios, maestros en la sobrevivencia, tras un aciago “Socialismo del Siglo XXI”, que ya tiene varios años arruinando al país, siempre tratarán de aprovechar los resquicios de apertura que se les brindan y también tratarán siempre −como reprochárselos− de colarse por los intersticios que deja la ineficacia del gobierno, que ni siquiera sus propios controles sabe aplicar, y aprovecharán cualquier oportunidad que se presente. Pero mantendrán en sus gremios y asociaciones la posición crítica contra “el cerco” destructivo que se les ha tendido durante 23 años y contra una política económica y social que ha arruinado a la industria y a todo el país.

… otros empresarios

Pero hay también otros empresarios −y sus asesores−, que tratan de aprovechar, un poco más allá, las ventajas que han percibido de esa supuesta “apertura” e innegables condiciones algo más favorables, tratando de mejorar su producción o la inversión y propugnan por autoconvencerse y convencer a otros, que es necesario o posible “estimular” la economía y la inversión más allá de lo que los indicios permiten asegurar. Sin caer en ningún tipo de descalificación o señalamiento personal, tampoco puedo hablar de “normalidad” económica, de “mejoría” para describir lo que está ocurriendo en el país; creo que hacerlo, como expliqué más arriba, es un despropósito, una completa fantasía o deseo que “las cosas pasen” y que no resiste un análisis serio y formal; hacer de unas pocas “mejoras” el basamento de una actitud o posición política que desconozca la realidad de un país arruinado, con su población sumida en la pobreza, sin servicios básicos −agua, electricidad, salud, educación, transporte público, etc. −, es totalmente una ficción. Me parece además una estrategia políticamente equivocada, aunque económicamente pueda tener algún asidero temporal o prever algún resultado, cuya permanencia nadie puede garantizar. De lo que se trata es de buscar un cambio permanente, no meramente cosmético, táctico, que se puede revertir en cualquier momento y sobre el cual el régimen es quien tiene el control. Se puede hacer política sobre utopías, pero no sobre ficciones o deseos de que las fantasías sean realidad.

…sociedad civil y partidos políticos

En el terreno de la sociedad civil y de los partidos políticos, por supuesto siempre hay un sector muy radical, que le niega el agua y la sal a cualquier acción de gobierno, que dice que todo esto no es más que un espejismo, que no se le puede creer nada al régimen −y no les falta razón, por cierto− y que embarcarse en el camino de los empresarios y analistas “positivos”, no solo es un error, sino que profieren toda clase de epítetos y calificativos, donde lo más suave son los señalamientos de “grave traición”. Sin embargo, se ciegan ante una realidad económica evidente y eso probablemente les resta credibilidad con el pueblo.

Una estrategia más correcta

Sin llegar a los extremos de cegarse y tapar con un dedo lo que ocurre, hay que definir una estrategia para explicar y dar respuestas coherentes a lo que está ocurriendo. Se trata, políticamente hablando, de reconocer que todo cambio que traiga alguna mejoría para el pueblo sufriente del país, es positivo y en consecuencia hay que aprovecharlo; pero, al mismo tiempo no creo que se puedan plantear alternativas intermedias y se debe seguir la estrategia firme: que la crisis humanitaria que vivimos solo se resuelve con un cambio político en la conducción del país; las supuestas “mejoras”, se deben aprovechar siempre, pero cuidarse que no sean más que intentos del régimen para reacomodarse, de “ceder”, siempre y cuando no se afecte lo más mínimo la retención del poder, que es la verdadera clave de la miseria en la que estamos sumidos.

En otras palabras, la estrategia debe ser la de explicar claramente como estamos en esa “ilusión de armonía”, de la que hablé al principio; se trata, sí, de que la gente del pueblo aproveche todas las oportunidades que se presentan, por la demagogia del régimen, pero que no crea que el gobierno ha cambiado de rumbo económico y político, por emprender o tolerar unos pocos cambios; lo que corresponde, por tanto, es continuar el proceso de organización para sacar el mejor partido político a los procesos que se presenten, sean de negociación, sean procesos electorales o sea cualquier otra alternativa; demostrar que aún sin marines, sin ejército y sin una fuerza armada, estamos en la disposición de recuperar la democracia.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Alberto Jordán Hernández

Con voz propia

¡Y ya estamos en abril! el mes de la primavera, es una exclamación saludable en la red social. El cuarto mes del año es concebido como de la alegría juvenil, esencia de la primavera.

“Discurso de. Cristóbal Mendoza pronunciado para conmemorar los 150 años del 19 de Abril de 1810, afirmó que la fecha quedó encerrado para las primeras generaciones como transitoria del poder al pueblo por el impedimento temporal de su legítimo dueño. La independencia absoluta fue declarada un año y tres meses después de los sucesos de esa fecha.

Se dio con renuncia de Vicente Emparan Capitán General de Venezuela, se forma la Junta Suprema de Caracas.

Golpe contra Gral Juan Vicente Gómez el 7 de abril 1928 surgió de ideas recogidas en Chile por su principal protagonista, Rafael Alvarado Franco, joven instructor de artillería, nacido en 1898 en Nirgúa, Yaracuy, enviado al Perú a hacer cursos de especialización. El tirano Gómez despachaba desde Maracay.

Los insurrectos tomaron Miraflores y se dirigieron al cuartel San Carlos pero fueron controlados por el general Eleazar López Contreras, (entonces jefe de la guarnición de Caracas). Involucrados fueron detenidos y juzgados bajo tortura. El capitán Alvarado murió en la prisión del castillo de Puerto Cabello, el 12 de diciembre de 1933 y la mayoría de sus compañeros permaneció en la cárcel hasta la muerte de Gómez-

Sublevados subtenientes Rafael Antonio Barrios, Agustín Fernández, Leonardo Leefmans, Faustino Valero; Cadetes: Eleazar López Wolkmar (hijo de López Contreras; Antonio J. Ovalles Olavarría, Benjamín Delgado Leefmans, Armando J. Chávez

También cooperación sargentos, el dentista Rafael Franco hijo; Francisco Betancourt Sosa; el capitán chileno Pedro Dubournais; los trabajadores Aurelio Esparragosa y Julio Naranjo, la Federación de Estudiantes.

Día 12 de Abril 2002 se produce un golpe liderado por el Pedro Carmona Estanga, Presidente de Fedecámaras) contra Hugo Chávez a quien el alto mando militar no apadrinado le exigió la renuncia la cual, por intermedio del Gral Luis Rincón, él aceptó.

Gracias a la no aplicación del Plan Avila, por el Gral Luis Rosendo y su compadre y fiel amigo, Gral Raúl Isaías Baduel fue restituido en el Mando. Con su vida pagó en prisión en la cárcel de terror (El Helicoide).

Un 23 de abril de 1812, Francisco de Miranda es nombrado Dictador Plenipotenciario y Jefe Supremo de los Estados de Venezuela con rango de Generalísimo de los Ejércitos

El 24 de abril 1863 se firma el Tratado de Coche que pone fin a la Guerra Federal de Venezuela (1863). José Leonardo Chirino nació el 25 de abril de 1754 en Curimagua, Falcón. Fue hijo de una indígena libre y de un esclavizado perteneciente a una familia criolla. El líder afrodescendiente dirigió la insurrección en busca del establecimiento de la República y la abolición de la esclavitud.

El 29 de abril 1870 muere Juan Crisóstomo Falcón.

Dicho día de 2019 se produce golpe de Estado, conocido como Operación Libertad contra Nicolás Maduro.

El doctor José Gregorio Hernández, conocido como el médico de los pobres, es beatificado en la capilla del colegio La Salle

Desde TV del régimen el oficialista, Pedro Carreño, acuso irregularidades del TSJ presidida por Maikel Moreno y a Marjorie Calderón, jefa de la Sala de Casación Social, generan “un desastre total”, mientras NM recibía al Fiscal General del CPI, Karim Khan, a quien le corresponde aplicación de la Lesa Humanidad.

Ahora Venezuela vive una grave crisis del agotamiento del chavismo.

Con justificado dolor el abril que trajo a la vida a quien escribe, convirtió en tormentosa la alegría de nuestro mes de primavera.

(IN) Memoria. No hay ladrón que por bien no venga, es un decir, devenido en sentencia. Lo evidencia la famosa anécdota: «Allá va el ladrón !Atrápenlo! !Atrápenlo!», gritan siempre aquellos delincuentes que buscando distraer a sus víctimas acusan a otros.

jordanalberto18@ yahoo.com

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