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Opinión

Maxim Ross

Poco se ha escrito sobre este componente de la teoría del mercado en Adam Smith siendo que, en mi juicio, es quizás uno de las más importantes de todo el cuerpo teórico que expuso en la “Riqueza de las Naciones” y, como defiendo ahora, tanto como su tesis de la “mano invisible”, de todas la más difundida y controvertida. Digo esto porque, en realidad, su tesis sobre las ventajas comparativas es verdaderamente el meollo de su crítica al mercantilismo, cual fue el propósito central de su libro.[1]

En efecto, el punto de partida de Smith no es, como se cree, la defensa a ultranza de una teoría del mercado, aun cuando esta resulta como consecuencia de su confrontación con aquel sistema económico en la que expone la conveniencia de que cada país, en su caso como ejemplos Francia e Inglaterra, se especialicen en aquellas actividades productivas en las que posean ventajas comparativas en lugar, como creían los mercantilistas, de que cada país produjera de todo, De allí el famoso ejemplo de que Francia produjera y vendiera los vinos e Inglaterra las telas, como resultado de las ventajas que la una tenía en la agricultura del viñedo y la otra en la manufactura de lana de sus ovejas.

Decía: si ambos países se especializaran en ellas cada uno ganaría más que en elaborarlo todo, dado a Inglaterra le costarían menos los vinos franceses, por mas ser más eficiente su producción y a Francia menos las telas por la misma razón. Ambos ganarían por igual en el intercambio, pero para que esa ecuación funcionaria era indispensable y necesario que desaparecieran todas las intervenciones y coaliciones que eran propias del mercantilismo y se dejase que el mercado funcionara libremente, de allí que esta tesis es consecuencia de la anterior y no lo contrario,

Precisamente, para que el mercado pudiera contribuir con aquel postulado y cada quien (o cada país o región).pudiera desarrollar sus ventajas era imprescindible que el Estado abandonara sus funciones económicas, elevadamente distorsionantes de este principio. No olvidemos que la exposición contraria de Smith al mercantilismo no era solo por su postulado de “producir de todo”, sino que este sistema se fundamentó en una coalición monopolista entre el Estado y las grandes compañías mercantiles de su época, tratase de la de las Indias Orientales u Occidentales. De allí que el alcance de su tesis va mucho más allá que la simple defensa de la “mano invisible del mercado”.

De aquel punto de partida suena lógico que llegara a la conclusión de que cada quien debería especializarse en elaborar aquellos bienes o servicios en las que mayor ventaja tuviese y mayor utilidad o rentabilidad generase, esto es el conocido principio del “profit sake”, donde esa división del trabajo se manifestara libremente, siendo que este seria “el mejor de los mundos”, ya que allí ganarían todos, productores y consumidores, en el supuesto de que que todos fueran iguales[2]. Cuando eso sucediera, la economía de un país o región se orientaría como en una especie de “mano invisible” que fue la frase y la tesis que más se difundió. Nótese que, aun cuando repitamos, esta es consecuencia de la otra.

Sucede, entonces, que Smith es más conocido por ser el “padre de la economía de libre mercado”, lo cual es cierto por aquello de la “mano invisible”, pero poco más que menos, por su tesis fundacional de la división del trabajo, de la especialización y de las ventajas comparativas, cuan fue su controversia fundamental contra el mercantilismo.

Presentamos este punto de vista porque si examinamos todas las críticas que se ha hecho a este último principio lo dan como el fundante, como si precediera al anterior, lo que lo coloca más en terreno ideológico que en el teórico y lo estrictamente correcto esa la secuencia que siguió Smith, pero a ninguno de los adversarios se les ocurre abrir las críticas a los principios realmente fundantes. Pareciera, por decir algo, que es posible un mundo de ventajas comparativas, de especialización internacional y de división del trabajo sin un mercado libre que funcione. Extraña ecuación que no logro comprender.

[1] Véase “Adam Smith y los Mercantilistas” Ross, M.(1990)

[2] En otro momento discutiremos esta versión de Smith.

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Julio Castillo Sagarzazu

En el imaginario colectivo está anclada la idea de acuerdo con la cual, las revoluciones y los cambios de régimen han sido el resultado de actos extraordinarios que, han resuelto en un día, contradicciones de siglos anteriores. Todo esto tiene que ver con la épica que, normalmente y a posteriori, los vencedores y sus propagandistas han desparramado sobre la opinión publica.
Así las cosas, pensamos que la Revolución Francesa comenzó con la Toma de La Bastilla y la rusa con la Toma del Palacio de Invierno.
Nada más lejano de la verdad. Cuando esos dos acontecimientos tuvieron lugar ya habían ocurrido profundas transformaciones económicas, sociales y culturales en esas sociedades. La Francia de Luis XVI estaba dominada culturalmente, en sus clases intelectuales, por las ideas de la Ilustración. El poder económico ya no estaba en manos de la monarquía y la aristocracia. La corte de Versalles era un sindicato de manganzones y parásitos que no producían nada. Las posesiones feudales habían sido vaciadas por los siervos de la gleba que se fueron a las ciudades, aprendieron oficios y, con la platica ganada, devinieron en burguesía de comerciantes y banqueros que terminaron prestándole dinero al propio rey y empeñando las joyas de los aristócratas arruinados. Esta clase insurgente no fue la que asalto la Bastilla, pero fue la que creo y patrocino universidades; creo asociaciones de oficios; se juntó con sus pares de toda Europa y crearon Ligas de comerciantes y finanzas globalizando la economía de la época. Con todo este proceso, ganaron la batalla cultural de aquella sociedad y aquel momento histórico (Todo ocurrió cientos de años antes de que Gramsci postulara esta estrategia para que los comunistas tomaran el poder)
En Rusia ocurrió otro tanto. Sus elites instruidas (la mayoría de ella desde el exilio) fueron postulando las ideas y creando los partidos que provocaron en 1905 la primera irrupción contra el régimen de los zares. Luego, desarticulada por la guerra, aquella sociedad gobernada por una dinastía de siglos de pericia y acumulación de poder, termino cayendo en un proceso gradual desde aquel “domingo sangriento” en 1905 hasta 1917, cuando un regimiento de cosacos apostados frente al Palacio de Invierno resolvieron, sin autorización del Soviet de Petrogrado, entrar sin conseguir resistencia alguna. El palacio, por cierto, estaba resguardado por un regimiento femenino de la guardia zaristas con quienes terminaron confraternizando y bebiendo te, alrededor de un humeante samovar.
En la historia ciertamente ocurre irrupciones y cambios radicales de régimen, como los que resultaron de los acontecimientos que acabamos de citar, pero lo relevante es que estas transformaciones son el resultado de procesos de acumulación de fuerzas de los grupos insurgentes que suelen pasar por momentos de flujo y reflujo y de desarrollos irregulares y a veces imprevistos.
Lo cierto del caso es que las sociedades siempre combinan estos picos de insurgencia con tiempos de “normalización”. Todo esto es el reflejo lejano de lo que ocurre en la naturaleza y en el propio cuerpo humano. En la naturaleza, los procesos de irrupción (los volcanes, por ejemplo) los choques de grandes cuerpos celestes y los mega cataclismos son seguidos por largos periodos de relativa calma. Los cambios geológicos documentados, así lo demuestran.
En la fisiología humana ocurre otro tanto. La vida está asociada al proceso de división celular y de desencadenamiento de tormentas bioquímicas. No obstante, esta frenética actividad, consigue el momento para que las células colaboren entre sí para formar los tejidos y los tejidos a los órganos para que se cumplan las funciones vitales.
Si estas ideas las aplicamos (con cierta dosis de arbitrariedad, obviamente) a lo que ocurre hoy en Venezuela, podríamos afirmar que luego de la irrupción social de los años del 2013 al 2019, el país que no logro su Toma de la Bastilla o su alto al Palacio de Invierno, ha entrado, sin duda en un periodo de relativa “normalización” (comillas exprofeso para evitar la lapidación de quienes van a decir que Venezuela no se ha arreglado. Afirmación con la que estoy de acuerdo. Aprovecho, incluso, para declarar que bajo la aparente quietud, duerme el monstruo de una espantosa realidad social)
En realidad para lo que nos interesa esta temeraria afirmación es para poner en evidencia lo que pensamos es el modelo por el que está apostando el régimen y sobre como podríamos (con las reglas del Jiu Jitsu) aprovechar lo que ocurre para hacer avanzar el cambio y el rescate de la democracia y la libertad.
Veamos: En notas anteriores hemos manifestado que la burbuja (con sus dosis de dolarización y expansión del consumo para ciertos grupos) al contrario de sea un desencadenante de adormecimiento social, puede ser aprovechado precisamente para lo contrario. Dicho en otras palabras, deshacerse de la esclavitud de la bolsa CLAP, del bono de la patria y las limosnas organizadas, ha representado la conquista de parcelas de libertad individual que pueden tener su correlato político si se hace lo adecuado para que esto ocurra.
Otro elemento importante a considerar, en esta línea, es que el régimen chavista y el madurista no han tenido éxito en crear lo que los clásicos llamaban “una clase dominante”. El enraizamiento de la boliburguesia con la estructura económica del país es endeble y frágil. Los negocios a los que están vinculados estos sectores, aparte de opacos, son de efímera existencia: Importaciones desenfrenadas; explotación ilegal de minerales; tráfico de gasolina; contrabando de extracción etc. Su formación como elite social está muy lejos también de lo que ha sido la conducta universal de quienes se preparan para dominar a largo plazo. Las elites suelen formar a sus hijos, estimulan la academia, se hacen rodear de artistas e intelectuales que les ayuden a crear una cultura de largo aliento. En Venezuela, el nuevoriquismo ha producido una casta de gente cuyo fin cultural más importante es demostrar cómo le sobra el dinero. El mal gusto de los barrigones con guayas de oro en las cubiertas de los yates; las filas de Ferraris en los lugares de lujo; la estética “kitsch” de los Guaicaipuros de latón, así lo atestiguan. Sus hijos no están en las mejores universidades de Europa y los Estados Unidos formándose para dirigir el país, sino gastando la plata mal habida de los padres.
Con todo, esta burbuja de relativa “normalización” no ha conducido a un afianzamiento popular de Maduro. Todo lo contrario, incluso las encuestas que revelan un crecimiento sostenido de gente que opina que su situación económica ha mejorado, no revela un correlato de popularidad hacia el régimen.
Esto último no es un dato menor. Es la prueba elocuente de que es necesario aprovechar este momento para cumplir las tareas importantes en las que las fuerzas democráticas venezolanas deberían estar ocupadas.
En ese sentido hoy se debería estar trabajando en poner orden en la casa: 1) En rescatar la credibilidad de la dirección política opositora para que vuelva a entusiasmar. Para ello es imprescindible que se opera un profundo balance crítico de la actuación (hasta que duela); una reorganización de las estructuras y un remozamiento del pensamiento; 2) Prepararse para el próximo desafío político visible y previsible (los imprevisibles suelen agarrar a a todas las vanguardias sin pañuelo para el catarro) que son unas eventuales elecciones en 2024. Para ello, las estructuras remozadas deberán ponerse a trabajar para lograr una plataforma y un candidato unitario; 3) Ir preparando la narrativa del país que se sueña (el Proyecto País es un capital semilla); 4) Trabajar como aconseja Gramsci, en el liderazgo cultural del país. No entendido como el intelectual o artístico, que también, sino en el que representan millones de compatriotas que desarrollan iniciativas concretas y tienen contacto concreto con gente de carne y hueso. Una profunda tarea de “Scouting” es necesaria para ubicar las iniciativas, las dotes de líder de miles de esos venezolanos que andan en la búsqueda de una dirección unitaria y de una suerte de “estado mayor” que indique hacia dónde y cómo llegamos a la Tierra Prometida del fin de esta pesadilla.
Eso es lo que voluntariamente podemos decidir. La historia, caprichosa siempre, puede tenernos deparadas otras sorpresas. Si estas llegan, es mejor tener partidos fuertes y fuertes lazos con la gente para no equivocarse en la coyuntura, pero si esos acontecimientos no ocurren hay que ponerse a trabajar en lo previsible y en lo que tiene fecha fija.
Dos años en Venezuela no son mucho tiempo. ¡Manos a la obra!

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Jesús Elorza G.

El día anterior a la celebración del XXX Aniversario del 4F, Nicolás no podía conciliar el sueño buscando como presentar un show distinto en esa fecha. Luego, de buscar y rebuscar en experiencias de actos celebrados en otros países, como el 26 de julio en Cuba, la revolución rusa y el 9 de septiembre en Corea del Norte, decidió darle un giro de renovación a los actos conmemorativos del golpe fallido en febrero de 1992.

Treinta años han pasado y no podemos seguir repitiendo la misma cantaleta, se decía a si mismo Nicolás. Ya está bueno del “Por ahora”, si quiero pasar a la historia debo darle un viraje a la narrativa de esos hechos y dirigirla a mi persona. En ese sentido, he preparado mi discurso con el siguiente contenido:

Apreciados camaradas, en esta gloriosa fecha, que marcó el inicio de nuestra “revolución” bolivariana quiero manifestarles que he sembrado un nuevo “Árbol de tres raíces” puesto que el pensamiento de Ezequiel Zamora, Simón Rodríguez y Bolívar ya no le trasmiten nada a la población. En consecuencia, los hermanos Castro (Fidel y Raúl), Vladímir Putin y Xi Jinping serán a partir de ahora las nuevas raíces de nuestro socialismo del siglo XXI. Este nuevo árbol, será abonado permanentemente con tierra y fertilizantes iraníes, turcos, sirios, nicaragüenses y bolivianos. Además, será regado con aguas especiales del Hezbollah.

Especial atención merece, en este marco renovador de un nuevo 4F, la defensa armada de nuestra “revolución” en este sentido el concepto de Fuerzas Armadas (FFAA) será sustituido por el “PUEBLO EN ARMAS” integrado en su totalidad por nuestros milicianos, los grupos paramilitares, las bandas armadas de delincuentes que nos apoyan, los disidentes de las FARC y el ELN. Y con el apoyo de las raíces del nuevo árbol, daremos paso a un viejo sueño del Che Guevara en la construcción de bases misilísticas en nuestro suelo patrio para asegurar nuestras defensas frente al imperio agresor.

En materia económica, apreciados camaradas, me lleno de orgullo al señalar que en mi gobierno hemos avanzado y consolidado la etapa superior del socialismo bolivariano al instaurar “La revolución neo-liberal capitalista salvaje del siglo XXI” con la dolarización de la economía y el pago de salarios y pensiones en bolívares devaluados. Producto de la aplicación de este modelo económico hemos visto como el incremento de los precios de la gasolina no generaron protesta alguna, los supermercados con anaqueles llenos de variedad de productos y el nuevo esquema de bodegones tiene a todas las personas con los ojos desorbitados y boquiabiertos por la calidad de productos generados por mi gobierno… que más queréis diría mi abuela.

La primera combatiente, que logró escuchar esta última parte, le dijo muy sonriente “Mi amor que grande eres, Marx y Lenin quedaron como niños de pecho frente a tus teorías económicas”. Sigue así, y tendrás asegurada "Por ahora" y por siempre una nueva reelección.

Espérate que no he terminado, ripostó Nicolás. Camaradas, mi modelo económico, no está terminado. Debemos avanzar en el establecimiento del partido único para consolidar la economía. En tal sentido, el desarrollo del poder popular es una obligación de nuestra “revolución” en los próximos años. Las Comunas y los Consejos Comunales deben pasar a ser la nueva estructura de gobierno para el país, deben sustituir a los Concejos Municipales, Alcaldías y Gobernaciones. De allí, surgirán los delegados a la Asamblea del Pueblo que serán los encargados de escoger a las autoridades del partido único cuyo presidente será el presidente del país. Nota especial, que debo decirla en este acto aniversario es la inclusión en la nueva constitución de la obligación que tendrán todos los ciudadanos de estar inscritos en el Partido Único, quien no lo haga se jodió, perdonen el lapsus, quien no lo haga tendrá que irse del país.

Al oír, aquella perorata, los milicianos traídos para el acto central comenzaron a aullar:

…..Maduro seguro / al imperio dale duro.

Mientras, en los bodegones y supermercados las ventas bajaban notablemente, muchos miraban pocos compraban. Los salarios no alcanzaban para adquirir la cesta básica de alimentos. La desnutrición alcanzaba a más del 85% de la población. La pobreza crítica se extendía por todo el país. Las enfermedades causaban estragos en la población por la crisis hospitalaria y los costos de las medicinas. Daba la impresión, que la consigna Patria o Muerte, también había sido renovada por Nicolás:

…..Patria para los enchufaos / muerte para el pueblo

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Fernando Mires

Es difícil hablar de la condición humana, entre otras cosas porque no sabemos muy bien como es. Más bien parece que en vez de ser un “es”, es un “hacerse”. No lo digo solo porque estamos sometidos a las leyes de la evolución, como todas las especies animadas lo están. Lo digo porque estamos obligados a cambiar nuestros modos de ser en el curso del tiempo, so pena de vivir bajo una tradición perpetua.

No estamos regulados por nuestros instintos. La filosofía lacaniana (sí, filosofía) diría: lo estamos por nuestros deseos. Pero no es lo mismo. Nuestros deseos no siempre están determinados por instintos. Hay deseos que vienen de la razón. Desear leer a Quevedo o Neruda no es instintivo, es un deseo adquirido desde la razón comunicativa (Habermas). Lo que sabemos, porque así lo hemos constatado, es que a diferencia de la gran mayoría de los seres animados, la condición humana carece, para bien o para mal -más bien creo que para mal- de ese atributo que los biólogos llaman “solidaridad de especie”.

Los humanos matan a humanos. Luego, el hombre no es el lobo del hombre -como dictaminó Hobbes- pues los lobos no matan lobos. En cambio nosotros, desde Caín hasta nuestros días, no hemos dejado de matarnos unos a otros. Nunca han faltado razones: ya sea por el honor, por el amor, por la familia, por la patria, por la revolución, por dios o los dioses, por la libertad y la democracia, matamos.

Creo que fue Hannah Arendt quien dijo que siempre hacemos la guerra para alcanzar la paz pero nunca hacemos la paz para alcanzar la guerra. La paz, en efecto, no requiere de ninguna fundamentación. En cambio la guerra siempre debe ser fundamentada. Y aquí topamos con una segunda característica de la supuesta condición humana. Me refiero a nuestra capacidad de fundamentar. ¿Por qué fundamentamos a las guerras? La respuesta es sencilla: porque no hay guerras sin muertos, y no matar es la primera ley de la civilización humana.

Las guerras son asesinatos colectivos y para cometerlos debemos buscar muchas razones pues esas muertes colisionan con los mandamientos de todas las religiones y con la letra de todas las constituciones. Matar es un acto pre-religioso y pre-constitucional. Podríamos agregar también, pre-político. La guerra es una regresión a los orígenes de nuestra especie. Por lo mismo, la guerra, para ser fundamentada, requiere ser presentada como acto “civilizado”.

No faltan incluso quienes han escrito sobre el “arte de la guerra” (Sun Tzu es considerado un clásico). Otros, como Clausewitz, la han convertido en ciencia. Está claro: el arte y la ciencia son disciplinas post-civilizatorias. ¿Qué mejor entonces que una guerra artística o una guerra científica? Solo los que viven las guerras (¿habrá que leer de nuevo Sin Novedad en el Frente de Erich María Remarque?) saben que destripar a un ser humano es el acto menos artístico y menos científico que podemos imaginar. La hipocresía –una característica muy propia a la condición humana– parece no tener límites.

¿Por qué estoy escribiendo estas líneas? Puede que alguien se pregunte eso, pues yo mismo me lo estoy peguntando. La razón es la siguiente: Ella está conectada con un artículo del ex ministro de relaciones exteriores de Alemania, Joschka Fischer (a mi juicio, el más brillante que ha tenido Alemania en toda su historia) donde nos dice sin anestesia una verdad que no queremos ver ni oír, la de que, independientemente a que haya guerra o no, estamos al borde de una guerra de connotaciones continentales y tal vez mundiales.

Cito a Fischer: “Todavía no lo sabΩemos, pero los hechos apuntan de manera abrumadora a una guerra inminente. Si eso llegara a ocurrir, las consecuencias para Europa serían profundas, cuestionando el orden y los principios europeos - renuncia a la violencia, a la autodeterminación, la inviolabilidad de las fronteras y la integridad territorial- sobre los que se ha basado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”. Y agrega, más adelante: “El centro de la crisis actual se encuentra en el hecho de que la Rusia de Putin se ha convertido en una potencia revisionista. No solo ya no le interesa mantener el statu quo, sino que está dispuesta a amenazar e incluso usar la fuerza milita para cambiarlo a su favor”.

Joschka Fischer no vacila en personalizar: la causa y el origen de la agresión que se cierne sobre Europa, tiene un nombre: Vladimir Putin. “Putin quiere que la OTAN abandone su política de puertas abiertas, no solo en Europa del Este sino también en Escandinavia”. Europa, en síntesis, está amenazada por Putin. Se trata, dice Fischer, de una “amenaza existencial”. Según el ex ministro, lo que hoy está en juego es el destino de un estado soberano, Ucrania, miembro de las Naciones Unidas y del Consejo de Europa. Si Rusia anexa a Ucrania, mañana lo hará con los estados post-soviéticos (cuando escribo estas líneas el autócrata húngaro, Viktor Orban, se encuentra junto a Putin en Moscú) ¿“Qué más tiene que pasar para que los europeos despierten ante los hechos”? - pregunta Fischer angustiado.

¿Joschka Fischer desea una guerra? De ningún modo. Todo lo contrario. Lo que está exigiendo a Europa es la disposición de oponerse al proyecto bélico de Putin sin dilaciones, arriesgando, si fuera necesario, un conflicto armado.

Fischer conoce a Putin. Lo conoce personalmente. Sabe lo que Putin también sabe: que Rusia no puede jamás ocupar un lugar hegemónico sin recurrir a la violencia. El poder que quiere alcanzar Putin no es el de la hegemonía cultural, o el del convencimiento, sobre los gobiernos europeos. Tampoco es el poder de los argumentos. El de Putin es un poder asociado al uso de la violencia. Por ese motivo, Fischer está convencido de que Putin nunca va abandonar sus proyectos de dominación mediante la vía diplomática, como no se cansa de repetir la, a todas luces inexperta, ministro de relaciones exteriores de Alemania, Annalena Baerbock.

Putin no entiende la fuerza de la razón. Solo entiende la razón de la fuerza. Por eso, piensa Fischer, Alemania debe revisar todos los proyectos energéticos que le permitan a Putin ejercer chantaje sobre ese país. Alemania debe armarse, lo dice sin dilaciones. “Considerando la magnitud de las amenazas actuales ¿de verdad sigue siendo un problema la promesa del gobierno alemán saliente de destinar al menos un 2% del PIB a la defensa? ¿O es ahora más importante que el gobierno alemán haga un anuncio claro y preciso acerca de su compromiso con el apoyo a Ucrania y la defensa de los propios europeos? Eso enviaría un mensaje del que el Kemlim no se podría desentender. Pero el tiempo se acaba”

Sobre el defätismus (derrotismo) de la política exterior alemana puede ser que escriba otro artículo. Por el momento solo cabe consignar que las palabras de Joschka Fischer no se prestan a muchas interpretaciones. Para que no ocurra una guerra hay que hacer retroceder a Putin, punto. En ese tema el ex ministro es consciente de que no pocas veces la historia está decidida por una o muy pocas personas. Desde mi visión de los procesos históricos, pienso que tiene razón. ¿Habría estallado la segunda guerra mundial si no hubiera existido Adolf Hitler? Esa es una pregunta hecha en tiempo condicional y por lo mismo no puede ser respondida por nadie. Pero no por eso es menos pertinente.

La Segunda Guerra Mundial no fue el producto de una “necesidad histórica”. Si ocurrió, con todas sus funestas consecuencias, fue porque un grupo de hombres, con Hitler a la cabeza, decidió que ocurriera. Entiéndase bien: no estamos comparando a Putin con Hitler. No queremos hacer tampoco ninguna analogía histórica -todas son falsas-. El tiempo, las circunstancias, las personas del ayer, son realidades muy distintas a las de nuestros días. Sin embargo, para volver al comienzo del presente artículo, tampoco podemos dejar de pensar sobre una situación inquietante; y ella nos dice: Putin no está sometido a ninguna ley. Solo conoce el poder de la fuerza. Todo lo demás, frente a ese poder, es subalterno.Sin leyes que rijan nuestra conducta, los humanos podemos ser el más salvaje animal de la naturaleza, decía Kant. Las leyes, ordenadas en una constitución, constituyen (en sentido literal) a las disposiciones de la moral natural, pensaba el gran filósofo. Las necesitamos para vivir con los unos y con los otros. Basta observar que los maleantes, aún viviendo fuera de la ley, se ven obligados a inventar códigos de honor para reglamentar y ordenar su oprobiosa vida. Fuera de la ley está la locura, la que por ser locura, siempre será transgresora. La posibilidad inquietante, y es la que observa Fischer en Putin, es que un dictador o un autócrata, al estar situado por encima de las leyes, puede alcanzar el punto en que su palabra se convierta en ley como sucedió en el pasado con Hitler y con Stalin. ¿Pertenece Putin a ese siniestro linaje? Al menos, en el interior de su país, sí. La larga lista de asesinados por “razones de estado”, es una prueba entre tantas. Que la ausencia de ley la haga extensiva Putin fuera de sus fronteras, dependerá de la resistencia de las naciones democráticas, sobre todo las representadas en la NATO. Esa es la opinión terminante de Joschka Fischer.

Debemos tener en cuenta, además, que Putin no es un gobernante aislado. En la práctica no hay dictador o autócrata en el mundo que no le dé su apoyo. Eso lleva a pensar que luchar en contra de gobernantes anti-democráticos también es luchar en contra de Putin. Por lo mismo, luchar en contra de Putin es luchar en contra de esos gobernantes. Los límites que separan a la política internacional de la nacional son mucho más traspasables de lo que generalmente se piensa.

Las naciones democráticas de Europa han vivido mucho tiempo sin guerras. Tanto, que ya muchos europeos no conciben un mundo con guerras. Europa, por lo menos a nivel continental, creía haber realizado el ideal kantiano de “la paz perpetua”. Pero mantener ese ideal, he aquí la enorme paradoja, hay que mostrar una abierta disposición a defender esa paz. No vivimos todavía -es la cruel deducción– en una era post- bélica. Los fantasmas del sangriento pasado continúan vivos. Putin es uno de ellos. Su visión de la historia y de la vida, es arcaica, pero a la vez muy actual.

Para decirlo con las palabras de un gran revolucionario ruso, Leo Trotzki, “el desarrollo histórico es desigual y combinado”. Desigual, porque no se da en todas las naciones a la vez. Combinado, porque hasta las naciones tecnológicamente más desarrolladas –Rusia es una de ellas– arrastran consigo rémoras de un pasado histórico que no quiera ser pasado.

Putin viene del más oscuro pasado de Rusia, pero a la vez, de un pasado que es presente. A ese pasado, nos alerta Joschka Fischer, no hay que dejarlo avanzar para que no se convierta en futuro. A Putin hay que frenarlo. Ha llegado el momento.

Para leer el artículo de Joschka Fischer: https://polisfmires.blogspot.com/2022/02/joschka-fischer-ucrania-y-el-fu...

3 de febrero 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/02/fernando-mires-un-articulo-sobr...

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Ignacio Avalos Gutiérrez

El deporte es un fenómeno social que se perfila con cada vez más fuerza en la vida humana. Entre sus diferentes disciplinas se destaca el futbol como el más global, el más practicado y el que cuenta con mayor audiencia. Además, y, sobre todo, es el más importante desde el punto de vista comercial, origen de distintos negocios que suelen ocurrir de maneras no muy santas.

Para alguien como yo, que desde los cuatro años ha transitado la vida con un balón a su lado y que por estos días hasta le prende velitas al entrenador José Peckerman para que haga un milagro con la Vinotinto, resulta difícil y hasta desagradable, ponerse el sombrero de sociólogo para meterle la uña y analizar los aspectos que degradan al balompié.

El gobierno del fútbol

Creada en París, año 1904, la longeva Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA por sus iniciales en inglés) es el organismo que rige el balompié a nivel mundial, en todas sus categorías y niveles, además de que vigila el cumplimiento de las reglas con las que se debe jugar, una suerte de catecismo que ha tenido pocos cambios y todos contando siempre con su sagrada bendición.

Históricamente, la corrupción en sus distintos formatos ha caracterizado su desempeño, replicado también en todos sus organismos subalternos. Me viene a la memoria el que hace unos pocos años destapo el FBI y que comenzó siendo una investigación sobre la evasión de impuestos y el blanqueo de dinero de procedencia incierta y terminó revelando una gran escándalo a propósito de asuntos tales como elecciones manoseadas y tramposas, sobornos en la designación de la distintas sedes para eventos internacionales, manejos turbios en la firma de patrocinios con grandes corporaciones, sospechas en la contratación de los derechos comerciales para la televisión y como éstas, otras cuantas menudencias, que por cierto ocurren en una institución que lleva el ropaje inocente de una ONG sin fines de lucro (?), cuando en realidad es una multinacional que actúa casi a sus anchas en todo el globo terráqueo.

El Qatargate

Un informe publicado hace algún tiempo, reveló que en 2010 tuvo lugar una conversación en el Palacio del Eliseo entre el Presidente Sarkozy, el príncipe heredero de Qatar, el entonces presidente de la UEFA, Michel Platini y Sebastián Bazin, propietario del París Saint Germain (PSG). En la reunión se acordó que Platini votaría a favor de Qatar y que a cambio de ello su gobierno ayudaría a superar la grave crisis financiera que sufría el club francés. Dicho y hecho, el país árabe alcanzo la sede para el Mundial 2022 y pocas semanas después, el fondo Qatar Investment Authority adquirió el 70% de las acciones del PSG. Se ratificó, así, una práctica que viene dándose desde hace casi una eternidad, como lo ejemplifica Benito Mousolini, quien logró el apoyo el mundial de 1934 con el fin de legitimar su dictadura militar en Italia. Es éste, reitero, apenas un caso de una lista muy extensa.

Qatar no es, ni mucho menos, una potencia en el escenario del balompié internacional, aunque tiene algunos pergaminos, por ejemplo, el haber ganado en 2016 la Copa de Asia. Sin embargo, ha cobrado una enorme influencia en el futbol, dada su riqueza natural (cuenta con el ingreso per cápita más alto del planeta), consecuencia, sobre todo, de la exportación del gas, lo que le ha permitido ser un actor muy importante en el espacio deportivo, en especial en el del balompié.

Se entiende, entonces, que en 2010 Qatar haya sido designado por la FIFA, como el país sede del próximo Campeonato Mundial, a celebrarse este año. Sus grandes recursos le han permitido echar la casa por la ventana y no me refiero sólo a los imponentes estadios, sino a la mejora notable de Doha, su capital, mediante la construcción de hoteles y edificios y la renovación de buena parte de su red de transporte, incluida la construcción de un nuevo sistema ferroviario de metro.

La doble moral de la FIFA

Me parece que desde cuando en 2016, Giovanni Infantino asumió su presidencia como sucesor de Joseph Blatter, la FIFA ha subrayado como parte de su discurso oficial, el respeto a los Derechos Humanos, lo que no alcanzó a impedir que se optara por Qatar como sede del Mundial. Se trata de una nación gobernada por una Monarquía Parlamentaria, en la que no hay democracia ni libertad de expresión ni de pensamiento ni de culto, las mujeres no son enteramente libres y existe la esclavitud. Se ha llamado la atención particularmente sobre las muy precarias condiciones de trabajo de miles de obreros, en su inmensa mayoría migrantes, que han participado en las labores de construcción emprendidas con motivo del evento, habiendo muerto alrededor de 6.000 de ellos, de acuerdo a estimaciones que algunos estiman conservadoras.

En suma, la lista de abusos no es corta, a pesar de ciertas reformas más o menos recientes y que sirven para barnizar en cierta medida la situación del país. Human Rights Watch ha declarado al respecto en un informe reciente, que “… los flujos del deporte globalizado vinculan a atletas, fanáticos, instituciones deportivas, órganos de gobierno, medios y financiamiento a través de las fronteras, sin que importen los mapas morales que se dibujan desde los Derechos Humanos, permitiendo que sus violadores remodelen su imagen como anfitriones deportivos glamorosos”,

El poder blando

Se sabe, por obvio, que el concepto de poder es fundamental en las relaciones internacionales. En el marco de la politología se formuló, en los años noventa, una distinción entre “poder duro” y “poder blando”. El primero supone el uso de medios económicos y militares por parte de un país, para hacer que otros hagan lo que él quiere, en tanto que el segundo, opinan los especialistas, radica en conseguir el mismo resultado “ … mediante un efecto de atracción, de influencia y de persuasión, la imagen positiva, un papel que durante décadas lo ocupó la cultura, por ejemplo, a través de Hollywood y de canciones. Ahora es más el deporte y especialmente el fútbol".

En efecto, últimamente el fútbol ha cobrado fuerza y aumentado un espacio como herramienta política. Nuevos actores y nuevas estrategias han puesto el tema sobre el tapete, sobresaliendo en esa tarea, aunque no son los únicos, ni mucho menos, los Estados autoritarios de Oriente Medio –sobre todo Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí– a los que ya no les basta con organizar grandes eventos deportivos, sino que están comprando equipos de fútbol en las mejores ligas del mundo, sobre todo en la europea.

El futbol más allá del Qatargate

Fuera de la cancha ocurre todo lo que he descrito y más. Pero ya sobre la grama verde, es otra cosa. El balón es redondo y rueda libremente sin más interferencia que las piernas de los jugadores, las de los hábiles y las de los no tanto. El fútbol se vuelve, entonces, una metáfora de la vida durante noventa minutos, aún si se lo mira en una pantalla.

En ningún sitio aprendía tanto de mi y de los demás como en una cancha, señalo Jorge Valdano. Aprendí todo en la vida con una pelota en los pies, ha repetido mil veces Ronaldinho. En lo personal siento que poner un pie sobre el terreno de juego o sentarse frente al televisor equivale a la recuperación semanal de la infancia, según lo escribió el novelista español, Javier Marías.

HARINA DE OTRO COSTAL

La semana pasada Nicolás Maduro, haciéndose eco del club de presidentes latinoamericanos que se califican de progresistas (?), se sumó al reclamo que varios de ellos han formulado contra los españoles, haciéndolos responsables de una lista larga y variada de crímenes contra nuestra población indígena. Luego de haber transcurrido quinientos años pienso que semejante demanda de justicia, luce ilógica, por decir lo menos, y que, con buena suerte y viento a favor dará lugar a un breve memorándum en el que algún funcionario del gobierno de España pedirá perdón, sin entrar en mayores detalles, dando por terminado el asunto.

Ojalá que Maduro y los que lo asesoran en el tema, observen lo que está ocurriendo durante los últimos años en algunas zonas de nuestro país. Que vean las condiciones de vida por las que pasan los indígenas venezolanos, tanto niños como mujeres y hombres. Que observen como son violados sus derechos y reparen en sus frecuentes protestas contra la destrucción del ambiente. Que imaginen lo que pueden esperar del futuro. Y que se pregunten, por no dejar, si alivia las cosas el hecho de que le cambien el nombre a una autopista de Caracas.

Ojalá que encaren, así pues, un problema seguramente menos épico que el litigio con los conquistadores españoles, pero cuya solución es urgente y necesaria. Cuestión de justicia, sobre todo.

El NACIONAL, miércoles 2 de febrero de 2022

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Humberto García Larralde

El triunfo electoral de las fuerzas democráticas en Barinas a comienzos de año ha subido los ánimos en torno a las perspectivas de desalojar la nefasta dictadura de Maduro. Ello estaría sujeto, por supuesto, a muchos condicionantes, sobre todo con relación a la disposición de la oposición para forjar una unidad efectiva y verosímil, apoyada en lineamientos programáticos consensuados y en un trabajo político que interprete a la gran mayoría de venezolanos que anhelan el cambio y la movilice en torno a las tareas que lo hagan posible. En un ambiente de tanta penuria como el de Venezuela, tan propenso a la desesperación y la resignación (ahora más por la pandemia), estimular las expectativas de cambio cobra importancia. Dicho esto, es menester alertar acerca de las ilusiones de que estamos frente a un Maduro más indulgente, abierto a liberalizar la economía y a entenderse con la oposición en pro del bien nacional. ¿Lo que sucedió en Barinas, indica que está dispuesto a permitir mayores libertades y a facilitar el juego democrático? Ayuda poner esta interrogante en perspectiva.

Venezuela ha estado sometido a la administración de quienes, en espacio de ocho años, convirtieron a uno de los países de mayor ingreso por habitante de América Latina, sólo detrás de Chile, en el más pobre, rivalizando con Haití. En ese lapso, fueron asesinados unos 300 ciudadanos mientras ejercían su derecho a la protesta; muchos fueron encarcelados por sus posiciones políticas, algunos torturados y hasta muertos bajo custodia policial; demasiados venezolanos han sido sometidos a niveles de miseria y desnutrición severa, muriendo algunos, como es el triste caso de la profesora merideña, Ysbelia Coromoto Hernández; los servicios públicos han colapsado, causando estragos a la población, incluyendo la educación y la salud; cerca de seis millones de compatriotas han migrado en busca de subsistencia o de una mejor calidad de vida; y pare usted de contar. Pero el principal responsable de tan terrible destrucción, por mucho el peor presidente que ha tenido el país, no sólo no expresa remordimiento alguno, fue capaz de armar la farsa electoral de 2018 que simuló su reelección, a pesar del rechazo mayoritario de la población. ¡Y ahora amenaza con repetir semejante burla en 2024!

Lo que sería un claro sinsentido si funcionasen las instituciones y la población ejerciera libremente su voluntad de elegir a sus gobernantes, se salió con la suya en Venezuela. ¿Cómo se explica semejante abominación? ¿Qué implicaciones tiene para la lucha por la democracia? Sabemos que las instituciones que debían impedir que ello ocurriese fueron desmanteladas y que el régimen se sostiene apelando a la violencia o a la amenaza de aplicarla. Pero tal constatación sólo remite la respuesta un paso más atrás. ¿Cómo es que la institución que, por diseño constitucional, monopoliza los medios de violencia, la fuerza armada nacional, no responda con mínimo sentido de justicia y sustrae su apoyo a tan monstruosa camarilla, obligándola a respetar la voluntad popular y abandonar el poder? Esta inquietud ha sido objeto de innumerables libros y artículos y sería absurdo pretender reproducir aquí sus argumentos. Pero tiene pertinencia referirse a lo ideológico que, junto a la corrupción, han mostrado ser claves para la insólita permanencia del régimen de Maduro.

Al hablar de ideología nos referimos a la construcción de una perspectiva política y de vida sesgada, internamente consistente, con base en símbolos que suelen prestarse a contraposiciones maniqueas, con fines políticos. Se expresa en el “nosotros”, los buenos, enfrentados a “ellos” (los otros), los malos, porque amenazan “nuestra” situación o “nuestro” futuro. Apela a resentimientos y a prejuicios sustentados en la ignorancia, que estimulan una identificación emocional, afectiva, con una causa, hábilmente aprovechada por líderes carismáticos, como Chávez. Con su lenguaje irreverente, supo proyectarse como el “outsider” incontaminado capaz de erigirse en campeón de un Pueblo (mayúscula) oprimido por una oligarquía que había traicionado el legado de Bolívar: hoy, los partidos AD y COPEI. Chávez era ese Pueblo. Con símbolos patrioteros invocó la epopeya independentista, tocando fibras hastiadas por el deterioro económico de los años ’80, la incapacidad percibida de los gobiernos por responder a las demandas de mejora y el azuzamiento interesado de factores de poder que veían perder sus privilegios ante el cambio estratégico instrumentado por el Gran Viraje de CAP II. Pregonaba reproducir ese espíritu épico, bajo su conducción visionaria, para rescatar al país. La prédica chavista se adornó, así, con imágenes de la lucha emancipadora y alegorías a sus batallas más famosas. La represión del llamado Caracazo inflamó aún más este llamado. Con prácticas populistas, lanzó las redes de una ideología patriotera, maniquea y militarista, que regresaron con abundante pesca de adeptos, base para legitimar el desmantelamiento del Estado de Derecho en nombre de una “revolución” redentora, pero de naturaleza neofascista. Su prédica agradó a muchos militares y Chávez los hizo sentir protagonistas del proceso como supuestos herederos del Ejército Libertador. Se rebautizaba a la FAN como “Bolivariana” (FANB). Los mimó y les entregó proyectos y cargos sin control ni supervisión, que fueron convirtiéndose en vetas para todo tipo de enriquecimiento.

Pero Chávez mudó pronto sus referencias ideológicas a aquellas inspiradas en la mitología comunista, bajo la tutela de Fidel Castro. Eran los tiempos del primer referendo revocatorio, que amenazaba con sacarlo del poder si no le daba “sustancia” a su retórica grandilocuente. Aparecieron las misiones y la muletilla de George Bush hijo para proyectar un antiimperialismo atrayente. Este giro permitió, además, cosechar solidaridades automáticas con movimientos autoproclamados de izquierda a nivel mundial. Quizás no haya gustado a aquellos militares que recordaban el rol del ejército en la supresión de la guerrilla castrista de los años ’60, pero siempre que no afectasen sus oportunidades de “negocio” y su posición privilegiada, pasaba. Por si acaso, Chávez fue reemplazando a los disidentes con adeptos suyos en los mandos de la FAN. Complementó esta purga con labores de contrainteligencia militar, bajo tutelaje cubano. Pero los intentos por ideologizar a la FAN no llegaron muy lejos. Aun así, mientras la bonanza petrolera financiase generosos programas sociales, la retórica comunistoide cosechaba apoyo popular: un “socialismo” de reparto que ocultaba la destrucción del país.

Con Maduro y la caída de los precios del petróleo, los clichés repetitivos dejaron de ser útiles para disputar las simpatías populares con el liderazgo opositor. La ideología pasó a cumplir otra función, que fue alimentar un espíritu de secta de sus menguantes partidarios, para que cerraran filas en torno suyo. Se convirtió en una burbuja dentro del cual refugiarse, ajeno a toda increpación del mundo externo. La contienda política dejó de ser tal –con el “enemigo” no hay trato-- para dirimirse por vía de la represión despiadada y el cercenamiento de las posibilidades democráticas de cambio. Los militares con mayor vocación de esbirros fueron “justificados” en sus desmanes por “revolucionarios” y premiados con altos cargos. La ideología pasó a absolver el atropello al ordenamiento constitucional. “Inmunizó” al mando chavomadurista de los crímenes cometidos contra los venezolanos, endureció su virulencia y, con ello, su resiliencia ante variados intentos –constitucionales o no—por desalojarlo.

Los cambios que Maduro se ha visto obligado a instrumentar últimamente, ¿modifican este cuadro? Está por verse. Los posibles avances en la negociación entre el oficialismo y la oposición en México –suponiendo que se reanudarán—podrán dar la pauta. No obstante, los elementos reseñados y las caras enseñanzas de anteriores iniciativas por acordar salidas democráticas aconsejan cautela. Sólo con la superación de las divisiones y del “pescueceo” entre dirigentes y agrupaciones opositoras, y la acumulación de fuerzas a través del trabajo con la población, jugando cuadro cerrado con los países democráticos que nos apoyan, podrá forzarse a personeros oficialistas a entrar en razón.

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Carlos Machado Allison

La totalidad del sistema nacional de educación está en crisis. Mientras el mundo avanza impulsado por una avalancha de nuevos conocimientos, nuestras escuelas, maestros y alumnos viven uno de los peores momentos. Deterioro físico y salarios miserables apuntan hacia un futuro que lejos de ser incierto, es posible pronosticar que será lamentable. En la ignorancia y en la mala educación se ubica una proporción importante de las causas de la pobreza.

La libertad académica es el derecho a buscar, generar y transmitir conocimientos y a realizar actividades educativas de calidad en todos sus ámbitos: docencia, aprendizaje, enseñanza, investigación, descubrimiento, transformación, debate, búsqueda, difusión de información e ideas. Esta es una de las columnas que sustentan a las sociedades modernas y estados exitosos. La autonomía y el autogobierno son requisitos para la libertad académica y garantía para que las instituciones de educación cumplan con su misión. De allí que los gobiernos deben promover y respaldar la calidad y diversidad de las instituciones académicas.

Las interferencias de los Estados en los currículos y programas académicos a través de, la imposición de lineamientos contrarios a las finalidades de la educación, impactan severamente la libertad académica. Más que imponer, los gobiernos deben mantener un diálogo abierto con los docentes, investigadores, autoridades y estudiantes, quienes, mejor que nadie saben cuales son las demandas educativas de la sociedad.

Los Estados están en la obligación de generar un ambiente favorable para la interacción de las instituciones de educación tanto con el sector público como con el privado, con la finalidad de mejorar el desempeño recíproco en aras del progreso del país. De allí la obligación de las autoridades para desarrollar marcos regulatorios flexibles y que no constituyan obstáculos para la creación de nuevas organizaciones y planes de estudio a tono con las tendencias internacionales y el estado del arte del conocimiento en todas sus dimensiones. Colocar barreras ideológicas o imponer normas excluyentes a nuevos programas, constituye una grave violación de las libertades constitucionales y académicas.

En los últimos años, tanto las instituciones gubernamentales que rigen la investigación y el desarrollo tecnológico, como las de educación superior en Venezuela, han establecido políticas y procedimientos que violan la libertad académica al tratar de imponer un modelo ideológico excluyente, así como la aplicación de restricciones presupuestarias y remuneraciones miserables que están erosionando gravemente a los sistemas nacionales de educación e investigación. Cientos, sino miles de docentes e investigadores calificados han tenido que abandonar el país o dedicarse a otras actividades para poder sobrevivir y lo que es más grave aún, es la deserción de miles de estudiantes de educación media y superior que generarán un vacío generacional con graves consecuencias para el país. También requiere apoyo e inversión, la educación orientada a satisfacer las necesidades de niños y adolescentes, en particular aquellos, que son la mayoría, que viven en la pobreza y sufren desnutrición.

Sin duda la epidemia de Covid-19, cuya magnitud no es del conocimiento público por la escasa información y dificultades de acceso a la misma, ha agravado el panorama actual. Entre otras cosas, haciendo muy difícil, por la carencia de equipo adecuado y las graves limitaciones de la red pública de transmisión de datos, el dictar cursos a distancia. Mejorar el servicio de Internet y dotar a docentes y alumnos de los equipos necesarios debe figurar entre las prioridades del gasto público nacional.

Como si lo anterior no fuera suficientemente grave, el gobierno ha impedido la realización de las elecciones internas en las universidades autónomas, generando un clima malsano y distrayendo la atención de los cambios estructurales necesarios, para colocarse a tono con la dinámica global del conocimiento y las crecientes demandas de la sociedad.

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