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Opinión

Agustín Hernández Aja

Nada nos parece más natural que el espacio publico. Siempre que hemos salido del portal de nuestra casa nos hemos encontrado con una calle o una plaza que compartíamos con nuestros vecinos.

Las calles y plazas de antes no estaban diseñadas, pero las hacíamos nuestras al sacar una silla, la comba o el balón. Solo estaban específicamente diseñadas algunas del centro del pueblo o la ciudad (tenían incluso bancos). Las de los barrios, o no estaban urbanizadas o solo contaban con acera y calzada. Peatones y niños andaban por ellas libremente aunque, eso sí, quienes tenían problemas para andar dependían de la ayuda de sus vecinos.

Así era cuando la ciudad se reducía al barrio. Había pocos autobuses y el metro, cuando lo había, era caro. La calle era un espacio doméstico, se salía a tomar el fresco, a hablar con las vecinas, a jugar al fútbol.

Hasta que un día empezaron a aparecer los coches. Primero fueron una novedad que solo obligaba a mover la silla o el lugar del juego pero, poco a poco, nos fueron sacando de la calle –aunque es cierto que a muchos no les importó porque la televisión llegó a nuestras casas–.

Ya no vivimos en las calles de nuestros barrios. El transporte al centro es barato y allí encontramos lo que antes teníamos próximo. Tenemos coches que depositamos en las calles, sin que nos sintamos culpables porque niños y abuelos no puedan usar el espacio que ocupamos como aparcamiento.

La aldea global nos provee, a través de los móviles y los ordenadores, de más contactos de los que nunca habíamos soñado tener. La calle va quedando para los coches y para los que tienen menos o viven en peores casas.

Las calles de hoy no son como las de antes

No todos los vecinos bajan o se sienten cómodos en las calles, ocupadas hoy por coches y por vecinos más pobres y ruidosos que los que se quedan en casa. Hace ya algunos años que nos dimos cuenta de que había que cambiar y mejorar la calle y nuestros ayuntamientos se pusieron a la tarea.

En los primeros años, el motivo era estético, la ciudad se había vuelto más fea y era necesario atraer al turismo. Mas recientemente, se determinó que había que actuar por motivos ambientales, para evitar la multa de la Unión Europea. Tenemos que reducir la contaminación del aire y la única forma de conseguirlo es reduciendo el número de coches y que no circulen por unas calles atascadas.

¿Cómo afrontaron las ciudades el reto? Abrumadas por la tarea, simplificaron el problema. Actuaron primero en el centro y en las zonas de más calidad, olvidando los barrios ya olvidados. El fin era que la inversión fuese reconocida por su calidad y diseño, y se decidió que lo mejor sería hacer concursos. Los premiados fueron los más espectaculares, pero pocas veces consultaron a los vecinos.

Los que vivían en el centro quedaron reducidos a un papel secundario. Sorprendidos por obras y mobiliarios vanguardistas solo vieron paliada una pequeña parte de sus necesidades.

Al ser proyectos para mejorar la imagen externa de la ciudad, las actividades más domésticas como jugar o sentarse a hablar no se consideraban. Nos acostumbramos a que tras las obras hubiese que corregir bordillos, bolardos y escalones, al no ser adecuados para quienes tenían problemas de movilidad.

Mientras tanto, en los barrios las obras se limitaban a las reparaciones. Echando una nueva capa sobre el asfalto agrietado o sustituyendo los bordillos de granito por otros de hormigón. Solo la lucha de las familias conseguía mejorar la acera en la entrada de un colegio. O un grupo de aguerridos vecinos recuperaba un solar como huerto o señalaba la necesidad de un semáforo.

Las calles no se adaptan a las necesidades

Nos encontramos ahora con unas calles urbanizadas que no se adaptan a las necesidades de los vecinos, que se convierten en fuente de conflictos. Vecinos que protestan por las terrazas que se instalan bajo sus ventanas, que se quejan de que un jardín abandonado lo usan solo pobres o marginados. Que tienen dificultad para moverse en un espacio diseñado para la movilidad motorizada y el consumo.

El Objetivo 11 de la Agenda 2030 nos impulsa a “aumentar la urbanización inclusiva y sostenible y la capacidad para la planificación y la gestión participativas, integradas y sostenibles”. Necesitamos reconciliar la belleza del espacio público con su funcionalidad, ecología y utilidad social, haciendo partícipes a los vecinos del proyecto.

Debemos reconstruir la noción de utilidad desde la vista de la cohesión social, hacer espacios donde todos puedan estar y todos se sientan a gusto. No se trata de un proceso sencillo en una sociedad que ha perdido el sentido de comunidad local. Estas necesidades no se pueden resolver sin un proyecto integral. Es necesario que los ayuntamientos abandonen la práctica de intervenir mediante concursos de proyecto y obra que se adjudican a la solución más barata.

¿Pueden las intervenciones sobre el espacio público dar respuesta al mandato de la Agenda 2030? Sí, si modificamos el procedimiento de diseño y ejecución. Tenemos que garantizar la mayor belleza y calidad del espacio, integrando la utilidad social y el reto de la sostenibilidad.

Las vecinas y vecinos tienen que participar tanto en el proyecto como en la gestión de su uso. Hay que prever una fase posterior de ajustes y mediación en los posibles conflictos. El espacio público es el espacio más democrático en el que se desenvuelven nuestras vidas, necesitamos por tanto reconocer al otro y sus necesidades en un espacio diseñado para ellos.

Catedrático de Urbanística y Ordenación del Territorio, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

9 de enero 2022

The Conversation

https://theconversation.com/como-lograr-que-los-espacios-de-las-ciudades...

 4 min


Luís Ugalde, SJ

Siempre he sido contrario a las sanciones que se imponen como un castigo a una falta no existente. Millones de venezolanos sufrimos hoy víctimas de las sanciones. Hay sanciones legítimas e ilegítimas. Las que fueron injustamente impuestas deben desaparecer cuanto antes; de ello depende la vida de los venezolanos y el futuro de nuestra nación.

Sería lamentable que empezáramos el año resignados y con ganas de olvidarnos de las sanciones. No, por lo contrario, este año 2022 debe estar centrado en la rebeldía contra las sanciones, reafirmando la vida digna de todos los venezolanos y el acuerdo nacional para su recuperación.

Los sancionados de la dictadura

Primero fueron y siguen siendo los sancionados de la dictadura y sus disparatadas políticas económico-sociales. El que pone las causas es culpable de los efectos:

Sancionados los 6 millones de venezolanos expulsados del país y el millón adicional de 2022.

Sancionados los millones de empleados públicos castigados a sobrevivir con salarios de menos de 10 o 20 dólares mensuales.

Sancionados los millones de trabajadores sin trabajo, o con trabajo sin ingresos.

Sancionadas las víctimas de miles de empresas cerradas.

Sancionadas las universidades de financiamiento oficial condenadas a recibir menos del 10% del presupuesto necesario.

Sancionado todo el sistema educativo que viene en ruina desde antes de la pandemia con cientos de miles de educadores despojados de su sueldo vital.

Sancionados los médicos, las enfermeras y todos los venezolanos necesitados del sistema público de salud que tenían y, hoy en la ruina.

Sancionados los millones de venezolanos que cotizaron al Seguro Social, ahora obligados a vivir de la limosna.

Sancionados somos todos los que teníamos servicios públicos de: luz, agua, seguridad, transporte... y se nos han arrebatado.

Sancionados los agricultores condenados a no poder producir ni 30% de lo que producían. Sancionados los presos políticos maltratados y los políticos perseguidos, exiliados, escondidos y silenciados por graves amenazas.

Sancionada la población entera despojada de medios de comunicación social expropiados, cerrados y censurados.

Sancionados los militantes y dirigentes de los partidos políticos despojados para entregarlos a los amigos de la dictadura.

Sancionados todos los venezolanos despojados de su Constitución y de los Derechos Humanos consagrados en ella.

Como la lista es mucho más larga y no nos cabe en el artículo, recomendamos al lector que la vaya completando por su cuenta en sus ratos libres.

Las sanciones a los sancionadores

Esas violaciones sistémicas y sistemáticas han llevado a los gobiernos de EE.UU. y otros, a imponer al régimen venezolano duras sanciones contra los violadores, con la intención de obligarlos a devolver la vida a decenas de millones hoy secuestrados.

Necesitamos también liberarnos de las sanciones internacionales que afectan toda la nación y su recuperación. Más aún, necesitamos urgentemente de una decidida política de cooperación internacional con flujo de inversiones e intercambio económico libre y con garantías. Por duro que suene, hay que reconocer que con las sanciones de uno y otro lado no tenemos futuro con este régimen ni con otro.

Acuerdo, abrazo y reconstrucción

Venezuela ha sufrido momentos trágicos en su vida con guerras muy destructivas que se terminaron con el abrazo de quienes se estaban matando. Cito solo nuestra Guerra de la Independencia, la más fratricida de Las Américas; el increíble abrazo del General español Morillo y del Libertador Bolívar en Santa Ana, con su correspondiente armisticio fue el paso para la retirada definitiva del dominio español.

La Guerra Federal fue también de muerte y de episodios salvajes; pero agotadas las arcas y las fuerzas, ambos bandos entendieron que las lanzas, los fusiles, los machetes y el odio entre venezolanos prolongaban sin fin la cadena de muertes. Por eso concluyeron en el Tratado de Coche firmado por los representantes de Páez y de Falcón (24-4-1863). Acuerdo con puntos concretos para cambio de gobierno y de régimen. El Acuerdo de Coche incluyó tres puntos fundamentales:
1) Asamblea Nacional de 80 miembros, la mitad escogidos por el Presidente Provisional de la Federación (Falcón) y la otra mitad por el Jefe Supremo del Gobierno (Páez);
2) Renuncia del Presidente Páez ante esa Asamblea; y
3) Un Ejecutivo Transitorio. Con ello llegaron los liberales al Poder.

Hoy el Acuerdo necesario es para el regreso en serio de la Constitución que el mismo régimen elaboró hace 20 años y luego decidió violarla sistemáticamente, cuando el voto popular le impidió cambiarla.

Venezuela hoy no tiene más salida que el Acuerdo de México (internacionalmente asistido) donde las partes asumen la disolución de este sistema funesto restableciendo la Constitución con algunas reformas básicas acordadas, como volver al parlamento bicameral, eliminar la reelección, reducir el período presidencial de seis años. Esto significa eliminar las sanciones y las antisanciones, realizar elecciones presidenciales y parlamentarias libres y justas y emprender la reconstrucción económico-social, hoy disminuida a menos del 25% de su capacidad; reducida a la miseria.

Estoy seguro de que más del 90% de los venezolanos quiere esto en 2022, sabe que es imprescindible para recrear con esfuerzo renovado una Venezuela productiva, plural e inclusiva; es el necesario y esperanzado renacer de la República.
Es la Venezuela que nace de nuevo sin sanciones.

 4 min


Américo Martín

La aspiración de desarrollar un programa de gobierno de importante calado es legítima y comprensible pero la hegemonía de un partido, por muy popular que sea, por muy buenas que sean sus ejecutorias, puede restringir el alcance de la democracia y con ello incrementar los obstáculos interpuestos a una gestión eficiente.

La fuerza de la democracia reside en los compromisos contraídos en el marco del pluralismo. Es un singular rasgo íntimamente vinculado a los principios de la democracia pero también al éxito de los gobiernos no autocráticos. Un partido eternizado en el poder por la voluntad de los electores se hace víctima propicia de los factores de corrupción. Y adicionalmente levanta resistencias muy poderosas al logro de sus propias ofertas.

En cambio, un partido capaz de aprovechar las energías de las demás fuerzas al comprometerlas total o parcialmente en sus actividades de gobierno, puede mantener relaciones civilizadas y constructivas con todo el país, más allá de separaciones banderizas.

Leyendo España Invertebrada y La Rebelión de las Masas de Ortega y Gasset encontré una apropiada reflexión del gran pensador español. Esas obras fueron publicadas en fechas tan lejanas como 1921 y 1929 y siguientes. Están escritas en un tono muy pesimista. España se disgrega desde la periferia hacia el centro. Se expande la esperanza “salvacionista” en jefes militares victoriosos. Los políticos y sobre todo los parlamentarios, con sus eternas negociaciones, son mirados con desprecio si no burla. Levantándose sobre ese clima de negaciones, Ortega vierte opiniones hechas mías desde tiempos inmemoriales.

En su criterio la causa de la mala prensa de los políticos y los parlamentarios, en contraste con el prestigio de los jefes militares, se debe a su propensión a negociar acuerdos en nombre de los cuales se obligan a deponer parte de sus ofertas para salvar el avance unitario de los países. Los hegemones militares alientan en cambio el retroceso al intentar imponer su sola voluntad.

Era una época de guerras continuas y de generales galardonados. Cuando esos militares llegaban al poder no negociaban con nadie, imponían la totalidad de su pensamiento. Semejante abominación pasaba por “fidelidad a los principios”. En cambio los políticos en sus interminables intercambios podían entenderse con sus enemigos de ayer y arriar en consecuencia algunas de sus banderas tradicionales. Esa supuesta deserción pasaba por cobardía, falta de firmeza y oportunismo.

El problema es perfectamente lógico y claro. Querámoslo o no las sociedades son plurales, no idénticas a sí mismas Hay un océano de opiniones y un lago de teorías de gobierno. Así es la realidad, hostil en el fondo a quienes quieren dictar órdenes voluntariosas contra comunidades con el fin de “disciplinarlas” y someterlas.

El supremo objetivo de los partidos democráticos es desarrollar sus programas sin desarbolar a los demás, sin reducirlos al silencio, oyéndolos y aceptando sus aportes. No es dable ni justo gobernar para una secta homogénea. Obviamente, la gestión de gobierno deberá deponer algunas de sus ofertas para gobernar para todos.

¿Qué hacer entonces? ¿Aniquilar a quienes no piensan como uno para poner toda la carga a marchar sobre un riel de acero? O por el contrario entender la obligación de recibir y darle respuesta a la pluralidad de criterios, lo cual no puede lograrse sino mediante el diálogo y la negociación tan reprochados a los políticos.

El diálogo por cierto se justifica más cuando se trata de adversarios o enemigos. En otras palabras: el diálogo no es un ornamento, no es una concesión graciosa; es parte esencial de la gobernabilidad, forma de eliminar peligros, manera de avanzar en lo posible con toda la sociedad y no contra ella.

La imposición de una sola corriente de pensamiento tiende en cierto momento a darle rango a la fuerza del militarismo, la autocracia o la dictadura; y en cambio las negociaciones aproximan democráticamente pensamientos, aprovechan las energías de muchos, todo lo cual permite hacer avances efectivos, así puedan no ser deslumbrantes.

Citando esta parte del pensamiento orteguiano, me he permitido recordar un archiprobado resultado: la humanidad debe mucho más a los acuerdos y compromisos políticos que a las hazañas de militares impacientes y hostiles al pluralismo.

La Historia es curiosa, graciosa y misteriosa. Los temas de la preocupación de Ortega desde los años 1920, del mundo en la Segunda Guerra Mundial y de Latinoamérica militarizada a lo largo de la década de los años 1950, desaparecieron drásticamente en los siguientes 40 años, al punto de ser evocados ocasionalmente como simples curiosidades sepultadas en un lejano pasado. Y sin embargo, para escándalo colectivo, reaparecieron con fuerza inesperada durante la primera década y varios años adicionales del nuevo milenio. Por desgracia en el nuevo milenio los milagrosos hallazgos de la revolución informática-comunicacional y de la navegación espacial parecen volver a convivir con las malas costumbres de nuestras antiguas autocracias militaristas.

Sin ideas claras ni conciencia demasiado despierta, impactado por el antimilitarismo y con una formación doméstica y vecinal contraria a las dictaduras, entraré a la década de los años 1950. Ni imaginaba cómo habría de afectarme. En los primeros de esos años seré arrastrado a la política, a la bronca política donde reinarán otra vez militares y autócratas.

No imaginé jamás las duras experiencias político-personales que me tocaría vivir. Tenía vagos prejuicios antipolíticos, combinados con la admiración por líderes históricos y por ambientes de creatividad y humor populares. Tomaré mis pasos iniciales por el oficio como un juego transitorio, una especie de pasantía o –dicho en términos beisboleros– como una “clínica” para ampliar mi formación cívica.

¡Ah! Si hubiera sabido lo que me esperaba…

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

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Alejandro J. Sucre

Hubo una vez que los inversionistas operaban bajo el modo de altos riesgos altos rendimientos. Y bajo esa concepción invertían en países emergentes. Pues ya eso no se cumple. Ahora economías como la estadounidense ofrece altísimos rendimientos y bajos riesgos y se convierte en una aspiradora de inversiones. Venezuela para atraer inversiones debe competir con países desarrollados. Para eso debe hacer mas atractiva la inversión extranjera. Esto quiere decir que los políticos venezolanos deben reducir el riesgo de invertir en Venezuela y abaratar los precios de los activos a privatizar para que sea atractiva. Sin inversiones para reactivar la economía, Venezuela no va a ningún sitio. El trabajo de los políticos venezolanos es atraer inversiones. No es robar el dinero de los venezolanos para ellos invertirlos a titulo personal en las grandes bolsas de las potencias del mundo. No es perpetuarse en el poder, ni pelear como malcriados contra ningún imperio como excusa para permanecer en el poder. El trabajo de los políticos es crear puentes con todos los imperios y empresas del mundo, con los ciudadanos venezolanos y atraer visitas de todos los talentos del mundo que nos ayuden a reposicionar y desarrollar nuestro potencial económico del futuro. Es hacer leyes, invertir en infraestructura sin corrupción, reducir tramites, cambiar actitudes culturales y estimular la educación en tecnología de manera que venga mucha inversión de todas partes. Si uno tiene una fabrica de caramelos no escoge si vende a los chinos o a los rusos o a los americanos. Los caramelos se los vende a todos. Así debe ser Venezuela, atractiva para todos. Los rusos, los chinos y los americanos invierten entre sus países. Los políticos venezolanos que tanto les gusta sentirse como libertadores y en los medios de comunicación deben llevar un registro de cuanta inversión atraen como parte de su campaña política. Deben destacarse no por su indolencia al hablar de otros políticos, sino por comunicar las bondades de invertir en Venezuela. Ningún dirigente venezolano debe pelear con el imperio ni con ningún otro país. Todo lo contrario. Debe atraer inversionistas de todos los países.

Venezuela tiene mucha posibilidad de inversión en áreas de la economía, pero nuestros políticos espantan a las inversionistas en sus peleas sin fin y en su competencia de quien roba mas o tiene mas fondos mal habidos en el extranjero. Esta polémica tan cruel e infantil entre la oposición G4 y el oficialismo termina llevando a los venezolanos al raquitismo, y a emigrar, mientras los ciudadanos de los países desarrollados viven en abundancia, alegría y trabajo. Venezuela no es el ombligo del mundo ni los países emergentes. Todo lo contrario, ya países como EEUU ofrecen rendimientos anuales de 25 % anual o más a quienes invierten en sus miles de empresas que listan en la bolsa de valores de ese país. Los inversionistas sin ningún esfuerzo, sin calarse la corrupción ni los discursos primitivos y egocentrista de ningún político o sus disparates ponen su dinero en un índice en la bolsa de valores de NY y se ganan un 25%, y si compran acciones de alto rendimiento hasta 200% o mas. Ya los países emergentes no ofrecen mejores rendimientos a más riesgo. Esa cultura marxista de que los países desarrollados explotan a los subdesarrollados es una falacia. Ya los países desarrollados buscan hasta sus propias fuentes de energía y materia primas. La Bolsa de valores de EEUU rompió ese mito. Ya la ecuación alto riesgo alto rendimiento se hizo obsoleta. Ningún país del mundo ofrece los rendimientos de Google, Amazon, Microsoft , Facebook etc.. Y los países emergentes que proveen materia primas también pasan a ser menos importantes. Con las nuevas tecnologías EEUU es una aspiradora de inversiones del mundo y crece más rápido que China. La Bolsa de Moscú creo que fue la única en el mundo que cayó de valor en el 2021.

Así que a dejar la confrontación tan tonta contra EEUU y a negociar entre políticos venezolanos para que el pueblo pueda crecer y ser feliz y participar del desarrollo mundial que solo llega con inversiones.

Existen 60 bolsas principales en el mundo que varían en tamaño, volumen de operativa y capitalización bursátil, la medida empleada más relevante. Todas esas bolsas ofrecen títulos valores interesantes a los fondos mundiales. Venezuela debe aprestarse para atraer inversiones en lugar de convertirse en paria y evitar enemistarse con otros países. Existen múltiples opciones para aprovechar los movimientos de estas bolsas, no solo como en las acciones en las decenas de miles de empresas que las conforman, sino también en los diferentes índices que existen dentro de su ámbito. Puede utilizarse, por ejemplo, las opciones para operar en índices como el NASDAQ, el FTSE 100 o Wall Street, así como para diversificar inversión en otros mercados y países en divisas o materias primas. Rendimientos a los inversionistas que ofrecen otras bolsas.

Bolsa de Nueva York (New York Stock Exchange) 27%
MSCI World Index 17 % recoge los cambios de las grandes bolsas del mundo en 23 países desarrollados.
Bolsa de Londres (London Stock Exchange) 14 .3%
Euronext 22%
Bolsa de Shangai: 3.7 % (Shenzhen Stock Exchange)
Bolsa de Moscu -3.76 %

Twitter: @alejandrojsucre

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Carlos Raúl Hernández

Leí a Mircea Eliade cuando yo era un sarampionoso estudiante de sociología, experto en todas las corrientes del marxismo imaginario, -las llamaba Federico Riu- y me pareció naturalmente un “teórico burgués”, aunque, con reticencia, noté su profundidad inusual que más tarde, libre de cucarachas en el cerebro, disfruté plenamente. En su obra El mito del eterno retorno, sostiene que el pensamiento mítico concibe la historia como una repetición de ciclos, Genghis Khan sería la recreación del Rey David o Julio César, un estructurador, y a su vez Napoleón, mientras la modernidad la entiende como una línea en marcha, aunque en zig-zag. Aclara Eliade que esa linealidad moderna no es pura, porque el pensamiento sigue inficionado de mitologías, viejas y nuevas, como la marxista-hegeliana de los “modos de producción” y el “fin de la historia”, con el socialismo comunismo.

Pensábamos que el socialismo había terminado con la implosión de URSS, pero misteriosamente retorna en Venezuela en 1989. Vuelve a colapsar en apenas veinte años, pese a los esfuerzos de la reaction de grupos del PSUV, que, como doña Ximena, la mujer del Cid, que amaba incluso su cadáver, pretenden ganar batallas con un muerto a caballo. El socialismo tiene inexorablemente tres desenlaces. El colapso soviético, el enquistamiento de Cuba y Norcorea y la exitosa metamorfosis en economía de mercado de China y Vietnam. ¿Se dirige Venezuela a este último esquema? Cierto que China y Hong Kong conforman el primer receptor mundial de capital extranjero y hay un millón de empresas internacionales, pero Venezuela ha logrado avanzar en el pantano de “las sanciones” y su crítica escasez de capital.

Venezuela es ahora una de las economías más abiertas del mundo. Dolarizada su economía, desaparecidos controles de cambio, de precios y de mercado exterior (algunos empresarios, como en el puntofijismo, piden aranceles a la importación), solo que el mundo está cerrado después de la barbarie económica encomendada a Giordani, quien arruinó una sociedad que recibía cien mil millones de dólares al año, mientras Ramírez repitió la hazaña con la tercera empresa petrolera del mundo, que los producía. En 2021 se aumentó la exportación petrolera y un millón de barriles traspasan todos los días en los mares los zargazos de “las sanciones” y salen al mercado internacional. Ya no es aquel país donde la gente se alegraba de conseguir leche en polvo o harina precocida gracias a “bachaqueros”.

Se expande la economía de servicios en bodegones, restaurantes, automercados, delicatessen, pastelerías, panaderías, boutiques, porque fortunas nueva o viejas, ante el riesgo de medidas confiscatorias con las que presionan a la banca internacional, traen sus divisas para invertirlas en empresas de rápido retorno. Nueva Esparta se convierte en un espacio turístico para los rusos que aprovechará Morel Rodríguez, y en Carabobo, Rafael Lacava, anuncia que Puerto Cabello será un gran centro de esparcimiento en el Caribe. Cientos de miles de jóvenes consiguen empleo y ganan en divisas, la economía crece por primera vez en siete años y tendrá un gran salto el año que vienen, pero la reacción como siempre, es un lagrimeo porque solo “algunos sectores tienen acceso a la burbuja”. Tontos y reaccionarios emprenden la campaña contra “el neoliberalismo, como el limitado economista Escaramuza, (porque no llega a Guerra) y demás como él.

Dudo que pueda definirse de burbuja, porque son inversiones reales en miles de establecimientos formales, mientras una burbuja, es un aumento de precios por obra de manejos torcidos del mercado, como ocurrió en España con los inmuebles. La mentalidad conservadora de predicadores y marxistas de folleto concibió pecaminosos que “la burbuja no llega hasta abajo”, pese al incremento del consumo popular gracias a los trabajadores de la nueva economía o, el caso, del supuesto “Starbuck” –no se diga de casinos- donde quien le diera la gana pagara Z dólares por un café. Hay que estimular este cambio de perspectiva por parte del gobierno, estimular a ciudadanos privados que traen sus capitales y actuar contra las “sanciones” para que pueda darse en el futuro una afluencia masiva con respaldo del FMI.

La era no rentista podría impulsar un modelo de desarrollo normal, basado en el trabajo y no en la renta petrolera. Pero nos persigue el eterno retorno, la necesidad de resetear y empezar de cero. Argentina fue la segunda potencia mundial y vino Perón; en Cuba de 1959, llegó el comandante y mandó a parar, y Chile, un país desarrollado, decidió jugar la ruleta rusa, como Venezuela que crecía a la misma tasa de China y escogió el Socialismo XXI. Pérez intentó salir del pantano de subdesarrollo, pero derrocaron el Gran Viraje. Parece que podríamos comenzar a salir del cuarto mundo, pero si dejamos libre a la estupidez de nuestras élites económicas, políticas, intelectuales (ya se perfilan los nuevos cabrujitas) continuaremos hacia el quinto. Según Samuel Huntington, peligro para la cohesión social son los procesos de cambio y progreso, no la miseria. Si voy en un excelente autobús y me pasa alguien en un deportivo, es posible que me corroa la envidia y piense que “él me está robando” o me escarnezca la “desigualdad”. Y para mover eso están los radicales.

@CarlosRaulHer

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Tara Parker-Pope

El nuevo desafío de Well te enseñará a modificar tus hábitos alimenticios sin hacer dieta.

Este es un propósito de Año Nuevo que puedes cumplir: dejar de hacer dieta y empezar a saborear la comida.

Puede parecer un consejo sorprendente, pero cada vez hay más pruebas científicas que sugieren que las dietas no funcionan. Las investigaciones demuestran que la restricción de alimentos solo hace que se quiera comer más. Y a largo plazo, las dietas pueden ser contraproducentes, ya que activan las defensas de supervivencia del organismo, ralentizan el metabolismo y dificultan aún más la pérdida de peso en el futuro.

Proponerse dejar de hacer dieta no significa renunciar a tener un cuerpo más sano. Pero para vencer el hábito de hacer dieta, tendrás que dejar de lado las viejas ideas de contar calorías, prohibir tus comidas favoritas y medir el éxito con un número en la báscula.

¿Cuál es la alternativa? Muchos investigadores enfocados en el peso están fomentando un nuevo enfoque de la alimentación saludable basado en la ciencia del cerebro. Una serie de técnicas que fomentan la conciencia plena de cómo comemos, la aceptación relacionada con los alimentos que queremos comer y los ejercicios de alimentación intuitiva pueden utilizarse para sofocar los antojos y remodelar nuestros hábitos de alimentación.

“Los paradigmas en torno a la fuerza de voluntad no funcionan”, afirma Judson Brewer, profesor asociado de ciencias sociales y del comportamiento en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Brown, que ha estudiado las prácticas de alimentación consciente. “Hay que empezar por saber cómo funciona la mente”.

Los argumentos contra las dietas restrictivas

Abandonar el hábito de hacer dieta en esta época del año es especialmente difícil debido al atractivo de los planes de pérdida de peso efectistas. Muchos programas y aplicaciones de dietas tratan de atraer a los usuarios con la promesa de que no promueven una dieta tradicional, solo para imponer prácticas de alimentación restrictivas una vez que te inscribes.

Traci Mann, que dirige el laboratorio de salud y alimentación de la Universidad de Minnesota, señala que, además de la decepción que supone no mantener el peso, las dietas afectan al organismo de varias formas negativas. Entre otras cosas, la alimentación restrictiva puede afectar a la memoria y a la función ejecutiva, provocar pensamientos obsesivos sobre la comida y desencadenar un aumento del cortisol, una hormona del estrés.

“Puede que te lo quites a corto plazo, pero vuelve a aparecer”, continuó Mann. “Ocurre sin importar quién seas; le pasa a la gente con gran fuerza de voluntad y a la gente con una fuerza de voluntad debilísima”.

Si todavía estás tentado a probar esa dieta de moda, considera esto: las pruebas sugieren que las dietas restrictivas y la pérdida rápida de peso pueden provocar cambios duraderos que pueden ralentizar el metabolismo, alterar las hormonas que regulan el hambre y dificultar los esfuerzos por mantener el peso. Los estudios sugieren que un cuerpo que ha perdido peso responde de forma diferente a la comida y al ejercicio que un cuerpo que no ha hecho dieta, y los músculos de una persona a dieta pueden quemar menos calorías de las esperadas durante el ejercicio. Estos cambios ayudan a explicar por qué muchas personas que hacen dietas crónicas pueden estar ingiriendo muchas menos calorías que las personas de su entorno, pero siguen sin perder peso, afirma Rudolph Leibel, profesor de medicina del Instituto de Nutrición Humana de la Universidad de Columbia.

Cómo se forman los hábitos alimenticios

Brewer, psiquiatra especializado en adicciones, ha probado una serie de prácticas de atención o conciencia plena para ayudar a las personas a dejar de fumar, disminuir la ansiedad y reducir la alimentación emocional. También ha creado una aplicación llamada Eat Right Now que emplea ejercicios de atención plena para ayudar a las personas a cambiar sus hábitos alimenticios.

Un estudio de la Universidad de Brown sobre 104 mujeres con sobrepeso descubrió que el entrenamiento de atención plena reducía en un 40 por ciento los antojos de comida. Otra revisión realizada por científicos de la Universidad de Columbia descubrió que el entrenamiento de la alimentación intuitiva y consciente a menudo daba lugar a al menos un beneficio para la salud metabólica o del corazón, como la mejora de los niveles de glucosa, la reducción del colesterol o la mejora de la presión arterial

Brewer señala que los comportamientos alimenticios, como picar papas fritas distraídamente o darse un atracón de postre, suelen ser el resultado de bucles de hábitos que se refuerzan con el tiempo.

Los bucles de hábitos pueden formarse a partir de experiencias buenas y malas, explica Brewer. El helado, por ejemplo, es algo que podemos comer durante las celebraciones. El cerebro aprende a asociar la ingesta de helado con la sensación de bienestar. Aunque el helado no tiene nada de malo, puede convertirse en un problema cuando empezamos a comerlo irreflexivamente después de un desencadenante emocional, como cuando nos sentimos estresados o enfadados. Entonces nuestro cerebro aprende que el helado también nos hace sentir bien en momentos de estrés, reforzando el bucle del hábito.

Con el tiempo, podemos desarrollar una serie de hábitos que nos llevan a comer cuando estamos aburridos, enfadados, estresados, cansados después del trabajo o incluso cuando vemos la televisión. “Lo complicado de los bucles de hábitos”, dice el Brewer, “es que cuanto más automáticos se vuelven, con el tiempo ni siquiera estás eligiendo conscientemente estas acciones”.

Brewer explicó que si se comprenden los hábitos y los factores que los desencadenan, se puede ayudar a romper el control que ejercen actualizando el cerebro con nueva información. Los ejercicios de atención plena, que te obligan a reducir la velocidad y pensar en cómo y por qué comes, pueden enseñar a tu cerebro que un alimento que te hace sentir bien no te hace sentir tan bien como recordabas. Practicar la atención plena cada vez que se busca un alimento o se decide comerlo puede interrumpir el bucle del hábito.

Prueba el Desafío Come bien

Para el Desafío Come bien, empieza a practicar la conciencia reduciendo la velocidad y pensando en lo que comes y por qué lo comes. Intenta no centrarte en la pérdida de peso, la restricción de alimentos o la eliminación de los alimentos favoritos de tu dieta. Evita etiquetar los alimentos como “buenos” o “malos”. Tu objetivo esta semana es centrarte en los sabores y texturas de los alimentos, y en cómo te sientes antes, durante y después de comer.

Puede llevar tiempo aprender a tomar conciencia de lo que comes, así que ten paciencia. En un estudio, los participantes necesitaron al menos entre diez y 15 intentos —y a muchas personas les costó 38 o más— para empezar a modificar sus hábitos alimenticios.

Aquí hay dos ejercicios sencillos del programa Eat Right Now de Brewer para empezar.

Comienza con un calentamiento antes de las comidas

Antes de cada comida, prueba este sencillo ejercicio de consciencia plena. No hay necesidad de hacer un seguimiento de lo que comes ni de restringir tu dieta. Simplemente, consulta con tu cuerpo cada vez que comas. En una escala de cero a diez, siendo cero un estómago vacío y diez un estómago incómodamente lleno, ¿cuál es tu nivel de hambre en este momento? A continuación, mira la comida, observando las texturas y los colores. Ahora huele la comida. Por último, coge el tenedor y da el primer bocado con atención. Mientras masticas, deja el tenedor y presta atención a cómo sabe y se siente la comida en tu boca. Después de varios bocados, consulta con tu cuerpo si tienes hambre o estás lleno.

Mapea tus hábitos alimenticios

Usa este ejercicio para trabajar en una conducta alimenticia que te gustaría cambiar, como picar demasiado o pedir comida rápida. Nuestros hábitos alimenticios tienen tres elementos: un desencadenante, un comportamiento y un resultado. Al trazar un mapa de tus hábitos, puedes proporcionar a tu cerebro nueva información sobre cómo te hace sentir realmente el hábito.

Comienza por elegir un comportamiento de alimentación que te gustaría cambiar. Tal vez quieras picar menos durante el día, reducir la comida para llevar o los caprichos como las galletas, las papitas fritas o los helados. Aunque no hay nada malo en disfrutar de estos alimentos, has identificado este comportamiento alimentario como problemático. ¿A qué se debe?

  • Ahora piensa en lo que desencadena este comportamiento. ¿Es una emoción, como la rabia o el estrés, o te estás recompensando con un capricho? ¿O puede ser una situación, como ver la televisión o hacer las compras cuando tienes hambre?
  • Enfócate en el resultado. Antes de comer, hazte algunas preguntas. ¿Qué voy a obtener de esto? ¿Cómo me hará sentir comer este alimento? Piensa en cómo te sentiste la última vez que lo comiste. ¿Lo disfrutaste? ¿Acabaste comiendo demasiado? ¿Te sentiste incómodamente lleno o con náuseas? ¿Te sentiste culpable después y te reprendiste por haberlo comido? Pensar en cómo te hace sentir un alimento antes, durante y después de comer actualiza la información que tiene tu cerebro sobre lo gratificante (o no) que es un alimento. Y puede ayudar a romper el control que un alimento concreto tiene sobre ti.

8 de enero 2022

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2022/01/08/espanol/desafio-come-bien.html?cam...

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Ignacio Avalos Gutiérrez

A comienzos de año es costumbre que las personas asuman una actitud reflexiva, se pongan en tono de borrón y cuenta nueva y se den a la tarea de imaginar algunos cambios en su vida, anotándolos en una listica y asumiéndolos como un compromiso: que si voy a adelgazar, aprender un idioma, buscar un nuevo trabajo y cosas por el estilo para que nos sirvan de brújula. Yo, por supuesto, hice la mía, con pocas variantes con respecto a la de comienzos del año anterior, pues hice demagogia conmigo mismo y no honré casi ninguno de mis propósitos. En consecuencia, pareció más útil dedicarme a mirar el país e imaginar cómo podría durante el año 2022 ir saliendo del atolladero que lo abruma desde hace tanto tiempo, que se ha vuelto parte del paisaje de cada quien.

La “Venezuela Invertebrada”

A comienzos del siglo pasado Unamuno publicó un libro que dejaba ver sus impresiones sobre España. Me copio el título, España Invertebrada, mas no el diagnóstico, referido a otra sociedad ubicada en un momento histórico muy lejano y por ende muy distinto. Describía allí el filósofo vasco una sociedad “disociada”.

Creo que, guardando las enormes distancias con su texto, la sensación que a uno le deja nuestro país es la de una “Venezuela Invertebrada”, vale decir rota, mal cosida, desarticulada, anómica, así como la fragmentación del poder desde el punto de vista territorial, hecho que lesiona gravemente su condición como nación.

Por otro lado, no es necesario apelar a estudios y estadísticas para enterarnos de la dimensión de nuestros problemas, puesto que la fotografía la tenemos a la mano y nos la sabemos de memoria, además de que es un tatuaje que nos va quedando en la piel. Más allá de la pandemia y de las consecuencias que ha traído consigo a lo largo de casi dos años, las difíciles circunstancias por las que atraviesa hoy en día nuestra sociedad no son, ni de lejos, su principal causa y por tanto no desaparecerán cuando el microscópico patógeno deje a un lado la manía de disfrazarse con una nueva cepa y desaparezca. Lo que sí ha hecho el animalito es ubicar en la vitrina una crisis que no deja un hueso sano en ninguno de los ámbitos de nuestra sociedad, volviéndola intranquila, angustiosa, incierta, acalorada y cuya causa fundamental es un conflicto político que deriva precisamente, del abandono de la política.

Apelar a la política

Escribió el citado Unamuno que lo que define una nación es un proyecto sugestivo de vida en común; los grupos nacionales, añade, «no conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo». En el marco de esta concepción podría decirse que se trata de tener conciencia de un propósito acordado colectivamente y del esfuerzo diario de todos para transitar una ruta que permita alcanzarlo.

En Venezuela soplan vientos adversos para las conversas sosegadas, para las reflexiones sensatas que abran el espacio a la construcción de una convivencia pacífica. La polarización extrema exacerba las diferencias e imposibilita la discusión razonada y de buena fe. Nuestros líderes, con pocas excepciones, piensan desde el obligo de sus intereses. Y desde allí no se puede hablar para proyectar una agenda a partir de la gente, de sus problemas, de sus aspiraciones, de sus derechos y que le dé sentido a su realidad, dentro del marco de la humanización de la política. Hay, pues, que recuperar la palabra, extraviada desde hace demasiado tiempo. El diálogo debiera marcar el temperamento de nuestra sociedad.

La urgente necesidad de acudir a la política se debe, también, a las transformaciones que tejen la época actual, hasta ahora comprensiblemente soslayadas en Venezuela por los apremios que emergen de la cotidianidad nacional. En efecto, el futuro empieza a dejarse ver de la mano de cambios tecnológicos que están transformando radicalmente todos los escenarios de la vida humana, sin que aún contemos con los códigos necesarios para entenderlos y regularlos. En suma, aún no contamos con nuevas maneras para pensar lo nuevo.

El político es un ámbito que hay que repensar y repoblar. La inteligencia artificial, los algoritmos, la robótica y los datos amenazan con despolitizar la política. Algunos textos despuntan la existencia del Ciberleviatán. De ello hablaré en una próxima ocasión, así como de las importantes iniciativas que se están tomando con el fin de cerrarle el paso.

8 de enero 2022

El Nacional

https://www.elnacional.com/opinion/2022-repoblar-la-politica/

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