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Opinión

​José E. Rodríguez Rojas

El gobierno vive en un recule permanente. El último tiene que ver con la hiperinflación, después de oxigenarla durante varios años, ha decidido controlarla. A tal fin se ha propuesto reducir el exceso de bolívares circulando en la calle, para lo cual está pagando sus compromisos en dólares y llevando a cabo un recorte draconiano del gasto público, negándose a aumentar los salarios y pensiones. Esta política se prolongará en el año 2022.

El régimen viene desde hace varios años en un recule en lo que a su política económica se refiere. El primero de importancia fue la renuncia a la implementación del Socialismo del Siglo XXI heredado de Chávez. Se trataba de implementar un socialismo estatista basado en la implantación de controles de precios, del tipo de cambio y de los salarios. Al final decidió, en el año 2019, desmontar los controles y que las fuerzas del mercado se encargaran de fijar los precios

El segundo recule de importancia tuvo que ver con la dolarización. La dolarización surgió como una respuesta de los agentes económicos a la hiperinflación, tratando de proteger sus ahorros y activos, utilizando el dólar como refugio. El régimen en las primeras de cambio cuestionó la dolarización tildando al dólar de criminal y presentando a la divisa como un instrumento del imperio. Al final terminó aceptando la dolarización y adaptándose a ésta como todos.

El último recule importante ha sido el que tiene que ver con la hiperinflación. El año 2021 ha sido un punto de inflexión. El régimen ha dejado de recurrir a la emisión de dinero por parte del Banco Central de Venezuela para financiar su gasto, cosa que hizo en años previos y fue el factor que derivó en la hiperinflación que padecemos desde finales del 2017. El gobierno está obsesionado en la tarea de controlar el flagelo y aspira presentarlo como un triunfo de su política económica el próximo año. Ha terminado por aceptar que la inflación es impulsada por el exceso de bolívares circulando en las calles y se ha propuesto reducirlo.

Una de las cosas que está haciendo, con el propósito mencionado, es utilizar la mejora en los ingresos como, el petrolero, para pagar sus compromisos en divisas y no en bolívares, como solía hacerlo. Lo que se complementa con la otra política de intervenir el mercado cambiario para quitarle presión al alza del dólar. Estas acciones orientadas a estabilizar los precios continuarán en el primer trimestre del 2022, cuando se espera que Venezuela salga del proceso hiperinflacionario. La estrategia parece estar dando resultados pues se estima que la inflación termine el 2021 ligeramente por debajo del 1.000% y en el 2022 por debajo de 300% (Tal Cual. 2021).

Un segundo aspecto de su estrategia anti inflacionaria es realizar un recorte draconiano del gasto público, lo que se ve reflejado en su negativa a realizar aumentos de los salarios al mismo ritmo que venía haciéndolo en años previos. Al respecto señala Asdrúbal Oliveros Director de la empresa consultora Ecoanalítica “Esto los ha llevado a una ejecución del gasto que es muy loable desde el punto de vista económico, pero que desde la perspectiva social es terrible”. En lo que va de año el gobierno no ha aumentado los salarios ni pensiones con todo lo que ello implica en términos de la miseria en que viven los empleados públicos en el país” (El Diario. 2021).

Concluye Oliveros que: “No existen indicios que permitan prever una mejora en términos del ingreso que perciben mensualmente (los que devengan) un sueldo mínimo pues a la Administración no le interesa aumentar la cantidad de bolívares en la calle, al menos hasta mediados del primer semestre del 2022. Esto supone un oscuro panorama para un importante sector del país cuyos ingresos se diluyen mes a mes” (El Diario. 2021).

Desafortunadamente continuaremos viendo a los trabajadores del Estado como los que laboran en las instituciones educativas, haciendo malabarismos para sobrevivir. Elaborando tortas y “matando tigres” de todo tipo para compensar su miserable ingreso. En consecuencia el ausentismo en las instituciones educativas proseguirá y se profundizará así como las dificultades para reiniciar actividades, las cuales provendrán no solo de la pandemia sino del deterioro de la infraestructura y de los precarios ingresos devengados por maestros y profesores.

Referencias:

El Diario. 2021. Asdrúbal Oliveros: “Pasamos de ser una economía en caída libre a una estancada que se estabiliza en el foso”. 2 de diciembre.

Tal Cual. 2021. Venezuela saldrá de la hiperinflación, pero deja un alto costo de la vida en dólares. 4 de diciembre.

Profesor UCV

 3 min


Humberto García Larralde

Chávez entendía muy poco de economía. Al comienzo, lo acompañaron algunos que sí dominaban la disciplina, pero, o bien no supieron convencer al caudillo de sus implicaciones o, aprovechándose de la disolución de normas que aquél fue imponiendo, optaron por llenarse los bolsillos. Quizás la única decisión certera del iluminado fue conservar a Maritza Izaguirre al frente del ministerio de Hacienda durante su primer año y medio de gestión. Pero sus ansias desbocadas de poder –procuraba controlarlo todo—pronto anularon cualquier intento de conducir con sensatez los asuntos económicos.

Sin embargo, a la vuelta de pocos años, los dioses de la fortuna lo compensaron con creces. Los precios del crudo en los mercados internacionales subieron a niveles estratosféricos, liberándolo de tener que prestar atención a distracciones tan mundanas como velar por la eficiencia en el uso de los recursos: interferían su tarea trascendental de redimir al “Pueblo”. Bajo la consigna, “Ahora PdVSA es nuestro”, procedió a repartir las enormes rentas captadas en los mercados internacionales, inventando diversas misiones. Entre 2003 y 2012, dispuso de rentas petroleras que superaron los USD 400 millardos, más de cuatro veces la cantidad de que disfrutaron conjuntamente los gobiernos de CAP y LHC. Ojo, no me refiero al total de los ingresos por exportación, sino a las ganancias extraordinarias obtenidas, una vez deducidos los costos de producción del crudo, incluyendo una ganancia normal, es decir, a la renta propiamente dicha. El consumo privado por habitante aumentó en más de un 50% durante estos diez años de reparto chavista. El sello socialista lo completaron los controles de precio, de tipo de cambio, las regulaciones diversas y confiscaciones al sector privado.

Como resultado, fueron acentuándose, progresivamente, distorsiones a nivel microeconómico: las empresas difícilmente podían competir con los controles de precio, una moneda sobrevaluada y un cúmulo de regulaciones que cercenaban sus iniciativas, amén de las extorsiones de “revolucionarios” que vigilaban por su “buen comportamiento”. Surgieron desabastecimientos cada vez mayores y presiones al alza de los precios. Pero mientras Chávez destruía internamente a las fuerzas productivas, los dioses le seguían sonriendo. En 2012, la bonanza petrolera le permitió importar unos USD 88 millardos en bienes y servicios para suplir las insuficiencias domésticas. Y, como era año electoral, había que botar la casa por la ventana para asegurar la victoria, como reconocería luego su sempiterno ministro de Cordiplan, Jorge Giordani. El déficit público llegaría a frisar el 18% del PIB ese año.

Bajo su sucesor, los desequilibrios macroeconómicos se hicieron cada vez más patentes. Déficits públicos sostenidos, por encima del 10% del PIB, se asociaron a un fuerte déficit externo, una vez que se revirtiera, abruptamente, la tendencia al alza de los precios del petróleo. Maduro, quizás aun más ignorante que su mentor en materia económica, intentó continuar con el libreto del socialismo de reparto. Pero esto implicaba atender, cada vez más, los apetitos de las mafias, militares y civiles, que se habían enseñoreado de los engranajes del Estado en la medida en que se desmantelaban las instituciones y se obstruía el accionar de las fuerzas del mercado. Habían descubierto oro en el caldo de cultivo de corruptelas provocado por las regulaciones excesivas, los controles de precio, el racionamiento de divisas “baratas”, la ausencia de rendición de cuentas y de transparencia en la gestión pública, las operaciones dolosas con entes del Estado y el tráfico de estupefacientes. En particular, continuó la depredación del flujo de caja de PdVSA, como si continuaran los años de bonanza, provocando, sobre todo bajo gestión militar, graves deterioros en los niveles de producción y de refinación petrolera.

En 2013 la economía entró en caída libre. Ocho años después, aun no se ha revertido. Estimaciones serias –el BCV no publica cifras sobre el desempeño de la economía real y la balanza de pagos desde 2018—sitúan el valor del PIB al cierre de 2021 en apenas la quinta parte del de 2013. Los niveles de pobreza asociados convirtieron a Venezuela en el país más pobre de América Latina, junto a Haití.

El ajuste de Maduro ante los desequilibrios generados (de la gestión pública y del sector externo) fue, inicialmente, reducir drásticamente el monto de las importaciones para generar los excedentes con los cuales cancelar las abultadas cuotas de deuda que vencían --por encima de los ocho millardos de dólares a partir de 2017-- con la ilusión de mantener el crédito externo, y, por otro lado, financiar el déficit público con emisión monetaria del BCV, dada la destrucción de las bases de la tributación doméstica y petrolera. Con depresión tan drástica del consumo (importaciones reducidas e hiperinflación provocada) descargó íntegramente el costo del ajuste sobre los hombros de los venezolanos no enchufados.

No es menester insistir en los indicadores de miseria generados para comprender la magnitud de la tragedia resultante. Todos estamos conscientes de ella, incluidos los chavomaduristas. Como ya no sirven las monsergas “revolucionarias” para salirse del paso, se han visto obligados a liberar el tipo de cambio y los controles de precio, permitir la dolarización de las transacciones domésticas, desprenderse de activos públicos con su “Ley Antibloqueo" y ofrecer algunos incentivos. Pero esta pretendida “normalización” en el fondo de un foso tan profundo, no descansa en la restitución plena de las garantías económicas --¡mucho menos, de las civiles y políticas!, ni en la transparencia de la gestión pública.

Los ajustes monetaristas clásicos para abatir la inflación y los déficits externos suelen afincarse en la reducción de la oferta de medios de pago, en vez de la demanda por dinero. Ha llegado a representar una especie de Santo Grial para ciertos proponentes neoliberales. Sucede que tal “remedio” puede ameritarse cuando las economías funcionan a pleno empleo y tiene sentido “enfriar” la dinámica que ha provocado los desbordamientos monetarios. Venezuela se encuentra, actualmente, en el polo opuesto de esta situación. Requiere, por el contrario, dinamizar su economía, profundizando sus transacciones –inversiones, contrataciones, empleo, financiamiento—, de manera de aumentar la demanda por dinero, “re-monetizándola”, para absorber los medios de pago que actualmente se fugan hacia la compra de divisas y/o presionan al alza de precios de una oferta sumamente disminuida de bienes y servicios.

Pero dinamizar la economía venezolana requiere restaurar el ordenamiento constitucional, con sus garantías civiles, políticas y económicas, negociar un fuerte financiamiento internacional asociado a un programa consistente de estabilización macroeconómica, incluyendo la reestructuración de la deuda, y restituir la transparencia y la rendición de cuentas de la gestión pública, en el marco de profundas reformas que rescaten la capacidad de producir los bienes públicos que tanto hacen falta.

Lo anterior, empero, significa acabar con el barullo que ha servido de caldo de cultivo para las fortunas mal habidas de las mafias atrincheradas en el poder. Las alianzas entre éstas dan sustento al régimen fascista. Maduro, por tanto, ha preferido el ajuste neoliberal: reducir al máximo el gasto público real y, con ello, la necesidad de financiamiento monetario de los déficits, y ahogar la demanda de divisas con encajes prohibitivos a la banca nacional. Implica deprimir aún más las remuneraciones reales a los empleados del Estado, menos recursos para mantener los servicios públicos y reducir el financiamiento bancario hasta hacerlo prácticamente desaparecer. Y, efectivamente, se está “domando”, muy dolorosamente, la hiperinflación. Lo demás es dar rienda suelta al capitalismo salvaje que ha permitido arrasar Guayana con la minería de oro, diamantes, coltán y otros, aupar traficantes al estilo de Alex Saab y acabar con los resguardos que podían constreñir la dedicación de las divisas generadas en montar “bodegones”.

La débil reanimación ocurrida de algunas exportaciones e industrias en este contexto no es lo que define la supuesta “normalización” de Maduro. No nos confundamos. Sus prioridades son otras.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 6 min


Joaquín Villalobos

El populismo chavista es el caso más emblemático para generar miedo en la política continental. Sectores de la oposición venezolana sostienen que si les pasó a ellos le puede pasar a cualquiera. Pero esta es una falsa premisa, Chávez logró controlar todo el poder, en gran parte, producto de errores de estrategia de empresarios y sectores de la oposición política. La intolerancia frente a la popularidad de un mulato que no pertenecía a las élites convirtió la prisa por sacarlo del poder en una enfermedad endémica de los opositores. Mientras otros países con similar amenaza han contenido o tenido progresos contra el populismo, Venezuela sigue empeorando. La oposición venezolana no tuvo paciencia, ni sentido de gradualidad. Se aferraron a una estrategia de corto plazo con la idea del todo o nada que los ha mantenido 22 años corriendo sin llegar a nada.

Por años, quienes hemos seguido a la oposición venezolana, nos concentramos en su condición de víctima y muy poco en dimensionar el grave impacto que han tenido sus propios errores. Conocer esos errores es la lección más importante para el resto del continente. En el 2001, cuando Chávez tenía menos de dos años de Gobierno, los empresarios decretaron un paro cívico que fue seguido de un intento de golpe de Estado en abril de 2002. El golpe fue encabezado por Pedro Carmona, presidente de las cámaras empresariales. En diciembre de ese mismo año iniciaron una huelga en la empresa petrolera PDVSA que terminó en febrero del 2003 con más de 18.000 despidos; en agosto del 2004 convocaron a un revocatorio que perdieron. En el 2005 se retiraron de las elecciones legislativas, a pesar de tener el 40% del voto. El intento de golpe militar y la huelga en PDVSA dejó a los opositores sin influencia en las Fuerzas Armadas y en la producción petrolera. El revocatorio fue una reafirmación del mandato de Chávez y el retiro de las elecciones le regaló al chavismo el control total del Poder Judicial, el Consejo Electoral y la Fiscalía.

Con alta popularidad, los militares de su lado, mucho dinero y todas las instituciones en sus manos, Hugo Chávez pudo hacer lo que le dio la gana frente a una oposición débil y fragmentada. Se reeligió así con el 62% del voto en el 2006. En este contexto, a partir del 2007, no antes, ocurrió la ocupación cubana y nació el socialismo del siglo XXI que era mitad marxismo nostálgico y mitad venganza contra los empresarios y medios de comunicación que habían tratado de derrocar a Chávez en su primer gobierno. En Venezuela, a diferencia de Cuba, la propiedad privada nunca ha desaparecido totalmente y las expropiaciones a la escala del chavismo no se repitieron en los gobiernos populistas de Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Nunca hubo un proyecto anticapitalista claro, pero si una lucha brutal entre el gobierno y el sector privado que dejó a los empresarios derrotados y la planta productiva desmantelada. Es decir que jamás debieron los empresarios venezolanos liderar la lucha política contra Chávez. Es más difícil un cambio con una economía destrozada que con una economía que sigue funcionando. Las crisis de sobrevivencia inmovilizan a la gente y las crisis de expectativas las motivan mejorar. Lo paradójico es que ahora Maduro está tratando de restablecer el capitalismo.

Los errores señalados contribuyeron a que el chavismo se victimizara, radicalizara y fortaleciera. Es irrelevante argumentar que Chávez ya tenía planes para concentrar el poder y quedarse gobernando para siempre, porque eso no justifica anticiparse. El populista Donald Trump tampoco quería irse y Jair Bolsonaro ha dicho que su futuro es: “victoria, cárcel o muerte”. Muchos presidentes de izquierda o derecha les encantaría concentrar poder, pero el funcionamiento de las instituciones se los impide, aunque sean muy populares. La independencia de poderes y la neutralidad de las Fuerzas Armadas son por ello cruciales y esto fue lo que perdió la oposición venezolana en solo cinco años. La popularidad de los populistas se degrada lentamente, incluso si su gobierno es un desastre, porque son una consecuencia del colapso moral de la política. La gente está enojada y tarda en reconocer que está siendo engañada.

El populismo es una venganza, nace de la polarización, se considera víctima, niega el diálogo, divide a la sociedad en buenos y malos, fomenta el conflicto y considera que quienes piensan diferente deberían desaparecer. Es un error enfrentarlo con sus mismas ideas y en la cancha donde es fuerte victimizándolo, polarizando y dividiendo más a la sociedad. Eso hicieron los venezolanos y cayeron en un circulo vicioso de deseo de venganza y miedo a la venganza que ahora dificulta que unos dejen el poder y que los otros pueden acceder a este. Es un error pensar que sería mejor si quienes creen en el populismo desaparecieran porque la solución es incluir a todos para acabar con la confrontación-polarización.

Latinoamérica continúa siendo la región del mundo en desarrollo con mayores progresos democráticos. Las instituciones que se crearon en la transición durante el siglo pasado son imperfectas, pero están funcionando para contener pretensiones populistas autoritarias. Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia llegaron a tener el 60% del voto. En Ecuador el correísmo ha sido derrotado dos veces, la primera por su propio partido y la segunda por la oposición que ahora gobierna el país. En Bolivia los opositores derrotaron la reelección de Morales, son la mitad del poder y evitaron que se aprobara una ley impopular. En Argentina el populismo “kirchnerista” ha sufrido dos derrotas electorales y lo más probable es que pierda el poder en el 2023. Bolsonaro seguro perderá la elección en el 2022. Hubo pánico en Perú por la elección altamente polarizada que ganó el izquierdista Pedro Castillo, pero los contrapesos lo están empujando al centro. El miedo se está trasladando ahora a Chile que igual elegirá presidente bajo fuerte polarización. Las posibilidades de un gobernante de concentrar poder son directamente proporcionales a la debilidad de las instituciones y Chile es un país con instituciones fuertes. Algo similar puede decirse sobre las elecciones de Colombia el próximo año.

En Honduras los militares derrocaron en el 2009 al izquierdista Manuel Zelaya por populista y chavista. El resultado fue un gobierno de derecha corrupto, autoritario, vinculado al narcotráfico. Doce años después la esposa de Zelaya, Xiomara Castro, ganó las elecciones. Al populismo es mejor sudarlo, tener paciencia, evitar la tentación de los iluminados que no saben esperar y tratan de corregir el error del voto popular a toda costa. A los pueblos no se les enseña, ellos aprenden. No se trata de derrotar un enemigo, sino de restablecer la tolerancia, la convivencia y reunificar al país. Esto puede parecer lento y difícil, pero es el único camino para avanzar en madurez democrática. La oposición venezolana corrió, se tropezó y cayó en un agujero del que no termina de salir. En este tema vale lo que sabiamente dijo José Alfredo Jiménez “no se trata de llegar primero, sino de saber llegar”.

13 de diciembre 2021

El País

https://elpais.com/opinion/2021-12-13/el-populismo-hay-que-sudarlo.html

 5 min


Jesús Elorza G.

Los Juegos Panamericanos son el evento deportivo más importante de América, justas que se realizan cada cuatro años desde 1951. Santiago de Cali fue sede de los juegos en 1971.

De estas justas nacen los I Juegos Panamericanos Juveniles, que se realizaron por primera vez este año 2021 en Santiago de Cali del 25 de noviembre al 5 de diciembre de 2021, donde participaron atletas entre los 18 y 21 años, en 28 deportes divididos en 42 disciplinas. El objetivo de los mismos es impulsar a las nuevas generaciones, así como visibilizar nuevos talentos y apoyar el desarrollo del deporte en las categorías juveniles, mejorando la inversión de los diferentes países en jóvenes deportistas, a través de su participación en eventos de alto alcance.

Una delegación integrada por poco más de 200 atletas en 33 disciplinas representó a nuestro país en los referidos juegos. El desempeño de nuestros atletas en los juegos de Cali, estuvo rodeado de una serie de factores que marcadamente influyeron en los resultados finales. A medida que se iban desarrollando las diferentes competencias, fuimos testigos de la entrega total de nuestros deportistas tratando de alcanzar los triunfos en sus diferentes especialidades. Ganamos y perdimos, pero en su conjunto quedo plasmado el esfuerzo y la dignidad de nuestros representantes por dar lo mejor de cada uno de ellos. En el balance de los resultados, con las 36 medallas obtenidas, 7 de oro, 8 de plata y 21 de bronce, pasamos a ocupar el puesto número 11 en la clasificación general.

El cuadro final de medallas, reflejo una demoledora realidad del estado actual del deporte en el país. Colombia, a quien hasta el año 2013 habíamos superado en todos los eventos del ciclo olímpico (Juegos Bolivarianos, Centroamericanos, Panamericanos y Olímpicos) nos superó por 109 medallas (145 contra 36). Otros países a los que también superábamos en competencias internacionales quedaron por encima en la clasificación final de estos juegos: Ecuador con 53 medallas, Chile con 58, Puerto Rico y Uruguay con 8 medallas de Oro alcanzaron los puestos 7, 8. 9 y 10, quedando Venezuela inmediatamente detrás de ellos.

Más allá, del análisis estadístico, es importante determinar las causas que han generado este retroceso en el nivel competitivo de nuestro deporte. Factores sociales, económicos, políticos, éticos, morales y laborales han sido señalados por los atletas, entrenadores y dirigentes deportivos, como los causantes principales de la crisis del deporte venezolano. Entre otros y a manera de síntesis, pudiera decirse que los 22 años del régimen chavista (1999-2020), se han caracterizado por los siguientes elementos:

  • una constante violación de la autonomía de las Federaciones Deportivas y del Comité Olímpico,
  • el encubrimiento de los ilícitos ocurridos con todo lo relacionado al transporte, alimentación y viáticos de las delegaciones que representan al país en eventos internacionales,
  • el leonino convenio para traer 10,000 "entrenadores cubanos",
  • la no transparencia en el manejo de los cuantiosos recursos económicos del Fondo Nacional del Deporte,
  • la estafa continuada con la solicitud de divisas a Cadivi,
  • el encubrimiento de los ilícitos ocurridos con la construcción de las instalaciones deportivas para los Juegos Nacionales o para eventos internacionales como lo fue el caso del Estadio Iberoamericano de Atletismo en Maracay,
  • el grave y progresivo deterioro y abandono en que se encuentra mas del 80% de nuestras instalaciones deportivas, lo cual ha generado el alejamiento de las comunidades y población en general de las mismas, consolidándose, además, serias restricciones para el desarrollo del deporte de rendimiento por carecerse de instalaciones adecuadas, ​
  • la carencia de recursos económicos para los Programas Operativos Anuales de las Federaciones Deportivas,
  • la seguridad social de los trabajadores del sector deportivo obreros, empleados y entrenadores activos y jubilados ha empeorado progresivamente, los contratos colectivos están congelados desde el año 2000, los salarios son de hambre, no se les reconoce la homologación de las pensiones y jubilaciones, se mantiene cerrada la Escuela de Entrenadores, los seguros HCM que por sus pírricas coberturas, prácticamente los mantienen en condiciones de “condenados a muerte",
  • la suspensión de los Juegos Deportivos Nacionales desde el año 2013 dejo a nuestra juventud sin la posibilidad de competir en el evento de mayor trascendencia para la conformación de nuestro potencial competitivo para los ciclos olímpicos. Reflejo o efecto negativo de esta incompetencia gubernamental son los resultados del Panamericano Juvenil.
  • en el sector deportivo, quienes han pasado por los cargos administrativos: Ministerio del Deporte, Presidencia del Instituto Nacional de Deporte y Comité Olímpico Venezolano han implantado y desarrollado una política que bien podemos caracterizarla como “El saqueo de los recursos presupuestarios y el control totalitario del sector deportivo”. ​

Si bien es cierto que el balance de medallas en los panamericanos juveniles no fue el mejor, no menos cierto es el hecho de la incapacidad e incompetencia de las autoridades deportivas y gubernamentales que en su afán de lucro y el uso demagógico del deporte han generado la grave y profunda crisis de este en el país. Solo con la sustitución de este régimen se podrá comenzar a recorrer el camino de “Un Deporte Mejor en Una Sociedad Mejor”.

 3 min


Oswaldo Álvarez Paz

DESDE EL PUENTE

Venezuela camina de mal hacia peor debido a la calculada política socialistacomunistoide del régimen que en mala hora controla la vida pública de la República. Más de dos décadas es tiempo suficiente para saber a qué atenernos. No está en desarrollo ninguna política que en lo social, en lo económico o en lo político camine en la dirección correcta para detener la desintegración del país. Llegó la hora de ponerle punto final a este desastre.

Hace unos meses La Conferencia Episcopal Venezolana planteó la refundación del país como un necesario objetivo. Queda en manos de la dirigencia definir la ruta y establecer los objetivos inmediatos. También a mediano y largo plazo.

A conciencia de ser repetitivo, diremos que es indispensable el cese de la usurpación, es decir, la salida de Nicolás Maduro y el combo que lo rodea, de las posiciones que detentan. Mientras estén será imposible alcanzar el propósito señalado. Necesitamos de la honesta unificación de todas las fuerzas y tendencias que se oponen al régimen dejando de lado las desviaciones electoralistas que el régimen estimula, la candidaturitis crónica de unos cuantos y la tendencia de algunos a la convivencia con el régimen. No incluyo en este esquema a los llamados alacranes. Tampoco a unos cuantos infiltrados del régimen en el campo honestamente opositor. Ya están bastante identificados por lo que su exclusión es necesaria en lo inmediato.

No sabemos qué pasará en Barinas el próximo 9 de enero. Lo sucedido hasta ahora confirma todo lo que estamos señalando con relación a lo electoral. Sin embargo aspiramos a que el candidato de la oposición pueda derrotar a los varios candidatos del oficialismo, especialmente a los inscritos violando normas elementales contenidas en nuestra estructura legal. De concretarse la recuperación de Barinas será un paso largo hacia la liberación nacional y una derrota aparatosa al régimen. Barinas no es un estado cualquiera. Su significado histórico y político por su vinculación al chavismo, trasciende lo normal. En la coyuntura actual y por vía excepcional llamamos a votar en la dirección correcta.

Por otra parte, con relación a los caminos a seguir están sobre el tapete dos posibilidades. Una la del referéndum revocatorio la cual, sin entrar en detalles, me parece insuficiente y poco probable debido al control del régimen de los organismos electorales, judiciales y ejecutivos del país. No se trata de revocar a un solo hombre, sino de liquidar integralmente un sistema perverso y dañino.

La otra es la convocatoria y desarrollo de un proceso constituyente originario, al margen del régimen, de iniciativa popular e independiente sobre la base del principio democrático y constitucional de que la Soberanía reside en el Pueblo quien puede ejercerla directamente de manera originaria. Es la vía.

Lunes, 13 de diciembre de 2021

oalvarezpaz@gmail.com

@osalpaz https;//alvarezpaz.blogspot.com

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Eddie A. Ramírez S.

Hoy, hace 99 años se produjo el reventón del pozo Barroso número 2. Un reventón es la salida de un chorro de petróleo por la presión interna del pozo, la cual era difícil de controlar con las tecnologías disponibles en los años iniciales de la explotación del producto que cambió a Venezuela. Ese chorro embarró o embadurnó durante varios días a los habitantes de una aldea llamada Cabimas. Ya no se producen reventones, pero cabe preguntarnos si los miles de pozos perforados embarraron al país y a gran parte de los venezolanos.

Cegados por el petróleo: Creímos que éramos ricos porque teníamos grandes ingresos que permitieron a una parte de la población vivir sin preocuparse por la producción y productividad de otros rubros y, mucho menos, por los principios y valores. Promovimos un Estado fuerte, dueño de vidas y haciendas. Para sobrevivir, el ciudadano tiene que recostarse, humillarse ante el mismo o bien intentar apoderarse del gobierno para controlar las estructuras de ese Leviatán. Esto último es la razón de ser de los políticos. Una de nuestras desgracias es que, cuando han llegado al poder, no le han cortado las patas al monstruo, sino que, con buena o mala intención, lo han puesto al servicio de lo que consideran es conveniente.

Los adoradores del Estado: Han tenido la tendencia a poner obstáculos a las iniciativas privadas. La primera extracción mecánica de petróleo, destilación de kerosén y su exportación la inició un grupo de emprendedores tachirenses encabezados por Manuel Antonio Pulido y Pedro Rafael Rincones, en 1878. El Estado no apoyó la iniciativa de la Petrolia del Táchira. Por el contrario, no renovó la concesión a sus herederos. Años después, cuando en 1976 se estatizó la industria petrolera, fueron eliminadas las empresas petroleras privadas venezolanas Talón y Mito Juan.

A pocos les interesa competir por la presidencia de una junta de condominio, en la que hay muchos sinsabores y pocas gratificaciones. Sí es atractivo luchar por la presidencia de la república o por un cargo importante en un país que tiene infinidad de empresas del Estado. Las abejas, insectos laboriosos que trabajan en equipo, abundan en países donde el Estado no posee empresas, ni la discrecionalidad para otorgar contratos. En casos contrarios, abundan los alacranes. En Venezuela, un cierto número de ciudadanos incursiona en política como medio para elevar su nivel de vida, frecuentemente por caminos tortuosos.

Lo anterior pareciera evidente, pero el petróleo nos dificulta percibirlo. Chávez-Maduro han llevado el extremo el estatismo para ejercer un mayor control sobre la población. Del lado de la dirigencia democrática, con excepción de María Corina, da la impresión de que la mayoría no tiene una oferta diferente. Por lo general se tilda de antipolíticos a quienes han hecho estas observaciones. Un caso relevante han sido las injustas descalificaciones a Uslar Pietri.

Trabas para lograr acuerdos: Ese petróleo, es decir los ingresos por su exportación, nos ha dificultado ponernos de acuerdo sobre lo que debemos hacer y el cómo hacerlo. Todavía no nos percatamos que esos montos ya no son suficientes para atender nuestras crecientes necesidades. Es utópico pensar que, cuando salgamos de este régimen, bastará realizar una elección primaria para elegir al candidato de la democracia. Si no queremos volver a las andades, será necesario un pacto político de gobernabilidad a largo plazo que establezca la privatización de las empresas del Estado, así como enmendar la Constitución para garantizar la descentralización y eliminar la reelección presidencial.

Mensajes con destino: Si aceptamos lo anterior, probablemente disminuirán las luchas sucias por alcanzar el poder y muchos abrirán los ojos. Cabe recordar algunos refranes. Los Claudios se darán cuenta que honra y dinero mal habido, no caminan por el mismo sendero. Los Borges entenderán que no es beneficioso tener la cruz en el pecho y el diablo en los hechos. Los Ramos se percatarán que retirarse a tiempo no es huir. Las María Corinas percibirán que del dicho al hecho hay un lago trecho y que quien no oye consejos, no llega a viejo. Los Capriles descubrirán que con la vara que midas serás medido. Los Leopoldos advertirán que no por mucho madrugar, amanece más temprano. Los alacranes tenderán a desaparecer por aduladores, engañadores, y al cabo traidores.

En el pasado, el ingreso petrolero permitió construir aceleradamente la infraestructura del país y formar buenos profesionales. Fallamos en formar buenos ciudadanos, en establecer instituciones sólidas, en eliminar el presidencialismo, el centralismo y el estatismo. Estas grietas no permitieron la reducción de la pobreza y de la desigualdad, y dieron paso al régimen corrupto, inepto y violador de los derechos humanos que rige de facto desde hace varios años. El petróleo tiene todavía algún tiempo para contribuir parcialmente a nuestro desarrollo. Ojalá no nos sigamos embarrando y, por lo pronto, que nuestros diputados prorroguen el Estatuto de Transición y ratifiquen a Guaidó como presidente interino

Como (había) en botica:

Esa excelente colonia italiana que vino a esta otrora Tierra de Gracia nos aportó a un distinguido venezolano. Don Armando Scannone nos proporcionó no solo magníficas recetas de cocina, sino ejemplo de buen ciudadano y gran caballero. Cuando la Gente del Petróleo estábamos en la lucha por la meritocracia, tuvo la amabilidad de invitarnos a un almuerzo en su casa. Que descanse en paz.

Felicitaciones al colega ingeniero agrónomo Ramón Bracho, electo alcalde del Municipio Baralt. También a Rafel Uzcátegui, director de Provea, por el premio franco-alemán de derechos humanos. Igualmente al diputado Carlos Paparoni, premio Campeones anticorrupción otorgado por Estados Unidos.

Lamentamos el fallecimiento de Víctor García y de Freddy Jiménez, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exilados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Asdrúbal Oliveros

Luego de un 2020 de fuertes choques estructurales externos e internos para la economía venezolana, 2021 se presentaba como una oportunidad para iniciar un cambio de tendencia macroeconómica del país y empezar a construir una nueva narrativa, al menos parcialmente, luego de siete años de durísima contracción económica que dejó a la economía en apenas una quinta parte de su tamaño respecto a 2013.

Pero esta nueva narrativa es solo posible sobre la base del cambio de paradigmas a lo interno del gobierno, que pasó de una visión sumamente dogmática socialista del manejo económico a una más pragmática, como evidencian los cambios que ha acumulado en los dos últimos años [1], que más que por convicción, son provocados por una caída de más del 80% de los ingresos fiscales del gobierno desde 2013. Con el cambio de paradigmas afianzado, 2022 parece dispuesto a facilitar el cambio de tendencia en tres variables claves que seguimos desde Ecoanalítica: crecimiento económico, inflación y encarecimiento del costo de la vida en dólares.

Se estanca la caída y repunte del PIB privado

Basado en este escenario de mayor pragmatismo en el manejo de la administración pública, desde Ecoanalítica hemos proyectado para cierre de año una contracción de apenas 0,5 %, lo que representa un notorio cambio respecto al desempeño de los últimos anos, y confirma que la economía nacional finalmente da los primeros pasos para mostrar un crecimiento positivo, algo que no ocurre desde finales del año 2013 cuando el PIB creció 1 %. En este sentido las estadísticas reflejan que durante 2021 Venezuela entró en un periodo de estancamiento en el que se frenó la caída libre por la que pasó durante los últimos años.

De hecho, si consideramos algunos de los elementos que destacan en esta estabilización de las cifras de crecimiento, debemos hablar de indicadores que por primera vez desde 2013 muestran un resultado positivo, como es el caso del PIB del sector privado cuyo crecimiento esperamos por el orden del 3.1%, con un peso de acuerdo a la última data del Banco Central, del 46.4% de la economía venezolana. Sin embargo, y buena parte lo que explica el resultado agregado ligeramente negativo de este año, el PIB del Sector Público (pesa 45.2% del PIB) repite su octavo año de contracción al proyectar una caída interanual de 5,4%.

En este sentido, algunos elementos claves que han permitido un mayor dinamismo de la actividad comercial en 2021 han sido la maduración de la dolarización en alrededor de dos tercios de las transacciones de bienes y servicios en la economía; una leve mejora del flujo de caja del gobierno debido al repunte de precios del petróleo por un contexto global que ha presionado al alza los precios en el mercado de commodities y una mayor diversificación de ingresos; un creciente peso de los recursos provenientes de la “economía negra”; y una sobrevaluación real de nuestra moneda debido a la priorización del objetivo de contener la hiperinflación.

Salida de la “hiper”

Y sobre este último punto destaca uno de los cambios más relevantes de 2021, la determinación del gobierno en el último año de priorizar una disminución de la inflación por encima incluso del crecimiento económico a través de distintas políticas: intervenciones con compra-venta de divisas en el mercado cambiario para evitar el efecto pass through; un control de la oferta monetaria, con medidas como el cierre casi total del financiamiento bancario debido al mantenimiento de las elevadas tasas de encaje legal con las que limita a la banca nacional; una contracción muy pronunciada del gasto público en bolívares que exige menos al Banco Central con emisión monetaria; y una reciente tendencia a gastar directamente en dólares americanos que recibe de las exportaciones.

Ahora, más allá de las consideraciones de economía política del enfoque de priorización del control de la inflación sobre el crecimiento económico del gobierno, que fundamentalmente implican un rezago total en los incrementos salariales de los trabajadores del sector público y las pensiones, el resultado es claro: hay una importante diminución de las tasas mensuales de inflación a casi la mitad de las cifras de 2019, y apenas a una cuarta parte de los aumentos en esa periodicidad de 2018, lo que dejará a 2021 como el año con la menor inflación desde 2016, dejando la puerta abierta para que en el primer trimestre de 2022 Venezuela experimente formalmente la salida de la hiperinflación de acuerdo al criterio clásico del economista estadounidense Philip Cagan [2], que a pesar de ser cuestionada en la actualidad en un entorno de inflación global moderada muestra tasas anuales de un dígito, es el criterio más aceptado.

Apreciación del tipo de cambio real

Un elemento adicional que es derivado de la relativa estabilidad del tipo de cambio, es el desajuste que ha habido entre este indicador y las tasas mensuales de inflación que ha mantenido la apreciación real, y que se traduce en un aumento de los costos de vida en dólares persistente pero en menor medida que años anteriores, debido al avance de la fijación de precios en dólares en la economía que provoca más fricciones comerciales frente a aumentos de precios en moneda extranjera por elementos de mercado como competitividad de precios y la sensibilidad de la demanda de los consumidores.

¿Qué esperar del 2022? Tres cambios de tendencia

De cara al próximo año, nuestra expectativa es un crecimiento económico en torno al 6.9%, y una desaceleración de la inflación de alrededor de tres cifras bajas, la menor desde 2015, así como un tipo de cambio que mantendrá la tendencia hacia la desaceleración de su crecimiento gracias al fácil mecanismo de control que ha encontrado el gobierno con las ventas controladas de divisas, mitigando cualquier riesgo de una depreciación más pronunciada.

En este escenario, algunos sectores que se verán beneficiados son similares a los que esperábamos en 2020 como Salud, Alimentos, Comercio minorista, Cuidado personal, Tecnología y Servicios profesionales, mientras que los sectores emergentes que destacaron este año y serán relevantes el próximo son Inmobiliario, Químico y Fintech.

Por su parte, algunos elementos relevantes que podrían permitir un mayor dinamismo de la economía son fundamentalmente una mejora sustancial en la provisión de servicios públicos (electricidad, telefonía, agua, internet y combustible) que representan la principal restricción de oferta de la economía y el avance de la dolarización financiera que permitiría la compensación interbancaria en dólares, préstamos en divisas y la optimización del sistema de pagos.

Estos factores a su vez facilitarían al gobierno aumentar la presión tributaria en divisas y seguir cerrando el déficit fiscal en línea con el objetivo de un mayor control sobre la inflación, un asunto que deberán tener en cuenta las empresas. Otros retos que deberán asumir las empresas en el contexto local serán el repunte de costos laborales, las grandes dificultades para conseguir financiamiento, el alza de los costos de la vida en dólares, y las fallas en las cadenas de suministros globales.

En conclusión, si bien este año marcó la pauta de algunos cambios de tendencia importantes, debemos esperar a 2022 para confirmar si se trata de un verdadero punto de inflexión en la trayectoria de las variables y si se profundizan los ajustes económicos pendientes, siempre teniendo en cuenta que para avanzar hacia un crecimiento económico sostenido y más significativo en Venezuela deben llegarse a acuerdos de entendimiento político y generarse un clima de seguridad jurídica más creíble que el modelo actual de concesiones y opacidad que beneficia a algunos inversionistas privados.

Notas:

[1] ¿Qué esperar de la economía venezolana en 2020?

[2] Según la definición clásica de Philip Cagan (1956), en su libro “The Monetary Dynamics of Hyperinflation” un episodio de hiperinflación comienza el mes en el que el aumento de los precios supera el 50% y termina el mes anterior al cual ese aumento cae por debajo de esa tasa y permanece así por lo menos durante un año.

13 de diciembre 2021

Prodavinci

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