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Opinión

Carlos Raúl Hernández

Leí a Mircea Eliade cuando yo era un sarampionoso estudiante de sociología, experto en todas las corrientes del marxismo imaginario, -las llamaba Federico Riu- y me pareció naturalmente un “teórico burgués”, aunque, con reticencia, noté su profundidad inusual que más tarde, libre de cucarachas en el cerebro, disfruté plenamente. En su obra El mito del eterno retorno, sostiene que el pensamiento mítico concibe la historia como una repetición de ciclos, Genghis Khan sería la recreación del Rey David o Julio César, un estructurador, y a su vez Napoleón, mientras la modernidad la entiende como una línea en marcha, aunque en zig-zag. Aclara Eliade que esa linealidad moderna no es pura, porque el pensamiento sigue inficionado de mitologías, viejas y nuevas, como la marxista-hegeliana de los “modos de producción” y el “fin de la historia”, con el socialismo comunismo.

Pensábamos que el socialismo había terminado con la implosión de URSS, pero misteriosamente retorna en Venezuela en 1989. Vuelve a colapsar en apenas veinte años, pese a los esfuerzos de la reaction de grupos del PSUV, que, como doña Ximena, la mujer del Cid, que amaba incluso su cadáver, pretenden ganar batallas con un muerto a caballo. El socialismo tiene inexorablemente tres desenlaces. El colapso soviético, el enquistamiento de Cuba y Norcorea y la exitosa metamorfosis en economía de mercado de China y Vietnam. ¿Se dirige Venezuela a este último esquema? Cierto que China y Hong Kong conforman el primer receptor mundial de capital extranjero y hay un millón de empresas internacionales, pero Venezuela ha logrado avanzar en el pantano de “las sanciones” y su crítica escasez de capital.

Venezuela es ahora una de las economías más abiertas del mundo. Dolarizada su economía, desaparecidos controles de cambio, de precios y de mercado exterior (algunos empresarios, como en el puntofijismo, piden aranceles a la importación), solo que el mundo está cerrado después de la barbarie económica encomendada a Giordani, quien arruinó una sociedad que recibía cien mil millones de dólares al año, mientras Ramírez repitió la hazaña con la tercera empresa petrolera del mundo, que los producía. En 2021 se aumentó la exportación petrolera y un millón de barriles traspasan todos los días en los mares los zargazos de “las sanciones” y salen al mercado internacional. Ya no es aquel país donde la gente se alegraba de conseguir leche en polvo o harina precocida gracias a “bachaqueros”.

Se expande la economía de servicios en bodegones, restaurantes, automercados, delicatessen, pastelerías, panaderías, boutiques, porque fortunas nueva o viejas, ante el riesgo de medidas confiscatorias con las que presionan a la banca internacional, traen sus divisas para invertirlas en empresas de rápido retorno. Nueva Esparta se convierte en un espacio turístico para los rusos que aprovechará Morel Rodríguez, y en Carabobo, Rafael Lacava, anuncia que Puerto Cabello será un gran centro de esparcimiento en el Caribe. Cientos de miles de jóvenes consiguen empleo y ganan en divisas, la economía crece por primera vez en siete años y tendrá un gran salto el año que vienen, pero la reacción como siempre, es un lagrimeo porque solo “algunos sectores tienen acceso a la burbuja”. Tontos y reaccionarios emprenden la campaña contra “el neoliberalismo, como el limitado economista Escaramuza, (porque no llega a Guerra) y demás como él.

Dudo que pueda definirse de burbuja, porque son inversiones reales en miles de establecimientos formales, mientras una burbuja, es un aumento de precios por obra de manejos torcidos del mercado, como ocurrió en España con los inmuebles. La mentalidad conservadora de predicadores y marxistas de folleto concibió pecaminosos que “la burbuja no llega hasta abajo”, pese al incremento del consumo popular gracias a los trabajadores de la nueva economía o, el caso, del supuesto “Starbuck” –no se diga de casinos- donde quien le diera la gana pagara Z dólares por un café. Hay que estimular este cambio de perspectiva por parte del gobierno, estimular a ciudadanos privados que traen sus capitales y actuar contra las “sanciones” para que pueda darse en el futuro una afluencia masiva con respaldo del FMI.

La era no rentista podría impulsar un modelo de desarrollo normal, basado en el trabajo y no en la renta petrolera. Pero nos persigue el eterno retorno, la necesidad de resetear y empezar de cero. Argentina fue la segunda potencia mundial y vino Perón; en Cuba de 1959, llegó el comandante y mandó a parar, y Chile, un país desarrollado, decidió jugar la ruleta rusa, como Venezuela que crecía a la misma tasa de China y escogió el Socialismo XXI. Pérez intentó salir del pantano de subdesarrollo, pero derrocaron el Gran Viraje. Parece que podríamos comenzar a salir del cuarto mundo, pero si dejamos libre a la estupidez de nuestras élites económicas, políticas, intelectuales (ya se perfilan los nuevos cabrujitas) continuaremos hacia el quinto. Según Samuel Huntington, peligro para la cohesión social son los procesos de cambio y progreso, no la miseria. Si voy en un excelente autobús y me pasa alguien en un deportivo, es posible que me corroa la envidia y piense que “él me está robando” o me escarnezca la “desigualdad”. Y para mover eso están los radicales.

@CarlosRaulHer

 4 min


Tara Parker-Pope

El nuevo desafío de Well te enseñará a modificar tus hábitos alimenticios sin hacer dieta.

Este es un propósito de Año Nuevo que puedes cumplir: dejar de hacer dieta y empezar a saborear la comida.

Puede parecer un consejo sorprendente, pero cada vez hay más pruebas científicas que sugieren que las dietas no funcionan. Las investigaciones demuestran que la restricción de alimentos solo hace que se quiera comer más. Y a largo plazo, las dietas pueden ser contraproducentes, ya que activan las defensas de supervivencia del organismo, ralentizan el metabolismo y dificultan aún más la pérdida de peso en el futuro.

Proponerse dejar de hacer dieta no significa renunciar a tener un cuerpo más sano. Pero para vencer el hábito de hacer dieta, tendrás que dejar de lado las viejas ideas de contar calorías, prohibir tus comidas favoritas y medir el éxito con un número en la báscula.

¿Cuál es la alternativa? Muchos investigadores enfocados en el peso están fomentando un nuevo enfoque de la alimentación saludable basado en la ciencia del cerebro. Una serie de técnicas que fomentan la conciencia plena de cómo comemos, la aceptación relacionada con los alimentos que queremos comer y los ejercicios de alimentación intuitiva pueden utilizarse para sofocar los antojos y remodelar nuestros hábitos de alimentación.

“Los paradigmas en torno a la fuerza de voluntad no funcionan”, afirma Judson Brewer, profesor asociado de ciencias sociales y del comportamiento en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Brown, que ha estudiado las prácticas de alimentación consciente. “Hay que empezar por saber cómo funciona la mente”.

Los argumentos contra las dietas restrictivas

Abandonar el hábito de hacer dieta en esta época del año es especialmente difícil debido al atractivo de los planes de pérdida de peso efectistas. Muchos programas y aplicaciones de dietas tratan de atraer a los usuarios con la promesa de que no promueven una dieta tradicional, solo para imponer prácticas de alimentación restrictivas una vez que te inscribes.

Traci Mann, que dirige el laboratorio de salud y alimentación de la Universidad de Minnesota, señala que, además de la decepción que supone no mantener el peso, las dietas afectan al organismo de varias formas negativas. Entre otras cosas, la alimentación restrictiva puede afectar a la memoria y a la función ejecutiva, provocar pensamientos obsesivos sobre la comida y desencadenar un aumento del cortisol, una hormona del estrés.

“Puede que te lo quites a corto plazo, pero vuelve a aparecer”, continuó Mann. “Ocurre sin importar quién seas; le pasa a la gente con gran fuerza de voluntad y a la gente con una fuerza de voluntad debilísima”.

Si todavía estás tentado a probar esa dieta de moda, considera esto: las pruebas sugieren que las dietas restrictivas y la pérdida rápida de peso pueden provocar cambios duraderos que pueden ralentizar el metabolismo, alterar las hormonas que regulan el hambre y dificultar los esfuerzos por mantener el peso. Los estudios sugieren que un cuerpo que ha perdido peso responde de forma diferente a la comida y al ejercicio que un cuerpo que no ha hecho dieta, y los músculos de una persona a dieta pueden quemar menos calorías de las esperadas durante el ejercicio. Estos cambios ayudan a explicar por qué muchas personas que hacen dietas crónicas pueden estar ingiriendo muchas menos calorías que las personas de su entorno, pero siguen sin perder peso, afirma Rudolph Leibel, profesor de medicina del Instituto de Nutrición Humana de la Universidad de Columbia.

Cómo se forman los hábitos alimenticios

Brewer, psiquiatra especializado en adicciones, ha probado una serie de prácticas de atención o conciencia plena para ayudar a las personas a dejar de fumar, disminuir la ansiedad y reducir la alimentación emocional. También ha creado una aplicación llamada Eat Right Now que emplea ejercicios de atención plena para ayudar a las personas a cambiar sus hábitos alimenticios.

Un estudio de la Universidad de Brown sobre 104 mujeres con sobrepeso descubrió que el entrenamiento de atención plena reducía en un 40 por ciento los antojos de comida. Otra revisión realizada por científicos de la Universidad de Columbia descubrió que el entrenamiento de la alimentación intuitiva y consciente a menudo daba lugar a al menos un beneficio para la salud metabólica o del corazón, como la mejora de los niveles de glucosa, la reducción del colesterol o la mejora de la presión arterial

Brewer señala que los comportamientos alimenticios, como picar papas fritas distraídamente o darse un atracón de postre, suelen ser el resultado de bucles de hábitos que se refuerzan con el tiempo.

Los bucles de hábitos pueden formarse a partir de experiencias buenas y malas, explica Brewer. El helado, por ejemplo, es algo que podemos comer durante las celebraciones. El cerebro aprende a asociar la ingesta de helado con la sensación de bienestar. Aunque el helado no tiene nada de malo, puede convertirse en un problema cuando empezamos a comerlo irreflexivamente después de un desencadenante emocional, como cuando nos sentimos estresados o enfadados. Entonces nuestro cerebro aprende que el helado también nos hace sentir bien en momentos de estrés, reforzando el bucle del hábito.

Con el tiempo, podemos desarrollar una serie de hábitos que nos llevan a comer cuando estamos aburridos, enfadados, estresados, cansados después del trabajo o incluso cuando vemos la televisión. “Lo complicado de los bucles de hábitos”, dice el Brewer, “es que cuanto más automáticos se vuelven, con el tiempo ni siquiera estás eligiendo conscientemente estas acciones”.

Brewer explicó que si se comprenden los hábitos y los factores que los desencadenan, se puede ayudar a romper el control que ejercen actualizando el cerebro con nueva información. Los ejercicios de atención plena, que te obligan a reducir la velocidad y pensar en cómo y por qué comes, pueden enseñar a tu cerebro que un alimento que te hace sentir bien no te hace sentir tan bien como recordabas. Practicar la atención plena cada vez que se busca un alimento o se decide comerlo puede interrumpir el bucle del hábito.

Prueba el Desafío Come bien

Para el Desafío Come bien, empieza a practicar la conciencia reduciendo la velocidad y pensando en lo que comes y por qué lo comes. Intenta no centrarte en la pérdida de peso, la restricción de alimentos o la eliminación de los alimentos favoritos de tu dieta. Evita etiquetar los alimentos como “buenos” o “malos”. Tu objetivo esta semana es centrarte en los sabores y texturas de los alimentos, y en cómo te sientes antes, durante y después de comer.

Puede llevar tiempo aprender a tomar conciencia de lo que comes, así que ten paciencia. En un estudio, los participantes necesitaron al menos entre diez y 15 intentos —y a muchas personas les costó 38 o más— para empezar a modificar sus hábitos alimenticios.

Aquí hay dos ejercicios sencillos del programa Eat Right Now de Brewer para empezar.

Comienza con un calentamiento antes de las comidas

Antes de cada comida, prueba este sencillo ejercicio de consciencia plena. No hay necesidad de hacer un seguimiento de lo que comes ni de restringir tu dieta. Simplemente, consulta con tu cuerpo cada vez que comas. En una escala de cero a diez, siendo cero un estómago vacío y diez un estómago incómodamente lleno, ¿cuál es tu nivel de hambre en este momento? A continuación, mira la comida, observando las texturas y los colores. Ahora huele la comida. Por último, coge el tenedor y da el primer bocado con atención. Mientras masticas, deja el tenedor y presta atención a cómo sabe y se siente la comida en tu boca. Después de varios bocados, consulta con tu cuerpo si tienes hambre o estás lleno.

Mapea tus hábitos alimenticios

Usa este ejercicio para trabajar en una conducta alimenticia que te gustaría cambiar, como picar demasiado o pedir comida rápida. Nuestros hábitos alimenticios tienen tres elementos: un desencadenante, un comportamiento y un resultado. Al trazar un mapa de tus hábitos, puedes proporcionar a tu cerebro nueva información sobre cómo te hace sentir realmente el hábito.

Comienza por elegir un comportamiento de alimentación que te gustaría cambiar. Tal vez quieras picar menos durante el día, reducir la comida para llevar o los caprichos como las galletas, las papitas fritas o los helados. Aunque no hay nada malo en disfrutar de estos alimentos, has identificado este comportamiento alimentario como problemático. ¿A qué se debe?

  • Ahora piensa en lo que desencadena este comportamiento. ¿Es una emoción, como la rabia o el estrés, o te estás recompensando con un capricho? ¿O puede ser una situación, como ver la televisión o hacer las compras cuando tienes hambre?
  • Enfócate en el resultado. Antes de comer, hazte algunas preguntas. ¿Qué voy a obtener de esto? ¿Cómo me hará sentir comer este alimento? Piensa en cómo te sentiste la última vez que lo comiste. ¿Lo disfrutaste? ¿Acabaste comiendo demasiado? ¿Te sentiste incómodamente lleno o con náuseas? ¿Te sentiste culpable después y te reprendiste por haberlo comido? Pensar en cómo te hace sentir un alimento antes, durante y después de comer actualiza la información que tiene tu cerebro sobre lo gratificante (o no) que es un alimento. Y puede ayudar a romper el control que un alimento concreto tiene sobre ti.

8 de enero 2022

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2022/01/08/espanol/desafio-come-bien.html?cam...

 7 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

A comienzos de año es costumbre que las personas asuman una actitud reflexiva, se pongan en tono de borrón y cuenta nueva y se den a la tarea de imaginar algunos cambios en su vida, anotándolos en una listica y asumiéndolos como un compromiso: que si voy a adelgazar, aprender un idioma, buscar un nuevo trabajo y cosas por el estilo para que nos sirvan de brújula. Yo, por supuesto, hice la mía, con pocas variantes con respecto a la de comienzos del año anterior, pues hice demagogia conmigo mismo y no honré casi ninguno de mis propósitos. En consecuencia, pareció más útil dedicarme a mirar el país e imaginar cómo podría durante el año 2022 ir saliendo del atolladero que lo abruma desde hace tanto tiempo, que se ha vuelto parte del paisaje de cada quien.

La “Venezuela Invertebrada”

A comienzos del siglo pasado Unamuno publicó un libro que dejaba ver sus impresiones sobre España. Me copio el título, España Invertebrada, mas no el diagnóstico, referido a otra sociedad ubicada en un momento histórico muy lejano y por ende muy distinto. Describía allí el filósofo vasco una sociedad “disociada”.

Creo que, guardando las enormes distancias con su texto, la sensación que a uno le deja nuestro país es la de una “Venezuela Invertebrada”, vale decir rota, mal cosida, desarticulada, anómica, así como la fragmentación del poder desde el punto de vista territorial, hecho que lesiona gravemente su condición como nación.

Por otro lado, no es necesario apelar a estudios y estadísticas para enterarnos de la dimensión de nuestros problemas, puesto que la fotografía la tenemos a la mano y nos la sabemos de memoria, además de que es un tatuaje que nos va quedando en la piel. Más allá de la pandemia y de las consecuencias que ha traído consigo a lo largo de casi dos años, las difíciles circunstancias por las que atraviesa hoy en día nuestra sociedad no son, ni de lejos, su principal causa y por tanto no desaparecerán cuando el microscópico patógeno deje a un lado la manía de disfrazarse con una nueva cepa y desaparezca. Lo que sí ha hecho el animalito es ubicar en la vitrina una crisis que no deja un hueso sano en ninguno de los ámbitos de nuestra sociedad, volviéndola intranquila, angustiosa, incierta, acalorada y cuya causa fundamental es un conflicto político que deriva precisamente, del abandono de la política.

Apelar a la política

Escribió el citado Unamuno que lo que define una nación es un proyecto sugestivo de vida en común; los grupos nacionales, añade, «no conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo». En el marco de esta concepción podría decirse que se trata de tener conciencia de un propósito acordado colectivamente y del esfuerzo diario de todos para transitar una ruta que permita alcanzarlo.

En Venezuela soplan vientos adversos para las conversas sosegadas, para las reflexiones sensatas que abran el espacio a la construcción de una convivencia pacífica. La polarización extrema exacerba las diferencias e imposibilita la discusión razonada y de buena fe. Nuestros líderes, con pocas excepciones, piensan desde el obligo de sus intereses. Y desde allí no se puede hablar para proyectar una agenda a partir de la gente, de sus problemas, de sus aspiraciones, de sus derechos y que le dé sentido a su realidad, dentro del marco de la humanización de la política. Hay, pues, que recuperar la palabra, extraviada desde hace demasiado tiempo. El diálogo debiera marcar el temperamento de nuestra sociedad.

La urgente necesidad de acudir a la política se debe, también, a las transformaciones que tejen la época actual, hasta ahora comprensiblemente soslayadas en Venezuela por los apremios que emergen de la cotidianidad nacional. En efecto, el futuro empieza a dejarse ver de la mano de cambios tecnológicos que están transformando radicalmente todos los escenarios de la vida humana, sin que aún contemos con los códigos necesarios para entenderlos y regularlos. En suma, aún no contamos con nuevas maneras para pensar lo nuevo.

El político es un ámbito que hay que repensar y repoblar. La inteligencia artificial, los algoritmos, la robótica y los datos amenazan con despolitizar la política. Algunos textos despuntan la existencia del Ciberleviatán. De ello hablaré en una próxima ocasión, así como de las importantes iniciativas que se están tomando con el fin de cerrarle el paso.

8 de enero 2022

El Nacional

https://www.elnacional.com/opinion/2022-repoblar-la-politica/

 3 min


Andrew Lee

Cuando la variante ómicron surgió por primera vez en Sudáfrica en noviembre de 2021, hubo gran alarma ante la propagación exponencial de la infección. Esa fenomenal velocidad de propagación sobrepasa lo que hemos observado en variantes anteriores.

La tendencia se ha visto replicada en otras partes del mundo, incluyendo Reino Unido donde el número de infecciones se vio doblada cada dos días a comienzos de diciembre. Lo que aumentó la preocupación fue que esta rápida propagación estaba ocurriendo entre una población altamente vacunada (y por ende, en teoría, altamente inmune). ¿Estaría fallando la protección que nos daba la vacuna?

A simple vista, parecía que las vacunas no estaban funcionando. Pero eso depende de cómo se define la protección de una vacuna. Primero, ¿protege la vacuna contra la infección?

Actualmente hay amplia evidencia que muestra que las vacunas no son muy efectivas para evitar la infección de personas vacunadas o que propaguen la infección.

Eso estuvo gráficamente ilustrado por el evento súper propagador que tomó lugar en las Islas Feroe donde 21 de 33 trabajadores de la salud que estaban triple vacunados y asistieron una reunión privada se contagiaron de ómicron. Además, sucedió a pesar del hecho que varios se habían hecho una prueba PCR o de antígeno 36 horas antes del evento.

Algunos -especialmente los antivacuna- podrían tomar esto como prueba de que las vacunas no funcionan. Sin embargo, eso no es inesperado. Aún contra otras variantes, como delta, se sabe que las vacunas no ofrecen "inmunidad esterilizadora", o sea, una prevención total de la infección.

Nadie ha afirmado que las vacunas de covid ofrecen inmunidad esterilizadora y que puede ser una meta alcanzable. En el mejor de los caos, ofrecen protección débil contra la infección. No obstante, esta protección débil podría ayudar a ralentizar la propagación de la infección.

La función de la tercera dosis

Lo que sí hacen las vacunas es proveer una protección excelente de otro tipo. Hasta ahora, las vacunas han demostrado que son muy buenas para prevenir la enfermedad severa. Esta protección es igualmente importante, si no más, porque mantienen a la mayoría de las personas infectadas lejos de los hospitales y de la muerte.

Contra la variante delta, la protección de las vacunas contra la enfermedad severa y muerte por covid fue más de 90% con relativamente poco decaimiento de protección a lo largo de por lo menos cinco meses después de dos dosis.

Cuando se descubrió ómicron por primera vez, hubo preocupación de que las mutaciones que produciría podrían permitirle eludir la protección de las vacunas. En efecto, los datos sugieren que dos dosis de las vacunas Pfizer o AstraZeneca ofrecían protección limitada contra ómicron.

Felizmente, esta protección de la vacuna fue restablecida rápidamente por la dosis de refuerzo, y por eso está la urgencia de "reforzar" a la población.

Esto es especialmente importante para lo que son más vulnerables, como los ancianos, que, comparados con la población en general, para empezar corren riesgos más altos de contraer covid severa. Una persona de 80 años de edad tiene un riesgo 300 veces más alto de contraer covid severa comparada a una adulta menor de 40 años.

También es vital no olvidar que mientras ómicron puede ser menos severa para los vacunados, sigue siendo una infección peligrosa para los no vacunados.

El hecho que la inmunidad esterilizadora contra covid no exista actualmente probablemente pone en duda si la "inmunidad de rebaño" pondrá fin a la pandemia.

Lo que se cree aquí es que si suficiente gente adquiere inmunidad y esta inmunidad bloquea la transmisión, el virus se irá muriendo pues habrá menos y menos gente que infectar.

Sin embargo, como lo ha demostrado ómicron, las reinfecciones pueden ocurrir aún entre las poblaciones altamente vacunadas como las de Reino Unido e Israel. Se informa que ómicron tiene una tasa más alta de reinfección que otras variantes, y cinco veces más comparada con delta.

Aunque las infecciones de ómicron parecen ser menos severas, su mayor riesgo de contagio significa que más personas se están infectando. Es más, Reino Unido está registrando sus niveles más altos de infección en los últimos dos años.

Mientras que estos no se están traduciendo en niveles más altos de ingreso a la unidades de cuidado intensivo, el gran número de pacientes con una enfermedad menos severa todavía puede ejercer mucha presión sobre los ya menguados servicios de salud.

Además de eso, los más altos niveles de enfermedad entre el personal y más el que tiene que aislarse debido a la infección añaden más presión al sistema de cuidados de la salud.

Este problema no está limitado sólo al cuidado de salud sino a lo ancho y largo de la sociedad en general donde las altas cifras de infección pueden causar alteraciones significativas.

De manera que las vacunas no son la única solución. Otras medidas de protección, como las mascarillas, más pruebas y mejor ventilación, juegan un papel importante.

Las semanas venideras auguran ser un desafío a medida que la gente regresa al trabajo y las escuelas después de las vacaciones, lo que podría conducir a más infecciones.

Pero no todo el panorama es pesimista, y la situación actual es ciertamente mejor que hace un año. En muchos países de altos ingresos que tienen amplia cobertura de inmunización, la pandemia está gradualmente haciendo la transición hacia una situación endémica.

En ese momento, el virus todavía estará presente, pero la enfermedad será más predecible. Habrá niveles altos de la población con inmunidad ya sea por vacunación o infección natural que significarán menos hospitalizaciones y muertes relacionadas a la covid.

Se requerirán inmunizaciones anuales contra covid, particularmente de los más vulnerables, para mantener una protección de inmunidad para ellos. Pero todavía no hemos llegado a eso.

Los virus mutan todo el tiempo y probablemente otras variantes de covid surgirán en el futuro que puedan evadir la inmunidad y causar reinfecciones, como pasa con los coronavirus humanos comunes y la gripe de la influenza.

Aunque por suerte ómicron parece ser menos severa, permanece el riesgo del surgimiento de más variantes que puedan incluir una más severa. Las vacunas siguen siendo la mejor opción contra estas.

*Andrew Lee es profesor de Salud Pública de la Universidad de Sheffield, Reino Unido.

7 de enero 2022

BBC

https://www.bbc.com/mundo/noticias-59901838

 5 min


Editorial El País

Las previsiones de los científicos sobre el futuro de la neurotecnología hacen explotar la cabeza incluso a la persona más sobria. Los avances en el conocimiento del cerebro, en combinación con el progreso de la inteligencia artificial, las interfaces mente/máquina y la computación en sus variedades clásica y cuántica generarán —están generando— un panorama en el que podremos conectarnos a internet directamente con la mente, leer los pensamientos de los demás y alimentar nuestros circuitos neuronales con información generada en el mundo externo, también con habilidades aprendidas por otros en nuestro lugar. Podremos llamarnos cíborgs o seres híbridos, pero los resultados serán esos de una forma casi inevitable. Como toda técnica, la hibridación mente/máquina se puede utilizar bien o mal, y algunos científicos e ingenieros creen que ha llegado el momento de informar a la sociedad y apremiar a los gobiernos a que regulen unas tecnologías de gran poder transformativo, para lo mejor y lo peor. Ya han convencido a Chile, que hace tres meses incluyó la protección de la información cerebral nada menos que en su Constitución.

La prospectiva no proviene de ningún chamán iluminado, sino de algunos de los neurocientíficos y tecnólogos más destacados de nuestro tiempo. Y también de las mayores empresas, desde los gigantes tecnológicos de Silicon Valley hasta las docenas de firmas que están surgiendo ahora, todas ellas convencidas de que la hibridación mente/máquina está a punto de convertirse en la nueva revolución global, como antes lo fueron internet y los teléfonos móviles. Algunos como Elon Musk (SpaceX, Tesla, Neuralink) apuestan por los chips de electrodos implantados en el cerebro, pero lo primero en llegar, en no más de 10 años, serán los sistemas no invasivos como cascos o diademas electroencefalográficas, que no requieren cirugía para implantarse y podrán venderse en el supermercado. Leer el pensamiento de los demás, aunque sea de una forma grosera y primitiva, se convertirá en unos años en un fenómeno de consumo global, nos guste o no.

Lo más fácil es fijarse en los riesgos de una situación semejante. Las interfaces mente/máquina generalizadas en la población serán objeto de rastreo por los gobiernos autoritarios, e incluso por las agencias de seguridad nacional de los países democráticos. Hasta dónde pueda llegar un sátrapa en la utilización de esa información solo dependerá de su imaginación. Además, la hibridación con las máquinas exacerbará aún más las ya enormes desigualdades de las sociedades. Como ya ocurrió con el debate sobre la manipulación genética de las personas, volveremos a hablar del peligro de que la humanidad se divida en dos especies, los cíborgs y los silvestres. Pero los híbridos son demasiado valiosos, por ejemplo para los discapacitados, como para pensar que la mejor opción sea prohibirlo todo.

8 de enero 2022

El País

https://elpais.com/opinion/2022-01-08/hacia-una-civilizacion-hibrida.html

 2 min


Alonso Moleiro

La noticia del acuerdo opositor esta semana para prorrogar por un año más la presidencia interina a Juan Guaidó durante 2022 ha pasado desapercibida en la sociedad venezolana. El labrado consenso logrado entre los partidos democráticos, la decisión de reducir su aparato burocrático y el empeño por hacer una interpretación constitucional de sus confines, no han mitigado la sensación de intrascendencia.

Para parte importante de la opinión pública nacional, la presidencia interina es una abstracción sin contenido que ya no va a poder impulsar ninguna transición a la democracia: una entelequia que sólo se justifica para mantener los empleos y garantizar los salarios del personal que la ocupa, salpicado de acusaciones de irregularidades administrativas. Pero, a pesar del pesimismo, el desinterés y el distanciamiento emocional que se vive también en parte de los partidos opositores, el acuerdo anunciado parece indicar que, de momento, no existe un planteamiento estratégico con el cual sustituirla. Todos, incluyendo sus críticos, terminaron aprobando esta prórroga el lunes.

Pero pese a renovar su mandato un año más como presidente interino, Juan Guaidó afronta hoy su momento político más comprometido. Se ha enfriado el entusiasmo de la ciudadanía; aumentan los críticos dentro de sus propias filas; carece de instrumentos para hacerle frente al chavismo y enfrenta acusaciones por malos manejos de los recursos que administra el gobierno interino. Luce, además, particularmente expuesto frente al aparato judicial oficialista.

La extensión del mandato a Juan Guaidó, expresado en la reforma del Estatuto de Transición aprobado en 2019, fue posible gracias a que Voluntad Popular (el partido de Leopoldo López y Juan Guaidó) y Primero Justicia (el de Julio Borges y Henrique Capriles) se vieron forzados por las circunstancias a buscar un acuerdo para llegar a un punto de equilibrio que los obligara a deponer en sus aspiraciones mutuamente excluyentes.

El acercamiento es producto, entre otras cosas, de la presión ejercida por los aliados internacionales de la oposición, en particular por Estados Unidos, con la activa intermediación del resto de los partidos aliados del G-4, como se conoce a los principales grupos opositores presentes en la anterior legislatura: Primero Justicia, Acción Democrática, Voluntad Popular y Un Nuevo Tiempo.

Luego de agotar varias rondas de consultas a juristas y especialistas en derecho constitucional, Primero Justicia desistió de su intención de subordinar la gestión de Guaidó al Parlamento, controlado por la oposición en las elecciones de 2015, que hoy funciona en condiciones de semiclandestinidad.

Voluntad Popular tuvo que transigir en que la presidencia interina siga regulada por los lapsos que contempla el Estatuto, abandonando la aspiración de mantener el cargo indefinidamente. Las delegaciones diplomáticas del Gobierno interino quedaron reducidas, de las 60 iniciales, a 10, que son las naciones actuales que reconocen a Guaidó como presidente interino de Venezuela.

El diagrama construido dejó satisfechos a los diputados opositores. Delsa Solórzano, de Encuentro Ciudadano, quien manifestó su inconformidad con los primeros borradores, después pasó al beneplácito y declaró: “La Asamblea Nacional electa en 2015 es la única institución legítima que le queda al país, reconocida por el mundo democrático. No podemos dejar a Venezuela sin instituciones. Venezuela no puede desaparecer, no podemos entregar la República. Sabemos que esto es muy arriesgado y nada sencillo, pero primero son los intereses del país”, dijo.

Pero pese a los esfuerzos en la búsqueda de consensos, que contaron con la asesoría de varios abogados reconocidos, no impidieron que le lluevan las críticas. Eglée Gonzalez Lobato, politóloga y doctora en derecho de la Universidad Central de Venezuela, considera que la reforma del estatuto “amalgama escandalosamente funciones ejecutivas y legislativas en una sola persona”. “Se ha tomado una medida extrema para garantizar la continuidad de Guaidó, que está plagada de irregularidades. Con el argumento de que están defendiendo la democracia, han confiscado el Estatuto para garantizarse su permanencia en el poder, bajo el argumento de que este es un problema más político que legal. Cuando se desprecian los mecanismos legales y se pervierten los procedimientos, corremos el peligro de que los partidos democráticos asuman que están en una zona supraconstitucional”, opina.

González Lobato prevé que este paso “va a aumentar la hostilidad de Maduro. Es una circunstancia que dificultará el entendimiento. Minará las vías pacíficas que debemos buscar para salir sin traumas adicionales de esta tragedia nacional”.

El laberinto opositor

La extensión de un nuevo mandato a Guaidó no puede ocultar las claras grietas anímicas e interpretativas que en este momento surcan el panorama de la oposición venezolana, inmersa hoy en un nuevo extravío. En particular, en sectores de los partidos Primero Justicia y Acción Democrática crecen las voces disidentes que cuestionan la obsolescencia del interinato y el agotamiento de la ruta trazada en 2019 para hacer posible el regreso de la democracia plena a Venezuela.

Argelia Ríos, analista política, considera que “el gobierno interino como proyecto ha colapsado. El único objetivo que lo fundamenta es la protección de los activos venezolanos en el exterior, salvarlos de las manos de Maduro, protegerlos para fundamentar una eventual transición a la democracia en el país”.

Ríos, que también es periodista y escritora, considera que el esfuerzo hecho por Guaidó ha sido titánico y debe ser reconocido: “El debilitamiento de Guaidó tiene mucho que ver con la falta de apoyos internos. Ha sido difícil concretar en torno a él un movimiento de unidad nacional. Mucha gente lo ve con recelo, como un enemigo que se transforma en un obstáculo para el sueño de llegar a la Presidencia en unas elecciones en 2024. Hay muchas personas con aspiraciones presidenciales que están decididas a sacárselo de encima”.

6 de enero 2022

El País

https://elpais.com/internacional/2022-01-06/guaido-afronta-su-peor-momen...

 4 min


Fernando Mires

Ya es más que evidente: las democracias occidentales se encuentran doblemente amenazadas. Por un lado, los movimientos nacional-populistas. Por otro, las nuevas autocracias de las cuales las más relevantes en el espacio europeo son las de Hungría, Polonia y Turquía (la de Bielorrusia es simplemente una dictadura), comandadas indirectamente por la autocracia imperial rusa de Putin. Y en el espacio latinoamericano, el funesto trío formado por la Nicaragua de Ortega, la Venezuela de Maduro y la Cuba de Díaz Canel. Las dos amenazas pueden ser reducidas en algunos casos a una sola si consideramos que los movimientos nacional-populistas suelen ser una antesala para la instalación de gobiernos antidemocráticos.

¿Hablemos otra vez de populismo?

Hablar de populismo parece un manido recurso pues no hay duda que es un término del que se ha hecho uso y abuso. Pero imposible eludirlo si tomamos en cuenta solo un motivo. Tiene que ver con un fenómeno que hemos analizado en otros textos. Me refiero a la conversión de la sociedad de clases propia al periodo de la industrialización y de los grandes conglomerados fabriles, en un periodo signado por el desarrollo aún no concluido de la producción digital desde donde está siendo configurada una nueva sociedad de masas.

La palabra “nueva” deberá ser destacada. Quiere decir que en la sociedad llamada industrial también existió una sociedad de masas. Fue cuando las primeras industrias destruyeron el orden patrimonial de origen agrario y las ciudades pasaron a convertirse en receptáculos de migraciones nacionales e internacionales. Así fue también como desde el siglo XVlll hasta llegar a las primeras décadas del siglo XX, el orden industrial coexistió con un maremagnum de sectores sociales no, o superficialmente, clasificados.

Karl Marx, llamado por Hannah Arendt, “padre de las ciencias sociales”, tuvo que realizar grandes esfuerzos para ordenar conceptualmente a ese océano de masas que rodeaban la isla del proletariado industrial europeo. Pues para donde miraba veía masas de pobres sin pertenencia social. Para salir del paso, llegó a hablar de “superpoblación relativa”, de “ejército proletario de reserva”, de “masa pauperizada” e incluso de “proletariado andrajoso”, términos que después de Marx fueron englobados por la sociología marxista y no marxista bajo conceptos tan amplios como los de marginalidad e informalidad. Tarde, tanto Marx como sus seguidores, lograron darse cuenta de que la industrialización por si sola llevaba menos hacia la proletarización y más hacia la pauperización de las masas. Hoy sabemos en cambio que las relaciones sociales no se reproducen por automatismo, como imaginaron economistas marxistas y liberales. Tuvo que aparecer el llamado “Estado social” para aceptar la verdad de que sin formato político el capitalismo es radicalmente anti-social.

Lo cierto es que la llamada sociedad industrial ha coexistido con una sociedad de masas a la que Ortega y Gasset viera en estado de rebelión. Ahora, esa rebelión, vale decir, la irrupción de las masas, no podía sino derivar en una política de y para las masas. Así fue como apareció el fenómeno populista. Sin masas, en efecto, no puede haber populismo. El populismo, si quisiéramos generalizar, es la política de la sociedad de masas.

Sin embargo, no toda política de masas puede ser llamada populista. Para hablar de populismo debemos agregar dos “elementos” constitutivos. El primero es el liderazgo populista. El segundo es el rebalsamiento del orden constitucional por el pueblo y sus representaciones. En breve, masas, líder y “des constitucionalización”, son los tres pilares de “la razón populista” (Laclau)

Populismo ha habido siempre, pero por momentos ha habido más. Podemos hablar de olas populistas. En América Latina, como es sabido, la irrupción de las masas durante los tres primeros decenios del siglo XX, llevó a la primera gran ola populista, encabezada por el populismo de los populismos, el peronismo. La segunda gran ola podemos ubicarla a fines del siglo XX con la aparición del chavismo venezolano, del lulismo brasileño, del evismo boliviano, solo para nombrar a los más emblemáticos. Entre ambas olas podemos fijar, sin embargo, una diferencia.

Mientras la primera ola corresponde a la alteración del orden agrario patrimonial, impulsado por la industrialización y la urbanización, la segunda es más bien equivalente a la descomposición del orden industrial y, por cierto, de los principales centros urbanos. Sobre la base de este enunciado podrían sin duda desarrollarse interesantes teorías. Por el momento solo cabe consignar que, mientras la primera ola corresponde a una coyuntura más latinoamericana que europea, la segunda encuentra su origen en procesos globales que conllevan serias amenazas para las democracias del llamado occidente político. Me refiero a esa democracia a la que nos hemos acostumbrado a llamar liberal. Y este es el tema: desde la irrupción de los movimientos fascistas y comunistas europeos, nunca, la democracia occidental, había estado tan amenazada como lo está hoy día.

En nombre del pueblo

Tanto el fascismo como el comunismo intentaron combatir a la democracia en nombre de la democracia. Los primeros invocando a una democracia del pueblo. Los segundos a una democracia proletaria. Llamará seguramente la atención que ninguno de ambos movimientos planteara la supresión, sino la sustitución de la democracia por una democracia “superior”. Fascistas y comunistas invocaron a una democracia sin intermediaciones institucionales a la que algunos todavía llaman democracia directa. Una democracia que debería ser una dictadura para todos quienes se opusieran al pueblo, reencarnado en el líder de acuerdo a los fascistas, y en el Partido de acuerdo a los comunistas.

No es casualidad que los principales teóricos de la democracia anti-parlamentaria, Carl Schmitt por el lado fascista, Vladimir Ilich Lenin por el lado comunista, suprimieran los límites que separan a una democracia de una dictadura. Para Schmitt (La Dictadura) la dictadura del caudillo ungido directamente por la voluntad popular. Para Lenin (El Estado y la Revolución), la dictadura del partido en representación del proletariado. Líder y Partido pasaron así a convertirse en entidades terrenales divinizadas, situados ambas por sobre las instituciones de cada país. Esas instituciones son las siguientes: 1. El parlamento que debía ser sustituido por la “democracia de base” .2. El poder judicial, convertido en fiscalía al servicio del ejecutivo. 3. El poder medial y sus periódicos y redes. 4. El poder electoral, donde sería reemplazado el sufragio universal por el voto corporativo (como hoy en Cuba) 5. El ejército, como brazo armado del ejecutivo.

Estudiando los fenómenos populistas del presente, Yascha Mounk, en un importante libro (El pueblo contra la democracia), ha llamado la atención sobre un hecho objetivo. Una representación directa del pueblo, en nombre de la democracia, puede llevar a la destrucción de la democracia. La conclusión de Mounk puede ser para algunos lectores, escandalosa. “En determinadas ocasiones hay que proteger a la democracia del pueblo”. Mounk vio confirmada su tesis, y con creces, en el asalto al Capitolio perpetrado por las turbas trumpistas. De un modo menos espectacular, el asalto a las instituciones, ha comenzado a tener lugar en diversos países europeos desde el propio ejecutivo. Ya sea en la Polonia de Kasinsky, en la Hungría de Orban, en la Turquía de Erdogan, el antagonismo entre el ejecutivo y el parlamento tiende a resolverse a favor del primero. Después viene la apropiación estatal de la justicia, de los medios de comunicación, de los tribunales electorales y del ejército.

Quien primero sentó las bases de “la nueva democracia” fue el húngaro Viktor Orban al formular las premisas ideológicas para una democracia no-liberal (o i-liberal). Pero no nos engañemos. El principal objetivo de estos gobiernos no es cuestionar al liberalismo político y mucho menos al económico, sino a la democracia constitucional e institucional que todavía prima en Occidente. Aunque han sido continuamente calificadas como gobiernos de ultraderecha (Anne Applebaum), las nuevas autocracias actúan de acuerdo a un principio leninista y fascista a la vez, y es el siguiente: Por sobre el gobierno y el Estado, por sobre todas las instituciones, y sobre todo, por sobre el Parlamento, debe primar la voluntad del pueblo. Pero como el pueblo no puede representarse por sí mismo, el líder o la organización deben convertirse en su reencarnación. A la vez, y en este punto las nuevas autocracias se alejan un tanto del leninismo y del fascismo clásico para acercarse a la tradición del franquismo español: el líder representará en el estado, la unión sacra entre la nación, el pueblo y Dios.

No extraña entonces que en todos los países mencionados –agregando la Rusia cristiana ortodoxa de Vladimir Putin– han sido revitalizados los fundamentos del estado confesional de origen medieval. Ahí reside también la diferencia entre las autocracias europeas y las latinoamericanas. Para estas últimas el poder no viene de Dios sino de un líder totémico endiosado. En Cuba, Fidel. En Venezuela, Chávez. Y en Bolivia, sin haber muerto todavía, Evo. Solo el despreciable Ortega de Nicaragua carece de carisma patriarcal.

¿Cómo proteger a una democracia?

Cuando los fulanos nombrados anuncian sustituir la democracia liberal por una no-, o anti-liberal, da la impresión de que su camino será fácil, entre otras cosas porque el liberalismo, justamente por ser liberalismo, carece de mecanismos de defensa para contrarrestar a sus enemigos.

El liberalismo político parte de un presupuesto nunca comprobado: el que afirma que todo individuo está dotado de mecanismos que lo llevarán tarde o temprano a distinguir entre lo racional y lo irracional. La voluntad general como suma y síntesis de individuos racionales, terminará, de acuerdo al credo liberal, imponiéndose. A ese optimista argumento, solo podemos oponer uno pesimista: la voluntad general no surge de la suma de diversos individuos sino de una entidad singular (la masa) que absorbe a las individualidades (así lo vio Sigmund Freud en su Psicología de las Masas). De ahí que la tesis de Mounk: “Hay que proteger a las democracias del pueblo”, adquiere, de acuerdo a nuestra visión pesimista, cierto sentido.

Y sí es así, ¿cómo proteger a una democracia? Esa sería la pregunta obvia. La democracia –es nuestra respuesta- no existiría sin las instituciones sobre las cuales reposa. De tal manera que, lo que hemos de defender quienes adherimos al ideal democrático de vida, no es a principios liberales abstractos, sino a instituciones muy concretas: el parlamento y sus partidos, el poder judicial y sus jueces, el poder electoral y sus tribunales, el ejército y sus armas y no por último, la Constitución y sus leyes.

Dicho en tono de síntesis: la contradicción de nuestro tiempo no es como quieren hacernos creer jerarcas como Orban, Putin o Erdogan, la que se da entre un liberalismo ateo y un anti-liberalismo religioso. Mucho menos entre una revolución y una contrarrevolución, como afirman Maduro, Ortega y Díaz Canel. Ni siquiera se trata de una contradicción teórica. La contradicción fundamental de nuestro tiempo es la que aparece entre una democracia institucional y otra sometida a la autoridad de un pueblo abstracto que solo puede expresarse como pueblo a través de caudillos, autócratas y dictadores.

“La lucha entre la democracia y la autocracia están en un momento de inflexión” afirmó Joe Biden en febrero del 2021. Es cierto. Pero las amenazas a la democracia -y él debe saberlo mejor que nadie– vienen no solo desde fuera sino, sobre todo, desde dentro de las democracias. No se trata solo de un problema geopolítico que pueda resolverse en “cumbres”, como ya intentó Biden. La lucha está teniendo lugar al interior de cada nación. Allí, y no en los espacios galácticos de la política global, es donde debemos tomar posiciones.

7 de enero 2022

Polis

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