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Opinión

Fernando Mires

1. Denis Scheck, crítico literario alemán al que respeto, la recomendó. Ahí me di cuenta de una antigua aseveración. El tema y el argumento no cuentan en la literatura, lo que cuenta es la narración.

Por el tema en sí -un aborto de una muchacha en la Francia de los sesenta- yo no habría leído el libro de Annie Ernaux, El Acontecimiento. Pero hice caso a Scheck. En dos horas, sin levantar la vista, leí como hipnotizado las setenta páginas del testimonio. Impactante, emocionante, desgarrador, todo esto es decir poco. Un relato que duele. Incluso físicamente: duele.

Annie, como tantas adolescentes de su tiempo – en una Francia más liberal que otras naciones europeas- quedó embarazada sin haberlo deseado. En el jolgorio de su juventud no llegó nunca a imaginar que el sexo tuviera relación con nada. “En todo lo relacionado con el amor y el goce no me parecía que mi cuerpo fuera intrínsecamente diferente al de los hombres”. La diferencia empero, llegó a sentirla como una discriminación de la biología a favor de los hombres.

Ni por nada del mundo Annie habría querido interrumpir sus estudios en los que ya apuntaba la destacada intelectual que terminó siendo. Pensaba en un comienzo de que se trataba simplemente de un simple malestar gástrico y acudió a un estomatólogo. Cuando un ginecólogo detectó la presencia de un embrión, su primer impulso, en un irracional acto negacionista, fue romper el certificado de embarazo. No podía ser, pensaba. Sentía su vientre vacío, pero no lo estaba. Su embarazo lo asumía como un veredicto injusto. Un golpe artero de la mala suerte, una desgracia. “A un lado estaban las chicas con sus vientres vacíos, y al otro me encontraba yo”. El embarazo le estaba robando su alegría de ser. Su vientre la condenaba a ser distinta. Embarazo y disociación grupal caminaban juntos. “Me sentía abandonada por todo el mundo”. Al escuchar las risas de sus amigas “me parecía que ya no tenía edad”. La promesa de un hijo le extirpó de modo radical su juventud. Comienza entonces a buscar contactos solidarios entre chicas que ya habían experimentado el aborto. Fue así como tuvo acceso a un mundo ilegal del que hasta entonces no tenía la menor idea.

Lo de las parteras clandestinas que proliferaban al amparo de la prohibición era y es un hecho conocido. Poco se ha hablado en cambio de la complicidad de los médicos, no solo de los que utilizaban la prohibición para su enriquecimiento personal, sino de los que estaban obligados a ser cobardes. Ninguno quería meterse en problemas legales. Desde uno que sin nombrar la palabra embarazo le recetó penicilina para cuando fuera a ir “donde vaya”, pasando por otro que le prescribió un “remedio” sin receta, haciéndola sentir como una delincuente en la farmacia, hasta llegar a uno que la somete a un raspaje soltando una frase terrible: “yo no soy su fontanero”.

Las escenas del intento de eliminar al feto y otras similares, no las escribiré aquí. Solo cabe destacar que, sin ese testimonio, Annie Ernaux nunca podría haberse liberado de un trauma que arrastraba como un pesado fardo. Mirando hacia atrás llegó a la conclusión de que -más allá de la crueldad de personas aisladas, entre ellas un sacerdote que la increpó brutalmente durante la confesión– ella fue víctima de un orden de cosas que recién cuando adulta pudo dilucidar. Interesante entre otros juicios es la analogía que hace entre la prohibición del aborto con otras actividades clandestinizadas de nuestra época, entre ellas las de quienes trafican con emigrantes. Hoy se persigue a esos traficantes, escribe “como hace treinta años se deploraba de las personas que practican abortos. Pero no se cuestionan las leyes ni el orden mundial que provocan este fenómeno”. Algún día conoceremos los testimonios de los emigrantes, de los que fueron estafados por traficantes, de los que padecieron hambre y frío, de los que vieron ahogarse a sus padres o a sus hijos.

Podemos estar o no de acuerdo con el libro de Ernaux. Pero quien quiera argumentar a favor o en contra del aborto, debería leerlo. Sin conocer realidades como las que ella nos relata, toda discusión sobre ese tema resulta una entelequia. Podemos también embarcarnos en largas polémicas académicas, morales y religiosas sobre el tema. Pero lo que no podemos hacer es ignorar experiencias vividas por tantas víctimas de la indolencia institucional. Si el cuerpo pertenece solo a su dueño o es parte de un cuerpo social o de la voluntad divina, puede ser un debate interesante y atractivo. Pero si no consideramos los daños biográficos, los destinos truncados, los traumas que han marcado a fuego la vida de tantas mujeres, incluyendo la imposibilidad de llevar una vida relativamente normal, toda discusión resulta ociosa.

2. El relato de Annie Ernaux corresponde al género de la literatura testimonial. Tal vez uno de los más difíciles de practicar. Por un lado pertenece a la literatura propiamente tal. Por otro, está ligado a la historiogafía pues sin testimonios es difícil escribir historias. Los testimonios pueden ser piezas literarias pero antes que nada son documentos. Son literarios solo cuando la calidad de su prosa así lo permite. Y bien, el de Ernaux tiene ese doble valor: es literario y documental a la vez. En sí reúne todas las características propias al género. Es personal, pero a la vez ilustra un momento de la cultura francesa durante los años sesenta. El acontecimiento es por lo tanto doble: irrumpe en la vida íntima de Annie pero tiene lugar sobre un piso nacional. Es fidedigno y verídico, y la imaginación, propia a toda literatura, está puesta al servicio del principio de realidad. La escritora no es solo observadora: es autor y personaje, es víctima y testigo.

3. El Acontecimiento, es mi opinión, debería ser sumado a la lista de los relatos testimoniales de la modernidad. Miembro de un género que en áreas muy distintas tiene nombres inolvidables. La mayoría están escritos bajo la forma de “diarios de vida”. En ese sentido, hay testimonios históricos. Me refiero a los que fueron escritos en tiempos dramáticos, como los vividos por Europa en el pasado siglo. Efectivamente, hay testimonios sobre la vida que vivimos pero cuyos interiores no conocemos bien y hay otros que sobrepasan todo conocimiento. Son los testimonios de lo inconmensurable, de la maldad humana llevada más allá de sus propios límites, de la radicalidad del mal (Kant).

El más conmovedor de todos los testimonios del mal hasta ahora conocidos -creo que en ese punto no hay discusión – es y seguirá siendo, el Diario de Anne Frank.

Todo el dolor de un pueblo perseguido y diezmado llegó concentrarse en la figura de una niña que sin prejuicios, sin ideologías y sin siquiera proponerse dejar un testimonio, describe su día a día en un escondrijo que la protegió durante un tiempo de su muerte en un campo de concentración nazi.

Sobre los campos de exterminio nazis, esa maldad radicalizada y banalizada a la vez, también hay testimonios. Uno de los más estremecedores es sin duda el de otro niño judío que, ya convertido en adulto, escribe sobre su vida en los campos de concentración con la inocencia que solo un niño es capaz de expresar. Y, al igual que Anne Frank, sin explicarse sobre las razones que lo llevaron a ese siniestro lugar. Nos referimos al escritor sobreviviente Imre Kertész y a su novela-testimonio Sin destino. Tanto Anne como Imre describen lo que, desde nuestro sitial cotidiano, podemos leer y saber, pero nunca entender.

Sobre los campos de exterminio soviéticos hay también fuertes testimonios. Archipiélago Gulag de Solyenitzin es sin duda un documento agotador, pero sin la atroz realidad que describe nunca podremos darnos cuenta de lo que significó el estalinismo en la URSS. Del mismo modo, la sensible escritora rumana Herta Müller, a lo largo de su copiosa obra nos ha dejado un duro testimonio de la cruel vida diaria bajo la dictadura del dictador Ceauşescu. En una de sus últimas novelas Todo lo que tengo lo llevo conmigo, fiel a los testimonios de su amigo Oskar Piastor, Müller describe en detalle la vida de los prisioneros en los campos de concentración siberianos. Solo recordar esa novela da frío.

Hay también testimonios que no han sido llevados a la escritura porque quienes los vivieron no se atrevieron a hacerlos públicos. Es el caso de muchas mujeres que padecieron la ocupación serbia durante la guerra del Kosovo. En otro marco histórico, el autor de estas líneas ha conversado con diferentes mujeres que pasaron por los centros de torturas de las cárceles de Pinochet. Hay historias que para ellas son inenarrables. “Prefiero soportar el peso de mi trauma a que mis familiares y amigos sepan lo que hicieron conmigo”, me dijo una estimada amiga.

4. Hay, por cierto, testimonios imaginarios. Me refiero a autores que sin haber padecido personalmente los rigores de los acontecimientos históricos, han llegado a imaginarlos con una verosimilitud similar a los vividos por sus actores reales. En los dos últimos años, cuando el Covid 19 alcanzó una dimensión mundial, han sido actualizados autores que escribieron sobre grandes epidemias. Antes que nadie, Albert Camus en La Peste, cuyo abnegado doctor Bernard Rieux ha revivido entre tantos médicos que arriesgan sus vidas luchando en contra del Covid. Tampoco podemos olvidar el clásico de Daniel De Foe, Diario del Año de la Peste, cuyos imaginarios personajes transcriben la peste que azotó Londres durante 1665. En analogía a los primeros días pandémicos es imposible no recordar la trágica historia del compositor Gustav von Aschenbach, en Muerte en Venecia de Thomas Mann. Más cerca de nuestro tiempo, el Amor en los Tiempos del Cólera de Gabriel García Márquez es un anticipo de la relación tortuosa que se da entre la muerte, la peste y el amor. Pero sin duda el caso más asombroso es el de la gran escritora canadiense Margaret Eatwood quien en su novela Orik y Krake (la primera de una trilogía) escribió sobre la pandemia ¡antes de que esta hubiera aparecido! Las similitudes entre la pandemia ficticia de Atwood y la que estamos viviendo, es realmente asombrosa. Por supuesto, el de Atwood, no puede ser catalogado, en sentido estricto, como un testimonio. Pero sí pertenece a un género poco estudiado, me refiero a la literatura profética. Solo con esa novela Atwood se sitúa al lado del 1984 de Orwell

5. Hay dos autores recientes y muy conocidos que han escrito novelas en donde la pandemia es una actriz principal. La primera de todos fue la escritora alemana Julie Zeh en su libro titulado Übermenschen. La siguió el español Manuel Vilas en su más reciente libro, Los Besos. Escritores radicalmente diferentes cuyos libros tienen dos puntos en común. El primero es que ninguno es “sobre” sino solo “en torno” de la pandemia. El Covid 19 determina el destino de los personajes. Pero ninguno de los dos escritores intentó aventurarse en los recovecos del mal bicho. El segundo punto es que en los dos autores mencionados, el amor emerge en medio de, y gracias a la, amenaza mortal.

Desde hace un par de meses la crítica literaria ha venido anunciando la aparición de un “auténtico” libro sobre la pandemia, escrito en forma de diario como el de De Foe, pero sobre situaciones no imaginadas sino directamente presenciales. Al fin un verdadero testimonio, imaginaba yo. Y así fue como me dispuse a leerlo en cuanto apareciera. El libro al cual me refiero es Volver a dónde de Antonio Muñoz Molina. Debo decir que, en este caso, mis expectativas no fueron colmadas. Lo siento.

6. Volver a dónde relata tres meses de la vida de Muñoz Molina, en plena furia pandémica. Durante esos meses el conocido autor vive en confinamiento. Desde su balcón engalanado por flores (que cuida un jardinero), bebiendo cada noche una copa de vino, mira hacia las calles de Madrid. Debido a la restricción de las actividades sociales, tiene mucho tiempo a su disposición y decide utilizarlo en la escritura de un libro sobre sus experiencias con la pandemia. No fueron muchas, en verdad. De ahí que el autor hubiera decidido escribir dos libros en uno: Uno sobre el Madrid pandémico. Otro sobre los recuerdos de su agraria infancia en donde nos cuenta de sus padres, de sus abuelos y abuelas, de sus tías y tíos, y sobre todo, de los frutales y verduras en los campos cercanos de Ubéda, su lugar natal. Esto último, con tanto detalle y esmero que al final queda la impresión de que, si bien uno no aprende mucho sobre la pandemia, recibe por lo menos interesantes lecciones de horticultura.

Bromas aparte, el libro, escrito con la prosa bien cuidada pero nunca demasiado profunda de Muñoz Molina, no es en sí un testimonio. Y sí lo es, no testimonia demasiado sobre la realidad pandémica.

Así nos enteramos que durante tres meses, Muñoz Molina cocina, lee los diarios de Thomas Merton, continúa profesando admiración hacia Benito Pérez Galdós, y se sume en la lectura de una biografía de Hitler. Además aprende a caminar rápido sobre espacios limitados, saca a pasear en las tardes a su perra Lolita, recibe de vez en cuando visitas de familiares cercanos, escucha sonatas de Beethoven mientras toma vino en su balcón y aplaude desde ese mismo balcón a los sanitarios y a la policía y estos a la vez se aplauden entre sí. También reproduce las noticias de El País y el Mundo, y como buen socialdemócrata, echa pestes en contra de la irresponsabilidad de la ultraderecha española.

Y por cierto, recuerda a sus antepasados. En esos recuerdos hay fragmentos muy bien logrados -estamos hablando de un escritor consagrado, no lo vamos a descubrir ahora- como el de la triste muerte de un trabajador nicaragüense, llegado a España huyendo de la macabra tiranía de Ortega. Las visitas a su longeva madre, sus silencios y sus olvidados pasados, contienen algunos episodios conmovedores, no se puede negar. Pero en general, sobre todo en lo que tiene que ver con la pandemia, no es mucho lo que Muñoz Molina nos dice.

7. En suma, seguiremos esperando testimonios sobre la pandemia. Tarde o temprano tendrán que aparecer. La verdad es que los necesitamos. Necesitamos saber más sobre lo que realmente sucedía en los hospitales, de los que murieron por error, de los que sin estar contagiados fallecieron porque el personal solo atendía a contagiados. Queremos saber más sobre la mortandad masiva en las residencias de ancianos. También del dolor de los deudos que despiden a alguien que hace solo un par de semanas vivía rozagante. Es importante que alguien nos cuente sobre la competencia salvaje que se dio entre los laboratorios virológicos. O de cuanto dinero recibieron los periódicos por desprestigiar a unas y ensalzar otras vacunas. Desearíamos saber cuáles eran los políticos que organizaban las marchas de los imbéciles anti-vacuna, y qué propósitos perseguían. También que alguien nos cuente la vida cotidiana de los policías y del personal hospitalario. Y no por último, las experiencias de esos seres intubados, vueltos boca abajo, pensando en los segundos que faltaban para irse de este mundo. En una sola frase: necesitamos más testimonios.

Pronto llegará el momento de escribir sobre la historia de la pandemia. Sin esos testimonios no será posible.

8. Me parece que la pregunta de las preguntas aún no ha obtenido respuesta. ¿Qué es un testimonio?

Aquí parece necesario retornar al comienzo de este artículo y volver a referirnos a la historia del embarazo no deseado por Annie Ernaux. En las páginas finales de El Acontecimiento escribió Ernaux unas palabras que, en mi opinión, son las que más se acercan al concepto de “testimonio”. Dice:

He acabado de poner en palabras lo que se me revela como una experiencia humana total de la vida y de la muerte, del tiempo de la moral y de lo prohibido, de la ley, de una experiencia vivida desde el principio hasta el fin a través del cuerpo (…..) Y quizás el verdadero objetivo de mi vida sea este: que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura, es decir en algo inteligible y general, y que mi existencia pone a disolverse completamente en la cabeza y vida de los demás.

Convertir al cuerpo en escritura: eso es un testimonio.

Octubre 22, 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/10/fernando-mires-testimonio-y-esc...

 12 min


Werner Corrales

Es triste que la Oposición esté dividida pero hay que analizar por qué lo está antes de echar todas las culpas a quien critique lo que el o ella considere incorrecto.

Si se lee equilibradamente el titular con el que salen las declaraciones dadas a ABC por María Corina Machado no se puede decir que ella esté mintiendo... Lo mismo puede decirse de las declaraciones de Capriles sobre la caída de Guaidó en la opinión pública.

¿Es inoportuno lo dicho por Maria Corina?... no para quien siempre ha estado en contra de estas elecciones por pensar que no conducen a ninguna parte y legitiman al régimen.

También yo estoy entre quienes piensan que es muy triste que no haya una mayor coincidencia entre los partidos de Oposición, pero francamente creo justificado que quien se oponga a la corrupción en la Oposición no se alíe con grupos entre cuyos candidatos se cuentan algunos con muchos indicios de dolo. El escándalo de
Monómeros no es el único y las muestras de asociación de algunos “dirigentes” con el caso Saab van más allá de haberle extendido al “embajador” de Maduro cartas de buena conducta.

Es muy probable que algunos candidatos de la Oposición ganen el 21 -11 gobernaciones, alcaldías y curules; ojalá entre ellos no haya nuevos casos de los cuales avergonzarse.

Para concluir, yo me pregunto qué hace más daño a la imagen de la Oposición... ¿la corrupción existente y no atacada en los partidos?... ¿el alacranismo?... o que algunos no participen en los comicios y critiquen el dolo?.

En miembros notables de nuestros partidos de Oposición hay corrupcion y juegos extraños con figuras del régimen o sus “embajadores”.... ¿Que hay que hacer ante eso?... ¿mirar hacia otro lado?...¿no criticar o denunciar porque estamos en medio de unas elecciones?

Hay trapos sucios que huelen muy mal y por más que se los quiera esconder o lavar a puertas cerradas, todo el mundo se da cuenta de la fetidez.

No se cuando vendrá una verdadera renovación de los liderazgos, una que reúna a dirigentes honestos y bien formados; mientras tanto, María Corina Machado puede ser incómoda para muchos, pero es un referente de rectitud.


 1 min


Jesús Elorza G.

La reciente visita del presidente de la FIFA Giovanni Infantino, produjo un sin numero de pronunciamientos y comentarios entre los aficionados, jugadores y entrenadores de futbol en todo el país. Las especulaciones no se hicieron esperar. Muchos se preguntaban sobre cuales fueron los motivos que dieron paso a esa visita. Otros miraban con mucho recelo el encuentro del presidente de la máxima autoridad del futbol mundial con un jefe de gobierno cuestionado y no reconocido por un número importante de diferentes países del mundo democrático. Al ver publicada la foto del encuentro, la comunidad futbolística de Venezuela hizo suya la expresión de Lázaro Candal ¿Qué hiciste papaíto? para dejar en claro su rechazo a la conducta de Infantino de reunirse con el representante de un régimen autocrático y totalitario que ha llevado al país a la critica situación política-económica y social durante los últimos 22 años.

El rechazo a la presencia del mandatario de la FIFA, fueron aumentando con el paso de las horas y alcanzaron su máximo nivel al hacerse publicas, en los medios de comunicación, los discursos de ambos representantes en el Palacio de Miraflores. Maduro comenzó sus palabras diciendo "Espero que se fortalezca la relación de la FIFA con la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) para potenciar el balompié nacional". "Ojalá se logre coordinar con la FIFA para que, en los años que están por venir, tengamos algunos eventos internacionales en Venezuela que le den motivación al fútbol nacional”. Y terminó, como era de esperarse, con un ofrecimiento demagógico al señalar “Hemos conseguido los recursos para regalarle a Venezuela un gran estadio. Ya tenemos la ubicación en los terrenos adyacentes al Hipódromo La Rinconada, en Caracas y el Plan Mil Canchas para la masificación deportiva y como modelo de desarrollo para muchachos y muchachas deportistas".

Pura muela, fue la expresión de todos aquellos que tuvieron la oportunidad de escuchar o leer las frases vacías y demagógicas de Nicolás. El Estadio para Caracas ha sido ofrecido y pagado en su totalidad durante más de veinte años ¡¡¡y aun no se ha construido!!!, solo ha servido como fuente de corrupción. Con respecto a las Mil Canchas, quizás este numero en realidad refleja la cantidad de instalaciones deportivas que hoy están totalmente abandonadas e inservibles.

Infantino, por su parte, también hizo uso de la palabra para dejar en claro el motivo de su visita: “Es nuestra tarea saber cómo hacer del fútbol algo global, pero al máximo nivel es limitado y nuestra responsabilidad es hacer que sea de verdad global”, “Necesitamos competiciones mundiales en Venezuela y en todo el mundo”, aseveró. “La propuesta que tenemos es la de reducir los partidos amistosos y tener más compromisos donde se juegue algo”.

Este musiú, como que nos vió cara de pendejos, fue la expresión nacional de los aficionados. Vino a ofrecernos competiciones mundiales para obtener el apoyo a su propuesta de celebrar el Copa Mundial de Futbol cada dos años, y como las federaciones de Suramérica se oponen a esto, anda recorriendo esta parte del mundo, ofreciendo villas y castillos para comprar los apoyos. En su oferta, tuvo el atrevimiento de señalar que “sería fantástico organizar un Mundial en Sudamérica”, de vainita no dijo que la sede sería Venezuela.

El tema de reducir el tiempo a dos años para celebrar la Copa Mundial, ha sido muy criticada y entre las razones destacan entre otros los siguientes:

- Enfrentarse cada dos años sería agotador física y psíquicamente para los jugadores.

- Bajo el actual formato de eliminatorias sudamericanas, los diez seleccionados de la CONMEBOL se enfrentan todos contra todos. Los cuatro primeros de la tabla clasifican al mundial y el quinto juega un repechaje ante rival de otra confederación. El presidente de la FIFA no explica cómo va a respetar el actual formato de eliminatorias sudamericanas que se juegan prácticamente durante tres años si el Mundial se jugara cada dos.

- Una Copa del Mundo cada dos años supondría una sobrecarga prácticamente imposible de gestionar en el calendario internacional de competiciones.

Para terminar el encuentro, Maduro no podía dejar escapar ese rolling planteado por Infantino y señaló, con toda propiedad y conocimiento del tema, que “Si de algo sirve mi opinión, estoy de acuerdo que cada dos años sean los mundiales de fútbol para alegría y motivación de los niños, niñas, la juventud y nosotros los fanáticos”, ¡¡¡“Me parece buena idea”!!!.

No sería descabellado pensar, que en el brindis, al final del encuentro, con varios whiskys encima, Maduro le planteara a Infantino “celebrar el primer mundial bienal en Venezuela” y este para asegurar el voto le contestara “vamos a darle”, que en revolución vale todo.

 3 min


Laureano Márquez

Tengo tiempo escuchando el comentario de que Zapatero tiene una mina de oro en Venezuela. Siempre pensé que la afirmación se hacía en sentido metafórico, es decir, que la situación venezolana y la consiguiente viajadera al país de Bolívar constituía una mina de oro para el susodicho porque sacaba de ello provecho colateral, pero nunca imaginé que se estaba hablando en sentido literal, de una mina, de pepitas de oro, pues, con mercurio y destrucción medioambiental. Esta información se desprende (o despluma) de las acusaciones del Pollo (no Brito, sino el otro) y también de unas declaraciones de esa señora que nunca ha tenido Piedad con nosotros.

Particularmente creo que no se debe desprestigiar a nadie, por muy mal que esa persona le caiga a uno, máxime si la persona tiene una extraordinaria capacidad para desprestigiarse a sí misma. Así que hasta no verle la pepita en la mano, no doy por cierta la información.

Me parece que los que tenemos alguna responsabilidad comunicacional, debemos manejar las informaciones con cuidado. Sin embargo (todo tiene un sin embargo), como en el humor la creatividad vuela, es inevitable imaginar toda la “explotación” que la minería del humorismo podría hacer de una noticia así.

Sería un contrasentido que un régimen que le exige una disculpa al rey Felipe VI por la conquista de América, el genocidio de la población aborigen y la expoliación del oro, regalase a un expresidente español –justamente– una mina en la que se roba el oro, se destruye el medio ambiente y se asesina a la población aborigen por la que, por lo visto, se siente mucho menos respeto del que les tenía Isabel la Católica cuando le escribió al almirante Colón reprehendiéndole: “¿quién le ha dicho a usted, señor Colón que mis vasallos son sus esclavos?” Quizá la leyenda de El Dorado a estas alturas algunos todavía están en capacidad de creérsela.

Uno podría imaginarse al personaje en el sótano de su casa en Madrid (caracterizado por el excelente humorista español José Mota) con una bata de cuero en una fragua fundiendo lingotes justo en el momento en que le llama su compañero Pedro Sánchez para sostener un diálogo como el que sigue:

-Hola, ¿Está José Luis Rodríguez Zapatero? Que que se ponga… José Luis, que parece que el Pollo ha hablado.

-Joder, tío, en España cada vez se ven cosas más raras.

-¡El Pollo de Venezuela!, quiero decir.

-Imposible, yo he viajado muchas veces y allí pollo, no hay.

-Por Dios, que no existe, José Luis, el tío este, Carvajal. Ha dicho que tienes una mina de oro allí en América. ¿Qué tienes que decir?

-Oro reluce, plata no es, el que se lo crea muy bobo es. Mira Pedro, esto tenemos que hablarlo, pero hoy no, ¿eh?, ¡Mañana! Es que hoy estoy fundido…

-Solo quiero que me digas la verdad.

-Yacimiento…

-¿Cómo?

-Digo que ya, si miento, él dice la verdad, pero no miento. Todo esto es una aleación de la oposición venezolana. Encima, Mercurio está retrógrado, así que no es un buen momento. Te tengo que colgar, ya sabes que el tiempo es oro. Adiós, hasta luego, Lucas.

Al cierre de esta emisión, hemos conocido que al Pollo se lo llevan también extraditado para los Estados Unidos, al parecer a toda prisa. No sabemos si esto tiene algo que ver con la supuesta mina. Sin embargo, lo que sí es cierto es que cada vez que abre la boca, alguien del oficialismo de allá se hunde.

Quiera Dios que no le toque compartir celda con el otro extraditado y que todo esto termine en riña colectiva en los patios de la prisión.

En todo caso, volviendo a lo de la mina: si es cierto o no, seguramente con tanta gente de braga anaranjada tan bien informada y dispuesta a hablar, se terminará sabiendo, porque al final, la verdad, como el oro, brilla.

Twitter @laureanomar

Laureano Márquez P. es humorista y politólogo, egresado de la UCV.

 3 min


Lluís Bassets

El mayor peligro no radica en la repetición de una confrontación prolongada entre dos superpotencias, sino en las capacidades de unos y otros para evitar que se deslice hacia la guerra caliente por una actitud negligente de los gobernantes.

Y esperemos que no se convierta en caliente. Muchos no quieren ni pronunciar la palabra. Para evitar que se convierta en profecía que se cumple a sí misma, como si nombrarla fuera convocarla. No se parecerá a la Primera Guerra Fría, pero la rivalidad entre Washington y Pekín, la escalada militar y verbal alrededor de la hegemonía en Asia y la polarización entre democracia y autoritarismo han instalado ya la idea entre nosotros.

John Lewis Gaddis, profesor de Historia en Yale y probablemente el mayor estudioso de aquel período, no tiene dudas: “Ya no es objeto de debate que los dos tácitos aliados durante la mitad final de la última Guerra Fría están entrando en su propia guerra fría”. Lo cuenta en Foreign Affairs, la más veterana de las publicaciones sobre relaciones internacionales, que dedica a este nuevo Mundo dividido su número de noviembre, dominado más por la pesadumbre que por el alivio de tener localizado al fin al enemigo de la nueva era.

Henry Kissinger, el artífice de la alianza de cuatro décadas con China, ya advirtió del peligro hace 10 años cuando señaló que “una guerra fría entre los dos países frenaría el progreso para una generación a ambos lados del Pacífico” (China. Debate). De momento, si las relaciones entre superpotencias están a punto de convertirse en juego de suma cero, tal como temía Kissinger, todavía no sucede así con la cadena de suministros, a pesar de las tarifas impuestas por Trump y mantenidas por Biden.

Washington no está dispuesto a abandonar sus intereses y aliados en Asia, para ceder amablemente la hegemonía mundial a Pekín, mientras que el régimen chino tiene una clara estrategia para convertirse en una superpotencia a la par con Estados Unidos a mitad de siglo, con unas Fuerzas Armadas a la misma altura y un proyecto de globalización de matriz china diferenciado de la globalización occidental.

El mayor peligro no radica en la repetición de una confrontación prolongada entre dos superpotencias con sus propios sistemas de valores y modelos sociales, como se produjo entre Estados Unidos y la Unión Soviética, sino en las capacidades de unos y otros para evitar que se deslice hacia la guerra caliente, gracias a una actitud negligente y sonámbula de los gobernantes, como sucedió en la Primera Guerra Mundial.

La carrera armamentística en Asia, los progresos de China en inteligencia artificial, su ampliación del arsenal nuclear, las pruebas con misiles hipersónicos y la envergadura creciente de sus Fuerzas Armadas, especialmente las marítimas, junto al espinoso contencioso sobre el estatuto de Taiwán, no son datos tranquilizantes.

Quizás no sea exactamente una guerra fría y solo lo parece, pero falta ahora que alguien tropiece con el nombre que le corresponde, como George Orwell cuando lo utilizó por primera vez para designar la “paz que no era paz” que se instaló entre Washington y Moscú a partir de 1945.

20 de octubre 2021

El País

https://elpais.com/opinion/2021-10-21/la-segunda-guerra-fria-ya-ha-empez...

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Humberto García Larralde

Impresiona, aunque no sorprende, la alharaca montada por voceros del régimen a raíz de la detención y posterior extradición a Estados Unidos de Alex Saab. Por la reacción de Maduro y sus secuaces, se colige que ha sido un golpe terrible. Es como si se hubiese profanado lo más sagrado de la secta en que se ha convertido el bolivarianismo: el sarcófago que, supuestamente, contiene a los restos del “eterno” en el Museo Militar. Esta respuesta del fascismo permite formular, como ley irrebatible, la siguiente tesis: mientras más pataletas escenifica protestando la “injusta detención” de un colaborador de la “revolución”, más razones hay para creer que su complicidad y todo lo que se le acusa, son ciertas.

Alex Saab, oriundo de Barranquilla, Colombia, es acusado de varios delitos de lavado de dinero con relación a manejos irregulares del gobierno chavo-madurista. Comienza en estas andanzas desde la época de Chávez, manteniendo un perfil bajo que lo hizo pasar desapercibido durante años. Pero eventualmente el equipo de periodistas de investigación del portal, Armando.info, empezó a exponer en sus publicaciones sus sospechosas operaciones. Una de las primeras referencias lo ubican en Miraflores en 2011 en relación con un contrato para construir casas prefabricadas en Venezuela, en representación de un Fondo Global de Construcción. Esa compañía habría recibido al menos 159 millones de dólares entre 2012 y 2013 para ese proyecto --según la investigación—pero sólo entregó materiales equivalentes a 3 millones de dólares. Saab también intercede en la obtención de divisas reguladas de CADIVI para una red de clientes, aprovechando el comercio entre Venezuela y Colombia. Pero rompe la banca con la oportunidad planteada por la escasez de alimentos, a raíz de la desastrosa gestión del gobierno de Maduro. Con empresas fantasmas los importa, con jugosos sobreprecios, para el programa de Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) del Estado venezolano. Se ha denunciado, además, la baja calidad de estos alimentos. Con su empresa, Group Gran Limited se le señala de haber recibido unos 1.500 millones de dólares entre 2016 y 2018, muchos en calidad de testaferro de Maduro, según la exfiscal general, Luisa Ortega. La Asamblea Nacional alegó en 2018 que la importación de alimentos para estos programas subsidiados, defraudaron al país al menos 5.000 millones de dólares en sobreprecios y amplios márgenes de ganancias, a expensas del hambre impuesto a los venezolanos.

No sorprende, entonces, que sobre él pesan siete cargos por lavado de dinero de parte de la fiscalía de los Estados Unidos. Detenido en Cabo Verde desde hace más de un año, fue al fin extraditado, luego de un arduo y engorroso proceso legal en el cual el gobierno de Maduro gastó millones contratando abogados poderosos para su defensa. Entre quienes se mancillaron en tal desempeño, se encuentra el abogado español, Baltasar Garzón, una vez celebrado por haber iniciado un proceso en contra del exdictador chileno, Augusto Pinochet, mientras éste se encontraba en Inglaterra.

La valía de Alex Saab para el régimen, personaje hasta hace poco casi desconocido, que operaba sus redes de negocio detrás de bastidores, a la sombra, comienza a ponerse de manifiesto una vez detenido en Cabo Verde. En su defensa se alega inicialmente que se trataba de un ciudadano venezolano (es colombiano) en misión oficial de gobierno. Como ello no logra la revocatoria de su detención, se le enviste, luego, de una pretendida condición de diplomático y se politiza el asunto para hacerlo aparecer como víctima de un agravio al gobierno “revolucionario” por parte del enemigo de siempre, el imperio norteamericano. Mientras, el abogado Garzón introducía toda suerte de ardides leguleyos para retrasar el proceso de extradición, elevando la sospecha de que el régimen preparaba algún tipo de rescate de Saab. El grado de compromiso con quien hasta hace poco era tenido como un simple comerciante, llegó al absurdo de designarlo después integrante de la delegación oficial que negociaba una salida para la terrible crisis del país con las fuerzas democráticas, en México. Sin sentido alguno del ridículo, Jorge Rodríguez y demás representantes de la delegación aparecieron en un stint publicitario desplegando cada uno un afiche con colores de la bandera nacional y la foto del personaje, exigiendo su libertad. En Caracas, Maduro armó protestas de sus secuaces con la misma función, como si fuera una especie de héroe revolucionario y no el artífice de los embelecos con los que se ha enriquecido al núcleo central del fascismo. El acto más reciente de este sainete es el anuncio de un Jorge Rodríguez con aires de indignado, de que la delegación oficial se retira del proceso de negociación en México por esta “agresión”.

Una puesta en escena tan desproporcionada como ésta evidencia, una vez más, que el verdadero interés de quienes conducen la “revolución” es lucrarse a la sombra de la destrucción del Estado de Derecho. A Saab lo revisten ahora de supuestos atributos antiimperialistas –“no se doblegará ante los jueces”—para hacer creer que es víctima de una agresión política de EE.UU. y no de un proceso judicial debidamente fundamentado. Y es que les duele. El susodicho había exhibido las habilidades y artimañas requeridas para sortear muchas de las sanciones impuestas a los criminales, hoy al mando del país por violación de derechos humanos, lavado de dineros y otros ilícitos, y mantener el flujo de sus ingresos mal habidos. Se señala que, en sus actividades de testaferro habría lavado al menos 350 millones de dólares a sus compinches “revolucionarios”.

Sin Saab, los integrantes de la cúpula chavo-madurista se quedan sin anestesia ante estas sanciones. Les pega en lo más entrañable: sus alforjas. Se les arrebata su excelso operador. Y tal es su desesperación, que a los cuatro vientos y a todo pulmón confiesan haber sido despojados de lo que es, para ellos, la esencia de la Revolución Bolivariana, su auto asignado derecho, como ejército de ocupación, a continuar saqueando a Venezuela.

Para más angustia, se añade la probable extradición a Estados Unidos de Hugo “Pollo” Carvajal. ¿Cantarán a capella o acompañándose como dúo?

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

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José Machillanda

La violencia, inhumanidad e indecencia del régimen en contra del General en Jefe Raúl Isaías Baduel, quizás una pretensión de ese grupo político de subestimación al jefe militar, al gerente responsable y sobre todo al ciudadano demócrata, visionario y objetivo crea prontamente un motor de masa política creciente dispuesta a reclamar en todo el espacio político, que se acelere ya el cambio de régimen que resulta impostergable. La sociedad democrática venezolana no tolera más el exponencial fracaso de este revolucionarismo militarista, vergüenza, exposición de magias, pérdida de respeto al cuerpo de leyes e irrespeto a la sociedad política toda.

Raúl Isaías Baduel les recordó a quienes le mantuvieron como preso político, ofendido como ciudadano y jefe militar que Venezuela es un país y que no aceptará más la violencia, el engaño y el asalto a la idiosincrasia democrática del venezolano. Raúl Isaías Baduel está vivo y arengando a todos los venezolanos para que se reforme la conducta equívoca, arbitraria de un grupo y que se ajusten la Constitución y a las leyes. Raúl Isaías Baduel ha recordado que ingresó a la Academia Militar, que se graduó y fue Subteniente, que se diplomó de Estado Mayor, fue General en Jefe, pero antes que nada ha sido un hombre decente, libre y dispuesto a construir un sueño: la República de Venezuela.

La República de Venezuela se avergüenza de ser conducida por un chófer arbitrario y simplón, que no sabe qué es la política y menos qué es la ética utens y la ética docens. Por lo tanto, yerra como actor desde el amanecer y se eleva en un tormentoso, errático de todo cuanto toca. Así, todo el gobierno -o casi todo- lo hace muy mal y la República no tolera más. Venezuela Estado-Nación está exigiendo un cambio ya, sí, eso lo ha motorizado luego Raúl Isaías Baduel cuando el eco de la ciudadanía se hace sentir para que crezca la iniciativa que consolide el cambio.

Cambio político que hizo público, comunicacional y notorio desde cuando el General en Jefe Raúl Isaías Baduel uniformado expresó de manera pública, comunicacional y notoria en el patio de honor de la Academia Militar su concepción sobre Venezuela como Estado-Nación democrática. Cuando lo hizo, pecó de ingenuo. Hoy, cuando ya es un vector de opinión, será la cultura política y la clase política democrática quienes conduzcan el necesario cambio que no recordó el jefe militar, que le quedó grande a este revolucionarismo vergüenza y regresión del sistema político venezolano, a tal extremo que el mundo no sale de su asombro ante la destrucción que produce el revolucionarismo y el cubanismo en Venezuela.

En cambio, político entonces ya con base a la postura de Baduel, llama a operadores sociales y sobre todo a ciudadanos a hacer política para acometer el cambio. Hacer política en toda la sociedad y la geografía verá a Baduel y a su concepción para que nazca la República. ¡Manos a la obra! Cada ciudadano ha de operativizar su acción política para abrazar al país, a un país que se merece una sociedad democrática y nunca más esta torpeza, arbitraria y cobarde revolución podrida y nefasta.

El cambio político que impone el planteamiento de Baduel es un referente o cruce de camino que apunta a la reconducción de la democracia, eso que intentó el temerario golpe de Estado y que se volvió en la desgracia del revolucionarismo militarista cubano. Es democracia lo que pide el grito de Baduel es democracia. Será real democracia cuando de manera histórica los venezolanos, que hoy se avergüenzan del maltrato y de la violación del régimen, repongan la Constitución y aparezca la ciudadanía rechazando a la mafia y a las atrocidades que ha realizado este grupo retrógrado incluyendo vejar o intentar vejar al General en Jefe Baduel.

El cambio político que instrumentará toda la sociedad democrática corresponde a la segunda República que soñó y diseñó Baduel General en Jefe, como parte de una institución que parió oficiales convencidos del valor de la Constitución, de la decencia y convencidos del honor de los hombres de uniforme. Es un todo político cuanto solicita el discurso de Baduel, está pendiente por realizarse sin violencia, pero con rectitud política, es decir, abrazado a la Constitución. Será la real democracia seguramente con un componente militar que tendrá que entenderse como un verdadero profesional. Así, se habrá cumplido con la eternidad creándose la República que soñó el General en Jefe Raúl Isaías Baduel.

Es original,

Director de CSB-CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 19 de octubre de 2021

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