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Opinión

Carlos Raúl Hernández

Por fortuna la amenaza de que Venezuela deviniera un Estado fallido, fracasado, colapsado, pudiera alejarse como efecto del viraje económico-político que parece vivimos. Veremos si tiene continuidad. La influencia del milagro chino se impone al modelo caótico de economía revolucionaria y la oposición insurreccional da señas de abandonar su esquema igualmente caótico. Un diálogo con toda la sociedad, un pacto de gobernabilidad ralentiza y revierte la desintegración. El modelo colectivista instalado a partir de la Asamblea constituyente de 1999, muy parecido al que llevó al bloque soviético al deslave diez años antes, crea incapacidad estructural al poder-ampliada por las sanciones globales- para cumplir funciones básicas. El concepto Estado fallido de Robert Rotberg define los países que no pueden cumplir con las tareas primarias para la sobrevivencia, y que finalmente estallan en guerras civiles y secesiones.

Los estudiosos coinciden en elementos que desarrollan el concepto, y en diferenciar entre los que ya son fallidos y los que están amenazados de serlo. Venezuela iba por el camino y habría llegado, de producirse “el quiebre”, un golpe de Estado, pero las FF. AA lo tenían claro. Yugoslavia y Checoslovaquia se acabaron, Sudán bajo la revolución de Omar Hasán Ahmad al Bhasir desde 1989, vivió dos guerras civiles y se dividió en 2011. Siria y Nigeria amenazan colapsar, igual que Irak, Yemen, Afganistán (antes y después de 20 años de ocupación), Zimbawe, Etiopía, Burundi y muchos otros. Es el final del Estado, paradójicamente postulado a la vez marxista y anarcoliberal, la imposibilidad de garantizar alimentación, salud, estabilidad, seguridad pública e invulnerabilidad de las fronteras. Las policías se hacen bandas hamponiles con fuero legal.

Susan Woodward resalta elementos para reconocer Estados fallidos. Uno es que pierden progresivamente la condición de monopolistas legítimos de la fuerza, el control del espacio público y de las cárceles, que comparten con pandillas criminales, grupos guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes. México y Colombia estuvieron cerca de serlo, pero Felipe Calderón y Álvaro Uribe lo revirtieron. No existe seguridad ciudadana y la criminalidad se apodera de las calles. Aparecen armas de reglamento en manos del hampa. Hay uso desmedido de la fuerza pública para reprimir protestas civiles, asesinatos policiales y torturas. Pese a ser gobiernos autoritarios, -todos los fallidos lo son- devienen incapaces para enfrentar problemas de la ciudadanía o custodiar las fronteras, centros del tráfico de personas por grupos armados. Desaparecen los servicios que el Estado debe brindar.

Los alimentos que enviaban las Naciones Unidas a África, llegaban a manos de Señores de la Guerra, cabecillas revolucionarios que los comerciaban para enriquecerse y adquirir armas ultramodernas. Las redes de distribución comercial de bienes (alimentos, medicinas) desaparecen y surgen desabastecimiento, epidemias, hambrunas, en medio de economías inmanejables. El Estado de Derecho no existe, los poderes judicial y legislativo están en manos del gobierno, y las fuerzas armada son temibles y corruptas. Infraestructura moderna en destrucción, robo de cableados, y una entropía creciente conduce a desintegrarla. Los gobiernos no responden a sus compromisos internacionales y deudas, pero al mismo tiempo los jerarcas poseen grandes cuentas en los paraísos fiscales. La noción de estado fallido se materializó en el bloque socialista, empezando por la URSS, y África.

Luego de la descolonización africana, se entronizaron dictaduras revolucionarias para romper con el bagaje civilizacional que dejó occidente, volver a lo originario, tanto en instituciones como como cultura, economía y organización social. La neotribalización fue el programa orgulloso del socialismo africano que se regó como lluvia. Décadas después, destruido el continente por la revolución, sin acueductos, electricidad, hospitales, teléfonos, ferrocarriles, los expertos acuñaron la categoría de nation-building, las políticas para la rehacer los países ya libres de las tiranías revolucionarias. En el marco de la Comisión para la Reconstrucción de la Paz creada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), se plantea la reforma del Estado, la edificación de las funciones institucionales, modernas y democráticas. Francis Fukuyama sostiene que sin maquinarias de Estado con proyectos constructivos y transparentes que lidericen el esfuerzo nacional, los países siguen cuesta abajo.

En su libro La construcción del Estado (2005) Fukuyama afirma que una vez definidas sus áreas y sin invadir otros ámbitos, el proyecto nacional debe desarrollar ambos polos: Estado y sociedad. Y alerta que reinstalar la democracia, el juego de partidos, la libertad de expresión, el Estado de Derecho, la justificada euforia no debe eclipsar la necesidad de emprender el sistemático trabajo de reforma institucional, conquista de la eficiencia y de la capacidad para que el Estado y la sociedad produzcan los bienes y servicios.. Argentina es ejemplo de que aunque se rescaten las instituciones democráticas, si se insiste en los errores del pasado, y se ignoran las reformas económicas, administrativas y funcionales, continuará el empobrecimiento colectivo y el deterioro institucional.

@CarlosRaulHer

 3 min


Jesús Elorza G.

El camarada Nicolás, se encontraba muy preocupado por la serie de comunicados que aparecían en los medios señalando el intervencionismo del gobierno en las universidades. En tal sentido, optó por ordenarle a la camarada Delsy que convocara urgentemente al camarada ministro de educación superior para que explicara lo que estaba ocurriendo.

En menos de lo que canta un gallo, el ministro se apersonó en el bunker presidencial y uno de los guardaespaldas del G2 cubano lo condujo hasta el despacho del camarada en jefe. ¿Camarada qué vaina está pasando en las universidades? fueron las palabras de bienvenidas.

- Tranquilo mi jefe, todo está bajo control. Los oligarcas rectores, agrupados en AVERU, lo que están es respirando por la herida…

Coño, no me digas que les caímos a tiros….

- No, no, lo que ocurre es que están molestos y protestones por la designación que hice de las autoridades rectorales de la USB….

No me digas, échame ese cuento completo, de paso te felicito camarada Trompiz, porque al fin salimos de Cecilia, que me tenía harto con su reclamadera como rectora de la Universidad Sentral de Benezuela (USB)….

-Disculpe camarada Nicolás, dijo todo apenado el ministro, no es la central sino la “Simon Bolivar”…

A carajo, me confundí. Pero, es que le tengo tanta arrechera a esa rectora que me confundí de universidad. Volvamos al tema, dime entonces que fue lo que pasó o está pasando.

- Bueno, como usted sabe, el rector de la USB falleció y esa ausencia absoluta obligaba a nombrar una nueva autoridad….

Seguro que salieron a pedir elecciones en el marco de la autonomía universitaria, dijo medio molesto Nicolás.

- Si mi excelentísimo jefe, no aguantaron dos pedidas. Pero que va, les jugué una maniobra y los deje como pajaritos en rama, mirando para los lados y preguntándose qué había pasado…

¿Cómo así? ¿Qué carajo hiciste Trompiz?

-Bueno, les jugué una maniobra revolucionaria, de las que usted y el Difunto Eterno me han enseñado en estos 22 años de revolución. Les hice creer, que cubriríamos la vacante mediante la escogencia democrática y participativa de la comunidad universitaria y aunque usted, camarada en jefe no lo crea, se tragaron el anzuelo y presentaron en primera instancia una lista de 10 aspirantes, luego agregaron dos más y para fortalecer el espíritu democrático del proceso, el Ministerio a mi cargo presentó una lista de ocho aspirantes….

¿Y?

- No se me adelante mi jefe máximo, que ahora es cuando viene lo bueno. Convoqué a una sesión extraordinaria del Consejo Nacional de Universidades CNU, que tenía como punto de agenda la designación del rector de la USB pero, aquí viene lo bueno, me deje de vainas y procedí a nombrar también a los vicerrectores académico y administrativo. En otras palabras, mi jefe, destituí “democráticamente” a esas dos autoridades oligárquicas y pasé a designar a un rector y dos vicerrectores revolucionarios.

El proceso fue tan transparente mi jefe, que los tres seleccionados fueron escogidos de la lista que yo como ministro había propuesto.

Ahora entiendo; esos comunicados son el llantén de los imperialistas-oligarcas derrotados, dijo brincando en una pata Nicolás. Si se les ocurre reclamar, ordenaré la intervención del CNE o de la Sala Electoral del TSJ para que avale la elección irreversible del CNU …Te felicito camarada Trompiz por tan acertada maniobra electoral; creo que te mereces la condecoración “Orden Aristóbulo Isturiz” en su única clase por haber actuado siguiendo sus pasos y seguir golpeando a la antirrevolucionaria y golpista autonomía universitaria.

“En revolución vale todo lo que hagamos, fuera de la revolución no permitimos nada”, fueron las palabras de Nicolás para terminar la reunión. Al despedirse, le dijo al ministro “discúlpame la confusión que tuve con lo de la USB”, yo sé que es la Simón Bolívar y no la Sentral de Benezuela.

 3 min


Fernando Mires

Comenzaré con una tesis. "Si bien todo elector es un votante no todo votante es un elector". La diferencia no es irrelevante.

Todos conocemos a personas que siempre han votado por el mismo partido sin darse jamás el trabajo de elegir. No me refiero solo a los militantes, pues para ellos votar es una obligación, la palabra lo dice, casi militar. Hay, además, quienes han establecido una relación ontológica con la política. Por ejemplo, en lugar de “estar” en, “son” de, un partido. Ser de izquierda o de derecha es para tales personas una pertenencia de tipo étnica. Afortunadamente no son solo ellas quienes votan. También votan -estoy siguiendo una clasificación weberiana- los partidarios, los simpatizantes, y no por último, los indecisos, segmento que suele conformar en algunos países, si no una mayoría, un número decisivo en cada elección.

Para explicitar la enunciada tesis será necesario agregar que el elector indeciso al elegir toma una decisión. Luego, antes de decidir tiene que haber pasado por un momento previo, y este no puede ser otro sino el de la indecisión. Por esa misma razón el elector indeciso no debe ser confundido con el elector abstencionista, aunque puede darse el caso de que la decisión final del indeciso sea la abstención. Pero la abstención para el indeciso es solo una entre otras posibilidades. No así para el abstencionista.

El abstencionista es el que hace del no votar un decidido gesto militante y en algunos casos una profesión de fe. En cierto modo el abstencionista es un militante negativo, o si se prefiere, un fanático de la anti-política.

Mucho menos puede ser confundido el elector indeciso con el elector indiferente. Todo lo contrario. Al indiferente le da lo mismo quien gane y por lo tanto no reconoce diferencias. Pero el indeciso no solo las reconoce: hace de las diferencias una condición de la política. Ahora, reconocer diferencias significa, en cierto modo, pensar. Pues sin conciencia de lo diferente no hay pensamiento y luego, tampoco hay conciencia.

El pensamiento comienza con la diferencia (Derrida). Esa es la razón por la cual se puede afirmar que el elector indeciso es un elector pensante. Y es claro: si no fuera indeciso no tendría necesidad de pensar. Es errado imaginar entonces que al indeciso gusta su indecisión; al contrario, desea salir de ella. Pero para conseguirlo tiene solo una alternativa: pensar.

Pensar es en gran medida debatir consigo y con el otro. Y el debate, lo sabemos todos, es la sal de la política.

Ironía insólita es que los electores indecisos tienden a ser despreciados por los militantes partidarios. La ironía es tanto más grande si se tiene en cuenta que los candidatos, aún siendo militantes, nunca podrán ser elegidos si no hay electores indecisos. Sin estos, los resultados de cada elección serían siempre los mismos, no habría rotación del poder. Los indecisos, al inclinar la balanza para uno u otro lado, son los máximos garantes de la democracia política.

Sin indecisiones la vida política sería lo mismo que la vida religiosa pues, como es sabido, es mucho más fácil cambiar de opinión política que de creencia religiosa. Es por eso que en las naciones no secularizadas -pienso en países islámicos- al ser los partidos entidades confesionales, los resultados se conocen de antemano. En una nación suní, ganan los suníes; y en una chií, los chiíes

Los indecisos, por el contrario, no hacen de las elecciones un acto de fe ni tampoco aman a un líder con devoción. Si son religiosos van a los templos. Y si son amantes, van a la cama. En ningún caso van a la política a satisfacer pulsiones, ni espirituales ni eróticas. Más aún: como seres pensantes están dispuestos a cambiar de opinión siempre y cuando los argumentos de un partido sean más convincentes que los del otro. Para el indeciso, quiero decir, no existe el “para siempre”. Su voto será condicionado. ¿Condicionado a qué? A su decisión, no hay otra respuesta. El indeciso es el votante soberano.

Entre militantes partidarios e indecisos existe, aunque así no parezca, una intensa relación política. Lo explicaré:

La razón de ser de un partido –no puede ser otra- es ganar para sí al mayor número posible de indecisos. Por lo tanto -y esa no es una de las paradojas menores de la política- los indecisos son los que deciden.

La utopía de una nación de decididos militantes ha sido la misma que han acariciado los totalitarismos modernos. Fue esa la razón por la cual en tales sistemas los indecisos no fueron tratados como indecisos sino como enemigos. Convertir a los indecisos en enemigos para eliminar toda indecisión fue el objetivo fundamental perseguido por Hitler y Stalin. Ambos monstruos tenían razón desde sus perspectivas: el indeciso delibera consigo y los demás. Y toda deliberación atenta en contra de la razón totalitaria.

Los indecisos, en consecuencia, necesitan más que a nada de la democracia. Más aún: la democracia para ellos es condición existencial. A la vez, la democracia necesita de los indecisos. Sin por lo menos la existencia de dos partidos los indecisos no tendrían –como hoy ocurre en Cuba y Corea del Norte- entre quienes decidir. Las elecciones estarían de más. Y sin elecciones no hay democracia.

Muy imbécil sería entonces un candidato si levantara una política sólo a favor de quienes ya tienen su decisión tomada. Conquistar para sí a los indecisos es tarea primordial de la lucha política.

Tan importante son para mí los indecisos, que he debido vencer la tentación de proponer la fundación de un nuevo partido: el Partido de los Indecisos. El problema es que si los indecisos forman un partido dejarían de ser indecisos. Y sin indecisos, he de reiterar, se acaba la democracia.

24 de septiembre 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2013/10/fernando-mires-elogio-al-electo...(POLIS)

 4 min


Ismael Pérez Vigil

En los regímenes como el que padecemos, permítanme obviar las definiciones complicadas, no es fácil determinar qué cosas son peores que otras −es decir, todo es peor−; pero, sin duda, una de las peores cosas es su afán por cambiar lo que somos. No solo nuestras instituciones, nuestros símbolos y nuestra democracia, sino ese intento descarado de transformar nuestra historia, nuestra cultura y nuestro “habla”.

Es un vasto tema, el que podemos definir como “cultural”, pero lo acotaré, refiriéndome solo al tema del lenguaje −más precisamente la “neolengua” del régimen− y esa manía de clasificar y encasillarnos a todos.

El término “neolengua”, lo tomamos en el sentido en que lo hacía Orwell en su novela: “1984”; lo que él llamaba el “viejo lenguaje” (Oldspeak) y lo transformaba por uno nuevo, mucho más simplificado, con la finalidad de dominar el pensamiento de los habitantes, de la población, de los hombres del partido, para hacerlos pensar de una manera determinada. Vaciaba de contenido algunos conceptos −por ejemplo, libertad y otros− y les daba el contenido que el sistema quería. Eso es ni más ni menos lo que empezó a hacer Hugo Chávez desde su campaña electoral y desde luego lo intensificó cuando fue presidente y dirigía aquellos largos programas dominicales y pronunciaba en cadena de medios aquellos largos discursos, en donde contaba sus anécdotas, escatológicas, absurdas, inventaba términos, insultaba, reinterpretaba la historia, denigrando de unos próceres y ensalzando a otros, como a Zamora, por ejemplo, figura de por sí polémica y no muy bien considerado por muchos cronistas e historiadores.

De ahí viene también todo ese lenguaje, esa neolengua, del desdoblamiento innecesario de “venezolanos y venezolanas, “ciudadanos y ciudadanas”, etc. que plaga −nunca esta palabra pudo ser mejor empleada− nuestra Constitución, leyes, documentos oficiales, discursos y hasta los malos chistes de los dirigentes del gobierno. Ese lenguaje ha ido pasando a la población y hoy muchos opositores lo imitan y lo utilizan con la misma carga de veneno y odio que Hugo Chávez le imprimió. Por ejemplo, ese reemplazar la lucha política por “guerra”, el rival político, el contendor político, por el “enemigo” al que hay que acabar, aniquilar.

Todas esas expresiones como: guerra, enemigo, milicia, unidades de combate, batalla, rodilla en tierra, guerra de tercera generación, guerra híbrida, etc.; algunos las han ido adoptando, sin darse cuenta o conscientemente, y utilizan esa neolengua, esa jerga militarista, para el análisis político, para el análisis de la realidad, sin percatarse que resultan en una simplificación del lenguaje y una sobre simplificación de la realidad que se pretende analizar.

Y así está también esa manía de “clasificar” en bueno, regular y malo, teniendo por bueno, por supuesto, lo que está de acuerdo con lo que yo pienso y la estrategia que yo defino; regular, aquellas ideas “imperfectas” y “equivocadas”, solo medianamente toleradas por ser conceptos ingenuos; y malo, por supuesto, las que se contraponen a las mías.

Esa manía no es nueva, hay que decirlo, se remonta a la “prehistoria” del chavismo, cuando teníamos aquellos frondosos y enjundiosos comunicados firmados por intelectuales, periodistas, políticos, artistas, etc. para llamar la atención sobre un determinado tema o para fijar posición pública sobre determinados acontecimientos que afectaban al país. Eso derivó, en épocas más cercanas al surgimiento del “chavismo”, en aquellos “notables”, para algunos de ingrata recordación, que asocian con el origen del desmadre que nos condujo a esta ignominia; pero eso es otra historia.

A esa manía de “clasificación” obviamente le sigue la elaboración de “listas”, que han alcanzado su perfección en este régimen, siendo la más famosa aquella llamada “Lista de Tascón”, que deriva su nombre de un diputado homónimo, elaborada con el listado de los que firmamos solicitando un referendo revocatorio a Hugo Chávez en 2002 y 2003, que vino a realizarse, como todos sabemos, en 2004, después de todos los intentos por suprimirlo, por parte del impugnado. Esa “Lista de Tascón” fue utilizada por tres o cuatro años por el régimen, hasta que el propio Hugo Chávez tuvo que intervenir, sin mucho ánimo, por cierto, para que fuera eliminada, después de que empezó a utilizarse para tomar todo tipo de decisiones en la administración pública, en la industria petrolera, en las empresas del Estado y hasta en las empresas privadas que contrataban con el Estado. El régimen perfeccionó esa lista original y la convirtió en “listas”: de los que reciben dólares preferenciales, contratos del Estado sin licitación, los que reciben cajas CLAP, “bonos” de cualquier tipo, votantes a los que hay que acarrear para votar, listas para “echar” gasolina o diésel, y un sinfín más, de todo tipo de cosas, pues en esta materia la imaginación de los capitostes del régimen es muy prolífica.

Como no podía faltar, de nuestro lado de la acera, también tenemos “listas”, empíricas, de opositores: la lista de los buenos, la de los regulares y la de los malos. En la de los “buenos” están todos los que piensan exactamente igual que él que elabora, o los que elaboran, las “listas”. A los “regulares” se los señala, eventualmente humilla y presiona, para que rectifiquen, renieguen de sus ideas y se pasen a la lista de los “buenos”; de no hacerlo y persistir en sus defectos e imperfecciones, serán considerados como parte de los “malos”. En la de los “malos”, por supuesto, están esos que hay que “derrotar”, exterminar sin apelación, con los que no se dialoga, ni negocia, pues son hampones, narcotraficantes y malvados.

Pero las clasificaciones tienen un problema, sobre todo cuando se sobre simplifica la realidad o cuando de pronto las conductas o lo que hace la gente no se ajusta al concepto que se define como bueno, regular o malo. Y las “listas”, en consecuencia, tienen también su dificultad; siendo la primera la de los nombres que aparecen allí, que suelen ser −como todas ellas− imperfectas e incompletas y en algunos casos, pocos en verdad, sin haber estado de acuerdo con que su nombre apareciera allí, en esa “lista”; pero, obviamente, la dificultad más importante son los que no aparecen en ninguna. ¿Qué pasa con los que no aparecen? ¿Forman un grupo aparte? ¿Se les excluye del juego? ¿Se les rechaza?, esos detalles no entran en la mentalidad de los clasificadores y los neo lingüistas.

Y así llegamos a otro punto medular. ¿Quién o quiénes deciden quiénes son los buenos, quiénes los regulares y quiénes los malos? ¿Quiénes elaboran las “listas”? ¿Quiénes son los sacrosantos jueces, esos soberbios semidioses, savonarolas de nuevo cuño, que definen qué es “bueno”, qué es “regular” y qué es “malo” y en consecuencia: quiénes son los buenos, quiénes los regulares y quiénes los malos? Lo dejo hasta aquí, pues abundar más sería caer en la tentación de dar nombres, de hacer “listas”, que no es el caso.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 5 min


Katharina Pistor

Las olas de calor, las inundaciones, las sequías y los incendios forestales están devastando comunidades en todo el mundo, y se volverán más severos. Si bien los negadores del cambio climático siguen siendo poderosos, la necesidad de una acción urgente hoy se reconoce mucho más allá de los círculos activistas. Los gobiernos, las organizaciones internacionales y hasta las

De hecho, el mundo ha perdido décadas debatiendo planes de comercialización de carbono y rótulos financieros “verdes”, y la moda actual consiste simplemente en diseñar estrategias de protección sofisticadas (“compensaciones de carbono”) desafiando el simple hecho de que la humanidad está sentada en el mismo bote. Una “compensación” puede servirles a los tenedores de activos individuales, pero hará poco para evitar el desastre climático que nos espera a todos.

La adopción por parte del sector privado del “capitalismo verde” parece ser otro artilugio para evitar un reconocimiento como corresponde. Si los líderes empresariales y financieros hablaran en serio, admitirían la necesidad de cambiar el curso drásticamente para garantizar que este planeta siga siendo hospitalario para toda la humanidad ahora y en el futuro. Esto no tiene que ver con sustituir activos marrones por activos verdes, sino con compartir las pérdidas que el capitalismo marrón les ha impuesto a millones de personas y con garantizarle un futuro aún a los más vulnerables.

La noción de capitalismo verde da a entender que los costos de abordar el cambio climático son demasiado elevados como para que los gobiernos los asuman por sí solos, y que el sector privado siempre tiene mejores respuestas. En este sentido, para los defensores del capitalismo verde, la alianza público-privada garantizará que la transición de un capitalismo marrón a un capitalismo verde no tenga costos. Las inversiones valuadas de manera eficiente en nuevas tecnologías supuestamente impedirán que la humanidad caiga al abismo.

Pero esto suena demasiado bueno para ser verdad, porque lo es. El ADN del capitalismo hace que no sea hábil para lidiar con las consecuencias del cambio climático, que en gran medida es el resultado del propio capitalismo. Todo el sistema capitalista se basa en la premisa de la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas –no de una manera maliciosa, sino con la bendición de la ley.

La ley ofrece licencias para externalizar los costos de saquear el plantea a cualquiera que sea lo suficientemente inteligente como para crear un fondo o una entidad corporativa antes de generar contaminación. Alienta el no cumplimiento de las responsabilidades ambientales generadas mediante una reestructuración en bancarrota. Y hace que países enteros resulten rehenes de reglas internacionales que privilegian la protección de los retornos de inversores extranjeros por sobre el bienestar de su propio pueblo. Varios países ya han sido demandados por empresas extranjeras según el Tratado de la Carta de la Energía por intentar reducir sus emisiones de dióxido de carbono.

Dos tercios de las emisiones totales desde la Revolución Industrial han sido producidas por apenas 90 corporaciones. Sin embargo, aún si los gerentes de los peores contaminadores del mundo estuvieran dispuestos a implementar una rápida descarbonización, sus accionistas se opondrían. Durante décadas, ha reinado el góspel de la maximización del valor para los accionistas, y los gerentes han aprendido que si se desvían de la ortodoxia serán demandados por violar sus obligaciones fiduciarias.

No sorprende entonces que las Grandes Empresas y las Grandes Finanzas ahora defiendan las divulgaciones climáticas como una salida. El mensaje es que los accionistas, no los gerentes, deben espolear el cambio conductual necesario; las soluciones se deben encontrar a través del mecanismo de precios, no de políticas basadas en la ciencia. Lo que queda por responder es el interrogante de por qué los inversores con una opción de salida fácil y muchas oportunidades de protección deberían preocuparse por la divulgación de un daño futuro para algunas compañías en su portfolio.

Obviamente, existe una necesidad de cambios más drásticos, como impuestos al carbono, una moratoria permanente sobre la extracción de recursos naturales, entre otros. Estas políticas muchas veces se descartan por considerarse mecanismos que distorsionarían los mercados y, sin embargo, idealizan mercados que no existen en el mundo real. Después de todo, los gobiernos han subsidiado generosamente a industrias de combustibles fósiles durante décadas, gastando 5,5 billones de dólares (pre y post-impuestos), o 6,8% del PIB global, en 2017. Y si las compañías de combustibles fósiles alguna vez se quedan sin ganancias para compensar estas exenciones tributarias, simplemente pueden autovenderse a una compañía más rentable, recompensando así a sus accionistas por su lealtad. El guion para estas estrategias está escrito desde hace mucho tiempo en la ley de fusiones y adquisiciones.

Pero la madre de todos los subsidios es el proceso centenario de codificar capital legalmente a través de la ley de propiedad, de empresas, de derecho fiduciario y de quiebra. Es la ley, no los mercados o las empresas, la que protege a los dueños de activos de capital aún si ellos le endilgan a otros enormes responsabilidades.

Los defensores del capitalismo verde esperan seguir con este juego. Es por eso que ahora están haciendo lobby con los gobiernos para subsidiar la sustitución de activos de manera que, en tanto baje el precio de los activos marrones, el precio de los activos verdes aumente para compensar a los tenedores de activos. Una vez más, el capitalismo tiene que ver con esto. Si representa o no la mejor estrategia para garantizar la habitabilidad del planeta es una cuestión totalmente diferente.

En lugar de abordar estas cuestiones, los gobiernos y los reguladores una vez más han sucumbido al canto de sirenas de los mecanismos amigables con el mercado. El nuevo consenso hace foco en la divulgación financiera porque ese camino promete cambio sin tener que ejecutarlo. (Resulta que también genera empleo para industrias enteras de contadores, abogados y consultores de empresas con poderosos ejércitos de cabildeo propios).

Era de esperarse que el resultado haya sido una ola de enverdecimiento. La industria financiera se mostró feliz de derramar billones de dólares en activos catalogados como verdes que resultaron no ser tan verdes. Según un estudio reciente, el 71% de los fondos catalogados como ESG (que supuestamente reflejan criterios ambientales, sociales o de gobernanza) están alineados negativamente con los objetivos del acuerdo climático de París.

Nos estamos quedando sin tiempo para estos experimentos. Si enverdecer la economía realmente fuera el objetivo, el primer paso sería eliminar todos los subsidios directos y los subsidios impositivos para el capitalismo marrón y ordenar que se interrumpa la “proliferación” de carbono. Los gobiernos también deberían imponer una moratoria a los contaminadores protegidos, sus dueños e inversores de responsabilidad por daños ambientales. De paso, estas medidas también eliminarían algunas de las peores distorsiones del mercado que existen.

21 de septiembre 2021

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/green-capitalism-myth-no-ma...

 5 min


José Machillanda

La abierta y ácida crítica pública a Nicolás Maduro por parte de los presidentes de Uruguay y Paraguay en la reunión del CELAC, se convirtió en una acción política categórica de refuerzo para que la mayoría democrática venezolana que –atónita- no ha podido salir de su asombro, comprenda como la política internacional puede rebozar a la política interna de un país. El régimen no entiende a que se llama autoridad, menos que el 80% de los venezolanos confrontan a este régimen oprobioso y perverso, cobarde expresado en el presidencialismo armado y arbitrario, pero requerido por tribunales internacionales y despreciados públicamente en la reunión del CELAC.

La abierta, crítica y punzante crítica de los presidentes a la presencia de Nicolás Maduro en la CELAC ha permitido que los venezolanos, hoy dispuestos a rechazar al régimen el 21N, crezcan en su intención de voto con el fin de elegir a gobernadores y alcaldes democráticos. Los presidentes de Uruguay y Paraguay le recordaron a la Venezuela política que un jefe de Estado y de gobierno debe tener ética y moral. El impacto de esa valiente acción de carácter internacional ha producido un efecto motor, acelerador en los votantes o en las voluntades de los ciudadanos para que expresen su rechazo al régimen. El coraje de ambos presidentes se ha encargado de originar como motor la intención de que ciudadanos tengan y exijan una rectitud crítica y ética.

La política internacional representada por Uruguay y Paraguay, o sea el grupo de países latinoamericanos, refleja la importancia entre la política internacional y la política doméstica, que hoy es un reclamo de la ciudadanía democrática. Así la venezolanidad cercana y conteste a la crítica del actor internacional como sujeto de política doméstica está construyendo desde una respuesta política por venir el 21N. La valiente expresión crítica de ambos presidentes ha servido de motor en la venezolanidad, que admira la ética y el valor político y que, seguramente, les permitirá accionar en tal sentido en la elección de gobernadores y alcaldes.

El 21N será un acontecimiento democrático que se encaminará a un fortalecimiento político en Venezuela de manera ejemplar, que tendrá como reflejo a dos presidentes que si saben a qué se llama democracia y cómo tiene que ser y deben actuar los presidentes democráticos. La identidad democrática del venezolano reconoce en los presidentes de Uruguay y Paraguay la real interpretación política asertiva, además del rechazo al revolucionarismo militarista, que ha venido potenciando consecuencias dolorosas distantes y contrarias a la política que serán vencidas en el crucial 21N.

La democracia le ha costado mucho a los venezolanos durante los últimos 20 años: sacrificio, persecuciones y diáspora como consecuencia de un régimen bastardo, violento y militarista que hoy ha quedado públicamente desnudo por parte de la política internacional. Por ello, esta expresión clara y valiente de los presidentes de Uruguay y Paraguay como efecto sirva de guía y refuerzo para la decisión que tendrá que cumplirse el 21N, atendiendo al segundo artículo de la Constitución vigente. Atrás, bien atrás, quedan los activistas del revolucionarismo militarista, hoy desgracia y vergüenza del sistema político venezolano armado y cobarde.

El cuerpo armado que debe leer como quienes se cree todavía presidente de Venezuela fue desconocido públicamente por dos miembros de una muy importante organización internacional latinoamericana: La CELAC. La política internacional muéstrase entonces atada la ética y estremece en Venezuela a la opinión pública, habida cuenta la responsabilidad de dos presidentes que entienden el difícil momento político que le toca vivir a la sociedad toda. Sociedad toda acodada a la ética con conocimiento de la opinión pública que hará política el próximo 21N cuando tenga que decidir por las alcaldías y los gobernadores de la democracia.

La democracia que aparece reflejada en esa crítica abierta de los dos presidentes ha servido de motor para estimular y repotenciar la masa ciudadana en un acto de valoración para y por la política doméstica venezolana ajustado a la ética. El desconocimiento público, comunicacional y notorio de Nicolás Maduro en la CELAC ya tiene consecuencias en el sistema político venezolano. El acto electoral del 21N será un acto democrático para que la fuerza cívica ciudadana exprese su ética personal y muestre su decisión por apoyar a la democracia política, entre ‘‘los indiciados’’, no forman parte de la ecuación política.

Es original,

Director de CSB-CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 22 de septiembre de 2021

 3 min


Gonzalo Escribano

El fin del verano anticipa un frío invierno en Europa. Los niveles de almacenamiento de gas son inusualmente bajos; se sospecha que Rusia está estrechando su oferta para presionar a la UE; Noruega acomete inoportunas operaciones de mantenimiento; Argelia renuncia a exportar gas a través de Marruecos por el gasoducto Magreb-Europa; y los mercados internacionales de gas natural licuado (GNL) están en niveles de tensión máximos por la demanda asiática. Añadan que el precio del gas natural suele marcar el precio en los mercados marginalistas eléctricos europeos e incluye el precio de las emisiones de CO2 en la UE, también en máximos, y tendrán el recorrido completo de los precios de la electricidad desde el mundo a su contador. Los episodios de altos precios del gas y la electricidad empiezan a ser recurrentes, y despiertan las alarmas europeas por sus elevados costes económicos y, cada vez más, políticos. Una preocupación creciente es que generen la desafección de una parte de los ciudadanos hacia una transición energética que puedan percibir como cara e injusta.

No hay soluciones fáciles a corto plazo, ni en el ámbito doméstico ni en la UE, y tampoco a nivel internacional. La evolución del panorama energético reciente muestra que es necesario emprender sendas de transición energética sostenibles y consistentes en el plano climático, económico y, también, geopolítico. Las tensiones en los mercados del gas y la volatilidad de precios asociada, junto con los efectos de la subida de precios de las emisiones de CO2, mandan un mensaje claro de política energética: el gas natural sigue jugando un papel clave en la matriz energética europea y su seguridad de suministro, por lo que resulta imprescindible contar con sendas de transición claras para él. En los últimos años, el hidrógeno verde se ha planteado como el nuevo combustible, no ya de transición, sino casi de culminación de ésta. Aunque las urgencias de precios de los últimos (y próximos) meses pueden desviar la atención de una visión más estratégica como la que requiere el desarrollo del hidrógeno verde, éste ofrece oportunidades y alternativas que pueden empezar a capitalizarse, al menos geopolíticamente, de manera casi inmediata.

Nuestro reciente Policy Paper “H2 Med: impulsores y barreras geopolíticos y geoeconómicos para el hidrógeno en el Mediterráneo” identifica las oportunidades y desafíos que representa para Europa el desarrollo de un mercado de hidrógeno que integre los recursos energéticos renovables europeos y de los vecinos del Mediterráneo. Los elementos comunes de las estrategias de hidrógeno europeas y de la propia UE constituyen factores de impulso importantes, pero se aprecia cierta inconsistencia en algunos de los enfoques exteriores: mientras países como Francia apuntan a la autosuficiencia, Alemania opta por la importación y Portugal o España por la exportación, lo que podría suponer barreras geoeconómicas para la exportación de hidrógeno portugués a Alemania, por ejemplo. Por otro lado, una serie de impulsores geoeconómicos incentivan el hidrógeno verde en el Mediterráneo: abundantes recursos renovables, industria e infraestructura ya existentes, y bajos costes de transporte en comparación con otros orígenes. Sin embargo, las dudas sobre los precios, marco regulatorio y medidas de apoyo tienden a favorecer la integración intra-europea, aunque también incentive la convergencia de los países vecinos hacia la política climática de la UE. Desde la perspectiva geopolítica, el H2 en el Mediterráneo reúne tanto drivers como barreras en materia de seguridad energética, sostenibilidad, gobernanza y política exterior. La conformación de un orden geopolítico sostenible también debería priorizar la integración europea y fomentar la cooperación con aquellos países vecinos donde los drivers geopolíticos superen a las barreras.

Es evidente que el hidrógeno verde no es la solución a corto plazo para las actuales tensiones en los mercados de gas, pero sí ofrece la posibilidad de ir sustituyéndolo gradualmente para poder mitigar la vulnerabilidad económica (y climática) que representa. Tanto desde la perspectiva económica como geopolítica, el hidrógeno verde mediterráneo se puede posicionar de manera ventajosa en comparación con otras alternativas. Su desarrollo pasa primero por integrar los recursos del sur de Europa, estableciendo corredores Sur-Norte para que los países con mayor capacidad de exportación, como Portugal, España o Italia puedan abastecer los mercados europeos. Es importante garantizar la inclusividad de los proyectos de cooperación y apoyo de la UE, abriéndolos a todos los Estados miembros y a aquellos vecinos dispuestos a ello, y evitando replicar con el hidrógeno los obstáculos a las interconexiones ibéricas de gas y electricidad. Finalmente, la cooperación con los socios y vecinos ha de basarse en criterios de sostenibilidad, no sólo ambiental y social, sino también geopolítica. De poco serviría dejar de depender del gas de Rusia o Qatar (rellene aquí su suministrador favorito) para pasar a hacerlo de su hidrógeno sin considerar criterios tan geopolíticos como el buen gobierno de los recursos y su instrumentalización estratégica, o su impacto sobre la seguridad energética entendida de manera amplia: como seguridad de suministro, económica, humana y ecológica.

Algo semejante ocurre en el Mediterráneo, donde el hidrógeno verde puede en el medio y largo plazo contribuir de manera muy positiva a la transición energética, siempre que se respeten los criterios mencionados para evitar replicar los fallos de gobernanza y los comportamientos estratégicos que aquejan al gas natural. Establecer sendas geopolíticas y geoeconómicas de transición (y coexistencia temporal) claras desde el gas natural hacia el hidrógeno verde puede también mandar las señales necesarias a corto plazo para un desarrollo más acelerado que reduzca nuestra vulnerabilidad gasista. Por ejemplo, una mala noticia como el cierre del tránsito de gas argelino por Marruecos ofrece perspectivas de futuro para su reutilización para hidrógeno, pero sin una hoja de ruta creíble y realista que de estabilidad económica y geopolítica al proyecto será difícil atraer las inversiones necesarias. Bajo los criterios avanzados, lo más factible por ahora parece ser acelerar la fase de investigación y de realización de proyectos de demostración en suelo europeo, con miras a escalar después la producción de hidrógeno verde en el sur de Europa, donde las condiciones son más propicias y se estima un excedente de exportación más elevado. Pero es importante mantener un horizonte abierto a la contribución de los abundantes recursos renovables de nuestros vecinos mediterráneos, tanto por su dotación de recursos como por razones ambientales, económicas y geopolíticas.

24 de septiembre 2021

elcano

https://blog.realinstitutoelcano.org/h2-med-una-senda-geopolitica-de-transicion-para-el-gas-en-europa/

https://youtu.be/LSPTxJWfiSc

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