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Opinión

Fernando Mires

Los patriarcas internos

…...hay que convenir que tanto en el mundo islámico como en el occidental la representación central del poder, precisamente porque es representación, refleja relaciones que son posibles de ubicar a lo largo y a lo ancho de todo el complejo cultural; y eso significa que si aún en los países islámicos fuese prohibida legalmente la discriminación de la mujer, ésta continuaría existiendo en el seno de cada unidad familiar si es que el poder del micro-patriarca no es cuestionado al interior de la propia familia y, por cierto, cuestionado tanto por la mujer como por el hombre.

No obstante, la experiencia occidental ha demostrado claramente que por lo general los hombres no renuncian a su poder si las mujeres no se organizan como contra-poder, lo que implica que las mujeres, si es que quieren liberarse deben hacerlo en primer lugar de sí mismas, o, por así decirlo, de su propio “patriarcado interior”. Esto último es mucho más difícil de ser alcanzado si es que ese “patriarcado interior” se encuentra teológicamente asegurado, de modo que para una mujer islámica la rebelión frente al hombre equivale nada menos que a una rebelión en contra de Dios.

El patriarcado asume en la mayoría de las regiones islámicas una forma absolutista. Sus dispositivos de seguridad no sólo se encuentran en el poder gubernamental, sino que al interior de cada familia en donde el jefe de familia aparece dotado de atribuciones cuasi-sacerdotales. Como ha escrito Seyyed Hossein Nasr: “la familia islámica es una representación en miniatura de la sociedad musulmana. En ella actúa el hombre, o el padre, de acuerdo con la naturaleza patriarcal del Islam (...) En la familia es el padre el sostenedor de los fundamentos de la creencia y su autoridad simboliza una potestad de mando que viene de Dios”

Las trabas internas para una mujer islámica son mucho más fuertes que para una mujer occidental, pues están ligadas con la religión en una sociedad cultural que se rige por el dictado de la religión. Hay, por lo tanto, que reconocer en toda su magnitud el valor de aquellas mujeres afganas que, antes de que las tropas aliadas de Occidente realizaran la guerra en Afganistán, acudieron al Parlamento Europeo a presentar un listado de las violaciones a los derechos humanos que eran cometidos en su país en las personas de las mujeres. La resonancia de tales acusaciones fue muy escasa. Todavía nadie, ni siquiera los servicios secretos norteamericanos, habían establecido las exactas relaciones entre los talibanes, el islamismo organizado, y el terrorismo internacional.

En cierto modo todo parece indicar que la liberación de la mujer islámica deberá ser un resultado de la modernización política, y no la modernización política un resultado de la liberación de la mujer. No obstante, los propios patriarcas islámicos deben lentamente reconocer que la sujeción extrema a que someten a sus mujeres se está convirtiendo en un obstáculo, no tanto para la occidentalización que quieren evitar, sino que para la propia modernización que quieren impulsar en sus naciones y pueblos. Bernard Lewis postula incluso que el alejamiento de la mujer de la vida social y política en los países islámicos ha privado a éstos de una enorme cantidad de energía y talento que podría haber sido invertido en tareas que tienen que ver con el desarrollo de sus naciones.

A mujeres reprimidas y analfabetas les ha sido confiada a la vez, la educación de hijos quienes cuando son adultos no pueden adaptarse a las exigencias de una vida moderna. En fin, un círculo vicioso.

Las mujeres y la modernidad

En la realidad podemos diferenciar dos formas de subordinación de la mujer islámica. Una pre-histórica; otra moderna. La más pre-histórica fue aquella que se dio en el Afganistán de los talibanes.

La brutalidad sin límites a que fueron sometidas las mujeres en Afganistán tienen que ver, sin duda, con el propio origen religioso-cultural de los talibanes. La mayoría de ellos fueron educados en las madrasas de Pakistán. Como nos informa Ahmed Rashid: “Todos los huérfanos, los desraizados, el lumpen-proletariado que provenía de las guerras y de los centros de refugiados crecieron en una absoluta sociedad masculina”.

A ellos les fue enseñado que las libertades que gozaban las mujeres de Occidente constituían una afrenta al orden instituido por Dios; que enviarlas a la escuela era occidentalizarlas, y que una cultura como la del Islam sólo podía existir si los hombres ocupaban el lugar que Dios les asignaba; particularmente en la guerra.

Los propios jefes talibanes aclararon al periodista pakistano Ahmed Rashid que el contacto sexual de los guerreros con mujeres podía debilitarlos e impedir que mataran con la pasión requerida. La represión a la que los talibanes sometieron a sus mujeres tenía el propósito –como ellos mismos afirmaban– de purificar al Islam de influjos externos. Más aún: la represión a las mujeres llegó a ser para los islamistas afganos un signo de autoidentidad frente al corrupto Occidente. Para poner un ejemplo: El fiscal general del Estado afgano-talibán Maulvi Jalilullah Maulvizada, cuando fue criticado por las Naciones Unidas debido a la política radicalmente antifemenina de su gobierno, emitió la siguiente declaración oficial: “Para nosotros está claro que tipo de educación quiere imponer Occidente. Se trata de una política de infieles que garantiza a las mujeres las más obscenas libertades, las que sólo pueden llevar a cometer adulterio – y esa es una de las pre-condiciones para destruir al Islam. Cualquier país islámico en donde los adulterios se conviertan en algo normal, será destruido y caerá finalmente en las manos de los infieles, porque sus hombres serán como las mujeres y las mujeres no se podrán defender. El sagrado Corán no puede someterse al deseo de otros hombres. Quien quiera hablar con nosotros debe someterse al Corán”.

El régimen de los talibanes correspondió a uno de esos momentos de recaídas históricas que hacen regresar a los pueblos ya no a la barbarie, sino que al propio salvajismo. Si hay que buscar en la historia alguna equivalencia al “talibanismo” afgano habría que concluir que sólo es comparable al régimen que instauró Pol Pot a fines de los años sesenta en Camboya. Pero tampoco hay que olvidar que los jefes de los talibanes habían sido formados de acuerdo a los cánones más ortodoxos del islamismo radical, particularmente aquel que se enseña todavía en Arabia Saudita de acuerdo a las lecciones de Qutb y de las sectas wahhabistas (ya hablaremos de ellas). Los talibanes representaban una suerte de radicalización islamista en condiciones de guerra y de miseria material. Y de acuerdo a esa tradición trataban a sus mujeres. Sin embargo, los islamistas, productos netos de la modernidad occidental, también han recurrido a nuevas formas para mantener subordinadas a sus mujeres. Esas formas modernas se han desarrollado de un modo muy refinado en Irán.

Los sacerdotes chiítas, ya desde los tiempos de la revolución del ayatolá Jomeini, captaron aquello que llamó la atención a Bernard Lewis: que el Islam tradicional al prescindir del aporte de las mujeres estaba dilapidando una cuota considerable de capital humano, lo que de hecho obstaculizaba el proceso de “modernización sin occidentalización” postulado por los propios islamistas. De este modo, uno de los propósitos del régimen islamista-chiíta ha sido incluir a las mujeres en el proceso de producción, utilizando su aporte en las empresas, en la microelectrónica, en la telefonía, en la construcción de materiales de guerra, e incluso en el ejército. Ese proceso se encuentra muy bien documentado en las informaciones televisivas, sobre todo cuando se ven desfilar aguerrida y marcialmente a ejércitos de mujeres cubiertas con velos negros, empuñando con decisión sus Kalaschnikovs. A cualquier observador poco avisado han de parecer dichas demostraciones signos de liberación de la mujer, sobre todo si se las compara con la situación en que se encuentran las mujeres en países donde domina el islamismo sunita.

Las mujeres, en efecto, han sido modernizadas (por los hombres) en Irán; pero, al igual que lo que ocurre con la propia cultura, no han sido occidentalizadas; y esto es lo más importante para el régimen. Más aún, a través de las mujeres, los ayatolás intentan movilizar a la modernización de las actividades femeninas en contra de su occidentalización, tal como ya ha ocurrido con los hombres; y por cierto, con excelentes resultados. ¿No hizo al fin lo mismo el nazismo alemán cuando movilizó a miles de mujeres armadas? ¿Y no están aún vivos en el recuerdo los ejércitos de “mujeres proletarias” que desfilaban en la Plaza Roja de Moscú mientras los “máximos dirigentes” las saludaban desde los palcos? Las feministas occidentales ya saben muy bien que el hecho de que haya mujeres policías, militares, e incluso ministras, no siempre es un indicador de la liberación de la mujer. La modernización profesional de la mujer puede ser bajo determinadas condiciones un indicador de lo contrario, como ocurre hoy en Irán.

Sin embargo, los ayatolás tienen razones para temer. Como las mujeres viven la realidad islamista de un modo más intenso que los hombres, y como ni talibanes ni monjes chiítas pueden evitar que las mujeres piensen, no pueden tampoco evitar que en su propio entorno aparezca una disidencia que tarde o temprano deberá llevarlos a la razón. El premio Nobel otorgado a Shirin Evadí, defensora de los derechos humanos en Irán, ha puesto una marca que los machistas ayatolás no pueden atravesar a menos que renuncien definitivamente a la modernización del país. Pero esa modernización es, a su vez, parte del proyecto chiíta de poder. De ahí que, llegado un momento, deberán entender que la modernización tecnológica a la que ellos aspiran es imposible de llevarse a cabo sin una modernización de los seres humanos que la realizan, aunque ellos piensen que eso significa occidentalizarse. Algún día entenderán que Occidente también debió occidentalizarse y que las mujeres de Occidente debieron luchar mucho para alcanzar el grado de occidentalización que hoy poseen.

Si el proceso de modernización que incluye a la modernización del trabajo femenino pueda incidir en un proceso de auténtica liberación de la mujer islámica, lo que supone su politización (es decir, lo que el islamismo llama occidentalización) es una pregunta que, por lo menos durante el curso de este texto hay que dejar abierta. Con cierto escepticismo se puede pensar que si la modernización del trabajo productivo en los hombres islamistas no ha llevado a cierta occidentalización de sus costumbres, no hay muchas razones para pensar que eso pueda ocurrir fácilmente con las mujeres, sobre todo si se tiene en cuenta que ellas, a través de la versión religiosa que profesan son prisioneras de sus propios “patriarcas internos”. Y eso significa que las reformas que tienen que ver con la situación de la mujer en los países islámicos, pasan por ciertas reformas básicas en la propia enseñanza del Islam. Mas, por otra parte, hay que tener en cuenta que el islamismo chiíta- iraní, a diferencias del sunita, quiere insertarse en la globalidad de un mundo del que mal que mal forman parte. Y a esa globalidad pertenecen también los derechos humanos, que no significan de acuerdo a la horrible traducción francesa, italiana y española “derechos del hombre”, sino que derechos de los humanos y de las humanas.

16 de agosto 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/08/fenando-mires-las-mujeres-y-el-...

 9 min


Eddie A. Ramírez S.

El dictador Maduro y la Plataforma Unitaria democrática iniciaron una negociación porque ninguna de las partes puede imponerse sobre la otra. Por ello, es una insensatez oponerse a negociar. Quien tenga una mejor opción que la ejecute. Lo fundamental es qué negociar y cómo garantizar que el usurpador cumpla. Por otra parte, el votar cuando no existen condiciones de transparencia siempre desata discusiones sobre las ventajas y desventajas. Quizá lo procedente es tomar una decisión acorde con la visualización de lo que puede venir después.

Negociaciones: En lo que va del siglo XXI solo ha habido una negociación, los otros encuentros entre gobierno y oposición han sido solo conversaciones. La negociación que se llevó a cabo en mayo del 2003 produjo acuerdos satisfactorios para los demócratas. Lamentablemente, la dictadura no cumplió y los garantes, la OEA y el Centro Carter, se hicieron los desentendidos. No tiene sentido oponerse a la negociación porque los anteriores encuentros fracasaron o porque un régimen dictatorial plagado de criminales no va a ceder. A las dos partes les conviene y ambas deben ceder en algo.

Críticas: Hubiésemos preferido que se realizara en otro país como Costa Rica o Suiza. También que el Memorando de Entendimiento firmado no dijera que una de las partes es el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y la otra la Plataforma Unitaria de Venezuela, pero entendamos que Maduro es quien está en Miraflores y es reconocido por la mayoría de los países de la ONU. Otra crítica es que en la Agenda no se incluyera el punto de la libertad de los presos políticos. Asumimos que eso no fue aceptado por el régimen. Si este actúa inteligentemente, se podría esperar que está en su interés soltar a todos, porque mantenerlos le crea un ambiente de rechazo entre los demócratas del mundo. Nos alegramos que Freddy Guevara ya esté en libertad, aunque quizá sea condicional.

Confianza en nuestros negociadores: Confiamos en el Coordinador del equipo democrático, el distinguido constitucionalista Gerardo Blyde y en el resto del equipo. La presencia de Carlos Vecchio y de Roberto Enríquez, ambos perseguidos por la dictadura es un triunfo del bando democrático. Solo Stalin González despierta dudas, que ojalá él despeje. Además, tenemos la fortaleza del Informe Bachelet y del paso dado por la Corte Penal Internacional. Los siete puntos de la Agenda contemplan lo deseable en cualquier democracia. Esperemos lo mejor, a pesar de la desconfianza.

Votar o no votar: El tema de las elecciones regionales de noviembre es ineludible. El presidente interino Guaidó asumió la posición correcta de esperar a que en la negociación el régimen acuerde otorgar las condiciones de transparencia propias de una democracia. Henry Falcón y sus sargentos se volvieron a plegar al régimen al adelantar que participarían en las elecciones. Por su parte, los recién llegados alacranes ruegan que, aunque sea, les den real y medio y cuartillo. ¡Qué infelices!

El problema es que el tiempo se acaba. Lo pertinente sería que en México se lograra aplazar las elecciones. La situación se complica caso de que no se logre, ni haya apertura para que el proceso sea transparente. La escasez de gasolina dificulta la movilización de nuestros posibles candidatos, escasez que no afectará al oficialismo. La realización de primarias para elegir a los nuestros se dificulta. La ausencia de un comando opositor con peso específico inducirá una proliferación de candidatos de oposición. Unos con méritos, otros sin él. Esta situación, aunada al ventajismo y trampas del oficialismo harán cuesta arriba ganar a los nuestros.

Escollos a superar: 1-Un Consejo Nacional Electoral (CNE) parcializado e ilegítimo. 2- Registro Electoral Permanente (REP) desactualizado y abultado. 3- La votación con máquinas despierta muchas sospechas. Hay que insistir que se cuenten todas las papeletas que emiten las máquinas, pero el CNE ha resuelto, que lo que vale es la información de las máquinas y no las papeletas. 4- Los cambios de votantes de su centro de votación tradicional a otro lejano dificulta votar. 5- El voto asistido a personas sin discapacidad es una trampa que ha proliferado, al igual que el amedrentamiento a los testigos por paramilitares rojos.6- El Plan República, mediante el cual la Fuerza Armada custodia las Mesas de votación, a veces da órdenes indebidas. 7- Los candidatos de la oposición nunca han tenido igual cobertura por los medios de comunicación del Estado y casi no existen medios privados; el régimen ha utilizado los recursos del Estado para promover y movilizar a sus votantes .

Lo anterior se puede subsanar, solo en una pequeña parte, con testigos en todas las Mesas y votación masiva. La trampa principal se produce cuando no tenemos testigos y los rojos operan las máquinas con votantes ficticios. El amedrentamiento de testigos, sobre todo en zonas rojas es casi imposible de evitar. En caso de que no se modifiquen las condiciones señaladas es cuesta arriba lograr ganar la mayoría de las gobernaciones y alcaldías, como debería ser de acuerdo con las encuestas.

A pesar de todo: Muchos, con argumentos válidos, predican que es necesario votar para prepararnos para un posible revocatorio presidencial. Revocar a un usurpador suena contradictorio, pero la realidad es que ocupa Miraflores. La pregunta es si es más fácil revocarlo contando con algunas gobernaciones y alcaldías o sin ninguna. Ello nos inclina a pensar que, a pesar de los obstáculos, es conveniente votar con miras al revocatorio. Con las abstenciones anteriores se logró que la comunidad democrática internacional desconociera a la Asamblea Nacional impuesta en diciembre 2020 y la reelección de Maduro, lo cual fue muy importante. Las regionales son un caso distinto. Parafraseando a Churchill refiriéndose a la democracia, el votar en una dictadura es la peor opción, con excepción de las otras.

Como (había) en botica:

Muchos amigos fallecidos. Entre ellos el economista Luis Semprún, hombre de principios y valores. Nuestro pésame a su esposa la luchadora Neneta Hernández y a su hijo. También los compañeros Antonio Guanipa, Cruz Chacón Marcano, Argenis Quijada Jiménez, José García y Jorge Ramírez de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


El estimulo.com

El economista y director de Ecoanalítica reflexiona sobre la turbia realidad económica del país, a la luz de la reconversión monetaria recientemente anunciada, la relación entre el Estado y el gremio empresarial y también sobre las sanciones impuestas. Un diagnóstico económico a mitad de 2021

Mientras algunas zonas de Caracas se reafirman como centros cosmopolitas, con restaurantes de lujos y pagos en dólares; en las barriadas populares, al margen de la misma ciudad, el trueque funciona como mecanismo de intercambio. Por ejemplo: dos kilos de harina de maíz “Doña Arminda” equivalen a cinco cambures en Petare. O tres kilos de frijoles igualan a una bolsa de guayabas, de parchitas, zanahorias, tomates.

Esa dinámica de pagos tan contrastante es definida por el economista Asdrúbal Oliveros como una “economía primitiva de mercado”, categoría empleada recientemente en un reporte publicado por la banca de inversión internacional Credit Suisse. Y Oliveros, director de Ecoanalítica, la respalda: “Es una economía insana, primitiva, fuera de las macrotendencias globales y una de las más pobres de toda Latinoamérica”.

—A principios de este año en una entrevista para El Estímulo usted planteó cosas que iban a ocurrir, como el contacto –ya abiertamente- del empresariado con el gobierno. Eso hoy, en agosto 2021, es un hecho, vimos lo ocurrido en la Asamblea Anual de Fedecámaras. Frente a esta nueva realidad: ¿qué significó la visita de Delcy Rodríguez a ese encuentro gremial?

—Eso generó mucho ruido en redes sociales, pero yo tengo una lectura diferente. Fíjate que Delcy fue la que fue a Fedecámaras y no Fedecámaras a Miraflores, porque yo creo que la relación de poder entre el sector público y el sector privado cambió totalmente. En Venezuela todo el mundo ha sufrido, incluso el Estado. Más allá de que se sientan triunfadores porque retienen el poder –y para ellos ese es el triunfo más importante–, desde la perspectiva económica y financiera el Estado venezolano luce colapsado. Hay una caída brutal del gasto público que no tiene precedentes. El gasto público es una métrica del tamaño del Estado. Es un Estado minúsculo, que no tiene capacidad para hacer políticas públicas, ni pagar subsidios. No tiene el poder para imponer controles de precios draconianos ni expropiaciones masivas.

La relación del Estado –en esa situación de debilidad– con el sector privado es muy diferente, más allá del discurso. El Estado y la economía hoy dependen de los privados. La actividad de los privados se divide en tres ejes: los formales, que son las grandes empresas; los internacionales, porque hay una dependencia importante a lo importado; y toda la estructura de informalidad o de pequeña empresa y emprendimientos. Esa dinámica hace que la forma en la que el Estado y los privados se relacionen sea muy diferente a la del pasado. En esa negociación, de privados y Estado, hay más áreas de cooperación que en otras, incluso que en la misma que se abre entre el gobierno y la oposición.

—Pero, por otro lado: ¿eso no podría significar también que los empresarios del país se están rindiendo ante la realidad política?

—Es una pregunta compleja porque tiene varias aristas. El sector privado venezolano también ha tenido que cambiar su concepción de lo que es la economía, de lo que es la relación con el sector público y con la sociedad. Tal como está cambiando todo el país. El sector privado venezolano, por lo general, siempre tuvo resistencia a competir. Es un sector que de alguna manera en el pasado se aprovechó de los subsidios, de la renta petrolera. Pero eso ya hoy no existe. Eso lo llevó a una recomposición y a un cambio importante en cómo había venido operando. Ahora dependen más de su esfuerzo y de su propio criterio en la gestión de sus empresas para poder sacarlas adelante.

El que tiene el poder es el gobierno de Nicolás Maduro y hay que entenderse con él, porque es el que en el día a día puede poner trabas o quitar trabas. Es iluso pretender que tengas una empresa en Venezuela y no te entiendas con el poder público, dada su influencia institucional y fáctica. No es una rendición, es entender quién tiene el poder.

—¿Está comenzando una nueva era en la que los empresarios no se vincularán más con la oposición? Como pasaba en Nicaragua. Porque los empresarios tuvieron relevancia política por mucho tiempo y no solo en el presente, también en el pasado cercano.

—El mensaje del gobierno es muy claro y no sé si Fedecámaras lo tomará: te doy espacio para que actúes y gestiones tus empresas siempre y cuando no te metas en política.

Es un cambio importante en el chavismo, porque todo lo que ocurrió entre 1999 y 2003 –sobre todo el golpe del año 2002– cambió la manera en que Hugo Chávez vio al sector al privado. Y eso, de verdad, perjudicó al país. Chávez asumió en ese momento que el sector privado era un enemigo clave. Y que si ese sector privado crecía y se fortalecía lo tumbarían. Por eso, a partir de 2004, cuando empezó el ciclo petrolero alcista que fortaleció al Estado, Chávez lo que hizo fue hacerse fuerte y minimizar a los privados. Una medida política para evitar que lo sacaran.

Ahora, con el Estado chiquito cambia esa relación de fuerzas, aunque el tema de la retención del poder sigue siendo importante y el mensaje sigue siendo claro: si vuelves a la arena política obviamente las cosas cambiarán. Y eso ha sido perjudicial también, o sea, que los gremios hagan política partidista. Cada gremio tiene una política institucional y cada miembro de gremio puede tener o no su posición política, pero lo importante es que cada gremio defienda sus intereses. Entonces, claro, hay una oportunidad por parte de los empresarios de crear esa discusión.

—¿Los empresarios pueden confiar en un gobierno que patea la mesa casi siempre y que solo parece entenderse con sus aliados?

—No es un tema de confianza, se trata de medir cada paso en ambos lados, porque el gobierno podría preguntarse también: ¿confío en los empresarios que siempre me han querido sacar? Es la misma lógica. O sea, hay desconfianza mutua entre ellos y eso no va a desaparecer en el corto plazo. Lo que debe buscarse son áreas donde se minimicen las diferencias, pero no desaparecerá la desconfianza. En el interín habrá señales contradictorias que, por cierto, ya han ocurrido: después de la visita de Delcy y de su discurso, Maduro fue un tanto duro con los empresarios con lo que dijo. Esa desconfianza, por la misma naturaleza del gobierno, no va a desaparecer. Es un gobierno con visos autoritarios, que no es democrático y la dinámica es totalmente distinta a otros países.

—En la entrevista anterior usted habló del auge de los emprendimientos, vemos por ejemplo las nuevas tiendas en Sabana Grande o a la chichera que se hizo famosa por las redes sociales. ¿Esos negocios son sanos? Muchos los condenan, dicen que no les compran a enchufados o que esos negocios son efímeros.

—Hay varias cosas: una dimensión social, una dimensión microeconómica y una dimensión macroeconómica. Desde el punto de vista de la economía familiar, y de cada una de esas personas, el hecho de salir a la calle, de generar ingresos y comprar cosas es positivo, porque no dependen de un subsidio o exclusivamente de una caja de comida. Son los protagonistas de su propio destino. Por eso yo no satanizo eso.

Esa dimensión social es interesante, porque al montar un pequeño negocio la gente empieza a entender los criterios de las empresas. Si eres un chichero tienes que manejarte con ingresos, gastos, costos, margen de utilidad, competencia. Eso cambia la percepción económica de la gente. Luego, desde el punto de vista microeconómico, ciertamente eso genera movimiento, actividad, intercambio de bienes. Hay un tejido económico importante.

La cosa es que desde el punto de vista macro –y ahí viene la discusión que se da en redes y que a mi juicio no tiene el panorama completo porque obvia estas dos cosas– eso es insuficiente para que el país se recupere y crezca. Es decir, hacen falta más que unos chicheros para que eso ocurra. Levantar industrias y tener capacidad de inversión. Te lo resumo en una frase: los emprendimientos son positivos pero insuficientes. Es erróneo asumir que a punta de chicheros la economía se va a levantar, eso no tiene sentido.

—Ahora, ¿cómo ve el panorama para los siguientes meses? Teniendo en cuenta que se acaba de anunciar otra reconversión monetaria.

—Para el panorama económico de Venezuela uno podría utilizar varios símiles. Uno de ellos podría ser el de un aterrizaje forzoso: imagínate un avión que viene en picada, y la posibilidad de que sus tripulantes sobrevivan es mínimo. Al final, se estrellan en medio de una selva o de una isla desértica y el avión queda destruido. Sin embargo, hay sobrevivientes. La economía venezolana se parece mucho a ese panorama. Un país que tiene una contracción en ocho años de 80%, donde prácticamente no ha quedado nadie inmune a la crisis –y por supuesto los ciudadanos somos el eslabón más débil–. De la cual todos se han afectado: el Estado y las empresas. Es un aterrizaje forzoso donde esos supervivientes empiezan a moverse en medio del entorno.

Creo que el peor momento, al menos en términos macroeconómicos, ya pasó. No creo que Venezuela vuelva a repetir esos niveles de contracción, sobre todo el de los últimos cuatro años. Incluso, la caída que nosotros estimamos en 2021 es la más moderada en comparación al lustro anterior.

La economía puede crecer, pero eso no significa recuperación ni superación de la crisis, sino que la misma crisis ha adquirido otro matiz y otra etapa, caracterizada por la desaceleración de la inflación. Por ejemplo: pasamos de medio millón por ciento de inflación a 1.500% por mes, un exabrupto cuando lo comparas con cualquier país, pero no cuando lo haces con la economía nuestra, la de los últimos años. Eso porque la dolarización generó cambios –te lo decía en la entrevista que me hiciste hace unos meses– en actores sociales que se han beneficiado de ese proceso, porque les ha dado la posibilidad de recuperar poder de compra, les ha dado certezas y certidumbre a algunas empresas.

—¿Y cómo entra la nueva reconversión en ese panorama?

—Esta reconversión, a mi juicio, será muy diferente a las otras. Es una reconversión que se da en una economía donde dos tercios de las transacciones se hacen en dólares y en donde hay cinco veces más dólares que bolívares. Eso marca una dinámica muy diferente a lo que fueron las reconversiones previas, incluso su duración y utilidad. El impacto de esa reconversión será mucho menor porque la gente se mueve en otra moneda. Ese contexto cambió.

Por supuesto, sigue habiendo cosas pendientes en la dinámica económica: no tiene una capacidad de crecimiento importante, porque tiene limitaciones, y la principal es que no hay financiamiento ni para el Estado ni para los privados. Una economía sin financiamiento es una economía cuya capacidad de crecimiento está muy limitada. Además, tiene un problema de servicios públicos, sobre todo los ligados a la electricidad. Una remora para crecer. Hay problemas de deudas, Venezuela está en default: no le ha pagado a sus acreedores y no puede asumir otras deudas que le permitan crecer.

Tiene, a su vez, un problema político importante que le impide construir consensos y acuerdos con organismos multilaterales que son necesarios. Tiene unos niveles de empobrecimiento extremadamente elevados que han reducido la capacidad de consumo. Una crisis tan larga y profunda ha dejado secuelas en el sector privado: la competencia, la expansión de los sectores productivos está seriamente afectada porque tienen ocho años cayendo ininterrumpidamente. No es cualquier cosa, eso deja efectos permanentes.

El panorama es claroscuro. Uno puede hablar desde esa perspectiva optimista pero la crisis está, solo que con otro cariz, más benevolente quizás, pero es otro cariz de la crisis.

—A pesar de que las sanciones se mantienen hay expectativas sobre su posible relajamiento. ¿Será posible una flexibilización de sanciones en este contexto? ¿Cuál sería el impacto de eso en esta maltrecha economía?

—El tema de las sanciones está atado a la negociación política que está por empezar en México. En la medida en que ambas partes, y sobre todo el gobierno, empiecen a dar señales de respeto a esa negociación y se den avances concretos, creo que podrían venir cambios en las sanciones. De lo contrario, no.

¿Puede Maduro sobrevivir con las sanciones? Sí, puede hacerlo. Lo ha hecho hasta ahora, ha construido un ecosistema financiero que minimiza sus impactos. La cosa es que sin las sanciones sería mucho más lo que podría lograr: hacer llegar inversiones, moverse en el sistema financiero internacional, rehabilitar la industria petrolera. Pero tampoco es que las sanciones son un elemento con el que el gobierno no puede vivir.

Ahora, ¿cuál es el dilema que enfrenta el gobierno? ¿Relajar las sanciones a cambio de garantizar condiciones democráticas o convivir con ellas y retener el poder? Y la verdad, y aunque suene pesimista, es que esta última pesa mucho más. El gobierno de Maduro prefiere quedarse con las sanciones que dejar el poder.

Lo que sí es cierto es que: uno, sin avances en lo político no habrá cambios en las sanciones, al menos a mediano plazo; y dos, con las sanciones es imposible que el país despegue para recuperar el tiempo perdido. Entonces, la economía quedaría estancada.

 10 min


Germán Monzón Salas

En entregas anteriores escribí sobre las circunstancias que dominan el panorama general del país, el cual a pesar de los deseos de un cambio de la inmensa mayoría, día a día la situación empeora.

La gran pregunta, pudiera ser si quienes gobiernan tienen disposición de realizar un viraje, creo que las acciones indican que anuncios los hay con frecuencia, pero los cambios no llegan, es verdad que las fuerzas del mercado indoblegables, provocan aspectos que no quería el sistema gobernante pero que se viene imponiendo, caso concreto la dolarización, hemos oído otras posibles divisas como criptomonedas, petros, las monedas chinas, iraníes y más, pero el billete norteamericano se impuso porque los precios y el valor de los bienes se cotizan en esa moneda, eso produce posibilidad de compras para quien tiene dólares y, los precios en Venezuela también los marcan en todos lados, hasta en pequeñas bodegas en esa divisa. Quiere decir que el pequeño respiro económico, insuficiente, viene atado al valor de una moneda estable, propia de la economía, mas poderosa del mundo como lo es la Estados Unidos de América (EUA).

La huida de tantos compatriotas, que cerca de 6 millones se fueron relegados por la quiebra de Venezuela, para salvarse del hambre, la miseria y buscar trabajo en otros lares, vienen a través de las denominadas remesas (dinero en dólares que reciben familiares de integrantes desde el exterior), esas compras ayudan a todos los compradores que tienen la divisas, el comerciante que vende y al régimen que ve aumentadas su entradas por el 16% de Impuesto al Valor Agregado (IVA). Deja por fuera a la gran mayoría que no posee dólares

Los jornales, estipendios, o remuneraciones con la figura del salario mínimo, afecta básicamente a los empleados públicos que reciben una paga que no sirve de nada, que no permite alimentar a una persona y menos a una familia, el régimen trata de seguir disimulando su total fracaso, con regalos denominados: bolsa CLAP (comida), bonos de diferente denominación, no obstante los trabajadores del Estado sufren de no tener dinero, de un empobrecimiento total, aspecto que no sucede en la actividad o empresa privada porque los empleados piden para la aceptación de empleo paga en dólares o el equivalente diario del mercado.

En el país NADA FUNCIONA, los hechos y las realidades pueden mas que las palabras, a título de ejemplo cito:

La EDUCACIÓN colapsada, las universidades autónomas y en general las casas de enseñanza, el régimen no las quiere, imposibilita su existencia.

PDVSA, (petróleo) la primera industria de mayor importancia en el mundo, se acabó cuando con un pito el presidente, despidió en un episodio a 21 000 trabajadores, se fue la experiencia, se acabó la experticia. Creo que fue una medida adaptada para arruinar el país. Quedamos sin gasolina ni gasoil.

CORPOELEC, empresa eléctrica, corrió igual suerte porque los salarios de hambre provocó que los técnicos que mantenían toda la operación de producción, transmisión y distribución, abandonaran sus puestos de labor. Nos quedamos sin electricidad, vivimos en tinieblas.

CANTV, (comunicaciones) también se quedó sin personal calificado, la empresa entró en pérdidas y sin esas centrales imposible el Internet y la telefonía celular.

Las carreteras troncales sin mantenimiento, también las autopistas y las rurales en total abandono, la centralización del poder con toda intención quitó los recursos al poder municipal y el gobierno nacional, improvisa funcionarios, adelantando una complaciente militarización con individuos que no conocen el país ni buscan soluciones.

El agua potable, el aseo urbano y otros servicios públicos, en general muy deficientes, grandes ciudades llenas de basura, con calles llenas de huecos y sin alumbrado público.

La salud sin medios de atención, sin medicaturas, dispensarios, laboratorios, hospitales y otros centros que existían, sin médicos ni enfermeras, sin material médico quirúrgico y otras múltiples deficiencias. Las Vacunas del Covid 19, con total retraso en medio de un gran desorden. El poder adquisitivo no alcanza para superar el alto costo de los remedios.

Las fuerzas del orden según informes de organismos internacionales, son cuerpos represivos que permiten todo tipo de delito con tarifas en cobro de dólares para aumentar la incertidumbre, y no se ocupan de su trabajo entre otras porque no tienen vehículos ni dotación apropiadas.

La agricultura después de expropiaciones de tierra, y abandono de las mismas causó ruinas de familias enteras y ahora no producen nada. Los alimentos en su gran mayoría son importados y la siembra y ganadería sin poder ser rentables.

El transporte colectivo local, interurbano y nacional en ruina total, no hay, imposible la movilización de ciudadanos. Igual suerte con el transporte aéreo.

Repito a Venezuela la domina un sistema de PUBLICIDAD y PROPAGANDA que acapara toda la comunicación, eso hay que pararlo, un pueblo adormecido por mensajes, promesas y "regalos" no encontrará la democracia y la verdad.

La lista puede seguir y llenar muchas páginas, testigo es el pueblo que sufre las desventuras y calamidades.

Para un sistema de gobierno ante monumental fracaso, quedan dos alternativas constitucionales.

la primera una elección total incluyendo la presidencial.

La segunda, seria un milagro, LA RENUNCIA, eso abonaría para considerarlo por la justicia, a que hacer con él y los culpables del desastre total.

Un cambio de gobierno en ese esquema requiere una Junta Provisional transitoria, ya mencionada en el Blog N° 201, de mayo del 2020, que por un período de 6 a 10 meses debería quedar integrada por:

Tres representantes del país con fuerza moral, sin militancia partidista

Dos integrantes de la Fuerzas Armadas

Un representante del régimen

Un representante de las fuerzas opositoras.

Esa Junta dispondrá en un plazo menor de 10 meses calendario, celebrar elecciones, con garantíais de transparencia, pulcritud y honestidad. De no darse la Junta Provisional Transitoria, como un Estado intervenido por Cuba, Rusia, bandas armadas (tupamaros) y la guerrilla, al cambiar el gobierno de un día a otro sin resolver esos y otros problemas, entraría en una crisis que dificultaría a los nuevos gobernantes, hacer viable al país.

No voy a defender el bloqueo que tienen personeros del régimen, hay que tomar en cuenta la solidaridad internacional, a la Organización de Estados Americanos (OEA), con su Secretario General Luis Almagro y de mas de 50 países que están del lado del pueblo venezolano y que buscan ayudar a resolver la ingobernabilidad de Venezuela.

En Venezuela no solamente se borran los discursos y escritos, estamos borrando aceleradamente al país entero. Todos estamos obligados a impedir que sigan borrando nuestros linderos geográficos, nuestra historia, nuestros medios de vida y toda la inmensa geografía patria.

Mérida, 15 de agosto de 2021

https://miradorelectronicogms.blogspot.com/2021/08/blog-n-223-dialogo-un...

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Jesús Castillo M.

Venezuela es un país rico en recursos hídricos, tanto superficiales como subterráneos. Posee numerosos ríos, lagos, lagunas, esteros, morichales, sabanas inundadas, los cuales dirigen sus aguas hacia grandes cuencas hidrográficas. De allí que Venezuela pueda ser catalogada como un país productor de agua. Cuenta con alrededor de 90 cuencas hidrográficas que, a partir del año 2007, con la entrada en vigencia de la Ley de Aguas1, fueron clasificadas y catalogadas en 16 regiones hidrográficas. Este fue el primer acercamiento a la modernización del ordenamiento de las cuencas, de acuerdo con los modelos de gestión que se vienen aplicando en la mayoría de países del mundo.

Sin embargo, actualmente, la estructura institucional y física de los sectores agua y saneamiento se encuentra desmantelado. Esta grave situación compromete la calidad de las fuentes de abastecimiento, las condiciones físicas y operativas de la infraestructura y los procesos de tratamiento, potabilización y distribución, colocando a Venezuela en una crisis de servicios de gran escala, que forma parte de una Emergencia Humanitaria Compleja en agua y saneamiento desde el año 2016.

Durante los últimos siete años, el Estado venezolano ha dejado de cumplir sus obligaciones de garantizar los derechos humanos al agua y saneamiento, y lograr las metas del ODS N° 6 que es garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos, ignorando u omitiendo la necesidad de políticas y medidas para rehabilitar los sistemas y servicios requeridos para asegurar el acceso de la población a estos derechos. En la pandemia por Covid-19, la falta de estos servicios ha sido un factor determinante en la propagación del virus.

La Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI)2 de Venezuela reveló que, para los años 2019 y 2020, 75% de la población no recibía agua todos los días. Esta misma encuesta muestra que, en muchas zonas, la frecuencia de suministro es menos de dos días a la semana, lo que obliga a la gente a recurrir a fuentes de agua insegura. Durante los últimos cinco años, en las circunstancias de la Emergencia Humanitaria Compleja, y hasta marzo 2020, 18 millones de personas, que representa 63% de la población que habita en viviendas conectadas al sistema de acueductos, sufrieron interrupciones constantes del suministro de agua. En tales interrupciones, 2,5 millones de personas (9,7%) recibió agua solo una vez a la semana, 3,6 millones (14,3%) cada dos semanas o una vez al mes, y 3,4 millones (13,3) no la recibió nunca.

Al momento de surgir el riesgo por el Covid-19, en muchas partes del país había interrupciones de los servicios básicos, electricidad y agua, impidiendo el normal desenvolvimiento de la vida de las familias y de las actividades escolares, lo que comprometía y afectaba, la calidad, completitud y continuidad de la educación básica; así como la asistencia de los estudiantes que, en algunos casos faltaban a clases por no contar con agua en sus casas para lavar sus uniformes o para bañarse. Solo 17,8% de las instituciones educativas de Venezuela cuenta con un servicio continuo de agua, saneamiento3.

En ese sentido, la relación del agua con la salud humana y con estándares básicos de bienestar y dignidad la convierte en un elemento indispensable para la vida. El derecho al agua es un factor de equilibrio social, y la voluntad política de asegurarlo se expresa en los códigos de derechos humanos y en otras leyes. Por lo tanto en la actualidad la situación del acceso al agua potable en Venezuela obedece a una escasez socialmente construida, toda vez que los componentes para una “Gestión Hídrica” están presentes pero de manera desarticulada.

El agua como patrimonio eco social existe en abundante cantidad, sin embargo los ciudadanos no pueden tener acceso a la misma debido a la pésima gestión de este recurso por parte de las empresas operadoras que distribuyen de manera desigual dentro de cada territorio e inequitativamente el vital líquido y en la mayoría de los casos “Agua de Mala Calidad”, comprometiendo la salud y bienestar, fundamentalmente en los estratos más pobres de la población quienes en la mayoría de los casos destinan gran parte de sus ingresos a compra de agua.

Por otra parte, la falta de tratamiento y disposición de los efluentes es tal vez uno de los más agudos problemas ambientales del país por su incidencia sobre la degradación de la calidad de los cuerpos de agua dulce más importantes y su impacto sobre las playas y paisajes turísticos.

Bajo este marco de referencia, la falta a el acceso de agua potable y la ausencia de saneamiento tiene como consecuencias en diversos problemas difíciles cuantificar tales como la dignidad y la comodidad de las personas, su aceptación social, la seguridad de las mujeres, la asistencia escolar especialmente de las niñas, la productividad en la escuela y en el trabajo por lo que es considerado como una Violación del Derecho Humano al Agua.

Presidente de la Fundación Agua Sin Fronteras

aguasinfronteras@gmail.com

@aguafrontera

1. Gaceta Oficial Nº 38.595 del 2 de enero de 2007 ley de Aguas.

https://www.lurconsultores.com/wp-content/uploads/2016/12/Ley-de-Aguas.pdf

2. Encuesta de Condiciones de Vida del año 2019 (ENCOVI 2019).

https://www.proyectoencovi.com/

3. Observatorio Educativo de Venezuela. Reinicio de actividades sin planificación.

https://observatorioeducativo.org/category/estado-de-las-escuelas/

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Américo Martín

¿Sabías que Rómulo y mi tío Luis Beltrán discutieron por culpa tuya?

Toñito Espinoza Prieto me ha tomado por sorpresa con tan inesperada pregunta. Estamos en un bar-restaurant de la Gran Avenida al que me ha invitado.

—Desde hace tiempo quería decírtelo, pero es ahora, cuando los ribetes bélicos de la oposición han desaparecido, que puedo hablarlo con la franqueza que ambos nos debemos.

—Dame pormenores, que la noticia me resulta difícil de creer.

—Bueno, yo estaba presente y pude escucharlos. El presidente era Raúl Leoni, quien estaba tentado a indultar a Américo, antes de que lo hiciera Rafael Caldera una vez que derrotara a Gonzalo por solo 30.000 votos, según creo recordar.

Había una inclinación a devolverme la libertad entre los seguros vencedores de la contienda. Se lo prometieron –o algo así– a mis familiares y amigos. Por mi parte, recordaba las palabras del general-presidente de la Corte Marcial: «Recuerda, Américo, que en Venezuela no hay prisiones largas».

Ojalá esa generosa tradición no se hubiera roto con el acceso a la cúpula de Miraflores y Fuerte Tiuna de Chávez y su curioso socialismo bolivariano. No se habrían perpetuado en las cárceles sin debido proceso, valientes como David Smolansky, Leopoldo López, Gilbert Caro, Iván Simonovis, Freddy Guevara, Roland Carreño, María Lourdes Afiuni. La represión y maltrato a los perseguidos habrían sido borrados del mapa y tendríamos un país respetuoso de los derechos humanos. Además, la diabólica conexión entre la polifacética crisis y la mala gestión gubernamental nos va a costar recuperar la excelente reputación de nación próspera, de excepcional estabilidad monetaria, que por años se nos dispensó en el mundo.

—Pero sigues sin aclararme por qué discutieron Rómulo y Luis Beltrán…

—Los dos partían de lo mismo, es decir, coincidían en lo contraproducente que podía ser la impunidad. La diferencia es la vista de águila que se espera del liderazgo para apreciar si esa medida pacifica los ánimos o enturbia más la turbamulta violenta.

—Es un riesgo, sin duda, pero se supone que se elige a presidentes experimentados, aptos para separar el trigo de la paja y, por lo tanto, inteligentes a la hora de adoptar las decisiones políticas complicadas.

Me cae bien Américo, pero creo que no se sienta un buen precedente favoreciéndolo en forma tan prematura.

Estás equivocado. Es un hombre confiable, rodeado del afecto de su familia, gente luchadora por la democracia y en mayoría militante de nuestro partido. En la dictadura militar Luis José, Federico y Gerardo Estaba repartieron sus años de prisión ente la cárcel Modelo, San Juan de los Morros y el espantoso campo de concentración de Guasina.

Por lo demás —insistió Luis Beltrán—, ¿tú crees que yo podría optar, no digo por un año, sino por un día más de cárcel para un hijo de María Estaba?

—Me conmueve mucho esa referencia de Prieto a mi mamá. Luis Beltrán era margariteño y los Estaba, cumaneses; dos ciudades venezolanas donde reinan el valor y la simpatía, el sacrificio y el buen humor.

—No, eso no tiene nada que ver —vuelve Toñito, quien por cierto es tan adeco como aquellos grandes líderes.

Esas conductas tienen sobre todo un cimiento político sólido, pero no dejemos de lado la parte emocional, porque los Estaba se ganaron el afecto de todo el que tenía la suerte de conversar un rato con ellos. Incluso en el pudridero nazi, que fue el campo de concentración de Guasina.

Años más tarde se producirá la tercera división de AD. Prieto se llevó cerca de la mitad del partido; y no ganó la presidencia, pero configuró una poderosa fuerza a la que adornó con el nombre de Movimiento Electoral del Pueblo. Betancourt habría barrido de haber apoyado al negro margariteño en vez de al portugueseño Gonzalo Barrios. Buen político, Gonzalo, pero carente del magnetismo de Luis Beltrán y menos aún del que irradiaba Rómulo. El problema es lo difícil que suele ser el prestar popularidad y movilidad.

¿Por qué no respaldaste a Prieto y preferiste a un buen político, pero sin tu energía ni la de Luis Beltrán? Por lo demás, Prieto era en lo personal tan amigo tuyo o incluso más que Gonzalo —la pregunta se la dispara a Betancourt Luis José Oropeza, amigo desde siempre de Rómulo, Barrios y Prieto.

La aguda respuesta del caudillo adeco era la esperable. Barrios era un calmante en la agitada campaña de Caldera. Lo conocía demasiado bien para saber los ángulos que perfilaría Prieto. Podía equivocarse y perder el control del arsenal de diablos que cargaría contra el hábil líder democristiano; claro, pero si el negro margariteño le arrojara al hábil copeyano el arsenal de diablos que llevaría en el alma, le responderían de manera poco manejable. Aprovecharían para acusarlo de mala fe, de ser «enemigo personal de Dios» y con esa tontería tratarían de sacralizar el rol de Rafael.

Tenemos todo para ganar, pero si conservamos la calma y no nos dejamos arrastrar a debates religiosos. Prieto y Barrios son brillantes, pero en estas circunstancias lo mejor es mantener el dominio de sí mismo. Mi opinión esta vertida ya, pero la pasión por vencer que no se vuelva contra todos.

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

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Carlos Raúl Hernández

Varios puntos borrosos sobre la reunión gobierno-oposiciones en México, que cuando se publique esto podría ya haberse realizado. A la fecha que escribo no sé sí participará la oposición parlamentaria o solo los abstencionistas. No son previsibles frutos inmediatos de ese evento, en apariencia extemporáneo luego de que el gobierno ya hiciera concesiones de envergadura: nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), salida de los “protectores”, liberación de presos, cotillón de partidos, tarjetas electorales, rehabilitaciones como cotufas, y decidió convivir con Fedecámaras. A cambio, el radicalismo va al encuentro “en la inopia”, al perder la mayoría parlamentaria y la opinión pública, jugando ruletas que se prolongan porque valen dólares. Después de la cadena de palizas recibidas, plantean juegos infantiles: “que Maduro se vaya”, repetir las parlamentarias y posponer las próximas regionales de noviembre. Había que negociar con la sartén por el mango, en 2016 ó 2019.
Tiene poca concentración de oxígeno el encuentro, por debajo de 85. El gobierno demostró, como muchos otros, que puede vivir con sanciones, y reta: de no levantarlas, no hay nada que discutir, mientras Ortega le hace mofa a Estados Unidos. Celebrarán en México el no cumpleaños, como la reina del País de las Maravillas, el no acuerdo. Van sin querer queriendo a no negociar nada, además para el gobierno tiene poco sentido hacerlo antes de que sus adversarios se cuenten este noviembre, se sepa cuántos son, cuál es su fuerza y, muy importante, quiénes no participaron. Un poquito de por favor, una neurona insurrecta, un mínimo sentido de la realidad, impondría a los cabecillas del todo o nada alargarse los pantalones, aterrizar en que la elección presidencial será sine qua non en 2024 gracias a la abstención.
Podría ser una fecha crucial, -o no- porque depende de reconocer errores y concebir un amplio propósito de rectificación, como refieren que expresó el padre Luis Ugalde con decencia intelectual. Esto obligaría a actuar seriamente, olvidar revocatorios, constituyentes, repeticiones, suspensiones, niños muertos y alfombras voladoras. Un despropósito de consecuencias fue juntar elecciones estatales y municipales, las “megaelecciones”, otra rueda de camión de las que nos tragamos con frecuencia cuando creemos comulgar, tan patógena y equivocada como la abstención y de efectos parecidos. El PSUV tiene 200 troneras en alcaldías que fracasaron y que la oposición podría ganar, pero la mega será el portaviones perfecto. Hay otros dislates.
Los antes abstencionistas que se devolvieron, no han logrado hasta ahora cohesionarse entre ellos y menos con la oposición parlamentaria. No les interesa ganar, volver a 2015, sino hacer perder a Laidy Gómez en Táchira, Henri Falcón en Lara, David Uzcátegui en Miranda y ayudarán a que el gobierno gane gobernaciones que tendría perdidas. Muy grave el ventajismo del sistema electoral, que violenta monotonía y no perversidad: tantos votos tantos escaños, norma técnica esencial de acuerdo a correlaciones aritméticas constantes. Los sistemas electorales democráticos se fundan en dos valores contradictorios. La nominalidad anglosajona, cuyo principio es que el elector mantenga una relación lo más cercana posible con el representante, por lo que se elige en distritos pequeños. Gana la mayoría y la minoría queda sin representante en ese circuito.

El sistema proporcional de varios países europeos, cada porción del electorado conquiste un número de escaños equivalente a la fuerza que representa, nadie se queda sin representación y no se basa en la cercanía entre elector y representante. Son dos valores contradictorios, pero en el curso de dos siglos surgió en Alemania la representación proporcional personalizada, el llamado método mixto alemán, que se asumió exitosamente en Venezuela en 1989. Concilia los dos principios a través en una fórmula standard y las anomalías empíricas del sistema que pueden alterar la proporcionalidad, se corrigen con los diputados adicionales por cociente nacional.

Pero a gobierno y oposición les dio por inventar –o aceptar- fórmulas ventajistas, privilegiando mayorías circunstanciales con ornitorrincos, morochas, lista nacional y demás criaturas aberrantes. El gobierno lo disfrutó mientras ganó, la oposición en 2015, el gobierno de nuevo en 2020, y sorprende que este año no se abriera un debate para corregir semejante engendro que lesionará los resultados de noviembre como ocurrió en las parlamentarias pasadas, a las que la oposición acudió en listas separadas porque alguien los convenció de que el sistema electoral favorecía ese esquema. Una proyección estática indica que los votos obtenidos por la oposición el 6D, extrapolados, no le darían ni una alcaldía ni menos una gobernación. Creo que no se cumplirá en noviembre próximo pero los dirigentes estaban compelidos a reaccionar frente a la amenaza. No había ni hay disposición para corregir el entuerto que desnaturaliza la distribución de cargos y favorecer espuriamente a la mayoría. Y eso se pagará.

@CarlosRaulHer

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