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Opinión

Jesús Elorza

Cada año, en fechas cercanas al 22 de junio por el aniversario de la fecha de creación del Instituto Nacional de Deporte, surge en mi memoria uno de los mensajes de Jesús que recoge Mateo en los Evangelios (7: 15-20):

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis”.

Sirvan estas palabras para hacer un balance de las obras, programas, presupuestos y acciones gubernamentales que han tenido incidencia en el deporte venezolano en los últimos veinte y dos años.

Los “frutos” que hemos visto y padecido en todo ese tiempo han marcado, lo que sin lugar a dudas, podríamos llamar “El Calvario Deportivo”: Las ejecutorias del gobierno nacional en materia deportiva en el periodo 1999-2021 se han caracterizado por una constante violación de la autonomía de las Federaciones Deportivas y del Comité Olímpico, el encubrimiento de los ilícitos ocurridos con todo lo relacionado con el transporte, alimentación y viáticos de las delegaciones que representan al país en eventos internacionales, la «naturalización express» de atletas extranjeros, la falta de transparencia en el manejo de los cuantiosos recursos económicos del Fondo Nacional del Deporte, la estafa continuada con la solicitud de divisas a Cadivi, el encubrimiento de los ilícitos ocurridos con la construcción de las instalaciones deportivas para los Juegos Nacionales o para eventos internacionales como lo fue el caso del Estadio Iberoamericano de Atletismo en Maracay y el grave y progresivo deterioro, y abandono, en que se encuentra mas del 80% de nuestras instalaciones deportivas, lo cual ha generado el alejamiento de las comunidades y población en general de las mismas, consolidándose además, serias restricciones para el desarrollo del deporte de rendimiento por carecerse de instalaciones adecuadas.

La seguridad social de los trabajadores del sector deportivo obreros, empleados y entrenadores activos y jubilados ha empeorado progresivamente, los contratos colectivos están congelados desde el año 2000, salarios de hambre, no se les reconoce la homologación de las pensiones y jubilaciones, se mantiene cerrada la Escuela de Entrenadores, los seguros HCM que por sus pírricas coberturas, prácticamente los mantienen en condiciones de «condenados a muerte», los manuales clasificadores de cargos no son aplicados y los pasivos laborales duermen el sueño del burócrata, en la larga espera de su cancelación y salarialmente son discriminados frente a los chulos “entrenadores” cubanos.

La solicitud irresponsable de sedes de eventos deportivos internacionales con el solo propósito de continuar con la apropiación indebida de los recursos económicos destinados para tal fin; ejemplos de ello lo ocurrido con la Copa América de Futbol, Juegos Bolivarianos de Playa, Iberoamericano de Atletismo, Mundial de Softbol femenino entre otros. La inasistencia a eventos internacionales programados, por incapacidad gerencial que pretenden esconderlas con señalamientos contra el imperio norteamericano y la guerra económica. La entrega de divisas a la dictadura cubana a través de leoninos convenios de contratación de “entrenadores” y los juegos del “Alba”.

En particular, cabe destacar que una de las obras gubernamentales que nos permite conocerlo, en su dimensión de falso profeta, es la permanente suspensión de los Juegos Deportivos Nacionales, que sin lugar a dudas, se ha traducido en una debilidad extrema de nuestros deportes de Alto Rendimiento que nos llevó a la perdida de nuestra hegemonía en los Juegos Deportivos Bolivarianos frente a Colombia.

El o los falsos profetas del deporte, con consignas edulcoradas, tales como, “Generación de Oro” o “Somos Potencia” buscaron ocultar el perfil autoritario, autocrático e intervencionista del gobierno de Hugo Chávez en materia deportiva, que comenzó a mostrarse con la firma del Convenio con Cuba y la traída al país de más de 10.000 “entrenadores” deportivos para apoyar “voluntariamente” el programa Barrio Adentro Deportivo y la consolidación de los Consejos Comunales como uno de los brazos milicianos de la revolución socialista-bolivariana.

A partir de ese momento, se desarrolla una intolerancia ideológica del régimen en el sector deportivo, que se manifiesta con la persecución, atropello e intervención de la Federaciones Deportivas con el propósito de obligarlas a modificar el Art. 26 de los Estatutos del Comité Olímpico para permitir que un funcionario de gobierno fuese candidato a los cargos de elección en el Comité Ejecutivo del organismo. Hecho este que al poco tiempo hizo posible el asalto al Comité Olímpico y a las Federaciones Deportivas.

Ya con el control del Comité Olímpico y de las Federaciones Deportivas, se procede a desmantelar el proceso de descentralización iniciado con la elección de gobernadores y alcaldes en 1989, con el despojo de las instalaciones deportivas a los gobiernos de oposición regionales Zulia y Táchira, pasando la administración de las mismas al Instituto Nacional de Deporte. El siguiente zarpazo totalitario fue el de la suspensión de los Juegos Nacionales en aquellas entidades gobernadas por sectores de la oposición.

En relación con el deporte universitario, se puso en práctica una política orientada a ir minando la autonomía del sector en lo concerniente a la organización y desarrollo de los Juegos Universitarios (Juvines) por parte de la Federación Deportiva de Educación Superior (Fevedes).

En cuanto a la Legislación Deportiva, los falsos profetas continuaron con sus frutos revolucionarios, aprobando la Ley Orgánica de la Actividad Física y el Deporte para permitir el establecimiento de las bases de la supremacía socialista y revolucionaria en materia deportiva. Al permitir que los Consejos Comunales pasen a ser la base piramidal deldeporte y en consecuencia todo el voluntariado oligarca del deporte como son los clubes, ligas y asociaciones serán sustituidas por las Comunas. La base jurídica contenida en la referida Ley, brinda un marco legal que somete al sector deportivo a un régimen autocrático, centralista, antidemocrático y totalitario.

Finalmente, vuelven a mi, las palabras de Mateo “Todo árbol que no da buen fruto, debe ser cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” y pienso que, para superar este “Calvario Deportivo” de frutos podridos, se requiere el esfuerzo unitario de atletas, entrenadores y dirigentes para sumar sus luchas y reclamos al pueblo venezolano que desde distintos sectores lucha por un urgente cambio de gobierno.

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Alberto Jordán Hernández

Con Voz Propia

“Negligencia y corrupción de la fiscal Fatou Bensouda de la Corte Penal Internacional en el caso Venezuela”, estampó en libro en circulación, el historiador Walter Márquez, quien fue embajador de Hugo Chávez, exparlamentario, presidente de la Fundación El Amparo creada para investigar crimen colectivo de pescadores en la frontera y director general del Comité Internacional contra la Impunidad (Ciciven)

Afirmó que Besouda duró 18 años en ejercicio del cargo: 9 de fiscal adjunta y 9 de fiscal jefe y que desde 2014 recibió 200 denuncias de comisión de crímenes de lesa humanidad.

Nunca dio respuesta clara para apertura de investigación y ahora deja el caso al nuevo fiscal, el británico Karim Khan.

Ella ha sostenido muchas reuniones fuera del ámbito diplomático y jurídico. La realidad demuestra que no ha sido diligente. Demoró 4 años para abrir averiguación preliminar el 8 de febrero 2018.

Por confesión propia dijo conocer 120 denuncias de Venezuela sobre lesa humanidad, pero delegó en nuevo Fiscal.

“Advertimos desde junio de 2017 que ella era una cómplice del régimen, que estaba en alianza con la embajadora de Venezuela en La Haya. Quien escribe indica que dicha funcionaria con ascendencia siria y libanesa, es Haifa El Aissami Madah, hermana del destacado personaje Tareck vicepresidente económico de Venezuela impuesto por Irán como Ministro de PDVSA. Por añadidura, uno de los diez más buscados por la DEA y el testaferro de NM Alex Saab lo trata de primo.

Márquez califica gestión Bensouda de gris, dolosa, negligente, incapaz, corrupta y cómplice de regímenes dictatoriales, al recibir prebendas. Destacó que tenía 5 años de retraso en tomar la decisión de abrir la investigación preliminar contra el narco régimen.

Esperanzador creer importante que el nuevo fiscal se aboque al conocimiento del caso Venezuela. Destacó que es un experto en derecho penal internacional, fue subsecretario General de Naciones Unidas, asesor de la Reina Isabel II y coordinador del Comité que investigó el Estado Islámico (EU).

El embajador de EEUU para Venezuela, James Story, pidió el fin de los crímenes de odio en el país caribeño.

De acuerdo a los juicios emitidos, no era de extrañar que en vez de hacer lo de Poncio Pilato, lavarse las manos, se fue con ellas manchadas por la narcodictadura.

Esos clamores los abriga el representante de Juan Guaidó Presidente (i) ante el CPI: “Al final estos toreros del régimen no saben cambiar de capote y quedan al descubierto”.

No olvidar que este proceso ante la CPI es realizada por las acusaciones de la ONU, a través de la Alta Comisionada de DDHH, la cual es fortalecida por la OEA, EEUU, Amnistía Internacional, entre otros factores.

Ilusorio fue creer en la acción de la Besouda que cuando fue fiscal en Gambia, participó en la represión contra presos políticos. También estuvo involucrada en el cobro de dinero en un banco de Dubai,

Diciembre pasado, la fiscal Fatou Bensouda determinó en su informe anual que en efecto “existen fundamentos razonables para creer que se cometieron crímenes de lesa humanidad en Venezuela.

Se evidencia que no estamos en caso inédito, como tampoco las trampas en la CIP. Un Judas Iscariote antecedió al que aparentaba de apóstol de la Oposición al narco: Herman Escarrá. Fue este el primero en recurrir por Herman Escarrá Venezuela en la CPI. Lo hizo contra el ahora amado y adorado eterno comandante Hugo Chávez, el 18 dic. 2008.

Diego Arria, expresidente del Consejo de Seguridad de la ONU, destacó: «Si el proceso avanza, el caso Venezuela se convertirá en precedente muy importante para gobernantes de otros países”

Para el acusador Márquez salida de Bensouda cierra ciclo de corrupción y negligencia en la CPI.

Al MARGEN. Se siente pena por comunicadores que llaman de derecha, a quienes fueron admirados valores de izquierda. Todo para fortalecerse como camaradas, aunque cambiaron al Pcv por Pusv.Jordanalberto18@yahotoo.com.

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Soledad Morillo Belloso

Se llama Enrique y es longevo. Tiene artrosis. Ello le dificulta la movilidad y lo condenaba a una vida triste y dolorosa. Algo había que hacer. La cosa no se podía quedar así. Había que pensar «fuera de la cajita».

La mente humana es muy poderosa. Cuando quiere y se empeña, encuentra solución a lo que algunos dirían, con lamentable mediocridad, que «no tiene remedio». Le hicieron unas botas. Especiales. De un material que no le resultara incómodo. Y de color negro, para que no desentonara. Se las probaron. Y rogaron que fueran lo suficientemente flexibles, que le aminoraran el dolor, que Enrique las sintiera como propias. Y, ¡Aleluya! Funcionó. Hoy Enrique nada con facilidad y escala sin problemas. Hay felicidad en St. Louis, Missouri. La noticia de «el pingüino con botas» se hizo viral. Y ya con buena parte de la población vacunada contra el COVID, el zoológico recibe muchos visitantes que acuden a ver las danzas de Enrique.
Es una historia hermosa y para nada menor. Porque es la narrativa de la igualdad de oportunidades, de la empatía, de la comprensión de que si uno está mal algo tenemos que hacer para que esté bien.

El egoísmo es una severa enfermedad. Afecta y perjudica a muchos. El egoísta hace daño y, además, excluye, con lo cual perjudica al conjunto social y no solo a los individuos en su cercano entorno.

El egoísta no sabe compartir. Se siente el centro del universo y su complejo de superioridad en realidad esconde su miedo a que quienes lo ven o escuchen se den cuenta de la verdad: que es un ser inferior.

Cuando salimos del círculo vicioso del yoísmo y entendemos que ser egoísta es de tontos y no de inteligentes, entonces la sociedad mejora. Los egoístas restan; los que parten y comparten y no se quedan con la mejor parte, esos suman.

soledadmorillobelloso@gmail.com

@solmorillob

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Ignacio Avalos Gutiérrez

Para este artículo hubiera querido escribir acerca de la épica que ha tejido el discurso gubernamental sobre el Bicentenario de la Batalla de Carabobo, reinventando nuestro pasado y buscando maquillar (literalmente) los graves y diversos problemas que afectan hoy en día la vida de los venezolanos. Cierto, la manipulación del lenguaje es una característica de nuestra época, pero el fenómeno no es nuevo, prueba de lo cual es que Stalin sostenía que “El arma esencial para el control político será el diccionario”. Como queda recogido en varios estudios, nos encontramos ante una “subversión de la lengua”, con un componente emotivo de enorme relevancia, al extremo de que se menciona la “sentimentalización de la política”, aludiendo a las posibilidades de manipular actitudes y formas de pensar, potenciadas al máximo por el tsunami digital.

Me acerque, así mismo, a la idea de colocar la linterna sobre las dos nuevas leyes anunciadas, la de Universidades y la de Ciencia y Tecnología, ambas muy importantes y que debieran ser ampliamente discutidas buscando que entonen con las transformaciones tecnocientíficas que modelan esta época, lo que, tras un vistazo a sus contenidos, luce que no es el objetivo. Y del mismo modo se me ocurrió llamar la atención sobre la propuesta de Nicolás Maduro, orientada a llevar a cabo una “revolución que estremezca todo el sistema de justicia del país”, para lo que constituyó una comisión especial, encargada de renovar sus estructuras a fin de que “nuestro pueblo más necesitado pueda tener acceso a una justicia rápida, oportuna y justa”, un proyecto que no deja de ser insólito en un gobierno que ha averiado todos mecanismos institucionales previstos para garantizar la convivencia social.

También me paseé por la opción de encarar la pandemia, cuyo origen casi se ha vuelto un acertijo de acuerdo al Director de la OMS, quien, luego de año y medio, afirma que “… todas las hipótesis están sobre la mesa y merecen más estudios en profundidad”, apuntando que “las respuestas tardarán en llegar”. Por otro lado, Joe Biden ha ordenado a los servicios de inteligencia que, en un plazo de tres meses, obtengan la información necesaria a fin de sacar una "conclusión definitiva". En esta misma línea incluso imaginé elaborar un escrito a partir del interrogatorio ficticio a un murciélago que me revelara, si detrás de la pandemia hay una conspiración de Bill Gates para favorecer a las empresas farmacéuticas, si la misma se traduce en un alerta que nos manda la naturaleza cada vez más estropeada, si es la muestra de la osadía de un virus que escapó de un laboratorio o si la clave del enigma se ubica, más bien, en las disputas geopolíticas que dibujan hoy en día al planeta.

En suma, hubiera querido abordar, no tan de pasada, algunos de los temas mencionados. Sin embargo, aunque de manera tardía, preferí recordar -vainas de uno, querido lector- el día del padre (o sea el día de mi papá), celebrado el domingo pasado.

A estas alturas de mi historia, luego de haber caminado unos cuantos kilómetros, me acuerdo constantemente de él. Lo imagino, junto a mi mamá, pastoreando a sus seis hijos, enseñándoles a ser dueños de su horizonte, a escoger cada cual su ruta, ninguna similar a la de los otros, pero todas con el sello de sus progenitores.

Sin querer queriendo, él ha marcado el paso a lo largo de mi existencia, indicando cómo debía pararme en la cancha de la vida y, si bien me dio unas pocas recetas básicas, nunca me indicó la posición que debía jugar ni la forma de hacerlo, fue un asunto que dejo en mis manos.

Murió hace un rato largo, cuando apenas contaba con ochenta años, justito antes de que la edad se le viniera encima, según dice una vieja canción. Me enseñó a andar sin él, pero con él, no sé si me explico. Me sembró la convicción de que a pesar de lo alto que nos ponen el listón, hay que brincar con la intención de ser felices, de acuerdo al consejo dado por Joan Manuel Serrat, a quien mi papá nunca oyó, pero no abrigo ninguna duda de que es lo que, junto a mi mamá, siempre le quiso transmitir a sus hijos.

El Nacional, viernes 25 de junio de 2021

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Jesús Elorza G.

El pasado 22 de junio, llamó la atención el anuncio que hizo Nicolás Maduro, de la “Creación de una Comisión Especial para la conducción de de la Revolución Judicial en todo el Sistema de Justicia venezolano”. Me pregunto, si la fecha escogida para dicha notificación, tiene alguna relación con el “Día del Deporte” por el aniversario de la promulgación del Decreto de creación del Instituto Nacional de Deporte, o si, por el contrario, tiene algo que ver con los hechos extrajudiciales que se han dado en el sector deportivo en las dos últimas décadas y que pudieran ser ejemplos a seguir en la venidera “Revolución Socialista del Sistema de Justicia”.

El revolucionario Convenio Deportivo firmado entre el régimen y la dictadura de los hermanos Castro de Cuba, para la contratación de Entrenadores, es una referencia obligada para todos aquellos que pretendan dejar sin efecto Derechos Constitucionales y Derechos Laborales discriminando a los trabajadores venezolanos para favorecer a extranjeros.

Especial mención, merece el marco jurídico aplicado para el asalto al Comité Olímpico Venezolano y a las Federaciones Deportivas. A través de las asignaciones presupuestarias o con la intervención de la autonomía del sector federado, lograron una reforma estatutaria que hizo permisible que funcionarios de gobierno pudieran acceder a los cargos de dirección del movimiento olímpico y el federativo. Hoy podemos apreciar como ministros, vice ministros y diputados actúan como presidentes del olimpismo y las federaciones.

Para este logro revolucionario, es importante destacar el ilegal marco jurídico aplicado en el sector deportivo con mira a tener el control totalitario del Sistema Organizacional del deporte venezolano: Control del Registro de Entidades, Control de los Padrones Electorales, Supervisión del Acto Electoral a través del CNE, aprobación de las Providencias Administrativas y para asegurarse frente a cualquier reclamo están en perfecta coordinación con la Sala Electoral del TSJ que dictará sus sentencias siempre a favor de aquellos dirigentes identificados con el régimen.

Para no dejar ningún cabo suelto, en este ejemplo de Sistema de Justicia Revolucionaria, obligatoriamente hay que referirse a la aprobación de la Ley Orgánica de la Actividad Física y el Deporte que permite el establecimiento y afianzamiento de las bases de la supremacía socialista y revolucionaria en materia deportiva. La modificación del paradigma organizacional permitirá que los Consejos Comunales pasen a ser la base piramidal del deporte y en consecuencia todo el voluntariado oligarca del deporte como son los clubes, ligas y asociaciones serán sustituidas por las Comunas. La base jurídica contenida en la referida Ley, brinda un marco legal que somete al sector deportivo a un régimen autocrático, centralista, antidemocrático y totalitario.

Entre los principios rectores contemplados en el referido texto destacan lo siguientes:

- El dogma, según el cual el Estado Revolucionario debe controlar todos los aspectos de la vida ciudadana. Eliminando de hecho, los derechos a la libre asociación, la autonomía de las organizaciones, la libertad de empresa y la propiedad privada.

-Acabar con la descentralización del sector. El deporte será centralizado y dirigido únicamente por el “Sistema Nacional de la Actividad Física y Deportiva”.

- La modificación estructural de la Organización Deportiva Nacional al establecer como Unidad Básica del Sistema a los Comité de Deporte y Recreación de los Consejos Comunales. Lo que va a permitir el control de las asociaciones y Federaciones.

-Transfieren a los Consejos Comunales la administración directa del servicio público deportivo prestado por los municipios y los estados. Lo que significaría en la práctica la liquidación de los Institutos o Fundaciones que a nivel regional y municipal que son los encargados de dirigir las actividades deportivas.

-A los organismos privados relacionados con el deporte profesional le establecen una Comisión Nacional contra la mercantilización del deporte y el deportista, con el objetivo final de acabar de una vez por todas con “la perversa práctica capitalista y neo-liberal de la explotación comercial del deporte”.

-Se amplia la base electoral de las organizaciones deportivas otorgando el derecho a elegir y ser electo a los atletas activos o retirados, jueces, árbitros, entrenadores. Esta normativa establece una incongruencia jurídica al permitir a los atletas activos ser “Juez y parte” en los organismos deportivos.

En fin, esta situación de regresión institucional revolucionaria, sin lugar a dudas, busca acabar con la descentralización, con los derechos a la libre asociación, la libertad de empresa, la autonomía de las entidades deportivas y genera una situación de incertidumbre e inseguridad laboral para miles de venezolanos que trabajan como obreros, empleados, entrenadores y jubilados en las diferentes instituciones nacionales, regionales o municipales encargadas de desarrollar las actividades deportivas en todo el territorio nacional. Queda pendiente, pero estoy casi seguro que, la Comisión Especial designada por Maduro, impondrá el broche de Oro al Sistema de Justicia, al ordenar con carácter obligatorio que “Para ser atleta, entrenador o dirigente hay que estar inscrito en el PSUV”.

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Analítica.com

Paradójicamente, cada cien años, nos ha tocado conmemorar en tiempos de Dictadura, de opresión y de sometimiento colectivo, el aniversario de aquella batalla que nos dio la independencia en el Campo de Carabobo.

En efecto, en 1921, con motivo del primer centenario, el tirano JUAN VICENTE GÓMEZ, era quien detentaba el poder de la República liberada en el campo donde se escenificó el combate decisivo entre los Realistas y los Patriotas en la lucha por la independencia. En aquel año, el Benemérito, como se hacía llamar el General andino, ordenó levantar allí “…un monumento para perpetuar el recuerdo imperecedero del magno hecho de armas, digno de los vencedores de aquel campo inmortal” fraseología rimbombante recogida en el texto del decreto respectivo matizado por esa narrativa grandilocuente, propia de la historiografía oficial que durante más de la mitad de la existencia de la república, ha impuesto la bota militar en ejercicio del poder, cobijada bajo la iconografía de los héroes de nuestra nacionalidad. En cumplimiento de aquella decisión, el mismísimo General, inauguró en el campo de la batalla de Carabobo un Arco de Triunfo en diciembre de 1930.

Hoy, en el segundo bicentenario de aquel memorable acto de guerra libertaria, un Dictador vuelve a dejar su impronta totalitarista en la sagrada sabana de Carabobo, avanzando en la falsificación de la historia patria como herramienta de la desesperanza aprendida capaz de enervar los valores sociales y familiares imbricados en el imaginario colectivo venezolano.

Cada Dictadura en Venezuela ha cultivado sus antivalores propios, que usualmente son la negativa del legado de los padres fundadores, aun cuando se valgan de la exaltación de la gesta emancipadora para rubricar todos sus actos oficiales. Por eso, este Régimen sin rubor alguno, festejará el bicentenario de Carabobo con el llamado “Primer Encuentro Cultista de Santería” que más que un evento cultural se trata de un episodio la transculturización producto de la cubanización del país.

¿Por qué a tan solo dos siglos de la lucha de emancipación este trágico hado de nuestro destino nos ha llevado a esta tragedia de la pérdida del sello independentista de Carabobo? Sería importante hoy, como un acto individual de patriotismo, respondernos esa pregunta de cuya respuesta depende que nuestros descendientes puedan celebrar en democracia el próximo centenario de ésta efemérides.

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Laureano Márquez

El bicentenario de la batalla de Carabobo habría sido una magnífica oportunidad para reflexionar sobre el rumbo del proyecto que allí comenzó el 24 de junio de 1821.

Una ocasión propicia para hacer un balance de la mano de historiadores, intelectuales y personas destacadas del quehacer cultural sobre cómo van marchado las cosas después de dos siglos de vida independiente. Pero para ello se requeriría que un mínimo de decencia y no es el caso.

Aunque quizá sobre nuestro estado de cosas ya la mayoría tiene un juicio claro: el proyecto marcha muy mal, casi que podríamos decir, peor que nunca. Uno de los pocos actos que ha trascendido es el encuentro auspiciado por el «Concejo Nacional Espiritista».

Cuando pensamos en la batalla de Carabobo, nos viene a la mente el cuadro de Tovar y Tovar pintado en la cúpula del Salón Elíptico del Palacio Federal (No sé si se siguen llamando igual o han cambiado a Salón comandante Elíptico y a Palacio Federal María Lionza, por ejemplo). La batalla de Tovar y Tovar es infinita. Por ser elíptica, como la cúpula, no tiene comienzo ni final, lo cual tiene un profundo sentido simbólico. Cada día que el «sol nace en el Esequibo» (que, dicho sea de paso, el régimen venezolano ha entregado con la habitual indolencia que manifiesta para todo lo que es caro al destino nacional) se libra no una, sino muchas batallas de Carabobo y cada día se gana o se pierde, no ya frente al general De la Torre, sino contra los enemigos que desde el 24 de junio de 1821 se le han venido presentando a ese proyecto político al que pertenecemos.

Cuando se destruyen las universidades públicas, se pierde una Batalla de Carabobo. También cuando se incendia una biblioteca; cuando no se vacuna adecuadamente a la gente, sino en función de lealtades políticas; cuando se encarcela, se tortura y asesina al que piensa diferente; cuando no se permite a la gente votar libremente; cuando se mantiene a una población al borde de la inanición; cuando se destruye la industria petrolera, fundamento de la economía; cuando se asesinan indígenas por la ambición de o oro, mientras se derriban estatuas de Colón; también cuando se va la luz y el agua. En cada una de estas circunstancias y en muchas otras, Venezuela pierde cada día una batalla de Carabobo.

El cuadro te Tovar y Tovar nos muestra a unos soldados elegante e impecablemente uniformados. No vemos los horrores de la batalla y no es una crítica al pintor, que tendría que presentar la visión más romántica del hecho. Sin embargo, ese día allí murieron cerca de tres mil personas entre españoles (la mayoría) y patriotas, cuyos huesos deben estar por ahí en algún lugar de aquella sabana. La batalla fue cruenta, seguro la mayor parte de los soldados de Páez estaban medio desnudos y los que tenían uniforme, no lo lucirían planchado con esmero, sino con toda certeza sucio y raído.

¿Por qué luchaba esa gente? Puede que, en primer lugar, por la fuerza de la costumbre. Llevaban diez años peleando, primero con Boves, luego con Bolívar. Tal vez las palabras que más aparecían en la boca de los generales que los animaban al combate eran las de «independencia» y «libertad». Quizá tendríamos que evaluar, a doscientos años de Carabobo, como marcha la patria en términos de independencia y libertad.

La independencia que el ejército libertador consiguió aquel 24 de junio, prácticamente se ha perdido. No solo porque una pequeña isla dirige nuestro destino, sino también porque nuestro futuro esta endosado a China y Rusia. Irán es otro que anda por estos lados pescando en río revuelto. Pero, más allá de los países, todo tipo de organizaciones armadas amenazan nuestra independencia. A estas alturas no se sabe bien si puede decirse que el estado Apure es enteramente parte del país. La guerrilla o, mejor dicho, las guerrillas gobiernan extensiones importantes del territorio nacional. Eso sin entrar a hablar de los feudos que, especialmente en la capital, ha establecido el hampa organizada y, frente a los cuales, el hampa desorganizada no tiene prácticamente ninguna capacidad de acción. Si en 1821, la independencia teníamos que conquistarla solo de España, en 2021 la reconquista de la independencia tiene muchas batallas por delante. Y en lo que respecta al ejército «forjador de libertades» de Carabobo, solo contamos con uno que forja opresión para su propio pueblo, entre otras cosas.

No es prudente opinar por los difuntos, pero como conocimos su opinión en vida y estamos en plan espiritista, es lícito afirmar que el Libertador estaría bastante más decepcionado de lo que lo estuvo a su muerte en Santa Marta. Incluso, seguramente, su indignación sería mayor al conocer que todo lo que se hace negando sus ideas y postulados, tiene, curiosamente, como fundamento su nombre.

No tenemos suerte con los centenarios de Carabobo: el primero también se conmemoró en dictadura, aunque aquella, con todos sus males, al menos construía. Entre otras cosas, en propio monumento dedicado a la memorable batalla en lugar donde transcurrieron los hechos. Del segundo, la noticia que más a circulado es aludido encuentro espiritista. Que yo en su lugar no andaría por ahí conjurando espíritus y menos el de Bolívar.

En todo caso, rindamos nosotros un íntimo homenaje a todos los que en Carabobo dieron su vida por un sueño que, doscientos años después, sigue pendiente de hacerse realidad.

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