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Opinión

Ismael Pérez Vigil

Está claro que el objetivo de los venezolanos es salir cuanto antes de este régimen de oprobio. Pero muchos dicen: Ir a una negociación, ¡No!; dialogar con la dictadura, ¡No!, esas no son opciones; ir a elecciones, mucho menos, porque dictadura no sale por elecciones; tampoco con diálogo o negociación, solo sale por una fuerza igual a mayor de la que él pueda desplegar.

Pero, lo cierto es que carecemos de esa fuerza contundente, para obligar a la dictadura a dejar el poder, enfrentándonos a su FFAA y los grupos armados que lo defienden. Al igual que al Papa Pio XII, de la época de Stalin, si nos preguntaran: ¿Con cuantas divisiones cuenta −en este caso− Juan Guaidó?, tendríamos que responder: con ninguna – salvo la “división” de la oposición, que no es precisamente una fortaleza.

Los países que nos apoyan y reconocen al gobierno de Juan Guaidó, algunos −no todos− están dispuestos a aplicar sanciones personales a los protervos del régimen y sus aliados, pero no están dispuestos a intervenir militarmente en Venezuela. Por lo tanto, esa, la salida de fuerza, que es la única posibilidad −según algunos− para sacar a una tiranía como la que nos gobierna, que no estaría dispuesta a abandonar el poder “por las buenas”, por una votación, por una negociación, es una salida que también debemos descartar

La anterior, la de la fuerza, es una posición solo asumida políticamente por una minoría y ya hoy ni siquiera de manera muy enfática. La oposición democrática ha definido una estrategia de negociación que es la que se está desplegando; y para el proceso electoral fijado para el 21 de noviembre aún no se ha definido una posición definitiva. Faltan seis meses y es mucha el agua que aún puede correr bajo el puente.

Hoy ambas opciones, votar o abstenernos, luce que son igualmente malas pues nos llevan a retroceder en materia política frente a la mayoría opositora del país que, según encuestas, cerca del 50% no está interesada en participar en ningún proceso electoral.

Quizás por eso parece que la decisión del sector mayoritario de la oposición será la de no participar en el venidero proceso. Decisión equivocada. Lo esperable de una dirigencia política opositora es ofrecer a la mayoría del país una alternativa de cambio sobre la cual se debe construir la unidad opositora para derrotar al régimen, que le de esperanza y le sirva para enfrentar las duras condiciones de vida a las que está sometida la mayoría del pueblo venezolano, opositores y no opositores.

Siguen siendo válidas las preguntas, y no me cansaré de hacerlas: ¿Qué plantean los que promueven la abstención como curso de acción para evitar esa mortífera inmovilidad que acompaña a todas las abstenciones? ¿De qué nos sirvieron las abstenciones adoptadas oficialmente y extraoficialmente en 2005, 2017, 2018 y 2020, que ni nos hicieron crecer ni nos condujeron a ninguna parte? Ante la ausencia de respuestas, concluimos que lo de la abstención, más que una respuesta política, parece una respuesta a la frustración y al reconcomio, al resentimiento, que suele ser de dos tipos. Los que están resentidos porque consideran que no se les ha prestado atención a sus consejos, advertencias y propuestas, que no se les ha reconocido en la oposición, el prominente lugar del que se creen merecedores; pero hay otros, que están resentidos por lo que el chavismo ha hecho al país y a ellos en particular, que se han visto privados de trabajo, propiedades, oportunidades e incluso algunos, perseguidos o sintiéndose acosados, han tenido que abandonar el país o no han podido regresar a él.

En materia de críticas se escuchan recriminaciones y acusaciones que no responden a lo que podríamos llamar una reflexión intelectual, de pensamiento serio, sino al viejo paradigma de demoler y destruir al otro; muchos solo ven la oportunidad de desplazar, finalmente, al que teniendo o no más méritos que él, ocupa ese lugar, ese pináculo, que él creé merecer para sí, para su familia, para sus allegados, para sus compañeros de ideas.

Por supuesto que la crítica a la oposición es necesaria e inevitable pero debe ser fundamentada y lo suficientemente contundente para que conduzca a la reflexión y a la rectificación oportuna, de ser necesario. Los líderes opositores no son de plastilina, para aguantar toda clase de embates e improperios, pero tampoco son frágiles piezas de porcelana que no resisten el mínimo impacto. En la crítica a la oposición, siempre son blanco fácil de ella, los que hacen algo y no los que no hacen nada.

Junto con la acción emprendida por los líderes de los partidos y los diputados de la AN2015 −los que siguen activos− de recorrer el país, de plantear y escuchar propuestas, de alentar a la gente y tratar de organizarla, la vía de la negociación que ya está definida, ayudará a ese liderazgo opositor a mantener el apoyo internacional, como fuerza externa imprescindible para presionar al régimen, y como experiencia para crecer en liderazgo.

Además de lo anterior, hacia la población en general, hacia la sociedad civil, se han iniciado un conjunto de acciones, como los encuentros en el marco de “Las ideas de todos” y algunas actividades como las marchas de los estudiantes: “La ruta por Venezuela”.

Hace falta definir una vía específica hacia los militantes de base de los partidos políticos en las regiones del país y esa puede ser la vía de la participación en las elecciones regionales y locales. Nadie está pensando que con esa participación y recuperando algunas gobernaciones y alcaldías se va a lograr que el régimen abandone el poder; pero, sí permitirá recuperar actividad, beligerancia ante la población golpeada por la crisis humanitaria y la pandemia, y les permitirá recuperar espacios y recursos con los cuales sobrevivir haciendo política.

Lo dicho, faltan aún seis meses y que mucha agua corra por debajo de los puentes, pongámosla a circular.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 4 min


Francisco Suniaga

Con la aparición de Pedro Castillo en el radar político del Perú, la tesis de Huntington sobre el planteamiento de que América Latina había sido excluida de la civilización occidental, con el argumento que no estaba cohesionada en torno a los valores occidentales vuelve a cobrar vigencia. ¿En qué otro lugar del Continente se derribó una estatua de Colón? Da muchos más dividendos rechazar a Occidente que militar en él. Los estándares sobre democracia liberal, con clara separación de poderes públicos, transparencia, corrupción administrativa, derechos humanos y, en particular sobre el papel de los militares, son muy exigentes, un fastidio muy grande para hacer una revolución endógena. Decidir, como hizo Chávez, que el enemigo es Occidente fue una carambola perfecta.

En el número correspondiente al verano de 1993, la revista Foreign Affairs publicó un artículo de Samuel Phillips Huntington, venerado profesor de Harvard con una tesis, que fue muy debatida, en torno al reacomodo del sistema internacional que emergería de la Guerra Fría. Se titulaba “Choque de civilizaciones” (Clash of civilizations) y sostenía, entre otras cosas, que las ideologías ya no serían las razones del enfrentamiento entre las naciones. Los Estados se debilitarían y serían sucedidos por alianzas (civilizaciones) alineadas según identidades culturales como la historia, la costumbre y, en particular, por la raza y la religión.

El punto más relevante, a los fines de esta nota, es la clasificación que hizo de cuáles serían las civilizaciones que conformarían el nuevo sistema internacional. Lo más sorprendente para muchos estudiantes y académicos de las ciencias políticas y sociales fue que América Latina había sido excluida de la civilización occidental, y ubicada por Huntington como un tipo aparte. Su argumento para hacerlo fue que Latinoamérica no estaba cohesionada en torno a los valores occidentales. Nuestra civilización es un híbrido -por el mestizaje de la cultura europea con la indígena y, además, tiene una acentuada cultura populista y autoritaria-. Los argumentos en contra desde las universidades, dentro y fuera de Estados Unidos, fueron muchos y rigurosamente fundados en el cuerpo de la ciencia. Tanto que cortaron las alas de las tesis del insigne profesor de Harvard y no pudieron volar mucho al sur del río Grande.

Casi treinta años después, con la aparición de Pedro Castillo en el radar político del Perú, sin embargo, la tesis de Huntington sobre la condición occidental de América Latina vuelve a cobrar vida. Después del éxito de Hugo Chávez, Evo Morales, López Obrador y con el probable triunfo de Pedro Castillo en Perú, uno de los señalamientos de Huntington (el del populismo autoritario como ideología política, quedó armado en la realidad). Quienes aún lo dudan, pueden darle una mirada a los documentos de las organizaciones políticas que han respaldado a esos líderes. El factor común es un rechazo claro y decidido a Occidente. Vean al respecto, los papeles fundacionales del MAS de Bolivia.

En Venezuela, por esas vainas locas que han caracterizado a nuestro gentilicio, se originaron mucho de esas ideas que plantean, como ariete político de la izquierda, un rechazo claro a Occidente. Aquella izquierda huérfana de contenido después de la derrota en la Guerra Fría, que en Europa se hizo ferozmente feminista o ambientalista o se abraza a los reclamos de cualquier minoría, en América Latina volvió a las fuentes de las que abrevaron Tupac Amaru y sus émulos: El rechazo a lo europeo, a los blancos, a lo Occidental. No pocas discusiones tuve con mis amigos de izquierda chavistas y no chavistas sobre el tema. No en balde Chávez lo planteaba en sus maratones televisivos de los domingos: “Nosotros, los negros y los indios”, como si la identidad blanca-hispana no hubiese existido. Adiós materialismo histórico y las tesis del determinismo marxista, lo que tocaba era volver a Guaicaipuro. ¿En qué otro lugar de América Latina se derribó una estatua de Colón? Hubo un profundo simbolismo en aquella tropelía, realizada bajo el amparo y con el regocijo del régimen chavista, por un blanco converso de apellido Boulton.

Decidir, como hizo Chávez, que el enemigo es Occidente fue una carambola perfecta que ni a Fidel Castro se le había ocurrido. No solo se hacía vocero de la madre de todos los resentimientos de la mayoría mestiza “de Venezuela y del mundo”, esa que tiene en el inconsciente la imagen del blanco europeo como fondo de pantalla, el causante de todos sus males. Da muchos más dividendos rechazar a Occidente que militar en él, pero eso no es lo más importante a los fines de mantener asido el poder por el mango. Ocurre que en la cultura occidental (en los términos en que la definió Huntington: Estados Unidos y Canadá, la Europa heleno-judeo-cristiana, Australia, Japón y Nueva Zelandia) los estándares sobre democracia liberal, con clara separación de poderes públicos, libertad lato sensu, transparencia, corrupción administrativa, derechos humanos y, en particular sobre el papel de los militares, son muy exigentes, un fastidio muy grande para hacer una revolución endógena.

Ojalá sea un error de percepción mío, pero creo que no faltará mucho para que alguno de los autócratas populistas antioccidentales aludidos y los que faltan por seguir sus pasos, se cubra con el manto de Atahualpa y en forma expresa, lance el grito de guerra que hasta ahora ninguno se ha atrevido a dar. Aquel en que pidan a sus hordas arrojar al mar a quienes que se identifican con los valores de Occidente. Parece una exageración, pero Pedro Castillo, ya lo asomó en su campaña cuando prometió que expulsaría a todos los extranjeros. Solo faltaría que añadiera “a los blancos y a los que sepan leer y escribir”. De alguna manera, y sin gritarlo, ya sus colegas lo han hecho.

9 de mayo 2021

La Gran Aldea

https://lagranaldea.com/2021/06/09/ahora-

 4 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

Es un fenómeno social que perfila al planeta entero. Visto junto al que emergió a principios del siglo XX, catalogado en la historia como su versión “moderna”, el deporte actual ha cambiado sensiblemente en su concepción, armazón institucional y esquemas de funcionamiento. Se ha convertido en un especáculo universal, la escenificación de la épica al alcance de todos, como podría haber dicho el escritor Javier Marías, dejando su huella por todos lados - en la economía, la cultura, la educación, la política…-, a la par que ha ido destapando la fragilidad de los terrícolas ante las nuevas preguntas que emanan de los procesos de globalización en todos los escenarios de su vida, incluido éste, el del deporte, por supuesto.

Bolsonaro apuesta al Circo (aunque no haya Pan)

La Copa América es el evento de mayor importancia en el balompié en nuestro continente. De acuerdo a la Confederación Suramericana de Fútbol (CONMEBOL) debía celebrarse en Colombia y Argentina. Hace pocos días, ambos países renunciaron a ser anfitriones, el primero debido a los episodios de violencia que lo afectan y el segundo por las restricciones impuestas por la pandemia. De paso cabe señalar que por iniciativa propia, el gobierno de Nicolás Maduro asomó como opción a Venezuela mediante carta dirigida a la CONMEBOL, explicando que se “cuentan con excelentes instalaciones deportivas y hoteleras, así como acceso aéreo”, pero sin que se sepa, de paso, cuál fue la respuesta.

Lo cierto es que los dirigentes del fútbol resolvieron llevar a cabo la competencia en Brasil y contaron con la aceptación instantánea del Presidente Jair Bolsonaro, decisión harto controvertida, debido a las dificultades por las que atraviesa el país, descontrolado a causa de la Covid-19 y sumergido en una situación política y social de proporciones mayúsculas, que, por mencionar apenas un dato, ha colocado al 60% de su población, esto es, alrededor de 125 millones de personas, en condiciones de inseguridad alimentaria.

Las protestas ante la posición de Bolsonaro, han sido numerosas y diversas. La Sociedad Brasileña de Infectología, advirtió que es “absurda e irresponsable, sobre todo ante la inminencia de una tercera ola de contagios producidos por las nuevas y más peligrosas variantes de cepas, como la indiana y la amazónica”. Por otra parte, ciertos gobernadores se han negado a que sus Estados sirvan para albergar los juegos, mientras que otros pondrían como condición que los partidos ocurrieran frente a las tribunas vacías. El mundo político también ha rechazado esta decisión del mandatario brasileño, a la que considera un remedo del Pan y Circo de los romanos, (pero sin Pan).

Asimismo, se han presentado quejas entre los propios jugadores del equipo brasileño, así como de otras selecciones y hasta se ha removido de su cargo al Presidente de la Confederación Brasileña de Futbol, adversario político de Bolsonaro. Y por si no bastara lo anterior, es posible que el evento sea impedido por el Supremo Tribunal Federal, a partir de recursos legales, planteados por políticos y epidemiólogos.

En este contexto, y considerando que la inauguración está prevista para el próximo domingo, la celebración de la Copa América entra en la cancha de los acertijos. Aunque lo más probable es que los intereses económicos y políticos se salgan con la suya.

En Japón también se cuecen habas.

A semejanza con lo indicado respecto al futbol, para dentro de algunas semanas está planteada la inauguración de los Juegos Olímpicos en Tokyio. No obstante la pandemia, el vicepresidente del Comité Olímpico Internacional (COI) aseguró que “… se inaugurarán el 23 de julio, con o sin estado de emergencia”. Sin decirlo nos dice que hay miles de millones de dólares en juego y ni el COI ni el gobierno japonés, quieren salir con los trastos en la cabeza, financieramente hablando. En efecto, los que meten uña en las cuestiones económicas calculan que el COI podría perder cerca de 4.000 millones de dólares si no se efectuaran los juegos. Desde la perspectiva japonesa se habla de una cuantiosa inversión que ronda los15.000 millones dólares.

Unos 15.000 deportistas olímpicos y paralímpicos viajarán a Tokio y permanecerán allí durante dos semanas. A ellos se añaden jueces, periodistas, cuerpos técnicos, en fin, hasta llegar a una cifra de 100.000 personas, provenientes de todas partes. Sin embargo, se prohibió la llegada de aficionados del extranjero y no se ha decidido si se permitirán la presencia de fanáticos locales en los escenarios correspondientes a las diferentes disciplinas deportivas.

Habrá que ver como se calibran los informes de varios organismos médicos solicitando la suspensión del evento olímpico, alertando que puede influir en el agravamiento de la pandemia. De nuevo estamos ante un acertijo, pero igual que en el caso de la Copa América, las apuestas favorecen la opción de que se lleven a cabo las olimpíadas.

La globalización se nos va de las manos

Se ha repetido hasta la saciedad que la actual es una época muy compleja, grabada por profundas crisis que, encima, se entreveran a lo largo y ancho del planeta. La pandemia ha confirmado que carecemos de los instrumentos adecuados para manejar la globalización, según queda a la vista en las limitaciones que se observan en el desempeño de instituciones tales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Y, asimismo y de manera relevante, en la poca capacidad y disponibilidad de parte de los países, para cooperar unos con otros al momento de encarar dificultades comunes. Así las cosas, son muchos los problemas compartidos (cambio climático, migraciones, desigualdad …..) que son considerados primordialmente través del lente nacionalista.

La Casa Común

De la pandemia, o salimos todos o no sale nadie. Nos concierne como especie. La solidaridad no es una opción, sino una obligación. El Coronavirus evidenció limitaciones y defectos del modelo de desarrollo que marca la ruta del mundo. Le dio rostro de crisis civilizatoria. Hay que apuntar hacia una nueva normalidad.

A lo largo de líneas semejantes a éstas, se orientaba el sermón que nos dábamos, los terrícolas, en los primeros meses de esta pandemia, que ya nos luce una eternidad. Ahora lo repetimos menos, si acaso como retórica, como si ya no tuviese pertinencia. El coronavirus y sus secuelas no han sido argumentos de peso para postergar los eventos deportivos que he mencionado. Es apenas una prueba de que no terminamos de entender y aceptar que habitamos una “Casa Común.

¡Que vaina con los terrícolas!

El Nacional, jueves 10 de junio de 2021

 5 min


Federico Vega

La Ciudad Universitaria de Caracas, campus principal de la Universidad Central de Venezuela (UCV), fue declarada Patrimonio de la Humanidad en diciembre de 2000. Koichiro Matsuura, el entonces director general de la Unesco, resumió las razones de la decisión: “La Ciudad Universitaria es una obra maestra, un ejemplo de realización coherente de los ideales artísticos, arquitectónicos y urbanísticos de principios del siglo XX”.

Dos décadas después, este paradigma de arte, urbanismo y arquitectura va camino de convertirse en una ruina, como si aquel extraordinario reconocimiento, hubiera sido una condena en vez de un premio a la excelencia. Partiendo de la declaración de la Unesco, las implicaciones de semejante decadencia, gestándose en uno de los más importantes símbolos espirituales e intelectuales de Venezuela, conciernen a toda la humanidad. Si la civilización es capaz de disfrutar y nutrirse contemplando sus mejores creaciones, también tiene el deber de protegerlas permitiendo que continúen ofreciendo sus eternas lecciones.

Hace unos ocho meses se fracturó por falta de mantenimiento el tramo más importante y neurálgico de la red de pasillos cubiertos que conectan las diferentes facultades de la Ciudad Universitaria. Habían dejado de limpiar los drenajes del techo y la cubierta ondulada se transformó en un enorme pozo cuyo peso produjo el colapso de las columnas. Fue entonces cuando se hizo estrepitosamente evidente lo que todos sabíamos: la Ciudad Universitaria de la UCV se está muriendo y su agonía puede pasar desapercibida en un país donde tanto perece y tan poco nace.

Venezuela está devastada por razones que van de la desidia a una avasallante corrupción. La producción de la industria petrolera ha caído a niveles de los años cuarenta del siglo pasado, hundiendo de manera escandalosa nuestra hiperinflacionaria y dolarizada economía. Enfrentamos también tragedias más silenciosas, más telúricas, que pesan en la conciencia y en el alma, como la gradual degradación y destrucción de nuestro sistema educativo. La deserción en la educación media alcanzó el 50 por ciento en 2020 debido al éxodo de más de cinco millones de venezolanos y la pandemia, mientras el 95 por ciento de los planteles educativos están deteriorados. El país ha perdido casi la mitad de sus maestros desde 2015 y los déficits en la calidad educativa se profundizan cada día, de acuerdo con varias estimaciones. La economía venezolana puede reactivarse, pero sin el respaldo de la educación carece de continuidad, orientación y futuro.

Nací justo en la mitad del siglo XX y poco supe de una Caracas que solo décadas antes seguía ceñida al damero colonial. Los insólitos y vertiginosos cambios de la modernidad, que acompañarían a la bonanza del petróleo hasta principios de los años ochenta, los viví como un hecho natural bajo la apacible mirada de la infancia.

Cuando en 1968 entré a estudiar arquitectura en la UCV, pensé que la Ciudad Universitaria existía desde siempre y sería eterna. La disfruté con el regocijo de un romance y el creciente orgullo de que no existía nada mejor en el mundo. No podía entonces entender que se trataba de un hecho excepcional. Medio siglo después de graduarme de arquitecto, resulta cada vez más evidente que aquella ofrenda de modernidad es un prodigio tan insólito como frágil.

En la última década ha tomado cuerpo lo inconcebible: una Ciudad Universitaria que comienza a convertirse en una suerte de ruina arqueológica. Lo que antes era lento comienza a precipitarse. El tiempo en Venezuela ha comenzado a transcurrir a la inversa. La historia fluye hacia atrás, como una corriente que nos debilita, desconcierta y desintegra. Nuestro futuro parece existir solo en las obras de un pasado que se desvanece.

Y esa desintegración no es casual. La Universidad Central de Venezuela siempre estuvo a la vanguardia de las nuevas visiones y opuesta al autoritarismo en todo el siglo XX.

Tras llegar al poder en 1999, Hugo Chávez intentó seducirla con poemas y citas tomadas de los libros de moda. Al no conseguirlo buscó doblegarla negándole recursos económicos esenciales para su sobrevivencia. En 2007, los estudiantes de la UCV se levantaron junto con los de universidades privadas en una serie de protestas contra las medidas autoritarias del gobierno contra la libertad de expresión. Y fueron fundamentales para derrotar la reforma constitucional propuesta ese año. Los partidarios de Chávez nunca pudieron ganar en las elecciones universitarias. Al contrario, cuando se hizo evidente el capitalismo salvaje y opresor del chavismo, la UCV renovó su espíritu opositor y ahora, en la óptica del gobierno de Nicolás Maduro, simplemente no existe. No hay represión más hipócrita que la desidia y la asfixia. Estamos hablando de un régimen cuya noción de mantenimiento es mantener a la cultura bajo la lápida de un absoluto abandono, como es patente en el sistema de museos nacionales.

La Ciudad Universitaria fue concebida y diseñada por un padre eterno. Carlos Raúl Villanueva es el arquitecto venezolano con la obra más amplia, influyente y reconocida mundialmente. Los aportes de su evolución creadora abrieron caminos a generaciones y sus propuestas abarcan diferentes escalas y temas.

Después de la aletargada dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935), la educación comenzó a ser una tarea esencial y emocionante en el proceso de crear una fructífera democracia. Sobre terrenos de un antiguo cuartel, Villanueva diseña en pleno centro de Caracas el grupo escolar Gran Colombia, el cual cumple con la visión del arquitecto Leon Battista Alberti en el siglo XV: la ciudad es una gran casa y la casa una pequeña ciudad. Se trata de una arquitectura que mientras la recorres aprendes a ser un ciudadano. A una escala más amplia, la Ciudad Universitaria encarna esta visión que concibe a la ciudad como una experiencia educativa y a la escuela como un hecho urbano.

El proceso de su creación fue sorprendente incluso para el propio Villanueva. Mientras organizaba los volúmenes a lo largo de un eje clásico, propio de su formación en la École des Beaux-Arts de París, su visión da un profundo giro. A su idea original de integrar Ciudad y Educación agrega una tercera dimensión, la del arte. No se trata de un arte expuesto en un museo, sino un protagonista activo en el proceso de crear una nueva concepción del urbanismo y de la educación.

Los murales, mosaicos, vitrales y esculturas de la Ciudad Universitaria son parte integral de la creación de nuevos recorridos y perspectivas a través de rampas, marquesinas, umbráculos y patios, que van desde la Plaza Cubierta (un recinto exterior pleno de sombras) hasta el Aula Magna (un espacio interior lleno de luz y color), donde las grandiosas nubes del escultor Alexander Calder sirven de pantallas acústicas que unifican lo útil y lo puramente bello, elevando la integración de las artes a su más prodigiosa expresión. En la apoteosis del arte que es la Ciudad Universitaria, participan, entre otros, Victor Vasarely, Alejandro Otero, Jesús Soto, Alexander Calder, Jean Arp, Henri Laurens, Fernand Léger, Antoine Pevsner, Mateo Manaure.

Este epicentro y altar mayor que es el Aula Magna se conecta a la ciudad y al resto de la universidad mediante el mencionado tejido de pasillos cubiertos, cuyas sensuales curvas y generosas estructuras generan experiencias espaciales y no solo sombra y protección al caminante.

Cuando se hicieron públicas las deprimentes imágenes del pasillo fracturado, conocimos también datos que revelan otro tipo de fractura: en la Facultad de Arquitectura, por ejemplo, un profesor a tiempo completo gana cinco dólares al mes. La cifra es difícil de creer y asimilar. Hace falta una profunda pasión de educador para someterse a semejante humillación. Estos hechos ilustran una estrategia que el gobierno chavista de Maduro esgrime sin pudor: “Moral y luces son nuestras últimas necesidades”. Justo el reverso de la frase más venerada de Simón Bolívar (“Moral y luces son nuestras primeras necesidades”).

Es tan fácil dejar volar la imaginación en un ejercicio de futurología distópica: una Ciudad Universitaria vaciada de estudiantes y profesores, abandonada a la indigencia y la rapiña, saqueada de sus obras de arte. Del Aula Magna, sin el aroma de la madera de nogal y las nubes de Calder (vendidas por unidad), solo quedaría el enorme volado de su balcón suspendido. No será fácil arrancar las obras de Vasarely integradas a los muros, pero temo por el vitral de Leger en la biblioteca. Y la UCV no es un caso aislado. Otras universidades públicas del país están siendo arrasadas. La Universidad de Oriente (UDO) ha sido sometida a un proceso de decadencia constante que incluye desde la usual asfixia presupuestaria hasta descarados actos de vandalismo. Cuando la acosada rectora tuvo que abandonar las instalaciones, el gobierno nombró un “protector”.

Tengo buenos amigos entre los estudiantes y profesores de la Facultad de Arquitectura de la UCV y observo con devoción sus intentos de mantenerla viva con sus propios medios, pero temo que este espíritu de autonomía y sacrificio no será suficiente mientras se deteriora la mayor y más universal obra de la arquitectura, el urbanismo y el arte venezolanos. El verso “Esta casa que vence la sombra” inicia la segunda estrofa del himno de la Universidad Central de Venezuela. ¿Podrá resistir una casa cuya única defensa son sus estudiantes y profesores? El Consejo de Preservación y Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela (Copred) ha iniciado la recuperación del techo fracturado. Celebro su lucha por mantener vivo nuestro legado pero sé que no es suficiente. Quiero creer que el mundo no abandonará a su suerte una herencia que es patrimonio de la humanidad.

Necesitamos la fuerza de estas dos palabras tantas veces pronunciadas con ligereza: “patrimonio” y “humanidad”. Si en el año 2000 la declaración de la Unesco fue motivo de orgullo y celebración, veintiún años después está misma declaración debe convertirse en un instrumento de guía y sobrevivencia. La tarea de la Unesco no puede limitarse a ponderar las obras del pasado; su principal labor es integrarlas a la cultura viva y la civilización en el presente. La Unesco debe llamar la atención sobre la actual agonía de nuestra Ciudad Universitaria en el siglo XXI con el mismo vigor y la misma relevancia que una vez celebró “un ejemplo de realización coherente de los ideales artísticos, arquitectónicos y urbanísticos de principios del siglo XX”.

6 de junio de 2021

Arquitecto y escritor venezolano. Su libro más reciente es la novela Los años sin juicio.

https://www.nytimes.com/es/2021/06/06/espanol/opinion/universidad-centra...

 8 min


​José E. Rodríguez Rojas

Aparentemente entramos en una nueva etapa, cuyo principal rasgo es el deseo del régimen de Maduro de mejorar las relaciones con los Estados Unidos, Para ello han llevado a cabo conversaciones con la oposición y hecho concesiones. Esto ha dividido a la oposición, una parte de la cual ha participado en las conversaciones y otra lo ha rechazado. Se perfila el reinicio de las negociaciones en el exterior con la mediación de Noruega.

En una presentación televisiva Maduro expresaba su satisfacción por el triunfo en las elecciones presidenciales del 2018, que prolongaron su estancia en el poder. Sin embargo dichas elecciones fueron fraudulentas lo que impulsó a docenas de países occidentales a calificar a Maduro de dictador y aislar a su régimen. Los Estados Unidos han impuesto sanciones financieras sobre Maduro y la mayoría de sus aliados. Las compañías americanas, que en años previos habían sido las principales compradoras de crudo venezolano, tienen prohibido hacer tratos con el gobierno venezolano. La economía ha continuado su inexorable colapso.

Maduro ha tenido éxito neutralizando a la oposición representada por Guaidó Ha mostrado ser más hábil que lo que sus adversarios pensaban. La clave para su supervivencia ha sido el clientelismo. El gobierno se comporta como un clan, señala un ex funcionario del gobierno. Generales, gobernadores y líderes de bandas manejan partes del país como mini fortalezas. Con la escasez de ingresos petroleros el Estado entrega tierras y derechos a su desarrollo a cambio de lealtades. En Los Roques se ha permitido la construcción de mansiones en el parque nacional. En el sur del país el caótico desarrollo minero ha devorado la selva y envenenado los ríos.

En la actualidad, Maduro desea mejorar sus relaciones con la comunidad internacional y suavizar las presiones sobre su gobierno. La idea es que reduciendo ligeramente la injerencia del gobierno en las elecciones, a fin de realizarlas en forma menos fraudulenta, y enviando una misión a dialogar con la oposición, Maduro podría persuadir a la administración de Biden a moderar las sanciones impuestas por Trump. Maduro “desea encontrar la forma de ceder lo menos posible a fin de obtener algo de legitimidad” señala un funcionario del Departamento de Estado. Una significativa reducción de las sanciones es imposible, pero las amenazas de los Estados Unidos contra el régimen se han suavizado en relación con los tiempos de Trump, quien amenazó con deponer al régimen. La Unión Europea también ha moderado el tono. “Las conversaciones en estos días son como mejorar el régimen no como cambiarlo” expresó un diplomático.

En el contexto señalado el gobierno ha hecho concesiones como aumentar la presencia de la oposición en el CNE. Después de negar la existencia de una crisis humanitaria ha aceptado la presencia de una misión del programa de alimentos de la ONU y la entrada de ayuda humanitaria para niños en situación de desnutrición. Además el Fiscal General prometió abrir una investigación sobre el rol de los servicios de seguridad en tres muertes controversiales.

El anuncio de las elecciones regionales bajo un nuevo CNE ha dividido a una oposición ya debilitada. Guaidó las rechazó como una imposición del gobierno, pero otros parecen inclinados a participar. Henrique Capriles quien ayudó a negociar el acuerdo describe el nuevo CNE como el menos malo desde que el régimen chavista se inició en 1998. El gobierno de Noruega está auspiciando un esfuerzo paralelo que podría tener lugar en Mexico para incorporar a las dos partes a le negociación.

El apoyo de la población a Guaidó se ha reducido desde más de un 60% en el 2019 a un 15%, según la encuestadora Datanalisis. Su mandato deriva de la Asamblea Nacional elegida en el 2015, el cual se venció en enero. La AN ha extendido su nombramiento por un año argumentando que ninguna elección creíble puede darse bajo el régimen de Maduro. Pero muchos de los gobiernos que lo apoyan abiertamente y algunos de sus aliados de la AN piensan que sería un error prolongarlo nuevamente.

Si se reinician las negociaciones con la mediación de Noruega, la oposición demandará la liberación de presos políticos y el adelanto de las elecciones presidenciales con supervisión internacional. El gobierno demandaría la suspensión de las sanciones y la liberación de fondos congelados en el exterior. Estados Unidos ha anunciado su disposición a moderar las sanciones y Guaidó ha tenido un discurso más conciliador que el inicial. Sin embargo los escépticos opinan que todo esto es una perdedera de tiempo, pues el gobierno no cederá en nada que disminuya su poder.

Sin embargo existe otro punto de vista, que Maduro y su esposa estén pensando en el retiro y en delegar el poder en alguien más aceptable por otros actores. Maduro ha expresado que quiere ser recordado como el gobernante que enfrentó a los Estados Unidos y ganó.

Nota: este escrito está basado en una traducción libre del artículo: The Economist. 2021. The Venezuela´s strongman wants better relations with the United States. Jun 3rd.

Profesor UCV

 3 min


Ricardo Hausmann

Supongamos que usted es una autoridad económica en un país en desarrollo. El ingreso per cápita de su país es una fracción del de Estados Unidos, Europa Occidental o Japón. Su economía ha crecido en los últimos 30 años, pero también han crecido las economías más ricas, lo que significa que la brecha de ingresos apenas se ha movido. Los jóvenes de su país están impacientes y sueñan con irse a otra parte, muchas veces a un alto riesgo personal, en busca de una vida mejor.

Ahora le dicen que, debido al dióxido de carbono emitido principalmente por las economías avanzadas, su país tendrá que adaptarse a un clima cambiante y restringir las emisiones de CO2, lo que se traducirá en un costo de la energía más alto y en un progreso económico más difícil. ¿Debería usted desestimar las cuestiones verdes y, en cambio, concentrarse exclusivamente en el desarrollo nacional?

No, no debería hacer eso. La razón es que la descarbonización transformará los patrones globales de producción y comercio de manera tan radical que las nuevas oportunidades de crecimiento sin duda aumentarán para los países astutos del Sur. Su objetivo no debería ser frenar el calentamiento global restringiendo las emisiones domésticas, sino más bien forjarse un rol en una economía mundial que se vuelve más verde a pasos acelerados.

Como sostiene Bill Gates en su reciente libro How to Avoid a Climate Disaster (Cómo evitar un desastre climático), producir electricidad verde y electrificar todo lo que se pueda, como el transporte, es esencial para cualquier estrategia destinada a alcanzar cero emisiones netas. Pero descarbonizar por completo el transporte –un desafío gigantesco– solo nos permitirá avanzar una cuarta parte del camino. El mundo también necesitará cambiar la manera en que produce acero, aluminio, cobre, cemento, fertilizantes, combustibles, calor y hasta alimentos y ciudades.

La buena noticia en el frente de la descarbonización es la caída drástica de los costos de la energía solar y eólica. El problema es que la intermitencia de estas fuentes de energía ha creado una amplia brecha entre el valor de la electricidad intermitente que está disponible cuando sale el sol o pega el viento y la energía despachable, que se puede generar cuando hay demanda y que es producida principalmente por centrales eléctricas de pico que queman gas natural.

La solución para el problema de la intermitencia es el almacenamiento. Las baterías de litio han sido la mejor opción para las tecnologías utilizadas en diversas cosas, desde teléfonos celulares hasta automóviles, mientras que las sales fundidas pueden almacenar energía solar como calor para un uso posterior en la generación de electricidad.

Una esperanza novedosa e importante para la descarbonización es el hidrógeno: utilizar energía renovable para descomponer las moléculas de agua produce tanto hidrógeno como oxígeno. Luego se puede quemar hidrógeno como combustible y emitirá sólo vapor de agua, o se lo puede colocar en un fuel cell para generar electricidad a demanda. Alternativamente, se puede utilizar el hidrógeno como materia prima para fabricar compuestos más densos en energía como el amoníaco, que puede funcionar como combustible en sí mismo o servir para fabricar nitrato de amonio para su uso en fertilizantes y explosivos. El hidrógeno también puede ayudar a fabricar metano, metanol, combustible para aviones o plásticos verdes. Todo esto es físicamente posible, pero para que sea económicamente eficiente hace falta innovación.

Otra solución para el problema es la llamada captura y almacenamiento de carbono (CAC). Hasta ahora, esta tecnología se ha instalado en lugares donde se producen emisiones como las centrales térmicas, pero en principio la CAC puede ocurrir en cualquier parte –preferentemente, cerca de lugares de almacenamiento subterráneo geológicamente apropiados–. En términos ideales, habría un mercado global para servicios de CAC, donde los emisores en un país puedan comprar CAC en otro. Ese mercado todavía no existe, pero se lo podría crear.

El grueso de la innovación, como siempre, resulta de aprender haciendo, a través de lo que los economistas llaman la Ley de Wright: los costos caen a medida que aumenta la experiencia en la producción, ya que la gente descubre mejores maneras de hacer las cosas. Quien logre ese aprendizaje determinará quién tiene lo que hace falta para participar de manera exitosa en las industrias verdes emergentes.

Sin embargo, existen razones para hacer el aprendizaje donde, por alguna ventaja natural, la tecnología existente ya es competitiva. Por ejemplo, los niveles más altos de insolación del mundo –la cantidad de radiación solar que llega a un área determinada– se encuentran en los desiertos de Australia, Chile y Namibia, tres países que actualmente están desarrollando estrategias de hidrógeno verde.

Todo esto abre nuevos caminos de desarrollo económico para los países del Sur, ya sea en la producción de energía y materiales verdes como en las cadenas de valor que los sustentan –incluidos insumos, bienes de capital, ingeniería, procura y construcción de infraestructura verde–. Los países que no les presten atención a estos cambios pueden quedar rezagados con productos “grises” que cada vez son menos demandados por un mundo que se enverdece, haciendo que el desarrollo nacional resulte más difícil.

En resumen, si bien los efectos del calentamiento global plantean una seria amenaza para los países en desarrollo, la descarbonización no es una mera causa de restricciones e imposiciones a las potenciales oportunidades económicas. También es un cambio que creará nuevas industrias, mercados y vectores de crecimiento.

Los gobiernos de los países en desarrollo, por lo tanto, deberían estudiar las cadenas de valor que están emergiendo detrás de las industrias que generarán la producción verde necesaria para reducir las emisiones. Con ese fin, deberían imitar a Israel y a Singapur y crear la posición de científico jefe para realizar la supervisión tecnológica y determinar cómo explotar las tendencias emergentes.

Las autoridades también deberían apuntar a desarrollar estrategias explícitas para atraer inversiones de las industrias verdes emergentes. Eso significa determinar qué partes de la cadena de valor hacen uso de las fortalezas de su país, ya sean las capacidades productivas existentes o algún recurso natural relevante como la radiación solar, el viento, la energía hidroeléctrica, el litio o lugares de almacenamiento de CO2 geológicamente apropiados.

Alcanzar la transformación necesaria exigirá crear una brecha de precios entre productos verdes y grises muchas veces idénticos. Una manera de lograrlo es a través de un impuesto al carbono global y homogéneo, pero es improbable que esto suceda. En consecuencia, surgirán reglas más complejas, ya sea a través de regulación o subsidios. Los gobiernos de los países en desarrollo necesitan estar presentes cuando se negocien esas reglas, ya sea en acuerdos globales como regionales, y deben defender allí sus intereses nacionales.

La agenda verde tiene que ver con prevenir una catástrofe global. Pero si los países en desarrollo la manejan bien, tienen la oportunidad de transformarla en nuevos vectores de desarrollo nacional.

Copyright: Project Syndicate, 2021.

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Humberto Seijas Pittaluga

Ya hace algunos días, el tal Padrino —quien parece haber echado raíces en el MinPoPoDef— haciendo uso de la frondosa verborrea que en mala hora ha puesto de moda la robolución, informó que “fueron rescatados mediante la operación ‘Águila Centenaria’ los ocho profesionales militares secuestrados por grupos irregulares armados colombianos”. Al final, antes de la rúbrica, se desparrama en lo que es otro vicio oficialista: la ristra de frases manidas que comienza con aquello de que, según ellos, el pitecántropo sabanetense vive. Y que, informa, casi al final, con una frase tautológica hasta la cacha, que son “Leales siempre… Traidores nunca!”. De bola, si se es leal, no se puede ser traidor. Por eso digo que es tautológica (en la segunda acepción del mataburros: “Repetición inútil y viciosa”). Y el remate es de fantasía: “¡El sol de Venezuela nace en el Esequibo!”. Se refiere, supongo, a la Zona en Reclamación que no han sabido defender; la misma que Boves II dejó expoliar por los guyaneses para asegurarse el voto de estos en la ONU y la OEA.

Como es frecuente en mí, caí en una digresión (pero incurrí en ella porque quería darme el gusto de reprocharlos), por lo que debo regresar a lo que es importante a la luz del título que puse: el rescate. Antes, sin embargo, una aclaratoria necesaria que a lo mejor también tiene algo de digresión. No son como dijo el Padrino, con su usual ballyhoo, “LOS ocho”. No, fueron ocho de los diez que no habían regresado a sus cuarteles hasta ese día. Hay dos que siguen “desaparecidos en acción”, para emplear la terminología militar. Son dos venezolanos por los cuales no han respondido el MinPoPoDef ni el “almirante patilla”, verde por fuera y rojo por dentro. Si están vivos, hay que recobrarlos para el servicio y la vida cívica; si fueron dados de baja por los “disidentes de las FARC”, hay que conseguir sus cuerpos para que se les dé adecuada sepultura y para que los angustiados padres sepan dónde están sus hijos.

Ahora sí, entremos en materia. “Rescatar”, según el DRAE es: “Recobrar por precio o por fuerza lo que el enemigo ha cogido…”. Puesto en otras palabras, nuestros alistados pudieron haber sido recuperados, una de dos, mediante el empleo de las armas o, más probablemente, por el pago de una “compensación”. Elástica, acomodaticia, la palabra que empleó el tal Padrino. No hay que quitarle méritos a quienes lo tienen: los cubanos del G2 que redactaron el comunicado saben su trabajo. Quien lo lee puede interpretar, que es lo que quiere hacerse ver, que fue a sangre y fuego que consiguieron liberar a los ocho muchachos. ¡Naaaa, para nada! Si hubiese habido una acción militar, hoy estuviéramos llorando más muertos aparte de los primeros dieciséis que fueron mandados como que si fueran para una excursión. Que descendieron de los helicópteros y fueron dejados en medio del monte sin que se hubiese hecho antes una acertada apreciación de la situación; y sin que hubiese (como aprendimos en las primeras clases de Táctica Elemental) una unidad de reserva para actuar si fuese necesario.

Según Ybéyise Pacheco, muy bien dateada periodista, “la entrega fue acordada”. Y “Las dos peticiones fundamentales fueron el despeje indefinido de la zona y el pago de 10 millones de euros. Ambas solicitudes se cumplieron”. Otra fuente, The Latam Post, explica que la exigencia fue el despeje por seis meses de una zona donde se encuentran las más importantes rutas y pistas clandestinas para el tráfico de drogas, y el pago de 20 millones de dólares. O sea, según el informativo, que “no pidieron ni más ni menos de lo que controlaban antes de que se iniciara el conflicto”.

En todo caso, estamos presenciando una bajada de pantalones por parte de los capitostes del régimen, que no tuvieron más alternativa que aceptar las condiciones que les impuso un “enemigo” que demostró ser más eficiente que las fuerzas bolivarianas (me niego a reconocerle que son “nacionales”) en el combate irregular. Esa capacidad de fuego y maniobra les ha permitido a esos grupos, desde hace varios años —y por la alcahuetería y hasta complicidad con esos “compañeros de ruta” por parte de personeros del régimen— enseñorearse en las zonas rurales y en pequeñas localidades del Llano. Solo que ahora, por un lado, los guerrilleros actúan más descaradamente y, por otro, la noticia le estalló en la cara a las “autoridades” y ya es de conocimiento general. Parece que por el Sur del Lago y por las riberas del Táchira la cosa es similar.

Duele, y mucho, percatarse de las desventuras que sufre la institución militar en Venezuela. Por la politización que se hizo de ella; por permitir que llegasen a los altos mandos personas que no son las más capaces, sino las más sumisas al poder; por la corrupción que se inyectó en ella, para ponerla al servicio del PUS, desde el Plan Bolívar 2000; ya el estamento militar no es ni la sombra de lo que fue. Es por ese desmoronamiento de la institución castrense que su cúpula necesita vender ante la opinión pública que el rescate de los ocho fue un triunfo de la FANB. Nada de eso, la verdad es que esta fue derrotada y humillada; que los soldados solo lograron regresar después de que se cumplió con las exigencias de los “disidentes”. No menos de 16 venezolanos fueron dados de baja por unos irregulares colombianos; otros tantos quedaron heridos, y cuidado si inválidos muchos de ellos. De dos de ellos no se conoce el paradero o si están vivos todavía. Además, la paz en la zona ha sido perturbada. Miles de paisanos nuestros tuvieron que abandonar sus hogares y comenzar la penuria del emigrante.

Aún así, el tal Padrino tiene la cachaza de sugerir que fue un triunfo. Faramalla inútil, vacía como todas ellas, cuando afirmó por Tweeter: “Nada nos detiene”. Pero será en las prosternaciones para seguir pegado a la teta de la res pública…

hacheseijaspe@gmail.com

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