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Opinión

Acceso a la Justicia

Nicolás Maduro se ha calificado a sí mismo como «presidente obrero», y en el día 20 del mes en el cual los trabajadores celebran su día, presentó diez propuestas que persiguen «la recuperación del ingreso de los trabajadores». Sin embargo, tras analizar los planteamientos hechos por Maduro durante el Consejo Presidencial del Poder Popular de la Clase Obrera, Acceso a la Justicia considera que los mismos difícilmente lograrán el objetivo propuesto, lo cual resumimos en seis aspectos.

1. Fondo Nacional de Prestaciones Sociales: ya existe y es inviable

Durante el evento, Maduro anunció la creación inmediata de un Fondo Nacional de Prestaciones Sociales, algo que no es nada novedoso, pues desde hace casi una década existe la Ley Especial del Fondo Nacional de Prestaciones Sociales, publicada en Gaceta Oficial n.º 39.945 del 15 de junio de 2012. También existe una disposición expresa en el artículo 143 de la Ley Orgánica del Trabajo, las Trabajadoras y los Trabajadores (LOTTT) del mismo año, en la que se establece la existencia de dicho Fondo de Prestaciones Sociales. El hecho de que casi una década después este fondo no se haya creado genera dudas en relación con su funcionamiento y operación.

Otro de los problemas de esta iniciativa es que es inconstitucional y contraria a los estándares internacionales en la materia, debido a que es potestad de los trabajadores decidir dónde quieren depositar o acreditar sus prestaciones sociales; no lo puede decidir el Gobierno en su lugar ni obligarlos a hacerlo de determinada manera.

Además, la propuesta es inviable porque los trabajadores no se fían del Estado. Vale recordar que, por ejemplo, cuando se efectuó la reforma de la LOTTT en 2012 aún se debían las prestaciones desde 1997 a los trabajadores del sector público. De hecho, no es un secreto que el Estado tarda por lo menos tres años en pagar las liquidaciones de prestaciones sociales a aquellos funcionarios y empleados públicos que pasan a retiro.

2. El petro de pies de barro

Maduro también propuso utilizar el petro, la criptomoneda creada por su administración y cuyo valor se sustenta en el precio del barril de petróleo, a fin de calcular las prestaciones sociales y para que las cajas de ahorros operen con él. La idea podría sonar atractiva, pero tampoco es nueva. Ya en 2018 Maduro había anunciado en cadena nacional que el salario mínimo estaría anclado al petro, pero eso no ha ocurrido.

Hasta ahora este criptoactivo solo ha servido para fijar algunas multas, tasas e indemnizaciones. El caso más célebre de su aplicación en este último sentido fue el mes pasado, cuando la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia estableció una indemnización para el diario El Nacional por el daño moral causado al diputado oficialista Diosdado Cabello.

Con respecto a las cajas de ahorros, para poder activarlas sería necesario reformar la ley que las rige, que fue aprobada el 16 de noviembre de 2010, sobre todo en relación a los límites de las operaciones de préstamos y créditos, las tasas aplicables a los fondos, préstamos y moras de pago y su relación contable a petros. Este es un tema complejo que sería muy importante resolver para incidir de forma positiva en la recuperación de cientos de cajas de ahorros literalmente paralizadas. Su reactivación podría incidir de forma positiva en la economía venezolana y de los trabajadores.

No obstante, este anuncio suena similar a lo que Maduro ofreció en 2018 sobre los certificados emitidos por el BCV, respaldados por «lingoticos» de oro. El plan no funcionó, porque ni los trabajadores ni sus cajas de ahorros confiaron en esa propuesta, de hecho, apenas el 2% de las Cajas de Ahorro reportaron invertir en «lingoticos».

3. Creación de empleos y defensa del salario: se ha hecho todo lo contrario

El jefe del Gobierno propuso crear empleos mediante la promoción del emprendimiento. En cualquier otro país del mundo esto no sería siquiera novedoso, pero en Venezuela sí, pues es precisamente todo lo opuesto a lo que los gobiernos del fallecido Hugo Chávez y el propio Maduro han venido haciendo en las últimas dos décadas. Solo durante los trece años en que el primero estuvo en Miraflores más de 5.000 empresas fueron expropiadas o estatizadas, de acuerdo a las estadísticas del Observatorio de Gasto Público de Cedice (Centro de Divulgación del Conocimiento Económico) y de Conindustria.

A lo anterior hay que sumarle la política de controles de precios y fiscalizaciones que han hecho inviable más de un negocio en el país. La combinación de ambas ha reducido las fuentes de empleo disponibles. De hecho, las cifras de desempleo proyectadas por el Fondo Monetario Internacional para Venezuela son de las más altas de la región.

Otra propuesta fue proteger el salario de los trabajadores mediante la lucha contra la inflación y el refuerzo del control de los precios. Sin embargo, el pasado reciente siembra dudas sobre la posibilidad de su cumplimiento. Bajo la actual administración, Venezuela entró en hiperinflación a finales de 2017, de la cual no ha salido ni parece que saldrá en el corto plazo, prueba de ello es la dolarización no oficial de la economía. Este fenómeno ha destruido el ingreso de los trabajadores, empobreciéndolos a unos niveles nunca vistos.

Si las autoridades tuvieran verdadera voluntad de defender el salario de los trabajadores hubieran cumplido con su promesa de anclar los sueldos al petro, lo cual se traduciría hoy en cerca de 28 dólares al mes. El monto continuaría siendo uno de los más bajos de América Latina, pero al menos sería superior a los poco más de 2 dólares a los que equivalen los 7 millones de bolívares del salario mínimo, elevado mediante un decreto presidencial el pasado 1 de mayo.

Con relación al control de precios, basta recordar que desde 2003 las autoridades han dictado distintas normas y regulaciones que buscan evitar el alza indiscriminada de los precios de los productos, pero todas ellas han fracasado. Muestra de ello, es el actual ciclo inflacionario. En efecto, este tipo de medidas lejos de incentivar la inversión privada lo que hacen es ahuyentarla. «El solo anuncio [de control de precios] genera cierto temor de cruzar fronteras [a los empresarios] y no funciona como un disuasorio de incremento de precios. Esto es regresar a los errores que nos trajeron a la situación que padecemos», declaró recientemente el economista Jesús Casique.

4. Pensiones y jubilados: cantos de sirenas

Maduro también ofreció recuperar las pensiones y proteger a los jubilados. En la actualidad, millones de venezolanos que trabajaron durante décadas no reciben ni siquiera 3 dólares al mes para sus gastos. Incluso los que tienen dos jubilaciones por haber aportado a dos sistemas no pueden cubrir sus necesidades más elementales. ¿A dónde se fueron sus aportes, que en décadas pasadas les permitían percibir montos cercanos a 300 dólares mensuales?

Esta promesa también suena vacía, si se recuerda que el Gobierno de Maduro se ha negado a aplicar la Ley de Ticket Alimentación y Medicinas aprobada por la Asamblea Nacional en 2016 para beneficiar a los pensionados y jubilados. Este instrumento buscaba reforzar sus ingresos al otorgarles un beneficio del que disfrutan los trabajadores activos.

5. Contrataciones colectivas. ¿Cambiar para qué?

Maduro también propuso un nuevo modelo de contrataciones colectivas, pero no ahondó en el asunto. En la actualidad, las condiciones de las contrataciones colectivas se hacen por negociación directa entre el empleador y el sindicato o a través de federaciones por rama de actividad. Adicionalmente, dichas condiciones rigen por un mínimo de dos años, pudiendo permanecer en vigor hasta por tres años o hasta que se negocien otras nuevas.

Sin embargo, como ha documentado la Comisión de Encuesta de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Gobierno venezolano ha puesto obstáculos a la posibilidad de que los trabajadores organizados puedan negociar con sus patronos sus condiciones de trabajo. Uno de los más importantes es el requisito de la renovación de las autoridades de los sindicatos, para lo cual se requiere que el Consejo Nacional Electoral (CNE) supervise el proceso. Al encontrarse «en mora» a cientos de organizaciones se les han impedido la posibilidad de negociar contratos en detrimento de los trabajadores.

6. Consejos Productivos de Trabajadores: zapatero a sus zapatos

El mandatario también planteó que los trabajadores asuman la conducción y dirección de las empresas, públicas o privadas, mediante los llamados Consejos Productivos de Trabajadores. Esta figura está prevista en la Ley Constitucional de los Consejos Productivos de los Trabajadores, publicada en Gaceta Oficial n.° 41.336 del 6 de febrero de 2018.

El artículo 5 de dicho texto establece que estos consejos son organizaciones de carácter laboral (de naturaleza no sindical), conformadas con la finalidad de impulsar, evaluar y controlar los procesos de producción, abastecimiento, comercialización y distribución de bienes y servicios de las empresas. Dichos comités estarán integrados por hasta siete voceros (delegados) trabajadores, incluyendo a un trabajador miliciano.

La experiencia ha probado que ubicar a personas sin formación y ni capacitación correspondiente en cargos de responsabilidad no hace más que poner en riesgo la supervivencia de las empresas. Una investigación de Transparencia Venezuela publicada en 2017 arrojó que el Estado gastó 20.000 millones de dólares en mantener su enorme e improductivo aparato industrial, más de lo que que destinó a la salud, vivienda y educación.

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

Mientras que en Venezuela no se ponga orden macroeconómico y no se respeten la propiedad privada, la empresa, el trabajo y la formación de la persona más allá de la afiliación política, amiguismo o clientelismo, así como no haya seguridad jurídica, es difícil que se pueda fomentar la inversión privada, cuya consecuencia sería una verdadera creación de empleos que sean pagados de manera competitiva.

Casi la totalidad de los puntos propuestos por el Gobierno de Maduro son antiguas promesas inviables que no plantean un cambio de fondo sobre las políticas públicas en materia socioeconómica, que es lo que en realidad hace falta en el país.

28 de mayo 2021

https://accesoalajusticia.org/seis-aspectos-de-las-propuestas-laborales-...

 7 min


Fernando Mires

Alexander Lukashenko, el último dictador de Europa (o penúltimo, el gobernante de Hungría, el también putinista Victor Orban, le pisa los talones) mandó secuestrar a un avión poniendo en peligro la vida de 170 pasajeros occidentales. El aparente objetivo: arrestar a un crítico del régimen de Bielorrusia. El más probable objetivo: desafiar a Europa Occidental en nombre del dueño del circo: Vladimir Putin. “¿Qué más tiene que pasar para que la UE y Occidente actúen finalmente con determinación?” preguntó, sin ocultar su indignación el reportero jefe de la DW, Midrag Soric.

¿Qué significa en este caso actuar con determinación? Para entender esa frase tenemos que considerar la dimensión de los hechos. Objetivamente, el acto de desviar un avión que sobrevuela territorio europeo es una violación a las convenciones internacionales, un atentado a la soberanía de un país miembro de la UE, un acto terrorista y criminal. Así lo han dicho algunos representantes de la UE en Bruselas. Puede entenderse como un acto de guerra. O por lo menos como uno de abierta hostilidad. Frente a este hecho, el secuestro del activista bielorruso Roman Potrasevich y de su novia Sofía Sapega resulta, a pesar de toda su alevosía y maldad, secundario con respecto a lo que significa romper la normatividad internacional a través de un operativo militar.

Como era de esperarse, la UE reaccionó de la única forma que sabe reaccionar: de modo reactivo, con sanciones, algunas simples amenazas, otras probablemente más realizables. Hay además reacciones que bordean el ridículo, entre ellas las del ministro del exterior alemán Heiko Maas quien anunció que las sanciones serán llevadas a cabo en “forma de espiral”. Con toda seguridad, a esta misma hora, después de un anunciado almuerzo conjunto, Putin y Lukashenko se mueren de la risa gracias a la “espiral” de Maas.

Lo que de verdad toma forma de espiral son las provocaciones de la siniestra pareja autocrática. Van de menos a más. A los dos les tiene sin cuidado la opinión pública mundial y mucho menos la de Europa a la que, según un ideario compartido, consideran un continente en decadencia moral e incluso política. En cierto modo tienen razón: la política internacional europea, si es que existe, es decadente, vale decir, burocrática, sin objetivos y radicalmente predecible. La UE es, cuando más, una unión geográfica, administrativa, monetaria, comercial, pero para ser política le falta mucho todavía.

Fue error de la oposición bielorrusa, así como la de Navalny y sus seguidores, haber confiado en que los países europeos iban a dar un apoyo incondicional a sus iniciativas. Putin, un muy buen conocedor de Europa, lo sabe muy bien. Sabe por ejemplo que después de los crímenes que comete cada cierto tiempo, levantará una polvareda, pero también que pocos días después nadie hablará más de eso. Menos aún en tiempos de pandemia. Además, Putin no está solo.

Así como ocurrió durante el tiempo de las tiranías comunistas pro-soviéticas, Putin también tiene organizaciones que lo apoyan en todos los países europeos: son los movimientos y gobiernos nacional-populistas, en su mayoría de extrema derecha, pero también algunos de izquierda, entre ellos Podemos en España, los socialistas de Melenchon en Francia, la Linke en Alemania. Lo importante para Putin es que, siendo de derechas o de izquierdas, estén todos en contra de la Unión Europea. En ese punto reside la diferencia fundamental entre el imperio chino y el ruso.

Mientras el imperio chino es económico más que político, el ruso es político más que económico. De ahí que el objetivo de Putin sea, en primera línea, conquistar la hegemonía política, y si es posible, la territorial, sobre Europa. Si alguna vez, para poner un ejemplo, los lepenistas lograran apoderarse del gobierno de Francia, Putin tendrá la mitad del camino hecho.

Salvo raras excepciones son pocos los políticos que se atreven a decir, a viva voz y en público, que el atentado espacial de Lukashenko no fue fraguado en Minsk sino en Moscú, en el mismo Kremlin. Todo habla a favor de esa hipótesis. El cometido fue un atentado de enorme magnitud, un hecho sin precedentes en tiempos de paz como para que un enano internacional como Lukashenko se hubiera atrevido a cometerlo por su cuenta sin el permiso del gigante vecino. Para nadie es un misterio que Bielorrusia no es un país autónomo sino, cuando más, una provincia de Rusia. Solo incautos periodistas europeos no lo creen. No han faltado los que arguyen que con sus sanciones la UE estaría arrojando a Lukashenko en los brazos de Putin, como si alguna vez el dictador bielorruso hubiera sido un demócrata, como si fuera políticamente recuperable, como si Bielorrusia hubiera sido, antes del atentado aéreo, una república independiente.

No fue por tanto casualidad que Putin, pasándose la opinión pública por el forro, hubiera recibido a Lukashenko inmediatamente después del atentado, con los brazos abiertos, como si su intención hubiera sido burlarse de Europa ante los ojos del mundo entero. Y ese fue quizás su propósito. Mostrar de modo directo que su gobierno hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere en Europa.

“Ha llegado la hora de dejar de demonizar a Bielorrusia” dijo el ministro del exterior ruso Sergei Lavrov. Lo peor es que tiene razón: el verdadero demonio no está en Bielorrusia sino en Rusia.

Solo tres gobiernos europeos mostraron una directa oposición a Putin/Lukashenko: Lituania, Polonia y Ucrania. El hecho de que las tres naciones sean colindantes con la Rusia de Putin, esto es, territorialmente amenazadas, explica en gran parte esa actitud. La violación del espacio lituano es equivalente a una ocupación territorial, precisamente en un país que en el pasado reciente fue propiedad del imperio soviético. En Polonia a su vez, sus habitantes saben que toda expansión rusa comienza o termina en Polonia. Hecho problemático y paradójico para el gobierno que controla el nacional-populista Kazinsky. Por una parte Kazinsky es definitivamente anti EU y en esa posición su mejor aliado es el autócrata húngaro quien a la vez es el mejor amigo de Rusia en Europa.

Pero a diferencias de este último, el polaco es como todo gobierno nacionalista de ese país, anti- ruso (por lo menos, acata la opinión pública nacional polaca que es y será definitivamente anti-rusa). Ucrania es en cambio el país más afectado, entre otras cosas, porque está en la mira expansionista inmediata de Putin. Precisamente avistando ese hecho, el inteligente presidente del Partido Verde alemán, Robert Habeck, planteó que Europa debe ayudar con armas al gobierno de Ucrania. Palabras que le costaron la protesta no solo de la izquierda bien pensante alemana, sobre todo al interior de su propio partido, sino también la de la socialdemocracia y por cierto, la de los partidos putinistas, como son la Linke (cuyo objetivo es liquidar a la OTAN) y la proto-fascista AfD, partidaria abierta del putinismo.

Habeck, sin embargo, pensó en perspectiva. En junio del 2021 tendrán lugar conversaciones directas entre Putin y Biden. El objetivo de Biden será marcar las líneas de separación geopolítica entre ambas naciones, las únicas que, de acuerdo a la política exterior de Biden, podrían asegurar una duradera paz mundial. Y bien, Biden y sus colaboradores entienden que las primeras líneas de demarcación son las que separan a Rusia de Ucrania. Visto así, puede ser que la violación del espacio aéreo europeo no haya sido más que un intento de Putin para poner el tema de Bielorrusia y no el de Ucrania en el centro de las conversaciones con Biden. Esperemos que la experiencia de Biden sepa entender esa artimaña. Si es así, la UE, como ocurrió con Europa occidental durante todo el periodo de la Guerra Fría, no tendrá más posibilidad que someterse a la conducción de los EE UU y abandonar el sueño de una Europa política y militarmente soberana. Lamentable.

Los demócratas europeos siguen aprisionados en la trampa que ellos mismos tendieron. La de creer que la democracia liberal es un dogma inapelable, uno que obliga a renunciar a la defensa frente a enemigos, sean estos potenciales o reales. Lo que no han podido entender es que si la democracia liberal se convierte en dogma, deja de ser liberal (pues no hay dogmas liberales). Mucho menos han entendido que para poder subsistir en un mundo de lobos, hay que mostrar cada cierto tiempo los dientes. Sobre todo cuando los lobos, llámense Lukashenko o Putin, ya ni siquiera se toman la molestia de vestirse con piel de oveja.

Mayo 28 de 2021

Polis

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 6 min


Luis Doncel

El premio Princesa de Asturias Ciencias Sociales 2021 augura que muchos de los parados por la crisis del coronavirus perderán también sus habilidades profesionales

Amartya Sen fue galardonado el pasado martes con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2021. Pocas horas después, desde su domicilio de Cambridge (Estados Unidos), sede de la Universidad de Harvard, el economista (Santiniketan, la India, 87 años) atendía a EL PAÍS lleno de agradecimiento hacia el jurado y destacando sus vínculos con la cultura española. Entre constantes llamadas telefónicas de felicitación, hablará sobre dos de sus grandes preocupaciones: una pobreza que vuelve a remontar fruto de la pandemia y la situación político-social india.

Sus investigaciones han influido durante décadas en las políticas contra la desigualdad extrema diseñadas en diversas organizaciones internacionales. Sin embargo, tras años de avances en esa lucha, la pandemia del coronavirus ha supuesto un serio retroceso. En un informe reciente, la ONU alertaba de que la peor recesión en 90 años había ocasionado la pérdida de 114 millones de puestos de trabajo y la expulsión a la pobreza extrema de unos 120 millones de personas.

“Esta crisis ha sido una noticia pésima en la lucha contra la pobreza. No solo por la pérdida de ingresos que ha generado en muchos trabajadores, sino también porque muchos de los que se han quedado sin trabajo perderán las habilidades que habían adquirido previamente. Cuanto más te aíslas, menos eficiente tiendes a ser”, responde al otro lado del teléfono.

Sen repite una y otra vez que el mayor golpe del coronavirus es la pérdida de vidas humanas. “Si no estás vivo, ya da igual que antes fueras rico o pobre. La gran tragedia es la muerte”, reflexiona.

El economista y filósofo no es muy pesimista sobre la salida de la crisis. Considera que no habrá que esperar demasiados años para recuperar el nivel de riqueza previo a la llegada del virus que ha puesto al mundo patas arriba. “La riqueza perdida podría recuperarse más o menos rápidamente, pero eso no devolverá la tragedia de que tanta gente haya muerto”, añade.

El flamante Premio Princesa de Asturias se muestra escéptico sobre la idea de que las políticas de impulso desplegadas por el presidente de EE UU, Joe Biden, vayan a cambiar el paradigma económico que nació en los años ochenta del siglo pasado con la revolución conservadora de Thatcher y Reagan: “No lo creo. No creo que estemos pensando de una nueva forma”.

Sen ha emergido estos años como uno de los grandes azotes del Gobierno nacionalista hindú encabezado por el primer ministro Narendra Modi. Ahora, con la trágica situación que vive el país por la expansión de la epidemia, el también premio Nobel de Economía cree que muchos de los males de las políticas impulsadas por el BJP, el partido nacionalista hindú en el poder, están saliendo a la luz. “La respuesta del Gobierno a la covid ha sido muy mala. No ha sido claro en sus políticas. Y ha tenido una actuación muy desagradable, sobre todo para los pobres, los que más están sufriendo la pandemia”, responde.

Pero las críticas a Modi van más allá de la gestión de los últimos meses. “Esta mala respuesta ha ocurrido también en otras decisiones políticas, como las políticas económicas, la falta de atención a la educación y la sanidad. La situación en la India es muy desigual y muy injusta. Y la pandemia no ha hecho más que agravar esta situación”.

Sen se ha hecho mundialmente famoso por su teoría de que las democracias están inmunizadas contra las hambrunas, ya que sus gobiernos tienen incentivos para evitar este tipo de grandes calamidades por su alto coste electoral. Pero ¿cree que ahora la catastrófica gestión de esta crisis en la India desvirtúa hasta cierto punto esta idea? “Mi argumento es que si el país que gobiernas sufre una hambruna, dejarás de ser popular y perderás las elecciones. Y por lo tanto harás todo lo necesario para impedir esa catástrofe”. Pero en su país se añade un elemento más a la ecuación. “En la India, el Gobierno ha logrado establecer un control férreo de los instrumentos del poder, enviando enormes cantidades de dinero de una forma asimétrica. El BJP ha logrado también apagar la voz de las protestas. Son cosas que la democracia debería evitar”, responde en un ataque frontal a los abusos cometidos en nombre de la preponderancia del hinduismo, la religión mayoritaria del país, sobre el islam.

“La desigualdad y la asimetría del poder tienen la potencia de erosionar las ventajas de la democracia. Y eso es lo que vemos en la India”, añade. ¿Diría entonces que su país va camino de dejar de ser una democracia funcional? “No. Sería erróneo afirmar eso. Es una situación muy compleja. Sí creo que el Gobierno ha usado instrumentos que hacen la democracia menos viable”, concluye el galardonado.

27 de mayo 2021

El País

https://elpais.com/economia/2021-05-28/amartya-sen-la-desigualdad-erosio...

 4 min


Jesús Elorza G.

El pasado día martes 25 de mayo, la sede del Comité Olímpico Venezolano (COV), podría decirse que se transformó en un “Dojo” para albergar la Asamblea de Asociaciones que había sido convocada para elegir a la Comisión Electoral que se encargaría del llevar a cabo las elecciones de la Federación Venezolana de Karate Do para el periodo 2021-2025.

En horas de la mañana, comenzaron a llegar atletas, entrenadores, personal técnico y dirigentes deportivos acreditados como representantes de las asociaciones para la referida asamblea. Pero, todos fueron sorprendidos al encontrarse que las puertas del Auditórium del COV ¡¡¡estaban cerradas!!! por orden de Arturo Castillo presidente de la Federación y Tesorero del Comité Ejecutivo del COV.

El personaje de marras, conocido como “El Pistolero Olímpico” por haber dicho públicamente que “tenía una pistola 9mm en su escritorio para echarle plomo a quien no estuviera de acuerdo con él” ni siquiera se hizo presente en la asamblea, ¡dirigió el cierre de las puertas y profirió sus amenazas, por video conferencia!, el culillo es libre, dirían algunos.

Con el paso de las horas, la situación se fue haciendo más tensa. El Auditórium prácticamente se transformó en un “Tatami”. Por un lado, dentro del recinto, se encontraban (de acuerdo con las fotos que circularon en las redes) ¡¡¡ocho personas!!! en representación parcial de cuatro (4) asociaciones. Si tomamos en cuenta, que de acuerdo con la Ley del Deporte y su Reglamento, son cuatro (4) representantes por asociación, las presentes deberían sumar 16 y solo llegaban a 8.

Fuera del recinto, se encontraban ¡cuarenta (40) personas debidamente acreditadas! en representación de diez (10) asociaciones que decidieron proceder, y de acuerdo con la Ley, realizaron la asamblea para la cual fueron convocados, eligieron la Comisión Electoral para la elección federativa, propinándole de esa manera, un “KO” fulminante, a todos aquellos que pretenden perpetuarse ilegal y arbitrariamente en la dirigencia deportiva.

El grupo minoritario, al verse superado, salieron huyendo del Tatami (Auditórium) por la puerta trasera y el Pistolero Olímpico cortó abruptamente su video conferencia.

El arbitrario e ilegal procedimiento, de impedir el acceso de los acreditados para el referido evento, representa una flagrante violación a los derechos constitucionales de participación política y sufragio, previstos y consagrados en los artículos 62 y 63 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, además de resultar contrario a los principios rectores del deporte, y a lo previsto en el artículo 3 de su propio Reglamento Electoral, al no garantizar el legítimo derecho a elegir a un grupo de electores debidamente acreditados.

Este intento demuestra una vez más el carácter totalitario y antidemocrático de las autoridades olímpicas, que pretenden imponer a la fuerza dirigentes federativos acólitos, sumisos a su manera de pensar y proceder, para perpetuarse dictatorialmente en el poder.

 2 min


Soledad Morillo Belloso

Churchill detestaba a Stalin. Y viceversa. A Churchill tampoco le hacía mucha gracia De Gaulle. Y viceversa. A Ike le ponía nervioso Monty. Y viceversa. A Patton no le gustaba mucho Ike. Y viceversa. Truman no se llevaba bien con MacArthur. Y viceversa.

Ramos Orta y Xanana Guzmão no eran «panas». De hecho entre ellos había muchas diferencias. Entre Tutu y Mandela no siempre había concordancia. Nehru y Gandhi desconfiaban el uno del otro y tuvieron sus muchos desencuentros. Betancourt, Villalba y Caldera veían la vida y la política de modo muy distinto. Juan Pablo II y Walesa tuvieron serios aunque callados enfrentamientos.

Todos esos entendieron y metabolizaron que por sí solos no podrían triunfar. Ellos definían triunfar como un logro, no como un conformismo. Todos se las vieron muy peludas. Ninguno creyó que la unidad se basaba en ceder; lo vieron cómo construir en conjunto. Sin restregárselo en la cara unos a otros, sabían que cada cual podía cantar eso de «yo sin ti no valgo nada» y «tú sin mí no vales nada».

Evito adrede poner en este texto los nombres de los que están enfrentados en las fuerzas de oposición. No por cobardía o conveniencia de mi parte, sino porque creo que poco ayuda quien se place en echarle leña a la candela. Poco suma y mucho estorba quien se pone al lado de cualquier dirigente y lo perturba y distrae azuzándolo, sembrándole dudas y casquillos.

Todos tienen muchas cualidades. Y también sus defectos. O mejor dicho, falencias. Muchas de esas debilidades pueden ser completadas por el otro quien seguramente tampoco tiene completo el portafolio de las fortalezas necesarias. La verdad es mucho más simple: ninguno puede solo. Ninguno tiene la fuerza suficiente como para poder hacer solo el tortuoso camino. Lo que a uno le falta lo tiene el otro u otros.

Y no, no se trata de esa bobada con patas de “es que no me cae”. Ni que estuviéramos hablando de una tarde de vermut y canapés en la que algunos se encuentren para departir y matar el aburrimiento. Se trata de aceptarse como son y pasar de la distancia a la cercanía. Y nada, absolutamente nada ni nadie es más importante que el país.

Contrariamente a lo que se podría pensar, yo creo que tenemos (algunos) buenos liderazgos políticos, tanto en territorio nacional como en el exilio. Y creo también que, como a dulces sobre la mesa, se les han pegado muchas moscas, muchos interesados en ganar indulgencia con escapulario ajeno, muchos arrimados sabelotodos que dictan cátedra pero que no ponen su propio pellejo en el asador, muchos engreídos que pontifican desde la comodidad de sus computadoras sin derramar ni una gotica de sudor y ni una lagrimita. Y a esos a veces los liderazgos políticos caen en el error de escucharlos más que a los dirigentes de base de sus partidos o sus organizaciones sociales, mucho más que a Casilda quien, acaso sin lenguaje rimbombante, puede decir más y de seguro reflejar mejor lo que siente y padece el pueblo. Sí, ahora pretenden algunos decir que está mal la palabra “pueblo”. El sifrinazgo que inunda redes convierte la narrativa política en un menjunge de palabrejas que ni mojan ni empapan y que Casilda escucha como oír llover.

Y así como el concepto de ‘ninguno puede solo’ es importante interiorizarlo, también lo es el segundo concepto: ‘nadie es indispensable y todos son necesarios’. Cuando eso se comprende, entonces cala la importancia del liderazgo compartido. En una situación como ésta, los que están en posiciones de liderazgo tienen por fuerza que saber trabajar en equipo, sin creerse un jefe más que otro y, claro está, sin caudillismo. La altivez no solo es inapropiada, es irrelevante. Se trata de articular unidades de pensamiento y trabajo entrelazadas, lo suficientemente flexibles como para ir creciendo y ofreciendo respuestas a los vaivenes de los cambiantes escenarios. Sin dramas cursis. Sin lenguaje de culebrón barato. Y sin narrativa churrigueresca que requiera traducción.

Repito: hay buenos en posiciones de liderazgo. No se trata de quién manda. Se trata de poder articular una estrategia de compromiso y acción que no deje a los ciudadanos gagueando fuera de la sala, sino que antes bien los seduzca y convenza que los esfuerzos, que no serán pocos, bien valen la pena. Al fin y al cabo, el pueblo es el centro de todo. Si eso está claro, el resto es sentarse a entenderse.

23 de mayo 2021

Guayoyo en letras

https://guayoyoenletras.net/2021/05/23/ninguno-puede-solo/

 3 min


Albert Sanchis

La pandemia ha acentuado la divergencia económica de las empresas en el mundo. Podríamos decir que las más grandes, esas supermegacompañías de la talla de Google, Amazon o la china Tencent tienen sus arcas a rebosar de billetes, mientras que los competidores más pequeños nunca han estado en una situación más precaria. Esta concentración del poder en un pequeño número de grandes empresas no es nueva en sí misma, lleva creciendo significativamente en los últimos años.

¿Por qué ha sucedido todo esto? Las nuevas tecnologías, la disminución del poder de negociación de los trabajadores y el fracaso de las autoridades antimonopolio son algunas de las causas. Y lo cierto es que una tendencia visible es que cada vez son más tecnológicas y chinas.

Más tamaño. La explicación del fenómeno es que durante la crisis económica extendida por la pandemia del coronavirus, muchas grandes empresas, y especialmente sus valores en el mercado de valores, han estado creciendo rápidamente mientras que sus competidores de pequeñas empresas se han enfrentado a un apocalipsis. Las 50 principales empresas del mundo reunieron $4.5 billones de capitalización bursátil en 2020, un valor combinado que representa el 28% del producto interno bruto mundial. Hace tres décadas, la cifra equivalente era inferior al 5%, según datos recogidos por Bloomberg en este artículo.

Más tecnología. El sector tecnológico domina la parte superior de la lista de empresas con más valor, y las de combustibles fósiles, con la excepción del buque insignia de Arabia Saudita, Aramco, han caído. Las empresas de tecnología representan 21 de los 50 primeros puestos. Pero eso trae consigo consecuencias. El extraordinario crecimiento de este sector en particular está impulsando la acción de los gobiernos ante la preocupación de su creciente influencia en todas las áreas, incluida la libertad de expresión y la gran cantidad de datos personales que acumulan de sus usuarios.

Políticos y reguladores en todo el mundo ya las miran de reojo. En China, los reguladores impusieron multas récord a sus afiliadas, incluida Alibaba Group Holding, y extendieron la represión a otros gigantes tecnológicos como Tencent Holdings. Europa ha estado trabajando en formas de gravar a empresas como Amazon y Alphabet según el lugar donde operan, en lugar de su ubicación.

Más China. La tendencia también apunta a un repunte de megacompañías chinas. Su participación en el top 50 ha aumentado, a expensas de Europa. Si nos fijamos en la última lista Fortune Global 500, China es el país más representado, superando a EEUU (124 a 121), y estando muy por delante del tercer lugar, Japón. Si volvemos la vista atrás, a principios de la década de 1990, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya comenzaba a emitir estimaciones del PIB calculadas por la paridad del poder adquisitivo que mostraban que la economía de China se acercaba al tamaño de Japón y Estados Unidos.

Durante las últimas dos décadas, el número de empresas chinas se ha multiplicado por doce, mientras que la proporción de empresas estadounidenses ha caído un tercio, del 36% al 25%. ¿Por qué? Básicamente porque muchas de ellas son de propiedad estatal. Las empresas más grandes de China en la mayoría de las industrias son empresas estatales, y 91 de los 124 miembros chinos de la última lista Fortune Global 500 también.

Más rentabilidad. El dominio y la acaparación trae consigo problemas para los más débiles: los trabajadores. Muchos economistas han atribuido el lento crecimiento de los salarios durante las décadas previas a la pandemia a la disminución de la competencia. Algunas empresas de tecnología tienen modelos comerciales que les permiten escalar sin agregar mucho personal. Otros, Amazon y Alibaba entre ellos, emplean a un gran número de trabajadores, pero a menudo en trabajos poco calificados y mal pagados. Lo hemos contado en Magnet.

Más impuestos. Las ventajas de las que disfrutan estas superestrellas son evidentes, lo cual es una de las razones por las que los gobiernos se coman la cabeza pensando en cómo domarlas. En Estados Unidos, la administración de Joe Biden busca aumentar los impuestos corporativos como parte de un esfuerzo más amplio para detener el largo camino hacia la desigualdad. ¿Cómo? Presionando por un acuerdo fiscal global que dificulte que las empresas más grandes reduzcan sus facturas al trasladar las ganancias a jurisdicciones de impuestos bajos.

Ese impulso ha atraído la resistencia de naciones como Irlanda, cuya baja tasa impositiva corporativa ha alentado a multinacionales como Apple Inc. y el propietario de Google, Alphabet Inc., a establecer sedes regionales allí.

Más Brecha. Y con todo esto llegamos a uno de los puntos más importantes: una gran brecha entre lo grande y lo pequeño. La diferencia en el rendimiento medio entre estos dos tipos de empresas eran del 15% en la década de los 90, pero recientemente se ha duplicado al 30-35%. Es decir, los gigantes se están volviendo más rentables, mientras que las pequeñas se vuelven precarias. Podríamos pensar: “Es algo normal: Amazon, Netflix y Microsoft fueron una vez pequeñas empresas también, pero alcanzaron el estrellato. Muchas de las empresas actualmente pequeñas seguramente se comportarán de manera similar”. Pues no.

El problema radica en que a las pequeñas empresas les resulta más difícil "escapar" de su clase. Mientras que, hasta el año 2000, entre el 15% y el 20% de las pequeñas empresas se convirtieron en empresas medianas o incluso grandes cada año, este porcentaje se redujo a la mitad en 2017. El proceso de crecimiento para capturar posiciones parece cada vez más difícil. Y, al mismo tiempo, parece menos probable que las grandes empresas cedan sus condiciones dominantes.

@asanchisull

21 de mayo 2021

https://magnet.xataka.com/en-diez-minutos/50-empresas-representan-28-eco...

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Ignacio Avalos Gutiérrez

En la jornada de trabajo dedicada al Sistema Nacional de Ingreso Universitario “Bicentenario 2021″, en medio de su habitual desmesura épica Nicolás Maduro hizo un llamado, “ …al movimiento estudiantil revolucionario para consolidar la orientación de las nuevas carreras y el nuevo contenido de la educación universitaria, conectadas con el desarrollo venezolano y mundial …”, e hizo énfasis en que “…hay que ponerse en la vanguardia del mundo en educación universitaria”, esto último expresado sin siquiera parpadear. De paso, a propósito de las denominadas nuevas carreras, recuérdese que las mismas fueron anunciadas hace unos meses, excluyendo a las ciencias sociales y humanas, quien sabe si es porque se consideran inútiles o se perciben peligrosas.

Estas declaraciones referidas a la educación universitaria pública, más bien “oficial”, hay sumarlas al conjunto de medidas que durante años se han tomado en contra de las universidades autónomas, dando como resultado instituciones que hoy en día funcionan a un cuarto de máquina, siendo optimistas. Nada distinto, desde luego, a lo que viene sucediendo en todos los niveles de nuestro sistema educativo, cuya última novedad es que las escuelas deber “convertirse en centros de formación ideológica”, dejándonos en la duda acerca de si es en función del Socialismo Siglo XXI o del Capitalismo de Bodegones.

¿Habrá necesidad de decir, entonces, que el enfoque desde el que se trata de perfilar la educación venezolana apunta hacia un horizonte por donde es obvio que no sale el sol y que el mismo resulta obviamente inadecuado en estos tiempos rotulados por cambios tecnológicos globales, acelerados y profundos, que influyen en todos los espacios sociales, planteando un abanico complicado de preguntas que interpelan a todas las disciplinas científicas?

Tomar otra ruta

El contexto anterior obliga a repensar las universidades públicas autónomas, según otros propósitos y otra institucionalidad. Al respecto, los que han reflexionado sobre el tema tocan diversos aspectos, entre los que cabe mencionar la necesidad de revisar la autonomía universitaria haciéndola girar en torno a la defensa de la libertad académica y, por supuesto, a su participación social, manteniendo su independencia y su espíritu crítico.

Se refieren, igualmente, a la necesidad de examinar su papel dentro del nuevo ecosistema universitario, conformado asimismo por universidades privadas, empresariales y corporativas, colegios universitarios, universidades tecnológicas, institutos tecnológicos, universidades especializadas, etcétera, y de establecer mecanismos dirigidos a la integración en redes académicas de cooperación, tanto a nivel nacional como internacional, conciliando la mirada global con la local.

Por otro lado, se resalta la importancia de modificar los procesos de transmisión del conocimiento, trasladando el énfasis de la enseñanza hacia el aprendizaje y subrayando el rol del estudiante, además de reemplazar los currículos rígidos por programas elásticos capaces de abarcar los intereses de los alumnos.

Diversos autores plantean, además, el objetivo de fortalecer la educación virtual, regulándola y armonizándola con la educación presencial y la tarea de revisar la estructura académica universitaria haciéndola más dúctil, reemplazando la tradicional división de las facultades, escuelas y departamentos, por esquemas organizativos que abran paso al abordaje de temas y problemas desde la perspectiva interdisciplinaria. Hablan de encarar, así mismo, el tema de la ciencia abierta, la consideración del conocimiento como bien público y, en general el de la propiedad intelectual, cuestión que se encuentra desde hace un buen tiempo en la mesa de debate y cuya relevancia ha crecido en virtud de la globalización de la pandemia, suscitada por el coronavirus. Y por citar un último punto, proponen mirar con atención la diversificación de las fuentes de financiamiento, evaluando sobre todo la influencia que pueden tener en perjuicio de la autonomía académica.

Las líneas precedentes son apenas el esbozo de un asunto ineludible, pero creo que asoman razones de peso para mostrar la importancia de iniciar, con premura, la tarea de resignificar la concepción y funcionamiento de la universidad, aunque el ambiente nacional no sea el más propicio para llevarla a cabo.

Refrescar el liderazgo

Nuestras universidades públicas se han dejado tomar por la inercia, lo digo con profundo sentido auto crítico, pues soy parte de su comunidad de profesores. Lucen demasiado apacibles frente a los obstáculos que les pone el gobierno. Con importantes excepciones encarnadas en algunos grupos, instancias y personas que siembran la esperanza, parecieran encontrarse en modo “a ver qué pasa”.

Como es sabido sus autoridades no han sido renovadas en ninguno de sus niveles, a pesar de que hace rato se les venció el período contemplado en las normas. Cierto que el gobierno se ha sacado de la manga cualquier pretexto para impedir las elecciones, pero también lo es que no se ha hecho valer la autonomía para realizarlas a fin de refrescar su liderazgo y, a partir de allí, crear las condiciones requeridas para reconstruir la universidad, pero sobre todo para irla imaginando de acuerdo a las señales que, incluyendo sus interrogantes, va destapando el siglo XXI.

Ciertamente nos encontramos frente a un camino largo y empedrado, pero que debemos transitar porque es necesario y, sobre todo, porque se trata de una responsabilidad con las nuevas generaciones

El Nacional, miércoles 26 de mayo de 2021

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