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Opinión

Eddie A. Ramírez S.

Colaboradores son quienes se reúnen, física o virtualmente, para realizar un trabajo. Para que la obra culmine exitosamente tiene que existir tolerancia entre los colaboradores. Cada uno debe aportar para que la suma de los talentos sea superior al de las partes. Es un hábito positivo que debe ser incentivado en nuestro sistema educativo. Por el contrario, un colaboracionista es un individuo que busca un beneficio personal y por esto colabora con los invasores de un país o con un gobierno títere impuesto por el enemigo.

Colaboracionistas en la historia: En la historia de la humanidad abundan los casos individuales y de poblaciones enteras que han colaborado con invasores, sea por interés personal o por afinidad ideológica. En la antigüedad, cabe recordar al tristemente célebre Efialtes, quien se vendió al persa Jerjes I facilitándole evadir el paso de las Termópilas. Durante la segunda guerra mundial abundaron los colaboracionistas con el régimen nazi: Quisling en Noruega, León Degrelle en Bélgica, Petain, Laval y Papon en Francia, entre otros, todos ellos traidores a sus pueblos. El uso de la palabra colaboracionista se atribuye a Petain, quien desde Vichy declaró que había que colaborar con los nazis. Después de la guerra, Quisling y Laval fueron fusilados. Petain y Papon estuvieron presos y Degrelle logró la protección en España del dictador Francisco Franco.

Colaboracionistas en Venezuela: En Venezuela, alguien desenterró esta palabra y algunos se la endosan a quienes se dicen de oposición, pero que se sospecha, con razón o sin ella, que directa o indirectamente apoyan a Maduro. Acusar sin pruebas se ha convertido en el deporte principal en nuestras redes sociales. Se ha abusado de ese epíteto. Sin duda que hay colaboracionistas, pero a veces se comete la injusticia de aplicarlo indiscriminadamente. Algunos acusadores lo hacen por percibir que determinada persona apoya al régimen por debajo de cuerda y pretende cohabitar con el mismo. Otros lo hacen para desprestigiar a alguien y no falta quienes se creen dueños de la verdad y consideran que cualquiera que piense diferente le hace el juego al régimen. Cuando las acusaciones tienen base, contribuyen a delimitar los campos, lo cual es deseable. Cuando carecen de la misma solo causan confusión en los ciudadanos y eso beneficia al régimen.

¿Quiénes son los colaboracionistas? No por negociar o por llamar a votar en las regionales se puede tildar a alguien de colaboracionista. Sí lo son quienes se dicen de oposición y predican que Maduro es el presidente constitucional y que su mandato finaliza en el año 2024. Son colaboracionistas los que reconocen la Asamblea Nacional usurpadora electa en diciembre del 2020. Son colaboracionistas los que promovieron que el TSJ removiera las directivas de Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, Copei y Bandera Roja. Son colaboracionistas los ciudadanos Bernabé Gutiérrez, José Brito, Luis Parra, Gregorio Noriega, Miguel Salazar, Pedro Veliz, Jesús Gabriel Peña, Adolfo Superlano y Negal Morales, entre otros. También Enrique Ochoa Antich, quien defiende constantemente al usurpador Maduro. Ricardo Sánchez, Claudio Fermín y Timoteo brincaron la talanquera. Felipe Mujica y Henry Falcón tienden hacia el régimen. Así mismo son colaboracionistas los funcionarios, civiles y militares, que han permitido que cubanos castristas, iraníes y guerrilleros colombianos se hayan apoderado de nuestro país.

¿Quiénes no son colaboracionistas? Enrique Capriles y Eduardo Fernández no son colaboracionistas, aunque no son colaboradores en el trabajo de sacar al usurpador. No coincidimos con la posición de ellos, pero es injusto descalificarlos porque predican que hay que votar en las regionales y por no formar equipo con la mayoría opositora. Tampoco lo son Enrique Márquez y Roberto Picón, por haber aceptado ser rectores del CNE, aunque han debido esperar para ver si es posible una negociación integral. Mucho menos son colaboracionistas María Corina y Antonio Ledezma, aunque no son colaboradores, ya que están en constante desacuerdo con la mayoría opositora. Son luchadores valientes que quieren, con razón o sin ella, diferenciarse del resto.

El colaboraciómetro: No existe un colaboraciómetro para medir si alguien es colaboracionista o no. Tampoco para medir en una escala el grado de colaboracionismo. No hay medias tintas. O se es colaboracionista o no se es. También hay que considerar que cuando cesen las pasiones quizá nos daremos cuenta de que las percepciones de hoy no serán las mismas del mañana. Con toda seguridad no están en la lista de colaboracionistas todos los que son, aunque pareciera que sí son todos los que están. Al respecto cabe traer a colación el caso de la Malinche, la indígena mexicana que se casó con Hernán Cortés. Hasta hace poco era unánimemente condenada por colaboracionista, pero hoy se tiende a matizar su actuación. Por otra parte, después de la guerra, Papon fue considerado un patriota, hasta que se demostró que fue un colaboracionista responsable del envió de cientos de franceses judíos a campos de concentración y a la muerte. Por cierto, Efialtes todavía espera el pago.

Como (había) en botica:

Carlos Jordá, presidente de CITGO, presentó el Informe del primer trimestre de este año. En cambio, la Pdvsa roja no presenta sus resultados desde hace cuatro años.

Se cumplen dieciocho años del Acuerdo entre el gobierno y la oposición, con la OEA y el PNUD como facilitadores y testigos, en el que el gobierno se comprometió, entre otros puntos, a respetar la Constitución y nombrar un CNE independiente. Seguimos esperando.

El incapaz Padrino López demoró 20 días en enterarse de que la guerrilla colombiana tenía secuestrados a ocho militares venezolanos, y permanece mudo ante el ajusticiamiento, real o ficticio, del líder guerrillero colombiano Santrich, supuestamente ocurrido el 17 de mayo.

Felicitaciones al joven arquitecto Alejandro Vegas por su exposición en Madrid titulada Barricadas.

Lamentamos los fallecimientos de Nanci Guardia, Arlenis Arrieta de Rojas, Celestino Prada, Eduardo Cano y Tomás Pérez, compañeros de la Pdvsa Meritocrática.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

25-05-21.

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Jesús Elorza G.

En la jornada dominical de fútbol el tema central de conversación entre los jugadores, árbitros, entrenadores y público en general estaba relacionado con la “Copa América 2021”.

- No logro entender, dijo un jugador, como a menos de un mes para el inicio del torneo Colombia fue descartada como subsede del evento continental.

- Tiene razón el muchacho, señaló un árbitro, la inauguración esta prevista para el 13 de junio. Además, el gobierno colombiano había solicitado diferir para noviembre la realización del evento, alegando razones sanitarias debido a la pandemia de Coronavirus. Pero, la Conmebol negó esa solicitud, alegando razones relacionadas al calendario internacional de competiciones y a la logística del torneo. “Resulta imposible trasladar la Copa América 2021 al mes de noviembre”, indicó en un comunicado.

- Uno de los padres, al oír esos argumentos, intervino para decir que los dirigentes de la Conmebol son unos caraduras. Tiene un doble discurso. Recordemos que el año pasado 2020, con una situación sanitaria menos comprometida que la actual, aceptó diferir el torneo para el próximo año. Mi impresión, es que la negativa obedece a la situación político social que actualmente se vive Colombia con manifestaciones y represión policial y no quieren arriesgar los “negocios” qué derivan del evento.

- Pienso que Argentina como subsede, debería asumir la organización y desarrollo de la copa, expuso uno de los entrenadores, y así no habría que posponer el calendario.

Pero, no habían terminado de escuchar al entrenador, cuando las redes sociales informaban que el gobierno argentino decretó un duro confinamiento en principio por nueve días para hacer frente a la segunda ola de coronavirus, lo cual obligó a suspender los torneos de fútbol de todas las categorías.

- Un médico que asistía a un equipo, intervino para explicar que los hechos que giran alrededor de esta problemática ponen en evidencia los riesgos de organizar un certamen de esta magnitud en momentos en que Sudamérica se ha convertido en uno de los epicentros de la pandemia, que además de consecuencias sanitarias profundizó las tensiones sociales que la atraviesan por el retardo en la llegada de las vacunas y el impacto negativo de las cuarentenas radicales en la economía.

- No nos ahoguemos en un vaso de agua, dijo un dirigente deportivo, pensemos en Chile. Tiene a su favor una situación sanitaria menos dramática que sus vecinos por una tasa de vacunación que está entre las más alta en el mundo (62% de su población de 19 millones ya tiene la primera dosis) y el gobierno chileno ve con buenos ojos albergar el evento.

- El árbitro interviene nuevamente y, señala que esa propuesta está fuera de lugar y no puede ser aplicada puesto que Chile forma parte del grupo “A”, conjuntamente con Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia y en consecuencia para integrarse al grupo “B” de Colombia habría que hacer un nuevo sorteo y calendario, y no hay tiempo de aquí al 13 de junio.

- En base a ese razonable y técnico argumento, Uruguay y Paraguay, este último sede de la Conmebol, también quedarían descartados.

- No dejen por fuera a los “pescadores en ríos revueltos” dijo uno de los entrenadores.

- Explícanos eso, fue la solicitud unánime del grupo.

- A eso iba, cuando me interrumpieron. Acaso se les olvidó, que días atrás, concretamente el 14 de mayo, el señor Laureano González declaró, según lo señala Hernán Rodríguez (locutor deportivo) “Venezuela se ofreció a organizar la Copa América, si las protestas sociales en Colombia complicaban su realización, en adición a la crisis del coronavirus.

Pero posteriormente, el señor González desmintió esa información señalando que “Los imprevistos, pues siempre son imprevistos, pero hoy Venezuela no es candidata a sustituir a nadie”, indicó al programa radial. “Venezuela está, como el resto de los países de Conmebol, respaldando a Colombia (…). No podemos especular. Nosotros lo que tenemos ahora es solidaridad con la Federación Colombiana de Fútbol”.

- A ese señor no le quedaba más camino que desmentir su inicial sugerencia. Puesto que de llegar a asignarse la sede de la Copa América a Venezuela, de inmediato se iban a revivir los escándalos de la Copa 2007 en la cual, producto de los evidentes actos de corrupción que allí se dieron, varios directivos de la Conmebol fueron detenidos por el FBI y enjuiciados en los tribunales de los Estados Unidos y para ese momento el señor González era Secretario General de la Federación Venezolana de Futbol.

También se dice, según el periodista Esteban Rojas, de Conexión Goleadora “que fuentes federativas apuntan al Instituto Nacional de Deportes (IND) como impulsora de la propuesta venezolana para la Copa América”.

- En ese peloteo FVF-IND se pone de manifiesto la pelea por el control de la federación en las próximas elecciones. El Ministerio del Deporte juntamente con el IND, buscan alcanzar la presidencia del organismo rector del fútbol y en el otro lado, el señor González busca perpetuarse en el poder apoyado por el Comité Olímpico Venezolano. Ambos, como buenos pescadores en ríos revueltos, buscan los beneficios que pudieran traerles el montaje de la Copa América 2021.

Finalmente, dijo un dirigente deportivo, la Conmebol anunció que en “los próximos días” tomará una decisión sobre la relocalización de los partidos que debían disputarse en Colombia. Pero el tiempo apremia y la pandemia no da tregua.

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Humberto García Larralde

La propuesta de negociación de un Acuerdo de Salvación Nacional con el régimen de Maduro, lanzada por Juan Guaidó la semana pasada, parece haber vivificado la política de la oposición democrática. Por lo menos eso es lo que se desprende de la controversia que ha suscitado. Se propone lograr:

– La convocatoria pública de elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales, con condiciones electorales adecuadas y reconocimiento internacional.

– La entrada masiva de ayuda humanitaria y de vacunas contra el COVID-19.

– Garantías democráticas para todos los actores políticos, tanto del chavismo, como de la oposición, lo que incluiría la liberación de todos los presos políticos y la consideración de medidas de justicia transicional, en un marco de reconciliación política y de reinstitucionalización del país.

– Un compromiso internacional para la recuperación de Venezuela, que permita el levantamiento progresivo de sanciones, sujeto al cumplimiento del Acuerdo.

Esta propuesta, como insistió Guaidó al anunciarla, sólo será posible a través de un proceso simultáneo de presión y negociación, nacional e internacional.

Para voces radicales de oposición se trata de una ilusión, cuando no de una traición, ya que obvia la naturaleza del régimen: éste no llegará a acuerdo alguno que pudiera contribuir a su salida. Por tanto, se estarían sembrando falsas expectativas a la población y a la comunidad internacional, que siempre ha apostado por una salida negociada, haciéndole el juego a Maduro para que alargue su permanencia en el poder. En tales términos, las opciones se reducen a una intervención extranjera o un golpe militar.

Pero despachar el análisis con descalificativos fáciles, además de injusto, es contraproducente, ya que impide evaluar seriamente los alcances de lo que se propone. No puede sostenerse, a estas alturas, que Guaidó y quienes lo acompañen desconozcan la naturaleza fascista del régimen.

El proceso de desengaño de los venezolanos sobre sus verdaderas intenciones ha sido demasiado duro, prolongado, amargo y costoso en lo humano. Lo que mueve a Maduro y los suyos no tiene nada que ver con el bienestar de sus compatriotas y, no obstante su retórica “revolucionaria”, no los anima proyecto alguno, sea socialista o nacionalista, que permitiría arribar a soluciones consensuadas con la democracia. Su objetivo central es, por encima de todo, perpetuarse en el poder para continuar expoliando el país.

De ahí que no rectifican sus ruinosas políticas ni les preocupa restablecer el ordenamiento constitucional porque, junto a la instauración de un régimen de terror contra la oposición, son consustanciales con este fin. La consecuente miseria, hambre y muertes evitables, les rueda. Si levantaron algunos controles de precio, permitieron la dolarización transaccional y aprobaron una “ley antibloqueo” para vender activos públicos, fue porque no les quedaba de otra. Acusar a Guaidó de desconocer la naturaleza del régimen solo busca descalificar todo intento de negociación y a él como líder.

Pero, entonces, ¿a cuenta de qué una negociación con estos personeros puede tener futuro? La razón está en que el régimen tiene tanto o más interés que la oposición en explorar salidas, porque su prolongada actividad parasitaria ha minado sus propias bases de sustento.

El régimen de expoliación instaurado es cada vez menos viable y expuesto a pugnas internas de todo tipo, en competencia por lo que queda de botín. Y, un poder que descansa sobre alianzas forjadas con militares traidores, bandas criminales y estados-paria para depredar a la nación, corre peligro cuando merman tan drásticamente los recursos a compartir.

Adicionalmente, Maduro y sus cómplices están imputados por fiscales de Nueva York y Florida de narcotráfico, lavado de dinero y terrorismo y tienen encima una investigación de la Corte Penal Internacional (CPI), además de la condena de los organismos de defensa de los derechos humanos de la ONU y la OEA, como de reconocidas ONGs. A muchos se les han congelado las cuentas que poseen afuera de dineros mal habidos. Más allá, Alex Saab habrá de ser extraditado a EE.UU. y se anticipa que, para disminuir su condena, divulgue los intríngulis de sus ilícitos con Maduro.

De ahí el interés en negociar, con la esperanza de que, al tomar una que otra medida en la dirección esperada y ceder en algún requerimiento, les sean levantadas las sanciones y consigan el ansiado respiro para seguir con sus “negocios”.

En este orden encaja la anuencia de Maduro, ¡al fin!, de permitir, la entrada de ayuda humanitaria del Programa Mundial de Alimentos, así como de vacunas anti Covid (a pesar de su saboteo inicial, ¡porque Guaidó había contribuido en concertar el programa COVAX para el país!); el nombramiento, por parte de la AN chavista, de dos demócratas como rectores principales del CNE; la concesión de arresto domiciliario, en lugar de cárcel, a los directivos de CITGO; la confesión, por parte de la fiscalía, de que el concejal Fernando Albán fue asesinado y torturado, estando preso en el SEBIN, que el capitán Arévalo también sufrió torturas (que produjeron luego su muerte), y que la muerte del estudiante Pernalete fue homicidio, perpetrado por un Guardia Nacional.

¿Esto nos lleva a creer que, por fin, Maduro está retornando al redil constitucional y que reconoce que ha vulnerado derechos fundamentales de los venezolanos? ¡En absoluto! Pero se ve forzado a abrirse a un proceso de negociación. De ahí los gestos referidos.

Pero no todos los de su bando están contentos con ello. El ansiado alivio presupone sacrificar o marginar a algunos. La apropiación de las instalaciones de El Nacional por parte del asaltante de caminos que ha revelado ser Diosdado Cabello, tendría explicación desde esta perspectiva. A él no lo ningunea nadie y toma medidas para demostrarlo.

Medidas retrógradas contra las ONGs y la amenaza de avanzar hacia formas de “estado comunal”, pudieran ser expresiones en el mismo sentido. En ese tinglado de mafias que viven del régimen de expoliación implantado –y que constituyen su principal apoyo—se agudizan las contradicciones. La muerte y captura de soldados en Apure, por parte de una disidencia de las FARC, son la medida de los riesgos involucrados en pactar este tipo de apoyos. Habrán de presentarse nuevas manifestaciones de ello.

Más indicativo, aún, de la desesperación que parece embargar el régimen por aliviar su situación es la revelación de su oferta por vender PDVSA “por piezas”, sin pasar por licitaciones públicas ni regulaciones legislativas, y que les proveería un monto que sumaría 77 millardos de dólares[1]. Pero tal oferta tendrá muy poca viabilidad si el régimen no logra negociar el levantamiento de sanciones.

De ahí la potencialidad de la propuesta de Guaidó. Vincula necesariamente una negociación de esta naturaleza con un programa de compromisos a cumplir, que desembocarían en unas elecciones presidenciales y legislativas creíbles y aceptables.

Por supuesto, lo clave está en jugar cuadro cerrado con los países democráticos que apoyan el retorno de la democracia en Venezuela y de quienes depende el levantamiento de estas sanciones.

Obviamente, Maduro y los suyos no darán su brazo a torcer, por lo que la amenaza de reforzar las sanciones y de interferir los apoyos de Rusia, Cuba, Irán y China, podrá ser decisiva. La negativa de las mafias a ceder debe traducirse en un costo inadmisible para sí.

En el plano interno, presupone limar las diferencias entre sectores de la oposición democrática y forjar los consensos y la unidad de propósitos que permitan alimentar la confianza de la comunidad internacional en su seriedad y responsabilidad. Si el acuerdo de salvación nacional es respaldado por todos y cuenta con un sólido apoyo internacional, habrá de debilitar aún más a los fascistas.

Desde esta perspectiva, la discusión, ahora divisiva, sobre si participar o no en los comicios regionales y municipales convocados pasa, por los momentos, a un segundo plano. Se subordina a la conquista de condiciones apropiadas para la realización de elecciones, esbozada como primer punto del acuerdo propuesto.

¿Es realmente positiva la designación de Enrique Márquez y Roberto Picón al CNE? Tendrá que ponerse a prueba en los próximos meses.

[1] https://www.abc.es/internacional/abci-maduro-pone-venta-pdvsa-para-recup...

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Laureano Márquez

Ningún periódico como El Nacional ha calado tanto, con perdón de la cacofonía, en el alma nacional de Venezuela. Desde su fundación en 1943 por Henrique Otero Vizcarrondo, este diario se convirtió en emblema del periodismo libre, no solo por su prestigio en el quehacer noticioso e informativo, sino también por ser referencia cultural del periodismo venezolano bajo la conducción de una figura destacada de nuestras letras: Miguel Otero Silva. En las páginas de El Nacional encontraron espacio los mejores representantes del pensamiento y la literatura, tanto de Venezuela como del resto del mundo, y, muy especialmente, los intelectuales latinoamericanos, tantas veces perseguidos e impedidos de publicar en sus respectivos países a causa de las atroces dictaduras que en ellos se padecían. El Nacional era insignia del pensamiento progresista en aquellos lejanos tiempos en los cuales en este latía un auténtico espíritu renovador.

Para quien esto escribe, El Nacional ha formado parte de su vida de la temprana juventud. Crecí en Maracay, hijo de agricultores canarios inmigrantes, dedicados al mayoreo de víveres y frutas importadas. En mi casa, pues, la cultura no formaba parte de nuestra cotidianidad. Ello incluía la ausencia de la prensa diaria. En La calle Páez de Maracay, entre López Aveledo y 5 de Julio, donde transcurrió mi infancia y adolescencia, estábamos rodeados de establecimientos comerciales. Uno de ellos era la Mueblería La Rosa. Por circunstancias de la vida y ante la muerte de su padre, se vio obligado a estar al frente de ella Luis Blanco, entonces recién graduado en Sociología en la UCV. Siempre que pasaba por frente a su mueblería haciendo con mi carretilla los repartos del negocio de mi padre, Luis me detenía e iniciaba conversaciones de naturaleza cultural e intelectual, de temas que yo desconocía. Me preguntaba si había leído a tal o cual articulista, si había oído hablar de un tal Marxienyel. Me regaló un diccionario de filosofía que aún hoy me acompaña. En fin, con sus pláticas Luis iba haciéndome tomar consciencia de la dimensión de mi ignorancia. Creo que él necesitaba con urgencia un interlocutor y quizá vio en mí inquietudes y condiciones –que seguramente yo mismo no alcanzaba a ver– para serlo (es demasiado estimulante cuando alguien es capaz de ver en ti la potencia aristotélica que tú no has visto, que de eso se trata ser un buen maestro). Recuerdo que una vez me dijo muy serio:

–Chico, tú tienes que comprar y leer El Nacional todos los días. Si, sí, claro, es fundamental.

Me explicó la importancia de la lectura del periódico para mi vida intelectual y especialmente lo que significaba El Nacional. Fue entonces cuando comencé a comprarlo en el kiosco de periódicos ubicado frente a la bomba del cruce de la Páez con la Sucre. Especialmente los domingos. En mi casa la lectura del periódico era considerada como un acto de holgazanería de quien no tenia nada mejor que hacer. Entonces lo leía clandestinamente, escondido de la mirada escrutadora de mi papá que cuando me veía leyendo me decía:

–¡Ah! ¿no estás haciendo nada?, ya te voy a buscar trabajo.

Es curioso, porque una de las viejas fotos que de él guardo es justamente leyendo El Nacional. Bueno, para hacerles el “cuento colto”, como dicen los cubanos. Pasaron los años, siempre leyendo este maravilloso diario que, además, los domingos traía un extraordinario Papel Literario; una vez al año, ediciones aniversarias gigantescas; artículos de la gente que había que leer, para luego comentar al día siguiente al inicio de cada mañana que comenzaba con un «¿leíste el artículo de…?». Especialmente en nuestros tiempos universitarios, siempre atentos a las opiniones de la gente que alimentaba la nuestra.

Un día Claudio Nazoa y yo, recién comenzada nuestra indestructible amistad, fuimos a la vieja sede de El Nacional de Puente Nuevo a Puerto Escondido, porque nosotros queríamos escribir allí. Hablamos con Argenis Martínez, recuerdo. Él amable, receptivo, nos dijo que comenzáramos escribiendo cartas. Y así fue, luego comenzamos a escribir artículos de vez en cuando, luego vino la página de humor y el inolvidable Pablo Brassesco, el premio al mejor artículo de humor en 1983 y finalmente, la consagración de la primavera: junto al amado maestro Pedro León Zapata, Mara, Claudio y quien suscribe, alcanzamos la gloria de Bernini humorística: la publicación de una página en El Nacional, que llevaba por título «El librepensador». Y lo dejo ya hasta aquí porque me están entrando muchas ganas de llorar.

Solo decir que el atraco y secuestro –tan propio de los tiempos delictivos que se viven– de que ha sido víctima la sede de El Nacional, no puede dejarnos indiferentes. Forma parte de ese anhelo, tan propio del poder arbitrario a lo largo de nuestra historia, de silenciar la opinión disidente, el pensamiento libre, el espíritu crítico y en definitiva, la libertad. Esos principios que a veces suenan como ideas remotas y cuya importancia se valora de manera particular cuando han sido conculcados, como es el caso de la Venezuela de hoy.

Porque este oficio se lo debo a El Nacional, pero sobre todo porque soy venezolano, elevo, de la manera más contundente, mi protesta por esta nueva agresión a la libertad de la que hoy somos víctima todos los ciudadanos de Venezuela, incluidos los que odian a El Nacional, aunque ellos mismos, en su ignorancia, no alcancen a comprenderlo.

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Américo Martín

Es cada vez menos inocultable la incidencia de las drogas, trátese de carteles en México o de los bloques en Colombia, fenómeno expandido en este último país, en los dominios de la política y las armas, posiblemente más que en cualquier otro. Siendo la guerra, según Clausewitz, la continuación de la política por otros medios, se entiende perfectamente que la atormentada nación colombiana haya sido rociada de fuego y drogas durante tanto tiempo. ¡Demasiado temple el de nuestros hermanos vecinos para mantenerse en pie desde el asesinato de Gaitán en 1948!, que es cuando pueden datarse correctamente los años de la violencia. 73 años casi ininterrumpidos de sangre, destrucción y lava ardiente.

Esa inmerecida desolación ha sido hija de políticas infames y lo peor es que no se vislumbren próximas las salidas negociadas entre los factores involucrados y, por el contrario, los desenlaces trágicos tengan una aguda propensión a proyectarse hacia Venezuela, a través de la frágil línea fronteriza horadada por quienes quieran hacerlo.

La muerte del líder de las FARC Jesús Santrich, quien es percibido por gran parte de la opinión internacional como estrecho aliado de Nicolás Maduro, es un síntoma del muy mal estado de las relaciones entre nuestros países, que desde la Emancipación habían sabido guardar fraternales lazos.

Si se confirmara la apreciación internacional que relaciona a dos jefes faristas de la envergadura de Santrich e Iván Márquez con autoridades venezolanas, no puede menos que considerarse de extrema gravedad.

El paramilitarismo ha ido ocupando grandes extensiones de Colombia y una cuota muy elevada de la droga que financia actividades militares y acuerdos políticos de toda laya.

Afortunadamente, centros de investigación universitarios, agencias de organismos internacionales y la Corporación Nuevo Arco Iris no han descuidado el seguimiento y cuidadoso estudio del crecimiento de la para-política, con el objeto de llevarle el pulso tanto a la expansión militar como a los acuerdos políticos forjados.

Estos cuidadosos esfuerzos intelectuales no solo nos han dado una muestra de realidades que se han tildado de «escalofriantes», las AUC, ya de suyo, configuran un peligro muy serio. Castaño, su jefe original, aprendió el manejo de la industria y comercialización de la droga con Pablo Escobar, temible jefe del Cartel de Medellín. El caso es que estos personajes se desenvuelven como peces en el agua.

La Corporación Nuevo Arco Iris, con ayuda de la Agencia Sueca de Cooperación para el Desarrollo, realizó una investigación sobre las negociaciones entre gobierno y los paramilitares con el fin de precisar las conversaciones adelantadas en San José de Ralito

Todas estas indagaciones pusieron en conocimiento de los investigadores la enorme expansión experimentada por las AUC entre 1997 y 2003. Zonas muy grandes e importantes cayeron bajo su influencia sin gastar mayor pólvora, el Magdalena Grande, Cundinamarca, Bogotá, Valle, Catatumbo, Norte de Santander, Meta, Casanare.

En el mencionado periodo de seis años, fue impresionante también el desarrollo de otros frentes de las AUC, y de modo llamativo en costa caribe, el piedemonte llanero, el sur y occidente. Esas zonas pasaron a denominarse Bloque Norte, Catatumbo, Centauros, Vencedores de Arauca, Bloque Pacífico.

Es sumamente importante tener en cuenta que en este acelerado crecimiento del paramilitarismo, las FARC se encontraban sometidas a las complejas negociaciones de paz, desarme y desmovilización con el gobierno del presidente Uribe y su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos; todo lo cual sin duda les complicaba mucho sus iniciativas y movimientos, con el agravante adicional de las exitosas victorias militares alcanzadas por Uribe y Santos, que produjeron un curso radicalmente distinto a la estrategia militar del sucesor de Marulanda, Alfonso Cano, e impulsaron definitivamente las negociaciones de paz con las FARC.

Es bien conocido que en la búsqueda de los autores materiales de la muerte de Jesús Santrich se cruzan interpretaciones. Se piensa en cazarrecompensas en dólares y en pesos. Desde luego, nada puede descartarse, pero si algo es evidente en este embrollo, es el peso del narcotráfico y las muy profundas vinculaciones entre ese factor, los bloques paramilitares, incluidos los desprendimientos de frentes guerrilleros de izquierda tradicional, tales como las FARC y el ELN y fragmentos escindidos de grupos residuales en activo proceso de atomización. Desde hace ya un tiempo aprendieron a manejar la compra venta de parlamentarios, concejales, alcaldes, gobernadores, ministros, funcionarios judiciales, sin dejar de lado militares que puedan ser útiles. Sin embargo, aunque sea fácil fabular sobre corrupción, conjurar estas prácticas no debería ser especialmente difícil, cuando son muchos los venezolanos honrados decididos a denunciar y contribuir a cerrarle el paso a la infecta corrupción.

Twitter: @AmericoMartin

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Carlos Raúl Hernández

La dignidad del pensamiento, encarnada en Sócrates, Giordano Bruno, Voltaire, Solzhenitsin, Sajarov, Havel, consiste en buscar “la verdad” y jugársela por ella. Eso es lo que da moralidad y jerarquía a la práctica teórica. No podemos ser ellos, pero tampoco sus antípodas. Callar, halagar a los que dirigen, acomodarse a pifias suicidas, es su caricatura, o mera incompetencia. Igual salir radiante como Venus del mar entre espuma del semen de Zeus a analizar el error consumado cuando ya es inútil. Después del fracaso ruinoso, el jardín se llenó de girasoles parlantes que nos pasmaron con su brillo dialéctico, precisión expositiva, clarividencia, por desgracia bajo tierra cuando eran necesarios contra el disparate y no vale comprar lotería después del escrutinio. Médicos que solo saben hacer autopsias. La razón práctica se debe imponer sobre la confusión, la crisis y el debate feroz.
Cuando caminabas por alguna plaza y te fijabas bien, descubrías alguno haciéndose pasar por árbol de acacia, o por ardilla y si lo saludabas se ponía el índice sobre los labios (sssssssshhh no digas que me viste) Max Weber pensaba que la función del político es buscar el poder, la del estudioso buscar el conocimiento y no deben confundirse. Los griegos dividen el pensamiento en doxa (opinión común) y episteme (saber sistemático o científico) La doxa es un físico nuclear que habla sobre las vicisitudes en el Medio Oriente y la episteme es un físico nuclear que habla de física nuclear. Los abajo-firmantes o los curiosos pueden decir cualquier simpleza y se entiende, “hablan con el corazón” pero los “doctos” están obligados a argumentar su silencio o su error. Llamar “presidencia provisional” un parapeto era sobre todo ridículo. Dante tenía un círculo del infierno para los malos consejeros.
Falta una antología de canalladas y calumnias contra quienes plantearon transar e ir a elecciones desde el primer momento, entre 2016 y 2019, con la potencia de 80% de apoyo popular. “Fundamentalistas del voto”, “cese de la usurpación”, “ya estamos cerca”, “Maduro vete ya”, “calle, calle y más calle” (muertos, muertos y más muertos), “¿cuánto te pagan tarifado?”, “solo se negocia con Maduro dónde se asilará”, “colaboracionistas”, “intervención militar democrática”, “si o si”, “presidencia interina”. Prohibido olvidar a los asesores estratégicos residuales que embaucaron activistas, gente de buena fe y a la comunidad de países, con demencias quijotescas, “ilegitimidad”, invasión extranjera, explosión social, sanciones que derrocarían al gobierno, aunque lo que derrocaron fue la energía de combate y ahora “se negociará” entre escombros. Moraleja: no hay que hacerse los locos ni adular cuando pulula el desvarío sino cumplir la responsabilidad de la razón.
Gafedades asesinas. Un debate académico es inocuo, nace y muere en su cápsula. Pero en la política real los intelectuales pueden contribuir en grandes tragedias colectivas o en evitarlas. Dicen que viene una proposición novedosa: la “constituyente”, en mentís a que “después de la caída cualquiera ve la piedra” y a favor de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” y ya lo hicimos muchas veces. La demencia abstencionista de 2005 entregó a la revolución todo el poder para hacer lo que le diera la gana, y se repiten los traspiés en 2017, 2018 y 2020, lo que liquida las fuerzas de cambio en su actual postración. Después del majestuoso triunfo en 2015 contra rayos y centellas, presiones, terror y trampas, era el momento de negociar. Venían las regionales y locales que prometían otro triunfo clamoroso y un horizonte interesante en presidenciales de 2018. Había que dar garantías institucionales al gobierno, posiciones de poder, convencerlo de que la vida seguiría su ritmo y no vendrían vendettas disfrazadas de “justicia”.
No tenía clase. Eso hizo la sensatez en muchos países para que el cambio no se auto desestabilizara con cacerías (solo veamos a Iván Duque). Decidieron no ir a elecciones, derrocar a Maduro en las calles y vino la hecatombe. No sé si a algún historiador del futuro le interesará una “narrativa” (hablemos snob) tan bufa como la de políticos y asesores que en 2018, frente a un gobierno con 80% de rechazo, deciden abstenerse. “No hay condiciones” dijeron, pero la razón subliminal era que a Henri Falcón no lo aprobaba el sanedrín por falta de pedigrí. Hoy los teóricos del silencio, antaño a favor de los despropósitos que mataron al movimiento social, se explayan en hermenéuticas, porque ya no hay peligro de que las víboras muerdan y tutilimundi es alacrán, negociador o colaboracionista. Ojalá la experiencia de ir a tratar de hinojos con el gobierno después de despilfarrar los grandes esfuerzos y sacrificios de nuestra sociedad, abra las cabezas de roca. Incurrieron en los mismos errores de 2005, trece años después y no estamos libres de repetición. Hoy Maduro luce la pechera cuajada de medallas por las palizas que dio a la gafocracia.

@CarlosRaulHer

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Jacquelyn Turner

Una enfermedad amenaza los cultivos de la variedad de plátano más consumida en buena parte del mundo. Y aunque la edición genética ofrece una solución que podría salvarlos, también contribuiría a perpetuar prácticas que crean un terreno fértil para plagas feroces.

El plátano tal y como lo conocemos está en problemas. Informes recientes sugieren que la enfermedad más mortífera para esta fruta se ha detectado en Perú y Venezuela, dos de los mayores exportadores de plátano del mundo. Tras las infecciones confirmadas en Colombia en 2019, parece que la enfermedad se está propagando por América Latina y las medidas de bioseguridad destinadas a contener el patógeno no han tenido éxito. Así como la pandemia de covid-19 tomó al mundo por sorpresa, la industria bananera está mal preparada para lo que apunta a ser una destrucción catastrófica de los plátanos comerciales. En gran medida, la esperanza está puesta en una variedad genéticamente modificada de plátano, desarrollada recientemente, que promete salvar a esta fruta de la extinción comercial. Pero puede que no sea tan sencillo.

La raza 4 tropical o R4T, cepa del hongo Fusarium oxysporum que causa la fusariosis, que conduce al marchitamiento de los árboles de plátano, se ha extendido por el mundo durante las últimas décadas. Para los expertos que se preocupan apasionadamente por los plátanos y las personas cuyo sustento depende de ellos, ver los reportes de la propagación de la enfermedad ha sido como ver, en agonizante cámara lenta, un tren lleno de plátanos que avanza rumbo a una colisión inevitable. Pese a que los expertos han hecho sonar la alarma durante años, los mínimos esfuerzos de bioseguridad internacional han permitido que la enfermedad salte de una parte a otra del mundo, empezando en Taiwán y luego esparciéndose por Asia y África. Por décadas, los criadores de plantas han intentado desarrollar un plátano que complazca a los consumidores y que sea inmune al R4T. Probaron con plátanos silvestres e intentaron cruzar especies silvestres no comestibles con variedades comestibles sin semillas, para tratar de transferir rasgos de inmunidad. Según la mayoría de las fuentes, estos métodos han fracasado en gran medida.

Ahora la enfermedad aterrizó en América Latina, el principal exportador de plátano para Europa y América del Norte. Como la enfermedad a menudo pasa hasta dos años sin ser detectada, es probable que R4T exista en América Latina más allá del Perú, Venezuela y Colombia, esperando a ser descubierta mientras se extiende.

A finales de febrero llegaron buenas noticias, cuando investigadores australianos anunciaron un nuevo plátano modificado genéticamente para ser resistente al R4T. El equipo logró insertar en un plátano comercial el gen que le da resistencia a una de las variedades de plátano silvestre, y ahora esperan aumentar la inmunidad del nuevo plátano utilizando la tecnología CRISPR. Pero, ¿cómo llegó la industria a pensar en los organismos modificados genéticamente como su última y única esperanza?

Para responder, tenemos que volver a una época bananera distinta. Casi todos los plátanos que se importan a Estados Unidos y Europa son plátanos de la variedad Cavendish, y ha sido así durante décadas. Pero el Cavendish no tiene el mismo pedigrí que otros plátanos: se magulla con facilidad, su rendimiento por planta es menor que el de otras variedades y requiere una gran cantidad de insumos agroquímicos para crecer. En las regiones donde se consumen distintas variedades de plátano, como la India, el sudeste asiático y América Central, la popularidad del Cavendish es baja, simplemente porque no sabe tan bien como un plátano puede saber. Sin embargo, el Cavendish ha dominado en un área importante: la inmunidad.

En los años 50, el caballo ganador de la industria bananera era una variedad conocida como Gros Michel. Este plátano de ensueño era resistente, tenía frutos grandes y un sabor sublime. Pero casi fue aniquilado en las plantaciones latinoamericanas por el predecesor de la R4T: la raza 1 tropical que, como la R4T, pudría las plantas desde el interior y se propagaba a través del suelo contaminado. Nada podía eliminar el patógeno del suelo una vez que infectaba un plantío, y las esporas permanecen allí hasta hoy. Entonces, el plátano Gros Michel fue reemplazado rápidamente por el Cavendish, inmune a la TR1. Por desgracia para la industria bananera, la R1T resultó ser solo el primer patógeno mortal en amenazar a los plátanos tal y como los conocemos. La R4T surgió en Taiwán en la década de 1990, y afectaría especialmente a la variedad Cavendish. (En el camino surgieron la R2T y la R3T, que son menos virulentas y no atacan a la familia de los plátanos). Como los plátanos Cavendish no tienen semillas (los plátanos silvestres están llenos de semillas, pero a muchos consumidores no les gustan) y son cultivados por vástagos, los ejemplares son casi genéticamente idénticos y aún más vulnerables a la propagación de enfermedades. Para muchos científicos, la solución parecía clara: si nadie podía encontrar un plátano que fuera resistente a R4T y se ajustara tanto a las expectativas de los consumidores como a una industria basada en márgenes de producción estrechísimos, tendrían que fabricar uno.

Es aquí donde entra CRISPR, la tecnología de edición genética. La cobertura inicial de la tecnología CRISPR se centró en lo que podría significar para los humanos, con muchas referencias a la película Gattaca de 1997. Sin embargo, nuestros alimentos también son un blanco de esta tecnología. Poder cortar un gen que hace que un cultivo sea susceptible a un patógeno es el material de las fantasías y, en casos muy recientes, de la realidad de gigantes agroindustriales como Monsanto y Syngenta.

Si bien la mayoría del maíz y la soya en los supermercados estadounidenses están modificados genéticamente, estos alimentos están actualmente prohibidos en la Unión Europea. (Queda por ver si el Reino Unido mantendrá estas reglas después del Brexit). El Cavendish genéticamente modificado que desarrollaron los investigadores australianos tendrá un camino más fácil hacia los mercados de Estados Unidos, donde se estima que alrededor del 75% de los alimentos en los supermercados tienen al menos un ingrediente modificado genéticamente.

Aunque hasta ahora la investigación respalda la ausencia de efectos adversos para la salud ocasionados por los alimentos genéticamente modificados, hay muchas críticas válidas sobre la producción y regulación de la tecnología. Y pese a lo mucho que estos alimentos pueden ayudar, no logran aún cambiar muchos de los sistemas que provocan las crisis que luego son llamados a resolver. La producción de alimentos modificados genéticamente es costosa en la actualidad y, por lo tanto, requiere el respaldo de grandes corporaciones, cuyas prioridades radican en los rendimientos y las ganancias, no en la biodiversidad o la salud de los trabajadores y el medio ambiente. Como muchos monocultivos, los plátanos dependen en gran medida de la aplicación frecuente de agroquímicos. Esta práctica ha tenido efectos catastróficos y duraderos en la vida de los trabajadores de las plantaciones y los ecosistemas circundantes, pero la producción de plátanos en condiciones de hacinamiento también los ha hecho vulnerables, lo que permite que las enfermedades se propaguen rápidamente, sin el obstáculo que representan los suelos saludables y la biodiversidad que sirven como póliza de seguro del medio ambiente. El nuevo plátano que los investigadores están desarrollando sería uno que ocupe el espacio del Cavendish en este sistema, sin perturbar ni cuestionar ninguno de estos otros elementos.

El gigante bananero Fresh Del Monte Produce se asoció con la universidad australiana que desarrolló el primer plátano transgénico resistente al R4T para financiar un proyecto de cinco años para perfeccionar y probar la nueva variedad fuera de los invernaderos de laboratorio. Y aunque Del Monte aún no ha realizado ningún anuncio, no sería inesperado que este nuevo plátano sea patentado (como ya han sido patentados los genes resistentes a R4T), lo que significaría que, a menos que otras corporaciones bananeras como Chiquita y Dole desarrollen sus propias variedades, estarían en una desventaja significativa. Y el plátano resistente al R4T podría quedar fuera del alcance de cientos de miles de pequeños productores, para quienes el fruto representa la piedra angular de la seguridad alimentaria.

Los plátanos no son, desde luego, nuestro único monocultivo. Muchos de los productos alimentarios básicos se cultivan a partir de un puñado de variedades. Y aunque la modificación genética nos promete otra herramienta para combatir los patógenos, vale la pena reflexionar sobre cuán reactivo es este proceso. Al igual que con la pandemia que se ha extendido por todo el mundo el año pasado, prevenir la propagación inicial de la enfermedad habría sido mucho menos costoso que tratar de mitigarla cuando ya se había propagado por varios países.

¿Al cuánto tiempo de plantar Cavendish 2 deberán los investigadores comenzar a desarrollar otro plátano modificado genéticamente para resistir la raza 5 tropical? ¿Y la 6? Esto, por no mencionar los desafíos que enfrentan los plátanos bajo el cambio climático. Las cosechas podrían caer a nivel mundial hasta en 50% para 2050, y no está claro qué tan resistente podría ser un plátano transgénico en ese escenario.

Hay formas de cultivar plátanos y otros cultivos que apoyan la biodiversidad y la salud del suelo. Un ejemplo son los sistemas agroforestales utilizados por muchos pueblos indígenas en América Latina. Estos sistemas dejan espacio entre las plantas y cultivan múltiples variedades de banano, para que sea mucho menos probable que la enfermedad se propague. Pero la tentación de una solución tecnológica brillante –y las ganancias a corto plazo– a menudo acalla las conversaciones sobre cómo esas medidas podrían integrarse en la producción bananera a gran escala, o cómo los productos llevarse a los consumidores en el extranjero.

A menudo, los alimentos genéticamente modificados se consideran necesarios para alimentar a un mundo en constante crecimiento, pero se discute menos cómo las formas en que cultivamos esos alimentos en realidad exacerban nuestros problemas. La agricultura industrial elimina la capa superficial del suelo y exige el uso de insumos tales como los fertilizantes químicos para reemplazar los nutrientes perdidos. Cultivar plantas genéticamente idénticas juntas permite que los patógenos se propaguen rápidamente, diezmando cultivos enteros.

Si los plátanos sirven como caso de estudio sobre el futuro de nuestros alimentos, deberíamos pensar detenidamente cómo presentamos el argumento a favor de los cultivos genéticamente modificados. Si la prioridad es dar rendimientos y soluciones a corto plazo contra los patógenos rebeldes, la modificación genética es un paso correcto en esa dirección. Pero si ponemos la mira en la salud ambiental a largo plazo, vale la pena reconsiderar cuáles esfuerzos nos llevarán allí. Una solución real requerirá una combinación de estrategias. Para los plátanos, es crucial examinar los métodos de bioseguridad y monocultivo que permiten que estas enfermedades se propaguen tan ferozmente. Sin cambios significativos, solo podemos esperar que la próxima variante nos tome por sorpresa.

Este artículo es publicado gracias a una colaboración de Letras Libres con Future Tense, un proyecto de Slate, New America, y Arizona State University.

21 de mayo 2021

Letras Libres

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