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Opinión

Maxim Ross

El año pasado publiqué este artículo que, creo, tiene plena vigencia, a raíz de las probabilidades de una negociación política sobre nuestro futuro. Ahora lo reitero.

Venezuela está en peligro de que un destino inercial se le imponga, siga siendo presa fácil del ajedrez internacional y termine organizada bajo el “modelo chino”, que sucumba como “modelo ruso”, que termine como Cuba o que la organicen los intereses políticos y de seguridad interna de los Estados Unidos. Ninguno de esos destinos concuerda con el supremo interés de la sociedad venezolana de desarrollarse sobre sus propias fuerzas, por lo que es indispensable y urgente promover una reacción para contrarrestar esa inercia. No se trata de promover la autarquía y nuevos nacionalismos, porque diferenciamos claramente esta inercia de cualquier otra iniciativa de cooperación e integración internacional.

Frente a ese escenario no podemos seguir siendo espectadores pasivos e imagino que esta percepción la comparten muchos venezolanos. Por esa superior razón, invocamos la necesidad de desarrollar una cierta capacidad nacional que tenga como objetivo táctico ofrecer una respuesta independiente frente a ese juego de poderes y, como objetivo estratégico recuperar y consolidar las fortalezas que históricamente han construido la Venezuela que todavía hoy tenemos, a pesar de la masiva destrucción de su economía, de sus instituciones, de su historia, de sus talentos, sus valores y costumbres.

La sociedad civil organizada[1] es la llamada a construir y consolidar sus capacidades, siendo que es ella la que tiene real existencia y revela las verdaderas fuerzas de una sociedad. Sus trabajadores, sus empresarios, sus profesionales, sus maestros, sus médicos, sus medios de comunicación, sus hospitales y escuelas, etc. etc. conforman ese conglomerado que constituye una Nación.

Para lograr el primer objetivo y no quedar sujetos a esos intereses geo – políticos internacionales es imprescindible que ella se exprese y coloque su principal foco de atención en ampliar y profundizar sus capacidades, institucional, cívica, productiva y regionales y locales, tales que sumadas en un todo, consoliden una capacidad nacional que está allí latente y que permitiría una recuperación integral de Venezuela, apoyada por instituciones y gobiernos fundados en principios de auténtica solidaridad internacional y sin necesidad de la tutela de aquellos poderes. Definamos, entonces, cada una de esas capacidades.

Capacidad Institucional.

Solo el hecho de estar la sociedad civil organizada, parcial o totalmente, genera una fuerza que debería ser aprovechada en la dirección que exigimos, pero la pierde y se hace más débil en tanto cada organización se concentra en defender sus intereses legítimos[2], pero que reunidas cada una de ellas en una que las articule reforzaría su poder institucional. Un alegato por sus intereses o necesidades generales, tales como la vigencia de la Constitución, el restablecimiento del orden democrático o del Estado de derecho o, precisamente, si alzara la voz ante la inercia que arrastra a Venezuela, multiplicaría y potenciaría ampliamente su capacidad institucional.

Capacidad Cívica.

Hay derechos preservados en la Constitución y en el Derecho Internacional que pueden servir de base para articular el fortalecimiento de una capacidad de la sociedad civil que, a veces, aparece disgregada y aislada, cuando es solamente tema y referencia de organizaciones especializadas, sea el tema de la salud, de la seguridad social, de los presos políticos o de cualquier otra, que son el objeto de lo que llamamos “Derechos Humanos”, pero que no terminan de vincularse entre sí, pero que si se pudiesen entrelazar y elevarlos a una categoría de mayor calibre estaríamos frente a la creación de un concepto más amplio que podemos llamar “Capacidad Cívica”.

La defensa de las instituciones democráticas forma, obviamente, parte de esta capacidad, pero ella queda vacía y solo en un plano formal, si no va acompañada de la plena incorporación de los sectores marginados o en situación de pobreza en su ejercicio. Democracia y pobreza no son compatibles. Por tanto, un esfuerzo productivo orientado en esa dirección contribuye a afianzar las anteriores capacidades.

Capacidad productiva.

Cuando hablamos de “capacidad nacional” podría entenderse que estamos proponiendo un regreso a los esquemas de “independencia y soberanía económica” que surgieron paralelos a las doctrinas económicas que orientaron los comienzos de la industrialización venezolana, el proteccionismo y la sustitución de importaciones. Nada mas lejos de la realidad actual. Venezuela posee un sin número de ventajas comparativas y competitivas[3] basadas, unas en sus recursos naturales y otras en la creación de ellas, tales que pueden permitir razonablemente consolidar su capacidad productiva.

Ahora que el petróleo no parece ser quien protagonice el crecimiento económico y el Estado pierda un peso equivalente, hay una excelente oportunidad para que la producción, primero se independice tanto como sea posible de aquellos y, segundo, se cimente en el desarrollo de sus propias fuerzas y lo haga fundamentándose en reglas de mercado y en el protagonismo del sector privado venezolano. Venezuela debe pasar del modelo mercantilista que la guio en los últimos aňos a una moderna economía de mercado, integrada externamente y bajo los criterios, las experiencias y actualizaciones teorías y prácticas que el mundo experimenta hoy día.

Si a esa capacidad productiva se le incluyen reglas del juego que modifiquen sustancialmente componentes tradicionales de distribución del ingreso y de la propiedad, entonces sus promotores deben propiciar una nueva alianza entre el capital y el trabajo que al colocar el tema de la pobreza como una alta prioridad para los productores. Si, además, el talento, el conocimiento y la educación deben ser articulados en esta dirección para completar la ecuación productiva. Un último componente cierra este circuito virtuoso: las capacidades regionales y locales.

Capacidades regionales y locales.

Venezuela tiene que volcarse completamente hacia adentro, cerrar el capítulo centralizador y estimular agresivamente el desarrollo de sus regiones y localidades que concuerdan con sus vocaciones económicas. Esta tiene que ser la “columna vertebral” de la capacidad productiva. No se trata, de nuevo, de regresar al modelo “desarrollo hacia adentro”, marcado por el proteccionismo, el populismo y el dirigismo estatal. La coincidencia con las ventajas competitivas que tiene cada región o cada localidad debe garantizar que sean actividades productivas auto suficientes, rentables y sostenibles.

Finalmente, la construcción de una sinergia entre las capacidades institucionales, cívicas, productivas, regionales y locales permitiría que Venezuela construya una capacidad nacional que la aleje del modelo de dependencia del petróleo y de los avatares internacionales que mantuvo a lo largo del tiempo. Venezuela podría convertirse en un como muchos, en un país normal donde las capacidades internas amortigüen perversas influencias internacionales.

[1] Llamo Sociedad Civil Organizada a todas aquellas instituciones que se han constituido formal o informalmente y que tienen la propiedad de ser representativas de sus respectivos miembros. Excluyo expresamente a los partidos políticos como miembros natos de ella, para hacer transparente la definición de sus capacidades propias.

[2] Entendidos por aquellos atinentes a su rol: salarios – trabajadores, libre empresa – empresarios, agricultores, industriales, gremios profesionales, etc., etc.

[3] Hablamos de energía barata, alúmina, turismo, agroindustria, metalurgia, derivados de petróleo y aquellas derivadas de una basta experiencia industrial como lo desarrollado en la zona central del país.

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​José E. Rodríguez Rojas

Después de un largo y accidentado periodo de edición, acaba de ser publicada la obra “Los rostros de la ausencia”, del Prof. German Pacheco Troconis, la cual compila los perfiles biográficos de 76 ingenieros agrónomos y profesionales de áreas afines, que hicieron posible el nacimiento de la carrera de agronomía en Venezuela y jugaron un papel relevante en la construcción de la Facultad de Agronomía de la UCV. La obra es una edición conjunta de la Academia Nacional de la Ingeniera y el Habitat y de la Revista de la Facultad de Agronomía de la UCV.

Pacheco Troconis es egresado de la Facultad de Agronomía de la UCV (Fagro UCV), donde también obtuvo un magister en Desarrollo Rural. Posteriormente ingresó como docente e investigador a esta institución En condición de tal llevó a cabo sus estudios de doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la especialidad de Historia Económica. Desde hace varios años es profesor jubilado y se ha mantenido activo en las actividades de investigación en el área de historia de la agricultura venezolana, en la cual se ha centrado en el tema de la educación agrícola superior.

Señala la Dra. Yajaira Freites, del Centro de Estudios de la Ciencia del IVIC, que Pacheco Troconis ha laborado desde hace varias décadas en la historia institucional de la agronomía venezolana, lo que ha dado lugar a varios trabajos que han dado a conocer cómo la misma se ha establecido en la sociedad venezolana. La Dra. Freites, en el prólogo a la obra, define la agronomía como una interdisciplina, que los biografiados contribuyeron a crear en el periodo inmediatamente posterior a la muerte del general Juan Vicente Gómez. Esta interdisciplina cubre botánica, fisiología, microbiología, química, genética, economía, política agraria, documentación, entre otros, porque la actividad agrícola en un asunto complejo y esa multidimencionalidad es lo que está presente en estos Rostros de la ausencia que Pacheco Troconis rescata de los archivos de las instituciones relacionadas con el agro.

El autor señala que la obra busca rendir un reconocimiento a los ingenieros agrónomos y profesionales de áreas afines, ya desaparecidos, que hicieron posible el nacimiento de la carrera de agronomía en Venezuela y jugaron un papel relevante en la construcción de la Facultad de Agronomía de la UCV, primera institución de su tipo en el país. Los perfiles biográficos que se presentan son un testimonio de este reconocimiento, para dar a conocer los nombres y afanes acerados de los pioneros y constructores de la carrera de agronomía de la UCV y rescatar su memoria del olvido. Enfatiza Pacheco Troconis que visibilizar estos rostros de la ausencia, estos profesionales que en el ayer dejaron lo mejor de sí, de su vida profesional y personal para conformar nuestra institución y construir el perfil de la carrera, es tarea que apremia en la Venezuela de hoy, angustiada y ayuna de memoria.

La obra es el resultado de una investigación de largo aliento sobre la historia institucional de la agronomía venezolana. Dicha investigación se ha soportado en entrevistas a los creadores de Fagro UCV, que el autor llama “pioneros”, que todavía contaban con vida para el momento de la investigación. Incluyó también conversaciones con algunos discípulos y contó con la colaboración de los familiares de los ya desparecidos. Contempló una minuciosa investigación documental que implicó la búsqueda y consulta de documentos oficiales en los archivos de las instituciones relacionadas con el agro. Consulta de referencias bibliográficas, hemerográficas y digitales. Se nutrió además de información proveniente de otros trabajos del autor.

Señala el autor que para el desarrollo de la investigación existieron limitaciones para la obtención de información en los repositorios de las instituciones agrícolas, que han tenido a su cargo el proceso de institucionalización de las ciencias agrícolas y el desarrollo de nuestra agricultura. Este aspecto es enfatizado, en el prólogo, por la Dra. Freites quien destaca las limitaciones que enfrentó el autor al consultar los archivos de las diversas instituciones relacionadas con el agro, algunas de ellas extintas cuyos registros corren el riesgo de desaparecer debido a la moda política reciente de rebautizar, desmembrar o arrejuntar oficinas y entes del Estado.

Finalmente el autor señala las particularidades que caracterizan el inicio de los estudios de agronomía en un país petrolero como Venezuela. Destaca que los estudios de agronomía surgen en los países agrarios, como los del cono sur respondiendo a las presiones de los agricultores. En contraste, en un país petrolero como Venezuela acostumbrado a importar lo que come, los estudios de agronomía surgen como parte de los planes de modernización, en los años inmediatamente posteriores a Gómez impulsados por una elite ilustrada de la cual formaban parte Alberto Adriani , Diógenes Escalante y Caracciolo Parra Pérez, quienes expusieron la necesidad de formar una elite técnica capaz de afrontar los retos que la modernización del agro planteaba. En este entorno se inscribió la creación en 1937 de la Escuela Suprior de Agricultura y Zootecnia que luego, una década después, se transformaría en la Facultad de Agronomía de la UCV. En el momento que se planteó la creación de la Fagro UCV la nueva institución se nutrió de un grupo de extranjeros que vinieron con su equipaje de conocimientos, libros e instrumentos; a estos se unirían los pocos agrónomos nativos graduados en el exterior y las germinales promociones de la Escuela Superior de Agricultura y Zootecnia.

La obra comentada puede ser consultada en su versión electrónica en internet, en la página web de la Facultad de Agronomía de la UCV. Al abrir la página, en el lado izquierdo de la misma aparece un menú de opciones en el cual hay que seleccionar “Biblioteca”, luego “Publicaciones” y “libros publicados”, lo que dirigirá al interesado a acceder a la obra en cuestión.

Profesor UCV

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Américo Martín

Si los filósofos y enciclopedistas fundaron un todo compacto, sin el cual no habría sido posible el descomunal esfuerzo de tomar la gran fortaleza de la Bastilla, quizá tampoco habrían sido decapitados reyes y príncipes de la monarquía ni se hablaría de ese extraordinario acontecimiento histórico-social que fue la Revolución Francesa. Aunque tal revolución goza de un merecido prestigio por su enorme impacto en el orden cultural y de las ideas, no puede admitirse que sus crudos excesos deban ser absueltos por sus grandes aciertos.

Con errores tan cruentos y aciertos más imaginarios que verdaderos, muchas otras revoluciones son tenidas hoy con toda razón como modelos extremadamente bárbaros y salvajes, pese a que durante largo tiempo se mostraban al mundo cual ejemplos vivos de la más alta expresión civilizada, dejando atrás las que han preservado esencialmente su profundo significado científico y humanista.

Afortunadamente la opinión mundial ha ido virando hacia la objetividad crítica, y arrancando de las pezuñas del dogma y de las tinieblas extremistas tanta basura revolucionaria a la que vemos perder diariamente inmerecidos galardones.

El caso es que, primero con lenta parsimonia, y ahora abriéndose paso allí, donde los maximalistas nacidos para desentonar tratan de bloquear aperturas y de descalificarlas, invocando gracias de leyendas y dogmas revolucionarios como si el oscuro pasado fuera inmodificable, y como si las más notorias de aquellas gracias no hubieran podido sobrevivir sino como sorprendentes desgracias.

Pero, volvamos a la peligrosa situación que envuelve a nuestra amada Venezuela, a la que se pretende convencer de que vive también su propia revolución. Para aprovecharse de algún modo del maximalismo socialista, cuando menos de las posiciones y votos que les corresponden como miembros de la comunidad internacional, pretendieron consagrar para Venezuela esa condición, como si semejante cementerio ideológico conservara vestigios de la notoriedad que alguna vez ostentó, pero que en gran medida también ha perdido. No obstante, en principio solo muy pocas naciones estarían dispuestas a enredarse en estrechas luchas ideológicas que dan para todo.

Los que creyeron encontrar un tesoro de posibilidades escarbando en tales arenas fueron en general los paramilitares colombianos, incluidos los seguidores de la familia Castaño, el ELN y las FARC que, después de haber sido la primera de las insurgencias, se atomizó en tres o cuatro pedazos y hoy vuelve a la carga aprovechando –me atrevo a creer– la audacia combatiente de Hugo Chávez, dispuesto a ganar la simpatía de los irregulares dondequiera se ubicaran.

No era menester ser un mago de la política para comprender que aquello terminaría muy mal. Y, en efecto, humildes soldados venezolanos fueron secuestrados y desarmados por un fragmento de las FARC que desde hace tiempo ha sabido sacarle provecho a las proclamas de Chávez.

Combates entre las FANB de Venezuela y la antigua organización dirigida por Marulanda, quien llegó a disponer de más de 20.000 hombres perfectamente organizados, armados y desplegados, pues sus miras llegaron a ser ni más ni menos que la toma del poder, tal como ocurriera en Cuba con Fidel y en Nicaragua sandinista con Daniel Ortega. Obviamente carecen de la fuerza y el prestigio que alguna vez tuvieron, pero su vocación los tiene sentados en el mando, así sea para que los dejen quietos.

El proceso interno del chavismo y madurismo, en paralelo con la influencia del paramilitarismo vecino, han puesto a pensar con mucha seriedad en lo que pasa y puede seguir pasando, tanto en Miraflores como en los mandos militares bolivarianos y en el PSUV. La cúpula madurista está insinuando aperturas que sería necio desestimar. Las señales de la otra parte deben ser escuchadas y respondidas con buenas señales. Por elemental ley de la vida, si todos sabemos que la tragedia del país nos daña por igual a unos y otros, sería desquiciado desaprovechar tal momento y en lugar de intercambiar razones útiles arrojarse insultos y malsanos epítetos inútiles.

El acuerdo postulado por Guaidó está ornado de trascendencia, al punto de recibir el nombre ilustre de Acuerdo para la Salvación Nacional.

El hecho es que las posiciones ya se han movido y se dice que nuevos contactos se han producido, y eso no puede sernos indiferente. Dos connotados y competentes opositores, de los cinco integrantes del Consejo Nacional Electoral, forman parte de la directiva comicial, el reconocido técnico Roberto Picón y el experimentado analista político Enrique Márquez.

Juan Guaidó ha dado un muy importante paso al proponer una negociación entre la oposición, el gobierno de Maduro y la poderosa y generosa comunidad internacional, inclinada como el que más a la salida electoral, libre, transparente y viable.

Por lo que me han hecho saber, a Maduro le preocupan las sanciones. Guaidó relaciona elecciones y sanciones. La negociación garantiza esas elecciones y, también, el levantamiento de todas las sanciones.

Me asegura otro buen amigo que Maduro teme perder y quizá crea que sus adversarios nunca cumplirán sus promesas. Olvida que el arma electoral es de dos filos, como La Tizona del Cid Campeador. Se gana, se pierde. La costumbre electoral estabiliza los cambios y las permanencias, de modo que a largo plazo ganan todos.

Twitter: @AmericoMartin

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Carlos Raúl Hernández

Toda reforma tributaria es desagradable y los gobiernos sensatos las despliegan solo después de amplia búsqueda de consensos para hacerles ambiente. Con argumentos técnicos a favor y contra aspectos “puntuales”, la colombiana era, es necesaria y estaba bien concebida. Entre otras, establecía un considerable fondo para atender la pobreza y no creamos que el proyecto de reforma es causa el motín popular en Colombia, pero si coartada perfecta.
Lo que determina estallidos colectivos, riots, no son los malestares sociales o económicos, sino su torpe manejo político-policial. Eso lo saben los que deben, e infiltran las marchas con minorías violentas para provocar locura represiva. Pero destreza, jefatura y sentido táctico-estratégico moderan peligros del sistema, como Rómulo Betancourt entre 1959-1964, y asombra el genio de Duque para no sosegarlos sino exacerbarlos y auto desestabilizarse.

Lejos del infierno económico que pinta la izquierda, Colombia más bien, desde las reformas de Álvaro Uribe (2002- 2010) tuvo crecimiento económico estable, baja inflación (apenas 1.6% en 2020) y desempleo no tan alto. Además, expulsó la guerrilla a las fronteras y luego Juan Manuel Santos la incorporó al proceso democrático. Eso contribuye a que Iván Duque gane las elecciones de 2019 con 53% de los votos, pero con él se acaba la sanación.

El paraíso perdido
Era la continuidad del sistema político, porque tanto el nuevo presidente, como el anterior (aunque Santos se emancipó) estaban asociados a Uribe. La izquierda marca record histórico con 43% de Gustavo Petro dentro de la estabilidad democrática. Duque convirtió en dos años ese ambiente en una olla de presión, en guerrilla de nuevo a la izquierda revolucionaria, y polariza a la sociedad entre uribismo y petrismo. “Mano dura” fue su promesa y mano dura recibe.
Se empeña en perseguir a FARC legalizada y deja que los paramilitares asesinen sistemáticamente a los pacificados, conocidos como “dirigentes sociales” (151 muertes en 2019 y 251 en 2020). No impide baños de sangre en las zonas rurales, 36 masacres con 133 muertes en 2019, y 76 con 292 muertes en 2020. El clima sanguinario y de pánico fortalece al ELN, rearma ex pacificados, y proliferan nuevas pandillas narcoterroristas.
La base política de Duque se encoge y un amplio espectro desde demócratas hasta guerrilleros, se desplaza a Petro, eje de una gran alianza de izquierda y no sabemos qué traerá a Colombia. Duque hostiliza al gobierno venezolano, desde su país promueven invasiones y hoy financian disidencias guerrilleras como foco de una eventual Contra en la frontera. Activistas venezolanos en el exilio asumieron su responsabilidad en esto “para crear el caos” junto con factores de poder en Colombia.
El crecimiento económico se derrumbó con la pandemia, el desempleo subió a 16% y no hay como cubrir el déficit fiscal. La Reforma Tributaria era para pagar gastos sanitarios. En su impericia Duque la presenta en el peor momento imaginable, con fallidos esfuerzos para ganar aliados y pone en bandeja de porcelana los argumentos del discurso demagógico para las turbas. Por si no bastara, la represión salvaje al paro produce 45 muertes según NY. El caos interno podría desinflar la contra fronteriza.

Hierro y yerro
Denuncian “la mano el gobierno venezolano” en los conflictos y… ¿después de lo ocurrido en la frontera cabría pensar que este se cruzaría de brazos? Me cuesta creerlo. Es común que en batalla la primera baja sea la verdad, aunque los corresponsales de guerra se juegan la vida para que esto no se cumpla. Por desventura, la polarización en Venezuela ametralló no solo la verdad, sino que formó políticos carentes de raíces nacionales.
Se extinguió el más elemental patriotismo en quienes no distinguen nación de gobierno, ni integridad territorial y vida de la gente, de sus intereses financieros. Frente a un asalto al territorio por irregulares colombianos, desatan una ofensiva de descrédito contra las Fuerzas Armadas, que en última instancia son los muchachos que mueren en la frontera para defendernos. Reaccionan contra su país y la FF. AA, y acusan a estas de que solo terciaban un pleito entre narcotraficantes.
Como eso no funcionó inventaron la violación masiva de derechos humanos y el novelesco asesinato de una familia de nueve miembros a la que nuestros militares supuestamente luego vistieron de guerrilleros, los habituales falsos positivos precisamente del ejército colombiano. Ningún medio de comunicación respetable publicó semejante invento, y languideció porque era simple fake creado en el conocido laboratorio venezolano bogotano.
Luego pasaron a otra etapa descabellada: “que en la frontera usaban a los soldados como carne de cañón”. Los militares existen precisamente para defendernos de agresiones extranjeras. Si un país no moviliza a su ejército… ¿a quién envía? … ¿a las congregaciones religiosas, a los colegios, a los gremios profesionales o a los condominios?
@CarlosRaulHer

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Antonio R. Rubio Plo

Napoleón sigue siendo uno de los grandes protagonistas de la Historia, doscientos años después de su muerte el 5 de mayo de 1821. El mundo de campañas militares y batallas decisivas que él contribuyó a forjar no goza hoy del mismo entusiasmo que en otras épocas, pero sus ideas estratégicas siguen siendo estudiadas no solo en las academias militares sino también entre los analistas de estrategias económicas. Incluso en la propia Francia voces como la del exministro de Asuntos Exteriores, Hubert Védrine, se levantan para decir que es un aniversario para conmemorar, aunque no para celebrar. Es muy posible que los totalitarismos del siglo XX hayan contribuido a minar el prestigio de Napoleón en su propio país. De hecho, en los años de la Segunda Guerra Mundial, bajo la ocupación alemana, se difundió en Francia Del espíritu de conquista y usurpación de Benjamin Constant, una crítica al régimen napoleónico que hacía pensar inevitablemente en las conquistas militares de los sistemas totalitarios. Se olvidaba, sin embargo, que incluso el liberal Constant puso sus esperanzas en el Napoleón que regresó de la isla de Elba, aunque solo fue por cien días, y redactó para él una especie de “constitución” bajo el nombre de Acta Adicional a las Constituciones del Imperio. Pero en Francia no se ha olvidado a Napoleón Bonaparte. Hay quien lo ha descubierto bajo los rasgos del joven presidente Emmanuel Macron, aunque en realidad no hay un solo jefe de estado de la presidencialista Quinta República en el que no pudiéramos descubrir rasgos napoleónicos.

Con las frases atribuidas a Napoleón hay que tener mucho cuidado, pues no se tiene una certeza plena de su veracidad, aunque lo mismo sucede con otros grandes personajes de la Historia. En algunas le podemos dar la razón, aunque otras serían cuestionables.

“Un estado hace la política de su geografía”

La existencia de Napoleón no puede concebirse sin un mapa de Europa. Es un grande de la geopolítica, el que sienta las bases de una geopolítica de Francia, mucho más ambiciosa que la de los monarcas absolutistas, interesados casi exclusivamente en Europa occidental y el Mediterráneo. Napoleón no solo quiere para Francia unas fronteras seguras, y ciertamente el afán por la seguridad le lleva a ampliarlas, sino que también busca doblegar a Austria, el gran Imperio de Europa Central, a la emergente Prusia y al Imperio de los zares rusos. Desde Napoleón, Francia ha mirado hacia el este y centro de Europa, con desiguales resultados. Ha desarrollado asociaciones estratégicas con Polonia y con todas las naciones centroeuropeas que se fueron desgajando del Imperio austrohúngaro, pero a la vez ha buscado el entendimiento con Rusia. De hecho, lo consiguió a finales del siglo XIX con el zar Alejandro III, si bien la revolución leninista frustró esa alianza. Con todo, el pragmático De Gaulle no dudó en aproximarse a Stalin en 1944 en un intento de constituir un equilibrio ante la nueva hegemonía de las potencias anglosajonas. Y en la actualidad, Macron defiende, pese a las circunstancias adversas, un acercamiento de Europa a Rusia para contrarrestar la asociación estratégica de Moscú y Pekín. En tiempos de Napoleón reinaba un zar admirador de la cultura francesa, Alejandro I, si bien eso no impidió la desastrosa campaña de Rusia, en la que la estrategia de ganar una batalla decisiva demostró ser inútil. Por lo demás, la Rusia de Putin no quiere ser europea, aunque quiera hacer negocios de suministro de energía con los europeos. Para los rusos el 9 de mayo no es el día de Europa, tal y como se conmemora en Bruselas en homenaje a la Declaración Schuman. Por el contrario, para Moscú el 9 de mayo es el día de la victoria sobre el régimen hitleriano. Las relaciones franco-rusas siempre resultarán complejas y se verán con recelo por los vecinos europeos de Rusia, socios de Francia en Europa.

“Quiero conquistar el mar con el poder de la tierra”

Gran Bretaña fue el principal enemigo y una obsesión de Napoleón. Sin embargo, Londres no apeló en las guerras de este período a argumentos ideológicos, basados en la existencia de una monarquía parlamentaria, sino a la ruptura del equilibrio del continente europeo por la potencia hegemónica francesa. Frente a un enemigo que dominaba los mares, Napoleón tenía que utilizar una estrategia de aproximación indirecta, mucho antes de que hablara de ella el capitán Basil Henry Liddell Hart en el siglo XX. Con su campaña de Egipto pretendió dar un golpe mortal al comercio británico en su ruta hacia la India. Pero los británicos le ganaron en el mar en la batalla de Abukir (1798), y más tarde en la de Trafalgar (1805). La invasión de las islas británicas resultaba imposible en tales circunstancias, y en 1807 el emperador decretó un bloqueo comercial continental para perjudicar nuevamente los intereses de Gran Bretaña. Sin embargo, tal y como ha sucedido con otros bloqueos y embargos posteriores, Napoleón fracasó porque no todos los países respetaron la medida. Es otro ejemplo de que las sanciones económicas suelen tener un efecto limitado y muchas veces perjudican más a quien las establece o las secunda que al país afectado. Las guerras con la Francia napoleónica reafirmaron a los británicos en la convicción de que lo que pasara en el continente podía repercutir en su propia seguridad y estabilidad. Paradójicamente sirvieron para “ligar” a Gran Bretaña más a Europa, tal y como demostraría el sistema del Congreso de Viena y la participación en las dos guerras mundiales. Pero, de momento, el Brexit parece haber revertido esta tendencia y ha alimentado otra imagen: la de una Gran Bretaña global y en buena medida extraeuropea.

“El mejor soldado no es el que combate sino el que avanza”

Napoleón estaba acostumbrado al avance arrollador de su ejército que solía ir acompañado de una batalla decisiva para la derrota definitiva del enemigo. En cierto modo, su estrategia es un antecedente de la “guerra relámpago”, que marcó los inicios de la Segunda Guerra Mundial. La lista de sus victorias responde a esta dinámica: Marengo, Ulm, Austerlitz, Jena, Eylau, Friedland… Sin embargo, el avance en Rusia, durante la campaña de 1812, no fue el presagio de una victoria. El espacio, el clima y la determinación del mariscal Mijaíl Kutuzov, que evitó presentar a Napoleón batalla en campo abierto, frustraron el avance y la posibilidad de un combate decisivo. La batalla de Borodino, la única excepción, causó grandes pérdidas en ambos bandos, y la toma de Moscú no sirvió de nada a los franceses. Napoleón fue derrotado por su desconocimiento de Rusia, de su historia, de su geografía y de sus gentes. Sigue siendo verdad, hoy más que nunca, la famosa cita de Churchill: “Rusia es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. George Kennan, con su “telegrama largo”, acertó a comprenderla un poco, algo que no conseguirían otros sovietólogos. Pero muchos políticos y analistas de la Posguerra Fría siguieron sin comprenderla. Acostumbrados al bastante previsible Boris Yeltsin, quedaron desconcertados con el imprevisible Vladimir Putin.

“Cuando China despierte, el mundo temblará”

No se ponen de acuerdo los historiadores sobre cuándo dijo Napoleón esta frase. Algunos creen que fue en 1803 con la contemplación de un mapa del mundo, pero la mayoría la sitúan en su destierro de Santa Elena en 1816. Al parecer, Napoleón había leído el relato de una embajada británica que intentó en vano convencer al emperador chino de abrir las puertas de su país al comercio. En cambio, el historiador Jean Tulard sugiere que la frase se debe a la imaginación de uno de los guionistas del filme 55 días en Pekín (1963), ambientado durante el asedio del barrio diplomático en el verano de 1900. Con todo, en 1973 el exministro gaullista, Alain Peyrefitte, utilizó la citada frase para dar título a un libro que relataba su viaje a la China de Mao. Sin embargo, Napoleón no parece haber ideado una frase premonitoria sobre el futuro de China. Quizás solo fuera un tópico comentario de que las invasiones de Europa procedieron principalmente del continente asiático, una advertencia sobre lo que a principios del siglo XX algunos llamaron el “peligro amarillo”. Napoleón no estaba demasiado interesado por Asia ni tampoco por América, pues vendió a Estados Unidos la Luisiana en 1803 y no mostró interés en recuperar los territorios franceses en Canadá. Para el emperador, el mundo se reducía a Europa, pero dos potencias de la periferia continental, Gran Bretaña y Rusia, echaron abajo su sueño europeo. Son precisamente los dos países que hoy tienen un encaje más problemático con Europa.

14 de mayo 2021

Elcano

https://blog.realinstitutoelcano.org/napoleon-para-analistas-internacion...

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Acceso a la Justicia

La lluvia de objeciones que dentro y fuera del país se ha ganado la providencia n.º 001-2021, que obliga a las organizaciones sin fines de lucro (ONG) a registrarse ante la Oficina Nacional Contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo (ONCDOFT) e informarle sobre sus donantes y sus beneficiarios, ha forzado al Gobierno de Nicolás Maduro a dar marcha atrás. Así, el pasado 3 de mayo dictó una nueva providencia en la que suprime algunas disposiciones. Sin embargo, esta aparente victoria no supone que el peligro para las ONG venezolanas haya cesado, por el contrario, continúa.

En la Gaceta Oficial n.º 42.118 del 3 de mayo (publicada dos días después), apareció la Providencia 002-2021 de la Oficina Nacional contra la Delincuencia Organizada y el Financiamiento del Terrorismo, que contiene una nueva versión de la Normativa para el Registro Unificado de Sujetos Obligados.

El texto suprime el numeral 5 del artículo 6 de la normativa original, que exigía a las agrupaciones civiles entregar al despacho gubernamental el listado con la identificación de las «personas naturales o grupo de personas naturales que reciben asistencia benéfica, humanitaria u otro tipo de asistencia». Asimismo, elimina en su artículo 8 el plazo para iniciar el proceso de registro y desaparece el artículo 16 de la providencia 001-2021, que contenía una remisión genérica a las sanciones de la Ley Orgánica de Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo.

Puro maquillaje

A primera vista podría creerse que el Gobierno escuchó las críticas y rectificó. No obstante, una revisión detallada de la nueva providencia arroja que la misma sigue representando una amenaza importante para las agrupaciones de la sociedad civil venezolana.

Así, entre otros aspectos el texto modificado mantiene la obligación de las organizaciones sin fines de lucro de presentar ante la Oficina Nacional contra la Delincuencia Organizada y el Financiamiento del Terrorismo el «listado de las organizaciones o entes, nacionales o extranjeros de los cuales perciba aportaciones, donaciones o dádivas» (numeral 4, artículo 6). También mantiene la disposición que señala que el despacho gubernamental emitirá una credencial para el representante legal de la agrupación para ejercer sus funciones (artículo 10).

Estas medidas parecen ir a contracorriente de lo señalado por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), el cual señaló lo siguiente en su recomendación octava:

«Las medidas focalizadas adoptadas por los países para proteger a las organizaciones sin fines de lucro frente al abuso para el financiamiento del terrorismo no deben interrumpir o desalentar las actividades caritativas legítimas. Más bien estas medidas deben promover la transparencia y fomentar una mayor confianza entre las organizaciones sin fines de lucro, tanto en toda la comunidad como entre el público en general, en cuanto a que los fondos y servicios de beneficencia lleguen a los beneficiarios legítimos que se pretende».

La instancia internacional también ha llamado a los distintos Estados a «trabajar con las organizaciones sin fines de lucro para desarrollar y perfeccionar las mejores prácticas dirigidas a abordar los riesgos y vulnerabilidades en el financiamiento del terrorismo y protegerlas frente al abuso para el financiamiento del terrorismo».

No obstante, en el caso venezolano las autoridades no se han sentado con las agrupaciones civiles para abordar este asunto de manera conjunta, lo cual refuerza las sospechas de que esta resolución no busca prevenir que las ONG puedan ser utilizadas para actividades ilegales sino que forma parte de la campaña de hostigamiento y persecución que desde hace años mantiene contra ellas y que ha arreciado desde el año pasado, tal y como ya lo ha denunciado Acceso a la Justicia.

De derecho a delito

Las pretensiones del Gobierno de Maduro de obligar a las organizaciones de la sociedad civil a revelarle quiénes son sus donantes pone en riesgo sus programas y la existencia de las mismas. ¿La razón? Los primeros ante el temor de ser estigmatizados por el Gobierno venezolano o de que sus aliados nacionales puedan correr algún riesgo podrían optar por dejar de cooperar con ellos.

No se puede olvidar que esta providencia no es un hecho aislado, pues fue dictada justo cuando la Asamblea Nacional controlada por el chavismo desempolvó el proyecto de la Ley de Cooperación Internacional, instrumento que pretende forzar a las agrupaciones no gubernamentales a entregar los fondos que reciben desde el extranjero al Estado, para que éste los distribuya, según sus prioridades.

Ambas iniciativas parecen tener como propósito penalizar la búsqueda de fondos en el exterior para atender la grave crisis humanitaria o para la acción de promoción y vigilancia de los derechos humanos, lo cual viola lo dispuesto en el artículo 13 de la Declaración de Defensores de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas de 1998, el cual afirma que «Toda persona tiene el derecho, individual o colectivamente, a solicitar, recibir y utilizar recursos con el objeto expreso de promover y proteger, por medios pacíficos, los derechos humanos y las libertades fundamentales».

Otras irregularidades

Como si lo anterior no fuera suficiente, desde Acceso a la Justicia denunciamos que el registro, tal y como está diseñado, viola lo dispuesto en el artículo 11 de la Ley de Simplificación de Trámites Administrativos. Dicha norma señala claramente:

«Los órganos y entes de la Administración Pública, en virtud del principio de cooperación que debe imperar en sus relaciones interorgánicas y con las demás ramas del Poder Público, deberán implementar bases de datos automatizadas de fácil acceso y no podrán exigir la presentación de copias certificadas o fotocopias de documentos que la Administración Pública tenga en su poder, o de los que tenga la posibilidad legal de acceder».

La información en relación con la constitución, conformación e integración de las distintas organizaciones civiles está en manos del Servicio Autónomo de Registros y Notarías (Saren), mientras que lo relacionado con sus movimientos financieros está en poder del Servicio Autónomo Nacional de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat) o de la Superintendencia de Instituciones del Sector Financiero (Sudeban).

Otra anomalía está relacionada con la puesta en vigencia de la providencia. ¿La razón? El texto está en la Gaceta Oficial n.º 42.118, fechada el 3 de mayo, como ya se mencionó, pero la misma apenas apareció publicada el día 5, por lo que ha debido entrar en vigor al día siguiente a su publicación, es decir, el 6 de mayo.

Esta práctica de publicar las gacetas oficiales a destiempo ya es usual en Venezuela, y es otra muestra de la ruptura institucional y de la situación de inseguridad jurídica en la que viven los ciudadanos.

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

El Gobierno de Maduro ha enfilado todos sus cañones contra uno de los últimos espacios que no controla: la sociedad civil organizada. Tras reasumir el control de la Asamblea Nacional, el Ejecutivo ha lanzado una dura ofensiva contra las ONG que, además de las consabidas campañas de estigmatización y hostigamiento, ha incorporado desde 2020 allanamientos, detenciones de activistas y nuevas medidas administrativas.

Las agrupaciones caritativas, humanitarias y de derechos humanos juegan hoy un rol estelar en la atención de la crisis humanitaria, que las autoridades ignoraron durante mucho tiempo; y también han sido las promotoras de las denuncias de los abusos contra los ciudadanos que han alarmado al mundo. El eventual silenciamiento o ilegalización de estas instancias dejará en total desamparo a los venezolanos.

14 de mayo 2021

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Ismael Pérez Vigil

En Venezuela, en materia política −y en otras áreas también− las posiciones están tomadas; son fijas, inamovibles, encallecidas, mineralizadas, por algo hablamos de polarización. Y la polarización es justamente eso, dos polos que divergen y que −como los de un imán− se repelen y sí es imposible que coincidan, menos aún, unirlos.

Lo grave es que la polarización no solo lo impregna todo, sino que genera conductas agresivas, que omiten argumentos y razones y rápidamente afloran los insultos y las descalificaciones, que incrementan la división opositora y el regocijo del régimen. Por eso hay que cuestionarse si vale la pena discutir y si no será mejor seguir de largo y olvidar la discusión. Total, no vamos a convencer a nadie y nadie nos va a convencer. Sin embargo, hay demasiado en juego como para abandonarla.

Las razones en cuanto a las condiciones ilegitimas y abusivas con las que se eligió al Presidente de la Republica en 2018, la Asamblea Nacional en 2020 y antes de eso, la forma en que se designó al TSJ, al Fiscal General, al CNE anterior y, naturalmente, incluyen al actual y dicen que no es un árbitro y además esta deslegitimado; este es el núcleo del argumento que lleva −a quienes proponen no participar− a la inevitable conclusión, absolutamente de lógica formal, de que no hay condiciones para hacerlo.

Además de esa razón de fondo, quienes platean no acudir al proceso y abstenerse, dan algunas razones adicionales, describiendo de manera detallada y clara lo que va a pasar si participamos en el proceso electoral y que se puede resumir de esta manera:

· Aunque el régimen libere presos políticos, mantendrá algunos y eventualmente llevará a la cárcel a otros políticos o dirigentes opositores −para mantener su “inventario de negociación” − y si accede a habilitar a algunos dirigentes opositores, solo lo hará después de que esté seguro que la oposición democrática no concurrirá a las elecciones.

· El gobierno ganará esas elecciones y para ello se valdrá de todo tipo de trampas para restar votos a la oposición −incluida la intimidación de votantes y testigos− y no dudará en las gobernaciones y alcaldías críticas, en alterar los resultados, como ocurrió en el Estado Bolívar en 2017.

· Aunque haya una mayor participación electoral, debido a la oposición “alacrana” y la falsa oposición que ahora llama a participar, si eventualmente se mantiene el número de cargos que ahora tienen y aunque el régimen les ceda algunos más, de nada servirá pues, como ya hemos visto, el régimen les nombrará “protectores”, les quitará funciones y presupuesto, para anularlos completamente y los concejos municipales chavo/maduristas improbarán las memorias y cuentas de los alcaldes opositores que serán destituidos.

· Por lo tanto, aunque se incremente la participación electoral, solo servirá para que el régimen se legitime, se atornille más en el poder, gane tiempo y alardee sobre su “flexibilidad” ante la comunidad internacional y eso ayudará en su objetivo de levantar las sanciones internacionales y continuar el proceso lento, pero sostenido, de desgaste del apoyo a Juan Guaidó y la Asamblea Nacional de 2015.

Reitero, no es lo que yo pienso, esto es lo que dicen que pasara −quienes están en contra de la participación y en pro de la abstención−, si participamos en el proceso electoral del 21 de noviembre próximo. Creo que está bastante completo el resumen y no hace falta abundar más.

Pero, ¿Qué pasará si no concurrimos al proceso electoral? ¿Qué pasará si nos abstenemos? Eso no nos lo dice nadie y vale la pena reflexionar al respecto; déjenme decirles lo que yo creo que pasará.

Si nos abstenemos, ocurrirá lo mismo que ha ocurrido las otras veces que nos hemos abstenido: nada. Y de todas formas ocurrirán algunas de las cosas que dicen los abstencionistas: En efecto el gobierno ganará, con trampas, claro, y a lo mejor sin fraude electrónico, pues no lo necesitará. No tendrá importancia la cantidad de cargos que obtenga la oposición, pues de obtener algunos seguramente les nombrarán los consabidos “protectores” y les quitarán funciones y presupuesto. Pero no tendrá tampoco ninguna importancia el porcentaje de abstención, ni el número de votos que saque la oposición democrática que concurra −la “alacrana” ni siquiera se tomará en cuenta−, pues hace tiempo el poder del régimen no se sustenta en legitimidad alguna, ni en el número de votos, ni en el apoyo popular, sino en las FFAA, los colectivos armados y los grupos violentos, en la frontera y en las ciudades.

Todo lo anterior puede ocurrir si no acudimos, pero además de lo anterior, tendremos el agravante, de que:

- Habrá una mayor división en la oposición, por las recriminaciones mutuas, el pase de facturas unos a otros, por la derrota sufrida y por no haber salido del régimen

- Habrá una mayor frustración y desmoralización de la gente al darse cuenta que nada ocurre, a pesar de la masiva abstención, y se alejará aún más la posibilidad de una salida de este oprobio, y

- Veremos, cuando cese la pandemia y sea posible desplazarse, un mayor éxodo de venezolanos al exterior

Hoy en día, en la situación en que nos encontramos en la oposición, parece claro que participar o abstenerse no es el problema. ¿Qué hacer? ¿Cuáles son las alternativas?; ese sí es el problema. Y no es un problema jurídico o legal, es un problema político.

En mi opinión, participar, con candidatos únicos, no hará que salgamos del régimen, menos en unas elecciones regionales; pero, al menos nos permite salir del inmovilismo en que nos encontramos, nos permite organizar a la gente de una manera bastante segura, para recorrer el país, pueblo por pueblo, con un mensaje alternativo al marasmo en el que vivimos, nos permitirá ganar en organización y niveles de conciencia acerca de la situación que vivimos. Y si además ganamos algunas gobernaciones, alcaldías, concejos municipales y asambleas legislativas, eso ayudará a los partidos y organizaciones políticas a nivel local y regional en su relación con la gente.

Insisto en lo dicho otras veces, lamento que nadie diga qué hacer en vez de no participar, aparte de abstenerse pasivamente. Nadie espera que se den detalles al respecto −en la prensa o redes sociales−, pero, al menos esperaríamos ver acción en alguna parte, y es lo que no hemos visto y no vemos.

El “qué hacer” es el tema a seguir discutiendo, porque si no lo hacemos, habrá que concluir con la enigmática parte final del título de mi artículo de la semana pasada, en el que comenté acerca de la designación del CNE, estaremos… atrapados sin salida.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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