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Opinión

Luis Arías

Las reflexiones que hago, en relación con el título del artículo, deriva de la decisión del gobierno de rechazar los 12 millones de dosis de vacuna conseguidas por Guaidó y de una entrevista realizada por la Dra. Luisa Salomón a la Dra. Flor Pujol, sobre la nueva variante brasilera del coronavirus.

En relación a las declaraciones de la inefable Vicepresidenta Delcy Rodríguez acerca del fatal rechazo del gobierno a las vacunas, pone en evidencia la importancia que le dan a la vida de los venezolanos. Con estas vacunas podría realizarse una exitosa vacunación que le salvaría la vida a muchos, evitaría la morbilidad de muchos más y aliviaría muchos de los impactos socioeconómicos que derivan de la pandemia y de las cuarentenas.

El gobierno tomó la decisión como si fuese un problema personal de los gobernantes (que no lo es porque ya están vacunados) y no como lo que es: una emergencia humanitaria. El baladí argumento es que no aceptan “limosnas” pero si aceptan que la gente muera, que otras muchas queden afectadas permanentemente por las secuelas, otras quebradas por los gastos que le ocasionó la infestación o por las molestias que tuvo que sufrir a consecuencia del mal trato o la precariedad de los servicios públicos de atención a los enfermos.

El acuerdo hubiese permitido la llegada de 12 millones de dosis de vacunas contra el virus SARS-CoV-2 con la ayuda de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la gestión del llamado “gobierno interino”. El acuerdo contemplaba unos 18,1 millones de dólares destinados para la suscripción de Venezuela al COVAX y otros 12,1 millones de dólares para la logística necesaria para mantener la cadena de frío de las vacunas.

Una buena campaña de vacunación con esas vacunas, que es a lo que deberían avocarse para ganar méritos, llegaría a toda la población de alto riego y permitiría que se vacunaran, también, un porcentaje importante de los de menor riesgo, lo que representaría colocarnos entre los países de la vanguardia del combate del COVID_19 y de esta manera no dar “lástima” como damos al no hacerlo ahora.

El párrafo a continuación, tomado de un trabajo de Henkel García publicado el 07/ 04 en La Gran Aldea, nos permiten evaluar cuál es la posición del gobierno en relación a la urgencia ciudadana. Las negritas son agregaciones mías

El gobierno venezolano ha sido una mezcla de mensajes confusos y posiciones cuestionables. A finales del año pasado aseguraron que tenían garantizada la compra de 10 millones de dosis de la vacuna rusa (con un costo aproximado según declaraciones recientes de Maduro de 200 millones de dólares, obsérvese la diferencia de precio, que según él ya tiene disponible para este fin, que ahora supuestamente llegaran durante el mes de Abril), Por otro lado, también mencionó escuetamente información sobre la vacuna cubana. Sí fueron diáfanos en no permitir la entrada de la vacuna de AstraZeneca, que es la misma que iba a llegar bajo el mecanismo Covax. Otro mensaje repudiable y claro ha sido el que está detrás de los criterios elegidos para repartir las pocas dosis que han llegado. No cabe sino recordar la expresión popular: El que parte y reparte…/”

Ahora el problema se agrava con la aparición de las variantes, en nuestro caso con la brasilera como ha sido bautizada.

A propósito de esta segunda, el de la cepa brasilera (SARS-CoV2 Variante P1, según su denominación técnica), la Dra. Flor Pujol, virólogo del IVIC quien realiza investigaciones muy importantes sobre el tema en su laboratorio, con el apoyo oficial del Instituto de Higiene, dice en entrevista dada a la Dra. Luisa Salomón, que esta cepa es más infecciosa y más letal que la original según los resultados que derivan de estas investigaciones y por los datos expuestos, es la cepa que predomina en el estado Bolívar y en la Región Capital y además se encuentra ya distribuida en más de la mitad del país.

Transcribo dos párrafos sin modificación de esta entrevista

Se está reduciendo la eficacia de las vacunas. Es probable que con las variantes podamos cursar infección, a pesar de estar vacunados. Pero, importante este mensaje: hasta ahora la evidencia apunta a que de todos modos previenen la enfermedad grave”, dijo Pujol.

Pero la respuesta a esto es vacunar lo más rápido posible. La otra esperanza, si bien es importante no transmitir frustración, las vacunas siguen siendo nuestra prioridad como herramienta de control.” (los resaltados son míos)

Esta cepa que, por sus características podría llegar a ser a mediano plazo la más extendida en Venezuela, sería otra razón poderosa para justificar la inmediata realización de una campaña de vacunación que consiga a la población más vulnerable con, al menos, una mejor protección.

En conclusión, si no hay una rectificación al más corto plazo para evitar víctimas innecesarias, este es otro tema que debe analizar la comisión permanente de los Derechos Humanos de la ONU en relación a los crímenes de lesa humanidad del gobierno de Maduro.

Prof. de la Facultad de Agronomía de la UCV

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La Gran Aldea (Entrevista por Walter Molina)

Estima que el conflicto venezolano es mucho más grande y enredado que cualquier cosa que pueda prever y resolver una Constitución, y la lucha política se ha convertido en una pugna por cambures. Así, en opinión de Georg Eickhoff, los chavistas seguirán en su guerra contra la sociedad venezolana hasta cuando pierdan el poder en el Estado; algo que intentan evitar a toda costa, incluso atacando con extrema dureza una posible disidencia en sus propias filas. Desde su perspectiva, el panorama luce desalentador: “Venezuela se va a parecer aún más a Cuba. Será una miseria y parálisis muy larga”.

Los análisis sobre la situación en Venezuela han sido y son hoy en día muy variados. A priori pareciera algo positivo, puesto que de la pluralidad de ideas es que pueden surgir propuestas que logren soluciones. Sin embargo, uno de los mayores errores de la dirigencia opositora, y de muchos analistas venezolanos, parece ser el no haber entendido la verdadera naturaleza del régimen venezolano; primero con su progenitor Hugo Chávez y ahora con su heredero, Nicolás Maduro, que ha marcado su propia impronta.

Alguien que ha desarrollado sobre esta realidad (la de entender lo que realmente es el chavismo, cómo actúa y qué lógica usa en sus acciones), ha sido Georg Eickhoff, catedrático alemán que vivió varios años en Venezuela, quien desde 2019 se encuentra en la zona de guerra en Ucrania. Eickhoff habla de una guerra híbrida que, de acuerdo con sus argumentos y experiencias, se está desarrollando en este momento en Venezuela. Va más allá, de hecho, menciona en uno de sus tantos hilos de tuits sobre el tema, que “Venezuela es hoy un laboratorio de «guerra híbrida»”. Sobre eso y más conversamos recientemente.

-Quisiera iniciar con un tuit que hizo usted hace apenas días, donde dijo que quien pensó que Juan Guaidó “hubiera podido resolver el problema venezolano no tiene ni la más remota idea del tamaño de este problema”. Hay muchas razones para explicar esa afirmación, pero usted ¿por qué la dice exactamente?

–Juan Guaidó no es Presidente encargado de Venezuela porque él quiere. Lo es porque la Constitución así lo dispone. Pero el conflicto venezolano es mucho más grande y enredado que cualquier cosa que pueda prever y resolver una Constitución. Es más que un conflicto político entre Gobierno y oposición. Esto es una guerra donde el bando que secuestró el poder del Estado niega a sus adversarios el derecho de existir. Es una guerra que no se puede enfrentar en el marco de la Constitución porque a la dictadura le vale madre la Constitución.

“Con solamente participar en diálogos y acuerdos sin resultado real ya la oposición le ha entregado al chavismo todo lo que este busca de ella”

-¿Qué le ha faltado entonces al liderazgo político?, ¿sus errores han sido principalmente por no entender al enemigo?

-No se entienden ni a sí mismos. Hay dos factores muy importantes en la herencia política venezolana que complican mucho las cosas: El petróleo y el pensamiento mágico alrededor de las elecciones. El petróleo en manos del Estado ha creado una clase política y empresarial que vive de lo que le tira el Estado petrolero. En otras naciones los políticos representan la sociedad frente al Estado. En Venezuela son sus empleados. La lucha política se ha convertido en la lucha por cambures. Gran parte del empresariado es solamente diferente en el grado de su dependencia del Estado, no en la esencia. Son como araguatos pegados al Estado. Nacen nuevos araguaticos y están más pegados. De personas formadas en esta cultura no puedes esperar acciones realmente revolucionarias. Los que se llaman revolucionarios han caído en la misma dinámica, pero han dañado la producción petrolera de forma irremediable. El segundo factor, el entusiasmo mágico alrededor de las elecciones tiene que ver con el primero, el petróleo. Por medio de elecciones se reparten los cambures de la economía petrolera. Son cada vez menos. Pero elecciones no producen cultura democrática donde no la hay. Chavismo y oposición son muy diferentes, pero se han perdido en el mismo laberinto.

-En otro hilo de tuits, sumamente explicativo y, personalmente creo, muy claro, habla de una “guerra híbrida”. ¿Cómo se está dando eso en Venezuela?

-Venezuela no está sola en el mundo. Venezuela y Colombia son parte de un juego geopolítico. La catástrofe venezolana pone a Colombia en gran peligro. En los próximos meses vamos a ver si se hunde una nueva Gran Colombia en el remolino de la destrucción chavista. Venezuela y Colombia juntas son el campo de batalla de esta “guerra híbrida”.

-Es una “guerra híbrida” por la diversidad de tácticas y herramientas de las que echa mano el régimen de Maduro, ¿cuáles son las tácticas menos visibles, las que hacen daño sin que se note?

-Soy alemán y ya hace veinte años fui candidato al Parlamento Federal de Alemania en la parte de Berlín oriental donde viven hasta hoy los beneficiados y operadores de la dictadura comunista que se derrumbó en 1989. Estudié muy a fondo mi territorio y conocí a muchos pequeños cómplices de la dictadura desde muy cerca, por ejemplo, gente de la Stasi, la famosa policía secreta con un enorme ejército de empleados y cooperantes. Creo, por ejemplo, que los venezolanos no tienen una idea adecuada de la incidencia de operaciones encubiertas en el proceso político de su país.

-La guerra tiene un inicio relativamente claro, en este caso desde la llegada de Chávez, bien sea en la palestra pública aquel febrero de 1992 o como presidente desde 1999, pero una guerra mientras ocurre no se sabe cuándo va a finalizar. ¿Qué se les puede decir entonces a tantos venezolanos que hoy son víctimas de esa guerra?

-Esta guerra no va a terminar en las próximas décadas. Los chavistas van a seguir en su guerra contra la sociedad venezolana incluso cuando pierdan el poder en el Estado. Esto lo han entendido muchas personas, quizás de forma muy intuitiva algunos. “Nunca van a dejar de joder”, dicen. Por eso es que se han ido del país.

“Venezuela y Colombia son parte de un juego geopolítico. La catástrofe venezolana pone a Colombia en gran peligro”

-En una guerra de esas características, a simple vista, no parece posible que gane el pueblo. Entonces, ¿qué pasa con una masa arrasada, abatida y desesperanzada?, ¿qué le queda a la gente?, ¿de qué forma la sociedad puede hacer frente a un sistema que arremete y aplasta, tomando en cuenta todo lo que ha hecho ya a lo largo de estas dos décadas?

-Me temo que la sociedad ya ha perdido la batalla. Venezuela se va a parecer aún más a Cuba. Será una miseria y parálisis muy larga. Pero va a ser Cuba plus desorden, como se ve ahora en la Cota 905, en el Arco Minero, en la frontera con Colombia. Una Cuba desmejorada, quizás con más comida, ojalá.

-Entendiendo todo ello, es ilógico o malintencionado pedir “acuerdos” entre la oposición y el régimen como si el segundo realmente estuviese dispuesto a negociar algo.

-Ellos están bien como están. La oposición no tiene nada que ofrecer al chavismo. Solamente puede brindar una complicidad fingiendo diálogos que dan un barniz de civilidad a la tiranía. Así que con solamente participar en diálogos y acuerdos sin resultado real ya la oposición le ha entregado al chavismo todo lo que este busca de ella.

“Elecciones no producen cultura democrática donde no la hay. Chavismo y oposición son muy diferentes, pero se han perdido en el mismo laberinto”

-Siendo así, ¿es posible lograr mejoras para la sociedad? Si se está enfrentando a una estructura que busca eliminar al ciudadano, ¿es posible mejorar la calidad de vida dentro de este sistema?

-Sí. Va a haber mejoras. Es como con los esclavos que vivían en Barlovento y muchas otras partes de Venezuela: Sus dueños no querían que se murieran o escaparan todos al monte, aunque no lloraran por muchos; había, hay y habrá mucha fiesta, con o sin tambores.

-De lograrse un cambio, ¿cree usted que la sociedad venezolana ha construido anticuerpos contra la demagogia que puede concluir en regímenes como el que se enfrenta actualmente?

-Eso esperamos. Lo van a ver nuestros nietos o bisnietos. Ojalá y los anticuerpos también protejan contra los mutantes del chavismo para entonces.

-¿Qué puede hacer la comunidad internacional?

-La comunidad internacional enfoca sus esfuerzos en contener el conflicto en el territorio, pero sin resolverlo, reducir externalidades negativas, atender mal que bien a los que huyen de Venezuela y, en el mejor de los casos, contribuir a que Colombia no se hunda junto con Venezuela.

-Como última pregunta, quisiera desarrollar una idea que planteó el profesor Guillermo Tell Aveledo recientemente en un tuit, donde mencionó que mucho se habla de Nelson Mandela, pero poco de Frederik de Klerk. Es muy interesante ese planteamiento, porque poco parece que se pueda lograr una solución real en Venezuela sin que dentro del mismo chavismo (o chavomadurismo, como lo llamaba Petkoff) alguien tire hacia el mismo lado. ¿Cree usted posible que, aun conociendo la naturaleza del régimen, pueda surgir algún de Klerk que contribuya a una solución real?

-Esto es posible y el chavismo lo sabe. De allí viene la extrema dureza contra una posible disidencia en las propias filas. La tortura y el asesinato del capitán Acosta Arévalo a plena luz del día exhibido ante un juez es un poderoso mensaje a cualquier compinche que quiera jugar a ser un de Klerk o cualquier cosa parecida. Y es solamente un ejemplo. Para el consumo interno en los cuarteles y despachos hacen cosas similares y peores.

https://lagranaldea.com/2021/04/06/para-georg-eickhoff-la-sociedad-venez...

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Humberto García Larralde

La omnisciencia del Dr, Google permite saber que, en Chile, lo que se llama “comuna” corresponde a la unidad básica de la administración local. En Francia designa a una colectividad territorial que engloba al consejo municipal y el ayuntamiento. En Colombia, se refiere a una subdivisión del área urbana de una ciudad media o principal. Es decir, sirve como denominación de gobierno local en estos países, como sería el caso de “alcaldía” en Venezuela. Pero en las mentalidades primitivas de cierta izquierda, nombrar la palabra “comuna” desata una salivación como la de los perros de Pávlov cuando escuchaban la campanita que anunciaba su comida. Ello es así por la mitología construida por anarquistas y comunistas en torno a la Comuna de Paris de 1871, emblema del poder popular revolucionario soñado.

En pos de una figura que certificara igual sentido a su gesta, Chávez se engolosinó con este emblema. Ofrecía la excusa ideal para edificar una estructura de poder bajo su control directo, en reemplazo de la establecida en la Constitución. En 2007 sometió a referendo una propuesta de reforma constitucional para crear un Estado Comunal. Como se recordará, fue derrotada. Pero, violando la voluntad popular, la Asamblea Nacional, de mayoría chavista, aprobó en 2009 la Ley Orgánica de los Consejos Comunales, la Ley Orgánica de las Comunas, la del Sistema Económico Comunal y una Ley Orgánica de Poder Popular, con iguales propósitos que el referendo rechazado.

En 2012, Chávez sanciona por decreto una Ley Orgánica (¡!) para la Gestión Comunitaria de Competencias, Servicios y Otras Atribuciones, para regular la transferencia a las comunidades organizadas, comunas y demás instancias de agregación comunal, de actividades que son potestad de gobernaciones y alcaldías. Desplazaría, así, los gobiernos electos a nivel municipal y regional, por instancias de un poder que “no nace del sufragio ni de elección alguna, sino de la condición de los grupos humanos organizados como base de la población”, como rezaba el artículo 136 de la reforma derrotada en diciembre, 2007. Pero el chavismo se cuidó de poder controlarlas, gracias a una enrevesada normativa.

Salvo una que otra comuna que se mantuvo como vitrina para un “turismo de izquierdas” que acudía a Venezuela en busca del Santo Grial de la Revolución, el experimento comunal no cuajó. Su escasa viabilidad económica y la tergiversación de lo que se entiende por “poder popular”, terminó convirtiendo a los consejos comunales creados en parásitos de las asignaciones hechas desde el Estado y/o en usufructuaros de comisiones por su participación en mecanismos de reparto, como es la distribución de cajas de alimentos subsidiados CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción), o de exacciones a la comunidad, dadas las atribuciones de fiscalización que le otorgan algunas de las leyes antes mencionadas. Pasaron a servir de correa de transmisión del mando desde el Ejecutivo, a cambio de compartir mecanismos populistas de expoliación de la renta petrolera.

El Estado Comunal cayó en el olvido, a pesar de la reverencia que se le hizo en el Segundo Plan Nacional Socialista 2013-19. Pero ahora, la asamblea ilegítima de Maduro lo desempolva con una Ley de Ciudades Comunales --aprobada en primera discusión--, llena de adjetivaciones rimbombantes que exaltan supuestos atributos del nuevo orden social propuesto. Para muestra, un botón (art. 29): “La Ciudad Comunal, promueve la planificación sistémica, multiescalar, multidimensional, interdisciplinaria e interinstitucional como una herramienta alternativa y transformadora que promueva la planificación a partir de la construcción y puesta en práctica de un pensamiento crítico, totalizador, descodificador, liberador, humanista y radical; que reivindique al pueblo como sujeto histórico de derechos y con poder”.

Las ciudades comunales se constituirían a partir de la agregación de comunas, las cuales, a su vez, se crearían a partir de similar decisión por parte de los consejos comunales. En tal sentido, la figura de “Ciudad Comunal” incorpora todos los defectos de sus unidades primigenias. Pero el proyecto en discusión añade otros. Su articulado comienza repitiendo la misma aberración de las leyes de “Poder Popular” referidas antes, al afirmar que su objeto es, “construir, desarrollar, fortalecer y establecer la sociedad y el Estado Comunal, Socialista y Bolivariano”. Es decir, la Ciudad Comunal se concibe como instancia de un proyecto político muy particular, hoy claramente minoritario, que de ninguna manera deriva de la agregación de instancias de “poder popular”.

Esto queda todavía más claro con la descripción de cómo debe organizarse dicha ciudad comunal. Una estructura que comprende poderes Ejecutivo, Legislativo, de Justicia y Paz, Contraloría, Electoral y Moral, definen su gobierno, con atribuciones detalladas para cada uno. La rama ejecutiva dirige unos Sistemas de Gestión Comunal (SIGCOM) que son: de Planificación; de la Economía y Finanzas Comunal; del Desarrollo Social; de la Infraestructura y los Servicios Comunes; del Hábitat; de la Cultura y el patrimonio; y de la Seguridad y la Defensa Integral del Territorio. Se especifica cómo y en función de qué deben operar estos “SIGCOM”, y se precisa, para algunos, su subdivisión operativa. Reproduce localmente, así, al gobierno nacional, creando una frondosa burocracia que competiría con las alcaldías y gobernaciones existentes por recursos de un Estado que el propio chavismo quebró.

En el plano económico, la ausencia de derechos inequívocos de propiedad en las leyes antes referidas, así como la vigilancia de un órgano rector externo que determinaría el carácter “social” de la gestión comunal, elimina todo incentivo al emprendimiento. Más bien, los incentivos que se desprenden de su arreglo institucional tienden a reforzar la obsecuencia y la lealtad para con los dictados del Ejecutivo, en procura de financiamiento u otras prebendas, y no un espíritu de iniciativa para el autogobierno o la solución autónoma de problemas.

La pregonada “economía comunal” está vaciada de toda potencialidad creativa por una normativa rígida que impide su versatilidad. En absoluto es sostenible y tendría que depender, necesariamente, de asignaciones del presupuesto nacional. Su no sometimiento al Código de Comercio o a otras normativas referentes a la responsabilidad social y a la rendición de cuentas en el manejo de recursos económicos, deja la puerta abierta, además, a todo tipo de irregularidades.

En conclusión, la propuesta comunal del chavismo en absoluto favorece la constitución de un supuesto “poder popular” autónomo. La existencia legal de sus instancias está sujeta a la validación de su registro en el ministerio correspondiente. Su puesta en operación se rige por una detallada normativa que regula su constitución, organización, propósitos y actividades. Asimismo, las distintas instancias de la economía comunal son concebidas como espacios para la construcción del socialismo, es decir, como instrumentos de la política oficial. Del cumplimiento de tal normativa depende su entidad legal, así como los recursos con los cuales operar. Su financiamiento depende del Estado, que impone su subordinación a, e integración con, el Plan de Desarrollo Nacional.

Por las razones expuestas, la propuesta Estado Comunal que se desprende de estas leyes es más bien reminiscente del Estado Corporativo Fascista, que cooptó a las organizaciones sociales dentro del Estado para que estuviesen al servicio de la construcción de un Nuevo Orden. De ahí surgiría el mítico Hombre Nuevo de todo proyecto totalitario, siempre bajo una fuerte tutela de órganos del Gobierno Central[1]. “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”, como afirmara Benito Mussolini.

Ahora bien, si bajo Chávez, quien gozaba de carisma, ascendencia sobre sus seguidores y contaba con una abundancia de recursos, no pudo imponerse este adefesio, ¿a qué responde su rescate bajo Maduro, carente de cada uno de los atributos antes mencionados? En particular, ¿Cómo compagina con la supuesta liberalización de la economía que pretende proyectar?

Debido a razones de espacio, reflexiones al respecto tendrán que esperar un próximo artículo.

[1] Para un análisis profundo de la propuesta comunal chavista, véase, Silva Michelena, Héctor, Estado de siervos. Desnudando el Estado comunal, bid & co., editor / Ediciones del Rectorado, UCV, Caracas, 2014.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

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Eddie A. Ramírez S.

Aceptar la vieja definición de que la política es el arte de lo posible implica cierto conformismo y no realizar grandes esfuerzos para cambiar una situación que perjudica a la mayoría. En artículos anteriores mencionamos que la política debía ser el arte de hacer posible lo deseable, que conlleva mayor compromiso. Desde luego no debe ser original, pero nuestros políticos no la utilizan.

Hacer posible lo deseable puede ser una acepción descalificable por considerar que es una política idealista, poco aterrizada, con la que es imposible obtener resultados positivos. La otra posición, que generalmente prevalece es la realpolitik o política pragmática, adosada por Bismarck, el llamado canciller de Hierro alemán, aunque muchos siglos antes, en El arte de la guerra, Sun Tzu aconsejó lo que debe hacerse, lo cual fue ratificado siglos después en El Principe, por el florentino Maquiavelo.

¿Es posible conciliar la realpolitk, que en su versión tradicional no toma en cuenta valores éticos y morales, con un accionar político acorde con los nuevos tiempos? Claro que sí. Los límites no los establece el papel, sino los que aplican la política. Por un lado, lo objetable es ceder en los puntos fundamentales que definen una democracia y, por el otro, creer en pajaritos preñados, o sea aceptar lo que es ficción.

Frecuentemente nuestros políticos se han dejado llevar por la ficción, descartando la realidad. Por ejemplo, el general Medina Angarita aceptó la ficción de que los tiempos seguían siendo los mismos y, por ello, insistió en querer imponer a su sucesor en la presidencia de la república y, además, que este fuese andino. En el período 1945-1948 los dirigentes de Acción Democrática, obnubilados por haber obtenido un millón de votos, pecaron de arrogantes y creyeron en la ficción de que nadie podría desalojarlos del poder. El partido Copey pensó que Pérez Jiménez realizaría elecciones en 1957 y, como era el único partido de oposición legalizado, su dirigencia pensó que no necesitaban la unidad contra el dictador. Afortunadamente, la realidad los hizo reconsiderar. El dictador Pérez Jiménez estaba convencido de que el cemento lo hacía popular, pero esa ficción lo sorprendió el 23 de enero de 1958.

En la década de los años 60, la extrema izquierda se enamoró de la ficción de la revolución cubana y fracasó rotundamente. Carlos Andrés Pérez, en su primer gobierno, se deslumbró con la ficción de que los precios del petróleo aumentarían indefinidamente y endeudó al país para realizar proyectos faraónicos. Como último ejemplo histórico, podemos citar que el pueblo venezolano creyó en la ficción que le vendió Chávez de que acabaría con la corrupción y que Venezuela sería una potencia en varios sectores. El resultado es un país destruido.

En nuestros días, los dirigentes opositores parecen cegados con la ficción de que pueden sacar a Maduro sin necesidad de unirse y que cualquiera de ellos puede alcanzar la presidencia por elecciones. Ojalá se bajen de esa nube. Sin unidad ninguno va para el baile. Incluso, a la luz de las encuestas, posiblemente tendrán que seleccionar un candidato independiente o que no sea alguno de los jefes de los partidos. Es duro decir esto y más duro debe ser aceptarlo, pero eso es lo que percibe la mayoría de los venezolanos.

Así mismo, deben repensar la idea de una transición corta. La destrucción del país es tal que se requerirán muchos años para recuperarlo. Sería conveniente plantear un plan común para una transición de tres períodos presidenciales, en cada uno de los cuales la unidad opositora sometería a consideración del electorado un candidato único seleccionado en primarias, sin reelección. Ello implicaría sacrificar legítimas aspiraciones de los entrados en años. Probablemente también que algunos partidos tendrían que fusionarse para sobrevivir. Si no se ejecuta algo parecido, no saldremos de los rojos o puede que salgan, pero pueden regresar a la cabeza de otro populista, cuando el país perciba que no se solucionaron los problemas básicos.

Trabajar para hacer posible lo deseable no es una fantasía. Puede lograrse con una realpolitk que no sacrifique los principios y valores de la democracia.

Como (había) en botica:

Expertos en el área de refinación sostienen que la escasez de diésel no es real, sino inducida con fines políticos.

Lamentamos que hayan caído en combate varios integrantes de nuestra Fuerza Armada y que ciudadanos civiles hayan sido asesinados o víctimas de los enfrentamientos en Apure. Chávez y Maduro son los responsables de la injerencia de la guerrilla colombiana en nuestro territorio. Esta situación se ha agravado con la decisión de Maduro de apoyar a uno de los grupos de la guerrilla terrorista que se nutre del narcotráfico.

Rechazamos la medida judicial en contra de la escritora Milagros Mata Gil, aunque en su artículo no debió utilizar la palabra raza para referirse a los venezolanos de origen sirio.

Nuestro compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol José Orlando Matos y su esposa fallecieron por causa de la Covid19. Lamentablemente son numerosos los compatriotas muertos por esta enfermedad que se presentó en momentos en que nuestro sistema de salud está en el suelo. Maduro, su entorno y los médicos cubanos recibieron la vacuna, no así el personal venezolano de salud, ni los ciudadanos más vulnerables.

Lamentamos el deceso de Antonio Casas González, distinguido ex director de Pdvsa.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Ricardo Hausmann

La economía podría avanzar sustancialmente si relajara una de sus hipótesis más preciadas: el individualismo metodológico, o la idea de que cualquier explicación necesita estar relacionada con individuos que toman decisiones sensatas. Este requerimiento coloca a la disciplina en una enorme desventaja frente a las ciencias naturales, porque impide entender mejor la relación entre lo micro y lo macro.

La física explica todo el comportamiento suponiendo algunas leyes fundamentales a nivel (muy) micro. Los quarks dan lugar a los protones y neutrones que, junto con los electrones, generan átomos, dando lugar a su vez a moléculas y macro-moléculas como el ADN, los genes y las proteínas. Estos producen células, seres multicelulares y ecosistemas completos que viven en un planeta que gira alrededor del sol. En teoría, deberíamos poder explicar todo esto remontándonos a las leyes fundamentales de la física de partículas. En la práctica, esto no sólo es imposible sino también innecesario, lo que facilita el progreso.

Tenemos conocimiento de todos estos niveles porque los científicos los analizaron y los describieron con el mayor detalle posible, permitiendo que otros científicos los explicaran en términos de determinantes de nivel inferior. Cada capa de alguna manera puede estar relacionada con la capa inferior, hasta llegar a los quarks y los electrones.

Si bien retroceder un paso no es fácil, aunque muchas veces factible, ir para adelante, aunque sea un paso, es difícil. Podemos elaborar la secuencia de aminoácidos de una proteína desde el gen que la codifica, pero aun así no podemos establecer qué forma tridimensional adoptará la proteína, lo que es fundamental para determinar su función.

Sin embargo, hay algo que complica aún más las cosas y es un fenómeno conocido como emergencia, por el cual una propiedad del siguiente nivel no existe en el paso previo. Los diamantes y el grafeno tienen propiedades muy diferentes, por ejemplo, pero son químicamente idénticos. Las neuronas dan lugar a la conciencia, pero sólo en el nivel de millones de neuronas conectadas; nunca lo habríamos imaginado si hubiésemos mirado solo al interior de la neurona.

Contrastemos esto con la ciencia económica hoy. El individualismo metodológico requiere que todos los fenómenos en definitiva se expliquen en términos de individuos que toman decisiones para las que tienen fundamentos sólidos. Estudiar las regularidades en los datos agregados –característico de la macroeconomía antes de los años 1970- resulta poco interesante si estos no están cimentados en un comportamiento individual racional.

Como sostiene el economista y premio Nobel Robert Lucas, los gobiernos no podrían confiar en que estas regularidades fueran estables si basaran sus políticas en ellas, porque los individuos responderían a esas medidas de maneras que minarían las regularidades. Los datos podrían sugerir un compromiso entre inflación y desempleo, pero si los gobiernos intentaran “comprar” menos desempleo mediante un poco más de inflación, la gente cambiaría sus expectativas inflacionarias de manera tal que todo el ejercicio resultaría inútil.

La ciencia económica ha desarrollado así modelos con fuertes cimientos micro, centrados en individuos que toman decisiones racionales y responden a incentivos bien entendidos. Para progresar cumpliendo al mismo tiempo con estos requerimientos, los economistas han tenido que simplificar, a menudo hasta el absurdo, el grado de interacción entre el individuo y los resultados agregados que se intentan explicar. Una manera común de hacerlo es suponer que todos los individuos son idénticos -el llamado agente representativo-, o que son heterogéneos de maneras muy sencillas. Pero exigir que todas las explicaciones económicas se basen en comportamientos individuales es como intentar explicar el recalentamiento global partiendo de la física cuántica.

Afortunadamente, este enfoque metodológico se está derrumbando. A nivel micro, la creencia en el supuesto de la racionalidad individual se ha visto afectada por la economía conductual. En una serie de artículos, Xavier Gabaix de Harvard ha demostrado que los principios básicos de micro y macroeconomía cambian mucho si suponemos que la racionalidad de los agentes tiene límites. De la misma manera, el colega de Gabaix en Harvard, Joseph Henrichsos, tiene que la manera en que la gente toma decisiones no es universal, sino que más bien depende de la cultura a la que pertenece.

Más pertinente a mi argumento es la cuestión de pasar de los individuos que toman decisiones al nivel agregado. El difunto y extremadamente talentoso economista de Harvard Emmanuel Farhi, en trabajos conjuntos con David Baqaee de la UCLA, demostró que necesitamos considerar la estructura insumo-producto (no explicada) de la producción para entender las fluctuaciones macroeconómicas: no podemos simplemente obtenerla de agentes representativos individuales.

De la misma manera, Pol Antràs de Harvard (junto con otros autores) recientemente ha estado reconstruyendo la teoría del comercio internacional suponiendo que el mundo está organizado a través de cadenas globales de valor en lugar de mercados estándar. Esta suposición aparentemente menor, causa enormes diferencias tanto en la teoría como en términos de implicancias de las políticas comerciales. Apenas estamos empezando a entender lo que esto significa en la práctica, porque, hasta ahora, no nos habíamos preocupado en recopilar los datos inter-firma que requiere este análisis.

Vista desde esta perspectiva, la teoría neoclásica del crecimiento económico parece pintoresca. Su principal aporte, según las palabras del economista y premio Nobel Paul Romer, es demostrar lo difícil que es explicar desde el punto de vista puramente teórico el crecimiento a largo plazo. Desafortunadamente, la teoría neoclásica ha sido prácticamente inútil para cualquier propósito práctico, principalmente porque ignora abiertamente las estructuras meso que existen entre los individuos y los resultados económicos agregados.

Afortunadamente, algunos investigadores han intentado descubrir estas estructuras meso, utilizando big data y ciencia de redes con otras técnicas. Por ejemplo, han identificado estructuras complejas de complementariedades entre habilidades y patrones de afinidad dentro y entre industrias, clases tecnológicas y áreas científicas.

Estos estudios demuestran que las estructuras meso son importantes para la manera en que crecen las ciudades y los países, y en que se desarrollan las tecnologías. Dada la ortodoxia actual, estos artículos han sido impublicables en revistas de economía, porque no pueden demostrar cómo estas estructuras están asociadas a individuos que toman decisiones bajo restricciones. Pero han sido publicados en revistas científicas prestigiosas como Nature y Science, así como en el Journal of Urban Economics y Research Policy. Como resultado de ello, otros investigadores pueden ahora formular preguntas sobre cómo emergen estas estructuras meso, por ejemplo, de decisiones individuales.

En las últimas décadas, la economía ha pasado de definirse a sí misma por las preguntas que formula, a definirse a sí misma por los métodos que usa. Al limitar su estrategia al individualismo metodológico, lo que ha hecho es socavar su propio progreso.

31 de marzo 2021

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/methodological-individualism-is-holding-economics-back-by-ricardo-hausmann-2021-03/spanish

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Alberto Barrera Tyszka

“Diez goticas debajo de la lengua cada cuatro horas, ¡y el milagro se hace!”. Eso dijo el presidente de Venezuela el 21 de enero, asegurando que la fórmula era capaz de “neutralizar” al coronavirus al 100 por ciento y anunciando que, muy pronto, sería enviada a la Organización Mundial de la Salud para su certificación. Si el panorama de la pandemia, en Venezuela y en el mundo, no fuera tan trágico, quizás esta anécdota podría ser chistosa. Pero casi tres millones de muertos en el planeta conspiran contra el humor.

Hace dos semanas, el gobierno venezolano y la oposición llegaron a un acuerdo para —a través del Covax, un programa internacional creado para asegurar el acceso equitativo a las inoculaciones— comprar y distribuir vacunas contra la COVID-19 en Venezuela. El pacto parecía ser el final de un proceso que comenzó en junio de 2020 y el comienzo de una negociación política mayor, que abría nuevamente una posibilidad hacia una salida dialogada de la profunda crisis que vive el país. Todo esto, sin embargo, se deshizo en dos segundos. A última hora, una jugada oficial vuelve a demostrar que el chavismo no tiene ningún interés en negociar, que está dispuesto a usar la enfermedad y hasta la muerte para obtener un beneficio.

El rechazo oficial al uso de la vacuna AstraZeneca ha interrumpido el proceso impidiendo la llegada de vacunas, justo cuando —según reconoce el propio gobierno— el país se encuentra en la peor etapa de toda la pandemia. Aunque, en general, siempre ha habido escasa y poco confiable información sobre el virus —las cifras oficiales señalan un total de 160.497 casos positivos y 1602 defunciones—, en estos momentos hay indicios de una saturación de urgencias hospitalarias en Caracas, la situación está fuera de control. El gremio médico continúa reportando bajas, en marzo se contabilizó un aumento de 48 defunciones de trabajadores sanitarios. En las redes sociales se repiten cada vez con más frecuencia mensajes con peticiones de auxilio clínico o notificaciones de muertes.

¿Por qué precisamente ahora, en la peor circunstancia, el chavismo rechaza vacunas? Porque su lógica es otra, porque su prioridad no son las víctimas, porque sus acciones no están destinadas a atender la emergencia sino —más bien— a aprovecharla en función de sus objetivos, de su plan de acumulación y permanencia en el poder.

Tras culpar a la oposición, el gobierno ha hecho una nueva propuesta: usar otras vacunas, alguna de las fórmulas cubanas —Abdala o Soberana 02— y la rusa Sputnik V. Las primeras, sin embargo, se encuentran aún en fase de experimentación, y, en el mejor de los casos, será posible usarla dentro de varios meses. La segunda forma parte de otra vieja promesa del gobernante: el 15 de noviembre de 2020, Maduro anunció la compra de diez millones de vacunas a Rusia, señaló que se aplicarían en el primer trimestre de este año y también dijo que Venezuela las fabricaría en su territorio. Hasta ahora, sin embargo, no hay ninguna información clara al respecto. Solo Maduro y su esposa han aparecido en televisión recibiendo sus dosis de vacunas.

Mientras la realidad parece comenzar a desbordarse, el discurso oficial mantiene su tono incoherente, por momentos incluso delirante. La periodista Florantonia Singer ha hecho un breve registro de las “invenciones” de Maduro durante la pandemia: según él, la COVID ha sido desde “un arma de guerra” hasta un “virus colombiano” y sus posibles curas pueden ir desde la “homeopatía” hasta una “molécula” creada en Venezuela, pasando, claro está, por las fabulosas “goticas milagrosas”. Es tan absurdo que casi parece un homenaje —involuntario y permanente— a Cantinflas. Si mañana Nicolás Maduro asegurara, con un estetoscopio al hombro, que tiene una nueva vacuna hecha a base de semillas de guayaba fermentadas en orines de leopardo marino, nadie en el planeta se sorprendería. No en balde, por promover información falsa o engañosa, Facebook acaba de bloquear su cuenta.

Pero este caos discursivo solo es una apariencia. Disfraza un orden distinto, más profundo y más cruel. Como afirma la politóloga Paola Bautista, el chavismo no ha realizado una aproximación al problema de la COVID en “clave humanitaria sino en clave del poder”. Ahora está tratando de sacar provecho de la tragedia. Más allá de situación de los ciudadanos, sin un plan de vacunación claro y con un sistema de salud debilitado desde antes de la pandemia, Maduro solo quiere ganar terreno, liberarse de la presión internacional, anular a la sociedad civil organizada e independiente, avanzar en su proyecto totalitario.

El chavismo deja en un extraño limbo la posibilidad de que lleguen vacunas a Venezuela pero, mientras tanto, sigue actuando con puntual eficacia en su modelo de control: basta recordar que casi 3000 personas fueron ejecutadas por policías o por militares durante 2020. Esta semana, por publicar una crónica en una red social, fueron detenidos los escritores Milagros Mata Gil y Juan Manuel Muñoz.

La represión, la censura y la pobreza son las “gotas” reales que el doctor Maduro le aplica a los venezolanos.

4 de abril 2021

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2021/04/04/espanol/opinion/vacunas-venezuela-...

 3 min


Gabriel Zaid

De miles de libros se sabe (o se supone) que existieron, pero nada más. En unas cuantas décadas, puede no quedar ni un ejemplar, en ninguna parte. San Focio (820-893) reseñó 280 “libros que he leído”, de muchos de los cuales no hay otra noticia. Sucede más aún con las revistas, ya no se diga los periódicos.

La polilla, la acidez del papel o del ambiente, la humedad, las goteras, las inundaciones, los tsunamis, los terremotos, los volcanes, los incendios, el robo, la guerra, el fanatismo, la ignorancia o la simple incuria pueden acabar con todo.

De manera accidental o intencionada se han perdido tesoros: la biblioteca babilónica de Asurbanipal, las de Alejandría y Constantinopla. Lo sepultado por el Vesubio, saqueado por los bárbaros, quemado por los nazis, bombardeado en Irak, sumergido en las presas del río Nilo.

Casi todas las bibliotecas de la Nueva España fueron destruidas o abandonadas para romper con el pasado, en la Independencia, la Reforma, la Revolución. Pero el incendio de la Cineteca Nacional no fue ideológico, fue pura irresponsabilidad.

Frente a todo lo que ha sucedido y puede suceder, hay que resguardar bien los libros físicamente. Además, reproducirlos de manera impresa y digital. Y catalogarlos, para orientar a los interesados y, en el peor de los casos, para que se sepa que existieron.

Hay libros que merecen el olvido, pero ¿quién lo va a decidir?

El costo no es tan alto, en comparación con el rescate, guarda y exposición de monumentos, obras de arte y objetos, en sitios arqueológicos, museos, mapotecas, fonotecas, fototecas, cinetecas.

La imprenta llegó a México en 1539. Desde entonces hasta 1900 se publicaron unos 20,000 libros (estimación de José Luis Martínez). Digitalizarlos todos y ponerlos en la web a disposición de investigadores y lectores ayudaría también a preservarlos, porque los originales que aún quedan deberían ser piezas de museo. Esta versión mexicana del Proyecto Gutenberg puede llamarse Proyecto Juan Pablos, en homenaje al “primer impresor que a esta tierra vino”.

Joaquín García Icazbalceta (1825-1894), trabajando solo y con sus propios recursos, compiló la Bibliografía mexicana del siglo XVI. Catálogo razonado de los libros impresos en México de 1539 a 1600, “obra en su línea de las más perfectas y excelentes que posee nación alguna” (Marcelino Menéndez Pelayo). En 1886, publicó la primera parte (introductoria). Pero el catálogo mismo quedó inédito.

Aprovechándolo y ampliándolo, Enrique R. Wagner compiló una Nueva bibliografía mexicana del siglo XVI. La publicó en 1946 Jesús Guisa y Azevedo en su desaparecida Editorial Polis.

Agustín Millares Carló armó el proyecto original de García Icazbalceta y lo publicó completo en el Fondo de Cultura Económica (1954). Lo reeditó en 1981, con revisiones y adiciones. Merece reeditarse nuevamente, o al menos reimprimirse.

La biblioteca pública fue un invento social tan importante o más que las innovaciones tecnológicas para ampliar el acceso a libros ya editados. Cuando José Vasconcelos fue secretario de Educación Pública, lamentó que no hubiese más de sesenta en el país y soñó con tenerlas hasta en poblados de 15,000 habitantes. Ha pasado un siglo y todavía no se logra.

La situación es peor en el caso de las revistas, suplementos literarios y periódicos que desaparecen totalmente. José Luis Martínez hizo un gran servicio a la cultura mexicana pepenando ejemplares de docenas de revistas y suplementos literarios mexicanos del siglo XX, integrándolos en volúmenes de cada una y publicando facsímiles como libros en el Fondo de Cultura Económica.

Huberto Batis rescató El Renacimiento, la revista de Ignacio Manuel Altamirano, decisiva para el renacimiento de las letras mexicanas en el siglo XIX. Andrea Martínez Baracs puso en marcha la Biblioteca Digital Mexicana, digitalizando códices y documentos que están en los acervos de muchas instituciones.

Fernando García Ramírez ha propuesto una idea que aumenta el valor de todas esas compilaciones y facilita su aprovechamiento: crear en la web un Superíndice de Revistas que integre el índice de todas y cada una. Además, lo propone como un proyecto interactivo de lectores de revistas, a la manera del Proyecto Gutenberg (“Un mundo de revistas”, Letras Libres, diciembre de 2020).

Que los libros, además del índice general, tengan índices de nombres propios (y algunos hasta de temas) es una admirable tradición británica, lamentablemente ignorada en México, España, Francia y otros países. Se comprende, porque los índices cuestan y retrasan la fecha de publicación. Pero son utilísimos y mejoran el aprovechamiento del libro. Deberían ser obligatorios en los libros universitarios.

Hay buenos libros sobre el arte de hacer índices, incluso uno bonitamente titulado Indexing, The art of. Su autor, G. Norman Knight, organizó también una Society of Indexers y su publicación The Indexer, que continúan activas (www.theindexer.org).

Un índice colectivo de los libros publicados en México hasta 1900 (general y de nombres) sería útil. Para el siglo XX, sería mejor segmentarlo (por ejemplo: libros literarios, libros de historia, libros de texto) y excluir los traducidos. ~

4 de abril

Letras Libres

https://www.letraslibres.com/mexico/revista/la-destruccion-libros

 3 min