Pasar al contenido principal

Opinión

Roberto R. Aramayo

Hace un año algunos pensábamos que una pandemia global podía contribuir a replantearnos las reglas del juego y propiciar nuevos modelos de contrato social. El confinamiento domiciliario nos daba ocasión de revisar nuestras preferencias y reparar en lo primordial. Pudimos redescubrir que la vida es algo sencillamente insustituible, al ser la condición de posibilidad para todo lo demás. Por eso las personas no tienen precio y poseen dignidad, para decirlo en términos kantianos. Ninguna cosa, por valiosa que sea en términos relativos, puede quedar por encima de un integrante del género humano.

Como cualquier otra crisis, la pandemia conocida en 2020 puede ser un vivero de oportunidades y podemos extraer muchas lecciones positivas, aunque nos lleve algún tiempo tomar buena nota de sus enseñanzas, porque las inercias tienden a mantener los viejos esquemas y cuesta renovarlos.

A la hora de hacer inventario, cabría reparar en los desaciertos y las decisiones que fueron manifiestamente mejorables. Pero puede ser mucho más útil y alentador fijarnos en la pizarra donde figuran los corolarios positivos. Falta nos hace, para combatir a los nuevos jinetes del Apocalipsis que van sumándose al cortejo tradicional y que ya campaban a sus anchas antes de Covid-19. Aunque tienen muchos nombres, cabria llamarlos Desigualdad e Insolidaridad, al englobarse ahí las reivindicaciones propias del feminismo, la injusticia intergeneracional o los problemas planteados por el cambio climático.

Tampoco ha mejorado la situación del personal sanitario y eso mismo sucede con los docentes y cuantos trabajan en el ámbito asistencial. El Estado de bienestar sigue aguardando su restauración. Pero con todo hay muchos aspectos positivos. Pues hemos vuelto nuestros ojos hacia la ciencia, la cultura y la educación. Hemos advertido que, sin el acceso a los bienes culturales, peligra nuestra baqueteada salud mental. Necesitamos más que nunca consumir cine, literatura y música para mantener en forma nuestro espíritu. El ayuno cultural nos expone a los mensajes tóxicos de las patrañas y la posverdad, mientras que la filosofía y su espíritu crítico fortalece, junto a la reflexión ética, nuestro sistema inmune cognitivo, capacitándolo para filtrar la desinformación y decantar los datos debidamente contrastados.

Invertir en ciencia nos parece por fin algo que resulta incluso rentable, pues no hay mejor activo para un país, porque los avances científicos pueden mejorar nuestra vida cotidiana y ayudarnos a salir con bien de trances que requieren de su concurso. Los expertos no pueden ofrecer soluciones mágicas e instantáneas, pero por eso mismo son más de fiar. No necesitamos aprendices de brujo, sino gente seria que cuente con los recursos adecuados para llevar a cabo su labor y no se vea desacreditada por los demagogos de turno.

Estas consideraciones valen igualmente para una cuestión tan fundamental como la educación. Las reflexiones éticas deben impregnar el sistema educativo para contar con ciudadanos responsables que convivan pacíficamente sin mirar a nadie por encima del hombro, como hacen quienes padecen algún complejo de inferioridad. La pandemia nos ha recordado que somos frágiles por separado y que nos necesitamos unos a otros, como testimonia muy claramente nuestra infancia y nuestra vejez.

Por fortuna somos interdependientes y, lejos de ser este un punto flaco, quizá sea nuestra mayor fortaleza, como también lo es aprender a convivir con la incertidumbre. Si algo ha realzado la pandemia, es que con el altruismo ganamos todos a medio y largo plazo. Contra lo que sobrevuela sobre nuestro imaginario colectivo, nuestra evolución como especie no se cifra en la ley del más fuerte, como quiere hacernos pensar la mentalidad ultra-neoliberal.

¿Cuál es la clave de nuestro éxito?

Justamente la clave de nuestro éxito evolutivo es el altruismo, como subraya con toda lucidez Emilio Muñoz, compañero del IFS-CSIC, miembro del proyecto BIFISO y colaborador de nuestro Diccionario filosófico Covid-19. Esa cooperación que nos hace más fuertes al agruparnos y nos permite afrontar todo tipo de amenazas por descomunales que puedan ser con respecto a nuestro ínfimo tamaño individual. El mirar por los otros al tiempo que uno se ocupa de sí mismo nos hace más humanos y al parecer favorece nuestra conquista de la felicidad personal.

Tender a erradicar la miseria o vacunar a todos los habitantes del planeta cuanto antes no es algo filantrópico ni caritativo. Es lo que nos proporciona mejores resultados en el orden social y sanitario. ¿De que sirve alcanzar cierto bienestar material, si te ves rodeado de una enorme desazón ante la precariedad circundante? ¿Sirve de algo vacunar unas regiones dejando que el virus campe por otras, dando lugar a nuevas mutaciones con tales reservorios? ¿Es apropiado dejar esa compleja logística en manos de la lógica del mercado? ¿No resultaría más eficaz enfocarlo desde una óptica menos cortoplacista?

Nuestro altruismo nos ha hecho sobrevivir como especie y deberíamos preservar un principio que tanto ha hecho por nosotros. Quizá esto demande modificar algunas de nuestras costumbres actuales y destronar esa mentalidad hegemónica que predica lo contrario. Pero merecería la pena tomar nota de todo cuanto esta pandemia ha enfatizado sin dejarnos abducir por unas inercias que nos hacían olvidar cuestiones absolutamente primordiales.

Para robustecer nuestro altruismo necesitamos grandes dosis de cultura y educación. La idolatría de un éxito a cualquier precio, sin reparar en los daños directos o colaterales, debería dar paso a la moral del esfuerzo y al cultivo de un altruismo que nos hace ganar a todos desde siempre. Su solvencia está bien acreditada.

En cualquier caso, según escribió Leibniz en su Meditación sobre la noción común de justicia, el único modo de poder juzgar lo que sea o no justo es adoptar la perspectiva del otro (la place d'autrui). Tal como dice Kant en el parágrafo 40 de su Crítica del discernimiento, conviene “pensar poniéndonos en el lugar de cualquier otro”. Al conjugar el altruismo nos encontramos con los otros junto a nosotros mismos y eso nos hace mucho más fuertes que caminar en solitario sin reparar en los demás, multiplicando así mutuamente nuestras fuerzas y potencialidades. En el juego del altruismo no hay perdedores y todos ganamos. No cabe mejor apuesta.

28 de marzo 2021

The Conversation

https://theconversation.com/con-el-altruismo-ganamos-todos-un-balance-filosofico-de-la-pandemia-157992?utm_medium=email&utm_campaign=Novedades%20del%20da%2029%20marzo%202021%20en%20The%20Conversation%20-%201901618582&utm_content=Novedades%20del%20da%2029%20marzo%202021%20en%20The%20Conversation%20-%201901618582+CID_fcbfb82d1a4bd836df327e78c6072b7b&utm_source=campaign_monitor_es&utm_term=Con%20el%20altruismo%20ganamos%20todos%20un%20balance%20filosfico%20de%20la%20pandemia

 5 min


Fernando Mires

Tienden a ser usados como sinónimos pero no son solo dos conceptos distintos sino opuestos: dominación y hegemonía. ¿Cuál es la diferencia? Dominación, la palabra indica, hace referencia a un sujeto que subordina a otro hasta el punto que puede llegar a convertirlo en un objeto. Hegemonía en cambio supone la primacía de un sujeto con respecto al otro, sin buscar convertirlo en un objeto sino en interlocutor. La dominación, por lo mismo, no excluye la violencia. La hegemonía en cambio la excluye radicalmente. Diferencia que, antes que a nadie, debemos a Antonio Gramsci. La hegemonía, para el filósofo italiano, es siempre cultural. Para alcanzarla hay que estar dotado del don de la palabra, del logos de la lógica, de la persuasión que viene de la razón.

1.

Marxista como era, Gramsci intentó separar la política del PC italiano de la impuesta por la Rusia de Stalin. Con razón es considerado como uno de los diseñadores de la democracia social moderna. Incluso intelectuales de la extrema derecha europea buscan convertirlo en uno de sus puntos de referencia, entre ellos Alain de Benoist quien, utilizando el concepto de hegemonía cultural, intenta probar la superioridad de la cultura europea por sobre las culturas emigrantes, algo que nunca habría pasado por la cabeza de Gramsci.

El hecho objetivo es que el marxismo de Gramsci terminó contradiciendo y trascendiendo al marxismo de los comunistas. Así lo captó a fines del siglo pasado uno de los pensadores políticos más interesantes de los EE UU, Joseph Nye Jr., quien sirviéndose de conceptos gramscianos propuso una estrategia internacional al presidente Clinton, la que tuvo excelente acogida. No erraríamos si afirmáramos que la teoría del “poder blando” de Nye (en contraposición al poder “duro” o violento) fue una de las claves del gobierno de Obama y con toda seguridad, lo será también del de Biden. Los Estados Unidos, es la idea gramsciana de Nye en su libro “Soft Power”, no deben ejercer una dominación mundial, pero sí pueden y deben, en compañía de sus aliados, constituir un centro hegemónico mundial.

Si tuviéramos que ilustrar con ejemplos la diferencia entre dominación y hegemonía, podríamos remitirnos a las dos ciudades-estados más importantes del mundo griego, Esparta y Atenas. Quien lea la “Historia de la guerra del Peloponeso” de Tucídedes, podrá comprobar como Esparta llegó a ejercer una fuerte dominación militar sobre Atenas. En contrapartida nunca pudo alcanzar su hegemonía sobre el micro mundo helénico. ¿Quién habla hoy de la filosofía, del pensamiento, del arte de los espartanos? Atenas, en cambio, ha continuado iluminando la historia universal. Platón, Sócrates, Aristóteles y tantos más, siguen siendo pilares hegemónicos del occidente cultural y político.

¿Por qué escribo acerca de este tema? Por un objetivo declarado y preciso: contradecir a todos los que subscriben la tesis de que China está a punto de ejercer su poder hegemónico sobre el planeta, desbancando a los Estados Unidos y a Europa.

2.

China está en condiciones de superar la fuerza económica y comercial, incluso la militar, de las principales naciones occidentales. No obstante está lejos de ejercer hegemonía en otros espacios constitutivos de la realidad. Aun más lejos que esa antigua potencia industrial que fuera la URSS. En efecto, durante determinados momentos, pareció que, gracias a la explotación masiva de la fuerza de trabajo, la URSS llegaría a superar a los Estados Unidos. Cuando en 1957 el Sputnik-2 y la legendaria perrita Laika llegaron a la luna, cientos de opinadores anunciaron que ese día había quedado sellada la superioridad de la URSS sobre Estados Unidos y Europa. Pero fue solo una ilusión.

A diferencia de la China de hoy, la URSS intentaba, además, disputar a occidente su hegemonía política y cultural. Miles de intelectuales occidentales declararon su amor a Stalin. Pero ya sabemos como terminó el experimento. No llevó al fin de la historia pero si reventó a la URSS. Nadie ha dicho que ese será el caso de China, pero es difícil pensar que alguna vez ese inmenso país llegará a convertirse en centro hegemónico mundial, entendiendo por hegemonía, reiteramos, algo muy diferente a la simple dominación. A diferencias de la ex URSS, China no ofrece ninguna utopía y más de alguna distopía. Que es y será una gran potencia económica y militar, sobre todo en el espacio asiático, está fuera de duda. Pero que va a ser un centro hegemónico mundial, es una posibilidad más que difusa.

3.

Mi tesis: hegemonía es un concepto que surge de la suma y síntesis de - aunque parezca paradoja - diversas hegemonías. Quiero decir: ninguna nación está en condiciones de ejercer hegemonía en todos los terrenos (o espacios, o registros, o niveles) Una nación puede ser así hegemónica en la economía y ocupar un lugar subalterno en la cultura. Pongamos un ejemplo deportivo:

Desde que los griegos antiguos inventaron las olimpiadas no ha habido ningún país que haya ocupado el primer lugar en todas las competencias deportivas. El ganador es el que acumula más medallas de oro, plata y bronce. La hegemonía, esta es la idea, es una noción que al igual que en las olimpiadas surge de la competencia entre diversas disciplinas.

Para seguir con los griegos, ellos inventaron el Pentatlón, cuyo objetivo era buscar al atleta ideal o completo, al más cercano a la perfección de los dioses olímpicos. A ese atleta, usando la noción gramsciana, podríamos llamarlo también, “atleta hegemónico”. Ese atleta no era vencedor en todas las disciplinas. Incluso podía no ganar ninguna y al final, por acumulación de puntos, erigirse en vencedor del Pentatlón. ¿Qué nos dice este ejemplo? Muy simple: la hegemonía resulta del equilibrio entre diversos aspectos. Y no solo en las olimpiadas.

En la antigua Grecia, los deportes del Pentatlón eran: carrera a pie, lucha libre, salto largo, lanzamiento de la jabalina y lanzamiento del disco. Interesante. Si revisamos las luchas hegemónicas que tienen lugar en nuestro tiempo, también podemos detectar cinco competencias: la económica, la científica tecnológica, la militar, la cultural y - no por último – la política. La nación, o alianza de naciones que acumule más puntos ganará el Pentatlón y solo así podrá optar a ejercer la hegemonía mundial. Se trata de cinco competencias inter dependientes, o si se prefiere, inter determinadas entre sí.

La ecomomía, es sabido, depende no solo de una más alta tasa de crecimiento, sino de muchos otros factores como la capacidad de ahorro e inversión, la capacidad de consumo, la relación equitativa entre capital variable y constante, las disponibilidades energéticas, el no deterioro del capital ecológico y humano, el desarrollo escolar, habitacional, medicinal, la ocupación de espacios comerciales, el aseguramiento de recursos derivados del saber científico y tecnológico.

El desarrollo científico y tecnológico supone a su vez no solo la generación de objetos automáticos sino también de la inventiva, capacidad que no consiste en perfeccionar objetos inventados en otros países. La inventiva puede tener lugar en espacios cerrados, como concentrar en laboratorios especializados a grupos de sabios alejados del mundo real. No obstante, ha sido probado que la inventiva puede desarrollarse mucho mejor si en una nación prevalecen garantías que faciliten el libre desarrollo del pensamiento en áreas que no son necesariamente técnicas ni científicas.

Lo mismo ocurre en la lucha por la competencia militar, a la que se supone dependiente de la tecnología. Lo que solo en parte es cierto. No podemos olvidar que, aún en tiempos ultra tecnológicos como son los que vivimos, la potencialidad militar puede ser mejor activada en naciones cuyos habitantes están de acuerdo con los valores nacionales, los que en primera línea son de naturaleza cultural y política.

Naciones que logran desarrollar un alto potencial militar y mantienen un frente interno desgarrado por desigualdades sociales, con seres privados de libertad, con descontentos generalizados, con conflictos sociales y raciales, nunca estarán en condiciones de imponer su hegemonía militar sobre otras naciones. La frase de Unamuno “venceréis pero no convenceréis” cobra en ese contexto, plena actualidad. Casi nadie en fin está dispuesto a morir por defender un orden social y político que en el fondo desprecia.

Las competencia también dice relación con la producción de bienes culturales. Por un lado, están los que provienen de la tradición y de la religión, y esos no son intercambiables. Por otro, los que provienen del crecimiento cultural en el mundo de las artes, en el de las letras, en fin, en el ámbito de la reproducción de ideas, incluyendo las de recreación cotidiana. La utilización del tiempo libre, visto así, es fundamental para la constitución física y mental del ser humano. Divertirse, dar salida a la líbido sexual o no, o simplemente entretenerse, son aspectos que forman parte del inventario de cada cultura nacional. Difícil practicarlo en naciones controladas por un aparato ideológico como es el caso de China. Puedo así imaginar a jóvenes chinos cantando y bailando canciones norteamericanas. Pero no puedo imaginar a jóvenes norteamericanos cantando y bailando canciones chinas.

Las culturas son traspasables y hay naciones que definitivamente irradian atractivos culturales sobre otras, aunque estas mantengan un índice de crecimiento económico y tecnológico asombroso. Los jóvenes de Hong Kong, es un ejemplo actual, no luchan para obtener mejores celulares, sino por la conservación de sus libertades básicas.

La libertad cultural se encuentra a su vez unida a la libertad política. En ese sentido, la política solo puede ser institucional. De nada sirve que una nación avale la declaración de los derechos humanos si carece de instituciones que los resguarden. Menos sirve si acepta en el papel la libertad de opinión, pero sin instituciones donde las opiniones puedan cruzarse entre sí, sea la prensa, sea un parlamento libremente elegido de acuerdo a intereses y doctrinas divididas en partes llamadas partidos. La política es, se quiera o no, no solo el espacio de la lucha por el poder. Es también la actividad mediante la cual la sociedad se piensa a sí misma, el lugar donde los ciudadanos debaten sus diferencias y antagonismos entre sí.

Desde el punto de vista económico, China puede ser campeón olímpico. Desde el punto de vista político, no. Políticamente hablando, es una nación paralítica.

La contradicción de nuestro tiempo, como ya advirtiera Joe Biden, es la que se da entre democracias y autocracias. En sentido más estricto, entre democracias políticas y gobiernos antipolíticos. Al llegar a este punto debemos tomar en cuenta que no pocas autocracias han llegado al poder por vías democráticas y que durante determinados periodos han contado incluso con un fuerte apoyo popular, es decir, han representado, aunque sea solo emocionalmente, a sus pueblos. Es el caso de la Rusia de Putin con un pie situado en el oriente histórico y con el otro en el occidente político. China en cambio nunca ha conocido la vida política y mucho menos a la democracia política. Es un gran imperio económico, tecnológico y militar. Pertenece, si así se quiere, a “otra historia”, hecho que subraya Henry Kissinger en su magnífico libro “China” (2008)

En el Pentatlón de la lucha por la hegemonía mundial, China no podrá ser el campeón hegemónico. A menos, claro está, que este mundo deje de ser un mundo político.

1 de abril 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/04/fernando-mires-pentatlon-la-luc...

 8 min


Laureano Márquez

Venezuela marcha, sin duda, como Europa luego de las invasiones bárbaras, hacia una nueva forma política: el feudalismo malandro. Se van perfilando los pequeños reinos que constituye el delito, no solo en el sur del país donde la guerrilla y los narcos ya cuentan con vastos dominios, sino también en la propia capital. Se dice que la caída de Roma no fue una ruptura traumática sino más bien una transformación gradual, hasta que poco a poco los ciudadanos fueron cayendo en cuenta de que el Imperio ya había desaparecido. La destitución del último emperador de Occidente fue una especie de formalidad, algo así como que los bárbaros dijeron: «Ese Rómulo Augústulo ¿qué dice? Mira, chamo, si nos fuéranos dao de cuenta que tú estabas aquí, te fuéranos quebrao antes, así que pírate de una». Claro, todo esto dicho en perfecto latín.

Esta transición feudal que vivimos de una forma política malandra a otra, donde ya el poder no se concentra en uno sino en muchos, va creando sus propias reglas.

Los señores feudales organizan su propio ejército y muy bien armado. Crean su propia corte malandra y si le brindan algún apoyo a un poder central —que termina siendo más simbólico que real— es bajo la vieja fórmula: «Nos, que valemos tanto como vos, y juntos más que vos, os hacemos señor entre iguales». Iremos viendo, poco a poco, complejas formas de vasallaje entre bandas armadas y quien quita que con su propio ceremonial. Alianzas estratégicas entre ellas para mantener su fuerza y ocasionales vínculos con el poder central al que se reconoce formalmente, siempre y cuando este respete el poder del pran sobre su feudo. De hecho, el control hamponil sobre sus señoríos es total, tómese debida nota de que allí no entran esos ejércitos a los que no les falta valor para arremeter en contra de estudiantes desarmados, pero a los que, ni por asomo, se les ocurre plantar cara a otros ejércitos, tan poderosos e inescrupulosos como ellos o incluso más.

Así como el señor feudal tenía derechos sobre todo lo que estaba bajo su dominio, el señor malandro controlará su zona, obtendrá los beneficios de los que en ella trabajen, que terminan convertidos en siervos en una relación de vasallaje. De hecho, podríamos decir que el pranato, que es el territorio bajo el dominio del pran, equivale a lo que en la Edad Media fueron los ducados, condados o marquesados.

El pran tiene derecho a administrar “justicia” en su feudo, a cobrar impuestos de atraco, a secuestrar siervos, a disponer de sus vidas, a imponer las leyes que él considere convenientes y a conquistar otros territorios con su ejército montado en caballos de hierro.

Esta forma política, como sucedió con el feudalismo medieval, irá generando sus propias manifestaciones en el arte y la cultura. Quizá no veamos castillos, pero sí, seguramente, mansiones amuralladas en la Cota 905 de estilo «estrangótico». Una nueva literatura también, tal vez «el rap del mío Coqui», donde se relaten sus hazañas, cantadas por los robadores, perdón quise decir los trovadores. En la pintura predominarán los frescos, de grafiti, claro.

Con el colapso del sistema eléctrico, sí que se podrá catalogar con propiedad a este período de oscurantismo. Puede que algún día nuestra historiografía contemple una edad denominada «la larga noche del chavismo». Pero como toda aberración histórica, terminará siendo solo un mal recuerdo. Así que, en estos tiempos, lo que hay que hacer es prepararse para el renacimiento y evitar en lo posible que el señor pran te baje de la mula.

Twitter: @laureanomar

 2 min


Jesús Elorza G.

Risueño y satisfecho se mostraba el camarada Nicolás, al escuchar la propuesta de su equipo de propaganda, para dar a conocer el Convenio Cuba-Venezuela para la aplicación de un Programa de Vacunación contra el Covid-19. Nada que ver con las vacunas imperialistas que pretenden imponernos los organismos internacionales de salud, le decía a sus colaboradores mas cercanos.

- El camarada cubano, encargado de la explicación, comenzó diciendo que nuevamente el cerco del imperio contra la revolución cubana ha fracasado. El mundo entero, va a conocer y a beneficiarse de nuestras vacunas y muy pronto veremos la derrota total y final del virus que hoy nos afecta.

Para dar a conocer nuestro producto y generar la mayor confianza posible en la población, hemos diseñado nuestra propuesta de divulgación basados en el espíritu caribeño y musical de los venezolanos…

¿Como así?, preguntó extrañado Nicolás.

- Óyeme tu camarada, el plan se basa, en el envío de Trovadores a cada uno de los Consejos Comunales existentes en el país, para que con sus ritmos y una canción especialmente diseñada, den a conocer las virtudes de los fármacos cubanos…

¿¿¿¿???? No entendemos un coño, dijeron los presentes.

- En ese instante, hizo acto de presencia un Trio musical que al mejor estilo de Matamoros comenzó a tocar y cantar un pegajoso arreglo:

….Mamá yo quiero saber de dónde son las vacunas

que recomienda Maduro y Yo quiero ponerme una.

….¿De donde serán? ay mamá

¿Serán de la Habana?

¿Serán de Caracas? tierra soberana.

Sin dejarlos terminar, Nicolás gritó APROBADO, que vaina tan buena, y ordenó su inmediata ejecución.

- Pero, las cosas no resultaron como se esperaba. Las personas en los barrios, que escucharon a los trovadores, respondían también con un coro:

……Son de la LOMA y cantan en el llano, ya verás, tu verás

Mamá ellos son de la loma / Mamá ellos cantan en el llano.

El coro de respuesta llamó la atención de los comisarios políticos que estaban en la presentación y preguntaron el porqué del énfasis en la palabra “LOMA”.

- Cosa más grande caballero, dijeron los presentes, esas vacunas que nos quieren meter por los ojos, vienen de los Laboratorios Organizados de Mentiras Acumuladas (LOMA) y de los fármacos que allí se producen ya tenemos varias malas experiencias.

En sus productos “famosos”, pero que no han servido pa un coño, están La Melagenina Plus, que nos la vendieron como una f]ormula para acabar con el vitíligo y resulta que las personas que la usaron están blancos como un albino.

Otras personas, reclamaron que varios de sus familiares usaron el PPG que el Centro Nacional de Investigaciones Científicas cubano (CNIC) lo presentó en 1989 como un suplemento energético para el control del colesterol, y resulto ser que murieron con altos índices de colesterol.

Una persona, que tenía amputada una de sus piernas, reclamó que tomaba pastillas de HEBERPROT-P, fármaco cubano para el tratamiento de la úlcera del pie diabético y miren como terminé.

Ahora, nos vienen con el cuento de los fármacos Soberana O2, Abdala o el Interferón Alfa 2B, como las fórmulas “revolucionarias” para acabar con el imperialista Covid-19. Ese disco está rayao, todos sabemos que la dictadura cubana busca como sobrevivir y pretende seguir intercambiando espejitos o fármacos cuya efectividad no ha sido demostrada, por dólares, oro, petróleo, diamantes o gasoil.

Así que, mercantilistas farsantes que juegan con la salud del pueblo, váyanse con su música pa otro lado.

Cilia, la primera combatiente, escuchando ese cerro de críticas le dijo a su marido, vamos a ponernos la vacuna cubana para calmar los reclamos.

- Estás loca, me pongo la Rusa o la China y eso porque el bloqueo no me permite conseguir la Pfizer que es más segura. Deja que otros hagan el papel de conejillo de indias, “seguro mató a confianza”.

-Está bien mi amor, nos ponemos esa que tú dices pero anunciamos que son las cubanas.

!Ño! …te la comiste con eso, mi amor.

 3 min


Pedro Raúl Solórzano Peraza

Johan Santana Araque ha sido un jugador de béisbol, venezolano, nacido en la población de Tovar, estado Mérida, el 13 de marzo de 1979, o sea que recientemente llegó a los 42 años de edad. Es un hombre joven pero limitado para practicar este deporte, retirándose de la MLB en el 2012 debido a lesiones que le impidieron mantener su calidad, aunque anduvo por las ligas menores hasta el año 2015.

Johan ha sido, hasta ahora, el mejor lanzador venezolano y en la MLB fue el mejor al menos durante el período 2004-2008, acumulando una buena cantidad de distinciones a lo largo de su carrera que en la MLB se extendió por trece años, desde la temporada del 2000 hasta la temporada del 2012. Sus números fueron los siguientes:

-Record: 139 partidos ganados y 78 perdidos, una relación G/P = 1,78

-Efectividad: 3,20

-Innings lanzados: 2025

-Ponches: 1988, ponches por inning lanzado P/I = 0,98

-WHIP: 1,13

Comparando esas estadísticas con otros grandes lanzadores de la historia reciente de la MLB, como Sandy Koufak, Bob Gibson, Tom Seaver y Greg Maddux, todos miembros del HOF, nos encontramos con lo siguiente:

1.-Solo Sandy Koufak supera a Johan de la relación G/P con 1,89, los demás en el mismo orden tuvieron una relación de G/P de 1,44-1,52 y 1,28 para Maddux.

2.-En efectividad es superado por esos otros cuatro extraordinarios lanzadores, cuya efectividad va desde 2,76 para Koufak hasta 3,16 para Maddux, muy próxima a la efectividad de Johan que fue 3,20.

3.-Johan es el que tiene menor cantidad de innings lanzados debido a que su carrera fue la más breve entre estos lanzadores considerados. El más cercano es Koufak con 2324 entradas lanzadas.

4.-De nuevo, Sandy Koufak es el único que supera a Santana en la relación ponches por inning lanzado con 1,03, escasamente mejor que el 0,98 de Johan. Las demás relaciones son 0,80 para Gibson, 0,76 para Seaver y 0,67 para Maddux.

5.-El WHIP de Santana es tercero entre estos lanzadores luego del 1,11 de Koufak y el 1,12 de Seaver, superando con su 1,13 al 1,19 de Gibson y al 1,14 de Maddux.

Las máximas distinciones que puede lograr un lanzador en la MLB son el Premio Cy Young (CY) y la triple corona (TC). El CY es otorgado por la opinión de un jurado, mientras que la TC es un logro personal cuantitativo al quedar primero en una misma temporada en partidos ganados, efectividad y ponches. Ambos galardones se obtienen tanto en la Liga Nacional (LN) como en la Liga Americana (LA) en cada temporada.

Johan Santana obtuvo el CY en dos oportunidades, en los años 2004 y 2006 por decisión unánime del jurado, y ganó la TC de la LA en el año 2006 con 19 partidos ganados, efectividad de 2,77 y 245 ponches propinados. Este es un galardón difícil de obtener, y como referencia solo ha habido 15 triple coronados en toda la historia de la Liga Americana.

Otro logro personal de Santana en la MLB fue lanzar un partido sin hits ni carreras el primero de junio de 2012, popularmente indicado como un No Hit No Run, o No Hitter, y en la oportunidad que Johan lo hizo los fanáticos de los Mets de Nueva York lo identificaron como No Han. Esta hazaña la realizó Santana con el equipo de los Mets de Nueva York, con la particularidad de haber sido el primer No Hit No Run de este equipo en 50 años de franquicia.

En su carrera en la MLB, Johan Santana estuvo activo con los Mellizos de Minnesota desde el año 2000 hasta el 2007 y con los Mets de Nueva York desde el 2008 hasta el 2012. Durante esos años, además de los records y distinciones ya señaladas, fue líder en juegos ganados en la LA en 2006; fue líder en efectividad en la LA los años 2004 y 2006, y líder en efectividad en la LN el 2008; fue el Jugador del Año en la LA el año 2006; fue seleccionado en cuatro oportunidades al Juego de las Estrellas en los años 2005, 2006, 2007 y 2009; y fue exaltado al Hall of Fame de los Mellizos de Minnesota en el 2018.

Al ver este palmarés de Johan Santana pensamos que es incomprensible que haya estado tan alejado del Hall of Fame de la MLB.

 3 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

Tenemos un gobierno que no tiene mucho que ofrecer, cuya única idea es gobernar para seguir gobernando, haciéndose para ello, de una institucionalidad diseñada a la medida, vale decir, sin rayas amarillas o semáforos que lo limiten. Y que depositó el Socialismo del Siglo XXI en la caja donde reposan las cosas viejas, refugiándose en la épica revolucionaria, contaminando el lenguaje a fin de que las palabras signifiquen su contrario. Entre tanto, la realidad deja ver en ciertos ejemplos, como se dolariza la economía, se explota - a lo capitalista salvaje - el Arco Minero y emergen los denominados bodegones, exclusivos comercios en donde se vende una gran variedad de productos importados, asequibles sólo para una minoría, pues si bien los bolívares tienen cada vez más ceros, valen cada vez menos.

En el marco de lo anterior, hay un Estado casi ficticio, inerme frente a todos los serios problemas que encara el país, pero que refuerza su autoritarismo mediante la vigilancia, la censura, el asistencialismo y la manipulación política, medios que, en opinión del filósofo Avishai (autor del libro La Sociedad Decente), traen consigo la humillación de las personas y lesionan el respeto que los ciudadanos se tienen así mismos.

Por otro lado, y a pesar de ciertas iniciativas muy importantes provenientes de algunos sectores, la oposición sigue sin puntería, ocupa gran parte de su tiempo en discrepar internamente, se fracciona y, sobre todo, carece de un mensaje capaz de interpretar la angustia de una población, cuya preocupación central es cómo enfrentar el día a día.

La gente no tiene quien le escriba

La difícil situación del país tiene un origen político, escrito en lenguaje de polarización, estructurado en torno a la negación del otro, lo que significa el olvido de la Política, entendida, según lo ha expresado Perogrullo en alguno de sus libros, como la forma de llegar a los consensos básicos y de zanjar pacíficamente los conflictos, aun manteniendo las diferencias. No existe, añade el mencionado autor, otro medio para hacer posible la convivencia y darle otro cauce al país, buscando hacerlo más próspero, más predecible, más seguro, más inclusivo, más estable, en suma, más democrático. Tampoco hay otra vía para plantarle cara a un nuevo ciclo histórico, marcado por la avalancha de cambios tecnológicos que discurren a lo largo del planeta, envueltos en oportunidades, desafíos e incertidumbres que nos conciernen a todos.

Más allá del discurso oficial y de la retórica que lo teje, es constante el deterioro del país, registrado en cifras que espeluznan y se agravan a ojos vista, dibujando un escenario inaguantable para todos, con ribetes dramáticos para los grupos más pobres, esto es la mayoría de la población, cuya cotidianidad ocurre en clave sobrevivencia, dicho sea esto sin pizca de exageración. Veamos: falta de comida y medicinas, inflación, pésimos servicios públicos, precariedad del aparato productivo, corrupción, deterioro del sistema educativo en todos los niveles, (desde el kínder hasta la universidad), violencia en varios formatos y paremos de contar, síntomas, todos, de una crisis general que rotula la pequeña historia de cada quien.

Pareciera, entonces, que en la agenda del liderazgo apenas figura la disputa por el poder. No son muchos (hay excepciones, desde luego), los que se empinan sobre sus talones a fin de calibrar el trance por el que pasa este país convulsionado, metáfora de un callejón sin salida, y si no que lo digan los más jóvenes.

En fin, como podría haber dicho el coronel Buendía, el venezolano de a pie no tiene quien le escriba.

El Nacional, jueves 31 de marzo de 2021

 2 min


Maxim Ross

Debo comenzar diciendo que sé que me estoy metiendo en un terreno sumamente escabroso y que estoy dispuesto a pagar sus costos de ingenuidad y controversia, pero a la vez creo, que hay que enfrentar esta discusión con alguna sistematización y diciendo algunas verdades. Sin embargo, dada su delicadeza en estos momentos, no me voy a inclinar por ninguna alternativa y solo desearía asomar algunos criterios que, quizás, nos ayuden a encontrar una salida que nos agregue activos políticos.

Inicio con la verdad más polémica y pregunto: ¿Si la ruta hasta ahora escogida no ha dado resultados hasta ahora, no valdría la pena “abrir otra puerta? Me refiero a que, si la ruta “cese de la usurpación… apoyo internacional” no han funcionado convendría replanteársela y asumir que unas elecciones, aunque restringidas, no transparentes. Podrían ser un camino a explorar. ¿Por qué lo digo?

Primero, por una razón que me resulta elemental. La estrategia del gobierno ha sido, con éxito, llevar a la oposición a la abstención, lo cual le ha permitido adueñarse de todos los poderes. Si es así: ¿No se debería evitarla y no hacerle el juego? En otras palabras si mi adversario me lleva a ese resultado, ¿No sería lógico jugar al contrario? Sabemos que su estrategia es cerrar toda posibilidad de transparencia, de inhabilitar y perseguir y, con ello, cerrar todas las vías para ir elecciones. Luego, diría entonces, a toda costa iría a cualquier elección que esté pautada.

Segundo, a pesar de todo lo dicho y defendido en la comunidad internacional para mantener su apoyo, pregunto: ¿Debería ser esto un impedimento, una restricción para cambiar de estrategia? Creo, humildemente, que esta no puede ser una cadena que nos ate para siempre a lo que al principio se dijo. Deben y debemos estar en capacidad de rehacer el camino si encontramos alguna posibilidad de éxito. A ello se agrega, como se sabe, que esa comunidad ha cambiado de lenguaje y se quedó, prácticamente con la idea de “elecciones libres”, lo cual da para mucho. Además, se enfrenta a dos problemas capitales: uno, se ha venido desmoronando políticamente y, dos, pareciera irse acercando, cada vez más, a una solución electoral y pacífica. Los tiempos de “todas las cartas sobre la mesa” ya se fueron. Por consecuencia, su peso en una decisión interna luce menor.

Tercero, pregunto: ¿Cómo hacemos para agregar activos políticos, precisamente, todos aquellos que nos ha hecho perder el gobierno al llevarnos a la abstención? Llamo activos políticos, primero que nada, a recrear una fuerza política interna, capaz de ser un interlocutor válido y representativo ante la comunidad internacional, lo cual implica, en mi modesta opinión, una nueva coalición de los partidos con la sociedad civil organizada en defensa de la Constitución y del ordenamiento democrático, tal que lleven a unas elecciones libres. Luego, una recuperación de la fuerza y presencia de los partidos políticos en los órganos del poder, que, por ahora, son las elecciones de gobernadores y alcaldes. Imaginen Uds., un cuadro político con una significativa presencia de la oposición en ese terreno perdido.

Cuarto. Hace tiempo reina una conseja en política: “Todas las armas son válidas” o también “Hay que caminar con los dos pies”, lo que invoco en esta oportunidad. Como dice Américo en reciente artículo:[1]

Por eso creo que toda confrontación permite ganar espacios que sirvan para a democratización de la sociedad y el Estado. Ninguna lucha es desechable, todas ofrecen posibilidades en el conjunto de una estrategia global.”

Si las elecciones son una oportunidad, sin abandonar otras opciones se deberían aprovechar en todas sus posibilidades. Desde luego presionando para conseguir mejores condiciones como indico en otro lugar. Aunque no dispongo de datos y encuestas del potencial de votos con que pueda contar la oposición hay indicios de puntos a favor. Por ejemplo el señalamiento del sin número de protestas de la gente por la carencia de todo, da idea del descontento y el venezolano, como se ha demostrado, es muy propenso a expresarlo en elecciones. De ser así, valdría la pena que los que dirigentes políticos exploren bien esta opción.

Quinto, por supuesto lo que todos Uds., se están preguntando: ¿Cómo hacemos para resolver los dos siguientes dilemas? Uno, no aceptar las dos elecciones pasadas, a pesar del fraude y la usurpación del poder y, dos, tal vez ir a elecciones con el mismo espectro de inhabilitados, presos y cero transparencia.

Bien, ese es el terreno más álgido a vencer para alguien como todos nosotros que no estamos, ni somos activistas políticos. Ofrezco una primera respuesta. Si no vamos a las próximas elecciones no podemos luchar contra esas restricciones, esto es, nos quedamos en el reclamo y…!nos abstenemos! Vuelvo a punto primero de estas notas. El gobierno nos lleva a su terreno ganador. Puede resultar mejor participar y dar la pelea, con el apoyo internacional de un cambio de reglas. De estas, las indispensables son cero inhabilitaciones, libertad para los presos políticos y minimizar el ventajismo oficial. Por supuesto, un mejor CNE sería bueno, pero no sé si sea la cuestión central. .

Queda por resolver el primer dilema: ¿Cómo ir a estas elecciones, habiendo rechazado las dos anteriores y declararlas invalidas? Este, quizás, es el dilema más complicado a resolver, pero aporto este criterio: Se trata de una batalla entre principios y política, por lo que la pregunta es. ¿Dónde podemos ganar? Si nos quedamos enquistados en aquellos dos principios, ¿Podremos ganar terreno?, pero si aceptamos, ¡aceptamos!, que esa estrategia no consiguió sus objetivos la opción electoral es una oportunidad por aprovechar, sin que ello signifique renunciar al reclamo. Nada nos prohíbe seguir denunciando al régimen en todos los frentes. Mantener la tesis de invalidar las elecciones anteriores ¿es incompatible con ir a las próximas?

Finalmente, un argumento que expuse en mi artículo anterior[2] En este momento se debe producir un “cerrar filas” entre la sociedad civil organizada, especialmente la de los empresarios porque el gobierno, urgido de dinero, inversiones y capacidad privada ha abierto algunas puertas de negociación. Por supuesto, su estrategia es desvincular lo político de lo económico y atomizar la respuesta empresarial y presionar con sus más urgentes necesidades. Si estos otorgan beneficios sin tomar en cuenta que la democracia está en juego perderemos esa ventaja, pero si los empresarios logran, inteligentemente vincular una cosa con la otra, entonces el tema de unas elecciones libres (o más libres) puede entrar en la agenda y, desde luego, esta sería una buena palanca para obtener un apoyo preciso y especifico de la comunidad internacional.

Si se logra esa apertura creo que las posibilidades de una “buena tajada” electoral para la oposición es razonable a juzgar por la conclusión de la encuesta que cito que plasma un gran descontento de la gente, un fuerte rechazo al gobierno y que obligan a una negociación de altura.

Esta fue su conclusión:

“Coctel mortal de condiciones que requieren de atención urgente de diversos actores para superar la desigualdad, la exclusión, la crisis alimentaria, de salud, educación, económica, social, de seguridad personal, de servicios e infraestructura, en un contexto de crisis sanitaria mundial, crisis política nacional y de emergencia humanitaria compleja”[3]

[1] “Guerra y Paz” Américo Martin en dígalo. Digital

[2] Democracia y Libre Empresa en dígalo. Digital

[3]Sistema centinela para el seguimiento de la situación social, agroalimentaria y de salud ante la emergencia en Venezuela. marzo 2021.

 5 min